miércoles, 23 de septiembre de 2020

Sale a la venta "Petrocalipsis".


Hoy, día 23 de septiembre de 2020, ha salido a la venta mi libro "Petrocalipsis: Crisis energética global y cómo (no) vamos a solucionarla". Ha sido publicado por la editorial Alfabeto, y quiero aprovechar estas líneas para agradecerles a todo el equipo de la editorial, y en especial a Miguel Salazar, su apoyo y entusiasmo en la aventura que para mi ha sido escribir este libro.

"Petrocalipsis" es un libro de ensayo, en el que he querido condensar las ideas más importantes de lo que se explica a lo largo y ancho de este blog. Dado que ya existe el blog, donde se ha explicado con gran profusión de datos y detalles técnicos los diversos vericuetos de nuestra crisis energética, "Petrocalipsis" tiene una orientación muy diferente. Mi objetivo al escribir el libro ha sido centrarme en los conceptos clave, y hacer fácilmente comprensible por qué las diversas alternativas energéticas que se han propuesto durante las últimas décadas no funcionan ni funcionarán, al menos no de la manera como hoy en día se las publicita. Por este motivo, es un libro parco en cifras, y en la medida de lo posible las cantidades se han referido de manera relativa unas de otras, para que sea más fácil comprender cuáles son importantes y cuáles no lo son.

La mayor parte del libro está dedicado al petróleo y a explicar por qué no sabemos dejarlo y por qué él nos va a dejar a nosotros, por más sustitutos que le hayamos intentado buscar. Este foco preferente en el oro negro es lógico porque el petróleo es la principal fuente de energía que se utiliza hoy en el mundo, difícil de sustituir en muchas aplicaciones y la primera de las materias primas energéticas no renovables en mostrar síntomas de agotamiento. En el libro también se explica por qué el petrocalipsis, es decir, la debacle que puede causar una rápida disminución de la producción de petróleo, es nuestro destino natural si no tomamos medidas inmediatas para contrarrestarlo.

El libro estaba terminado en enero de 2020, y la revisión acabada en marzo, pero la irrupción de la CoVid retrasó los planes de su lanzamiento. Eso tuvo un aspecto positivo para el libro, y es que pude escribir un capítulo adicional, explicando cómo la crisis de la CoVid está interactuando con la crisis energética y cómo está agravando una situación ya de por sí complicada, hasta el punto de acortarnos el plazo hasta el petrocalipsis e incrementar la urgencia del momento.

La cuestión de la crisis energética es muy compleja y llena de muchos matices, por lo que es completamente imposible abarcar ni siquiera una mínima parte de todos ellos en un librito de 200 páginas. Por tanto, en la discusión de cada propuesta de  solución energética o tecnológica que se aborda en "Petrocalipsis" me he centrado en unos pocos aspectos, generalmente dos o tres, que son los que más claramente muestran la imposibilidad de que las cosas vayan "según lo previsto". No se espere nadie, por tanto, encontrar en "Petrocalipsis" una discusión sobre las TREs de las diferentes fuentes o sobre la Paradoja de Jevons, o temas semejantes. Eso le quita profundidad al análisis realizado, pero seguramente le añade lectores.

Porque el objetivo de "Petrocalipsis" es llegar al lector que no lee este blog, haciéndole más cercanos conceptos un poco esquivos. De ahí el esfuerzo en hacer el tema un poco más divulgativo, de adoptar un enfoque más simple y conceptual. No ha sido una tarea fácil, y solo el tiempo dirá si el resultado final ha merecido la pena.

Tras muchos capítulos explicando machaconamente por qué no funciona esto y por qué tampoco funciona aquello, los últimos capítulos se dedican a poner la crisis energética en la perspectiva más amplia de la crisis de sostenibilidad (con el mayor foco en la crisis ambiental), y a proponer un marco diferente para el desafío de la crisis energética, alejado de las falacias del Green New Deal o del posibilismo tecnológico. Un nuevo marco de debate que sinceramente creo imprescindible y que espero que este libro haya contribuido a favorecer.


Antonio Turiel

Septiembre de 2020

lunes, 14 de septiembre de 2020

Nadie al timón

  

Queridos lectores:

Se acerca el final del verano en el hemisferio septentrional, y esta efemérides astronómica va a marcar muchos cambios en este agitado año 2020.

Las inquietudes de muchos están centradas en el impacto que el cambio de estación tendrá sobre la propagación de la CoVid en los países del norte (y también se dilucidará si, con suerte, la llegada de la primavera austral supone una mejora de la situación en los países del sur). La pandemia de este nuevo virus ha puesto patas arriba nuestro mundo, agravando la crisis económica que de todos modos tenía que sobrevenir. La angustia personal de las personas económicamente más vulnerables y la inseguridad que ha generado este evento inesperado han favorecido el afloramiento de discursos simplistas y falaces de escasa base científica y contraproducentes para lidiar con las dificultades del momento.

Pero mientras se discute intensamente sobre los galgos y los podencos de la CoVid, muchos otros fenómenos de impacto telúrico sobre nuestro mundo tienen lugar de manera bastante acallada.

Tenemos, por un lado, las quiebras masivas de compañías petrolíferas de mediano (y no tan mediano) tamaño. Solo en EE.UU., las quiebras de este año representaban, a principios de agosto, un pasivo de 55.000 millones de dólares.


La caída del sector petrolífero estadounidense es muy relevante porque, como comentábamos recientemente, la producción de petróleo de todo el resto del mundo lleva estancada desde 2015. Pero ni siquiera se puede echar la culpa de todo este hundimiento económico a la CoVid: lo cierto es que en EE.UU. las quiebras de compañías petroleras son muy onerosas desde al menos 2015, aunque bajaron desde 2016 gracias al apoyo de la Administración Trump.

Y ahora que el fracking muerde el polvo se empieza a hablar más alto y claro de las consecuencias del frenesí de la última década, y en particular el envenenamiento masivo de las aguas subterráneas. Pero ahora ya es tarde para lamentarse. 

La debacle no acaba aquí. Con la actual crisis económica y caída de la demanda, la degradación del sector petrolero está tomando una aceleración que va mucho más allá del ruinoso fracking estadounidense. A mediados de agosto quebró Valaris, la mayor compañía del mundo en operaciones de pozos de petróleo en el mar. La mayor compañía mundial de servicios al sector petrolíferos, Schlumberger, despide 21.000 personas y reduce drásticamente sus actividades. Y una de las grandes compañías petrolíferas del mundo, Exxon, se ha visto expulsada del Dow Jones después de un siglo formando parte de ese selectivo índice bursátil. Los días de gloria de la industria del petróleo quedan atrás, y no volverán. Y con la caída de la industria del petróleo, no hay esperanza para la recuperación de la economía.

Tan grave es la situación del sector del petróleo, y tan incierto el mercado de la energía, que la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha tomado dos decisiones sin precedentes con respecto a su próximo informe anual, el World Energy Outlook 2020. Por una parte, adelante su publicación un mes (saldrá el 13 de octubre). Por la otra, aunque mantengan la proyección temporal de sus escenarios de previsión en los próximos 25 años, el foco de la discusión se centrará en los próximos 10; más aún, ofrecerán datos detallados de esos escenarios (que yo analizaré gustoso cuando llegue el momento). Tal cambio de perspectiva en la predicción es un claro indicio de que estamos en un punto de transición: en cualquier sistema físico, un cambio de fase significa un límite en el horizonte predictivo. La nueva estrategia de la AIE es un reconocimiento implícito de que, llegando al peak oil, no se pueden hacer predicciones a largo plazo. Forzada por las circunstancias, la AIE reconoce, a su manera, que estamos en el umbral de un cambio de grandes dimensiones.

Y si mala es la situación en el sector de la energía, que alimenta a tantos otros, ¿qué decir del resto de actividades económicas? En España el tráfico áereo se ha reducido a menos del 10% de lo que llegó a ser (sí, una caída del 90%), y en el mundo en su conjunto se le estima una caída de alrededor del 60%, en consonancia con la caída del turismo mundial. El sector del automóvil (principal manufactura de los países más desarrollados) registra un hundimiento de más del 95% en Europa y del 90% en EE.UU. Y todo así. Se intenta mantener una apariencia de normalidad, pero cuando en octubre se proyecten los balances anuales, muchas compañías de todos los sectores económicos y de todos los países quebrarán, con consecuencias funestas. Estamos en medio de una crisis económica que hará palidecer a la del 2008.

Esta hecatombe económica, tan profunda y tan rápida, obviamente está creando una oleada de pobreza y riesgo de exclusión. La tensión social va a ir creciendo, inevitablemente, en los próximos meses, y si no se gestiona correctamente se pueden crear nuevos problemas de inseguridad ciudadana, sobre todo en aquellos países con menores sistemas de protección social...

Entre tanto, la crisis ambiental no da tregua. Este agosto vimos un fenómeno inusual: dos huracanes entraron simultáneamente en el Golfo de México. Entre tanto, los incendios en la Amazonia son aún mayores que el año pasado (aunque los medios no lo publiciten tanto) y en California la extensión de los fuegos forestales es tal que las estampas de San Francisco recuerdan a la película Blade Runner 2049.

 

Y en el Ártico, la evolución de la extensión del hielo marino ese año se ha parecido mucho a la del 2012, año que marcó el mínimo por culpa de una tormenta persistente que destrozó grandes extensiones de hielo (circunstancia que no ha concurrido este 2020).



Y así todo; las noticias ambientales tampoco dan un respiro.

Como ven, el mundo parece ir de mal en peor, en un proceso que no acaba de comenzar, sino que lleva ya años e incluso décadas de desarrollo.

Delante de este caos creciente (y recientemente acelerado), no es raro encontrarse con dos posiciones extremas, opuestas pero paradójicamente con un nexo común. Una de esta posturas es la habitual entre los neoliberales y anarcocapitalistas: lo que sucede es normal y todo se autorregulará, típicamente gracias al mercado y al ingenio humano. La otra postura es más del gusto de los amantes de las teorías de la conspiración: todo lo que sucede es fruto de un plan malvado, ideado por odiosas corporaciones.

Ambas ideas pecan de simplistas, de negar la existencia del caos en el orden establecido. En ambos casos existe la ilusión del control, la idea infundada de que alguien está al cargo y, o bien ya se encargará de arreglarlo todo (según los primeros), o bien es el culpable de que todo haya ido mal (según los segundos). En ambos casos la idea de que hay cierto control es reconfortante, incluso en el segundo: es preferible creer que todo esto es orquestado, porque así habría alguna posibilidad de re
conducir la situación. Alimenta esta segunda posición el hecho cierto de que los grandes poderes económicos se aprovechan de situaciones como ésta para aumentar su riqueza y su poder; pero de ahí a creer que todo es un plan perfectamente preparado media un abismo total. Por ejemplo, en el caso de la actual pandemia de CoVid-19, pensar que el virus fue preparado en un laboratorio para causar la situación actual no tiene ni pies ni cabeza: como arma biológica es una auténtica birria, con su baja mortalidad; como mecanismo de extorsión económica tampoco es muy eficaz, porque al final acaba afectando a todos los países y no puedes evitar infectarte tú mismo. Y sin embargo hay un montón de gente que insiste en que todo responde a un plan, porque en el fondo les da mucho más miedo que no haya un plan y que en realidad lo que tenemos son las limitaciones que nos imponen el mundo físico y la cutrez gestionando las crisis habituales al género humano.
 

Nadie está dirigiendo la desbandada de las compañías petrolíferas. No hay un plan para rentabilizar el hundimiento de la industria automovilística. No se están consiguiendo beneficios con el parón de los aeropuertos. Nadie gana con el desastre ambiental. 

No hay nadie al timón. En primer lugar tenemos que entender esto. No para cambiar el rumbo, sino para tener uno. 

Salu2.

AMT



martes, 8 de septiembre de 2020

Por qué me voy de Facebook

 

Queridos lectores:

Después de 10 años haciendo divulgación a través de Facebook, he decidido cerrar mi perfil público en esta red social. Facebook ha sido una herramienta muy útil para entrar en contacto con otras personas, para compartir contenidos de interés común (incluyendo posts de este blog) e incluso para recabar información. Ha sido una etapa provechosa, pero que ahora debe llegar a su fin.

Facebook es una red social que pertenece a una empresa privada, que como es lógico pretende conseguir beneficios económicos con su actividad. Eso hace que la red tenga ciertos sesgos, algunos de los cuales llevaba tiempo observando. Por ejemplo, no siempre te notifica las cosas que más te interesan, sino aquéllas que le interesan a Facebook según sus propios algoritmos (que combinan información de tu perfil con elementos de su propio interés comercial - publicidad, más que nada). También es reseñable el límite de 5000 contactos para los perfiles gratuitos (los que tenemos la mayoría), que hacen que a medida que te acercas a ese límite algunas personas que te incluyeron como "amigo" dejen de manera silenciosa y automática de serlo, sobre todo si Facebook se da cuenta de que no interactuáis frecuentemente. Por otro parte, es conocido que Facebook genera un cierto efecto pecera: uno tiene la impresión de estar llegando a mucha y muy diversa gente cuando en realidad se mueve en círculos muy pequeños y muy alineados ideológicamente.

Todos estos problemas y limitaciones hace tiempo que los conocemos, y a pesar de eso, valorando pros y contras, yo, al igual que muchos otros, decidí que merecía la pena seguir en Facebook.

Pero ya no.

La gota que ha hecho colmar el vaso ha sido la censura implacable que Facebook le ha aplicado al blog "Usted no se lo cree", de Ferran Puig Vilar. Hoy hace justamente un mes que Facebook bloquea cualquier intento de enlazar cualquier artículo de ese blog. Se da la circunstancia de que "Usted no se lo cree" es uno de las mejores páginas web sobre cambio climático en castellano, con un nivel de documentación y rigor científico que para sí quisieran muchas. Este blog recibió en 2010 el premio de comunicación de su categoría de la Fundación Biodiversidad, que le fue entregado al propio Puig Vilar de manos de la actual ministra de Transición Ecológica y Vicepresidenta del Gobierno, Teresa Ribera. En cuanto a su autor, Ferran Puig Vilar, ingeniero de formación, ex presidente de la Asociación de Prensa Profesional, es un ejemplo de tesón, decoro y pulcritud informativa a un nivel que, de nuevo, ya desearían muchos alcanzar.

Durante este mes, numerosas personas se han interesado por intentar comprender las razones de Facebook para bloquear de manera completa este blog. Se han escrito numerosas reclamaciones a Facebook (incluso yo mismo escribí una), preguntando sobre los motivos de la censura, y nunca hemos obtenido respuesta. Encima, para añadir infamia al daño, cuando alguien intenta enlazar la web en cuestión desde Facebook, un mensaje te advierte que no es posible porque esa página "no cumple los estándares de la comunidad", aunque en otras ocasiones alega que "difunde información falsa" o bien "es spam". A cualquier usuario de Facebook ajeno al contexto de esta censura le parecerá que la página de Ferran tiene algo de dudoso, de ilícito. Facebook, sin decirlo explícitamente, sin haber aclarado nunca por qué bloquea "Usted no se lo cree", da a entender que hay algo oscuro e inadecuado con esa página. El daño, por tanto, es doble, porque no solo no se le permite a Ferran continuar haciendo divulgación sobre el Cambio Climático en Facebook, sino que veladamente se le acusa de fraude. Es la calumnia perfecta, porque no se formula explícitamente pero consigue crear la duda. 

Para añadir una nota inquietante, estas últimas semanas se han observado ciertos problemas cada vez que se discutía de este tema, con la ralentización de la publicación de comentarios y, en algunos casos, su desaparición (a mi me han desaparecido varios).

Hace ya algún tiempo que Facebook muestra una cierta y peligrosa deriva, una escora sumisa a los intereses económicos de terceros. Ya no estamos hablando de rentabilizar los perfiles o de sesgar contenidos para instilar publicidad; hablamos, ya, de desterrar ciertos contenidos y primar otros, con inconfesables objetivos. Que Facebook ose vetar una página sobre un tema tan sensible como es el Cambio Climático solo pone en evidencia los derroteros que ha tomado la red social. 

No sé cuales son las razones profundas. No sé si es un exceso de confianza en los algoritmos automáticos y el desprecio general a los usuarios (que hace que se ignoren las solicitudes de reparación). No sé si esta censura es un síntoma más de la deriva de nuestra sociedad, a medida que la crisis existencial que afrontamos se va asentando. No lo sé, y la verdad es que no me importa. Me son absolutamente igual las excusas: ya he tenido bastante de esto y no quiero más, gracias.

Es hora de escapar de ese ambiente viciado.

Me voy de Facebook por dignidad, porque no puedo tolerar que le pase esto a Ferran, un buen amigo, y que yo no haga nada.

Me voy de Facebook, también, mientras me quede dignidad, porque no quiero que se me aplique la famosa frase de Martin Niemöller; y antes de que vengan a por mi (que acabarán viniendo: la verdad no genera negocio) prefiero irme yo.

Soy consciente de que posiblemente algún día esto mismo pasará con blogger, la plataforma que aloja este blog. Ese día, también, recogeré los bártulos y me iré a buscar otros vientos, a respirar aire fresco.

De momento, aquéllos a los que les interese pueden unirse al canal de Telegram de The Oil Crash, o al foro asociado. La página de Facebook de The Oil Crash también seguirá activa (hasta que la censuren), aunque ya no la gestionaré yo, sino otras personas a cuyas competentes manos la he confiado.

Y eso es todo.

A la medianoche del día de hoy, 8 de septiembre de 2020, borraré mi perfil público de Facebook, y empezaré una nueva etapa en mi actividad de divulgación.

Salu2.

AMT

jueves, 20 de agosto de 2020

Por qué no hace falta preguntar cuándo será el Peak Oil

 

Queridos lectores:

Una de las mayores dificultades para poder tomar decisiones efectivas en el mundo al cual vamos es la comprensión de lo que está pasando. Décadas de manipulación y retorcimiento de los datos, de paulatino retroceso en los derechos y libertades de los países (a sí mismos denominados) avanzados, y de progresivo deterioro de las condiciones de vida de la mayoría (ahora acelerado por la epidemia de la CoVid-19) han alimentado no solo la angustia, sino el resentimiento de una gran parte de la población contra sus gobernantes y contra los líderes de opinión. Precisamente en el momento de mayor incertidumbre, cuando mayor unidad debería haber, proliferan las voces  críticas pero que tienen mensajes muy diferentes, a menudo contradictorios entre ellas. Es muy difícil elegir a quién seguir en medio de este barullo, y muchas veces esa elección es guiada por la emoción más que por la razón, sobre todo en un momento en que la clase media teme, quizá más que nunca, perder sus magras conquistas y privilegios.

La semana pasada hice un experimento sociológico de comunicación. Escribí dos posts sobre el mismo tema: cómo el auge del (absurdo) negacionismo de la crisis de salud que plantea la CoVid-19 en realidad es en realidad favorecido por ciertos think tanks vinculados a una parte del gran capital, que comulgan con la psicopática idea de dejar que la enfermedad se expanda rápido, mate a quien tenga que matar y podamos volver cuanto antes a hacer negocios como siempre (obviando  los múltiples fallos en ese plan, incluida la poca persistencia de la adquirida inmunidad). Uno de esos posts tenía un tono más reposado e intentaba ser más analítico y matizado, al estilo de los que yo escribo siempre aquí. El otro post tenía un tono chulesco y abiertamente insultante, usando un lenguaje directo y abusando de generalizaciones excesivas. Sin lugar a ninguna duda, el que tuvo más éxito fue el segundo: en el momento en que escribo estas líneas, el post faltón y grosero ha tenido casi 38.000 visitas, en tanto que el analítico tiene poco más de 14.000. Y aunque unas cuantas personas se sintieron ofendidas por el post informal (aunque todo el mundo podía legítimamente no identificarse con la persona a la que me dirigía), la queja que más frecuentemente me llegó fue que era demasiado largo. En la actualidad, leer un post de la extensión de un artículo periodístico se considera un exceso, lo cual es preocupante porque el verdadero conocimiento solo se puede adquirir con la lectura lenta y detallada. 

Quizá por ese ansia que facilitan las TIC de consumir contenidos rápidamente se produjeron algunos malentendidos de grueso calibre. Posiblemente el origen de esos malentendidos pueda rastrearse en el deterioro de la comprensión lectora que favorece el frenesí de internet, pero en algunos casos he podido identificar una respuesta muy emocional, nacida de los nervios y la angustia del momento que vivimos. Ha habido gente que se ha sentido atacada por cosas que simplemente no se han dicho en ninguno de los dos posts, el caso más ridículo siendo el de una persona ofendida porque se mencione un medicamento sin que en ningún momento se diga nada malo ni bueno sobre él. Curiosamente, hay otro grupo de gente que se ha ofendido justamente por lo que no digo: desde los que consideran que yo doy apoyo a las medidas del Gobierno español por no decir explicitamente que no lo hago, hasta los que consideran demostrado que oculto deliberadamente datos clave porque no hablo de ellos, cuando no vienen a cuento de lo que se discute en los posts

Está también los que critican que me posicione en contra de esos movimientos acientíficos y supersticiosos cuando, a su entender, hay causas mejores y más importantes que atender ahora mismo. Rizando el rizo, me he encontrado con no pocas personas que me reprochan que ataque a los magufos (palabra que, por cierto, no aparece en ninguno de los dos artículos) cuando, al parecer, yo mismo pertenezco a esa comunidad; básicamente, que soy un traidor a mi propia causa.

Me ha interesado especialmente esta última crítica. Obviamente, yo no me considero ningún magufo (en el sentido habitual del término: algo magufo pretende ser científico pero no lo es), pero obviamente ningún mafugo cree serlo, no en ese sentido. Es más: sé que en muchos foros se me considera como tal o al menos como un iluminado o catastrofista por hablar del declive de los combustibles fósiles y de los recursos naturales. Lo interesante de aplicarme a mi tal apelativo no es solo mi profesión (soy investigador del CSIC, físico y matemático de formación), sino que además no casa nada ni con las fuentes de datos que manejo en mis análisis (los informes de la Agencia Internacional de la Energía, del Departamento de Energía de los EE.UU., de BP o de consultores como Rystad Energy) ni con el encaje de mi actividad sobre energía dentro del sistema de ciencia estándar (tengo varios artículos sobre energía publicados en revistas científicas; he participado en un proyecto europeo sobre estos temas liderado desde mi grupo; participo frecuentemente en actividades organizadas por el CSIC, incluyendo eventos de cierta proyección como la pasada cumbre COP25; he asesorado a diversas administraciones públicas, incluyendo por ejemplo una comparecencia en el Parlamento Vasco dentro de la Comisión de Energía, etc, etc). Y que nadie se equivoque, defiendo siempre la misma posición: hablo de peak oil, de la dificultad de la transición renovable y de otros problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad. Siempre. Y lo hago desde el propio sistema de ciencia. Es decir: mi actividad es completamente mainstream, no soy en absoluto un verso suelto, un outsider. Porque la ciencia es crítica, y siempre que las cosas se fundamenten correctamente no solo se aceptan: es que forman parte de su actividad oficial, aunque a veces nuestra actividad sea incómoda para nuestros responsables políticos. Y hablando de eso, conozco a unos cuantos representantes políticos y gestores que aceptan y comprenden lo que les digo, y lo siguen con lógica preocupación, aunque después no logren integrarlo en su agenda.

Hay mucha gente que se cree que la única actividad que realizo sobre energía es este blog y dar algunas charlas. Obviamente, es mucho más que eso. Por eso llama la atención que haya quien crea que lógicamente yo debería estar en la órbita magufa y simpatizar con ella. Pues no: nunca he estado ahí, y nunca he simpatizado con ellos. Que algunas personas no sean capaces de distinguir un discurso fundamentado en los datos y en el razonamiento de la mera superchería solo evidencia una manifiesta incapacidad de evaluar por uno mismo la validez y el valor de los argumentos. En esa incapacidad, todo se torna opinión y por tanto todo tiene el mismo valor, todo es igual, lo oficial y lo no oficial. Añadiendo a esto la falta de percepción sobre quién soy yo en realidad, se toma mi discurso por "no oficial" (¡qué gran ironía, sobre todo últimamente!) y por tanto lo que yo digo debe ser magufo. Triste signo de los tiempos que nos toca vivir, no ser capaz de reconocer la verdad ni aunque la tengas delante de la cara.

Otra cosa que me he encontrado por los foros estos días es una curiosa obsesión, por parte de gente que se supone que me ha leído, con decir que mis previsiones son fallidas (incluso aunque a veces, condescendientemente, se me reconozca que tenga razón en general en lo que digo).

Como norma general,  más que hacer previsiones lo que yo hago es señalar tendencias. Es decir: estamos aquí, nos dirigimos en esa dirección, siguiendo por esa dirección llegaríamos allí. Pero aparentemente no sirve de mucho que introduzca numerosas frases matizando que hay muchos factores que sin duda acabarán cambiando el curso general, y que en buena medida se corrige el rumbo precisamente en virtud de estas tendencias detectadas (no porque las detecte yo, sino porque las detecta mucha gente y particularmente los gabinetes que asesoran a gobiernos y grandes empresas). Algunas de estas tendencias, empero, son difíciles de corregir, o las políticas que se proponen van por completo desencaminadas: aquí yo suelo incidir más, siempre con la vocación de servicio público, siempre con la intención de que las cosas sean corregidas. Bien es cierto que a veces me equivoco al evaluar algunas tendencias concretas: faltan datos y yo soy falible, y además no estoy exento de tener mis propios sesgos cognitivos.  Cuando lo detecto, intento enmendarlo al máximo y ser más prudente en ocasiones ulteriores.

Lo que evidentemente no puedo corregir son cosas que no he dicho. Me he encontrado demasiadas veces, incluso recientemente, con gente que resume mi posición diciendo "Turiel dice que se acaba el petróleo", lo que a veces se remacha con un "y aquí seguimos". Esta simplificación es especialmente irritante, porque yo nunca he dicho que se vaya a acabar el petróleo en un futuro cercano. Lo más probable (si no hay un cataclismo mundial, pero eso no es de esperar) es que dentro de un siglo sigamos extrayendo petróleo. Siempre he dicho lo mismo, pero por lo que se ve da igual.

Para el que todo esto le pille de nuevas lo repetiré una vez más (y recuerdo que hay un prontuario a disposición). De lo que siempre se ha hablado en este blog es del peak oil, y de sus consecuencias sobre nuestra economía y nuestra civilización. El peak oil o cenit de producción de petróleo es el momento en que la producción de petróleo llega a su máximo posible, y a partir de aquí comienza a disminuir progresivamente cada año. Eso es el peak oil: no que no haya, sino que cada vez hay menos. El petróleo no se acaba: simplemente, llega para menos. 

El proceso de declive de la producción de petróleo puede ser más rápido o más lento, dependiendo de qué hagamos. Hace dos años la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó esta gráfica bastante alarmante con sus previsiones hasta el año 2025 (comenté el informe anual de la AIE en profusión en este post):


Cabe decir que estas previsiones de la AIE no eran en absoluto arbitrarias: eran la consecuencia lógica de la fuerte desinversión de las petroleras observada durante los últimos años (Antoni Brufau, presidente de Repsol, sin ir más lejos, dijo hace un par de años que no creía que quedaran yacimientos rentables en el mundo). Como se ve en el gráfico, la AIE anticipaba que para 2025, de la demanda esperada de 100 millones de barriles diarios (Mb/d) quedaría insatisfecha en 34 Mb/d, cantidad que se podría reducir a 13 Mb/d si EE.UU. multiplicaba por 3 su producción de petróleo de fracking y si además en el resto de mundo se invirtiera mucho más de lo que se estaba haciendo. Fíjense que, incluso en ese escenario ideal, la AIE decía que en 2025 faltaría el 13% de toda la demanda, porque no se podría producir, porque faltarían pozos. Y recuerden que esto lo decía en noviembre de 2018, es decir, antes de la llegada de la CoVid. Las cosas ya no estaban muy bien, antes de la CoVid.

En los últimos 5 años, la producción mundial de petróleo ha crecido solamente porque la producción de petróleo de los EE.UU. ha crecido. Sin los EE.UU., la producción de petróleo del mundo llevaría ya unos años estancada, o incluso en ligera recesión si miramos desde 2019. 

 

Gráfica de Peak Oil Barrel, http://peakoilbarrel.com/march-non-opec-production-slides/
 

La gráfica de arriba muestra la evolución de la producción de petróleo crudo + condensados de todo el mundo excepto EE.UU. La línea verde son los valores reportado mensualmente, que oscilan mucho por diversos factores (mantenimiento, averías, cambios en la demanda, almacenes que se llenan y se vacían, etc). La línea roja es un promedio móvil de 12 meses, que así nos muestra la tendencia desestacionalizada. Y, como se ve, desde 2015 aproximadamente hay un cambio de tendencia, en el que la producción ya no crece sensiblemente más sino que oscila, e incluso desde finales de 2018 cae. En suma: que no llegáramos al peak oil a partir de 2015 dependía en exclusiva de los EE.UU.

Esa gráfica resume bien el origen de una de mis "previsiones fallidas", que me recuerdan hasta presentadores televisivos venidos a menos: yo hace años decía que la fecha probable del peak oil era el 2015. Lo llevaba diciendo desde el principio de este blog, en 2010 y lo dije en mi primera charla al gran público, la de la UNED de octubre de 2010 y en muchas posteriores. Y no fue así gracias al espectacular aumento de la producción de petróleo en los EE.UU., que de llevar décadas en decadencia se multiplicó por dos en pocos años gracias al fracking:


Evolución de la producción de petróleo en los EE.UU. Datos del Departamento de Energía de los EE.UU.

Como muestra la gráfica, a partir de 2010 la producción de petróleo estadounidense remonta con fuerza: eso es el milagro del fracking. Milagro que se hizo perdiendo dinero a manos llenas, como explicamos en su momento:

De 2011 a 2014, las 127 compañías productoras de hidrocarburos más grandes del mundo perdían dinero al ritmo de 110.000 millones de dólares al año, y eso con los precios medios del petróleo más altos de la historia. Para más detalles, leer "La ilógica financiera".
 

Hacia finales de 2015 era evidente que el negocio hacía aguas y que los inversores no solo no iban a ganar dinero con el fracking, sino que podrían no recuperar su inversión. A finales de 2016 la producción de petróleo de fracking había caído un 15% (es la montañita que se ve en la parte derecha de la curva del Departamento de Energía de los EE.UU). Y entonces Donald Trump ganó las elecciones y dio múltiples exenciones de las compañías petroleras, y el fracking retomó su senda ascendente, hasta conseguir, hace unos meses, que EE.UU. fuera, por poco tiempo, el primer productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d. ¿Se consiguió entonces que el fracking fuera rentable? Que va: la cosa fue a peor.

Flujo de caja libre de las principales compañías de fracking estadounidense. Para más detalles, leer "Evolución del fracking en los Estados Unidos".

El hecho es que en 2019 ni la subida del fracking en los EE.UU. pudo ya compensar la caída de la producción de petróleo del resto del mundo. El máximo de noviembre de 2018 de momento no ha sido superado.

Producción mundial de petróleo crudo y condensados en los últimos años y previsiones para los próximos años, de acuerdo con el Departamento de Energía de los EE.UU. Para más detalles, consultar "Non OPEC W/O U.S. on production plateau" de Peak Oil Barrel.

Es verdad que en esta gráfica faltan dos categorías de los denominados petróleos no convencionales, concretamente los biocombustibles y los líquidos del gas natural, pero no cambian para nada las tendencias. El hecho es que en 2019 la producción de petróleo no remontaba el máximo de 2018, y luego llegó la CoVid. 

La caída de la producción de petróleo por la  caída de demanda va a causar una pérdida permanente de al menos 3 Mb/d (como reflejan las previsiones del Departamento de Energía de los EE.UU.), y probablemente será bastante más, viendo la actual carnicería en el sector del fracking en los EE.UU.  (con quiebras significativas recientemente, como la de Chesapeake y la de Chaparral). El fracking se hunde, y no va a llegar al rescate. Nadie puede ya cubrir ese agujero que la AIE anticipaba para 2025.

Gracias al fracking, el peak oil no tuvo lugar en 2015, como yo anticipaba. Tuvo lugar en noviembre de 2018. Eso sí: la enorme deuda acumulada por el sector garantiza que la caída será más abrupta. Las compañías petroleras se preguntan abiertamente si merece la pena seguir buscando petróleo, y de hecho la mayoría desinvierten del sector o, como Repsol, se dedican a comprar centrales eléctricas de todo tipo.

¿Cambia en algo que el peak oil no fuera en 2015 sino en 2018? Sí, cambia una cosa. Que ya no hace falta preguntarse más cuando será el peak oil. Ya pasó.

No se sorprendan, por tanto, del incremento de tensiones con respecto al petróleo (sobre todo, el de verdad) que se están comenzando a vivir. Si no hay petróleo suficiente para todos, habrá conflictos. A partir de ahora, lo que cabe preguntarse es cómo gestionar el descenso, qué países se llevarán la peor parte y cuáles serán capaces de aguantar un poco mejor. España no es de los países peor situados, dada su pertenencia a la Unión Europea, pero otros países no van a salir tan bien parados.


Salu2.

AMT

miércoles, 12 de agosto de 2020

Eres un pringao

 

 

Este post de lo dedico a ti. Tú ya sabes a quien me refiero. 

Tú eres el que más sabe de la CoVid. A ti no te engañan, no como al resto, que están aborregaos. 

Todo este cuento de la CoVid es un invento.  Esta enfermedad (dices ahora) no existe. Los datos están completamente falseados, aquí no muere ni el tato, los que mueren lo hacen por otras enfermedades comunes. La gripe común mata a más gente que la CoVid. Es una enfermedad falsa, ¿no ves cómo ocultan las autopsias? El rollo ese de los asintomáticos no hay quien se lo trague, y lo de las pruebas PCR es de risa, no tienen ninguna fiabilidad.

Tú sabes muy bien lo que pasa. Tú has investigado y sabes muy bien la verdad, has leído muchos artículos y visto muchos vídeos de YouTube que lo explican bien. Cómo puede ser la gente tan tonta. Nos están intentando engañar, con toda esta farsa de la Covid, y lo malo es que todo el mundo se lo cree, todo el mundo traga porque son una panda de borregos.

Tú eres el boss.

Sin embargo, hay un pequeño problema con todo esto. Un pequeño problemilla...

Siento tener que ser yo el que te lo diga, pero el problema es que el imbécil eres tú, no los demás. Ya lo dicen, que ser gilipollas es como estar muerto: los demás lloran, pero tú no te das cuenta.

Empecemos por el principio: sepamos cuál es tu posición.

Si fueras un poco honesto, reconocerías que has ido cambiando de argumentos con el paso de las semanas. Eres toda una veleta. 

Al principio el virus este era un invento de los americanos, de los chinos, de los rusos o de las farmacéuticas - seguramente tú has defendido varios de esos orígenes.  A la vez, y todo.

Luego denunciaste el complot de las farmacéuticas para subir los precios de todo, desde las mascarillas hasta las pruebas PCRs. Que el Gobierno guardaban las mascarillas y los guantes para ellos mientras los pobres curritos de a pie estaban completamente expuestos. 

Tú eras de los que más gritabas desde el balcón cuando veías a alguien que - en tu opinión - se estaba saltando la cuarentena. 

Y aunque ahora te da vergüenza reconocerlo, te volviste un experto en lo que se podía o no podía hacer en cada fase y dabas clases magistrales sobre ello. También disertabas sobre las ventajas terapéuticas de la hidroxicloroquina o la ivermectina. 

Hasta que un día te diste cuenta de que en Suecia no se aplicaban las medidas draconianas de aquí y empezaste a sospechar. Viste un par de vídeos de YouTube, de virólogos y médicos "represaliados por el sistema" y empezaste a destapar el pastel. Empezaste a ver la Conspiración, así, con mayúscula. Todo esto era un plan para someter a la población a un control sin precedentes, o bien para un exterminio en masa (aún no te has decidido: igual son las dos cosas, y solo tú te has dado cuenta).

Tu, que eras de los que aplaudías a las 8 mientras cantabas el "Resistiré" a todo pulmón,  ahora crees que los sanitarios participan de una conspiración. Seguro que al principio te quejabas de que no había mascarillas y ahora haces lo imposible por no ponerte una.

En resumen: que tu posición ha ido variando con el tiempo. Tienes el grouchomarxismo dominado. Pero, bien, por poder hablar de algo, hablemos de lo que dices ahora mismo.

Empecemos por el rigor de las referencias que manejas. Como puedes comprender, un vídeo en YouTube no tiene ningún valor académico; puede servir para hacer divulgación, cierto, pero no sustituye a un estudio científico hecho con rigor. Tú presumes de que te has formado en la Universidad de la Vida (UdV, en lo que sigue), que ésa es la que más enseña, y que todos esos pringados que han ido de verdad a la universidad son unos pipiolos y que no saben nada y se dejan manipular como corderitos. Lo cierto y verdad es que un médico, tras 6 años de carrera, 1 (al menos) preparándose el examen MIR, 4 o 5 años de especialidad y diversos años en ejercicio es todo lo contrario de un pipiolo o un pardillo al que se la den con queso. Cualquier médico puede identificar literalmente decenas de miles (sí, decenas de miles) de patologías diferentes, que desde la UdV se ven como todo lo mismo pero que no lo son y se deben tratar cada una como corresponde. Y una de las cosas que tu título de la UdV no te permite es entender un estudio científico. Te copio, por ejemplo, un párrafo del resumen de este estudio:

"The median duration of viral shedding in the asymptomatic group was 19 d (interquartile range (IQR), 15–26 d). The asymptomatic group had a significantly longer duration of viral shedding than the symptomatic group (log-rank P = 0.028). The virus-specific IgG levels in the asymptomatic group (median S/CO, 3.4; IQR, 1.6–10.7) were significantly lower (P = 0.005) relative to the symptomatic group (median S/CO, 20.5; IQR, 5.8–38.2) in the acute phase."

¿Lo ves? No has entendido ni un pimiento. Es normal, no tienes la formación adecuada para entenderlo, y no pasa nada por ello: la gente se especializa durante años para poder leer estos trabajos y entenderlos. Lo que no es normal es que te pongas a gritar y descalificar con tus opiniones de internés cuando obviamente no tienes ni guarra de qué va todo esto. Crees que entiendes alguna cosa pero no te das cuenta de lo extremadamente complejo que es el mundo en realidad. Aunque es normal: desde la UdV se ve el mundo como si estuviera pintado con palotes gruesos, cuando el mundo real está lleno de letra menuda.

Otra de las cosas con las que te gusta darle la turra a amigos, conocidos y paseantes de internet es con tu interpretación de la crisis actual y de cómo todo es un montaje del Grupo Bilderberg, el FMI o Bill Gates. Que se están aprovechando para echar mucha la gente a la calle y llenarse aún más los bolsillos, y que parece mentira de que la gente sea tan tonta que no se dé cuenta y vaya diciendo "Beeee" mientras le roban sus libertades y su dinero.

Sobre eso te voy a contar un secreto. Lo cierto es que ya hace un par de años que el mundo vivía una situación tensa, anticipando la debacle económica que venía. Muchos indicadores económicos mostraban que íbamos de cabeza a otra crisis (y eso ya sin tener en cuenta el problemilla del petróleo). 

¿Y sabes qué? Que ya sabemos que los ricos y poderosos le echan mucha cara cuando viene una crisis, pero, colega, siempre se la han echado. ¿Bajo qué piedra estabas escondido?  Todos los sabíamos, siempre lo han hecho. No es una conspiración secreta en una cueva oscura, es el mangoneo de siempre a la luz del día. Hace años que es así. Con cualquier excusa se echa a la gente de su curro con una indemnización de mierda y se aprovecha para volver contratar con sueldos más bajos: pasó en 2008, pasó en 2011 y vuelve a pasar ahora. Todos lo sabemos y todos nos dábamos cuenta, y no vamos llamando borregos a los demás y en particular a ti, que eres un poco cortito porque justo ahora te das cuenta y como no lo habías visto hasta ahora te crees que los demás ni lo sabíamos. So botarate.

Y hablando de no darse cuenta, ¿no te has fijado quiénes están alentado a la población a rebelarse contra este supuesto recorte de libertades? ¿No has visto a Trump reírse y minimizar la CoVid (hasta que la cosa se desmadró en los EE.UU., y aún ahora se modera a regañadientes)? ¿No has visto cómo muchos empresarios están pidiendo un rápido retorno a la normalidad? ¿No ves cómo ciertos partidos políticos (no en España, en todo el mundo) denuncian la involución antidemocrática de sus respectivos Gobiernos (de diferentes signos), en un claro guiño a los nuevos "espontáneos" movimientos anti-CoVid?

Tú te crees que la idea de la conspiración de la CoVid es tuya, pero en realidad tú la has leído en algún sitio o has visto algún vídeo. ¿Creías de verdad que era idea tuya?

Esta es la verdad, campeón: esto de la CoVid está durando ya demasiado, y eso no es bueno para los negocios. Obviamente, no es bueno para nadie, pues mucha gente se queda sin trabajo; pero los que tienen capacidad de reaccionar e influir son los que tienen mucho dinero y muy pocos escrúpulos. A los amos del dinero les interesa que este tema acabe cuanto antes mejor: que se infecte ya todo el mundo, la palme quien la tenga que palmar - sea el 1 o el 5% de toda la Humanidad, qué más da - y volver cuanto antes a los negocios y a ganar dinero a espuertas ellos, y tú a tu curro de mierda.

¿Quién es en realidad el peón?

¿Te pensabas que quienes denuncian la "conspiración de la CoVid" son  los héroes? ¿Que es un movimiento libre ciudadano por la verdad?

Mira, chaval, te contaré otro secreto: en el mundo occidental no se reacciona, de manera real, a ninguna de las burradas que han pasado y están pasando en el mundo. Porque la gente es conformista, porque se bloquea la información, porque a los que denuncian se les ningunea o se les enchirona... Por la razón que sea, pero al final nunca se hace nada. 

Ha habido movidas chungas desde hace décadas (DDT, dioxinas, vacas locas , glifosato, arsénico en el agua, plomo en el aire y en el agua, lluvia ácida, vertidos chungos a gógó) y siempre todo se ha cubierto y los responsables se han ido de rositas, pagando poco o nada. 

Fíjate en el Cambio Climático. Nos estamos cargando el clima del planeta, las tormentas son más destructivas, en algunos sitios llueve menos y en otros más, en todo el planeta va subiendo la temperatura... ¿y tú crees que se hace algo? No. Se hacen muchas cumbres, se dicen que se harán cosas, pero al final nada de nada, el CO2 sigue subiendo y nos vamos todos a la mierda.

¿Y me quieres hacer creer que vosotros, los luchadores de la libertad contra la CoVid, vais a hacer lo que nunca se ha hecho? ¿Que lo estáis haciendo porque es una reclamación justa ciudadana, y no porque le conviene a algunas personas muy importantes?

Déjame que me ría un poco.

Hablas, y se te llena la boca, de que con las medidas que se toman para contener la expansión de la CoVid se están recortando las libertades. Pero, ¿de qué hablas? ¿Dónde has estado los últimos años? ¿Te enteraste de la aprobación de la Ley Mordaza? ¿Sabes, cómo mínimo, de qué va? ¿Viste cómo trataron a los yayos cuando salieron a protestar por sus pensiones de miseria? ¿Viste cómo trataron en otros países a los que protestan contra el Cambio Climático, o a los chalecos amarillos? Y pasaré por alto las hostias que se repartieron en Cataluña el 1 de octubre de 2017, pero, ¿no viste las que se repartieron en Valencia en los sucesivos desalojos de El Cabanyal, las que cayeron en el Gamonal de Burgos o en Murcia por la nueva estación del AVE? Hace años que estamos perdiendo libertades, no hace falta ninguna CoVid para que la cosa empeore, y, al igual que con las otras cosas, no hay una reacción suficiente que lo pare. ¿Para qué, entonces, hacer un plan tan complicado para reprimirnos, si sin ningún plan ya les funciona bien? Y ya si comentamos cómo se filtra la información en los medios de comunicación lo flipas, macho.

Libertad, dice el tío.

Dices también que la mascarilla provoca anoxia, que retiene gérmenes, que sirve para enfermar. Lo de anoxia es de traca: en cada inspiración los pulmones mueven algo más de medio litro de aire ¿Tú te crees que lo sacan - o lo meten - del espacio ridículo que queda entre tu cara y la mascarilla? ¿Te piensas que la mascarilla está sellada de manera estanca a tu jeto? El objetivo de la mascarilla es parar las gotitas, no impedir el paso del aire, campeón. Y lo de que la mascarilla se ensucia y se tiene que desechar o lavar de vez en cuando, pues sí, claro, eso es de sentido común - cosa que cada vez queda menos claro si tienes.

Otra: que si con las vacunas contra la CoVid nos quieren enfermar o controlar mentalmente o poner un chip. Muchas pelis has visto tú: no existe nada como eso, y además, de nuevo, ¿para qué, si a la gente ya se la controla bien con tele y desinformación? Además, ¿quién te ha dicho que tendremos alguna vez una vacuna? Posiblemente nunca haya una vacuna efectiva contra la CoVid. Aquí, más que en el resto, luchas contra fantasmas. 

Te crees muy chulito y muy desafiante, pero todos sabemos - y tú el primero - que si las cosas vinieran mal dadas, si hubiera una represión de verdad, agacharías la cabeza y te irías con el rabo entre las piernas a tu casa, fridom faijter. ¿O es que acaso ibas a hacer algo? Eres un revolucionario de tresillo. Un  activista de internet. Y como ya ni en tu casa te aguantan las paridas, te dedicas a trolear por las redes sociales. En suma: eres tonto del bote.

¿Y tú crees que todo esto lo mueves tú? ¿Que solo tú te has dado cuenta y el resto son unos borregos? Pues no, querido. No eres tan importante. Solo eres un tonto útil. Eres un pringao, y lo sabes.

Que te den

AMT

(Si acabas de llegar, quizá no sepas que este post es el reverso tenebroso y cuñadil del post anterior, de tono más analítico y apropiado, y por eso mismo básicamente ignorado).

 

 

Agitación, propaganda y confusión

 

Queridos lectores:

Durante las últimas semanas, como reacción a la grave crisis sanitaria que ha planteado la epidemia de CoVid-19 en todo el planeta, se está observando un fenómeno de mucha transcendencia: la emergencia de multitud de teorías de la conspiración, a cual más disparatada, sobre las "verdaderas pero ocultas razones" de la CoVid. Que se generen múltiples teorías de las conspiración sobre cada hecho cotidiano no tiene nada de particular (en este blog ya habíamos comentado en su día sobre los chemtrails o sobre las energías libres). Lo inusual del caso en que en esta ocasión la dimensión que están tomando estos movimientos conspiranoicos es mucho mayor que los anteriores, y crecen a un ritmo realmente acelerado, hasta el punto que está comenzando a convertirse en un problema de orden público.

Dentro de un tiempo, cuando se asiente la polvareda de estos convulsos años, el estudio de lo que ha pasado (y está por pasar) será apasionante desde el punto de vista sociológico. Por qué, en medio de una crisis sanitaria como no se había visto en nuestras vidas, la reacción de una parte significativa y creciente de la población es una mezcla de escepticismo, desconfianza, rabia e incluso rebeldía. Lo mejor del caso es que todos esos sentimientos son infundados. Entendámonos: no es que no haya razones, así en general, para el escepticismo, la desconfianza, la rabia e incluso la rebeldía; al contrario, debido a lo disfuncional que es esta sociedad las causas para todo ello abundan. Pero no las hay para decir todas las cosas que se dicen sobre la CoVid. Da la impresión de que la pandemia ha hecho que todo esa montaña de sentimientos negativos, amontonados durante años, ha acabado por desbordarse con toda la tensión extra que ha causado la CoVid y se ha derrumbado caóticamente sobre este tema que, de todos, es el que menos tenía que ver con toda la angustia acumulada.

No se puede negar que a finales de 2019 el mundo vivía una situación de calma tensa, anticipando la debacle económica que se venía. Sabíamos que tarde o temprano se iba a producir una recesión fuerte, fruto de muchas contradicciones no resueltas y de problemas que iban in crescendo. En muchas de esas contradicciones había de fondo, como suele pasar, un problema de energía; pero como de costumbre no afloraba: se distraía la cuestión hablando de coches eléctricos, de la transición renovable, de los objetivos de emisiones, del Green New Deal, de la algarada del diésel (y sus consecuencias)... Sin embargo, todo el mundo económico descontaba un "cambio de ciclo" en algún momento entre 2020 y 2021, y la única cosa en cuestión, más que la fecha, era cuál sería su profundidad.

Así que se puede decir que la CoVid-19 llegó en el momento oportuno. Nadie podía prever que pasaría y por supuesto no es una enfermedad creada en un laboratorio, pero también por supuestísimo se ha aprovechado la CoVid para hacer una serie de "ajustes" que se tenían que hacer de todos modos. Digamos que se aprovechó para "soltar lastre" en medio del hundimiento general: algunas grandes empresas se deshicieron de personas y fábricas y le endosaron la culpa no a su mala gestión anterior, sino a la CoVid, que aparecía así como el villano ideal al cual cargarle todas las culpas. No hay nada de excepcional en esta manera de actuar: es la que se usa siempre. Las crisis y los problemas se suceden continuamente, y más en el contexto de un sistema capitalista que cada vez choca con más fuerza contra los límites biofísicos que nos marca el planeta; esa máxima del gran empresariado de "convertir las crisis en oportunidades" significa, en esencia, hacer exactamente esto: aprovechar la debacle general para hacer la purga particular y encima irse de rositas porque la culpa no es de uno, sino del villano del momento (la CoVid, las hipotecas subprime o la deuda soberana, qué más da).

Esa caradura institucional, la misma de siempre, es lo que alimenta todavía más la sensación de que la pandemia de CoVid es una estafa. Sin embargo, lo que es una estafa es cómo se aprovechan de ella los poderosos, no el problema en sí, que continúa siendo real y presente (y quién no se lo crea, que se pase por las plantas de esos hospitales que vuelven a estar saturados). De hecho, a estas alturas los ricos y poderosos ya han hecho su purga, y ahora la CoVid les empieza a molestar, porque ya ha durado más de la cuenta.  Porque resulta que la excusa conveniente, el villano ad hoc, no ha hecho mutis por el foro cuando ya no se le requería (como hicieron las hipotecas subprime o las deudas soberanas), sino que sigue molestando y amenaza con quedarse por mucho tiempo. Esto se nos ha ido de las manos. Es por ello que esos caraduras institucionales que mencionábamos más arriba han cambiado de planes. Visto que la vacuna (si es que alguna vez llega) aún se va a demorar bastante tiempo y que no hay tratamiento efectivo, algunos de estos poderosos están alentando la idea de que en realidad no hace falta tomarse tan en serio la CoVid, con la simple idea de que la pandemia no continúe haciendo daño a la economía. En sus frías hojas de Excel, la muerte de entre el 1 y el 5% de la población del planeta es algo asumible, pero lo que no es asumible es mantener la economía al ralentí por más tiempo. Claro que el parón de la economía nos perjudica a todos, pero parece que a quien más tiene más le perjudica (por paradójico que pueda parecer). Por ese motivo, en muchos países occidentales algunos partidos políticos de los considerados sistémicos tienen ahora una actitud tibia con la pandemia, en tanto que partidos más contestatarios y reaccionarios alientan la idea de que se está aprovechando la crisis de la CoVid para recortar libertades y avanzar hacia un estado autoritario (lo cual no deja de ser divertido, porque ese retroceso en las libertades individuales en Occidente lleva décadas dándose, y no es que haya empeorado con la CoVid). Y posiblemente esos mismos ricos y poderosos están financiando campañas de desinformación sobre la CoVid, en la esperanza de que pisemos el acelerador, la pandemia se lleve por delante a quien tenga que llevarse por delante y podamos volver pronto al BAU. Mi tesis es, en suma, que una de las razones por las cuales estos movimientos conspiranoicos acerca de la CoVid han ganado tanto peso es debido a una campaña de agitación y propaganda con fines inconfesables promovida soterradamente por algunos poderes económicos.

Por supuesto, no deja de ser una teoría, pero puestos a postular teorías de las conspiración ésta me parece más verosímil que cualquiera de las alternativas que ahora se promueven. Veamos por qué.

En primer lugar, no ha habido en los países occidentales, por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial, una capacidad real de movilización contra ninguno de los problemas graves, de salud y ambientales, que aquejan a la Humanidad. En los años 60 y 70 los movimientos ambientalistas consiguieron tomar cierto impulso, pero cuando comenzaron a ser una preocupación del poder político fueron neutralizados mediante la banalización, la infiltración y la cooptación; y, si todo lo anterior fallaba, directamente con la criminalización. Miren a su alrededor. No hemos reaccionado apenas a décadas de contaminación de todo el planeta. Ha habido problemas gravísimos de salud causados por la irresponsabilidad del Hombre (el DDT, la talidomidala acumulación en los huesos del estroncio radioactivo, los efectos del RoundUp en el medio ambiente, etc), por no hablar de grandes desastres ambientales (la tragedia de Bophal, entre otras muchas); pero por no ir más lejos miremos el caso del Cambio Climático. Sabemos de sobra que el incesante incremento de la concentración de CO2 causado por la quema masiva de combustibles fósiles está haciendo aumentar la temperatura media del planeta y está alterando los patrones climáticos, con efectos potencialmente devastadores. ¿Estamos haciendo algo? No, no estamos haciendo nada en absoluto. Decimos que sí, pero es que no. Pasan los años, las décadas, y no hay ninguna mejoría en este aspecto; si acaso, un empeoramiento. Lo que sí que ha habido es toneladas de desinformación y de malas excusas, pero acciones reales y efectivas contra el Cambio Climático, ni una sola: la concentración media de CO2 continúa subiendo, imparable, cada año. Y si con un tema tan crítico no ha habido movilización, ¿cómo se entiende que la haya ahora contra la CoVid, cuando es un tema más cercano y más fácil de verificar que el Cambio Climático? 

El tono general de las teorías de las conspiración con respecto a la CoVid se centra en el recorte de las libertades individuales. La CoVid sería una excusa para limitar las libertades de las personas e imponer un nuevo orden mundial o una dictadura comunista o un orden illuminati y reptiliano o qué sé yo. Lo cierto y verdad es que los Gobiernos han sido extremadamente tímidos a la hora de tomar medidas. Por ejemplo en España, dada la gravedad de la situación que se planteó en marzo, con una total escasez de Equipos de Protección Individual (EPI), mascarillas, respiradores, reactivos específicos para las pruebas mediante PCR, etc el Gobierno podía haber intervenido fábricas y empresas y haber forzado que una parte de la producción nacional se dirigiera a cubrir estos bienes tan necesarios y escasos en ese momento. Pero no se atrevieron, precisamente, para no ser tachados de estalinistas, intervencionistas o lo que fuera. Esto es curioso porque hace 40 años se hubiera considerado normal una intervención de ese calibre, dada la gravedad de la situación, y ahora es algo impensable, una aberración. De hecho, si la enfermedad ha seguido un curso peor del que debería (no en España, sino en todos los países) ha sido, precisamente, porque la vigilancia no ha sido tan estricta como debería, y porque no pocos consideran que el problema no va con ellos y en realidad no les pasa nada por saltarse las normas. Vamos, justo lo contrario de una encarnación de la novela "1984" de George Orwell. A la hora de la verdad, acabada la situación de Estado de Alarma en España, la gente está haciendo básicamente lo que quiere, incluso en localidades como en la que yo vivo, donde el ProCiCat aún recomienda no salir de casa si no es necesario dada la fuerza de un brote que comenzó hace dos semanas pero la gente campa por sus respetos como si tal cosa.

Una de las manías más absurdas de los defensores de la teoría conspiratoria de la CoVid es actualmente la oposición a ser vacunado contra esta enfermedad. Esto es bastante divertido, porque se está dando por hecho que vamos a tener una vacuna pronto y que vacunarse será obligatorio. Con respecto a lo primero, no es seguro que lleguemos jamás a tener una vacuna contra la CoVid: hay muchas enfermedades infecciosas para las que nunca se consiguió una vacuna, y la CoVid no es precisamente una enfermedad de las que lo ponen fácil. Por ejemplo, ahora sabemos que dos o tres meses después de haber pasado la enfermedad la mayoría de los pacientes sufren una considerable reducción de anticuerpos, hasta el punto de volverse indetectables en una buena parte de ellos. Bien es cierto que la respuesta inmune a largo plazo no depende tanto de los anticuerpos en la sangre como de la presencia de linfocitos T que "recuerden" la enfermedad; de momento hay pocos tests analizando si han aprendido o no a luchar contra la CoVid, pero dada la mutabilidad del virus es posible que la CoVid sea una de esas enfermedades "difíciles de recordar", como el resfriado común o la gripe. Así que no podemos dar por hecho que vayamos a tener alguna vez una vacuna efectiva, por más que el presidente ruso vacune a su hija con una vacuna de su invención. Y con respecto a la segunda aseveración, es poco probable que la vacunación sea obligatoria para toda la población: como mucho, lo sería para la población de riesgo, la cual, seguramente, sí querría ser vacunada.

Estas obsesiones insensatas sobre la vacuna de la CoVid encajan bien con un movimiento conspiranoico de ya cierto recorrido en nuestra sociedad, el de los antivacunas. Los antivacunas sostienen que las vacunas no son 100% seguras, que sirven para propagar enfermedades y/o para el control mental y/o para rastrear a la población inyectando un microchip (esto último es de relativo nuevo cuño, y empalma con otra de las conspiranoias de nuestro tiempo, el de las redes 5G, a las cuales, por cierto, otro grupúsculo acusa de causar la CoVid - qué importa que prácticamente no haya antenas de 5G en España). 

Con respecto a lo primero, es cierto: las vacunas no son 100% seguras. Existe un porcentaje, conocido y documentado, de reacciones adversas graves, que en ocasiones son tan graves que pueden ocasionar la muerte. Eso le pasa a cualquier vacuna. Los porcentajes de reacciones adversas graves pueden ser tan bajos como uno cada 10 millones o tan elevados como 1 entre 100.000. Porcentajes más elevados de reacciones adversas que ésos simplemente no se aceptarían, porque con las vacunas se pretende que haya una relación coste-beneficio positiva: se pretende salvar más vidas que las que se ponen en riesgo. Y continuamente se está experimentando y perfeccionando las vacunas para reducir aún más el porcentaje de reacciones adversas graves, que en la mayoría de las vacunas son ya bajísimos, tan bajos que cuesta ya establecer si hay una reacción de causalidad. Pero la clave de todo está en que, si no se vacunase, moriría mucha más gente. Está la cuestión adicional que la vacunación no es solo una cuestión de salud individual, sino también de salud pública: los que se vacunan hacen de barrera para que la infección no se propague, y eso ayuda a la erradicación de la enfermedad. Por cierto, todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos; por ejemplo, si se leen Vds. las reacciones adversas documentadas para el ibuprofeno éste puede (muy raramente) causar alucinaciones, meningitis, fallo cardíaco, ictus y hasta la muerte.

Con respecto a las otras manías de los antivacuna de la CoVid (control mental, rastreo) son completamente estúpidas. Nuestras capacidades tecnológicas no llegan tan lejos; esos planes suenan a película mala de ciencia ficción. Además, ¿para qué recurrir a métodos tan complejos cuando los métodos actuales ya son lo suficientemente eficaces? Por ejemplo, ¿qué sentido tiene meterle a alguien un microchip para rastrearle - microchip que se puede inutilizar, quedar sin batería, ser destruido por el organismo o quedar alojado en un hueso y perder cobertura - cuando todo el mundo lleva encima dócilmente un móvil que le permite a los operadores de telefonía e incluso a los grandes operadores de internet rastrearle? ¿Cuando instaló Vd. la actualización del Google Play dio a aceptar en una lista de permisos, incluyendo el de los servicios de ubicación? ¿Sabe Vd. que Google usa los micrófonos de los móviles y de los dispositivos Google Home para grabarle sin su permiso? Si hasta La Liga de fútbol española usa una aplicación que usa el micrófono de los móviles para detectar en qué bares se ve fútbol sin pagar el canon (lo siento, en este caso no puedo poner enlace porque sería de un medio español y hace años que no lo hago por estas razones).

Con todo, lo más descorazonador de esta rebelión de chichinabo de los anti-CoVid (a ver cuándo aparece un grupo que decide no creer en las paredes o en la Ley de la Gravedad; sería igualmente absurdo pero al menos más divertido) es que los que participan en ella se creen que son algo así como luchadores por la libertad o libertadores. Nada de eso. Son tontos peones movidos por otro, y en cuanto a su faceta de "luchadores" simplemente habría que verla enfrentada a un movimiento autoritario de verdad. En una sociedad que ha comulgado con auténticas ruedas de molino y que, salvo honrosas excepciones, nunca se ha rebelado (y quien lo ha hecho bien que lo ha pagado), ¿acaso hay quien crea que todos estos "libertadores" aguantarían el tipo delante de una verdadera represión? Todos sabemos, ellos los primeros, que se volverían a su casa con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas antes de que les cayera el primer garrotazo. 

No va a ser con estas revoluciones de sofá como se va a cambiar a la sociedad. No es rebelándose contra hechos de la Naturaleza como se conseguirá  un avance. No es perdiéndose en disputas espurias como llegaremos a algo. A todos ésos más les valdría abandonar esas ínfulas de revolucionario del tres al cuarto y pararse a pensar cuáles son nuestros problemas reales.

Salu2,

AMT 

 

Post Data: Mientras escribía este post, se me planteó la duda de si merecía la pena escribir algo más informal y con capacidad de llegar a más gente, o seguir con el tono habitualmente neutro y analítico de este blog. Las dos opciones tenían sus méritos y desventajas, y no me supe decidir entre ellas. Así que al final decidí que iba a hacer las dos. Éste es el post analítico y justo detrás viene su mellizo, aunque, no sé, quizá me he pasado un poco con lo de su tono informal...