sábado, 24 de mayo de 2014

El capitalismo y la Grand Armee de Bonaparte


Queridos lectores,

Después de las dos rotundas refutaciones a las que fue sometido su artículo sobre las fortalezas del capitalismo, Javier Pérez ha querido escribir una contrarréplica. Por mor del equilibrio en el debate he creído oportuno publicarla aquí, y así mismo publicaré la réplica final de los otros dos autores, Rubén Muñoz y Antonio García-Olivares, si se produce, antes de zanjar este debate en el blog.

Espero que sea del mismo interés para Vds. como lo está siendo para mi.


Salu2,
AMT

El capitalismo y la Grand Armee de Bonaparte
    Hace unas semanas tuve el placer de colaborar en este blog con unas cuantas reflexiones sobre la fortaleza del capitalismo. Cualquiera que lo lea podrá ver que intentaba una simple aproximación a un hecho, en busca de sus causas. Sin embargo, y quiero creer que por alguna incapacidad narrativa mía, este humilde artículo ha sido interpretado como una defensa del sistema.
    En este tiempo, he leído unas cuantas refutaciones a lo expresado en ese texto, pero quisiera centrarme en dos, la de Rubén Muñoz, y la de Antonio García-Olivares, publicadas también en  The Oil Crash. En primer lugar, tengo que agradecer muy sinceramente el esfuerzo que se han tomado ambos autores en buscar los puntos flacos de mi argumentación y, sobre todo, en ilustrarnos a los lectores en una serie de cuestiones que no suelen leerse en internet con semejante nivel de profusión y calidad. Sólo por la posibilidad de leerles creo que valió la pena que escribiese yo el artículo.
    Precisamente por ello, y por la necesidad que percibo de aclarar el foco de atención del debate, escribo hoy estas líneas.
En primer lugar, por ser lo más importante, quiero hacer una precisión: hay que distinguir entre las fortalezas operativas del capitalismo y las fortalezas percibidas. Como he leído en otros lugares, quizás la principal fortaleza del capitalismo sea su capacidad propagandística, mostrando como ventajas una serie de hechos y circunstancias que no son para nada ventajosas. Vale, ¿y qué?
¿Entramos en el debate sobre si Apple justifica sus precios superiores y sus prácticas de limitar el software a cambio de una mejor funcionalidad de sus productos? ¿Entramos en el debate de si Windows es o no mejor sistema operativo que Linux? ¿Entramos en el debate de su tu novia es más guapa que la mía aunque tenga peor carácter? Vivimos en un mundo en el que la percepción de la realidad se impone a esta a través del marketing, la opinión pública y toda una serie de mecanismos. Las fortalezas del capitalismo que desgrané son fortalezas percibidas y en ellas se basa un hecho innegable: el triunfo del capitalismo a nivel global.
Pero veamos, paso a paso, lo que se contrapone a lo que yo entendí como una realidad:
Rubén Muñoz nos dice textualmente: “Mi tesis básicamente es que, como advirtió Gramsci, su principal fuerza está en su capacidad para generar hegemonía cultural.”
Con permiso de Rubén, y mis disculpas anticipadas por la simplificación, entiendo que dicho esto está dicho todo. Y mejor dicho que lo que yo logré. El capitalismo tiene la capacidad de lograr hegemonía cultural, con lo que impone sus puntos de vista, o sea, la realidad percibida.
A partir de aquí, Rubén nos explica detalladamente la necesidad de cooperación entre los seres humanos (que el capitalismo no ha hecho desaparecer) y su importancia en la consolidación y desarrollo de las sociedades humanas. Y luego nos habla de la escasa violencia de bosquimanos y bonobos, sociedades ambas que se mantienen a duras penas vivas, encerradas en reservas, y no han ido a parar al cubo de la basura de la historia por los esfuerzos conservacionistas, encaminados a proteger mediante leyes filantrópicas los derechos de una gente y unos animales que no pueden en ningún caso defenderse por sí mismos y que ven, cada día, amenazado su hábitat por el capitalismo sin encontrar más recursos de supervivencia que la caridad, la lágrima y el pataleo.
Cuando debatimos las fortalezas de un sistema, ¿realmente podemos refutarlas usando ejemplos de quienes tienen que implorar a ese sistema que no los aniquile? ¿Realmente la fortaleza de los bonobos y los bosquimanos reside en no usar la violencia, o más bien su fortaleza ha consistido en conseguir dar pena a otra gente que invierte sus esfuerzos en defenderlos?
No son los bonobos y los bosquimanos los que están en nuestras tierras amenazando nuestro hábitat y nuestros medios de vida. Somos nosotros los que nos hemos apropiado de sus recursos, precisa y exactamente hasta donde nos ha dado la gana, y hemos parado precisa y exactamente donde hemos querido. Su conducta, lo creo sinceramente, puede ejemplificar a la perfección lo que pudimos ser, pero no ilustra en modo alguno lo que realmente somos.
Cuando hablo de la vinculación entre capitalismo y evolución, quizás cometa un error de concepto y agradezco que me lo hayan hecho ver. Cuando yo hablaba de evolución me refería al hecho de que unas especias prosperan y otras se extinguen. Es simplista, lo reconozco, pero es que soy de pueblo y estoy cansado de ver que el problema real reside en que en el pueblo hay siete chicos y dos chicas, y el que se casa con una de ellas, gana, y los demás emigran o se quedan solteros. No hay nada que negociar ni que compartir: hay que conseguir a la chavala y se acabó. La ventaja principal del capitalismo es que te permite conseguir a la chavala. Lo demás, para la gente que se ha criado en mi ambiente, son músicas celestiales o, peor aún, puertas abiertas hacia el desarraigo o el alcoholismo.
El fenómeno que nos tiene al borde del colapso es precisamente la necesidad de sustituir un sistema cargado de fortalezas pero que puede llevarnos al desastre. Por eso insisto tanto en analizar las fortalezas del capitalismo: porque parece que no nos va a llevar a nada bueno, pero mientras no seamos capaces de analizarlo con verdadero espíritu crítico no podremos escapar de su abrazo. Estamos ante el caso de la fermentación del vino: las levaduras convierten el azúcar en alcohol, que es tóxico para ellas, y finalmente las mata. El capitalismo es, seguramente, un fenómeno similar, pero negar su fortaleza hablando de sociedades primitivas no nos va a ayudar en absoluto.
A partir de ahí Rubén nos habla de las debilidades del capitalismo, y en eso no tengo nada que discutir. Y por supuesto que existen sistemas alternativos: la cosa es ver si pueden triunfar o no, o si necesitan un meteorito que aniquile al dinosaurio y deje sitio para otras especies. Por lo demás, la distinción que realiza entre mecánica evolutiva e intereses de clase no dudo que sea pertinente, pero yo no la veo funcional: por intereses de clase, por violencia sistémica o por el sursum corda, el caso es que el capitalismo se ha impuesto. Y se ha impuesto porque se casa con la chavala mientras sus vecinos se quedan con las ganas.
En el caso del artículo de Antonio García-Olivares, reconozco que me cuesta más intentar rebatirlo, sobre todo porque confieso mi debilidad por el autor, que tantos conceptos me ha aclarado, en público y en privado, y al que tanto debe mi formación en algunos temas.
A mi entender, Antonio se centra en separar el concepto de evolución biológica de la idea de evolución social, y en eso no tengo nada que oponer, como ya expliqué más arriba. Quizás mi extrapolación de lo uno a o lo otro fuese simplista, y se basaba en un simple atajo para expresar por qué unos ganan y continúan y otros pierden y desaparecen.
A partir de ahí, veamos. Cito a Antonio: “la gran fortaleza del capitalismo procede de su simbiosis con el programa de dominación de los estados nacionales, que proporcionan protección al capitalismo a cambio de rentas anuales garantizadas por una capacidad de crecimiento que ningún otro sistema ha tenido en la historia.”
Pues vale. Estoy completamente de acuerdo. El autor acaba de identificar, con su puntería de siempre, una fortaleza del capitalismo que yo no había visto siquiera. Quizás la más importante, cierto. ¿Pero realmente refuta esto el hecho de que el capitalismo sea evolutivamente superior? Yo dije que cuernos, garras y plumas, y el autor dice que capacidad de simbiosis. No estamos tan lejos, entonces, salvo en lo que ahora veremos.
Si tengo que renunciar al concepto de “evolutivo”, renuncio. No lo utilicé por preciso, sino por manejable. Al fin y al cabo soy divulgador, no científico. Y digo esto para dar la razón al autor en otra frase, que también cito: “la mayor parte de los comportamientos etológicos y sociales humanos tienen un origen esencialmente social, y no genético.”
Nunca he creído que el capitalismo tuviese raíz genética y releyéndome tampoco encuentro semejante afirmación. Me temo que en este caso nos encontramos ante una cuestión de estilo: como divulgador trato de llegar a un público lo más amplio posible (puede que sea un error, o no…) y evito las citas de autoridades incluso en los casos en que podría hacerlas. La intención es clara: que cada razonamiento se mantenga en pie por sí mismo, y no porque lo dijo Fulano de tal, al que posiblemente nos dé vergüenza contradecir. En el convencimiento de que la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero, renuncio al principio de autoridad de grandes sabios muertos con la esperanza de que lo que tenga que decir resulte comprensible, cabal y ajustado a lógica. Y ahí es donde a menudo puedo caer en imprecisiones que conduzcan, como en este caso, a interpretar que afirmo que el capitalismo tiene origen genético.
No es tal.
No hay ningún gen capitalista. Se trata de una conducta social. Me sumo sin reservas a lo expresado por Antonio García olivares: “la mayor parte de los comportamientos etológicos y sociales humanos tienen un origen esencialmente social, y no genético.” El autor que se menciona para esta afirmación es Lewontine, pero como Lewontine no contesta a mis correos, ni responde a mis artículos, se la atribuyo a Antonio García-Olivares, que es un tipo que me resulta más cercano y más amable.  Injusticias de periodista, ya se sabe. Lo digo para recalcar mi convencimiento de que la diferencia, en muchos casos, es más de estilo que de fondo.
Ciertamente, como explica Antonio, el ser humano es muchas cosas, o mejor dicho, puede serlas y las ha sido, pero hoy en día es lo que es. Si lo que se propone entre líneas es reeducar a la población, quizás en lugar de invadir Polonia, como dice Woody Allen, nos entren ganas de ver los Gritos del Silencio y recordar cómo hacían estas cosas Pol Pot y sus khemeres rojos. Puede que haya gente a la que le guste que la reeduquen, pero yo no la he encontrado aún, y mientras no me demuestren lo contrario, toda reeducación ha sido una violencia, física o de otro tipo, de un grupo contra otro.
Una vez que hemos acordado que el ser humano es sobre todo un producto cultural y social, cabe preguntarse de dónde salen esa sociedad y esa cultura. Puede que una parte (ínfima) sea genética, otra parte climática y otra de evolución del entorno, y que precisamente por ello se hayan dado distintos tipos sociales a lo largo de la historia. El esquimal y el beduino no pueden tener la misma sociedad, y hasta añadiría que no pueden creer los mismos dioses, al menos en origen.
¿Pero a dónde vamos con esto si queremos analizar las fortalezas del capitalismo? ¿A que no está en nuestros genes sino que es un constructo social? Vale. ¿Y por qué triunfó y sigue triunfando?
Y seguimos, creo, con nuestras diferencias casi semánticas. Dice Antonio GO que “Los que tenemos más de 50 tenemos experiencia suficiente como para saber que dos hombres no compiten nunca por una hembra, sino que la mujer te selecciona (o descarta) en los primeros segundos en que te ve, y todo lo demás es folklore masculino”. Como chiste me parece bueno, y yo mismo lo he repetido muchas veces, pero si nos ponemos un pelín serios creo que todos reconoceremos que esto no impide que los hombres sigan compitiendo por ser elegidos, y que es absolutamente mentira que las mujeres sean tan simples como para reducir su tiempo de elección a unos pocos segundos. Todo el mundo conoce a alguien que se casó con la que le dijo veinte veces que no anteriormente. Y sí, de veras: las mujeres también cambian de opinión cuando traban conocimiento con alguien que en principio no les interesó en absoluto. Eso es lo que más nos trabajamos los feos, y le aseguro a Antonio que en ese tema en concreto soy toda una autoridad.
En cuanto a la territorialidad y a la agresividad, y a riesgo de repetirme, creo que el factor determinante es la escasez y la densidad de población. Los esquimales no son territoriales, porque el territorio no es escaso y los recursos no son percibidos como tales. Los pueblos que se citan como sociedades no agresivas son un buen ejemplo, pero justamente de todo lo contrario de lo que se pretende demostrar: Los indios asiáticos, los todas y los bihor del sur de la India, los hadza de África, los punan de Borneo, los pigmeos de la selva de Ituri, los arapesh del río Sepik (Nueva Guinea), los yamis de la isla de Orchid (cerca de Taiwán), los hopi y zuni de Norteamérica y otros muchos pueblos, como los tasaday de Mindanao (Filipinas), son comunidades no agresivas, y hay que decir también que son comunidades arrinconadas, medio disueltas y absolutamente laminadas que se debaten como tales entre la vida y la muerte.
¿De veras cree alguien que citar a las víctimas del capitalismo rebate las fortalezas de este sistema? Yo creo que es todo lo contrario. Todas esas sociedades existían y eran viables (como los comedores de raíces) hasta que su colisión con otra sociedad violenta y depredadora las puso al borde del abismo. ¿Qué a lo mejor los capitalistas no deberían ser tan malos, tan violentos y tan cabrones? Pues vale, pero no es eso lo que se hablaba.
Dice más adelante Antonio GO: “La vida del hombre transcurrió durante más de cuarenta mil años sin necesidad de mercados, propiedad privada, clases sociales, estados, reyes, primeros ministros, parlamentos, gabinetes, gobernadores, alguaciles, fiscales, juzgados, cárceles ni penitenciarías. “
Bien. ¿Y niega eso el hecho de que finalmente fueran sustituidos? ¿Cuántos años de reinado tuvieron las cianobacterias? ¿O menciono a los dinosaurios, como todos estáis esperando? El hecho de que algo fuese viable en el pasado no significa que no fuera sustituido por algo más eficiente o mejor adaptado. La existencia de todas esas sociedades  no significa que allí se detuviese el paso del tiempo. El tiempo pasó y esas sociedades fueron barridas. ¿No tiene eso algún significado? ¿No podemos extraer la conclusión de que por algún motivo fueron sucedidas por un tipo de sociedad que logró imponerse?
Los sistemas anteriores al capitalismo no eran antievolutivos. Lo antievolutivo es pensar que eran superiores a quien los venció. Por eso tales sistemas eran anteriores y el actual es actual. Porque los anteriores se fueron al carajo como se fue el arado romano cuando apareció el tractor. Esto no significa que no podamos volver al arado romano, sino que a día de hoy hay lo que hay porque lo otro, lo anterior, no puedo resistir el empuje de lo actual.
Y no, yo no hablo en ningún momento de que la sociedad capitalista haya mejorado nada, ni de que sea más deseable afanarse por el progreso que cuidar de los hijos y dormitar. De hecho, mis opciones personales se dirigen más hacia el campo que hacia la ciudad, más hacia la simplicidad que hacia la búsqueda de una carrera profesional, más al pareció al tiempo que al dinero, pero eso es irrelevante: podemos estar cien veces de acuerdo en que el capitalismo es dañino en muchos aspectos, pero eso no desautoriza el hecho de que haya triunfado y se haya impuesto.
Mi impresión, con todo el respeto hacia Antonio, es que su artículo viene a decir que el capitalismo no debería haber triunfado y que es una pena que todas esas alternativas se hayan convertido en marginales. Así lo interpreto de su detallada recensión de saludes dentales, estatura y niveles de vida. Y  a eso sólo puedo responder que vale, ¿y qué? También hubiera sido mejor, seguramente, que se hubiese seguido por el camino de las constitución de Cádiz de 1812 en vez de tener que soportar a ese bodoque de Fernando VII, pero las cosas vinieron como vinieron, y seguramente sería bueno saber por qué. Sin historia ficción, sin voluntarismos y sin mitologías del buen salvaje.
En cuanto a la herencia, no puedo menos que darle la razón a Antonio GO en que se la acumulación de riquezas es un asunto fuertemente dependiente del camino previo. Sin embargo, y por la razón que sea (confieso mi ignorancia), el que tiene una bici quiere dejársela a su hijo con el mismo fervor que el que tiene cien mil hectáreas. Yo mismo confieso que si no pudiese dejar nada a mis hijos no me tomaría la menor molestia en generar ni un mísero excedente.
Por lo demás, cito de nuevo: “Lo que casi todas las sociedades intentan es poner a los inteligentes, hábiles y fuertes al servicio de los valores culturales compartidos, y no permitirles que hagan lo que quieran, poniendo en riesgo la sociabilidad y la propia sociedad.”
Esta frase es crucial, porque lo que dice entre líneas es que tu capacidad te convierte en siervo y que sólo el inútil y el imbécil pueden hacer lo que quieran. Sé que el autor no lo llevaría nunca a ese extremo, pero no puedo evitar extraer esa conclusión de sus palabras. Si los inteligentes, los hábiles y los fuertes tienen que estar al servicio de los demás, la única opción para tener una vida autónoma es ser tonto, patoso y débil. Algo muy marxista, por otra parte, puesto que esa sería la conducta óptima en un sistema que exige a cada cual según su capacidad y da a cada cual según su necesidad. Capacidades mínimas, necesidades máximas, rendimiento óptimo.
Una última cita:
El principal incentivo que ha tenido el ser humano a lo largo de su historia es la de no convertirse en ningún caso en un proscrito asocial, pues no tiene ni la capacidad ni el conocimiento como para poder vivir fuera de la sociedad. Y la principal satisfacción es la de ser aceptado socialmente.”
A esto sólo puedo responder: ¿de verdad quieres que tu vecino sea tu juez?, ¿no has asistido nunca a una reunión de una comunidad de vecinos? Cuando los demás son el centro de tu vida, o peor aún, los dueños de ella, más te vale pegarte un tiro cuanto antes. Pero esto no es parte de ningún debate científico, sino sólo una opinión de alguien que, como la mayoría de los lectores, vive en el mundo real. El vecino que te juzga y te condena, el miedo y el odio al que es distinto o piensa distinto tienen su base en esta fortaleza de la masa. Y la masa no es humana. La masa no razona. La masa sólo lincha.
El capitalismo es compatible con cualquier sistema, ciertamente, por canallesco que este sea, pero las libertades individuales parece que no lo son. Deduzco de ello que hay sistemas aún más canallas que los mencionados por Antonio GO (democracia parlamentaria europea, con una democracia nominal como en muchos países africanos, o con dictaduras como la Italia de Mussolini, la España de Franco y el Chile de Pinochet) donde todo el territorio se convierte en una gigantesca prisión y donde las libertades son aún menores que en los sistemas que se mencionan. Todo  puede empeorar, no lo dudo.
El resto del artículo de Antonio incide en que otras alternativas son posibles. Yo insisto en que sí, que lo fueron, y resultaron vencidas. En su conclusión, Antonio nos dice que hay otras muchas maneras de satisfacer las mismas funciones sociales y yo debo preguntar, una vez más, porque esas otras maneras no han triunfado y cualquier autor que las mencione tiene que echar mano de épocas pretéritas o lugares remotos para escoger sus ejemplos.
Se puede vivir sin agua caliente, claro que sí, y se puede vivir en el archipiélago Gulag, y se puede vivir con un dólar al día, pero la gente, en cuanto puede, lo evita.
Mi impresión, tras leer los dos artículos que comento, es que se da a entender que el capitalismo es un producto educativo que debe ser sustituido mediante educación. No lo niego. Pero como sé que los colegios católicos jamás produjeron chavales devotos, me pregunto qué clase de educación se propone, en las circunstancias actuales, para que las nuevas generaciones interioricen una mecánica distinta.
Como yo también quiero plantear una conclusión, creo que es importante hablar finalmente del concepto de victoria y de derrota. Puede parecer que sabemos perfectamente de lo que hablamos cuando decimos ganar o perder, pero  empiezo a creer que no está tan claro.
Ganar es hacer tu voluntad, aunque eso te lleve finalmente a la destrucción. Entonces, en la hora del desastre, habrás perdido, pero entre tanto y no, vas ganando. Perder es ver como otros hacen la suya en contra de la tuya, aunque eso les lleve a la destrucción. Y cuando el que te vence es aniquilado por sus propios errores, entonces has ganado.
Los bosquimanos, los bonobos, las sociedades cazadoras y recolectoras y la Grand Armee de Bonaparte eran sin duda organizaciones magníficas, pero perdieron. Puede que con el tiempo se demuestre que tenían razón y que su sistema hubiese sido más rico, más eficiente y de más largo recorrido, pero fueron aplastados. Argumentar que el derrotado es superior a su vencedor no me parece de recibo. La realidad es un árbitro muy severo. Hay lo que hay y por algo será. Lógica rural, si queréis, pero es la que manejo.
Para sustituir al capitalismo como sistema es necesario comprender cuáles son sus fortalezas, reales o percibidas, y no basta con mencionar una tribu en casa Cristo como alternativa, más que nada porque muy pocos querrían ir a unirse a ellos y menos aún que viniesen aquí a imponernos sus normas. Cualquier sustituto que se plantee debe ser deseable para la gente de aquí y de hoy, con su educación de hoy, con sus prejuicios y sus miserias de hoy. Si no es así, ese sustituto deberá implantarse por la fuerza, porque nadie lo aceptará de buen grado.
Los argumentos historicistas, a mi juicio, no hacen sino afianzar más aún el capitalismo. Porque si algo sé es que en comunicación una cosa es lo que dices y otra lo que los demás entienden; y cuando se menciona a los bosquimanos como ejemplo de cultura no capitalista, lo que habitualmente se entiende es que abandonar el capitalismo es convertirse en uno de ellos. Sé de sobra que no se dice eso, pero se entiende. Y nadie quiere hacerse bosquimano. No voluntariamente.
Cuando me puse a escribir aquel artículo, lo hice para tratar de responder a una pregunta: qué tiene el capitalismo que, sabiendo cuáles son sus terribles defectos y debilidades, hace que se mantenga e impere como sistema. Y eso traté de encontrar.
Por supuesto que otra sociedad es posible, lo mismo que fue posible un ser humano con plumas, pero por alguna razón no tenemos plumas y por alguna razón ha triunfado el sistema capitalista. Si obviamos esos hechos objetivos corremos el riesgo de teorizar sobre otra realidad, empleando, además, para ello, los peores ejemplos posibles: los de los derrotados.
Y para eso ya están la ciencia ficción y las novelas sobre la guerra civil.
¿Podría ser que alguna vez nos preocupásemos de saber por qué ganaron los que ganaron? Decir que eran muy malos no es una respuesta. Siempre hay algo más.
Gracias de nuevo a los que me leéis, y doblemente a los que me responden.
Javier Pérez.

www.javier-perez.es
 

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