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lunes, 9 de agosto de 2010

Lecciones del vertido del Golfo de México


Queridos lectores,

Este post es una continuación de otros dos anteriores sobre el mismo tema: Actualización sobre el vertido del Golfo de México
y It's rainning oil, hallelujah!, que versan sobre la magnitud y las consecuencias del vertido de petróleo en el Golfo de México como consecuencia del mortal accidente de la plataforma de extracción petrolífera semiflotante Deepwater Horizon el 20 de Abril de 2010.

Parece que al final, el segundo intento de hacer un top kill (enfáticamente bautizado como static top kill, para evitar ser asociado con el fracaso del primer intento) ha conseguido su objetivo, y el vertido del Golfo de México está por fin bajo control desde hace unos días. Aún se filtra algo de petróleo alrededor de la malograda válvula de prevención de explosiones (Blow-out preventer, BOP), pero se confía en que la inyección de cemento desde los pozos de alivio que se han excavado ponga definitivamente fin a esta pesadilla. Por el camino, cinco millones de barriles de petróleo se han vertido en el Golfo de México, creando el mayor desastre de esta naturaleza en los EE.UU. y causando un impacto ambiental que llevará años evaluar. Ahora que la crisis está controlada, es el momento de sentarse y ver qué hemos aprendido de ella.

Desde el punto de vista positivo:
Desde el punto de vista negativo, la lista es bastante larga:
  • Un solo incidente de este tipo ha estado a punto de hacer quebrar una gran compañía multinacional como es BP: se calcula que las responsabilidades económicas a las que debe hacer frente BP a corto plazo (coste de las tareas de limpieza) ascienden a 30 millardos de dólares (frente a eso, se estimaba que los beneficios tras impuestos de este año de BP rondarían los 12 millardos). La cifra total de indemnizaciones podría fácilmente ascender a los 100 millardos, contando con las de los diversos colectivos damnificados. Los Gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido han discutido varias veces esta cuestión, y parece claro que no permitirán que BP quiebre, entre otras cosas porque los dividendos que cada año arroja BP suponen una de las fuentes de financiación más importantes para los planes de pensiones radicados en el Reino Unido. Para hacer frente a sus obligaciones más inmediatas, BP se ha lanzado a la venta de algunos de sus activos (incluyendo sus instalaciones en Alaska) por valor de 30 millardos, que se venderán durante los próximos 18 meses. La pretensión de BP parece clara: cubrir sus obligaciones inmediatas con la venta de activos, retrocediendo su posición global pero sin dejar de dar dividendos tan caros a los fondos de pensiones, lo cual parecer responder a los deseos del Gobierno británico; a cambio, de una manera u otra se le permitirá alargar mediante juicios el pago del resto de indemnizaciones.
  • A la espera de ver si la maniobra dilatoria de BP surte efecto y evita así la bancarrota (lo cual dependerá de que el poder ejecutivo interfiera suficientemente el judicial -pobre Montesquieu), las perspectivas para el negocio de la explotación del petróleo de aguas profundas no parecen boyantes: las primas de riesgo de las aseguradoras ya han subido un 40%, lo cual básicamente echa del negocio a las pequeñas y medianas empresas, y en cuanto a las grandes falta ver cuántas se arriesgarán ahora a comer de la fruta prohibida (ya comentamos en este blog que en 2006 Exxon previó los riesgos y decidió abandonar su pozo Blackbeard). Máxime cuando el Congreso de los EE.UU. estudia prohibir la explotación de aguas profundas a empresas con mal historial (lo cual excluiría a BP durante un tiempo).
  • No se puede, sin embargo, echar toda la culpa a BP. La culpa en realidad es nuestra, por querer seguir teniendo petróleo abundante y encima a buen precio, cuando el petróleo barato ya se ha acabado y ahora sólo queda el malo, el caro, el que es difícil de extraer. Dado que los rendimientos son decrecientes, la única solución que tienen las compañías es ir recortando costes, reduciendo la seguridad y la contención de la contaminación ambiental, lo que en el caso de la Deepwater Horizon llegó hasta extremos inconcebibles... para un estándar occidental. Este tipo de incidentes pasan cada año en el Delta del Níger y nadie dice nada (casi nadie lo sabe). De hecho, es comentario frecuente de quien ha trabajado en ciertas plataformas petrolíferas que lo extraño es que no haya más accidentes (y eso tomando como cosa normal que cada mes haya algunos heridos y quizá un muerto).
  • Y, todo esto, ¿para qué? Pues, en realidad, para bien poco. Porque parece que las reservas de petróleo de aguas profundas están más que sobreestimadas; el comportamiento de los yacimientos de aguas profundas es bastante diferente de los de tierra firme, en buena medida porque no se pueden explotar de la misma manera y porque su geología es diferente. Como comenta Tom Whipple, según las estimaciones más precisas actuales, el malogrado pozo de BP vertía en sus comienzos aproximadamente 62.000 barriles diarios, mientras que 87 días más tarde (en el momento en que el top kill finalmente ha funcionado) su "producción" había decaído a los 53.000 barriles diarios, una caída del 14% en menos de tres meses, lo que equivale a un 50% anual. Con esos números y asumiendo un decaimiento exponencial constante, estimo que la cantidad de petróleo finalmente recuperable para este pozo sería en torno a los 35 millones de barriles, lejos de la cifra oficial de más de 1.000 millones, y en línea con el 10-20% de la cifra oficial que estima Tom Whipple. Esto también casa con la producción observada en otros pozos de aguas profundas: Thunder Horse, que en vez de alcanzar una producción de 250.000 barriles diarios se estancó en 170.000 y ahora decae a un ritmo del 2-3% mensual; o Neptune, que debía llegar a los 50.000 barriles diarios, se quedó en 40.000 y decae al ritmo del 15% mensual.
Por terminar, cuando empecé este post quería hacer referencia a las más que razonables dudas planteadas sobre la credibilidad de las afirmaciones que Matt Simmons ha hecho sobre este asunto. Sin embargo, ya no tiene sentido hacer tal prevención: Matt Simmons murió el pasado domingo. Merece la pena recordarle por su contribución al debate sobre el peak oil, especialmente con su libro "Twilight in the desert" ("Crepúsculo en el desierto"), con el que puso el dedo en la llaga al señalar cuán críticamente depende la estabilidad en el suministro petrolífero sobre Arabia Saudita, y cómo ésta se encuentra cerca de, si no ya pasado, su cénit petrolífero. Descanse en paz, Matthew R. Simmons.

Salu2,
AMT

miércoles, 19 de mayo de 2010

Actualización sobre el vertido del Golfo de México


Queridos lectores,

Hoy excepcionalmente voy hablarles de algo que tiene que ver con mi trabajo. Estos días participo en la edición de este año del International Ocean Vector Winds Science Team Meeting, que se está celebrando en las instalaciones de mi instituto. Hoy he asistido a la presentación que Óscar García Pineda, de la Florida State University, ha hecho explicando la evaluación que la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) del vertido causado por el accidente de la Deepwater Horizon. Óscar pertenece a la Oil Spill Task Force (OSTF), el grupo de trabajo que se ha constituido para asesorar sobre los peligros de este vertido. Sin entrar en demasiados detalles, Óscar nos ha explicado la técnica (basada en una red de neuronas entrenada) que han usado para extraer el área afectada por el vertido a partir de imágenes de SAR (Radar de Apertura Sintética) de satélite. La idea importante que quiero retener aquí es que la presencia de una capa de petróleo reduce la rugosidad de la superficie del mar (porque inhibe la generación de ondas capilares) y por eso el radar detecta que "algo pasa" ahí. Sólo cuando el viento es suficientemente fuerte se rompe esta capa y se vuelven a formar ondas capilares, aunque en ese caso no sabemos qué área es la que está afectada por el vertido.

Pues bien, los científicos del OSTF han evaluado la cantidad de petróleo que está saliendo del malogrado pozo viendo cómo crece diariamente el área afectada por esa porción de mar anómalamente "plana" que detecta el radar. Yo esperaba que Óscar confirmara la cifra de 5.000 barriles diarios que a capa y espada defiende British Petroleum. Pues no. Asumiendo que el espesor de la capa de hidrocarburo es de 0.5 micras (es decir, 200 veces más fina que un cabello humano) les sale la impresionante cifra de 25.000 barriles diarios, o sea, 4 millones de litros diarios, o sea, unas 3.200 toneladas diarias (en línea con la estimación que recogía yo en este blog hace dos semanas). Para que se hagan una idea, eso representa un Prestige cada 18 días, y esto ya dura 27 días. Lo peor del caso es que su estimación muy conservadora, ya que representa que la capa de hidrocarburo es muy fina; pero un episodio de fuerte viento el 2 de Mayo (que hizo invisible el petróleo al radar en aquellos sitios donde el mar rompió la capa superficial) reveló que en alrededor de la mitad de la superficie cubierta la capa debe ser bastante gruesa (consulten estos mapas). En la actualidad, el petróleo empieza a bañar las costas de Luisiana. Pero esto no es lo peor. Justo después de Óscar, Kathleen Dohan, de Earth and Space Research, nos ha enseñado cómo un remolino anticiclónico se acaba de situar justo debajo del vertido y lo está bombeando hacia la Corriente de Lazo (Loop Current). Ésta es básicamente un gigantesco meandro de la Corriente del Golfo, una de las corrientes marinas más potentes del mundo. Tarde o temprano, tenía que pasar. Ahora la Corriente del Lazo llevará una ingente cantidad de petróleo, en una semana más o menos, hacia las costas de Florida, bordeará esta península dañando gravemente la zona de los cayos y después girará hacia el norte para contaminar toda la costa este de EE.UU. hasta el Cabo Hatteras. A partir de ahí, girará hacia el este y atravesará el Atlántico, aunque se irá dispersando y abriendo en abanico en el proceso. Para cuando la corriente del Golfo nos traiga este chapapote a las costas del Cantábrico estará ya bastante degradado y disperso, así que siéntense tranquilamente y contemplen el más gigantesco experimento de dispersión de trazadores de la historia de la humanidad, el sueño de todo oceanógrafo; podremos ver todos los remolinos que se generan y cómo viajan por el Atlántico. Sería el sueño de todo oceanógrafo, si no fuera porque es una pesadilla ecológica. Teniendo en cuenta que algunos expertos dicen que el vertido, en realidad, puede ser varias veces mayor, y que BP parece incapaz de controlar el vertido, podemos estar delante del más grande desastre ecológico de la historia.

Dejando al margen el volumen monstruoso del vertido y de la zona que será afectada, este desastre es una herida que puede ser mortal a la explotación del petróleo de aguas profundas. Pero más del 10% de las reservas están ahí, sobre todo fuera de la OPEP. No podemos seguir sin ellas. No podemos seguir.

Salu2,

AMT

ADDENDA: Después de acabar este post, he encontrado aquí (página 16) el dato que me interesaba, y es cuánto petróleo hay en este pozo en particular (su nombre es Mississippi Canyon Block 252). Según esa estimación (bien podría estar inflada) hay 3,528 millardos de barriles de petróleo y 8,946 billones de pies cúbicos de gas. Si no hubiera manera de parar este vertido (por ejemplo, porque la temporada de huracanes que ahora comienza es inclemente con el ser humano) y asumiendo que el pozo libere espontáneamente un 30% de su capacidad antes de que la roca colapse como para impedir el flujo espontáneo, quiere decir que se liberaría aproximadamente un millardo de barriles de petróleo. Si asumimos el más pesimista de todos los escenarios de flujo de petróleo que he visto (100.000 barriles cada día), esto representaría un vertido que duraría 27 años.

Para que se hagan una idea de la inmensidad de la cifra, sobre la base de una capa de media micra, eso representa un volumen de 160 millones de metros cúbicos, que repartidos en una capa de media micra representa un área de 320 millones de kilómetros cuadrados. España tiene una extensión de 0.5 millones de kilómetros cuadrados, o sea que sería una extensión como de 640 Españas. Una capa así podría recubrir todo el Océano Atlántico.

Evidentemente esperamos que en los próximos 27 años seamos capaces de obturar ese pozo. También se tiene que decir que el petróleo se degrada espontáneamente en contacto con el aire y bajo la acción de la meteorización y de las bacterias marinas. Pero, cuidado, esto no es ninguna broma...