miércoles, 11 de julio de 2018

Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas

Queridos lectores:

Una vez más, Demián Morassi, Erasmo Calzadilla y Aníbal Hernández han elaborado un análisis regional sobre el estado de la energía en Latinoamérica utilizando los datos de la reciente edición del anuario estadístico de BP. Un análisis que muestra como el déficit energético se profundiza en el continente, y que creo que será del máximo interés de los lectores de The Oil Crash, especialmente de los que nos leen al otro lado del Atlántico.


Les dejo con Demián, Erasmo y Aníbal.

Salu2.
AMT



Energía en Latinoamérica: cada vez menos para más personas



PREFACIO
Por cuarto año presentamos nuestra revisión sobre el estado energético en la región*. En los tres anteriores pasamos por los picos de producción y consumo de las principales fuentes de energía y entramos a una meseta del consumo energético total. Este hecho es todo un hito que pone fin a más de 200 años de historia poscolonial, donde en cada década se agregaban nuevas fuentes de energía y modos de mejorar su eficiencia.
Nuestra fuente principal es el BP Statistical Review of World Energy, que si bien no es la única entidad que hace estos balances, es la que proporciona de manera abierta la mayor cantidad de datos para trabajar.

El primer año [1], con los números de 2014 alertábamos acerca de un inminente pico de consumo de petróleo debido a que se estaban encontrando el aumento de consumo con la caída de la producción.

Al siguiente [2], con los números de 2015, nos percatábamos de que nuestro pronóstico era atinado; de hecho, 2014 se ha convertido en el pico de consumo de petróleo en Latinoamérica y El Caribe. Era hora de una nueva pregunta ¿Habremos llegado al pico de consumo energético total?

Los números de 2016 [3] mostraron que se había llegado a una meseta. En ese año subrayamos el declive de la producción de las tres energías fósiles (el petróleo venía cayendo desde 2006, el gas y carbón siguen sin superar el pico de 2014), y lo difícil que sería para las "renovables", aún creciendo vertiginosamente, contrarrestar la caída de las anteriores.

Como nuestros pasos parecen ir en la dirección correcta y cada año que pasa nuestros informes son republicados en más medios de comunicación [4], nos animamos a esta nueva cruzada contra los optimismos económicos cantados por nuestros dirigentes y la totalidad de los medios masivos de comunicación. Y lo hacemos con un análisis más largo de lo habitual dividido en dos partes. La primera es una breve introducción al contexto  político económico en el que se produce el declive energético de la región dividida en tres partes: México y El Caribe, la Zona Sur y la Zona Andina. La segunda parte incluye los datos de producción de todas las fuentes energéticas primarias, tanto fósiles como renovables que son básicamente una actualización de los datos que presentamos cada año.


INTRODUCCIÓN: LATINOAMÉRICA POR ÁREAS


México
Una de los acontecimientos energéticos del 2017 en Latinoamérica y El Caribe fue la clausura oficial del portentoso yacimiento Cantarell. Descubierto en los 70 y explotado hasta el agotamiento ya no hay mucho que hacer con él.
Pero Cantarell no es la excepción sino el mejor ejemplo de lo que viene ocurriendo a lo largo y ancho del país. En 2004 México llegó a producir 3.830 mbd de petróleo; hoy solo extrae del suelo el 58% de dicho volumen. Se trata de una caída muy similar a la que sufre Venezuela. ¿Por qué entonces uno de estos países ya colapsa mientras el otro resiste? Una de los argumentos más fuertes es que para Venezuela los hidrocarburos representan más del 90% de los ingresos por exportaciones, mientras que en México la cifra ronda el 10%.
El cierre oficial de Cantarell fue la razón expuesta por Peña Nieto para un alza en el precio de la gasolina y el diésel entre 14% y 20%, provocando una ola de protestas a nivel nacional. Tanto el gobierno de derecha en México como el supuesto izquierdista de Venezuela se han visto obligados a subir los precios de los combustible. Es que el problema que estamos tratando trasciende los diversos sistemas de organización política.
Muere Cantarell pero nace Zama-1. Desde 2015 México viene subastando bloques petrolíferos offshore a compañías privadas. Dos años después tenemos la primera buena noticia: un consorcio con sede en Texas descubrió un “gran” pozo con un volumen de entre mil y dos mil millones de barriles de crudo ligero (clasificados en la categoría de Reserva). De esta cantidad solo un 22 a 30% puede ser extraído [5].
Partiendo de los datos y estimaciones más abultadas (2 mil millones de volumen inicial, 30% recuperable) una sencilla regla de tres arroja 600 millones de barriles a extraer en toda la vida útil de Zama-1, equivalente a unos 7 días del consumo mundial. Se nos fue el gigante Cantarell, que dio la hora durante tres décadas, y entre bombos y platillos aparece este enano que no le llega a los tobillos [6].



Centroamérica y El Caribe
Con una economía menos dependiente del mermante oro negro, la situación energética de Centroamérica y el Caribe no es tan crítica como la de sus vecinos productores y exportadores.
En el peor caso está la isla caribeña Trinidad Y Tobago, cuyos ingresos por exportación de petróleo y gas representan el 34% del PIB. La producción de hidrocarburos declina de manera lineal y estable desde hace más de 10 años (repuntando levemente en 2017). pero -mundo de locos- el consumo continúa la cuesta arriba como en sus mejores momentos. No por mucho tiempo; a ritmo de caída actual Trinidad Y Tobago dejará de exportar crudo hacia mediados de la próxima década, y de producirlo a principio de los años 30. Lo mismo para el gas.
En 2017 se hicieron algunos descubrimientos de envergadura en la región. Exxon-Mobil encontró un yacimiento de unos 500 millones de barriles de petróleo en la cuenca Guyana-Surinam y BP pinchó un hoyo al que se le calculan nos 57 mil millones de metros cúbicos de gas (menos de seis días del consumo mundial) en las cercanías de Trinidad y Tobago. Desde entonces la exploración ha cobrado intensidad en el área del Caribe. 
El resto de los países caribeños han sufrido un leve recorte en su consumo de petróleo con respecto al 2007 (-1.6%). En el caso especial de Cuba, ahora recurre a la Federación Rusa y países africanos para compensar lo que Venezuela ha dejado de enviar.


Centroamérica y el Caribe tuvieron en 2017 un ascenso relativamente minúsculo, pero porcentualmente importante, en su producción y consumo de energía renovable.


Los andinos del norte
En la zona andina todas las miradas están puestas en Venezuela, donde se desarrolla otro de los escenarios energéticos más relevantes de la región. Este país tiene las reservas más abundantes de petróleo del mundo (aunque las cifras son muy controvertidas) y en 2015 era el principal productor de América Latina. Ahora su producción cae a ritmos del 10% anual y de seguir así pronto dejará de ser un país exportador. Maduro ha conseguido mantenerse en el gobierno ganando elección tras elección, pero lo que no ha conseguido es enderezar una economía en caída libre. En los últimos cuatro años el PIB ha caído más de un 30%, un 9,5% solo en 2017. La inflación no baja del 300% [CEPAL] desde hace dos años (algunos hablan de más de 40.000% en la actualidad [7]) y la empresa más importante del país, PDVSA ha perdido entre 2014 y 2016 el 60% de sus ingresos. Los beneficios de un incremento del precio del petróleo en este último año han permitido compensar la caída en la producción pero no alcanzaron para aprovechar las imponentes reservas de un costos crudo extrapesado que necesita de la cada vez mayor importación de crudo ligero. Durante el segundo semestre de 2017 esa importación se tuvo que suspender por las deudas de PDVSA [8].  
En Colombia, cuarto productor de la región, la producción de petróleo se está estabilizando alrededor de los 850 mbd, muy por debajo de los 1035 mbd de su pico productivo en 2013. Una proporción cada vez mayor es de petróleos pesados y extrapesados. Si bien el consumo se ha mantenido a raya, la caída de la producción ha afectado también a las exportaciones lo cual a su vez ha perjudicado la balanza de pagos y el déficit comercial del país. El estancamiento de la producción de carbón y del gas desde hace ya unos años tampoco ayuda. El presidente recién elegido ha hecho de la exploración y explotación de petróleo uno de los ejes de su campaña, así que extractivismo sin complejos es lo que se puede esperar (a diferencia de lo que habría hecho el candidato derrotado: extractivismo igualmente, pero pintado de verde). Económicamente la tasa de crecimiento del PIB se desacelera cayendo un par de décimas hasta el 1,8% en 2017. 
En Ecuador, el otro miembro latinoamericano de la OPEP, la economía se recuperó de una corta crisis y volvió a crecer alrededor de un 1%. La producción de petróleo superó su segundo pico de producción a finales de 2014, luego se mantuvo relativamente estable pero en 2017 la caída se aceleró y parece que en 2018 continuará.
La economía de Perú se ha resentido en este año con el PIB creciendo menos y una deuda pública que si bien se mantiene baja, aumenta. La producción de combustibles fósiles es reducida en Perú y se mantiene estable desde hace casi un lustro. Sin embargo el consumo energético, especialmente el de gas y petróleo, anda disparado debido a un ciclo de crecimiento económico bastante robusto desde finales de 2015 que puede estarse agotando.


El sur de la región
Brasil se convirtió este año en el principal productor de petróleo de la región gracias a sus yacimientos de aguas profundas, Argentina cuenta con las reservas de Shale gas más suculentas del mundo en relación a su consumo, Uruguay pasó a ser un ejemplo en materia eólica y Chile en solar. Cuando se revisan en detalle cada uno de estos modos de acceder a la energía lo que vemos es que son alternativas mucho más costosas que la simple extracción o compra del crudo convencional, gas o carbón que tenían tan solo una década atrás. Los nuevos valores de la energía obligan a buscar alternativas. 
En el caso de Argentina, la extracción mediante fracking ya cubre el 26% del consumo de gas del país pero con más de un lustro de trabajo las compañías aún no han podido demostrar un balance económico positivo sino que se han mantenido mediante subsidios. En Brasil, durante este mes hemos visto la huelga de patrones de camiones por los aumentos del precio del diésel que terminó con la salida del presidente de Petrobras y otra huelga en Electrobrás por el intento de privatización de Temer. En Paraguay (principal exportador de electricidad) hubo en 2017 grandes manifestaciones contra los tarifazos, y en Argentina se cortó con los subsidios al consumo de gas y electricidad, elevando el precio a cerca del 1297% el gas y 1490% la electricidad en solo dos años [9], lo cuál no solo generó grandes manifestaciones sino que logró reunir a toda la oposición contra el gobierno para retrotraer los aumentos. 
Al igual que en México, en Brasil y Argentina hay una marcada tendencia hacia la privatización de la producción y distribución de la energía, comenzando con la desregulación de los precios (en Argentina se puso fin en 2017 al “barril criollo”, un precio propio que apenas variaba con respecto al mercado internacional).
Los cambios de gobierno se enfocaron en tratar de seducir al gran capital pero están devolviendo a los sectores medios y bajos a los niveles de inseguridad económica de principio de siglo.
Bolivia y Paraguay, las dos economías más chicas, son las de mayor crecimiento en medio de la debacle de los grandes. En el caso de Bolivia hay que tener en cuenta que la producción de gas, su recurso estrella, tocó techo en 2014 y viene en caída permanente.


ESTADÍSTICAS ENERGÉTICAS


Una vez introducido el panorama político-económico general de la región pasamos a revisar los datos totales de producción y consumo de las principales fuentes energéticas partiendo del informe de BP de junio de 2018.


Petróleo, gas, carbón y “renovables”
La principal fuente energética en la región sigue siendo (aunque cada vez un poco menos), el petróleo. 
De los tres gigantes Brasil es el único que no ha llegado al pico. México (campeón hasta 2014) y Venezuela (líder en 2015) están en franca caída. El otro dato a señalar es que la meseta de producción que duró nueve años con valores entre 10,8 y 10,2 millones de barriles diarios (mb/d) se rompió definitivamente en 2016, perdiendo medio millón de barriles ese año y otro tanto el siguiente para quedar en 9,4 mb/d.
El declive de la producción en una región netamente exportadora, al mismo tiempo que se desplomaba el precio en los mercados internacionales, incidió negativamente en las arcas de los Estados. A finales de 2017, con la nueva subida del barril, se ve una pequeña reactivación, aunque es claro que la debacle es irreversible.
La disminución en la producción, junto al estancamiento económico arrastra a una caída en el consumo.


En caso de mantenerse estos altos precios en 2018 es posible que los países exportadores puedan mejorar económicamente, lo cual redundaría en un aumento del consumo y a los importadores les sucedería lo contrario.
La producción de gas solo aumentó en Brasil y Trinidad y Tobago, aunque aún no compensa la caída de los grandes productores como México y Venezuela. Argentina, que supo ser el principal productor hasta 2005, se está recuperando de una caída de diez años pero para lograrlo las empresas mudaron sus inversiones de las cuencas eminentemente petroleras hacia el shale gas de Vaca Muerta.

Los datos de BP para el gas fueron revisados hacia abajo en 2015 y hacia arriba en 2016. Por ahora no podemos saber cuál es o será el pico de consumo. Lo que es claro es que cada vez más, el gas viene jugando un papel importante en la sustitución de una parte del petróleo y el carbón de la matriz energética de la región aunque el techo lo está poniendo la caída en la producción. Si no hay grandes revisiones quedará 2016 como el pico histórico de consumo de gas en Latinoamérica y Caribe.


En cuanto al carbón, Colombia va quedando cada vez más sola como productora de esta histórica fuente de energía que aún sirve como fuente de generación eléctrica a diversas naciones. Los descensos más fuertes tuvieron lugar en México (-8.5%) y Venezuela (-52.4%), que no casualmente sufren la caídas más importantes en la producción de petróleo. Esto es un ejemplo de cómo el declive en la extracción de una de las fósiles puede arrastrar al abismo a sus “hermanas”. Y es lo que tememos ocurrirá pronto con las renovables.




Las “renovables” siguen creciendo. La hidroeléctrica está recuperando los valores más altos alcanzados en 2011, aumentando en casi todos los países. El aporte de las “Otras Renovables” (44,5 mtep) ya se aproxima a la producida por medio del carbón (45,8 mtep) [10]. Brasil es la que más contribuye por lejos en el desarrollo de estas energías.

Energía total y cuánto queda para cada uno
La producción de energía total tocó techo en 2014 al darse al mismo tiempo el pico del gas y el carbón, mientras el petróleo se mantenía en leve declive desde 2006. El consumo total de energía ha logrado mantenerse en una especie de meseta cuyo pico es en 2016 (aunque pueda ser modificado en las revisiones futuras). Lo que se vislumbra claramente es una caída en la energía per cápita para una población, que continua aumentando, aunque la tasa es menor cada año.


CONCLUSIONES
Si bien, estos datos pueden verse revisados en los años venideros podemos sacar algunas conclusiones parciales:
  1. Se consolida la retirada de las tres fósiles, producción, refinería y consumo, arrastrando hacia abajo a la energía total producida en Latinoamérica.
  2. Continúa el crecimiento constante según BP del mix “renovable” formado por la eólica, solar y geo-biomasa a la vez que hay un repunte de la energía hidroeléctrica. Sin embargo están lejos de compensar la pérdida de energía proveniente de fuentes fósiles.
  3. Los conflictos directamente relacionados con la escasez energética comienzan a provocar terremotos en el escenario político. Protestas en Venezuela, Paraguay, Haití, Argentina, México y Brasil (en estos tres últimos por la desregulación del precio de las tarifas o los combustibles), inflación constante en Argentina e hiperinflación en Venezuela. En este último caso se consolida un colapso social estrechamente relacionado con el declive de la producción de energía.
Reflexiones finales
Mientras continuamos oyendo hablar en forma optimista sobre el crecimiento de la economía tanto en partidos de corte neoliberal como socialistas o progresistas, nuestra lectura muestra que cada vez estamos más cerca del fin del crecimiento económico en la región, se registra un estancamiento de tres años en el PIB y para revertirlo de manera sólida es necesario un crecimiento industrial que exige mayor consumo energético lo cual se choca de frente con nuestro análisis.


El efecto de haber pasado el, por ahora, pico de consumo de energía per cápita y PIB per cápita, incluso con un incremento poblacional muy bajo, está conectado con un deterioro en el nivel de vida de los sectores medios y bajos. El aumento en la deuda externa de la región [11] puede invisibilizar el faltante en las arcas de los Estados pero augura una mayor inseguridad en el futuro (a la falta de ingresos habrá que sumar el pago de las deudas).
La electrificación creciente está dando un respaldo a las renovables (especialmente a las que están en constante ascenso como la eólica, solar y geo-biomasa) pero aún no sabemos qué lugar ocuparán en el mediano plazo. Una extrapolación de las tendencias actuales de caída de las energías fósiles y del crecimiento de las renovables demuestra que ni siquiera manteniendo el crecimiento exponencial de la solar, la eólica y la geo-biomasa durante más de 30 años se llegaría a superar el aporte energético de las fósiles de hoy y por lo tanto no se superaría el pico actual de producción de energía primaria. Esto sin tener en cuenta que no son directamente sustituibles unas por otras.
Tampoco sabemos qué lugar ocupará Latinoamérica y el Caribe en la geopolítica de esta tendencia al tener las reservas más grandes de litio del mundo, fundamentales para las baterías.
Dejar de quemar combustibles fósiles es una buena noticia ambiental pero solo puede ser presentado como positivo desde un punto de vista social si el reparto de los beneficios de su uso es más veloz que la caída de los miles de barrilles per cápita perdidos año a año. Hoy está pasando justo lo contrario y aportar estos datos es nuestra manera de hacer ver la imposibilidad de un “derrame” como el que se pudo dar en otros momentos históricos con modelos económicos semejantes a los actuales.

REFERENCIAS
* Al hablar de “la región” haremos referencia a Latinoamérica y el Caribe (incluidas Puerto Rico e islas dependientes de naciones europeas). Si bien no es un sistema cerrado, ya que se podría importar aún más petróleo, gas y carbón para mantener el nivel de consumo como hacen los países más ricos una vez superado su pico de producción, hay que tener en cuenta que los resortes económicos internos dan cuenta que el comportamiento, a grandes rasgos es el de un sistema cerrado: Cae la producción y arrastra al consumo.
[4] Medios que han republicado nuestros reportes: Rebelion.org, NODAL, Question digital,  Sur y Sur, OPSur, Energía Sur, Tiempo de crisis, Hondudiario, Les ciencies en bloc, Blog del proyecto Lemu, con modificaciones, en Havana Times, La izquierda diario y en inglés en Peak Oil News.
[10] BP agrupa a estas energías como “otras renovables” (para diferenciarlas de la energía hidroeléctrica y nuclear)
[11] Fuente: http://estadisticas.cepal.org/cepalstat/Portada.html. Según la CEPAL, el PIB total de Latinoamérica y el Caribe para 2016 es de 5.585.580 millones de dólares y 8.826 dólares per cápita.
[12] La deuda externa como porcentaje del PIB viene aumentando desde el 2008 (representaba el 20,1%) pero acaba de tener un especial incremento entre 2015 (29,3%) y 2016 (37,2%). Fuente: CEPAL.

jueves, 5 de julio de 2018

El colapso, según el Primer Ministro de Francia



Queridos lectores:

En mi penúltimo post planteaba (por tercera vez ya) al Presidente del Gobierno de turno de mi país una serie de cuestiones fundamentales sobre el futuro que nos espera en relación a la crisis energética, con la esperanza de que se abra un debate real en el que se analicen de verdad la situación en la que estamos y qué medidas podemos tomar para afrontar en mejores condiciones ese incierto futuro. Un esbozo de cuáles podrían ser esas medidas (preliminar y por supuesto discutible) fue lo que presenté en el último de mis posts, más por satisfacer la curiosidad de algunos lectores que como una vía verdaderamente propositiva. Todas estas discusiones, aunque necesarias, las veo siempre un tanto utópicas y poco realistas, teniendo en cuenta las dificultades del ejercicio del poder en condiciones reales.

Y sin embargo, esta semana hemos podido conocer unas sorprendentes declaraciones del Primer Ministro de Francia, Édouard Philippe, quien de manera inédita en estos lares se avino a participar en un encuentro abierto por Facebook donde respondía a preguntas de los usuarios junto con Nicolas Hulot, un conocido activista ambiental y actual Ministro de Transición Ecológica y Solidaria. Para que mis lectores españoles se hagan una idea, sería el equivalente a que Pedro Sánchez y Teresa Ribera participaran en ese acto, si se hiciese en España.

Lo más impactante de la participación del Premier francés y su ministro ha sido entresacado por Olivier Gruié y publicado en su perfil de Facebook: 



En lo que sigue les hago una transcripción (aproximada, lo que me permite mi nivel de francés) de esos dos minutos y medios finales de la conversación entre estos dos hombres:

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Éduouard Philippe: Termino con esa cuestión general, cuestión filosófica, referente a un libro que cito a menudo y que le gusta a Nicolas, Colapso, de Jared Diamond...

Nicolas Hulot: Collapse

EP: Collapse, en inglés, que muestra cómo debe ser abordada la cuestión del acceso a los recursos, del medio ambiente y de la colaboración con las sociedades que nos rodean, cuando estas cuestiones se vuelven apremiantes y llegan a un punto tal que si uno no toma las decisiones correctas la sociedad entera colapsa, que colapsa literalmente, que desaparece. Y me parece que esta cuestión es obsesionante, a mi me preocupa mucho más de lo que muchos se imaginan: ¿Cómo hacer para evitar que nuestra sociedad humana llegue a un punto en el cual esté condenada a colapsar. Es una cuestión... complicada.

NH (con sonrisa burlona): Ha hecho falta este Facebook life para que me entere que Vd., señor Primer Ministro, había leído...

EP (siguiendo la broma): Eso es porque no estuviste atento...

NH: ... Colapso...

EP (medio riéndose): ...ya que lo cité en mi discurso de Política General.

NH: ... y es muy interesante porque este libro intenta explicar por qué algunas grandes civilizaciones han desaparecido, y el pequeño denominador común, en breve, es la dificultad que han tenido esos pueblos, esas civilizaciones, para tener en cuenta el límite de los recursos de los cuales disponían.

EP asiente con la cabeza.

NH: La escasez es manejable, la penuria se sufre. Y toda la dificultad del siglo XXI es tener en cuenta el hecho en un cierto número de ... (se interumpe a sí mismo, sin acabar la idea) hay recursos renovables y hay que asegurarse su renovación, y por volver a la primera pregunta, aquellos que se regeneran hay que evitar contaminarlos o envenenarlos, pero por los recursos finitos hace falta ser consciente de que...

EP (interrumpiéndole): Y la otra enseñanza del libro (mirando brevemente a la cámara, probablemente siendo consciente de lo que estaban diciendo) es que podemos evitarlo, porque lo que formula el propio libro es que muestra ejemplos de colapso, es decir, de sociedades que no llegan a cambiar y que sufren la penuria, que desaparecen literalmente, que desaparecen, bien... y además muestra sociedades en las que, por la razón X o Y, comprenden que se están aproximando al límite y cambian, y además no por dejar de crecer sino por cambiar el modelo que permite al medio ambiente y a los recursos...

NH (interrumpiendo, a su vez): Hay un punto de no retorno.

EP: Hay un punto de no retorno. El ejemplo en el que funciona bien es el Japón y la reforestación...

NH: Y eso no funcionó en la Isla de Pacua...

EP: Exactamente. Pero hay otros ejemplos. Y se muestra que colectivamente, en cualquier época, hay momentos en los que se elige el camino.

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La charla es bastante más larga (una media hora) y en ella hablan de muchas otras cosas interesantes (como el decrecimiento, o las palabras bastante claras de Nicolas Hulot justo después de este extracto, en el que establece con claridad que Francia va a abandonar el petróleo y abrazar las renovables, y que eso implica necesariamente el decrecimiento) pero el trozo extraído es bastante revelador de muchas cosas.

La primera es que en Francia no solamente han creado un Ministerio de la Transición Ecológica (al que se le añade el significativo apellido de "y Solidaria"), sino que han puesto al frente de él a una persona con una visión muy clara y particular del asunto, y bastante diferente de la estándar BAU, un ministro que habla sin tapujos del decrecimiento y que comprende que la transición renovable implica el decrecimiento. Pero yendo aún más lejos, el Primer Ministro comparte en lo sustancial el análisis de su ministro, aunque prefiera pensar que aún hay margen para crecer o, como mínimo, sortear lo peor de lo que nos queda por delante. Más aún, dado que el Primer Ministro es del mismo partido que el Presidente de la República, es de creer que el propio Emmanuel Macron como mínimo considera los mismos problemas que sus subordinados. Vamos, como si aquí el rey Felipe VI comprendiera que sin cambios fundamentales y sin tomárnoslo en serio vamos a colapsar.

La segunda es que las comparaciones pueden ser muy odiosas. ¿Han leído Pedro Sánchez y Teresa Ribera "Colapso" o cualquier otro de los libros que se comentan en esta conversación? ¿Citaría Sánchez en el Debate sobre el Estado de la Nación - el equivalente español al discurso de Política General que comenta Philippe- alguno de estos libros? ¿Comprenden Sánchez o Ribera - o, ya puestos, Felipe VI- todas las implicaciones de lo que se discute aquí? Ya que estamos, ¿cuáles son las referencias ideológicas o científicas que llevaron a Pedro Sánchez a crear el Ministerio de Transición Ecológica (puesto que saberlo nos permitiría entender qué es lo que tiene en mente)? ¿Lo ha hecho por mímesis con Francia? ¿Entiende en qué contexto se ha creado en Francia, con qué personas y en base a qué referencias?

La tercera tiene que ver con la coordinación internacional, sobre todo a la escala europea. ¿Puede Pedro Sánchez coordinarse con Édouard Philippe, si aparentemente discrepan tanto en su análisis de la situación general - no olvidemos que Philippe cita el "Colapso" de Diamond en el mismo Debate de Política General? ¿Podrán coordinarse efectivamente cuando el precio del petróleo vuelva a subir y se desencadene una nueva crisis económica? ¿Estará de acuerdo con algunas de las medidas de choque y limitaciones que el Gobierno francés tiene en mente para afrontar ese momento  - algunas de las cuales de hecho se discuten en el vídeo - o formará frente con otros Gobiernos de signo más conservador que se oponen de plano a la idea de los límites planetarios?

Comenzar un Ministerio de la Transición Ecológica es mucho más que cambiar de nombre y de rango a la Secretaría de Estado sobre Cambio Climático. Es prepararse para hacer frente a los procesos que ya están en marcha y que se van a manifestar con crudeza durante los próximos años, y que van a afectar de manera dramática y transversal a todas las áreas de gobierno. Para poder ejercer un verdadero liderazgo en este tema, lo fundamental es estar bien informado, sobre todo en las cuestiones clave que tan abiertamente discuten el Primer Ministro francés y su ministro del ramo, pero sobre las que los españoles parecen estar más bien in albis. Pedro Sánchez aún está a tiempo de afrontar este asunto con la seriedad que le corresponde, aunque ese tiempo, como nos enseñan nuestros vecinos del norte, se está agotando rápidamente.


Salu2,
AMT

miércoles, 20 de junio de 2018

Si yo fuera presidente



Queridos lectores:

Mi último post ha llevado a algunos lectores a plantearse lo deseable que sería que yo tuviera, de algún modo, acceso las instancias del poder español para poder influir en la política energética o incluso económica e industrial de nuestro país, ya fuera como asesor, alto cargo o incluso como ministro. Yendo aún más allá, un lector me ha propuesto que haga el ejercicio de compilar qué medidas propondría en el caso de encabezar yo mismo la planificación ejecutiva, simplificando esta proposición en "si fuera presidente".

Esto no había pasado nunca antes. Entendámonos: sí que ha habido gente que ha especulado con lo beneficioso que sería que yo o alguien con un perfil como el mío fuera asesor ministerial o incluso que ostentase un cargo de relevancia, y también se me ha pedido en algún momento que propusiera un plan de futuro (cosa que en realidad ya hice, al menos en líneas generales). Lo que no me habían planteado nunca es que diseñase lo que en esencia es un plan de gobierno transicionista. Lo interesante de este ejercicio no sería tanto la parte idealista (los objetivos deseables que se quieren perseguir en el largo plazo) sino la parte pragmática (qué medidas se podrían y se deberían implementar, teniendo en cuenta de dónde venimos y cómo funcionan las cosas ahora mismo). La cuestión no es menor, porque es muy fácil hacerse los exquisitos y decir "esto es lo que hace falta" (por otra parte, lo obvio: cerrar ciclos en el uso de materiales, no consumir energía fósil, favorecer la reparación ambiental, garantizar una vida digna a todo el mundo, preservar la democracia), pero es tremendamente difícil proponer un plan realmente ejecutable que parta de donde realmente estamos y nos lleve a esa soñada y quizá utópica Ítaca (o que al menos se muestre una vía realista por dónde avanzar de veras hacia ella). En el post "Una propuesta de futuro" sintetizaba algunas características lógicamente necesarias es una sociedad estable que se hubiese adaptado a los límites biofísicos; pero en modo alguno proponía cómo se debía llegar a ese estado, mediante qué medidas podríamos conseguir tal objetivo. Por no discutir, ni siquiera comentaba si ese objetivo era alcanzable, o si se podría llegar a él de manera no traumática.

Una propuesta verdaderamente programática tiene el inconveniente obvio de que puede ser fácilmente atacada por sus más que probables deficiencias técnicas. Yo tengo mis propias limitaciones, y al entrar en ciertos detalles, y más particularmente en los múltiples que escapan a mi conocimiento y entendimiento, cometeré errores, algunos de muy grueso calibre, por los cuales podría ser de manera fundada y objetiva atacado con dureza. Por tanto, el ejercicio de un verdadero diseño programático no debería ser jamás abordado por una sola persona, sino por un colectivo más o menos amplio y diverso, con múltiples conocimientos y especializaciones pero que comparta una visión y un objetivo. Es por eso que siempre he sido reacio a diseñar un programa de gobierno, porque aparte del toque de arrogancia que supone implica también una cierta enajenación onanista, la de creerse capaz de tocar todos los instrumentos de una orquesta para interpretar una sinfonía uno solo. Teniendo todo esto en cuenta, les ruego que tomen las propuestas que presentaré más abajo no como un verdadero programa a implementar ya, sino como un punto inicial de discusión, un punto de partida para comenzar a hablar, un mero borrador que necesita forzosamente ser corregido y extendido para que realmente pudiera llegar a ser algo parecido a un programa de gobierno.

Pero, antes de detallarles ese esbozo de programa de transición energética y ecológica fruto de mi ocurrencia (y que, como he dicho, será demasiado banal, pero espero que al menos sirva para empezar una discusión), déjenme que les explique primero por qué no puedo ser, en ningún caso, presidente, ni ministro, ni nada.
  • Porque rechazo los Estados: A lo largo de estos años de discusión sobre los problemas del sostenibilidad de nuestra sociedad me he labrado una imagen de pensador incómodo, por decir lo menos. Lo que realmente me inhabilita para ejercer cualquier cargo de responsabilidad política es que mi perfil es excesivamente radical para ser aceptable. No hablo aquí de mis presuntas simpatías con el independentismo catalán (de las que alguno me ha acusado por razón de mis posts a lo largo de estos años y particularmente los cuatro o cinco que publiqué el año pasado - y eso a pesar de haber repetido prácticamente cada vez que yo no deseo la independencia de Cataluña). No. Lo que verdaderamente me hace incompatible con cualquier cargo en la administración del Estado son, precisamente, mis críticas al Estado mismo. Como he explicado, el Estado supone una concentración del poder administrativo que favorece y entra en colusión con el capitalismo (semejante cuestión, por cierto, pasa también con el comunismo). Ello lleva a una gran interferencia del poder económico en la toma de decisiones y hace muy difícil adoptar resoluciones que realmente vayan a la raíz de los problemas (esto es, que sean radicales, justamente). Y es que la concentración de un poder tan grande en un grupo humano tan reducido aboca, inevitablemente, al distanciamiento del pueblo. Si tuvieron ocasión de verlo y se fijaron bien, durante la reciente moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno español, justo en el momento en el que éste ganó la votación se puso en marcha todo un complejo mecanismo de protección y, sobre todo, de protocolo que automáticamente lo catapultó a una distancia prácticamente sideral. Los gobernantes, por razón de cómo funciona el Estado, en el mismo momento de ser investidos son encapsulados en una invisible pero extraordinariamente tenaz vaina que impide que vuelvan a percibir con claridad qué es lo que pasa en el exterior. Tal cosa no es accidental, sino consustancial a cómo funciona el Estado. El Estado es un macroorganismo y como tal una de sus funciones primordiales es su autopreservación. Acceder a los mandos del Estado implica ascender al monte Olimpo y por fuerza de ello mismo dejar de ver a los hombres y mujeres que penan y se retuercen allá abajo. Por más pragmático que yo quisiera ser, no podría nunca aceptar trabajar en la administración del Estado; desde luego no a ese nivel.  
  • Porque rechazo el sistema de partidos de las democracias liberales: Si el Estado es un macroorganismo que busca autoperpetuarse, una cosa semejante pasa con los partidos políticos. Hay personas cuya carrera profesional se ha desarrollado íntegramente dentro de un determinado partido político. Llegado el momento, esas personas acceden a cargos públicos significativos, y cuando la alternancia de poder les deja fuera de ellos su principal obsesión es tener un trabajo, tener de qué comer. Esto fuerza dinámicas a veces muy viciosas en los partidos, de manera que cuando alguien es desalojado de una administración se va a un cargo más o menos espurio de otra administración que aún controla su partido, y se queda ahí a la espera de tiempos mejores. De ahí la necesidad del propio sistema de partidos de multiplicar sin sentido ni necesidad el número de administraciones, de modo que cada partido siempre controle una porción adecuada de las mismas y así se pueda mantener la élite administrativa de cada partido que sirve para asumir rápidamente el poder cuando corresponde. Eso mismo hace que haya una especial tolerancia mutua entre los partidos cuando se discuten determinados temas, ya que en esto todos comparten intereses, y al final a nadie le interesa agitar demasiado el avispero, no sea que todos salgan malparados. Por todo ello, las estructuras de partido son siempre, independientemente de su signo político nominal, muy conservadoras y tienden a mantener lo esencial del statu quo. Por eso mismo, abordar una serie de reformas muy radicales, necesarias para hacer el cambio necesario, es algo completamente imposible dada la dinámica de los partidos políticos. Es por eso que los discursos transicionistas de los partidos, incluso los nominalmente más progresistas, tienen un exceso de tecnicismo jurídico y una falta prácticamente absoluta de medidas pragmáticas, la cual camuflan con absurdas odas al tecnooptimismo. Y por tanto, yo no me avendría a trabajar con un partido político, sabiendo como sé que forzosamente, más pronto que tarde, acabaría en una confrontación total con él por culpa de sus inconfesables aunque comprensibles intereses.
  • Porque el coste social a pagar es inasumible políticamente: Incluso si un partido político, de manera monolítica, asumiese la titánica tarea de emprender una transición ecológica en serio; incluso si fueran capaces de superar la presión de los lobbies económicos (ejercidos bien directamente sobre ellos, bien sobre los resortes no siempre controlables del Estado) y pusieran al Estado a su servicio en vez de estar ellos al servicio del Estado; e incluso si todos los cargos del partido asumieran la importancia de la meta a conseguir aunque ello les acabe suponiendo estar en el paro, al final habría una última barrera que en la actualidad veo prácticamente infranqueable: el rechazo social a las medidas que serían necesarias. Particularmente porque el resto de partidos, con sus estructuras convencionales que engarzan perfectamente con las estructuras convencionales del Estado, se dedicarían día y noche a hacer propaganda en contra de cualquier medida de calado que se quisiera tomar, y contando como contarían con el apoyo de los grandes medios de comunicación (que están controlados por los poderes económicos que están en colusión con la estructura orgánica del Estado) tendrían mucha más fuerza y predicamento sobre la población que ese Gobierno tan convencido con la transición ecológica. Y lo más probable es que la gente aceptase mucho mejor el discurso de la oposición que el del Gobierno, porque frente la promesa de sacrificios y dificultades ahora para tener un futuro incierto después, aunque con posibilidades de mantener algo digno, la gente preferiría sin duda el mensaje de que todo va a ir bien con el Gobierno de la oposición, que se recuperará la prosperidad perdida, "España primero" y "hagamos España grande de nuevo". La barrera de potencial social a superar es enorme y haría falta una energía inaudita para emprender esa transición. Simplemente, hasta que la sociedad española no sufra con fuerza los embates de varias recesiones fuertes seguidas es harto improbable que sea mínimamente receptiva a un discurso de verdadera transición. Por todo ello, es completamente imposible que yo intentase implementar un programa que mi propio gobierno y la oposición sabrían que es completamente suicida y por tanto ineficaz, y que de hecho acabaría haciendo más mal que bien, ya que las ideas transicionistas quedarían estigmatizadas como "causantes de miseria" (no olvidemos que hace no tanto un conseller catalán rebautizaba la expresión "reparto de la riqueza", tan cara a los movimientos más de izquierda actuales, como "reparto de la miseria", en un eficaz ejercicio de antipropaganda).
  • Porque me gusta mi trabajo actual: Personalmente, no me veo muy capaz para la tarea de ser presidente del gobierno, pero lo que hago lo hago potablemente bien y me gusta, qué demonios. Me gusta mi investigación y son un friki de las ecuaciones: cada uno tiene sus defectos.

En fin, después de todas estas consideraciones formuladas en negativo, déjenme que por fin formule algo en positivo: mi programa de gobierno para un proyecto real de transición ecológica.
  • Información: Para poder planificar cualquier escenario de transición es fundamental contar con información completa y de calidad. A pesar de todo el trabajo que yo he hecho hasta ahora, mi acceso a la información real es muy limitado. Con los datos que tengo se pueden ver las grandes tendencias, pero faltan muchos detalles relevantes. Detalles que, es de esperar, sí que están accesibles a instancias gubernamentales. No se trata tanto de determinar fechas exactas como de saber cuál es la disponibilidad real de recursos y los problemas que se pueden plantear en su abastecimiento. 
  • Equipo: En general, los equipos ministeriales se suelen caracterizar por contener un exceso de juristas y economistas y una falta de científicos. Hay múltiples razones para este desbalance: la falta de interés de los científicos por el trabajo administrativo mientras que ésa es justamente una de las salidas principales de los primeros; la enorme burocratización de los Estados, dada su complejidad, que favorece justamente más a juristas y economistas, etc. Pero dada la complejidad y alcance de los problemas a tratar, y el hecho de que la ciencia económica actual tiene más dogma que de ciencia, se hace fundamental incorporar una mucho mayor cantidad de perfiles científicos, como mínimo para que haya una comprensión de la naturaleza real de los problemas. De todos modos seguiría siendo absolutamente necesario contar con juristas y economistas en los equipos, para poder implementar adecuadamente las medidas y para dotarlas correctamente, pero la intervención de estos expertos debería ser mayoritariamente en el nivel técnico, y no necesariamente en el decisorio. 
  • El dilema eléctrico: Asumiendo que ya se tienen todos los datos y tras meses de trabajo se deberían empezar a implementar el plan de transición. Una de las cosas que me resulta más llamativa cuando asisto a reuniones y congresos sobre la transición energética es que se pone mucho énfasis en incrementar la producción energética renovable en forma de electricidad mientras hay una comparativamente mucha menor discusión en el incremento del uso de la electricidad, cuando es justamente la dificultad de electrificar todos los usos industriales de la energía el principal escollo ahora mismo. Con 108 Gw de potencia instalada, en España hay capacidad eléctrica de sobras para incrementar el consumo de electricidad, si tan solo hubiera un mayor uso. Pero no lo hay, y eso no es casual: de manera parecida a lo que pasa con otros países occidentales, la electricidad representa en España, dependiendo del año, entre el 21 y el 23% de toda la energía final consumida, y lo que realmente es difícil es electrificar ese casi 80% de usos energéticos no eléctricos. Una parte significativa de ese consumo no eléctrico es el petróleo en el transporte, pero ése no es el final de la historia, ni mucho menos. Es hora ya de dejar de centrarse en el coche eléctrico, pues es una pista falsa y un sumidero de recursos, sin utilidad alguna. Por el contrario, hay que poner el mayor esfuerzo en ver cómo se electrifica toda la industria, teniendo en cuenta además que muchos materiales vienen de fuera. Y en los casos en los que la electrificación no sea posible o rentable, se tienen que explorar con seriedad los usos no eléctricos de las renovables. Se podría llegar incluso, llegado el caso, a sacrificar determinadas actividades en pro de una mayor resiliencia.
  • Plan de ajuste duro y real en el uso de recursos no renovables: A pesar de que a menudo se llenan la boca con grandilocuentes afirmaciones, lo cierto es que el actual diseño de las políticas industriales no contempla un plan proactivo de sustitución de los combustibles fósiles o de otros materiales cuya disponibilidad se va a ver comprometida en los próximos años. Todo la planificación, desde la I+D hasta la implementación y mantenimiento, se hace sobre la base de que habrá siempre energía y materiales en la cantidad necesaria para abordar las necesidades de cada momento, haciéndolo siempre de la misma manera. Esta actitud tiene muchísimos peligros, en particular, que nos puede llevar a una decadencia imparable de las infraestructuras que ya no podremos mantener. Por tanto, un cambio radical en la política de uso de fuentes de energía no renovables y de materiales es imprescindible, a pesar de que puede ser muy impopular - y por eso mismo debe ser muy bien pensado, en particular por lo que se refiere al ritmo de implementación. El uso de determinados materiales debe ser directamente prohibido, y el de otros severamente limitado, quizá con una cierta progresividad pero en todo caso de pocos años de duración. Se debe hacer un rediseño absoluto de la actividad industrial, obligando a que los productos puedan ser reciclados y/o reutilizados al 100%, y aquello que no cumpla este criterio debe ser directamente prohibido. Todo esto obligará a cambios drásticos en los hábitos y prácticas de producción y de consumo, hasta el punto que determinadas actividades económicas deberían ser no solo abandonadas, sino que la comercialización de esos productos provenientes del extranjero debería ser prohibida - lo cual, por supuesto generaría un montón de problemas. 
  • Relaciones exteriores: La implantación de todas estas medidas originaría muchos problemas para España en el ámbito internacional. En particular, la introducción de medidas para limitar el comercio de ciertas materias y productos de ellos derivados tendría que ser progresiva, haciendo mucha pedagogía en los foros internacionales, pero aún con los gobiernos que dicen apostar más seriamente por la transición ecológica habría muchos problemas y malos entendidos. Ése es uno de los obstáculos más graves de una transición real, y es que es muy difícil implementarla en un país solo. Aparte de los problemas comerciales, las medidas a implementar forzarían la exclusión o, como mínimo, la marginación de España en los mercados financieros internacionales, con lo que el plan de transición debería incluir una previsión sobre cómo hacer frente a todos los cambios necesarios sin tener que recurrir a financiación ajena (con el agravante que algunos de los cambios implicarían una disminución de la actividad económica y por tanto de la recaudación). En algún momento se tendría que plantear qué hacer con la deuda, y en particular qué parte se va a pagar y qué parte no se pagará, lo cual llevará aún más tropiezos. Otro tema sensible, como se evidencia en las discusiones de estos días pero que lleva años prolongándose, es el de la acogida o rechazo de la masa humana que intenta escapar de la miseria y la muerte en el sur, principalmente en África. Darse cuenta de que son precisamente las relaciones de dominio establecidas desde Occidente las que favorecen la pobreza y la guerra en esas zonas (cuando no la acción militar directa, como en Malí, Libia o Siria) requerirá grandes dosis de paciencia y pedagogía; en particular, hacer entender que la clave está en no destruir aquellos países para no verse en el brete de tener que acoger a todos los que hemos desplazados. Y todo esto, dado que España pertenece a la Unión Europea, será muchísimo más difícil porque lo que se pretende contradice políticas comunes fijadas desde Bruselas. Precisamente lo primero que daría enormes dolores de cabeza en nuestra relación con la UE sería las medidas que afectan a la deuda y a los objetivos de déficit. Los más radicales apostarían, por supuesto, por abandonar la UE; aunque se podría también intentar reformarla desde dentro. Sea como sea sería en este capítulo donde más esfuerzo se tendría que hacer, sin que yo vea claro el cómo ni a qué ritmo.
  • Políticas sociales e inversión en obra pública: Dos aspectos muy ligados desde hace tiempo pero que lo están aún más en una situación de disminución de ingresos. Las mayores empresas españolas dependen de que se ejecute un gran volumen de obra pública, y no van a aceptar de grado que se releguen o abandonen grandes inversiones en infraestructuras, a pesar de que estas infraestructuras son ya obsoletas o serán directamente inútiles de aquí unos años (pensemos, por ejemplo, en las nuevas vías de circunvalación de las grandes ciudades o los proyectos de ampliación de puertos, aeropuertos y autopistas). Lo cierto es que con menores ingresos será necesario ser más selectivo con respecto a en qué invertir, y aunque las políticas sociales sean más importantes desde el punto de vista de la cohesión social, las grandes empresas constructoras dan trabajo directa e indirectamente a mucha gente y tienen por ello una gran capacidad de presión. Ser capaz de proponer un plan de reconversión realista y acordado, haciendo comprender la necesidad del mismo antes que permitir un descenso desordenado, será uno de los pilares de este período. Mantener al tiempo un nivel alto de prestaciones sociales para evitar que crezca por el otro lado el descontento social será el otro pilar. Conseguir ambos será conseguir la cuadratura del círculo.

Aunque quedan muchos otros aspectos por tratar, estos son, a mi juicio, los temas más prioritarios a abordar en el primer período de 5 a 10 años. Como ven, las dificultades que plantean el contexto doméstico e internacional del cual partimos son enormes, y máxime en el contexto del mantenimiento de una superestructura estatal. Quizá justamente las transformaciones que se tienen que hacer no sean posibles desde un Estado como el actual, o quizá hace falta un cambio revolucionario, principalmente a nivel de la concienciación ciudadana. Sea como sea, los próximos años nos irán proporcionando más información sobre la factibilidad de lo que propongo y sobre si es realista plantearse estas cosas. En todo caso, ésa no será labor mía. Lo que no querría es que algunas personas, en su absurdo empeño de atacar cualquier cosa que suene a un cambio que no les gusta (por más inevitable que sea) tomen trozos de este post fuera de contexto en su afán por atacar sin sentido, en vez de hacer lo que verdaderamente se debería hacer, que es entrar en el fondo de la cuestión y discutir cómo hacer de veras la transición ecológica.

Salu2.
AMT