jueves, 31 de octubre de 2013

La Caída del Gigante (I)

 Introducción
 
31 Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen.
Esta imagen, que era muy grande,
y cuya gloria era muy sublime,
estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible.


32 La cabeza de esta imagen era de oro fino;
su pecho y sus brazos, de plata;
su vientre y sus muslos, de bronce;


33 sus piernas, de hierro; sus pies,
en parte de hierro y en parte de barro cocido.


34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada,
no con mano,
e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido,
y los desmenuzó.


Libro de Daniel, Capítulo II, versículos 26 al 45



El cierre administrativo parcial en USA puede convertirse en el prólogo de una dramática suspensión de pagos si el próximo día 17 de Octubre demócratas y republicanos no alcanzan un acuerdo para elevar el techo de deuda, fijado en la actualidad en los 16,7 billones de dólares.  Esta situación obligaría a la Administración norteamericana a no captar más financiación en los mercados financieros, recortar drásticamente sus gastos y dejar de pagar las facturas.
Los problemas económicos del gigante americano son parte de una crisis sistémica enraízada en la carencia de recursos, y muy particularmente en la escasez de crudo.
Todo ello ocurre porqué para Norteamérica el petróleo no se trata únicamente de una fuente de energía, se trata realidad su moneda.


Para entender la sutil relación entre petróleo y dólar, y como el peak-oil ha puesto en jaque a una moneda norteamericana asfixiada por la crisis del crudo,  intentaré explicar con brevedad las etapas de la vida del petrodólar:
  1. Origen: La historia del petrodólar en cuatro fechas,
  2. Madurez: Ejército americano, guerras por el crudo y el dólar.
  3. Vejez: El control del aceite. Rutas, oleoductos y países exportadores
  4. Muerte: Presión de las economías emergentes contra el petrodólar.


ORO y ACEITE. El petrodólar en 4 fechas

1944

Tras la II guerra mundial los Estado Unidos de América contaban con una capacidad industrial que concentraba el 50% del PIB mundial, el 80% de las reservas mundiales de oro, petróleo, materias primas y un extraordinario poder militar.
A pesar de todo, el gobierno norteamericano  temía que tras el regreso de los soldados al mercado de trabajo y con el fin de la producción bélica se produjese una depresión económica similar a la de los años 30.
Así pues, el ejecutivo norteamericano se fijó como objetivo principal el encontrar un sistema que garantizara el crecimiento económico; y para ello necesitaba consolidar su liderazgo militar y acceder a unos mercados internacionales abiertos donde pudiese exportar sus productos y abastecerse de materias primas.
Como William L. Clayton, secretario de Estado para asuntos económicos,  manifestara “Precisamos de grandes mercados por todo el mundo, donde comprar y vender.”
Asistimos así al nacimiento del imperio económico norteamericano, que se gestó en el conocido como “Tratado de Bretton Woods”.
En el tratado nacen dos nuevas Instituciones, el FMI y el Banco Mundial. Pero la resolución de mayor calado fue la sustitución del patrón-oro por un patrón-dólar.
Tradicionalmente los países respaldaban sus monedas nacionales en función de sus reservas de oro, pero debido al enorme gasto bélico que supuso la II guerra mundial, la reserva de oro de la mayoría de los países había caído en picado con el subsiguiente riesgo de una inflación generalizada y una nueva recaída económica.
En la conferencia de Bretton Woods se estableció que sería el dólar quien mantendría una equivalencia fija en oro, (una onza de oro equivaldría a 35 dólares), y que la moneda estadounidense se convertiría en la divisa de referencia a nivel mundial respaldada por sus ingentes reservas de oro. Así el sistema de Bretton Woods de 1944 generó una alta demanda de dólares que garantizase el acceso del resto de naciones al comercio internacional.
El sistema acordado en la convención de Bretton Woods, unida al Plan Marshall, consiguió que Japón y Europa se reconstruyeran de la guerra mediante la adquisición de dólares que intercambiaban por productos estadounidenses, acero, coches, maquinaria… Más de la mitad de reservas oficiales de oro del mundo (574 millones oz al final de la II Guerra Mundial) avalaban la estabilidad de un patrón dólar-oro aceptado a nivel mundial. El resto de divisas deberían mantener un cambio respecto al dólar que fluctuase como máximo en un 1%, y serían los gobiernos quienes deberían actuar en caso de incumplimiento. Este patrón de moneda fijo permitiría abrir los mercados a nivel mundial y evitar así el proteccionismo económico.
El sistema económico funcionó relativamente bien, contando entre sus logros la obertura de los mercados, la contención monetaria, que se guiaba en función exclusiva del oro en posesión, la subsiguiente regulación inflacionaria a nivel mundial, y por tanto el control de las posibles burbujas que se pudiesen generar.
Pero entre las virtudes del sistema se encontraba su particular tendón de Aquiles. La economía mundial estaba en manos de un único actor que podía cambiar las reglas en función de sus propios intereses.
En este contexto, y a pesar de la prosperidad económica, la espiral armamentística que protagonizaban norteamericanos y soviéticos en la conocida como “guerra fría”, obligaba a los Estados Unidos de América a mantener un creciente gasto militar. Además, cuando Alemania y Japón se recuperaron de los estragos de la guerra pasaron de ser clientes a competencia, y así acumularon una gran cantidad de dólares que en un momento u otro desearían cambiar por oro.
En consecuencia la proporción de producción económica de USA en el mundo se redujo del 35 al 27 por ciento. Su pérdida de mercado, un balance de pagos negativo más los gastos por la guerra del Vietnam hicieron que los Estados Unidos vieran mermada su reserva de oro hasta el punto crítico de no poder mantener un sistema cuya garantía se fundamentaba en un metal cada vez más escaso.
Durante la década de los sesenta (años de guerra fría) las reservas de oro disminuyeron mientras se aumentaba la cantidad de dólares en el mercado. La paridad dólar-oro comenzaba a resultar insostenible.
Al borde del colapso económico, Nixon se encontró ante la disyuntiva de devaluar el dólar (efecto que resultaría demoledor para una economía que se vería expuesta a una fuerte inflación con el subsiguiente encarecimiento de las importaciones), o finalizar con la convertibilidad del dólar en oro.

1971  

En 1971 el gobierno norteamericano decidió convertir el dólar en moneda fiduciaria, y dejarla flotar así en manos de los especuladores y los mercados. El liderazgo del dólar se vio así comprometido, pues el mismo no garantizaba oro, en realidad no garantizaba nada.
Evolución de los dólares y de las reservas de oro del tesoro norteamericano.
Desde el conocido como shock de Nixon la cantidad de moneda americana ha crecido sin control.


1973

El último esfuerzo para mantener la demanda de dólares fue una de las ideas más audaces adoptadas por el gobierno de Nixon. Durante el año 1973 los Estados Unidos representados por el secretario de estado Henry Kissinger y el príncipe Faisal de Arabia Saudí alcanzaron un acuerdo secreto que más tarde sería corroborado  por el resto de los  países de la OPEP.
El convenio comprometía al gobierno árabe a vender su petróleo exclusivamente en dólares, a cambio, USA garantizaba la protección de los campos petrolíferos frente a cualquier ataque, ya fuese de la URSS, Irán, Iraq o Israel.
El negocio era redondo, Arabia sería protegida por el mayor ejército del mundo y los Estados Unidos consolidaban al dólar como la moneda más importante del globo.
El efecto fue inmediato; el resto de naciones comenzaron a demandar dólares para obtener petróleo. Un dólar así revalorizado le permitió  abastecer sus necesidades comerciales a bajo precio en los mercados internacionales. Además el nacimiento del petrodólar garantizaba la hegemonía de una moneda norteamericana cuya demanda progresaba en paralelo al crecimiento de la demanda petrolera, demanda de dólares que debería devolverse con intereses.
Por tanto los máximos beneficiados de este tratado fueron:
  1. Un gobierno árabe, que aseguraba sus reservas petrolíferas de cualquier ataque.
  2. la banca americana, que garantizaba la demanda de dólares.
  3. la industria americana que accedería a los mercados internacionales con un dólar artificialmente valorizado, y con el que estabas obligado a comerciar para poder obtener moneda americana y así acceder al mercado petrolífero.
  4. y el ejército americano, pues era el eslabón necesario con que mantener los acuerdos establecidos por Kissinger y el príncipe Faisal.

2000



A finales del 2000 algunos países de la UE capitaneados por Francia convencieron a Saddam Hussein para que desafiase directamente al petrodólar. Le propusieron que vendiese el petróleo del plan “petróleo por alimentos” en euros, no en dólares.
En el tiempo transcurrido entre el año 2000 y el 2003 en que América decidió invadir Irak, varios países insinuaron su interés por comerciar en otras monedas. Entre ellos destacan, Irán, Indonesia, Siria, Venezuela, Libia (Gadafi pedía pago del petróleo en otra moneda y ya no en dólares. Es en dinars africanos respaldado en oro. A esto Sarkozy, el presidente de Francia, lo llamó “un peligro para las finanzas del mundo”) y los BRICS (China, Brasil, India, Sudáfrica y Rusia), en resumidas cuentas, el eje del mal y los intocables (por poseer armas nucleares).
A quienes amen las teorías conspiranoicas, les refrescaré la memoria al recordarles que en febrero del año 2011 Dominique Strauss-Kahn, director del FMI, recomendó que el petróleo se pudiese vender en otras monedas, desafiando así al mercado energético dominado por el imperio norteamericano. Tres meses más tardes fue acusado por agresión sexual en el Sofitel New York Hotel. Posteriormente fue absuelto de toda culpa, eso sí, tras dimitir como director del FMI.

Conclusión
La sociedad dólar-petróleo engendrada tras la firma de Kissinger y el príncipe Faisal contribuyó a que ambos estados se beneficiaran de un pacto en que el resto del planeta pagaría sus excesos. La diabólica alianza vincularía la moneda norteamericana al destino del crudo, tanto en su subida como en su decadencia, en la pobreza como en la riqueza, en la salud como en la enfermedad. Pero desde el 2005 la producción de petróleo está condenada a decrecer, y con ella la hegemonía de la economía norteamericana.
Por tanto, el oscuro futuro del aceite sitúa al borde del colapso a un dólar que en el peor de los casos merecerá un lugar privilegiado entre los ilustres cadáveres del peak-oil, pues las consecuencias de su caída pueden resultar demoledoras.

Vicente Ortega Bataller

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