lunes, 21 de octubre de 2013

Buscando el alma



Queridos lectores,

Hace ya unos días JotaEle me envió estas reflexiones sobre el actual estado de desazoramiento que envuelve a los colectivos de concienciación sobre Peak Oil. Si ya analizamos las causas más físicas de este abatimiento, él analiza las psicológicas, y sus posibles efectos futuros.

Les dejo con JotaEle.

Salu2,
AMT 

Un pequeño ejercicio de Soul-Searching sobre el peak oil

Vaya por delante mi disculpa idiomática: no conozco ninguna traducción al castellano de "soul-searching" que me satisfaga. Pero creo que, como tantas otras expresiones inglesas, expresa con total precisión un concepto que en este caso es necesario.

Yo topé con el Peak Oil en 2004, si la memoria no me falla. Leí algo de la ASPO, y a renglón seguido di con crisisenergetica.org. En aquellos momentos estaban en plena ebullición, y me ofrecí a colaborar con ellos maquetándoles su boletín en LaTeX. El currazo se lo pegaban ellos, y sentía que lo menos que podía hacer era eso.

Creo que duró algo más de un año. Al final no encontré el tiempo para seguir maquetando, la vorágine laboral y esas excusas que todos tenemos. Ni siquiera puedo hablar de una decisión explícita y deliberada por mi parte. No me deja en buen lugar reconocer que lo dejé de hacer, pero al fin y al cabo éste es un ejercicio de soul-searching

Mantuve el interés por el Peak Oil, pero los años pasaban y tenía que bregar con la estupenda contradicción entre los datos del peak oil y la continuidad de la vida cotidiana. Sabemos que el peak oil convencional probablemente ha tenido lugar, los efectos son ya mensurables... pero de momento nuestras vidas particulares no están afectadas de forma explícita y perentoria por algo netamente etiquetable como el Peak Oil. En el conflicto entre el dato vs. la experiencia diaria no hay vencedor, y diría que quien pierde es la constancia personal.

Para que no queden dudas: sigo dando por buenas las conclusiones de los que han dedicado tiempo y talento a carretadas a analizar el problema. Llegará una fecha en la que miremos al pasado y tengamos claro a toro eso, pasado, que el peak oil llegó y se llevó nuestro viejo mundo con él, despacio pero sin pausa.

A The Oil Drum le ha acabado pasando lo que a crisisenergética.org, para pesar de los que seguíamos. Como el soul-searching es mío, me parece impropio extrapolarles mi trayectoria peakoilística, y además sé que no es cierto: han dedicado más tiempo y talento que yo a la cuestión. Pero lo cierto es que ambos se agotaron por una diversidad de razones que, a falta de una mejor, la resumo en el mismo conflicto entre dato objetivo y experiencia subjetiva.

De hecho, la cosa es aún peor. 2008 fue el año de la crisis mundial, salpimentada en España por el estallido tan brutal como predecible (www.burbuja.info) de la burbuja inmobiliaria. La crisis que no se acabará nunca es uno de tantos hallazgos felices de Antonio Turiel, pero por otra parte no tiene la etiqueta de peak oil visible. Hay demasiados factores que pugnan como muñequitos desesperados por nuestra atención, desde la crisis bancaria, pasando por las primas de riesgo, diversos conflictos regionales y un etc tan largo como queramos o como nos afecte en persona.

Y aquí estamos. Seguimos en crisis. Hemos pasado el pico de la producción de petróleo convencional. Como recordaban el otro día, este año se acaba el programa de megatones por megawatios. Para sorpresa de los no avisados (entre los que medio me encuentro), el "milagro del fracking" se muestra rápidamente con signos de agotamiento, y no hay fuente de repuesto para el deseado crudo y derivados.

Pero seguimos con nuestra vida de consumidores. Soy austero en muchas, muchas cosas, pero por ejemplo soy un consumidor bastante conspicuo de cierta electrónica. Me hago cruces respecto a necesidades laborales, pero no niego que consumo más equipamiento (cierto tipo de portátiles, tablets, etc.), de lo imprescindible para sacar el trabajo adelante. Y sigo pudiendo hacerlo. La anécdota es sin duda irreverente al lado de la sombra ominosa del Peak Oil, pero no encuentro otra ilustración más inmediata para recoger el conflicto de mi experiencia a 11 de octubre de 2013 con lo que ya tenemos encima.

Anecdótica, también, ha sido mi contribución. En su momento, algunos  contribuyentes centrales de crisisenergetica le echaron el resto. Lo mismo puede decirse de The Oil Drum. Antonio Turiel sigue constante con un trabajo que nunca se le puede agradecer lo suficiente, y diría que es de las voces más necesarias para mantener cierta visibilidad sobre el problema del Peak Oil en español.

Digo esto, Antonio, por si puede servirte para vencer tentaciones de una justificadísima parada :)

Y aquí llego a lo inevitable: no encuentro soluciones personales. La contradicción entre datos objetivos y experiencia subjetiva nos tiene como a Ulises en la isla de los lotófagos. Paralizados, desmotivados, con la del avestruz como salida más frecuente (y progresivamente más difícil de evitar). Para más INRI, la crisis no acaba nunca. Los signos se suceden uno detrás de otro, pero el problema es que a priori son dificilísimos de interpretar, y más aún de comunicar. Si a nosotros la mencionada contradicción nos mantiene como estamos, ¿a santo de qué podemos esperar que el seguidor del BAU haga otra cosa que creer en los brotes verdes y que no hay mal que cien años dure?

Al peak oil se llega como a la moto: por ti mismo. Los años me han convencido de que, precisamente, no se puede convencer del peak oil. No sólo por el BAU, sino por algo más profundo: nuestro mundo, hoy, es también lo que creemos que es. Diría que cada uno tiene que encontrarse un dato en Internet (o, quizás, por sí mismo tras una prolongada reflexión). Entonces, se da cuenta de lo que implica el Peak Oil. No tiene solución personal, ni colectiva, y su experiencia diaria no le dice lo mismo a sus tripas, por más que la razón apunte a donde debe. Acaba el ciclo que empieza con el descubrimiento con un stand-by, con un interés mejor o peor mantenido, y la vida sigue.

Sigue, hasta que acabemos de ver que no puede seguir. Hasta que la naturaleza nos derrote definitivamente como civilización.

Sé que no es una forma bonita de acabar este texto, pero nos veo como Casandras impotentes.


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