Mostrando entradas con la etiqueta Período especial. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Período especial. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de abril de 2014

El período especial cubano

Bodega de aprovisionamiento popular en Cuba.


Queridos lectores,

En las primeras conferencias que dimos sobre el problema del Oil Crash poníamos el ejemplo de dos países que habían afrontado una situación de caída brusca del suministro de petróleo (en ambos casos, por el colapso de la Unión Soviética) de dos maneras completamente diferentes: o bien apostando por un modelo industrial (Corea del Norte) o por uno más agrario (Cuba). Los ejemplos estaban recogidos en el libro de Dale Allen Pfeiffer "Comiendo combustibles fósiles" y nosotros los trasladábamos un tanto acríticamente a las charlas. Con el tiempo, muchos cubanos me han hecho notar que el Período Especial cubano no fue ni mucho menos tan ideal como nosotros lo mostrábamos, y, si bien en Corea del Norte las cosas fueron mucho peor, en Cuba el Estado tuvo un papel menos decisivo del que le atribuíamos y la situación fue de todo menos idílica.

Recientemente, Erasmo Calzadilla, del Havana Times, me contactó para preguntarme sobre ciertas cuestiones relacionadas con la energía, y en medio de los sucesivos e-mails acabamos hablando del Período Especial. Su visión sobre el tema, como esperaba, era bastante crítica con el mensaje que nosotros trasladábamos en aquel entonces. Erasmo es el primer cubano que ha aceptado escribir un ensayo sobre su visión de aquel período para ser publicado en este blog y que además lo firma con su propio nombre (que por cierto tanta resonancia histórica tiene para nosotros los europeos).

Les dejo con Erasmo.
Salu2,
AMT



El trabajo donde comparas a Cuba con Corea se llama: THE OIL CRASH: EL FUTURO INMINENTE DE UNA ESPAÑA SIN ENERGÍA. Data del 18 de febrero del 2010 (Nota de AMT: se refiere a una de las primeras conferencias que di sobre el Oil Crash).


Dices sobre Cuba:

El gobierno tomó dos medidas básicas para evitar el colapso:

  • Programas de alimentación de los sectores sociales más débiles 
  • Cartillas de racionamiento para toda la población.

Un plan agresivo de reforma agropecuaria, un retorno progresivo e incentivado al campo y la investigación en agricultura ha permitido mantener un nivel alimentario razonable.


No creo que fueran estas las medidas que evitaron el colapso.

La cartilla de racionamiento y el buchito de comida que repartían a los más desamparados brindaron alguna ayuda pero no podías contar con eso para no morir de hambre.

En la ciudad, la solución fue “la lucha y el invento”. La gente pescaba hasta en charcos de aguas negras, cazaba hasta los gatos (aunque dejaron tranquilos a los perros), recolectaba hasta en los nichos de basura y/o robaba, sobre todo al Estado. Aquellos con más iniciativa y ganas de trabajar se apropiaron de los terrenos yermos en torno a los barrios con el objetivo de sembrar o criar animales (casi siempre a título personal).

El mismísimo centro de la ciudad se llenó de corrales hediondos que sus dueños construían justo al lado de los edificios o incluso dentro de los apartamentos para protegerlos de los “ninjas”. Las fosas se tupieron y desbordaron con los residuos de las cochiqueras; de milagro no se desató una epidemia mortal.

Se dice que Cuba sobrevivió gracias a la cooperación comunitaria; me parece que idealizan. La gente se ayudaba pero mucho menos que antes de la crisis y nunca con explícito sentido comunitario.

Que yo sepa no emergió ninguna organización suprafamiliar (salvo la comunidad de fieles que proliferó en las iglesias); más bien se desintegró la que había, tal y como cuenta y predice Dimitriv Orlov. Los líderes de la Revolución y los medios de comunicación habían combatido ardua y concienzudamete contra el individualismo pero este rebrotó a la menor oportunidad y se instaló en el trono de la subjetividad del cubano.

Ese Renacimiento nuestro fue positivo en muchos aspectos pero fatal en otros. El pico de la crisis, el momento en que peor estábamos, coincidió con el pico de la ostentación, con el del egoismo y el de la violencia despiadada. Mucha gente andaba armada para evitar que la asaltaran y hasta degollaran por quitarle cualquier bobería.

Fue ese el momento en que levantaron cabeza los Macetas, tipos inescrupulosos que hicieron fortuna aprovechando el hambre ajena, la desesperación y el descontrol. Una comunidad organizada y consciente como la que imaginan los idealistas hubiera enfrentado y puesto en su lugar a esos personajes pero más bien ocurrió lo contrario. Los Macetas se fueron convirtiendo en el ejemplo a seguir, en líderes de la comunidad y vecinos de respeto, llegando a ocupar cargos públicos. Cuando el gobierno recuperó las riendas tumbó a algunos del caballo; otros consiguieron lavar su fortuna y hoy prosperan protegidos por la ley.


Y en cuanto al retorno progresivo e incentivado al campo, no tengo noticia de que algo así haya ocurrido. En la ciudad capital había miseria, sed y hambre pero no tanta como para empujar a los habaneros fuera de la urbe; el fenómeno migratorio masivo de que tengo noticia fue más bien en sentido contrario.

De la noche a la mañana La Habana se llenó de buscavidas, gente que vivía muy mal en las provincias del interior o que intentaba aprovechar el caos para instalarse en la capital. Los recien llegados levantaban un llega-y-pon en una cuarta de tierra, con una viga robada a una torre de alta tensión, una plancha de zinc extraida de una industria desmantelada, un pedazo de cartón sacado de la basura y como eso todo lo demás.

Aún en plena crisis la Habana daba vida a aquellos que venían dispuestos a todo: trabajar en la construcción, en la agricultura, en la policía, como jineteras, como pingueros, asaltantes de camino, mensajeros etc. El gobierno los deportaba masivamente hacia su provincia de origen pero ellos regresaban en el mismo tren. Hay un documental, “Buscándote Habana”, que refleja el tema.

En resumen, los capitalinos no se fueron al campo, más bien la ciudad se ruralizó, llenándose de sembrados, cochiqueras, potreros y gente de campo.


Sobre la investigación científica en el ámbito de la agricultura

Mientras fluyó la ayuda del campo “socialista” aquí se practicó una agricultura intensiva a golpe de combustibles fósiles. Los disímiles institutos de investigación tenían los ojos puestos en los avances más deslumbrantes de la ciencia y sobre todo en la biotecnología. Justo antes de La Caída los burócratas y tecnócratas tenían un entusiasmo tremendo con los cultivos hidropónicos, que necesitan un andamiage sofisticado y caro. Por supuesto que todo eso se fue a bolina en el primer soplo de la crisis pero en cuanto comenzó a gotear el maná proveniente de Venezuala se pusieron las pilas y andan girados para los transgénicos y otras lindezas semejantes. “Los bueyes lucen mejor en el plato”, es una expesión de Jorge Triana, un economista que disfruta del reconocimiento de las altas esferas y se la pasa dando conferencias a la élite política y científica.


Sin embargo, las fuerzas armadas revolucionarias (FAR) sí tenían pensada una estrategia de cómo organizar la sociedad y el trabajo en tiempos de guerra; Opción Cero le llamaban. Implementada con tino dicha estrategia ayudó a recuperar una agricultura, una farmacia y hasta una medicina natural alternativa que ayudaron a parar el golpe.

Además, con los reclutas que iban entrando a las fuerzas armadas (aquí es obligado para los hombres) la FAR organizó el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). Los reclutas trabajaban en granjas agrícolas por un salario miserable (siempre es mejor que marchar bajo el sol) y luego el ejército vendía barato o distribuía gratis (en escuelas, hospitales, unidades militares y centros de trabajo) lo cosechado.

Pero desde mi punto de vista fueron los guajiros y guajiras los que más hambre ayudaron a matar; con técnicas rudimentarias y a golpe de sabiduría tradicional, nucleados alrededor de la familia y sin recurrir al trabajo esclavo. La gente de la ciudad se daba viajes al campo a intercambiar cualquier cosa por viandas, vegetales o frutas.

El Estado-Gobierno estaba en la ruina y no tenía recursos para organizar ni controlar salvo lo más indispensable. Al Aparato no le quedó más remedio que permitir a regañadientes el laisser faire, que la gente se independizara. Muchos campesinos y emprendedores de todo tipo se partían el lomo con la ilusión de tener algo propio, recuperar la dignidad, ser libre. Tanto malestar había generado el colectivismo forzado que el ansia de independencia devino en uno de los motores subjetivos más poderoso cuando apenas quedaban esperanzas ni fuerzas para luchar.

Por otra parte el turismo, la inversión extranjera y las remesas familiares aportaron la moneda dura que, junto a otros factores, impidió cayéramos tan hondo como Corea del Norte.

Muchas personas de bien toman a Cuba como el ejemplo de que es posible sobrevivir a un desabastecimiento repentino de combustible y otros productos indispensables gracias al trabajo en comunidad y la guía de un gobierno socialista con respaldo popular. La idea me parece bonita pero dista bastante de la realidad.

lunes, 7 de enero de 2013

El período especial cubano como modelo de declive



Queridos lectores,

Hace unas semanas Blai Dalmau me hizo llegar un borrador sobre un artículo que preparaba para una revista. Dado que el original es en catalán, me preguntó si me parecería buena idea difundirlo, en castellano, en The Oil Crash. El texto es un ensayo sobre el período especial cubano y su paralelismo con la transición energética que tendremos que afrontar, destacando sus semejanzas y diferencias, y la parte de lecciones útiles que del primero se podrían extraer. Es un texto largo pero interesante, sobre un tema que para algunos de los lectores no es novedoso pero que para otros les puede arrojar alguna luz.

Como siempre, yo suscribo algunas de las cosas que se dicen pero no todas. Como siempre, yo publico los textos que me envían tal cual para darle a otros la oportunidad de expresar sus puntos de vista. Y como siempre, espero que debatan Vds. respetuosamente sobre las cuestiones que aquí se exponen.

Salu2,
AMT

 
Comentarios sobre el declive energético mundial
y el “período especial” cubano


RESUMEN: En este artículo, en primer lugar, se exponen las nociones básicas del declive energético mundial previsto para el siglo XXI; a continuación, se indaga sobre las consecuencias de este fenómeno dentro del marco institucional hoy hegemónico, señalando que el factor energético tuvo un papel importante en la irrupción de la crisis financiera y económica el 2007-2008; finalmente, se reflexiona sobre cómo afrontar satisfactoriamente la creciente crisis energética-sistémica, sugiriendo que esta constituye, al mismo tiempo, un formidable problema y una magnifica oportunidad. A lo largo del texto se abordan también diversas cuestiones relacionadas con el “período especial” cubano y las perspectivas que de él ofrece el documental “El poder de la comunidad: como Cuba sobrevivió al Pico del Petróleo” (The Community Solution, 2006) (1).

1. Que es el Pico Mundial del Petróleo?

Se denomina Pico Mundial del Petróleo al momento histórico en el cual el ritmo mundial de extracción petrolífera llega a su cima culminante, es decir, el momento a partir del cual, por razones geológicas, se vuelve imposible continuar obteniendo este recurso en cantidades tan grandes como hasta entonces. Pasado este punto, el flujo energético que proporciona el petróleo comienza a disminuir gradualmente y su extracción se vuelve cada vez más costosa. Desde hace tres lustros, cada vez más centenares de investigadores y estudiosos, así como cada vez más miles de ciudadanos, advierten públicamente que el Pico Mundial del Petróleo se alcanzará durante las primeras décadas del siglo XXI (2). Esto se ha convertido en una evidencia cada vez más abrumadora, hoy ya reconocida incluso por importantes instituciones estatales y empresariales que, no obstante, hasta hace bien poco, la negaban (3). Por otro lado, las prospecciones indican que durante la primera mitad del siglo XXI la disponibilidad de muchos otros recursos no renovables (carbón, gas natural, uranio, etc.) tendrá también su respectivo cénit y seguidamente empezará a declinar. Por este motivo, diversos autores señalan que probablemente la expresión más apropiada para caracterizar el siglo XXI desde el punto de vista de los recursos es “Pico de Todo”.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor encontraremos objetos materiales de todo tipo y de diversas procedencias, pero con una característica general y común: han sido producidos y distribuidos utilizando una enorme cantidad de energía fósil; principalmente, petróleo. Por ejemplo, la producción de una caloría alimentaria utilizando los métodos industriales actualmente hegemónicos requiere como mínimo unas 10 calorías de energía fósil (4). Esta aberración energética es el resultado de las tendencias sociales, políticas y económicas imperantes en los últimos dos siglos, las cuales han provocado que los combustibles fósiles en general y el petróleo en particular se hayan convertido en las sustancias motrices del mecanismo económico mundial. Nos hemos vuelto extremadamente petro-dependientes y ahora no disponemos de ninguna fuente energética alternativa que sea capaz de reemplazar la ingente cantidad de energía y la diversidad de usos que proporciona el “oro negro”; sus excelentes cualidades en términos de prestaciones, versatilidad y potencia no tienen parangón. Así, el progresivo agotamiento del petróleo dará lugar inevitablemente a un descenso continuado en la cantidad de energía disponible para la sociedad. Este descenso será más acusado en la medida en que se sincronice con la llegada del techo de extracción de otros combustibles fósiles y materias primas.

Después de la proyección analizaremos como la llegada del Pico Mundial del Petróleo ya está empezando a ocasionar impactos cruciales en el funcionamiento y el desarrollo de la sociedad contemporánea y nos plantearemos cómo interpretar y afrontar la nueva coyuntura energética-sistémica. A continuación, dispongámonos a ver “El poder de la comunidad: cómo Cuba sobrevivió al Pico del Petróleo”, un interesante documental que muestra cómo los cubanos rehicieron sus vidas con motivo de un desabastecimiento energético abrupto, repentino y drástico. Veremos como el país, después de pasar por una rotunda contracción económica, resultó beneficiado en cierto modo, particularmente desde el punto de vista social y ecológico. El film pone de manifiesto que Cuba es de los pocos países que ha experimentado una situación similar a la que empezamos a afrontar e ineludiblemente afrontaremos en las próximas décadas en todo el mundo (5). Por este hecho, el documental nos puede estimular a reflexionar sobre las posibilidades que alberga el venidero declive energético mundial. No obstante, tal y como argumentaré después de la proyección, hay que tener en cuenta que la forma como se produjo la reducción energética en Cuba y el sistema de organización social cubano dieron lugar a que este país recibiera esta reducción de un modo bastante diferente de cómo se sucede y presumiblemente seguirá haciéndolo en todo el mundo (6).

2. Diferencias entre el “período especial” y el declive energético mundial

Aunque la experiencia de la isla caribeña a principios de los años 1990 puede ser interpretada acertadamente como una “prueba piloto” para comprender algunos de los retos que se nos plantean en todo el mundo durante las próximas décadas, hay que tener presente que el declive energético que principiamos presenta notables diferencias respecto a la mencionada experiencia, principalmente por las siguientes razones:

  1. Mientras que Cuba sufrió una reducción abrupta del subministro energético, en el resto del mundo afrontamos, en las primeras décadas del siglo XXI, una disminución gradual. En el primer caso se produjo una caída de aproximadamente el 70% en las importaciones de petróleo en poco más de un año; en cambio, el descenso energético mundial que principiamos supone una tasa de decremento de entre el 3% y el 6% anual, según las estimaciones más comunes y verosímiles.

  1. En Cuba, la causa de la crisis era reconocida públicamente por los estamentos oficiales y claramente conocida por todos los ciudadanos. Actualmente, en cambio, el papel crucial que juega la reducción energética en el desarrollo de la crisis sistémica global es algo “público, pero no publicitado”: aunque los dirigentes y gestores del sistema están perfectamente informados sobre la importancia subrepticia del descenso energético, esta cuestión es generalmente ocultada, sesgada y banalizada en los grandes medios de (des)información, de manera que la gran mayoría de ciudadanos ignora el papel histórico cardinal que está jugando el factor energético hoy en día (7).

  1. Cuba se organiza mediante un sistema económico de planificación estatal. Este sistema no tiende intrínsecamente al crecimiento económico: si la producción y el consumo aumentan es fruto de la ideología del crecimiento que conduce las decisiones conscientes de los planificadores estatales, pero no un resultado connatural del funcionamiento del sistema. En la economía de mercado capitalista en que vivimos, en cambio, el crecimiento económico es una dinámica motriz, un principio imperativo, una necesidad estructural (8). En consecuencia, el decrecimiento económico o forzoso desencadena problemáticas irresolubles dentro de los marcos de este sistema. Veámoslo con más detalle, abordando la siguiente cuestión:
3. Qué implica el declive energético mundial?

Las principales teorías de análisis económico, la clásica y la marxista, establecen que nos encontramos en un sistema económico conducido por el crecimiento continuado; la historia contemporánea lo corrobora, constatando, en los últimos dos siglos, una invariable tendencia de expansión económica, solamente interrumpida por pasajeras e indeseadas crisis sistémicas. Asimismo, el objetivo central y declarado del sistema de economía de mercado capitalista, desde su establecimiento a finales del siglo XVIII, no es otro que el aumento de la producción y el consumo, el desarrollo de las fuerzas productivas, el incremento del Producto Interior Bruto. Dentro de esta estructura económica caracterizada por la competencia, todas las empresas y los Estados se encuentran imperiosamente obligados a velar por su propio crecimiento económico so pena de quedar fuera de juego, es decir, de entrar en quiebra y en disolución. Si no se alcanza el crecimiento se agravan aceleradamente las problemáticas socioeconómicas (aumento del paro, destrucción de los servicios públicos y prestaciones sociales, incremento de la disparidad económica, etc.) ya que, por su propia naturaleza, el sistema mercantil no encaja saludablemente una situación de no-crecimiento y, menos aún, de decrecimiento. El sector financiero es el que más rápida y acusadamente sufre la falta de crecimiento puesto que es el que más se arriesga en el presente a la espera del crecimiento futuro. Esto no significa que el sector financiero sea, como a veces se ha sostenido, la causa del crecimiento, sino que, sencillamente, es un subsistema económico que se ha vuelto extremadamente adicto al crecimiento, dentro de un sistema constitutivamente conducido por esta dinámica motriz.

Llegados a este punto, podemos plantearnos la siguiente cuestión: podría suceder que el crecimiento económico se vuelva cada vez más difícil de alcanzar hasta el punto de resultar imposible durante todo un período histórico y en el ámbito mundial? Esta posibilidad resulta remota a ojos de la gran mayoría de economistas, los cuales obvian el hecho de que la economía es un subsistema de la biosfera y que, por lo tanto, los límites físicos de esta se pueden imponer a las veleidades expansionistas de aquella. No obstante, esta posibilidad se está convirtiendo en una realidad cada vez más palmaria. Dado que la energía neta disponible y el volumen de actividad económica son dos variables estrechamente correlacionadas (9), la reducción continuada de la primera repercute en una contracción continuada de la segunda. En consecuencia, podemos predecir con un alto grado de seguridad que las próximas décadas serán notablemente diferentes de las décadas precedentes puesto que el “Pico de Todo” que atravesamos en nuestros días, y particularmente el Pico Mundial del Petróleo, constituyen un punto de inflexión histórico: el fin de una era de crecimiento económico que ha durado dos siglos y el inicio de una nueva era de decrecimiento económico forzado (10).

Al escuchar la palabra “decrecimiento” posiblemente muchos recordareis discursos que enarbolan este término aduciendo que tal tendencia económica resulta conveniente para el bienestar de la humanidad e indispensable para la salud del planeta. Ciertamente, el decrecimiento económico, es decir, la reducción de la magnitud de la economía, la localización de la actividad económica, la disminución de los estándares de consumo que los países ricos han ostentado durante las últimas décadas, en sí mismo, seria benigno para todos nosotros y para los ecosistemas que nos sustentan. Por lo tanto, el descenso energético mundial y el consiguiente decrecimiento forzoso, podría parecer, desde esta perspectiva, una buena noticia. Pero la cuestión no es tan sencilla, puesto que, aunque el decrecimiento sea deseable en sí mismo, no lo es dentro de los marcos del sistema socioeconómico establecido. Dentro de los marcos de la economía de mercado capitalista, como hemos comentado, el decrecimiento da lugar a una crisis sistémica que comporta nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de la población; desencadena una acelerada degradación de las condiciones de vida de cada vez más millones de personas, incrementando drásticamente la pobreza, la exclusión, la desigualdad, el paro, la precariedad de los servicios y prestaciones sociales y también, en consecuencia, el autoritarismo del Estado para mantener en funcionamiento un sistema decadente.

Así pues, la contradicción está servida. Por un lado, el sistema de economía de mercado hoy hegemónico requiere de un subministro energético creciente para saciar su voraz necesidad de expansión económica continuada y, por otro lado, la realidad geológica, por primera vez en la historia, proporciona un subministro energético irremisiblemente decreciente. Esta contradicción provoca, en primer lugar, el aumento del precio de la energía en general y de los carburantes en particular y, en consecuencia, el encarecimiento de la generalidad de los bienes y servicios. Sobreviene, por tanto, una inflación acusada. Los gestores del sistema intentan contenerla dentro de los umbrales tolerables, a través de una destrucción forzosa de la demanda, inducida mediante el alza de los tipos de interés. Esta destrucción de la demanda, naturalmente, resulta perniciosa para el sistema económico vigente, pero se vuelve indispensable para evitar un mal mayor: el colapso del mismo. De esta forma el sistema entra en una situación de estanflación (inflación y estancamiento simultáneos) generadora de una crisis económica que, a medida que pasa el tiempo, va adquiriendo una profundidad sin precedentes. Tal es, a grandes rasgos, la situación en la que hemos entrado en los últimos años; veámoslo con más detalle.

La crisis económica iniciada el 2007-2008 se ha atribuido, en general, casi exclusivamente a la especulación financiera e inmobiliaria. No obstante, en un nivel más profundo, su raíz reside en la antedicha colisión de la economía de crecimiento internacional con los límites físicos de la realidad geológica planetaria. Sin duda, la desregulación del sector financiero dio lugar a una desenfrenada especulación bursátil-inmobiliaria que se tradujo en la concesión de enormes hipotecas a personas con pocos recursos. Pero, que ocasionó que tantísimas de estas personas dejaran de reintegrar sus créditos, todas a la vez? La respuesta la encontramos en la vertiginosa escalada de precios del petróleo en el período 2005-2008, alcanzando su máximo histórico el once de julio de 2008: 146 dólares el barril. Las hipotecas subprime se empezaron a conceder cuando el petróleo costaba 40 dólares el barril, con la presunción que los tipos de interés seguirían siempre bajos, como el precio del barril. Pero la creciente dificultad de extraer petróleo barato debido a la llegada del Pico Mundial del Petróleo provocó que en poco tiempo el barril se encareciera a una velocidad sin precedentes (11). En consecuencia, la inflación se disparó en todo el planeta y la tendencia al alza no cesaba. Frente a esta situación, los bancos centrales se vieron obligados a subir los tipos de interés para evitar un desastre mayor (12). La subida de los tipos de interés consiguió detener la inflación, ciertamente, pero también desencadenó sus previsibles efectos colaterales: muchas personas se vieron imposibilitadas para continuar pagando sus hipotecas de alto riesgo. No era sólo el precio de la hipoteca lo que había subido: el encarecimiento de la energía elevó notablemente el precio de los alimentos básicos y del transporte de manera que, en poco tiempo, llegar a fin de mes se convirtió en una verdadera odisea para una miríada de personas. Muchas de ellas dejaron de reintegrar sus hipotecas para poder subsistir. Así fue como reventó la burbuja inmobiliaria más grande, la de las hipotecas subprime estadounidenses, desencadenando turbulencias económicas que arrastraron la economía mundial hacia la recesión.

Naturalmente, en el transcurso de este proceso de decadencia sistémica, los dirigentes y gestores del sistema estatal-mercantil se reúnen constantemente en consultas pluridisciplinares, si no para curar un sistema tocado de muerte, al menos para alargar su aparente supervivencia hasta donde se pueda. No obstante, como no podría ser de otra forma, todas sus actuaciones constituyen una obstinada y desesperada huída hacia adelante: se esfuerzan en seguir alimentando las dinámicas motrices del sistema mercantil, es decir, la internacionalización de la economía, el crecimiento económico, la concentración de poder y la extensión de las fuerzas del mercado, cuando estas son precisamente las dinámicas que hay que abandonar. Esto nos lleva a la siguiente cuestión:

4. Cómo afrontar la crisis energética-sistémica?

La tónica de la mayoría de documentales y artículos sobre el declive energético mundial consiste en advertir sobre las potencialidades negativas de este fenómeno, a menudo poniendo énfasis en sus riesgos catastróficos. El documental que hemos visto, por el contrario, muestra de manera esperanzadora diversos cambios positivos que “el periodo especial” suscitó en la isla caribeña. A mi parecer, resulta acertado y necesario notar que el Pico Mundial del Petróleo constituye no solamente un serio problema, sino también una magnífica oportunidad para efectuar deseables transformaciones (13). Sin embargo, tan equivocado sería incurrir en el pesimismo descorazonador al cual podría inducir una visión acrítica de otros documentales, como caer en el optimismo despreocupado al que podría dar pie el visionado acrítico de este documental. Sería un caro error adoptar la tranquilizadora idea de que a medida que nos adentramos en el descenso energético ya nos iremos acomodando a él de forma natural y armónica, modificando progresivamente nuestro estilo de vida para adaptarnos a una situación que, siendo más austera, será también más saludable socialmente y más sostenible ecológicamente. Esta idea deriva de la irreal presunción de que la crisis energética se manifestará principalmente (como sucedió en Cuba) en forma de restricciones en el suministro energético o sencillamente con el aumento del precio de la energía. A su vez, esta presunción proviene de la incomprensión de las dinámicas del funcionamiento del sistema estatal-mercantil establecido; en este sistema, como se ha expuesto antes y como muestra la experiencia mundial de los últimos años, el declive energético mundial se manifiesta en la forma del advenimiento de una crisis sistémica y el subsecuente agravamiento acelerado de la crisis multidimensional (económica, política, social, cultural y ecológica) preexistente.
Si, como señala el adagio, “reconocer la enfermedad es el primer paso hacia la curación”, hoy sería conveniente que amplios sectores de la población reconociéramos, de forma responsable y consciente, la verdadera profundidad y magnitud de la crisis sistémica que principiamos, ya que esto favorecería la adopción de las medidas magnas y profundas indispensables para afrontarla de manera satisfactoria. Ciertamente, hay que hacer una elección básica. O nos disponemos a desarrollar una nueva forma de sociedad que sea fiel a la verdad, que se adapte a la realidad, o seguimos adheridos al sistema vigente, anhelando vanamente el crecimiento económico, sufriendo las fatales consecuencias de obstinarnos en esta quimera. Mientras el sistema establecido se derrumba calamitosamente tal como lo hizo el prepotente Imperio Romano; mientras se dirige hacia una colisión frontal tal como lo hizo el presuntuoso Titanic; la cuestión que se encuentra en nuestras manos es hasta qué punto nos arrastrará en su caída, hasta qué punto nos hundiremos en su naufragio. Cada uno de nosotros puede usar sus cualidades en un trabajo radicalmente transformador o bien perderse en la preservación y la corrección de un sistema esencialmente pernicioso y completamente obsoleto. Podemos ser auto-constructores conscientes de una nueva humanidad o seguir la trillada senda de la auto-destrucción inconsciente. Hoy, tal vez más que nunca, resulta cierta aquella sentencia que dice que “el futuro es de aquellas personas que se preparan en el presente” (Malcom X); en efecto, si la prudencia recomienda salir al encuentro de los problemas latentes para neutralizarlos antes que estos nos asedien, la idiosincrasia histórica de nuestros días reclama especialmente de esta virtud.

El descenso energético del siglo XXI constituye al mismo tiempo un formidable problema, un difícil reto y una magnífica oportunidad. La resolución de este problema, la superación de este reto y el aprovechamiento de esta oportunidad no provendrá de una evolución del sistema institucional hoy establecido y de sus valores dominantes: sus dinámicas estructurales, como se ha explicado, lo condenan al ocaso en la nueva coyuntura energética. Tampoco una hipotética transmutación hacia un régimen socialista-estatista al estilo de Cuba supondría una salida plausible de la crisis: las graves deficiencias y problemáticas inherentes a estos regímenes han quedado sobradamente evidenciadas durante la pasada centuria (14). Por supuesto, tampoco sería suficiente modificar algunos aspectos de nuestros estilos de vida: por más que sea necesario y deseable adoptar muchos de los ejemplos positivos que aparecen en el documental (extender la permacultura, usar energías renovables, consumir localmente, etc.), estas iniciativas, por si solas, sólo pueden paliar los peores efectos de la crisis, pero no superarla.

La solución de la crisis energética-sistémica del siglo XXI és inseparable de la superación de la crisis multidimensional (económica, política, social, cultural y ecológica) que arrastramos des de los siglos precedentes. Ambas crisis están entrelazadas y tienen una misma matriz: la estructura fundamental del sistema estatal-mercantil y sus dinámicas inherentes. Para superar ambas crisis, es preciso que conozcamos esta matriz, que neutralicemos sus efectos y que erradiquemos sus causas. Es menester, asimismo, que ideemos una alternativa social deseable y factible y que tracemos un plan estratégico viable para hacerla cada vez más real. En otras palabras, hay que generar un inmenso y lúcido movimiento de la población del mundo que acometa una tarea histórica tan necesaria como compleja, tan deseable como ardua: desmantelar pieza a pieza el sistema social hoy hegemónico y construir a la vez una nueva forma de organización social. En este sentido, el localismo económico ha de sustituir la tendencia actual a la internacionalización económica; el objetivo de la satisfacción de las necesidades humanas debe reemplazar la quimera del crecimiento económico continuado; tenemos que retomar las riendas de la sociedad a través de la distribución igualitaria del poder, aboliendo la nociva concentración del poder de hoy en día; es preciso crear una economía poseída y controlada democráticamente que sustituya gradualmente a la actual economía poseída oligárquicamente y controlada por las fuerzas del mercado (15). Por supuesto, tales transformaciones serán viables solamente en la medida en que los valores de la dedicación al bien común, la convivencialidad, la solidaridad, la autonomía y la reintegración con la naturaleza, entre otros de vinculados, desplacen los disvalores de la competencia, la dominación, el materialismo y el egoísmo, entre otros de vinculados. Estos son, sumariamente, algunos de las principales vectores de cambio que hay que emprender entre todos y todas para, por un lado, salvarnos de una catástrofe histórica monumental y, por el otro, abrir una nueva etapa brillante en nuestra vida como humanidad.


Blai Dalmau
Mayo del 2010 – Diciembre del 2012


NOTAS

[1] Este artículo constituye una actualización y ampliación de los comentarios pronunciados en mayo de 2010 en Figueres a propósito de la proyección del susodicho documental; por ello, hemos conservado algunos elementos de estilo que denotan oralidad. Agradezco que la “Institució Empordanesa per la Defensa i l'Estudi de la Natura” nos brindara la oportunidad de reflexionar colectivamente sobre estas cuestiones. Igualmente, agradezco los comentarios, revisiones, traducción y difusión que han hecho de este artículo Laia Vidal, Antonio Turiel, Alexandra Gudayol, Eduard Nus, Joan Pedragosa, Jordi Lillo, Oleguer Llimona y Rosa Pach.

[2] El geólogo Marion King Hubbert elucidó en 1949 que la curva de extracción petrolífera de cualquier pozo o área geográfica determinada sigue una forma de campana de modo que una vez se han extraído aproximadamente la mitad de sus reservas acontece el cenit de extracción o el Pico del Petróleo; en 1956 predijo correctamente que el cenit petrolífero de EUA se produciría durante la década de 1970. A finales de la década de 1990 comenzaron a aparecer numerosas publicaciones que alertaban de la próxima caída de la producción petrolífera mundial, evidenciando el fenómeno con datos y estudios científicos. Hoy existe un número considerable y creciente de proyectos de toda índole consagrados al estudio y la divulgación de la crisis energética; en lengua española, por ejemplo, nos remetemos al portal de l'Associación Española por el Estudio de los Recursos Energéticos y al bloc The Oil Crash, donde el lector podrá ampliar y profundizar sobre diferentes cuestiones relacionadas con el panorama energético mundial que en este artículo sólo se exponen sumariamente.

[3] La Agencia Internacional de la Energía, por ejemplo, después de muchos años publicando prospecciones energéticas irreales que negaban el advenimiento del Pico Mundial del Petróleo, en su informe anual de 2010 reconoció que el ritmo de extracción mundial de crudo no sobrepasaría nunca más los niveles de 2006; en el informe de 2012 da un paso más y reconoce, con la boca pequeña, que la producción de petróleo mundial no puede hacer otra cosa que decaer. En los últimos años han aparecido numerosos estudios de organizaciones estatales y empresariales (Informe HSBC 2011, World Economic Outlook 2011, Informe HIRSCH, Informe Lloyd, Informe de l'Energy Watch Group, etc.) que dan a entender o bien afirman rotundamente que la caída del suministro de petróleo es un fenómeno constatable y de gran relevancia en nuestros tiempos.

[4] Ciertamente, el modo de alimentación predominante en las sociedades modernas, particularmente por lo que se refiere al consumo de carne, depende extremadamente de un inmenso consumo energético que proviene de los combustibles fósiles, tal como evidencian detalladamente diversos estudios. Véase, por ejemplo, el artículo “Reducing energy inputs in the US food system” (David Pimentel et al., 2008) o el dossier “Cocinando el planeta” (VVAA, 2010).


[5] Corea del Norte también afrontó a principios de la década de 1990 un drástico desabastecimiento petrolífero, sufriendo consecuencias bastante más traumáticas que Cuba. Para un análisis de los efectos y las transformaciones que la reducción energética suscitó en el ámbito agrícola en ambos casos, consultar “Aprendiendo la lección de la experiència: las crisis agrícolas en Corea del Norte y Cuba” (Dale Allen Pfeiffer, 2003).

[6] El documental tiene una duración de cincuenta minutos y básicamente muestra la singular experiencia de Cuba cuando, en motivo del Colapso de la Unión Soviética, sufrió una drástica y repentina restricción de petróleo que suscitó cambios societarios relevantes. Podéis verlo en línea subtitulado al español.

[7] El artículo “Público, no publicitado” (Antonio Turiel, Bloc The Oil Crash, 2010) pone de manifiesto, para el caso del Estado español, hasta qué punto las instancias gubernamentales están enteradas del papel cardinal que juega el techo energético hoy en día.

[8] Para un análisis de los factores objetivos (institucionales) y subjetivos (valores) que dan lugar a la economía de crecimiento en su versión capitalista y en su versión del “socialismo real”, véase el quinto capítulo de “Crisi Multidimensonal y Democracia Inclusiva” (Takis Fotopulos, 2005).

[9] La Agencia Internacional de la Energía suele publicar anualmente una gráfica que muestra la fuerte correlación entre consumo de energía y Producto Interior Bruto. Por otro lado, el artículo “¿Es realmente posible desacoplar el crecimiento del PIB del crecimiento de la Energía?” (Gail Tverberg, 2011) revela que a pesar de las mejoras en materia de eficiencia energética, en los últimos años esta correlación no se ha desacoplado, sino que se ha reforzado por la entrada en juego de otros factores.

[10] Tal como puntualiza Richard Heinberg (The End of Growth, 2011), el final de la era del crecimiento no significa que en lo sucesivo no vaya a haber países que presenten períodos de crecimiento económico. Pero el crecimiento económico de estos países será siempre relativo, es decir, estará enmarcado dentro de una tendencia histórica y mundial marcada por el decrecimiento de la producción y el consumo, de manera que si algunos países crecen lo harán a expensas de otros que decrecerán con mayor celeridad, un hecho que ya podemos constatar actualmente.

[11] A pesar de que el vertiginoso aumento del precio del petróleo estuvo ligada a la especulación en el mercado de futuros, esta especulación no hizo más que magnificar el hecho que el petróleo había empezado a ser percibido como un bien escaso.

[12] El precio del petróleo tendió al alza des de 2002 y aumentó en flecha des de medianos de 2006 hasta principios de 2008. Paralelamente, la inflación anual a nivel mundial se triplicó en el período que va de 2003 a 2008, pasando de 3,3 puntos porcentuales en 2003 a 9 puntos en 2008 (Fuente: Banco Mundial). Como es bien sabido, los tipos de interés se modifican para controlar la inflación, de manera que en la zona Euro, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, durante el período de 2004 a 2008, los Bancos Centrales aumentaron notablemente los tipos de interés a fin de refrenar la galopante inflación debida al encarecimiento del petróleo.

[13] Al despuntar la crisis sistémica hicimos cuatro pinceladas sobre las potencialidades positivas del declive energético mundial: “Des del punto de vista ecológico, por ejemplo, el cenit del petróleo es un límite forzado a un progreso desbocado que estaba causando la degradación y contaminación medioambiental, la extinción de especies y el deterioro de las condiciones físicas que hacen posible la vida humana en el planeta. Des del punto de vista social, la disolución de la economía capitalista global nos emplazará un resurgimiento moderno de la producción y distribución locales. Presumiblemente aflorarán economías autogestionarias y cooperativas, modelos sociales más justos y racionales. La democracia directa, fruto de las asambleas de personas que se encontrarán para hablar y decidir cómo afrontar la crisis, puede ser, de manera natural, la expresión política de una nueva forma de entender el mundo. Tal como la crisis económica argentina de 2001 desencadenó un movimiento popular de ocupación de fábricas, autogestión, cooperación y creación de economías democráticas, a la vez que una revuelta popular, esto es lo que se puede dar, esto es lo que podemos hacer, como parte positiva de la crisis global. “ (Sobre las causas, posibilidades i perspectivas de la crisis actual; Blai Dalmau, 2008).

[14] El hecho de que, tal como hemos comentado, el sistema económico de planificación estatal resulte conciliable con el decrecimiento económico forzado podría llevarnos a pensar que la solución al declive energético del siglo XXI pasa por la instauración de regímenes socialistas-estatistas, basados en una planificación estatal de la economía que sustituya la economía de mercado capitalista hoy hegemónica en todo el mundo. No obstante, si bien en algunos aspectos el sistema de planificación estatal ha mostrado notables ventajas respecto de la economía de mercado capitalista, en muchos otros se ha mostrado sumamente pernicioso. Esto se debe principalmente al hecho de que el sistema estatal-socialista constituye una tentativa de erradicar una forma de dominación (la propiedad privada de los medios de producción) preservando otra forma de dominación (el poder político concentrado en las estructuras estatales y sus gerentes). La historia ha mostrado invariablemente cuales son los resultados de tales tentativas: en todos los países en los cuales se ha instaurado el “Socialismo Real” se ha erigido una nueva clase dominante de carácter burocrático-estatal que ha sometido a la ciudadanía a nuevas relaciones basadas en la alienación, la mentida, la manipulación, la opresión, la explotación y la dependencia. Hoy en día, la verdadera superación de la crisis generalizada pasa por no caer en los errores del pasado, creando así un nuevo sistema realmente democrático y genuinamente ecológico, netamente diferenciado de las estructuras del Estado, “democrático” o “socialista”, y de la economía de mercado capitalista.

[15] Afortunadamente, en el último lustro, diversos colectivos, movilizaciones, proyectos e iniciativas, en diferentes ámbitos y de diferentes maneras, con sus respectivas luces y sombras, han abierto camino en el sentido de las transformaciones mencionadas. Para el caso de la península ibérica nos referimos, entre otros ejemplos, a la movilización del 15M, a la obra de Félix Rodrigo Mora, a la comunidad y universidad de Tamera, a la intervención del Grupo de Acción de Democracia Inclusiva de Cataluña o a las iniciativas de la Cooperativa Integral Catalana.




Direcciones cibernéticas inseridas en las notas:
http://www.democraciainclusiva.org/txt/Balance_15M_cas.pdf