viernes, 17 de agosto de 2018

Perdiendo la guerra antes de la primera batalla



Queridos lectores:

Después de tantos años escribiendo sobre la crisis global de recursos y los problemas de sostenibilidad en los que está inmersa y a los que se verá abocada nuestra sociedad industrial, se ha podido comprobar que tanto el discurso de quienes alertamos sobre el peligro que representa esta crisis como el discurso de los que defienden que no hay ningún peligro a la vista y que solo somos una pandilla de alarmistas han ido evolucionando considerablemente.

Por la parte de los que ponemos el acento en la escasez de recursos, y particularmente en el peak oil, nos hemos encontrado con que para preservar el actual sistema en marcha se han comenzado a utilizar recursos de tan baja calidad que nunca deberían haber sido considerados. Estamos hablando principalmente del petróleo ligero de roca compacta (light tight oil, LTO) que se extrae mediante la técnica del fracking y de las arenas bituminosas de Canadá (no considero los abundantes pero también poco rentables petróleos extrapesados de Venezuela, en vista del particular y cada vez más acentuado desafortunado descenso a los infiernos del país caribeño). El incremento en la producción de esos petróleos de baja calidad y nula rentabilidad ha llevado a una progresiva descapitalización de las empresas del sector, que empezó ya en 2011 pero que se ha ido acentuando con los relativamente bajos precios del petróleo de los últimos cuatro años. ¿Ha sido superado el fantasma del peak oil? Ni mucho menos, ya que los problemas siguen siendo los mismos: el petróleo crudo convencional hace más de 10 años que llegó a su máximo y continúa su lento declive, y aún contando con los diversos sucedáneos de inferior calidad la producción total de hidrocarburos líquidos crece muy poco, con riesgo evidente de empezar su declive terminal en cualquier momento si no lo ha comenzado ya. La amenaza del peak oil está más viva que nunca. 

Y sin embargo en la prensa económica se apresuran a dar por enterrado el concepto: ¿Dónde está, dicen, la debacle que anunciaban los agoreros del peak oil? ¿Dónde está, se regodean, esa catástrofe malthusiana que consideraban inevitable esos ignorantes de la teoría económica? Por supuesto, tales afirmaciones son una falacia de hombre de paja: no sé cuántas veces habré dicho que yo no creo que vayamos a precipitarnos en el apocalipsis, que en todo caso un colapso es un proceso, no un instante, y que como tal proceso puede ser detenido sin tener que acabar en la extinción completa de la Humanidad (de hecho, yo creo que no seremos tan imbéciles como para seguir haciendo las cosas mal cuando sea indisimulable que las estamos haciendo mal), y que tenemos recursos y conocimientos técnicos y científicos de sobra para garantizarnos un futuro brillante y que el problema fundamental no es técnico sino hacer cambios sociales y organizativos que faciliten la transición. Da exactamente igual: en demasía he visto como se me tilda de agorero y catastrofista, se ponen en mi boca frases y conceptos que nunca he dicho, y se pone en solfa artículos míos en los que explicaba cuestiones complejas, descontextualizando completamente párrafos para hacer ver que decía una cierta cosa, ignorando partes más extensas de los mismos artículos donde se matizaba las afirmaciones hechas y se contextualizaban como "riesgos" o "tendencias actuales" que se tenían que corregir. Epítome de ese gusto por la descontextualización interesada es el post más visitado de este blog, "Un año sin verano", del cual estoy convencido que la mayoría no ha leído más que el título, y que en particular no entienden que el proceso en él descrito (la profundización de los meandros de la corriente de chorro polar) es completamente vigente y uno de los grandes problemas climáticos a día de hoy. "¿Año sin verano? ¡Pero si nos estamos muriendo de calor! Ése solo dice tonterías".

El problema de explicar cuestiones complejas es que el razonamiento no cabe en los 144 caracteres de un tweet. Lo que se está haciendo actualmente no tiene ningún sentido desde el punto de vista económico: grandes empresas que operan en suelo americano pierden miles de millones de dólares cada año desde hace 7 años. Sin embargo, tiene perfectamente sentido si lo que está en juego es la hegemonía de un sistema, aunque ésta no pueda mantenerse durante muchos años. Como explicábamos en "Eppur peak oil", la actual situación es de absoluta huida hacia adelante: debido a los altos costes es muy difícil sacarle rentabilidad a los yacimientos y explotaciones de hidrocarburos líquidos, y mientras el resto del mundo desinvierte del sector petrolero y se concentra en los yacimientos más rentables, en Norteamérica la inversión crece sin cesar, hasta llegar al absurdo actual de que Norteamérica concentra más del 50% de la inversión en exploración y desarrollo, mientras que solo produce el 20% del todo el petróleo mundial. Un sobreesfuerzo sobre todo por parte de los EE.UU. que empezo al final de la presidencia de Barack Obama, y que Donald Trump ha llevado al extremo y que ahora quiere empezar a cobrarse, a la manera tosca y grosera que él prodiga. Pero tiene cierta razón en sus demandas: si EE.UU. no hubiera aceptado la sangría económica y financiera de su industria petrolera, en la actualidad el sistema capitalista, tal y como aún lo entendemos hoy en día, habría acabado. Así que es lógico que reclame, a aquellos que lo defienden, que paguen el coste de mantenerlo en esta Unidad de Cuidados Intensivos.






Por supuesto, esta incongruencia no puede durar para siempre y solo puede acabar de manera drástica; y mucho más dura de lo que habría sido si desde 2014 hubiéramos aceptado que el petróleo fácil de explotar se había acabado, que necesitábamos cambiar nuestro sistema económico y social y hubiéramos, por fin, comenzado a hacer los cambios perennemente aplazados.

Desde el campo de los poderes económicos, los economistas clásicos y la mayoría de los actores políticos, el hecho de que en 2014 no nos estrelláramos contra el muro de la falta de petróleo asequible les ha llevado a una absurda autocomplacencia acrítica. En vez de comprender el proceso subyacente (que Norteamérica estaba extendiendo un crédito petrolero a todo el mundo, que las empresas americanas, al usar yacimientos tan malos -las arenas bituminosas del Canadá, el LTO del fracking-, en el fondo nos lo estaban financiando porque ellas perdían dinero), nuestros líderes y expertos nos han hablado de una transición a una nueva era energética de la cual no hay signos visibles. ¿Cuántas veces habremos oído en estos últimos diez años que la revolución del coche eléctrico era inminente, para comprobar año tras año que las cantidades vendidas son absolutamente marginales? ¿Cómo es que quienes critican la falta de fiabilidad de los pronósticos sobre la fecha del peak oil - al fin y al cabo, una realidad física inexorable y de la cual, aunque su momento sea incierto, los indicios se acumulan - no se dan cuenta de las promesas incumplidas por el sector del coche eléctrico? ¿Cómo es que se ignora repetidamente el desastroso balance financiero del paradigma del coche eléctrico, Tesla, una máquina de perder dinero desde su creación?


El gran problema de la visión convencional de la economía y de la sociedad, de la manera de ver y hacer que es la mayoritaria entre nuestros líderes políticos, económicos y sociales, es que intentan ajustar los hechos observados a sus deseos o a sus objetivos, dando una interpretación a las cosas que pasan que cuadra con esa idea, y en ningún caso haciendo un análisis crítico basado en el estudio de los datos técnicos objetivos. Por ejemplo, si hubiera una mínima comprensión de qué es lo que realmente significa el coche eléctrico se comprendería por qué no es viable como un medio de transporte masivo. Sin embargo, si hay un rasgo dominante en nuestros líderes es la total ausencia de análisis técnico, en buena medida porque mayoritariamente provienen del mundo jurídico y del económico -  y no olvidemos que la escuela económica mayoritaria no es una ciencia, sino otra cosa.

Es en este contexto que se tiene que entender el discurso oficial sobre la necesaria transición energética. A pesar de la pobre comprensión del problema de los recursos, lo que sí se ha conseguido, tras años de esfuerzo de divulgación, y sobre todo a la luz de los últimos acontecimientos climáticos, es que los líderes mundiales entiendan lo que significa el Cambio Climático (o así lo hacen ver). Pero todo su discurso está plagado de loas a las "energías limpias", que sustituirán de manera simple y dulce a las sucias "energías no renovable", con la ayuda de las palabras mágicas "ahorro" y "eficiencia". Todo el actual devenir en el mundo de la energía se interpreta como una respuesta a las intenciones expresadas por los Gobierno en materia de "transición hacia el futuro 100% renovable", cuando en realidad los Gobiernos se han plegado siempre y se pliegan aún ahora a los intereses de los grandes agentes económicos y a la hora de la verdad prima la lógica del beneficio económico frente al ambiental - en el caso de los Gobiernos, atrapados por la amenaza de la "destrucción del empleo". Lo cierto es que, si uno analiza con cuidado los cambios que se operan en el sector energético, la lógica no es en absoluto la de disminuir las emisiones de CO2 - las cuales siguen desbocadas, como muestra el aumento imparable de su concentración en la atmósfera. ¿Cómo se concilia el triunfalismo del discurso político con la realidad de que sus políticas tienen un impacto nulo en la principal variable que dicen querer controlar?



Un buen ejemplo de esa lógica tramposa que nada tiene que ver la intención de disminuir las emisiones de CO2 a la atmósfera la tenemos en Alemania y su muy cacareada Energiewende. Tras años de aplicación de esta política de penetración masiva de fuentes de energía renovable, Alemania no ha disminuido sus emisiones de CO2, sino que las ha aumentado. ¿La razón? Alemana ha aprovechado el despliegue renovable para ir cerrando centrales nucleares (una fuente de energía decadente y con el pico del uranio acechando), y si lo ha necesitado ha recurrido al carbón nacional (de peor calidad y que emite más CO2 por caloría producida al quemar). Toda una contradicción del discurso raramente señalada.





Otro hecho que muestra lo absurdo del discurso oficial es que justamente las fuentes de hidrocarburos líquidos que han evitado que nos estrellemos ya contra el peak oil (arenas bituminosas y LTO) emitan en su producción grandes cantidades de gases de efecto invernadero (y de poco sirve decir que eso es culpa de EE.UU. y Canadá, pues el mercado del petróleo está globalizado y lo que permite a Norteamérica explotar esos recursos es que Europa no disminuye significativamente su consumo de petróleo).

Aún otro ejemplo de la inconsistencia absoluta entre el discurso oficial y la realidad subyacente es la actual campaña en contra el automóvil de diésel. Dependiendo del país, la producción de partículas contaminantes por la quema de diésel directamente atribuibles a los automóviles representan entre el 10% y el 14% del total, siendo mucho más importantes las partículas que desprenden los camiones, maquinaria pesada en general, barcos y, dependiendo del país, la calefacción de gasoil. Sin embargo, son los automóviles de diésel los que están en el punto de mira por el problema de salud que suponen las partículas emitidas (el cual, por cierto, es conocido desde hace décadas y no es ahora peor, sino en realidad un poco mejor, que hace años). La realidad subyacente a ese repentino furor punitivo contra el automóvil privado de diésel es el pico del diésel, del cual hemos hablado con anterioridad (y el cual revisitaremos en un post próximo, en el cual quedará más evidenciado que nunca). Falta diésel y hay cierta urgencia por deshacerse de los consumidores más prescindibles, para ganar, ¿qué? ¿Cinco años? ¿Dos? Lo que sea, con tal de seguir huyendo hacia adelante, hacia la nada.

Y por el lado de las energías renovables, el momento es pésimo para quienes creen a pies juntillas que son la solución sencilla a nuestro problema energético, el parche que necesitamos poner para que todo siga igual que antes. Sin entrar a discutir de sus limitaciones (que serán evidentes más pronto que tarde), hace un par de meses recibimos la sorprendente noticia de que China congelaba su inversión en energía solar. El cambio es significativo, porque China lideraba hasta el año pasado la inversión mundial en esta tecnología.



El actual frenazo en seco implica que China dejará de invertir un 40% en energía solar (atención, no en eólica, donde se mantiene) de lo que tenía previsto, y aún así continuará siendo el líder mundial este año. Aún es pronto para saber qué pasará, pero no se puede descartar que China acabe siguiendo el patrón de caída de inversión en energía renovable (y no solo solar) que siguieron con anterioridad España:


Italia:



o Alemania:



¿Cómo se explica la repetición de un patrón de pérdida de inversión en una energía que, se supone del discurso oficial, tiene que sustituir nuestro consumo energético? De nuevo, la razón es económica, y es que la introducción de cada vez más fuentes renovables implica un aumento de costes infraestructurales no siempre explicados, pero que están presentes y son bien reales. Y a diferencia de la industria petrolera de los EE.UU., la industria en general de Europa (y probablemente de China) no quiere subvencionar de manera general esa energía a todo el mundo.

Así pues, el discurso oficial, sustentado en energías renovables, ahorro y eficiencia, hace aguas por todos los lados. Eso no le ha importado a quienes lo sustentan desde las diversas instancias, incluidas las gubernamentales. Cuentan con la ventaja de que no hay la misma actitud crítica para con ellos como la que hay con el diminuto sector de divulgadores del peak oil, entre otras cosas porque los medios de comunicación se alinean, ausentes de sentido crítico, con esos postulados a pesar de que sean una y otra vez desmentidos por la realidad. Es lógico, es más aceptable para el sistema económico actual decir que vamos a cambiar todo para que todo siga igual, aunque no pase, que decir que no vamos a poder seguir igual, aunque haya alternativas de menos consumo y sin capitalismo (ya que cuestionar el capitalismo es, en nuestra sociedad, una obscenidad).

¿Y qué pasa con el Cambio Climático? La realidad es que poco o nada estamos haciendo, en realidad, para combatirlo. Pero sigue ahí. Es un enemigo real y temible, un peligro que amenaza con retroalimentarse de manera formidable por culpa de la bomba de metano oculta en el permafrost siberiano y en los clatratos de los lechos marinos, pero nadie está haciendo nada real contra él. Es un enemigo atroz, uno que este año podría arruinar las cosechas de media Europa, el que pronto nos podría empujar a las Guerras del Hambre; y mientras simulamos pertrecharnos para librar batalla contra él, en realidad remoloneamos y no hacemos nada útil, absolutamente nada útil. La concentración de CO2 sigue subiendo, nuestro sistema energético sigue basado en la quema de combustibles fósiles y los puntos que no debíamos rebasar siguen siendo sistemáticamente rebasados. Es el enemigo sangriento, implacable, el que ya nos está comenzando a dar lucha sin cuartel, pero nosotros seguimos ahí, sin hacer nada, sin emprender políticas reales para combatirlo. ¿Por qué? Porque en realidad nuestra motivación, como sociedad, es no dañar nuestro insostenible e impostergable sistema económico, y por eso caminamos hacia nuestra destrucción. Para mayor ironía, en el momento en que la crisis climática sea más aguda será cuando la crisis energética ya no será disimulable, y entonces nos faltarán los recursos para hacer lo que necesitaremos hacer, para luchar contra el monstruo que hemos creado.

Repitámoslo una vez más: no tiene por qué ser así. Tenemos medios y capacidad para hacer frente a esta guerra que la Humanidad ha desatado contra nuestro hábitat, contra lo que nos mantiene con vida. En realidad no es tan difícil: comienza por dejar de destruirlo. Los que se niegan a intentar hacer estos cambios, son los auténticos catastrofistas. Son ellos los que se empeñan en que perdamos la guerra antes siquiera de librar la primera batalla.



Salu2.
AMT

viernes, 10 de agosto de 2018

Carta al Presidente del Gobierno: La respuesta


Queridos lectores:

Hace unos pocos días recibí contestación a mi última carta a un Presidente del Gobierno de España. Se tiene que decir que es la primera vez que recibo una respuesta que merezca el nombre de tal (ya lo dicen, a la tercera va la vencida). Además, han tardado poco tiempo en contestar (no llega a dos meses), y ambas cosas son muy de agradecer.

Y sin embargo la respuesta es bastante decepcionante. En mi carta yo discutía una serie de cuestiones sobre la energía, y en la respuesta se discuten otras, también sobre energía. Parece que se habla de lo mismo, pero en realidad se dicen cosas muy distintas. En parte es culpa mía, porque en mi carta no planteaba ninguna pregunta concreta, solo hacía una exposición de conceptos; conceptos que resuenan con el Discurso del Sistema (como dice Beamspot) - y por tanto la respuesta ha sido la previsible, una respuesta que nace desde ese Discurso del Sistema. En suma, ha sido una pérdida de tiempo... o quizá no tanto. Porque en esta ocasión el Departamento de Comunicación con los Ciudadanos (único identificativo que dan sobre quién ha redactado la respuesta) ha considerado conveniente darme una respuesta larga y detallada (aunque accesoria a los temas que yo trataba). Esto es algo positivo, porque tiempo ha mis escritos recibían poco más que un acuse de recibo, "hemos leído con sumo interés sus reflexiones"; en esta ocasión, han considerado que debía de explicarse con más detalle. A ver si la próxima vez hablamos de las mismas cosas...

He considerado la posibilidad de replicarles, pero me ha parecido que no tiene demasiado sentido. Su posición queda muy claramente establecida y delimitada en su respuesta, y estoy seguro que de ahí no se van a mover por más que yo les diga. Así que, para intentar sacar el máximo provecho a este intercambio, he decidido publicar un análisis crítico de su respuesta en este blog, con la esperanza de que eso sí que sea de provecho para Vds., mis queridos lectores. Vamos a ello.

En lo que sigue, iré copiando los párrafos originales de la carta, con otro tipo de letra, color y en cursiva, e introduciendo después de cada párrafo mis comentarios.



Estimado Sr. Turiel Martínez:



Agradecemos la confianza al enviar su escrito al Presidente del Gobierno, en el que traslada sus comentarios y propuestas en materia medioambiental y energética, que hemos leído con interés.

Empezamos mal: lo de "leerme con interés" ya me lo han dicho muchas veces. En cuanto a propuestas, realmente no había tales en mi carta, más allá de no entrar en guerra con Argelia. 



Aprovechamos estas líneas para indicarle que la voluntad de este Gobierno es desarrollar una política en materia de energía y medio ambiente que permita la transición a un modelo productivo y social más ecológico, siendo ésta la función principal atribuida al nuevo Ministerio para la Transición Ecológica.

Bueno, eso es prometedor.



Como usted apunta, la creación de este Ministerio y sus líneas de trabajo expresan la convicción del Gobierno sobre la necesidad de contribuir de forma decidida a impulsar un modelo de desarrollo sostenible que tenga como objetivo fundamental la lucha contra el cambio climático, el uso racional y solidario de nuestros recursos, la apuesta por una transición energética tan indispensable como urgente así como la generación de empleo.



Dejando al margen que alguna expresión que resuena demasiado a BAU ("generación de empleo"), todo lo que dice suena muy bien, y además con aspectos muy positivos (se habla de "uso solidario", se dice que la transición no solo es indispensable sino urgente, se ve la preocupación social...). De momento vamos muy bien.


En este sentido, el Gobierno comparte el criterio en cuanto a la fijación de unos objetivos claros y ambiciosos, para cuya consecución se han definido unos ejes prioritarios de actuación.

Esto comienza a resonar con cosas que hemos oído y leído innumerables veces y que ya no me gustan tanto; tiene un cierto tufo a exceso de normativismo y falta de concreción. Pero démosles una oportunidad de explicarse.



Nos es grato comunicarle que, en estos momentos el primer eje de actuación, es dotar a España de unos marcos estratégicos adecuados, siendo la prioridad del nuevo departamento, presentar cuanto antes, un proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que además deberá ir acompañada de un Plan Nacional Integrado de Energía y Clima.


Aquí ya se empieza a intuir la tragedia. Por lo que se ha comentado en prensa, el nuevo Gobierno ha renunciado a plantear su propia Ley del Cambio Climático y Transición Energética y lo que ha hecho es rescatar la que ya estaba elaborando el Gobierno anterior, a la cual añadirá varias páginas de enmiendas (veremos en qué quedan). Peor aún, dado que el Gobierno anterior ya había hecho el proceso de consulta ciudadana sobre esta ley (de manera un tanto infausta y con cierta agostidad) el nuevo Gobierno no parece sentir la necesidad de volver a hacer esa consulta mal llamada ciudadana, con lo que veo difícil que la ley llegue a plasmar fidedignamente las preocupaciones del ciudadano de a pie. 


La propuesta es clara: reducir las emisiones en 2030 un 20 por ciento para conseguir la práctica descarbonización en el horizonte 2050, cumpliendo con el compromiso adquirido al ratificar el Acuerdo de París y que asumimos como Estado miembro de la Unión Europea.



Suena bien. ¿Tienen algún plan para hacer eso? Quiero decir, un plan con una base técnica, no normativa. Porque el principal problema para conseguir ese objetivo tan deseable es sobre todo técnico, no normativo. ¿Qué tecnologías vamos a usar para conseguir esa maravilla? ¿Son conscientes de las limitaciones de las fuentes de energía renovable? ¿Son conscientes de que la transición debe ser cuidadosamente planificada y que lo más fácil es seguir caminos erróneos que no llevan a ella? ¿Se dan cuenta que el modelo energético que se está proponiendo/imponiendo no va en la dirección de favorecer al conjunto de la ciudadanía, sino todo lo contrario? Como veremos más abajo, todas las cuestiones técnicas son soslayadas, como si fuera fácil abordarlas desde el plano meramente normativo y, lo más importante, sin modificar esencialmente el modelo económico productivo.


El Plan Integral de Energía y Clima (2021-2030) debe sentar las bases de la transformación de nuestra economía para las próximas décadas, emitiendo señales claras que doten de certidumbre a actores sociales, públicos y privados, que proporcione un marcado impulso a las medidas de eficiencia energética, una alta penetración de las renovables y un progresivo cierre, no traumático, de las instalaciones contaminantes.



Párrafo lleno de buenas intenciones y enormemente parecido a cosas que he leído los últimos 20 años, y que nunca han llegado a nada concreto y tangible. Significativa su preocupación por enviar "señales que doten de certidumbre" a los diversos actores, particularmente los privados; junto con lo del cierre "no traumático" deja bastante claro que no hay la más mínima intención de cuestionar el sistema económico vigente, única cosa que sería interesante abordar desde el punto de vista normativo. El recurso sempiterno a la "eficiencia energética" muestra que están pensando en el imposible de la desmaterialización de la economía (básicamente, el absurdo lógico que cree que podemos encontrar un modo para seguir produciendo más y más pero consumiendo cada vez menos recursos, cosa que de hecho contradice de manera obvia los postulados económicos).

El segundo eje es el del empleo verde y la transición justa, lo que implica la necesidad de prestar una atención particular al proceso de cambio. Es nuestra obligación garantizar la cohesión social y territorial en el contexto de la seguridad energética, promoviendo las medidas concretas que permitan esa transición justa y solidaria de la economía española. 

Este párrafo es muy meritorio y es importante destacarlo. Al margen de sus dosis de (suicida) tecnooptismo, refleja que desde el Gobierno comprenden que la materia que estamos tratando puede crear un problema de justicia social y como mínimo quieren abordarlo. En ese sentido, yo les animaría a fijarse más en las cuestiones técnicas y menos en las normativas, aparte de exhortarles a que se den cuenta de que hace falta un cambio mucho más profundo del sistema productivo, económico y financiero.



Por ello la Ley de Cambio Climático debe acompañarse de una estrategia para la transición justa con la que respaldar solidariamente a los trabajadores de sectores particularmente afectados por cambios hacia una economía baja en carbono o que sufran de manera especial o particular los impactos del cambio climático.



Nada que objetar por principio, pero sin concreción esas frases son un tanto vacías. ¿Qué, concretamente, pretenden hacer para evitar esos males a esos trabajadores? No se trata de bajar a un nivel asfixiante de detalle, pero sí dejar claro por dónde, concreta y claramente, se quiere ir.

Junto a estos dos grandes ejes, hay una serie de cuestiones urgentes en el conjunto de las áreas de actuación del Gobierno, a algunas de las cuales se ha referido en su escrito. Entre ese paquete de medidas urgentes se considera que es imprescindible recuperar una apuesta decidida por las energías renovables, el ahorro y la eficiencia energética, revisando toda la normativa que ha impedido su despliegue.


Aquí ya queda claro que no saben por dónde van. Habrá algunas cosas que la normativa habrá impedido u obstaculizado, pero hay otras cosas que han hecho que la "apuesta decidida por las energías renovables" y "el ahorro y la eficiencia energética" no hayan conseguido los objetivos que se pretenden, como por ejemplo la caída del rendimiento económico de los sistemas renovables una vez se han explotado los mejores lugares, las restricciones que pone la Termodinámica al incremento de la eficiencia, la inexistencia de ahorro real en un sistema orientado a la producción, la Paradoja de Jevons... Creer que todo es fruto de la normativa restrictiva anterior es no entender el problema y condena cualquier iniciativa al fracaso seguro (y encima no entenderán por qué fracasan).



En lo que se refiere a las subvenciones a los combustibles fósiles mencionadas en su comunicación, le transmitimos nuestra intención de acometer un análisis serio al respecto, con un calendario de eliminación de esas subvenciones, en línea con las recomendaciones del G-20.


El tema de las subvenciones a los combustibles fósiles demuestra la escasísima comprensión del problema energético de las sucesivas instancias gubernativas. Como tantas veces ha explicado Pedro Prieto, en realidad es la energía fósil la que subvenciona el conjunto de las actividades económicas; de no ser por esas fuentes de energía abundantes y de bajo precio todo el actual despliegue de la sociedad industrial simplemente nunca habría sido posible. En un país donde el precio de los carburantes lleva más de un 60% de impuestos y donde numerosos tributos cargan la posesión de vehículos motorizados, hablar de "subvención a los combustibles fósiles" es un tanto paradójico. Bien es cierto que el carbón nacional está subvencionado a pesar de su escaso uso y rentabilidad, pero justamente aquí es donde es más difícil que se hagan cambios reales (y aparte de las razones de "estabilidad social" en la zona afectada, por el hecho de que el carbón es un recurso estratégico para España, sobre todo si en no tanto tiempo las cosas vienen mal dadas). Resulta además bastante cínico hablar de las subvenciones a los combustibles fósiles cuando las recomendaciones del G20, como las de la Agencia Internacional de la Energía, apuntan mayoritariamente contra los países productores, que ciertamente subvencionan el consumo de sus propios nacionales y ésta es generalmente la única manera de redistribuir las rentas de la producción de combustibles fósiles. Al apostar por un objetivo aparentemente loable (quitar las subvenciones a los combustibles fósiles) en realidad se apuesta porque los pobres paguen por la gasolina lo mismo que nosotros, y como no podrán así habrá más para nosotros. Como digo, un ejercicio de cinismo que nuestro Gobierno, si entiende la situación, debería rechazar. 



Este Gobierno está comprometido con las energías verdes asumiendo los compromisos europeos relativos a las centrales térmicas, sin olvidar que somos conscientes de la casuística que rodea a la reestructuración y modernización de la industria del carbón, así como de las consecuencias sociales y regionales que éstas llevan aparejadas.  En todo caso, deberá esperarse a los escenarios del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima para una mayor precisión con respecto a fechas máximas de cierre.

El tema del impacto ambiental de las centrales térmicas es sin duda importante, aunque poco tiene que ver con las cuestiones que yo planteaba. El Gobierno se está planteando un plan de cierre escalonado en el tiempo de estas centrales para evitar el malestar social que generará en las zonas donde representan fuente de trabajo sin tener en cuenta que quizá el problema acabará siendo, dentro de una década o dos, uno muy diferente, la imposibilidad de que funcionen por falta de material para quemar. Sin introducir esta variable (el agotamiento de los combustibles fósiles) en la ecuación, el plan de actuación puede ser muy poco realista y bastante inútil.  



A todo lo anterior se suman algunos otros aspectos que consideramos fundamentales para modernizar la industria de nuestro país: el tratamiento dado a la cogeneración, la regulación del autoconsumo para poder eliminar las barreras administrativas y económicas que impiden su desarrollo, y el impulso a la eficiencia energética.


Por las razones que explicaba Beamspot en su post "La bomba fotovoltaica de riqueza", el modelo de autoconsumo y generación distribuida por el que parece que se está apostando podría ser bastante insolidario y desventajoso para el conjunto de la ciudadanía, con lo que el Gobierno haría bien en ser cauto sobre este tema y analizarlo con profundidad, en particular en los aspectos que refería Beamspot y que no se suelen tratar en la discusión del autoconsumo. Otrosí, hay que entender que no solo son las barreras administrativas y económicas las que han dificultado su desarrollo; también hay barreras físicas y termodinámicas, algunas infranqueables, con lo que es importante no pecar de exceso de soberbia reglamentista (no porque lo regulemos cambiaremos las leyes de la física) - y lo mismo reza para la eficiencia energética.



Finalmente, queremos reiterarle nuestro compromiso con la necesaria transición ecológica de nuestra economía y confirmarle que desde el Gobierno se está trabajando intensamente para poder ir adoptando algunas medidas concretas, precisas, que faciliten ese cambio sustantivo.

Estoy expectante, aunque lo cierto es que veo tics y orientaciones similares a otras que he visto en el pasado y que tan infructosos han sido hasta la fecha.



Estamos seguros de que este esfuerzo conjunto permitirá que España se sitúe en el camino de la neutralidad de carbono a mitad de centuria junto a la modernización de sus estructuras económicas y sociales, adecuadas a lo que se espera de un país occidental en el siglo XXI.

Sinceramente, no sé lo que se espera de un país occidental en el siglo XXI, pero me temo que mis expectativas son muy diferentes de las de la mayoría. Cabe añadir que si no cesamos en las emisiones de CO2 bastante antes de 2050 (de hecho, deberíamos suprimirlas por completo ya, y todo el mundo) el cambio climático será catastrófico, con lo que entiendo que asumen que sus actuaciones van a ser poco eficaces para el fin que se dice pretender.



Agradeciéndole sus aportaciones, nos mantenemos a su entera disposición para cualquier asunto que desee plantear y le hacemos llegar un cordial saludo,



Departamento de Comunicación con los Ciudadanos

Gabinete de la Presidencia del Gobierno

Edificio Semillas - Complejo de La Moncloa
Avda. Puerta de Hierro s/n - 28071 Madrid




En resumidas cuentas: da la impresión de que el Gobierno sí que interioriza la importancia de emprender cambios de calado en materia energética, al menos por la parte que tiene que ver con el cambio climático. Sin embargo, los plazos que se plantea y los objetivos que se fija están lejos de ser los adecuados para hacer frente correctamente a ese problema. Si a eso le añadimos que a efectos prácticos omiten el riesgo que supone el peak oil y la llegada de los otros cenits productivos anejos (inclusive el del cobre, tan necesario para la solución renovable) se puede decir que el planteamiento del problema energético por el Gobierno español es, a día de hoy, muy insuficiente. Aún están a tiempo de rectificar y ser más ambiciosos, aunque dada su debilidad parlamentaria y que la mayoría de los demás partidos entienden el problema energético aún peor se hace difícil albergar muchas esperanzas de que por una vez se haga lo correcto.

Salu2.
AMT

miércoles, 8 de agosto de 2018

El discurso del sistema: Tesis (y IV)

Queridos lectores:

Y ésta es la última entrega de la serie sobre la tesis del discurso del sistema, elaborada por Beamspot con la colaboración de Rafael Romero. Recuerden que la tesis es solo una de las cinco partes del discurso del sistema; las cuatro restantes irán siendo publicadas progresivamente en este mismo blog, y al acabar escribiré un post de índice.


Salu2.
AMT


El Discurso del Sistema. Tesis. Cuarta y última parte.

En esta última parte de exposición de los puntos de partida o axiomas básicos del discurso del sistema, abordaremos el autoconsumo y su primo hermano las ‘redes inteligentes’

Resultat d'imatges de autoconsumo e independencia energética

VII - Autoconsumo = Independencia energética.

Este es uno de los mensajes más extendidos entre los movimientos ecologistas y de la “nueva izquierda”, hasta el punto que muchos ponen esta solución como ejemplo de las mala prácticas del gobierno que la aborta por intereses y lobbying.

La ignorancia de sus proponentes es el mayor de los problemas. Esta falacia es una de las más dañinas, como analizaremos más adelante, pues en ella se interrelacionan algunos de los mensajes anteriores, la situación real y lo que cabe esperar del futuro.
El primer ejercicio que les propongo es que intenten evaluar su situación energética personal con el objetivo de planificar una solución de autoconsumo. Yo ya lo hice en su día, empezando por mirar cómo podría aprovecharme de dicho autoconsumo, echar cuentas, hacer simulaciones, pedir presupuestos, etc.

Les propongo que hagan el ejercicio y que para ello sigan los siguientes pasos:

  1. El primer paso es coger las facturas y mirar el consumo energético anual del piso/vivienda en el que habiten. Recojan todas las facturas de gas, electricidad, gasoil, pellets,...
  1. El segundo paso es hacer unas simulaciones a partir de la superficie de cubierta disponible, suponiendo que es plana y no hay sombras (cosa que no sucede), orientación, vecinos, etc.
  2. A partir de esos datos, miren que usos energéticos cubren, con especial énfasis, en la distribución mensual a lo largo del año, aunque una ojeada a la variación de la producción y del consumo diario sería interesante aunque más difícil de obtener.

Con este simple ejercicio la mayoría de los foreros que no vivan en una finca privada con suficiente terreno bien orientado y con posibles, podrán observar que, en el  mejor de los casos, llegaran a cubrir entre el 40% y el 60% de su consumo eléctrico en verano, mientras que en invierno, siendo optimistas, se quedaran en un 20-40% del consumo eléctrico. Si añadimos al consumo eléctrico los otros consumos, les quedará que sus posibilidades de autoconsumo son mínimas. Eso sin contar con un imposible coche eléctrico, pues la mayoría supongo que si tienen coche no tienen garaje ni opción cercana, que además tenga suministro eléctrico propio.

Pero seguramente a muchos de los foreros que realicen el ejercicio y residan en una ciudad no se les escaparan dos detalles:
  • O bien hay algún edificio que les hace sombra o bien ellos hacen sombra a algún edificio.
  • Cuanto más alto sea un edificio más probabilidades hay de que haga sombra y al tener más inquilinos menor capacidad de cubrir la demanda tendrá, más si tiene que compensar a los vecinos de los edificios a los que da sombra.

Con ello podemos llegar a tres conclusiones sobre la viabilidad del autoconsumo.

  1. Las viviendas con menos vecinos podrán cubrir más fácilmente su demanda de autoconsumo.
  2. Las viviendas más aisladas tendrán más opciones de no afectar al autoconsumo de otros, ni verse afectadas por otros.
  3. Las viviendas que dispongan de más terreno/superficie bien orientada (y capacidad de financiación) tendrán más capacidad de autoconsumo.

¿Qué modelo de vivienda nos da estas conclusiones?

Pues eso, el autoconsumo vale para “el que vale”, y el que no a seguir “consumiendo”.

Extendiéndome sobre ese punto, otra observación aún más importante, con ramificaciones conocidas que abordaremos en el siguiente punto, es que como pringaos currantes que somos (en nuestra mayoría) en nuestras viviendas apenas se consume energía eléctrica durante el día, sólo a la vuelta del trabajo, que invariablemente coincide con el pico de demanda de energía, justo tras la puesta de sol, que, como es normal, es el momento en que la electricidad está más cara, y justo cuando el sol no suministra nada

Todo ello deja claro que la fotovoltaica es lo que es: nada; bueno, sí, una ayuda puntual para “ciertos particulares”.

El nimio detalle de tener que buscar algo que permita balancear la producción, cuando ésta existe, con el consumo, cuando se produce la demanda, se soluciona, por los abogados de la fotovoltaica, conectándose a la red eléctrica.

Aplausos (enlatados) del público. El Mago ha vuelto a sacar el conejo de la chistera.

A ver, parece que alguien cree que al transferir la energía generada en una instalación local a la red eléctrica, los electrones se van a dar un paseo por la red, mientras esperan a que regresemos a casa para consumirlos cuándo y cómo nos dé la gana. Tal cual, si la red fuese una batería, o un parque de entretenimiento para electrones que se dedican a circular por la misma como si fueran espermatozoides en un testículo.

El resultado obviado es que la propuesta en realidad pasa por vender (obligadamente) nuestra producción “renovable” de autoconsumo cuando no hay demanda y hay exceso de producción, el sol luce, a precio barato y comprar producción “no renovable” centralizada (habitualmente gas) cuando hay exceso de demanda a precio caro

En resumen:
  • NO SE AUTOCONSUME
  • SE PRODUCE ENERGÍA BARATA PARA UNOS POCOS
  • SE CREA DEPENDENCIA DE LA RED

Y NO, no se usan ni se van a usar BATERÍAS, porque sale mucho más caro a nivel individual/colectivo y general que la opción de la red eléctrica (que pagamos entre todos).

Resumiendo los errores sobre el autoconsumo:
  1. No nos independiza sino justo lo contrario, pasamos a depender más que nunca de una red eléctrica, a la cual le debemos vender y comprar. Justo lo contrario de lo que se asume en el mensaje.
  2. El autoconsumo no cubre nuestras necesidades, ni elimina, la dependencia de fuentes energéticas “no renovables”, controlables.
  3. La autogeneración “renovable” genera problemas de balanceo y almacenamiento en la red no resueltos.

Y este último punto es el que, de forma solapada y conocida aunque no directamente asumida, da paso a la siguiente problemática.

Claro que algunos dirán que ya dependemos del suministro de petróleo, gas y carbón de fuera. Ciertamente. Pero hay un detalle que se pasa por alto: los gobiernos suelen tener unas reservas estratégicas de semanas o meses incluso. La electricidad, sin embargo, te la cortan en milisegundos, no hay reservas.

Resultat d'imatges de SMART GRID, SMART CITY IOT

VIII - Smart grid, Smart city y gestión de la demanda.

Tal como planteábamos en el punto anterior, la generación de energía “renovable” de forma distribuida crea un problema de desacople entre la generación y la demanda, respecto al funcionamiento actual centralizado. En este momento, de forma resumida y genérica, la demanda está muy estudiada desde hace años, y las centrales de producción eléctrica (y otras energéticas) han ajustado su funcionamiento para responder a la demanda cuando saben que esta se va a producir.

Y normalmente no existen problemas pues los sistemas de control están preparados para alertar de cualquier incremento de la demanda de forma centralizada y con total control de las plantas generadoras de energía, tanto para su activación, parada o incremento de la producción. Es lo que se llama despachabilidad.

Pero ni la red eléctrica ni los sistemas de control están preparados para una generación distribuida, amén de un (re)sentimiento sobre los ‘sistemas centralizados’, sin control de parada o activación, ni dispone de sistemas de almacenamiento de la energía eléctrica, porque no ha sido necesario hacerlos.

Y además se une el problema de balanceo de la producción renovable aceptada por el Santo Sanedrín, y la demanda  con el consiguiente desacople de consumo vs producción (se produce más cuando se consume menos y viceversa) tanto diario como según la estación, la conocida intermitencia diaria (la única reconocida, aunque no es, ni de lejos, la peor) y la intermitencia estacional.

Estos problemas de balanceo junto con los de control de la producción hacen que muchos organismos y gente, más o menos metida en el tema, con algo más de conocimiento sobre estas problemáticas intenten fomentar el uso de ‘smart things’. ‘cosas inteligentes’, aplicando el Internete de las cosas (Internet of Things), y bla bla bla.

La idea es gestionar la demanda de tal manera que se pueda balancear de la mejor manera posible con una producción totalmente incontrolable, a la vez que se reduce al máximo la dependencia de fuentes activables de energía, y/o almacenamiento.

A simple vista, destaca que potenciar las Smart Cities es una manera de dar la razón a los problemas técnicos subyacentes que los gobiernos esgrimen para frenar la proliferación del autoconsumo. Vienen  a decir que unas renovables no controlables son un problema que hay que solucionar mediante la gestión, el racionamiento del consumo. No arreglando el problema de la generación, sino obligando a los demás a seguir los caprichos de esta.

Otra vez volvemos a la existencia de una razón técnica correcta que se aprovecha de forma abusiva como excusa para otros fines, como hemos visto que sucedía con la problemática del cambio climático.

La problemática técnica que se intenta resolver con la “filosofía” SMART tiene tres aspectos relevantes:

  1. El primero, no obvio, es que este concepto nos obliga a aumentar la dependencia. SMART = + DEPENDENCIA. No, nunca lo veremos así reflejado, pero utilizando la simple lógica entenderemos rápidamente que permita introducir electricidad de forma descontrolada, tiene por fuerza que ser mucho más complicada y sofisticada que la actual. Y que una red nueva, la actual no sirve, más compleja, por fuerza será más costosa. Y que una red nueva y más costosa que según el MIT puede salir más cara que la propia infraestructura de producción. Una nueva infraestructura que alguien deberá pagar para construir y después para mantener. Y ese alguien no serán los que mantienen la actual red, ni son los que causan el problema.

  1. El segundo versa sobre los problemas derivados de la producción de renovables y su consumo. Tanto en lo que se refiere a la ubicación de los emplazamientos más productivos versus la ubicación de los principales centros consumidores; cuyo mayor exponente es la China que no puede aprovechar el enorme parque eólico que tiene puesto en tierra de nadie, donde no hay consumo, y que no es rentable transportar la energía producida a los lugares donde se consume. Como al exceso de producción no asumible por el consumo que hace caer toda la red; cuyo mejor ejemplo es la red australiana, donde debido a un exceso de viento, se produjo un tremendo apagón en dos provincias, causado sobre todo por el uso y abuso de la eólica.

  1. El tercero tiene que ver más con la fe, la creencia o la idolatría científica. Está en creer que dicha gestión de la demanda es totalmente factible. En creer que la demanda tiene un límite que ni se calcula, ni se tiene la más remota idea de dónde está.  En que sus falsas esperanzas en que la tarificación pueda controlarlo se contradicen con los hechos. Cuando con una electricidad que puede triplicar o cuadruplicar el precio según la hora, apenas se ha modificado el patrón de consumo.

Evidentemente la culpa es de los inadaptados sociales, como el que esto escribe, que se empeña en no adaptarse a los cambios e intentar inconscientemente acabar con el futuro de la humanidad, empeñándose en calentarse en invierno o en consumir luz cuando el sol se ha puesto.

Se ve que soy un error, muchos somos un error.

Vamos, que si alguien pone impuestos a aquellos que producen energía de forma incontrolada para pagar los costes de gestión y balanceo, se dice que es una patraña y cosa del lobby eléctrico, una mentira, mientras que si se opta por gestionar la demanda y poner nuevos sistemas ‘smart’ que alguien habrá de pagar (pero no dicen quién, y ese es el usuario, usted, querido lector), entonces sí que existe la intermitencia y es un ‘problema’ con una ‘solución’ (que tendremos que comprar al amparo del BOE o equivalente) en la que abundaremos más adelante.

Los problemas que causan los abogados de las renovables eléctricas intermitentes las vamos a pagar los demás (mientras ellos seguramente se llenarán los bolsillos como hacen los de las eléctricas ‘fósiles’, pero con el beneplácito nuestro ante su evidente ‘superioridad moral’).

Y sin embargo, no sólo es un asunto de eslóganes o ideas equivocadas lo que envuelve el mensaje del sistema. Los silencios, las omisiones (el juego favorito del sistema de manejo de la percepción) son tan clamorosas que para los que estamos al tanto de lo que se cuece deberían ser más que significativas, y es que son muy elocuentes, si uno se para a ver lo que NO se dice.

Lo que no es esa Tesis parcial y errónea que hemos visto. Es la Antítesis, y ese es el bloque que se abordará en la próxima temporada.