miércoles, 24 de julio de 2013

Seguir el rastro


Queridos lectores,

Gabriel Anz ha escrito otra interesante pieza, comparando nuestra situación actual a la de un rastreador que debe interpretar lo que le rodea, en un ambiente lleno de estímulos que muchas veces nos confunden aunque más por nuestros prejuicios que por su objetividad. Una interesante reflexión.

Les dejo con Gabriel.
Salu2,
AMT

Aprendiendo de los “rastreadores”


Nací y me crié en el campo y en muchas ocasiones me encontré siguiendo rastros de algún animal herido, de gente que ingresó al predio para robar alguna oveja, vaca o caballo, cazar algún ciervo o guanaco, o simplemente sacar leña o frutas silvestres.

En términos generales, se podría decir que es una habilidad que ya pocos desarrollan, salvo detectives, arqueólogos, paleontólogos, historiadores  (todos con la asistencia de mucha tecnología) y la gente que todavía queda viviendo en y del campo. Días atrás, hurgando en Internet, descubrí que en España hay gente dedicándose a recuperar estas prácticas, aunque más no sea por placer y/o competencias… me pareció interesante y seguramente habrá gente en otros países haciendo lo mismo.

Lejos estoy de considerarme un buen rastreador, porque cuando me comparo con descendientes de Mapuches u otras personas avezadas en el tema, me siento un perfecto torpe. Pero así y todo me defiendo bastante bien y me resulta una actividad divertida y de gran desafío, pues se requiere de mucha paciencia, capacidad de observación, imaginación y deducción.

Básicamente se trata de la capacidad de reconstruir hechos ocurridos en algún momento del pasado, a partir de escasísimos elementos. Y hay gente que es realmente sorprendente. Los bosquimanos en el Kalahari se han destacado por ello. He visto gente reconocer a sus caballos –sexo incluido- por el tamaño de los cascos, por la forma de pisar y de dejar las marcas en la tierra, por la forma de dejar sus deyecciones, etc. Cierta vez se me había escapado herida una cierva (la cacé para ahumar su carne) y estuve casi 2 días siguiéndola… deduje que el impacto de la bala había dado en el blanco y específicamente había afectado alguna zona del sistema respiratorio (sin llegar a ser letal), por el tamaño y color de las gotitas de sangre (la sangre mezclada con aire se vuelve más espumosa y rosada, y al respirar/resollar, esparce las gotas de sangre de una forma diferente a que si la herida fuera en otras zonas del cuerpo del animal). También supe que no estaban afectados los pulmones, porque de estarlo, seguramente hubiera habido algún pedacito del órgano lastimado junto con las gotitas de sangre, debido a su consistencia más granulosa. En ocasiones y según el terreno, simplemente los rastros parecen esfumarse… y se retoma su curso encontrándose apenas una minúsculo gota de sangre o de saliva en la hebra de un pasto, o un pelo enredado en una rama, o vegetación apenas aplastada, etc. Finalmente la encontré muerta, no sin la horrible sensación que me produce haberle ocasionado tal sufrimiento.

Y como normalmente trato de hacer, quiero comparar estas habilidades, con la habilidad perdida en la gran mayoría de las personas del mundo moderno para interpretar la realidad que nos rodea y deducir y “unir puntos” en base a pocos elementos. Como quien dice, “leer entre líneas”. Y me parece importante, porque en un Era de superabundancia de información, donde la realidad parece que se nos la muestra procesada de acuerdo a intereses de unos pocos, se hace necesario recuperar la habilidad de conjeturar lo que pasa en base a las propias observaciones y no en base a las que nos imponen los medios masivos de información o por la apreciación superficial de los hechos. Y como en otras oportunidades, voy a valerme de unas anécdotas recientes.

Hace algo más de 1 mes, un puma se acercó a las casas, corrales y galpones de forma bastante inusual para estos tímidos felinos, y así atacar mis 5 ovejas, 1 carnero y 1 capón. En un lapso de 5 días, me mató las 5 ovejas (preñadas) para solo cortarles la yugular, beberse la sangre e irse, pues evidentemente estaba cebado. Las 2 últimas las mató dentro de un corral, para lo cual tuvo que saltar la cerca de casi 2 metros de altura. A la mañana temprano fui a verlas y una de ellas estaba todavía moribunda, con un violento salpicón de sangre contra la pared trasera de ladrillos del gallinero.

No encontraba rastros ni indicios claros de la causa (al menos para mí). Y de haberlos sabido “leer” desde el principio, lo cual me hubiera permitido tomar las medidas adecuadas, la historia con mis ovejas de seguro hubiera sido otra. Pero como no tuve la capacidad suficiente y me dejé engañar por falsas apreciaciones, al punto de llamar al veterinario para que me confirmara si la causa por la que estaban muriendo era una clostridiosis (virus letal y de alta propagación). Pero resultó que luego de un largo interrogatorio telefónico por parte del mismo veterinario, el tratamiento que tenía que aplicar consistía en aplicar antibiótico contra una neumonía. Mientras mi empleado, descreído de los profesionales y por su escasa cultura, al no encontrar respuestas, atribuyó las muertes al “chupa-cabras”. ¡Todos meando bien afuera del inodoro por no saber mirar!

Finalmente llamé a un hombre conocido por sus habilidades de rastreador, para que me eche una mano. Recorrimos los lugares de los siniestros y finalmente, dentro del corral, entre los rastros de las ovejas y viejos rastros de vacas, encontró un único y poco claro rastro de puma. Esto quedó confirmado, cuando encontró también un leve y reciente rasguño en una de las tablas de la cerca de madera, por donde había ingresado. Cuando esta posibilidad cobró fuerza, se me hicieron evidentes otros rastros y las formas de matar. Hasta el momento las escasas señas de algún animal interviniendo en los hechos, se circunscribían a algunos perros del vecindario… poco experimentados y sin necesidad real de comida.

Hoy, gracias a este experimentado hombre, tenemos un mapa bastante preciso de sus movimientos. El mismo rastro (por su tamaño y forma de pisar) lo vio no hace tanto en un campo vecino. Y según las recomendaciones, hasta ahora me resisto a cazarlo con una jauría de perros entrenados para ello, pues prefiero hacer un trabajo más quirúrgico. Pero a medida que pasan los días y no damos con el puma, veo que tendré que aceptar la propuesta.

Y como con este hombre compartimos varias noches de cacería buscándolo, resultó que lo conoció a mi abuelo en sus años mozos. Entre toneladas de anécdotas camperas, también hablamos de cuestiones de la vida, de política y de la situación del país y del mundo… Un hombre que apenas tiene educación primaria y sorprende por su práctica y sabidurías. Un hombre que con la misma capacidad de observación y deducción con la que encontró la causa de la muerte de mis ovejas, también analiza y discierne las causas de los problemas por los que está pasando la humanidad… sin saber de física, ni energías, ni matemáticas ni nada de tanta complejidad. Mucho sentido común y saber por donde hay que mirar.

Creo que la gran mayoría todavía camina por el mundo sin saber ver lo que pasa; incapaces de construir la realidad por no saber ver los “rastros”. Por mi experiencia en la administración de campos, puedo decir que los mejores puesteros que he tenido (recorredores de determinadas áreas dentro del campo) fueron aquellos que “no se les escapaba ningún rastro”. Leyendo el suelo, deduciendo y conjeturando, veían mucho más de lo que había pasado o estaba pasando, que siendo ocasionales observadores del paisaje y del entorno en el instante presente… En el primer caso se valen de rastros dejados a lo largo de varios días/semanas y complejas asociaciones, mientras que en el segundo, se trata de la observación de una instantánea, que de no dar justo con el hecho, es imposible inferir qué pudo haber pasado algunos minutos antes de estar allí presente.

La actualidad está colmada de huellas que indican lo que está pasando con la realidad energética, ecológica, económica, social, etc. Pero estamos distraídos o miramos muy superficialmente. Acabo de vivirlo en la presentación de la candidatura a intendente de mi ciudad y la de diputado y senador a nivel nacional (por el mismo partido), a la que yo fuera invitado por el primero. Con el candidato a intendente, viejo conocido de la familia y exitoso empresario, hombre de bien y bien intencionado -doy fe- tuve ya algunos intentos de introducirlo en el tema de la crisis energética, sin ningún resultado alentador. Acabo de intentar aproximarlo al tema nuevamente, de forma más contundente, pero ante la falta de respuestas infiero que no le interesa mi postura o sigue siendo incapaz de verla. Y eso que durante la presentación que comentara recién, abrí la rueda de preguntas interrogando al candidato a diputado, ex-secretario de energía de la provincia y escritor de un par de libros sobre Shale Gas y Petróleo, acerca de si se conocía ya la TRE (Tasa de Retorno Energético) de la formación “Vaca Muerta”, que se supone es el tercer yacimiento de petróleo y gas de esquisto a nivel mundial, con el cual se espera recuperar el autoabastecimiento energético de Argentina. Con humildad comenzó su respuesta esperando poder responder a mi pregunta… Continuó explicando que se trata de una formación más densa que el cemento y que yace a unos 3.000 m de profundidad. Terminó su alocución diciendo que las dificultades y desafíos son enormes y que la TRE es “negativa” (expresión errónea) y que en el actual contexto económico y político, las condiciones no son las adecuadas, motivo por el cual decidió comprometerse políticamente. Yo no entiendo como YPF y Chevrón firman acuerdos para su explotación conjunta, si de movida ya se sabe que la TRE es inferior a 1 (uno). ¿Qué otros intereses hay en juego? Y tal vez, lo que podría considerarse más grave, ¿saben o sabe el candidato a diputado –profesional en temas energéticos- lo que realmente significa la TRE? ¿Comprenderá/n que llegado a ciertos límites físicos y termodinámicos, ya no hay dinero que pueda revertir el proceso de caída en la extracción de dichos hidrocarburos? ¿No pueden ver que la corrupción, la falta de inversiones, las incoherencias en las tomas de decisiones, etcétera, podrían tener como causa a la ya menguante energía neta, que hace que se resienta y debilite el andamiaje del sistema económico, político y social? Y volviendo al hilo central del Post, también me llamó la atención no encontrar a nadie entre los más de 100 invitados, que fuera capaz de siquiera vislumbrar la profundidad e implicancias de mi pregunta y por sobre todo… las de su respuesta; que a pesar de las fisuras, fue clara y contundente. Pésimos observadores, desastrosos atando cabos, nulos en sentido común… en definitiva, muy malos “rastreadores”… ¡la evidencia enfrente de los ojos y nadie capaz de ver lo esencial!

Saludos,

Gabriel Anz


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