lunes 13 de febrero de 2012

Rabia

Atenas en llamas, 12 de Febrero de 2012. 

Queridos lectores,

En su documentado y altamente instructivo libro "Colapso: Por qué algunas civilizaciones perduran y otras sucumben" (para quien no tenga el libro y sepa inglés, puede ver "la película" en el enlace precedente), Jared Diamond repite una pregunta que le ha pasado por la cabeza a decenas de antropólogos cuando estudian la isla de Pascua y su colapso por exceso de explotación de los exiguos recursos de los que disponía: ¿qué debió pasarle por la cabeza al hombre que cortó el último árbol? Incluso asumiendo que una comunidad desesperada sea incapaz de ver el deterioro progresivo e inexorable de sus bosques, aquel último árbol significaba un punto de no retorno obvio incluso para los que tienen poca capacidad de anticipar el futuro. ¿Cómo pudo ser que aquel hombre no viera que era el último árbol, que después de eso ya no tendrían más leña? ¿Que por tan poca ganancia se condenaba? 

Yo me imagino a aquel hombre, y elucubro sobre lo que le pudo pasar por la cabeza. Subió a la pequeña colina, a buscar leña para el fuego, para una canoa o para hacer una palanca con la que desplazar un moai. De niño aún había visto aquella misma colina poblada por un bosque ralo, muy diferente de aquel tan frondoso que le refería su abuelo - aunque seguramente su abuelo exageraba su memoria de juventud. Pero era verdad que ya sólo quedaba allí su árbol. Se detuvo un segundo antes de comenzar a abatirlo: cuando hubiese acabado ya no quedarían árboles en toda la isla. Sintió un peso frío en el estómago. Bueno, pensaría para tranquilizarse, ¿quién dice que no hay árboles en toda la isla? Él hacía tiempo que no iba a los territorios de las tribus rivales, y seguramente ellos se están reservando sus árboles para asegurarse la victoria alzando los moais más grandes. Hijos de mala madre; habrá que entrar a buscar leña allí: la última guerra no fue muy bien, pero ahora puede ser diferente. Será diferente. En realidad estamos tan mal por culpa de ellos. Si no nos dan su leña por las buenas se la tendremos que arrebatar. Tenemos que echarles al mar, a esos malnacidos. Aún dudó un poco, pero pensó: si yo no corto el árbol, vendrá mi vecino y lo cortará él. Y eso sí que no. Y sin pensarlo más empezó a talarlo.


¿Somos tan diferentes nosotros? En una conferencia que impartió uno de mis colegas en el Instituto de Ciencias del Mar, hablando de sobrepesca, el ponente mostró una transparencia con las especies de pez documentadas a principio del siglo XX como propias del Mediterráneo Occidental que nosotros ya no habíamos llegado a conocer; eran unas 30, y eso sólo de las documentadas, que son una fracción ínfima. Los más viejos de mi instituto han visto peces que jamás verán los más jóvenes. Y aún así seguimos apretando las tuercas, a ver cuánto podemos exprimir la población de atún rojo del Mediterráneo, a ver si el pequeño aumento registrado el año pasado permite subir las cuotas de pesca. Ya no lo hacemos con la anchoa del Cantábrico porque de manera efectiva la hemos exterminado. Y, en realidad, si van mirando, pasa lo mismo con tantos y tantos recursos. ¿Somos de verdad diferentes de aquel habitante de la Isla de Pascua que cortó el último árbol?


En su libro, a partir de los indicios sobre el terreno, Diamond especula sobre cómo debieron ser los últimos 100 o 200 años antes de la llegada de los exploradores europeos, cuando la población declinaba irreversiblemente y se hubiera extinguido de no haber llegado los foráneos. Los restos de huesos humanos, muchos con heridas de arma, algunos roídos... los moais deliberadamente derribados o vandalizados... algunos retazos de la tradición oral de los pocos descendientes que poblaban la isla cuando llegaron los europeos... Diamond teje una trama más o menos realista, pero en todo caso muy evocadora. Según él, parece probable que en medio del cataclismo ambiental y de recursos, con la gente desesperada, muriendo de hambre, hubo una revuelta. La gente se alzó contra sus antiguos líderes políticos y religiosos, y la antigua religión (que les llevaba a erigir con gran coste de recursos los pesados moai) cayó en el total descrédito. La gente sintió rabia, entró en las casas de los ricos y vio como vivían mucho mejor que ellos. Arrasaron con todo. Derribaron algunos moais, los mismos que poco antes veneraban y eran el motivo de orgullo de cada tribu. La mera rabia, la impotencia por no saber salir del agujero donde ellos mismos se habían hundido, les llevó a una vorágine de muerte y destrucción que los dejó más debilitados e incapacitados que al principio.


¿Somos tan diferentes? Ayer el parlamento griego, en una sesión agónica, aprobó el enésimo paquete de medidas de ajuste, más represivo y ominoso que los anteriores, a los cuales se acumula. Mucha gente no lo soportó más y se echaron a la calle por miles, originando graves disturbios. La policía se quedó sin gas lacrimógeno, la turba entró a saco y quemó decenas de edificios del centro de Atenas, principalmente bancos. Los grandes símbolos del triunfo de hace una década, los banqueros, son ahora señalados con el dedo, al igual que los políticos (la analogía con los líderes religiosos y políticos de la isla de Pascua es inevitable, sobre todo teniendo en cuenta aquella máxima de que el único Dios verdadero es el dinero que de forma tácita se aceptaba hace tan sólo 10 años). Y todo eso, para conseguir el segundo paquete de ayuda económica de la Unión Europea que permitirá al país heleno capear sus obligaciones de pago del mes de Marzo pero posiblemente no por mucho tiempo. ¿Qué sentido tiene prolongar esta agonía cuando sabemos que esta crisis no va a acabar nunca? ¿Que la recesión que ahora comienza hará aún más complicado no el retorno de la deuda griega, sino la de los demás países europeos? ¿Que negarse a aceptarlo sólo nos lleva al colapso? ¿No sería más lógico aceptar que el modelo que intentamos mantener ya no funciona y que se tiene que redefinir? ¿No tiene eso más sentido que, empujados por el empeño de pagar unas deudas impagables, acabemos mal vendiendo el patrimonio que nos queda, acabemos cortando el último árbol de la isla?


El futuro no está escrito, pero el pasado sí. La mayor soberbia está en creernos mejores que nuestros ancestros; lo seremos sólo si somos capaces de aprender sus enseñanzas. Necesitamos un plan, y lo necesitamos ya.


Salu2,
AMT

jueves 9 de febrero de 2012

El pico del diésel

Imagen de StreetsBlog.org
Queridos lectores,

"Continúa la falta de combustibles en casi toda la provincia de Salta (Argentina)", "Los trabajadores del sector del transporte de mercancías cuestionan el perfil bajo que da el Gobierno argentino a la escasez de combustibles", "La escasez de diésel puede durar semanas en el Canadá Occidental", "Una escasez de diésel producido en el Reino Unido pondría en riesgo su seguridad energética", "Se teje una crisis de gasolina en Rusia a medida que suben los precios internacionales", "La escasez de diésel enciende el descontento en China", "China hace inusuales importaciones de diésel para cubrir la escasez local", "La escasez de combustible puede traer cortes de luz, según los residentes en Emiratos Árabes Unidos", "Los yemenitas tienen que hacer frente a una crisis de combustibles en medio de las protestas"...


Son sólo algunos titulares aparecidos en la prensa internacional durante los últimos meses. Detrás de los problemas de escasez hay multitud de causas, reales y alegadas, pero no deja ser curioso un rasgo común: por todo el ancho mundo son cada vez más frecuentes noticias sobre la escasez de combustible, principalmente diésel (pueden ver más en la web Energy Shortage, de donde he sacado las de arriba).

Ya lo comentamos a finales del año pasado: hay un fantasma que amenaza el mundo: el de la escasez de diésel. No escasez de petróleo (que también amenaza a más largo plazo), no la escasez de otros combustibles (que también acabará por llegar), sino una amenaza presente: no hay suficiente diésel para cubrir la demanda mundial, y el problema tiene todos los visos de agravarse. Pero, ¿por qué se está produciendo este problema? Como suele suceder, hay varios factores que influyen, no todos por igual, y no todos se desarrollan a la misma velocidad, lo cual hace la predicción bastante difícil; sin embargo, da la impresión que en lo que respecta al diésel estamos llegando a un cuello de botella bastante definitivo.

El siguiente gráfico está generado a partir de los datos de la llamada Joint Oil Data Initiative. Es una iniciativa para darle mayor transparencia al mercado del petróleo y lo que intenta es homogeneizar los dispersos datos del mercado de petróleo y hacerlos más fiables; para ello, aparte de las compilaciones estadísticas de las agencias participantes (que incluye las más importantes públicas y privadas de Occidente) generan unos cuestionarios trimestrales que permiten detectar anomalías y corregirlas -dentro, por supuesto, de muchas limitaciones. No todos los países están auditados por JODI (aunque sí la mayoría) con lo que sus datos no tienen una escala verdaderamente global. Aún así, el análisis de la evolución de producción de diésel a escala global que nos ofrece JODI es bastante reveladora:






La figura corresponde a la producción desestacionalizada (para compensar los diferentes patrones de consumo según la estación) promediando en cada punto sobre los cuatro trimestres anteriores (eso implica, por tanto, que la referencia temporal de cada punto se tendría que desplazar dos trimestres a la izquierda, pero en todo caso este detalle tiene poca importancia para la discusión que sigue). La figura es diferente de la que estamos acostumbrados a ver para la producción de petróleo (vean, por ejemplo, las que preparé para el post sobre el desfase entre oferta y demanda), ya que la producción de diésel (gasóleo de automoción) no tocó techo hasta 2008, a pesar del estancamiento de la producción de petróleo; después, la caída por la crisis, un nuevo techo en 2011, y desde ahí una tendencia, aún ligera, a caer, sin que se pueda justificar por una gran recesión (ya que empieza a principios de 2011). ¿Qué está pasando?

Está pasando que el mundo se está quedando sin capacidad para producir más diésel, y ése es un fenómeno nuevo con una dinámica propia, no completamente coincidente con la del petróleo. Por supuesto que la escasez de petróleo llevará inevitablemente a una escasez de diésel, pero se puede tener escasez de diésel antes de que llegue la escasez de petróleo. De hecho, eso es exactamente lo que está pasando. Y las razones de esta diferente dinámica son fundamentalmente dos.

Ya saben que hace una década la Agencia Internacional de la Energía se inventó un término que llama "todos los líquidos del petróleo", y que equivale a todas las sustancias, extraídas y sintetizadas, que más o menos pueden hacer las veces como petróleo. Esta conveniente concepto se introdujo para disimular el hecho de que la producción de petróleo crudo (el que realmente se extrae del subsuelo) estaba llegando a su máximo productivo, a su cenit, y en la categoría "todos los líquidos" entran todas las sustancias que se pueden sintetizar y procesar como sucedáneos del petróleo (por eso se habla de "producción de petróleo" en vez de "extracción de petróleo", porque una parte del petróleo se fabrica, en realidad). Lo que sucede es que esos otros petróleos, petróleos no convencionales, algunos de los cuales ya hemos comentado en otras ocasiones, no son exactamente fungibles o buenos sustitutos del petróleo crudo. En particular, no todos son tan buenos para derivar diésel a partir de ellos. Y aquí la primera causa de la escasez de diésel: de todos los tipos de petróleo que entran dentro de la rúbrica "todos los líquidos" el que más ha aumentado son los llamados "Líquidos del gas natural" (NGL por sus siglas en inglés). Estos NGL son hidrocarburos de cadena corta que resultan de "limpiar" el gas que sale de los pozos, y aunque se pueden usar para sintetizar diésel resulta muy costoso (recuerden que no es lo mismo factible que rentable) tanto energética como económicamente. De hecho, el petróleo susceptible de ser convertido en diésel seguramente está ya en ligero descenso.



Esta falta de diésel es bastante grave, porque la mayoría de las máquinas de este mundo operan con diésel, así como todo el transporte terrestre de mercancías por carretera y una parte cada vez mayor de los coches (por el mejor rendimiento de los motores diésel respecto a los de gasolina). De hecho, la demanda de diésel en el período en cuestión no ha hecho más que aumentar, debido a entre otras cosas al desastre de Fukushima que ha hecho que Japón aumente sus importaciones (las centrales nucleares de Japón que se detienen por mantenimiento no se reactivan, en un plan del Gobierno para desnuclearizar el país,  y las necesidades de electricidad se están supliendo con generadores diésel y centrales térmicas alimentadas con diésel). Eso explica la escasez de diésel por todo el mundo, y pone muy complicada la vida para los proponentes de la absurda teoría del "peak demand" (que ya comentamos en este blog), y que alegan que las bajadas de producción en realidad se deben a una disminución buscada y pilotada del consumo vía, esencialmente, de la mejora de la eficiencia, y no de lo que parece estar pasando, que es la destrucción de la demanda.


Hay, sin embargo, un segundo efecto que cada vez se va oyendo más: la disminución de los márgenes de refino en las refinerías. Estos "márgenes de refino" se refieren al diferencial del precio de los productos refinados respecto al del petróleo del cual se extrajeron. Las refinerías tienen un control bastante preciso sobre sus costes de operación, pero no tanto sobre el precio al que le van a vender el petróleo y al que le van a comprar la gasolina y demás destilados. Como en todo el mercado de productos petrolíferos, es norma común hacer contratos diferidos en el tiempo, por ejemplo, a un mes, tres meses o seis meses. Los problemas vienen cuando te cuesta casar el precio del petróleo ofertado con el de la gasolina, gasóleo, etc demandado, sobre todo cuando los horizontes temporales de lo que compras y lo que vendes no casan (por ejemplo, petróleo a un mes con gasolina a tres meses). Las refinerías tienden a fijar un margen de refino de unos pocos dólares por barril, típicamente en el entorno de los 10 dólares, pero no es lo mismo ganar 10 dólares cuando el precio medio del barril está en 40$ que cuando está en 140$; pequeñas fluctuaciones del precio del petróleo, cuando éste está alto, puede hundir fácilmente el margen de refino hasta hacerlo negativo, como pasó en 2009 o le ha pasado a algunas petroleras en 2010. En el caso de las refinerías que pertenecen a una petrolera esto no es un problema, pero durante las últimas décadas las petroleras externalizaron esta parte del negocio, que siempre ha tenido márgenes más escasos, mejorando así su rendimiento pero fragilizando más aún el mercado del petróleo. Para acabarlo de agravar, las refinerías se enfrentan al problema de tener un exceso de gasolina. En efecto: al refinar petróleo uno puede variar un poco la cantidad de las dos grandes categorías de producto de refino (gasolina y destilados), pero no tanto como se querría, ya que la cantidad de petróleo que se acaba convirtiendo en gasolina oscila entre la mitad y dos tercios en los crackeados más típicos. Sin embargo, salvo en los EE.UU., en el resto del mundo ha habido una tendencia a pasar la automoción privada al diésel, disminuyendo así el consumo de gasolina. Por otro lado, la gasolina es utilizada prácticamente en exclusiva por la automoción privada, que es el sector que más ha reducido su consumo durante la crisis. Así pues, las refinerías deben equilibrar la venta de un producto de demanda a la baja, la gasolina, que es la mitad o más de su producción, con la de un conjunto de productos, entre los cuales entra el diésel, éste con una demanda al alza. No pueden subir mucho el margen porque se ahogarían en su gasolina sin vender, ni bajarlo mucho porque se arruinan. Consecuencia: las refinerías no encuentran su posición de rentabilidad, y comienzan a quebrar o a ser cerradas sine die. En EE.UU. observan asombrados que a pesar de la crisis y la caída de la demanda de gasolina su precio no para de subir por culpa de los cierres de refinerías. Al menos cinco refinerías de la costa este de los EE.UU. han cerrado en las últimas semanas, lo cual da la idea de cómo se está agravando el problema. El problema se está convirtiendo en sistémico en Europa también: setenta (sí, ¡70!) refinerías en toda Europa han cerrado o van a cerrar pronto; en la noticia que enlazo dicen que "por el embargo iraní", ya saben, ése que no entrará en vigor hasta Junio y para el cual, dice nuestro ministro, podremos encontrar petróleo de otros proveedores. Muestra cada vez más evidente de la dificultad de aceptar una realidad más compleja y desagradable. Y no se piensen que quiebran sólo refinerías pequeñas: Petroplus, la más grande en Europa, que suministraba el 4,4% de todos los productos consumidos en el Viejo Continente, y cuyas dificultades fueron recientemente glosadas en Crisis Energética, finalmente ha quebrado.


No cabe duda que estamos viviendo un momento histórico. Cada vez parece más probable que se cumpla la previsión que hacía el informe de Lloyd's de 2010 de que se puedan producir problemas de suministro en 2013. El resto del mundo, como acreditan las noticias enlazadas al principio del post, ya está ahí. Ya sólo faltamos nosotros. ¿Cómo se interpretarán mediáticamente estas dificultades? ¿cuántas guerras por los recursos se podrán justificar según la longitud de las colas en las gasolineras?


Apunte final: en Italia ha habido un bloqueo de varios días por parte de los camioneros, agricultores y pescadores que protestaban por los altos precios del carburante. Ha sido muy intenso en el sur, donde ha durado casi dos semanas y causado graves problemas, incluido el suministro de alimentos: un nuevo recordatorio de la fragilidad de nuestro sistema, y de que los problemas graves están más cerca de lo que nos pensamos. Pero Vd. no se ha enterado de todo esto, porque esta noticia conviene silenciarla, no sea que aquí la gente coja ideas. Es el pico de la información.

Salu2,
AMT

lunes 6 de febrero de 2012

Las mujeres y este blog

Queridos lectores,

Mi interludio se va a prolongar todavía un par de días más. El comentarista forrest gump, uno de los más activos, en ocasiones polémico y siempre polemista, me ha ofrecido un post sobre, una vez más, la cuestión femenina en relación con la escasez de recursos, que ya fue abordada con dos puntos de vista diferentes en un post de mi cosecha ("Las mujeres y el peak oil") y en otro de Natalia, más centrado éste en la cuestión de la maternidad ("Gestionando los recursos desde una maternidad consciente"). Siguiendo con mi voluntad (no entendida por todos los lectores) de abrir un tanto el blog para que sea una tribuna abierta desde donde pueda hablar cada cual que pueda expresarse coherentemente (esté yo o no de acuerdo con sus puntos de vista), me ha parecido interesante esta nueva vuelta de tuerca que nos propone hoy forrest gump. Y es que la vida es como una caja de bombones... Les dejo con él.

Salu2,
AMT

Como suele ser habitual, la imagen de introducción la he puesto yo (AMT) sin consultar al autor, haciendo una búsqueda un tanto aleatoria con Google, cómo no.


Porque aquí se ha hablado de "las mujeres y el peak oil", que no es estrictamente lo mismo.

El blog. Este blog. Un blog científico, y que no tan solo aspira a ser un referente en ese campo, el científico, sino que pienso que compartimos el que ya lo ha logrado en cierta, aunque aún insuficiente, medida.

Al ser un blog científico, es inevitable que la formulación concreta de su expresión escrita tienda a reproducir los esquemas y las formas del lenguaje que a la Ciencia le son propias. Por otra parte, pocas dudas caben al respecto de que la mayoría de lector@s que se atrevan a comentar tenderán a ser aquell@s cuya inteligencia goce, en mayor o menor medida, del talento lógico-matemático ---(el lingüístico se lo supongo a todo lector o lectora habitual de lo que sea, si no no leerían)---, uno de los ocho que, según las formulaciones actuales, forman parte de ese conjunto nunca totalmente definido ni definible que denominamos "inteligencia". Bien, l@s griegos antigu@s, que en muchas parcelas siguen estando por delante de nosotr@s en cuanto a según qué cosas y conocimientos, ya hablaban, solamente para el arte, de nueve musas, así que, bueno, pues siete u ocho ramas o talentos de la inteligencia, por qué no.

Bien, a partir de ahí, es un hecho que aquellas personas cuyos talentos sean otros, encontrarán más dificultades, les supondrá un mayor esfuerzo, seguir lo que se dice aquí. Y como resulta que este blog, a su carácter científico, y a falta de blogs más "ligeros" que le realizaran esa tarea, desea y necesita también aunar (y lo va consiguiendo) la vertiente divulgativa, nos encontraremos con que el lenguaje característico de él va a resultar bastante o hasta excesivamente duro, fatigoso de seguir, para muchas personas, sean éstas varones o mujeres.

Ítem más, es un hecho que pienso que nadie discutirá que la Ciencia, a lo largo de los siglos hasta quizá mediados del pasado siglo XX, excluyó explícitamente a las mujeres del "ejercicio" de la misma, pues ya se sabía, si hasta tardaron un milenio en concederles a ellas también su alma o entendimiento, qué les voy a contar que ya no sepan... Sí, claro, Marie Curie, pero para ello, aparte de ser una heroína súper woman, casualmente estuvo casada, a su vez, con un científico, así que estamos hablando de cuándo comenzó a haber una participación mínimamente representativa o numerosa de las mujeres en las tareas de investigación y para el avance del conocimiento científico.

¿Consecuencias de esta discriminación durante milenios? Bien, es un hecho (que supongo que nadie discutirá tampoco a día de hoy) que hombres y mujeres tener tenemos los mismos derechos, o deberíamos tenerlos, pero ser, ser, lo que se dice ser, somos diferentes, un bando juega con toda la información en su ADN, y a otros nos faltan determinados segmentos o cadenas en el dichoso cromosoma XY, concretamente, la patita que convertiría la Y en X. No, por supuesto que no somos diametralmente opuest@s, ni siquiera excesivamente diferentes, pero esas diferencias existen, y se reflejan, entre otros muchos aspectos, en el propio lenguaje, donde, en función de nuestro sexo, inevitable e indefectiblemente introduciremos nuestro matiz particular.

Ahora bien, ¿quién ha escrito y transcrito la información científica a lo largo de los siglos? Los varones, evidente. ¿Y qué consecuencias ha podido tener ello? Bueno, pues teniendo en cuenta que nuestra especie y nuestro cuerpo social lo constituimos personas de ambos sexos, más bien lo que cabría preguntarse es qué consecuencias no ha tenido tan lamentable lateralización del saber.

Así que vale, a las mujeres ya se las deja jugar con el invento, pero, eso sí, con las históricas y masculinas reglas de juego (y no solamente las del lenguaje) En buena parte, referido al lenguaje, ello es inevitable, pues si no, simple y llanamente, se perdería el saber acumulado, es un poco como cuando nos contaban la historia l@s historiador@s antigu@s (o much@s pseudohistoriador@s actuales). Hoy hace siglo y medio que sabemos que el motor de la Historia (aparte del Amor, claro) ha sido y es indiscutiblemente la Economía, y también sabemos que precisamente son las condiciones económicas, sociales y culturales de las diversas capas de la población las que generan las revoluciones o los procesos de cambio, y no l@s líderes, l@s reyes o emperatrices, pero en el pasado eso no lo sabían, por lo que nos explicaron la Historia como supieron. Pues con la Ciencia igual, el punto de partida es o la visión histórica masculina de la misma, o no es ninguna, por ahora.

La normalización del proceso requerirá, por tanto, salvar dos obstáculos. El primero, el derivado de que no se puede mantener impunemente marginada a la mitad de la población y luego esperar que, de buenas a primeras, ya lo hemos solucionado todo, aquí no ha pasado nada, y sigamos adelante. Ya, como nosotr@s, ilus@s de los sesenta/setenta, que una vez que comprendimos que el problema esencial era la monogamia institucionalizada, o incluso la monogamia, como único patrón de conducta erótico afectiva emocional posible, nos pensamos que tirar adelante una vivencia alternativa de la sexualidad sería coser y cantar. Pues tampoco, y a día de hoy vuelve a haber multitud de gente a quienes el simple hecho de cuestionarles la monogamia como modelo de relación lleva a que nos ganemos su más acérrima enemistad. O sea, no sólo no hemos construido nada alternativo, sino que en vez de avanzar cuatro décadas hemos retrocedido otras cuatro, con lo que el retraso ahora en ese tema ya es de ochenta años (y aumentando), con las fatales consecuencias que ello está acarreando y acarreará, pero en fin, no era el tema, sólo una referencia comparativa, y la cuestión está si con la Ciencia y la incorporación de la mujer no nos va a pasar igual, y de momento, que se está estancando es un hecho reconocido por divers@s científic@s, incluido nuestro amable AMT, y podría perfectamente ser que la poca participación femenina efectiva en sus tareas y conocimiento tenga algo que ver con ese estancamiento.

El segundo obstáculo, el ya referido del lenguaje. Yo estoy convencido de que si sobre ese tema sabemos abrir una vía que facilite la verdaderamente libre incorporación femenina a la Ciencia en general, y a este blog en particular, va a ser solamente cuestión de no demasiado tiempo que se llegue a un lenguaje común y compartido, sin diferencias ya apreciables en función del sexo del individuo, y que tampoco se diferenciará demasiado del vigente a día de hoy. Pero, claro, a la gente hay que darle su tiempo, dos mil o más años de histórica marginación cultural de las mujeres es obvio que no es algo que se pueda salvar, como segmento social, de un simple brinco.

¿Y qué pueden requerir las lectoras femeninas que quizá no encuentren, o apenas lo encuentren, en este blog? Pues hablando claro y llano, el "dónde está el alma de las cosas", lo que le pasa a tant@s niñ@s con el supuesto déficit de atención, "¿dónde está el afecto o el cariño de todo esto que me explican?", la visión humana, personalizada, los ejemplos adaptados a nuestra vida cotidiana, y hasta un cierto punto, y que se me perdone, un poco de cotilleo (contenido por supuesto en sus parámetros, salsa blanca), no vendrían nada mal, pues antes de poder "exigirle" a nadie que se ciña a las abstracciones hay que darle un margen o cancha para que cada cuál, sin temor al señalamiento o al ridículo, pueda expresar su opinión o su adhesión a lo expresado por otros u otras.

Pero claro, quiénes mejor que las propias mujeres para que digan qué encuentran a faltar aquí, o qué encuentran que sobra (aparte de mis comentarios, lo sé, pero es que, cotilleo, ser mensajero e intentar enlazar mundos os aseguro que es duro, duro, no le arriendo la ganancia al pobre Hermes, pues nunca te acaban de "querer" ni en un mundo ni en el otro, o te toman ojeriza por las noticias que les has traído, verbi gratia, que lo que necesitamos para salir de ésta es cuanto más sana sexualidad (que es gratuita y bien sostenible), mejor, y cuanta menos reproducción, también mejor.

Hablemos, no obstante, tod@s.

saludos cordiales.
forrest gump.

viernes 3 de febrero de 2012

La dificultad de romper la cáscara



Queridos lectores,

Mis muchos compromisos me quitan el tiempo necesario para terminar un post sobre un problema que nos va a afectar y gravemente pronto - el pico del diésel (espero que esté listo para principios de la semana que viene). Entre tanto, Juan Luis Chulilla acaba de improvisar un breve pero interesante post sobre la alienación social que nos produce el bien de consumo por excelencia: el coche. Les dejo con Juan Luis.

Salu2,
AMT


Un resumen urbano de la inevitabilidad del oil crash

Plaza de Jacinto Benavente, Madrid. 9:50. -2 grados en el termómetro digital de la marquesina. El autobús se retrasa. Van pasando los minutos, más de los 9 previstos para esta hora de un viernes. Los futuros pasajeros miramos hacia la calle de Atocha y descubrimos los motivos del retraso: dado que el párking está completo, los que quieren acceder a él se detienen y taponan el principio de la calle de Atocha. Ni un policía. Poco a poco, los coches van entrando en el párking, pero otros ocupan su lugar y la calle sigue taponada. Contemplamos nuestro autobús a 20 metros, sin poder moverse, durante 10 interminables minutos. A las 22:15 logramos subir al autobús.

Ver Atasco metafórico del oil crash en un mapa más grande
En su momento me he cabreado, y me ha tentado severamente acercarme a los que taponaban la calle para describir su genealogía por el lenguaje de gestos tradicional. Pero una vez que he entrado en calor en el autobús, la imagen me ha parecido perfecta: los que estaban generando ese atasco, calentitos dentro de sus coches, ni se inmutaban ante el atasco que estaban provocando, con los autobuses parados detrás suyo. Aunque era completamente evidente, aunque era una obscenidad que con esta ola de frío la gente estuviera esperando en la calle por culpa suya, no tenía la más mínima importancia. Lo único que importaba era que esos simpáticos ciudadanos habían decidido ir al centro de Madrid en coche, y si tenían que parar el tráfico para poder entrar al párking, pues lo paraban.

El coche ha cambiado nuestras ciudades y a nosotros de paso. Las boinas de contaminación que tenemos encima, las muertes y discapacidades sobrevenidas y el resto de efectos negativos que nos produce el abuso del coche son objetivos e indiscutibles. A poco que se sigue el desarrollo de los acontecimientos, cada vez es más evidente que esto no puede durar, porque estamos en las postrimerías de la era del petróleo barato.

Pero tanto los efectos objetivos como el futuro inmediato dan igual porque, además de cambiar nuestras poblaciones, nos han cambiado a nosotros. Y es muy sencillo visualizarlo: al transportarnos, nos encerramos en el interior de un coche, de un objeto tan central para nuestras vidas que, a pesar de que tiene ventanas transparentes, no nos deja ver lo inevitable del presente y del futuro. 

En su momento hablé del problema del coche como símbolo de status, pero es sólo parte de un problema más amplio. El coche ha condicionado la percepción de la mayoría de la población de los países desarrollados. Desde su interior no vemos, hasta el punto de que somos incapaces de imaginar nuestras vidas sin ellos.

Mañana, o pasado, o el año que viene, esos satisfechos conductores que nos habían dejado ateridos no podrán volver a hacer lo mismo. Como casi todos, renunciarán forzados al coche.

¿Qué será de ellos, cuando el oil crash les obligue a salir del coche y a ver?



Juan Luis Chulilla

martes 31 de enero de 2012

Cómo no vamos a salir de esta crisis

Imagen del blog de Stephen Rees, http://http://stephenrees.wordpress.com

Queridos lectores,

Hace unos días tuve el honor de participar en un acto organizado por el Ayuntamiento de Figueres; se trataba de una mesa redonda sobre cambio climático y el papel que han de tener los ayuntamientos para afrontarlo. Me invitó el propio concejal de Medio Ambiente, el cual, por cierto, no está nada conforme con el post que dediqué a la cubierta fotovoltaica instalada en una céntrica plaza de ésta, nuestra ciudad (me explicó sus motivos y aunque no los comparto plenamente al menos ahora puedo entender las razones que se adujeron en su día para justificarla). Y a pesar de esta, digamos, no muy apreciada carta de presentación quiso el concejal, que ya me había oído hablar en otro foro, contar conmigo para esta ocasión - imparcialidad que le honra.

Sin entrar en detalles, la mesa redonda fue transcurriendo por derroteros cada vez más sombríos: primero un empresario del sector de las energías renovables "de proximidad", realista y ponderado, describiendo las ventajas y los inconvenientes (y los innumerables obstáculos) de su actividad; luego yo, haciendo una rápida semblanza de la crisis energética global, su conexión con la crisis económica, y cómo la salida que absurdamente intentaremos nos llevará a agravar el problema del cambio climático (tema que ya abordamos en un post) sin cambiar significativamente el curso general de los acontecimientos, si no es a peor. Y por último habló el Director de Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS) de la Generalitat de Catalunya, con quien yo había coincidido el última día que estuve en Catalunya Ràdio (pero ésa es ya otra historia), el cual me sorprendió haciendo un discurso bastante negro y deprimente sobre el futuro que nos espera; con un ligero rayo de esperanza al final, pero que él mismo matizó a la baja.

Después del acto estuvimos varios de los asistentes, algunos de ellos con responsabilidades políticas, tomando algo (muy frugalmente, la austeridad está calando en la Administración) y observé algo que hace tiempo que vengo detectando: un cierto fatalismo madmaxista (como gustan de decir algunos lectores para describir visiones apocalípticas). Así, uno decía que el ser humano está abocado a su extinción, mientras que para otro la revolución sangrienta era el siguiente capítulo de nuestra historia. Y lo decían así, tranquilamente, como si la cosa no fuera con ellos, como si no fueran ellos y sus familiares los que vayan a ser pasados a cuchillo. El más moderado decía que sólo aprendemos a bofetadas y que sólo comenzará a haber una reacción cuando nos caiga la primera fuerte (lo cual, por desgracia, es bastante cierto: eso sí, falta ver si después nos podemos volver a poner de pie).

Lo preocupante de esta dosis de sobre-realismo que poco a poco va calando en ciertos estratos de nuestra clase política (los que tienen un contacto más directo y cercano con el administrado, me temo) es que tan fatídico para nuestro futuro es el exceso de triunfalismo y confianza en el futuro (el típico "no hacer nada" con el que históricamente se ha salido de las crisis en España) como el derrotismo absoluto y la inacción. Y ahí está el meollo de la cuestión que quiero discutir hoy: qué tipo de medidas y actitudes no nos van a permitir salir de esta crisis, sino que la van a empeorar.

Dejemos primero clara una cosa obvia para el lector asiduo de este blog: como tanto hemos repetido, esta crisis económica no va a acabar nunca, no al menos dentro de nuestro paradigma económico. El corolario obvio es que entonces tenemos que cambiar nuestro sistema económico y por ende el financiero: que no haya solución dentro de este paradigma, merece la pena insistir en ello, no quiere decir que no haya una solución saliéndose del paradigma, y ya discutimos aquí algunas maneras razonables de encarar esa salida por la tangente. Pero tal pretensión se considera tan disparatada y maximalista que no resulta aceptable, y por tanto se habla y se habla de reformar el sistema político cuando lo que falla y todo gangrena es el económico. Y esto lleva a una serie de actitudes disonantes características de nuestros representantes y de los propios ciudadanos, que en realidad tienden a empeorar la situación por no entender qué está pasando. A saber:

  • Inacción esperando el Deux ex machina: Ésta es la práctica más habitual en España en las últimas décadas. Consiste en esperar a que los países ricos de Europa (Alemania, Francia, Inglaterra, los países nórdicos) salgan de la crisis y mediante su envío de turistas y de inversiones nos saquen del marasmo. Seguramente ésta fue también la inconfesable apuesta del anterior Gobierno durante los primeros años de esta crisis, pero a estas alturas, con un 22,3% de paro, superando el paro juvenil el 40% y más del 50% de los empleados siendo mileuristas ningún Gobierno se puede permitir el lujo de cruzarse de brazos y sentarse delante de su puerta a esperar. Y es que los países ricos no acaban de remontar el vuelo, y todo apunta a que van a volver a entrar en recesión (en la nueva recesión).
  • Legislar mucho, sobre todo en materia fiscal: Ésta es la corriente que dominó la última etapa del Gobierno anterior y que domina la primera etapa del Gobierno actual. Como no se puede no hacer nada, vamos a hacer mucho, y como no sabemos el qué, vamos a actuar sobre los mecanismos más directos y que más conocemos. Si hay contracción económica, vamos a estimular la inversión disminuyendo la recaudación a los empresarios con bajadas de impuestos o reduciéndoles sus costes, sobre todo por la vía del abaratamiento del despido y las facilidades para reducir los sueldos - vía destrucción del concepto de convenio colectivo-, en el contexto de la mal llamada reforma laboral (que es en realidad una revocación de la legislación laboral vigente). Como por otra parte hay un desequilibrio fiscal importante (fruto del rápido y no previsto ni analizado descenso de ingresos por la propia caída de la actividad económica), se aumentan los impuestos a las clases medias y bajas, ya sea por la vía directa o la indirecta. El problema de tal manera de actuar es que se inhibe el consumo, en parte por pérdida de renta de la masa de consumidores, en parte por la creciente sensación de inseguridad y tendencia a ahorrar "por si vienen mal dadas", lo cual impacta negativamente en las empresas que se nutren del mercado doméstico. Durante un tiempo se ha compensado en parte este negativo efecto gracias a las empresas que se nutren del mercado exterior, esto es, de las exportaciones, pero ahora que hasta China y Brasil dan muestras de ralentización económica (cuando no de franca recesión) la caída de ingresos de las empresas es palmaria y por tanto la crisis se agrava: menos empresas, menos ingresos para el Estado, mayores problemas para equilibrar las cuentas -mayor déficit- etc en una espiral de autodestrucción.
  • Derrotismo y abandono: Algunos de nuestros representantes, que empiezan a interiorizar sin saber el por qué que de esta crisis no se sale, están comenzando a bajar los brazos y dejarse llevar, pero no confiando en que se arregle solo sino deseando que no se estropee mucho más. Encima cada día reciben un mayor caudal de descrédito y de desprecio por parte de los ciudadanos, cada vez más agobiados por una crisis que amenaza con sumir casi al 50% de los otrora ricos europeos en la pobreza y la exclusión (lo que también fue discutido con cierta profundidad en este blog). Todo lo cual vuelve a nuestros políticos un tanto cínicos y descreídos, aparte de ligeramente amargados, puesto que en muchos casos entraron con ganas de cambiar las cosas y las cosas les cambiaron a ellos. Este abandono es actitud humana pero infantil, e inaceptable en alguien que ha de servir de referencia y guía a sus conciudadanos en estos tiempos difíciles. 
  • Intentar resolver la crisis con medidas de ahorro energético: Otros identifican correctamente que hay un problema con la energía, pero se saltan la conexión energía-economía (como si fueran dos aspectos diferenciados e independientes) y creen que lo que se tiene que hacer es fomentar el ahorro y la eficiencia energética, aparte de la investigación en energía renovable. No tienen en cuenta que todo lo que uno ahorre necesariamente lo consumirá otro, porque el sistema económico busca maximizar el output (la producción, de lo que sea, bienes o servicios) y que por tanto nuestro sistema económico está programado para el despilfarro, no pudiendo funcionar eficientemente de otra manera. La eficiencia energética, otro de los lugares comunes de las propuestas de actuación política, no siempre es conseguible: a veces sólo nos fijamos en una parte del ciclo de vida de un producto -e.g., consumo de una bombilla eco-eficiente- sin tener en cuenta que el gasto total de energía es mayor -e.g., mayor coste energético de fabricación al implicar materiales raros difíciles de procesar e importados desde lejos, con reciclaje costoso). Incluso en los casos en los que se alcance una mejor eficiencia, en una economía de libre mercado tal ganancia de eficiencia implica un mayor gasto energético, y no menos (es la denominada "Paradoja de Jevons", que Quim discutió con detalle en un post). En algunos casos, cuando he señalado este problema con la eficiencia, los gestores apuntan acertadamente a la necesidad de regular el consumo de recursos, pero sin darse cuenta de que la implementación de tal restricción legislativa es incompatible con un sistema de libre mercado y que puede dar lugar a muchos problemas indeseables. Por último, respecto al fomento en la investigación en energías renovables, no deja de ser curiosa tal afirmación, como si no lleváramos décadas invirtiendo e investigando en tales fuentes, y como si porque ahora lo necesitamos obtendremos aquello que queremos (y eso sin hablar de los límites de potencial máximo y de otros tipos que tienen). Pero lo que más me alarma es que la gente que me oye hablar de crisis energética y está concienciada tiende a incidir en el ahorro energético, y no se dan cuenta de que su problema no es energético en primer lugar, sino económico. Qué más da que ahorre una energía (que al final consumirá otro) si su problema es que no tiene capital para sufragar sus proyectos, para el mantenimiento de la infraestructura, para preservar el empleo, para dar de comer a la gente... La crisis energética es sólo el síntoma; el problema es más grave y más profundo, y no es otro que la inviabilidad del sistema económico y productivo (y por ende financiero) tal y como está planteado. Intentar actuar sobre la crisis energética, el síntoma, es como pretender curar un cáncer con aspirinas sólo porque al paciente le duele la cabeza.
  • El exceso de garantismo: Justamente el otro día, cuando empezamos a hablar más seriamente de estos temas y mis interlocutores estaban dispuestos a ir un poco más allá, surgió una cuestión que yo creo que a la larga será clave: la necesidad, en ciertos momentos, de saltarse un poco a la torera la legislación vigente. No estoy hablando, por supuesto, de transgredir la legislación penal ni cualquier otra que afecta a la salud y el bienestar de las personas, sino la meramente administrativa surgida de un entorno de amplios recursos donde la actividad está más controlada y reglada y la parsimonia es la norma, lo cual puede ser letal cuando tu objetivo es asegurar el alimento de la gente. No pude desarrollar mi argumento porque mis interlocutores se alarmaron ante mi afirmación inicial, puesto que la Administración no debe violentar las normas (a pesar de lo muy frecuentemente que lo hace, y en materias penalmente más graves). Sin embargo, yo pienso en cosas muy básicas y banales. Por ejemplo, seguro que la normativa del municipio X no permite tener un huerto en un solar abandonado si no se cumplen los trámites Y y Z; pues bien, es simplemente "hacer la vista gorda" con esa normativa, o incluso derrogarla, si con ello vamos a solucionar un problema mayor, aunque la ciudad se nos vuelva estéticamente un poco menos chic (por ejemplo en mi ciudad no está permitido tender la ropa si ésta se ve desde la calle, con lo que la gente que sólo tiene un balcón generalmente se tiene que comprar una secadora si no quieren pagar multas recurrentemente). En suma, que resulta conveniente tener un poco más de cintura para poderse adaptar a una situación que aún hoy suena a inimaginable y de locos, pero que no faltando tanto tiempo será nuestro pan de cada día (y que nos lo den cada día).
  • Voluntarismo mal entendido: El otro día la nueva alcaldesa de Madrid hacía un llamamiento a que sus ciudadanos se hiciesen cargo de los servicios de manera voluntaria (suena increíble, pero la noticia es cierta). Lo cual está muy bien, porque uno de los elementos clave de la transición es el apoyo de la comunidad. Lo que demuestra que la Sra. Alcaldesa no ha entendido la substancia de la situación es su afirmación "Me gustaría que esos espacios públicos, centros culturales, polideportivos, que hemos construido y por la crisis no podemos atender a todas las necesidades que requieren, los madrileños se implicaran para hacerlos rentables". Negrita del original de la noticia, y muy oportuna, porque ahí está la clave del error de la señora alcaldesa, o bien que le traiciona el subconsciente y dice lo que debería callarse, y es que su motivación es la rentabilidad, no el servicio. Está claro que la vía a seguir es la de la implicación ciudadano delante de unas instituciones que fallan, aunque para cosas más importantes que mantener unos polideportivos (cuyo mantenimiento, como siempre pasa en España, no fue contemplado como gasto recurrente por la Administración contratante). Lo que pasa es que si los administrados toman el papel de administradores, ¿para qué quieren entonces a la Administración? La socialización de la gestión implica la pérdida de sentido del Ayuntamiento. Aunque posiblemente muchos Ayuntamientos quiebren y sean estos ayuntamientos oficiosos y voluntarios los que ejerzan al final de poder local real. En todo caso, este tipo de "solución" no sólo no resuelve el problema, sino que crea uno nuevo: el de la eliminación de la Administración local por la vía de facto (lo cual recuerda mucho a la fase 3 del colapso).

En suma, una curiosa colección de mala praxis para gestionar una situación inédita, cuando más que nunca se necesita claridad de ideas y firmeza de actuación. Pero para lo cual probablemente el propio pueblo ha de tener las ideas claras, y la primera cuestión es, insisto, comprender qué está pasando (una carta sencilla para los que aún no lo entienden), y delante de ello actuar como un adulto, no como un niño. Ahora, vuelvan a leer las propuestas utópicas que hicimos en su día, y párense a pensar si no son en realidad mucho más prácticas que lo que se está haciendo.


Salu2,
AMT

sábado 28 de enero de 2012

Gestionando los recursos desde una maternidad consciente

Maternidad, de Pablo Ruiz Picasso


Queridos lectores,

En varias ocasiones se ha hablado aquí del control de la población, de cómo gestionar la violencia que viene, de las inevitables guerras, hambrunas o epidemias... todas ellas visiones muy masculinas de cómo deben gestionarse las relaciones interpersonales de la transición, muy viriles, muy "guerreras". Quizá convendría por una vez tener otra visión, de ese 50% de la Humanidad que muchas veces es invisible y que, en particular, raramente participa en este blog. Por eso creo que es una ocasión especial contar hoy con el post que ha escrito Natalia. En realidad su post no va de escasez de recursos o de cómo gestionar la crisis, sino de cosas más básicas y que en realidad están antes. Quizá de ser atendidas cosas antes no habría ese después del que tanto hablamos en este blog.

La visión de Natalia es muy diferente de la que predomina en este blog, y probablemente no será del gusto de muchos lectores habituales. Les invito, sin embargo, a leerla sin prejuicios, a ver un poco más lejos, a ver cómo, en realidad, de lo que habla Natalia es de lo mismo sobre lo que damos tantas vueltas... pero yendo más directamente al grano.

Les dejo con Natalia. Salu2,
AMT

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El presente post se escribe desde el contexto de una crisis que no acabará nunca, tal como nos ha recordado Antonio en otro post anterior, teniendo como posible escenario generalizado una gran exclusión social debida a la crisis económica que, como sabemos los que aquí comentamos, va de la mano de una crisis de recursos, energética y ecológica . Cada vez se hace más urgente gestionar los recursos de que disponemos de una manera consciente, prudente y moderada, para que nuestras necesidades básicas y las de nuestras familias estén cubiertas.


He incluido el término de maternidad consciente ya que las madres somos el núcleo sobre el que nos sustentamos como especie. Somos la urdimbre de este tejido social. Los hombres, padres o no, y las mujeres que no son madres forman la trama de ese tejido humano. Sin urdimbre no hay tejido. Sin trama, tampoco.


Cada vez que aparezca la palabra madre hay que entenderla como persona maternante de una criatura humana, esto es, como persona base de conexión emocional, de alimento y de cuidados de dicha criatura.


El Dr. Michel Odent es un conocido obstetra francés que creó en Londres el “Centro de Investigación de Salud Primal”, centro donde recopilan estudios publicados en revistas científicas y médicas en las que se investiga la relación entre el periodo primal (que comprende desde el embarazo hasta un año después del nacimiento) y la capacidad de amar del individuo. Así, se descubrió que las conductas violentas en edades adultas están asociadas a “complicaciones” durante el nacimiento, junto a una temprana separación de la madre o rechazo por parte de ella.


La hormona oxitocina se encuentra en medio de cualquier aspecto relacionado con el amor. Es primeramente secretada por el hipotálamo; posteriormente, pasa a la glándula pituitaria posterior donde, bajo circunstancias específicas, como puede ser un parto, es liberada repentinamente al torrente sanguíneo de forma pulsátil.

Las betaendorfinas liberan prolactina, una hormona que le da el toque final a la maduración de los pulmones del bebé y que es necesaria para la secreción de la leche materna. A la vez, durante el parto, el bebé libera sus propias endorfinas. Es en este momento en el que se establece esa relación de apego o vínculo.


Sin embargo existen otras hormonas, como la adrenalina, que inhiben a las anteriores y que son liberadas cuando los mamíferos tienen miedo o sienten frío. Estas hormonas nos preparan para un posible caso de huida o lucha, y permite a una madre en fase de parto, detener el mismo y posponerlo. Otro potente inhibidor del parto es el neocórtex. Para que el parto se produzca el neocórtex tiene que reducir su actividad, permitiendo al “cerebro primitivo” tomar el mando. Luces intensas, conversaciones lógicas, ruidos, o un ambiente desconocido, alteran la fluidez durante el parto. Para sentirnos seguros, antes nos debemos sentir protegidos. Lo que consideramos la manera normal de nacer es una manera violenta de venir al mundo, es una manera violenta de dar a luz.


Cuando el proceso del nacimiento se vea como un período importantísimo en nuestra capacidad de amar, nuestra visión de la violencia cambiará.


Frederick Leboyer en su precioso libro “Por un nacimiento sin violencia”, nos acerca al nacimiento desde la perspectiva del bebé, otorgándole el papel protagonista que le pertenece.


John Bowlby escribió un artículo titulado "The Nature of the Child's Tie to his Mother". Por su parte Harry Harlow publicó el mismo año "The Nature of Love”. Ambos escribieron sobre el apego y su función primordial en la salud del bebé.


Otros estudios antropológicos realizados por Margaret Mead en su extensa obra, Jean Liedloff en su obra “El concepto del continuum”, o Meredith F. Small en “Nuestros hijos y nosotros”, nos recuerdan que las sociedades más apegadas y cuidadosas con la naturaleza, en las que predomina la armonía, son aquellas que tratan a los niños con igualdad, dignidad y respeto. Los niños están incluidos en todos los ámbitos de la vida y se les tiene en cuenta para la organización de cada aspecto de la misma. Sin embargo en las sociedades guerreras, los niños son tratados con dureza y educados para ese fin en su vida futura.


Se puede concluir, por lo tanto, que si deseamos una sociedad más justa, donde las personas sean tratadas con dignidad, respeto e igualdad, hemos de tratar amablemente a los niños.









De la misma manera, las madres que están criando necesitan sentirse protegidas y cuidadas, para poder cuidar adecuadamente de su criatura. Es por esto que se dice que para criar a un niño hace falta toda una tribu. Antonio escribió en un post anterior sobre lanecesidad de la comunidad para resolverse en los duros tiempos que se avecinan, y las madres y sus bebés son especialmente vulnerables a la falta de esa comunidad.


A su vez, tienen mucho que aportar. Ya nuestro cuerpo durante el embarazo, momento especial en el que se ha de nutrir a otro ser vivo, se vuelve más efectivo con los alimentos que ingiere la madre. Lo que antes alimentaba a uno, ahora lo hace para dos personas.


Cuando nace el bebé, aprendemos a utilizar las dos manos para tareas en las que antes sólo sabíamos utilizar una sola, como comer, por ejemplo. Aprendemos de manera exponencial a prestar atención a dos, tres o incluso más tareas a la vez. Nuestro cuerpo se prepara para cobijar durante muchos meses a la criatura recién nacida. Nuestra mente focaliza la atención en todas las áreas cerebrales que impliquen una mayor efectividad para ofrecer cuidados y atención. Otras áreas tales como las implicadas en el lenguaje, son relegadas a un segundo plano. (Ver “El cerebro femenino” de la neurobióloga Louann Brizendine).


Hay numerosos autores que han publicado el resultado de sus investigaciones y sería demasiado extenso mencionarlos y resumir el aporte de cada uno de ellos en un solo post, por lo que intentaré aumentar la información en los comentarios. 

En nuestra sociedad disponemos actualmente de una gran cantidad y variedad de recursos. Éstos han moldeado la cultura en la que vivimos, con sus límites e ideas. Recuerdo el parto de mi primera hija. Venía de nalgas y esta posición está considerada como “peligrosa”, por lo que la solución a este problema es practicar una cesárea. Sin embargo yo tenía suficientes conocimientos como para elegir con conciencia qué opción tomar. Mi hija nació de nalgas en un parto natural que duró unas tres horas en una maternidad muy especial donde mi elección fue respetada. Mi segunda hija nació en casa, frente al fuego del hogar. La recogieron su padre y una amiga que nos acompañaba esa noche. La matrona se presentó unos minutos más tarde para observar que mi evolución y la de mi hija fueran las adecuadas. No necesité nada más, así que liberé recursos para que repercutieran en el resto de la sociedad. 



Un día cualquiera en nuestras vidas puede transcurrir aproximadamente así:


Nos levantamos con el sol y desayunamos unas mandarinas, algo de pan tostado y yo me preparo un café, que me tomo con la conciencia de estar disfrutando de un lujo. La mañana se nos pasa en encender el fuego y preparar la leña, dar de comer a las gallinas y al gato, recoger los huevos, leer algún libro y practicar alguno de los últimos conocimientos que hayamos adquirido. En mi caso hace poco he aprendido a tejer. Mi hija está fascinada con las matemáticas y utilizamos garbanzos, lentejas, macarrones o piedras para resolver los problemas. Posiblemente también realice algún juego creativo donde se invente historias, o comience una manualidad que le permita adquirir una habilidad o un conocimiento nuevo. Mientras tanto he amamantado varias ocasiones a mi bebé, que habrá dormido alguna que otra vez. Su papá ocupa el tiempo fuera del trabajo en finalizar aquellas tareas que se hayan quedado pendientes, o en atender a alguna de sus hijas. Preparamos la comida, que en escasas ocasiones llevará carne. Después de comer, si el tiempo lo permite, recogeremos ramas secas del bosque que tenemos cercano a casa, o quizá esparto para alguna manualidad. Con facilidad nos cruzaremos con alguno de los pastores del pueblo y yo intentaré concluir algún trueque de leche o lana por otros alimentos. A su vez visitaremos a los vecinos de al lado para darles mandarinas a cambio de las patatas que recibimos hace unas semanas atrás. Llegará la noche y cenaremos aprovechando el horno de leña unas patatas asadas, que acompañaremos de los huevos que hemos recogido de nuestras gallinas. Cuando llegue la hora de dormir, a pesar del cansancio, tendremos la sensación de que faltó tiempo para todas las cosas que deseábamos hacer. Con calma, nos acostamos sabiendo que mañana comienza un nuevo día y que miles de nuevas opciones se abren ante nuestros ojos.



Buenas noches.

martes 24 de enero de 2012

Amortiguador logístico y local a la crisis energética




Queridos lectores,

Después de tantos post tan negativos sobre las alternativas renovables, el post de hoy corre a cargo de un viejo conocido de este blog, Juan Luis Chulilla, quien nos brinda algunas ideas útiles sobre una cuestión clave y poco discutida de la crisis energética: las necesidades logísticas. Les dejo con Juan Luis.

Salu2,
AMT

Amortiguador logístico y local a la crisis energética




(CC-By) Juan Chulilla


Cada vez hay que hacer un esfuerzo de voluntad más férreo, cada vez hay que ser más disciplinado en el wishful thinking, para negar el escenario que nos espera en el futuro cercano: la oferta energética no va a poder satisfacer la totalidad de la demanda. Antonio lleva más de dos años ilustrándonos con análisis propios y ajenos distintos aspectos de este cuadro.



Podríamos dejarlo aquí, dado que es tan innegable como inevitable... si no se matiza. Efectivamente, la oferta energética no va a poder responder a la demanda energética tal cual es hoy en día. Como quiera que los homo sapiens somos muy buenos en hacer de la necesidad virtud, hay espacio para una reflexión positiva y realista, sin wishful thinking por un lado ni madmaxismos por otro. No sé vosotros, pero a mí el cuero con tachuelas me quedan fatal y sé quién saldría de la cúpula del trueno con aquello de “dos hombres entran, uno sale”: no sería yo.



A lo que voy. La demanda energética es más elástica de lo que parece, si pagamos distintos precios. Como Antonio nos ha ido comentando, uno de los precios va a ser el del transporte privado. De hecho, en colaboraciones anteriores hablé del problema del coche como símbolo de status, con lo que huelga repetirlo. Sin embargo, el transporte privado es una parte hasta menor de un problema mucho más general, de uno de los problemas esenciales de la humanidad de nuestro tiempo: la logística.



Si tengo que ir al curro en tren en vez de en coche (no es mi caso) y le tengo que echar 4 horas en vez de una es una faena tremenda, pero puedo vivir con ello. Si la flota logística mundial transporta menos productos de primera necesidad, no es una faena: es un peligro mortal para poblaciones enteras. Las dos maravillas de la logística industrial y postindustrial es que es eficaz a escalas inimaginables hace 60 años, o incluso 30, y que es transparente. Y la sostienen la energía barata, lo que tienen los días contados, y la digitalización de la cadena, lo que tiene margen para la mejora.



Vaya por delante que las mejoras en la digitalización de la cadena no pueden compensar la caída de la energía barata, pero sí aminorar un poco su impacto. Sobre todo, si deja de ser transparente: nuestro día a día ha provocado que nos resulte invisible el trasiego de mercancías por nuestros núcleos urbanos, a fuerza de verlo. Sólo una minoría de la población es consciente de las enormes distancias que recorren nuestras mercancías, y del kilometraje excesivo consecuencia de las economías de escala dependientes de la energía barata. Lo mismo que es más barato producir en China y transportar en enormes portacontenedores a Rotterdam, es más barato producir los componentes del ketchup en gran escala en donde sea más barato de Europa y mezclarlos en UK.



Si la población es consciente de que la cadena logística puede mejorar, que es necesario que mejore y que una de las mejoras consiste en eliminar los kilometrajes innecesarios, aumentarán la presión para reconfigurar las cadenas de producción. Los logos pueden llegar a ser muy poderosos si adquieren viralidad, con lo que a lo mejor sería muy útil que, una vez que empezara el movimiento de limitación logística, los fabricantes que se adhirieran a él usaran un logo impactante. Algo así






Claro que la disminución de la huella logística de un producto no acaba ahí. Podemos dar un paso más y apostar por la vuelta del granel, tanto en envase reciclable como en sobre de papel.



Cuando vayáis a una gran superficie, paraos a observar las estanterías repletas de productos. Una orgía visual y de colores envuelve a cada alimento o bebida. Si las bandejas de poliuretano expandido son obligatorias de facto para envolver carne o pescado y muy habituales para fruta y hasta verdura, ahora plastificamos hasta la herramienta más inane para colgarla de su gancho en el expositor. Cada producto consume no sólo cantidades nada despreciables respecto a su masa de envoltorio y decoración del mismo, sino que además ocupa mucho más en el transporte.



Es obvio que no se puede volver de golpe a las compras que hacían nuestras abuelas, pero algunos pasos son sencillos: desde el envase retornable en refrescos y bebidas alcohólicas, a rechazar el embalaje en poliuretano del máximo de productos posibles, para llegar a una conciencia cívica y social de la falta de necesidad de tanta fanfarria marketiniana. Y esto no es político o estético, sino energético: transportar barriles de bebidas, o alimentos a granel, es más eficiente que empaquetarlos en cómodos packs.



La ciudadanía y su conciencia es imprescindible. Vuelvo a la idea sencilla, hasta tonta, de un logo que podría convivir con el caracol. Aquí no lo veo tan obvio, pero quizás un paquete abierto, o un cucurucho... (perdonad si el arte gráfico no es lo mío).




Y por no extenderme demasiado, una última medida logística, aún más social que la anterior: volver a la fabricación local aprovechando el conocimiento distribuido.



Las lamentables condiciones de trabajo en China y otros países en desarrollo provocan que sea muy barato producir en grandes fábricas al otro lado del mundo. El fin de la energía barata romperá esa situación, y la única solución nace del decrecimiento o downshifting. Pero ese decrecimiento, tan inevitable como deseable, no tiene por qué ser en bruto, lineal.



Ocurre lo mismo que con la logística: de tan abundante, es invisible. En este caso, las fábricas se han alejado de las zonas residenciales, y sólo una minoría pequeña de la población conoce de primera mano los procesos de fabricación de los bienes. Contando con que el decrecimiento reducirá la masa de productos fabricados y por lo tanto la ventaja de la economía de escala, la fabricación local puede responder muy bien a la nueva situación. No sólo por reducir la huella logística de productos elaborados - recordemos, hasta ahora hay que moverlo todo, la materia prima y el producto elaborado, por medio mundo - sino que con apoyo digital se puede ajustar mucho más el stockage y el volumen de fabricación a demandas mucho más precisas. Dell en su día fue un ejemplo de cómo reducir al mínimo el stockage de componentes aprovechando la cadena de distribución basada en Internet.



Pero eso es sólo el principio. El problema de la fabricación industrial convencional es que exige el empleo de máquinas herramienta enormes, caras y complejas de operar. Aunque no sea el ejemplo más positivo, el Kalashnikov es “barato” porque hay en Izhmash y otros lugares líneas de producción kilométricas que permiten producciones millonarias. Sin embargo, el auge de las tecnologías digitales ha provocado que la Ley de Moore influya también en el coste de las máquinas-herramienta asistidas por ordenador o CNC: cortadoras, prensadoras, rematadoras, etc. Siguiendo con el ejemplo, el abaratamiento de las CNC permitió que en USA floreciera una red de pequeñas empresas de armamento basadas completamente en CNC, lo que les aseguraba tanto unas calidades y acabados muy estrictos como les permitía que tiradas muy cortas fueran viables y ajustables a la demanda, en lugar de almacenar kilómetros de armeros.



La ley de Moore se sigue aplicando a los procesos de fabricación, y hay margen para la mejora. No sólo eso, Internet ha entrado de lleno y ha provocado su típico efecto disruptivo: si antes de Internet era complejo acceder a los conocimientos necesarios para operar máquinas CNC, hoy hay comunidades de particulares que adquieren máquinas baratas y/o usadas y las operan adquiriendo y compartiendo conocimiento.



Como ejemplo de comunidad (amateur, sin pretensiones profesionales, pero aún así impactante) tenemos thingiverse (http://www.thingiverse.com). Os recomiendo un paseo a los que no la conozcáis, porque es un ejemplo magnífico de lo que puede lograr una comunidad motivada para la autofabricación.



De hecho, en thingiverse vemos gran cantidad de ejemplos de unos dispositivos con más publicidad mediática: las impresoras 3D. Estos aparatos, que lentamente y capa a capa extruden un modelo plástico a partir de instrucciones del ordenador, bien pueden ser el anticipo de una revolución que algunos creen cercana, la autofabricación en casa. Sin embargo, hoy por hoy no solucionan la mayoría de las necesidades reales de objetos y productos fabriles de primera necesidad.



Por otra parte, si se distribuyen y abaratan las máquinas CNC, si se distribuye el conocimiento de operarlas y, como vemos en thingiverse, modelos digitales para fabricar productos reales, la fabricación distribuida, plenamente local, podría ser una realidad en relativamente poco tiempo. Esto tendría el beneficio añadido de dar empleo a las masas de desempleados habidos y por haber.



En resumen: la conciencia de la logística moderna, sus problemas y sus soluciones permiten ser optimistas hasta cierto punto y asumir que, con más decisión que suerte, el downshifting puede no ser catastrófico