viernes, 19 de junio de 2026

La rendición


Queridos lectores:

Aprovechando la invitación del presidente Emmanuel Macron de visitar el palacio de Versalles después de la cumbre del G7 en Évian, Donald Trump firmó físicamente el Acuerdo de Entendimiento (Memorandum of Understanding) con Irán para poner fin a las hostilidades bélicas que comenzaron hace más de tres meses. 

El anuncio la semana pasada de que se había llegado a este Acuerdo disparó las bolsas e hizo bajar el precio del petróleo. El Brent se mantiene desde entonces en la raya de los 80$. Los analistas se felicitan por el acuerdo y se preparan para una inundación de petróleo que hará bajar el precio hasta valores no vistos en años y a un boom económico que dejará detrás todos los malos augurios. Las preocupaciones se despejan y los noticiarios se centran en las cuestiones más locales (sin necesidad de seguir forzando el foco de atención lejos del conflicto central ahora mismo), como los continuos casos de corrupción o, en clave más ligera, los mejores destinos para pasar las vacaciones.

Hay, sin embargo, un problema con esta narrativa: es total y radicalmente mentira. En realidad, nada ha cambiado. La situación sigue siendo terrible y seguimos yendo rumbo a estrellarnos con graves problemas de abastecimiento en las próximas semanas y meses. Incluso en el mejor de los escenarios posibles, se necesitan muchos meses para poder volver a algo que se parezca a la situación anterior, y no tenemos tanto tiempo. Pero es que tampoco estamos en el mejor escenario posible.

Empecemos por lo más básico: no se ha firmado un Acuerdo de Paz. Lo que se ha firmado es un Acuerdo de Entendimiento. Es decir, un compromiso de negociar un Acuerdo de Paz durante los próximos 60 días, que son prorrogables si las dos partes así lo deciden. Durante estos 60 días, ambas partes deben mostrar actos de buena voluntad que certifiquen que realmente quieren llegar un acuerdo.

Pero hay muchos elementos que hacen del Acuerdo algo muy frágil. Para empezar algo muy básico: Israel, con quien EE.UU. empezó esta guerra, no participa de él. Y para el actual gobierno de Israel las condiciones del Acuerdo son completamente inaceptables, porque impone no solo la imposibilidad de atacar a Irán, sino también a otros países como Líbano. Para el alucinado gobierno de Benjamín Netanyahu, la única salida aceptable de esta guerra es con el hundimiento del régimen de los ayatolás, y por eso este Acuerdo es una claudicación en una condición no negociable (y si la guerra acabase en falso, Netanyahu tendría que hacer frente a múltiples frentes domésticos que podrían acabar haciendo caer su gobierno). De hecho, los bombardeos de primera hora de hoy en Líbano causaron que Irán volviera a cerrar el estrecho de Ormuz por unas horas.

Tampoco el acuerdo es aceptable para los sectores más duros de los EE.UU. Las condiciones del Acuerdo de Entendimiento que se ha difundido se parecen más a una rendición incondicional de los EE.UU. que a otra cosa. De entrada, los EE.UU. retiran su bloqueo naval a Irán y levantarán todas las sanciones contra ese país y desbloquearán todos los activos congelados que tiene en el extranjero. Además, EE.UU. se compromete a no interferir ni políticamente ni militarmente en Irán. Por último, los EE.UU. organizarán un fondo de 300.000 millones de dólares de lo que solo puede calificarse como de reparaciones de guerra. Por la parte de Irán, tan solo se compromete a no desarrollar una bomba atómica (cosa que Irán siempre ha dicho que no quiere hacer, sus líderes religiosos han prohibido en más de una ocasión que Irán intente tener tal arma demoníaca), a entablar conversaciones más adelante sobre el uranio enriquecido y a permitir el libre paso por Ormuz durante 60 días (pero después de esos 60 días establecerá un sistema de peaje, con lo que se encarecerá para siempre el transporte por esa zona e Irán tendrá ingresos extra permanentemente).

Fíjense que con este acuerdo, EE.UU. básicamente no solo fracasa en los objetivos que se fijó cuando inició la operación militar, sino que marcan un retroceso, una nueva situación peor que la de partida que explicita un debilitamiento estructural de la hegemonía de los EE.UU. en la zona y por extensión en el mundo. La mayoría de las bases militares de los EE.UU. en los países vecinos a Irán han sido destruidas o están gravemente dañadas, y de hecho la mayoría no volverán a abrir - vista su nula eficacia militar y el riesgo de mantener objetivos tan vulnerables y económicamente costosos. Los países aliados de los EE.UU. en la región han confirmado que no solo EE.UU. es impotente militarmente frente a Irán, sino que a la hora de la verdad no les da suficiente protección (todos han sufrido graves daños en infraestructuras clave) y encima a la primera de cambio les deja en la estacada, huyendo de la escena. Seguramente todos ellos estarán tomando nota y en el futuro reconfigurarán sus alianzas siguiendo nuevos ejes (por ejemplo, el BRICS+). Por último, el fondo de reparación de nada más y nada menos de 300.000 millones de dólares supone reconocer lo injusto de la agresión inicial y la obligación moral de la reparación del daño, y muy probablemente va a ser sufragada por los aliados de EE.UU.

Como todo lo que rodea a Donald Trump tiene ese tono zafio y grotesco que le es tan característico, es difícil de saber si la elección de Versalles para firmar el Acuerdo de Entendimiento se hecho por torpeza extrema o con una astucia realmente diabólica. Versalles fue la cuna del infame Tratado de Versalles de 1919, por el cual las potencias aliadas, y particularmente Francia, impusieron a Alemania unas condiciones de resarcimiento por la Primera Guerra Mundial absolutamente ignominiosas y abusivas, y que en mucho favorecieron no solo un sentimiento de humillación y de deseo de venganza en el pueblo alemán, sino también el hundimiento económico de la República de Weimar tras el crack del 29, el ascenso de Adolf Hitler y la Segunda Guerra Mundial. La manera ramplona, bobalicona incluso, ajena a todo sentido de la diplomacia, prudencia o decoro con la que Trump reconoció que no le quedaba más remedio que firmar este acuerdo porque a EE.UU. solo le quedaban 4 semanas de petróleo y se generaría el caos, puede hacer pensar que, efectivamente, el tipo es un auténtico botarate. Pero vayamos más allá y pensemos quién realmente pierde aquí.

Objetivamente, EE.UU. no depende tanto del petróleo del Golfo Pérsico. Es cierto, en 2025 EE.UU. consumió 20,6 millones de barriles diarios (Mb/d), de los cuales solo produjo autóctonamente unos 13,6 Mb/d, y por tanto tuvo que importar alrededor de 7 Mb/d para cubrir su consumo (en realidad, importaron 8 Mb/d, como ahora explicaremos). Pero en realidad parte del consumo de petróleo en los EE.UU. se dirige a su industria de exportación de productos refinados, que totaliza unos 7 Mb/d, aparte de la exportación directa de crudo de baja calidad que producen con el fracking, por un total de unos 10 Mb/d (a comparar con los 8 Mb/d importados). 

U.S. total primary energy trade by source (2000-2025)

Así que su balance neto es de algo más de 2 Mb/d exportados. Por supuesto, todo es más complejo. Estas estadísticas mezclan volúmenes de sustancias diferentes, que ya no es solo que tengan contenidos energéticos diferentes, sino que tienen usos y demandas diferentes. Por ejemplo, EE.UU. puede producir mucho petróleo ligero, pero le falta petróleo medio para producir diésel que tiene que importar; y una vez refinado, produce más gasolina de la que necesita (eso es inevitable, ya que sale un porcentaje determinado de cada producto en una refinería dada). Por tanto, para mantener sus ritmos de consumo domésticos necesita importar petróleo adecuado para refinar lo que necesita y que otros países puedan absorber sus excedentes de algunos productos. Al mismo tiempo, la industria del petróleo es una industria importante para la economía de los EE.UU., así que la cosa no se circunscribe solamente a los productos petrolíferos realmente consumidos en el suelo de los EE.UU. Sin embargo, estos números evidencian que EE.UU. tiene más versatilidad de lo que parece para jugar con una situación de cierre más o menos definitivo del estrecho de Ormuz. Y máxime después de la jugada estratégica de apropiarse de los activos petroleros de Venezuela.

Los EE.UU. pueden mirar (y de hecho hace tiempo que miran) hacia América Latina. EE.UU. puede conseguir garantizar tener suficiente petróleo para mantenerse (seguramente con una industria reconvertida, pero mantenerse) con el petróleo que pueda conseguir en Brasil (principal exportador de América Latina, con más de 2 Mb/d en 2025) y posiblemente de otros países. Claro que eso implicaría que estos países rompan sus contratos con China y con Europa. Pero, recordemos que la doctrina Monroe ha vuelto con fuerza...

EE.UU. puede haber perdido la guerra en Irán, cierto. Pero EE.UU. no va cejar en su belicosidad. Simplemente, la va a redirigir hacia territorios más cercanos. La producción de petróleo de los EE.UU. va a seguir estancada o en ligera tendencia a la baja en lo que queda de año, y aunque el Departamento de Energía de los EE.UU. ahora anticipa una remontada el año que viene, lo cierto es que el fracking estadounidense está llegando a su fase final.

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/us-march-oil-production-flat/

Por tanto, lo que cabe esperar en los próximos meses es que EE.UU. comience una escalada de agresividad en algunos rincones de aquella parte del mundo, hasta garantizar que redirige los flujos de petróleo hacia sí misma. 

En este contexto, el Acuerdo de Entendimiento puede también entenderse en el marco de un cambio de estrategia de los EE.UU. Irán habrá sido el último intento de ejercer un control sobre el mercado mundial del petróleo; pero si eso no es posible, los EE.UU. se centrarán en el control del petróleo de todo el continente americano. Así pues, el Acuerdo solo es una estrategia para ganar tiempo mientras todo se resitúa.

¿Quién pierde realmente entonces con este frágil de Acuerdo de Entendimiento? Se podría pensar que China, y ciertamente Asia en su conjunto es la principal damnificada, pero después viene Europa.

No hay Acuerdo de Paz. Tanto los EE.UU. como Israel pueden forzar tantas veces como quieran cierres parciales o totales del estrecho de Ormuz por períodos variable de tiempo, si así les interesa; Israel, por sus objetivos geoestratégicos; EE.UU., por consolidar su control de los recursos del continente americano y su posición hegemónica en aquella parte del mundo.

Los petroleros no van a volver en masa al Golfo Pérsico. Un superpetrolero con capacidad para cargar 2 Mb puede valer 250 millones de dólares: ningún armador va a arriesgar alegremente a perder tal cantidad de dinero, y eso sin contar con que el tiempo de construcción de uno nuevo es de más de dos años - y nadie puede tener una pérdida de capacidad tan grande durante tanto tiempo. Los barcos van a ir pasando, tanteando tímidamente el terreno, pero con mucha prudencia, y al primer indicio de cierre todo el movimiento de operaciones hacia la zona se va a detener. Los armadores van a apostar por rutas donde sus activos principales no corran tanto riesgo, al margen de si eso supone que no llegará (tanto) petróleo a algunas regiones del mundo. 

Además, después de todos los daños causados en estos meses en terminales de carga y refinerías, habrá que hacer muchas largas y costosas reparaciones durante meses antes de recuperar toda la capacidad. Y, de nuevo, se irá con pies de plomo, porque si hay un recrudecimiento de las hostilidades podrían volver a ser atacadas, haciendo inútil el esfuerzo y el gasto.

Por otro lado, la detención tan prolongada de la extracción de petróleo de los campos del Golfo Pérsico ya habrá pasado su peaje en términos de recimentación de la roca reservorio y de sellado por acumulación de alquitranes. Aún no sabemos cuánta producción se ha perdido para siempre, pero probablemente está en el rango de los 1-2 Mb/d.

EE.UU. está empujando la pelota del control de recursos en otra dirección. No es casualidad el giro actual de Ucrania de atacar refinerías rusas, comprometiendo la capacidad exportadora del único país que podría poner en peligro la nueva situación. Y para terminar de complicar la situación para Europa, si el precio de la gasolina en los EE.UU. sigue subiendo (y previsiblemente seguirá subiendo, dado lo volátil de la situación), en cualquier momento la administración Trump puede decidir un embargo de las exportaciones de petróleo, lo cual sería una catástrofe para Europa y para España, que importan (ambas) alrededor del 15% del petróleo que consumen desde allí.

Aquí, mientras tanto, seguimos consumiendo nuestras reservas comerciales sin restricciones, esperando un rápido reestablecimiento del flujo de petróleo que no va a suceder, y sin incorporar el riesgo de la redefinición estratégica de los EE.UU., como si todavía fuera nuestro aliado, como si sus intereses no fueran cada vez más los exactamente contrarios a los nuestros. Quizá, con su firma en Versalles, Trump representaba lo que fue Francia en 1919 y nosotros, sin siquiera firmar aquel papel, hemos adoptado el rol de Alemania en aquel entonces.

Eso no ha acabado. Esto ha acabado de empezar. 

Por cierto, cabe decir The Honest Sorcerer ha escrito un artículo que va en la misma línea de lo que aquí he escrito (y que sin duda me ha servido de referencia).

Salu2.

AMT 

viernes, 15 de mayo de 2026

Silencio radio

 

Queridos lectores:

Lo cierto es que no tenía intención de escribir un nuevo post hasta dentro de unos diez días. Aparte de toda la carga de trabajo que tenemos ahora mismo, estoy enfrascado en la finalización de mi próximo libro (que tampoco quería escribir, pero que, dadas las circunstancias, me he visto obligado a hacerlo; yo lo hubiera titulado "Trump y la madre que lo parió", pero al final me voy a  decantar por un título más convencional aunque no menos ominoso, "El fondo del pozo").

Llevamos ya dos meses y medio desde que empezó la guerra en Irán, y el estrecho de Ormuz sigue cerrado. De vez en cuando pasa algún barco, pero nada ni remotamente parecido a los 150 barcos diarios que pasaban antes del cierre. Hay una escasez estructural de unos 12-13 millones de barriles diarios de petróleo (el equivalente a un 25% del comercio mundial de esta materia prima energética), por no hablar del gas natural, fertilizantes y otras materias primas que transitaban por allí. En España se han aumentado las importaciones de petróleo desde México, Brasil y Libia, pero han disminuido las provenientes de otros países ya que la competición global por este recurso es muy intensa ahora. Por esa razón, España solo cubre actualmente el 85% de su consumo de petróleo, y el 15% restante lo está sacando de sus reservas, de los depósitos en territorio nacional, que de este modo pierden el equivalente a un día de consumo nacional por cada semana que pasa. Y España está mejor que el resto de los países europeos gracias a sus 8 refinerías, y obviamente está incomparablemente mejor que muchos otros países en el mundo (dado que a nivel global falta el 25% del petróleo exportable, para que aquí "solo" falte el 15%, en otros lados tiene que faltar más del 25%).

En pocas semanas empezará a faltar queroseno en Europa. En pocos meses faltará diésel. Se han perdido ya alrededor de 1.000 millones de barriles de petróleo de consumo en estos casi tres meses, lo cual implica menos movimiento, menos transformación, menos de lo que hace posible la energía. La inflación sube. El precio de los carburantes va subiendo inexorablemente. En el mundo, empieza a haber problemas de producción de medicamentos, con las cosechas, con la metalurgia... Faltan combustibles para los cargueros en los búnkeres internacionales, lo que repercute en el movimiento de todo tipo de mercancías. Algunos países, desde aquí vistos como periféricos, están comenzando a racionar, y no solo combustible.

Y el conflicto bélico realmente no ha acabado. El bloqueo sigue. Los barcos interceptados o atacados, las escaramuzas, los bombardeos aunque sean limitados. Incluso si se reabriese hoy Ormuz, tardarían meses en normalizar el tránsito marítimo, y eso sin contar con la producción de petróleo, gas, etc que se ha perdido de manera más o menos permanente. Por eso precisamente hicimos la campaña de "No normal".

Vamos de cabeza a una crisis económica sin parangón, incomparable a ninguna otra en la historia del capitalismo. Y esa crisis económica puede traer el estallido de las burbujas financieras y convertirse en un desastre económico de dimensiones inabarcables.

Y, sin embargo, la consigna aquí es: silencio radio.

En los medios de comunicación se habla de la guerra de Irán en pasado. Van saliendo noticias esporádicamente de las negociaciones, o sobre si el precio del barril de petróleo se mantiene alto (siempre dando el dato de los futuros a tres meses, nunca el precio del barril de entrega inmediata), pero como noticias menores, como detalles quizá un poco molestos o inquietantes, pero nada que afecte a nuestro diario quehacer. Seguimos pensando en el trabajo, las vacaciones, los planes de futuro... La ministra dice que no hay ni habrá problemas de suministro. Las refinerías, que no han hecho las preceptivas paradas de mantenimiento, van a ajustarse para producir aquello que se necesita. Las bolsas registran máximos. Todo va como debe, todo sigue como ha de seguir. No se ven grandes problemas en lontananza, y mucho menos en proximidad. La guerra, los problemas de suministro, eso son cosa de otros, de esos países que siempre tienen problemas.

La bofetada de realidad va a ser terrible. El despertar va a ser brusco y amargo. 

Entiendo que, dado lo delicado de la situación financiera, del miedo a que estallen las burbujas, hay cierta voluntad de quitar hierro, de evitar el pánico. Pero la realidad física es la que es. Nunca en otra crisis faltó tanto petróleo, por no hablar del resto de materias primas, ni en cifras absolutas ni en cifras relativas. En EE.UU., la inflación del mes de abril llegó al 18% en tasa anualizada. En Canarias, el mes de abril se registró un 7,6% menos de turistas.

La realidad se nos echa encima. Pero, mientras tanto, la consigna sigue siendo: silencio radio.

Eso nos permitirá escuchar mejor el silbido del golpe antes de que nos alcance. Y la algarabía posterior de toda la gente que se despertará, nunca mejor dicho, de golpe.

Salu2.

AMT 

miércoles, 29 de abril de 2026

Prepárense para el impacto

 

Queridos lectores:

Anticipar lo que va a pasar en las próximas semanas es una tarea harto difícil. Sin embargo, dada la acumulación de riesgos y la evolución de los diversos factores que afectan a la actual situación geopolítica, no es aventurado decir que vamos a vivir una crisis como no se ha visto jamás, por su extensión, alcance y duración.

No voy a entretenerme a valorar la inmensa cantidad de efectos y correlaciones que hay entre la infinidad de variables que están en juego. Me voy a fijar en unos pocos aspectos que ahora mismo están bastante claros, para transmitir una idea que es bastante sencilla: de manera inevitable, en el curso de las próximas semanas vamos a tener una gran escalada de precios, seguida de restricciones en el acceso a determinados productos y servicios, para acabar en una situación de verdadero racionamiento. En el caso más favorable, las medidas de racionamiento se tomarán en España a finales de este año; en el más desfavorable, en unas pocas semanas. Todo va a depender de la evolución de ciertos factores ahora mismo imponderables pero que tienen un curso muy negativo.

Vamos a ir a lo más básico: de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, en el momento actual se ha detenido la extracción de unos 13 millones de barriles (Mb/d) de petróleo diarios en la zona del Golfo Pérsico, fruto de la incapacidad de darle salida a ese petróleo. Eso supone la desaparición del 13% de los aproximadamente 100 Mb/d que se producen en el mundo. Encima, la detención de la extracción de esos pozos, en campos ya muy maduros, va a implicar la pérdida definitiva de 1 ó 2 Mb/d para siempre debido a los procesos de compactación y cierre de la roca cuando se deja de inyectar agua a presión, y eso ya supone una pérdida muy significativa, en torno al 1-2% de la producción mundial. Además, los daños causados en terminales de carga, refinerías, oleoductos, gasoductos e inclusive algunos yacimientos van a suponer una ralentización del flujo de hidrocarburos durante años, que podrían suponer una pérdida adicional comparable durante ese período. Por tanto, incluso en el mejor de los casos nos enfrentamos quizá a una pérdida del 4% de la producción mundial durante años. Conviene recordar además que, como los países productores consumen ellos mismos un poco más de la mitad del petróleo que extraen, en términos del petróleo disponible a la venta (lo que es lo más importante para países netamente importadores como es España) esos porcentajes se tienen que multiplicar por 2. Por tanto, la interrupción de la extracción en la zona supone el 26% del petróleo exportado en el mundo, y de manera más o menos definitiva habremos perdido entre el 4 y el 8% del total de petróleo a la venta. Esos números nos pueden dar una idea de cómo de apurada es la situación de países importadores como el nuestro.

Pero la situación tiene el potencial de volverse mucho peor. EE.UU. está bloqueando el paso de petroleros iraníes, habiendo ya capturado algunos. Irán exporta 2 Mb/d, lo cual implica añadir otro 4% del petróleo exportado que faltaría, y ya llegamos al 30%. Además, si la situación bélica se recrudece, Irán puede atacar los oleoductos con los que Arabia Saudita y Kuwait están esquivando el Golfo Pérsico, lo cual retiraría hasta otros 7 Mb/d del mercado, o lo que es lo mismo, otro 14% menos. Eso sin contar con que, si EE.UU. lanza la ofensiva terrestre, la destrucción que puede generar Irán en la zona podría poner fuera de línea toda la producción de la región, que es de unos 27 Mb/d. Para más inri, estos países exportan la mayoría de su petróleo, unos 20 Mb/d, la mayoría de los cuales pasaban antes por el estrecho de Ormuz  aunque actualmente unos 7 Mb/d se desvían por oleoductos que hemos comentado. En ese caso, faltaría hasta el 40% del petróleo disponible a la venta (y por no hablar de que si esos países se quedan sin petróleo para producir y traer alimentos, conseguir agua o usar el aire acondicionado en verano, la expresión "catástrofe humanitaria" se va a quedar cortísima).

En resumen: en este momento no circula el 30% del petróleo que se exporta, en caso de recrudecimiento de la crisis ese porcentaje llegaría al 40%, e incluso si la guerra se detuviera ya y la situación se "normalizase", habríamos perdido por varios años o quizá para siempre entre el 4 y el 8%.

Es decir: en el mejor de los escenarios (se pierde solo el 4% del petróleo a la venta), vamos a una crisis económica más grave que la del 2008; en el peor (se pierde de manera duradera en torno al 40%), vamos a algo peor que la Gran Depresión de 1929.

¿En qué situación se encuentra España?

De acuerdo con los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES), España está consiguiendo comprar aproximadamente el 85% del petróleo que consume. Eso hace que el 15% que falta lo esté sacando de sus reservas, principalmente las comerciales. Antes de la guerra de Irán, España contaba con unas reservas estratégicas (del Estado) equivalentes a 30 días de consumo nacional, en tanto que las comerciales (de las compañías) equivalían a 65 días. En total, todas las reservas representaban 95 días de consumo nacional. En la actualidad, las reservas representan unos 83 días, y perdemos el equivalente a 0,15 días de consumo nacional cada día que pasa. Esto es, perdemos aproximadamente un día de reservas cada semana que pasa. Si no hay cambio de la situación, en unas 13 semanas (3 meses, es decir, a finales de julio) las reservas llegarán a 70 días y se activarán ciertas medidas restrictivas, que se irán endureciendo en función del descenso de las reservas.

España tiene una situación mejor que la de otros países europeos, porque aquí se han mantenido en funcionamiento 8 refinerías de las que había, y solo ha cerrado una, en Canarias. De ese modo, España tiene capacidad para refinar aproximadamente 1,3 Mb/d de petróleo y a partir de ello produce la práctica totalidad la gasolina y el diésel que consume, y el 83% del queroseno que se usa aquí. Por contraste, en Europa, a lo largo de los últimos 20 años se cerraron más del 40% de las refinerías porque salía más económico importar combustibles de Rusia y otros lugares, y eso hace que ahora Europa sea mucho más vulnerable a la actual situación, ya que en los mercados de la gasolina, el diésel y el queroseno hay mayor competencia entre la demanda, en tanto que los clientes del petróleo crudo son menos, ya que se necesita tener refinerías y éstas son instalaciones muy caras que no todos los países se pueden permitir tener.

El escenario que se dibuja no es excesivamente favorable para España, pero no se anticipa una disrupción inminente. Hay sin embargo ciertos riesgos que invitan extremar la cautela en las próximas semanas, y que probablemente van a provocar que se tomen medidas restrictivas e inclusive racionamientos más pronto de lo que se podría pensar.

  • Precio del petróleo: Durante el mes de abril, el Departamento del Tesoro de los EE.UU. ha manipulado las referencias que se toman como "precios del petróleo", a saber, los contratos de compra a futuro en el mes de junio tanto del petróleo Brent como el West Texas Intermediate. El volumen físico realmente extraído de estos dos tipos de petróleo es muy pequeño, apenas unos cientos de miles de barriles diarios, y por eso es un mercado más fácilmente manipulable. Se han comprado opciones de compra de petróleo en junio a un precio más caro y luego se han revendido a un precio más barato con el objetivo de conseguir contener el precio; primero se fijó un nivel de 90$ por barril y más tarde, cuando se vio que ésa era una referencia difícil de mantener, se tomó la de 100$/barril. Todo este "petróleo de papel" no deja de ser un mero instrumento especulativo sin conexión directa con el petróleo físico real que se comercia en los puertos, pero en general el precio de los futuros a 3 meses y el precio del petróleo en venta inmediata suelen ser muy parecidos, con unos pocos dólares por barril de diferencia. Hasta este mes de abril, claro.
  • Lo que hemos observado es que la separación entre el precio del petróleo físico y los futuros ha llegado a ser de más de 30 dólares por barril, fruto de esta manipulación por parte del Tesoro estadounidense. La razón de esta manipulación, que obviamente le ha costado cientos de millones de dólares al Departamento del Tesoro americano, es que lo que los noticiarios refieren como "precio del petróleo" es el del mercado de futuros, no el de venta inmediata, entre otras cosas porque el valor de este últimos es más difícil de conocer, ya que depende del país, puerto y entrega, y se tendría que registrar todos esos valores y hacer una media ponderada. Como esos "precios del petróleo" se utilizan como índices para muchos ajustes bursátiles, con esta maniobra el gobierno de los EE.UU. ha ganado tiempo para evitar el pánico de la bolsa. Pero el tiempo se acaba. Mañana, 30 de abril, se tienen que liquidar los contratos a futuro del Brent con entrega en junio. Por ese motivo, querido lector, habrá observado que desde que empezó esta semana el precio del petróleo (es decir, de los contratos de futuros a junio) ha ido subiendo progresivamente, siendo en el momento que esto escribo ya de 118$/barril. Entre hoy y mañana el precio tendrá que dispararse hasta que el precio de entrega inmediata y el del futuro se igualen prácticamente, porque si no lo hicieran alguien podría comprarlo para revenderlo inmediatamente más caro y ganar la diferencia. La huida hacia adelante que ha supuesto esta manipulación contable llega por tanto a su fin. Cuando acabe la jornada de mañana sabremos dónde se queda el Brent (para el WTI aún tendremos que esperar al 19 de mayo), pero no se extrañen si aterriza en los 140 ó 150$ por barril. Ese precio refleja la escasez real del petróleo físico en Europa, y lo peor es que ni siquiera es el techo, lo más probable es que acabe derivando, con el paso de las semanas, hacia los 200$ o más. En todo caso, con 150$/barril de Brent, espérense que lleguemos a precios del diésel ya cercanos a los 3 euros por litro.
     
  • Destrucción de la demanda: Éste es el único factor que puede servir para aliviar la actual situación de escasez. Con el precio de las gasolina y el diésel disparado, muchos negocios van a tener que cerrar, y eso implicará una caída de la demanda. El problema es que esperar que este mecanismo cierre una brecha en demanda del 15% del petróleo es prácticamente asumir un descenso de actividad industrial en un porcentaje similar, y por rebote y dependencias mutuas, un descenso del PIB que fácilmente superaría el 5% y hasta el 10%. Eso sería una verdadera debacle económica, así que lo más probable es que el Gobierno tome medidas inmediatas para contener la demanda de los particulares, que es lo que menos daño causa a la actividad económica. Por tanto, no sería en absoluto descartable que en las próximas semanas se tomen ya medidas restrictivas. El problema es que con esas medidas es dudoso que se consiga cerrar la brecha del 15% entre demanda y disponibilidad de petróleo en más de un 5% del total, y aún quedaría un 10% por cubrir. En tanto que no se cierre ese brecha, es inevitable que el precio suba, dado que lo que empuja el precio al alza es la incapacidad de cubrir toda la demanda.
  • Hundimiento económico de los países del Golfo: La actual estrategia americana de bloquear la salida de barcos iraníes (o de quién les haya pagado tributo) tiene como objetivo deteriorar la ya muy debilitada economía iraní, provocar protestas y revueltas internas y conseguir un cambio de régimen. Desgraciadamente para los americanos, el régimen iraní está demostrando ser muy resiliente y estar muy bien atrincherado, y más ahora que su ejército, la Guardia Revolucionaria, parece haberse hecho de facto con el control político del país. Sin embargo, la resiliencia del resto de países del golfo Pérsico, que son aliados de los EE.UU., es mucho más cuestionable. Ellos también están sufriendo económicamente por la guerra y el bloqueo de Ormuz. Es en este contexto que debe entenderse el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP pasado mañana, cuando la guerra no se ha acabado y el cierre del estrecho de Ormuz aún impide la salida de la mayoría de su petróleo. Emiratos es el único país que cuenta con una capacidad ociosa significativa, y cree que podría pasar de los 3 Mb/d de producción actual que le fija la cuota de la OPEP hasta los 5 Mb/d, es decir, 2 Mb/d más, un incremento del 66%. EAU está pensando que, en cuanto se desbloquee la situación actual, debe vender petróleo a la máxima velocidad posible para enjugar sus cuentas públicas. La situación de los EAU es un síntoma del problema de todos estos petroestados, que tienen sistemas políticos autoritarios y represivos, sin más políticas redistributivas que las que permitían los excedentes del petróleo. Un bloqueo prolongado de la situación actual puede acabar llevando a revueltas y levantamientos, y eventualmente a la caída de alguno de estos países, lo cual agravaría toda la situación a más largo plazo: simplemente, piensen en las consecuencias de una guerra civil en Arabia Saudita...
  • La poca fiabilidad del socio americano: Gracias a su política exterior agresiva y al aislamiento de Rusia respecto a Europa, EE.UU. ha conseguido incrementar hasta extremos inimaginables la cantidad de petróleo y gas natural que le vende a Europa. En realidad, EE.UU. nunca fue autosuficiente en petróleo, pero produce demasiado petróleo ligero mientras importa petróleo medio y pesado, y es en Asia y en Europa donde coloca sus excedentes del ligero. En cuanto el gas, EE.UU. sí que extrae más del que consume y es un verdadero exportador neto, aunque su exportación hacia Europa se tiene que hacer por buque metanero, lo cual encarece el producto final. En cualquier caso, como EE.UU. aún importa el equivalente al 40% de su consumo de petróleo, están igual de expuestos a la subida de precio del mismo que el resto del mismo. A medida que la situación en EE.UU. se vaya haciendo insostenible, es muy probable (yo diría que es prácticamente seguro) que la administración Trump decida primero limitar y después prohibir las exportaciones de gas y de petróleo. Recordemos que todo apunta a que la extracción de petróleo en los EE.UU. ya ha tocado máximos y empezará a caer con fuerza en los próximos años, y seguramente el gas natural seguirá sus pasos en breve; todo lo cual incrementa los incentivos de EE.UU para cortar en seco sus exportaciones. En el caso del petróleo, España actualmente importa el 14% del petróleo que consume de los EE.UU., lo cual prácticamente duplicaría la actual brecha entre suministro y demanda que tenemos aquí, y sin posibilidades reales de cerrarla: el resto de Europa estaría igual, y el ajuste que nos aplicaría el amigo americano nos acercaría a la media de 30% menos de petróleo disponible en el comercio mundial. En el caso del gas natural, el cierre de Ormuz prácticamente no ha afectado al suministro de España (de Catar, España obtenía menos del 2% de su suministro), pero el cierre del grifo americano sería demoledor, ya que importamos el 30% de nuestro consumo de allá. Por tanto, cuando EE.UU. empiece a aplicar restricciones a las exportaciones de hidrocarburos, la crisis va a tomar una dimensión completamente diferente en Europa y en España. Una en la que por primera vez vamos a ver lo que es estar en la media mundial: ni siquiera en lo peor, solamente en la media. Si llegamos a este punto (y no me parece para nada descartable, si la guerra no acaba), no sé qué va a ser de Europa...
  • La solidaridad europea: Desde la aprobación de la directiva RepowerEU en 2022, justo después del arranque de la guerra de Ucrania, se estableció un mecanismo de solidaridad entre los países europeos que tiene como finalidad compensar los déficits de combustibles de algunos socios con la ayuda de los otros socios. Aunque el mecanismo de solidaridad está más bien pensado para hacer compras conjuntas, no será de extrañar que, en medio del marasmo actual, se le pida a España un esfuerzo extra dado que España puede cubrir bien durante bastantes meses sus necesidades de gasolina y diésel, y parcialmente las de queroseno, gracias a sus 9 refinerías y sus reservas. De hecho, ya se ha ofrecido que España compense parte de los faltantes europeos de queroseno. Habrá que ver qué sucede cuando lo que falte sea la gasolina y el diésel - que ya empiezan a faltar en países como Irlanda, Francia o Eslovenia. Si España comienza a compartir con Europa sus productos refinados, dado que las refinerías españolas no pueden aumentar mucho más su capacidad de producción, significaría que se tendrían que implementar de manera inmediata medidas restrictivas en España. Se tiene que hacer notar, además, que las paradas de mantenimiento programadas para las refinerías españolas se han aplazo sine die, dada la situación actual, lo cual incrementa el riesgo de averías críticas y tiempo sin funcionamiento en el futuro.

 

Por terminar, cabe recordar que el cierre del estrecho de Ormuz está afectando también al tráfico de otras materias primas, como el gas natural, los fertilizantes nitrogenados, el azufre, el helio o el aluminio, todo lo cual tendrá también mucho impacto sobre la actividad económica mundial y española en particular. 

¿Qué podemos hacer en este escenario? Recordémoslo: No Normal. Ahora es el tiempo de actuar. Contacte con la comunidad que se está organizando cerca de Vd., y prepárese. Porque esto no es un simulacro.

Prepárense para el impacto. 

 

Salu2.

AMT 

jueves, 23 de abril de 2026

No Normal: el camino adelante

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Queridos lectores:

Ahora que pasó la semana más intensa de la campaña No Normal (https://www.nonormal.org), mucha gente nos está contactando para montar iniciativas. Quería aprovechar esta entrada para comentar una serie de cuestiones que hemos ido discutiendo en el grupo:

  • El canal preferible para contactarnos es a través del formulario en la web. Esta iniciativa no es solo mía o de ningún otro de los participantes, y para recoger toda las respuestas de momento lo mejor que uséis ese formulario.
  • Hemos recibido 2700 mensajes hasta el momento. Vamos a procesarlos todos y dar una respuesta colectiva en los próximos días, y alguna respuesta más individualizada un poco más tarde. Gracias de nuevo en especial a Marcos Rupérez, que es quien está gestionando el grueso de esto.
  • En los próximos días se van crear grupos de Telegram locales de No Normal para que la gente se coordine. Lo ideal es que sean puntos de encuentro que remitan a grupos ya existentes y que llevan mucho tiempo trabajando en cada territorio, para hacer cosas concretas. Los grupos de Telegram deberían de servir de pasarelas para poner a la gente en contacto.
  • Todo va a ser autogestionado. Nosotros no tenemos dinero ni tiempo para montar nada a gran escala, así que deben ser la propias personas que deben gestionar sus proyectos locales. Obviamente, esto facilita la infiltración y que vengan las típicas personas que revientan todo: aquí hará falta inteligencia colectiva para gestionar correctamente estas listas y evitar actitudes tóxicas.
  • Algunas personas quieren montar charlas de No Normal en más locales y localidades de las que han quedado cubiertas estos días. Podéis hacerlo, sin problema. En la web (recuerdo, https://www.nonormal.org) tenéis la presentación de base que se ha usado en la mayoría de los eventos. Si queréis que vuestras presentaciones consten en el calendario de la web No Normal, enviadnos los datos a través de la dirección de correo o del formulario de la web, especificando que se trata de una presentación y dando los datos: sed escuetos, que recibimos muchos mensajes. En cuanto a la presentación en sí, la recomendación es que hagáis presentaciones cortas, intentando no pasar de los 30-40 minutos, centradas en las cuestiones más relevantes y evitando entrar en demasiados detalles técnicos o académicos, y dejad un tiempo muy amplio de debate. Hay que intentar siempre que vengan gente de los grupos de base que llevan mucho tiempo trabajando iniciativas ecosociales y al mismo tiempo que las personas concienciadas "arrastren" a algunas personas que no vendrían a un evento de estas características.
  • Peticiones para que vengan ponentes concretos (y particularmente yo mismo) a localidades concretas: quizá alguna pueda ser atendida, pero pensad que hay muchísimas peticiones y no podemos multiplicarnos tanto, aparte de que tenemos muchos otros compromisos profesionales y personales. En la medida de lo posible, haced las cosas vosotros y vosotras mismas.

Estamos ahora mismo a las vísperas de medidas restrictivas e inclusive racionamientos en muchas partes del mundo, y eventualmente incluso en Europa y hasta en España. Es muy importante aprovechar este tiempo para hacer despegar tantas iniciativas como sea posible.

Eso es todo de momento. ¡Seguimos! 

Salu2.

AMT 

miércoles, 8 de abril de 2026

No Normal Tour: Calendario


 

Queridos lectores:

Con la inestimable aportación de más de 35 personas voluntarias (y un agradecimiento especial a Marcos Rupérez por poner en marcha la página y el dominio), se puede acceder ya al calendario de charlas del No Normal Tour.

En primer lugar, la página web: https://www.nonormal.org.

Para acceder al calendario de las charlas, solo tiene que pinchar en "BUSCA CHARLA EN TU ZONA".

Para facilitar su acceso, he integrado el calendario en este post, de modo que puede verlo directamente en lo que sigue: 

 

En el momento de escribir estas líneas hay ya 30 eventos integrados en el calendario, pero es de esperar que en los próximos días se publiciten muchos más. No podremos cubrir cada rincón de la geografía, pero al final la cobertura será bastante importante. Y es posible que finalmente se produzca alguna charla más tarde de la semana de máximo impacto, que es la del 13 al 19 de abril.

Revisen el calendario en los próximos días para estar al corriente de las novedades.

Y, recuerden: es importante hacer un esfuerzo para traer un acompañante a la charla, esa persona que normalmente no vendría a una charla como ésta. Porque solo explicándolo a todo el mundo podremos conseguir un cambio de rumbo.

Gracias a todos. Seguimos.

Salu2.

AMT 

lunes, 6 de abril de 2026

No Normal Tour: Por qué hay que actuar ya

 


Queridos lectores:

Incluso si por algún milagro la guerra de Irán parase hoy, teniendo en cuenta todo el destrozo ya hecho el mundo se enfrentaría a una importante crisis económica, justo cuando acumula una gran cantidad fragilidades y burbujas financieras. Pero es que encima la guerra no está acabando.

Pase lo que pase, no vamos a volver a eso que los medios de comunicación denominan "normalidad" (a pesar que esa "normalidad" esté llena de contradicciones y de prácticas horribles y aberrantes).

No se va a recuperar el statu quo. Su vida, querido lector, va a cambiar para siempre.

Que ese cambio suponga una gran pérdida de calidad de vida o una transformación hacia una sociedad más sana o sostenible, dependerá de cómo reaccionemos a lo que se nos viene encima.

Si seguimos persiguiendo el crecimiento económico, tendremos, en el largo plazo o no tan largo, ruina, paro y escasez, hasta miseria.

Si apostamos por poner las necesidades de la gente en el centro y por la sostenibilidad, podremos construir un mundo mejor.

Es ahora. No es en ningún otro momento: es ahora. Hay que entender, y hacer entender, que no hay vuelta atrás. Antes era necesario cambiar: ahora ya es imprescindible.

Por ese motivo, más de 30 personas (del mundo de la ciencia, la divulgación y el activismo) recorrerán durante una semana (del 13 al 19 de abril) toda España. Dando charlas. Explicando que esto se acabó. Que hay que cambiar. Que es bueno cambiar. Que podemos cambiar.

Todas con la misma presentación. Todas con el mismo mensaje. Cada una, con su manera de entenderlo y explicarlo. Cada una, poniendo su tiempo y su entusiasmo por un objetivo común. 

¿Y qué puede hacer Vd., querido lector, querida lectora?

El post que seguirá a este contendrá una lista de días, horas, ciudades y direcciones donde se van a impartir estas charlas. Hemos intentado conseguir salas lo más grandes posible para intentar que venga el máximo de gente.

Y ahí entra Vd., querido lector, querida lectora.

Busque la charla más próxima a Vd. y venga acompañada por una persona, por esa persona que jamás iría a una charla como ésta. Esa persona a la que esta charla quizá le cambiará la vida cuando vengan los eventos que por desgracia tienen que venir.

Ahora es el momento. El de crear momento. Podemos hacerlo.  

Empieza el No Normal Tour. Cuento contigo. 

Salu2.

AMT 

lunes, 23 de marzo de 2026

Dead man walking


 

Queridos lectores:

La guerra de Irán entra en su cuarta semana. Una vez más, para evitar un pánico y hundimiento generalizado de las bolsas al abrir la sesión del lunes, se ha tenido que inventar una noticia para apaciguar al mercado. En este caso, Donald Trump ha decretado una tregua de 5 días (solo de la parte americana, Israel va a la suya), según él, gracias a fructíferas conversaciones con Irán durante este fin de semana (conversaciones ya desmentidas por las autoridades iraníes).

Estamos en tiempo de descuento. En las próximas semanas llegarán los últimos buques que salieron de Ormuz antes del cierre, y cuando esto suceda, la escasez de manifestará con toda su crudeza e intensidad. De hecho, las cosas ya están yendo horriblemente mal. La lista de países que están sufriendo problemas de suministro de combustible o incluso han impuesto medidas de racionamiento (Japón, Australia, Nueva Zelanda, India, Tailandia...) va creciendo a medida que pasan los días. China ha restringido la exportación de fertilizantes, y en los EE.UU. se estima que en esta campaña faltarán entre el 25 y el 35% de los fertilizantes que habitualmente se usan. La escasez de helio va a causar una fuerte caída de la producción de chips en unas semanas, y por no hablar de la desastrosa situación del aluminio o del cobre, por citar un par de materias primas. Pero en realidad todo está afectado. De manera para nada sorprendente para los lectores tradicionales de este blog, en este momento una de las cosas que más escasea es el diésel, y eso afecta a absolutamente todo, a la cadena de suministros de todo tipo de materias primas.

No parece haber una solución sencilla. Irán no va a cejar si no hay un compromiso de no agresión creíble por parte de EE.UU. y de Israel, garantizado por grandes potencias como Rusia y China, y una reparación de guerra a la altura del daño que se ha causado. No puede hacerlo por menos, pues sabe que si cede ahora, dentro de unos meses volverán a atacarle, tras rearmarse. Pero esas condiciones son completamente inaceptables para EE.UU. e Israel. Realmente, no hay ningún tipo de salida sencilla para este atolladero. Todo apunta a que se va causar un daño estructural inmenso en el edificio de la economía mundial.

Poniéndome ahora en el contexto de España y de Europa, siendo honestos, salvo que suceda algo ahora mismo inimaginable (literalmente un milagro) nos vamos a estrellar. No es imaginable ningún otro desenlace. Vamos a sufrir una pérdida muy duradera, quizá incluso permanente, de un 25% o más de nuestro consumo energético, y va a suceder durante los próximos meses. Vamos a ver como una buena parte de nuestras industrias se hunden para nunca jamás recuperarse. Vamos a ver como el paro de dispara. Y en fases avanzadas de esta debacle, vamos a ver escasez de combustibles y hasta de alimentos.

Quizá los amos del mundo tienen resortes que no somos capaces de imaginar, quizá tienen manera de detener en seco esta guerra y con ella este desastre. No lo sé. Yo ni sé ni puedo saber estas cosas. Sí que sé que, sin un cambio radical de rumbo, nos vamos a hundir, y muy hondo. E incluso si se produjera ese milagro, solamente por el destrozo que ya se ha causado, las consecuencias ya serían bastante duras en los próximos años. Aunque, claro, nada por comparación con el hundimiento actual.

Ahora mismo estamos perdiendo alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, que es como el 20% del consumo mundial y, lo que más nos importa a nosotros, eso representa un 40% del petróleo disponible para la exportación. Falta también como el 20% del gas natural licuado, el 30% de los fertilizantes nitrogenados, el 30% del helio, el 30% del aluminio, el 30% del azufre (se necesita para hacer ácido sulfúrico para procesos industriales, incluyendo la obtención de cobre)... Hay un atasco de contenedores increíble en la zona. La falta de petróleo crudo medio de la zona del Golfo Pérsico afecta especialmente a la producción de diésel. Y también a la de queroseno. De hecho, algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos. Lo que le pase después al turismo, Dios dirá.

Esto no va a ser una crisis más. Esto va a ser una catástrofe económica. Combinada con el estallido de las burbujas financieras desmesuradas que se han inflado durante los últimos años, resulta difícil alcanzar a comprender la magnitud de lo que va a pasar.

Esto es pura aritmética. No hay ninguna buena salida si Ormuz sigue cerrado. Que el mundo no se precipite en un abismo depende solamente de que se reabra esa vía crítica.

Ciertamente, el cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la Humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red.

Probablemente esto es lo mejor que podía pasar. Con un Cambio Climático desbocado y multitud de otros problemas ambientales, no podíamos hacernos ilusiones de que se produjera un descenso ordenado y controlado. Probablemente tenía que pasar algo así, drástico, una detención violenta, si tenía que haber algún margen de poder construir algo en el futuro. Aún así, la mayor preocupación es cómo garantizar que el hundimiento del capitalismo no se convierta en una hecatombe con millones de muertos.

Dadas las circunstancias, las medidas que se tendrían que estar promulgando a diestro y siniestro tendrían que ir de soberanía alimentaria, de garantizar mínimos vitales, de definir sectores estratégicos, de supeditar todos los bienes al objetivo común de garantizar la supervivencia de todo el mundo, de adaptarnos lo más rápido posible a estos tiempos de tribulación y zozobra que se nos van a echar encima.

Pero no. Nada eso está en la hoja de ruta. 

Ayer pasé una parte de la tarde revisando las líneas principales del decreto de medidas urgentes que el gobierno de España ha propuesto para hacerle frente a esta nueva crisis trumpiana. Lo cierto es que no me esperaba encontrarme ninguna sorpresa, y así la mayoría de las medidas iban por los derroteros esperables. Por un lado, rebaja a la fiscalidad de la energía, una medida poco útil y de efecto limitado en el tiempo, ya que al bajar el precio aumenta la demanda y el precio vuelve a subir hasta ajustarse a la oferta posible, con lo que se vuelve al mismo precio de partida al cabo de un par de semanas, con la diferencia de que las empresas se quedan con un margen mayor y el Estado con uno menor. Por el otro, medidas para acelerar la transición energética, siempre dentro del modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI), aunque ya hay alguna mención a los gases renovables - de burbuja en burbuja. Algunas sorpresas agradables es que se recupera la distancia de 5 km para definir las comunidades energéticas, que se había intentando introducir en el decreto antiapagón del año pasado; y otras que no lo son tanto, como es la creación de Zonas de Aceleración Renovable, donde se pretende aplicar el rodillo para que de desplieguen rápidamente las macroplantas eólicas y fotovoltaicas.

Leía las medidas y pensaba: ¿y para qué? ¿y qué más da? Estos días, mientras me entrevistaban para diversos medios, volvía a salir el tema de la transición energética y cómo la mayor penetración renovable de España le ha garantizado de momento menores precios de la electricidad que Europa. Menores precios ahora que aún no ha empezado la escasez: ya veremos qué pasa cuando los socios europeos se empiecen a dar bofetadas por el gas. En la mayoría de las entrevistas, se daba por hecho de que el cierre del Estrecho de Ormuz va a favorecer la transición energética, sin entender que todo el sistema depende de una megamáquina industrial que produce todo lo que se necesita para el REI, desde el cemento hasta el metacrilato, los marcos de aluminio o la fibra de vidrio de las aspas, usando cantidades ingentes de combustibles fósiles. Y es esa misma megamáquina industrial la que se va a detener ahora, y no vamos a tener opción ni de fabricar un tornillo.

En medio de la situación que tenemos, plantearse que la respuesta es la transición renovable es como si se declarase un incendio en casa y piensas que es un buen momento para llamar a un albañil para que te instale puertas cortafuegos. Eso podría haber sido útil en otro momento, pero ahora ya no. Ya no hay tiempo para eso. Ahora tenemos que prepararnos de verdad para el impacto. El sistema aún está en pié y sigue dando pasos, pero está muerto, y en cualquier momento va a desplomarse. Deberíamos estar preparándonos para eso.

Y si Vd., querido lector, está pensando que ojalá se produzca el milagro y se reactive el flujo energético y material a través de Ormuz, piense que eso garantizaría un caída peor más tarde. En realidad, lo que ya no puede esperar es organizar el futuro más allá del capitalismo extractivista. 

Salu2:

AMT 

viernes, 6 de marzo de 2026

El hundimiento

La segunda temporada de Juego de Trumps está llena de sobresaltos.


Queridos lectores:

Llevamos ya una semana de guerra en el Golfo Pérsico. Sin duda, Israel y EE.UU. pensaron que si golpeaban de manera certera a Irán, dada su inestabilidad interna, el régimen de los ayatolás caería como fruta madura gracias a una reacción del pueblo iraní que los depondría inmediatamente. Confiaban, seguramente, en una capitulación completa a la venezolana, en la que los EE.UU. en la práctica se han apropiado de todos los recursos petroleros (sin que, por cierto, haya habido un cambio real del régimen político). Lo que increíblemente no se esperaban es la resistencia de la estructura política iraní, quizá porque interpretaban erróneamente que era completamente subsidiaria del liderazgo de Alí Jamenei y que, muerto éste, habría tal vacío de poder que el cambio sería inevitable. 

Pero, bien al contrario, el régimen iraní se ha atrincherado y ha contestado con rapidez y mucha contundencia, bombardeando bases militares americanas, refinerías y oleoductos por todos los países del Golfo que están prestando su apoyo tácito o explícito a la coalición agresora, y al mismo tiempo cerrando en la práctica el paso del Estrecho de Ormuz. Irán ha golpeado fuerte, ha golpeado rápido y ha golpeado masivamente. El gobierno iraní sabe que su supervivencia depende de crear un estado de postración económica tal a escala mundial que los EE.UU. se vean obligados a parar por presiones internas y externas.

Y así llegamos al momento presente. Donald Trump tiene muy difícil echarse atrás, porque no podría salvar la cara delante de su pueblo y de los intereses económicos a los que representa. Por su parte, los dirigentes de Israel están completamente alucinados y no contemplan ninguna otra posibilidad que la rendición de su enemigo más importante en la región. En cuanto al gobierno iraní su única salida es seguir golpeando, haciendo daño hasta que Israel y EE.UU. cedan. 

Pero, pase lo que pase, nadie va a salir indemne de ésta. Ni estos tres países, ni el resto del mundo en su conjunto. La situación es tan mala ya que lo menos que podemos esperar es una fuerte recesión económica y unos años de mucho sufrimiento. Aunque en realidad lo más probable es que ya nunca salgamos del proceso de descenso que seguramente ya estamos iniciando.

Por el lado de los EE.UU., las ínfulas belicistas de Trump tienen, seguramente, diversos orígenes, desde lo ideológico hasta lo religioso pasando por ese extraño ascendente que tiene Israel sobre la política norteamericana. Pero, al margen de todas esas motivaciones, hay una que también es muy clara: EE.UU. necesita petróleo y lo necesita ya.

Durante los últimos 16 años EE.UU. ha vivido la revolución del fracking, que les ha permitido pasar uno unos lánguidos 5 millones de barriles diarios (Mb/d) que producían en 2010 a los actuales más de 13 Mb/d (4 Mb/d convencional más 9 Mb/d de petróleo ligero de roca compacta extraído con el fracking), lo que le sitúan como el mayor productor del mundo con prácticamente el 13% de la producción (se producen en el mundo 103 Mb/d de todo tipo de líquidos asimilados a petróleo, aunque esto también daría para hablar mucho, ya que hay unos 20 Mb/d de líquidos del gas natural que mayoritariamente no sirven para hacer combustibles, solo plásticos, y se contabilizan igualmente aquí). Sin embargo, los días del fracking de los EE.UU. están contados: los pozos de fracking generalmente llegan al 80% de toda su producción en los dos primeros años, y habitualmente no se explotan más allá de cinco años. En sus últimas actualizaciones, el Departamento de Energía de los EE.UU. apunta por primera vez desde que empezó el fracking a que el máximo de producción de petróleo de los EE.UU posiblemente ya pasó, en octubre de 2025, y que en los próximos años viviremos un proceso de declive que aún contemplan como gradual, aunque todo apunta a que será bastante más rápido.

 

Imagen de Peak Oil Barrel, https://peakoilbarrel.com/us-december-oil-production-drops-2/

EE.UU. necesita desesperadamente petróleo. Su hegemonía de los últimos años se ha basado en el fracking, y si éste empieza a fallar necesitan pasar a controlar los recursos disponibles en el mundo. Están yendo, por supuesto, por los más grandes que aún no controlaban: primero Venezuela (aunque es dudoso que su petróleo extrapesado sea económicamente rentable) y ahora Irán. Realmente, la torpeza y apresuramiento americano, que asalta sin verdadera planificación (como está siendo evidente en el caso iraní) responde a esta urgencia vital. 

La situación no es nada buena para el gobierno de Donald Trump. Con una popularidad en caída por los excesos de la policía de inmigración y por haber traicionado el principio MAGA de centrarse en los problemas internos y no meterse en guerras extranjeras, con su sistema de aranceles puesto en cuestión y con las elecciones de noviembre en el horizonte, Donald Trump tenía la necesidad de anotarse algún que otro éxito clamoroso. La escalada de precios del petróleo y las pésimas perspectivas económicas fruto de esta guerra, combinado con el coste exorbitante de la campaña militar, solo le ponen las cosas más difíciles.

Tampoco pinta demasiado bien para el gobierno de Benjamin Netanyahu. Para el actual gobierno de Israel, la desaparición de su mayor enemigo en la región se ha convertido en cuestión existencial, una auténtica obsesión, hasta el punto de que han perdido completamente la perspectiva de su capacidad real y sobre todo de su vulnerabilidad. Los sistemas de intercepción israelíes, bien nutridos de misiles interceptores americanos, se muestran impotentes para evitar el goteo de bombardeos iraníes que ya no se limitan a objetivos militares, sino que alcanzan también a la población civil, particularmente en Tel Aviv. Irán apuesta por enviar enormes cantidades de misiles y de drones, muy baratos, mientras que los interceptores son incomparablemente más caros; y aunque Israel intercepte el 80 o incluso el 90% de los proyectiles, el 10% que llega a su objetivo está causando mucho daño. Israel sufre, y Netanyahu, muy contestado por su gestión en general, sale muy perjudicado de una guerra en la que ilusamente creyó marcarse un tanto.

El gobierno iraní también está en una situación muy precaria. El asesinato de su líder supremo y una buena parte de la cúpula política le ha obligado a rehacerse en tiempo breve, pero ése no es el mayor de sus problemas. El descontento de la población iraní es muy importante desde hace ya varios años, tras 50 años de un régimen autoritario y muy represivo. Las protestas de enero, sangrientamente reprimidas, ejemplificaron la importancia de la contestación interior. Con 90 millones de personas y una población muy joven, Irán necesita mejoras muy importantes a nivel social, aunque está claro que no será precisamente EE.UU. quien se las va a proporcionar. Para terminar de complicar la situación, Irán sufre una grave crisis hídrica que llevó hace pocos meses a plantear la necesidad de evacuar Teherán, con toda la inestabilidad social que eso implica. Crisis hídrica que por cierto también es bastante grave en la vecina Irak. Al mismo tiempo, su vecina Afganistán está ahora mismo en guerra con Pakistán por la disputa de los recursos hídricos de un río compartido. Toda la región está en una situación precaria.

Queda claro que ni EE.UU. ni Israel ni Irán parten de una buena situación. Pero ninguno de los tres puede echarse atrás en el escenario actual. Los tres necesitan desesperadamente una victoria en esta guerra. Y la desesperación es la peor de las consejeras, porque lleva a asumir riesgos excesivos que pueden materializarse en auténticas catástrofes.

El cierre del Estrecho de Ormuz pone al mundo de rodillas. Por ejemplo, por Ormuz pasan 20 Mb/d, el 20% del petróleo que se consume en el mundo. Pero si lo miramos desde la perspectiva del petróleo disponible para comerciar (descontando ese 50% que consumen los propios países productores), resulta que lo que pasa por Ormuz es el 40% de las exportaciones mundiales de petróleo, lo cual es gravísimo para países importadores como es España. Y poco importa que en la actualidad España importe poco petróleo de la región: el mercado del petróleo es muy fungible y los contratos se rescinden o el petróleo se encarece por la mayor demanda. Nadie está cubierto en esta crisis. Mientras esto escribo, el precio del barril de Brent ya ha llegado a los 90$, que es el umbral de dolor para la economía europea. Si esta situación se prolonga e incluso agrava durante las próximas semanas, será inevitable que se produzca una grave recesión económica.

El otro foco de atención está en el gas natural. Por Ormuz pasa el 20% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que se exporta en el mundo, y éste no tiene la opción de pasar por ductos internos (por cierto que de poco van a servir tampoco para el petróleo, en vista de que Irán también los está bombardeando). Europa depende en un 14% de este gas natural. El gas natural se usa en todo tipo de industria, y es fundamental para mantener la estabilidad de la red eléctrica. Europa, además, llega al final del invierno con las reservas de gas natural en mínimos, y encima con unas reservas hídricas también en mínimos después de un invierno relativamente seco - no es el caso de España, al que las fuertes tormentas al menos le han servido para llenar pantanos. Sin gas y sin hidroelectricidad, Europa se enfrenta al riesgo cierto de apagones, que incluso se podrían producir en cascada. De momento, el precio de la electricidad se ha disparado en Europa a la par que el precio del gas - en España, gracias a la bonanza hidroeléctrica, el precio está más contenido.

Pero es que por el Estrecho de Ormuz circulan muchos otros materiales críticos para el comercio y la industria mundial. Se destaca por su gran importancia el amonio y la urea, base de los fertilizantes, justo cuando está a punto de empezar la estación del crecimiento de los cultivos; y también el ácido sulfúrico, que se usa en infinidad de procesos industriales. Pero obviamente hay muchas más derivadas e interacciones que hacen muy difícil vislumbrar el alcance de todo lo que pasa. Por ejemplo, el petróleo del Golfo es fundamental para garantizar la producción mundial de diésel, ya que es el más apropiado a este fin.

Lo que suceda a continuación va a depender crucialmente de lo que se alargue el actual impasse. Unos pocos días más de bloqueo en Ormuz pueden acabar de provocar un pánico en las bolsas y desencadenar una recesión muy profunda. Teniendo en cuenta las enormes burbujas financieras de las que lleva tiempo alertando Quark (la de la deuda, la de la inteligencia artificial y la de los productos derivados sobre metales preciosos), esta recesión puede provocar el estallido final de estas burbujas y una debacle económica como posiblemente el mundo no haya visto jamás, una de la que ya jamás nos podremos recuperar completamente porque acelerará el declive del petróleo y de otras materias primas al parar la industria clave para su extracción. Hace unas horas, el fondo de inversión Blackrock decidió limitar la cantidad de dinero que permite retirar de uno de sus fondos de deuda, al observar un gran volumen de retiradas - una intervención que yo diría que raya lo fraudulento, y que puede provocar un aumento de la desconfianza. La sesión de la bolsa del próximo lunes promete ser muy movida.

Tengo claro que el gran capital y los estados va a poner en marcha todos los mecanismos a su alcance para intentar evitar la debacle; por ejemplo, EE.UU. ha anunciado un fondo de reaseguros por valor de 20.000 millones de dólares para los barcos estadounidenses, después de que hace unos días las 7 mayores aseguradoras decidiesen retirar sus seguros a los buques que operan en la zona por el riesgo de guerra (por cierto, si tienen media hora y paciencia suficiente, lean ese último enlace, merece mucho la pena, y entenderán por qué el daño que se ha hecho es mucho mayor de lo que parece). Durante este tenso fin de semana habrá seguramente muchos más anuncios y movimientos, para intentar evitar un lunes negro en las bolsas. Ahora mismo, el único punto clave es saber cuánto va a durar este bloqueo, y si es total o parcial. Lo que sí que parece claro es que si la cosa se alarga más allá de unos días, vamos a una recesión económica que puede transportarnos al declive terminal. Donald Trump tendrá el mérito de haber adelantado 5-10 años el proceso de declive de nuestra sociedad.

Esto va en serio. La situación pinta mal, muy mal. Crucen los dedos pero, por si acaso, vayan tomando sus precauciones. Sigamos la evolución de los acontecimientos y esperemos. 

Salu2.

AMT 

viernes, 13 de febrero de 2026

El sobremetabolismo

 


Queridos lectores:

Seguramente se habrán fijado en la cantidad de obras que hay siempre y por todas partes, pero particularmente en infraestructuras fundamentales para la movilidad. Y no bien se acaba una obra que al cabo de nada comienza la siguiente. Tienes siempre la sensación de estar saltando entre vallas, pasarelas improvisadas con escalones de andamio y caminos embarrados. Bueno, seguramente no es una sensación, sino que probablemente es así. Párese a pensarlo, querido lector: en sus trayectos del día a día, ¿cuántas veces pasa al lado de alguna obra de mayor o menor dimensión? ¿Y cuántas veces, en su actividad cotidiana, tiene que hacer exactamente eso (sortear vallas, pasar por sitios estrechos, esquivar charcos) por razón de las obras?

Porque si hay una característica notable de estas obras es que mayoritariamente tienen que ver con las infraestructuras de movilidad, desde las simples calles reconvertidas mil veces para cambiar el sentido de circulación, arbolarlas, desarbolarlas, etc; hasta las estaciones de tren o autobús, los aeropuertos, el metro o las calzadas de calles, carreteras o autopistas. 

Esto no es casual. Todas estas obras son públicas, aunque las ejecutan empresas privadas. Por tanto, representan una inversión del dinero público para el fomento de una actividad industrial privada. Una que particularmente en España está sobredimensionada, y por eso mismo representa una porción importante de nuestro PIB.

El problema, como siempre, es que la existencia de la estructura crea la necesidad de su uso. Del mismo modo que si los EE.UU. tienen un ejército potente entonces necesitan guerras, si particularmente España tiene una industria constructiva potente entonces necesita construir, construir y construir. Pero, claro, aunque quieras emporlanar todo el camino desde aquí hasta el quinto pinto, llega un momento en el que no te cabe ya el cemento por ningún sitio. Así que por tanto no queda más remedio que destruir. Y es a eso a lo que se dedica la industria más potente de España: a destruir y construir.

Es conocido que los organismos vivos se mueven en el filo de la navaja, siempre bajo la espada de Damocles de la entropía, la cual en última instancia representa su muerte. Para engañar a la entropía, los organismos vivos desarrollan dos procesos fundamentales: el anabolismo y el catabolismo. De manera muy superficial, el anabolismo es la actividad de síntesis química y de construcción del propio cuerpo, mientras que el catabolismo es la destrucción de los materiales que serán reciclados o escretados, con una producción asociada de energía. El ciclo de anabolismo-catabolismo permite al organismo ir renovando sus células cuando agotan su vida útil y de ese modo evitar comportamientos aberrantes por mal funcionamiento (por ejemplo, el cáncer). Es una lucha continua en la que al final, por supuesto, gana la muerte, pero en el proceso se consiguen ganar muchos años de vida y realizar el último truco, el engaño definitivo para esquivar la muerte que es la reproducción: el individuo está condenado, pero la especie sigue.

Anabolismo y catabolismo juntos forman lo que se denomina el metabolismo, que es ese delicado equilibrio entre construcción y destrucción que nos mantiene vivos y funcionales. En determinadas circunstancias, nuestro metabolismo acelera: cuando crecemos, cuando luchamos contra una enfermedad... En otras se ralentiza: cuando se pasa hambre, cuando te haces viejo... Nuestro correcto funcionamiento requiere un ajuste preciso de nuestra actividad metabólica.

Nuestra sociedad, sin embargo, se encuentra ahora mismo en un estado de sobremetabolismo que calificaría de paroxístico si no fuera porque en realidad es permanente. Es peor incluso que eso: es divergente, crece y crece exponencialmente. La razón para este sobremetabolismo divergente es la misma de siempre: la necesidad de un capital cada vez más gigantesco de conseguir las tasas de ganancia históricas. Es lo que nos empuja al crecimiento exponencial, al consumo masivo y creciente de recursos hasta su agotamiento, y a la degradación ambiental y material de nuestra sociedad.

Este sobremetabolismo lleva de manera natural e ineludible a una cutrefacción acelerada. Como hay que construir cada vez más rápido, se acortan plazos de seguridad y las jornadas son agotadoras, sobreexplotando a los trabajadores. Como la energía y los materiales se vuelven caros por su agotamiento, se usan peores materiales y se paga peor a los trabajadores, que trabajan con más desidia. Todo es más cutre y peor. Después, cuando aparecen las goteras, se derrumban los taludes o revientan las vías, se produce la general ceremonia de la confusión en la que todos eluden sus responsabilidades porque todos son cómplices del desastre. Para acabarlo de agravar, la cutrefacción inducida por sobremetabolismo se lleva muy mal con los nuevos riesgos ambientales. Para empezar, nadie incorpora los nuevos mapas de riesgos de inundaciones ni revisa las zonas inundables con categorías más realistas, ni se ajusta edificación ni infraestructuras a la previsión de vientos u oleaje más acorde con las proyecciones actuales, ni nada. Los materiales están sometidos a mayor estrés térmico porque las temperaturas son más altas en verano; los drenajes son insuficientes para los caudales que se producen ahora en algunos momentos, no se refuerzan cimentaciones en previsión de escorrentías más agresivas... Nada. No se hace nada de eso, ni se tiene interés en hacerlo, por un doble motivo. El primero, porque tener todo eso en cuenta encarecería las obras e iría en contra del beneficio del capital, que ya va bastante ajustado por la creciente escasez de energía y materiales. Pero el segundo motivo es más siniestro, y es que en el fondo ya va bien que las inclemencias al alza degraden e incluso destruyan las infraestructuras, porque así el trabajo catabólico queda hecho gratis y resulta forzoso y obligado invertir en nueva obra. Por eso después de la DANA de Valencia se habló todo el rato de "reconstrucción" en lugar de "replanteamiento" (urbanístico y de infraestructuras), y por eso cada año se tiran literalmente millones de euros al mar regenerando playas que serán destruidas en la siguiente estación de tempestades.

Las consecuencias del sobremetabolismo son, obviamente, nefastas. Primero, es un malgasto de recursos que cada vez serán más escasos, pero como hay una gran industria con un gran poder de influencia y económico montada alrededor de ello nadie se atreve a ponerle coto. Segundo, nos embarca en una dinámica de gasto continuo: ahora se construye con tiempos de vida útil más breves, prácticamente de usar y tirar. ¿Qué vamos a hacer cuando la energía escasee y nos veamos incapaces de mantener infraestructuras pensadas para durar solo unas pocas décadas? Y tercero, nos obliga a vivir en una situación de permanente incomodidad. No puedes caminar tranquilo sin toparte con estas obras engorrosas, que ocupan todo el espacio y lo ensucian todo, y que a veces suponen hasta un riesgo de seguridad (fruto de la cutrefacción también en ese ámbito).

El camino hacia una sociedad verdaderamente resiliente pasa por un cambio de nuestro ritmo metabólico, para acompasarlo a las realidades de un mundo finito. Un ritmo más pausado también lleva a reducir la entropía, y nos aleja del rol actual como siervos de entropía. Hay que aprender a hacer las cosas pausadamente, y a hacerlas bien. La parsimonia y el cuidado de las cosas es, además, más eficiente, aunque sea más lento. Básicamente se trata  de gastar más tiempo para gastar menos energía y materiales, y para que el resultado sea más robusto y duradero. Es todo un cambio de mentalidad, pero es absolutamente necesario. En el pasado, estos cambios sociales y culturales se han dado en sociedades que pasaron por graves crisis y que comprendieron que necesitaban hacerse mejores para sobrevivir. Ése es ahora nuestro desafío.

Salu2.

AMT

P. Data: ¿Qué tal el viaje a Alicante de ayer? Y, bueh... 

Y a ver qué me pasa hoy en el viaje de vuelta (desde donde estoy escribiendo ahora mismo). En fin: a mi RENFE me maltrata lo normal...