miércoles, 5 de agosto de 2020

Diálogos con Pedro: El otro



(Anteriormente: Los Tres Reinos).

Pedro esperaba la llegada de su Mareth sentado en "su sitio", ese espacio en la gran mesa de madera noble que había ocupado durante las anteriores sesiones educativas. Tenía a su lado los libros  que ella le había dado para leer, el ensayo que ella le había encargado y el cuaderno donde tomar notas.

Aunque intentaba disimularlo, Pedro estaba nervioso. Se había pasado toda la semana dándole vueltas a la cabeza, y los últimos días solo podía pensar en este momento, en esa sesión educativa que iba a tener lugar en unos instantes.

No entendía porqué su padre le había forzado a seguir esas "clases de refuerzo". A fin de cuentas, su futuro estaba muy claro. En algo más de un año cumpliría la mayoría de edad y se dedicaría al mismo negocio que su padre, el comercio. Un negocio que, además, conocía muy bien, ya que siempre que no estaba en la escuela o estudiando se pasaba el tiempo en la tienda de su padre; incluso, los dos últimos veranos había acompañado a su padre en algunos viajes para cerrar tratos en ciudades cercanas.

No es que las conversaciones con su Mareth (su tutora, su coadjutora) no fueran interesantes. De hecho, María (se estremecía y al tiempo se ufanaba de su osadía de llamarle así, por su nombre de pila) era ya la única persona  cuya conversación le resultaba estimulante. Ni siquiera su padre, quien tantas cosas le enseñó cuando era niño, parecía tener mucho más que aportarle. Su padre hacía tiempo que le parecía tactiturno, algunas veces distante; le trataba como si no le reconociera, a él, a su hijo. Pero María era diferente. Aunque tenía un sesgo... ¿cómo lo denominaría? ¿ecologista? No, no era exactamente eso. Era un tanto fatalista, quizá incluso catastrofista. No, no era correcto decir "catastrofista", no en ese momento de la Historia, porque el mundo había experimentado, en las décadas anteriores a su nacimiento, diversas catástrofes, según le habían contado. Él mismo había podido ver con sus propios ojos algunos signos escalofriantes y terribles de esos cataclismos, pues se los encontraban aquí y allá en sus viajes con su padre: tierra quemada, tierra quebrada, ciudades hundidas, ciudades destruidas... Es verdad que había habido una debacle universal, pero el mundo ahora renacía y todo era futuro y esperanza. Sin embargo, María tenía siempre ese deje triste de quien no ha superado el drama de los años pasados. Quizá el problema de María es que estaba anclada en el pasado, a pesar de que no era tan mayor como para haber vivido lo peor, puesto que tendría quizá solo 10 años más que él, o poco más.

Dejando vagar libremente sus pensamientos sobre María, Pedro se dio cuenta de que estaba yendo de nuevo por un camino que él mismo se había propuesto no volver a transitar, ni siquiera en sus ensoñaciones, así que bloqueó sus pensamientos y se centró en aquello de lo que realmente quería hablar ese día.

María era una extranjera. Hablaba tan bien la lengua de la isla que hasta la última sesión no se había dado cuenta, pero no era una isleña. Solo una sucia extranjera que había venido aquí para aprovecharse de nuestra bien merecida bonanza.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? Ella era demasiado alta, demasiado rubia, demasiado... ¿guapa? Posiblemente porque era tan guapa él no se había dado cuenta, o no había querido darse cuenta, de que era extranjera. Pero el hecho era que María era extranjera. Simplemente, un parásito más, de los que sus amigos y él se habían juramentado para expulsarlos de la isla.

Pero María también era muy lista, y la persona más erudita de toda la isla, o al menos eso se decía. Por eso su padre la había contratado como Mareth, como guía o mentor de su único hijo.

Sin embargo, Pedro tenía un plan. Por más inteligente que fuera María - ¿sería ése su nombre real? - aquel día la batuta la llevaría él. Pedro quería respuestas y las quería ya. No iba a dejar que ella le distrajera con sus rotundos discursos: él iría directamente al grano.

Esta enfrascado en esos turbios pensamientos cuando, repentinamente, notó un perfume que le resultó familiar. María ya estaba ahí, pero no había dicho nada. Estaba parada a solo dos metros de su espalda, y seguramente llevaba un rato examinándole. Después de varias sesiones, Pedro sabía ya que María era muy vivaz y que ningún detalle se le escapaba, así que no tenía sentido perder el tiempo con formulismos o  comenzando una larga conversación para intentar llevarla a su terreno. Había decidido ser directo.

- ¿De dónde eres, María? - dijo Pedro, arrepintiéndose al instante por lo rudo que sonó. Ni un miserable "hola" le había dicho.

Ella le miró a los ojos, con una expresión que Pedro no pudo definir, y le contestó con una voz calmada y suave. Él esperaba una respuesta evasiva, del tipo "¿qué importa de dónde sea?", pero en vez de eso su mentora contestó directamente.

- Soy de Freidon.

Era peor de lo que esperaba. No era una mestiza del medio norte, ni siquiera provenía de las Planas Halas. No. Venía de Freidon, el agujero del mundo, la cloaca inmunda que se estaba hundiendo en el mar. Hogar de desgraciados, miserables y delincuentes de la peor calaña. Pedro solo había visto a un freidonés en toda su vida, un gigantón rubio e hirsuto al que llevaban detenido por haber asaltado diversas villas; pero sabía que los habitantes de Freidon eran lo peor: sin moral, sin respeto por las costumbres isleñas, con ese sentido de tener derecho a todo y deber de nada...

Ella había tomado asiento delante de él, como solía, aunque no sacó el material que llevaba en su bolsón y simplemente se quedó allá sentada, las manos cruzadas sobre su regazo, esperando. Pero Pedro no se había dado cuenta de nada, ensimismado como estaba en sus pensamientos, mezcla de rabia y desprecio.

- ¿Te preguntas cómo es posible que una freidonesa de mierda sea tu Mareth? - dijo ella al fin.

Él asintió, incapaz de articular una palabra, pues la rabia que sentía le agarrotaba la lengua, mientras la sangre se le agolpaba en las acaloradas mejillas.

Quizá para ignorar los esfuerzos de su pupilo por contener su infantil furia, María miró hacia el gran ventanal, a un punto distante del horizonte, más allá del mar, y comenzó a hablar:

- Hubo un tiempo, hace muchos años pero no tantos como para que se haya olvidado, que Freidon era una de las naciones más prósperas de Europeé. Aunque es cierto que entonces no se llamaba Freidon.

- ¿Cómo se llamaba? - llegó apenas a pronunciar Pedro, intentando aún contenerse.

- Oh, se le conocía por diversos nombres - dijo ella, posando por un momento su mirada sobre Pedro pero volviendo en seguida a su punto más allá del mar y de la ventana - La Tierra Baja, era el nombre más comúnmente usado - y prosiguió - La Tierra Baja era una zona próspera: era la primera potencia comercial y marítima del mundo, y tenía una gran abundancia de petróleo y gas que extraía del lecho marino, muy somero en las aguas freidonesas.

Pedró consiguió calmarse un poco y empezó a prestar más atención a la explicación de su Mareth, no porque le interesase lo que una freidonesa (de mierda, como ella había dicho con justeza) tuviera que decir, sino porque le servía para distraerse y reganar la compostura.

- Los freidoneses vivían felices, sin pensar que su bienestar pudiera acabar nunca. La freidonesa era una sociedad muy igualitaria, en la que las familias contaban con múltiples ayudas y la inserción social de los desfavorecidos era una de las grandes preocupaciones. Pero un día todo empezó a torcerse...

Pedro recordaba haber leído algo sobre la Tierra Baja, una nación pequeña pero muy próspera de los Tiempos Pasados. No la había relacionado entonces con Freidon, ni se le había pasado por la imaginación que tuvieran algo que ver.

- Como sabes, uno de los motivos del Gran Cataclismo fue la repentina escasez de combustibles fósiles - continuó ella.

- El dichoso peak oil del que siempre hablas - masculló Pedro.

- Sí, ese dichoso peak oil - dijo María, ignorando el tono impertinente de su discípulo - pero también el peak coal, el peak gas, el peak uranium, el peak copper, el peak cobalt, el peak lithium... el peak everything, el pico de todo.  Todo comenzó a escasear más o menos a la vez, incluyendo el agua y los alimentos.

- ¿Y por qué no os preparásteis? ¿Por qué no lo anticipásteis? La culpa de todo lo que os pasó fue vuestra - el ritmo atropellado de Pedro acentuaba su tono acusatorio.

- ¿Fue culpa nuestra, Pedro? - dijo María, y sin darle tiempo a responder se contestó ella misma - Sí, fue culpa nuestra, pero no solo nuestra. También fue vuestra. Y de todo el resto del mundo.

Por un momento, Pedro la miró con esa perplejidad sincera de los niños cuando no alcanzan a comprender algo. Pero sus prejuicios estaban demasiado fuertemente asentados y replicó con aspereza:

- No intentes echarnos la culpa a nosotros - dijo Pedro.

- No lo hago. Solo describo cómo fue la cosa - respondió ella, y prosiguió - ¿Quieres que te explique un poco la historia de la Tierra Baja para tener una mejor perspectiva? Podrás comprobar todo lo que digo en los libros de Historia que tenéis en la Isla.

Pedro no estaba demasiado conforme, pero no tenía argumentos para negarse realmente. Además, realmente sentía curiosidad por saber qué había pasado para que la próspera Tierra Baja se convirtiera en la cloaca de Freidon.

- Lo que ahora te contaré es lo mismo que a mi me contó mi abuelo. Ésta es su historia, y también es la mía aunque yo no la viviera - la voz de la Mareth era tan baja y suave que casi susurraba.

Ella se puso de pie y se fue a la ventana, siempre mirando hacia ese punto distante en el horizonte y ajena al bullicio de la calle, que incluso en lo alto de la colina era perfectamente audible. Ella le daba la espalda y aunque al principio, por culpa de su orgullo mal entendido, Pedro no cambió de postura, al final se giró hacia ella. Tragó saliva. La apariencia de María era sobrecogedora. Los rayos de Sol del atardecer tornaban dorados los bucles de su cabellera. Ella se giró brevemente hacia Pedro y bajo esa luz sus ojos parecían transparentes, lo cual acentuaba la sensación de irrealidad de toda su persona. Combinado con su vestido blanco, apropiado para los calores del verano, María tenía aspecto casi angélico, casi sobrenatural, como si fuera un ser de otro mundo. O de otro tiempo.

- A principios del siglo XXI, la abundancia de recursos minerales que había permitido prosperar a las sociedades industrializadas llegó a su fin - los ojos de María se habían vuelto al punto del horizonte. - No se terminó de golpe, por supuesto: la extracción de minerales y combustibles fósiles seguía a buen ritmo, pero cada año se extraía menos.

Pedro carraspeó. Esa historia ya la había oído muchas veces.

- La Tierra Baja producía petróleo y gas, además de contar con una industria muy desarrollada y uno de los mayores puertos comerciales del mundo - la voz de María sonaba un tanto mecánica, distante - Mi país pertenecía al club de los países más ricos del mundo, y además todos sus vecinos eran del mismo club, así que en ningún momento mis compatriotas pensaron que nada malo les pudiera pasar. Sabíamos que a los países pobres se les esquilmaba, prácticamente se les robaba, sus recursos; pero era impensable que eso nos pudiera pasar a nosotros. O al menos eso pensábamos...

Había algo en las palabras de la Mareth que hizo que Pedro sintiera una zozobra extraña, una angustia ahogada.

- La escasez volvió feroces a los grandes países de Europeé, y la Tierra Baja no era un gran país. Faltando de todo, los ojos codiciosos de esos países fuertes, nuestros aliados, nuestros amigos, se volvieron hacia nosotros - María suspiró - Grandes empresas e incluso gobiernos extranjeros nos animaron a extender nuestras explotaciones, y nos ofrecieron mucho dinero y tecnología para hacerlo posible. Pero la población de la Tierra Baja se oponía: esos proyectos pondrían en peligro el subsuelo de nuestras ciudades y podían contaminar nuestra agua. El Gobierno convocó un referéndum y ganó el "no" por abrumadora mayoría. Cuestión zanjada. Eso pensaron: cuestión zanjada.

María hizo una pausa. Pedro vió que se mordía levemente su labio inferior derecho. Podía sentír su zozobra, pero no sabía cómo ayudarla. Ella continuó.

- Por supuesto, nada se había acabado. Hubo una sucesión de escándalos y el Gobierno cayó. Las siguientes elecciones las ganó un nuevo partido que prometía mayor transparencia y menos corrupción. El nuevo Gobierno negoció con las grandes compañías extranjeras y los proyectos rechazados en el referéndum se llevaron a cabo. Hubo muchas protestas en la calle y el Gobierno desató una feroz represión, al tiempo que aprobó nuevas leyes que restringían las libertades. La población de la Tierra Baja, antes orgullosa de sus libertades y privilegios, se sometió en silencio, resignadamente.

La rabia resonaba en esas últimas frases. María recompuso el tono y siguió hablando.

- Primero nos arrebataron los minerales y envenenaron el agua. Pero con eso no fue bastante. Luego talaron nuestros bosques y las lluvias desnudaron la tierra de su capa fértil que fue arrastrada hacia el mar. Los pocos lugares cultivables que sobrevivieron se aprovecharon para plantar "cultivos energéticos". Pero tampoco eso fue bastante. Al final, pescaron nuestros peces, y ya no nos quedó nada más que la miseria y el hambre. En ese momento, se fueron.

La voz de María sonaba hueca, en contraste con el ruido cada vez más apagado de la calle. Se acercó más a la ventana, como si quisiera estar más cerca, aunque no fuera más que un milímetro, de ese punto inasible al cual miraba.

- Explotó la guerra civil. Los que pudieron huyeron, pero no era cosa fácil: nuestros vecinos, nuestros antiguos aliados y amigos, habían construido muros y alambradas a lo largo de nuestras fonteras. Y entonces, en el peor momento, el mar reclamó la mitad de nuestro territorio - no por nada mi país se llamaba la Tierra Baja. Sabíamos que ese día iba a llegar, porque nunca hicimos nada para luchar contra el Cambio Climático, y las consecuencias de tantas horas de negligencia nos golpearon cuando teníamos la guardia más baja. Nada muy diferente, por cierto, de lo que le pasó a otros muchos países, incluyendo a nuestros queridos vecinos.

Paró un momento para respirar hondo. Su relato estaba acabando.

- Al final Freeburg colapsó. Nadie quería creer que tal cosa podría pasarnos, pero pasó: nos pasó. A nosotros. A los que nos creíamos tan fuertes y tan poderosos, aislados de las miserias de ese mundo al que mirábamos como inferiores, como tú me miras a mi ahora - acabó María.

- Pero la culpa en realidad fue vuestra. Fue consecuencia de vuestros errores - dijo Pedro, aunque su tono era titubeante: no se sentía tan seguro como al principio.

Ella se volvió hacia Pedro. Su rostro era sereno, lo cual contrastaba con las lágrimas que aún bajaban por sus mejillas. Pedro se sintió miserable por haber sido tan insensible con ella antes, por haberla despreciado de la manera que lo había hecho. Así, vulnerable, María parecía aún más bella.

- Sí, pero también otros se beneficiaron de nuestros recursos. No es por culpar a nadie: nosotros también se lo hicimos a otros países en épocas anteriores. Nunca pensamos que algún día llegaría nuestro turno. Nos creíamos invencibles, y que nuestra situación de privilegio se debía solamente a nuestra inteligencia y buen hacer.

Con un rápido movimiento de su mano, María se enjugó las lágrimas y cambió su tono por uno mucho más jovial, con enunciación profesoral.

- ¿Sabes que si esta isla donde nos encontramos se convirtió en un vergel fue por pura casualidad? Todos los modelos climáticos decían que este lugar se volvería inhabitable: demasiado calor, falta de precipitación, desertificación acelerada... Pero se produjo una anomalía, una extraña conjunción climática: en medio del mar abrasador, a medio camino entre dos continentes, se produjo un extraño corredor de humedad persistente. La combinación de temperaturas benignas todo el año, humedad y este suelo volcánico han convertido a la Isla en un insólito paraíso. No demasiado cerca de los inestables países del Norte y separada de los populosos países del Sur no solo por el mar sino por un infranquable y abrasador desierto, pero al mismo tiempo cerca de las principales rutas comerciales y vestigios de civilización de esta esquina del mundo.  Lo cierto, querido Pedro - a Pedro se le erizó el vello al oír ese "querido" - es que tuvisteis suerte, igual que otros la tuvimos antes. No la desaprovechéis.

Pedro estaba confundido. Estaba tan... enfadado con María (¿realmente sería ese nombre?) por ser una extranjera, pero de acuerdo con su relato - y por algún motivo él sabía que lo que su Mareth le había contado era completamente cierto - su odio estaba injustificado. Pedro clavaba su codo en la mesa y apoyaba su metón sobre su puño, sin saber qué decir ni pensar. Le sacó de su ensimismamiento la activación de la luz eléctrica. Afuera ya era oscuro. ¡Mierda! ¿Realmente era tan tarde? ¿Cómo se había podido alargar tanto esa sesión educacional?

María percibió su agitación y apoyo su mano nívea sobre el hombro del muchacho.

- Tranquilo, Pedro. No tienes que ir a ningún sitio - él se volvió, perplejo, hacia ella - Mañana lo dirán los diarios. El grupo terrorista conocido como "Los Verdaderos Isleños" ha sido desarticulado. A estas horas, la mitad de tus amigos estará en prisión. Tranquilo, solo los que tienen delitos de sangre: tus amigos de toda la vida, muchachos como tú, están a salvo, en sus casas.

- ¿Esto es cosa de mi padre? - preguntó Pedro, sin saber qué más decir.

- En cierto modo sí, porque fue idea suya que yo te impartiera estas sesiones educacionales - dijo ella con suavidad - Pero si te refieres a lo de hoy, no. Tu padre no sabe nada. Éste será nuestro secreto.

Ella se dirigió a la mesa para recoger sus cosas. La sesión tocaba a su fin. María le había salvado de cometer el mayor error de su vida, de hacer algo que en el fondo de su corazón Pedro no deseaba hacer pero a lo que se veía empujado por la presión del grupo. Sintió un gran alivio y, con él, sintió que todo el odio estúpido que había sentido contra aquella mujer se desvanecía. ¿Cómo podía haber sido tan necio? La miró como si la viera por primera vez. Aquella mujer sencilla e inteligente era tan superior a él que no entendía cómo podía haberla despreciado.

Ella debía adivinar sus pensamientos, a juzgar por su sonrisa, y aún añadió unas últimas palabras.

- El Otro nunca es el enemigo, Pedro. El Otro es simplemente otro, alguien diferente. Y, si te fijas bien, en muchos sentidos, el Otro es simplemente un espejo en el que no nos gusta vernos reflejados. Porque si el Otro no es diferente a nosotros, ¿cómo podremos justificar negarle el pan? ¿Cómo podremos justificar no ayudarle?

Tomó su bolsón, pero en vez de dirigirse a la puerta se acercó directamente a él, hasta que estuvo a escaso centímetros.  Pedro casi no podía respirar.

Ella le besó en la mejilla, e inmediatamente se volvió:

- Adiós, Pedro. Te he dejado tus deberes sobre la mesa. Nos vemos la semana que viene.

- Adiós, mi Mareth - no se vio capaz de llamarla María otra vez.

Pedro se quedó ahí, plantado, mirando como ella se iba. Antes de desaparecer, ella se detuvo un momento en el quicio de la puerta.

- Yo no huí de Freidon. A mi me llamaron.

Antonio Turiel
Agosto de 2020

domingo, 26 de julio de 2020

Hoja de ruta (y VI): Navegando en aguas turbulentas



(Anteriormente en esta misma serie: Hoja de ruta (V): La caída de los Estados).

Queridos lectores:

En la segunda entrega de esta serie discutía sobre cómo percibir los signos que individualmente nos deben hacer reconocer en qué momento debemos dar ese giro copernicano a nuestras vidas y abandonar la vida pasada para que una vida futura sea posible. En esta última entrega de la "Hoja de ruta" discutiré sobre una cuestión complementaria de la anterior: reconocer qué signos debemos ignorar. Si entonces hablaba de decisiones individuales, en esta entrega hablaré de inteligencia colectiva (o de su ausencia) y sobre cómo debemos hacerle frente.

Uno de los problemas obvios que tenemos por delante como sociedad es que no estamos preparados ni material ni psicológicamente para hacer frente al proceso de transformación que inevitablemente nos va a sobrevenir, transformación que muchos identifican con un colapso más o menos completo de la sociedad. Los primeros posts de esta serie hablaban de las razones de este colapso (El Cisne Negro), de cómo reconocer nuestro colapso personal para poder empezar a cambiar (Poniéndose en marcha) y de qué podemos hacer cada uno de nosotros individualmente (Qué puedo hacer yo) y colectivamente (La forja de la comunidad). El quinto post explicaba por qué no cabía esperar ninguna reacción útil de los Estados (La caída de los Estados), porque en esencia los Estados como tales también van a colapsar y porque su manera de funcionar y sus políticas solo pueden llevarles a colapsar. Pero ese colapso no va a ser sin ruido, sino que la caída de tan pesadas maquinarias de poder va a levantar una intensa polvareda, y esa polvareda es lo que nos va a dificultar la visión, y a ratos la respiración, durante los próximos años. De hecho, solo han caído los primeros cascotes pero la visión ya comienza a hacerse borrosa, lo que añade a la dificultad psicológica de aprehender y aceptar el colapso la dificultad de encontrar el camino correcto.

Los primeros signos del colapso del Estado se observan en el incumplimiento de sus compromisos. Los Estados modernos tienen su razón de ser en el contrato implícito con sus ciudadanos de ofrecerles una serie de servicios y de atender sus necesidades. Lo que lleva pasando desde hace bastantes años es que los Estados cada vez se alejan más de ese ideal de servicio al ciudadano (ciudadano que, en los países democráticos, es quien se supone que ostenta la legitimidad, y no el Estado en sí, el cual se supone que es su servidor). Con excusas cada vez más bobas los poderes públicos dan palos de ciego y emprenden políticas cada vez más erróneas, presos como están en una maraña de intereses de grandes corporaciones y de una desinformación de alta calidad diseñada específicamente para confundirles. ¿Cómo se explica, por ejemplo, que la gran mayoría de los expertos en la "Transición ecológica" con los que cuentan los ministerios del ramo no sean biólogos, físicos, matemáticos o ingenieros, sino economistas? Los Gobiernos creen realmente que su sesgada visión de la realidad es la realidad misma, son ciegos y ni siquiera saben que no ven.

A partir de aquí, confundiendo lo que se debe hacer con lo que aquéllos con acceso privilegido a las esferas de poder les dicen que se debe hacer, los Estados se lanzan a una espiral de incumplimiento de deberes. Se empieza por congelar o reducir las prestaciones sociales, luego las pensiones,  luego las becas, más tarde la inversión en investigación, después la cobertura por desempleo, luego se reduce la asistencia sanitaria y luego todo en general. Lo que se paga con los impuestos de todos sirve cada vez menos a los intereses de todos. Aquellos que creen que pagan demasiado (y en especial las empresas) se frotan las manos y promueven más desinformación con la esperanza de pagar aún menos impuestos, sin comprender que el continuo adelgazamiento del Estado lo aboca a su disfuncionalidad y, peor aún, a la pérdida de legitimidad a los ojos de los ciudadanos.

Es en esos momentos más críticos cuando más desinformación se emite, cuando se segrega la que sin duda es la substancia más tóxica que ha inventado el ser humano: la propaganda. Y es que, a diferencia de otros venenos, la propaganda tiene la capacidad de alterar las mentes de las personas afectadas hasta el punto de que olvidan cuáles son sus intereses de grupo y adoptan intereses espurios que en realidad van en su perjuicio. Se comienzan a crear facciones, en función de cuál sea el veneno que predomine en cada grupo. Un buen ejemplo de este alistamiento por facciones lo podemos ver en la actual crisis de la CoVid-19. Está un primer grupo que cree que la epidemia de la CoVid es una excusa para reducir las libertades individuales e imponernos antidemocráticas medidas colectivistas y uniformizadoras, y que por tanto consideran su deber resistirse a estas medidas como los auténticos luchadores por la libertad que son. Tenemos luego un segundo grupo, que cree que cree que el virus de la CoVid fue creado en un laboratorio chino o americano y que es un mecanismo de las farmacéuticas para ganar dinero o de los Gobiernos para eliminar población sobrante, y que por tanto dedican su tiempo a recopilar pruebas e intentar exponer esta conspiranoia. Y por último (aunque hay otros grupúsculos menores) tendríamos un tercer grupo que cree que en realidad el virus de la CoVid no existe y que se están difundiendo noticias falsas sobre enfermos y hospitalizaciones para cualquiera de los fines anteriores, y que por tanto van por todos lados sin mascarillas ni nada. El caso es que, aunque la mayoría de la población no se alinea con esas tres facciones, el hecho de que existan y de que una parte de la discusión partidista coquetee con ellas (y por eso a veces los dirigentes de los partidos políticos dicen cosas poco claras), tal ceremonia de confusión y de teorías de las conspiración hace que no se haga una pedagogía básica sobre medidas sencillas que evitarían la propagación de la enfermedad. Estamos solo a 14 días de librarnos (prácticamente) del dichoso virus, si simplemente usáramos correctamente las mascarillas y nos laváramos las manos durante ese período de tiempo; pero en la práctica igual parece que estuviéramos a 14 años de conseguirlo, porque no somos capaces de seguir todos a la vez unas normas tan sencillas durante dos puñeteras semanas. Con toda la intoxicación del debate público, alimentada por los intereses espurios de algunos y por la desconfianza de una población azotada durante años de recortes y desprecios, hemos llegado a un punto en que la gente no sabe cómo funciona una mascarilla (y suerte que estamos hablando de un simple trozo de tela: si nuestra supervivencia estuviera en juego y dependiera de algo un poco más complicado estaríamos perdidos). En vez de hacer campañas de concienciación, explicando que la mascarilla tiene que cubrir boca y nariz en todo momento, que el objetivo primario es no infectar a los demás y que por tanto se trata de una cuestión de respeto, que la clave son los espacios públicos donde haya poca separación y los pobremente ventilados, etc, etc, lo que hay es un corifeo gallináceo que apunta en todas las direcciones, cuanto más ridículas mejor.

Por cierto, aviso a mis paisanos que no estaba hablando de España. Y es que aunque en nuestro país también se ven estas cosas, en realidad están extendidas por todo el mundo: vayan al país que quieran y encontraran las mismas idioteces. Lo cual demuestra que hay una crisis de confianza global, y que, sometidos al estrés de una crisis de gran alcance como la que ha planteado la CoVid, el sistema revienta de similar manera en la mayoría de los países.

No todo el mundo es igual de susceptible al veneno de la propaganda, y eso también afecta a los servidores públicos: algunos serán más propensos a dejarse llevar por la marea de infundios y falsedades, y otros no tanto. Ese efecto desigual de la propaganda sobre las personas que accionan los resortes del Estado alimenta un creciente conflicto entre los poderes del Estado: jueces que anulan decisiones gubernamentales, policías que deciden a su arbitrio si aplican ciertas normas o no, administraciones locales que desoyen las nacionales y viceversa. Al estallido de las contradicciones internas características del desmoronamiento de los Estados, se le une esta espesa neblina de confusión que todavía genera más choques y conflictos, y que acelerará la desligitimación del poder estatal; al mismo tiempo, la misma propaganda hará difícil que se asiente un nuevo poder legítimo, puesto que el mismo lastre de desconfianza y mentiras le arrastrará, al menos al comienzo y hasta que la situación se asiente.

Tampoco cabe esperar nada bueno desde los medios de comunicación. No están pensados para esto y solo generarán ruido, amplificando toda la basura y tonterías que haya a su alrededor. Tendrán que confiar no en lo que le digan, sino en aquello que vean en su entorno cercano. Tendrán que evaluar por Vds. mismos todo, qué es lo que funciona y qué es lo que no, sin dar nada por sentado, y sobre todo, sin hacer caso a la propaganda que algunas veces interesadamente insistirá en que lo que Vds. están haciendo no puede funcionar, a pesar de que la experiencia propia les esté diciendo que sí.

Ésta es la última dificultad, la última prueba que tenemos que superar para llegar desde donde estamos hasta donde queremos ir. No escuchen el ensordecedor ruido, no se dejen engañar por los cantos de sirena, no se dejen arrastrar por las pláticas demagógicas. Tienen que tener criterio propio, tienen que ser capaces de decidir por sí mismos qué es lo que quieren hacer y ver por dónde tienen que seguir, y sobre todo establecer lazos con la gente más próxima que también quiere trabajar en construir ese futuro.

Con este post cierro la serie. Ahora ya tienen todas las recomendaciones que yo les podría dar. Ahora ya tienen una indicación de cómo hacerse su hoja de ruta, aunque cada persona deberá elaborar la suya propia. Mucha suerte en el camino.

Salu2.
AMT

(Volver al inicio de esta serie: Hoja de ruta (I): El Cisne Negro).

viernes, 17 de julio de 2020

Impacto del coronavirus en el consumo energético

Queridos lectores:

JotaEleEne nos ofrecre un nuevo análisis sobre la evolución del consumo de energía en España, centrado en los últimos meses. Aunque no se puede decir que las cifras sean inesperadas, sí que son bastante impactantes por su magnitud. Con el análisis de JotaEleEne se pone nombres y apellidos a lo que está pasando en este país y nos ofrece una idea bastante más clara de hacia dónde estamos yendo.

Les dejo con JotaEleEne.

Salu2.
AMT


Impacto del coronavirus en el consumo energético

Con datos de España vamos a tratar de reflejar cómo ha influido esta pandemia mundial sobre el consumo energético español. En principio la situación de confinamiento de la población ha influido mucho en el consumo energético, como veremos a continuación. 

Es de esperar que después del confinamiento se vaya recuperando el consumo poco a poco, aunque muy probablemente ciertas actividades queden muy afectadas por el cambio de costumbres sociales que nos obliga a mantener esta pandemia. También probablemente la economía va a quedar afectada, lo cual se reflejará en más paro y probablemente menos consumo de energía. Pero esto ahora no lo podemos reflejar, habrá que mostrarlo según vaya saliendo.

Los datos de ahora son muy limitados, solo reflejan cantidades totales; habrá que esperar unos dos años para obtener los más interesantes datos anuales, que reflejan la energía por combustibles y por sectores de consumo. Mientras tanto, con los datos que se tiene se puede intentar hacer algunas estimaciones. 

El objetivo es actualizar las gráficas cuando haya cambios significativos. Las nuevas gráficas y datos nuevos los iré reflejando en el foro The Oil Crash.

También es mi intención, cuando los datos salgan por sectores, hacer otro trabajo en este blog reflejando la situación de forma más global. Aunque es un tiempo estimado para hacer esto es muy largo, más de dos años, y desde luego hasta entonces pueden pasar muchas cosas.


Figura 1: Consumo de GLP en toneladas. Datos de CORES

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 1,8 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Sector residencial: 69%
  • Comercial y servicios públicos: 15%
  • Industria: 8%
  • Transportes: 5%


Con respecto a los dos años anteriores baja un poco en el mes correspondiente. El GLP es consumido sobre todo en uso residencial. Posiblemente  la caída será debida al sector de servicios públicos que ha parado en gran medida, al consumo en industria y casi totalmente en transportes. Se supone  que habrá subido algo en uso residencial debido al confinamiento de la gente en sus casas. La bajada en el mes de mayo parece confirmar que se está gastando sobre todo en uso residencial y sobre todo como calefacción, ya que la media de temperatura máxima subió cuatro grados de abril a mayo. 


Figura 2: Consumo de gasolinas en toneladas. Datos de CORES

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 5,9 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Transporte: 99%


Con respecto a los dos años anteriores la caída es espectacular en el mes de abril, baja un 77% desde el promedio de la gráfica. Y esto es debido a que el 99% del consumo de gasolina pertenece al transporte y más concretamente a coches particulares que debido al confinamiento han quedado aparcados. En mayo experimenta una subida coincidiendo con la desescalada.


Figura 3: Consumo de queroseno en toneladas. Datos de CORES

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 8,1 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Sector transporte: 100%


Con respecto a los dos años anteriores la caída también es espectacular, baja un 93% desde el promedio de la gráfica. Y esto es debido a que prácticamente el 100% del consumo de queroseno pertenece al transporte, y más concretamente al transporte aéreo ya que debido también al confinamiento los vuelos han bajado estrepitosamente. Los meses máximos en consumo julio y agosto representan la fuerte influencia del turismo en el consumo de este combustible, en especial el turismo internacional, ya que el 68 % del consumo de este combustible pertenece a los vuelos internacionales.


Figura 4: Consumo de gasóleos en toneladas. Datos de CORES


Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 32,7 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Transporte: 79 %
  • Sector residencial: 6 %
  • Agricultura: 6 %
  • Industria: 4 %

Con respecto a los dos años anteriores se ve una muy fuerte bajada del consumo, un 37% desde el promedio de la gráfica,  debido también a que el consumo de gasóleos corresponde principalmente al sector del transporte, en especial el transporte por carretera, que domina con un 97 % del consumo. Y el transporte en especial el del coche privado, que es también afectado por el confinamiento igual que la gasolina. La bajada del consumo es menor que en  otros combustibles que también dependen del transporte debido a que se ha mantenido activo bastante transporte de mercancías que dependen prácticamente en su totalidad de este combustible. Posiblemente también haya aumentado algo el consumo en uso residencial debido al confinamiento, aunque de forma poco significativa, ya que el sector residencial supone solo el 6% de este combustible. De igual forma como con las gasolinas se ve una ligera recuperación en mayo.


Figura 5: Consumo de fuelóleos en toneladas. Datos de CORES

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 1 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Sector transporte: 57 %
  • Industria: 40 %

Con respecto a los dos años anteriores sufre también una fuerte caída. Si tenemos en cuenta que a partir de octubre empezó a bajar el consumo como se ve en la gráfica, no parece que el consumo de este combustible haya sido muy afectado por el confinamiento.


Figura 6: Consumo de otros productos petrolíferos  en toneladas. Datos de CORES

En el 2018 el consumo de otros productos petrolíferos supuso el 1,5 % del consumo de energía final. No hay mucha diferencia con el consumo de años y meses anteriores. Todo el consumo de este producto corresponde a la industria.

Figura 7: Consumo de gas natural en GWh. Datos de CORES

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 16,4 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Industria: 58 %
  • Comercial y servicios públicos: 20 %
  • Sector residencial: 19 %

En esta gráfica no está incluido el gas usado en generación eléctrica, solamente el gas natural usado como energía final. No hay mucha diferencia con el consumo de años y meses anteriores. El mayor consumo en los meses del invierno representa el gasto en calefacción del sector residencial y comercial + servicios públicos; por eso no habrá caido tanto el consumo residencial, al estar la gente más tiempo confinada se habrá tirado más de la calefacción, compensando en parte el posible menor gasto de energía de la industria y de los servicios públicos.


Figura 8: Consumo de energía eléctrica  en GWh. Datos de REE

Con datos del 2018: Porcentaje de consumo en energía final: 23,6 %

Sectores de consumo más importantes:

  • Industria: 33 %
  • Sector residencial: 31 %
  • Comercial y servicios públicos: 31 %       

No hay mucha diferencia con el consumo de años y meses anteriores. Posiblemente también el consumo disminuido en sectores de industria y comercio + servicios haya sido compensado  en parte por el mayor aumento en sector residencial debido al confinamiento.

Quedan solamente dos energías por reflejar, de las cuales no tengo datos. El carbón, que con un 1,8 % de consumo prácticamente no tiene interés. Y las renovables no eléctricas, que con un 7,2 % son algo más significativas. Dentro de las renovables y siguiendo las pautas anteriores habrá crecido un poco en uso residencial, que representa casi la mitad de este consumo; y habrá bajado en uso industrial y uso comercial + servicios públicos. En general no creo que haya variado mucho.

La bajada en tonelaje entre abril del 2018 y abril del 2020 es de un 43%. La bajada de energía del gas de esos mismos meses es de un 18%. Y la bajada de energía eléctrica de esos meses es de un 20%. Si tomamos todo como energía,  da una bajada de energía total aproximada de un 27%, un poco más quizás teniendo en cuenta las renovables no eléctricas.


Conclusiones

Una bajada de un 27% es una cantidad considerable, pero todavía muy lejos de un consumo sostenible de energía. ya que en el 2018 la participación renovable de la energía primaria fue de un 14%. Si tenemos en cuenta el posible aumento de gasto energético residencial, prácticamente la mayor parte de la energía recortada habría sido casi todo en el transporte, y más concretamente por la inmovilización del coche particular.

Esta experiencia en materia de energía si algo hay que aprender es que el coche como transporte individual no ha sido indispensable. Probablemente bastante se podría sustituir por transporte público, vehículos compartidos y teletrabajo. Con el beneficio adicional de la bastante menos contaminación que hemos disfrutado en entornos urbanos.

La pandemia no ha afectado mucho en el gasto energético, al menos en países desarrollados. Habrá que ver como irá afectando a nivel económico y como se irá reflejando en la energía.

Saludos