viernes, 13 de febrero de 2026

El sobremetabolismo

 


Queridos lectores:

Seguramente se habrán fijado en la cantidad de obras que hay siempre y por todas partes, pero particularmente en infraestructuras fundamentales para la movilidad. Y no bien se acaba una obra que al cabo de nada comienza la siguiente. Tienes siempre la sensación de estar saltando entre vallas, pasarelas improvisadas con escalones de andamio y caminos embarrados. Bueno, seguramente no es una sensación, sino que probablemente es así. Párese a pensarlo, querido lector: en sus trayectos del día a día, ¿cuántas veces pasa al lado de alguna obra de mayor o menor dimensión? ¿Y cuántas veces, en su actividad cotidiana, tiene que hacer exactamente eso (sortear vallas, pasar por sitios estrechos, esquivar charcos) por razón de las obras?

Porque si hay una característica notable de estas obras es que mayoritariamente tienen que ver con las infraestructuras de movilidad, desde las simples calles reconvertidas mil veces para cambiar el sentido de circulación, arbolarlas, desarbolarlas, etc; hasta las estaciones de tren o autobús, los aeropuertos, el metro o las calzadas de calles, carreteras o autopistas. 

Esto no es casual. Todas estas obras son públicas, aunque las ejecutan empresas privadas. Por tanto, representan una inversión del dinero público para el fomento de una actividad industrial privada. Una que particularmente en España está sobredimensionada, y por eso mismo representa una porción importante de nuestro PIB.

El problema, como siempre, es que la existencia de la estructura crea la necesidad de su uso. Del mismo modo que si los EE.UU. tienen un ejército potente entonces necesitan guerras, si particularmente España tiene una industria constructiva potente entonces necesita construir, construir y construir. Pero, claro, aunque quieras emporlanar todo el camino desde aquí hasta el quinto pinto, llega un momento en el que no te cabe ya el cemento por ningún sitio. Así que por tanto no queda más remedio que destruir. Y es a eso a lo que se dedica la industria más potente de España: a destruir y construir.

Es conocido que los organismos vivos se mueven en el filo de la navaja, siempre bajo la espada de Damocles de la entropía, la cual en última instancia representa su muerte. Para engañar a la entropía, los organismos vivos desarrollan dos procesos fundamentales: el anabolismo y el catabolismo. De manera muy superficial, el anabolismo es la actividad de síntesis química y de construcción del propio cuerpo, mientras que el catabolismo es la destrucción de los materiales que serán reciclados o escretados, con una producción asociada de energía. El ciclo de anabolismo-catabolismo permite al organismo ir renovando sus células cuando agotan su vida útil y de ese modo evitar comportamientos aberrantes por mal funcionamiento (por ejemplo, el cáncer). Es una lucha continua en la que al final, por supuesto, gana la muerte, pero en el proceso se consiguen ganar muchos años de vida y realizar el último truco, el engaño definitivo para esquivar la muerte que es la reproducción: el individuo está condenado, pero la especie sigue.

Anabolismo y catabolismo juntos forman lo que se denomina el metabolismo, que es ese delicado equilibrio entre construcción y destrucción que nos mantiene vivos y funcionales. En determinadas circunstancias, nuestro metabolismo acelera: cuando crecemos, cuando luchamos contra una enfermedad... En otras se ralentiza: cuando se pasa hambre, cuando te haces viejo... Nuestro correcto funcionamiento requiere un ajuste preciso de nuestra actividad metabólica.

Nuestra sociedad, sin embargo, se encuentra ahora mismo en un estado de sobremetabolismo que calificaría de paroxístico si no fuera porque en realidad es permanente. Es peor incluso que eso: es divergente, crece y crece exponencialmente. La razón para este sobremetabolismo divergente es la misma de siempre: la necesidad de un capital cada vez más gigantesco de conseguir las tasas de ganancia históricas. Es lo que nos empuja al crecimiento exponencial, al consumo masivo y creciente de recursos hasta su agotamiento, y a la degradación ambiental y material de nuestra sociedad.

Este sobremetabolismo lleva de manera natural e ineludible a una cutrefacción acelerada. Como hay que construir cada vez más rápido, se acortan plazos de seguridad y las jornadas son agotadoras, sobreexplotando a los trabajadores. Como la energía y los materiales se vuelven caros por su agotamiento, se usan peores materiales y se paga peor a los trabajadores, que trabajan con más desidia. Todo es más cutre y peor. Después, cuando aparecen las goteras, se derrumban los taludes o revientan las vías, se produce la general ceremonia de la confusión en la que todos eluden sus responsabilidades porque todos son cómplices del desastre. Para acabarlo de agravar, la cutrefacción inducida por sobremetabolismo se lleva muy mal con los nuevos riesgos ambientales. Para empezar, nadie incorpora los nuevos mapas de riesgos de inundaciones ni revisa las zonas inundables con categorías más realistas, ni se ajusta edificación ni infraestructuras a la previsión de vientos u oleaje más acorde con las proyecciones actuales, ni nada. Los materiales están sometidos a mayor estrés térmico porque las temperaturas son más altas en verano; los drenajes son insuficientes para los caudales que se producen ahora en algunos momentos, no se refuerzan cimentaciones en previsión de escorrentías más agresivas... Nada. No se hace nada de eso, ni se tiene interés en hacerlo, por un doble motivo. El primero, porque tener todo eso en cuenta encarecería las obras e iría en contra del beneficio del capital, que ya va bastante ajustado por la creciente escasez de energía y materiales. Pero el segundo motivo es más siniestro, y es que en el fondo ya va bien que las inclemencias al alza degraden e incluso destruyan las infraestructuras, porque así el trabajo catabólico queda hecho gratis y resulta forzoso y obligado invertir en nueva obra. Por eso después de la DANA de Valencia se habló todo el rato de "reconstrucción" en lugar de "replanteamiento" (urbanístico y de infraestructuras), y por eso cada año se tiran literalmente millones de euros al mar regenerando playas que serán destruidas en la siguiente estación de tempestades.

Las consecuencias del sobremetabolismo son, obviamente, nefastas. Primero, es un malgasto de recursos que cada vez serán más escasos, pero como hay una gran industria con un gran poder de influencia y económico montada alrededor de ello nadie se atreve a ponerle coto. Segundo, nos embarca en una dinámica de gasto continuo: ahora se construye con tiempos de vida útil más breves, prácticamente de usar y tirar. ¿Qué vamos a hacer cuando la energía escasee y nos veamos incapaces de mantener infraestructuras pensadas para durar solo unas pocas décadas? Y tercero, nos obliga a vivir en una situación de permanente incomodidad. No puedes caminar tranquilo sin toparte con estas obras engorrosas, que ocupan todo el espacio y lo ensucian todo, y que a veces suponen hasta un riesgo de seguridad (fruto de la cutrefacción también en ese ámbito).

El camino hacia una sociedad verdaderamente resiliente pasa por un cambio de nuestro ritmo metabólico, para acompasarlo a las realidades de un mundo finito. Un ritmo más pausado también lleva a reducir la entropía, y nos aleja del rol actual como siervos de entropía. Hay que aprender a hacer las cosas pausadamente, y a hacerlas bien. La parsimonia y el cuidado de las cosas es, además, más eficiente, aunque sea más lento. Básicamente se trata  de gastar más tiempo para gastar menos energía y materiales, y para que el resultado sea más robusto y duradero. Es todo un cambio de mentalidad, pero es absolutamente necesario. En el pasado, estos cambios sociales y culturales se han dado en sociedades que pasaron por graves crisis y que comprendieron que necesitaban hacerse mejores para sobrevivir. Ése es ahora nuestro desafío.

Salu2.

AMT

P. Data: ¿Qué tal el viaje a Alicante de ayer? Y, bueh... 

Y a ver qué me pasa hoy en el viaje de vuelta (desde donde estoy escribiendo ahora mismo). En fin: a mi RENFE me maltrata lo normal...

  

 

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