lunes, 21 de octubre de 2019

Agitación

Rambla de Figueres, mediodía del 18 de octubre de 2019
 
Queridos lectores:

Como sabrán, hace tiempo que sostengo la idea de que la crisis catalana tiene probablemente mucho que ver con la forma que tomará el colapso en España. A la creciente conflicitividad en Cataluña le he dedicado ya muchos posts en este blog; y, teniendo en cuenta los sucesos recientes en este rincón del mundo donde vivo, parece que es bastante natural que escriba una crónica desde aquí tanto sobre lo que está pasando como sobre lo que no está pasando.

Primera una cuestión de orden: según en que lado de la divisoria entre los defensores de la independencia de Cataluña y los defensores de la unidad de España uno se coloque, suele usarse una cierta terminología para referirse a su propio grupo y al contrario. La terminología escogida por los partidarios de la independencia de Cataluña suele ser "independentistas", para ellos mismos, y "unionistas" (o a veces "españolistas") para los otros, en tanto que para los defensores de la unidad de España la terminología habitual para referirse a sí mismos es "constitucionalistas", en tanto que para los otros se les denomina tanto "independentista" como "separatista" (generalmente dependiendo de la afiliación política de quien habla). En mi caso, como he explicado muchas veces, yo no me sitúo ni a un lado ni a otro (por razones que son fáciles de entender), así que intento usar una nomenclatura con la que todo el mundo se sienta identificado. Por tanto, a los partidarios de la independencia de Cataluña les denominaré "independentistas", término que parece ser bastante aceptable para todo el mundo. En cuanto a los defensores de la unidad de España ningún término me parece aceptable: "constitucionalista" se refiere a una constitución particular, la española de 1978, que no solo reivindica la unidad de España sino que cuela muchas otras cosas de rondón, y además parece un término poco apropiado si el otro grupo se acaba dotando de su "constitución"; "unionista" tampoco me parece acertado, ya que más que defender una unión lo que se defiende es un statu quo; y "españolista" tampoco lo veo acertado por motivos similares a lo anterior y porque además parecería que se quiere achacar al otro grupo, así en su conjunto, una visión rancia y esencialista (como ya discutí en su día) que no tiene porqué ser la que le represente en realidad. "No independentista" tampoco es demasiado bueno como término, ya que daría a entender que hay solo dos grupos cuando, entre medias de ambos, hay gente que como yo que no queremos la independencia de Cataluña y que además creemos que sería contraproducente para los ciudadanos de Cataluña y de España, pero que por otro lado creemos que en una democracia todo se puede hablar y discutir, que una nación moderna se debe definir por un consenso de sus ciudadanos a querer formar libremente parte de ella, y que por tanto defendemos el derecho de los independentistas a pedir un referéndum y a acatar su resultado si es lo que la mayoría de la población de Cataluña quiere. Por tanto, y  a falta de nada mejor, les denominaré "contrarios a la independencia", de Cataluña siempre sobreentendido.

Comencemos por la parte meramente descriptiva de lo que ha pasado estos últimos días: el lunes pasado, el Tribunal Supremo (TS) de España dictó sentencia contra los nueve líderes catalanes que llevaban en prisión preventiva aproximadamente dos años. El TS consideró probado que no había habido una violencia instrumentalmente ligada a la intención de conseguir la independencia de Cataluña; no solo eso, sino que - como muchos defendimos en su momento - no había capacidad real de declarar la independencia y que toda la agitación de aquellos días no fue más que una representación destinada a forzar al Estado español a negociar. Consecuentemente, condena a los acusados con responsabilidad en la gestión del dinero de la Generalitat por malversación, a los cargos que no tocaron el dinero por desobediencia y a todos por sedición. Las penas finales oscilan desde los 13 años de prisión decretada al exvicepresidente Oriol Jonqueras hasta los 9 años para Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, que entonces eran presidentes de las asociaciones civiles Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, respectivamente.

Como reacción a la sentencia, el mismo lunes 14 surgieron muchas protestas más o menos espontáneas, con multitud de cortes de carreteras y de vías (aquel día volver a casa me llevó ocho horas, en vez de las dos habituales). Sin embargo, en un salto cualitativo sin precedentes en esta historia, apareció un nuevo actor denominado Tsunami democràtic, un grupo organizado a través de las redes sociales y con una gran maestría en la gestión de las mismas; con una capacidad de movilización inaudita, consiguió concentrar a unas 10.000 personas en la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona con la intención de colapsarlo. Los manifestantes fueron tenidos a raya aunque con gran esfuerzo por los agentes antidisturbios de la Policía Nacional española y de los Mossos d'Esquadra (policía autonómica catalana), pero aún así consiguieron en parte su objetivo al lograr que algunos vuelos fueran cancelados. Después, hacia la medianoche el Tsunami Democràtic ordenó la desmovilización a través de los teléfonos celulares y el grupo se fue disolviendo de manera bastante rápida. Desde entonces, el grupo guarda silencio sobre las futuras acciones, posiblemente para evitar que se le vincule con los altercados de las noches siguientes.

Y es que durante las siguientes jornadas la situación degeneró de manera considerable. Las noches del martes al viernes han sido de auténtica batalla campal entre la policía y los manifestantes más violentos en el centro de Barcelona, con barricadas, contenedores incendiados y continuo lanzamiento de objetos por la parte de los alborotadores, mientras la policía se empleaba con contundencia para contenerlos. Estos altercados de madrugada han eclipsado las manifestaciones que los han precedido (y para los cuales han servido de excusa) y las diversas acciones de protesta pacífica de estos días, incluyendo las largas marchas desde diferentes puntos de la geografía catalan que culminaron en una multitudinaria manifestación el viernes - día para el cual, por cierto, se convocó un día de huelga con desigual seguimiento.

Las dos últimas noches, del sábado y el domingo, han registrado un cierto cambio en el patrón de la violencia callejera. De una parte, los manifestantes se han esforzado en aislar y expulsar a los que quieren aprovechar las protestas para generar disturbios, arrastrando a veces consigo a los más jóvenes e inconscientes; por el otro lado, la policía ha intensificado los filtros para evitar que algunas personas introdujesen en los lugares de concentración objetos apropiados para la batalla campal. Ambas cosas han conseguido que los disturbios de las últimas horas hayan sido prácticamente anecdóticos, aunque la situación continúa siendo tensa.

Respecto al escenario político, las palabras que mejor definen lo que pasa es ruido y confusión. La maltrecha unidad de acción de los partidos independentistas ha acabado por saltar por los aires con estos eventos; mientras el president Quim Torra apuesta por intentar, una vez más, hacer un referéndum de autodeterminación en Cataluña, sus socios de gobierno prefieren la moderación y ampliar la base social del apoyo a las tesis independentistas; en todo caso, ninguno de ellos es capaz de formular un plan para salir de este atolladero. En el ámbito de los partidos estatales, y con la espada de Damocles de las elecciones del 10 de noviembre colgando sobre sus cabezas, el discurso político está dominado por la alharaca; no hay reflexión, solo grandes voces y golpes en el pecho, y continuas llamadas por los partidos actualmente en la oposición a intervenir la desleal autonomía de Cataluña por medios legalmente dudosos, mientras que el presidente del Gobierno español en funciones parece que ni está ni se le espera, y tampoco parece que nadie haga una propuesta lógica sobre cómo detener y revertir la escalada del conflicto.

Éste es el resumen acelerado de los hechos. Analicemos ahora con un poco más de detalle su contenido. 

Comencemos por la sentencia en sí. Es evidente e indisimulable que en su huida hacia adelante de septiembre-octubre de 2017, los partidos independentistas cometieron muchos delitos. Se podría argumentar que estos delitos los cometieron de una forma consciente y justamente para favorecer un cambio en la postura del Estado español, justamente para conseguir un progreso político. A veces en política es legítimo traspasar ciertos umbrales legales como un acto extremo de protesta, pero cuando lo haces aceptas las consecuencias que se derivan de tus actos. Uno de los problemas con la sentencia es que hay muchos delitos cometidos que no han sido juzgados: prevaricación, prevalimiento, abuso de poder... Todos ellos graves y que los acusados difícilmente podrían negar haber cometido. Pero el mayor problema de la sentencia es el delito que se ha escogido para la pena principal, el de sedición. Como han explicado varios catedráticos de derecho, la sedición es un delito arcaico que data de antiguas leyes medievales, y eso se refleja en el uso en su definición de palabras hoy en desuso como "tumulto". En la época de las monarquías absolutas, un grupo de campesinos que se reunían y protestaban públicamente contra los impuestos excesivos podrían ser reos de sedición. Por supuesto se asumía que no había armas de por medio (esto sería ya rebelión), así que lo que diferenciaba una protesta dentro de los límites razonables de una sedición era el carácter "tumultuario" de la concentración, es decir, que fuese ruidosa y/o masiva. Lo que viene siendo una manifestación hoy en día, vamos. En los estados modernos, al recogerse en su legislación el derecho a la manifestación, han desaparecido mayoritariamente los delitos de sedición, siendo España una de las pocas excepciones reseñables (cosa que por cierto va a complicar la extradición del expresidente Puigdemont, huido a Bélgica cuando fue citado a declarar). Siendo como es un delito contra el orden público, llama la atención que el delito de sedición esté castigado con penas tan elevadas comparado con otros delitos semejantes, como el de desórdenes públicos (mención aparte merece el hecho que la sentencia abre la puerta a calificar como sedición cualquier obstrucción a la acción de la justicia, desde las acciones anti-desahucio hasta los cortes de carreteras por protestas por el clima). Destacados penalistas han resaltado la contradicción que supone que en una sentencia que califica los hechos de simulación y de ensoñación acabe condenando a los reos a penas comparables a las de un homicidio. Esta desproporción en las penas (que llega a verdadera saña en el caso de los dos Jordis, pues eran gente sin responsabilidades públicas) aumenta el sentimiento de agravio y de persecución ideológica en la población independentista (que, no lo olvidemos, debe ser al menos de dos millones de personas). Toda la especulación de los últimos días sobre que los reos podrán acceder pronto a un segundo o tercer grado penitenciario es completamente inane desde este punto de vista, aparte de ser evidentemente falsa porque difícilmente se accederán a los beneficios penitenciarios hasta haber cumplido la mitad de las condenas, y eso implica esperar aún dos años y medio en el caso de las condenas más bajas.

Gracias a la sentencia del Tribunal Supremo ha quedado acreditado que los hechos de septiembre y octubre de 2017 fueron una farsa a gran escala, una representación si quieren pero muy peligrosa. En estos dos años ha habido muy poca autocrítica desde el bando independentista sobre esta verdad simple, y es que realmente era imposible acceder a la independencia si no era mediante un acuerdo con el Estado y a través de un proceso (este sí, un verdadero proceso) que llevaría años. La lentitud del proceso real de independencia tiene más que ver con su carácter administrativo-logístico, necesario para evitar una salida desordenada y subsecuente caída en el caos; y en todo caso tal proceso es imposible sin forzar al Estado español a negociar. Nada se ha explicado como se debería, y la violencia desmesurada del Estado aquel 1 de octubre ha alimentado en el imaginario independentista la entelequia de que si no se consiguió la independencia fue por la represión salvaje, y no porque simplemente era imposible en los términos en los que se planteaba. Dos años después, las semillas de la frustración entonces plantada han brotado al conocerse las condenas, ejecutadas en la forma de un delito arcaico y con penas excesivas. Durante demasiado tiempo los dos bandos ha alimentado esa frustración que ahora se manifiesta de la peor manera posible: los desórdenes públicos y la violencia.

Se tiene que reconocer que la mayoría del movimiento independentista es de carácter pacífico y cívico. Sin embargo, por demasiado tiempo se ha jugado con fuego y eso ha favorecido que algunos grupúsculo contemplen la violencia como un arma legítima en el camino hacia la independencia de Cataluña. La presencia masiva de las fuerzas antidisturbios, el efecto llamada hacia los grupúsculos radicales que se mueven por toda Europa y, en ocasiones, la presencia de infiltrados y provocadores, generan esa llama inicial que se necesita para inflamar un conjunto ya bastante inflamable. Es entonces cuando comienzan los disturbios. De la parte de los elemento más autoritarios del Estado, los disturbios son positivos porque ayudarán a que los manifestantes no violentos desistan de acudir a las concentraciones y así detener la previsible oleada continua de concentraciones y actos de protesta que se pueden extender durante meses. Ese efecto de desmovilización es un incentivo perverso sobre ciertas prácticas más o menos discutibles. Por su parte, los partidos independentistas y particularmente el Govern de la Generalitat no está sabiendo actuar delante de un fenómeno que, aunque perfectamente previsible, parece desbordarles. Queda la sensación de que no hay un verdadero plan a partir de aquí, de que los partidos independentistas se han vuelto adictos a la adrenalina de la movilización pero no tienen nada claro qué hacer a partir de ahora, mientras que en Madrid menudea la retórica inflamada y la demagogia más zafia. Nadie propone un plan, ni en Barcelona ni en Madrid, y nadie parece estar verdaderamente al mando.

El tratamiento mediático de estos eventos merece un punto de discusión aparte. En los medios catalanes se ha tendido a dar una visión idílica y edulcorada de las movilizaciones, y, aunque no han ocultado la gravedad de los disturbios en general, ha predominado el tono exculpatorio, achacando a agentes externos la gravedad de los altercados. En los medios de ámbito estatal, lo que ha dominando es el morbo informativo, con una recreación absolutamente malsana en los detalles más grotescos y magnificando la gravedad del problema.  En unos y otros se comparte la incomprensión del momento que estamos viviendo y la incapacidad de ofrecer un verdadero debate público, más allá de las astracanadas de los que creen que esto se soluciona en dos patadas de manera autoritaria.

Lo que no está pasando es el retorno al sentido común. Ninguno de los dos bandos puede tener éxito en sus propuestas maximalistas, y si queremos avanzar no se pueden ignorar el uno al otro. Hace falta encontrar aquello que es compartido por unos y otros, y a partir de ahí construir algo nuevo y diferente, mejor. Sin embargo, si en los diez años en los que se ha ido alimentando este conflicto no se ha sido capaz de buscar otra vía que no fuera la de doblar las apuestas e incrementar el conflicto, es más que dudoso que ahora se haga.

Y lo que resulta curioso es que nadie establezca la conexión con otros conflictos ahora en marcha, de Ecuador a Francia, de Chile al Reino Unido, de Argentina a Italia. Las costuras de un mundo tejido con mentiras están reventando bajo el peso de una clase media que cada vez lo es menos, que cada vez es más clase excluida, pero nadie ve la conexión. Y mientras seguimos discutiendo sobre los galgos de la Declaración Unilateral de Independencia y los podencos del artículo 155 de la Constitución española, las fauces de la nueva crisis están a punto de cerrarse sobre nosotros.

Salu2.
AMT

jueves, 10 de octubre de 2019

El gatillo




Queridos lectores:

Hace unos días, mi hija me enseñó un vídeo que quería que viese. Se trataba de la última pieza de un YouTuber más o menos conocido, un chico joven que hace vídeos sobre temas de actualidad y de interés para su público objetivo, que en su caso se trata de gente muy joven. El estilo de este muchacho (me cuesta un poco usar el término, porque aunque aún en la veintena no dejo de considerarle un adulto, joven pero adulto) es muy desenfadado, demasiado en realidad, rondando lo faltón. Aunque a mi me resulte repelente, en realidad es eso lo que espera su público: es así como ha conseguido millones de subscriptores y es así como consigue los preciados "likes" con los que se gana su dinero - "likes" que obviamente no obtendría de (casi) cincuentones como yo.

Como es natural, yo nunca tendría el más mínimo interés en mirarme un vídeo de esta persona, pero mi hija me dijo que era importante que lo viera, porque hablaba de Greta. Mi hija estaba indignada, porque le habían pasado el enlace y no daba crédito a lo que veía: ese individuo se dedicaba a criticar a Greta Thunberg de manera denigrante y por supuesto infundada.

No voy a poner un enlace aquí al vídeo de este señor porque no quiero darle una publicidad inmerecida, que, no olvidemos, es de lo que vive. Aunque, bien mirado, después de ver el vídeo llegué a la conclusión de que probablemente ha conseguido otras vías de financiación. Y es que, en medio de una serie de críticas ramplonas y completamente infantiles (insisto: a los 25 años uno ya es, o debería de ser, adulto), encontré un discurso bien estructurado e intencionado que me resultó muy familiar, completamente disonante con la vulgaridad y falta de profundidad de las críticas anteriores. Mientras que en la primera mitad del vídeo sus críticas son meramente imbéciles (una retahíla de apelaciones al ridículo y argumentos ad hominem sazonados con grititos, vocecitas e imágenes deformadas), en la segunda mitad se dedica a hacer una crítica argumentada contra las energías renovables por caras e ineficientes y una loa a la energía nuclear (en la que no podía faltar la famosa -y falseada- referencia a que a consecuencia del accidente de Chernóbil solo murieron 31 personas). La conclusión de este señor era que "ya hay gente que se está ocupando del cambio climático y no hace falta por tanto que venga una niñata sueca, que llora como una tonta porque le han robado su infancia cuando en realidad es una privilegiada".

No creo que merezca la pena desmontar toda la sarta de tonterías y falsedades que destila el vídeo de este señor (ya llevamos mucho blog para repetir siempre las mismas cosas). Mucho más interesante me parece, sin embargo, ver que la negacionía a sueldo de los grandes think tanks de las petroleras ha intensificado sus actividades delante de lo que podríamos denominar "la amenaza Greta". Por una parte, es obvio que se ha puesto en nómina a "profesionales" de un nuevo segmento comunicativo, el de los YouTubers, influencers y toda la nueva comunicación social. Estos nuevos ingresos en la larga caterva de empleados de la negacionía profesional tienen ciertamente por objeto llegar a la gente más joven, y está claro que se busca contrarrestar el gran predicamente que Greta tiene precisamente sobre ese segmento de la población. Por el otro lado, el gran despliegue mediático y el debate que se ha generado durante estas semanas sobre la joven sueca muestran hasta qué punto los negacionistas han comprendido que estamos en las postrimerías de la guerra climática. Se ha buscado centrar toda la discusión sobre Greta, como si destruyendo el mito montado sobre la pobre niña se pudiera cancelar el problema con la desestabilización climática.

Seamos claros: Greta es irrelevante. Es igual cuáles son las intenciones reales u ocultas de Greta. Es igual si ella es muy coherente o no lo es en su vida personal. No tiene ninguna importancia si ella está recibiendo una atención inmerecida porque lo que ha hecho no tiene tanto mérito al entender de algunos. El hecho de que muchos activistas ambientales en tantos lugares del mundo hayan perdido la vida por defender lo que es justo y que casi nadie lo sepa, tristísimo e indignante como es, no hace ni peor ni mejor a Greta, ni cambia la gravedad e importancia de lo que Greta habla.

Lo cierto y lo verdaderamente importante no es Greta. Es la crisis climática. Es la crisis ambiental. Es la crisis de los recursos. Es la crisis de sostenibilidad. Dejen a la niña en paz. ¿No tienen nada mejor de qué hablar? ¿No creen que deberíamos centrar nuestras energías en el problema gordo y real que tenemos? Y si esta chica inspira y moviliza a la gente más joven y no tan joven, ¿cuál es el problema? ¿Tenemos que exigirle a Greta que sea una santa para que esté a la altura del problema del cual habla? ¿Por qué tanta gente se obsesiona con Greta? En Italia han llegado a ahorcar su efigie (estamos hablando de una niña, no lo olvidemos). No somos pocos que pensamos que lo que más ofende de Greta es que sea tan joven y mujer, aunque eso es ya otra discusión.

Greta es solo un síntoma, la fiebre de una enfermedad largamente larvada. Es la punta del icerberg que sobresale en un mar de malestar, el epítome de una generación que sabe que le están robando el futuro con las peores y más deleznables excusas. Si fueran capaces de entender el momento histórico que estamos viviendo, no perderían energía intentando destruir a Greta: es solo un átomo en lo más alto de una montaña que mañana va a seguir ahí. Bajo Greta están Fridays For Future, By 2020 we rise up y Extinction Rebellion, entre otros, y más abajo todos los grupos ecologistas que han venido trabajando durante décadas para preparar el camino. Y más abajo aún está una parte creciente de la sociedad que está comenzando a comprender lo que está en juego.

En particular, Extinction Rebellion está aquí, y ha venido para quedarse. Extinction Rebellion (abreviado XR) es un movimiento que pretende pasar a una acción más directa para exigir a nuestros veleidosos gobernantes que tomen ya medidas realmente efectivas para atacar la crisis ambiental. No se conforman con hacer meras manifestaciones; XR toma las calles y por sus acciones intenta interrumpir el normal devenir de la economía, porque es el normal devenir de economía el que está causando la normal destrucción de la biosfera. En el Reino Unido es donde el grupo es más numeroso y activo. XR había preparado dos semanas de intensas actividades en las calles del Reino Unido, pero ya antes de comenzar la policía allanó sus locales y detuvo a unas 200 personas; en este momento, hay ya casi 600 detenidos. Se ve que protestar contra la normal destrucción de nuestro futuro es algo que no es aceptable dentro del BAU (o statu quo, como prefiere que se designe mi amigo Sebastián). Cuando ves que la policía detiene preventivamente a centenares de personas, antes incluso de que hagan algo, te das cuenta de hasta qué punto las grandes empresas se sienten amenazadas por la ola de protestas contra la inacción climática. A una escala mas modesta pero significativa, en España varios centenares de personas han acampado delante de la sede del Ministerio de Transición Ecológica e incluso alguno de ellos fue detenido por el grave delito del cortar el tráfico con sus protestas. La gente empieza a levantarse y el capital tiene miedo.

Tiene miedo y más que debería de tener. A la cada vez más palpable evidencia de que nos estamos dirigiendo a la siguiente crisis económica se añaden numerosos nubarrones en el horizonte internacional, que apuntan a que las cosas pueden acabar yendo mucho peor. En particular, hay amenazas muy serias en lo que a la producción de petróleo se refiere. Arabia Saudita ha podido contrarrestar temporalmente las pérdidas de producción que le produjeron los ataques a sus instalaciones, pero sin duda alguna esta normalización del flujo de petróleo se ha conseguido simplemente vendiendo el petróleo que ya tenían almacenado. Esto les da un par de meses de margen antes de tener que reducir drásticamente sus ventas por falta de mercancía, y obviamente depositan su esperanza en que en estos dos meses, trabajando frenéticamente, se pueda reparar lo suficiente las instalaciones para volver prácticamente a los niveles anteriores. Un equilibrio muy precario que en cualquier momento puede desmoronarse como un castillo de naipes: basta un pequeño retraso de un contratista o cualquier accidente menor para que todo se vaya al traste, y no digamos si vuelve a haber otro ataque. Y para añadir más grados de complejidad a la situación, la relativamente tranquila vida del reino saudí está sufriendo últimamente muchas perturbaciones que no auguran nada bueno - una de las últimas, la muerte del guardaespaldas del rey en un incidente bastante turbio. La inestabilidad en el entorno de la casa de Saud alimenta aún más las sospechas de que los ataques a las refinerías no fueron de origen iraní - máxime cuando ya no se habla de atacar al país persa.


Hay otras situaciones que nos tocan más directamente en casa. Aquí en España particularmente uno de los escenarios más peligrosos se sitúa en Argelia, el país que nos suministra el 60% del gas natural que consumimos y que algunos años ha sido nuestro principal proveedor de petróleo y siempre está entre los cinco más importantes. Pero la producción de petróleo llegó a su máximo en 2008, y la producción de crudo es ahora un 25% inferior a entonces. Por otro lado, la producción de gas está estancada desde principios de siglo mientras que el consumo interno ha ido aumentando, dejando cada vez menos gas para la exportación y además la calidad del gas se ha resentido. Todo ello combinado ha llevado a un rápido descenso de los ingresos por la venta de hidrocarburos, y este empobrecimiento sin duda aumenta la inestabilidad social en el país. De momento el Gobierno anuncia una tremenda reducción del 9,2% en los Presupuestos Generales para el año que viene. Si esta situación se prolonga demasiado, Argelia va a estallar. ¿Qué hará España, entonces?

Al otro lado del Atlántico, las revueltas en Ecuador están ocupando actualmente el foco mediático. Las imágenes de los asaltantes tomando el Parlamento han dado la vuelta el mundo. ¿Cuál ha sido el desencadenante de estas protestas? Sin duda ha habido muchos factores, pero uno de los más importantes ha sido el brutal encarecimiento de los precios de los combustibles (la gasolina ha aumentado a más del doble de su precio anterior). Ecuador, país productor de petróleo, no se puede permitir continuar subvencionando la gasolina a sus ciudadanos. Seguramente, los analistas económicos clásicos no vean la clara relación entre la eliminación de los subsidios domésticos y que hace unos días Ecuador anunciara su salida de la OPEP para el año que viene. Sin embargo, la explicación es simple si uno mira la evolución de la producción de petróleo del país.



Ecuador probablemente superó su peak oil particular en 2016 y está haciendo todo lo que puede por remontar la caída que ha sufrido desde entonces, abriendo nuevos campos aunque ello implique una mayor degradación ambiental y que la calidad del crudo sea mucho peor. Pero no le está bastando con eso; así pues, la única manera que tiene de intentar evitar la debacle fiscal es disuadir el consumo interno para tener más petróleo disponible para la exportación. Eso, al mismo tiempo, le implicaba salirse de la disciplina de la OPEP para intentar sacar el máximo beneficio de su petróleo. Así de simple y así de complicado, porque Ecuador no conseguirá vencer a las leyes de la Física y de la Geología, y por más empeño que le ponga no conseguirá mantener de manera duradera su producción de petróleo. Es por tanto de prever mucha más inestabilidad y problemas en el país andino.

Volviendo a Oriente Medio, son éstos días inciertos en Siria. EE.UU. ha decidido retirarse delante de la anunciada ofensiva turca contra los kurdos del norte de Siria. Se trata, sin duda, de un acto de guerra turco, ya que está atacando más allá de sus fronteras, pero obviamente nadie dirá nada: ni el Gobierno sirio, al cual ya le conviene que se debilite a las facciones insurgentes del norte del país, ni Rusia, país aliado de Siria, ni el resto de la comunidad internacional, que harán seguidismo a los norteamericanos. Se puede decir que es cosa hecha y que la autonomía del kurdistán sirio estará en breve liquidada. ¿Quién controlará los campos de petróleo del kurdistán sirio-iraquí? Eso es lo que se tendrá que decidir en las próximas semanas. En todo caso, los EE.UU. se lavan las manos. La segunda fase de la era del petróleo es demasiado costosa para que los americanos intenten mantener el control de todo el mundo.

Y todo eso es solo rascar la superficie de un conjunto de situaciones cada vez más complejas e inestables en todo el mundo. La situación se va degradando en muchos sitios de donde solo nos llegan noticias esporádicas e inconexas o ni tan solo oímos hablar: Yemen (donde la guerra de exterminio sigue), Venezuela (donde la interinidad de tener dos presidentes se ha convertido en algo estructural, dado el equilibrio táctico entre los dos bloques), Brasil (donde la deforestación del Amazonas sigue, aunque no se hable de ella, mientras se atropellan cada vez más los derechos civiles), Argentina (donde se aplican a machamartillo una vez más las draconianas normas del Banco Mundial, para mayor sufrimiento de la población), Chile (donde la preocupación por la caída de la producción de cobre crece a la par que la inquietud por el futuro),... Y podríamos seguir, también por Europa (por ejemplo, mirando al bodevil italiano, el Brexit, el embate de los chalecos amarillos que después de un año no cesa en Francia, etc).

Mucho más cerca de mi, la situación de Cataluña es, ahora mismo, tensa, por decir lo menos. El mundo político y social está en la espera del próximo anuncio de la sentencia que condenará a los líderes independentistas que hace dos años tuvieron la osadía de poner las urnas en la calle y preguntarle a la gente. Nadie duda de que los juzgados serán todos ellos condenados a prisión; solo los más ingenuos creen que las sentencias no serán tan duras como muchos anticipamos. El mundo independentista espera la sentencia para saltar a calle y protestar a una escala nunca antes vista. Yo tengo mis dudas sobre cuál será el alcance y la extensión real de estas protestas, y por su lado el estado español se prepara para lo que tenga que venir enviando más policías a Cataluña. Está claro que vamos a vivir unos días muy turbulentos.

El mundo entero es como un resorte comprimido por un pistón, y alguien está acercando su dedo al gatillo.


Salu2.
AMT

lunes, 30 de septiembre de 2019

Reseña de "Dirección estratégica para el siglo XXI: La gestión ante los límites del crecimiento", de José Anastasio Urra Urbieta


Hace unos meses, Tasio Urra me envió una copia de su manual para la dirección de empresas con la intención, primero, de compartir conmigo su contenido (para su valoración crítica) y, segundo, para que le hiciera una reseña en el blog. Los meses han pasado y mi carga de trabajo no ha disminuido, lo que ha hecho más dificultoso leer y analizar un libro de texto tan profundo y tan minucioso como el que hoy nos ocupa.

Pues "Dirección estratégica para el siglo XXI: La gestión ante los límites del crecimiento" es eso: principalmente, un libro de texto, dirigido a su enseñanza en las Facultades de Economía. Tasio Urra es profesor de Economía en la Universitat de València y su obra es, hasta donde yo sé, la primera que intenta armonizar una asignatura primordial en el programa lectivo de las mencionadas facultades (la dirección estratégica y el análisis de riesgos) con el que posiblemente es hoy por hoy el mayor riesgo al que van a tener que hacer frente las empresas en las próximos décadas: el choque contra los límites del crecimiento.

Este libro no trata de aleccionar sobre la gravedad del problema de la crisis de sostenibilidad de nuestra sociedad (el cual es sobradamente conocido por su autor) sino que, simplemente, acepta ese hecho - hasta ahora ninguneado en los textos más clásicos - y lo integra como un factor más en la gestión empresarial. Y aquí radica unos de los grandes méritos de este libro: es una mirada desapasionada al problema de los límites del crecimiento, en la que lo que se intenta extraer de éste todas las consecuencias lógicas que se derivan para la gestión empresarial. No se espere el lector, por tanto, un texto que adoctrine sobre la maldad intrínseca del capitalismo o que concluya sobre lo físicamente (y casi diríamos moralmente) erróneo de emprender. Al contrario, este manual nos dice cómo tenemos que integrar el hecho y de qué manera, integrándolo, podemos conseguir que nuestra empresa funcione. Funcione, lógicamente, de una manera muy diferente a cómo lo hacen las empresas de hoy en día, pero en todo caso proveyendo una estrategia racional para su gestión y su continuidad. En ese sentido, este libro de texto es valiosísimo, porque normaliza ese hecho, el de los límites del crecimiento. No es ya un tabú casi pecaminoso, que es como se suele tratar por los economistas neoliberales. No, los límites del crecimiento son un simple hecho más, como lo son las necesidades de capital o el correcto análisis del mercado hacia el que nos dirigimos.

Dado que nos encontramos con un manual dirigido a la enseñanza universitaria, el primer capítulo del mismo es una extensa introducción y discusión de los conceptos básicos de estrategia empresarial: por qué es importante, cuál ha sido su evolución histórica, de qué aspectos se ocupan. Todo presentado de una manera convencional, citando textos clásicos reconocidos. Esta parte, de enfoque más clásico, tiene sin embargo una amplitud de miras a la que no llegan los textos de hace 20 o 30 años, con una mayor y mejor discusión sobre las teorías morales (sobre la función de la empresa y su responsabilidad social) y cognitivas (sobre los sesgos y principios heurísticos en la toma de decisiones; particularmente interesantes son las discusiones sobre el optimismo infundado y el riesgo que conllevan). Incluso sin integrar la cuestión de los límites del crecimiento, el manual es un texto concienzudo y moderno. 

Después de este primer capítulo introductorio de conceptos, el manual pasa a un segundo de definición de los modelos de análisis, utilizando herramientas de análisis y gestión de riesgos y particularmente el modelo PESTEL (iniciales de Política, Económica, Social, Tecnológica, Ecológica y Legal, que son las seis dimensiones que se pretenden abordar). En este capítulo se empiezan a introducir índices numéricos, discutidos en la literatura, para poder cuantificar y hacer comparables - aunque siempre sea de manera aproximada y convencional - estos riesgos. Desde mi perspectiva de científico, en esta parte hay aún demasiados aspectos discursivos y convencionales y aún pocos aspectos cuantitativos y canónicos, pero se tiene que reconocer que el trabajo de compilar el conocimiento del campo es meritorio, lo que, de nuevo, hace de este manual un gran libro de texto.

A partir de estas herramientas, en el tercer capítulo se introduce el diseño de estrategias, mientras que el cuarto se dirige a la implementación práctica de dichas estrategias. Al margen de algunas discusiones interesantes (como por ejemplo cuando se habla de la resonancia de ciertas variables cuando se acerca una crisis, un descripción muy acertada de lo que es una no-linealidad), se trata de dos capítulos de estructura más clásica y más práctica.

Con esos primeros cuatro capítulos se cierra la primera parte del libro, y se pasa a  la segunda parte, dedicada a la aplicación de estos conocimientos generales a "un mundo en transición". Comenzando por el quinto capítulo del manual, se hace un análisis estratégico de la globalización usando el modelo PESTEL. Es aquí cuando, hablando de energía, comenzamos a ver citados muchos de los autores muy conocidos en este blog: Hall, Campbell, Laherrère, Capellán, García-Olivares, Hamilton, Prieto... Hasta se menciona a este blog. Sigue una extensa discusión sobre clima, con extensas citas al IPCC; después, se habla de la situación ecológica y por último de la tecnológica - y curiosamente, en vez del triunfalismo habitual de tecnoquimeras como la robotización y la singularidad, se muestra la gráfica de Huebner que indica que hace tiempo que superamos el cenit de la innovación.

Con estos mimbres, el sexto capítulo tiene el significativo título de "La necesidad de un nuevo paradigma económico y empresarial". Este capítulo, apoyándose en datos claros e incontestables, es una concatenación de puñetazos a los paradigmas que aún hoy dominan la visión en las grandes empresas, desde la mala definición de contornos adecuados para las teorías económicas vigentes hasta la falta de validación empírica de muchos postulados que, en realidad, cuando se examinan los datos crudos se ve que son radicalmente falsos. 

Entramos por fin en la tercera y última parte del libro: "Dirección estratégica para el siglo XXI". El capítulo 7 introduce la economía ecológica y el 8, la economía del bien común, siendo mucho más detallada la discusión de la segunda ya que en cierto modo el autor la considera como una implementación práctica de la primera. El capítulo 9 discute los valores de la Economía Ecológica y la Economía del Bien Común en la práctica, con ejemplos como el de La Fageda o el Celler La Muntanya - y yo aquí añadiría algunos ejemplos cercanos a mi, aquí en el Ampurdán. El manual se cierra con unas conclusiones que merece la pena que las lean Vds. mismos, y  unos anexos útiles con los criterios de balance a aplicar en casos prácticos.

La lectura de este manual es, para personas como yo, muy alentadora, porque lo que Tasio Urra ha demostrado es que se puede enseñar en nuestras facultades economía con sentido común. Ojalá que las personas que hoy en día están en los consejos de ministros o en los de administración se hubieran podido formar con este manual.
 

martes, 17 de septiembre de 2019

Aceleración



Queridos lectores:

El pasado sábado 14 de septiembre de 2019, al menos 10 drones atacaron las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita en Abquaiq y Khurais, afectando gravemente refinerías, depósitos de almacenamiento y sistema de distribución en esos lugares. Como consecuencia de esos ataques, la producción de petróleo saudí se ha reducido a menos de la mitad, o lo que es lo mismo en más de 5 millones de barriles diarios (Mb/d). Dado que la producción total de todos los líquidos del petróleo es de unos 95 Mb/d, eso supone retirar del mercado mundial algo más del 5% del petróleo que se consume hoy en día. Las milicias hutíes que combaten a Arabia Saudita en Yemen han reivindicado el ataque, aunque los EE.UU. se han apresurado a señalar con el dedo a Irán como probable financiador y cerebro de la operación. Ésta es, más o menos, la descripción oficial de lo que ha pasado.

Existen muchas dudas sobre el verdadero origen y naturaleza de los ataques. Las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudita llevan ya tiempo siendo objetivo de ataques por parte de grupos radicales que buscan desestabilizar a la monarquía saudí atacando al corazón de su economía, y por ese motivo estas instalaciones están dotadas de numerosos sistemas de vigilancia, control y defensa, que en el caso particular de los drones incluye inhibidores de frecuencia y sistemas antiaéreos. Hasta la fecha se habían producido más de media docena de ataques con drones de origen yemení que habían sido completamente inefectivos gracias, justamente, a esos sistemas de defensa. Resulta por tanto sorprendente la eficacia, simultaneidad y número de estos ataques, que han dejado a Arabia Saudita de rodillas. Yo no quiero entretenerme a discutir aquí otras hipótesis alternativas sobre lo que realmente ha pasado, pero sí que querría apuntar diversos datos para su consideración. Por una parte, Yemen es hoy en día un país devastado por una terrible guerra civil, guerra que agrava la participación de una coalición extranjera con Arabia Saudita a la cabeza y que pretende un objetivo nada claro. Eso hace muy difícil que los hutíes puedan disponer de algo tan sofisticado como unos drones militares tan precisos. Mantener la premisa de que han sido los hutíes lleva al corolario de que necesariamente han sido ayudados desde el exterior, al menos financieramente; el problema es que no hay sospechosos razonables. Para los iraníes, embarcarse en una campaña de destrucción de las instalaciones petrolíferas de su gran rival en la región es prácticamente suicida, ya que ellos también tienen muchas instalaciones igualmente vulnerables; además, Arabia Saudita permanece bastante tibia frente a las acusaciones a Irán, lo cual indica que el reino de Saud no ve probable que los iraníes estén detrás (y el propio presidente Trump ya ha dejado claro que no piensa atacar Irán, aunque lo vigilarán de cerca). Hay quien ha indicado que el ataque podría ser un atentado de falsa bandera de los EE.UU. para catapultar el precio del petróleo y así favorecer la industria del fracking estadounidense. Sin embargo, es dudoso que tal maniobra fuera beneficiosa para el gigante americano: como comenta Matthieu Auzzaneau en su último artículo, la producción de petróleo de los EE.UU. probablemente ya ha tocado techo y la previsible escalada de precio del petróleo poco va a ayudar a resolver ese problema. Además, una subida del precio del petróleo muy brusca probablemente generará una recesión económica global, que tampoco beneficia a los EE.UU. Por acabar, Arabia Saudita es un aliado estratégico de los EE.UU. en la región y no parece sensato poner en peligro esa relación especial, cuando sería mucho más conveniente ejecutar ataques de ese estilo en el lado iraní para conseguir el mismo efecto de subida de precios. Además, significativamente Arabia Saudita tampoco ha señalado con el dedo a los EE.UU.. Existe una tercera posibilidad bastante más agobiante, y es que en realidad este ataque haya sido un sabotaje de una facción de los propios saudíes, que buscan desbancar del poder al actual príncipe y sus previsibles herederos. Si fuera un conflicto interno saudí (en el que posiblemente ni hubiera habido drones, lo que explicaría la precisión y simultaneidad), todo el mundo tendría interés en crear cortinas de humo mientras la situación se aclara internamente. Sea como sea, éste es terreno abonado para la especulación y sin demasiado interés para las cosas que prefiero discutir.

Dentro de la confusión en parte deliberada, aún no sabemos cuánto tiempo llevarán las reparaciones de las instalaciones afectadas. Algunos analistas apuntan a que harán falta muchas semanas, lo que puede acabarse traduciendo en unos cuantos meses, y eso suponiendo que se pueda mantener un clima de estabilidad adecuado. La cuestión de la estabilidad social del reino no es menor porque Arabia Saudita no puede permitirse perder tantos ingresos de manera prolongada. Comentábamos ya hace unos años que para mantener su balanza fiscal equilibrada Arabia Saudí necesita que el precio del barril de petróleo se mantenga consistentemente por encima de los 100 dólares. Pero desde 2014 el precio medio es aproximadamente la mitad, lo cual ha hecho que Arabia Saudita haya conocido sus primeros déficit fiscales en décadas, que vinieron acompañados con ciertos recortes sociales que hicieron crecer el malestar. Pero una reducción de la producción de petróleo a la mitad, sobre todo si es prolongada, puede ser catastrófica para Arabia Saudita, un país con muchas desigualdades. Si la situación se prolonga demasiado, el riesgo de que haya una revolución aumentará.  Si se produce un segundo ataque tan exitoso como éste, la revolución será prácticamente inevitable. Así que una pieza clave de la siguiente fase del declive energético pende, literalmente, de un fino hilo.

Se debe tener en cuenta, además, que Arabia Saudita está probablemente llegando ya, si no estaba allí aún, a su máximo de producción de petróleo. Hace años comentábamos que Arabia Saudita no sacaba al mercado el petróleo de su campo de Manifa, a pesar de que se podían extraer hasta 1 Mb/d de él, debido a que ese petróleo estaba excesivamente contaminado por vanadio. Se esperaba entonces que las nuevas refinerías, que tendrían que estar listas a finales de la década de los 20, podrían procesar este crudo. Pero la situación de la producción saudí no pudo esperar tanto tiempo, y ya en 2014 el campo de Manifa se puso en producción. ¿Cómo se resolvió el problema de su baja calidad? Simplemente, mezclándolo con el resto de crudos saudíes, rebajando la calidad global de su petróleo pero manteniéndolo en unos niveles que eran aceptables para las refinerías. Pero después de Manifa ya no quedan ni se esperan nuevos grandes yacimientos. Los ataques del pasado sábado van a servir, entre otras cosas, para cubrir con una sábana el elefante de que uno de los mayores productores de petróleo del mundo ha pasado ya su peak oil. Cuando pasen los años y la producción de Arabia Saudita nunca se recupere del todo se alegará que todo es culpa de aquellas instalaciones destruidas y con eso podremos ocultar la realidad quizá diez años más y ganar otra década de excusas.

Mirando ahora el panorama global, un descenso del 5% de la producción mundial de petróleo hará que la crisis (cada vez más reconocida) que se avecina sea extremadamente aguda. Cuando se produjo la crisis de 2008 la caída del consumo de petróleo fruto del parón económico fue solo del 2%, así que pueden imaginarse qué efecto sobre la actividad puede tener un caída del crudo disponible de más del doble.





Hace ya algunos años, David King y James Murray publicaron un artículo en Nature en el cual analizaron, entre otras cosas, cuál era la elasticidad de la producción del petróleo, es decir, la capacidad de la producción de petróleo de responder a los incrementos de demanda.





El artículo fue publicado en 2012, con lo que obviamente no se tiene en cuenta la capacidad del fracking de mejorar un poco esa elasticidad. De acuerdo con la estimación de King y Murray, la elasticidad de la producción de petróleo se encuentra en torno a los 25 $/barril por cada Mb/d adicional que se quiera producir. Por tanto, una caída de la producción de 5 Mb/d tiene el potencial de hacer subir el precio 125 $ más de lo que estaba hace unos días, es decir, hasta los 185$. Aceptando que el fracking haya conseguido reducir la elasticidad quizá a solo 20 $/barril por cada Mb/d, estaríamos igualmente ante una subida potencial del precio del petróleo de unos 100$ $/barril, hasta los 160 $/barril. Es decir, la situación actual, de prolongarse, tiene el potencial de llevar el precio del barril por encima de los máximos absolutos de 2008, justo cuando se desencadenó la Gran Recesión. De momento, tanto Arabia Saudita como EE.UU. van a movilizar sus reservas de petróleo almacenadas, pero eso solo puede conceder un balón oxígeno momentáneo, de un par de meses. Si la reparación de las instalaciones saudíes se prolonga más de ese período (lo que es probable) la subida del precio inmediato (no las especulaciones a futuro, que es lo que se está viendo ahora mismo) será inevitable y muy fuerte.

La coincidencia temporal entre esta caída súbita de la producción y la recesión ya inminente va a agravar esta última. Si no hay una forma rápida de reparar las refinerías y depósitos saudíes, la subida de precio del petróleo durante las próximas semanas va a acelerar nuestra caída en la recesión. Justamente porque la recesión está ya a las puertas resulta improbable que la subida de precio del petróleo llegue a su máximo potencial (los 185 $ por barril que comentábamos antes) porque la demanda va a caer fruto de la recesión y el precio no podrá llegar tan alto; pero a diferencia de 2008 el precio del petróleo no va a caer hasta los 40$ por barril en el momento de más intensa recesión económica, sino que se va a mantener alrededor de los 100$, en el umbral del dolor para la economía mundial. Cómo se va a conjugar con la crisis saudí y con la siguiente ronda de recesión, y los posibles conflictos dentro de los países y entre ellos, es algo que iremos descubriendo en los próximos meses.

Salu2.
AMT

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Entendiendo el Cambio Climático

 
Queridos lectores:

Hace poco participé en la grabación de un programa de una televisión española (de momento no les puedo decir más sobre el programa en cuestión, salvo que se emite este domingo). En un momento dado, el conductor del programa me preguntó sobre qué pensaba sobre un manifiesto difundido hace unos meses, en el que un grupo de científicos italianos vertían vitriólicas críticas contra lo que consideran "la estafa del cambio climático" y que denuncian que éste no es real porque no se han tenido en cuenta diversos factores (ciclos del Sol, erupciones volcánicas, etc). Yo le respondí que dentro de la comunidad científica que se dedica a estudiar el Cambio Climático hay prácticamente consenso (97%) en que el Cambio Climático es real, antropogénico (causado por el hombre con las emisiones de gases de efecto invernadero) y acelerado; y que toda esta gente que "denuncia" que no se ha tenido en cuenta tal o cual factor miente, porque todos esos factores sí que se consideran en los modelos numéricos que se usan para predecir el clima del futuro. Precisamente la presencia de esos factores, que a veces suman y a veces restan, es lo que explica que la temperatura y el resto de variables climáticas que se examinan no sigan un camino simple, sino punteado con numerosas oscilaciones. Vemos un ejemplo: aumento de la temperatura media de la Tierra durante las 17 últimas décadas, tomando como referencia el año 1970:



Un simple vistazo a la gráfica nos muestra que de 1920 a 1970 probablemente la temperatura de la Tierra comenzó a subir gradualmente, y que a partir de 1970 claramente hemos entrado en una fase de aumento de la temperatura bastante acelerado y consistente. Y sin embargo verán que sobre la tendencia general a aumentar hay superpuesta una oscilación bastante importante, con una amplitud variable pero que puede llegar a ser de 0,4 ºC o más. Fruto de la fase ascendente de una de esas oscilaciones un poco más fuerte, en 2016 la temperatura media del planeta subió mucho con respecto a su valor en los años anteriores; lógicamente, durante 2017 y 2018, entrando ya en la fase descendente de la oscilación, la temperatura media volvió a su línea de referencia, que continua siendo una línea ascendente. Y sin embargo no hace mucho me encontré con el argumento de que en realidad vamos a una glaciación porque en los dos últimos años hemos bajado más de 0,4ºC. Cualquiera que mire esta gráfica se da cuenta inmediata de la tergiversación y la manipulación absoluta de la verdad del que eso afirme. Pero ahí están, una pequeña legión de negacionistas que intentan "demostrar" que "la ciencia oficial" está engañando a la ciudadanía por oscuros y perversos motivos. La realidad es que cualquiera que tenga experiencia directa de campo habrá podido comprobar cualquiera de los numerosos indicadores que nos muestran que el clima está cambiando y que lo está haciendo rápidamente.

Al finalizar la grabación, el conductor del programa se disculpó por haberme planteado esa pregunta tan inoportuna. Yo le dije que, al contrario, me parecía una pregunta pertinente y necesaria, puesto que algunas personas tienen la falsa impresión de que la ciencia del Cambio Climático no se está ejecutando con el rigor debido, como si los que son los verdaderos especialistas no hubieran caído en la cuenta de esos factores "que lo cambian todo". Lo cual es bastante poco verosímil, si se paran a pensarlo, teniendo en cuenta que son los mismos "factores no contabilizados" que llevan alegando desde hace 20 años: ¿alguien se cree que a estas alturas no habría habido ya algún equipo científico que hubiera incorporado esos factores para ver si, efectivamente, contradicen lo que los modelos y la propia experiencia de campo nos indican? Incluso aceptando que la mayoría de la comunidad científica son corruptos o imbéciles, ¿no piensan que alguna petrolera no habría financiado ya un estudio de esas características para contrarrestar la mala propaganda del Cambio Climático? Lógicamente, no pueden financiar tal estudio porque todos esos factores que nos dicen que "no se han tenido en cuenta" (desde la variabilidad de la actividad solar hasta los ciclos naturales del planeta) en realidad sí que se incluyen en los modelos estándar que se usan hoy en día en la predicción climática.

Una de las cosas más curiosas que he observado durante los últimos años, en cuestión de realmente muy poco tiempo, 5 años a todo estirar, es que a estas alturas en ningún foro medianamente serio - en Europa, cabe añadir; luego hablaremos de otras regiones - nadie discute la existencia de un Cambio Climático causado por las emisiones de gases de efecto invernadero, ni siquiera las empresas a las que más se señala como responsables de la crisis climática actual. De hecho, en ese debate televisivo en el que participaba nadie cuestionaba la veracidad del Cambio Climático, y eso que había un representante de una petrolera. Parece que ya no es el momento de intentar sembrar la duda sobre lo que parece obvio e inevitable. En lo único que sí que hubo cierta discusión y confrontación en ese debate fue en las medidas a adoptar y el calendario para su adopción; ahí sí que claramente se vio que la posición de la industria es en favor de una transición lenta y moderada, mientras que el mundo científico y el activismo son perfectamente conscientes de que hay que apostar por cambios rápidos y radicales. Viendo como ha ido todo, me da la impresión de que el mundo empresarial europeo quizá no ha llegado aún a aceptar esos cambios rápidos y radicales, pero ya llegará. Pensando en esa evolución paulatina de las posturas oficiales, me acordé de los cambios que ha hecho la propia Comisión Europea: hace 20 años hablaba de "prevención del Cambio Climático"; hace 10 años, la idea clave era la "mitigación"; y ya hace unos 5 años que la posición dominante, sin descartar la mitigación, es la "adaptación". Viendo esta evolución, esa aceptación tácita de que cada vez hay menos en nuestro mano para luchar contra este problema, cabría preguntarse si el concepto definitorio de dentro de 5 años no será "sálvese quién pueda".

Al otro lado del Atlántico y en algunos rincones de Centroeuropa nos encontramos otro tipo de líderes que hacen de la negación del Cambio Climático uno de los puntos importantes de su agenda. Y aunque resulte paradójico, esos tipos probablemente están entendiendo lo que significa el Cambio Climático mucho mejor que muchas otras personas que dicen tener "conciencia ecológica". Porque esas personas que se creen que están "salvando el planeta" porque conducen un coche híbrido o eléctrico, instalan paneles solares en su casa o separan sus residuos y los reciclan, al no seguir el ciclo de vida de los materiales que consumen y de los residuos que generan no se dan cuenta de que a lo mejor sus elecciones de consumo tienen un impacto mayor que otras opciones consideradas más convencionales y "sucias", y en todo caso muchísimo mayores de lo que deberían ser si queremos evitar destruir nuestro hábitat. Por el contrario, Donald Trump, Jair Bolsonaro y todos los incendiarios de esta orilla del Atlántico comprenden perfectamente que el Cambio Climático implica la necesidad de un cambio radical, comenzando por una disminución enorme del consumo: es por eso que furibundamente lo niegan, porque si lo aceptasen saben perfectamente que los cambios a hacer no son meramente cosméticos y destinados a aliviar la propia conciencia.

Pero incluso estos adalides de la Reacción tienen sus días contados, o al menos están condenados a modificar su posición con respecto al Cambio Climático. El propio Trump, persona con mucho olfato político, está empezando a suavizar sus diatribas en esta cuestión (a su estilo: un día da la de cal y otro la de arena). Se comienza a detectar el surgimiento de una nueva Reacción (término que prefiero al simplista y no verdaderamente definitorio de "extrema derecha") en el que sus líderes aceptan la realidad del Cambio Climático y comienzan a configurar su programa de Reacción siguiendo una línea hace tiempo anticipada y temida: el ecofascismo.

Sea como sea, y viendo el ritmo de evolución de los acontecimientos tanto climáticos como políticos, es bastante probable que en uno o dos lustros ya ninguna personalidad pública defienda el negacionismo climático. En Europa Occidental su retroceso es más evidente, pero también llegará a los EE.UU. y al resto de los países. Yo vislumbro un futuro nada lejano en el que los trolls que se dedican a dar la murga con el manido argumentario negacionista comenzarán a desaparecer como por ensalmo, como si nunca hubieran existido. Los verdaderamente profesionales, los mercenarios de la mentira y la duda, ésos desaparecerán de la noche al día sin dejar ni rastro, fieles a sus contratos. A los trolls que ejercen de tales por convicciones ideológicas les costará un poco más, pero al final seguirán la enseña de su amo y plegarán velas con él, buscando nuevos frentes donde mejor servirle. Al final quedarán solamente, dispersas, las clases bajas del energumenismo climático, el lumpentrolletariado, ciudadanos de a pie que se han abonado a la supuesta teoría de la conspiración, que han caído en el pozo de la radicalización del que siempre es difícil salir. Esos últimos trolls que languidecerán en foros donde nadie les hará caso, luchando por una causa justa que nadie comprende, tontos útiles de los que los poderes políticos y económicos se han aprovechado durante estos años y que entonces quedarán en tierra de nadie.

Incluso entre la gente que me es afín hay quien tiene una posición beligerante con respecto al drama del Cambio Climático. Hace unos días se revitalizó una discusión recurrente en ciertas partes de la esfera peakoiler: la crítica a los escenarios de mayores emisiones contemplados por el informe del IPCC (el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, por sus sus siglas en inglés) porque, simplemente, no hay suficientes combustibles fósiles para producir tanto CO2 como se considera en tales escenarios. La amarga crítica de estos picoleros nace, probablemente, del desdén que les causa ver cómo el Cambio Climático es ahora un tema de consenso transversal en Europa (y, como digo, pronto en todo el mundo), conocido y aceptado desde el ciudadano común hasta las altas esferas políticas y empresariales; mientras que la escasez de recursos  en general y el peak oil en particular sigue siendo, a pesar de su gravedad concomitante con la del Cambio Climático, un tema mayormente desconocido, cuando no ninguneado. Para mi es una discusión sinsentido: los diversos escenarios del IPCC se plantean para estudiar cómo son de sensibles los modelos climáticos a los diferentes valores de la variable de referencia (concentración de gases de efecto invernadero), y no tanto como trayectorias realistas. Por supuesto que no hay suficientes combustibles fósiles para producir tanto CO2 como se asume en el escenario 8.5, pero tampoco existen sistemas de captura y secuestro de CO2 a la escala que los contemplan todos los escenarios del IPCC (al menos un 40% de CO2 capturado); y tampoco contemplan esos modelos el efecto de la liberación rápida del metano contenido en los clatratos marinos y en el permafrost. Todo eso da igual: los modelos del IPCC sirven para ajustar la sensibilidad a ese parámetro y para darnos un cono de incertidumbre, un idea del rango de valores por donde se va a mover la evolución futura del clima de nuestro planeta. No se trata de hacer una predicción realista de dónde vamos a estar dentro de 30 o 50 años, sino estimar correctamente las tendencias a corto plazo e ir corrigiendo y mejorando los modelos.

Últimamente, todo en mi actividad profesional gira en torno al Cambio Climático. Escribo esto en el tren de regreso para mi casa, después de haber estado en una reunión en la sede de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Roma. La reunión, o más bien pequeño congreso, iba sobre el uso de métodos de inteligencia artificial para mejorar nuestra predicción climática, dentro de la de la Iniciativa contra el Cambio Climático (CCI), un programa científico y técnico de la ESA en el que yo participo a través de un proyecto con diversas entidades europeas, en nuestro caso estudiando la salinidad superficial del océano y sus cambios. Hay mucho interés y mucha necesidad, es un sector estratégico para los intereses de Europa. Reuniones, proyectos, decisiones... Estando allí me comentaron que la líder de nuestro proyecto CCI ha decidido que a partir de ahora se desplazará a las reuniones en tren, siempre que sea posible. Pensaba en eso mientras las turbulencias que generaba el frente que ha barrido Barcelona las pasadas horas nos iba zarandeando salvajamente en el avión en el que volvía. Odio volar y me encantan los trenes, sobre todo los convencionales, como los que cojo cada día para ir a trabajar en Barcelona. Pero viajar lento es un lujo que no está al alcance de todo el mundo; es un lujo no por el precio, y desde luego no por el impacto ambiental (muchísimo menor al del avión), sino por el tiempo, esa materia prima que nos falta con desesperación. Pero, pensaba, dentro de poco, viajar (es igual si lento o rápido) será simplemente un lujo.

Todo en mi día a día se refiere al Cambio Climático.

Hablando de evidencias del Cambio Climático: en la reunión tuve la ocasión de presentar algunos resultados preliminares del trabajo de mi grupo en el Océano Glacial Ártico. Tenemos vigente un contrato con la ESA para producir datos de salinidad superficial del océano en la región, un contrato que está llevando, con gran éxito, mi compañero Justino Martínez. Yo presentaba, entre otros, sus resultados.

Se acordarán quizás de un post que escribí en 2012, "Las Guerras del Hambre". Allí enseñaba unos mapas bastante preocupantes de la superficie de Groenlandia que se había vuelto líquida durante ciertos días de julio.



Entre el 8 y el 12 de julio de 2012, casi el 100% de la superficie de Groenlandia se volvió agua. Un evento que podríamos calificar de extraordinario, de no ser porque volvió a suceder en 2016 y ha vuelto a suceder este año 2019. La mayoría de ese agua se volvió a congelar en el sitio, pero una cantidad desconocida se filtró por las grietas de la cubierta helada de Groenlandia y seguramente acabó en el mar. Toda ese agua fría y dulce puede causar grandes disrupciones en la circulación oceánica con consecuencias de largo alcance no solo para el clima del Ártico, sino de todo el Hemisferio Norte, pero hasta ahora no habíamos sido capaces de observarla.

La imagen inferior, generada por Justino Martínez, muestra las anomalías (diferencia con el valor típico de la zona) de salinidad observadas entre los días 11 y 19 de julio de 2012; están expresadas en gramos de sal por cada kilo de agua marina. Las zonas marcadas en blanco corresponden con la presencia de hielo marino. La gran mancha azul que va desde Groenlandia hasta Islandia es sin duda debida a la descarga de agua dulce proveniente del deshielo superficial en Groenlandia. Es la primera observación de este fenómeno, y sorprende tanto su extensión como su intensidad. Seguramente Groenlandia está descargando más agua dulce de lo que pensábamos. Y éste es solo uno más de los signos de esta catástrofe global; cuanto más investigamos, más problemas descubrimos.




Mucha suerte, Justino. Mis pensamientos están contigo.

Salu2.
AMT

viernes, 30 de agosto de 2019

El falso dilema del Green New Deal


https://neweconomics.org/uploads/files/8f737ea195fe56db2f_xbm6ihwb1.pdf
Queridos lectores:

A principios de este año, la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez encabezó una propuesta que, junto con algunos de sus correligionarios, presentó en el Congreso de los EE.UU. La propuesta promovía la adopción inmediata por parte de los EE.UU. de un plan de choque para conseguir que el país lidere la lucha mundial contra el Cambio Climático y al mismo tiempo recupere la equidad perdida con la generación de millones de nuevos puestos de trabajo de mejor calidad y más remunerados. Imitando a aquel New Deal (Nuevo Acuerdo) que implantó el presidente Roosevelt en los años 30 del siglo pasado, a este plan lo bautizaron como Green New Deal (Nuevo Acuerdo Verde).

Teniendo en cuenta que el Partido Republicano tiene la mayoría en el Congreso, no fue para nada sorprendente que la propuesta fuera rechazada, aunque sí que cabe destacar que lo fue de manera vergonzante, ya que la mayoría no permitió que fuese debatida antes de la votación. Como respuesta a ese atropello, el grueso de los representantes demócratas no votó, a modo de protesta, y los pocos demócratas que votaron era porque lo hacían en contra, así que la propuesta fue descartada por 57 votos en contra y 0 votos a favor.

Desde que fuera presentado, el Green New Deal (GND a partir de ahora) ha generado un cierto revuelo, con varias decenas de artículos escritos y algún que otro libro publicado (cosa que no está nada mal para un magro texto de solo 14 páginas con un tipo de letra enorme y solo 25 líneas por página). La propuesta ha recibido tanto elogios como furibundos ataques, con una longitud que excede con mucho la del texto discutido (creo que ni Góngora ni xkcd han conseguido tener una ratio de texto de comentario por texto escrito tan elevada). Abrumado, como he estado, por la inmensa cantidad de artículos que he visto durante estos meses sobre el tema, tenía la impresión de que el GND era uno de los grandes temas de debate de los últimos años y que por ello necesitaba dedicarle un cierto tiempo a su estudio (y así lo comentaba en las charlas en las que me han preguntado sobre él). Cuál no ha sido mi decepción cuando, encontrando por fin un momento para volcarme sobre la documentación existente, me encuentro con el raquítico texto de la propuesta y la enorme simplificación de las propuestas que contiene.

Dado que es previsible que el tema del GND vuelva una y otra vez (esta misma semana el senador Bernie Sanders, contumaz candidato presidencial, lo ha vuelto a sacar), he querido esta semana escribir un post haciendo un comentario en detalle de todas y cada una de las propuestas que contiene (que tampoco son tantas), de modo que el lector que no domina el inglés pueda hacerse una idea general de lo que trata la propuesta y al mismo tiempo pueda conocer mi análisis técnico sobre la misma.

Antes de entrar en el análisis técnico en sí, hay una cierta cuestión de orden en esta propuesta, y que tiene que ver con su oportunidad. No es que el Cambio Climático no sea importante: por supuesto que lo es, y nos va mucho en juego, a todos. No es que la respuesta la Cambio Climático no sea urgente: los plazos se acortan y es perentorio reaccionar antes de que se sobrepasen ciertos umbrales críticos (si no se han sobrepasado ya). Lo que es cuestionable es la oportunidad política de la propuesta presentada en el Congreso de los EE.UU. Cuando Franklin Delano Roosevelt presentó el New Deal, él ostentaba la presidencia de los Estados Unidos, y tenía por tanto la capacidad política no solo para proponer el plan, sino para llevarlo a cabo. Sin embargo, los demócratas no están en el poder en los EE.UU. en este momento, y Ocasio-Cortez no es la presidente de los EE.UU. Que ella presente un plan con ese nombre de alguna manera usurpa el legado de Roosevelt y parece querer apropiarse de unos roles que no le son suyos. Si verdaderamente cree en ese plan y su importancia le parece que trasciende la dinámica partidista, ¿por qué no ha intentado, pacientemente, ir convenciendo a los republicanos de su conveniencia y necesidad? ¿Por qué no ha intentando presentar el plan conjuntamente con el partido republicano, aunque eso hubiera llevado mucho más tiempo y le hubiera restado protagonismo a ella? Al margen de que el mundo necesita algo como el GND, está claro que Ocasio-Cortez ha usado este plan y con este nombre como una palanca de promoción personal, y al hacerlo ha quemado un activo valioso, no solo un nombre útil sino que ha soliviantado a los sectores más conservadores para que carguen sus armas contra una lucha, la del Cambio Climático, en la que todos deberíamos militar en el mismo bando. Por lo tanto, da la impresión de que su oportunismo más bien le ha hecho un flaco favor a la causa. Habrá quien argumente que su gesto era necesario para abrir este debate, pero desde un punto de vista desapasionado, sabiendo cómo se las gastan los republicanos  y máxime en vistas del resultado final parece claro que lo mejor hubiera sido ir buscando acuerdos laboriosamente y con paciencia.

Pero analicemos por fin, uno por uno, los puntos de la propuesta. En lo que sigue, el texto (no siempre literal) de la propuesta aparecerá en letra cursiva, y mis comentarios en letra normal.

El texto empieza con un resumen de los problemas más serios que los proponentes ven en EE.UU., notablemente el cambio climático y la creciente desigualdad. Enumera muchas de las consecuencias de estos dos problemas. Hasta aquí no hay nada que no sea aceptable para alguien sensato. Después, afirma que EE.UU. requiere de un GND y explica cuáles serían las ventajas del GND, a saber: 

(1) crear millones de trabajos buenos y bien remunerados en los EE.UU.

(2) proporcionar niveles de prosperidad y seguridad económica a todo el pueblo de los EE.UU.

(3) contrarrestar todas las injusticias económicas.

Por supuesto, no hay nada que objetar a estos objetivos, perfectamente deseables y que podrían ser suscritos por cualquier partido.

A continuación, establece los "Objetivos del GND", que voy a copiar in extenso aquí abajo:

(A) conseguir cero emisiones netas de gases de efecto invernadero a través de una transición justa y equitativa para todos los trabajadores y comunidades.

(B) crear millones de puestos de trabajo de calidad y bien pagados y asegurar la prosperidad y seguridad económica de todo el pueblo de los EE.UU.

(C) invertir en la infraestructura y en la industria de los EE.UU. para, de manera sostenible, resolver los desafíos del siglo XXI.

(D) asegurar a todo el pueblo de los EE.UU. durante las generaciones que vendrán:
    - agua y aire limpios
    - resiliencia climática y de la comunidad
    - alimentos saludables
    - acceso a la naturaleza
    - un medio ambiente sostenible

(E) promover la justicia y la equidad, parando las actuales, evitando las futuras y reparando las históricas opresiones de los pueblos indígenas, comunidades de color, comunidades inmigrantes, comunidades desindustrializadas, comunidades rurales despobladas, los pobres, los trabajadores con sueldos bajos, las mujeres, la gente mayor, los sin techo, los discapacitados y los jóvenes (a todos ellos se les referirá en esta resolución como "comunidades en riesgo y vulnerables").

Tampoco en esta parte hay mucho que objetar, aunque el lenguaje empleado comienza a visitar ciertas ideas-fuerza de moda entre la izquierda a ambos lados del Atlántico. El punto que seguramente crearía más fricción con el sector más ultra de los republicanos es la insistencia en conseguir cero emisiones netas, puesto que unos cuantos piensan que el Cambio Climático es un bulo orquestado con perversas intenciones por parte de los lobbies verdes, pero a fin de cuentas es a eso a lo que ha venido esta resolución.

A continuación, se nos dice que cumplir con los Objetivos del GND requerirá de un plan de 10 años, lo cual me parece una barbaridad, dado que uno de los puntos clave del GND es la descarbonización total y eso requiere un cambio completo del sistema energético. Históricamente, las transiciones energéticas (de la leña al carbón, del carbón al petróleo, la introducción masiva de la electricidad...) han llevado más de 50 años. Y en la actual literatura científica, la mayoría de los estudios validados por peer review apuntan a períodos de transición de no menos de 30 años, y hasta donde yo conozco no hay ninguno que pretenda hacer este cambio en menos de 20 años. Pero, en fin, vamos a asumir que lo de los 10 años es un banderín de enganche usado por razones políticas y que Ocasio-Cortez y los suyos saben de sobras que se necesitan no una sino varias décadas, pero que lo verdaderamente importante es ir comenzando ya con esa transición. Aunque no es muy edificante, aceptémoslo. Sigamos.

En las páginas siguientes la resolución detalla los objetivos y proyectos específicos para conseguir el GND. Estos objetivos y proyectos se describen en dos bloques, que se presentan con la misma fórmula ("objetivos y proyectos para conseguir los Objetivos del Green New Deal"), lo cual es un poco confuso (¿por qué no ponerlos todos en el mismo bloque?); después, cuando lees los dos bloques te das cuenta que el primero es de carácter más técnico y el segundo bloque es de carácter más financiero/legal. Dado que el documento acaba con estos dos bloques, iré detallando uno por uno los objetivos expuestos (aunque no haré una transcripción literal de su texto).

Bloque científico-técnico:

(A) construir resiliencia contra desastres relacionados contra el cambio climático, incluyendo instrumentos financieros para proyectos orientados a las comunidades.

En sí mismo, es un objetivo adecuado. La dificultad principal es definir qué es un desastre relacionado con el cambio climático, sobre todo teniendo en cuenta que a medida que pasen las décadas nos iremos acostumbrando a cosas que ahora nos parecen aún insólitas. Sin una definición precisa, se crea un barullo con consecuencias legales. Sería mucho más sensato hablar de ayudas para catástrofes naturales, así, en general, porque las comunidades necesitarán igualmente ayuda tanto si el desastre está originado por el cambio climático como si no. Además, con ese redactado se favorece una interpretación torticera, en la que determinado tipo de contingencias que afecten más a las clases más pudientes se consideraran como "causadas por el cambio climático" (por ejemplo, la sequía en zonas residenciales exclusivas de California que fueron construidas sin ninguna planificación hídrica adecuada para una zona semiárida), mientras que otros desastres que sí que tienen netamente que ver con el Cambio Climático pero que solo afectan a las clases pobres no se consideraran así (por ejemplo, el aumento de cierto tipo de enfermedades por degradación de las condiciones de vida, desde el mal acondicionamiento térmico de los hogares hasta la llegada de nuevos vectores de enfermedades antes tropicales).

(B) reparar y mejorar la infraestructura de los EE.UU., que incluye eliminar la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero tanto como lo permita la tecnología, asegurar el acceso universal a agua limpia, reducir los riesgos planteados al Cambio Climático, y asegurarse de que toda ley sobre infraestructura del Congreso tenga en cuenta el Cambio Climático.

Se suponía que en esta parte estábamos detallando ya los objetivos más específicos, pero éste en concreto es muy genérico. Todo lo que dice está muy bien, pero, ¿cómo, en concreto, se pretende articular eso? La única cosa que dice con alguna concreción es el último punto, el asegurar que las nuevas leyes de infraestructuras contemplen forzosamente el Cambio Climático, aunque tal cosa podría quedar en una mera frase de circunstancias en la ley de turno. Pero, en fin, aceptemos que esto es solo un documento marco y que en leyes concretas posteriores, habiendo voluntad de progresar en estas líneas, se detallarían esas medidas concretas.

(C) cubrir el 100% de la demanda de potencia en los EE.UU. a través de fuentes de energía limpias, renovables y de cero emisiones, lo que incluye expandir y actualizar dramáticamente las fuentes de potencia renovable y desplegar nueva capacidad.

Este párrafo contiene un redactado tramposo, pues juega con las palabras "power" (que he traducido como "potencia") y "energy" ("energía"). ¿Por qué digo esto? Porque en inglés "power" se asocia con la energía eléctrica, no con toda la energía. Por tanto, lo que este párrafo dice es que el objetivo es cubrir el 100% de la generación eléctrica con fuentes de energía renovable. Lo cual está muy bien, pero es una historia muy diferente a la descarbonización completa de la sociedad. En EE.UU., como en todos los países occidentales, la energía eléctrica supone poco más del 20% de toda la energía final consumida; como siempre digo, la electricidad es energía, pero no toda la energía es electricidad. En el caso concreto de los EE.UU., la segunda fuente de energía en la generación de electricidad es aún el carbón, con el 27% de la electricidad generada. La progresiva eliminación del carbón de la generación motivada por el descenso de la producción de carbón nacional no es solo una necesidad, sino algo que mejorará la competitividad del país. El gas natural, primera fuente en la generación eléctrica norteamericana, con el 35% del total de electricidad generada, no es previsible que siga el mismo curso hasta que el fracking no colapse (cosa que comenzará seguro en los 10 años previstos para el GND, pero que aún no se habrá completado hacia el final de este período). De la energía nuclear, por supuesto, ni se habla, a pesar de suponer más del 20% de la electricidad actualmente.

Llama la atención que la propuesta da por hecho que podemos expandir la producción renovable tanto como se quiera, lo cual es bastante discutible porque estas fuentes tienen limitaciones bien conocidas. En todo caso, como solo se establecen porcentajes no sabemos cómo de grande será la demanda: quizá la demanda vaya a caer en picado y así sí que sería fácil cubrirla al 100% con energía renovable. En realidad, es más que presumible que están pensando en un proceso de expansión ("expandir", "desplegar"), en el crecimiento.

Y por supuesto hay una total omisión a ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía que no es electricidad.

(D) construir y actualizar redes eléctricas eficientes, distribuidas e inteligentes, y asegurar el acceso asequible a la electricidad.

De nuevo el foco se pone en la electricidad, cuando aún no sabemos como conseguir electrificar la inmensa mayoría (casi el 80%, como hemos comentado) de la energía que consumimos. Ese paso en falso es muy común en el mundo político y entre los grandes agentes económicos, pero es una barbaridad y demuestra lo mal asesorada que está Ocasio-Cortez. Y de nuevo aquí falla la concreción: ok, todo ideal, pero, ¿cómo se hace eso? Es más: ¿piensa Vd. que no se está haciendo ya todo lo que se puede para conseguir eso mismo? ¿Creen que la gente que trabaja en la gestión de la red eléctrica no estarían ya haciendo eso mismo si fuera una tarea tan sencilla? Es cierto que probablemente no se destinan suficientes fondos a estos fines (la red eléctrica estadounidense, sobre todo la de baja tensión, está en pésimas condiciones en muchas partes del país), pero lo que se propone no es tan simple y ya hace mucho tiempo que se experimenta con ello. En muchos países ya se está haciendo lo mejor que se puede a día de hoy.

(E) mejorar todos los edificios existentes en los EE.UU. y construir nuevos edificios que alcancen la máxima eficiencia energética y en el uso del agua, seguridad, precio asequible, comodidad y durabilidad, lo que incluye hacerlo a través de la electrificación.

Ciertamente es en la edificación, tanto en la rehabilitación como en la nueva construcción, donde se pueden conseguir mejoras muy grandes con costes bastante moderados. Falta definir los detalles concretos de cómo se haría esto, pero en sí mismo parece un buen objetivo.

(F) espolear el cambio en el sistema manufacturero e industrial  en los EE.UU. para que sea limpio, fomentando el uso de energía renovable tanto como sea tecnológicamente factible.

Hay algo aquí que rechina: ¿cómo se pretende hacer cambios muy profundos y al mismo tiempo mantener la competitividad económica? Generalmente, la producción barata implica no tener en cuenta lo que los economistas denominan  "externalidades negativas", es decir, el daño al entorno y particularmente al medio ambiente. Sin externalidades, el coste de producción lógicamente aumenta. Eso en sí no es malo, al contrario: se computa el coste real de producción de las cosas. Claro que, internalizando todos los costes (remediación ambiental, uso de materiales más respetuosos, salarios dignos para todos los trabajadores que participan en la producción desde la extracción de los materiales hasta el ensamblaje final, seguridad y salubridad en el trabajo, etc) un móvil o un ordenador serían artículos de verdadero lujo, y un coche algo solo alcance de auténticos millonarios. Yo estoy persuadido que la propuesta del GND no va tan lejos, ni mucho menos. Queremos manufacturas limpias, pero solo hasta un cierto punto y que la eventual contaminación no se vea desde casa; queremos salarios dignos y buenas condiciones de trabajo en general pero solo si no interfieren con una determinada idea de lo que es nuestro bienestar material, y si en otros países se explota a la gente para poder conseguirlo no nos importa tanto. Sin entrar a analizar estos aspectos en cierto detalle, este GND es como mínimo hipócrita y como máximo beneficiario interesado de un sistema de explotación que se basa en esclavizar y envenenar a otros pueblos del mundo.

(G) Trabajar con los granjeros y rancheros de los EE.UU. para eliminar las emisiones del sector agrícola tanto como sea tecnológicamente factible, y en particular apoyando las explotaciones familiares, la agricultura y ganadería sostenibles y las prácticas que mejoran la salud de la tierra y construyendo un sistema de alimentación sostenible que asegure un acceso universal a alimentos saludables.

Si de verdad los proponentes entienden que quiere decir "sostenible", este punto es sin duda uno de los mejores del GND. Faltaría ver, como en todo lo demás, como se debería materializar esto, pero que se apueste por la explotación familiar, que se ponga el énfasis en la sostenibilidad de las explotaciones y que hace falta mejorar la salud de los suelos cultivados es un muy buen punto de arranque.

(H) reformar el sistema de transporte de los EE.UU. para reducir la contaminación y las emisiones tanto como sea factible tecnológicamente, basándose en la inversión en construcción de vehículos y su infraestructura de cero emisiones, en transporte público limpio, asequible y accesible, y en trenes de alta velocidad.

Los primeros puntos destilan cierto tecnooptimismo, pero si los legisladores comprendieran que las mejores soluciones de movilidad generalmente no son en vehículos autónomos sino vinculados a la red eléctrica (tren, tranvía, trolebus, metro) podrían tener un pase. Pero la referencia a los trenes de alta velocidad no deja de ser un aditamento sin sentido: no hay ninguna necesidad de tener ferrocarriles de alta velocidad, parece que es como una compensación a la gente que se resiste a dejar el avión. El tren de alta velocidad es una infraestructura que consume muchos recursos y que al final solo sirve a una minoría. Se puede perfectamente ir un poco más lentamente.

(I) mitigar y gestionar los problemas de salud, económicos y de otro tipo generados por la contaminación y el cambio climático, particularmente financiando proyectos en las comunidades.

De nuevo, en sí misma no es una mala idea, a falta de concretar la manera en la que todo eso se plasmaría.

(J) eliminar gases de efecto invernadero y eliminar la contaminación restaurando los ecosistemas naturales a través de soluciones basadas en métodos tradicionales que aumentan el almacenamiento de carbono en el suelo, tales como la conservación de suelos y la reforestación.

Esta medida está muy bien planteada, particularmente por la elección de palabras (e.g., "low tech" en el texto original, que yo he traducido por "tradicionales"). Restaurar los ecosistemas naturales es algo muy complejo, porque ni sabemos qué ecosistemas había antes ni cómo crear un ecosistema en equilibrio, pero la idea de fondo es dejar actuar a la Naturaleza y solo intervenir cuando se observe una gran desviación. Justamente por su escritura, esta medida es de las más difíciles de pervertir por una legislatura hostil, aunque siempre la podrían ignorar.

(K) restaurar y proteger ecosistemas amenazados, en riesgo y frágiles a través de proyectos con base científica que mejoren la biodiversidad y apoyen la resiliencia climática.

Esta medida es un poco más abstracta y por tanto más proclive a la mala interpretación, pero en principio es una idea correcta.

(L) limpiar los lugares con residuos peligrosos existentes, asegurando el desarrollo económico y la sostenibilidad de esos sitios.

Esta medida, aunque necesaria, formulada así es poco más que un brindis al Sol. Los lugares donde se han acumulado residuos peligrosos suelen ser muy difíciles de tratar, y la gestión de esos residuos es muy difícil, porque no se trata simplemente de mover los residuos de un lugar a otro (esto es particularmente cierto en el caso de los residuos nucleares). Al hablar del desarrollo económico nos deja claro que están pensando en comunidades que han sufrido una degradación ambiental muy elevada de su entorno, y por tanto esta medida tiene una alta componente de justicia social.

(M) identificar otras fuentes de contaminación y de emisiones y crear soluciones para eliminarlas.

No creo que haya muchas fuentes de contaminación desconocidas o esencialmente diferentes a las que ya hay. Lo de "crear soluciones" suena un tanto extraño, como si una cosa debiera de pasar simplemente porque lo deseamos (ahí están, de nuevo, los residuos nucleares para recordarnos que no es tan fácil). Sería más deseable que esta medida fuera sobre "dejar de contaminar" que de arreglar lo contaminado.

(N) promover el intercambio internacional de tecnología, experiencia, financiación y servicios, con el objetivo de hacer de los EE.UU. el líder mundial en la  acción climática y ayudar a otros países a hacer su propio GND.

Por fin nos acordamos de los otros países, lo cual está bien teniendo en cuenta que el Cambio Climático es un problema global. Sería más deseable que la acción fuera no solo climática sino ambiental, pero en todo caso no es una medida muy objetable.

Bloque financiero-legal:

(A) proporcionar sufientes fondos y medios de financiación a las comunidades, agencias estatales y locales y organizaciones para la movilización del NGD.

Esto es una declaración de intenciones. No tiene mayor contenido para discutir.

(B) asegurarse que el Gobierno Federal toma en cuenta los costes ambientales y sociales y el impacto de las emisiones a través de las leyes existentes, los nuevos programas y regulaciones y asegurándose que las comunidades vulnerables no se vean afectadas.

De nuevo, una mera declaración de intenciones sin mayor contenido.

(C) proporcionar recursos, adiestramiento y educación de alta calidad al pueblo de los EE.UU., particularmente a las comunidades vulnerables, para que puedan participar en la movilización del GND.

Aparte de la errata del texto original (pone dos veces seguidas "educación de alta calidad"), de esta medida lo que cabe destacar es la insistencia en las comunidades vulnerables. Da la sensación de que se espera que porque son mencionadas específicamente varias veces en el texto éstas se van a alinear con el GND. Supongo que en parte es esa la idea, de que los marginados de la sociedad abracen esta suerte de revolución como una esperanza de conseguir mejorar su posición social. Por lo demás, se trata de una medida vacía de contenido real.

(D) hacer inversión pública en la investigación de nuevas tecnologías e industrias limpias y de energías renovables.

Aquí el tecnooptimismo se convierte en tecnofabulación. ¿No se ha invertido antes investigación de tecnologías limpias y energías renovables? ¿No se lleva décadas, de hecho, invirtiendo capital público y privado en este sector? ¿Piensan que solamente porque necesitamos (o creemos necesitar) esas tecnologías van a aparecer ahora porque vamos a invertir en ellas, como ya se lleva haciendo tiempo? ¿Creen quizá que se van a conseguir ahora los logros que no se han podido alcanzar en las décadas previas? ¿Van a multiplicar la inversión en este área de investigación para conseguir eso? ¿Son conscientes de que hay límites que son difíciles de franquear, si no son directamente infranqueables? En esta medida más que en ninguna otra se evidencia que en realidad no hay voluntad de cambiar nada de base, que se confía todo a que una solución tecnomágica arregle el día.

(E) dirigir las inversiones para espolear el desarrollo económico, profundizando y diversificando la industria y los negocios en las economías locales y regionales, y construyendo riqueza y propiedad comunal, mientras se prioriza la creación de puestos de trabajo de alta calidad y los beneficios económicos, sociales y ambientales en las comunidades vulnerables, y en las comunidades desindustrializadas, que de otro modo padecerían con la transición de abandonar las industrias intensivas en la emisión de gases invernadero.

He traducido íntegro este párrafo infumable solamente por la última frase. Esa frase demuestra que los proponentes son muy conscientes que la transición deseada va a causar sufrimiento a las clases trabajadoras. Todo el bla, bla, bla anterior es un mero bálsamo verbal de la cruda verdad, y es que el abandono de la mayoría de la actividad industrial (inevitable no ya por la lucha contra el cambio climático, sino por el descenso energético) va a cebarse en los más pobres y desfavorecidos y en las clases trabajadoras. Seguramente saben, más allá de tanta palabrería, que en realidad a lo que vamos no es a la transición que necesitamos, pero sí a la que nos merecemos.

(F) asegurarse el uso de procesos participativos y democráticos, liderados por las comunidades vulnerables y los trabajadores para planear, implementar y administrar el GND a nivel local.

De nuevo esto es bla, bla, bla en la práctica: no se está dando el poder real para definir el GND que la comunidad quiere, sino para desplegar sobre el terreno el que le viene dado. Lo de los procesos participativos me recuerdan a las consultas sobre las leyes de cambio climático que hemos discutido algunas veces en este blog: procesos completamente dirigidos y encorsetados que no sirven para llegar a ningún lugar donde merezca la pena ir.

(G) asegurarse que la movilización de GND crea trabajos locales de alta calidad y bien pagados para los trabajadores afectados por la transición.

De nuevo, la idea del sufrimiento que va a causar la transición sobre la clase trabajadora. Solo hace falta que nos digan cómo van a crearse esos buenos puestos de trabajos, si con una industria más contaminante pero más competitiva como la actual no se ha podido hacer.

(H) garantizar que los salarios permiten vivir a las familias, bajas adecuadas por motivos familares o de salud, vacaciones pagadas y jubilación a todo el pueblo de los EE.UU.

Creía que eso ya era así, al menos sobre el papel - ya sabemos que no en la práctica. Tendrían que ser más autocríticos y entender por qué eso no ha funcionado en la práctica.

(I) reforzar el derecho de los trabajadores a organizarse y sindicarse para defender sus derechos y negociar sus salarios sin coacciones, intimidaciones o acoso.

De nuevo, se supone que eso ya es así, sobre el papel. Si en la práctica falla, hay que ir a la raíz de ese fallo, no simplemente hacer una declaración enfática.

(J) reforzar la salud y seguridad en el trabajo, eliminar discriminaciones, y estándares de horario y sueldo en todas las industrias y sectores.

Mismo comentario que más arriba. Parece que nadie en el equipo de Ocasio-Cortez ha tenido la capacidad de analizar estos problemas laborales y entender cómo se tiene que actuar, así que se dedican a simplemente enunciarlos.

(K) poner en marcha y reforzar reglas comerciales y legislación de frontera de modo que se detengan la deslocalización de trabajos y de las actividades contaminantes y que haga crecer el sector manufacturero en los EE.UU.

Esta medida tiene una fuerte componente proteccionista, lo cual curiosamente acerca a Ocasio-Cortez a Trump. Lo cierto es que es legítimo procurar una relocalización de la actividad, máxime cuando justamente en una situación de descenso energético la globalización va a desaparecer, con lo que este tipo de cosas, de facto, van a ocurrir. El problema es que hablar de restricciones comerciales es anatema para los celotes del liberalismo económico, con lo que solo por eso el GND se ha ganado unos enemigos formidables.

(L) asegurarse que las tierras, aguas y océanos públicos están protegidos y no se abusa de su dominio.

De nuevo, se supone que ya hay leyes para eso. 

(M) obtener el consentimiento libre, informado y previo de los pueblos indígenas en todo lo que les afecta y proteger su soberanía y derechos sobre sus tierras.

Suena muy bien. Sonaría mejor si estuvieran pensando en los pueblos indígenas del mundo, en particular de los lugares de donde los EE.UU. extraen materias primas, pero mucho me temo que solo piensan en los indios americanos del territorio de los EE.UU. Para los cuales, de nuevo, se supone que hay leyes, aunque muchas veces esas leyes queden en papel mojado (pero, como hemos dicho antes, ¿qué garantiza que éstas no sean también inefectivas?).

(N) asegurar un entorno comercial en el que cualquier emprendedor/a sea libre y no sufra presiones ilegítimas de monopolios nacionales o internacionales.

Sinceramente, no sé cómo se puede hacer eso en un entorno de mercado natural como el que tenemos.

(O) proporcionarle a todo el pueblo de los EE.UU. asistencia médica de calidad, vivienda asequible, segura y adecuada, seguridad económica y agua limpia, aire limpio, alimentos saludables y acceso a la naturaleza.

Esta medida es redundante con todo lo que se ha dicho hasta ahora, aunque introduce la idea del acceso a la vivienda. Para todas estas cosas, de nuevo, los EE.UU. ya tienen leyes y regulaciones, así que, una vez más, lo suyo sería decir cómo se va a hacer para que se cumplan.



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Como hemos visto, las ideas generales del GND son buenas, y el redactado de algunas medidas concretas revela una contribución por parte de gente que entiende bien de qué habla. Hay muchas medidas que tienen un cierto tono populista, proponiendo cosas como si fueran nuevas aunque en realidad ya están contempladas por la legislación vigente y simplemente ésta no se aplica; en vez de ser más realista y explicar cómo conseguir que se cumpla la ley, se propone lo que ya existe, como si con decirlo ya hubieran cumplido. En las pocas partes más propositivas y que inciden en la cuestión del Cambio Climático, se cuelan algunos errores de bulto con repetidas propuestas de soluciones infundadas y tecnooptimistas. Por acabar, es evidente que no hay la valentía de plantear un cambio mucho más profundo, que es lo que más urgentemente se requiere; un cambio que implique modificar el sistema financiero y productivo y que tenga en cuenta la amenaza del peak oil. Hace 10 años, otro grupo - éste británico - que también uso el término New Green Deal hizo unas propuestas en las que contemplaba el triple frente: crisis climática, crisis financiera y crisis de recursos. Las medidas que propusieron eran mucho más radicales y certeras, pero implicaban cambiar el sistema de raíz. Quizá por eso el tema del peak oil ha sido arrinconado: porque con él sobre el tablero, el juego cambia.


Salu2.
AMT