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sábado, 25 de agosto de 2012
Un día más
Giré la esquina y me quedé parado. ¿Qué era eso? Al acercarme vi lo que era: un gran lazo negro en un cartel pegado en la puerta (el punto rojo no forma parte del cartel; está siempre allí, para evitar que la gente se estrelle contra el cristal).
La visión fue como una bofetada inesperada, como el hedor del abismo que me sorprendió enfrascado en mis cosas. Estaba absorto por mis pensamientos mientras caminaba hacia el instituto. Primer día en el laboratorio después de las vacaciones, con tantos asuntos pendientes y, de fondo, los primeros síntomas de colapso en mi organización. A pesar del anuncio oficial de que los problemas de liquidez habían sido resueltos, algo me decía que no lo estaban del todo. Después, la inquietud sobre el futuro del trabajo de nuestro equipo. Hacía justo dos días que sabía cuánto nos habían concedido en la última convocatoria de proyectos del Plan Nacional. Un ajuste muy fuerte del proyecto, para el cual ya llevábamos dos meses preparándonos, y además en las partidas destinadas a la contratación de personal un recorte adicional del 27%. No nos podíamos quejar, sobre todo viendo cómo le había ido a los demás; de hecho y siendo honestos nos han tratado muy bien. Recorte importante pero asumible, sobre todo si ahora pido otro proyecto europeo, y si nos colamos en una ITT, y otro dinero que nos viene de la ESA, y con los recientes recortes de salario (con la supresión de la paga extra de Navidad) el dinero se puede estirar un poco más, y... En fin, caminaba haciendo mis cuentas de la vieja. Y luego los estudios científicos que tengo comenzados: "Debería terminar los análisis previos de cinco trabajos durante la semana que viene". Cinco trabajos muy interesantes en los que estoy implicado y cuya continuidad depende de que les pueda dedicar un poco más de tiempo. La semana que viene; hoy no, que tengo mucho trabajo administrativo que resolver. La semana que viene, sí. Llevaba diciendo esta misma frase desde Abril, ¿o era desde Febrero? Creo que en realidad un poco desde Septiembre pasado...
Y al llegar a la puerta ahí estaba. El lazo negro. El símbolo de los recortes, de la muerte lenta de la administración con los recortes que el Gobierno nos está imponiendo para poder salir del marasmo financiero en el que nos estamos hundiendo. Bienvenido de vuelta al trabajo, Antonio. Y ya en el pasillo me encuentro otros carteles; por ejemplo éste colgado de la puerta de mi jefe.
Primera compañera que me encuentro. No sabe si su contrato será prorrogado después del 31 de Diciembre; si no es así su servicio, que sólo cuenta con ella ahora mismo (a su compañera la echamos hace un año), tendrá que cerrar. Yo necesito su ayuda para nuestro nuevo proyecto, y empeamos a buscar soluciones: y si yo te contrato seis meses, y luego fulanito te contrata otros seis con su proyecto, y así vamos alargando la cosa y tú dedicas un poco de tiempo a nuestros proyectos y al tiempo al trabajo normal del servicio... pero necesitaríamos encontrar otros cuatro proyectos para garantizar el trabajo en la duración de los mismos. Ésta es la nueva realidad, la de ir estirando los recursos, a ver si podemos mantener algo parecido a lo que teníamos. No hay tiempo para dejarse llevar por el desaliento. Oye, y cómo es que tienes todas estas cajas aquí en medio. Nada, que iban a hacer obras de remodelación, pero a la empresa que las iba a hacer se le dijo que se pagaría a 180 días y no lo ha aceptado. Ya, digo yo.
Voy a Administración a llevar los comprobantes de mi viaje a Munich, que hice justo antes de las vacaciones. Hola, Jordi; cómo va todo, que tal las vacaciones, etc; la conversación habitual mientras voy haciendo el papeleo que me permitirá cargar en nuestro proyecto el coste del viaje; para usar nuestro dinero, el de nuestro grupo, para hacer el trabajo que se supone que teníamos que hacer. Y al acabar, una frase que me esperaba: "Bueno, no sé cuándo te reembolsarán el dinero". Aún están pendientes de reembolsar viajes hechos en Julio, aún hay algunos problemas de liquidez en el CSIC. Y los pagos a proveedores ahora se hacen a 40 días. En fin. Esperemos que en Septiembre todo se desatasque por fin. Vinga, Jordi, fins després.
Papeles. Papeles y más papeles, mails literalmente a cientos que responder. Hace calor en el despacho hoy, está a 29,2ºC. Hace un año que no uso la climatización; sólo abro el ventanuco cuando hace calor y ya está. Es incómodo pero te habitúas. Tiene la ventaja añadida de que así cuando me vienen al despacho a pedir algo no se entretienen demasiado.
Como rápido para volver a los papeles y despachar las cosas urgentes con los pocos colegas que hay. Antes de marcharme pasa por mi despacho una colega, una buena amiga. No ha comido aún, está un tanto agobiada. Durante la noche murieron 150 peces de su tanque, un fallo de la bomba de aireación del agua. El cuarto este mes; hoy en vez de quejase educadamente ha puesto el grito en el cielo (hubieron podido morir todas las especies del acuario, que son miles de individuos) y parece que lo arreglarán. Los problemas de Agosto más la necesidad de apurar lo que nos queda de Tesorería. Business as Usual, el nuevo Business as Usual, no pasa nada.
Me voy al tren, pero antes de subir entro en una farmacia, bien cerquita del Paseo de Gracia, en pleno centro de Barcelona, ya que tengo que comprar un repelente de mosquitos para la niña. Los empleados están un poco distraídos; hay una docena de personas en la tienda pero nadie despacha. Uno de ellos, un chico joven, habla por el móvil. "Sí, estaba muy nervioso. Me dijo: Dame el dinero o saco lo que tengo en la bolsa. Qué sé yo lo que tenía en la bolsa; estaba muy nervioso y había gente aquí; le dí algo de dinero de la caja y salió corriendo. Es sólo dinero, nadie ha resultado herido." La chica que al final reacciona y me atiende me cuenta que acaba de pasar. Quizá fue el tipo con el que me crucé en la esquina. Es el nuevo BAU.
En la estación de Paseo de Gracia me fijo en algo. Una puerta pequeña (el dintel quedaba debajo de la altura de mis ojos) me llama la atención. O más bien los carteles que tenía adheridos...
Me quedo pensando si será una especie de mensaje que un ente superior me está enviando o si es que mi subconsciente traumatizado sólo selecciona aquellos estímulos que concuerdan con mi visión de la realidad. En fin, tonterías que se le ocurren a uno cuando tiene tiempo para pensar. Subo al tren y me pongo a trabajar otro rato más... hasta que el tren se para en Girona. Si era un mensaje de un ente superior ahora lo entiendo. Incendio entre Celrà y Bordils, el tren no puede pasar. Después del pavoroso incendio del Empordà de hace unas semanas (yo estaba en Figueres y a las 4 de la tarde se hizo de noche, de tan grande que era la nube de humo y cenizas) muchas personas han alertado de que si los incendios de este año son más incontrolables no es sólo por las altas temperaturas y la sequía que nos azota, sino por la disminución de efectivos y medios de las cuadrillas de extinción, de un 40% (ahí es nada).
Renfe se moviliza bastante rápidamente, y después de esperar sólo 20 minutos nos hacen bajar del tren: la parte final del trayecto la haremos en autobús, ya que la autopista no está afectada. Una marea de gente inunda la calle adyacente a la estación, intentando montar en el primer autobús, en el segundo, en el tercero... Yo me voy directamente a éste último. El conductor revisa los billetes, vano intento porque hay demasiada gente y estamos entorpeciendo la circulación por la calle. Como quiera que abre las dos puertas del autobús algunas personas, pocas al principio, más al final, empiezan a entrar, incontroladas, por la de atrás. Yo lo veo rápido y estoy tentado de entrar, pero me digo: "No. Dale una oportunidad a hacer las cosas correctamente, al orden y al civismo". Por supuesto me quedo fuera del bus. Así que cuando llega un cuarto bus no lo dudo, y haciéndome el despistado me cuelo por atrás (no sin antes solicitar amablemente a una señora entrada en carnes que haga el favor de dejar mis costillas en paz). Las caras de los que quedan fuera esta vez son un poema: no parece que esté previsto poner otro autobús hasta que regresen éstos... Llegamos a Figueres con poco retraso dado el follón, sólo una hora y media más tarde de lo esperado...
Sólo es un día más.
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