miércoles, 12 de agosto de 2020

Eres un pringao

 

 

Este post de lo dedico a ti. Tú ya sabes a quien me refiero. 

Tú eres el que más sabe de la CoVid. A ti no te engañan, no como al resto, que están aborregaos. 

Todo este cuento de la CoVid es un invento.  Esta enfermedad (dices ahora) no existe. Los datos están completamente falseados, aquí no muere ni el tato, los que mueren lo hacen por otras enfermedades comunes. La gripe común mata a más gente que la CoVid. Es una enfermedad falsa, ¿no ves cómo ocultan las autopsias? El rollo ese de los asintomáticos no hay quien se lo trague, y lo de las pruebas PCR es de risa, no tienen ninguna fiabilidad.

Tú sabes muy bien lo que pasa. Tú has investigado y sabes muy bien la verdad, has leído muchos artículos y visto muchos vídeos de YouTube que lo explican bien. Cómo puede ser la gente tan tonta. Nos están intentando engañar, con toda esta farsa de la Covid, y lo malo es que todo el mundo se lo cree, todo el mundo traga porque son una panda de borregos.

Tú eres el boss.

Sin embargo, hay un pequeño problema con todo esto. Un pequeño problemilla...

Siento tener que ser yo el que te lo diga, pero el problema es que el imbécil eres tú, no los demás. Ya lo dicen, que ser gilipollas es como estar muerto: los demás lloran, pero tú no te das cuenta.

Empecemos por el principio: sepamos cuál es tu posición.

Si fueras un poco honesto, reconocerías que has ido cambiando de argumentos con el paso de las semanas. Eres toda una veleta. 

Al principio el virus este era un invento de los americanos, de los chinos, de los rusos o de las farmacéuticas - seguramente tú has defendido varios de esos orígenes.  A la vez, y todo.

Luego denunciaste el complot de las farmacéuticas para subir los precios de todo, desde las mascarillas hasta las pruebas PCRs. Que el Gobierno guardaban las mascarillas y los guantes para ellos mientras los pobres curritos de a pie estaban completamente expuestos. 

Tú eras de los que más gritabas desde el balcón cuando veías a alguien que - en tu opinión - se estaba saltando la cuarentena. 

Y aunque ahora te da vergüenza reconocerlo, te volviste un experto en lo que se podía o no podía hacer en cada fase y dabas clases magistrales sobre ello. También disertabas sobre las ventajas terapéuticas de la hidroxicloroquina o la ivermectina. 

Hasta que un día te diste cuenta de que en Suecia no se aplicaban las medidas draconianas de aquí y empezaste a sospechar. Viste un par de vídeos de YouTube, de virólogos y médicos "represaliados por el sistema" y empezaste a destapar el pastel. Empezaste a ver la Conspiración, así, con mayúscula. Todo esto era un plan para someter a la población a un control sin precedentes, o bien para un exterminio en masa (aún no te has decidido: igual son las dos cosas, y solo tú te has dado cuenta).

Tu, que eras de los que aplaudías a las 8 mientras cantabas el "Resistiré" a todo pulmón,  ahora crees que los sanitarios participan de una conspiración. Seguro que al principio te quejabas de que no había mascarillas y ahora haces lo imposible por no ponerte una.

En resumen: que tu posición ha ido variando con el tiempo. Tienes el grouchomarxismo dominado. Pero, bien, por poder hablar de algo, hablemos de lo que dices ahora mismo.

Empecemos por el rigor de las referencias que manejas. Como puedes comprender, un vídeo en YouTube no tiene ningún valor académico; puede servir para hacer divulgación, cierto, pero no sustituye a un estudio científico hecho con rigor. Tú presumes de que te has formado en la Universidad de la Vida (UdV, en lo que sigue), que ésa es la que más enseña, y que todos esos pringados que han ido de verdad a la universidad son unos pipiolos y que no saben nada y se dejan manipular como corderitos. Lo cierto y verdad es que un médico, tras 6 años de carrera, 1 (al menos) preparándose el examen MIR, 4 o 5 años de especialidad y diversos años en ejercicio es todo lo contrario de un pipiolo o un pardillo al que se la den con queso. Cualquier médico puede identificar literalmente decenas de miles (sí, decenas de miles) de patologías diferentes, que desde la UdV se ven como todo lo mismo pero que no lo son y se deben tratar cada una como corresponde. Y una de las cosas que tu título de la UdV no te permite es entender un estudio científico. Te copio, por ejemplo, un párrafo del resumen de este estudio:

"The median duration of viral shedding in the asymptomatic group was 19 d (interquartile range (IQR), 15–26 d). The asymptomatic group had a significantly longer duration of viral shedding than the symptomatic group (log-rank P = 0.028). The virus-specific IgG levels in the asymptomatic group (median S/CO, 3.4; IQR, 1.6–10.7) were significantly lower (P = 0.005) relative to the symptomatic group (median S/CO, 20.5; IQR, 5.8–38.2) in the acute phase."

¿Lo ves? No has entendido ni un pimiento. Es normal, no tienes la formación adecuada para entenderlo, y no pasa nada por ello: la gente se especializa durante años para poder leer estos trabajos y entenderlos. Lo que no es normal es que te pongas a gritar y descalificar con tus opiniones de internés cuando obviamente no tienes ni guarra de qué va todo esto. Crees que entiendes alguna cosa pero no te das cuenta de lo extremadamente complejo que es el mundo en realidad. Aunque es normal: desde la UdV se ve el mundo como si estuviera pintado con palotes gruesos, cuando el mundo real está lleno de letra menuda.

Otra de las cosas con las que te gusta darle la turra a amigos, conocidos y paseantes de internet es con tu interpretación de la crisis actual y de cómo todo es un montaje del Grupo Bilderberg, el FMI o Bill Gates. Que se están aprovechando para echar mucha la gente a la calle y llenarse aún más los bolsillos, y que parece mentira de que la gente sea tan tonta que no se dé cuenta y vaya diciendo "Beeee" mientras le roban sus libertades y su dinero.

Sobre eso te voy a contar un secreto. Lo cierto es que ya hace un par de años que el mundo vivía una situación tensa, anticipando la debacle económica que venía. Muchos indicadores económicos mostraban que íbamos de cabeza a otra crisis (y eso ya sin tener en cuenta el problemilla del petróleo). 

¿Y sabes qué? Que ya sabemos que los ricos y poderosos le echan mucha cara cuando viene una crisis, pero, colega, siempre se la han echado. ¿Bajo qué piedra estabas escondido?  Todos los sabíamos, siempre lo han hecho. No es una conspiración secreta en una cueva oscura, es el mangoneo de siempre a la luz del día. Hace años que es así. Con cualquier excusa se echa a la gente de su curro con una indemnización de mierda y se aprovecha para volver contratar con sueldos más bajos: pasó en 2008, pasó en 2011 y vuelve a pasar ahora. Todos lo sabemos y todos nos dábamos cuenta, y no vamos llamando borregos a los demás y en particular a ti, que eres un poco cortito porque justo ahora te das cuenta y como no lo habías visto hasta ahora te crees que los demás ni lo sabíamos. So botarate.

Y hablando de no darse cuenta, ¿no te has fijado quiénes están alentado a la población a rebelarse contra este supuesto recorte de libertades? ¿No has visto a Trump reírse y minimizar la CoVid (hasta que la cosa se desmadró en los EE.UU., y aún ahora se modera a regañadientes)? ¿No has visto cómo muchos empresarios están pidiendo un rápido retorno a la normalidad? ¿No ves cómo ciertos partidos políticos (no en España, en todo el mundo) denuncian la involución antidemocrática de sus respectivos Gobiernos (de diferentes signos), en un claro guiño a los nuevos "espontáneos" movimientos anti-CoVid?

Tú te crees que la idea de la conspiración de la CoVid es tuya, pero en realidad tú la has leído en algún sitio o has visto algún vídeo. ¿Creías de verdad que era idea tuya?

Esta es la verdad, campeón: esto de la CoVid está durando ya demasiado, y eso no es bueno para los negocios. Obviamente, no es bueno para nadie, pues mucha gente se queda sin trabajo; pero los que tienen capacidad de reaccionar e influir son los que tienen mucho dinero y muy pocos escrúpulos. A los amos del dinero les interesa que este tema acabe cuanto antes mejor: que se infecte ya todo el mundo, la palme quien la tenga que palmar - sea el 1 o el 5% de toda la Humanidad, qué más da - y volver cuanto antes a los negocios y a ganar dinero a espuertas ellos, y tú a tu curro de mierda.

¿Quién es en realidad el peón?

¿Te pensabas que quienes denuncian la "conspiración de la CoVid" son  los héroes? ¿Que es un movimiento libre ciudadano por la verdad?

Mira, chaval, te contaré otro secreto: en el mundo occidental no se reacciona, de manera real, a ninguna de las burradas que han pasado y están pasando en el mundo. Porque la gente es conformista, porque se bloquea la información, porque a los que denuncian se les ningunea o se les enchirona... Por la razón que sea, pero al final nunca se hace nada. 

Ha habido movidas chungas desde hace décadas (DDT, dioxinas, vacas locas , glifosato, arsénico en el agua, plomo en el aire y en el agua, lluvia ácida, vertidos chungos a gógó) y siempre todo se ha cubierto y los responsables se han ido de rositas, pagando poco o nada. 

Fíjate en el Cambio Climático. Nos estamos cargando el clima del planeta, las tormentas son más destructivas, en algunos sitios llueve menos y en otros más, en todo el planeta va subiendo la temperatura... ¿y tú crees que se hace algo? No. Se hacen muchas cumbres, se dicen que se harán cosas, pero al final nada de nada, el CO2 sigue subiendo y nos vamos todos a la mierda.

¿Y me quieres hacer creer que vosotros, los luchadores de la libertad contra la CoVid, vais a hacer lo que nunca se ha hecho? ¿Que lo estáis haciendo porque es una reclamación justa ciudadana, y no porque le conviene a algunas personas muy importantes?

Déjame que me ría un poco.

Hablas, y se te llena la boca, de que con las medidas que se toman para contener la expansión de la CoVid se están recortando las libertades. Pero, ¿de qué hablas? ¿Dónde has estado los últimos años? ¿Te enteraste de la aprobación de la Ley Mordaza? ¿Sabes, cómo mínimo, de qué va? ¿Viste cómo trataron a los yayos cuando salieron a protestar por sus pensiones de miseria? ¿Viste cómo trataron en otros países a los que protestan contra el Cambio Climático, o a los chalecos amarillos? Y pasaré por alto las hostias que se repartieron en Cataluña el 1 de octubre de 2017, pero, ¿no viste las que se repartieron en Valencia en los sucesivos desalojos de El Cabanyal, las que cayeron en el Gamonal de Burgos o en Murcia por la nueva estación del AVE? Hace años que estamos perdiendo libertades, no hace falta ninguna CoVid para que la cosa empeore, y, al igual que con las otras cosas, no hay una reacción suficiente que lo pare. ¿Para qué, entonces, hacer un plan tan complicado para reprimirnos, si sin ningún plan ya les funciona bien? Y ya si comentamos cómo se filtra la información en los medios de comunicación lo flipas, macho.

Libertad, dice el tío.

Dices también que la mascarilla provoca anoxia, que retiene gérmenes, que sirve para enfermar. Lo de anoxia es de traca: en cada inspiración los pulmones mueven algo más de medio litro de aire ¿Tú te crees que lo sacan - o lo meten - del espacio ridículo que queda entre tu cara y la mascarilla? ¿Te piensas que la mascarilla está sellada de manera estanca a tu jeto? El objetivo de la mascarilla es parar las gotitas, no impedir el paso del aire, campeón. Y lo de que la mascarilla se ensucia y se tiene que desechar o lavar de vez en cuando, pues sí, claro, eso es de sentido común - cosa que cada vez queda menos claro si tienes.

Otra: que si con las vacunas contra la CoVid nos quieren enfermar o controlar mentalmente o poner un chip. Muchas pelis has visto tú: no existe nada como eso, y además, de nuevo, ¿para qué, si a la gente ya se la controla bien con tele y desinformación? Además, ¿quién te ha dicho que tendremos alguna vez una vacuna? Posiblemente nunca haya una vacuna efectiva contra la CoVid. Aquí, más que en el resto, luchas contra fantasmas. 

Te crees muy chulito y muy desafiante, pero todos sabemos - y tú el primero - que si las cosas vinieran mal dadas, si hubiera una represión de verdad, agacharías la cabeza y te irías con el rabo entre las piernas a tu casa, fridom faijter. ¿O es que acaso ibas a hacer algo? Eres un revolucionario de tresillo. Un  activista de internet. Y como ya ni en tu casa te aguantan las paridas, te dedicas a trolear por las redes sociales. En suma: eres tonto del bote.

¿Y tú crees que todo esto lo mueves tú? ¿Que solo tú te has dado cuenta y el resto son unos borregos? Pues no, querido. No eres tan importante. Solo eres un tonto útil. Eres un pringao, y lo sabes.

Que te den

AMT

(Si acabas de llegar, quizá no sepas que este post es el reverso tenebroso y cuñadil del post anterior, de tono más analítico y apropiado, y por eso mismo básicamente ignorado).

 

 

Agitación, propaganda y confusión

 

Queridos lectores:

Durante las últimas semanas, como reacción a la grave crisis sanitaria que ha planteado la epidemia de CoVid-19 en todo el planeta, se está observando un fenómeno de mucha transcendencia: la emergencia de multitud de teorías de la conspiración, a cual más disparatada, sobre las "verdaderas pero ocultas razones" de la CoVid. Que se generen múltiples teorías de las conspiración sobre cada hecho cotidiano no tiene nada de particular (en este blog ya habíamos comentado en su día sobre los chemtrails o sobre las energías libres). Lo inusual del caso en que en esta ocasión la dimensión que están tomando estos movimientos conspiranoicos es mucho mayor que los anteriores, y crecen a un ritmo realmente acelerado, hasta el punto que está comenzando a convertirse en un problema de orden público.

Dentro de un tiempo, cuando se asiente la polvareda de estos convulsos años, el estudio de lo que ha pasado (y está por pasar) será apasionante desde el punto de vista sociológico. Por qué, en medio de una crisis sanitaria como no se había visto en nuestras vidas, la reacción de una parte significativa y creciente de la población es una mezcla de escepticismo, desconfianza, rabia e incluso rebeldía. Lo mejor del caso es que todos esos sentimientos son infundados. Entendámonos: no es que no haya razones, así en general, para el escepticismo, la desconfianza, la rabia e incluso la rebeldía; al contrario, debido a lo disfuncional que es esta sociedad las causas para todo ello abundan. Pero no las hay para decir todas las cosas que se dicen sobre la CoVid. Da la impresión de que la pandemia ha hecho que todo esa montaña de sentimientos negativos, amontonados durante años, ha acabado por desbordarse con toda la tensión extra que ha causado la CoVid y se ha derrumbado caóticamente sobre este tema que, de todos, es el que menos tenía que ver con toda la angustia acumulada.

No se puede negar que a finales de 2019 el mundo vivía una situación de calma tensa, anticipando la debacle económica que se venía. Sabíamos que tarde o temprano se iba a producir una recesión fuerte, fruto de muchas contradicciones no resueltas y de problemas que iban in crescendo. En muchas de esas contradicciones había de fondo, como suele pasar, un problema de energía; pero como de costumbre no afloraba: se distraía la cuestión hablando de coches eléctricos, de la transición renovable, de los objetivos de emisiones, del Green New Deal, de la algarada del diésel (y sus consecuencias)... Sin embargo, todo el mundo económico descontaba un "cambio de ciclo" en algún momento entre 2020 y 2021, y la única cosa en cuestión, más que la fecha, era cuál sería su profundidad.

Así que se puede decir que la CoVid-19 llegó en el momento oportuno. Nadie podía prever que pasaría y por supuesto no es una enfermedad creada en un laboratorio, pero también por supuestísimo se ha aprovechado la CoVid para hacer una serie de "ajustes" que se tenían que hacer de todos modos. Digamos que se aprovechó para "soltar lastre" en medio del hundimiento general: algunas grandes empresas se deshicieron de personas y fábricas y le endosaron la culpa no a su mala gestión anterior, sino a la CoVid, que aparecía así como el villano ideal al cual cargarle todas las culpas. No hay nada de excepcional en esta manera de actuar: es la que se usa siempre. Las crisis y los problemas se suceden continuamente, y más en el contexto de un sistema capitalista que cada vez choca con más fuerza contra los límites biofísicos que nos marca el planeta; esa máxima del gran empresariado de "convertir las crisis en oportunidades" significa, en esencia, hacer exactamente esto: aprovechar la debacle general para hacer la purga particular y encima irse de rositas porque la culpa no es de uno, sino del villano del momento (la CoVid, las hipotecas subprime o la deuda soberana, qué más da).

Esa caradura institucional, la misma de siempre, es lo que alimenta todavía más la sensación de que la pandemia de CoVid es una estafa. Sin embargo, lo que es una estafa es cómo se aprovechan de ella los poderosos, no el problema en sí, que continúa siendo real y presente (y quién no se lo crea, que se pase por las plantas de esos hospitales que vuelven a estar saturados). De hecho, a estas alturas los ricos y poderosos ya han hecho su purga, y ahora la CoVid les empieza a molestar, porque ya ha durado más de la cuenta.  Porque resulta que la excusa conveniente, el villano ad hoc, no ha hecho mutis por el foro cuando ya no se le requería (como hicieron las hipotecas subprime o las deudas soberanas), sino que sigue molestando y amenaza con quedarse por mucho tiempo. Esto se nos ha ido de las manos. Es por ello que esos caraduras institucionales que mencionábamos más arriba han cambiado de planes. Visto que la vacuna (si es que alguna vez llega) aún se va a demorar bastante tiempo y que no hay tratamiento efectivo, algunos de estos poderosos están alentando la idea de que en realidad no hace falta tomarse tan en serio la CoVid, con la simple idea de que la pandemia no continúe haciendo daño a la economía. En sus frías hojas de Excel, la muerte de entre el 1 y el 5% de la población del planeta es algo asumible, pero lo que no es asumible es mantener la economía al ralentí por más tiempo. Claro que el parón de la economía nos perjudica a todos, pero parece que a quien más tiene más le perjudica (por paradójico que pueda parecer). Por ese motivo, en muchos países occidentales algunos partidos políticos de los considerados sistémicos tienen ahora una actitud tibia con la pandemia, en tanto que partidos más contestatarios y reaccionarios alientan la idea de que se está aprovechando la crisis de la CoVid para recortar libertades y avanzar hacia un estado autoritario (lo cual no deja de ser divertido, porque ese retroceso en las libertades individuales en Occidente lleva décadas dándose, y no es que haya empeorado con la CoVid). Y posiblemente esos mismos ricos y poderosos están financiando campañas de desinformación sobre la CoVid, en la esperanza de que pisemos el acelerador, la pandemia se lleve por delante a quien tenga que llevarse por delante y podamos volver pronto al BAU. Mi tesis es, en suma, que una de las razones por las cuales estos movimientos conspiranoicos acerca de la CoVid han ganado tanto peso es debido a una campaña de agitación y propaganda con fines inconfesables promovida soterradamente por algunos poderes económicos.

Por supuesto, no deja de ser una teoría, pero puestos a postular teorías de las conspiración ésta me parece más verosímil que cualquiera de las alternativas que ahora se promueven. Veamos por qué.

En primer lugar, no ha habido en los países occidentales, por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial, una capacidad real de movilización contra ninguno de los problemas graves, de salud y ambientales, que aquejan a la Humanidad. En los años 60 y 70 los movimientos ambientalistas consiguieron tomar cierto impulso, pero cuando comenzaron a ser una preocupación del poder político fueron neutralizados mediante la banalización, la infiltración y la cooptación; y, si todo lo anterior fallaba, directamente con la criminalización. Miren a su alrededor. No hemos reaccionado apenas a décadas de contaminación de todo el planeta. Ha habido problemas gravísimos de salud causados por la irresponsabilidad del Hombre (el DDT, la talidomidala acumulación en los huesos del estroncio radioactivo, los efectos del RoundUp en el medio ambiente, etc), por no hablar de grandes desastres ambientales (la tragedia de Bophal, entre otras muchas); pero por no ir más lejos miremos el caso del Cambio Climático. Sabemos de sobra que el incesante incremento de la concentración de CO2 causado por la quema masiva de combustibles fósiles está haciendo aumentar la temperatura media del planeta y está alterando los patrones climáticos, con efectos potencialmente devastadores. ¿Estamos haciendo algo? No, no estamos haciendo nada en absoluto. Decimos que sí, pero es que no. Pasan los años, las décadas, y no hay ninguna mejoría en este aspecto; si acaso, un empeoramiento. Lo que sí que ha habido es toneladas de desinformación y de malas excusas, pero acciones reales y efectivas contra el Cambio Climático, ni una sola: la concentración media de CO2 continúa subiendo, imparable, cada año. Y si con un tema tan crítico no ha habido movilización, ¿cómo se entiende que la haya ahora contra la CoVid, cuando es un tema más cercano y más fácil de verificar que el Cambio Climático? 

El tono general de las teorías de las conspiración con respecto a la CoVid se centra en el recorte de las libertades individuales. La CoVid sería una excusa para limitar las libertades de las personas e imponer un nuevo orden mundial o una dictadura comunista o un orden illuminati y reptiliano o qué sé yo. Lo cierto y verdad es que los Gobiernos han sido extremadamente tímidos a la hora de tomar medidas. Por ejemplo en España, dada la gravedad de la situación que se planteó en marzo, con una total escasez de Equipos de Protección Individual (EPI), mascarillas, respiradores, reactivos específicos para las pruebas mediante PCR, etc el Gobierno podía haber intervenido fábricas y empresas y haber forzado que una parte de la producción nacional se dirigiera a cubrir estos bienes tan necesarios y escasos en ese momento. Pero no se atrevieron, precisamente, para no ser tachados de estalinistas, intervencionistas o lo que fuera. Esto es curioso porque hace 40 años se hubiera considerado normal una intervención de ese calibre, dada la gravedad de la situación, y ahora es algo impensable, una aberración. De hecho, si la enfermedad ha seguido un curso peor del que debería (no en España, sino en todos los países) ha sido, precisamente, porque la vigilancia no ha sido tan estricta como debería, y porque no pocos consideran que el problema no va con ellos y en realidad no les pasa nada por saltarse las normas. Vamos, justo lo contrario de una encarnación de la novela "1984" de George Orwell. A la hora de la verdad, acabada la situación de Estado de Alarma en España, la gente está haciendo básicamente lo que quiere, incluso en localidades como en la que yo vivo, donde el ProCiCat aún recomienda no salir de casa si no es necesario dada la fuerza de un brote que comenzó hace dos semanas pero la gente campa por sus respetos como si tal cosa.

Una de las manías más absurdas de los defensores de la teoría conspiratoria de la CoVid es actualmente la oposición a ser vacunado contra esta enfermedad. Esto es bastante divertido, porque se está dando por hecho que vamos a tener una vacuna pronto y que vacunarse será obligatorio. Con respecto a lo primero, no es seguro que lleguemos jamás a tener una vacuna contra la CoVid: hay muchas enfermedades infecciosas para las que nunca se consiguió una vacuna, y la CoVid no es precisamente una enfermedad de las que lo ponen fácil. Por ejemplo, ahora sabemos que dos o tres meses después de haber pasado la enfermedad la mayoría de los pacientes sufren una considerable reducción de anticuerpos, hasta el punto de volverse indetectables en una buena parte de ellos. Bien es cierto que la respuesta inmune a largo plazo no depende tanto de los anticuerpos en la sangre como de la presencia de linfocitos T que "recuerden" la enfermedad; de momento hay pocos tests analizando si han aprendido o no a luchar contra la CoVid, pero dada la mutabilidad del virus es posible que la CoVid sea una de esas enfermedades "difíciles de recordar", como el resfriado común o la gripe. Así que no podemos dar por hecho que vayamos a tener alguna vez una vacuna efectiva, por más que el presidente ruso vacune a su hija con una vacuna de su invención. Y con respecto a la segunda aseveración, es poco probable que la vacunación sea obligatoria para toda la población: como mucho, lo sería para la población de riesgo, la cual, seguramente, sí querría ser vacunada.

Estas obsesiones insensatas sobre la vacuna de la CoVid encajan bien con un movimiento conspiranoico de ya cierto recorrido en nuestra sociedad, el de los antivacunas. Los antivacunas sostienen que las vacunas no son 100% seguras, que sirven para propagar enfermedades y/o para el control mental y/o para rastrear a la población inyectando un microchip (esto último es de relativo nuevo cuño, y empalma con otra de las conspiranoias de nuestro tiempo, el de las redes 5G, a las cuales, por cierto, otro grupúsculo acusa de causar la CoVid - qué importa que prácticamente no haya antenas de 5G en España). 

Con respecto a lo primero, es cierto: las vacunas no son 100% seguras. Existe un porcentaje, conocido y documentado, de reacciones adversas graves, que en ocasiones son tan graves que pueden ocasionar la muerte. Eso le pasa a cualquier vacuna. Los porcentajes de reacciones adversas graves pueden ser tan bajos como uno cada 10 millones o tan elevados como 1 entre 100.000. Porcentajes más elevados de reacciones adversas que ésos simplemente no se aceptarían, porque con las vacunas se pretende que haya una relación coste-beneficio positiva: se pretende salvar más vidas que las que se ponen en riesgo. Y continuamente se está experimentando y perfeccionando las vacunas para reducir aún más el porcentaje de reacciones adversas graves, que en la mayoría de las vacunas son ya bajísimos, tan bajos que cuesta ya establecer si hay una reacción de causalidad. Pero la clave de todo está en que, si no se vacunase, moriría mucha más gente. Está la cuestión adicional que la vacunación no es solo una cuestión de salud individual, sino también de salud pública: los que se vacunan hacen de barrera para que la infección no se propague, y eso ayuda a la erradicación de la enfermedad. Por cierto, todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos; por ejemplo, si se leen Vds. las reacciones adversas documentadas para el ibuprofeno éste puede (muy raramente) causar alucinaciones, meningitis, fallo cardíaco, ictus y hasta la muerte.

Con respecto a las otras manías de los antivacuna de la CoVid (control mental, rastreo) son completamente estúpidas. Nuestras capacidades tecnológicas no llegan tan lejos; esos planes suenan a película mala de ciencia ficción. Además, ¿para qué recurrir a métodos tan complejos cuando los métodos actuales ya son lo suficientemente eficaces? Por ejemplo, ¿qué sentido tiene meterle a alguien un microchip para rastrearle - microchip que se puede inutilizar, quedar sin batería, ser destruido por el organismo o quedar alojado en un hueso y perder cobertura - cuando todo el mundo lleva encima dócilmente un móvil que le permite a los operadores de telefonía e incluso a los grandes operadores de internet rastrearle? ¿Cuando instaló Vd. la actualización del Google Play dio a aceptar en una lista de permisos, incluyendo el de los servicios de ubicación? ¿Sabe Vd. que Google usa los micrófonos de los móviles y de los dispositivos Google Home para grabarle sin su permiso? Si hasta La Liga de fútbol española usa una aplicación que usa el micrófono de los móviles para detectar en qué bares se ve fútbol sin pagar el canon (lo siento, en este caso no puedo poner enlace porque sería de un medio español y hace años que no lo hago por estas razones).

Con todo, lo más descorazonador de esta rebelión de chichinabo de los anti-CoVid (a ver cuándo aparece un grupo que decide no creer en las paredes o en la Ley de la Gravedad; sería igualmente absurdo pero al menos más divertido) es que los que participan en ella se creen que son algo así como luchadores por la libertad o libertadores. Nada de eso. Son tontos peones movidos por otro, y en cuanto a su faceta de "luchadores" simplemente habría que verla enfrentada a un movimiento autoritario de verdad. En una sociedad que ha comulgado con auténticas ruedas de molino y que, salvo honrosas excepciones, nunca se ha rebelado (y quien lo ha hecho bien que lo ha pagado), ¿acaso hay quien crea que todos estos "libertadores" aguantarían el tipo delante de una verdadera represión? Todos sabemos, ellos los primeros, que se volverían a su casa con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas antes de que les cayera el primer garrotazo. 

No va a ser con estas revoluciones de sofá como se va a cambiar a la sociedad. No es rebelándose contra hechos de la Naturaleza como se conseguirá  un avance. No es perdiéndose en disputas espurias como llegaremos a algo. A todos ésos más les valdría abandonar esas ínfulas de revolucionario del tres al cuarto y pararse a pensar cuáles son nuestros problemas reales.

Salu2,

AMT 

 

Post Data: Mientras escribía este post, se me planteó la duda de si merecía la pena escribir algo más informal y con capacidad de llegar a más gente, o seguir con el tono habitualmente neutro y analítico de este blog. Las dos opciones tenían sus méritos y desventajas, y no me supe decidir entre ellas. Así que al final decidí que iba a hacer las dos. Éste es el post analítico y justo detrás viene su mellizo, aunque, no sé, quizá me he pasado un poco con lo de su tono informal...

 

 

miércoles, 5 de agosto de 2020

Diálogos con Pedro: El otro



(Anteriormente: Los Tres Reinos).

Pedro esperaba la llegada de su Mareth sentado en "su sitio", ese espacio en la gran mesa de madera noble que había ocupado durante las anteriores sesiones educativas. Tenía a su lado los libros  que ella le había dado para leer, el ensayo que ella le había encargado y el cuaderno donde tomar notas.

Aunque intentaba disimularlo, Pedro estaba nervioso. Se había pasado toda la semana dándole vueltas a la cabeza, y los últimos días solo podía pensar en este momento, en esa sesión educativa que iba a tener lugar en unos instantes.

No entendía porqué su padre le había forzado a seguir esas "clases de refuerzo". A fin de cuentas, su futuro estaba muy claro. En algo más de un año cumpliría la mayoría de edad y se dedicaría al mismo negocio que su padre, el comercio. Un negocio que, además, conocía muy bien, ya que siempre que no estaba en la escuela o estudiando se pasaba el tiempo en la tienda de su padre; incluso, los dos últimos veranos había acompañado a su padre en algunos viajes para cerrar tratos en ciudades cercanas.

No es que las conversaciones con su Mareth (su tutora, su coadjutora) no fueran interesantes. De hecho, María (se estremecía y al tiempo se ufanaba de su osadía de llamarle así, por su nombre de pila) era ya la única persona  cuya conversación le resultaba estimulante. Ni siquiera su padre, quien tantas cosas le enseñó cuando era niño, parecía tener mucho más que aportarle. Su padre hacía tiempo que le parecía tactiturno, algunas veces distante; le trataba como si no le reconociera, a él, a su hijo. Pero María era diferente. Aunque tenía un sesgo... ¿cómo lo denominaría? ¿ecologista? No, no era exactamente eso. Era un tanto fatalista, quizá incluso catastrofista. No, no era correcto decir "catastrofista", no en ese momento de la Historia, porque el mundo había experimentado, en las décadas anteriores a su nacimiento, diversas catástrofes, según le habían contado. Él mismo había podido ver con sus propios ojos algunos signos escalofriantes y terribles de esos cataclismos, pues se los encontraban aquí y allá en sus viajes con su padre: tierra quemada, tierra quebrada, ciudades hundidas, ciudades destruidas... Es verdad que había habido una debacle universal, pero el mundo ahora renacía y todo era futuro y esperanza. Sin embargo, María tenía siempre ese deje triste de quien no ha superado el drama de los años pasados. Quizá el problema de María es que estaba anclada en el pasado, a pesar de que no era tan mayor como para haber vivido lo peor, puesto que tendría quizá solo 10 años más que él, o poco más.

Dejando vagar libremente sus pensamientos sobre María, Pedro se dio cuenta de que estaba yendo de nuevo por un camino que él mismo se había propuesto no volver a transitar, ni siquiera en sus ensoñaciones, así que bloqueó sus pensamientos y se centró en aquello de lo que realmente quería hablar ese día.

María era una extranjera. Hablaba tan bien la lengua de la isla que hasta la última sesión no se había dado cuenta, pero no era una isleña. Solo una sucia extranjera que había venido aquí para aprovecharse de nuestra bien merecida bonanza.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ella era demasiado alta, demasiado rubia, demasiado... ¿guapa? Posiblemente porque era tan guapa él no se había dado cuenta, o no había querido darse cuenta, de que era extranjera. Pero el hecho era que María era extranjera. Simplemente, un parásito más, de los que sus amigos y él se habían juramentado para expulsarlos de la isla.

Pero María también era muy lista, y la persona más erudita de toda la isla, o al menos eso se decía. Por eso su padre la había contratado como Mareth, como guía o mentor de su único hijo.

Sin embargo, Pedro tenía un plan. Por más inteligente que fuera María - ¿sería ése su nombre real? - aquel día la batuta la llevaría él. Pedro quería respuestas y las quería ya. No iba a dejar que ella le distrajera con sus rotundos discursos: él iría directamente al grano.

Esta enfrascado en esos turbios pensamientos cuando, repentinamente, notó un perfume que le resultó familiar. María ya estaba ahí, pero no había dicho nada. Estaba parada a solo dos metros de su espalda, y seguramente llevaba un rato examinándole. Después de varias sesiones, Pedro sabía ya que María era muy vivaz y que ningún detalle se le escapaba, así que no tenía sentido perder el tiempo con formulismos o  comenzando una larga conversación para intentar llevarla a su terreno. Había decidido ser directo.

- ¿De dónde eres, María? - dijo Pedro, arrepintiéndose al instante por lo rudo que sonó. Ni un miserable "hola" le había dicho.

Ella le miró a los ojos, con una expresión que Pedro no pudo definir, y le contestó con una voz calmada y suave. Él esperaba una respuesta evasiva, del tipo "¿qué importa de dónde sea?", pero en vez de eso su mentora contestó directamente.

- Soy de Freidon.

Era peor de lo que esperaba. No era una mestiza del medio norte, ni siquiera provenía de las Planas Halas. No. Venía de Freidon, el agujero del mundo, la cloaca inmunda que se estaba hundiendo en el mar. Hogar de desgraciados, miserables y delincuentes de la peor calaña. Pedro solo había visto a un freidonés en toda su vida, un gigantón rubio e hirsuto al que llevaban detenido por haber asaltado diversas villas; pero sabía que los habitantes de Freidon eran lo peor: sin moral, sin respeto por las costumbres isleñas, con ese sentido de tener derecho a todo y deber de nada...

Ella había tomado asiento delante de él, como solía, aunque no sacó el material que llevaba en su bolsón y simplemente se quedó allá sentada, las manos cruzadas sobre su regazo, esperando. Pero Pedro no se había dado cuenta de nada, ensimismado como estaba en sus pensamientos, mezcla de rabia y desprecio.

- ¿Te preguntas cómo es posible que una freidonesa de mierda sea tu Mareth? - dijo ella al fin.

Él asintió, incapaz de articular una palabra, pues la rabia que sentía le agarrotaba la lengua, mientras la sangre se le agolpaba en las acaloradas mejillas.

Quizá para ignorar los esfuerzos de su pupilo por contener su infantil furia, María miró hacia el gran ventanal, a un punto distante del horizonte, más allá del mar, y comenzó a hablar:

- Hubo un tiempo, hace muchos años pero no tantos como para que se haya olvidado, que Freidon era una de las naciones más prósperas de Europeé. Aunque es cierto que entonces no se llamaba Freidon.

- ¿Cómo se llamaba? - llegó apenas a pronunciar Pedro, intentando aún contenerse.

- Oh, se le conocía por diversos nombres - dijo ella, posando por un momento su mirada sobre Pedro pero volviendo en seguida a su punto más allá del mar y de la ventana - La Tierra Baja, era el nombre más comúnmente usado - y prosiguió - La Tierra Baja era una zona próspera: era la primera potencia comercial y marítima del mundo, y tenía una gran abundancia de petróleo y gas que extraía del lecho marino, muy somero en las aguas freidonesas.

Pedró consiguió calmarse un poco y empezó a prestar más atención a la explicación de su Mareth, no porque le interesase lo que una freidonesa (de mierda, como ella había dicho con justeza) tuviera que decir, sino porque le servía para distraerse y reganar la compostura.

- Los freidoneses vivían felices, sin pensar que su bienestar pudiera acabar nunca. La freidonesa era una sociedad muy igualitaria, en la que las familias contaban con múltiples ayudas y la inserción social de los desfavorecidos era una de las grandes preocupaciones. Pero un día todo empezó a torcerse...

Pedro recordaba haber leído algo sobre la Tierra Baja, una nación pequeña pero muy próspera de los Tiempos Pasados. No la había relacionado entonces con Freidon, ni se le había pasado por la imaginación que tuvieran algo que ver.

- Como sabes, uno de los motivos del Gran Cataclismo fue la repentina escasez de combustibles fósiles - continuó ella.

- El dichoso peak oil del que siempre hablas - masculló Pedro.

- Sí, ese dichoso peak oil - dijo María, ignorando el tono impertinente de su discípulo - pero también el peak coal, el peak gas, el peak uranium, el peak copper, el peak cobalt, el peak lithium... el peak everything, el pico de todo.  Todo comenzó a escasear más o menos a la vez, incluyendo el agua y los alimentos.

- ¿Y por qué no os preparásteis? ¿Por qué no lo anticipásteis? La culpa de todo lo que os pasó fue vuestra - el ritmo atropellado de Pedro acentuaba su tono acusatorio.

- ¿Fue culpa nuestra, Pedro? - dijo María, y sin darle tiempo a responder se contestó ella misma - Sí, fue culpa nuestra, pero no solo nuestra. También fue vuestra. Y de todo el resto del mundo.

Por un momento, Pedro la miró con esa perplejidad sincera de los niños cuando no alcanzan a comprender algo. Pero sus prejuicios estaban demasiado fuertemente asentados y replicó con aspereza:

- No intentes echarnos la culpa a nosotros - dijo Pedro.

- No lo hago. Solo describo cómo fue la cosa - respondió ella, y prosiguió - ¿Quieres que te explique un poco la historia de la Tierra Baja para tener una mejor perspectiva? Podrás comprobar todo lo que digo en los libros de Historia que tenéis en la Isla.

Pedro no estaba demasiado conforme, pero no tenía argumentos para negarse realmente. Además, realmente sentía curiosidad por saber qué había pasado para que la próspera Tierra Baja se convirtiera en la cloaca de Freidon.

- Lo que ahora te contaré es lo mismo que a mi me contó mi abuelo. Ésta es su historia, y también es la mía aunque yo no la viviera - la voz de la Mareth era tan baja y suave que casi susurraba.

Ella se puso de pie y se fue a la ventana, siempre mirando hacia ese punto distante en el horizonte y ajena al bullicio de la calle, que incluso en lo alto de la colina era perfectamente audible. Ella le daba la espalda y aunque al principio, por culpa de su orgullo mal entendido, Pedro no cambió de postura, al final se giró hacia ella. Tragó saliva. La apariencia de María era sobrecogedora. Los rayos de Sol del atardecer tornaban dorados los bucles de su cabellera. Ella se giró brevemente hacia Pedro y bajo esa luz sus ojos parecían transparentes, lo cual acentuaba la sensación de irrealidad de toda su persona. Combinado con su vestido blanco, apropiado para los calores del verano, María tenía aspecto casi angélico, casi sobrenatural, como si fuera un ser de otro mundo. O de otro tiempo.

- A principios del siglo XXI, la abundancia de recursos minerales que había permitido prosperar a las sociedades industrializadas llegó a su fin - los ojos de María se habían vuelto al punto del horizonte. - No se terminó de golpe, por supuesto: la extracción de minerales y combustibles fósiles seguía a buen ritmo, pero cada año se extraía menos.

Pedro carraspeó. Esa historia ya la había oído muchas veces.

- La Tierra Baja producía petróleo y gas, además de contar con una industria muy desarrollada y uno de los mayores puertos comerciales del mundo - la voz de María sonaba un tanto mecánica, distante - Mi país pertenecía al club de los países más ricos del mundo, y además todos sus vecinos eran del mismo club, así que en ningún momento mis compatriotas pensaron que nada malo les pudiera pasar. Sabíamos que a los países pobres se les esquilmaba, prácticamente se les robaba, sus recursos; pero era impensable que eso nos pudiera pasar a nosotros. O al menos eso pensábamos...

Había algo en las palabras de la Mareth que hizo que Pedro sintiera una zozobra extraña, una angustia ahogada.

- La escasez volvió feroces a los grandes países de Europeé, y la Tierra Baja no era un gran país. Faltando de todo, los ojos codiciosos de esos países fuertes, nuestros aliados, nuestros amigos, se volvieron hacia nosotros - María suspiró - Grandes empresas e incluso gobiernos extranjeros nos animaron a extender nuestras explotaciones, y nos ofrecieron mucho dinero y tecnología para hacerlo posible. Pero la población de la Tierra Baja se oponía: esos proyectos pondrían en peligro el subsuelo de nuestras ciudades y podían contaminar nuestra agua. El Gobierno convocó un referéndum y ganó el "no" por abrumadora mayoría. Cuestión zanjada. Eso pensaron: cuestión zanjada.

María hizo una pausa. Pedro vió que se mordía levemente su labio inferior derecho. Podía sentír su zozobra, pero no sabía cómo ayudarla. Ella continuó.

- Por supuesto, nada se había acabado. Hubo una sucesión de escándalos y el Gobierno cayó. Las siguientes elecciones las ganó un nuevo partido que prometía mayor transparencia y menos corrupción. El nuevo Gobierno negoció con las grandes compañías extranjeras y los proyectos rechazados en el referéndum se llevaron a cabo. Hubo muchas protestas en la calle y el Gobierno desató una feroz represión, al tiempo que aprobó nuevas leyes que restringían las libertades. La población de la Tierra Baja, antes orgullosa de sus libertades y privilegios, se sometió en silencio, resignadamente.

La rabia resonaba en esas últimas frases. María recompuso el tono y siguió hablando.

- Primero nos arrebataron los minerales y envenenaron el agua. Pero con eso no fue bastante. Luego talaron nuestros bosques y las lluvias desnudaron la tierra de su capa fértil que fue arrastrada hacia el mar. Los pocos lugares cultivables que sobrevivieron se aprovecharon para plantar "cultivos energéticos". Pero tampoco eso fue bastante. Al final, pescaron nuestros peces, y ya no nos quedó nada más que la miseria y el hambre. En ese momento, se fueron.

La voz de María sonaba hueca, en contraste con el ruido cada vez más apagado de la calle. Se acercó más a la ventana, como si quisiera estar más cerca, aunque no fuera más que un milímetro, de ese punto inasible al cual miraba.

- Explotó la guerra civil. Los que pudieron huyeron, pero no era cosa fácil: nuestros vecinos, nuestros antiguos aliados y amigos, habían construido muros y alambradas a lo largo de nuestras fonteras. Y entonces, en el peor momento, el mar reclamó la mitad de nuestro territorio - no por nada mi país se llamaba la Tierra Baja. Sabíamos que ese día iba a llegar, porque nunca hicimos nada para luchar contra el Cambio Climático, y las consecuencias de tantas horas de negligencia nos golpearon cuando teníamos la guardia más baja. Nada muy diferente, por cierto, de lo que le pasó a otros muchos países, incluyendo a nuestros queridos vecinos.

Paró un momento para respirar hondo. Su relato estaba acabando.

- Al final Freeburg colapsó. Nadie quería creer que tal cosa podría pasarnos, pero pasó: nos pasó. A nosotros. A los que nos creíamos tan fuertes y tan poderosos, aislados de las miserias de ese mundo al que mirábamos como inferiores, como tú me miras a mi ahora - acabó María.

- Pero la culpa en realidad fue vuestra. Fue consecuencia de vuestros errores - dijo Pedro, aunque su tono era titubeante: no se sentía tan seguro como al principio.

Ella se volvió hacia Pedro. Su rostro era sereno, lo cual contrastaba con las lágrimas que aún bajaban por sus mejillas. Pedro se sintió miserable por haber sido tan insensible con ella antes, por haberla despreciado de la manera que lo había hecho. Así, vulnerable, María parecía aún más bella.

- Sí, pero también otros se beneficiaron de nuestros recursos. No es por culpar a nadie: nosotros también se lo hicimos a otros países en épocas anteriores. Nunca pensamos que algún día llegaría nuestro turno. Nos creíamos invencibles, y que nuestra situación de privilegio se debía solamente a nuestra inteligencia y buen hacer.

Con un rápido movimiento de su mano, María se enjugó las lágrimas y cambió su tono por uno mucho más jovial, con enunciación profesoral.

- ¿Sabes que si esta isla donde nos encontramos se convirtió en un vergel fue por pura casualidad? Todos los modelos climáticos decían que este lugar se volvería inhabitable: demasiado calor, falta de precipitación, desertificación acelerada... Pero se produjo una anomalía, una extraña conjunción climática: en medio del mar abrasador, a medio camino entre dos continentes, se produjo un extraño corredor de humedad persistente. La combinación de temperaturas benignas todo el año, humedad y este suelo volcánico han convertido a la Isla en un insólito paraíso. No demasiado cerca de los inestables países del Norte y separada de los populosos países del Sur no solo por el mar sino por un infranquable y abrasador desierto, pero al mismo tiempo cerca de las principales rutas comerciales y vestigios de civilización de esta esquina del mundo.  Lo cierto, querido Pedro - a Pedro se le erizó el vello al oír ese "querido" - es que tuvisteis suerte, igual que otros la tuvimos antes. No la desaprovechéis.

Pedro estaba confundido. Estaba tan... enfadado con María (¿realmente sería ese nombre?) por ser una extranjera, pero de acuerdo con su relato - y por algún motivo él sabía que lo que su Mareth le había contado era completamente cierto - su odio estaba injustificado. Pedro clavaba su codo en la mesa y apoyaba su metón sobre su puño, sin saber qué decir ni pensar. Le sacó de su ensimismamiento la activación de la luz eléctrica. Afuera ya era oscuro. ¡Mierda! ¿Realmente era tan tarde? ¿Cómo se había podido alargar tanto esa sesión educacional?

María percibió su agitación y apoyo su mano nívea sobre el hombro del muchacho.

- Tranquilo, Pedro. No tienes que ir a ningún sitio - él se volvió, perplejo, hacia ella - Mañana lo dirán los diarios. El grupo terrorista conocido como "Los Verdaderos Isleños" ha sido desarticulado. A estas horas, la mitad de tus amigos estará en prisión. Tranquilo, solo los que tienen delitos de sangre: tus amigos de toda la vida, muchachos como tú, están a salvo, en sus casas.

- ¿Esto es cosa de mi padre? - preguntó Pedro, sin saber qué más decir.

- En cierto modo sí, porque fue idea suya que yo te impartiera estas sesiones educacionales - dijo ella con suavidad - Pero si te refieres a lo de hoy, no. Tu padre no sabe nada. Éste será nuestro secreto.

Ella se dirigió a la mesa para recoger sus cosas. La sesión tocaba a su fin. María le había salvado de cometer el mayor error de su vida, de hacer algo que en el fondo de su corazón Pedro no deseaba hacer pero a lo que se veía empujado por la presión del grupo. Sintió un gran alivio y, con él, sintió que todo el odio estúpido que había sentido contra aquella mujer se desvanecía. ¿Cómo podía haber sido tan necio? La miró como si la viera por primera vez. Aquella mujer sencilla e inteligente era tan superior a él que no entendía cómo podía haberla despreciado.

Ella debía adivinar sus pensamientos, a juzgar por su sonrisa, y aún añadió unas últimas palabras.

- El Otro nunca es el enemigo, Pedro. El Otro es simplemente otro, alguien diferente. Y, si te fijas bien, en muchos sentidos, el Otro es simplemente un espejo en el que no nos gusta vernos reflejados. Porque si el Otro no es diferente a nosotros, ¿cómo podremos justificar negarle el pan? ¿Cómo podremos justificar no ayudarle?

Tomó su bolsón, pero en vez de dirigirse a la puerta se acercó directamente a él, hasta que estuvo a escaso centímetros.  Pedro casi no podía respirar.

Ella le besó en la mejilla, e inmediatamente se volvió:

- Adiós, Pedro. Te he dejado tus deberes sobre la mesa. Nos vemos la semana que viene.

- Adiós, mi Mareth - no se vio capaz de llamarla María otra vez.

Pedro se quedó ahí, plantado, mirando como ella se iba. Antes de desaparecer, ella se detuvo un momento en el quicio de la puerta.

- Yo no huí de Freidon. A mi me llamaron.

Antonio Turiel
Agosto de 2020