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domingo, 28 de noviembre de 2010
¿Reconoceremos el Oil Crash?
Queridos lectores,
El otro día mi suegro me pidió que le ayudase a cortar leña. Como es una tarea un tanto pesada, le dije que por supuesto que le ayudaría. Total, que bajamos a donde guarda la leña y por el camino me dio un mazo de 5 kilos, mientras me iba explicando lo complicado que es acertarle a una cuña y que tenía que tener cuidado de no golpearme un pie, de que no me saltasen astillas y mil otras desgracias sin cuento. En fin, me sonó al típico regodeo con el que los del campo nos toman el pelo a los de ciudad (a pesar de que ya hace bastantes años que le ayudo con pequeñas tareas en la masía en la que viven). Estaba yo dispuesto a una sesión intensa de ejercicio cuando, al llegar abajo, me enseña una máquina que se acaba de comprar para cortar la leña, una maravilla que es capaz de partir cualquier tronco por grueso o correoso que parezca; con un pistón hidráulico, y funcionando con una potencia eléctrica doméstica (menor que 4Kw) es capaz de ejercer una presión equivalente a aplicar un peso de 10 toneladas, ahí es nada; total, que en dos minutos de reloj cortamos suficiente leña para quemar en la chimenea durante un par de días. En fin, la broma de mi suegro fue simplemente para mostrarme cómo los adelantos de la sociedad moderna hacían la vida más ligera, pero a mí me suscitó otras reflexiones.
La máquina de mi suegro permite amplificar de una manera prodigiosa el resultado o output del trabajo hecho con igual cantidad de mano de obra; no sólo eso, sino que al reducir la penosidad y riesgo de la tarea (para poner en marcha el pistón se han de accionar dos palancas con las dos manos, evitando así que por las prisas uno se atrape una mano) se aumenta de manera enorme la productividad. La anécdota revela hasta que punto la energía es ese fluido invisible que consigue una enorme amplificación del resultado de aplicar mano de obra, y que está en la base del enorme éxito material de la sociedad industrial. Estamos tan acostumbrados a que accionando un botón o una palanca se levanten pesos del orden de toneladas, o que accionando unos mandos transportemos mercancías o incluso a nosotros mismos por distancias que a pie nos llevarían muchas jornadas en el plazo de unas pocas horas, que creemos normales estos prodigios y no nos cuestionamos la dificultad técnica y la exigencia energética que implican. Por ese mismo motivo, porque la energía es invisible, se plantea el problema de que su creciente carestía no resulte evidente a una sociedad acostumbrada a ignorarla, y que el diagnóstico de los problemas sea equivocado.
Ya hemos explicado aquí que la simple escasez de petróleo explica por qué esta crisis no acabará nunca, no puede acabar. Sin embargo, discutiendo el otro día en la tertulia de Catalunya Ràdio me di cuenta de que es muy difícil explicar por qué es tan urgente abordar el problema de la energía en un momento en que toda la atención está centrada en la crisis económica, y que a la gente le resulta inverosímil que esta crisis sea, en buena medida, el resultado de la escasez de petróleo, que en el caso de la OCDE es algo tan real como que en cinco años ha perdido el 15% de su consumo de petróleo. A pesar de mi insistencia en los datos y en los informes, todo el mundo percibe la crisis energética como algo futuro, incluso aunque sea inminente, sin plantearse nunca que quizá es algo presente. Esta disonancia se explica en que la percepción natural de una crisis energética sea algo al estilo de los shocks de los años 70: una falta repentina de una porción significativa del suministro, precios rápidamente crecientes, falta de combustible en muchas gasolineras, colas, escasez, racionamiento... La gente cree que cuando la crisis se manifieste uno verá, como mínimo, precios del petróleo por las nubes de manera permanente. Sin embargo, esa idea choca con la manera en que la crisis energética se manifestó en 2008: una subida de precios que tenía casi cuatro años de recorrido, con un pico súbito en julio de 2008 de casi 150$ por barril, para después en seis meses llegar a los casi 36$ (y después subiendo progresivamente hasta los más de 80$ actuales). Tan inusual comportamiento ha hecho pensar a muchos que en 2008 lo que hubo fue un episodio de especulación, aunque la escasez de reservas en los petroleros confirma que lo que pasó fue un genuino exceso de demanda con una oferta que ya no podía crecer. Como ya hemos discutido tantas veces, la razón del descenso de precio fue la destrucción de una parte de la demanda, que ya no pudo seguir los precios: negocios que quiebran, ahorros que se evaporan, hipotecas que se dejan de pagar, caída del consumo, paro, recesión... y consecuentemente menos consumo energético, caída de la demanda y de los precios. En suma, lo que se aprecia como un posible episodio especulativo fue en realidad el azote de la crisis energética desencadenando una crisis económica, amplificada por el apalancamiento y la deuda de nuestra sociedad.
Uno de los peligros más graves que corremos es que sigamos sin reconocer que la crisis energética nos pone ya una losa sobre la cabeza que nos impide crecer. Porque eso implica que movimientos repetidos como el de 2008, que responden a la lógica de un techo, el de los recursos naturales, que cada vez será más bajo y se desploma sobre nuestras cabezas, serán interpretados como resultados de mala gestión del Gobierno de turno, de la implementación de políticas equivocadas y demás lugares comunes. Lo cual es cierto, pero las alternativas seguirán buscando lo mismo: el Bussines as Usual o la búsqueda del crecimiento infinito, sólo que por otros medios. Y mientras los gobernantes crean que la señal que nos enviará la crisis energética cuando se manifieste sean precios imposibles pero persistentes en el tiempo, persistirán en el error de mantener políticas orientadas al crecimiento ya imposible, con lo que conseguiremos perder el necesario tiempo para la adaptación y acelerar la bajada de ese techo que cada vez nos oprimirá más. Para cuando la crisis energética se manifieste de la forma esperada, las carencias serán ya tan profundas que estaremos en la fase de declive rápido y entonces será demasiado tarde para hacer nada.
Por todo ello es fundamental hacer comprender que, en realidad, la crisis energética está ya en marcha, que está indisolublemente unida a la crisis económica, y, peor aún, que las medidas que ahora se están proponiendo para compensar las deudas y retomar cuanto antes "la senda del crecimiento" están sellando nuestra perdición... Transmitir este mensaje, complicado y contradictorio con la percepción mainstream, es ahora un objetivo fundamental.
¿Reconoceremos el Oil Crash? Lo cierto es que ya está aquí, y aún no lo hemos reconocido...
Salu2,
AMT
domingo, 24 de enero de 2010
Para empezar
Queridos, aunque hipotéticos, lectores:
Haciendo caso de algunas sugerencias, comienzo hoy este blog dedicado a analizar la crisis energética y cómo nos va a afectar en el futuro más que próximo. Para un lector desavisado, que no sepa de qué va esto, no resulta fácil comenzar con este tema. En primer lugar, porque las conclusiones a las que se llegan repugnan a la razón y son desagradables de aceptar. Sin embargo, mientras no superemos nuestra actual fase de negación del problema no podremos empezar a poner los medios para solucionarlo.
Creo que en primer lugar debería hablar un poco de mí (y así dar por terminado tan bochornoso trámite). Me llamo Antonio Turiel, soy Científico Titular del CSIC en el Institut de Ciències del Mar de Barcelona, en el Departamento de Oceanografía Física. Mi especialidad (si es que tengo alguna) es el tratamiento de datos en teledetección para usos oceanográficos. Es fácil darse cuenta, pues, de que mi formación no es precisamente en geopolítica o recursos energéticos. Sin embargo, que uno no sea un investigador en un tema no descarta que el tema le interese. Y este me interesa, y mucho, como creo que en realidad interesa a todo el mundo. Puesto que nos estamos jugando nuestro futuro y, posiblemente, nuestra vida en él.
Hace unos diez años que conozco este problema, el del oil crash, y desde entonces lo he seguido desde una cierta distancia. Sin embargo, el agravamiento de las circunstancias me movió hace unos meses a compilar toda la información que pude encontrar sobre el tema y preparar una presentación; puedes ver su versión más actual aquí. He repetido esta charla unas cuatro veces, en foros diversos, y aún espero repetirla unas cuantas veces más.
Ésta es la anotación inicial de este cuaderno de bitácora, así que qué menos que dar un par de referencias breves de qué estoy hablando. Estoy hablando del final de la era del petróleo barato, lo que en resumidas cuentas significa el final de la era del petróleo y el final del crecimiento económico. Sabíamos que la cantidad de petróleo que hay en el planeta Tierra era finita, y tarde o temprano tenían que llegar los problemas. Pues bien, ya están aquí. Porque los problemas no empiezan cuando el petróleo se agota, sino cuando se ha consumido aproximadamente la mitad, cuando la producción ya no puede crecer más y empieza a declinar. A eso se le llama cénit de producción o oil peak. Y a sus consecuencias sobre la economía es lo que se llama el oil crash.
Seguiremos hablando de todo esto. Para quien quiera leer un poco más, consulte este post introductorio en The Oil Drum (en inglés).
Bienvenidos al final de la fiesta.
AT.
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