Sigo de vacaciones y poco conectado (y lo poco que me conecto tiene que servir para hacer bastante trabajo pendiente), pero estoy bien provisto de posts que varios lectores me han hecho llegar. Los dos siguientes enlazan con el post anterior, pero como verán de dos maneras diferentes. El de hoy es el primer post del comentarista Juan Carlos (a no confundir con Juan Carlos Barba), una distopía o escenario de futuro: a Vds. les corresponde decidir. Les dejo con Juan Carlos.
Salu2,
AMT
Este
siglo ha empezado con un supuesto, que R. Heinberg menciona en el
libro “Apagado:
Opciones y acciones en un mundo post carbono”,
el cual es el menos prometedor para la especie humana. Me refiero al
escenario “El último que quede en pie”, en donde se da una
batalla atroz por los últimos recursos energéticos del planeta. Ese
escenario, en mi opinión, ya ha comenzado a principios de siglo XXI
con las cuatro guerras motivadas en última instancia por los
recursos fósiles de Medio Oriente: Guerra de Afganistán (2001),
guerra de Irak (2003), guerra de Libia (2011) y guerra de Siria
(2012).
Con
estos preocupantes antecedentes históricos es difícil imaginar un
futuro pacífico y cooperativo. Desde el 2002 hasta el 2011 las
ventas de armas se incrementaron un 59%. En 2010 el gasto militar
global siguió creciendo: en comparación con 2009 ha aumentado en
un 1,3% alcanzando la cifra de 1,63 billones de dólares.
Tradicionalmente una gran parte del monto mundial, un 43%, ha
correspondido a EE. UU.
En
un mundo con pocos recursos energéticos y demasiado armamento es
fácil adivinar que no va a discurrir por caminos de paz y concordia.
Los grandes bancos y mega corporaciones que han florecido al amparo
del sistema neoliberal globalizado socarronamente absorberán más
poder de las naciones y los pueblos. Sus grandes estructuras de
carácter privado se transformarán en pequeños reinos
independientes poseedores de abundantes riquezas que les permitirá
contratar ejércitos de mercenarios para proteger el inmenso capital
y conocimiento acumulado durante la era industrial. Los ejércitos
jugarán un papel destacado en ese nuevo futuro. Los nuevos señores
feudales se valdrán de ellos para invadir países y controlar
revueltas.
El
decrecimiento forzoso de la economía global golpeará de forma
distinta a cada nación y a cada continente de acuerdo al nivel de
industrialización, composición étnica, facilidad de adquirir
energía fósil, costes de mantenimiento de infraestructuras,
capacidad para proveerse de producción local como comida, ropa,
utensilios, etc.
Las
guerras de baja intensidad en todos los lugares del planeta serán
frecuentes. Los estados gastarán demasiados recursos en preservar el
orden público interno y en proporcionar lo indispensable a su
población para que no colapse. Además mantendrán conflictos con
otros países para asegurarse los menguantes recursos energéticos,
hídricos y alimentarios. Algunos países optarán por la autarquía
con mayor o menor fortuna. La sociedad de naciones se irá
derrumbando inexorablemente. Se crearán comunidades continentales y
locales con el objetivo de ahorrar la mayor cantidad de energía. Por
cuestiones de supervivencia buena parte de la población de las
grandes ciudades voluntariamente regresará a los campos ya que
las redes de transportes, distribución alimentaria, hídrica y
energética se reducirán a menos de la mitad.
Al
debilitamiento de los estados democráticos les sucederán estados
autocráticos que paulatinamente se irán rindiendo a las
mega-corporaciones que todavía conservarán una red global robusta
de transportes y comunicaciones. Estas entidades se asemejarán a
reinos medievales independientes, dueños de los cada vez más escasos
y valiosos recursos de todo tipo. Los estados quebrados estarán
dirigidos por una serie de burócratas y políticos incapaces de
sobrevivir sin la ayuda inestimable del capital, combustible y
seguridad privada que le ofrecerán estos señores feudales del siglo
XXI. Los ejércitos de los estados, al no poder ser mantenidos por
las naciones a las que sirven, se verán forzados a convertirse en
fuerzas mercenarias al servicio del mejor postor, en este caso, de
las mega-corporaciones y bancos.
Los
viajes transcontinentales ya sean en barco o avión subsistirán como
uso exclusivo de los nuevos señores feudales y de sus más
inmediatos colaboradores. Estos señores, monopolizarán la
tecnología, la educación superior y tendrán a su servicio la mano
de obra cualificada que aún quede para ayudar a implementar toda una
serie de innovaciones tecnológicas, tanto en el campo civil como
militar, que aseguren el sometimiento de poblaciones, control de las
naciones fallidas y sustracción de los pocos recursos aún
disponibles.
Al
mismo tiempo los nuevos señores feudales irán construyendo
modernas ciudades-fortalezas en zonas geoestratégicas del planeta.
Serán zonas vips con todas las comodidades de la civilización
industrial. Originarios de los cinco continentes, este grupo selecto
habrá sometido y desmantelado a la sociedad de naciones, sus
políticos, y sus ejércitos. Esa nueva élite no estará motivada
por razones nacionalistas, ni por identidades culturales. Después
del corto pero intenso período de globalización descubrieron que
los unían los mismos intereses y éstos eran más fuertes que los
prejuicios de nacionalidad, raza, lengua o cultura que anteriormente
los separaban. Ya no habrá barreras ideológicas, culturales o
raciales que impidan conformar una casta planetaria cosmopolita
dispuesta a defender a la humanidad del caos, que según ellos, ha
sido causado por la escasez de la energía de origen fósil. Podría
considerarse como una forma de tiranía, un retorno a una estructura
social del medievo con la tecnología de la era atómica y
computacional.
Los
objetivos de esta nueva casta feudal serán primero, preservar la
tecnología y conocimientos adquiridos durante la era industrial de
la energía barata. Segundo, monopolizar la mayor cantidad de
recursos de un planeta extenuado por la sobre explotación con el
propósito de recrear el modo de vida placentero y hedonista de sus
padres y abuelos. Y por último, domeñar a la gran masa de
desheredados de la Tierra. Estos excluidos, llamados ahora siervos,
fueron aquellos que organizaron rebeliones, alzamientos y guerras
contra el nuevo orden mundial que se estaba gestando. Estos
luchadores por un mundo más justo fueron reprimidos y golpeados en
múltiples revueltas perdiendo todos sus derechos, quedando
confinados, ellos y sus descendientes, en protectorados feudales
donde se les permite que se provean de comida, ropa y abrigo a cambio
de protección y acceso al agua potable. Los señores feudales del
siglo XXI deliberadamente endurecerán las condiciones de vida de los
siervos con la finalidad de forzar el decrecimiento de la población
y evitar de ese modo gastar más recursos energéticos. Los siervos
no tendrán servicios médicos, a lo viejos se les dejará morir por
un simple resfriado. Se suprimirán las vacunas a los bebés para
provocar el incremento de mortalidad infantil. Los siervos
restablecerán con su sacrificio la pirámide poblacional con los
vértices bien definidos
Los
nuevos señores feudales se autoproclamarán como los herederos
legítimos del BAU siendo los custodios del conocimiento, la
tecnología, la cultura y la historia. Vivirán y disfrutarán del
modo de vida del que actualmente gozan las clases altas, viajarán
por el mundo, conducirán coches de lujo y consumirán los platos más
exquisitos. Imitarán el modo de vida burgués globalizado.
Intentarán colonizar la Luna o Marte reservando una significativa
cantidad de los recursos disponibles en esos tiempos de escasez para
tan gran aventura. Seguramente serán los últimos cartuchos con poca
pólvora que tendrán por finalidad revertir el colapso de una
civilización compleja sellada al vacío en pequeños reservorios
denominados ciudades-fortaleza, rodeados por un mundo cada vez más
salvaje donde se asentará el modo de vida preindustrial, los
movimientos ecologistas de supervivencia y el anarco-primitivismo.
Juan
Carlos
