martes, 18 de febrero de 2020

Todos los cangrejos de la Luna son azules





Queridos lectores: 

Hace muchos años, cuando era un doctorando en el Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid, compartía despacho con otros doctorandos. Como suele pasar en estos casos, por afinidad intelectual y por todas las horas que se llegan a pasar juntos, uno acaba por entablar una buena amistad con los compañeros de fatigas y de doctorado. Yo era allí una rara avis, porque mi tesis doctoral no versaba sobre los temas habituales en aquel departamento, pero mis conocimientos de física, mi sólida formación matemática, los frecuentes seminarios y las explicaciones de mis amigos me permitían seguir un poco los intríngulis de sus complejos estudios. Uno de mis amigos en particular desarrollaba su tesis en las aplicaciones de la Teoría Cuántica de Campos (TCC) a ya no recuerdo muy bien qué, aunque sí que recuerdo que buscaba las soluciones de las ecuaciones fundamentales de la TCC para la definición de partículas elementales en geometrías complejas. Solucionar este tipo de ecuaciones no es nada sencillo, y por eso muchas veces se recurre a simplificaciones o hipótesis sobre la forma de alguna posible solución de las ecuaciones, simplemente para ver si se puede obtener tal solución y de ahí ir estirando el hilo de todo el espacio de soluciones posibles.

El caso es que mi compañero, después de darle muchas vueltas, introdujo una hipótesis sencilla sobre la forma de una posible familia de soluciones y de repente, ¡bingo!, encontró que una nueva variedad de partículas elementales que verificaban un montón de propiedades físicas de lo más interesantes y que cuadraban muy bien con propiedades conocidas de partículas reales. Realmente fue muy emocionante, y todos nos alegramos mucho por él: sus resultados parecían algo muy revolucionario.

Pasaron los meses y mi compañero seguía trabajando en su teoría, cuando, de repente, sucedió algo que le dejó desconcertado. Encontró que sus partículas verificaban propiedades contradictorias: por decirlo de algún modo, podían ser, al mismo tiempo, completamente azules y completamente rojas. Estuvo varios días dándole vueltas al asunto, sin acabar de encontrar qué estaba pasando.

Una de esas tardes hicimos todos una pausa de nuestros respectivos trabajos y nos fuimos a tomar un café en la cafetería de la facultad. Mi amigo seguía dándole vueltas, y yo le pedí que me explicara cuál era el planteamiento general del problema. En aquella época yo tenía mucho más claros que ahora algunos conceptos clave de geometría diferencial, y cuando él me expuso su problema en unos términos sencillos y muy matemáticos, de modo que yo los pudiera comprender, me di cuenta de dónde estaba el problema: su familia de soluciones contradecía una propiedad básica de la geometría del espacio donde se suponía que estaban definidas. Lo que le pasaba a mi amigo es que todas las soluciones de la familia que él estaba estudiando verificaban todas las propiedades posibles porque, simplemente, no había ninguna solución de ese tipo.

Cuando aún estudiaba la carrera de Matemáticas tuve un profesor de Análisis Funcional, hijo de un conocido líder político, al que apreciaba mucho por su calidad intelectual y humana, aparte de por el hecho de ser un gran profesor. Él a veces condensaba conceptos profundos con aforismo simples. Evoco con frecuencia uno de ellos, porque me ha sido muy útil en mi vida. Decía mi profesor: "Los elementos del conjunto vacío verifican todas las propiedades, excepto la de existir. Por ejemplo: Todos los cangrejos de la Luna son azules. Al mismo tiempo, todos los cangrejos de la Luna son rojos. De hecho, todos los cangrejos de la Luna pueden ser de cualquier color que se quiera. Y eso es así porque no hay cangrejos en la Luna, así que podemos decir cualquier cosa del conjunto de ellos y será cierta, porque todos los elementos de ese conjunto la verificarán: lógico, no hay ningún elemento en ese conjunto. El truco está, por supuesto, en que hablemos de "Todos los elementos de ese conjunto". Si intentáramos hablar de un cangrejo de la Luna concreto, entonces tendríamos problemas, porque no hay ninguno. Los elementos del conjunto vacío verifican todas las propiedades, excepto la de existir. Recordad esto, porque a veces llegamos a contradicciones simplemente por el hecho de asumir que algo existe o es posible cuando simplemente no lo es."

Pocos años después de esa lección, improvisada al final de una clase y en respuesta a la pregunta de un alumno, el aforismo de mi profesor se mostraba con toda su cruel crudeza y arruinaba la tesis doctoral de mi amigo: sus maravillosas partículas elementales verificaban todas las propiedades excepto la de existir, porque no había ninguna solución a las ecuaciones que fuera de la forma que mi amigo había ensayado.

Al final mi amigo fue capaz de reformular su tesis y sacarla adelante; poco después de defenderla, quizá por ésta y puede que por otras decepciones del mundo académico, dejó la investigación y se dedicó a otros trabajos que seguramente le han sido de mayor provecho.

Viene esta anécdota al caso por un artículo de Yanis Varoufakis, el antiguo ministro de finanzas griego, que he leído recientemente. La tesis principal del artículo de Varoufakis es que la administración Trump entiende muy bien por qué deben oponerse a los activistas y a los científicos que trabajan sobre el Cambio Climático, porque no hay solución dentro del capitalismo al Cambio Climático y ellos de ninguna manera quieren renunciar al capitalismo. Que el capitalismo es incompatible con los límites biofísicos del planeta es algo de lo que hemos hablado con frecuencia aquí y no es ninguna novedad. Lo verdaderamente interesante del artículo de Varoufakis es que explica que la teoría económica clásica, que es la que se enseña en las facultades, y que maravilla con sus fabulosos teoremas que demuestran las maravillas del libre mercado y del capitalismo, se basa en la errónea percepción de que los fallos del mercado son la excepción, cuando en realidad son la norma.

Un fallo del mercado es una situación en el que el libre mercado no asigna los recursos de manera eficiente y se generan situaciones de ventaja para algunos participantes del mercado y de desventaja para otros. Un resultado habitual de los fallos del mercado son las externalidades (negativas): costes que se generan a consecuencia de una actividad económica pero que no son asumidos por el beneficiario de esa actividad. El ejemplo más evidente de externalidad es la contaminación: el propietario de la fábrica consigue el beneficio de vender su producto, pero no asume el coste de la reparación ambiental de la contaminación que causa.

No es nada sorprendente que el mercado, en el mundo real, no asigne eficientemente los recursos y que, al contrario, a lo que tienda es al ventajismo de los cada vez más fuertes en frente de los demás. Ya explicamos en su momento que lo que hoy en día se denomina arteramente "libre mercado" es más bien un "mercado natural", que viene a ser la transposición al mercado de la ley de la jungla o del más fuerte. Por ejemplo, en las recientes protestas de los agricultores españoles, en las que éstos denuncian que la diferencia de precios de los productos agrícolas entre su origen y el punto de consumo final puede ser del 900% y más, resulta evidente que una red de unos pocos distribuidores y comercializadores fuerzan los márgenes de los productores a la baja, hasta el punto de que algunos agricultores pierden dinero; y lo hacen abusando del hecho de que controlan prácticamente todos los canales de distribución: un buen ejemplo de mercado natural, donde unos pocos abusan de su ventaja estratégica y de que realmente no hay un acceso libre al mercado. Y a pesar de lo pasmosamente evidente de la situación, me encontré por internet con el comentario de un economista de cierta prédica y orientación ultraliberal, en el que el interfecto defendía este estado de cosas porque el mayor valor añadido estaba en la distribución y que era por tanto lógico que ésta se llevara la mayor parte de los ingresos por la venta de los productos agrícolas. La afirmación de este celota del liberalismo es en realidad tautológica: el valor añadido está donde está el valor añadido, y esto no responde a ninguna ley divina ni ecuación mágica, sino más bien a la capacidad de unos agentes del mercado de imponerse a los otros. Sin embargo, nuestro encorbatado amigo asume que si las cosas pasan así es porque deben pasar así. Nada de considerar que el mercado falla. Nada de aceptar que se imponen abusivamente externalidades. Porque en ningún momento se cuestiona que su modelo del mundo sea incorrecto.

Y sin embargo lo es. La mayoría de la gente percibe claramente que la sustancia del pensamiento económico contemporáneo no solo es errónea, sino que de hecho quienes piensan así son el enemigo. La mayoría de la gente se da perfectamente cuenta de que esa ideología, que dice que lo que se debe primar es la búsqueda del beneficio propio, es una absoluta perversión social, porque por culpa de ese egoísmo (por más que se quiera vender que es beneficioso para el conjunto de la sociedad) se está  degradando ambientalmente el planeta y esquilmando los necesarios recursos naturales. Y esto es un problema: si el común de la población percibe que la gestión de la economía se hace a sus espaldas y en contra de sus intereses, ¿cuánto más podrá aguantar este sistema sin que se produzca una rebelión? ¿Qué nivel de degradación ambiental y de retroceso material soportarán las masas antes de alzarse contra quienes, cegados en su panoplia doctrinal, rigen tan implacablemente sus destinos?

Ese error de percepción, de convertir la norma en excepción, invalida toda la teoría económica clásica. Las fabulosas ecuaciones de la economía clásica, aplicables en unas condiciones que son imposibles en el mundo real, nos dicen que todos los mercados son azules, y también son rojos. Salvo honrosas excepciones, la enseñanza que mayoritariamente se imparte en las facultades, propagando la falacia de que los fallos del mercado y las externalidades indeseadas son cosas excepcionales, no solo distorsiona la percepción de la realidad de los estudiantes, sino que es verdaderamente un adoctrinamiento en el error.  Como consecuencia, ir a la universidad a estudiar economía corrompe la mente y quiebra el espíritu, como bien señala Varoufakis en su artículo.

Si las hipótesis de partida son erróneas, todo el cuerpo doctrinal de la economía clásica no se aplica (o, al menos, no completamente) en el mundo real. La discrepancia entre las predicciones de esa teoría y la realidad son tan grandes que hace décadas que se sabe que se tendría que reformular todo el pensamiento económico para integrar la realidad del mundo físico y de los límites biofísicos del planeta. Pero delante de la evidencia de lo inapropiado de la doctrina liberal, sus defensores actúan como auténticos fanáticos religiosos, confirmando que en el fondo el liberalismo económico es religión y, peor aún, una secta destructiva. Acorralados por los tozudos hechos que muestran un mundo más desigual y degradado, los celotes de este culto actúan con arrogancia, y delante de las críticas obvias se escudan en un lenguaje abstruso con el que buscan, deliberadamente, ofuscar la verdad evidente.

¿Por qué deberíamos seguir a unos fanáticos que nos llevan a nuestra destrucción? ¿Por qué deberíamos hacer caso a una gente cuya doctrina promulga la exclusión social de la mayoría de la población? ¿Por qué permitimos que sea esta gente, fanática y adoctrinada en un error que no saben reconocer, los que dirijan los Gobiernos y los consejos de administración? Si toda la teoría económica se basa en hipótesis constatadamente falsas, ¿por qué ha de guiar nuestra sociedad?

Si queremos tener un futuro, si queremos que haya una salvación posible, urge una reforma radical de los estudios de economía. Y urge reciclar a todos los que están en los círculos de decisión. Cualquier economista que no comprenda la imposibilidad del crecimiento perpetuo debe ser inmediatamente apartado de sus funciones, igual que lo haríamos con alguien que nos vendiera las maravillas de explotar como fuente de energía inagotable los cangrejos de la Luna, por más azules que sean.

Salu2.
AMT

viernes, 14 de febrero de 2020

Business as unusual (in statu quo post)



Queridos lectores:

Una de las consecuencias directas que ha tenido para mí el temporal Gloria ha sido que he tenido que coger el AVE para ir a trabajar a Barcelona, en vez de ir en el tren convencional, como he hecho siempre.  Las fuertes inundaciones en la zona de Massanet cortaron durante un par de días la vía convencional; después, el servicio volvió a funcionar con una sola vía y restricciones de velocidad. Así, si normalmente me toma unas dos horas y media desde la puerta de mi casa hasta la de mi laboratorio, este tiempo se veía incrementado en al menos una hora más, y encima con cierta incertidumbre, ya que el servicio se vio interrumpido al menos en media docena de ocasiones. Así que me decidí a utilizar el servicio del tren rápido, cuya circulación estaba asegurada y cumplía con los horarios.

¿Por qué el temporal no afectó al AVE? Porque en la zona de Massanet pasa por un gran viaducto lo suficientemente elevado para que no le haya afectado las inundaciones. Eso sí, la gran cantidad de viaductos y taludes del AVE hace que su mantenimiento resulte mucho más caro que el de la vía convencional, pero por diversos motivos siempre hay más dinero para mantener el AVE y menos para el tren convencional. Sin embargo, seguramente resultaría mejor inversión mantener en mejor estado la vía convencional.

Una cosa que me ha llamado poderosamente la atención de este cambio en mi rutina es que tardo aproximadamente el mismo tiempo en llegar al trabajo. 

Por la mañana, me levanto solo unos 5 ó 10 minutos más tarde de lo que solía: el AVE que tomo sale unos 40 minutos más tarde que el tren convencional que hasta ahora tomaba, pero como la estación del AVE está a unos tres kilómetros de casa (la del tren convencional, solo a 300 metros) tengo que salir con bastante antelación (puedo ir caminando o en autobús, tardo aproximadamente lo mismo); además, hay que llegar a la estación del AVE con cierta anticipación, ya que hay que pasar un control de seguridad con escáner de rayos X y todo. 

El trayecto del AVE es bastante rápido: en 55 minutos se planta en Barcelona, frente a la hora y 55 minutos del convencional. Pero, una vez en Barcelona el AVE te deja en la Estación de Sants, en el extremo opuesto de la ciudad con respecto a donde está mi laboratorio. Así pues, tengo que coger un tren de cercanías hasta la Estació de França, y desde allí caminar unos 10 minutos largos hasta mi laboratorio: en total, algo más de 45 minutos contando la espera del tren de cercanías. Por contraste, con el tren convencional me bajaba en la Estación de Clot-Aragó, tomaba el metro y luego tranvía y en unos 20-25 minutos estaba en el trabajo. Al final, llego al laboratorio más o menos a la misma hora, 5 minutos arriba, 5 minutos abajo; y más o menos lo mismo me pasa a la vuelta. Eso sí, el trayecto en AVE es mucho más lioso y requiere más tiempos muertos, con varios cambios de medio de transporte que requieren tiempos de espera.

El tren convencional, con su ritmo pausado pero su forma mucho más simple y humana de acceder a él y de alternar con los otros medios de transporte, me da mucha mejor calidad de transporte para el mismo tiempo total. Porque en esas casi dos horas que me tiraba en el tren tenía tiempo de leer, de trabajar y de escribir posts como éste. Ahora estoy tardando lo mismo, pero dispongo que menos  tiempo para hacer lo que yo querría.

Y sin embargo se favorece el barullo y el ajetreo absurdo de lo moderno, de lo rápido, que en realidad no es lo uno ni lo otro, pues no hay nada tecnológicamente nuevo y más que rapidez lo que hay es apresuramiento.

Algo más me ha llamado la atención durante estos días, y es el tipo de personas que frecuenta el AVE. Nada realmente sorprendente: hombre con traje, mujeres con tacón. Yendo y viniendo de Madrid, todo porte y distinción. Empresarios y cargos de empresas medianas y a veces grandes, que hablan todo el rato por su móvil, compra, vende, dile a Luis que son 10.000 como habíamos quedado... Son los mismos que luego se arremolinan en la cafetería y la llenan de grandes voces y, a veces, de astracanadas. Son los amos del país, los que sacan España adelante - o así parecen creérselo. Yo paso entre ellos y los miro con la curiosidad distraída de quien ya está acostumbrado a ir al zoo pero que ocasionalmente encuentra un ejemplar distinguido. Ellos y ellas me miran con cierto asco, como si les fastidiara que yo aparezca, esperpéntico, en un medio que no es el mío. No les culpo.

Los negocios, siguen los negocios. Es lo único importante, que los negocios sigan saliendo adelante. Da igual a qué precio.

Estos días he tenido que realizar diversos viajes, unos por AVE en medio de esta fauna, otros en avión. Hace muy poco asistí a una reunión de científicos que trabajamos en el medio marino, realizada para preparar el programa de trabajo del CSIC en este área para los próximos 10 años. Fue una reunión un tanto larga, quizá incluso pesada aunque imprescindible para hacer ese trabajo. Y mientras íbamos discutiendo los diversos temas, los investigadores que iban hablando dejaban de vez en cuando caer algún dato terrible: la extensión de la contaminación de plásticos, el ritmo de acidificación de los océanos, la extensión masiva del anisakis por las pesquerías, el rápido incremento de la frecuencia de tormentas en el Mediterráneo que rompen las estadísticas que usan los actuarios... Los científicos van desgranando esos hechos terribles de manera profesional, casi desapasionada (casi: a más de uno se le nota la crispación cuando explica su hecho, aquél que mejor conoce por su trabajo), intercalados en medio de un discurso más técnico y formal. Comentan esos hechos terribles no porque quieran regodearse en nuestra miseria o porque busquen que les consolemos por nuestra mutua desgracia, sino porque en medio de la discusión son técnicamente pertinentes. Pero no son simples hechos neutros más, sino la constatación de un desastre sin precedentes. Si algún periodista hubiera estado en aquella sala y hubiera prestado atención a estos esporádicos puñetazos de verdad, seguramente habría salido alarmado a avisar al mundo.

Algo así ha pasado recientemente en Cataluña. El grupo de Ciencias de la Tierra del Barcelona Supercomputing Center acaba de terminar una simulación, dentro de un programa internacional, para determinar cómo podría ser el clima del planeta hacia el año 2100 en un determinado escenario de emisiones. Es un trabajo periódico que hacen de revisión de las predicciones, y este año han incluido nuevas mediciones y mejores modelos. Conclusión: el planeta podría calentarse 5ºC para 2100, peor del 3,5ºC que ya estimaban con ese mismo escenario.  La noticia saltó rápidamente a parte de la prensa y de ahí a la televisión catalana, pero ahí ha quedado todo, no ha trascendido a nivel estatal. Algunos periodistas han intentado subir la voz de alarma, pero rápidamente se ha aplicado la sordina.

Hay más noticias inquietantes últimamente. Un reciente estudio publicado en Science Advances advierte que las corrientes oceánicas se habrían estado acelerando un 15% por década durante los últimos 30 años. Dado que el océano es el gran redistribuidor de calor y humedad del globo, los impactos sobre el clima en nuestras latitudes podría ser demoledor. Nadie habla de ello. Si quieren tener una visión más completa de todo lo que se está desencajando en este mundo, ahí tienen la serie "Peor de lo esperado" en el blog de referencia "Usted no se lo cree". Pero nadie habla de todo esto.

De lo que todo el mundo habla es del coronavirus.

A día de hoy, se tiene constancia de que 1.370 personas han muerto y 60.349 han sido infectadas en China por la cepa COVID-19 de la subfamilia de los coronavirus. Eso nos da una tasa aparente de mortalidad del 2,27%, que es muy parecida a la de la gripe. Lo cierto es que seguramente la tasa de mortalidad real es inferior, porque hay muchos infectados que simplemente no desarrollan síntomas y lógicamente no son registrados en ninguna parte: se estima que los registrados son solo el 30% de los totales, lo cual daría una mortalidad de menos del 1%. Lo que hace especialmente peligroso a este virus es que es muy contagioso: no es lo mismo que el virus con una mortalidad del 2% infecte a una de cada mil personas (parecido a lo que hace la gripe en España cada año) a que uno con una mortalidad del 1% infecte a una de cada diez. Siguiendo con el caso de España, y tomando una población de 50 millones para redondear, en el primer caso se infectaría 50.000 personas y de éstas morirían el 2%, es decir, 1.000 personas, mientras que en el segundo caso se infectarían 5.000.000 de personas y morirían 50.000, es decir, 50 veces más que en el primer caso. Obviamente, la incidencia de este coronavirus va a ser muy inferior al 10%, pero eso no quita que la amenaza del coronavirus COVID-19 debe ser tomada seriamente por quien le corresponde, que son los epidemiólogos y los responsables de salud pública. Se trata de una cuestión técnica, y de contener la expansión del virus durante un mes más o menos, a la espera de que con la llegada de la primavera se vaya el frío (el cual tiene un efecto negativo sobre las defensas de las personas) y, sobre todo, que el mayor contenido en radiación ultravioleta de la radiación solar esterilice las superficies y detenga la propagación del virus (por eso nos resfriamos menos y no cogemos la gripe de primavera al otoño). Durante el próximo mes veremos que la epidemia llega a una fase de contención y finalmente el número de casos comenzará a disminuir hasta desaparecer en el plazo de unas pocas semanas - lo más probable es que a mediados de abril la actual epidemia sea ya historia.

Lo que no tiene sentido es el nivel de histeria que se ha disparado, especialmente espoleada por los medios de comunicación. En España la noticia económica del momento es la cancelación del congreso mundial de telefonía móvil por miedo al coronavirus COVID-19, pero lo cierto es que en todo el mundo se están dando numerosos indicios de fuerte parón económico: cae la demanda de petróleo, cae la demanda de cobre y en general cae la demanda de todo tipo de materias primas. Lo más curioso de todo eso es que estas caídas en demanda comenzaron varias semanas antes del estallido del brote de Wuhan, lo cual ratifica la impresión de que se está usando el problema, serio, de salud pública que representa la expansión del coronavirus COVID-19 para justificar la recesión económica.

Hace meses que hay síntomas de que el mundo se encamina hacia una nueva recesión económica, y de hecho los grandes gurús económicos vienen dando por hecho que en 2020 se va a producir otra gran crisis económica. Como avanzábamos en el post de previsiones para este año, durante la primera mitad de 2020 se va a intentar hacer lo posible para domesticar la recesión, de manera que se produzca de manera más gradual y menos dañina, sobre todo para los intereses del gran capital. Básicamente, se está intentando liberar algo de presión por la espita, con la esperanza de evitar lo peor, aunque se alargue la agonía en espera de tiempos mejores. Agonía que se cierne sobre muchos sectores, en particular el del automóvil, que ve peligrar decenas de miles de puestos de trabajo en los próximos años, en una reconversión que se anticipa durísima (y que poco tiene que ver con la quimera del coche eléctrico para todos).


Todo lo cual nos prepara para esa segunda mitad del año que, según yo anticipaba, se caracterizará por una grave crisis por una subida disparada del precio del petróleo. La última gráfica sobre la producción de petróleo de la OPEP que nos trae Ron Patterson en Peak Oil Barrel nos muestra que la producción de la OPEP lleva cayendo consistentemente desde hace unos meses, y evidentemente desde mucho antes del estallido del brote de Wuhan. 



De momento la caída no ha llevado a los mínimos de enero de 2009, pero se acerca peligrosamente, y este "ajuste" que ha propiciado el virus de Wuhan puede llevarla por debajo de ese fatídico nivel, recordemos, el que se produjo por la grave caída de actividad económica de la crisis económica del 2008-2009. Pero durante la década larga que ha pasado desde entonces los costes de explotación no han hecho que subir; la caída de precio del petróleo que estamos sufriendo ahora no será soportable por los grandes productores, que tendrán que cerrar yacimientos y abandonar aún más proyectos de los que ya están abandonando. Esta salida desordenada del petróleo, que ya dura unos años y para la cual el COVID-19 es la puntilla, va a provocar un aumento descontrolado del precio de aquí en unos meses (en línea con lo esperado por la propia Agencia Internacional de la Energía) y una profundización en la espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda.

En este contexto, ¿qué están haciendo los gobiernos? ¿Qué está haciendo el Gobierno de España? ¿Están viendo venir el desastre que avecina, o creen, como siempre, que el mercado se autorregula para bien? ¿Creen sinceramente que las medidas que proponen en la Ley de Cambio Climático y Transición energética que están a punto de aprobar aborda los problemas que tenemos ya, de forma inminente? ¿Se creen de verdad que fomentando la falsa solución del coche eléctrico y el innecesario y redundante fomento de las renovables van a cambiar en algo la situación actual? ¿No es el momento de dejar atrás las falsas soluciones? ¿No han escuchado lo que dicen los científicos?

Señores del Gobierno: el tiempo se está acabando, y Vds. aún no han entendido dónde está el peligro, y siguen yendo por donde no hace falta ir, por donde no se va a ningún lado. Éste no es el camino. Así, no.

Salu2.
Antonio

viernes, 31 de enero de 2020

¿Seremos ecofascistas?

Queridos lectores:

El maestro Beamspot nos ofrece esta semana un análisis nada cómodo, nada agradable, sobre cómo se está manipulando el problema (real) del Cambio Climático para imponer una política de exclusión social y de favorecimiento de los intereses de las clases dominantes. Un ensayo en tono muy iconoclasta, no para todos los gustos, pero ciertamente interesante.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.
AMT

¿Seremos Ecofascistas? 



 


En los últimos meses se está dando mucha relevancia al cambio climático, con manifestaciones, huelgas estudiantiles y protestas de variada índole, con un nombre relevante por encima de todos: Greta Thumberg.

Se comenta mucho en las redes sociales cómo esta niña de 16 años ha sido invitada a una reunión de la ONU, al foro de Davos, y en otras partes, donde básicamente ha ido leyendo la cartilla a la flor y nata de la diplomacia, las finanzas y el poder político.

Hasta la han nombrado para premio Nóbel de la Paz, que al final no se ha llevado.

Muchos creen, esperan, que sea la fuerza que lleve adelante toda una revolución para frenar, todos juntos, el cambio climático. Ciertamente, los movimientos Fridays For Future (FFF) y Extinction/Rebellion (XR), están captando portadas y muchos minutos en los noticiarios.

Algunos se han extrañado que últimamente se ataca mucho, cada vez más a Greta.

Lo verdaderamente extraño… es que se extrañen.

Obviamente, los que no están de acuerdo (¿en qué? esa es una clave que veremos adelante) no se iban a quedar de brazos cruzados.

Entre los que la atacan, figuran muchos youtubers, una eco-comunista de afilada pluma como es Cory Morningstar, Trump (¿cómo no?), Emmanuel Macron (eso ya es más raro), y otras figuras políticas de renombre.

Pero al menos ha servido para abrir el debate sobre ‘hacer algo para frenar el cambio climático’ y una mayor concienciación para actuar.

Eso me comentaba un compañero de trabajo, camino del concesionario a comprarse un muy ecologista SUV.

Otro, me comentaba que lo que hay que hacer es contratar todos la electricidad a una comercializadora de renovables. Claro que éste ya tiene su SUV y bien que cruza la península varias veces al mes. Justo los fines de semana que no coge un avión para irse a alguna parte.



Así van las ventas de coches por tipo. Habida cuenta que los pesados e inestables SUV son los más contaminantes a la par del tipo con mejores márgenes de beneficio, el clima no sale beneficiado, precisamente.



Esos son dos grandes ejemplos de la concienciación que se estila.

Y es que esos que atacan a la Thunberg, o, mejor dicho, al movimiento que tiene detrás, lo tienen fácil. Muy fácil.

Veamos un par de ejemplos notorios.

El primero se produce justo tras la publicación de ‘Venusianos’: justamente se propone en Alemania, y posteriormente en la reunión del G7 (a petición de Alemania, casualmente), la subida  del IVA a todas las carnes. La propuesta no es menor pues del valor reducido que tiene ahora (depende del país), al valor más alto, que en España se situaría al 21%, y creo recordar que al 19% en ese país que tanto gusta de las salchichas, los schnitzel, el leberkäse y otras comidas muy cárnicas.

Al rato salieron críticas a la propuesta por parte de Der Links (La Izquierda), y además, también y en la misma línea, por AfD (Alternativa por Alemania, digamos que de ‘derechas derechas’). Ambos decían algo que al que esto escribe y suscribe, le parece acertado: que eso iba a mermar y dañar mucho a la población más necesitada, que es la que llega justa a fin de mes, y a quiénes esa subida no les viene precisamente a mejorar su situación.


”No es acerca de privarse de todo. Es acerca de crear algo mejor… Podemos imaginarnos cómo mantener nuestros estilos de vida y la salud del planeta si lo hacemos correctamente.” Cámeron Díaz.
Claro que sí, guapi. Los 8000 millones de habitantes del planeta podemos mantener tu ritmo de vida sin fastidiar el planeta.

Si mencionamos que la idea era destinar esas recaudaciones a ‘mejorar el cuidado’ de los animales, pongamos por ejemplo Wagyu, Kobe, entonces la cosa parecía ‘más noble’.

Ciertamente, los de izquierdas son aquellos que deberían vigilar por la igualdad y que las leyes favorezcan a los que tiene menor poder adquisitivo mientras limitan los beneficios de los que tienen más poder adquisitivo.

Que el nacionalista AfD apoye la misma idea puede llevar a pensar en una nueva coalición social-nacionalista (¿o será al revés?). Desde luego, algo de razón llevan.

Tanto es así, que cierta corresponsal española de gran reputación, en la rueda de prensa en la que el G7 explicó precisamente estas intenciones, notó y publicó en Twitter que en dicha rueda de prensas se agasajó a todos los corresponsales con un suculento banquete a base, fundamentalmente, de cárnicos. Pueden consultar el video que se hizo viral aquí.

Un claro indicativo de cuáles son sus intenciones, ¿no les parece?

Una segunda noticia, está más publicada, va sobre una cumbre sobre el clima en Sicilia, donde 300 “celebrities” estaban invitadas para hablar de cómo concienciar a la población de la necesidad de actuar contra el cambio climático.

El evento se realizó gracias a 114 jets privados, un puñado de cruceros de lujo tamaño portaaviones que gastan tanto bunker o fuel oil extrapesado (y sulfurado) con unas emisiones de 3,3 toneladas de CO2 por hora, y un número indeterminado de helicópteros, limunsinas o Maseratis ‘prestados’ por la organización para que sus invitados pudiesen pasearse por la isla y disfrutar de las magníficas vistas sin desmerecer su status en el lujoso complejo de Verdura Resort cercano al parque arqueológico de Selinunte, patrimonio mundial de la UNESCO.




Villa Verdura Resort. Todo un alarde de austeridad en pos del bien del planeta. ¿Ejemplo a seguir?

De esta noticia, justo al contrario que la del G7, hay muchas noticias en Internet. Al menos, en Google me salen un porrón, tal vez porque Google era el organizador de dicho evento, como los pasados 7 eventos.

Evidentemente, el hecho que el príncipe Henry, Enrique para los amigos, diese su charla descalzo, también tendremos que agradecerle que dijera que solamente quiere tener 2 hijos, hace que todos estos detallitos que he mencionado sobre los Maseratis, yates y jets privados sea una pequeño detalle aceptable. Se ve que el clima va a dejar de cambiar porque su Alteza Real Henry no se calce los pies un día.

En resumen: una parte importante del ‘cambio climático’ es postureo, farándula, pose, moda…… y sobretodo, impuestos.

Sí, sí, I-M-P-U-E-S-T-O-S.  cuya orientación no trata de castigar al que emite CO2, el productor industrial de carne, sino al consumidor. No hay manera de saber fácilmente si el G7 aprobó la idea de cobrarnos impuestos por consumir carne, un consumo que NO emite CO2, ya que éste lo emite la producción industrial de la misma.

Ante la propuesta de comer ‘carne vegana’ deberíamos ser críticos y contrastar tanto por que ha recibido tanto apoyo por parte de los mass media, como que hay de verdad en las críticas que reciben incluso desde informes del IPCC.

Tal vez la realidad nos la evidencie algunos de los accionistas que hay tras esos Unicornios, entre otros encontraríamos a Al Gore (y muchos secuaces) y la defensa de cuyos intereses ha conseguido hacer subir las acciones de empresas como Beyond Meat e Impossible Foods más de un 20% sin que exista ninguna seguridad de que sea comida saludable y ni si quiera que su uso generalizado ayudara a mejorar el clima del planeta.  Los movimientos realizados por esos “inversores” creo que ya son un indicativo de por dónde van los tiros.

Una de las principales críticas se centra en lo llamativo que resulta que los nutricionistas defiendan que comamos el mínimo posible de comidas procesadas, y que nos centremos en hacernos nosotros mismos la comida. Pero esos Unicornios lo que hacen, precisamente, es vender comida ultraprocesada, con muchos ingredientes producidos industrialmente. Esa “carnes veganas” son todo lo contrario de lo que representa una ensalada de vegetales. Es más, la fabricación, el procesado y transporte también emite CO2, así que está por ver realmente que ganancias comporta semejante comida.

Otras críticas se centran en el contenido de Organismos Modificados Genéticament (OMG o GMO), que no hay garantías sobre lo saludables o poco saludables que resulta la ingesta de estos alimentos o su calificación como “fake food”.

Otra cara del mismo proceso es la sustitución del azúcar de las bebidas, que se dice que es malísimo, por edulcorantes procesados que también son productos “refinados” y que aunque se venden como saludables en realidad no son garantía de nada. Pero mientras tanto ya tenemos un nuevo impuesto transversal e “igualitario”, es decir que pagan por igual ricos y pobres.

En resumen, se trata de diferentes maneras de conseguir una población más controlable a través de técnicas de control de la alimentación de la población que son sobradamente conocidas por los expertos en sectas.

Que la dieta vegana es desequilibrada y requiere de suplementos como la vitamina B12 debido a la falta de ciertos nutrientes, es de sobras conocido. Nuestro organismo no está genéticamente adaptado a estas dietas.

Las personas con acceso a un nivel inferior de proteínas son mucho más controlables y a ello se pretende llegar mediante la renuncia voluntariamente al consumo de ciertos alimentos, y en favor de los alimentos producido por determinados sectores alimenticios, resuena en mi cabeza el escándalo de la dieta “Ma.Pi”. Y al mismo tiempo que se incrementa el control sobre la población también se incrementa la presión fiscal indirecta, normalizando la aceptación voluntaria de impuestos que son cualquier cosa menos proporcionales al nivel de ingresos.

Con esta munición, es lógico que los partidarios de Greta vean cómo cada vez la atacan más y más duramente.

Pues lo siento. Tal y cómo ya escribió Antonio Turiel, Greta es irrelevante. No se trata de ella. Ese despilfarro de ideas comentado no lo ha creado ella.

Greta es irrelevante.

Esos que atacan a Greta son irrelevantes.

La cumbre de Sicilia es irrelevante.

El IPCC es irrelevante.

El consenso científico es irrelevante.

El Cambio Climático es irrelevante.

Sí, sí. El Cambio Climático es irrelevante.

Lo realmente relevante, lo muy muy realmente relevante, es QUE HACEMOS ANTE ELLO.

Podemos volver de nuevo sobre la pregunta ¿Hay un cambio climático?

Creo que la gran mayoría de la población está de acuerdo con ello. Yo particularmente lo estoy.

¿Ese cambio climático es creado por el hombre?

Ahí ya hay más desacuerdo, aunque personalmente creo que la fracción del cambio debida al ser humano está entre el 60 y el 80%, pero la seguridad que tengo en esa figura es bajísima.

En cualquier caso, esto es relativamente irrelevante. Hay mucha gente que cree que la participación humana es inferior, aunque pocos que digan que es nula.

A falta de datos fiables, y el IPCC no está precisamente muy claro en este punto (no hay demostración física ni científica ni matemática de qué % exacto es debido a nosotros), este punto creo que tiene que quedar como ‘provisional’.

Pero lo dicho, es irrelevante. No debería serlo, pero lo es.

Es irrelevante porque de lo que se trata, de lo que va todo el movimiento de Greta, así como el de la mayoría de sus detractores, NO es de Cambio Climático.



Das Wetter über Alles.

ESTO VA DE CONTROL, DE AUTORITARISMO Y DE IMPOSICIÓN

Imponer. De esa palabra precisamente se deriva el término impuesto(s).

Imponer. No discutir.

Imponer, no dar explicaciones.

Imponer, no consensuar. Por mucho que hablen de consenso.

Imponer, no dialogar.

Imponer, no evaluar diferentes opciones ni las repercusiones de dichas opciones.

Imponer, no evaluar los costes tanto económicos como sociales.

Imponer, pese a quién le pese, e independientemente de la opinión de la mayoría.

Imponer, nunca escuchar ni aceptar discrepancias.

Unos quieren imponer unas cosas. Otros defienden que se mantenga el orden impuesto (que, de hecho, es algo más flexible).

Pero nadie dialoga (a los españoles nos debería sonar y mucho).

En realidad, nada nuevo.

Anteriormente ya hemos visto algunos de los caminos utilizados para ejercer el control e imponer ideas de forma autoritaria, pero se nos ha pasado por alto una que tiene siglos de vida documentada.

El uso de niños en un debate para conmover a la audiencia y lograr que el público se deje llevar más por las emociones que por la razón. LA PEDOFRASTIA.



Un talante muy dialogante, sosegado, maduro, adulto, tranquilo. Un gran ejemplo.


El uso de la pedofrastia es generalizado en el ejercicio del poder, (nunca va a entrar en el código penal, visto que quienes lo usan, los beneficiarios son precisamente los que hacen las leyes) y el control de la población, y recientemente  se puede ver por ambos lados: la Thumberg, claramente la víctima, es un gran ejemplo, prácticamente calcado del de la Cumbre de Río 1992, de la que se recuerda el discurso, pero no las previsiones que se hicieron entonces, ni de contrastarlas.

Pedofrastia que también se puede ver y casi tocar en gran parte de vídeos de youtubers jóvenes donde se ataca a Greta, con más o menos fundamento, muchas veces además de forma denostable, ataques ad hominem realmente feos, y que están dirigidos al público joven. Es decir, videos pedofrastas, perpetradores de pedofrastia.

¿Qué hay de raro en que se devuelva el ataque con la misma moneda? Ambos lados están al mismo nivel. A ninguno de los dos les interesa el debate realmente, ni el razonamiento, no quieren que la cosa salga del ámbito de los sentimientos y por ello usan a las víctimas más indefensas que hay: los niños.

Saben bien lo que hacen. Este truco, como hemos dicho, tiene siglos.

Y dos objetivos: el primero, llegar a los adultos, especialmente a los padres y abuelos, al corazón, que es el órgano que está más cerca de la cartera.

Visto que algunos personajes escriben sobre esto y encima dicen claramente que hay que incentivar que los colegios ‘eduquen’ a los niños en ‘esos valores’ (los de la cuerda del que escribe, y eso vale por ambos lados), es una clara alusión al adoctrinamiento infantil. Ese es el segundo objetivo.

Eso es tan viejo como la pedofrastia. Casi que es lo mismo, sólo que perpetrado por un cierto tipo particular de personas.

Pero si nos centramos solamente en el canal, los niños y la pedofrastia, también nos quedaremos en lo irrelevante. Una segunda capa de irrelevancia que ya les va bien.

Algunos participantes del foro ya han apuntado hacia el objetivo concreto, lo relevante. El uso del lenguaje (visual y oral principalmente) centrado en la forma en que se dicen las cosas, y el cómo se dicen, en este caso, mucho más que en el contenido del mensaje, que simplemente son ordenes concretas que no se aceptarían dichas de otra forma o modo.

De nuevo, y como no, en ambos lados por igual.

Estas técnicas de expresión, muchas de ellas claramente presentes en el lenguaje comercial, de la publicidad, de la venta a domicilio, de las técnicas de márquetin y de algunas otras más ocultas, tampoco son nuevas.

El hecho de ensalzar unas razones claramente morales (que es el único adjetivo aplicable) por encima de otras, articula una base ideológica sobre la cual esa ‘moral última’ o ‘moral superior’ está por encima de cualquier otra cosa.

Eso da permiso, justificación a hacer cosas que de otra manera serían inmorales, inaceptables.

Pongamos por ejemplo a ‘educar’ a nuestros hijos a que, si hace falta, denuncien a sus padres por ‘actos inmorales’, como no reciclar. Ok Boomer.

Eso va directamente a cultivar las diferencias morales, la distinción entre ‘buenos’ y ‘malos’ en base a esa moral última.

Esto fomenta claramente, y como primer paso, la ‘etiquetación’, la discriminación en base a esa etiqueta de ‘buenos’ y ‘malos’, la eliminación de los ‘malos’ del diálogo.

Maniqueísmo puro y duro. Maniqueísmo de base biológica que enlaza con el tribalismo ancestral. Y que afinando un poco más podríamos conceptualizar como de ‘política identitaria’.

 

POLITICA INDENTITARIA

¿Qué es la “política identitaria”?

Como sabéis, trabajo en una fábrica que hace componentes electrónicos para la automoción.

Y voy a contaros un secreto. Pssssst, no se lo contéis a nadie.

El negocio de mi trabajo, el objetivo secreto secretísimo de la multinacional para la que curro, es vender tantos productos electrónicos de la automoción como sea posible.

Resulta que todos los coches llevan de estos productos, como llevan el climatizador, el sistema de audio, asientos, puertas, ventanas y ruedas.

Es más: los coches eléctricos llevan mucha más electrónica, y encima más cara.

Así que a la empresa en la que trabajo, secretamente, le interesa vender cochepilas más que otro tipo de coche.

A mí también me interesa que estos entren y que nos den productos de estos a fabricar. Va en ello mi sueldo.

Lo dicho. Trabajo en el sector de la automoción. Esto me identifica como pro-coches.

Ergo, por definición, por ‘identidad’, yo estoy en contra del cambio climático.

Por supuesto, soy varón, blanco, hetero, europeo, español para más señas, de mediana edad y de clase media – alta, aunque sea un ‘soldado raso’.

Por tanto, según la política identitaria, soy machista, racista, homófobo, elitista, colonialista, retrógrado casposo – conservador, y burgués.


La foto robot de mi DNI según la política identitaria. Aplica a casi la mitad de la población. Sin embargo, no cuadra con las estadísticas de voto. ¿Manipulación?



Evidentemente, haga lo que haga, me guste lo que me guste, diga lo que diga o escriba, opine lo que opine, o vote lo que yo vote, por identidad, me corresponde votar a Vox.

Y si no lo voto (como es el caso), entonces peor: soy un traidor a mi identidad.

Que casi la mitad de casi todos los países (excluyamos el Vaticano) sean hombres, importa un pimiento.

Que la mayoría de españoles, más de la mitad, sean de clase media, importa un higo.

Que la mayoría de españolas y españoles seamos heterosexuales, importa un rábano (o un higo, según el género que cada cual guste).

Que sea un ‘soldado raso’ no importa un carajo. Ese es el concepto de ‘identidad política’.

No puedes hacer nada para escapar de ella… excepto la obediencia y seguimiento ciego de los preceptos de aquellos que la aplican.

Eres culpable hasta que obedezcas se demuestre lo contrario, es decir que acates la disciplina.

Siempre habrá alguna etiqueta o identificación que te hará ‘culpable’ o ‘malo’.

Otra cosa parecida ocurre con los términos, conceptos y valores ‘morales’ de la ‘escala de valores’ de la ‘doctrina’ sobre el Cambio Climático.

Dichos conceptos son deliberadamente difusos, indefinidos, genéricos, inconcretos, imprecisos. Eso permite la libre interpretación por parte de los que dirigen.

Cambio climático: Como estar “contra” el Cambio Climático si el clima cambia de un día para otro!!

Crisis Climática: Aplicar un concepto suficientemente abstracto para poder diluir la culpa entre todos. Ahora ya la culpa de la crisis no la tiene el capitalismo, ni si quiera los políticos; el problema, “la crisis”, es de origen climático; NOS AFECTA A TODOS Y TODOS SOMOS CORRESPONSABLES:

Emergencia climática: El problema, la crisis no permite reflexionar, hay que actuar. URGENCIA!! PRISA!! Lo contrario de lo que el razonamiento impondría.

Migraciones climáticas: Los migrantes ya no son económicos o políticos, son climáticos y como todos somos culpables todos estamos obligados a acogerlos con los brazos abiertos.

Escépticos del cambio climático: malos malosos, malditamente malvados.

Negacionista: aquel que se niega a aceptar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de la doctrina. Dan igual los hechos, son irrelevantes.


”Pero yo nunca he dicho que necesitamos matar, descartar o desmantelar el capitalismo para combatir el cambio climático”. Esto lo cambia todo, ¿no?

Fascismo: todo sistema político que no me gusta, que no es el mío.

Fascista: todo aquel ser que no opina lo mismo que yo, y que no atiende a razones y no se ‘doblega’ ante la evidente superioridad de mi credo-dogma-ideología-gusto-orden, todo aquel que es capaz de discutirme, independientemente de que tenga o no razón.

Aplicar esos conceptos difusos permite reinterpretarlos y adecuarlos a los cambios y gustos del poder establecido.

Este mismo léxico, además, tiene otro tipo de armas arrojadizas verbales que podríamos definir como ‘matapensamientos’.

No sólo se trata de léxico en sí, pero se basan también en la identidad política y se aplica para impedir el razonamiento del adversario. Para impedir entrar en el debate.

Unos cuantos han salido ya en la lista anterior.

¿Que no apoyas el rango de medidas contra el cambio climático que yo propongo? Eres un negacionista climático (y por eso te mereces lo peor).

¿Que tienes un diésel? Eres un criminal, un homicida (y por eso te mereces lo peor).

¿Que te parece que Greta es un producto comercial? Eres un fascista sin corazón (y por eso te mereces lo peor).

¿Que crees que hay que poner límites al uso industrial y las emisiones? Eres un marxista redomado.

¿Que eres europeo? Entonces eres un racista contra las razas indígenas de otras regiones del mundo.

¿Que me pones en evidencia porque soy una celebrity de esas que va en jet privado a un evento contra el cambio climático? Eres un fascista envidioso (y por eso te mereces lo peor).

Como eres ‘malo’, ninguno de tus argumentos y razones importará ya. Simplemente, se olvida y así la fe del que lo lanza cual conjuro, queda debidamente protegida contra todo aquello que le pueda causar una duda, una ‘crisis de fe’.

Como diría un periodista “No dejes que la realidad te estropee un buen titular” que traducido al marketing político pasaría a un “No dejes que los hechos se opongan a tu ideología”

Así resulta que, si como yo, crees que hay un cambio climático, que hay mucho que hacer, que sólo llegaremos a paliarlo, no a revertirlo, y que las soluciones que se promueven (cochepilas, renovables eléctricas intermitentes, gentrificación de los cascos antiguos de las grandes ciudades sufragados por todos nosotros), especialmente las impositivas, no son el camino adecuado, entonces eres un ecofascista (y por tanto, me merezco lo peor).

Y aquí llego al punto al que quería llevarles a todos ustedes, pacientes lectores que han sido tan valientes de leer hasta aquí.

Y es que todo lo que estoy diciendo es viejo y probado, demostrado, utilizado e historiografiado. Se usó extensivamente hace ahora un siglo en Europa, y posteriormente en parte de Asia.

Nazismo, comunismo, Jemeres Rojos, Grandes saltos hacia adelante, fascismo. Todos ellos usaron, sin excepción, estas técnicas. Incluyendo la de la prisa: hay que actuar, no es tiempo de pensar, ya, ya, ya. La casa está en llamas. Corre, actúa.

Obedece. Paga. Acata.

Shock. Histeria.

Ario/otra raza, o comunista/cualquier otra ideología económica, proletario/kulak, chino/uigur (si, y eso es actual), etc. Hay gran cantidad de ‘etiquetas’ o ‘identidades’ que se han usado, pero todos estos han aplicado exactamente el mismo tipo de técnicas.

La situación hoy en día aplica exactamente al tema del cambio climático. Y a muchos más.

Se está forzando la radicalización de la población. Se la obliga a sentir en vez de a razonar, pasando por encima del pensamiento, el diálogo, la planificación y la crítica.

Se exacerba la necesidad de los adolescentes de pertenencia a un grupo o ‘tribu’ para acentuar los sentimientos tribales. Incluso de volverse contra sus padres (“Ok Boomer”).

Se apela a las conversaciones con un elevado tono y carga emocional para incitar al ‘cerebro reptiliano’, a los sentimientos, a las partes más primitivas de nuestro sistema nervioso, a que actúen, a que tomen una decisión binaria, maniquea: eres presa o depredador, come o huye, blanco o negro, bueno o malo.

Si después es necesario, el sistema nervioso superior y más avanzado, ya racionalizará y buscará los argumentos para dar soporte a una decisión que se ha tomado en un nivel mucho más primitivo, antiguo, ancestral.

La neurociencia actual explica unos conocimientos que tienen siglos y que se han ido mejorando y perfeccionando con la tecnología y el conocimiento, la psicología, pero que no son nuevos.

Se está aplicando una doctrina comunicativa que pretende radicalizar y atrapar a la sociedad entre dos fuegos cruzados, ambos radicales, ambos minoritarios.

¿Cuál es la sorpresa? Me preguntaran algunos.

Pues que una mayoría de población no se siente representada ni por los secuaces de Greta ni por sus detractores. De hecho, la mayoría piensa como yo, que sí que hay un cambio climático, que nos estamos cargando el planeta, y que hay que hacer algo, pero que el planteamiento no nos parece el correcto, las soluciones, las imposiciones carecen de lógica.

Que nos suban el IVA de la carne que los mismos políticos dan a los periodistas (¿sería eso entonces un tipo de soborno?) mientras nos dicen al populacho que comamos gusanos e insectos, tal y como recomienda la FAO.

Que nos crujan a impuestos por tener un coche, aunque sea uno de segunda mano, o un modesto Dacia, mientras que subvencionan y dan privilegios a aquellos que pueden permitirse un Tesla de 80.000€. Pagarles la electricidad mientras están aparcados en una plaza en la que no podemos poner nuestro coche sin pagar, probablemente ni podemos siquiera acercarnos, mientras además de la electricidad gratis, también tienen la plaza gratis durante todo el día. Peajes gratis. Eso a alguien que gana una pasta gansa para gastarla en cochazos que son de lujo y que están en el 12.5% (el octavo) superior de los coches vendidos por precio.

No nos parece lógico ni razonable.

Que se demuestre que en Noruega la aplicación de estos privilegios no hace otra cosa que bombear dinero de las clases pobres, que tienen que ir en transporte público a un trabajo, pero que llegan tarde porque su carril bus está lleno de cochepilas, de sus jefes que llevan el cochepilas de turno.

Que un país donde el 25% de mayor poder adquisitivo tiene 17 veces más coches que el 25% inferior, y que hace que se adopten políticas que les permiten dejar de mezclarse con el populacho, ya sea en los transportes públicos u en otros servicios. Una élite que una vez se compra ese segundo o tercer coche, el utilitario eléctrico (que mayormente es comprado por quién ya tiene uno o dos térmicos), con el que hace un 40% del kilometraje como mucho olvida al resto de la población y solamente se ocupa de como preservar sus privilegios.

Hace ya tiempo que vengo diciendo que esto del cochepilas, y también el autoconsumo, las renovables eléctricas intermitentes, y ahora ese plan de reurbanizar las almendras centrales de las grandes ciudades con el dinero de todos para el privilegio de unos pocos, con la excusa del cambio climático, se ha convertido en una lucha de clases encubierta y favorecida precisamente por aquellos que, dicen, luchan por la igualdad y la reducción de las diferencias de clase y de salariales, la ‘izquierda del cava y el caviar’.





Como de costumbre, hacen lo contrario de lo que predican.

El viejo lema de las instituciones religiosas “Haced lo que os digo, no lo que hago”. Hipocresía en estado puro.

Una hipocresía que se está interiorizando por los que estamos en el lado que ‘recibe’ los varapalos mientras nos gritan que somos ‘malos’. Los soldados “rasos” formamos esa mayoría que cada vez se siente menos identificada con ninguno de los mensajes (activistas climáticos y negacionistas). Somos esa mayoría que está empezando a despertar del sueño y las falsas promesas del sistema.

Por eso, de momento, la gente se cansa de que la insulten a la cara, que le tomen el pelo, que los juzguen por el grupo en el que se mueven y no por su valía personal. Una mayoría cada vez más desafecta que está cansada de que la acusen, la insulten, la humillen, la idioticen, y encima le enciendan el odio.

Todo esto cansa, y causa desapego. La polarización funciona…-- durante un tiempo. Pero estar permanentemente enfrentándose es cansino, agotador. Y mentalmente muy muy peligroso.

Una moda que no tiene mucho recorrido mientras se tenga la barriga llena. Algo que deja a una gran mayoría desamparada políticamente, y que generalmente es causante del desapego político y de la abstención.

Una moda que, sin embargo, se vuelve muy peligrosa cuando las estrecheces empiezan a arreciar. Una moda que exige que cada vez se sea más y más radical para seguir forzando la radicalización. De ahí el despegue de Vox en las últimas elecciones.

Hace ya mucho tiempo empecé a escribir una serie sobre el discurso del sistema, de la que se han publicado ya las dos primeras partes, y desde entonces estoy enfrascado en la tercera, la mayor, la que explica precisamente todo esto.

Uno de los objetivos de escribir, es que me ayuda mucho a aclararme las ideas, dejar aparcado a un lado el sentimiento, mientras pongo a trabajar las partes más evolucionadas del cerebro, que son precisamente las facultades que hacen falta a la hora de escribir.

Ayuda a pensar, a aclarar las cosas.

Enfrascado en ese ‘mensaje’, en ese discurso, cada día que pasa me doy cuenta de lo extenso y enrevesado que es. Y entre las cosas que he ido descubriendo, está una obvia, que más o menos entendí justo en las mismas fechas en que uno de mis referentes, John Michael Greer, publicaba exactamente el mismo desenlace: este movimiento ambientalista es una moda que en pocos años va a pasar.

Igual que el monofuturo en el que hasta ahora hemos creído, y que vemos cómo se va desvaneciendo.

Justo antes que se conociese el caso del Google Camp y sus 114 jets privados.

Todos aquellos que tienen dificultades para llegar a fin de mes y ven como la factura de la luz no para de crecer, por gentileza de las renovables (¿pero, no iban a bajar dicha factura?), que la carne se pone por las nubes y les cuesta llega la barriga de sus hijos, a los que ven cómo los adoctrinan, mientras se quitan de encima un coche por el que no conseguirán ni un duro por ser ‘sucio’, y que no tienen claro que coche comprarse porque no pueden permitirse uno ‘limpio’, mientras sospechan que los ‘sucios’ que aún se venden podrían quedar obsoletos legalmente en breve, mientras el coste de mantenimiento los hace casi tan prohibitivos como los ‘limpios’.

Gente que ve como el transporte público sigue denostado y cada vez sale más caro. Gente que vive de un turismo que ven cómo cada día que pasa está más amenazado, y que son más del 20% de la población asalariada.

Gente que vemos (incluso llevamos años diciendo) que el cochepilas no va a sustituir el coche normal, que la gente va a ir a pie o en patinete chino, y que el futuro de la automoción europea está más negro que el petróleo, y que somos el 10% de la población asalariada.

Gente que se dedica al transporte y ven como, tarde o temprano, el hecho que generen el 60% de NOx y muchas emisiones de CO2 les va a pasar factura, a la vez que la economía se enfría. Otro 5% de empleos. Cabe añadir aquí transportes portuarios (el 7.6% de NOx de Barcelona) y aeroportuarios.

Un 35% de gente que ve peligrar su futuro laboral antes que su futuro medioambiental. Algunos vamos a tener que elegir entre morir de hambre ahora porque no pueden pagar una comida nutritiva porque contamina o morir por ‘calentamiento global’ dentro de 20, 30, 40 años (ni el IPCC dice que el cambio en 10 años sea catastrófico), van a tomar una decisión.

Ciertamente, en España nadie se muere de hambre. Y dudo que eso suceda en 20 años. Pero no hace falta llegar a extremos para que la gente se conciencie que el futuro, este presunto ‘futuro verde’, no es para ellos.

Hace más de cien años, el premio Nobel Svante Arrhenius (creo que pariente de Greta, por cierto) ya avisó que los efectos secundarios de la sociedad, nominalmente las emisiones de CO2, podían pasar factura en el futuro.

Ciertamente, los efectos secundarios que se obviaron en su momento por ser negligibles en frente de los beneficios son los que nos han llevado aquí.

Efectos secundarios que también tienen las renovables, como por ejemplo el impacto ambiental de la hidroeléctrica, o la eólica. Problemas de intermitencia. Efectos secundarios que los partidarios minimizan igual que hicieron en su momento con el tema de los combustibles fósiles.

Problemas secundarios, físicos, medioambientales, económicos, sociales, que muchos que los que nos hallamos atrapados en el fuego cruzado, pedimos que se nos explique cómo no nos van a llevar a otra situación similar en el futuro.

Problemas que, al denunciarlos, nos sitúan no en el lado de los negacionistas (no pueden, creemos en el cambio climático), sino en el de los eco-fascistas, a ojos de aquellos de defienden, intentan imponer, cierto tipo de ‘soluciones’.

Problemas que están empezando a calar en esa mayoría de la población que no es radical ni en uno ni en otro sentido.

Problemas que nos conciencian que hay más de un futuro posible, y que tanto unos como otros bandos se están montando su Bizancio mientras nos empujan al resto hacia Somalia.

Esa concienciación es lo que me está sorprendiendo. Y sin embargo, ni es rápida, ni gratis. El costo es brutal.

La mejor manera de acabar con una causa, es defenderla por las razones equivocadas.




Cuando este asunto pase de moda, dejará un poso positivo, pero también una herida negativa que no cicatrizará.

El poso positivo es que la gente empieza a tener claro que para cualquier acción diaria, hay que tener en cuenta el medio ambiente, el planeta, la sostenibilidad. Que la sociedad actual es insostenible.

Y que es muy necesario el pensarse bien, muy bien, estudiar a fondo, un debate adulto, sobre cómo debe ser esa sociedad del futuro.

Un poso que será la base de otra sociedad, todavía por ver, muy lejos de las generaciones actuales, en otro momento de la historia. Otra sociedad posible, que surja de las ruinas de esta, tras hacer tabula rasa de la sociedad actual, que morirá por las heridas que va acumulando día a día, autoinfligidas.

Y es que el discurso del sistema lo que está haciendo es sembrar líneas de falla, líneas de fractura, rupturas y descosidos en el tejido social.

El ambientalismo es uno más, como lo es también el conflicto de moda en la península ibérica.





Va prendiendo fuegos, radicalizaciones, sentimientos negativos, resentimientos.

Amplían el catálogo de fuegos para que cada uno de nosotros escoja el suyo.

Fuegos que van ardiendo lentamente en nuestro interior, esperando a que caiga el próximo varapalo económico, alimentados ya por un crecimiento anémico, sectorial, de múltiples velocidades, por barrios y clases sociales.

Un crecimiento que es un reflejo de una TRE cada vez más baja, de un problema físico, termodinámico, de retornos y recursos decrecientes, que nos aboca, queramos o no a un decrecimiento económico generalizado.

Una situación que favorece estos fuegos que son convenientemente atizados por unos grupos aspirantes al poder y que no tienen ningún escrúpulo en hacer lo que sea para obtenerlo. Fuegos que no apagan aquellos que están en el poder que constatan que el teatrillo social para mantenerse en su puesto es cada vez más difícil de mantener.

Fuegos que se avivan por el uso y abuso del poder por parte de aquellos que lo tienen, sin miramientos ni escrúpulos, para mantenerse en el poder y alejar a los pretendientes que lo acosan, sin importarles lo más mínimo aquellos que estamos por debajo: somos deplorables, carne de cañón, generadores de prole que acaban con ‘sus’ recursos. Irrelevantes como personas, como el cambio climático. Neomalthusianismo.

Fuegos que se avivarán a medida que la economía vaya fallando.

Fuegos que prenderán a lo grande cuando alguien apriete el gatillo.

Fuegos que atizan el odio.

Sembrad odio y recogeremos cadáveres.





Deseo equivocarme.

Beamspot.

jueves, 23 de enero de 2020

Temporal y permanente




Queridos lectores:

Eso que ven en la imagen de arriba es una escultura denominada "David y Goliat", que se encuentra en la Plaza de los Voluntarios de los Juegos Olímpicos, muy cerca del lugar donde yo trabajo. Antes presentaba un aspecto muy diferente, como se ve en la siguiente foto: la cara se levantaba unos cuantos metros respecto al suelo.



Sin embargo, estos días España (y sobre todo su costa Mediterránea) se ha visto azotada por un fuerte temporal, lo suficientemente fuerte como para merecer un nombre y todo: Gloria. Esta tormenta ha traído lluvias torrenciales (en forma de nieve en las zonas de montaña e interior) y fuertes vientos, y la estatua en cuestión no ha podido resistir estos últimos.

No es la única cosa que no ha podido resistir la inclemencia del tiempo. La vía del tren que recorre la comarca del Maresme ha sido destruida en un buen tramo y se tardarán meses en reestablecer el servicio ferroviario en esa zona. Numerosos ríos se han desbordado, algunas poblaciones han quedado aisladas o casi aisladas, hay decenas de evacuados, locales y viviendas inundados, carreteras cortadas... Yo mismo he tenido problemas para viajar desde mi localidad de residencia, Figueres, hasta mi lugar de trabajo, en Barcelona (y eso que afortunadamente Figueres ha sido poco castigada por este temporal). Una zona que ha llamado poderosamente la atención de la opinión pública es el Delta del Ebro, frágil ecosistema formado en la desembocadura del río Ebro que es un centro de importante actividad económica por sus arrozales y mejilloneras. Debido a la regulación del río Ebro, que le sustrae sedimentos al Delta, hace años que éste se encuentra en retroceso y en una situación muy precaria, a pesar de los esfuerzos de los responsables de la zona por preservarlo. Pero una sola tormenta como Gloria puede deshacer en cuestión de horas el trabajo de años: en estos momentos la mayoría del Delta se encuentra sumergido, y cuando las aguas se retiren podremos valorar cuál es el grado de erosión que ha sufrido la zona y cuánto es recuperable.



Es relativamente normal sufrir borrascas de cierta intensidad cada cierto tiempo, pero se tiene que reconocer que Gloria no es una borrasca normal. No lo es por la magnitud de las pérdidas que ha causado (empezando por la vida de 10 personas), pero aún menos por su génesis. Como borrasca, Gloria es una depresión (baja presión atmosférica) bastante mediocre, pero lo que ha intensificado sus vientos y su actividad es la presencia de un anticiclón, éste sí completamente anómalo y de gran intensidad, centrado en las Islas Británicas; ese mismo anticiclón que estuvo semanas cocinándose sobre la Península Ibérica y que trajo nieblas persistentes y temperaturas inusualmente altas para el momento del año. Mientas el anticiclón siga allí, y con una temperatura del mar tan anómala como la que tenemos en el Mediterráneo Occidental, cualquier pequeña borrasca que se nos acerque se puede convertir en otra tempestad de primera magnitud. Un escenario que sería mucho peor si lo que se acercase fuera una verdadera borrasca, por ejemplo de origen atlántico.

Éste es uno de los factores que los servicios de emergencia y protección civil aún no contemplan seriamente de caras al futuro que se nos viene: qué pasará el día en que se concatenen dos episodios de esta magnitud. Ya de entrada hay la tendencia a considerar episodios como el de Gloria como "eventos que pasan una vez cada 35 o 50 años", aún cuando hay la fundada sospecha de que este tipo de fenómenos se están intensificando y se están haciendo más frecuentes por culpa del Cambio Climático. Es muy difícil de saber si Gloria es un efecto directo del Cambio Climático o es algo completamente fortuito que sucede con la periodicidad previsible o bien si es un evento normal pero intensificado por el Cambio Climático. Para aseverar que hay una tendencia climática se suele considerar que se necesitan al menos 30 años de registros que avalen esta tendencia, y si es un cambio de tendencia se necesitan al menos 60 años. La intensificación de los extremos climáticos es un efecto previsible del Cambio Climático, pero solo podría haber tenido un peso relevante durante los últimos 15 o 20 años: aún poco tiempo para poder asegurar que, efectivamente, este tipo de eventos se está haciendo más frecuente y/o más fuerte. En mi experiencia personal, desde que yo llegué a Cataluña en 2002, he vivido numerosos temporales de Levante más o menos "normales" porque este tipo de temporal es habitual a finales de verano y principios de otoño, aunque a decir verdad están ocurriendo cada vez más tarde y siempre acompañados de un Mediterráneo cada vez más cálido (lo cual incrementa las lluvias, por la evaporación del agua del mar). Aparte de Gloria, he vivido dos episodios bastante extremos: un temporal de nieve que tapizó toda Cataluña un 10 de marzo de 2010:




Y un temporal de levante muy fuerte el 30 de noviembre de 2014 que afectó especialmente a la comarca donde vivo y que entre otros efectos notables dejó un gran agujero en la Rambla de 
Figueres.




En ambos casos, como también ha pasado con Gloria, quedamos incomunicados un par de días. Juzgando por los destrozos que han causado estos tres episodios que comento, muchos de ellos inéditos en la comarca, y que se han concentrado en solo 17 años uno podría pensar que, efectivamente, hay algo que se está acelerando y que se está volviendo más extremo.  Y eso que me estoy centrando en solo tres episodios que afectaron a una zona muy pequeña: si uno toma una perspectiva espacial más amplia (y más apropiada en términos climáticos) y se centra en Cataluña, el número de episodios crece dramáticamente, hasta el punto de que actualmente es raro el año en el que no se produce un evento extremo en alguna parte de Cataluña (sin ir más lejos, el pasado otoño la zona de Tarragona sufrió la peor parte de otro temporal de levante que dejó grandes destrozos, por ejemplo en la zona del Francolí).

Hoy los servicios de emergencia empiezan a suspirar de alivio porque el actual episodio ya está acabando. Sin embargo, ¿qué pasará cuando concatenemos dos episodios completamente seguidos? Estoy convencido de que los responsables de emergencias se han dado cuenta ya de que estos eventos ya no son de uno cada 35 años, sino de uno cada 5 años como mucho, y presionan a sus responsables políticos para que les doten de recursos adecuados para hacer correctamente su fundamental labor. Sin embargo, dudo mucho que contemplen seriamente la posibilidad de que se concatenen dos, no digamos ya tres, de estos eventos. Y sin embargo, cada día que pasa nos acercamos más a esa eventualidad. Será en ese momento, quizá, cuando comprendamos que necesitamos otro tipo de respuesta a lo que se nos viene encima.

Justamente en el día de ayer, el Congreso de los Diputados de España aprobó la declaración de Emergencia Climática. El propio Gobierno ha anunciado que una parte importante de las medidas que va a tomar durante los 100 primeros días van a tener que ver con la Emergencia Climática y con la Transición Ecológica; de hecho, para demostrar que se toman el asunto en serio han nombrado a la ministra del ramo Vicepresidenta, aunque sea Cuarta. Sin duda una buena declaración de intenciones, pero, ¿comprende el Gobierno el alcance real del reto, o las medidas que tome serán más bien cosméticas y de corto alcance?

Una idea que va surgiendo con fuerza, en vistas de lo colosal del reto del Cambio Climático, es la de la Adaptación Profunda. Se acepta ya que no podemos parar el cambio climático, y también que ni siquiera podemos mitigarlo de manera significativa. Solo nos queda, pues, adaptarnos. La Adaptación Profunda lleva esta idea más lejos y propone abandonar a su suerte aquello que no será posible (o no sale a cuenta) salvar y centrarse en lo más importante. Es una idea que está consiguiendo bastante adhesión por parte de los partidos de la derecha española, e incluso el líder del PP, Pablo Casado, se refirió a ella en una ocasión. La Adaptación Profunda consiste en aceptar que hemos perdido la partida y que por tanto se va a intentar minimizar los daños, concentrando los cada vez más escasos recursos en aquello que sea salvable.

Dejando al margen algunas interpretaciones odiosas e interesadas, el concepto de Adaptación Profunda es correcto; nótese, por cierto, que la Adaptación Profunda no excluye el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (se tiene que intentar no hacer el problema aún más grave de lo que ya lo es). La Adaptación Profunda implica mirar al problema del Cambio Climático de manera adulta, aceptando que los sacrificios son inevitables, y que una parte importante de estos sacrificios es el abandono a su suerte de ciertas infraestructuras, e inclusive de algunos núcleos de población. No es el de la Adaptación Profunda un discurso amable y edulcorado, para todos los públicos, con final feliz; pero es lo que hay. Quien pretenda hacer creer que podemos hacer otra cosa está engañando a los demás o engañándose a sí mismo.

No todas las infraestructuras podrán salvarse, es igual cuántos recursos destinemos a ello. Es poco probable que se pueda salvar el Delta del Ebro. Es  probablemente imposible mantener el trazado de la vía del Maresme catalán, tan cerca del mar. Hay algunos pueblos de la costa o demasiado cerca de barrancos y torrentes que ya están condenados, total o parcialmente. Hay carreteras que van a desaparecer, al ceder el terreno donde se asientan. Hay edificios que no serán capaces de resistir muchos más temporales como éste, ya solamente por la fuerza del viento. Hay una gran parte del mobiliario urbano que no está preparado para una repetición frecuente de estos episodios... Delante de estas duras realidades, no será difícil encontrar tal o cual estudio de ingeniería o un arquitecto que alegará que todo eso son paparruchas, que técnicamente se puede ejecutar tal o cual intervención, por medio de la cual se puede evitar la destrucción o la inutilización de una infraestructura en concreto. Ésa no es la cuestión, sin embargo. La cuestión real es si merece la pena hacer esa intervención, si merecerá la pena repetir esa misma intervención (porque, no lo duden, ninguna intervención es definitiva, y menos sobre aquellas infraestructuras en riesgo), usando cada vez más recursos a medida que se repitan e intensifiquen los episodios. Y también, si no sería más honesto centrarse en aquellas infraestructuras que también están en riesgo pero que son mucho más fundamentales. Mientras no se haga una discusión honesta sobre lo que podemos y no podemos hacer, mientras que no se integre de manera real y efectiva lo que significa el Cambio Climático más allá de la palabrería política hueca, mientras no se comprenda la naturaleza real del reto que tenemos por delante, no solo malgastaremos recursos presentes, sino que pondremos en peligro los recursos futuros y, muy probablemente, distribuiremos la carga que se nos viene encima de una manera injusta e insolidaria.

Señores y señoras que se dedican a la política: la Emergencia Climática era esto. Es tomar decisiones desagradables y con una efectividad no garantizada, porque el mundo tras el Cambio Climático no es un lugar de certidumbres, sino uno de inquietud y de zozobra. No podremos estar seguros de estar haciéndolo bien, ni siquiera sabremos si lo que funciona solo lo hará por un tiempo. No podemos estar seguros de acertar, pero al menos podemos intentar ser lo más justos y honestos posible a la hora de gestionar lo que queda.

Señora alcaldesa de Barcelona: No vuelva a erigir el monumento de la Plaza de los Voluntarios de los Juegos Olímpicos. Seguro que algún machito herido en su orgullo insistirá en volver a ponerlo en pie, con más hormigón y más acero y más reforzado, queriendo de alguno modo desquitarse por el correctivo que nos ha dado la Naturaleza. No caiga en ese error. Aceptemos humildemente el coscorrón, y comprendamos que los próximos años traerán desafíos mucho más importantes para esta ciudad que intentar mantener de pie una monumental vela enfrentada al viento. Quizá, mejor que desmantelarlo, lo mejor sería dejarlo así, Goliat caído que creía que podía desafiar al viento, para recordarnos lo que nos creíamos y lo que realmente somos.


Salu2.
AMT 

P. Data: Mis sufridos lectores se habrán dado cuenta de que llevaba tres semanas sin escribir en el blog, y seguramente especulaban sobre mis motivos. La razón es que estas semanas estaba acabando de escribir mi primer libro de ensayo sobre energía. Hace unos días se lo entregué por fin al editor (con cierto retraso sobre la fecha prevista) y, si todo va bien, será publicado dentro de unos meses.