En esta ocasión Javier Pérez explica con números sencillos y argumentos contundentes por qué no hay ninguna salida dentro de un modelo que no ya quiera crecer sino simplemente mantenerse, por qué corremos sobre una cinta rodante que cada vez gira más rápidamente, por qué hacia adelante no hay ninguna salida.
Les dejo con Javier Pérez.
Salu2,
AMT
La maldición de los
hamsters. El problema del petróleo visto en kilowatios·hora.
Si
algún día llega a la Tierra una raza de alienígenas, y nosotros ya
nos hemos marchado o nos hemos extinguido, creo que sus arqueólogos
serán capaces de entenderlo casi todo de nuestra civilización,
salvo el recibo de la luz, que será tomado por una plegaria
esotérica, y la utilidad de los gimnasios, que sin duda serán
considerados centros de tortura y represión.
Del recibo de la
luz ya hemos hablado bastante en esta página, y seguiremos sin duda
analizando cuales de sus componentes son costes reales y cuales
pretextos para el expolio. En cuanto a los gimnasios, permitidme que
los utilice como punto de partida para describir la situación
energética en que nos encontramos.
Supongo que casi todos conoceréis la cinta continua, ese artefacto
diabólico que se desplaza a una velocidad regulada y sobre la que
hay que correr a su mismo ritmo para que no te expulse hacia atrás.
Es la versión humana de la rueda para hamsters en la que el pobre
bicho se entretiene y hace ejercicio en su jaula corriendo a toda
velocidad sin moverse del punto en que se encuentra. La única
diferencia es que la cinta continua se mueve por un aporte externo de
energía y la rueda del hámster la tiene que mover el roedor.
En cierto modo,
nuestro sistema económico basado en el crecimiento nos convierte en
hamsters, obligados a correr cada vez más aprisa para que la rueda
no se detenga. Todos sabemos que hace veinticinco o treinta años
bastaba con que trabajase sólo un miembro de la unidad familiar para
sustentar todos los gastos, y hoy es necesario que trabajen los dos
para mantener un nivel parecido. De hecho, según Jeremy
Rifkin, bastaría con trabajar
cuatro horas diarias para mantener el nivel de vida de los años
cincuenta.
El límite de esta
aceleración de la rueda en que nos hemos metido es la energía. Pero
en lugar de asumirlo, todo indica que estamos convirtiendo el
problema energético en una nueva rueda de hámster en la que correr
a toda prisa, porque lo único que los economistas miden, y se
empeñan en medir, es la velocidad a la que corremos.
Para aclarar el
asunto creo que, como siempre, hay que tratar de buscar la raíz del
problema en los conceptos últimos. Lo voy a intentar:
Un
ser vivo no necesita comida; lo que necesita es alimento. Por eso lo
más lógico para hablar de alimentación es expresarse en calorías,
y no en gramos de comida, porque no es igual comer cien
gramos de acelgas que cien
gramos de miel. Del mismo modo,
la sociedad humana no necesita petróleo, sino energía, y expresar
el aporte de energía en barriles de petróleo es tan inapropiado
como proponer una dieta expresada en gramos.
La cantidad de
energía que contiene cada barril de petróleo es decreciente, pues
en primer lugar se extrajo el de mayor calidad y acceso más fácil.
A medida que ha ido pasando el tiempo los pozos se han vuelto menos
productivos y los procesos requeridos para obtener el crudo se han
vuelto más costosos energéticamente, con lo que queda menos energía
disponible para la sociedad. Y esto es clave, porque algunos se
limitan a contar lo que sale de los pozos, sin restar lo consumido
por la industria petrolífera.
Ese mismo truco es utilizado a menudo por los directivos de las
empresas que van mal para presentar a los accionistas la cuenta de
resultados de manera que parezcan mejores de lo que realmente son. La
artimaña consiste en presentar como progresos los aumentos de
facturación, cuando lo único que les importa a los accionistas son
los aumentos de beneficio. Si el caradura de turno dice en la
asamblea que al año pasado se facturaron cinco millones y este año
se han facturado nueve, parecerá en principio que la empresa casi ha
doblado su negocio. Lo malo será cuando tenga que contar que el año
pasado los gastos fueron de tres millones, y este año de ocho,
porque entonces será cuando quede claro que están ganando la mitad
moviendo el doble de mercancías.
Algo similar, insisto, es lo que sucede con el petróleo y nadie
parece querer darse cuenta.
Sin embargo, lo cierto es que el petróleo convencional, el que se
extrae de la tierra, decrece a un ritmo constante, y el intento de
sustituirlo por petróleo no convencional, o shale oil, procedente
del fracking, no se puede hacer en términos equivalentes. Si
admitimos semejante cuenta estaremos cayendo en la trampa antes
citada de fijarnos en la facturación más que en el beneficio.
Los que se llaman a sí mismos optimistas nos cuentan a todas horas
que las enormes reservas de petróleo de roca podrán ir sustituyendo
paulatinamente al petróleo que se deja de sacar de los pozos
convencionales, pero ni esto es cierto ni probablemente lo será
nunca. Trataré de demostrarlo con cifras.
Como ya se ha
discutido aquí en extenso el tema de los daños medioambientales y
las causas del decrecimiento
de la producción convencional,
no voy a incidir de nuevo en esos asuntos y paso directamente a los
postulados.
-En
estos momentos, la producción de petróleo convencional ronda los 65
millones de barriles diarios. Es una cifra controvertida, pero la
vamos a dar por buena. El resto procede de gas licuado y todas esas
fuentes y procedencias que
ya se han explicado en otros artículos.
-La disminución de
producción de los pozos convencionales ronda un 3% anual. La
disminución real es bastante mayor, pero se ve atenuada por las
nuevas explotaciones, etc. Aunque es una cifra optimista, aceptamos
como válido este 3% de decrecimiento.
-Cada barril de
petróleo contiene aproximadamente 1700 Kw·hora de energía. O lo que es
lo mismo, 1,7 Megawatios·hora. Esta cantidad no es fija, por supuesto, y
ya hemos dicho que es menguante por muy distintos motivos (el fondo
de los pozos contiene más alquitrán y menos compuestos volátiles,
etc.), pero la damos por buena.
-La TRE de los
pozos convencionales se encuentra cerca de 20. O sea, que por cada
veinte barriles que sacamos tenemos que gastarnos uno en el proceso.
-La TRE de los
pozos no convencionales es muy variable, pero se acepta que su valor
medio, actualmente, está en torno a 6. Por tanto, por cada seis
barriles que sacamos tenemos que gastarnos uno en el proceso.
Lo que
habitualmente nos cuentan es que, con estas cifras, y dadas las
enormes reservas de petróleo no convencional (tema dudoso que ya se
irá viendo), basta con aumentar el número de barriles de petróleo
no convencional para sustituir al petróleo convencional que se deja
de extraer por el declive de los campos antiguos. Nos lo dicen y se
quedan tan anchos, y a nosotros nos parece intuitivamente posible,
mientras el petróleo no convencional dé un rendimiento de seis
barriles por cada uno invertido, pero echemos un vistazo a los
números para darnos cuenta de lo que supone esta afirmación.
En 2012, con los datos de los que partimos, tenemos una producción
de 65 millones de barriles, lo que supone unos 105 millones de
Megawatios·hora diarios. Esta es la cifra de partida de nuestro modelo.
Lo que se pretende, en el futuro, es mantener ese mismo nivel de
suministro energético. De crecer ya ni hablamos. En 2013, por tanto,
tenemos un 3% menos de producción de petróleo convencional, que nos
entrega casi 102 millones de MW. La energía que nos falta tenemos
que obtenerla del petróleo no convencional, ¡pero cuidado!, porque
aquí es donde está el engaño: la disminución del petróleo
convencional es de 1.893.203 barriles, y para sustituir la energía
que nos aportaban necesitamos nada menos que 2.098.289, como indica
la tercera columna. ¿Por qué? Porque obtener seis barriles del
nuevo producto consume uno, mientras que antes sólo consumíamos uno
de cada veinte. Esa es la clave, y por eso lo calculamos en
Megawatios·hora, a ver si queda claro.
Por ese camino, y como se puede ver en la tabla, necesitaremos en
2020 más de quince millones de barriles diarios procedentes del
petróleo no convencional. Una cantidad descomunal que supera muy de
largo a las predicciones más optimistas. Para verlo, vamos a
añadirle una columna a la tabla, que nos indique el número de pozos
de petróleo no convencional que hay que tener en funcionamiento para
obtener semejante producción. Aunque la producción de estos pozos
es muy diversa y declina a una velocidad vertiginosa (en unos 18
meses pasa a la mitad), en estos momentos se acepta como buena una
producción media diaria de 100 barriles por pozo, contando tanto las
incorporaciones recientes como los pozos más antiguos y menos
productivos.
Como veis, según este cálculo, serían necesarios en 2020 más de
ciento cincuenta mil pozos de petróleo no convencional, y casi el
doble en 2030. Y todo esto, insisto, PARA MANTENER LA ACTUAL CANTIDAD
DE ENERGÍA APORTADA POR EL PETRÓLEO.
¿Y qué tenemos en la actualidad, cuando estamos explotando los
pozos más rentables y asistimos al boom de las inversiones en
petróleo no convencional? Pues alrededor de 1 millón de barriles
diarios, y sin mucha esperanza de que esto crezca en el futuro. Aquí
va un gráfico sobre la producción prevista en Dakota del Norte y su famoso yacimiento de Bakken:
Y no nos engañemos pensado que en Bakken sólo
están empezando y que son yacimientos experimentales. Echad un ojo a
esta foto que hemos encontrado en
este otro blog para haceros una
idea de lo que se está haciendo allí en estos mismos momentos. Las
luces que señala la flecha son las antorchas del gas natural que se
está quemando allí, directamente, mientras se obtiene el petróleo
mediante fractura hidráulica. Tened en cuenta que la foto indica lo
que se está haciendo para obtener unos 700.000 barriles diarios:
Otro día, yo mismo u otro autor, hablaremos de las posibilidades
reales del petróleo no convencional, sus costes, y el ritmo actual
de perforación, estelarmente alejado de estas cifras. Hoy, cierro ya
diciendo lo obvio: que para obtener la misma energía, tenemos que
perforar cada vez más pozos, dedicar más tierras a este fin y
emplear más recursos escasos, como el agua, en la obtención de este
petróleo. Estamos ante la maldición de los hamsters: correr cada
vez más para seguir en el mismo sitio.
Lo
malo es que ni siquiera eso es suficiente, porque nuestro sistema
económico actual no puede sobrevivir sin crecimiento. Y sin
energía no hay crecimiento, por mucho que hablemos de tecnología.
¿Calculamos el número de pozos que necesitaríamos para que el PIB
mundial pudiese crecer a una tasa media del 2% anual?, ¿Calculamos
el agua necesaria para estas explotaciones?
No me atrevo. Mejor
dejarlo por ahora…
Javier
Pérez (www.javier-perez.es)




