lunes, 17 de junio de 2013

Un futuro sin más (I): La huida



[Las personas y situaciones que aparecen en este relato son completamente ficticias. Cualquier parecido con personas o hechos reales será siempre mera coincidencia]

- Gracias; estábamos sedientos - dijo Jan al tabernero

Éste se le quedó mirando un rato, suspicaz, y al cabo dijo:

- Muy pulidas me parecen esas formas. ¿No serás uno de ellos?

Jan enfureció; dió un golpe con la jarra de cerveza a la mesa y rugió:

- ¡Me cago en la puta! ¿No se puede ser un poco educado en este mundo, para variar?

El tabernero retrocedió un poco. Obviamente, no se esperaba esta reacción. Jan lo había hecho muy bien: era un tipo inteligente y en los dos meses que habían pasado desde que se inició la persecución había aprendido rápido. El tabernero ya se iba, mascullando para sus adentros, cuando se fijó en el joven que acompañaba a Jan.

- ¿Y este pimpollo, de dónde ha salido? ¿Qué tienes, chaval, 20 añitos? ¿18?

En realidad David tenía 25 años, pero su aspecto aniñado, barbilampiño e inseguro le hacían parecer bastante más joven. David se aclaró la garganta para responder, pero Jan se le anticipó:

- Tiene 20 años; es mi sobrino, el hijo de mi hermana, que me le ha confiado para que haga de él un hombre. ¿Algún problema?

El tabernero se rascó el cogote, frotó su manazas en el sucio delantal y se marchó despacio, mascullando un "nada, nada...". Cuando estuvo a una distancia prudencial David por fin acertó a decir un "Gracias" dirigido a Jan con el aire de la respiración hasta entonces contenida.

Jan no miraba a David, sino al tabernero y al tiempo lanzaba fugaces miradas alrededor. La taberna estaba prácticamente vacía a aquellas horas de la tarde. Lejos quedaban los días de esplendor que sin duda el local había conocido. Lejos, sí. Lejos quizá como dos o tres meses, pero en la situación actual los días eran como meses y los meses como décadas. Al final, siempre sin mirar a David, Jan habló con voz baja y pausada:

- Si no aprendes a controlar tu miedo nos atraparán, a ti y a mi, y aún podremos dar gracias si simplemente nos matan de una manera rápida. Tenlo muy presente.

- Lo tengo presente, señor - dijo David, cabizbajo.

- ¡No me llames señor! - el tono de Jan era imperioso, a pesar de hablar tan bajo. Prosiguió - llámame Tío Jan o simplemente Jan. Soy Jan López Merchán, y tú David Gutiérrez López. Que no se te olvide.

- No lo olvidaré, señ... ¡Jan! - se autocorrigió David.

Jan no podía culparle. Después de varios años trabajando juntos - tres o cuatro, pensó - se adquirían ciertos automatismos que no era tan fácil de borrar en sólos dos meses. Dos meses de horror y barbarie, siempre huyendo, yendo a trompicones en zig zag hacia la frontera, la frontera que sería su salvación, a sólo ya unos pocos kilómetros. "La frontera que separa la barbarie de este país que se hunde en su miseria de otro país, uno de los pocos reductos de civilización que aún queda".

Jan miró entonces a su protegido. David era un chico inteligente, algo retraído pero con muchas posibilidades. Podría haberle dejado atrás el día del asalto; de hecho, debería haberle dejado atrás. A fin de cuentas David no era nadie, no era una persona conocida; sus perseguidores iban por Jan, solamente por su notoriedad. Era la foto de Jan la que fue distribuida masivamente por la capital de la que tuvieron que escapar de noche, corriendo por las alcantarillas. Seguramente a David no le hubieran hecho nada, pero David no las tenía todas consigo y Jan se apiadó de él. La verdad es que el chaval no hubiera durado ni dos minutos en manos de aquellos energúmenos. Jan, sin embargo, era de otra pasta. Había conocido muchas penalidades cuando fue joven, y sólo ya en su madurez pudo disfrutar de los frutos de tanto esfuerzo.

"Concéntrate, Jan", pensó. Tenía que concentrarse en el paso de la frontera. Hacía años que no había estado en esta zona, aunque la conocía bastante bien. Le había tocado hacer la mili en un cuartel cercano y los días de permiso se los pasaban haciendo el idiota en los pueblos de la costa, e incluso alguna vez cruzando la frontera para chapurrear el idioma del país vecino. Años después, ya con un trabajo digno de tal nombre, Jan había veraneado alguna vez en esas comarcas llenas de preciosos parajes naturales y de demasiados turistas. La masificación le agobiaba, pero al mismo tiempo le gustaba porque en la masa su soledad de hombre con cierto éxito en la vida pero sin compañía pasaba desapercibida.

En fin, fuera como fuera la frontera estaba cerca. La carretera, ahora desierta de coches, había albergado en sus buenos días un tráfico insoportable. Aún hoy en día era un punto de intercambio frecuente de mercancías. Sin embargo, pasar por ahí era arriesgado: los guardas de frontera podrían reconocerle, a pesar de la tupida barba, a pesar de no llevar las gafas, a pesar del aspecto desaliñado de temporero por horas. No podía arriesgarse a que le cogieran. Era mejor pasar por el caminito que había un par de kilómetros más al este de la carretera principal. Una carretera serpenteante, zigzagueante, que antes, cuando el petróleo sobraba, se hubiera considerado una "ruta pintoresca" y ahora se veía como una pérdida de tiempo. Pero lo que poca gente sabía es que un par de kilómetros después de coger esa carretera se abría a su izquierda un pequeño sendero, impracticable para coches y carretas pero transitable a pie, que descendía rápidamente hacia la frontera. En unos pocos centenares de metros se encontrarían en territorio que si bien quizá no sería amigo al menos no sería enemigo. Desde ahí, en un kilómetro o así llegarían al primer pueblo del otro lado de la frontera y escaparían de esta barbarie.

Jan pagó al suspicaz tabernero y salieron fuera. Quedaba poco más de una hora para el atardecer, cuando los valles se vuelven umbríos pero aún puedes ver por donde caminas. Desde donde estaban podrían ganar la frontera caminando en menos de una hora. No era difícil pero sí arriesgado. Dedicaron unos minutos a vagar sin demasiado sentido, deteniéndose a mirar los tablones de anuncios, como si buscaran trabajo. Trabajo, ¿de qué?, si esto era un erial. Quizá la falta de futuro y de perspectivas era lo que había llevado a la barbarie. La barbarie... ¿Cómo había comenzado todo?

Jan recordaba. Llevaban ya 7 años de crisis económica implacable, y nadie era capaz de proponer ninguna solución. El Parlamento se había fragmentado en mil pequeños partidos y si ya antes era incapaz de tomar decisiones, entonces se volvió completamente inoperante. Los escándalos de corrupción eran continuos y salpicaban a las altas magistraturas del Estado; llegó un momento en que todos los partidos políticos estaban implicados en algún escándalo: los partidos grandes en escándalos grandes y los partidos pequeños en escándalos pequeños. En la calle el sentimiento de indignación crecía y crecía, y cada vez eran más frecuentes los choques violentos con la policía en plena calle.

Entonces empezaron a aparecer los primeros grupos de acción directa contra los políticos. Al principio eran sólo pintadas y vidrios rotos, pero poco después se rompían huesos y hasta vidas. El grupo reivindicativo "Corrupción cero" o CC, con una ideología ecléctica construida de muchos retales ideológicos, fue ganando popularidad, que crecía a medida que iban encarcelando a algunos de sus miembros más violentos. La declaración de CC como asociación de malhechores no hizo más que hacer crecer su aura de protectores del pueblo, y su popularidad se hizo aún mayor cuando, en un golpe de efecto, comenzaron a desvalijar casas de políticos más o menos corruptos para repartir después el botín entre los pobres. Muchos miembros de CC fueron detenidos, pero eran reemplazados por un mucho mayor número de nuevos integrantes. En los meses previos a las últimas elecciones se constituyó un nuevo partido político, "Ciudadanos contra la corrupción" (CCC), al cual CC dio su apoyo explícito. Este hecho, junto con la similitud de las siglas y del ideario político llevo al Ministerio de Justicia a declarar ilegal CCC, al considerarlo "parte del entramado de CC". A pesar de que la Junta Electoral Central no imprimió ninguna papeleta del CCC éstas, impresas y distribuidas de manera clandestina, inundaron las urnas: según la JEC el 40% de los votos emitidos fueron nulos. A la vista de los resultados, anunciados la misma noche de los comicios, la multitud enardecida saltó a las calles gritando: "Queremos democracia". A las 11 de noche el líder de CCC apareció en el balcón de su improvisada sede electoral, y lo hizo de la mano del líder CC. Fue este último el que se dirigió a la muchedumbre: "Aquí estoy. He abandonado la clandestinidad para deciros que la voz del pueblo no se puede callar. Hoy el pueblo ha dado la mayoría a CCC; esos 40% de votos nulos son en realidad 60% si contamos los votos que dicen que han sido en blanco y los que se callan. No podemos permitir que los corruptos de siempre nos sigan robando; nos roban el dinero, nos roban el futuro y ahora nos quieren robar estas elecciones. ¡No lo permitamos! ¡Marchemos hacia el Palacio Presidencial!"

Algún día los libros de Historia analizarán lo que pasó en aquellas horas, pensaba Jan, pero lo que quedó claro es que CC ejecutó con maestría un plan trazado con mucha anticipación. En realidad el apoyo a CCC, aunque considerable, no superaría el 20 o el 25%, puesto que ciertamente una gran parte del voto nulo era voto de protesta pero los partidarios de CCC no eran tan numerosos. La multitud que se congregó aquella noche en la capital había venido en autobuses desde puntos distantes de la geografía para que la escenificación de la toma del poder fuera más completa. Además, CC tenía mucho apoyo entre los policías y los militares, con lo que no les costó demasiado conseguir que quienes estaban de servicio aquella incómoda noche fueran de los suyos. El caso es que la marcha hacia el Palacio Presidencial fue un paseo triunfal y con el líder del CC a la cabeza la multitud tomó sin resistencia el Palacio justo a medianoche. Aquella misma noche el Presidente, los líderes de los otros partidos democráticos y una buena parte de los diputados fueron ejecutados por las fuerzas revolucionarias del CC. A pesar de algunos conatos de resistencia en ciudades lejanas a la capital al amanecer del día siguiente quedó claro que todo el país se sometía al dictado de CC. Se convocó de urgencia un Parlamento de Electos que sólo contó con miembros de CC; éste modificó en una semana un centenar de leyes fundamentales y proclamó, sin tener atribuciones para ello, una nueva Constitución que entre otras cosas eliminaba el Parlamento "por ser un foco de corrupción, intercambio de prebendas, costoso e inútil". El domingo por la tarde los diputados electos y constituyentes entonaron el himno nacional, reescrito para la ocasión, y abandonaron ordenadamente el Parlamento, que fue clausurado. El nuevo Presidente plenipotenciario comenzó a promulgar sus nuevos decretos. La democracia en este país había llegado a su fin.

Jan pensaba en todo eso mientras caminaban haciéndose los despistados hacia la vieja carretera que les llevaría hacia el otro lado, hacia un país donde aún sabían qué quería decir la palabra democracia. Mientras recordaba aquellos días oscuros Jan no podía evitar esbozar una sonrisa irónica. Mucha gente saludó el nacimiento del nuevo régimen como una esperanza de regeneración, o así lo pusieron en los diarios, y así lo siguieron diciendo muchos de ellos -"una esperanza de regeneración"- hasta el día antes de ser clausurados por decreto presidencial. 


Lo cierto es que el país se había sumido en una dictadura que en poco tiempo demostró ser feroz e implacable. Todas las personas que habían detentado cargos políticos en los años anteriores fueron forzadas a trabajar en "campos de reeducación" donde "devolverían con su sudor todo lo que habían robado o despilfarrado". Los tiempos de estancia en los campos dependían de la importancia y la duración de las responsabilidades que hubieran ejercido, según unas tablas que el Presidente hizo distribuir entre la población. Típicamente quien tenía para más de un año de trabajos forzados no volvía con vida de los campos de reeducación, y los que volvían explicaban verdaderos horrores. Con todos esos trabajadores forzados el Estado intentaba recuperar el esplendor perdido durante los años de crisis económica, ahora que la energía del petróleo y del uranio comenzaba a escasear en los mercados internacionales.

La sombra de la ladera de la montaña se alargaba y ya cubría las últimas casas del pueblo, y prácticamente no había nadie en la calle; tres o cuatro kilómetros más y estarían a salvo. A salvo de la barbarie, de la atrocidad. En su día Jan vio venir lo que les esperaba. "Cualquier recurso renovable explotado de manera no sostenible se convierte en no renovable", una frase que había leído hacía tiempo y que le gustaba repetir. Cualquier recurso renovable. Incluso los seres humanos, se lamentó. Pues el nuevo Estado se había vuelto adicto a la energía muscular humana, y cuando los nuevos esclavos "reeducados" escasearon comenzó una auténtica caza de brujas. Primero fueron a por los políticos, sí; pero después siguieron los banqueros, los notarios, los altos funcionarios...

- ¡Eh! ¿David? ¿David Ros? ¿Eres tú? ¡Soy yo, Felipe Colina!

Jan se quedó helado. Un jovenzuelo del grupo de cuatro o cinco que había junto a la última casa se había acercado y se había parado delante de su pupilo.

- Ehhh.... Hola, Felipe, ¿qué tal? - acertó a decir torpemente David.

Jan rodeó lentamente a los dos muchachos pasando por detrás de David, avanzando discretamente en dirección a la carretera que les tenía que llevar a la salvación. "Tan cerca, tan cerca... por Dios, David, no te distraigas y despacha rápidamente a éste", pensó.

- Te hacía por la capital. ¿Qué haces por aquí? Yo he venido a la frontera a buscar trabajo: está la cosa muy mal, y en casa hay que comer - le dijo Felipe.

- Sí, bueno, yo un poco igual. Cuánto tiempo, Felipe - le dijo David.

- Bah, tampoco tanto; ¿que será, tres años? Cuando acabaste la carrera; me dijeron que con muy buenas notas, no como yo, pero tú siempre fuiste un coquito. Te fuiste a la capital a empezar una tesis, ¿no? ¿Qué pasó? ¿No estabas con aquel científico tan famoso? ¡Vaya cabrón!, ¿no? - dijo Felipe con un gesto de fastidio

Quizá fue la casualidad la que quiso que la mirada de animal acosado en los ojos huraños de Jan se cruzase con la de los ojos de aquel muchacho, o quizá simplemente el chico recordó el nombre del director de tesis de David y evocó en su memoria uno de los muchos carteles con su rostro. El caso es que de golpe se dio cuenta:

- ¡Es Jan Palermo! ¡Chicos, es Jan Palermo, aquel científico cabrón de la capital!

Jan cogió con fuerza a un perplejo David por el brazo y le gritó: ¡corre! Afortunadamente los amigos de Felipe, algo retirados de la escena, estaban hablando de sus cosas cuando éste reconoció al científico y al principio no entendieron qué les decía su amigo; pero pocos segundos más tarde los cinco muchachos se lanzaron a la caza del profesor y de la suculenta recompensa que sin duda les daría.

Jan Palermo. Profesor universitarioy director de uno de los centros de investigación ambiental y energética más importantes del país. Convertido en enemigo público número uno cuando el país se quedó sin otros enemigos con los que justificarse su mediocridad, su incapacidad para "recuperar la senda del crecimiento".

Jan recordaba, en aquellos segundos de carrera precipitada, cómo había huido de la capital. Hacía meses que la prensa alentaba una campaña de desprestigio contra los científicos corruptos que se inventaban resultados para favorecer sus prebendas económicas. Un mes antes de su huída había visto un "reportaje de investigación" en un diario antes serio en el que comparaban el presupuesto acumulado gastado en investigación sobre cambio climático durante los últimos diez años con los daños causados por el cambio climático en ese mismo período (daños calculados de una forma muy peculiar: sólo de "eventos extremos claramente anómalos"). La conclusión: los científicos se estaban llenando los bolsillos inoculando un miedo a un peligro inexistente. El reportaje causó un gran escándalo y los catedráticos e investigadores en ciencias ambientales se vieron obligados a dimitir de sus puestos, con gran escarnio público, y a pasar una temporada en los campos de reeducación. Aquel día Jan comprendió que no pasaría mucho tiempo antes de que vinieran por él, si alguien no paraba esa locura antes.

Los muchachos estaban cada vez más cerca, a pesar de que tanto Jan como David estaban en buena forma y corrían por sus vidas. De vez en cuando alguna piedra pasaba rodando cerca de sus pies. "Mientras usen sólo esos proyectiles...", pensó Jan. Notó que había cierto revuelo en el pueblo, varios cientos de metros más allá, e incluso le pareció divisar de reojo la silueta de una escopeta entre la segunda jauría humana que se había formado. Entonces vio la curva. De aquella curva salía a la izquierda  el caminito de tierra que les llevaría a la salvación, más allá de esta barbarie. El caminito debería estar ahí mismo, ya casi habían llegado. Dios mío, sólo hacía diez años, un camino así no desaparece en diez años, vamos, vamos, vamos. Llegó al pretil y ahí estaba el anhelado camino; entró en él de un salto, seguido por David. Aún podían conseguirlo...

¿Qué hubiera podido hacer para evitar esta situación? Y eso que dos meses antes se había preparado en serio para la eventualidad. Había sacado discretamente una cantidad significativa de dinero del banco, aunque no más del 10% de sus ahorros, para no poner sobre aviso a los que seguramente ya entonces le estaban vigilando. Una parte en dinero, otra en objetos de valor de poco volumen y fáciles de vender. Llevaba a todas partes una mochila con algo de ropa y ese dinero por si tenía que salir corriendo en cualquier momento. Dormía debajo de su cama por si asaltaban de noche su casa. Vivía en un estado de máxima tensión.

El día de su huida un influyente diario publicó un dossier explicando que su instituto no sólo había derrochado dinero sino que además habían obstaculizado desarrollos fundamentales como los dispositivos de energía libre de Tesla. Ilustraban la noticia con varios testimonios. El que más le dolió fue el de su compañero Enrique Pouzas,investigador de su centro pero antes que eso su amigo de muchos años. El doctor Pouzas aseguraba que algunos investigadores habían hecho informes negativos e incluso destruido prototipos factibles de generadores de Tesla "siguiendo el dictado de las grandes compañías petroleras", y daba nombres. Acusaba a cinco o seis investigadores en todo el país, pero afortunadamente no involucraba a Jan, al cual incluso exculpaba.  ¿Por qué Enrique habría dicho tamañas tonterías e invenciones? Los pulmones de Jan le explotaban del esfuerzo; llegaban ya a las primeras casas, pero sus perseguidores no cejaban. ¿Por qué lo hizo Enrique Pouzas? Seguramente por miedo. Pocas cosas hay tan poderosas como el miedo. En todo caso no le sirvió de nada su testimonio, a Pouzas: hacía un par de días había leído en un periódico local que el corrupto científico Enrique Pouzas había muerto intentando escapar de un campo de reeducación.

Recordaba. Recordaba como caminaba leyendo las falsas noticias sobre la corrupción en el centro que dirigía, rojo de ira, mientras subía cada vez más lentamente por el promontorio que llevaba a su centro. Se paró a unos 200 metros. Desde lo alto de la colina donde se encontraba podía divisar decenas de personas entrando a saquear su centro; una jauría humana similar a la que ahora le pisaba los talones, que arrojaba papeles por las ventanas, prendía fuego al edificio y sacaba a empellones a sus pobres colegas. Jan tenía la mochila al hombro, así que no le restaba más que hacer allá,  y se dio media vuelta, topándose de bruces con David, con el mismo David que, acalorado, corría  a su lado por las calles de aquel pueblo donde cada vez más curiosos salían a contemplar aquella cacería humana. La cara de David aquel día también era de súplica; señor profesor, lo han destrozado todo, yo he podido huir por poco, tenemos que escapar... Y Jan se apiadó de él y lo llevó consigo. Si le hubiera abandonado allá mismo aquel día no habría habido un Felipe Colina que  hubiera reconocido a David Ros y después a Jan Palermo, y no se verían como se veían en aquel momento, tan cerca y a la vez tan lejos de su meta.

La cacería llegaba a su fin; sus perseguidores estaban a punto de darles caza. Quizá David podía correr más rápido que Jan, pero por lealtad o por no saber qué hacer sin el profesor seguía corriendo a su lado. Se dio cuenta de que unos de los muchachos había sacado un cuchillo; en unos segundos le daría un golpe no fatal pero suficiente para acabar con esa alocada carrera.

Un tiro sonó en el aire, y tanto perseguidores como perseguidos se pararon en seco. En aquellos días no era tan habitual oír disparos; las balas, como todo lo demás, hacía tiempo que escaseaban. Bueno, escaseaban al otro lado de la frontera, en el reino de la barbarie, en el país donde se caza a los científicos por negarle al pueblo sueños absurdos de recursos infinitos.

El gendarme bajó el cañón de su arma y apuntó hacia los perseguidores.

- No estáis ya en vuestro país.  Volved por dónde habéis venido si no queréis hacerlo en una caja de pino - les gritó en su idioma.

- ¡Son científicos! ¡Son criminales! - gritó Felipe Colina, y los otros le jalearon.

- Y ahora son un asunto de nuestra República. Como he dicho, volveos por donde habéis venido, si no queréis cobrar la recompensa en plomo en vez de en plata.

Los muchachos dudaron un par de segundos, tras los cuales se dieron la vuelta, lamentando su mala suerte. Un poco más tarde bromeaban entre ellos, elaborando la anécdota que explicarían aquella noche a sus amigos, de cómo casi habían capturado al pérfido Jan Palermo, el destructor de la energía libre. Ya casi no se distinguían las voces de los muchachos ni los jadeos de Jan, cuando éste se dirigió al gendarme, estrechándole la mano:

- Soy Jan Palermo, profesor de sistemas energéticos, y éste es mi ayudante David Ros - le dijo en su idioma al gendarme, quien le estrechó la mano con fuerza - gracias por salvarnos de esos bárbaros.

- Profesor Palermo, es Vd. famoso - el gendarme sonreía y le estrechaba fuerte la mano, muy fuerte - Sí, son unos bárbaros. No como nosotros, gente civilizada - le dijo mientras cerraba las esposas en torno a su muñeca y dos gendarmes más rodeaban a David. El gendarme sonrió debajo de su amplio mostacho negro y guiñándole un ojo le dijo: - Aquí tendrá Vd. un juicio justo.

Jan Palermo exhaló, aún jadeante, un profundo suspiro de derrota.

Antonio Turiel
Figueres, Junio de 2013

viernes, 14 de junio de 2013

Punto ciego



Queridos lectores,

En el fondo de nuestras retinas todos tenemos un punto ciego. Se llama así porque no hay ningún fotorreceptor en esa zona y, por tanto, no transmite ninguna imagen. Es un verdadero agujero en medio de la retina, lo que técnicamente se denomina un escotoma. La razón de este agujero es por que por esa zona salen todo el "cableado neuronal" (el nervio óptico, en realidad, un haz de neuronas, un mazo de cables) que recoge la imagen codificada por todos los fotorreceptores de la retina y la transmite por medio de impulsos nerviosos hacia el Núcleo Lateral Geniculado y de ahí a la corteza visual. Dado que en este punto está el colector de toda la información visual que capta la retina, forzosamente ocupa una posición bastante central en la misma. Así que en vez de tener una zona sin visión discretamente perdida en la periferia de la retina, donde la densidad de fotorreceptores es menor y la imagen está más difuminada, la tenemos en medio de la retina y muy cerca de la fóvea, el punto de mejor visión. Un problema, por cierto, común a todos los mamíferos.

Tal agujero de datos en una zona tan central no es inocua: al mover nuestros ojos algunos objetos varían muy deprisa, pues pasan de ser visibles a caer dentro del agujero y no verse. Esta intermitencia de los datos visuales podría causar muchos problemas a los animales, que podrían distraerse por el efecto de parpadeo que genera. Sin embargo, las estructuras físicas y neuronales de los mamíferos permiten disminuir enormemente el impacto de esta limitación.

Por una parte, nuestros ojos experimentan micro-sacudidas (movimientos muy rápidos del globo ocular) que permiten a nuestro cerebro integrar en el tiempo la información de una cierta área obtenida desde diversos ángulos (estrategia que nos permite también percibir el color azul en todo el campo visual, a pesar de que los fotorreceptores asociados a este color están ausentes de la fóvea). Yo tengo un amigo que usaba esta misma estrategia en su coche: el limpiaparabrisas del vehículo, que era muy viejo, ya no funcionaba, y cuando llovía las gotas de lluvia que se acumulaban sobre el parabrisas hacían la visión difícil; mi amigo comenzaba entonces a mover la cabeza arriba y abajo, a izquierda y a derecha, para "integrar" los resquicios de imagen que obtenía desde todas esas posiciones y así "construir" mentalmente la imagen de la carretera y de los vehículos que por ella circulaban. La verdad que no sé si todavía tiene el mismo coche viejo porque no volví a montar con él; creo que afortunadamente para él se lo robaron (tampoco funcionaba el cierre de las puertas).

Pero, a pesar de las microsacudidas y la integración temporal de la información visual en ángulos ligeramente diferentes que hace nuestro cerebro, una parte de ese espacio visual vacío no puede ser recuperado. Sin embargo, en la realidad no vemos ese -por otra parte molesto- agujero, y eso se debe a una de las grandes maravillas del sistema neuronal: la plasticidad neuronal. Por la acción de mecanismos cuya discusión alargaría innecesariamente este post las redes neuronales biológicas tienden a maximizar la información que transmiten. La zona del agujero no transmite ninguna información (la señal que viene de allí es constantemente nula). Cada área de la retina es mapeada por unas neuronas de procesamiento que codifican y comprimen la señal, enviando sólo aquello que es relevante puesto que el nervio óptico tienen un ancho de banda limitado y la retina obtiene por segundo más información que la que se puede transmitir. Por tanto, cada una de estas neuronas compila la información de un área de la retina asociadas, llamada campo receptivo de esa neurona. Las neuronas que cubren la zona del punto ciego tienen campos receptivos mayores que las que cubren otras zonas, puesto que todo el área que cae sobre el punto ciego no aporta información, hasta el punto que se acaban creando la ilusión de continuidad entre dos neuronas que se encuentran en realidad a lados opuestos del punto ciego. Desde el punto de vista de nuestro cerebro, no hay tal punto ciego puesto que el espacio vacío es rellenado con una señal artificial, que no es más que una extrapolación de lo que hay alrededor del punto ciego. Esta es la base de algunas ilusiones ópticas, como la que ilustra la siguiente imagen.


Cierre el ojo derecho y mire la cruz con el ojo izquierdo, desde una distancia similar a la longitud de su brazo. Sin dejar de mirar a la cruz, acérquese lentamente a la pantalla hasta que el punto desaparezca.



Esta ilusión de rellenado es tan fuerte y sugerente que incluso puede hacernos ver texto escrito donde en realidad sólo hay un espacio vacío. La ilusión se mantiene hasta que intentamos leer ese texto, momento en el cual se desvanece bruscamente (gracias a Sailor he encontrado un ejemplo sacado de este artículo de 1996).


Con el ojo izquierdo cerrado mire el punto negro de la derecha y acérquese progresivamente a la pantalla hasta que desaparezca el punto rojo. En su lugar verá algo parecido a texto rellenándolo - ¡pero no intente mirarlo!




Lo más interesante del caso es que estamos completamente persuadidos de que hay texto con sentido en esa zona, simplemente porque nuestro cerebro ágilmente interpola el texto de los alrededores y nos hace concebir una falsa impresión de seguridad, de predictibilidad. Por supuesto este efecto pasa también cuando leemos cualquier texto; el espejismo de caracteres que vemos de reojo en las líneas por venir es reemplazado por el texto real cuando el foco de nuestra visión se posa sobre ese lugar.


Este fenómeno de interpolación de lo percibido a los agujeros de nuestra percepción es el resultado de los mecanismos generales del procesamiento de la información que tiene implementados nuestro cerebro. Mecanismo, por tanto, que actúa en todas las facetas de nuestro procesamiento sensorial y a veces incluso en el intelectivo.

Hacía esta (larga) reflexión sobre la fisiología de nuestro procesamiento de la información, desempolvando conceptos que aprendí al principio de mi tesis doctoral (es increíble las vueltas que la da la vida y la carrera de un científico), al final de una reunión científica a la que he asistido estos días en la localidad alemana de Hanover. Se trataba de la reunión anual de todas las redes europeas de investigación del área de medio ambiente financiadas por un determinado programa de la Unión Europea; yo presido una de esas redes y por tanto tengo la obligación de acudir. Son dos días intensos en los que uno se reencuentra con colegas de todas partes de Europa y de algunos Estados asociados. Este año, como el anterior, italianos, griegos, portugueses y españoles evocamos nuestras miserias (curiosamente los irlandeses no parecen interesados en este tipo de redes, pues no me encontré ninguno); miserias que resultaban curiosamente similares en los diferentes países. Como novedad de este año pude comprobar que los franceses comienzan a mirar al futuro con pesimismo, e incluso con colega suizo veía importantes nubarrones en el horizonte (según me explicó, Suiza es una economía exportadora, y con el hundimiento de la Unión Europea se podía anticipar que su propio futuro económico no se veía demasiado boyante; problema, por cierto, que comparte Alemania). En fin, dado el clima de crisis profunda, de necesidad de cambio, pensé ir más lejos de lo que suelo en este tipo de encuentros, e intentar introducir el tema del peak oil en las conversaciones, pero suavemente, no llamándolo por su nombre hasta que se hiciera inevitable en la conversación. Como sé que en general es de mal tono en ambientes científicos evocar el problema del agotamiento de un modelo que nos ha procurado tanto progreso y tanto bienestar me limité a seguir la conversación de manera convencional, forzando las cosas lo justo, intentando que mi interlocutor saliera de sus cómodas hipótesis y se confrontase con la dura realidad.

Y a fe mía que no faltaron ocasiones durante los dos días que duró la reunión. Los diversos proyectos que se expusieron hablaban de la difícil gestión de los recursos y los residuos de manera continuada. Varias veces se mencionó los problemas que causará el crecimiento de la población mientras la productividad agrícola ya no crece; en al menos un tres presentaciones el tema central era el agua, su gestión y su escasez - una ponente llegó a decir que la propia OCDE considera la escasez de agua un problema más urgente que el cambio climático. El cambio climático, por supuesto, ocupaba un lugar central en más de un tercio de las presentaciones. Las evidencias científicas que se presentaban eran abrumadoras. Todas las presentaciones, incluso las más técnicas, hablaban de límites, de problemas que no se estaban pudiendo dominar con la tecnología. Pero todas ellas, invariablemente - y la mía no fue una excepción - hablaban de nuevas técnicas, de nuevos métodos, para resolver problemas que cada vez son más viejos y más acuciantes. Lo teníamos delante pero no éramos capaces de verlo.

Intenté el acercamiento a la cuestión desayunando con un colega que se dedica al estudio de sistemas de gestión de la energía renovable. Él estaba preocupado porque durante la última década la temperatura global no ha aumentado al mismo ritmo que las décadas anteriores, en contradicción con los modelos climáticos. Pensé que la cuestión le preocupaba por el posible destino de esa energía faltante (de hecho, comentamos sobre trabajos recientes que indican que ese calor faltante se está acumulando en el océano profundo y puede provocar una alteración de las corrientes profundas mucho más rápida y abrupta de lo esperado), pero en realidad su temor se centraba en la posible pérdida de apoyo político por parte de la UE a la lucha contra el cambio climático, que llevaría una pérdida de interés por las energías renovables. Realmente, cada uno ve aquellos aspectos del problema que le tocan más de cerca. El caso es que yo le comenté que, en mi opinión,  el compromiso de la Comisión Europea con las energías renovables iba más allá de la lucha contra el cambio climático, y que la cuestión de la seguridad energética no era despreciable. Le comenté, entonces, que la producción de petróleo está experimentando problemas; pero él me respondió que gracias al petróleo de esquisto explotado con la técnica del fracking los EE.UU. iban a ser autosuficientes tan pronto como 2020. Yo le aclaré que en realidad la fecha que se suele mencionar es 2035, que en todo caso esa afirmación es una falacia, y que en realidad tal balance positivo sólo será posible, de acuerdo con en el informe de la Agencia Internacional de la Energía donde se hace esta propaganda, con una caída del consumo de petróleo del 32%, cosa que sólo pasará si EE.UU. se hunde en una recesión profundísima. Tales afirmaciones por mi parte le dejaron un tanto perplejo, pero a pesar de comprobar que yo estaba bastante documentado sobre el tema volvió a la cuestión del cambio climático y su conexión con la producción renovable. Mirar a la cruz le ofrecía más seguridad que arriesgarse a ver qué caía sobre su punto ciego.

En la cena de otro día me senté al lado de otro colega, una gran persona de muy agradable trato y un vasto conocimiento sobre el estado del mundo y una amplia cultura. La verdad es que conversar con él era una delicia porque siempre se podían aprender muchas cosas; además, es un hombre que ha viajado mucho y ha mirado los diversos lugares donde ha estado con cierta visión crítica, con lo que sus observaciones son perspicaces y penetrantes. Para mayor abundamiento, se trata de una persona con experiencia en ámbitos más allá de los académicos, con lo que en vez de atrincherarse en su torre de marfil se dedica a ir a cosas prácticas, a cosas que funcionan, y dejarse de ensimismamientos técnicos. En ese sentido me parecía un interlocutor ideal para hablar de estos temas, sobre todo cuando el sistema que él había presentado requería - y él era consciente de ello- grandes cantidades de energía. Justamente por ahí, provocándole ("Creo que lo que has explicado hoy es un poco utópico", le dije) discutimos sobre el concepto de TRE, el cual le pareció completamente natural; de hecho, en el análisis de los sistemas que ellos hacen lo incorporan explícitamente aunque no con ese nombre. Hablando sobre la imparable ascensión de China, yo le dejé caer mi primer torpedo real: "¿Y de dónde saldrá el petróleo necesario para alimentar el crecimiento de China?". Cómo no, la respuesta fue otra vez de los esquistos americanos, no sólo en forma de petróleo sino también del gas. Ahí, dada la proximidad con mi interlocutor, fui tajante: "No hay tal boom del gas natural; todo eso que se dice es mentira". Su sorpresa delante de mi afirmación fue grande, y yo remataba la faena con datos cuando otro colega, al oír lo rotundo de mis palabras, se metió en la conversación, que rápidamente derivó hacia temas más ligeros. Luego, durante el curso de la cena, el tema de los límites planeó varias veces sin que nunca entráramos a fondo, y al no ver en mi interlocutor intención de volver al tema de de dónde saldrá el petróleo para China lo dejé correr. Confío, dada la especial sensibilidad e inteligencia de este individuo, que volverá a este tema. Pero de momento los modismos convencionales no nos permitieron hablar seriamente de la cuestión.


El último día volvía al hotel desde el restaurante donde cenamos, caminando, bajo una intensa lluvia, acompañado de una colega de cierto rango dentro de la jerarquía europea. Hablamos de todo un poco, aunque yo sabía que era una conversación con muchos límites. Cuando detentas una posición dentro de la burocracia europea tienes que ser muy cuidadoso con lo que dices porque una indiscreción o una frase que se preste a malas interpretaciones puede ocasionar muchos problemas. A pesar de ello, la conversación permitió llegar hasta comentar los recientes disturbios en Estambul (mi interlocutora era turca). Hablando sobre los indignados en España, el futuro de Europa y demás yo lo dije bastante abiertamente: "Creo que ignoramos el problema fundamental de la escasez de recursos. Estoy convencido de que Europa no podrá levantar cabeza, no podrá salir de esta crisis porque le faltará, entre otras cosas, fuentes de energía". Mi colega caminaba en silencio, mirando hacia adelante, sin decir nada, bajo la lluvia que nos calaba. El hotel ya estaba cerca. Yo no estaba diciendo nada esencialmente diferente a los problemas que habíamos oído enunciar durante los últimos dos días, pero mientras que las presentaciones científicas que habíamos oído se centraban en propuestas de soluciones técnicas o abogaban por "profundizar en el estudio de los problemas", yo planteaba simple y llanamente la imposibilidad de salir de la trampa donde hemos caído. Esperé aún algunos segundos alguna reacción, antes de proseguir: "Creemos que Europa tiene que forzosamente salir de la crisis, cuando en realidad no queremos entender que no existe una salida convencional para la misma. En Europa no se aceptará esta realidad hasta que Alemania no entre, ella misma, en una recesión profunda". Aquí mi interlocutora no pudo evitar asentir, con una media sonrisa. Llegamos al hotel y ella se despidió cortésmente, agradeciéndome la compañía y la conversación.

No estamos tan ciegos. Solamente es que no queremos dejar de mirar a la cruz, porque sabemos que cuando giremos la vista aparecerá una verdad inaplazable e incómoda.

Salu2,
AMT 

[Puede discutir sobre este post y temas relacionados en el Foro OilCrash]

lunes, 10 de junio de 2013

Distopía III: La Tempestad



[Nota de descargo: El siguiente relato no es más que una ficción literaria. Los eventos climáticos descritos en él son sólo una dramatización que representa un escenario extremo del futuro del clima de nuestro planeta, sin que esté apoyado en ningún modelo numérico ni en nuestro conocimiento actual de los mecanismos que rigen el tiempo atmosférico y el clima. La velocidad a la que se dan algunos cambios en el relato es posiblemente exageradamente rápida persiguiendo ese efecto de dramatización. En realidad, no tenemos ningún modelo numérico ni de procesos que pueda describir con precisión lo que le va a pasar al clima de nuestro planeta una vez que se derrita toda la banquisa polar ártica: estamos en Terra Incógnita. Lo único seguro es que vamos hacia un planeta diferente al que conocíamos]



El verano del año 2013 fue atípico en toda Europa. De Junio a Septiembre se alternaron semanas de lluvia y temperaturas muy frescas con semanas en las que el Sol picaba con furia (dijeron los expertos que con las intensas lluvias el aire estaba limpio de aerosoles y se sentía más el efecto invernadero). Pero el aire no llegó nunca a calentarse demasiado porque no hacía más de 5 ó 6 días que se disfrutaba de la canícula que ya volvía el mal tiempo. Las cosechas de cereal de aquel año fueron un 50% inferior a la media de los diez años anteriores, y no sólo en Europa. En el resto del mundo, y sobre todo y por desgracia en las zonas cerealísticas, la norma eran las altas temperaturas, la sequía y los fuegos forestales. Hubo una convención de Naciones Unidas para discutir sobre el grave problema de la falta de alimentos, que concluyó con renovadas recomendaciones de comer insectos, medusas, algas y líquenes. El año pasó como si tal cosa para el mundo occidental, mientras que los países pobres se apretaban uno o dos agujeros más el cinturón, y el hambre hacía estragos en los cuerpos y en las mentes (y a veces en los palacios).

Durante el verano de 2014 sucedió algo insólito: la banquisa polar ártica, es decir, el hielo que flota sobre el Polo Norte, desapareció por completo. Seis años antes de lo previsto, dijeron algunos expertos, mientras que otros comentaron que lo sucedido confirmaba sus modelos. Las potencias occidentales dijeron que la desaparición del hielo ártico era una buena noticia porque abría nuevas rutas marítimas más eficaces (conveniente ahora que el alto precio del petróleo volvía a ser noticia) y también porque dejaba acceso libre a los ricos yacimientos de minerales y de hidrocarburos del fondo marino. En invierno se formó de nuevo la banquisa, aunque era mucho más delgada y frágil. Los autodenominados "escépticos del cambio climático" tuvieron que retirarse un poco de la escena pública, buscando argumentos para demostrar que lo sucedido no tenía nada que ver con el calentamiento global, mientras que la preocupación por el medio ambiente creció en las encuestas y se situaba ya como segunda preocupación de los europeos y norteamericanos, 20 puntos por debajo del paro y sólo 2 puntos por encima de la crisis económica. Por lo demás, el verano de 2014 fue una repetición del de 2013. En Europa la gente no podía ir a la playa, mientras que en el resto del mundo mucha gente moría en las sucesivas olas de calor, con temperaturas récord repartidas por todo el Globo

Los años siguientes fueron denominados por algunos como "la Pequeña Edad del Hielo". Quien decía tal cosa vivía en Europa y la Costa Este de los Estados Unidos, obviamente, porque para el 80% de la Humanidad el aumento de temperaturas era cada vez más palpable. No obstante lo cual, algunos "escépticos" comenzaron a preconizar la llegada de una nueva glaciación, fenómeno natural e inevitable asociada a los ciclos astronómicos, y la bendición de haber aumentado la concentración de CO2 en la atmósfera, que evitaría que ésta fuera tan cruda. Estudios científicos mostraron que la Corriente de Lazo Meridional (la gran banda de circulación termohalina que recorre el océano) se había interrumpido en el Atlántico Norte, y con ella parte del aporte de humedad extra que llegaba a Europa, con lo que los sucesivos veranos no fueron tan lluviosos. La Corriente de Chorro Ártica había prácticamente desaparecido y en el polo Norte se había establecido un dipolo formado por una alta y una baja presión en vez del ciclón habitual; gracias a él, del polo Norte fluía aire frío hacia Norteamérica y Europa, mientras que extraía aire caliente de Asia Central. 





Al final de aquel período las temperaturas se moderaron en el Hemisferio Norte y las cosechas mejoraron notablemente, incluso en Europa. Parecía que lo peor ya había pasado. Eso sí: el petróleo escaseaba, ya de manera evidente, y se reproducían guerras de conquista por todo el planeta, mientras que en Occidente se tomaban medidas de racionamiento eficaces. Por aquel entonces se establecieron gobiernos de corte más o menos autoritario, y se dejó de medir el PIB; en algunos países incluso se prohibió publicar estimaciones de esta magnitud, ahora denostada. La media de paro en Europa y los EE.UU. llegaba ya al 20%, con países muy inestables como Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España (los infames PIIGS) rondando el 40%.

Fue en 2020 cuando se observaron dos fenómenos curiosos, pero no en verano sino en invierno. El primero fue que aquel invierno no se volvió a formar la banquisa ártica; de hecho, ya nunca más se volvería a formar. El segundo fue ver que algunas zonas del Sáhara Occidental comenzaban a florecer, fruto de intensas lluvias. Los investigadores encontraron que la Corriente de Lazo Meridional realmente no se había interrumpido y simplemente ahora fluía más al Sur. Emprendedores de todo el mundo encontraron en este hecho una oportunidad fantástica de inversión, dada la proximidad de las nuevas zonas fértiles a los mayores depósitos de fosfatos usados como fertilizantes. Las noticias y anuncios en los medios declaraban que el nuevo Jardín de las Hespérides daría de comer a todo el mundo (Occidental, se entiende). Lo cierto es que la temperatura y la pluviosidad en Europa y los EE.UU. comenzaron a volver a valores "normales" y las cosechas alcanzaban récords en un campo cada vez más demandante de mano de obra (o más bien la gente huía de la ciudad para poder ganarse el pan). Volvía la normalidad, sólo perturbada por la falta de petróleo y de uranio, y ahora de gas natural - los yacimientos de gas esquisto, la última gran esperanza, habían sido abandonados por no rentables cuatro años atrás. Los "escépticos" salían en masa de sus escondites y comenzaron a decir que lo que había pasado durante la última década era fruto de la variabilidad natural, pero que el clima en Occidente era el más estable del Mundo y que por eso ocupaba su lugar hegemónico. Lo cierto es que algunas zonas de Asia, África y Sudamérica comenzaban a despoblarse por la dureza de las condiciones de vida, generando problemas migratorios inmensos pero aún alejados de la engreída Europa y el ensimismado EE.UU.

Hacía sólo 10 años de aquel extraño verano de 2013 cuando se formó la Tempestad.

Los científicos la denominaron "Tempestad Semi-permanente del Atlántico Norte Subtropical". La gente de la calle, la Tempestad, a secas, pero con mayúscula. Fue en el verano de 2023. El Huracán Hugo, el octavo de la temporada, volvía de dejar su peaje de muerte en Cuba y Florida, y se retiraba hacia el Atlántico Norte. Normalmente se hubiera ido a latitudes más altas, cerca de Galicia o de Irlanda, y en el camino, al caminar sobre aguas más frías y perder por tanto su fuente de energía, se hubiera convertido en borrasca. Pero el flujo constante de aire polar generado por el nuevo dipolo ártico permanente, cada vez más caliente, le impedía ir más hacia el Norte, así que quedó estacionado alrededor de 25º Norte, 45º Oeste, en medio del Atlántico Norte. Y empezó a crecer.

Dos semanas después de estacionar los científicos estaban perplejos delante del extraño comportamiento de Hugo; en vez de debilitarse se hacía cada vez más grande, y ya tenía un radio de 1500 kilómetros: nunca antes se había visto en un huracán así. Hubo una convención en París de la Organización Meteorológica Internacional, a la que significativamente los delegados de Brasil no pudieron asistir: un brazo de Hugo abatió su avión, que se estrelló sobre el Atlántico, sin supervivientes. La Convención juntó las piezas del puzzle de Hugo y por fin entendieron lo que pasaba. Pero en vez de oírse un "Eureka" satisfecho se oyó el ruido de cientos de gargantas tragando saliva a la vez cuando el Presidente de la Convención anunció a la prensa las conclusiones.

Resulta que Hugo estaba siendo realimentado por varias fuentes que, al mismo tiempo, le dejaban anclado en el Oceáno. Por un lado, el flujo proviniente del dipolo ártico, cada vez más cálido. Por otro, las ondas de inestabilidad subtropical que se propagaban desde un Sáhara interior cada vez más cálido (ya no vivían allá ni los tuareg). Hugo, además, se había colocado en el nuevo corredor de la Corriente de Lazo Meridional, con lo que tenía aceso al calor y humedad liberado por esta corriente oceánica, que ya no volvería a fluir hacia el nuevo Jardín de las Hespérides (el cual fue abandonado pocos años más tarde). Por último, su posición tropical le daba suficiente aceleración de Coriolis como para mantenerse como una estructura coherente a gran escala. La conclusión final es que Hugo ya no era un huracán, sino una Tempestad Semi-Permanente. La Tempestad.

Los vientos de la Tempestad en sus zonas más externas eran los propios de un huracán de categoría 1; no era, por tanto, el fenómeno más violento sobre la faz de la Tierra, que por otra parte no hubiera podido sustentarse de forma permanente. Sin embargo, lo aterrador de la Tempestad era su tamaño: los expertos calcularon que crecería hasta ocupar la práctica totalidad del Atlántico Norte. Su carácter Semi-permanente era debido a que algunos inviernos más fríos el dipolo polar ártico se debilitaría y la Tempestad se desplazaría hacia al Norte, disipándose tras un par de semanas, típicamente entre Enero y Febrero, para volver a formarse entre Abril y Mayo con el primer huracán que se formase y que pasase por el centro del Atlántico Norte. La única cosa positiva de la Tempestad es que mientras durase no se podían formar más huracanes en el Atlántico Norte. La lista de efectos negativos era, como se pudo comprobar, casi inacabable.

A comienzos de 2024 la Tempestad era tan grande que la navegación marítima y aérea por el Atlántico Norte era simplemente imposible. La única vía practicable era a través de la zona polar, ahora siempre expedita, aunque los fuertes vientos empujaban hacia la Tempestad y seis meses al año, mientras duraba la noche polar, la navegación se hacía a oscuras y con un frío intenso. El comercio mundial se hundió, mientras las potencias occidentales comenzaban a reconocer que las grandes riquezas del suelo ártico eran simplemente irrecuperables. Hubo revueltas en Occidente y surgieron movimientos ecologistas que reclamaban acción directa para recuperar un planeta que, en realidad, ya no era en el que habían crecido y que nunca más volvería a serlo. La represión fue intensa, y tras un par de años la situación social se estabilizó, aunque el hambre era ya la norma en todo el mundo, inclusive en el cada vez más depauperado Occidente.

2027 fue el que se denominó primero "el Año del Terror" y después "el Primer Año del Terror". Ese año la Tempestad Semi-permanente hizo honor a su nombre y se disipó, pero lo hizo estrellándose contra las costas de Portugal. La vida en las zonas costeras del Atlántico Norte ya era muy difícil por la continua llegada de frentes (brazos) de la Tempestad, pero las lluvias torrenciales y los vientos huracanados de los brazos resultaron ser caricias por comparación al aterrizaje de toda la mole de la Tempestad sobre tierra. La Tempestad entró sin prácticamente inmutarse arrasando de Lisboa a Madrid, y sólo empezó a dar signos de debilidad al atravesar los Pirineos. Cuando llegó a afectar a Berlín dejó en la capital alemana un peaje oficial de 2.000 muertos. En Francia las víctimas se contaban por decenas de miles; en España, por centenares de miles. En Portugal nunca se supo: los sobrevivientes huyeron aterrados tierra adentro, lo más lejos posible del mar. Lisboa había desparecido bajo el mar que se la tragó.

Los expertos europeos analizaron la situación y concluyeron que un tal "aterrizaje" era esperable cada diez años en media. Los expertos americanos analizaron la situación y concluyeron que la probabilidad de que ese aterrizaje fuera en EE.UU. era enormemente baja porque la circulación global siempre empujaría la Tempestad hacia el Este, hacia Europa. Se decretó que el 23 de Enero, fecha del hundimiento de Lisboa, fuera día de luto internacional en memoria del millón de víctimas (cifra oficial más o menos redondeada) de la Tempestad en Europa. Nadie se acordó de los millones de muertos en todo el mundo a causa del hambre, las guerras y las epidemias durante ese mismo año.

A partir de 2029 se produjo un fenómeno nuevo, otra nueva sorpresa. En el borde nordoccidental de la Tempestad se empezaron a crear tormentas explosivas, muy rápidas, con vientos de categoría 4 o 5 pero radios de 50-100 kilómetros, mucho menores a los de un huracán convencional (también diferían en el mecanismo y lugar de formación). Esas tormentas se propagaban a gran velocidad por la costa Este de los EE.UU., llegando en un par de días hasta el Golfo de México, donde finalmente eran reabsorbidos por la Tempestad. Su potencial destructivo no era tan grande como el de un aterrizaje de la Tempestad, por su pequeño tamaño y la rapidez con la que se debilitaban sobre tierra, pero en las áreas directamente afectadas la devastación era monstruosa. Hacia 2030 se comprobó que se generaban tres o cuatro ciclogénesis de este estilo por estación, aunque por aquel entonces la red de observación meteorológica mundial era muy deficiente y la capacidad de anticipación prácticamente nula.

2036 fue el Segundo Año del Terror, aunque la vida en aquel entonces era tan miserable en Europa que para muchas personas la muerte fue un consuelo. En 2037 se produjo la primera invasión africana de Europa; el continente, en un estado de suma debilidad, no fue capaz de oponerse a la invasión.

2045 fue el Tercer Año del Terror, justo 100 años después de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Sólo que esta vez la Tempestad se fue, contra todo pronóstico, directa hacia las llanuras centrales de los EE.UU. La devastación fue tan colosal que nadie fue capaz de cuantificarla.

Hacia 2050 las condiciones climáticas del mundo comenzaron a cambiar otra vez, y la Tempestad empezó a debilitarse, aunque nadie tenía ya capacidad de observar y monitorizar el fenómeno. Sólo los viejos del lugar, los supervivientes más coriáceos, pudieron comprobar que el Cuarto y Quinto Años del Terror no fueron, ni de lejos, como los primeros.

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- Papá, por favor, no sigas leyéndome ese cuento.

- Es verdad, cariño. Es mejor que nos centremos en las cosas reales: dudo que una cosa así pueda pasar en ningún planeta.












Antonio Turiel
En algún lugar entre Figueres y Barcelona, Junio de 2013.

viernes, 7 de junio de 2013

Efecto invernadero y cambio climático

Queridos lectores,

Luis Cosin ha preparado el siguiente ensayo, una síntesis excelente sobre los gases de efecto invernadero y el cambio climático. Este post es muy oportuno, porque abre el camino al tercer (y de momento último) relato distópico que publicaré el próximo lunes.

Lean con atención el post de Luis, pues lo merece.

Salu2,
AMT


EFECTO INVERNADERO: CAUSAS, SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVAS
  1. Un poco de física
Los cuerpos calientes emiten parte de su energía en forma de radiación electromagnética (la luz, por ejemplo, es una radiación electromagnética).
La longitud de onda depende de la temperatura. A mayor temperatura, menor longitud de onda (y más energía).
A bajas temperaturas, los cuerpos emiten ondas  de radio (gran longitud de onda), y a medida que se van calentando, la longitud de onda va disminuyendo, pasando por las microondas, los infrarrojos y llegando a cantidades apreciables de luz visible por encima de 1.300 oC (unos 1.600 oK o grados Kelvin).
Por eso, decimos que un cuerpo se pone “al rojo vivo” cuando alcanza esta temperatura (empieza a emitir cantidades importantes de luz roja).
El Sol tiene una temperatura superficial de unos 5.000 oK y por eso lo vemos de color amarillo claro en un día despejado.

En el rango de temperaturas de la superficie terrestre, (-50 a +50 oC) la longitud de onda asociada es de 2 a 30 micras (en el infrarrojo cercano).
Da la casualidad que muchas moléculas pequeñas gaseosas, presentes en la atmósfera en cantidades apreciables, como el vapor de agua (H2O) y el dióxido de carbono (CO2) captan energía justamente a esas frecuencias y la transforman en calor (es decir, en agitación molecular).
De esta manera, captan el calor que la superficie emite e impiden que escape al espacio. Como la radiación solar se mantiene aproximadamente constante, el balance energético resultante hace que la temperatura de la superficie aumente. Esto es lo que se conoce como efecto invernadero.
No todas las moléculas absorben con la misma eficacia ni a las mismas frecuencias. Por eso, se habla de Potencial de Calentamiento Global (PCG), que es una medida utilizada para la capacidad que tienen diferentes gases de efecto invernadero en la retención del calor en la atmósfera. El dióxido de carbono (CO2) se usa como base para todos los cálculos y su potencial de calentamiento global se toma como 1.
Los principales gases de efecto invernadero, de acuerdo a este cálculo son:
  • El vapor de agua (H2O)
  • El dióxido de carbono (CO2)
  • Metano (CH4) con un PCG entre 23 y 60.
  • Óxidos de Nitrógeno con un PCG alrededor de 270.
  • Los clorofluorocarbonos, con un PCG entre 9.000 y 11.000.
De ellos, los tres primeros se encuentran de forma natural en la atmósfera (aunque su concentración sube por la actividad humana) y los dos últimos son esencialmente producto de la actividad humana. Los óxidos de nitrógeno procedentes de los combustibles tienen un papel significativo en el microclima cálido que existe en las ciudades.
El efecto invernadero es esencial para la vida: sin la presencia de gases de efecto invernadero, la temperatura superficial de nuestro planeta sería unos 33oC inferior, en torno a -18oC, incompatible con la vida.
En el otro extremo, el planeta Venus con una atmósfera densa de gran contenido en metano y otros gases de EI tiene una temperatura superficial de unos 400oC.


  1. Los cambios antropogénicos
El CO2 y el metano son los caballos de batalla porque suponen la mayor parte de las emisiones:
El CO2 está presente actualmente en unas 400 ppm (partes por millón) en la atmósfera. Recientemente hemos alcanzado un pico. En la era pre-industrial, hace unos 250 años, se estima que su concentración era de 250 ppm.
Desde que el ser humano empezó a usar combustibles fósiles, la concentración de CO2 y otros gases de EI casi se ha duplicado.
En este sentido, es preocupante el incremento en el uso del carbón, sobre todo en los países en desarrollo. El carbón (Carbono puro), es el mayor emisor de CO2 por unidad de energía generada, con gran diferencia sobre el resto de combustibles fósiles (que contienen mayor proporción de Hidrógeno y, por tanto, generan más agua y menos CO2).
El problema para estimar las consecuencias de este fenómeno a gran escala es que carecemos de datos suficientes que permitan correlacionar la concentración de GEI y la temperatura. Sólo hay registros meteorológicos fiables desde hace unos 100 o 150 años, lo que geológicamente es un periodo de tiempo insignificante.
Sin embargo, sí podemos asegurar que la actividad humana está detrás del incremento de GEI y podemos aventurar, con modelos más o menos precisos, las consecuencias que tendrá este incremento a medio plazo.

  1. Qué nos espera
Una de las particularidades del efecto invernadero es que se retroalimenta, las vías principales son cuatro:
  • Disminuyendo la superficie cubierta por hielo reflectante (que provoca el efecto contrario: “efecto albedo”), la superficie de la tierra absorberá más radiación y, por tanto, más calor del Sol.

  • Al aumentar la temperatura media del agua de los océanos, aumenta proporcionalmente la evaporación. Sabemos que el vapor de agua es un gas de efecto invernadero, y por tanto a mayor presencia de humedad en el aire, más se acelera el calentamiento.

  • Además, ciertos suelos cubiertos de permafrost almacenan bajo la gruesa capa de hielo importantes cantidades de metano procedentes de la descomposición de materia orgánica. Si este permafrost se funde, este metano saldrá a la atmósfera e incrementará la retención de calor.

  • En tercer lugar, existen unas formaciones geológicas llamadas “clatratos” o “hidratos de metano” que son “jaulas” de hielo que contiene metano en su interior. Se piensa existen en grandes cantidades en el lecho oceánico (se cree que hay 3.000 veces más metano en estas formaciones que el que hay en la atmósfera). Estas formaciones son estables sólo a grandes presiones y bajas temperaturas. Si la temperatura del agua aumenta lo suficiente, pueden desestabilizarse y liberar gran cantidad de metano en un breve espacio de tiempo (lo que se conoce como “hipótesis del fusil de clatratos”). La última vez que eso ocurrió, se cree que fue hace 251 millones de años, en un periodo denominado Pérmico y que coincidió con la extinción en masa de muchas especies, que quizá fueron incapaces de adaptarse a un cambio en el clima demasiado intenso y demasiado rápido.


A medida que disminuye la disponibilidad de combustibles fósiles de baja huella de CO2 (gas natural y petróleo ligero, principalmente) muchos países en desarrollo, muy poblados, como China y la India, están volviendo al carbón y éste aumenta su peso en la producción de energía primaria.
China abre una nueva central térmica cada semana.
Ambos países cuentan con importantes reservas de carbón sin explotar (las mayores después de las de EEUU y Canadá).
Reservas mundiales de carbón (en 2002):
Producción de carbón, año 2006:
Podemos asumir que, con gran probabilidad, muchos países desarrollados seguirán este camino en el futuro.
Al margen de la contaminación directa, que se traduce en una vuelta del “smog” a grandes áreas urbanas, como Beijing o Delhi, con nubes densas visibles por satélite, y que recuerdan al gran smog de Londres en 1952 (uno de los desencadenantes de la construcción de centrales nucleares en UK):

Lo que hace esta vuelta al carbón es acelerar el proceso de calentamiento.
¿Qué consecuencias tendrá esto para nosotros?
  • En primer lugar, y a corto plazo, una mayor temperatura media supondrá cambios en el régimen y la cantidad de lluvias: habrá más vapor de agua atmosférico, lo que provocará más lluvias y más intensas de forma global. Sin embargo, los cambios en las corrientes marinas y atmosféricas harán que el patrón y el régimen de dichas lluvias sean diferentes a los actuales. Quizá demasiado diferentes para que los cultivos tradicionales sigan pudiéndose dar en las zonas que actualmente son aptas para ellos. La primera consecuencia, por tanto, es una disrupción importante de la agricultura y la ganadería. Cuanto más rápido y brusco sea el cambio, menor tiempo de adaptación y más graves serán las consecuencias.

  • A corto y medio plazo, asistiremos a una migración de ecosistemas hacia zonas climáticamente favorables. Como consecuencia, muchas enfermedades endémicas podrían cambiar de área de influencia por cambios migratorios y de hábitos en sus vectores de transmisión (mosquitos, ratas, ganado…etc.).

  • En tercer lugar, y a medio plazo, a medida que el agua de los océanos se caliente, aumentará su volumen (por dilatación y por la adición de agua procedente de los deshielos). El convenio actual más aceptado da cifras entre 40 y 80 cm de aumento hacia 2.100. Se estima que la Antártida, totalmente fusionada, contribuiría con 60 m al ascenso del nivel del mar, y Groenlandia lo haría contribuyendo con más de 7 m.  En la hipótesis que se funda todo el hielo de los casquetes polares (incluyendo Groenlandia, que tiene una capa de hielo de casi 3 km de espesor) el nivel medio de los mares podría subir entre 50 y 70 m (en unos lugares, será más y en otros menos, por efecto de la gravedad y los movimientos de nivelación que causará en la corteza terrestre la redistribución del peso de la capa de agua oceánica). Esto podría hacer desaparecer casi 1/6 del territorio habitable en la actualidad. Las mediciones por satélite confirman el incremento en promedio del nivel del mar:

  1. Qué se puede hacer
A riesgo de caer en el pesimismo, es poco probable que los procesos que contribuyen al cambio climático se detengan y podemos dar como casi por cierto que todas las reservas económicamente viables de carbón y otros combustibles fósiles se quemarán en los próximos años.
Por tanto, sólo cabe actuar sobre la velocidad a la que se produce el cambio.
En palabras de Pollard (segunda ley de la complejidad):
“Things are the way they are for a reason. If you want to change something, it helps to know that reason. If that reason is complex, success at changing it is unlikely, and adapting to it is probably a better strategy."
“Las cosas son como son por alguna razón. Si quieres cambiarlas, es útil conocer esa razón. Si esa razón es compleja, es improbable tener éxito intentado cambiarlas, y adaptarse a ellas es probablemente una estrategia mejor”.
Deberíamos ser capaces de disminuir la velocidad hasta llegar a un ritmo que nos permita ir adaptándonos a los cambios a medida que éstos se vayan produciendo. Cambios en la agricultura y la ganadería (que no se improvisan, y llevan años para ser implementados), en la distribución de recursos necesarios como el agua potable, la aparición de nuevas regiones de clima habitable…etc.
Aquí, una vez más, chocamos con la inercia de nuestro comportamiento. De acuerdo con la ley de Pollard del comportamiento humano:
" We do what we must (our personal, unavoidable imperatives of the moment), then we do what’s easy, and then we do what’s fun. There is never time left for things that are merely important.”
“Hacemos lo que debemos hacer (nuestros imperativos personales inevitables del momento), luego lo que es fácil, y luego lo que es divertido. Nunca hay tiempo para hacer cosas que sólo sean importantes.”
¿Seremos capaces de hacerlo?

Referencias: