lunes, 15 de julio de 2013

Mi colapso y yo: el CSIC zozobra




Queridos lectores,

Está visto que cada seis meses me toca escribir sobre la degradación que está sufriendo la institución para la que trabajo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Hace ahora un año se produjo la suspensión de pagos a proveedores, afortunadamente temporal, aunque a mi me quedó claro que era el pistoletazo de salida de un proceso que acabará por destruir al CSIC. Un proceso, porque no se puede barrer de un plumazo una institución con 79 años de historia, más de 13.000 trabajadores y 130 centros (bueno, ahora algunos menos, no tengo la cuenta actualizada: la realidad es fluida). 

Hace siete meses el Presidente hizo balance público de nuestros números: nos habíamos quedado sin ahorros y comenzaban a tomarse medidas de dudosa legalidad para gestionar una institución que ya hacía aguas. Lo dije entonces: todo estaba preparado para que la farsa comenzase.

Y la farsa ya ha comenzado. Como habrá leído en los diarios españoles quien siga este tema, se han tomado dos medidas con carácter de urgencia:  una, el CSIC ha "confiscado" los fondos remanentes en poder de los institutos e investigadores, y dos, el CSIC ha hecho una previsión de gasto para el resto del año muy a la baja. Expliquemos un poco ambas medidas para que entiendan por qué estamos abocados a un "cataclismo", en palabras de nuestro presidente.

La primera medida afecta a los fondos remanentes, que a veces coloquialmente se han denominado "ahorros". Esos fondos vienen de dinero sobrante de la ejecución de proyectos y contratos. Cualquiera que haya llevado un proyecto o un contrato sabe que es imposible ejecutar el gasto exactamente hasta el céntimo de euro: siempre se gasta o más o menos de lo presupuestado. En el caso de una empresa tales desviaciones no generan un problema contable: si se gasta de menos la empresa aumenta su margen de beneficio, y si se gasta de más se compensa con otros fondos y posiblemente al responsable del gasto extra, si no da buenas explicaciones, se le pone en la calle. Pero en el caso del CSIC, al ser una administración pública, la cosa es más compleja. No podemos gastar de más, porque el dinero necesario tiene que salir de algún sitio, ya sea de otro proyecto o bien de los fondos propios que se usan para gastos de infraestructura (facturas de luz, agua, gas, mantenimiento, obras o algunos contratos, incluyendo de personal), y esto puede generar muchos problemas. La tendencia, por tanto, es a evitar gastar de más. Pero si gastamos menos de lo previsto, de acuerdo de la ley, debemos devolver los fondos sobrantes si estos provienen de una administración española o europea. Únicamente podríamos "ahorrar" en contratos con empresas, ya que la ley no obliga a devolverles los sobrantes, aunque también es discutible hacerles una factura que se desvíe mucho de la ejecución real final.

El criterio del CSIC hasta ahora ha sido que aquel dinero que ha sobrado de un contrato o proyecto quede a disposición del investigador que lo produjo. Ese dinero, que obviamente no es propiedad de aquel investigador, se usa para cubrir agujeros: un contrato
que se acaba a deshora y el Ministerio no ha pagado aún los fondos para el siguiente, material que se hace urgente comprar, a veces alguna obra en las instalaciones, etc. El investigador decide qué usos se le da a ese dinero, en función de sus propios intereses, pero siempre dentro de las finalidades de investigación. Y aquí empieza el primer problema. Algunos investigadores, que han perdido con la medida "incautatoria" del CSIC el acceso a estos fondos, están planteándose entablar un pleito con el CSIC. Desde mi punto de vista personal, reclamar ese dinero al CSIC es completamente inútil por dos motivos. 

  • El primero es jurídico. El CSIC no tiene una estructura de caja diferenciada ni por institutos, no digamos ya por investigadores; hay un único NIF y una única caja. El dinero, siempre, ha estado a la disposición del CSIC, y el criterio hasta ahora fue dejar que el investigador que generó un remanente decidiese cómo se gastaba, pero en realidad no hay ninguna base legal para ello. De hecho, si se levantara mucha polvareda y la Inspección de Hacienda empieza a estudiar la proveniencia de estos fondos (cosa difícil, dada la complejidad contable del CSIC) se vería que muchos de ellos se tendrían que haber devuelto, y posiblemente lo único que se ganase es que nos los reclamase: el tira y afloja entre la Organización Central del CSIC y los investigadores acabaría en un "ni para ti ni para mi". Además nos podríamos enfrascar en un follón contable y legal que podría durar décadas, con multitud de hijuelas; e.g., la UE hasta ahora reconocía costes indirectos variables, muy abultados en el caso de algunos institutos - en el mío llegaban al 160% del coste directo- pero en la práctica los costes indirectos que aplicaba la Organización Central eran mucho menores - 20% -  y se generaban los dichosos remanentes, aunque el uso que se acaba haciendo de esos remanentes se podía considerar, efectivamente, como el que ha de cubrir un coste indirecto. Y es que en realidad, aunque las reglas se aplicasen de manera torcida, el uso del dinero era el correcto. Como digo, un follón jurídico de bigotes. Lo realmente grave es que faltando esos fondos se cambia una dinámica interna de golpe, y eso implica que determinados costes indirectos de la noche al día no se pueden pagar. Eso, en particular, puede implicar parar equipos, cerrar laboratorios y despedir gente. 
  • La segunda razón por la que es inútil pedir ese dinero es porque en realidad hace tiempo que se gastó. El CSIC sólo está oficializando algo que es una realidad desde Noviembre pasado: todo dinero remanente de proyectos y contratos, todos nuestros ahorros, se terminó entonces. Como digo, la caja es única, y el CSIC acabó el año pasado gastando más de lo que recibió. La diferencia fue contra esos sobrantes, todos ellos en la misma caja, y como digo ya hace tiempo que desaparecieron. Lo que muchas veces se está llamando "remanentes" en la prensa se refiere al dinero que aún queda en la caja (por ejemplo, cuando se dice que a 1 de Enero los remanentes de tesorería del CSIC eran de 80 millones de euros se dice que al acabar el año, y antes de hacer los ingresos del año siguiente, quedaban en caja esos 80 millones), sin tener en cuenta que los proyectos duran más de un año y que en realidad esos "remanente de tesorería" ya estaban comprometidos a un fin; que no "sobraban", en suma.  Sea como sea el CSIC no puede "devolver" (si es que realmente los investigadores tenían derechos sobre esos remanentes) lo que hace tiempo que no tiene. Sucede, simplemente, que algunas personas vivían en una nube sin comprender la situación real de la institución y de la sociedad (en parte, quizá, porque no leen este blog ;)  ).

Pero es la segunda de las medidas que se ha tenido que tomar desde la Organización Central del CSIC la que realmente nos pone a un paso del colapso: el CSIC impone lo que se ha denominado un "corralito" sobre el dinero asignado a cada uno de sus institutos, lo cual significa que les pasará menos dinero del que necesitan para acabar el año. Habrán visto una ensalada de números, millones para arriba y para abajo, bastante confusa. No sirve de mucho decir que el CSIC necesita 100 millones más para acabar el año si no explicas que la institución gasta (más bien, debería gastar) algo más de 50 millones al mes contando todo tipo de gasto, o un poco menos de 25 millones si sacas las nóminas del personal de plantilla (cuya dotación ya se hizo en Enero).


En la caja del CSIC queda, según nos dicen, dinero para que la institución mantenga su actividad normal durante menos de un mes, pero si llegan a tiempo unos ingresos previstos para este mes de Julio podríamos tirar unos dos meses, es decir, podemos seguir como si tal cosa hasta finales de Septiembre. Si en esas fechas el Gobierno no aporta 75 millones adicionales (el equivalente a unos 3 meses de gasto descontando el personal de plantilla, que como he dicho ya está cubierto) el CSIC, simplemente, tendría que cerrar todas sus instalaciones. El Ministerio ha dicho que nos aportará 50 millones, y se entiende que los otros 25 tenemos que conseguir "ahorrarlos" gastando menos. En suma, grosso modo nos ofrecen dos meses y el tercero lo tenemos que ahorrar.

A pesar de que el CSIC es una Agencia Estatal, debido a las suspicacias de los diversos equipos que ha habido en el Ministerio de Hacienda nunca se ha firmado el Contrato de Gestión que prevé la ley, y por ese motivo el CSIC no puede pedir créditos, no puede endeudarse: en el momento en que se le acabe el dinero en la caja se acabó el juego. Hace sólo 5 años el CSIC tenía ahorros por más de 300 millones de euros. Esos ahorros a día de hoy se han esfumado; se han usado para ir pagando los déficits de los años anteriores. No hay ninguna red de seguridad. Si llegamos al fondo de la caja es el fin.

Los funcionarios y el personal laboral fijo representan alrededor del 50% del gasto total de la institución. El problema es que el personal del plantilla es un poco más de la mitad de todo el personal. La otra mitad se compone de becarios (8% del total del personal del CSIC, y que son pagados por otras entidades) y personal contratado por obra y servicio (40% sobre el total del CSIC). Aquí empiezan los problemas serios. Este personal se contrata con dinero de proyectos y de contratos, y con ese fin. Es decir: son partidas finalistas de dinero, que no se pueden dedicar a otra cosa. Por ejemplo, no se puede coger el dinero que tengo en mi proyecto para contratar un especialista en difusometría por satélite y con eso pagar la factura eléctrica de mi centro. Eso es ilegal, y tarde de hora alguien pedirá responsabilidades por ello, inclusive penales. Así que lo que se está intentando hacer es ralentizar la ejecución de los proyectos mientras se juegan con las diferentes partidas de dinero y se espera a que el Gobierno nos rescate.

Porque ésa es la clave: el rescate. A principios de año, reservado ya el dinero de nóminas de personal de plantilla, con el dinero realmente en caja se calculaba que el CSIC se quedaría a cero durante la primera semana de Mayo. Cundió el nerviosismo en la entidad ante la inminente "quiebra". In extremis el Ministerio acordó adelantar los pagos del siguiente trimestre, de modo que en Mayo tuvimos ya las transferencias de Julio, Agosto y Septiembre, y en Julio las de Octubre, Noviembre y Diciembre. Obviamente, en Octubre no habría más transferencias, pues lo que se acordó en ese momento fue sólo un adelanto, no un pago adicional. Igualmente faltaban 100 millones para acabar el año; simplemente se había postergado el momento del estallido final, haciéndolo más grande.

En la última semana de Junio, tras intensas semanas de negociaciones, y de nuevo in extremis, el Gobierno acordó por primera vez un pago adicional, de 25 millones de euros. El equipo de Gobierno del CSIC, que está haciendo un trabajo increíble estirando tanto como puede los fondos y luchando a brazo partido para salvar la institución - a pesar de la incomprensión y a veces la ingratitud de los propios investigadores- , sigue negociando con el Ministerio para conseguir que a más tardar en Septiembre se pongan otros 75 millones de euros más. A base de aplazar pagos a la Seguridad Social y otras medidas extremas los gestores del CSIC confían en poder soportar con lo que tenemos ahora hasta principios de Octubre. Pero si entonces no llega más dinero el CSIC tendría que suspender inmediatamente todas sus actividades y, lo que es más grave, dejar de pagar al personal contratado. Si el Gobierno concede 25 millones, el CSIC podrá sobrevivir, agonizante, incumpliendo compromisos de proyectos y contratos y por tanto agravando su situación futura. Si se conceden 50 millones se podrá cumplir los compromisos de este año, aplazando los de años venideros y complicándose por tanto el futuro. Para salir realmente del hoyo harían falta 75 millones.

La situación, por supuesto, es más complicada; una parte sustancial de la carga se está poniendo en las espaldas de los institutos, que tienen situaciones muy diversas, y existe el riesgo de que por el camino alguno de ellos reviente por imposibilidad de cumplir con lo que se le pide.

No sé cómo va a terminar esta crisis del CSIC. Es posible que el Gobierno suelte algo de dinero en Septiembre para desactivar esta posible bomba de relojería con gran repercusión mediática internacional, pero el problema es que nuestro Gobierno tiene demasiados frentes por atender, y cualquier pequeña dilación haría que el dinero no llegase a tiempo y el "cataclismo" se desencadenase. Estamos en el filo de la navaja. Lo que a mi realmente me preocupa de la situación actual es que ya se han puesto algunas ideas clave sobre la mesa. Cerrar centros, dejar de pagar facturas, dejar de pagar a los contratados... Seguramente no será este año en el que se manifestará el problema con toda su crudeza, pero tarde o temprano pasará. A finales de este año, cuando se aprueben los nuevos presupuestos, siendo optimistas el Gobierno dejará congelado el presupuesto del CSIC, pero no tardando mucho lo volverá a reducir. En algún momento nos tendrán que enviar algunas semanas a casa, por incapacidad de pagar costes. Todo esto desanimará al personal, que se involucra - a veces con bastante compromiso legal - a tirar adelante proyectos con un dinero que luego la institución, agonizante, usa para otros fines; esta situación de una manera u otra por fuerza acabará redundando en que los investigadores conseguirán todavía menos dinero, aparte de la caída de ingresos originada por la crisis, agravando aún más la situación.

Respecto a mi propio futuro, empiezo a vislumbrar que en un par de años, quizá más pero no muchos más, no podré ir a trabajar la mayoría de los días. Al ser funcionario no me pueden despedir, y al reducirse la Administración en general no podrán colocarme en otro lugar fácilmente (por ejemplo, de ordenanza en Correos), así que me pagarán por quedarme en casa. Pero como no tendré destino ni ocupación me quitarán los complementos correspondientes, y con el tiempo me quitarán los de antigüedad y de méritos de investigación, con lo que me quedaré con el sueldo base (1.100 euros brutos al mes), congelado de por vida. Seré un hombre afortunado, porque a la mayoría de mis compañeros, el 60% de la gente con la que trabajo cada día, los echarán a la calle sin más, al no ser funcionarios; espero y deseo que la mayoría emigren.

Mientras tanto yo voy dando poco a poco mis pasos en mi plan B (montar una spin off), C (ganar algo de dinero con pequeños trabajos de consultoría y con cursos y libros) y D (mantener el huerto). Conozco gente que pensaba, y aún piensa, que sacarse una oposición es una garantía de por vida. Esa gente lo pasarán mal. Ya no estamos en la época de las garantías, sino en la del colapso progresivo. Ahora toca moverse, ser dinámico, anticipar e implicarse, bajar a la arena, mancharse las manos. Nadie dijo que fuera a ser fácil. Lo importante es que sea posible.

Salu2,
AMT

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