Queridos lectores,
Ahora que acaba el año 2010, es el momento de recapitular y en hacer un tanto de previsión sobre lo que nos puede deparar el 2011. Este 2010 ha sido, sin lugar a dudas, un año infausto, en el que las malas noticias económicas, la crisis que no cesa y los crecientes recortes han aumentado la sensación de precariedad y angustia; sin duda, 2010 ha sido peor que 2009, que a su vez fue peor que 2008 (recuerdo que en las navidades de 2008 circulaba un SMS que decía: "Feliz 2010 (porque seguro que 2009 será una mierda)". Y, ahora mismo, no parece que 2011 vaya a ser mucho mejor. En el caso particular de España, hace pocos días el presidente Rodríguez Zapatero reconocía que quedan por lo menos cinco años más de crisis; en otros países más o menos abiertamente se están dando unas perspectivas similares. Por supuesto yo creo que aún esa mala proyección de futuro es optimista: como ya hemos comentado, sin un cambio radical de rumbo esta crisis no acabará nunca. La tendencia a medio y largo plazo es clara: mientras no se modifique sensiblemente nuestro sistema productivo y económico sufriremos un decrecimiento forzoso; en algunos momentos esporádicos la actividad económica mejorará o no empeorará; pero esos breves trimestres de no-decrecimiento se verán seguidos de muchos trimestres de fuerte contracción. Peor aún, la posibilidad de que la depauperada clase media vaya siendo destruida y cada vez más gente se vea arrojada a la indigencia aumentará la inestabilidad social, la tentación autoritaria y, en un caso extremo, incluso el colapso de la sociedad. El futuro no está escrito, no es inexorable, y en nuestras manos está cambiar nuestro rumbo. La vocación actual de este blog, que nació como una bitácora más o menos personal, va evolucionando hacia ser un altavoz de ese cambio necesario. El hecho de que se empiece a plantear, tímidamente, en algunos medios de comunicación la necesidad de cambiar el PIB por otros índices como objetivo de las políticas, indica que se empieza a tener conciencia de que el crecimiento económico no será ya posible; es un paso más, posiblemente pequeño pero en todo caso significativo, para reconocer que necesitamos cambiar.
¿Qué nos depara el 2011? Imposible es de saber. Las perspectivas no son nada halagüeñas, pero la sociedad humana es un sistema muy complejo en el que intervienen multitud de variables y su comportamiento es impredictible, con cierta propensión a las transiciones de fase, en algunos casos positivas aunque, predominantemente, las transiciones de fase espontáneas serán negativas (porque aumentan el caos del sistema). En ausencia de una bola de cristal que nos diga qué va a pasar exactamente, hay ciertas cosas que tienen una probabilidad significativa de suceder. He aquí un breve compendio, con un apunte particular para el caso de España que puede acabar teniendo consecuencias globales.
- Aparentemente, hay un tensión nada despreciable en el mercado del petróleo. Goldman Sachs alerta que desde Mayo hay un déficit de casi un millón de barriles diarios, que los países de la OCDE estarían detrayendo de sus reservas estratégicas para evitar que el precio del petróleo suba mucho. (Cautela: Goldman Sachs no es alguien de quien te puedas fiar mucho, y mucho menos si se tiene en cuenta que llevan desde principios de año apostando por un barril a 100$ para principios de 2011). Dado que las reservas estratégicas de la OCDE cubren tres meses de su consumo, que es de unos 40 millones de barriles diarios, quiere decirse que contienen unos 4.800 millones de barriles, así que el déficit actual acabaría por beberse las reservas en algo más de 13 años. El problema a corto plazo no viene, por tanto, en que se agoten ya las reservas estratégicas, sino que el déficit comentado, si es real, tiende a crecer; además, por ley los países de la OCDE no pueden permitir que sus reservas estratégicas bajen por debajo de los dos meses o dos meses y medio; y en cualquier caso el objetivo último de las reservas no es el de amortiguar las fluctuaciones de precios del mercado (aunque en parte se usen así), sino el de garantizar el suministro en caso de interrupciones repentinas. La demanda creciente de China, India, Rusia, Brasil y otros países emergentes impulsan el precio al alza, así que es previsible que en los próximos dos meses veamos el barril por encima de los 100$, eventualmente los 110$. Cuando acabe el invierno del hemisferio norte (época junto al verano de mayor consumo) los precios se volverán a relajar, y si los altos precios invernales no han desencadenado una nueva fase recesiva (cosa de la que creo que nos daremos cuenta en el día a día) que arrastre los precios a la baja de forma prolongada, el precio del barril bajará y se mantendrá en torno a los 90-100$, hasta el verano. Si el siguiente pico de precios no ha tenido lugar antes, el verano de 2011 será, probablemente, el momento del siguiente pico de precios; en esta ocasión, con las economías occidentales más debilitadas, quizá un precio de 120$/barril será suficiente para inducir una ola recesiva global. Por tanto, la tendencia que apunto para el precio del petróleo es de causar una nueva ola recesiva antes de que pasen 7 u 8 meses.
- Para mayor agravamiento, China está importando diésel en grandes cantidades para cubrir un déficit estructural de refinado que tiene. Respecto a otros países tenemos el caso de Irán, quien a pesar de ser el cuarto exportador mundial de petróleo está importando grandes cantidades de gasolina porque el petróleo que produce últimamente es muy sulfuroso y no lo pueden refinar en el país. Todo lo cual mete una presión adicional sobre los productos refinados (diésel y gasolina sobre todo), que están subiendo más deprisa que lo que subió el petróleo en el bienio 2007-2008. Para terminarlo de agravar, Irán disminuye los subsidios a la gasolina doméstica para evitar la sangría que le supone comprarla en el mercado internacional, y esto aumenta la inestabilidad en la calle. Un conflicto interno en Irán, o en otros países productores de petróleo con dificultades internas, podría causar una disrupción catastrófica del flujo de petróleo, con precios por las nubes y una recesión de grandes proporciones a escala global. Al margen de eso, es de esperar que los precios de los carburantes se mantengan más elevados de lo que les correspondería de acuerdo con el escenario 2007-2008.
- La tensión en el mercado de alimentos probablemente persistirá durante los próximos meses, llevando a revueltas por alimentos en muchos países como ya pasó en 2008. Los precios suben en parte por las malas cosechas registradas (según dicen, aunque hace meses se preveían que fueran récord), por el encarecimiento causado por la subida de los carburantes y su repercusión en las actividades de cultivo, cría de animales, transporte y procesamiento; y por el desvío de grano para la producción de bioetanol, más competitivo ahora que el petróleo está tan caro. Éste último factor no se reconoce abiertamente y es difícil de evaluar su impacto, pero probablemente es bastante significativo. Pero, sobre esta tendencia de corto plazo, hay otra de más largo plazo: el acaparamiento de tierras de cultivo, sobre todo en África, por parte de los países occidentales y de China, en ocasiones echando a los pueblos que las han cultivado durante generaciones inmemoriales. En algunos casos el objetivo es utilizar estos alimentos en el Primer Mundo, aunque sea a costa de deprivar de alimento al mucho más necesitado Tercer Mundo; en otros, las tierras compradas son simplemente una inversión y se dejan sin cultivar. Sea como sea, esa tendencia de más largo plazo tenderá a agravar los problemas alimentarios a escala mundial. En el Primer y Segundo Mundo, los márgenes impuestos por los grandes distribuidores desincentivan a los pequeños agricultores y ganaderos, que ven cómo el precio al cual se les pagan sus productos apenas cubren costes, si es que los cubren. En Europa la denominada Política Agraria Común (PAC), y en otros países más industrializados otros esquemas de subvención permiten mantener esta situación insostenible, aunque es difícil de saber por cuánto tiempo, en una época de recortes presupuestarios.
- España está a punto de sufrir un segundo crash inmobiliario. Esto es algo conocido, aunque nadie tiene el valor de decirlo en voz demasiado alta. Con una tasa de paro oficial de en torno del 20% y una tendencia a la baja en los salarios, es evidente que la capacidad de consumo de los españoles ha quedado muy disminuida. Sin embargo, el precio de la vivienda, que en España llegó a precios estratosféricos (3.000 €/metro cuadrado construido en las zonas residenciales de ciudades medianas y grandes, y más del doble en las grandes ciudades), no ha sufrido un ajuste tan brusco como en otros países; así, mientras en EE.UU. se estima que el precio de la vivienda se ha desplomado de un 50% respecto a sus máximos, en España algunos analistas estiman que ha sido sólo de un 20% (otros dicen que menos); en cualquier caso, queda bastante recorrido, como ilustra este gráfico que compara la burbuja inmobiliaria japonesa y la española.
- El caso es que en el caso de España no se ha permitido que el precio de la vivienda se desplome, ya que los bancos tienen una enorme exposición al sector (se estima que la deuda de promotores e inmobiliarias con los bancos se acerca al medio billón de euros, eso es, como la mitad del PIB de España). Los bancos españoles han aceptado que algunas de las deudas inmobiliarias vencidas fueran pagadas con inmuebles, contabilizándolos como activos y no como pasivos al valor del mercado; por eso mismo, los bancos españoles han sido los primeros interesados en que el precio de la vivienda no bajase. Este hecho ha sido denunciado repetidamente desde el inicio de la crisis desde fuera de España como una distorsión del mercado. El caso es que finalmente el Banco de España se decidió a actuar en Mayo de este año, y desde entonces obliga a los bancos a provisionar un 10% del valor de los inmuebles que acepte como pago, subiendo al 20% si la vivienda sigue en su poder al cabo de 12 meses y al 30% si llega a los 24 meses. Eso hace que ahora mismo los ladrillos quemen en las manos de los bancos españoles, que se encuentran en el difícil brete de querer deshacerse de ellos a toda costa mientras que no puede permitir que bajen demasiado. Todo un dilema. Al tiempo, la anulación de la desgravación por la compra de primera vivienda salvo para las rentas muy bajas disminuye el incentivo de comprar para el ciudadano de a pie, con lo que introduce presión adicional para reducir el precio. Por tanto, es previsible que durante el año que viene el precio de la vivienda en España experimente una bajada importante. Pero eso puede poner en grave riesgo de quebrar a muchos bancos españoles, acercando una vez más el fantasma del rescate financiero de España. Sólo que dado el tamaño de la economía española (más del doble que la de Grecia, Irlanda y Portugal juntas) un rescate español resulta muy difícil. Así pues, la caída del precio inmobiliario español puede llevar a la caída del euro. Esperemos que no sea así; supuestamente mucha gente inteligente conoce este problema y estará tomando medidas para evitarlo. Si somos optimistas.
- Por acabar, el fantasma de la hiperinflación continúa acechando. Cada nueva ronda de alivio quantitativo de los EE.UU. (ahora hay una cada comienzo de mes, de unos 60.000 millones de dólares cada una) hace subir todas las materias primas, petróleo incluido. Si en algún momento se producirá un fenómeno de huida en masa de los inversores, alejándose de los bonos del tesoro americano y acaparando materias primas, es bastante incierto. Pero podría pasar durante este año 2011. Esperemos, nuevamente, que no sea el caso.
Eso es todo, más o menos. Seguramente en los comentarios sugerirán otros temas también relevantes para este año que comienza.
Salu2,
AMT
