lunes, 16 de julio de 2018

La bomba fotovoltaica de riqueza

Queridos lectores:

En estas fechas en las que se está discutiendo la supresión de los elevados peajes de respaldo a las instalaciones fotovoltaicas domésticas (el denominado "impuesto al Sol"), Beamspot ha querido ofrecernos una mirada muy diferente del problema. Iconoclasta y provocadora, esta mirada nos enseña algunas verdades incómodas sobre el futuro 100% renovable que se pretende y que quizá no es tan ideal como se supone.

Por su tono y lo duro de sus reproches, estoy seguro que este post no les dejará indiferentes. Juzguen Vds. mismos.

Les dejo con Beamspot. 


Salu2.
AMT

La bomba fotovoltaica de riqueza.



Que alegría, damas y caballeros. Que jolgorio. Estamos de enhorabuena.

Por fin nos quitan el impuesto al sol.

Nos vuelven a poner subvenciones, primas y pagos por encima de mercado a la energía fotovoltaica.

La sociedad verá brillar de nuevo el Sol, se ha hecho la luz.

Se vislumbra un futuro brillante, deslumbrante, a las nuevas energías del futuro.

Voy a aprovechar ese par de millones de € que no me dan para nada en el banco con estos irrisorios tipos de interés, y los voy a invertir en fotovoltaica, ya que, tanto en mi chalé de 2 Hectáreas, como en esa plantación de patatas tan fea, tan rural, tan campestre, tan obsoleta, tan… natural…, que afea el vecindario de esta urbanización de lujo en que vivo, merecen ser receptores del futuro.

Voy a hacer que el ayuntamiento eche a ese campesino (cómo me puede el repelús sólo de pensar en que existen semejante elenco de ‘gente’) y me permita instalar en su lugar unos cuantos MW de fotovoltaica.

El negocio es seguro, y con tipos de interés estratosféricos. Venderé la electricidad muy por encima del precio de mercado. Toda ella. Además, la financiación será barata, sobre todo por las ayudas y subvenciones estatales. Y para colmo, no gastaré ni un duro en luz en mi chalé de lujo, por mucho que cargue mis dos Tesla (un Model X y un Model S, también subvencionados) cuando quiera: son las maravillas del autoconsumo.

Es más, me renovaré la cubierta (el tejado) con las tejas de Tesla, y prácticamente gratis gracias a las subvenciones y ayudas del erario público, el que paga esa underclass que trabaja, y que gracias a todo esto, yo no voy a contribuir, puesto que tanto los Teslas como las leyes del autoconsumo me desgravan.

Ni siquiera voy a ponerme baterías, no las necesito, por muy chulas y de Tesla que sean: que se las pongan otros, que las paguen esos pringaos que se quejan que la factura de la luz no hace más que subir.

Si es que eso de que las renovables suben la factura es falso: yo he dejado de pagar un euro para pasar a tener beneficios espectaculares con este invento. Son todos una banda de fosilistas retrógrados. Obsoletos, como las plantaciones de patatas.

El negocio es redondo. Me pagan más que mis inversiones en bolsa, me ahorran impuestos, y encima demuestran al resto que soy quien soy, y que estoy ocupando mi lugar, y ellos el suyo.

Al fin esos borregos van a ver la luz. Mi luz.

Atentamente,
Alhuerto Mosconero.
Bourgeois-bohème.

Si esta entradita no te ha dejado indiferente, sigue leyendo.

Al lío, se acabó el sarcasmo. Veamos de qué va todo esto en realidad.

Por mucho que digan, el coste de la electricidad se ha disparado para los usuarios finales, comunes, para el común del pueblo. Y esto es así no sólo en España. Si miramos los precios de la electricidad para los ciudadanos (mirar el precio para las empresas es otro mundo, y guarda otras sorpresas) y el nivel de penetración de las renovables, la cosa canta más que un concurso de Factor X.




En esta maravillosa gráfica, se demuestra que cuanta más renovable, más alta la factura de la luz. Punto. Son hechos.

Ahora, las explicaciones.

Hay tres posibles razones para ello:

  • El coste de la electricidad de origen renovable es más elevado. Imposible según sus defensores, que dicen que las renovables son las más baratas del todo.
  • El coste de la red eléctrica que permite estas energías es más elevado. Sobre eso, la única información que se da es que la red actual no permite muchas maravillas.
  • La intermitencia tiene unos costes no despreciables. Evidentemente, los pro-renovables (los que están a favor de las renovables eléctrica intermitentes, para ser más exactos, y no son minoría) dicen que es muy bajo, casi nulo.

Echemos una ojeada a esos puntos, porque aquí es donde está el truco.

El primer punto es más que discutible, y muchos números se han presentado. Que si el precio de cada KWh generado es nulo, que si el coste de la inversión, etc. El tiempo de retorno de la inversión es uno de los parámetros más usados.

En cualquier caso, lo que debe constar como coste de la energía, no es sólo los costes de operación y mantenimiento. También deben sumarse los costos de amortización de la inversión y del capital, así como todos los costos necesarios para que ésta continúe produciendo.

Ahí los pro-renovables son hábiles: se limitan a señalar el coste decreciente del KWp del panel y punto. Del resto de los costes, ni mención, aunque estos no sólo abultan, en el caso que baje el coste del panel, el coste relativo del resto sube y sube.

Pero es que esta estrategia de señalar sólo un punto mientras el resto es secuestrado de la discusión es precisamente una de las partes más importantes del problema, la manera habitual de escurrir el bulto en este tema en concreto, y que además es calcado de la estrategia utilizada una y otra vez en tantas otras ocasiones, empezando por las nucleares y terminando por los combustibles fósiles.

Es la misma estrategia que hubo en su momento con los combustibles fósiles, y hace poco más de una década, en el fomento por parte de los ahora detractores del diésel. El minimizar las emisiones de NOx cuando ahora son ‘el diablo’, y a sabiendas ya entonces que lo eran, es exactamente lo mismo que están haciendo esos defensores de las eléctricas presuntamente renovables, pero seguro que intermitentes.

Si lo sumamos todo, el resultado final es que dichas renovables son muy caras, mucho más de lo que dicen. Basta poner los datos de todos aquellos que se creyeron esa historia y que al encontrarse con que las primas que se les pagaba por la producción, muy por encima del coste del KWh de la factura, al desaparecer, incluso con efectos retroactivos, los dejaron en la ruina, así que el tiempo de retorno de la inversión se ha ido al garete. Clara demostración fehaciente de lo aquí explicado.

De la misma manera, parece ser que la vida útil de los paneles, vista la tasa de desmantelamiento de instalaciones fotovoltaicas, no es de 30 años, ni de 20, más bien está entre 17 y 18 (según las ratios de desmantelamiento a nivel mundial). Y a buen seguro que los nuevos paneles, más baratos, duran incluso menos (cristal más fino, más barato, de menor calidad, menos material, etc).

Pero si miramos una factura de las que nos llegan a casa, esas que son complicadas, nos encontraremos con que una parte de los costes de generación se han ido en forma de primas a la producción renovable.

En la factura de la luz de mi casa, me desglosan precisamente estos gastos, correspondiendo alrededor de un 14.5% a primas para las renovables. Un 14% que antes de la implantación masiva de dichas energía no había razón de ser. Ahí ya tenemos una razón directa y clara de la subida de la factura de la luz.

De estos datos, precisamente también obtenemos un hecho valioso, pero de más difícil análisis, el coste de la red de distribución, el segundo punto de los tres que posibles causantes de la subida de la luz. También está alrededor del 14%, similar al punto anterior, pero este caso apenas se ha modificado en los últimos años, aunque las instalaciones nuevas que han ido entrando (eso implica TODAS, no sólo las renovables), también forman parte de este ítem.

Comparación de la producción fotovoltaica dos días diferentes.
En azul, un día soleado de primavera, muy próximo al máximo previsible.
En rosa, un día nublado de verano.
Aunque hay más horas y los picos de producción son más elevados, la producción es inferior al día primaveral. Nno llega ni por asomo a la previsión, y siempre falla a menos.
También es conveniente ver la gran variación en poco tiempo que tiene esa curva de producción, así como su amplitud, que es la causante de una gran inestabilidad en la red eléctrica, razón por la que la Energiewende recorta este tipo de producción, y motivo técnico por el cual se ha puesto el "impuesto al sol", ya esta inestabilidad cuesta de solucionar.



En cualquier caso, este punto no parece que se haya incrementado mucho, al menos en lo que es la factura, y hay que tener en cuenta que, se use lo que se use la instalación, ésta tiene un mantenimiento y unos costes.

Tampoco está claro quién paga las ampliaciones de dicha red de distribución si hace falta por ejemplo llegar a una nueva instalación.

Curva de consumo diaria en España. El pico de la derecha se produce tras el anochecer, cuando la fotovoltaica no aporta nada.
Hay que destacar que el gráfico está truncado, ya que el mínimo de la izquierda está en 19.000 GW y el pico en 28.000 GW, lo cual significa que la variación está en el orden del 35%, frente a una variación de la producción solar del 100% entre el pico y la noche en que no produce nada pero se consume ese 65%.
Si a esa curva se le quita la producción solar, la capacidad de la red necesaria para satisfacer el consumo se convierte en la "curva del pato". La rampa que aparece a la derecha es todo un reto de gigantescas proporciones para el sistema eléctrico, y es la causante de la mayoría de  problemas de inestabilidad.


Y es que la producción distribuida no se puede hacer con la red actual, hacen falta muchos cambios. Para tener una idea, el archifamoso MIT tiene un documento donde analiza eso, precisamente, y además con la ayuda de programas desarrollados en España.

En ese documento tienen un apartado donde se dedican a analizar las características de la red de distribución eléctrica para dar salida a la tan cacareada ‘generación distribuida’, muy especialmente con el caso de las renovables eléctricas intermitentes, y las conclusiones son demoledoras: el coste de la red eléctrica, así como el coste de la electricidad, sube a medida que aumenta la participación de la fotovoltaica.

En el capítulo 7, por ejemplo en la página 170, dice textualmente que “a medida que aumenta la penetración de la fotovoltaica distribuida, los costes de la red suben y por tanto las tarifas aplicables en la factura deben subir. Los prosumidores fotovoltaicos, que son los responsables en la reducción de venta de los KWh y por el incremento de costes de la red, evitan la mayoría de los costes, como muestra la figura 7.13b. En el otro lado, los usuarios sin producción distribuida (o sea, los que no somos prosumidores fotovoltaicos) absorbemos la totalidad del impacto de las tarifas más altas, algo que se puede percibir como ‘injusto’”.

Y sin embargo, este estudio es muy jaleado por parte de los defensores del autoconsumo. Seguramente a esta parte no la han leído, o, más probablemente, como no les importa un rábano, pasan olímpicamente de ello: ellos no lo pretenden pagar. Al fin y al cabo, el sesgo del documento es muy favorable al tecno optimismo.

Por eso, muchas veces se ha comentado que la actual red eléctrica no es capaz de aceptar mucha producción de este tipo (otra cosa son las grandes instalaciones solares), así que aunque sea así de cara, de momento no se ha hecho nada al respecto. No hay quién lo pague.

Íntimamente relacionado con este punto de la red eléctrica, está el tema de la intermitencia. Un problema que va mucho más allá de la diferencia entre el día y la noche. Un problema que está estructurado en varias etapas, relacionadas con el tiempo de respuesta en cada una de ellas, y con diferentes servicios que por ahora se incluyen en diferentes tipos, tanto propios de la red de distribución, como en el déficit de tarifa.

Estas diferentes etapas tienen que ver con el control de la estabilidad de la red eléctrica. Una estabilidad que de momento se mide en desviaciones de frecuencia respecto de la nominal de 50Hz. Una medida que ya no es válida cuando entran elementos de frecuencia sintética como es el caso de la fotovoltaica y algunas de las eólicas, y que exige grandes cambios.

Este tema de estabilidad es la razón por la que en Australia, donde los problemas derivados de una elevada penetración de las renovables eléctricas intermitentes han causado algunos apagones importantes y bastante malestar, y que ha terminado con la instalación de la archiconocida batería de Tesla. Pagada por los consumidores en lugar de por los auténticos responsables del desaguisado, una tónica ya habitual y que deberíamos ir tomando nota, pues precisamente es de eso de lo que va este artículo.

Elon Musk se ha quejado que hay mucho trasiego energético en el período rápido, en tiempos de pocos segundos, que se escapan a la tarificación habitual que empieza con intervalos de 6 segundos, para luego incrementarse a intervalos de minutos.

Este tiempo es precisamente el intervalo de medida que se suele tomar puesto que en las instalaciones normales la inercia rotativa suele tener una constante de tiempo de entre 10 y 20 segundos, así que hacerlo a 6 segundos es un intervalo más que suficiente para cumplir con los criterios de Nyquist.

Esta queja de Tesla al respecto de tener que trabajar con tales variaciones por debajo de los 6 segundos ya es indicativa: la tremenda penetración de renovables sin ningún sistema que le proporcione inercia al mismo, pues se han ido cerrando centrales que proporcionan este tipo de servicio auxiliar (integrado en los costes de mantenimiento de la red eléctrica), así que la batería tiene mucho más trabajo de lo previsto.

La pregunta, sin embargo, es: ¿qué se esperaban? Una batería que se descarga en una hora y 20 minutos, (alrededor de 80 minutos en total) evidentemente no está pensada para suplir soporte a la intermitencia diurna. Obviamente, ¿no?

Que una central de ciclo combinado tarde unos 60 minutos en entrar la etapa de gas, y alrededor de entre 30 y 40 minutos más para que entre la etapa de vapor, nos proporciona unos tiempos de soporte necesarios que son justamente los que proporciona esta batería, si bien los 100MW de potencia son muy pocos en comparación con los 500MW habituales que suelen tener de mínimo las térmicas.

Y es que los defensores de la fotovoltaica aseguran y repiten hasta la saciedad que la solar es la energía más previsible que hay. Y algo de razón no les falta: se puede prever con exactitud matemática el MAXIMO que puede suministrar. Pero de la previsión al hecho, puede pasar mucho, pero que mucho. Y siempre es a MENOS.

Y además de eso, esa previsión deja al descubierto algo evidente: que el pico de demanda es tras la puesta del sol. Cuando la producción fotovoltaica es entre 0 y nula. Y dura más de 80 minutos.

Esos defensores de las renovables intermitentes siguen sin dar ni una solución a este punto. Es más, mucho hablar de autoconsumo, pero los presuntos autoconsumidores (o prosumidores, como los llaman ahora) no consumen en el momento en que producen. A buen seguro que también, como todos, consumen justo cuando no producen, tras la puesta del sol.

Así que, como el resto, consumen energía eléctrica que con elevada proporción es contaminante (fósil, aunque esta también es renovable, término sobre el cual muchos no quieren entrar a discutir porque lleva a conclusiones muy feas), por muchas medallitas al mérito moral se quieran poner.

No, lo que quieren es vender la que producen cuando la producen, y cambiarla por la que consumen cuando la consumen, y que otros nos hagamos cargo de ese pequeño detalle físico, ese hecho que es sistemáticamente obviado, y que hace que la ineficiente electricidad sea un problema a evitar en lugar de una solución para todo: el balance tiene que estar controlado en todo momento.

Se tiene que convertir otra energía en electricidad al mismo ritmo que pide la demanda, ya que la electricidad ni la tenemos, ni es de hecho propiamente una energía, sino un medio de transmisión de energía del punto de generación al punto de consumo, con sus pérdidas enormes en la generación (con la fotovoltaica en el último sitio, por debajo del 17%), otras muchas en la distribución (según la REE, del orden del 9% de media, con puntas por encima del 20%), y muchos usos además escasamente eficientes, el calor utilizado en las cocinas eléctricas por ejemplo habitual.

Así pues, ese problema de desfase entre la producción y el consumo exige mucho de la red eléctrica y de los sistemas de producción controlables, despachables. Una exigencia que nadie quiere afrontar (incluso hay muchos que pretenden eliminar las centrales que pueden dar ese soporte), pero que acabamos pagando el resto de gente, especialmente los de abajo. Un problema que tiene un curioso nombre: la curva del pato.

Estos gastos son, en teoría, los que se pretendían cubrir con el peaje de acceso de los autoconsumidores y que ciertos grupos de presión han bautizado con el nombre gancho de ‘impuesto al sol’. Una tasa o peaje que no bastaba para cubrir los gastos, y que pretendía hacer partícipes de los costes de balanceo a los que precisamente más estresan dichos sistemas, a los culpables del desaguisado.

Este impuesto básicamente lo que pretende es cargar a las centrales de producción que NO tienen ninguna capacidad de gestión sobre la potencia producida los gastos de los sistemas de balanceo que permiten que la red continúe siendo estable y que no se produzcan los incidentes habidos en Australia.

Una tasa que en Alemania, otros que también han aprendido de sus errores tras los problemas con la Energiewende y que ha propiciado problemas con sus vecinos y recortes (de eso no hablan los favorables a la fotovoltaica) en la producción en los momentos de pico en todos los prosumidores, unos políticos que pretendían elevar esa tasa, aunque al final se han tenido que echar para atrás por intereses de otros políticos (la propaganda desde la atalaya de la superioridad moral es contraria a dicha subida, un lobby de mucho peso que en breve analizaremos) que prefieren la reelección a una mejora real más difícil de explicar, víctimas de su propia propaganda.

Y es que este presunto ‘impuesto al sol’ en realidad sólo se aplicaba a instalaciones de más de 10KWp, cuando la potencia habitual en una vivienda es de 4.4KWp.

Un tipo de instalaciones que necesitan más de 60m2 de superficie plana, más de 20.000€ de paneles, mano de obra, obra, soportes, inverters, instalación eléctrica, conexión a la red, etc.

Un tipo de instalaciones que NO son particulares, NO son ‘del pueblo llano’.

Un tipo de instalaciones que, en el caso extraño de ser doméstica, es de alguien de la clase más alta, la única capaz de tener tanta superficie disponible y ese músculo financiero necesario.

O las clases altas, o las grandes empresas.

Empresas con Ibertrola como la más destacable, pero ni de lejos, la única.

Esos son los grandes beneficiados.

No las pequeñas instalaciones de unos pocos cientos de W o pocos KW que es lo que se pueden permitir, no todos (principalmente por espacio, aunque habitualmente tampoco económicamente), pero habitualmente, ese 80% de gente que vivimos en bloques de pisos, la clase trabajadora.

Sin embargo, todos los costes de la intermitencia y de la red, ahora los pagaremos a escote entre los que no figuramos en la lista de ‘seres de luz’. Los problemas que generan las renovables eléctricas intermitentes no lo pagarán esas empresas que no dudan en gastarse un dinero en publicitar y mover a la gente en contra de un impuesto que va en contra de estos grupos de presión. No, lo pagaremos entre todos, empezando por esa gente que no entiende, o no quiere entender que eso que defienden de retirar el ‘impuesto al sol’ les va a subir a ellos, a todos los que estamos abajo, a nosotros, nos va a subir la factura.

No a los auténticos beneficiarios, que son pocos pero poderosos. A esos que son indistinguibles de los grandes lobbies fosilistas, de los que han salido o incluso son una extensión. Esos van a aumentar sus beneficios.

Incluso hay defensores de la fotovoltaica que han llegado a admitir que la fotovoltaica es cara, pero no tienen tapujos en decir que alguien (no ellos, otros, los pringaos) tienen que pagar para que todos (ellos, no los pringaos que no son nadie) salgan beneficiados. Y se quedan tan anchos, como si fuese lógico.

Y es que es lógico. Esta gente no piensa en la energía, ni en el impacto ambiental. Esa gente sólo piensa en el beneficio monetario suyo. ¿Que pagan otros? NO importa: ellos no pagan, ellos salen beneficiados.

¿Qué la fotovoltaica, así como las renovables, el cochepilas y otras tecnologías ‘verdes’ en realidad son sucias y acaban con el planeta? Da igual. Lo que importa es su negocio.

Una buena demostración de esta doble contabilidad la da el principal ejemplo y defensor de las renovables eléctricas intermitentes, el Profesor Mark Jacobson, quien tiene hechos muchos estudios donde minimiza las necesidades de almacenamiento y de estabilización de la red, así como el impacto ambiental.

Un profesor de universidad habitualmente jaleado por los tecno optimistas, pero que, sin embargo, algunos del IPCC, científicos que precisamente estudian el impacto ambiental de la sociedad actual, esos mismos que dicen que hay que reducir las emisiones de CO2, que hay que dejar el coche de combustión, que hay que cambiar a renovables, unos científicos que dan la razón por la que él mismo promueve ciertas tecnologías, unos científicos que han denunciado a Jacobson por errores de bulto en sus estudios. Por cocinar los números.

Evidentemente, el Profesor Jacobson, en una decisión jaleada por muchos de sus fans y ecolojetas pro renovables y receptores, beneficiarios de estas políticas, pusieron una denuncia a esos científicos del IPCC por ‘mancillar su honor’.

Por demostrar que habían cocinado los números, y que sus modelos son una grave amenaza al medio ambiente, que hay que reconsiderar totalmente la situación.

La cosa tiene guasa. Jacobson promueve ciertos cambios tecnológicos para reducir las emisiones de CO2 y el impacto ambiental, en base a lo que reclama el IPCC, y cuando el mismo IPCC les suelta en cara que lo que propone no consigue sus efectos, entonces no se paran a comprobar lo que dice el IPCC, a revisar sus cuentas, a comprobar si estaban en un error ellos o los del IPCC.


Un comportamiento muy propio de un científico al que le cuestionan sus datos.

Se acerca el juicio, y ambas partes tienen sus demostraciones matemáticas a punto para semejante fecha.


Poco después sale un nuevo estudio de Jacobson. Las necesidades de almacenamiento suben entre dos y tres órdenes de magnitud. De 70 a 900 veces lo que había publicado antes.

Es decir, una capitulación en toda regla que, evidentemente, sus defensores ni publicitan ni aceptan ni admiten. Una demostración que de haber llegado al juicio, igual hubiese causado una publicidad muy contraria, aunque hubiese hecho justicia y puesto las cosas en su lugar.

Una noticia que había que evitar a toda costa.

Si lo que había publicado antes del juicio a duras penas agotaba la mayoría de existencias de elementos como el litio, níquel, plomo y otros elementos necesarios para el almacenamiento (así como otros elementos para la producción que siguen en el candelero), tras la revisión no se aguanta nada. Ninguna de las opciones de almacenamiento.

Eso obliga a tirar mano de ‘soluciones creativas’,  cosas que aún no existen, que probablemente nunca existirán, y que además son mucho más ineficientes que las baterías. Inventando con ello los números asociados, sin constatación física ni siquiera a pequeña escala.

Eso, o como bien dice Heard et alter en su metastudio de estudios de transición energética, deforestamos el planeta en un plis plas quemando biomasa para producir electricidad despachable (con menos del 30% de rendimiento en esa electricidad presuntamente ‘eficiente’) para poder sostener esas renovables eléctricas intermitentes que poco más podrían aportar debido precisamente a ese problema.

No, Jacobson y todos estos defensores de las renovables eléctricas intermitentes, esos grupos de presión que no dudan en mentir casi aseverando que el ‘impuesto al sol’ ‘evita’ el desarrollo de las renovables, que son los grandes interesados en ese apoyo a SUS renovables, esos lo que están haciendo es empujar su propia agenda pseudopolítica para conseguir impulsar su negocio.

La bomba fotovoltaica de riqueza que reparte los problemas y sus enormes costes asociados entre las clases bajas, mientras que a esas mismas clases obreras nos suben los impuestos (además de la factura de la luz) para subvencionar a esos mismos grupos de presión, que a su vez, se libran no sólo de pagar los desastres que ellos mismos promueven (y que negarán por activa y pasiva hasta que alguien se los lleve gritando de los pelos mientras se agarran hasta perder las uñas a su mecanismo de expolio), también se libran de contribuir al bien común.

Más bien, atentan contra el bien común para beneficio propio.

Se premia a los que causan el problema, y se cargan los costes mientras se les echan las culpas a los demás.

Pero no, no. No es posible que las élites dirigentes traicionen así a ‘su’ país, ¿no?

Todo eso del dilema del campista es trola, ¿no?

Y encima, con el beneplácito, aplauso y jaleo de los pringaos borregos, puesto que se revisten de un aura de ‘superioridad moral’ absolutamente falsa.

Eso es una política de izquierdas, sí señor.

Pues mira, yo no quiero pagar, ¿y tú?

Pero nada, tranquilos, que ya llega el Sol.

Beamspot.

(PD: el video de Rammstein no tiene desperdicio, y retrata la realidad de la situación, otra mirada a un viejo cuento, amén de tener una letra acorde: Hier kommt die Sonne se traduce como Aquí viene el Sol).