miércoles, 11 de diciembre de 2019

Escondida y a la vista de todos


Queridos lectores:

Como muchos de Vds. sabrán, estos días he estado en la COP 25. Bueno, en realidad no he asistido propiamente a la presente edición de la Convención de Naciones Unidas sobre el Clima (que eso propiamente es la COP 25), sino a un evento paralelo que ha montado el Gobierno de España en el mismo recinto ferial donde estaba la cumbre real. Este evento paralelo (albergado en lo que han denominado "zona verde") es un espacio financiado y ocupado en su mayoría por empresas. Yo he pasado unos días en el stand del CSIC, ubicado en esa "zona verde" de libre acceso al público general, mientras la verdadera cumbre tenía lugar en la "zona azul", a la que no se podía acceder sin acreditación tramitada por la ONU. Mi trabajo estos días ha consistido en atender al público general y a medios de comunicación que se acercaba al stand, explicándoles que el CSIC es el mayor organismo de investigación de España, con más de 120 centros y 11.500 trabajadores (la mayoría de la gente desconoce esto, e inclusive que en el CSIC se realiza investigación de muy alto nivel), explicándoles también mi propio trabajo y contestando preguntas sobre el Cambio Global. Eso, en un stand pequeñito, compartido con otros Organismos Públicos de Investigación españoles (el stand era del Ministerio, no del CSIC) y en un lugar un tanto arrinconado de la zona verde (tanto que pasó Greta Thunberg con todo su revuelo por la zona verde y ni me enteré). La mayor parte de la zona verde estaba ocupado por grandes empresas, sobre todo españolas, en cuyos mostradores contaban a todo quien les quisiera escuchar cómo se están esforzando ya en disminuir sus emisiones y lo mucho más que las van a disminuir en los próximos años.





El camino desde el metro hasta el pabellón de la zona verde no es que fuera mucho mejor, en cuestión de hipocresía empresarial.








El resto del espacio estaba organizado en diversos auditorios más o menos separados, donde se efectuaban mesas redondas y charlas, algunas de las cuales eran ligeramente interesantes; por desgracia, dado que el pabellón era un espacio diáfano, sin tabiques, la acústica era horrorosa y en algunos momentos de mayor afluencia el simple rumor de los visitantes hacía difícil inclusive hablar de tú a tú en nuestro stand (no digamos ya seguir las ponencias de los auditorios). A las 6 de la tarde comenzaban los ensayos de los conciertos que se retransmitían por Radio Nacional desde el auditorio central, y a partir de esa hora ya no tenía sentido continuar allí, en parte porque ya no pasaba nadie y en parte por el estruendo.

En suma: una feria en la que las grandes empresas han intentado convencer al gran público de que están haciendo realmente algo para hacer frente a la crisis climática, y en la que los que realmente trabajamos en estos temas fuimos arrinconados y ninguneados. Teniendo en cuenta que para el público general ésta era la única parte accesible, no sé qué impresión se habrán llevado de lo que es una COP. Para mi, el mejor resumen de lo absurdo que era todo es la imagen que COTEC había puesto justo en frente de mi stand.



Para quien no conozca la historia de esa foto, se denomina "pálido punto azul", y es una imagen captada por la sonda espacial Voyager 1 a 6.000 millones de kilómetros de distancia de la Tierra. Se le dio la orden a la sonda de girarse y transmitirnos esa imagen justo cuando estaba a punto de abandonar el Sistema Solar. A esa distancia, la Tierra se ve como un punto de color azul pálido, casi imperceptible (la imagen se ha mejorado para resaltarlo). Esta imagen, una de las más emblemáticas de la exploración espacial, dio lugar a una famosa reflexión de Carl Sagan que si desconocen les recomiendo leer (en el enlace de la Wikipedia, por ejemplo). Todo el texto es imprescindible, pero quiero rescatar aquí las frases finales: 

"Se ha dicho que la astronomía es una formadora de humildad y carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos mejor los unos a los otros, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido".

Después de leer esto, relean el mensaje que el "creativo" ha puesto al lado de tan emblemática imagen. Sinceramente, no sé si reír o llorar. En todo caso, creo que la absoluta disfuncionalidad comunicativa de ese cartel ilustra perfectamente qué ha sido la zona verde de la COP.

¿Y qué pasa con la zona azul, la verdadera COP25? Pues de momento poca cosa, aunque las sesiones durarán aún hasta el viernes. La discusión está centrada en farragosas cuestiones "técnicas", entendidas como tales las componendas y chalaneos de las partes negociadoras sobre aspectos que se nos presentan como fundamentales cuando son en realidad accesorios y que no abordan el fondo de la cuestión: que si cuáles son los plazos para la comprobación de los objetivos, que cuáles son los mecanismos para la compra y venta de derechos de emisiones, etc. En esencia lo que se está haciendo es cerrar aspectos legales de cuestiones que quedaron en el aire en el Acuerdo de París (que ya tiene bemoles que estén aún abiertos, cuatro años después). En suma: no cabe esperar nada realmente útil de esta COP25.

Y sin embargo es obvio que algo se mueve, y mucho. En la opinión pública, es cierto, gracias a figuras como Greta Thunberg entre otras; pero sobre todo entre los grandes agentes económicos y políticos. Al fin y al cabo, la opinión pública es fuertemente influenciable a través de los medios de comunicación de masas, y es muy destacable la campaña continua que están haciendo los medios para poner por fin de relieve la gravedad de la crisis climática. En sí, tal énfasis no me parece mal: hace años que digo que el problema del Cambio Climático (así como el del Peak Oil, pero eso es harina de otro costal) es tan grave que debería ser noticia de portada cada día en los noticieros. Y justamente eso está pasando ahora mismo: exacerbado estos días con la cumbre de Madrid "capital de Chile" (Pedro Sánchez dixit), por supuesto; pero que en realidad se ha venido fraguando desde hace ya unos cuantos meses, y presumiblemente va a continuar, aunque sea con menor intensidad, en el futuro. Lo que para mi es importante es que la opinión mayoritaria ahora en el mundo empresarial (principalmente el español, que es el que conozco de primera mano, aunque sé que pasa también internacionalmente) es que el cambio climático es cierto. Este cambio de posición es muy significativo, porque ese mundo empresarial ha mayoritariamente defendido hasta hace poco justo lo contrario, y ahí están los voceros de la intoxicación y desinformación climática, bien pagados por esas mismas empresas, aún gritando sus mentiras  (los más avispados ya han plegado velas, mientras que los más cerriles, por falta de agilidad mental o mera estulticia, perseveran contumazmente en lo que estaban, sin comprender que sus amos ya no ven con buenos ojos lo que hacen y que ya no les van a pagar el estipendio por unos servicios que ya no desean).

Lo que se ve claramente, en todo caso, es que hay un reposicionamiento del gran capital, que aspira a convertir el cambio climático en una nueva "oportunidad de negocio". No lo digo yo: esa misma expresión se ha podido encontrar en muchas de las "mesas de debate", tanto en la zona verde como en la azul de la COP25. Al mismo tiempo, veo en los medios un masivo bombardeo a la ciudadanía de ciertas consignas, y particularmente que va a hacer falta hacer "sacrificios", "hacer cambios importantes en nuestro estilo de vida", "priorizar la protección del planeta al bienestar" y otras ideas-fuerza del mismo jaez. Es decir, que los empresarios están pensando en la "oportunidad de negocio", mientras que a los ciudadanos se les pide "sacrificios". Y como guinda de este pastel, una idea que cada vez se repite con mayor fuerza: el Green New Deal.

El Green New Deal se ha convertido en poco tiempo en la bandera bajo la cual se quiere agrupar a todo el mundo, es la respuesta a nuestros problemas que todo el mundo parece aceptar. La última sesión de la COP25, este viernes, está dedicada al Green New Deal. No casualmente, el Parlamento Europeo, a instancias de la nueva Presidenta de la Comisión Europea, va a debatir hoy mismo un Green New Deal para Europa. El Green New Deal es el Plan A, es la tabla de salvación, es la gran solución a nuestros problemas, es el programa de futuro al cual todos debemos adherirnos.

Solo hay un problema.

El Green New Deal es un fiasco total. No tiene ningún sentido, no aborda en absoluto los problemas reales que tenemos. El documento original es de una vaciedad hiriente. La falta de contenido real, siquiera de comprensión de la situación general, hace que esas palabras, Green New Deal, realmente no signifiquen nada en absoluto. O en realidad sí. Porque el planteamiento que de una manera cada vez más o menos abierta se está haciendo del Green New Deal es una idea ya conocida y en su momento denostada porque no iba a la raíz del problema y en realidad lo agravaba: el Capitalismo Verde. El Green New Deal es, ciertamente, el Capitalismo Verde versión 2.0; pero incorpora algunas ideas nuevas que son muy preocupantes. Así, si en el Capitalismo Verde versión 1.0 el planteamiento era que podíamos mantener tal cual el capitalismo (a pesar de que la finitud del planeta contradice por completo un sistema económico basado en el crecimiento perpetuo), simplemente substituyendo las energías fósiles por energías renovables, el planteamiento del Green New Deal es que no basta con esa substitución, sino que además va a hacer falta algunos sacrificios, sobre todo a corto plazo. Sacrificios que se le están pidiendo a la ciudadanía, porque sobre todo lo que no se puede comprometer es el crecimiento económico.

Ese discurso del "sacrificio necesario" obviamente no es muy estimulante y por supuesto genera contestación social, que probablemente se irá haciendo más fuerte a medida que se vaya implementando este plan. Está claro que es algo que se ha intentado evitar tanto como se ha podido, pero ya estamos en una situación de emergencia y no va a quedar más remedio que tomar medidas drásticas, duras e impopulares. Pero la emergencia no es la climática (ésa es una urgencia, pero no es algo realmente inesperado). La verdadera emergencia es el peak oil.

Recordemos los hechos clave.

La Agencia Internacional de la Energía lo avisó claramente en el informe anual de 2018 (aunque este año lo hayan disimulado): de aquí a 2025 la producción de petróleo podría llegar a caer de tal manera que no cubriese hasta el 32% de la demanda en el peor de los casos. Según la propia AIE, se espera que se produzcan diversos picos de precios antes de 2025 y puede haber problemas de suministro en algunos países.



De hecho, si las petroleras continúan su desinversión creciente la situación de la producción de petróleo para 2040 podría ser catastrófica.



Conviene no olvidar que el petróleo representa un tercio de toda la energía primaria consumida en el mundo, que el carbón (segunda fuente en importancia, con casi el 30%) también está en retroceso, que exactamente lo mismo le pasa al uranio y que el gas natural llegará a su máximo probablemente la década que viene. Las fuentes de energía que nos proporcionan el 90% de toda la energía que se consume hoy en día están tocando su máximo producción, y en las próximas décadas irán dándonos cada vez menos energía, en una caída que a veces será más paulatina y otras veces será más rápida. Y a pesar de tantas exageraciones publicitadas en los medios, las energías renovables no están en disposición de producir tanta energía, y mucho menos en tan breve plazo.

El hecho es que las compañías petroleras están retirándose del negocio del petróleo, pero no por conciencia ecológica, sino simplemente porque no hay negocio. Las fuentes de hidrocarburos líquidos que nos quedan son cada vez más caras y poco rentables (no solo económicamente, también energéticamente). Ya lo dijo Antonio Brufau, presidente de Repsol, en unas declaraciones al Financial Times el año pasado: Repsol ya no va a invertir en buscar nuevos yacimientos porque no son rentables. Y cuando hace unos días Jon Josu Imaz, Consejero Delegado de Repsol, anunció que van a provisionar casi 5.000 millones de euros este mismo año (lo que les mete en pérdidas) para cubrir la devaluación de sus activos (yacimientos de gas y petróleo) no es por su objetivo de ser "neutrales en carbono" para 2050, como anuncian, sino porque simplemente saben que en realidad la mayoría de ese gas y petróleo no es producible porque no es rentable ni energética ni económicamente.

La situación es, en realidad, muy apurada. Al inminente (si no se ha producido ya) peak oil del mundo le acompaña la situación aún más grave del diésel: la producción de diésel lleva ya cuatro años estancada y probablemente ha comenzado ya su declive, anticipándose por tanto al declive del petróleo.



Ese declive más temprano del diésel es debido a que los petróleos no convencionales, introducidos en los últimos años para compensar la caída del petróleo crudo convencional (recordemos que el petróleo crudo convencional ha caído desde su máximo de 70 millones de barriles diarios -Mb/d- en 2005 a menos de 67 Mb/d actualmente), no son tan buenos para producir diésel. Por eso la producción de diésel cae antes. Y recordemos las graves consecuencias económicas que tiene ya y va tener el retroceso del diésel.

Ésta es la situación, y ésta es la verdadera emergencia, el problema que pasa desapercibido al común de la ciudadanía: nos estamos quedando sin energía fósil y las renovables no pueden, ni de lejos, cubrir un vacío tan grande. Un problema que, si se entendiera de verdad, explica por qué el Green New Deal es solo una capa de maquillaje para evitar abordar el problema de fondo, a saber, que no se puede mantener el capitalismo tal y como lo hemos entendido en las últimas décadas. Porque si se aceptase que en realidad hemos empezado el inevitable declive energético, entonces se tendría que empezar a hablar sobre cómo afrontar el postcapitalismo, en qué vamos a hacer a partir de ahora. Y en ese caso seguramente el esfuerzo a hacer se tendría que repartir de otra manera, porque ya no valdría el argumento de que se tiene que proteger a las empresas para mantener el crecimiento económico, ya que solo con crecimiento económico se pueden resolver problemas como el paro o las desigualdades sociales. En un mundo en decrecimiento energético, el decrecimiento económico es inevitable: ésta es la realidad física inexorable. Por tanto, si el crecimiento económico ya no será posible (no de manera duradera), el debate cambia de raíz, y el foco se tendría que poner en el replanteamiento del sistema productivo, económico y social; en cómo garantizar el bienestar y los derechos a la mayoría de los ciudadanos. Porque mientras que el foco se ponga en favorecer la actividad económica y a las empresas para poder tener ese crecimiento económico ya imposible, lo que va a suceder es que se van a reducir ese bienestar e incluso esos derechos; encima, a pesar de ello y de todas maneras, sobrevendrá el decrecimiento económico.

Ése es el debate que se hurta de todas las miradas aunque sus signos sean evidentes, a plena luz del Sol. El decrecimiento es inevitable, pero se intenta disfrazar de otra cosa para no cambiar las estructuras de poder, para no tener que hablar de cómo distribuir esta carga de una manera más equitativa. Por eso se dicen las cosas que se dicen, para disfrazar los síntomas de nuestro inevitable declive. Por eso se anuncia el pico de la demanda de petróleo y en general de energía, porque "los consumidores, concienciados, pretenden disminuir las emisiones de sus coches", cuando en realidad el grueso de las emisiones lo produce el transporte y no el vehículo privado. Se pretende hacer creer que los ciudadanos se van a pasar a la quimera imposible del coche eléctrico, cuando en realidad lo que va a pasar es que no van a poder permitirse tener un coche propio (excepto los ricos, claro, que esos sí que van a tener coche que alimentarán con placas fotovoltaicas subvencionadas por todos nosotros). Se nos dice que la conciencia ciudadana va a hacer que en las grandes ciudades se utilice más el transporte público, sin explicar que ya está saturado y que es insuficiente para cubrir las necesidades de tanta gente que viven en ciudades dormitorio y urbanizaciones crecidas al calor de la pasada abundancia energética. En suma, se hace creer a la ciudadanía de que se van a poder hacer ajustes para mantener el sistema capitalista tal cual, cuando en realidad éste está tocado de muerte y si nos empeñamos en mantenerlo va a causar mucho más dolor y sufrimiento, y pondrá en peligro hasta el concepto mismo de democracia.

Como colofón de mi implicación en los actos que el CSIC ha organizado con motivo de la COP25, ayer participé en una mesa redonda celebrada en la Residencia de Estudiantes, en la que un grupo de científicos proponíamos a los políticos medidas concretas para luchar contra el Cambio Climático (en realidad, yo siempre voy más allá y hablo de Crisis de Sostenibilidad, que incluye todos los problemas ambientales - no solo el Cambio Climático - y también el problema de la escasez de recursos, de biodiversidad, de acceso al agua, de salud, de equidad, y así un largo etcétera). Yo incidí en un dato que me parece preocupante: unos días antes de la COP25 la ONU anució que para tener un 66% de no superar el peligroso umbral de 1,5ºC de calentamiento respecto a la temperatura de la época preindustrial se necesitaba que de 2020 a 2030 las emisiones de CO2 se redujeran un 7,6% anual. Eso quiere decir que de aquí a 2030 tendríamos que reducir las emisiones un 55%. Como comenté, con la tecnología que tenemos hoy en día y en tan breve lapso de tiempo, eso no es posible si no va acompañado de una disminución del consumo de energía de un tamaño semejante, quizá no del 55% pero desde luego no lejos del 40%. Piensen que la Gran Recesión supuso una caída (momentánea) del consumo de energía global del orden del 8%; aquí estamos hablando de 5 veces más y además con carácter permanente. Es difícil imaginar la magnitud de la contracción de la actividad económica que sería necesaria para conseguir tal objetivo, pero eso es a lo que deberíamos de aspirar. Eso solo tiene un nombre, por más que se quiera ocultar: Decrecimiento. Una periodista asistente quiso que cada uno de los miembros de la mesa (éramos 8) dijéramos qué, concretamente, propondríamos a los políticos para hacer frente a esta crisis de sostenibilidad. 6 de nosotros lo dijimos con toda claridad: Decrecimiento. Ésa es la realidad, no solo necesaria pero inevitable. Ésa es la verdad que se esconde cuando está a la vista de todos.

Salu2.
AMT

domingo, 8 de diciembre de 2019

El pico del diésel: Edición de 2019



Queridos lectores:

Hace ahora poco más de un año presenté la versión actualizada de "El pico del diésel", cuya edición original data del 2012 y su primera revisión del 2015. En aquellos primeros posts se señalaba que, de todos los combustibles que hoy en día se derivan del petróleo, probablemente el diésel sería el primero en acusar la creciente falta de petróleo de calidad y por tanto sería el primero en mostrar una caída en su producción. El año pasado, "El pico del diésel: Edición de 2018" causó un gran impacto, debido a que los indicios que en él se presentaban mostraban no solo que el diésel está en una situación de estancamiento desde 2015 e incluso con tendencia a caer, sino que además el resto de los fuelóleos están en severo declive desde 2008, con una caída del 25% desde el máximo. El hecho de que los otros destilados medios retrocedan tan deprisa lo interpretamos como un síntoma de que se está haciendo todo el esfuerzo posible para convertir todo lo que se pueda en diésel, y a pesar de eso la producción de este combustible no acaba de despegar.

Todo indica que estamos, efectivamente, llegando a ese momento crítico para la civilización industrial que representa la caída paulatina de la producción de diésel. El diésel es fundamental no solo para una parte de la automoción privada (mayoritariamente dieselizada en Europa, pero no así en el resto del mundo), sino sobre todo para los camiones, maquinaria pesada, tractores y barcos. El diésel es, verdaderamente, la sangre de nuestra civilización y si él comienza a faltar nuestra economía puede sufrir una verdadera isquemia.

En general, teniendo en cuenta que los datos son revisados hasta dos años después de su primera publicación, y que los ciclos de las materias primas son lentos, se recomienda tomar períodos de al menos 5 años para evaluar tendencias. Pero debido a la importancia del momento en cuestión, he decidido que conviene revisitar los datos del diésel y reevaluar su situación con mayor frecuencia.

Al igual que el año pasado, tengo que agradecer a Rafael Fernández Díez que haya efectuado la penosa tarea de compilar los datos y de haber aplicado la ventana móvil anual centrada que nos sirve para desestacionalizarlos. Es una ayuda inestimable, porque con mi poco tiempo disponible su trabajo me ayuda a centrarme en la discusión, que en todo caso en el post de hoy será bastante breve.

Como siempre, los datos han sido extraídos de la base de datos de la Joint Oil Data Initiative (JODI), que como ya sabemos tienen sus limitaciones, y en particular que la cifra que usamos es seguramente una ligera subestimación de la cifra real, pero que aún así las tendencias que muestra son probablemente correctas. 

Comencemos por la gráfica actualizada de la evolución desestacionalizada de la producción de diésel (entendido, como siempre, como gasoil y diésel).



Si se fijan en la gráfica que enseñábamos en la edición de 2018, la curva es completamente coincidente hasta principios de 2017. En la presente edición, la curva remonta un poco durante 2017, de modo que en 2018 se vuelve prácticamente a los valores de producción de diésel de 2015, y en los últimos meses la curva muestra una tendencia a caer. Las variaciones entre los datos de un año y los del siguiente son porcentualmente pequeñas (unos 0,2 millones de barriles/día o Mb/d, lo que representa menos del 1% de la producción), y son perfectamente razonables teniendo en cuenta las revisiones de los datos. Es de esperar que el año que viene los datos del 2017 ya estén consolidados y veamos aún alguna variación en el 2018.

La situación es la opuesta en el caso del resto de destilados medios.



En este caso, se observa un empeoramiento consistente con respecto a los datos del año pasado, de modo que a principios de 2019 la producción de fuelóleos ya habría tocado los 6 Mb/d, una caída que ya llega al 28% desde los máximos de 2008.

En resumen, los datos no aportan nada sustancial con respecto al año pasado, salvo el hecho de que la tendencia parece consolidarse. Si alguien se esperaba que las tendencias que reportábamos el año pasado fueran un mero efecto estadístico, tenemos malas noticias para él o ella: los nuevos datos parecen confirmar los mensajes que dimos el año pasado, a saber: La producción de diésel sigue esencialmente estancada, en una meseta ondulante, con una posible tendencia al descenso en los últimos meses - tendencia que no podremos confirmar hasta que no pasen un par de años al menos. Por el otro lado, los otros fuelóleos consolidan e incrementan su caída, lo cual trae muchos malos presagios. Y esto a pocos días de que entre en vigor la nueva regulación marítima internacional, que obligará a los buques a usar destilados medios con bajo contenido de azufre, ya prácticamente equiparables al diésel, lo que generará una presión brutal sobre el diésel en el mercado de combustibles.

Salu2.
AMT

martes, 3 de diciembre de 2019

Latinoamericaos

Queridos lectores:

Demián Morassi nos ofrece esta semana un análisis sobre lo que está pasando en Latinoamérica, y por qué se están extendiendo las revueltas por todo el continente. Una lectura más que recomendable.

Salu2.
AMT


Latinoamericaos 
Por Demián Morassi

¿Qué está pasando en Latinoamérica? 
Pero no en este fin de año, sino desde el año 2015. 
¿Todos los partidos políticos son malos, por eso la gente vota a los opositores? 
El 2019 termina con 14 años del Frente Amplio en Uruguay
Pero antes en Argentina y Brasil tanto el peronismo (12 años) como el PT (13 años) cayeron en las elecciones ante pequeños partidos de derecha.
Macri tampoco pudo ser reelecto y Temer (el vice que renegó de su coalición) ni siquiera se atrevió a postularse como candidato. 
Perú, Chile y Paraguay también han cambiado sus signos políticos y hasta México se sacó décadas de presidentes neoliberales votando a López Obrador. 
Ni hablar de las grandes manifestaciones para sacar a sus gobernantes en Nicaragua, Haití, Puerto Rico y Venezuela. 
Y ahora estallidos en Ecuador, Chile, Colombia y para coronarla: un golpe de estado en Bolivia.
Si bien encontraremos respuestas válidas asociadas a la corrupción, la caída del precio de los commodities, injerencia externa, políticas impopulares e incluso cuestiones climáticas, todas válidas según el país en cuestión, ya no se puede ignorar más un tema transversal a toda nuestramérica
El declive energético.
No son casuales la quita de subsidios al gas y la electricidad decididas por Macri en 2016 (que acarreó un aumento del 1000% en dos años), ni el gasolinazo de Peña Nieto al comenzar el 2017, ni el abrupto aumento de todos los combustibles en Haití que le costó el cargo al primer ministro Lafontant o la quita de subsidios en Ecuador que llevó a que se duplique el precio del combustible hasta que las protestas revirtieron la medida y en Chile, un aumento del precio del transporte público (4% aproximadamente pero en uno de los países con el transporte más caro de la región) fue la gota que rebalsó el vaso para que empiecen las manifestaciones más grandes de las últimas décadas.
Todas estas decisiones aluden a un trasfondo energético que tiene su momento de click, en el 2015.
La región depende para toda lo que extrae, produce, construye, transporta y consume de abundante energía. 
La producción de energía llegó a su límite. Rondaba los 800 millones de TEP (toneladas equivalentes de petróleo) en el 2000 para subir a 980 millones en 2014. Ese año coincidió el pico de la producción de gas y de carbón, sumándose a una meseta en la producción de petróleo que llevaba para ese entonces 17 años.
Desde 2015 cada año se produce menos energía e incluso con el aumento de las denominadas renovables no se ha podido compensar la caída. Para 2018 se producían 894 millones de TEP, lo cual es una impactante caída del 9% en sólo 4 años.
Pero el desarrollo económico de la región durante este siglo permitió que, a pesar de ello, el consumo siga creciendo y pase de 616 millones de TEP en el 2000 a cantidades semejantes a la producción en 2018.
El resultado del encuentro entre la caída de la producción y un reciente estancamiento del consumo es un cocktail explosivo tanto para los gobernantes y el sector industrial como para las poblaciones.


[Para nuestro reporte estadístico sobre energéticas en Latinoamérica y Caribe leer aquí]
Latinoamérica y Caribe, una región hasta ahora exportadora de hidrocarburos, aún tiene la capacidad de autoabastecimiento pero se encuentra entre la espada y la pared para conseguir los dólares necesarios para las importaciones. 
Dentro del capitalismo las opciones parecen ser: a) avanzar con otras actividades extractivas y si es necesario incendiar el Amazonas; b) una más sutil, endeudarse y ajustar.
Para endeudarse hay que conocer el paño y los gobiernos neoliberales se manejan más cómodos que los progresistas (sobre todo para ajustar)... El resultado es que los partidos progresistas que subsistieron a las elecciones después de 2015 se liberalizaron rápidamente (especialmente Dilma Rousseff y Lenin Moreno).
La deuda creció y debido a los préstamos recibidos el PBI de la región se visualiza apenas positivo. Si bien cayó un poco en 2015 y 2016 luego levantó… podría decirse que se mantiene en una meseta desde ese 2014 hasta hoy. 
Pero, a pesar de un crecimiento poblacional extremadamente bajo (cerca del 1%), el PBI per cápita no volvió nunca y quizás nunca lo haga, a los valores de 2014.
Subtitulando: cada vez hay menos posibilidad por habitante de acceder a energía o a dinero.

La deuda externa en nuestra región se ¡duplicó! entre 2009 y 2018. En porcentaje del PBI, pasó de un 22,3% en 2011 a un 37% en 2018.
Resumiendo, nuestro PBI ha aumentado con respecto a 2014 un 0,5% mientras que la deuda externa bruta aumentó, en ese mismo periodo, un 12,5%.
La región tiene que presupuestar cada año más dinero a los pagos de vencimientos de deuda que equivale a menos dinero en inversiones productivas y, sobre todo, para el bienestar social.
Las previsiones de la CEPAL para 2019 son de un crecimiento vertiginoso del 0,1% (en julio el pronóstico era del 0,5% y podría apostar que los números del año que viene van a venir precedidos por el signo “menos”).
Aún está por verse qué límites tiene la economía global para seguir creciendo y cuánto de ese posible crecimiento beneficiará a nuestra región. Durante los últimos dos periodos de estancamiento económico de la región (1981-1990 y 1998-2003) donde el crecimiento de la era menor al 2% anual, la deuda en relación al PBI trepó a valores superiores a los actuales (más del 40%), sin embargo la variable energética tenía un horizonte de crecimiento que hoy ya es hora de ponerla en duda. Podría dejarles un margen de incógnita a corto plazo porque en 2018 los principales hallazgos de petróleo y gas han sido en nuestra región (Guyana y Brasil principalmente), además de existir el potencial de reflotar la producción de petróleo en Venezuela que este año cayó a valores semejantes a los de Colombia o Argentina (un 25% de la producción que venía manteniendo entre 2007 y 2016) ya no por cuestiones geológicas sino político - económicas.
Pero con sólo observar el caos actual podemos darnos cuenta que hubo falta de previsión.
No es raro que nuestra sociedad y los profesionales alrededor de los gobiernos y empresas aún no sepan cómo actuar luego de un siglo y medio de crecimiento económico apenas interrumpido pero de a poco debería dejar de sucederles y quienes investigan e informan a las poblaciones deberían cambiar un poco la óptica.
Esto que habitualmente llamábamos recesión debemos empezar a caracterizarlo como decrecimiento. Un “receso” es un paréntesis o corte a una normalidad (las vacaciones en medio de un año de trabajo por ejemplo) y, por tanto, el término recesión es útil para explicar declives cuando el crecimiento es la norma... Pero ¿qué sucede si deja de serlo?
Desde un punto de vista ambiental el declive energético es más que deseable y desde un punto de vista social más a largo plazo que los cuatro o seis años que dura un presidente, también... siempre y cuando a las personas no las maten por esperar un pedazo de la torta más grande o bien el pedazo que se les ha ido quitando durante años y hasta siglos en algunos casos.
Hay números de muertos, heridos y detenidos que hielan la sangre, hay unos doscientos treinta chilenos que perdieron los ojos por disparos de las fuerzas de seguridad, volvieron las desapariciones y los militares diciendo a un presidente lo que debería hacer, volvieron los EEUU a meter sus narices sin tapujos en Latinoamérica, el FMI volvió con todo en Argentina, Haití y Ecuador, las iglesias cristianas se han encaminado al poder con Maduro, Jimmy Morales, Bolsonaro y Áñez. Volvieron las torturas y violaciones en cárceles. Grupos de poder tradicionales o superconcentrados tratando de rapiñar lo creado, construido y organizado por Estados medianamente democráticos, luego de salir de décadas de dictaduras militares.
La imposibilidad de crecimiento genuino, si es que se convierte en la norma, no implica que las mayorías no dejen de intentar aumentar su bienestar, sobre todo si tenemos claro que la región, a pesar de haber mejorado en términos de equidad durante todo el siglo, mantiene niveles de desigualdad suficientemente altos (sobre todo por concentración de altos niveles de riquezas en muy pocas manos).
Ese conflicto de intereses desearíamos que se desarrolle pacíficamente pero esta es la realidad actual y de ella tendremos que sacar nuestras conclusiones sobre lo que se hizo y lo que se deberá hacer. Cuando debatimos si determinados subsidios a la energía (combustible, luz, gas) son absolutamente aberrantes porque promueven el derroche (o la falta de cuidado) o porque hay que ajustarlas a los costos cada vez más elevados de su producción, tenemos que poner el ojo en cómo se sale del esquema de subsidios para que los nuevos costes de los usuarios se transformen en mejoras para las mayorías y no en simples aportes para las empresas privadas, la elite asociada a los gobiernos de turno u otros sectores concentrados de la economía. Tanto en Argentina como en Ecuador la quita de los subsidios se dio por decreto, sin debate en el congreso, lo que terminó en conflictos donde se tuvo que dar marcha atrás para, más adelante, encontrar una solución acorde a los distintos intereses en pugna. Pero es claro que estos han sido sólo los primeros ejemplos para comprender que estamos en otra fase de relación entre la sociedad y la energía cuya interacción dependerá tanto de cuestiones geológicas y ambientales como de políticas económicas. El puntapié se dio en 2015 y ahora nos metimos un gol en contra (o autogol).

viernes, 29 de noviembre de 2019

Uno por uno


Queridos lectores:

Como muchos de mis lectores saben, tengo dos hijos. Hace tiempo referí aquí algunos de mis diálogos con la mayor, y en esta ocasión es el menor el que me dará el motivo para escribir este post. Mi hijo estudia en la actualidad tercer curso de primaria, que es típicamente el momento en que se aprenden las tablas de multiplicar. A él, que tiene interés por todo, le gusta a veces aprovechar nuestros paseos del colegio a casa y de vuelta para ir practicando conmigo las tablas, porque tiene una prisa loca por aprender a multiplicar y a dividir. Y yo, con cierto orgullo de la profesión (al fin y al cabo, yo soy matemático también) le ayudo a irlas repasando. Por eso me quedé helado el otro día cuando mi mujer me comentó que en el colegio, durante la reunión de padres, les habían comentado que, sobre todo, no estudiaran las tablas. Según parece, este año están siguiendo un sistema pedagógico diferente, en el que se trata de que los niños aprendan basándose en una aproximación diferente, más parecida al método del aprendizaje basado en problemas y mucho menos memorístico. Yo no tengo ningún inconveniente en que se introduzcan métodos alternativos a los clásicos, los cuales ya sabemos que tienen muchas limitaciones, y lo cierto es que el niño está aprendiendo mucho y además sabiéndolo relacionar (aunque me queda la duda de si este método será tan eficaz con niños a los que les cueste más). Lo que me dejó completamente patidifuso fue el argumento que, según me comentó mi mujer, le dieron para que los niños no practicaran las tablas de multiplicar. Según parece, en opinión de quién ha hecho este programa docente, estos niños no van a necesitar memorizar tantas cosas porque podrán acceder a internet cada vez que necesiten saber alguna cosa, incluso cuando necesiten hacer algún cálculo, y que por tanto lo importante es que aprendan cómo buscar, y así podrán tener su mente menos ocupada con conocimientos que, en el fondo, no son tan útiles ya que son fácilmente accesibles a voluntad.

Teniendo en cuenta las cuestiones que discutimos en este blog, no puedo estar en un mayor desacuerdo con esos planteamientos. Más aún, me parecen extremadamente peligrosos, porque dejarán a nuestros hijos mucho menos preparados delante del futuro que van a experimentar, que es muy diferente de aquél que los grandes pedagogos y pensadores contemporáneos imaginan.

No se equivoquen con la naturaleza de mi crítica y, sobre todo, con la naturaleza del crítico, en este caso yo mismo. Yo soy todo lo contrario a una persona ajena u hostil a las Tecnologías de la Información. Tuve mi primer ordenador, un ZX Spectrum 64Kb, cuanto tenía 14 años, y desde entonces he programado sin parar, primero en Basic, después en código máquina del Z80 (el procesador del Spectrum), después en Fortran, en C, en Matlab y en IDL; y aprendí también HTML, PHP, Java y C++, aunque no los uso mucho. Con 20 años, di clases particulares para poder comprarme una calculadora programable a la que tengo mucho cariño, auque ya no funcione. Utilizo internet desde que empecé la tesis, con 24 años, y en aquel entonces, hace un cuarto de siglo ya, accedí a los primeros ordenadores conectados a la red que vi en mi vida. Tuve mi primer teléfono móvil poco después, cuando aún era una rareza. Mi ordenador funciona con Linux, que me instalé y mantengo yo mismo, como llevo haciendo desde hace muchos años, a través de múltiples distribuciones (Red Hat, SuSE, Debian, Ubuntu); y aunque detesto el Windows mantengo los ordenadores de mi familia y allegados. Programo procesadores de datos científicos, usando a veces sistemas de computación masiva con acceso regulado por colas, y obviamente soy bastante diestro con el bash scripting. Trabajo intensamente en una misión de la Agencia Espacial Europea, SMOS, en la que tenemos que resolver innumerables cuestiones que van desde la electrónica del instrumento hasta el procesamiento de datos más avanzado.

Por resumir: las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) forman una parte integral y fundamental de mi vida y de mi trabajo. Y por dejarlo claro, por si alguien pudiera llegar a pensar lo contrario, yo no me opongo a las TIC, ni considero que sean perniciosas per se.

Y, sin embargo, yo creo que las TIC no tienen futuro. Al menos, no como se están planteando hoy en día.

En la actualidad, internet consume el 10% de toda la electricidad que se genera en el mundo, y para cumplir con los planes de expansión previstos ese consumo debería llegar al 20% en tan solo 5 años más. Eso sin contar con el coste energético de la fabricación en sí de los dispositivos, que de acuerdo con los pocos análisis existentes podría ser equivalente hasta a 5 veces la energía consumida en la utilización. Contando que la electricidad es aproximadamente un 20% de la energía final, el consumo de energía por internet estaría alrededor del 2% de la energía final mundial. En términos de energía primaria, como ésta suele ser un 30% mayor que la final, el porcentaje que representaría internet debería ser también menor; sin embargo, contando con que muchos servidores de datos se alimentan con centrales térmicas - en la mayoría de los casos, de carbón - el porcentaje final que representa internet podría llegar incluso al 3% de la energía primaria (debido a la menor eficiencia de la transformación de energía primaria en electricidad de las centrales térmicas). Contando con el proceso de fabricación de los dispositivos electrónicos, el consumo de las TICs estará probablemente en algún lugar entre el 10 y el 20% del consumo de energía primaria en el mundo (lo cual no es tan sorprendente, teniendo en cuenta que actualmente la fabricación de móviles es la mayor manufactura del mundo y que se estima que cada adulto de este planeta tiene móvil). Si los planes de expansión se cumplieran, hacia 2025 el consumo de las TICs se movería entre el 20 y el 40% de la energía primaria mundial, conviertiéndose así en la actividad humana que más energía consumiría, por delante incluso del transporte.

Sin necesidad de introducir otras consideraciones, cualquiera puede tener sus dudas de que se pueda llegar a esos niveles desaforados de consumo energético. Pero es que además, como hemos comentando frecuentemente en este blog, nuestro escenario más probable para los próximos años es el de descenso energético, es decir, que cada año tengamos menos energía por culpa del progresivo agotamiento y encarecimiento de las materias primas energéticas no renovables. Y si vamos a disponer de cada vez menos energía, parece más lógico pensar que ésta se va a destinar primero a usos más fundamentales que la simple navegación por internet. Por tanto, todo indica que las TICs, en vez de expandirse, tendrán que contraerse durante los próximos años. Probablemente no desaparecer, pero sí que racionalizarse y centrarse en aquellas aplicaciones más útiles.


Otra cuestión que merece tanta atención o más que la disponibilidad de energía es la disponibilidad de materiales. Los modernos dispositivos de TIC, y particularmente los teléfonos móviles, utilizan varias decenas de elementos químicos diferentes, y no todos son igual de abundantes o de disponibles. Algunos elementos (como la plata o el platino) son simplemente escasos, lo que limita el número total de dispositivos que se pueden construir al mismo tiempo. Otros elementos no son realmente escasos en la corteza terrestre, pero tienen la categoría de elemento traza, es decir, no forman depósitos geológicos concentrados sino que se encuentran muy dispersos. Estamos muy acostumbrados a la idea de la mina de oro o de carbón o de cualquier otra materia prima, y no caemos en la cuenta que si algunos elementos se han concentrado en ciertas zonas para crear filones ricos en el mineral de interés es debido a procesos físicos, químicos y geológicos que han favorecido ese proceso de concentración, pero que en general la formación de depósitos de gran riqueza de mineral es algo raro en la Naturaleza, y que lo más normal es que los minerales se encuentren dispersos, más o menos diseminados por toda la corteza y solo en concentraciones ligeramente superiores en asociación con algún otro mineral que, éste sí, presenta procesos de concentración. Muchos de los elementos que se usan en la fabricación de móviles, las famosas tierras raras, entran en esa categoría de elemento traza: no son propiamente "raras" en el sentido de escasas, pero sí en el sentido de "rarificadas" o dispersas. La explotación de las tierras raras es algo costoso y en el límite de la rentabilidad económica, y su producción anual es muy limitada, por lo que limitan la cantidad de dispositivos que se pueden fabricar cada año. Hace unos meses, coincidiendo con la celebración del Año de la Tabla Periódica, la Sociedad Europea de Química sacó una tabla periódica en la que se refleja la escasez y la disponibilidad de cada elemento, en la que además indicaron cuáles de ellos se usan, por ejemplo, en la fabricación de un móvil, lo cual resulta muy ilustrativo.




Hay otro aspecto que complica la expansión ilimitada de las TICs, y es la necesidad de emplear una tecnología muy sofisticada. Las obleas de silicio con las que se fabrican los chips tienen que tener un grado de pureza tal que solo se pueden producir en salas especiales con una limpieza extrema (salas blancas). Al final, para poder producir masivamente la ingente cantidad de chips que se consumen hoy en día y que el precio sea muy asequible ha sido necesario escalar las operaciones de modo que en el mundo quedan unas pocas gigafactorías desde las que se fabrican todos los chips que se utilizan en todos los dispositivos. Este ejemplo de las economías de escala llevadas a su máxima expresión hace que la fabricación de chips sea muy vulnerable, de modo que los más que probables vaivenes de la economía mundial y las cada vez más extendidas protestas sociales pueden poner un abrupto fin a este modelo, sin que sea fácil encontrar una alternativa que no pase por volver a diseños antiguos de menor rendimiento pero más sencillos de fabricar localmente.

Otro factor que se suele olvidar con demasiada frecuencia es la relativamente rápida obsolescencia de los sistemas de almacenamiento. Los soportes digitales de consumo masivo no están pensados para durar más de una o dos décadas; incluso las memorias USB y los discos externos más comunes tienen vidas útiles que difícilmente exceden los 20 años. Añádase a eso el ritmo enloquecido al que se consumen los discos duros que se utilizan en los grandes centros de datos, porque, efectivamente, los discos duros son hoy en día consumibles: cualquiera de los grandes centros de almacenamiento de datos ha de reemplazar varias decenas de discos duros cada día. Sin ese flujo continuo de nuevos discos de reemplazo, internet iría progresivamente "perdiendo la memoria", hasta el punto que en el plazo de pocas semanas comenzaríamos a tener problemas para realizar algunas búsquedas, y en un plazo de meses fallarían hasta búsquedas sencillas. Teniendo en cuenta todos los puntos comentados más arriba (consumo de energía, de materiales y vulnerabilidad del sistema de producción), confiar en que se pueda mantener la actual capacidad de buscar contenidos parece poco probable en un futuro nada lejano.

Otro de las ideas fuerza caras a los que están apostándolo todo a un futuro hiperrobotizado y automatizado es el progreso de las redes de telefonía de altísima capacidad, lo cual se corona actualmente con el nuevo protocolo 5G. La discusión de por qué introducir el 5G es lo más parecido en el ámbito de las telecomunicaciones a la construcción de los moais de la isla de Pascua, es decir, el canto del cisne antes del colapso, necesitaría de un post por si mismo. Baste decir aquí que para tener los anchos de banda gigantescos que tanto nos publicitan con el 5G se deben utilizar ondas electromagnéticas de frecuencias bastante superiores a las usadas actualmente, y que se asocian a longitudes de ondas milimétricas. La longitud de onda es un aspecto importante, porque la capacidad de una onda electromagnética de "sortear" un obstáculo depende de cómo de larga sea la onda. Las ondas de radio convencional, con longitudes en el rango métrico, pueden sortear fácilmente un vano como una ventana o una puerta, en tanto las microondas, con un rango centimétrico, se atenúan bastante si no hay una visión relativamente directa entre el emisor y el receptor, y si ya vamos al rango de la luz visible (escalas por debajo de la micra o milésima de milímetro) la energía está tan focalizada que coexisten una al lado de otra zonas iluminadas con zonas de sombra, simplemente dependiendo de por dónde y en qué dirección está pasando la luz. Se estima que con la tecnología 5G, usando las bandas de mayor frecuencia (y por tanto de mayor ancho de banda para transmitir datos más rápidamente) para poder tener una buena calidad de enlace receptor-emisor el número de antenas se tendría que multiplicar por 5 con respecto al estándar actual 4G. Además, en zonas de interiores se tendrían que disponer estratégicamente repetidores para poder mejorar la cobertura interior, ya que cada obstáculo (pared, puerta, etc) atenuaría mucho la señal. Con estos planteamientos, se ve claro que el 5G es una idea megalomaníaca que solo tiene sentido bajo la suposición de que el mundo tiene recursos ilimitados y que podremos tapizarlo con antenas para poder transmitir en 1,2 segundos la última película de moda.


Al final del día, la cuestión con respecto a las TICs es bastante sencilla: ¿cuál va ser la demanda real de esta tecnología, cuando todo lo demás falle, cuando en el mundo haya necesidades más apremiantes y acuciantes como es tener alimentos y agua potable en primer lugar, y por seguir tener trabajo, techo, educación, sanidad...? Lo más probable es que las TICs sean de las primeras tecnologías en sufrir el descenso al que estamos abocados, y que lo harán de manera más aguda. Ésa es por tanto la gran perversión de esta variante del mito del progreso, del Homo Invencibile. No vamos a la hiperrobotización, ni a la Singularidad. A pesar de tantas exageraciones e hipérboles que vemos en los medios, a donde realmente vamos es hacia la decadencia de las TIC.

La verdadera razón por la cual se ha puesto tanto el foco en las TIC durante los últimos años es porque constituyen el único nicho en el cual el desarrollo tecnológico de la Humanidad ha hecho progresos reales y significativos durante las últimas décadas. No hemos colonizado la Luna, ni mucho menos Marte. No estamos avanzando en la exploración espacial. No tenemos una electricidad "demasiado barata para ser medida", como se prometían los primeros proponentes de la energía nuclear. No hay coches voladores ni alimentos sintéticos que se produzcan apretando un botón. No hay nada de todos esos sueños tecnológicos de mediados del siglo pasado. Lo único que ha seguido progresando porque sí tenía margen para progresar mientras la cantidad de recursos y de energía que implicaba era moderada han sido las TIC. Eso explica ese énfasis de denominar a las TIC "nuevas tecnologías", cuando en realidad son tecnologías que tienen décadas de desarrollo. Se enfatiza que son "nuevas" porque son las únicas que realmente progresan, pero llevamos trabajando seriamente con las TIC más de 50 años. No son nuevas: simplemente, son las únicas que están vivas. Aún. 

Por todo lo dicho, es absolutamente necesario que nos replanteemos el futuro, un futuro que será, como dicen algunos, "menos tecnológico", queriendo decir que será un futuro donde la presencia de las TIC será menor. Es perentorio que enseñemos a nuestros hijos conocimientos que sí que les van a ser prácticos y útiles en un futuro que no es como lo esperábamos, donde no tendrán al alcance tantas máquinas para que les den de inmediato la respuesta a las cuestiones que se planteen, sino que ellos mismos deberán buscar esa respuesta a partir de su propio conocimiento y con medios más tradicionales. Y es que el futuro ya no es lo que era.


Salu2.
AMT 

Post Data: No querría acabar este artículo sin hacer una autocrítica importante. Precisamente porque hoy en día tenemos unas TICs tan potentes y poderosas yo mismo he podido escribir este artículo. Yo tengo conocimientos generales sobre los temas que hablo, pero para aclarar dudas y para poner los enlaces más convenientes he utilizado obviamente internet. Gracias a que existe internet este artículo tiene un nivel mayor que el que tendría si yo tuviera que fiarme de mi propia memoria y mis conocimientos. De hecho, de no ser por internet, ni siquiera Vds. podrían leer este artículo. No se confundan, por tanto: yo no denosto las TICs, y yo también las echaré de menos. Pero no se trata de lo que yo prefiero o lo que a mi me gustaría, sino de lo que, lamentablemente, va a suceder.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Explicando el peak oil de manera sencilla


Queridos lectores:

Hace unos días, un lector que había leído mi análisis sobre el último informe de la Agencia Internacional de la Energía me escribió para preguntarme si, en vista del planteamiento que hace la AIE este último año (por cierto, completamente contradictorio con lo que hizo el año pasado) tenía sentido preocuparse por el problema del descenso energético. A fin de cuentas, me decía, parece que hay grandes reservas de todas las materias primas energéticas, en particular de petróleo, y seguramente el problema en el que nos debemos centrar es en el del Cambio Climático.

Yo le escribí un largo mensaje en el que dejé a un lado la parte más rigurosa pero también más farragosa, intentando ser lo más claro y divulgativo posible para que entendiera por qué el problema del peak oil no tiene que ver con las reservas, sino con la capacidad de producir petróleo. Utilicé para ello metáforas y recursos que he ido elaborando a lo largo de estos años de divulgación, en numerosas charlas. En cierto modo, mi mensaje era un resumen estructurado de todos esos recursos para hacer el problema del peak oil más comprensible a todo el mundo.

Al acabar ese mensaje (que mi interlocutor me agradeció después), pensé que quizá merecía la pena compartirlo y lo colgué en Facebook. Tuvo un éxito como nunca antes lo ha tenido ninguna publicación mía, hasta el punto de que en pocas horas varias decenas de personas me pidieron amistad.

Como creo que ciertamente esa larga pero didáctica explicación podría tener un cierto valor, he decidido volver a copiarla en este post, de manera que quien la necesite en algún momento la pueda tener a mano. Éste es el único contenido real de este post. Y he aquí mi mensaje.


    Un tema recurrente en estas discusiones es el de confundir recursos con producción. Me explico.



    Hoy día en el mundo existen enormes, casi diría ingentes, recurso de hidrocarburos líquidos (nombre más apropiado que "petróleo", porque implican muchas sustancias diversas que no son completamente equivalentes).



    Si miramos solo el petróleo crudo convencional, hay suficiente como para abastecer el consumo actual durante unos 30 años.

    Si añadimos los petróleos extrapesados (bitumen), hay suficiente como para cubrir el consumo actual durante un siglo.

    Si añadimos los recursos contenidos en las lutititas y formaciones similares (el shale oil que se explota con fracking) hay suficiente como para alimentar el consumo actual durante más de dos siglos.



    Conclusión intuitiva: no hay ningún problema con el petróleo, por lo menos no inmediato. ¿Verdad?



    Éste es el enfoque de los medios de comunicación de masas, y ésa es la razón por la que me decidí a abrir el blog.

   

    ¿Cuál es la realidad?

   

    La realidad es que no importa cuánto haya en el subsuelo, sino a qué ritmo se pueda extraer. Es decir, cuál va a ser la producción. Le pondré un ejemplo.



    Imagínese que Vd. tiene sed y quiere beber agua. Yo le digo que tiene un vaso de agua disponible.



    Posibilidad 1: Hay un vaso lleno de agua. Vd. lo coge y se lo bebe. Eso es lo que hizo el mundo con el petróleo desde el siglo XIX hasta 1970.

    Posibilidad 2: El agua está derramada sobre una superficie lisa. Vd. coge una pajita y, con más esfuerzo que en el caso anterior, acaba consiguiendo beber el agua. Eso es lo que hizo el mundo con el petróleo desde 1970 hasta el 2000.

    Posibilidad 3: El agua está mezclada con arena. Vd. tiene que calentar la arena en un recipiente estanco, condensar el agua que se evapore y que acabe por un alambique en el vaso, y luego tiene que esperar a que se enfríe. El proceso no es perfecto, parte del agua nunca se evapora de la arena y parte se pierde porque sale en forma de gas al final del alambique o se evapora del vaso porque aún está bastante caliente, así que Vd. recupera 2/3 del vaso original. Además, el proceso es lentísimo y hace mucho calor, así que Vd. tiene cada vez más sed y ese proceso no le sacia. Eso es lo que he hizo el mundo con el petróleo del 2000 al 2010.

    Posibilidad 4: No hay agua líquida, pero yo le digo que Vd. la puede condensar del aire. Es un proceso muy lento e ineficiente, pero Vd. tiene sed y de algún lado tiene que sacar agua. El problema es que Vd. tiene que seguir bebiendo y la humedad relativa de la habitación va bajando. Aún queda mucha agua en el aire, pero cada vez la extrae más lentamente. Podría construir una megamáquina para "secar todo el aire" de golpe, pero realmente no tiene Vd. los recursos para hacer eso, así que se tiene que conformar con lo que hay. Eso es lo que está pasando con el petróleo desde 2010.



    Obviamente, en el mundo real tenemos una mezcla de las 4 posibilidades, desde los yacimientos sencillos de explotar (posibilidad 1) a los ridículamente caros de explotar (posibilidad 4), pero a medida que pasa el tiempo se nos van agotando los yacimientos sencillos y nos van quedando cada vez los más complicados.



    A veces te encuentras con economistas que te dicen que ok, que eso es cierto, pero que invirtiendo más dinero y con el progreso de la tecnología se va a conseguir hacer rentables y rápidos los yacimientos de la posibilidad 4. Es mentira. El problema no es la rentabilidad económica de los yacimientos, sino la rentabilidad energética (es decir, cuánta energía se gana por cada unidad de energía que se invierte en obtenerla). Si se gasta más energía que la que luego se extrae, olvídate, esa explotación no será rentable energéticamente y por tanto tampoco económicamente por razones obvias. Si se gana solo un poco más de energía, seguramente la explotación no será rentable económicamente, porque hay otros gastos. Para que un yacimiento se pueda explotar en la práctica has de ganar mucha más energía que la que gastas. Y en cuanto a la tecnología, la termodinámica impone límites al rendimiento de los procesos, límites que no se pueden superar, y ya estamos demasiado cerca de esos límites. No hay grandes mejoras a esperar (habrá mejoras, qué duda cabe, pero ya no serán grandes).



    Ésta es la situación en la que estamos. Los yacimientos de hidrocarburos líquidos que nos van quedando son de peor calidad y cuesta extraer el petróleo de ellos. Por ese motivo, la producción de petróleo ya no sube y probablemente bajará en picado en los próximos años. El petróleo no se va a acabar ni 30 años, ni 100, ni 200: durará muchos más siglos. Lo que pasa es que cada año vamos a disponer de menos cantidad. En las charlas siempre comento que la situación es parecida a la de una persona a la que le van reduciendo el sueldo. Al principio gana 2.000 euros al mes y esta persona está bien, tranquila. El año siguiente le bajan el sueldo a 1.800 euros al mes y, bueno, sigue bien. Al siguiente año se lo bajan a 1.600 y ya se comienza a enfadar. Al otro se lo bajan a 1.400, otro año más y se lo bajan a 1.200, al siguiente a 1.100, luego 1.000, luego 900, luego 850, luego 800, luego 775... Nunca deja de cobrar un sueldo, pero con lo que gana la vida se le hace cada vez más difícil. Ésta es nuestra situación: nuestro "sueldo energético" va a ir disminuyendo con el paso de los años y nosotros tendremos que aprender a vivir cada vez con menos.



    No espere un "punto de ruptura", las cosas no van a cambiar radicalmente de la noche al día, sino que será una caída paulatina aunque no precisamente lenta. Habrá momentos de disrupción, de caída más brusca, pero en general el proceso será bastante progresivo y se extenderá durante décadas. Aunque, en todo caso, la próxima década será bastante crítica.



    Así que, si ha entendido lo que le he explicado, sabrá que sí que tiene que preocuparse por el problema de los recursos.



      
Salu2.
AMT