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sábado, 24 de junio de 2017

Apuntes de Coches Eléctricos: Petróleo.

Queridos lectores,

Con cierto retraso (en todo atribuible a mi) continuamos con su saga de posts escrita por Beamspot sobre la viabilidad del coche eléctrico. En esta ocasión, analiza la relación entre el la carestía (más propiamente, asequibilidad) del petróleo y su efecto sobre la implantación del coche eléctrico. No son ideas nuevas para los lectores más veteranos del blog, pero Beamspot une los puntos con una claridad meridiana para mostrar a las claras cuál es el futuro real del coche eléctrico mientras no se cambien cuestiones fundamentales del funcionamiento de nuestra sociedad.

Les dejo con el maestro.
 

Salu2,
AMT 


Apuntes de Coches Eléctricos y Petróleo.
 

Para ir terminando esta larga (para ser una introducción) serie de entradas sobre el coche eléctrico, y ahora que se ha visto que hay unos plazos relativamente largos para la implantación tanto de los vehículos eléctricos como de todo lo necesario para la electrificación de la sociedad, queda una pregunta importante en el aire. Básicamente el auténtico nudo de todo este embrollo. Por eso, en esta penúltima entrada, antes de abordar las últimas consideraciones, las conclusiones y echar una ojeada a lo que es probable en opinión del autor que ocurra, que es la última de las entradas, vamos a dedicar un largo rollo sobre esta pregunta: ¿Cuándo y cómo se acabará el petróleo?
Curioso que esta pregunta, que hemos empezado a ver con anterioridad, no está muy claramente explicada en ninguna parte. Mucha gente, a pesar de la importancia que tienen los combustibles fósiles en nuestra vida cotidiana, ignora no sólo la implicación que tienen éstos, si no la posible evolución de los mismos.
Aunque quien más quien menos es conocedor de oídas del meme sobre la sustitutibilidad por parte de otras energías, que en teoría entrarán a medida que suba el precio del petróleo, siguen sin entender la dinámica del asunto.
El primer punto que la gente cree a pies juntillas, es que los precios del petróleo van a ir subiendo de manera imparable durante mucho tiempo, de forma sostenida, lo cual obligará a la gente a cambiar de modelo energético, puesto que las otras energías serán más baratas, y que si el coche eléctrico no ha entrado debido a que el preciado líquido negro es barato, sólo es cuestión de tiempo que lo haga ante el empuje al alza de los precios de los combustibles.
Pero ¿es esto así?¿Van a ir subiendo los precios de los combustibles de manera fija, inexorable, relativamente lenta, o lo van a hacer rápido, o de forma escalonada?¿Cuándo y cómo se acabará el petróleo?¿De cuánto tiempo disponemos?¿Se acabará el petróleo repentinamente?
Pues resulta que muchas de estas preguntas ya están respondidas, estudiadas, analizadas, evaluadas, y respaldadas por montones de informes. Empezaremos pues por la respuesta más corta y la mejor noticia de todas. ¡¡El petróleo no se acabará nunca!!
Lo que no es tan agradable, es el porqué: nos pararemos de extraerlo antes de que se termine. ¿Por qué? Pues porque para extraerlo hace falta energía, y si la energía que se obtiene del petróleo extraído es menor que la que necesitamos para sacarlo, entonces no vale la pena extraerlo.
Este concepto es clave para entender muchas cosas. Es el ya manido concepto de TRE. Pero en este caso pone de relieve dos cosas. La primera, es que la geología y la calidad del petróleo pueden ser relevantes, que es lo que veremos a continuación. La segunda, es que mientras el cobre o cualquier otra materia prima que se extrae son utilizadas en su totalidad, los combustibles no, ya que son las fuentes de energía, y una parte de dicha energía se usa para extraer dichas materias de sus pozos, minas, etc. Es decir, hay una energía ‘bruta’ que se extrae, pero TRE mediante, a la sociedad le llega sólo una fracción para otros usos, una ‘energía neta’. Casi todos los datos que se dan, como con las ofertas salariales, son ‘en bruto’, nunca en limpio. Calcular la energía ‘neta’ que queda es mucho más complicado que calcular el sueldo neto, evidentemente.
La dificultad y las limitaciones geológicas son el elemento determinante para calcular precisamente la cantidad de energía neta, y para algo más importante para la sociedad: la producción, sea neta o bruta.
Evidentemente, estudiar y conocer de antemano cómo funciona todo esto es algo de suma importancia para muchos sectores. El primero en toda lógica, es el sector del petróleo, precisamente. Una buena información al respecto permite planificar y obtener el mejor rendimiento y las mayores ganancias para las empresas dedicadas a esto. Por ello, después de la Segunda Guerra Mundial, un matemático tejano, Marion King Hubbert [1], contratado por una petrolera en el estado americano del petróleo, se dedicó a hacer precisamente eso.
En una época en que apenas había calculadoras mecánicas, tablas de datos en papel que muchas veces no se podían conseguir, copiar a mano, y sin capacidad de cálculo, este señor publicó un estudio sobre la evolución en la extracción de materias primas que valía tanto para el petróleo como para el cobre como para las naranjas en la temporada de recogerlas. El resultado es conocido como ‘la curva de Hubbert’ [2]. Algo parecido a una montaña, más o menos simétrica.
La ‘parte izquierda’ se corresponde con el principio de explotación de un recurso. Generalmente suele ser algo que al principio no suele tener mucha demanda, así que la extracción al principio es lenta, poco eficiente mientras se aprende y se desarrolla el mercado, y va creciendo a medida que lo hace la demanda. Así que se van explotando los recursos más sencillos, las naranjas maduras que tenemos más a mano.
Así pues, la producción diaria, mensual, anual, va subiendo hasta que llega un momento en que no quedan más recursos sencillos de obtener, éstos se vuelven difíciles, más costoso, y eso frena el crecimiento al principio, para luego reducir la producción a medida que los fáciles que quedaban se acaban y van siendo sustituidos por recursos de peor calidad, o más difíciles de obtener, o ambas cosas. Es ‘el lado derecho’ de la curva, el descenso de la producción.
El punto máximo, más elevado, el que separa ‘el lado izquierdo’ del ‘lado derecho’, es el llamado Cénit de la producción, o Pico, o Peak en inglés. Para el caso del petróleo, se llama Cénit de producción del Petróleo, Pico Petrolero, o más comúnmente, Peak Oil [3], y se suele dar hacia el centro, cuando se han extraído la mitad de las reservas del producto.
El resultado que obtuvo en Marion K. Hubbert, presentado en 1957, aunque las primeras conclusiones ya las vaticinó a finales de los 40, era no sólo esta curva, si no que la producción de los EEUU (descontando Alaska), llegaría a su cénit en 1971. Pese a los esfuerzos de la industria, sucedió tal y como había predicho. Fue el origen de las crisis petroleras de la década de los 70.
El caso del Litio es paradigmático, puesto que ya hemos visto que hay varios tipos de recursos, salmueras, rocas varias. Hemos visto que la mayoría de reservas de Litio son en forma de salmueras, que es lo que ahora se está explotando debido a que son más fáciles (y por tanto, baratas y rentables) de extraer. Ahí hay más de la mitad de las reservas, aunque no todas son de igual calidad, y una misma reserva va volviéndose más difícil y problemática a medida que se explota y se va agotando, como ya vimos con el cobre [4].
El caso de la curva de Hubbert, básicamente significa que en realidad tenemos la mitad de lo que hay. Una vez que se ha llegado al cénit, de forma irreversible, la producción decrece, con lo que el precio del recurso, en teoría, sube, al irse explotando las fuentes de más dificultad, menor concentración, más costosas, y se van agotando las fuentes rentables y baratas. Un poco antes de llegar al cénit, ya se suele notar una subida de precios debido a la ralentización de la producción, que aunque sigue subiendo, el ritmo de crecimiento ya no es capaz de seguir el crecimiento de la demanda.
Así pues, si cerca del cénit no hay sustitución posible, los precios empiezan, en teoría una escalada que puede llevar a dos cosas: la sustitución por otros elementos menos caros, o la destrucción de la demanda debida a un elevado precio de la materia prima. Dadas las estimaciones de reservas de Litio, dividirlas por la mitad debido a Hubbert no parece precisamente una buena noticia: confirma que no hay suficiente Litio, y eso que apenas está empezando la parte izquierda de la curva.
Como esto es algo conocido desde hace tantos años, los gobiernos están todos informados de ello. Sin embargo, me resulta curioso que la mayoría de la población desconozca esta parte tan importante de la historia reciente. Los gobiernos, especialmente el de los EEUU, están perfectamente al caso, aunque hay más: todos los países productores de petróleo.
Por tanto, a la vista de lo explicado, los gobiernos de todos los países deberían hacer planes para ir preparando la sustitución del petróleo por otras fuentes de energía. Se comentó el caso de la electrificación en la entrada anterior, aunque bien es sabido que hay otras alternativas. Como hemos hablado del petróleo, podemos mirar de cambiar primero por gas, puesto que es más limpio, emite menos CO2, tiene menos contaminantes que puedan convertirse luego en problemas como pasa con el azufre del carbón, etc.
Modificar coches de gasolina para que funcionen con gas es algo relativamente sencillo. En España hubo taxis que funcionaban con bombonas de butano, pero fueron prohibidos hace muchos años. Ahora vuelven a circular, aunque sea con otros derivados del gas, si bien tienen prohibido aparcar en lugares cerrados, incluyendo muchos párquings públicos. En el este de Europa, como por ejemplo Ucrania, son aún más utilizados que los de gasolina y gasoil. Sin problemas.
Pero el gas también tendrá su ‘Peak Gas’ en su momento, pues es un combustible fósil. Igual que el carbón, aunque este último es mucho más abundante, pero también variado. Incluso la nuclear tendrá su particular ‘Peak Uranio’.
Por tanto, hasta Francia, con sus más de 80 reactores nucleares, sufrirá su propio cénit y tendrá que planificar tarde o temprano una sustitución de las fuentes de energía. Con los plazos largos que manejamos, décadas como mínimo, conviene ir preparando la transición hacia sistemas sostenibles cuanto antes, mientras la energía fósil está todavía barata.
Junto a estas teorías está la ya mencionada de la sustitución (sin hablar nunca de tiempo, que es la variable inexistente de los economistas) en una entrevista a un premio Nobel de economía en el cual, ante la pregunta del fin del petróleo, dijo que a medida que el precio del mismo fuese subiendo, simplemente otras energías más baratas tomarían el relevo. Quizás el meme más extendido.
Hay dos puntos a tener en cuenta en esta hipótesis: primero está el tema de los plazos, el segundo es que más baratas es un término relativo. Que sean más baratas otras energías que el petróleo caro no significa que estas otras energías sean baratas ni que bajen de precio, no implica en ningún momento que la energía baje de precio.
A partir de estas hipótesis, se pueden trazar planes de contingencia para que todo eso suceda de forma ‘natural’ según las leyes del mercado.
Por ejemplo, se pueden hacer incentivos fiscales para que sea más atractivo el cambiarse un coche a combustión por uno eléctrico, se puede promocionar la instalación de puntos de recarga, favorecer las empresas que fabrican y usan ese tipo de vehículos, así como la electrificación de cosas no eléctricas.
Evidentemente, a la par, se debería reforzar la producción y distribución eléctrica para que a medida que se vaya sustituyendo el combustible por electricidad, no haya problema con esa electricidad.
Según las hipótesis comentadas, el cambio, bajo esas premisas, debería ser rápido y eficiente, produciéndose una bajada en el consumo de combustibles y una subida en el consumo eléctrico, que también se reflejaría en las ventas de coches, tanto eléctricos (al alza) como a combustibles fósiles (a la baja).
Pues bien, justo estos planes se pusieron en marcha en varias partes del mundo, empezando en España hacia finales de la primera década del nuevo milenio. Según esos planes, a alguien seguramente le sonará el plan Pive, para 2015 habría en España alrededor de 1 millón de coches eléctricos, según el gobierno central.
La Generalitat de Cataluña, quizás por tener cerca a la Seat, y por tanto, presumiblemente información de primera mano del grupo VolksWagen, tenía unos cálculos más bajos, de alrededor de 150.000 para toda España.
De la misma forma, se planificó el aumento de la potencia eléctrica instalada, que ha pasado de alrededor de 60GW a más de 110GW en una década.
Para comprobar el resultado de estos planes, sólo hay que sacar la cabeza por la ventana y mirar cuantos coches eléctricos se ven circulando por nuestras carreteras. Una ojeada a la factura de la electricidad también es pertinente. Un viaje por Europa da una idea aproximada muy parecida, con ciertas diferencias cuantitativas menores muy relevantes.
A finales de este 2016 en que estas líneas son escritas, la cifra de coches eléctricos en toda España apenas alcanza unos 3000, haciendo trampas (contando híbridos enchufables como eléctricos). Una décima parte de lo previsto por la Generalitat, una centésima parte de la previsión del gobierno de 2008.
En el resto de la más rica Europa más septentrional, la situación no es mejor.
Uno de los clientes del autor, Renault, tenía la previsión de fabricar 30.000 Fluence eléctricos al año. Cinco años después, con poco más de 6000 unidades fabricadas en total, la línea del Fluence eléctrico se cerró y se desmanteló [5]. Las ventas del resto de vehículos eléctricos no es que vayan mucho mejor, precisamente, con la excepción minoritaria pero muy importante de Tesla, al reflejar uno de los puntos clave que hay que entender.
Del millón que tenía que haber sólo en España, en realidad hay poco más de medio millón en todo el mundo.
El invento este del Coche Eléctrico 2.0 se puede, se debe llamar correctamente FRACASO ESTREPITOSO, así, en mayúsculas.
Ninguno de los medios de comunicación que alababan (y ahora está repitiéndose la historia) las medidas y anunciaban el advenimiento de la nueva era eléctrica, no sólo no se hacen eco de lo que ha sucedido en realidad, si no que están ahora repitiendo la historia otra vez en lo que será el caso del Coche Eléctrico 3.0 (el 1.0 fue a los inicios de los coches, a finales del siglo XIX y principios del XX).
Este nuevo arranque en lo que parece (y de hecho, es) una repetición del anterior fracaso (en realidad, una burbuja), se abordará en la última entrada, pero antes hay que echar una ojeada en este capítulo de porqué fracasó la anterior apuesta, para poder entrever lo que va a suceder próximamente, ya que esta vez será otro fracaso por las mismas razones, pero con algunos resultados diferentes.
De trasfondo, como alguien habrá visto ya, hay una crisis económica bastante dura y de la que aún no nos hemos recuperado (por mucho que diga el PIB, hay que ver los salarios y el paro ahora, y compararlo con el de 2007).
2008 es recordado por mucha gente como el año del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la crisis icónica del momento Minsky de Lehman Brothers, de la recesión, del sector bancario español de Champions Leage y de Bankia, del paro, recortes, el 15M, y de una situación convulsa, también en lo político, en los años que siguieron.
En toda esta turbulencia económica y mercantil, laboral y política, hay muchos puntos que pasaron desapercibidos, elementos importantes, y que por tanto no son adecuadamente considerados como causantes de la problemática ni situación actual ni del sector eléctrico ni de los coches eléctricos, a pesar de demostrar varios fallos de razonamiento.
El primer elemento a observar, es la evolución del precio del petróleo, no sólo durante los años previos al 2008 si no también los siguientes, junto con algunos puntos relevantes a nivel económico y financiero.
Lo primero que se observa, es que el precio del crudo fue subiendo paulatinamente de 2002 a 2008 hasta llegar casi a los 150$ por barril, momento en que cayó casi a plomo. Este evento, aunque no se vea claramente la causalidad, está detrás de la razón del estallido de la crisis de las subprime, aunque no es causante directo de la burbuja (aunque indirectamente tiene algo que ver).
Muchos de los productos financieros de esa época tenían en la mezcla de securitización parte de acciones de empresas consideradas como seguras, bancos, petroleras, grandes grupos comerciales, además de las hipotecas y créditos basura.
Una parte importante de estas empresas tenían mucha dependencia de sus ingresos y beneficios asociados al precio del petróleo. Todo lo que es transporte de mercancías y personas tienen una fuerte vinculación con el coste de los combustibles, llegando a tener costes de gasto por este concepto de más del 10% de la facturación bruta, en condiciones normales, margen parecido al de beneficios netos tras impuestos.
El hecho que el coste del crudo se multiplicase por cinco hizo que los costes en estas empresas se disparasen comiéndose todos los beneficios hasta llegar a las deudas, si no se repercutían al cliente o usuario, lo cual también repercutió en la subida de precios y bajada de demanda.
Por ende, estas empresas ‘seguras’, al empezar a tener problemas de solvencia y de financiación, también restaron ‘seguridad’ a los paquetes del casino de derivados (CDOs y CDOs sintéticos, recomendable la película sobre el tema de La Gran Apuesta –  The Big Short  [6]).
Con problemas en estas empresas, una economía que se estaba enfriando a marchas forzadas, los impagos hipotecarios evidentemente, especialmente los sub-prime, se fueron disparando, y con ello, se produjo el estallido de la crisis.
La primera lección de todo esto, es que un precio elevado del petróleo, y en realidad, por extensión y como veremos a continuación, de toda la energía en general, lleva a una reducción de la economía, a una contracción, a una crisis.
En ningún momento se produjo el cambio rápido a otras energías. El consumo eléctrico se estancó, y sigue más o menos, ocho años después, en los mismos niveles que en 2008, con lo que la situación eléctrica no ha hecho más que empeorar.
La sustitución de combustibles fósiles por electricidad no se produjo, sólo se redujo el consumo de los primeros de forma notable en algunas partes, de forma moderada en otras, mientras que la electricidad básicamente se estancaba en la mayoría, con la notoria excepción a todo ello de Chima.
Pero lo más notorio y que reafirma todavía más esta hipótesis, es que, una vez empezó el gobierno de los EEUU a ‘imprimir’, con la Quantitative Easing, dinero, el precio del crudo volvió a subir hasta los 100$/bbl, donde se mantuvo mientras hubo QE.
En ese período, apenas hubo recuperación, aunque subiese el PIB. Pero es que todo lo que se ‘imprimía’ sumaba PIB, sin que subiese consumo ni producción real. Así que el PIB en realidad no es un reflejo real, fiable, de la situación económica.
De hecho, fue cortar la QE en 2014 cuando el precio del petróleo empezó a bajar notablemente, y es con los precios bajos cuando el consumo se ha ido elevando, cuando se ha empezado a notar en algunos países una cierta recuperación económica.
Y a pesar de todo, el PIB mundial lleva cayendo desde hace ya bastante tiempo, lo cual básicamente viene a demostrar que al pararse la QE y derivados, el crecimiento de la economía se ha parado, lo cual da que pensar si todo lo que ha subido desde entonces ha sido sólo por lo que se ha impreso, es decir, crecimiento virtual, no real.
Todo este tinglado, sin embargo, ha exacerbado algo que ya pasaba antes, y que es el fondo sobre el cual se crean las burbujas financieras como la hipotecaria, la de las punto Com de principios de siglo, u otras. La falta de rendimiento.
Y ya que hablamos de petróleo, es conveniente hablar de otra burbuja, actual, financiada con la QE, muy importante, y que es el paradigma real de lo que está sucediendo. Es el caso del petróleo de esquistos, lutitas, arenas asfálticas o bituminosas, o más habitualmente, el fráquing (fractura hidráulica de las lutitas o esquistos, fracking in english) y las ‘Tar Sands’.
Todas estas tecnologías de extracción de petróleo son conocidas desde hace décadas, y, aunque han sido actualizadas, mejoradas y abaratadas, sólo tienen sentido cuando el precio del crudo es elevado, debido a su elevado coste. Dependiendo del tipo de pozo y crudo, a menos de 60$/bbl, no son rentables, ni en el mejor de los casos. En la mayoría el coste real se sitúa por encima de los 80 o incluso, como para el caso de Venezuela, por encima de los 110$/bbl.
Pero la mayoría de estas explotaciones se hicieron con cargo a la deuda de la QE, y con el precio del crudo en los 100 – 110$/bbl. Y además, una vez se ha fracturado un pozo, hay que extraer todo lo que se puede, si no se pierde el pozo y la inversión. Es como echar la pastillita a la gaseosa, que saca todo de golpe en poco tiempo.
Este hecho lo que ilustra es la falta de rendimiento económico, una gran inversión inicial en unas condiciones que luego no tienen porqué mantenerse, y que son muy exigentes para que tengan unos rendimientos económicos suficientes como para dar beneficios.
Pero el caso del fráquing y similares expuesto, también ilustra el problema real de trasfondo, que es la falta de rendimientos energéticos, no sólo económicos y financieros. Los resultados monetarios en realidad reflejan un problema geológico, físico. Si esos mismos pozos, con la misma inversión, extrajesen más barriles, entonces serían más rentables, tanto energética como económicamente.
Pero luego, resulta que todo esto también se puede hacer extensivo a las renovables, y a la economía general: una energía más cara hace que el coste de producir sea más elevado, y por tanto baja los rendimientos, la productividad.
Como resultado, los trabajadores producen más caro con el mismo (o más) esfuerzo, a lo cual se tiene que sumar el aumento de los costes de las materias primas, y eso generalmente se suele reflejar también en el tema salarial. Y en última instancia, en la deslocalización laboral de los negocios con mayor coste energético (y salarial) hacia países donde dichos costes sean más reducidos, habitualmente ambas cosas, y generalmente por el uso de energías más sucias como el carbón, más baratas, más fáciles de extraer, etc.
Por supuesto, la eficiencia y la tecnología tienen algo que decir aquí. Sin embargo, ambas tienen límites, y en concreto, la tecnología no sólo tiene un coste, sino que también consume energía, así que si bien puede ayudar en ciertos aspectos, especialmente al principio de su desarrollo, en los inicios de un nuevo mercado o producto, pero llega un momento en que también tiene su límite y que hay que gastar mucho para mejorar muy poco, una vez más, rendimientos decrecientes, límites.
De hecho, ¿Qué es la mal llamada Revolución Industrial 4.0 sino un intento por crear un crecimiento económico sin crecimiento salarial/laboral asociado?
Y una vez más, sale el asunto de fráquing como ejemplo, puesto que el coste de producción, aunque ha mejorado con la tecnología, sigue siendo mucho más elevado, para rascar el fondo del barril, y producir ahora algo que en un principio se dejaba para el final, no para producir algo que antes no se había tenido en cuenta.
El resultado, si se aplica a la ya explicada curva de Hubbert, es lo que se conoce como la curva de Séneca, o  Seneca Cliff [7].
Por tanto, resulta que si lo sumamos todo, lo que hay es que al subir, hipotéticamente, el precio del petróleo, también suben las otras energías, presumiblemente en menor medida, pero suben igualmente. Con eso, además los salarios van a la baja, y por tanto, la capacidad de compra de la población, el poder adquisitivo, se resiente, llevando a una crisis económica.
Esto se ha comprobado y demostrado en la mayoría (todas excepto una) de crisis desde el final de la segunda guerra mundial.
Eso explica porqué no se hace la sustitución de una energía por la otra.
Es más, en los cambios de paradigma energético, siempre se ha dado el caso de pasar de una fuente energética a otra matriz más barata y/o con mayores prestaciones, habitualmente ambas cosas y aun así, con bastantes décadas de tiempo. Y ese NO es el caso del cambio del petróleo a la electricidad.
Al fin y al cabo, la explotación del petróleo y de la electricidad empezó más o menos por las mismas épocas, y sin embargo, la diferencia de aplicaciones es notoria, lo suficiente como para ver que electrificar cosas que ahora no son eléctricas seguramente va a encarecer esas aplicaciones, además de reducir el presunto ‘rendimiento’ de la electricidad.
Pero el hecho que los salarios, el poder adquisitivo, vayan a la baja con la subida de la energía, simplemente pone cota a las subidas hipotéticas de la energía, pues restringe la economía, la frena, hasta el punto que se puede llegar un momento en que la economía no lo aguante.
Este punto es obvio: cuando no se pueda afrontar el coste de producción para mantener esta, simplemente, esta producción va a desaparecer.
Es decir el petróleo, y con él, la mayoría de recursos minerales y muchas otras cosas, por mucho que encontremos, no se van a sacar si no tienen rentabilidad económica.
No hay, ni va a haber nunca un problema de escasez (excepto puntualmente) de recursos. Lo que ya hay, es un problema de falta de viabilidad económica de muchos de esos recursos.
Un ejemplo obvio de esto es Venezuela. Muchos expertos dicen que se trata de un país rico por que tiene tantas reservas de petróleo, etc. Y eso es totalmente incorrecto, como la simplificación de la sustitución de la matriz energética.
Lo que hay, bajo ese país y parte del Atlántico, es un asfalto duro, no un petróleo ligero líquido, a bastante profundidad, que cuesta mucho (en energía y en dinero, en petróleo liviano para disolverlo y en otras energías para bombearlo, en refinarlo) de sacar, con lo que una vez fuera, ya vale mucho menos, si es que tiene algún uso que valga algo, con lo que no sale rentable, no se amortiza, no sale a cuenta, lo cual es lo mismo que no tenerlo.
Bajo esta premisa, este punto de vista, esta manera de enfocar las cosas, tanto da la cantidad de petróleo, o lo mismo da de Litio, Neodimio, Disprosio, o lo que sea, si no sale rentable el extraerlo. Por eso el énfasis en el litio de salares, o en las tierras raras en otras minas, y el porqué no se explotan estos mismos elementos en otras partes.
Pero el petróleo tiene un agravante: para extraerlo hace falta petróleo, aunque sea para la maquinaria pesada, para calentar, etc. Eso aplica a otras fuentes de energía. Para generar energía, hace falta energía.
Lo cual implica que hay una energía neta que se puede usar, que sale después de descontar la energía necesaria para extraer o generar esa misma energía. Es el concepto de TRE ya mencionado, y que está decayendo desde hace bastante tiempo en todas las partes.
Junto a esa inversión en energía, está la inversión económica y financiera, esa que hemos visto que busca rentabilidad, que no es otra cosa que la TRE aplicada a la economía, y que sabemos que últimamente también va a la baja.
Y lo necesario para cambiar de paradigma energético precisamente es un tipo de energía que necesita grandes inversiones, tanto de energía como de dinero, con retornos más bajos por TRE’s más bajas.
Con los salarios también a la baja, y la promesa de más empleos por las renovables que no es más que una constatación de su baja TRE, es decir, una demostración que son más caras (porque necesitan más mano de obra, junto con más inversión, para obtener menor producción, amén de su intermitencia y falta de control, y por ende, falta de versatilidad), lo que se saca de todo esto, es que no se va a poder pagar una energía cara, sea petróleo o electricidad o cualquiera de las opciones que tenemos ahora sobre la mesa.
Menos aún unos caros vehículos eléctricos.
El resultado, sin embargo, es la inviabilidad de la economía y la sociedad en la que vivimos, del marco de referencia en el cual se enmarca la sociedad de consumo, de la tecnología electrónica que permite que la fotovoltaica, la eólica, las baterías y los coches eléctricos, amén de los teléfonos móviles, ordenadores, etc. sobre la cual se está edificando el futuro, las apuestas de la mayor parte de la sociedad.
Dicho de otra manera, los límites de nuestro planeta están dando al traste con nuestra manera de ver el mundo, y se manifiestan de formas poco evidentes, con muchas consecuencias inesperadas, como la falta de crecimiento, la imposibilidad real del mismo, sea este económico, financiero, laboral, social.
Y esto, tarde o temprano, nos va a pasar factura.
Y no será bonita.
Y resulta que todo esto ya era sabido desde 1972, el año en que se llegó al cénit de producción de los EEUU.
Y las predicciones que hizo el Club de Roma en el estudio de los Límites del Crecimiento (Limits to Growth), cuarenta años después, se están cumpliendo a rajatabla.
Y lo que viene, según esos cálculos no es la escasez de recursos, sino un frenazo económico, problemas sociales, problemas financieros, problemas políticos, problemas medioambientales (el estudio también incluía la polución, como concepto agregado, no detallado).
Las renovables paliarán en parte el problema, sólo para trasladarlo a otro sector, y el problema más evidente, no será la intermitencia, si no la falta de inversión.
Inversión en todo tipo de energías, líneas de distribución, mantenimiento de infraestructuras, y de hecho, problemas derivados aún más evidentes: falta de financiación de los gobiernos, quiebras soberanas, quiebras de fondos de pensión tanto privados como públicos, quiebras de sistemas sanitarios, quiebras de empresas, incluyendo (quizás empezando, que en 2016 ya llevan más de 50.000 M$ de quiebras en el sector del fráquing y energético en general) petroleras, minería del carbón y gasistas, mineras de materiales habituales (commodities).
Los recortes y las subidas de impuestos que fueron tónica común en muchas partes desde 2008 hasta 2015 volverán a la palestra. La insostenibilidad de las pensiones, bien a la europea, bien a la americana, ya está sobre el tapete.
Los problemas políticos ya los estamos viendo también. Desde la repetición de comicios en España hasta los problemas de la Merkel, el ascenso de diferentes partidos en Europa de diferente índole, habitualmente más extremos que los habituales, pasando por Trump y el Brexit, la manifestación del malestar social y sus repercusiones políticas están en el orden del día.
Incluso el aumento de la violencia desde 2015 a esta parte, hasta incluso el colapso de países, con la situación venezolana como paradigma del problema energético (lo cual no quita para nada injerencias externas, que nunca solucionan ni mejoran nada), pero a los que hay que añadir Libia, Yemen, Siria tampoco es que esté en gran forma, etc. Todo esto son manifestaciones del problema.
Ciertamente, no hay un solo problema, si no muchos… que ya estaban antes. Sólo que ahora el efecto suavizante, moderador, incluso aglutinador, de un crecimiento sostenido incluso grande, ha desaparecido, con lo que a las antiguas rencillas (o rencores, odios profundos, agravios de todo tipo), ahora se añaden problemas de desesperación por la incapacidad de afrontar el futuro, tensiones añadidas por el acceso a recursos, intereses creados de varios tipos, problemas medioambientales y el hecho que muchos países están pasando la factura de sus problemas internos a terceros.
El caso sirio es otro ejemplo. Uno de los problemas en disputa es que es la ruta de paso de gasoductos, oleoductos y otros medios de transporte de derivados energéticos de algunos países productores (Arabia Saudí e Irán, por poner dos grandes bloques enfrentados de proveedores) a Europa, y el posible control de los países proveedores de dichos gasoductos (USA y Rusia respectivamente) de otra llave de control sobre Europa, y el subsiguiente trasvaso de dinero.
Por supuesto, eso sólo no es motivo suficiente. Como tampoco lo es el fanatismo del enfrentamiento Sunní y Chií que hay detrás, o al menos, tampoco lo era antes, puesto que ahora los ánimos se han atizado mucho.
Si los sirios hubiesen estado bien económicamente, con comida suficiente, un gobierno más o menos benévolo, y una situación social más o menos próspera, los agentes que hace tiempo que están actuando para inflamar y atizar cualquier posible causa para generar sublevaciones y revueltas, no tendrían, como de hecho no tuvieron, mucho éxito.
Hizo falta no sólo una gran labor de zapa y de polarización religiosa, si no que tuvo que ayudar en parte el cambio climático en forma de precipitaciones reducidas en la última década, aunque fuese sólo moderadamente, con el hecho que para mantener la producción de una tierra cada vez más exhausta, hiciesen falta no sólo cada vez mayores cantidades de fertilizantes (la mayoría obtenidos a partir de gas natural, otros, como los fosfatos, fósiles también), sino también cada vez mayor uso de bombas (generalmente a base de combustibles fósiles) que extrajeron hasta prácticamente desecar los recursos de acuíferos fósiles.
¿A alguien le suena esta parte de la historia?
Eso trajo problemas de caídas de producción de grano y otros alimentos autóctonos, y con ellos, quiebras en el sector agrícola, pero, sobre todo, hambre, estómagos vacíos y problemas graves de subsistencia que se hicieron dolorosamente patentes incluso sin que nadie tuviese problemas serios de desnutrición.
En una manifestación de una de las zonas agrícolas mayores del país, alguien cometió el error de disparar contra una muchedumbre cada vez más desesperada. La revuelta y los problemas prendieron con esa chispa.
Sin embargo, si no hubiese sido con esa, hubiese sido otra. Las revoluciones se hacen todas con el estómago vacío.  Y cuando uno tiene hambre, generalmente el sentido común suele ser el primer plato que se consume. En esas condiciones, rencillas, odios, y agentes desestabilizadores hacen un gran trabajo con poco esfuerzo.
Así pues, el panorama que se nos viene venir, es que tarde o temprano, la situación se irá volviendo mala económica y financieramente, laboral y socialmente.
Y la tecnología lo empeorará. Llámese Revolución Industrial 4.0 (o sea, pérdida de trabajos en el sector terciario), o renovables o coches autónomos.
Y la subida de impuestos o de costes derivados de la degradación medioambiental, llámese COP21 (con los nuevos impuestos nacidos bajo su sombra), llámese pérdidas por inundaciones, sequías y demás, tampoco van a ayudar, precisamente.
El panorama que de esto se deriva es mucho más sombrío que lo que parece a simple vista, y mucho más profundo, si bien no es para nada el Mad Max que algunos catastrofistas de todo pelaje pronostican.
El Imperio Romano no desapareció de la noche a la mañana, ni la Isla de Pascua perdió toda la población cierto día a cierta hora. Excepto una muy poco probable guerra termonuclear masiva, es algo que difícilmente puede suceder.
Sin embargo, la situación de decadencia en la que se entró entre 1971 y 2008 según el lugar, será la tónica dominante durante los próximos siglos.
Algo mucho más preocupante, más profundo que el resultado de la última liga, la última noticia de la prensa rosa o el último invento del sector de las renovables.
Es en esa tesitura de desintegración social donde hay que situar correctamente las perspectivas de futuro de los coches, sean estos eléctricos, de combustibles fósiles, o a pedales. Lo veremos en la siguiente entrada.

https://en.wikipedia.org/wiki/Renault_Fluence_Z.E. (Prestar especial atención al segundo párrafo donde explica algunos detalles al respecto de las baterías, que no se halla en la versión castellana).
[8] - https://es.wikipedia.org/wiki/Los_l%C3%ADmites_del_crecimiento

miércoles, 18 de mayo de 2016

Par de fuerzas




Queridos lectores,

A finales del año 2014 me invitaron a participar en un programa de TV3 donde nos preguntaron (a otro invitado, profesor de economía, y a mi) sobre los bajos precios del petróleo que llevaban experimentándose desde unos meses antes. El interés de la conductora del programa era saber por cuánto tiempo se iba a prolongar esta situación de precios bajos, y si en particular se iban a prolongar, como anunciaban entre otros Goldman Sachs, hasta 2020. Recuerdo haber dicho que la situación de precios bajos no podría durar demasiado tiempo pues la desinversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos de petróleo llevaría eventualmente a que la producción bajase y eso haría subir los precios, aunque también dije que probablemente el precio no volvería a subir hasta final de 2015 como pronto. Me quedé un poco preocupado con mi afirmación: temía, en aquel momento, que quizá estaba fiando demasiado largo la recuperación del precio del petróleo, y que mi previsión se iría al traste si durante 2015 se producía algún evento sonado en la escena geopolítica que hiciera que el precio del petróleo se disparase. Obviamente, predecir grandes eventos traumáticos a escala internacional es harto difícil (aparte de un ejercicio morboso y desagradable); yo prefiero centrarme en los datos contrastados, en explicar las tendencias, y en apuntar a los riesgos que se dibujan en el horizonte para intentar contrarrestarlos. Desgraciadamente, tengo un pequeño ejército de detractores que intentan darle la vuelta a cualquier presunta contradicción mía (sea real o no) para, a través de ella, atacar el fondo de lo que expongo. Es decir, que si no soy capaz de prever el curso concreto de los acontecimientos durante este año, entonces quiere decir que el problema principal que se discute en este blog (el peak oil, es decir, la llegada a la máxima producción de petróleo y su posterior declive) no es cierto (a pesar de lo abrumador de los datos oficiales que muestro aquí). Como uno de los argumentos caros a estos detractores es el del precio del petróleo (el otro es tildarme de catastrofista, aunque los catastrofistas sean ellos), haber aventurado públicamente que el precio no iba a subir en unos cuantos meses podía haber sido usado, una vez más, en mi contra.

Mi impresión a principios de 2015 es que la crisis económica global que los indicadores macroeconómicos anunciaban continuaría deprimiendo la demanda y manteniendo los precios bajos, hasta que la caída de producción forzase el rebote, cosa que contaba entonces que no se produciría hasta finales de 2015. A pesar de que, en líneas generales, se podría decir que ésa ha sido más o menos la situación, lo cierto es que a principios de 2015 esperaba que los síntomas de una nueva recesión serían más o menos evidentes después del verano, y que los precios eventualmente podrían empezar a rebotar a finales de 2015. Lo cierto y verdad es que en este momento, mayo de 2016, los indicadores macroeconómicos mundiales siguen siendo nefastos pero en lugares como España no se vislumbra, al menos en las noticias, ninguna recesión (lo que no quita que la situación económica de muchas familias no es precisamente boyante). Por otra parte, los factores que llevaron al hundimiento del precio del petróleo a finales de 2014 (y que explicábamos en el post "La espiral") no han desaparecido y en particular la demanda sigue siendo relativamente débil y continúa por debajo de la oferta, a pesar de que la oferta ya ha comenzando a caer (como hemos comentado en diversas ocasiones, 2015 ha sido probablemente el año del peak oil - máximo de producción de todos los hidrocarburos líquidos - aunque necesitaremos que pasen algunos años para confirmar o desmentir esta efemérides).

¿Qué está pasando, pues? ¿Como puede suceder que hayamos llegado, como parece, al peak oil, pero no se estén desencadenando los previsibles efectos económicos negativos?

En buena medida, lo que está pasando es que la actual situación económica no es una sorpresa. El pico de precios del petróleo de 2008, en el que realmente se produjo un desajuste entre la demanda y la oferta que llevo a precios récord y que contribuyó y mucho a la crisis mundial (esta crisis que nunca acabará) fue una sorpresa, pero la situación actual no lo es. Desde hace ya unos años se sabía que el negocio petrolero estaba quemando sus últimos cartuchos, llegando al extremo de descapitalizarse en un último intento por mantener la industria a flote unos años más y no pocos indicaban cómo tenía que acabar la cosa. El fracking fue una apuesta sin futuro pero era todo lo que quedaba. La burbuja de deuda creada alrededor del fracking se ha inflado de manera desmesurada, pero aún no ha llegado el momento de reventarla. Se estira tanto como se puede la situación actual, deseando que lleguen mejores momentos que permitan salvar los muebles, y así seguiremos hasta que se vea que ni con precios altos el fracking será rentable (eso si el continúo goteo de quiebras en el sector no acaba en un hundimiento del sector, desencadenando de paso una crisis financiera mundial).

Si se hubiera actuado con la fría lógica de mercado, haciendo las cosas de la manera habitual, el resultado hubiera sido la conocida espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda: ora la oferta no cubre la demanda, lo que causa que el precio del petróleo sea demasiado caro y acabe dañando a la economía global, causando recesión y por ende destruyendo demanda; ora el precio del petróleo cae demasiado (por la destrucción de demanda), a las endeudadas empresas petroleras les cuesta mantener la producción y acaban unas desinvirtiendo en nueva explotación y otras quebrando, y al final la producción baja hasta que es inferior a la demanda y comienza el ciclo de nuevo. -Obviamente, después de cada ciclo la oferta de petróleo es menor y la actividad económica es más menguada, hasta que finalmente algo reviente. Esta espiral es el esperpéntico resultado de aplicar la lógica del mundo en continuo crecimiento en un momento en que se está chocando con sus límites, y no sólo con el petróleo. La espiral de destrucción de oferta - destrucción de demanda era el nefasto resultado de no entender el momento que vivíamos y dejar que el descenso energético al cual nos lleva el peak oil se desarrollara libremente, sin intentar pilotarlo. 


Pero, aunque parezca mentira, se podía hacer algo aún peor. Siguiendo con la analogía de que el descenso energético es un avión con el motor averiado cuyos mandos podemos intentar controlar como sociedad, se podría decir que los movimientos para la transición energética equivaldrían a maniobrar para intentar que el avión planee y conseguir así hacer la caída menos abrupta, mientras que la espiral sería el equivalente a una caída descontrolada, sin nadie a los mandos. Pues bien, lo que estamos haciendo se puede comparar a tomar los mandos de la nave y optar por una caída en picado. Es decir: de una manera necia y deliberada optar por empeorar la cosa, porque la caída sea más dura y más dolorosa. Ése parece ser el curso que estamos siguiendo ahora mismo, como explicaré en el resto de este post.
 
Hay dos fuerzas diferentes y complementarias que están actuando en en el momento actual. Por una parte está el declive económico, exponente del cual son todos los síntomas de una recesión global de primera magnitud; por el otro, está el declive de los recursos, que nos indica que cada vez es más difícil explotar los recursos naturales no renovables, particularmente el petróleo, y eso aumenta la inestabilidad geopolítica de los países cuya economía depende fuertemente de estos recursos

Con respecto a la primera fuerza (el declive económico), los signos se multiplican por doquier. Merece la pena recordar que hace tan sólo cuatro meses el año 2016 empezó con los peores augurios económicos, con unas fuertes caídas de las bolsas mundiales de las cuales no nos hemos recuperado aún. En febrero las bolsas se estabilizaron y comenzaron un lento y trabajoso retorno a los valores precedentes, sin que en realidad no se haya modificado ningún aspecto fundamental del mercado. Si miramos los índices macroeconómicos que examinábamos entonces, nos encontramos, por ejemplo, que el Baltic Dry Index ha ascendido un poco desde los mínimos de enero, pero sólo para empezar a caer de nuevo. También vemos, como destacaba el post anterior, que el China Containerized Freight Index (índice chino de transporte de contenedores, que mide el precio de los fletes) está en mínimos de la serie histórica, y aunque con pequeñas subidas y bajadas mantiene la tendencia a la baja. La razón está en el estancamiento y leve caída de las exportaciones chinas, acompañada con una gran inversión previa en buques mayores:


Valor económico (en 100 M€) de las exportaciones chinas: https://www.flexport.com/blog/why-are-ocean-freight-rates-so-low/




Las largas colas para cargar y descargar se han hecho frecuentes en todos los puertos del mundo, y es que simplemente la demanda global de bienes no ha evolucionado como estaba previsto. No es que el comercio mundial haya colapsado pero sí que ha alcanzado un pico (peak commerce), un máximo que aún está por determinar si es provisional o definitivo. En este contexto, los precios de la mayoría de las materias primas (con la interesante excepción del litio) están realmente bajos, y mientras los economistas aventuran una u otra explicación (la más popular, el exceso de deuda, que tiene una parte de razón) pocos quieren mirar a la fuerte conexión de estas caídas con la del petróleo. Este año puede ser crítico para el sector petrolífero, con un tercio de las compañías en peligro real de quebrar, y eso está llevando a un frenazo en seco de las inversiones que no sólo conseguirá que la producción de petróleo descienda considerablemente en un par de años, sino que además retira inversiones de los países más dependientes de sus exportaciones de materias primas y los acerca a su bancarrota petrolífera. La realidad es que las clases medias de Occidente están viendo retroceder su renta disponible y aumentar el paro, y eso no sólo deteriora el comercio mundial (con menos demanda de gadgets fabricados en China y otros países emergentes, llevándoles a la recesión) sino que en casa arroja a los restos del naufragio de la clase media a los brazos de líderes populistas sin escrúpulos (con consecuencias futuras difíciles de prever pero probablemente poco agradables). Mientras tanto, las principales potencias industriales intentan mantener a flote su capacidad productiva (y de paso una cierta garantía de empleo y de paz social) por medio de soterradas guerras de divisas.

Las malas perspectivas económicas para Occidente, y la recesión global que va avanzando (y que tarde o temprano acabará afectando a España) se ven compensadas por los bajos precios de las materias primas que alimentan sus economías. Sin embargo, tal beneficio para Occidente no viene a cambio de nada. El declive de los recursos no significa simplemente que la producción de estos recursos disminuya con el tiempo; significa que lo que queda es cada vez menos asequible económicamente, y lo que al final hace que disminuya la producción no es tanto la incapacidad física de producir más sino la imposibilidad económica de hacerlo de manera que sus potenciales consumidores se lo puedan permitir; al fin y al cabo, si un producto no tiene mercado no vale nada. Ambos efectos están teniendo un papel en estos tiempos: por un lado, hay una dificultad física en mantener la producción; por el otro, la producción es cada vez menos asequible y por tanto los clientes disminuyen. El resultado final es un descenso de la producción y una crisis económica y financiera galopante en los países productores.


Del lado de los recursos realmente disponibles, un reciente y exhaustivo estudio científico ha puesto en evidencia que las reservas mundiales de petróleo son probablemente menos de la mitad de las que se anunciaban hasta ahora. Algunos analistas económicos han comenzando a preparar el terreno, a su manera, avisando que las compañías pueden disminuir sus reservas debido a lo que se suele considerar ajustes temporales (debido a los actuales bajos precios del petróleo). Sin embargo, si los precios bajos son persistentes debido a la pérdida de capacidad de compra de la masa de trabajadores menos cualificados (según explica Gail Tverberg), los problemas económicos y financieros para estas compañías y, lo que es peor, para los países productores serán crónicos.

En el momento actual, el declive de los recursos está llevando a una situación desesperada a muchos países. Sin embargo, el foco mediático está sólo en uno: Siria. La crisis de los refugiados y la vergonzosa actitud europea delante de este problema está enmascarando que la conflicitividad bélica del mundo está escalando de manera alarmante, y no casualmente en países productores de petróleo o que son críticos para el paso de hidrocarburos.

Yendo a las guerras actualmente activas, es llamativo lo poco que se habla actualmente de Ucrania, a pesar de que la guerra sigue allí su curso letal. Sin embargo, hay otras dos guerras por el petróleo en curso en países del mundo árabe de las que no se habla en absoluto. Una de ellas es Yemen, donde la intervención directa de Arabia Saudita desde hace más de un año no acabó con la guerra civil sino que convirtió la guerra en un conflicto internacional y, por lo que se ve, inacabable. El caso de Yemen es especialmente sangrante, pues se da la circunstancia de que el conflicto de Yemen era previsible desde hacía tiempo viendo la evolución de su peak oil particular, pero nadie hizo nada para evitarlo; lo cual no es muy esperanzador para otros países, como la propia Arabia Saudita que, no olvidemos, dejará de exportar petróleo antes de que pasen 14 años. El otro país en guerra del que no se habla es Libia: desde el derrocamiento de Gadafi hace 5 años el país ha vivido una intensa guerra civil, que recientemente se ha recrudecido con la extensión de Estado Islámico a su territorio. El Reino Unido e incluso Estados Unidos se están preparando para enviar tropas sobre el terreno, en un movimiento que es difícil de justificar si no es dentro del marco de la creciente inestabilidad geopolítica mundial. Otra guerra activa en África pero de la que es muy difícil obtener información alguna es la de Malí (en este caso por el control del uranio de Níger, como ya comentamos). El ataque hace unos meses a una base de las Naciones Unidas y la presencia de tropas españolas en el conflicto debería hacer más asequible el acceso a información; sin embargo, poca cosa se sabe más allá de que el norte está bajo el control de los tuareg separatistas, de alguna manera aliados a Al Qaeda por lo que parece.

La nómina de países con problemas crecientes y agudizándose por los bajos precios del petróleo no se detiene ahí. Nigeria ya no es el mayor productor de petróleo de África, según dicen debido a los ataques de la milicia de Boko Haram, aunque en parte ese descenso es también por la llegada del país a su propio peak oil. El menosprecio de décadas a la población del delta del Níger, unido a la caída de ingresos y una élite política demasiado alejada de las clases populares está llevando al país a una situación potencialmente explosiva con consecuencias devastadoras para el mercado de petróleo. Otro caso digno de estudio es el de Argelia, un país que en 10 años podría dejar de ser exportador de petróleo (superó su peak oil hace casi 20 años) y que está sufriendo para capear el bajo precio del petróleo, y cuya estabilidad política podría ser más precaria de lo que muchos se piensan. Por completar esta lista ya bastante extensa no podía faltar una mención a Venezuela, país que ha tratado de compensar su peak oil de también hace casi dos décadas recurriendo a los petróleos extrapesados del Orinoco (los cuales necesitan combinar con petróleo ligero, precisamente importado de Argelia), de muy bajo rendimiento. El descenso de ingresos del petróleo, juntamente con el descenso natural de la producción de su petróleo de mayor calidad, están arrastrando a Venezuela a una fuerte contracción económica y a una degradación de servicios básicos. Las medidas de excepción decretadas por el presidente Maduro han llevado a una fuerte contestación de la oposición -que democráticamente conquistó la asamblea naciona en la última elección legislativa- que anuncia manifestaciones y una elevación de la tensión que puede acabar muy mal. En los medios occidentales hay un general consenso occidental sobre el probable estallido de la violencia en el país caribeño, y a veces parece que algunos aquí lo desean para poder entrar a saquear, dado que el país posee las mayores reservas de petróleo -sobre todo, no convencional- del continente.

No sólo las guerras y conflictos en los países menos privilegiados están rápidamente deteriorando el balance de la extracción de petróleo. Los recientes incendios forestales en la provincia de Alberta, justamente en la zona donde se explotan las arenas bituminosas de Athabasca, ha llevado a una caída de la producción (en principio provisional) de más de un millón de barriles diarios. Estos incendios se han producido debido a las altas temperaturas y sequedad de la zona, en valores nunca antes vistos (fruto probable del cambio climático combinado con un episodio de El Niño muy fuerte). Aunque los fuegos remitirán y la producción se reestablecerá, algunas cosas no podrán volver a funcionar como antes, sobre todo teniendo en cuenta la escasa rentabilidad de este tipo de explotaciones y menos en estos momentos de precios bajos. En cuanto a los EE.UU., continúa la caída de cabezas perforadoras activas y la producción de petróleo ya ha descendido un 8%.






En resumen, estamos viviendo la acción combinada de dos fuerzas que normalmente estarían en oposición de fase pero que actualmente están sincronizadas. Por un lado, la caída de la actividad económica debido a la menor capacidad de consumo de las clases medias debido a la pérdida salarial (lo que a veces se llama "devaluación interna"). Esta caída del consumo lleva a los precios de todo, y particularmente de las materias primas, a la baja; y los precios bajos de las materias primas deberían permitir relanzar la economía. Sin embargo, la pérdida de poder adquisitivo es tan fuerte y la aversión al riesgo financiero tan grande que lo que está pasando es que se está llevando a la bancarrota acelerada a compañías petrolíferas y países productores de petróleo. Por ese motivo, en vez de vivir una sucesión de destrucción de oferta - destrucción de demanda a un ritmo relativamente moderado lo que parece que vamos a vivir es una caída precipitada de la producción de petróleo, especialmente si estallan al tiempo los muchos conflictos geopolíticos larvados, que va a disparar los precios y va destruir la demanda a un ritmo más alocado de lo que lo hubiera hecho en otro caso. En esencia, el haber estirado la situación con los hidrocarburos de baja calidad, económicamente no asequibles para la masa, ha degradado la base económica de la clase media y va a conseguir que la espiral sea más rápida y violenta; en definitiva, que gire más rápido.




En Física se denomina "par de fuerzas" a dos fuerzas iguales en magnitud y dirección, pero de sentido opuesto, que se aplican en dos puntos diferentes igualmente alejados del centro de masas de un cuerpo. Si las fuerzas estuvieran aplicadas al mismo punto de contrarrestarían perfectamente y el cuerpo se quedaría en reposo. Sin embargo, si hay una distancia entre ambas fuerzas (denominada "brazo del par") el par de fuerzas no desplaza el cuerpo pero le hace girar. En el momento actual, las fuerzas que empujan por un lado de la economía y por el otro lado de los recursos (particularmente, del petróleo) son de signos opuestos pero no pueden cancelarse. De manera análoga a lo que sucede en Física, ese par de fuerzas tiende a hacer girar y cada vez más rápido nuestro sistema social y económico. Ojalá seamos capaces de comprender pronto qué es lo que pasa y ponerle freno, antes de que nos hagan entrar en barrena.


Salu2,
AMT