lunes, 16 de septiembre de 2013

El callejón donde no hay milagros

Queridos lectores,

Javier Pérez me ha hecho llegar esta pieza donde analiza de una manera sencilla los límites duros contra los que estamos chocando en materia económica. Un simple ejercicio de introspección nos muestra que estamos dándonos de cabezazos dentro de una jaula cada vez más estrecha...

Salu2,
AMT

El callejón donde no hay milagros


Los humanos tomamos nuestras ideas de la naturaleza y las reelaboramos hasta convertirlas en filosofía, matemáticas o tecnología. El primer matemático fue sin duda un tipo que se miró los cinco dedos de una mano y pensó que, con ese instrumento, podía contar y comunicar a los demás el número de gacelas que pastaban en la pradera. El pato contiene la idea del primer barco, el pez lleva consigo el germen del primer submarino y el pájaro el del primer avión. Posiblemente, la metamorfosis del gusano en mariposa sea la base inicial del optimismo tecnológico: todo cambia, y a mejor, por un proceso que no sabemos muy bien cómo funciona, pero cuyos resultados saltan a la vista.
    Lo que parece que nos cuesta un poco más asumir es la realidad de que la energía son las alas de esa mariposa, y que, a medida que se reducen, la mariposa se acerca más al gusano que un día fue, pero sin perspectivas. O como decimos por aquí: cuando eres niño y comes papillas, esperas a que te salgan los dientes. Cuando eres viejo y comes papillas, mala cosa…
    La cuestión, por tanto, es que nuestras alas se reducen, y con ellas nuestras posibilidades. Una vez asumida esa triste realidad, tenemos el deber imperativo de buscar un camino, una nueva mecánica que nos permita seguir adelante o buscar una nueva metamorfosis, y para ello, a mi entender, es preciso intentar averiguar cual será el curso futuro de las cosas.
    A largo plazo, todos calvos, o como dicen en África, a largo plazo, todos seremos blancos. Por tanto, olvidémonos de las ideas apocalípticas y tratemos de analizar cómo evolucionarán en el corto plazo los asuntos que nos interesan: empleo, suministros y paz.
    La construcción de un modelo que nos permita determinar por dónde se encaminarán los acontecimientos, no es nada fácil. Pero ahí va mi intento, con sus premisas:
-1- La cantidad de energía que contiene un barril medio es menguante. Pongamos que en un 0,5 % anual.
Ya se ha hablado algunas veces en este blog del asunto, pero no está de más insistir en la obviedad de que los barriles sacados de más abajo contienen más arena, por decirlo a lo bruto, o en que hemos extraído en primer lugar el petróleo de mayor calidad y rendimiento energético, por decirlo a lo fino. El número de barriles de petróleo producidos no es, por tanto, una variable homogénea. No importan los barriles, sino la energía que contienen, igual que en una dieta no importan tanto los gramos de alimento como las calorías que contienen.
Un barril de petróleo equivale a 42 galones estadounidenses o 159 litros, y su valor energético medio se considera equivalente a 6,12 × 109 J o 1.700 Kw·h.
Como digo, esto es sólo teórico, porque en la práctica la energía que contiene el barril medio extraído desciende paulatinamente.
-2- La producción de los pozos tradicionales, declina en un 3% anual. La cifra es arbitraria, o aproximada.
También este es un tema recurrente en todos los estudios sobre energía, y su realidad es muy dispar. Mientras algunos campos petrolíferos ven reducida su productividad en un 5% o un 6% anual, otro consiguen mantenerse prácticamente sin cambios.  Aunque la propia Agencia Internacional de la Energía reconoció un declive medio del 5 % en su informe del 2010, vamos a ser un poco más optimistas (justo lo que nunca se esperan los lectores de esta web) y aceptar un declive anual medio de los pozos conocidos de sólo un tres por ciento.


La gráfica expresa las predicciones de la OIE, dando por hecho el declive de los pozos tradicionales (azul oscuro) y añadiendo franjas de otros colores para representar las nuevas fuentes que, según ellos, sustituirán las menores cantidades de petróleo extraídas. Que los pozos al envejecer producen menos, es fácil de entender de modo intuitivo. Que se pueda sustituir eso con otra cosa, está por ver.
-3- La población mundial crece en un 1 % anual.
Y no sólo la población, sino también el consumo de energía per cápita, ya que parte de la población que hace unos años iba en burro ahora va en moto, o en coche.
Aquí va, de nuevo, la gráfica sobre la evolución demográfica de la Tierra en los últimos 200 años:
En cuanto al consumo total de energía, esta es la evolución del consumo de energía eléctrica, según datos del Banco Mundial:
En cuanto a la demanda mundial de energía, aquí va otra gráfica. La fuente es Artinaid.com:
Con una población creciente, sólo se puede reducir el consumo de energía total reduciendo fuertemente el consumo per cápita. Y a eso, por cierto, se le llama pobreza.
En este blog ya se habló, y bien, de la bomba malthusiana, así que echadle un vistazo.
-4- Cuando el precio del petróleo aumenta, su consumo disminuye.
Esto, que parece una obviedad, entraña una enorme dificultad en su cálculo, pues aunque sucede con todos los productos no se experimenta en magnitudes idénticas.
De hecho, hay una variable en economía, la elasticidad, que se encarga de estudiar las variaciones de oferta y de demanda en función del precio. La elasticidad, en general, depende de la naturaleza del producto. No puedo ponerme a explicar ahora toda la teoría pero, resumo:
Cuanto más caro es un producto, hay menos gente que lo compra ya que es menos interesante o hay menos personas que pueden pagarlo. Si el producto es poco importante o se puede sustituir fácilmente, un pequeño incremento de precio produce una disminución muy grande de demanda. Por ejemplo, las manzanas. Si suben de precio, podemos comprar peras, o no comprar fruta esa semana.
Si el bien es fundamental o de primera necesidad, la disminución de consumo es muy pequeña respecto al aumento de precio. Ese es el caso, del agua, la sal (por eso los ingleses cobraban a la población de India salvajes impuestos sobre la sal), el pan, las patatas y… sí, los combustibles.
Un aumento en el precio de la gasolina produce una disminución en su consumo, pero menor al aumento del precio, porque hay una serie de cosas que tenemos que hacer de todos modos (transportar comida, ir al trabajo, etc…)
-5- Cuando se reduce el precio del petróleo, su producción disminuye.
Y esto es así, por dos razones: cuando sacas menos dinero de vender el petróleo que produces, puede resultarte más interesante invertir tu dinero en otra cosa,  como poner fábricas, abrir otras explotaciones, etc. Las industrias petroleras tienen que pedir dinero a los inversores para abrir pozos o mantenerlos, y cuanto menor es el precio del petróleo menor es la rentabilidad de las inversiones ya realizadas. Por tanto, una reducción del petróleo implica menos capitales para esa industria y una menor producción.
De igual modo, una reducción del precio del petróleo convierte en poco rentables o ruinosos los yacimientos que tienen un alto coste de extracción. Por ejemplo, el fracking tiene unos costes medios de 85$ por barril. Si el petróleo está por encima de ese precio, el fracking es rentable, peor si baja, deja de ser rentable y la producción disminuye, al dejar de aportar crudo al mercado este tipo de explotaciones.


-6- La producción total no se puede aumentar gran cosa, a no ser a costa de un incremento brutal de los costes de producción.
     Los pozos baratos ya se están explotando. Para producir más petróleo y cubrir así la demanda de una población creciente y un consumo creciente, hay que echar mano de métodos y lugares carísimos.
    No es posible seguir teniendo petróleo abundante y barato, que es la base de nuestro sistema económico y de nuestra capacidad demográfica.
Y hasta aquí las premisas.
Pero el caso es que he puesto en una Excel todo esto,  tratando de predecir la evolución de los años futuros, y no me acaba de cuadrar ni a tiros. O el precio se va muy arriba, con lo que debería disminuir la demanda, porque a partir de cierto punto no hay manera de continuar la actividad, o se va muy abajo, por la cantidad de industrias que cierran y actividades que cesan, con lo que el nuevo precio no cubre los cotes de producción y se reduce, a lo bestia, la cantidad producida.
     Entiendo, por tanto, que nos movemos en una estrecha banda de equilibrio entre los precios asumibles y los costes de producción.
Se trata de una estrecha banda de fluctuación, más estrecha cada vez, donde los precios fluctúan como locos en busca de un equilibrio. El futuro, por tanto, no pasa por grandes  alzas como las que muestran los modelos matemáticos que usé en otro artículo sino por constante dientes de sierra en una franja determinada, en un callejón en forma de embudo del que no se puede salir sin adelgazar.  
Y si miramos de cerca esa situación, creo que vemos la verdadera naturaleza de la jugada: el concepto de coste de producción es global, como lo es el mercado. Al final, los costes de producción se convierten en una media, porque todos los productores concurren como oferta al misma mercado y todos los consumidores concurren, o casi, al mercado como demanda global. Pero el concepto de coste asumible es local y muy diferente entre unos y otros, y depende sobre todo de lo que se haga con esa energía y de lo que con ella se sea capaz de producir. Si te dedicas, por ejemplo, a actividades de bajo valor añadido, la energía te resultará cada vez más cara; pero si empleas el petróleo, por decir algo, para producir medicamentos, entonces no te importa gran cosa que un barril suba treinta dólares, porque de un barril haces un millón de pastillas que vendes a cinco dólares la unidad.
El concepto “coste asumible” depende de la estructura productiva de cada sector, de cada familia y de cada país, con lo que entiendo que la caída, que ya ha comenzado, será primero por sectores y luego por países. Hay ya sectores que no pueden seguir trabajando con los costes actuales. Un ejemplo que conozco muy bien es la hostelería de montaña: es imposible competir en precio en un hotel en el Norte, porque el coste de la calefacción es tal que te obliga a subir los precios (y no vendes) o da no ganar dinero (y no quieres vender).
A la postre, Los países que puedan mantener una serie de servicios a pesar de la caída de algunos sectores conservarán la estabilidad, y los que no, como el caso de Egipto, serán los primeros en irse al carajo, al paso de la oca y con banda de música.
Pero a la gente no le gusta ser pobre. A la gente no le gusta irse al carajo. ¿ Y qué pasa entonces?
    Pero a pesar de todo, de momento el precio en sí no caerá ni subirá gran cosa, oscilando en esa banda de equilibrio y añadiendo nuevos cadáveres al cementerio económico con cada diente de sierra.
     En el caso de España han caído ya muchos sectores (de ahí el desempleo salvaje), y mantenemos los servicios (o lo simulamos) a base de deuda.
     Si, como preveo, el siguiente colapso financiero es en Asia, nos vamos a echar unas risas con la deuda…
     Por no llorar, más que nada.

www.javier-perez.es

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