Queridos lectores,
Hace unas semanas Blai Dalmau me hizo llegar un borrador sobre un artículo que preparaba para una revista. Dado que el original es en catalán, me preguntó si me parecería buena idea difundirlo, en castellano, en The Oil Crash. El texto es un ensayo sobre el período especial cubano y su paralelismo con la transición energética que tendremos que afrontar, destacando sus semejanzas y diferencias, y la parte de lecciones útiles que del primero se podrían extraer. Es un texto largo pero interesante, sobre un tema que para algunos de los lectores no es novedoso pero que para otros les puede arrojar alguna luz.
Como siempre, yo suscribo algunas de las cosas que se dicen pero no todas. Como siempre, yo publico los textos que me envían tal cual para darle a otros la oportunidad de expresar sus puntos de vista. Y como siempre, espero que debatan Vds. respetuosamente sobre las cuestiones que aquí se exponen.
Salu2,
AMT
Comentarios
sobre el declive energético mundial
y
el “período especial” cubano
RESUMEN:
En este artículo, en primer lugar, se exponen las nociones básicas
del declive energético mundial
previsto para el siglo XXI; a continuación, se indaga sobre las
consecuencias de este fenómeno dentro del marco institucional hoy
hegemónico, señalando que el factor energético tuvo un papel
importante en la irrupción de la crisis financiera y económica
el 2007-2008; finalmente, se reflexiona sobre cómo afrontar
satisfactoriamente la creciente crisis energética-sistémica,
sugiriendo que esta constituye, al mismo tiempo, un formidable
problema y una magnifica oportunidad. A lo largo del texto se abordan
también diversas cuestiones relacionadas con el “período
especial” cubano y las perspectivas
que de él ofrece el documental “El poder de la comunidad: como
Cuba sobrevivió al Pico del Petróleo” (The Community Solution,
2006) (1).
1.
Que
es el Pico Mundial
del Petróleo?
Se
denomina Pico Mundial del Petróleo al momento histórico en el cual
el ritmo mundial de extracción petrolífera llega a su cima
culminante, es decir, el momento a partir del cual, por razones
geológicas, se vuelve imposible continuar obteniendo este recurso en
cantidades tan grandes como hasta entonces. Pasado este punto, el
flujo energético que proporciona el petróleo comienza a disminuir
gradualmente y su extracción se vuelve cada vez más costosa. Desde
hace tres lustros, cada vez más centenares de investigadores y
estudiosos, así como cada vez más miles de ciudadanos, advierten
públicamente que el Pico Mundial del Petróleo se alcanzará durante
las primeras décadas del siglo XXI (2). Esto se ha convertido en una
evidencia cada vez más abrumadora, hoy ya reconocida incluso por
importantes instituciones estatales y empresariales que, no obstante,
hasta hace bien poco, la negaban (3). Por otro lado, las
prospecciones indican que durante la primera mitad del siglo XXI la
disponibilidad de muchos otros recursos no renovables (carbón, gas
natural, uranio, etc.) tendrá también su respectivo cénit y
seguidamente empezará a declinar. Por este motivo, diversos autores
señalan que probablemente la expresión más apropiada para
caracterizar el siglo XXI desde el punto de vista de los recursos es
“Pico de Todo”.
Si
echamos un vistazo a nuestro alrededor encontraremos objetos
materiales de todo tipo y de diversas procedencias, pero con una
característica general y común:
han sido producidos y distribuidos utilizando una enorme cantidad de
energía fósil; principalmente, petróleo. Por ejemplo, la
producción de una caloría alimentaria utilizando los métodos
industriales actualmente hegemónicos requiere como mínimo unas 10
calorías de energía fósil (4). Esta aberración energética es el
resultado de las tendencias sociales, políticas y económicas
imperantes en los últimos dos siglos, las cuales han provocado que
los combustibles fósiles en general y el petróleo
en particular
se hayan convertido en las sustancias motrices del mecanismo
económico mundial. Nos hemos vuelto extremadamente
petro-dependientes y ahora no disponemos de ninguna fuente energética
alternativa que sea capaz de reemplazar la ingente cantidad de
energía
y la diversidad de usos que proporciona el “oro negro”; sus
excelentes cualidades en términos de prestaciones, versatilidad y
potencia no tienen parangón. Así, el progresivo agotamiento del
petróleo dará lugar inevitablemente a un descenso continuado en la
cantidad de energía
disponible para la sociedad. Este descenso será más acusado en la
medida en que se sincronice con la llegada del techo de extracción
de otros combustibles fósiles y materias primas.
Después
de la proyección analizaremos como la llegada
del Pico Mundial del Petróleo ya está empezando a ocasionar
impactos cruciales en el funcionamiento y el desarrollo de la
sociedad contemporánea y nos plantearemos cómo interpretar y
afrontar la nueva coyuntura energética-sistémica. A continuación,
dispongámonos
a ver “El poder de la comunidad: cómo Cuba sobrevivió al Pico del
Petróleo”, un interesante documental que muestra cómo los cubanos
rehicieron sus vidas con motivo de un desabastecimiento energético
abrupto, repentino y drástico. Veremos como el
país, después de pasar por una rotunda contracción económica,
resultó beneficiado en cierto modo, particularmente desde el punto
de vista social y ecológico. El film pone de manifiesto que Cuba es
de los pocos países que ha experimentado una situación similar
a la que empezamos a afrontar e ineludiblemente afrontaremos en las
próximas décadas en todo el mundo (5). Por este hecho, el
documental nos puede estimular a reflexionar sobre las posibilidades
que alberga el venidero declive energético mundial. No
obstante, tal y como argumentaré después de la proyección, hay que
tener en cuenta que la forma como se produjo la reducción energética
en Cuba y el sistema de organización social cubano dieron lugar a
que este país recibiera esta reducción de un modo bastante
diferente de cómo
se sucede y presumiblemente seguirá haciéndolo en todo el mundo
(6).
2.
Diferencias entre el “período especial” y el declive energético
mundial
Aunque
la experiencia de la isla caribeña a principios de los años 1990
puede ser interpretada acertadamente como una “prueba piloto”
para comprender algunos de los retos que se nos plantean en todo el
mundo durante las próximas décadas, hay que tener presente que el
declive energético que principiamos presenta notables diferencias
respecto a la mencionada experiencia, principalmente por las
siguientes razones:
Mientras
que Cuba sufrió una reducción
abrupta del
subministro energético, en el resto del mundo afrontamos, en las
primeras décadas del siglo XXI, una disminución
gradual.
En el
primer caso se produjo una caída de aproximadamente el 70% en las
importaciones de petróleo en poco más de un año; en cambio, el
descenso energético mundial que principiamos supone una tasa de
decremento de entre el 3% y el 6% anual, según las estimaciones
más comunes y verosímiles.
En
Cuba, la causa de la crisis era reconocida
públicamente por los estamentos oficiales y claramente conocida por
todos los ciudadanos. Actualmente, en cambio, el papel crucial que
juega la reducción energética en el desarrollo
de la crisis sistémica global es algo “público,
pero no publicitado”:
aunque los dirigentes y gestores del sistema están
perfectamente informados sobre la importancia subrepticia
del descenso energético, esta cuestión es generalmente ocultada,
sesgada
y banalizada en los grandes medios de (des)información, de manera
que la gran mayoría de ciudadanos ignora el papel histórico
cardinal que está jugando el factor energético hoy en día (7).
Cuba
se organiza mediante un sistema económico de planificación
estatal. Este sistema no tiende
intrínsecamente
al crecimiento económico: si la producción y el consumo aumentan
es fruto de la ideología del crecimiento que conduce las decisiones
conscientes de los planificadores estatales, pero no un resultado
connatural
del funcionamiento del sistema. En la economía de mercado
capitalista en que vivimos, en cambio, el crecimiento económico es
una dinámica motriz, un principio imperativo, una necesidad
estructural (8). En consecuencia, el decrecimiento económico
o forzoso
desencadena problemáticas irresolubles dentro de los marcos de este
sistema. Veámoslo con más detalle, abordando la siguiente
cuestión:
3.
Qué implica el declive energético mundial?
Las
principales teorías de análisis económico, la clásica y la
marxista, establecen que nos encontramos en un sistema económico
conducido por el crecimiento continuado; la historia contemporánea
lo corrobora, constatando, en los últimos dos siglos, una invariable
tendencia de expansión económica, solamente interrumpida por
pasajeras e indeseadas crisis sistémicas. Asimismo, el objetivo
central y declarado del sistema de economía de mercado capitalista,
desde su establecimiento a finales del siglo XVIII, no es otro que el
aumento de la producción y el consumo, el desarrollo de las fuerzas
productivas, el incremento del Producto Interior Bruto. Dentro de
esta estructura económica caracterizada por la competencia, todas
las empresas y los Estados se encuentran imperiosamente obligados a
velar por su propio crecimiento económico so pena de quedar fuera de
juego, es decir, de entrar en quiebra y en disolución. Si no se
alcanza el crecimiento se agravan aceleradamente las problemáticas
socioeconómicas (aumento del paro, destrucción de los servicios
públicos y prestaciones sociales, incremento de la disparidad
económica, etc.) ya que, por su propia naturaleza, el sistema
mercantil no encaja saludablemente una situación de no-crecimiento
y, menos aún, de decrecimiento. El sector financiero es el que más
rápida y acusadamente sufre la falta de crecimiento puesto que es el
que más se arriesga en el presente a la espera del crecimiento
futuro. Esto no significa que el sector financiero sea, como a veces
se ha sostenido, la causa del crecimiento, sino que, sencillamente,
es un subsistema económico que se ha vuelto extremadamente adicto al
crecimiento, dentro de un sistema constitutivamente conducido por
esta dinámica motriz.
Llegados
a este punto, podemos plantearnos la siguiente cuestión: podría
suceder que el crecimiento económico se vuelva cada vez más difícil
de alcanzar hasta el punto de resultar imposible durante todo un
período histórico y en el ámbito mundial? Esta posibilidad resulta
remota a ojos de la gran mayoría de economistas, los cuales obvian
el hecho de que la economía es un subsistema de la biosfera y que,
por lo tanto, los límites físicos de esta se pueden imponer a las
veleidades expansionistas de aquella. No obstante, esta posibilidad
se está convirtiendo en una realidad cada vez más palmaria. Dado
que la energía neta disponible y el volumen de actividad económica
son dos variables estrechamente correlacionadas (9), la reducción
continuada de la primera repercute en una contracción continuada de
la segunda. En consecuencia, podemos predecir con un alto grado de
seguridad que las próximas décadas serán notablemente diferentes
de las décadas precedentes puesto que el “Pico de Todo” que
atravesamos en nuestros días, y particularmente el Pico Mundial del
Petróleo, constituyen un punto de inflexión histórico: el
fin de una era de crecimiento económico que ha durado dos siglos y
el inicio de una nueva era de decrecimiento económico forzado (10).
Al
escuchar la palabra “decrecimiento” posiblemente muchos
recordareis discursos que enarbolan este término aduciendo
que tal tendencia económica resulta conveniente para el bienestar de
la humanidad e indispensable para la salud del planeta. Ciertamente,
el decrecimiento económico, es decir, la reducción de la magnitud
de la economía, la localización de la actividad
económica, la disminución de los estándares de consumo que los
países ricos han ostentado durante las últimas décadas, en
sí mismo,
seria benigno para todos nosotros y para los ecosistemas que nos
sustentan. Por lo tanto, el descenso energético mundial
y el consiguiente decrecimiento forzoso, podría parecer, desde esta
perspectiva, una buena noticia.
Pero la cuestión no es tan sencilla, puesto que, aunque
el decrecimiento sea deseable en sí mismo, no lo es dentro de los
marcos del sistema socioeconómico
establecido.
Dentro de los marcos de la economía de mercado capitalista, como
hemos comentado, el decrecimiento da lugar a una
crisis sistémica que comporta nefastas consecuencias para la inmensa
mayoría de la población;
desencadena una acelerada degradación
de las condiciones de vida de cada vez más millones
de
personas, incrementando drásticamente la pobreza, la exclusión, la
desigualdad, el paro, la precariedad de los servicios y prestaciones
sociales y también, en consecuencia, el autoritarismo del Estado
para mantener en funcionamiento un sistema decadente.
Así
pues, la contradicción está servida. Por un lado, el sistema de
economía de mercado hoy hegemónico requiere de un subministro
energético creciente
para
saciar su voraz necesidad de expansión
económica continuada y, por otro lado, la realidad geológica, por
primera vez en la historia, proporciona un subministro energético
irremisiblemente decreciente.
Esta contradicción provoca, en primer lugar, el aumento
del precio de la energía en general y
de los carburantes en particular y, en consecuencia, el
encarecimiento de la generalidad de los bienes y servicios.
Sobreviene, por tanto, una inflación acusada. Los gestores del
sistema intentan contenerla dentro de los umbrales tolerables, a
través de una
destrucción forzosa de la demanda, inducida mediante el alza de los
tipos de interés. Esta destrucción de la demanda, naturalmente,
resulta perniciosa para el sistema económico vigente, pero se vuelve
indispensable
para evitar un mal mayor: el colapso del
mismo.
De esta forma el sistema entra en una situación de estanflación
(inflación y estancamiento simultáneos) generadora de una crisis
económica que, a medida que pasa el tiempo, va adquiriendo una
profundidad sin precedentes. Tal es, a grandes rasgos,
la situación en la que hemos entrado en los últimos años; veámoslo
con más detalle.
La
crisis económica iniciada el 2007-2008 se ha atribuido, en general,
casi exclusivamente a la especulación financiera e inmobiliaria.
No obstante, en un nivel más profundo,
su raíz reside en la antedicha colisión de la economía de
crecimiento internacional con los límites físicos de la realidad
geológica planetaria. Sin duda, la desregulación del sector
financiero dio
lugar a una desenfrenada especulación bursátil-inmobiliaria
que se tradujo en la concesión de enormes hipotecas a personas con
pocos recursos. Pero, que ocasionó que tantísimas de estas personas
dejaran de reintegrar sus créditos, todas a la vez? La respuesta la
encontramos en la vertiginosa escalada de precios
del petróleo en el período 2005-2008,
alcanzando su máximo histórico el once de julio de 2008: 146
dólares el barril. Las
hipotecas subprime
se
empezaron a conceder cuando el petróleo costaba
40 dólares el barril, con la presunción que los tipos de interés
seguirían siempre bajos, como el precio del barril. Pero la
creciente dificultad de extraer petróleo barato debido a la llegada
del Pico Mundial del Petróleo provocó que en poco tiempo el barril
se encareciera a una velocidad sin precedentes (11). En consecuencia,
la inflación se disparó en todo el planeta y la tendencia al alza
no cesaba. Frente a esta situación, los bancos centrales se vieron
obligados a subir los tipos de interés para evitar un desastre mayor
(12). La subida de los tipos de interés consiguió
detener la inflación, ciertamente, pero también desencadenó sus
previsibles efectos colaterales: muchas personas se vieron
imposibilitadas para continuar pagando sus hipotecas de alto riesgo.
No era sólo el precio de la hipoteca lo que había subido:
el encarecimiento de la energía elevó notablemente el precio de los
alimentos básicos y del transporte de manera que, en poco tiempo,
llegar a fin de mes se convirtió en una verdadera odisea para una
miríada de personas. Muchas de ellas dejaron de reintegrar
sus hipotecas para poder subsistir. Así fue como reventó
la burbuja inmobiliaria
más grande, la de las hipotecas subprime
estadounidenses,
desencadenando turbulencias económicas que arrastraron la economía
mundial hacia la recesión.
Naturalmente,
en el transcurso de este proceso de decadencia sistémica, los
dirigentes y gestores del sistema estatal-mercantil se reúnen
constantemente en consultas pluridisciplinares, si no para curar un
sistema tocado de muerte, al menos para alargar su aparente
supervivencia hasta donde se pueda. No obstante, como no podría ser
de otra forma, todas sus actuaciones constituyen una obstinada y
desesperada huída hacia adelante: se esfuerzan en seguir alimentando
las dinámicas motrices del sistema mercantil, es decir, la
internacionalización de la economía, el crecimiento económico, la
concentración de poder y la extensión de las fuerzas del mercado,
cuando estas son precisamente las dinámicas que hay que abandonar.
Esto nos lleva a la siguiente cuestión:
4.
Cómo
afrontar la crisis energética-sistémica?
La
tónica de la mayoría de documentales y artículos sobre el declive
energético mundial consiste en advertir sobre las potencialidades
negativas de este fenómeno, a menudo poniendo énfasis en sus
riesgos catastróficos. El documental que hemos visto, por el
contrario, muestra de manera esperanzadora diversos cambios positivos
que “el periodo especial” suscitó en la isla caribeña. A mi
parecer, resulta acertado y necesario notar que el Pico Mundial del
Petróleo constituye no solamente un serio problema, sino también
una magnífica oportunidad
para
efectuar deseables transformaciones (13).
Sin embargo, tan equivocado sería incurrir en el pesimismo
descorazonador al
cual podría inducir una visión acrítica de otros documentales,
como caer en el optimismo
despreocupado al
que podría dar pie el visionado acrítico de este documental. Sería
un caro error adoptar la tranquilizadora idea de que a medida que nos
adentramos en el descenso energético ya nos iremos acomodando a él
de forma natural y armónica, modificando progresivamente nuestro
estilo de vida para adaptarnos a una situación que, siendo más
austera, será también más saludable socialmente y más sostenible
ecológicamente. Esta idea deriva de la irreal presunción de que la
crisis energética se manifestará principalmente (como sucedió en
Cuba) en forma de restricciones en el suministro energético o
sencillamente con el aumento del precio de la energía. A su vez,
esta presunción proviene de la incomprensión
de las dinámicas del funcionamiento del sistema estatal-mercantil
establecido; en este sistema, como se ha expuesto antes y como
muestra la experiencia mundial de los últimos años, el declive
energético mundial se manifiesta en la forma del advenimiento de una
crisis sistémica y el subsecuente agravamiento acelerado de la
crisis multidimensional (económica, política, social, cultural y
ecológica) preexistente.
Si,
como señala el adagio, “reconocer la enfermedad es el primer paso
hacia la curación”, hoy sería conveniente que amplios sectores de
la población reconociéramos, de forma responsable y consciente, la
verdadera profundidad y magnitud de la crisis sistémica que
principiamos, ya que esto favorecería la adopción de las medidas
magnas y profundas indispensables para afrontarla de manera
satisfactoria. Ciertamente, hay que hacer una elección básica. O
nos disponemos a desarrollar una nueva forma de sociedad que sea fiel
a la verdad, que se adapte a la realidad, o seguimos adheridos al
sistema vigente, anhelando vanamente el crecimiento económico,
sufriendo las fatales consecuencias de obstinarnos en esta quimera.
Mientras el sistema establecido se derrumba calamitosamente tal como
lo hizo el prepotente Imperio Romano; mientras se dirige hacia una
colisión frontal tal como lo hizo el presuntuoso Titanic; la
cuestión que se encuentra en
nuestras manos es
hasta qué punto nos arrastrará en su caída, hasta qué punto nos
hundiremos en su naufragio. Cada uno de nosotros puede usar sus
cualidades en un trabajo radicalmente transformador o bien perderse
en la preservación y la corrección de un sistema esencialmente
pernicioso y completamente obsoleto. Podemos ser auto-constructores
conscientes de una nueva humanidad o seguir la trillada senda de la
auto-destrucción inconsciente. Hoy, tal vez más que nunca, resulta
cierta aquella sentencia que dice que “el
futuro es de aquellas personas que se preparan en el presente”
(Malcom X); en efecto, si la prudencia recomienda salir al encuentro
de los problemas latentes para neutralizarlos antes que estos nos
asedien, la idiosincrasia histórica de nuestros días reclama
especialmente de esta virtud.
El
descenso energético del siglo XXI constituye al mismo tiempo un
formidable problema, un difícil reto y una magnífica oportunidad.
La resolución de este problema, la superación de este reto y el
aprovechamiento de esta oportunidad no provendrá de una evolución
del sistema institucional hoy establecido y de sus valores
dominantes: sus dinámicas estructurales, como se ha explicado, lo
condenan al ocaso en la nueva coyuntura energética. Tampoco una
hipotética transmutación hacia un régimen socialista-estatista al
estilo de Cuba supondría una salida plausible de la crisis: las
graves deficiencias y problemáticas inherentes a estos regímenes
han quedado sobradamente evidenciadas durante la pasada centuria
(14).
Por supuesto, tampoco sería suficiente modificar algunos aspectos de
nuestros estilos de vida: por más que sea necesario y deseable
adoptar muchos de los ejemplos positivos que aparecen en el
documental (extender la permacultura, usar energías renovables,
consumir localmente, etc.), estas iniciativas, por si solas, sólo
pueden paliar los peores efectos de la crisis, pero no superarla.
La
solución de la crisis energética-sistémica del siglo XXI és
inseparable de la superación de la crisis multidimensional
(económica, política, social, cultural y ecológica) que
arrastramos des de los siglos precedentes. Ambas crisis están
entrelazadas y tienen una misma matriz: la estructura fundamental del
sistema estatal-mercantil y sus dinámicas inherentes. Para superar
ambas crisis, es preciso que conozcamos esta matriz, que
neutralicemos sus efectos y que erradiquemos sus causas. Es menester,
asimismo, que ideemos una alternativa social deseable y factible y
que tracemos un plan estratégico viable para hacerla cada vez más
real. En otras palabras, hay que generar un inmenso y lúcido
movimiento de la población del mundo que acometa una tarea histórica
tan necesaria como compleja, tan deseable como ardua: desmantelar
pieza a pieza el sistema social hoy hegemónico y construir a la vez
una nueva forma de organización social. En este sentido, el
localismo
económico
ha de sustituir la tendencia actual a la internacionalización
económica;
el objetivo de la satisfacción
de las necesidades humanas
debe reemplazar la quimera del crecimiento
económico
continuado; tenemos que retomar las riendas de la sociedad a través
de la distribución
igualitaria del poder,
aboliendo la nociva concentración
del poder
de hoy en día; es preciso crear una economía
poseída y controlada democráticamente
que sustituya gradualmente a la actual economía
poseída oligárquicamente y controlada por las fuerzas del mercado
(15).
Por supuesto, tales transformaciones serán viables solamente en la
medida en que los valores de la dedicación
al bien común,
la convivencialidad,
la solidaridad,
la autonomía
y la reintegración
con la naturaleza,
entre otros de vinculados, desplacen los disvalores de la
competencia,
la dominación,
el materialismo
y el egoísmo,
entre otros de vinculados. Estos son, sumariamente, algunos de las
principales vectores de cambio que hay que emprender entre todos y
todas para, por un lado, salvarnos de una catástrofe histórica
monumental y, por el otro, abrir una nueva etapa brillante en nuestra
vida como humanidad.
Blai
Dalmau
Mayo
del 2010 – Diciembre del 2012
NOTAS
[1]
Este artículo constituye una actualización y ampliación de los
comentarios pronunciados en
mayo de 2010 en Figueres a propósito de la proyección del susodicho
documental; por ello, hemos conservado algunos elementos de estilo
que denotan oralidad. Agradezco que la “Institució
Empordanesa per la Defensa i
l'Estudi de la Natura”
nos brindara la oportunidad de reflexionar colectivamente sobre estas
cuestiones. Igualmente, agradezco los comentarios, revisiones,
traducción y difusión que han hecho de este artículo Laia Vidal,
Antonio Turiel, Alexandra Gudayol,
Eduard Nus, Joan Pedragosa,
Jordi Lillo, Oleguer Llimona y
Rosa Pach.
[2]
El geólogo Marion King Hubbert elucidó en 1949 que la curva de
extracción petrolífera de cualquier pozo o área geográfica
determinada sigue una forma de campana de modo que una vez
se han extraído aproximadamente la mitad de sus reservas acontece el
cenit de extracción o el Pico del Petróleo; en 1956 predijo
correctamente que el cenit petrolífero de EUA se produciría durante
la década de 1970. A finales de la década de 1990 comenzaron
a aparecer numerosas publicaciones que alertaban de la próxima caída
de la producción petrolífera mundial, evidenciando el fenómeno con
datos y estudios científicos. Hoy existe un número considerable y
creciente de proyectos de toda índole consagrados al
estudio y la divulgación de la crisis energética; en lengua
española, por ejemplo, nos remetemos al portal
de l'Associación Española por el Estudio de los Recursos
Energéticos
y al bloc
The Oil Crash,
donde el lector podrá ampliar y profundizar sobre diferentes
cuestiones relacionadas con el panorama energético mundial que en
este artículo sólo se exponen
sumariamente.
[3]
La Agencia Internacional de la Energía, por ejemplo, después de
muchos años publicando prospecciones energéticas irreales que
negaban el advenimiento del Pico Mundial del Petróleo, en su informe
anual de 2010 reconoció que el ritmo de extracción mundial de crudo
no sobrepasaría nunca más los niveles de 2006; en el informe de
2012 da un paso más y reconoce, con la boca pequeña, que la
producción de petróleo mundial no puede hacer otra cosa que decaer.
En los últimos años han aparecido numerosos estudios de
organizaciones estatales y empresariales (Informe HSBC 2011, World
Economic Outlook 2011, Informe HIRSCH, Informe Lloyd, Informe de
l'Energy Watch Group, etc.) que dan a entender o bien afirman
rotundamente que la caída del suministro de petróleo es un fenómeno
constatable y de gran relevancia en nuestros tiempos.
[4]
Ciertamente, el modo de alimentación predominante en las sociedades
modernas, particularmente por lo que se refiere al consumo de carne,
depende extremadamente de un inmenso consumo energético que proviene
de los combustibles fósiles,
tal como evidencian detalladamente diversos estudios. Véase,
por ejemplo, el artículo “Reducing
energy inputs in the US food system”
(David Pimentel et al.,
2008) o el dossier “Cocinando
el
planeta”
(VVAA, 2010).
[6]
El documental tiene una duración de cincuenta minutos y básicamente
muestra la singular experiencia de Cuba
cuando, en motivo del Colapso de la Unión Soviética, sufrió una
drástica y repentina restricción de petróleo que suscitó cambios
societarios relevantes. Podéis
verlo en línea subtitulado al español.
[7]
El artículo
“Público,
no publicitado”
(Antonio Turiel, Bloc The Oil Crash, 2010) pone de manifiesto, para
el caso del Estado español, hasta qué punto las instancias
gubernamentales
están enteradas del papel cardinal que juega el techo energético
hoy en día.
[8]
Para un análisis de los factores objetivos (institucionales) y
subjetivos (valores) que dan lugar a la economía de crecimiento en
su versión capitalista y en su versión
del “socialismo real”, véase el quinto capítulo de “Crisi
Multidimensonal y Democracia Inclusiva”
(Takis Fotopulos, 2005).
[9]
La Agencia Internacional de la Energía suele publicar anualmente
una gráfica que muestra la fuerte correlación entre consumo de
energía y Producto Interior Bruto. Por otro lado, el artículo “¿Es
realmente posible
desacoplar el crecimiento del PIB del crecimiento de la Energía?”
(Gail Tverberg, 2011) revela que a pesar de las mejoras en materia de
eficiencia energética, en los últimos años esta correlación no se
ha desacoplado, sino que se ha reforzado por la entrada
en juego de otros factores.
[10]
Tal como puntualiza Richard Heinberg (The End of Growth, 2011), el
final de la era del crecimiento no significa que en lo sucesivo no
vaya a haber países que presenten períodos de crecimiento
económico. Pero el crecimiento económico de estos países será
siempre relativo, es decir, estará enmarcado dentro de una tendencia
histórica y mundial marcada por el decrecimiento de la producción y
el consumo, de manera que si algunos países crecen lo harán a
expensas de otros que decrecerán con mayor celeridad, un hecho que
ya podemos constatar actualmente.
[11]
A pesar de que el vertiginoso aumento del precio del petróleo estuvo
ligada a la especulación en el mercado de futuros, esta especulación
no hizo más que magnificar el hecho que el petróleo había empezado
a ser percibido como un bien escaso.
[12]
El precio del petróleo tendió al alza des de 2002 y aumentó en
flecha des de medianos de 2006 hasta principios de 2008.
Paralelamente, la inflación anual a nivel mundial se triplicó en el
período que va de 2003 a 2008, pasando de 3,3 puntos porcentuales en
2003 a 9 puntos en 2008 (Fuente: Banco Mundial). Como es bien sabido,
los tipos de interés se modifican para controlar la inflación, de
manera que en la zona Euro, el Reino Unido y los Estados Unidos de
América, durante el período de 2004 a 2008, los Bancos Centrales
aumentaron notablemente los tipos de interés a fin de refrenar la
galopante inflación debida al encarecimiento del petróleo.
[13]
Al despuntar la crisis sistémica
hicimos cuatro pinceladas sobre las potencialidades positivas del
declive energético mundial: “Des
del punto de vista ecológico, por ejemplo, el cenit del petróleo es
un límite forzado a un progreso desbocado que estaba causando la
degradación y contaminación
medioambiental, la extinción de especies y el deterioro de las
condiciones físicas que hacen posible la vida humana en el planeta.
Des del punto de vista social, la disolución de la economía
capitalista global nos emplazará un resurgimiento moderno
de la producción y distribución locales. Presumiblemente aflorarán
economías autogestionarias y cooperativas, modelos sociales más
justos y racionales. La democracia directa, fruto de las asambleas de
personas que se encontrarán para hablar y decidir cómo
afrontar la crisis, puede ser, de manera natural, la expresión
política de una nueva forma de entender el mundo. Tal como la crisis
económica argentina de 2001 desencadenó un movimiento popular de
ocupación de fábricas, autogestión, cooperación y creación
de economías democráticas, a la vez que una revuelta popular, esto
es lo que se puede dar, esto es lo que podemos hacer, como parte
positiva de la crisis global. “
(Sobre
las causas, posibilidades
i perspectivas de la crisis actual;
Blai Dalmau, 2008).
[14]
El hecho de que, tal como hemos comentado, el sistema económico de
planificación estatal resulte conciliable con el decrecimiento
económico forzado podría llevarnos a pensar que la solución al
declive energético del siglo XXI pasa por la instauración de
regímenes socialistas-estatistas, basados en una planificación
estatal de la economía que sustituya la economía de mercado
capitalista hoy hegemónica en todo el mundo. No obstante, si bien en
algunos aspectos el sistema de planificación estatal ha mostrado
notables ventajas respecto de la economía de mercado capitalista, en
muchos otros se ha mostrado sumamente pernicioso. Esto se debe
principalmente al hecho de que el sistema estatal-socialista
constituye una tentativa de erradicar una forma de dominación (la
propiedad privada de los medios de producción) preservando otra
forma de dominación (el poder político concentrado en las
estructuras estatales y sus gerentes). La historia ha mostrado
invariablemente cuales son los resultados de tales tentativas: en
todos los países en los cuales se ha instaurado el “Socialismo
Real” se ha erigido una nueva clase dominante de carácter
burocrático-estatal que ha sometido a la ciudadanía a nuevas
relaciones basadas en la alienación, la mentida, la manipulación,
la opresión, la explotación y la dependencia. Hoy en día, la
verdadera superación de la crisis generalizada pasa por no caer en
los errores del pasado, creando así un nuevo sistema realmente
democrático y genuinamente ecológico, netamente diferenciado de las
estructuras del Estado, “democrático” o “socialista”, y de
la economía de mercado capitalista.
[15]
Afortunadamente, en el último lustro,
diversos colectivos,
movilizaciones, proyectos e
iniciativas,
en diferentes ámbitos y de diferentes maneras, con sus respectivas
luces y sombras, han abierto camino en el sentido de las
transformaciones mencionadas. Para el caso de la península ibérica
nos referimos, entre otros
ejemplos,
a la movilización
del 15M,
a la obra de Félix
Rodrigo Mora,
a la comunidad y universidad de Tamera,
a la intervención del
Grupo
de Acción de Democracia Inclusiva de Cataluña
o a las iniciativas de la Cooperativa
Integral Catalana.
Direcciones
cibernéticas inseridas en las notas:
http://www.democraciainclusiva.org/txt/Balance_15M_cas.pdf