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Imagen de
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Queridos lectores,
Al hilo de una discusión en Facebook sobre el los riesgos asociados al accidente de Fukushima, Luis Cosin se ha ofrecido a escribir un post técnico acerca de la radiactividad y la radiación.
Les dejo en buenas manos, las de Luis.
Salu2,
AMT
Introducción
La
radiactividad ha adquirido gran protagonismo en los medios de
comunicación a partir de los incidentes ocurridos en Fukushima.
La
radiación es, sin embargo, un fenómeno natural, aunque la
tecnología esta creando nuevas fuentes de radiación más intensas y
peligrosas que las naturales.
En
este ensayo, pretendo dar una visión general del fenómeno, la forma
de medirlo y sus efectos sobre la salud:
Radiactividad,
radiación ionizante, radiactivo ... ¿de qué estamos hablando?
Orígenes:
¿De dónde procede?
¿Cómo
interacciona con la materia y qué efectos tiene sobre la salud?
Espero
que sea del interés del lector.
1.
Radiactividad, radiación ionizante, radiactivo ... ¿de qué estamos
hablando?
1.1.
Descubrimiento
La
radiactividad es el fenómeno físico por el cual ciertos
cuerpos emiten radiación ionizante, es decir, radiación que
es capaz de “barrer”, absorber o expulsar los electrones de
átomos y moléculas a su alrededor.
Señalización
típica que indica la presencia de radiación ionizante
Dado
que los electrones son el “cemento” que mantiene unidas
las moléculas, la radiación ionizante tiene la capacidad de
desestabilizar y romper dichas moléculas.
Hay
que distinguirla de muchos otros muchos tipos de radiación: luz,
microondas, radio...etc. que no tienen esta capacidad.
La
radiactividad fue descubierta casualmente por Henri Becquerel en
1896, observando que las placas fotográficas que permanecían cerca
de piezas del mineral Pechblenda (que contiene Uranio) se
velaban aunque no les diese la luz.
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| Henri Becquerel |
Fuentes:
Tipos
de radiactividad
Marie
Curie y su esposo investigaron este fenómeno, estudiando diversos
minerales, y descubrieron que otras sustancias, como el Torio (Th) y
el Radio (Ra), tenían el mismo efecto, al que denominaron
genéricamente “radio-actividad” (literalmente “actividad
del Radio”).
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| Marie Curie |
El
Radio (Ra) es un emisor extremadamente fuerte de radiación y
muchos pioneros padecieron enfermedades causadas por la exposición
prolongada a la misma.
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| Radio |
Midiendo la energía transportada por
esta radiación y sometiéndola a campos eléctricos y magnéticos
y observando su comportamiento (mediante varios experimentos
diseñados por Rutherford) se llegó a la conclusión que la
radiactividad tenía origen en transformaciones que ocurrían en los
núcleos de los átomos y consistía esencialmente en tres
fenómenos diferentes asociados a transiciones o cambios
nucleares (a los que se sumaría un cuarto en los años 30
del siglo pasado).
Los
experimentos de Rutherford consistieron en someter la radiación a
campos electromagnéticos y observar el desplazamiento que
producían en las partículas:
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| Ernest Rutherford |
La
composición de la radiación ionizante, con el conocimiento actual
de la materia, consiste en:
Partículas
(radiación alfa): Es un flujo de partículas compuestas
por dos neutrones y dos protones (núcleos de helio, He) a
velocidades próximas a la de la luz. Son poco penetrantes,
debido a su gran masa y carga eléctrica (son capturadas por las
nubes de electrones que rodean a la materia), pero muy
ionizantes, ya que el Helio es un gas noble extremadamente
estable y su núcleo, una vez desprovisto de electrones, es
extremadamente electrófilo.
Este
tipo de radiación es emitida por la descomposición de núcleos
atómicos muy pesados (número atómico A > 84,
correspondiente al Polonio, Po), que tienen muchos protones y están
sometidos a una tensión electrostática muy fuerte.
Liberando
carga eléctrica del núcleo, se transforman en átomos más ligeros
y estables.
El
núcleo de Helio es extremadamente estable y es uno de los
“ladrillos” con los que se construyen los núcleos más
pesados en el interior de las estrellas (en general, los átomos
con número par de protones y neutrones, es decir, que se han
formado por agregación de núcleos de Helio, son más estables y
abundantes en la naturaleza que los que tienen un número impar).
Existen
tres tipos de radiación beta:
Ocurre
cuando el núcleo se desprende de una cantidad de energía
para pasar a otro estado energético más bajo o menos excitado. La
cantidad de energía emitida por un fotón gamma es hν
(donde "h" es la constante de Planck y "ν" es la
frecuencia de la radiación emitida).
La
radiación gamma suele acompañar a las emisiones alfa y beta
y responde a las transiciones energéticas que no implican
modificaciones en la carga del núcleo.
Neutrones:
La radiación de neutrones (o “haz de neutrones”) y el
neutrón en sí, fueron descubiertos en la década de 1930 a través
de experimentos llevados a cabo por James Chadwick, Walter Bothe y
Herbert Becker, y otros.
La
radiación de neutrones se consiguió por primera vez bombardeando
Berilio (Be) con partículas alfa y observando que se producía una
radiación que era absorbida por los núcleos de otros materiales,
convirtiéndolos en radiactivos.
La
mayoría de los materiales radiactivos producidos durante la
explosión de una bomba nuclear es creada de esta manera.
Fuentes:
1.3.
Transiciones nucleares productoras de radiación
El
tipo de transición nuclear al que es propenso un núcleo
depende del número de protones, Z, (también llamado
número atómico) y el número total de partículas, A,
(electrones y neutrones, llamado número másico).
Recordar
que dos átomos que tengan el mismo número de protones Z,
pero diferente número de partículas A, tienen las mismas
propiedades químicas y por ello ocupan la misma posición en la
tabla periódica (por eso se denominan isótopos (de
“iso+topos” mismo lugar). Los isótopos que emiten radiación se
denominan radioisótopos.
Esto
se intenta expresar gráficamente en lo que se conoce como tabla
de núclidos:
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| Tabla de núclidos |
1.4. Periodo de
semidesintegración
La desintegración de un núcleo o su transición
entre dos niveles de energía es un fenómeno estocástico,
que se da aleatoriamente con una cierta probabilidad.
A
mayor probabilidad, mayor número de desintegraciones
por unidad de tiempo (la unidad del sistema internacional para
esto es el Becquerel, Bq, correspondiente a una descomposición
por segundo).
El
número de desintegraciones sigue una ley exponencial inversa.
Es decir, el número de desintegraciones por segundo es proporcional
a la cantidad de átomos presentes en cada momento.
En
términos macroscópicos, se habla de tiempo medio de
semidesintegración, T1/2, que es el tiempo que
tardará en desintegrarse la mitad de los átomos de una muestra.
Los átomos estables son aquellos con largos periodos de
semidesintegración (superiores a varios miles de millones de años).
Por ejemplo, si un isótopo tiene un periodo de
semidesintegración de 1 año:
Al
cabo de 1 año, quedará sólo un 50% de la cantidad inicial de
dicho isótopo.
Al
cabo de 2 años, quedará sólo un 25% de la cantidad inicial de
dicho isótopo.
Al
cabo de 10 años, quedará sólo un 0,1% de la cantidad inicial de
dicho isótopo.
...etc.
En el
siguiente gráfico se puede apreciar el periodo se semidesintegración
de los isótopos conocidos.
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| Períodos de semidesintegración de los isótopos conocidos |
Son
remarcables los “huecos” existentes para Z = 43 (Tecnecio, Tc) y
Z entre 84 (Polonio, Po) y 89 (Actinio, Ac), donde no existen
isótopos estables. Tampoco se conocen isótopos estables, con
semividas superiores a unos pocos minutos, para Z mayor que 96
(Curio, Cm).
Fuentes:
2.
Orígenes: ¿De dónde procede?
Según
hemos visto, la radiactividad es una radiación ionizante que
procede de la desintegración o el cambio energético
dentro de núcleos atómicos inestables.
Cada
isótopo tiene un periodo de semidesintegración característico,
que va desde picosegundos (10-12 segundos) hasta varios
miles de millones de años.
Además,
la Tierra está “bañada” por la radiación de alta energía
procedente del cosmos. Es lo que se conoce como “radiación
cósmica”.
Y
el ser humano ha generado fuentes de radiación artificial.
Así, podemos clasificar las fuentes
de radiación en cuatro grandes tipos:
2.1.
Radiación cósmica
Se
conoce como radiación cósmica primaria a la que se origina
en el espacio exterior por medio de procesos que liberan gran
energía en un tiempo breve (energía residual del Big Bang,
explosiones de supernova cercanas, erupciones solares...etc) y llega
a nosotros.
Está
constituida principalmente por partículas cargadas (protones,
electrones y partículas alfa) con energía muy elevada, viajando
casi a la velocidad de la luz.
Al
pasar por nuestra atmósfera, originan toda una serie de fenómenos
en cascada que tienen como consecuencia la producción de radiación
gamma y otras partículas, lo que se conoce como radiación
cósmica secundaria.
Los
pasajeros de un avión intercontinental que vuele a 10.000 m de
altitud, por ejemplo, están expuestos a una dosis de radiación
50 veces más alta que la presente al nivel del mar.
Fuentes:
2.2. Radioisótopos pesados: las
series del Uranio y el Torio
Otra
fuente de radiactividad natural son los isótopos radiactivos
pesados (más pesados que el Hierro, Fe, de número atómico
Z=26). Sabemos que se forman únicamente en eventos muy especiales
que ocurren sólo de vez en cuando: las explosiones de supernova.
El
hecho que en nuestro planeta existan isótopos pesados indica que
parte del material que lo forma proviene de una zona de la galaxia en
la que se ha dado este fenómeno.
La formación de nuestro planeta tuvo
lugar aproximadamente hace 4.000 millones de años. Sólo
algunos isótopos radiactivos tienen periodos de semidesintegración
de esta magnitud.
Esencialmente
todos los isótopos radiactivos de los elementos pesados
presentes de forma natural en nuestro planeta son producto de la
lenta descomposición del Uranio y el Torio, en lo que se
denomina series de desintegración, y están presentes en los
minerales de U y Th.
Uranio
Torio
Los
radioisótopos pesados más abundantes en nuestro planeta son:
Torio
232 >14.00 · 109 años
Uranio
238 4,468 · 109 años
Uranio
235 7,038 · 108 años
Radio
226 1.602 años
Cesio
137 30,07 años
Bismuto
207 31,55 años
Estroncio
90 28,90 años
Cobalto
60 5,271 años
Fuentes:
2.3.
Radioisótopos ligeros o inducidos
Por
último, hay átomos ligeros radiactivos. Estos radiosótopos
ligeros se producen en la Tierra por el efecto de la radiación
cósmica sobre los elementos más abundantes en ella (aquellos
anteriores al Hierro, Fe), por lo que se llaman radioisótopos
inducidos.
Entre
ellos, uno de los más interesantes es el Carbono-14, (14C)
que se forma en la alta atmósfera cuando la radiación cósmica
interactúa con el Nitrógeno-14 atmosférico (el Nitrógeno
forma el 70% de la atmósfera), primero por medio de la captura de un
neutrón y después por medio de un decaimiento beta.
A
medida que el 14C se desintegra, transformándose en
nitrógeno-14 (14N) se alcanza un estado de equilibrio
entre las velocidades de producción y la de desintegración, lo que
hace que la concentración de 14C en el CO2
atmosférico sea constante.
En
cada gramo de materia viva hay 14C suficiente como para
producir 16 desintegraciones por minuto. Al morir el organismo, se
deja de asimilar 14C y éste va decayendo lentamente a una
tasa conocida (más de 5.000 años de periodo de semidesintegración),
lo que permite datar con bastante precisión la edad de un fósil.
 |
| El ciclo del Carbono-14 |
Los
radioisótopos inducidos más abundantes son:
Potasio-40
1,28 · 109 años
Calcio-41
1,03 · 105 años
Carbono-14
5.760 años
Oxígeno-15
122 segundos (se produce de forma continua)
Fuentes:
2.4.
Radioisótopos artificiales
La
tecnología de los reactores nucleares ha permitido al ser
humano fabricar isótopos que no están presentes de forma natural
en nuestro planeta (si alguna vez existieron, el largo tiempo
transcurrido desde la formación de nuestro planeta ha hecho que
prácticamente desapareciesen).
Así, elementos intensamente
radiactivos como el Neptunio (Np, Z=93, vida media de hasta 2
millones de años), el Plutonio (Pu, Z=94, vida media entre 30.000 y
80.000 años) Tecnecio (Tc, Z=43, vida media de hasta 4 millones de
años)...etc. han hecho su aparición en el medio ambiente por
primera vez en millones de años.
Se
trata de elementos con una vida media varios órdenes de magnitud
más corta que el Uranio y el Torio (hablamos de miles o millones
de años, frente a miles de millones) lo que quiere decir que las
descomposiciones son miles de veces más rápidas y, por tanto, son
miles de veces más radiactivos (y peligrosos) que ellos.
Las
consecuencias de tener con nosotros estos nuevos “compañeros de
viaje” son difíciles de prever, máxime cuando hablamos de unas
sustancias que van a estar acompañándonos (a nosotros o a quienes
nos sucedan) durante varios millones de años.
Neptunio
Plutonio
Tecnecio
Otros,
como el cesio y el estroncio, son elementos que existen de forma
natural, pero en los reactores nucleares se producen isótopos
radiactivos (137Cs y 90Sr )
que tienen una vida media
relativamente larga (entre 30 y 40 años) y son extremadamente
radiactivos y peligrosos, ya que se absorben fácilmente por los
seres vivos.
Cesio
Estroncio
Por
último, algunas especies de Yodo, (como el 131I)
aunque tengan una vida media muy corta, son rápidamente asimilados
por el organismo y se acumulan en la tiroides, donde causan daños.
Yodo
Fuentes:
3.
¿Cómo interacciona con la materia y qué efectos tiene sobre la
salud?
3.1.
Interacción con la materia
La
materia en estado ordinario se compone de átomos y
moléculas. Cada molécula es un conjunto de varios núcleos
atómicos (de carga positiva) que se mantienen cohesionados por una
“nube de electrones” (de carga negativa) a su alrededor.
Es
decir, los electrones son el “cemento” que mantiene unida a la
materia.
Si
se altera la relación entre electrones y carga de los núcleos,
puede llegar un momento en que la tensión electrostática entre los
núcleos que forman una molécula sea superior a la capacidad de
cementar de los electrones restantes. La molécula puede
desestabilizarse y romperse.
Por
tanto, la radiación ionizante, que altera la carga eléctrica
de la materia, tiene como uno de sus efectos secundarios la
desestabilización y rotura de las moléculas que la forman.
Las
partículas alfa, por su gran afinidad electrónica,
capturan los electrones de la materia que atraviesan, alterando su
carga.
Si
la cantidad de energía absorbida es suficientemente alta, el
electrón sale “despedido” al exterior dejando a la molécula con
carga positiva (efecto fotoeléctrico).
El
efecto fotoeléctrico se da también con otras longitudes de onda
menos energéticas (rayos X y ultravioleta).
Producción
de pares: el fotón desaparece y se forma un par electrón -
positrón. Debido a que el positrón es una forma de antimateria,
una vez que su energía cinética se haga despreciable se combinará
con un electrón del material absorbente, aniquilándose y
produciendo un par de fotones.
Activación:
interacción completamente inelástica de los neutrones con los
núcleos, mediante la cual el neutrón es absorbido, produciendo un
isótopo diferente (igual número Z e incremento de la masa A).
Fuentes:
3.2.
Medición del fenómeno: Unidades del SI
Las
unidades del Sistema Internacional para medir la radiación y sus
efectos sobre la salud son las siguientes:
El
Becquerel (Bq), que se define como la actividad de una cantidad
de material radioactivo con decaimiento de un núcleo por segundo.
Tradicionalmente, se ha usado también el Curio, que
corresponde al número de descomposiciones por segundo del elemento
Radio, y equivale a 3,7·1010 Bq,
aunque resulta ser una unidad demasiado grande para las
aplicaciones prácticas (el Radio es extremadamente radiactivo).
Como
hemos visto, no todas las descomposiciones nucleares corresponden al
mismo fenómeno ni tienen asociadas las mismas características
físicas y energéticas. Así, para tener en cuenta la
intensidad energética de una radiación, se habla de Julios
generados por kilo y segundo, J / Kg·s. La conversión se
haría, para cada tipo de descomposición, multiplicando el número
de descomposiciones por segundo (Bq) por la energía asociada a cada
una de ellas.
El
Gray (Gy) es una unidad derivada del Sistema Internacional de
Unidades que mide la dosis absorbida de radiaciones ionizantes
por un determinado material. Un Gray es equivalente a la absorción
de un joule de energía ionizante por un kilogramo de material
irradiado. Así, 1 Gy = 1 J / Kg.
La
unidad para indicar la peligrosidad de una radiación para
los seres vivos es una derivada del Gray, que tiene en cuenta los
efectos de cada tipo de radiación sobre el material biológico
(es una especie de media ponderada de las intensidades de cada tipo
de radiación alfa, beta y gamma).
El
Sievert (símbolo Sv) es una unidad derivada del SI que mide
la dosis de radiación absorbida por la materia viva,
corregida por los posibles efectos biológicos producidos. 1 Sv
es equivalente a un julio absorbido por kilogramo J / kg.
La
diferencia con el Gray (unidad de la dosis absoluta absorbida)
es que el Sievert está multiplicado por un factor que pondera
para cada tipo de radiación el daño biológico que produce,
mientras que el Gray mide la energía absoluta absorbida por
un material.
El
Roentgen Equivalent Man (rem) es una unidad física
usada antiguamente, corresponde a la máxima dosis anual tolerable
por el organismo sin aumento apreciable del riesgo de cáncer, y
la equivalencia entre ambas es 1 Sv = 100 rem.
Fuentes:
3.3.
Dispositivos de medida
La medida de la radiación se lleva
a cabo por medio de varios dispositivos:
Contador
Geiger-Muller: es el dispositivo más sencillo, y permite contar
el número de partículas cargadas eléctricamente (alfa y
beta) que atraviesa un cilindro en el que se establece una
diferencia de potencial eléctrico muy alta (de varios cientos o
miles de voltios). Cada partícula cargada que lo atraviesa provoca
una descarga o “avalancha” en cascada y una cuenta en el
medidor. Es decir, sus unidades de medida son Becquerels.
Aplicando correcciones
estadísticas por tamaño y forma del tubo y distribución de tipo de
partículas se pueden establecer valores de energía y cantidad de
radiación recibida.
Escintilador
o centelleador: es un dispositivo que provoca un destello
cada vez que una partícula cargada o un fotón de alta energía
lo atraviesa, por ejemplo, un cristal de sulfuro de zinc. Estos
destellos pueden ser detectados por elementos fotosensibles y
fotomultiplicadores y contabilizados.
Fuentes:
3.4.
Efectos sobre la salud
Los
seres vivos están formados por moléculas grandes y
complejas, como las proteínas y el ADN. La radiación puede
alterar estas complejas estructuras, y si afecta al ADN, provocar
daños permanentes y hereditarios.
Nuevo
símbolo ISO para señalizar la presencia de fuentes de radiación
ionizante, con una advertencia más explícita de los riesgos que
comporta.
Las
proteínas se están generando continuamente, por lo que los
daños sobre las mismas no tienen implicaciones graves (a no ser que
sean masivos). Es más peligroso que los daños afecten al ADN.
 |
| Una proteína |
 |
| Una secuencia de ADN |
La
vida lleva millones de años conviviendo con la radiación de baja
intensidad, por lo que ha desarrollado mecanismos para protegerse
frente a pequeños daños en el ADN.
La
molécula de ADN es doble (es decir, hay una copia de seguridad) y
toda una legión de proteínas especializadas se encarga de
reparar los daños que eventualmente se produzcan.
Sin embargo, hay tres situaciones en
las que el daño puede ser permanente:
Si
el ADN dañado está en medio de un proceso de secuenciación
(como ocurre, por ejemplo, en células en proceso de división o
“mitosis”) y la doble hélice está “desenrollada”: en este
caso, si se daña una porción fuera de la doble hélice, la
proteína encargada de las reparaciones no va a tener una copia
de seguridad.
La
ley de la radiosensibilidad (también conocida como ley de Bergonié
y Tribondeau, postulada empíricamente en 1.906 y demostrada más
adelante) establece que los tejidos y órganos más sensibles a
las radiaciones son los menos diferenciados y los que
exhiben alta actividad reproductiva (alta tasa de renovación).
Como
ejemplo, tenemos:
Tejidos
altamente radiosensibles: epiteliales (mucosa intestinal,
piel, pulmones...etc), órganos reproductivos (ovarios, testículos),
médula ósea, glándula tiroides.
Por el mismo motivo:
Las
mujeres, con unos pocos centenares de células reproductoras,
son mucho más sensibles que los hombres, que producen
millones de células reproductoras cada día.
Los daños producidos son los
derivados de la destrucción de las moléculas y, principalmente, el
ADN:
Las
radiaciones naturales (emitidas por el medio ambiente) son, en
principio, inofensivas (aunque se cree que tienen una función
importante en la evolución de la vida, provocando mutaciones
expontaneas).
El
promedio de tasa de dosis equivalente medida a nivel del mar es de
0,12 microsievert por hora (1,2 microrem por hora).
La dosis efectiva (suma de las
dosis recibida desde el exterior del cuerpo y desde su interior) que
se considera que empieza a producir efectos en el organismo de forma
detectable es de 100 mSv (10 rem) en un periodo de 1 año.
Hay
que tener en cuenta que el Sievert y el rem son unidades de
exposición acumulativa, es decir, guardan la historia de la
exposición a las diferentes fuentes de radiación a lo largo de la
vida del ser vivo.
Por
tanto, el factor que hay que tener en cuenta para evaluar el impacto
en la salud es la exposición acumulada, y no tanto la
puntual.
Por
este motivo, el personal expuesto por razones profesionales
o ambientales a este tipo de radiación debe llevar consigo un
dosímetro, que es un aparato que mide la exposición
acumulada, y se deben tomar medidas preventivas (alejamiento,
apantallamiento adicional...etc.) si se alcanzan las dosis máximas
recomendables:
Fuentes:
3.4.
Radiación interna y externa
A
la hora de evaluar el impacto sobre la salud, es muy importante
distinguir si la fuente de radiación es externa o interna.
De
la radiación externa, la alfa y beta es frenada por la piel
y sólo penetra la radiación gamma. Pueden prevenirse los daños
reduciendo del tiempo de exposición, alejándose de la
fuente (la intensidad disminuye con el cuadrado de la
distancia):
o
interponiendo pantallas, preferiblemente de materiales de alta
densidad (para la radiación gamma, a modo de ejemplo, 6 mm de plomo
realizan la misma labor aislante que 1 m de hormigón o 6 m de
tierra).
Los
efectos de la radiación externa dependen de la dosis acumulada:
De
la interna, mucho más peligrosa, afectan los tres tipos y
especialmente la radiación alfa y beta, muy energética, produce
daños e inflamación locales.
 |
| Radiación interna y externa |
Las fuentes de entrada de
material radiactivo son: la ingestión, inhalación, y la
penetración por contacto a través de heridas o piel sana.
La
radiación interna es provocada por una serie de isótopos muy
concretos, (verdaderas “bestias negras”) cuyo efecto depende
de su comportamiento y el lugar en que se acumulan:
Presente
en: agua contaminada (normalmente, tras un vertido de agua
contaminada en una central o una explosión)
Se
adquiere a través de: agua y alimentos
Presencia
en el organismo: breve (unos días)
Se
acumula en: tiroides
Causa:
tiene el potencial de causar mutaciones cancerosas en la tiroides
Presente
en: agua contaminada y alimentos, donde es muy soluble, debido a
que químicamente se comporta como el sodio o el potasio
Se
adquiere a través de: agua y alimentos
Presencia
en el organismo: Unos 50 días de media
Se
acumula en: músculos y zonas blandas
Causa:
cánceres del tejido blando, mutaciones
Metales
pesados (Uranio U, Torio Th, Neptunio Np, Plutonio Pu, Actinio
Ac, Americio Am...etc.)
Presente
en: terrenos contaminados, aire
Se
adquiere a través de: no es común entrar en contacto con estas
sustancias, toda vez que sólo existen en cantidades apreciables en
instalaciones nucleares y militares: si hay vertidos, escapes o
explosiones, pueden contaminar los alimentos y el aire (por tanto,
una fuente posible de contaminación es respirar el polvo
contaminado tras un accidente o vertido). Aunque, como metales,
pueden formar sales solubles en agua, su absorción intestinal es
lenta y las contaminaciones en humanos suelen provenir del polvo
fino producido en explosiones y accidentes de instalaciones
nucleares
Presencia
en el organismo: permanente
Se
acumula en: pulmones, hígado y riñón
Causa:
irritación crónica de los pulmones y las cavidades en las que se
deposita, varios tipos de cáncer
Presente
en: agua, pastos y alimentos (especialmente productos lácteos de
ganado contaminado)
Se
adquiere a través de: agua y alimentos
Presencia
en el organismo: permanente
Se
acumula en: tejido óseo, donde se asimilan muy fácilmente como el
calcio, por ser químicamente muy similares
-
Presente
en: suelos volcánicos (graníticos), con presencia de mineral de
uranio
Se
adquiere a través de: aire respirado y agua
Presencia
en el organismo: breve, por tener un periodo de descomposición muy
corto
Se
acumula en: no se acumula
Causa:
cáncer de pulmón y mutaciones
Presente
en: fertilizantes de fosfatos provenientes de zonas ricas en
mineral de uranio (la mayoría, por desgracia), ya que es un
subproducto de la descomposición del mismo
Se
adquiere a través de: humo del tabaco, verdura y vegetales
contaminados
Presencia
en el organismo: permanente (se asimila al azufre)
Se
acumula en: pulmones de fumadores, hígado y riñón
Causa:
cáncer, leucemia y mutaciones
Adicionalmente,
tenemos dos isótopos radiuactivos presentes de forma natural en los
seres vivos:
Presente
en: de forma natural en el suelo en diversas concentraciones.
Se
adquiere a través de: alimentos y agua
Presencia
en el organismo: un 1% del potasio del organismo (unos 0,5 g) es
radiactivo
Se
acumula en: todo el organismo
Causa:
potenciales mutaciones
Presente
en: atmósfera
Se
adquiere a través de: alimentación
Presencia
en el organismo: constante
Se
acumula en: todo el organismo
Causa:
mutaciones esporádicas
Referencias: