lunes, 12 de agosto de 2013

Viviendo a la altura de nuestras posibilidades

Queridos lectores,

Insistiendo en su idea de llevar una contabilidad verdaderamente humana de nuestras vidas y nuestros negocios, Gabriel Anz me ha hecho llegar este ensayo sobre cómo deberíamos de contabilizar correctamente nuestros recursos. Estoy seguro que será de su interés.

Salu2,
AMT

La “cuenta del almacenero”






Nunca voy a olvidar a las “Turcas”… madre e hijas solteronas y dueñas de la mejor panadería del pueblo.


-¡Aquí llegan los Gringuitos! - Decía una de ellas al vernos entrar al negocio e inmediatamente iba hasta la vitrina para buscar masas rellenas con un dulce de leche que nos encantaba.


Era el paso obligado de vuelta al campo, pues allí nos proveíamos de la galleta (variedad de pan) para los empleados y nosotros. Galleta que hoy ya no se hornea más y que tenía la característica de ser más sabrosa cuando se secaba, con el objetivo de que permanezca comestible por varios meses, pues en aquellas épocas -hace 35 años atrás-  “bajar al pueblo” ocurría de cuando en cuando. Este pan se utilizaba de “plato” para comer la carne asada, acompañar sopas y/o guisos, y en el desayuno para remojar en el tazón con café de malta o acompañar con mate. Normalmente se hacía pan casero en la cocina del casco de la Estancia, pero en circunstancias de trabajos “afuera” en el campo, lo cual implicaba pasar varios días a orillas del fogón y durmiendo al sereno, resultaba más práctico contar con abundante de ésta “galleta de campo”.


Pero la anécdota que hoy quiero contar trata sobre la idiosincrasia de la madre; muy viejita ella pero sin ningún impedimento para llevar adelante la economía del negocio. La recuerdo siempre sentada en su antigua silla y al lado de una estufa, desde donde veía y controlaba todo, con un vestido negro y en el medio, a la altura de la falda, adosado al mismo un gran bolsillo. Este era la Caja y en el iba a parar el dinero de las ventas. Y no nos habíamos percatado del detalle, hasta que un día una de sus hijas le pidió dinero para pagarle al proveedor de harina de trigo. Sacó un manojo de billetes y le dijo: -Esto es lo que hay hoy para comprar la harina hija- Finalizado el trámite entre ellas, nos miró a nosotros los niños, y nos dijo: -Nunca gasten más dinero del que tienen, ¿me escucharon bien?


Tan simple como eso… si hay disponible se gasta, de lo contrario abstenerse. Y en lo posible ahorrar.


¿Será posible que grandes economistas hoy no respeten un concepto tan básico? A la vista está que no.


Nos hicimos adictos a la Deuda, hasta el punto que hoy nadie se imagina montar un negocio, construir una casa o lo que sea, si no es mediante Crédito o Préstamo. Nos acostumbramos a pensar que el negocio va a funcionar bien y pagaremos la deuda + los intereses, además de que obtendremos buenas ganancias. Así las cosas, nos encontramos con una economía súper inflada, con dinero prestado en simultáneo por cantidades muy superiores a la disponibilidad real y que no tiene respaldo en bienes tangibles (dinero fiat). Como si ello fuera poco, aumenta cada día la cantidad de insolventes que ya no pueden honrar sus deudas, lo que hace estallar tales burbujas.


Pienso que tomar deuda es cosa seria, porque en la realidad ocurre como consecuencia, que se ponen en movimiento explotaciones y producciones de bienes a destiempo de la capacidad real de su reposición; ya sea directa o indirectamente. A ver si logro explicarme con un ejemplo… Imaginen que millones de personas en todo el mundo piden prestado el dinero necesario para construir la casa de sus sueños. Han documentado al prestamista capacidad de pago y el crédito se las ha otorgado. Entonces se ponen en marcha los “motores” que hacen funcionar las industrias que proveerán de los materiales para construir las viviendas… explotaciones madereras, cementeras, siderurgias, transportes, comercios, intermediarios, etc. Se activa la economía y todos felices. A esta altura, para la mayoría de los lectores es sabido que para que ello ocurra, también es necesaria mucha energía. Y mientras ella abunda, dale que va… más deuda, mas puesta en marcha de economías y por ende, más expoliación de recursos no renovables o de reposición más baja que lo extraído. Y si el dinero para prestar no alcanza, porque a esta altura ya se montó un tinglado que hay que sostener, se imprime más dinero… Y entonces vemos lo que está pasando en la mayoría de los países del mundo: castillos de naipes desmoronándose.


Y se entra en una de la que ya es muy difícil salir ordenadamente. Todo el sistema se corrompe, al punto de que mucha gente se endeuda “por deporte”, pues sabe que si lo hace en moneda local y a bajas tasas de interés (o al menos por debajo del ritmo de desvalorización de la misma), tiene grandes posibilidades de que su deuda se licue. Así se fomenta la corrupción y aparecen los oportunistas y “jugadores de casino”, agregando más combustible a este mecanismo perverso, que ocurre absolutamente a costa de sacarles a terceros e hipotecando el futuro. Por eso digo que es a destiempo de la capacidad real de reposición... ocurre una desconexión con los ciclos naturales de la Tierra. Y estos momentos de ficticia bonanza a desencadenado altas tasas de reproducción (superpoblación), mucho derroche y hedonismo, además de abusos que degeneran en situaciones aberrantes, como por ejemplo, el hecho de que por cada onza de oro físico extraído de las entrañas de la tierra, rondan 42,5 “certificados de papel oro” por el derecho a esa misma onza. Una locura realmente. Y esta tremenda burbuja solo ha sido posible inflarla con el aporte de mucha… pero mucha energía. Energía que ha comenzado a hacerse escasa y que hace que la manta sea corta para cubrir a todos. En el mejor de los casos, “la misma torta a ser repartida entre cada vez más bocas”.


Ante estas circunstancias, los prestamistas se están poniendo reticentes a arriesgar su dinero y comienzan a cortarse los créditos. Y esto es como sacarle de golpe las golosinas a un niño, lo cual le genera mucha ansiedad por la abstinencia. Escasea el crédito y la capacidad de emprender empresas con recursos propio ya casi no existe y hasta es casi imposible. Las economías se frenan, pero a la fuerza y con respirador se intenta recuperarlas. En simultáneo a la estanflación o stagflación (estancamientos de las economías con inflación), los gobiernos aumentan la presión tributaria, suben aranceles y cierran fronteras, lo que acelera el proceso de quebranto del sistema. Un proceso imparable y de final abierto.  


Y esta cultura perdida de gastar/invertir solo en la medida de lo posible, ha pasado a ser cosa de viejos y muy conservadores; “dinosaurios” para la cultura imperante. Hoy, la actitud de vivir a cuenta del futuro trasciende las fronteras de los ámbitos familiares, comerciales, empresarios y de los Estados inclusive. Nos acostumbramos y encontramos normal, pedirle prestado también a la Naturaleza, extrayendo sus recursos naturales por sobre su capacidad de reposición sustentable, como si viviéramos en un mundo sin límites físicos y como si no hubiera mañana ni generaciones con derecho a heredarlos.


Entonces es cuando me hago la siguiente pregunta… ¿En que nos debemos basar -que parámetro debemos seguir- para saber que no estamos “gastando más que lo que ingresa”? ¿Cuál es el punto de referencia que me asegurará tal equilibrio?


Personalmente llego a la siguiente conclusión… Si bien habitamos un Planeta muy pequeño en relación a otros astros y sus recursos naturales son finitos o de tasa de reposición acotada, podemos asegurar que no se trata de un “sistema cerrado”, pues tenemos aportes desde el Espacio exterior, como lo son la energía solar, algunos meteoritos, fuerzas de gravedad y atracción de las masas (efectos de la luna), etc. Es decir, que sumado a las dificultades y limitaciones para salir a abastecernos de recursos en el Espacio sideral, la única fuente de energía importante y demostradamente útil y sustentable por varios millones de años más y que nos llega libremente “como caída del cielo”, sería solamente la energía del Sol.


Se habla de la famosa “Energía Libre” de Tesla, pero científicos han podido demostrar que no es más que una expresión de deseo o del “tero gritando lejos del nido”. Y si no me equivoco es fácil deducirlo, pues la energía que permite realizar trabajo requiere de un “diferencial energético”, que deviene en un proceso entrópico (hasta aquí la visión mecanicista de la energía… mi propuesta/teoría al respecto puede leerse en éste link). Y para satisfacer los altos consumos de energía a los que nos hemos hecho adictos, el diferencial energético debe ser enorme. Y los hidrocarburos han permitido y todavía permiten tal diferencial, pues se trata de millones de años de energía solar concentrada. Es decir, que mientras mayor es el diferencial energético, mayor es la entropía y mayores son las dificultades para aprovecharla sustentablemente sin producir efectos adversos. Y si bien entiendo –como expresara en Posts anteriores- que el Universo es pura Energía, y que estaría disponible “libremente y gratuitamente” para todos (mucha atención con este marketinero juego de palabras), no quiere decir que la misma sea útil para generar trabajo, salvo que se den las condiciones de “diferencial energético” ya expresado.


Considero que lo dicho en el párrafo precedente, explica porqué la Vida ha evolucionado de forma que logra “hacer mucho y para muchos” con tan solo 1 fotón de cada 1.000 que llegan a la superficie de la tierra; algo que se considera “ineficiente” desde el punto de vista de la física y matemática antropocéntrica. La Naturaleza con TREs  (Tasas de Retorno Energético) muy bajas logra la máxima sustentabilidad y biodiversidad.


Y está visto que para lograr artificialmente los diferenciales energéticos que se supone necesitamos, hace falta mucha más energía y/o recursos (finitos) que las ventajas obtenidas a cambio. Y para ser honestos con nosotros mismos, es necesario agregar a los cálculos y ecuaciones matemáticas, las variables de sustentabilidad ecológica. Así veremos que en la gran mayoría de las situaciones estaremos poniendo más de lo que adquirimos y con graves trastornos al Medio.


Ya tenemos una enorme “central nuclear” a nuestra entera disposición sin todos los efectos adversos de las que fabricamos nosotros en la Tierra. Creo que la clave seguirá siendo la energía del Sol; pero por sobre todo, la energía del Sol transformada en alimentos útiles para los seres vivos, mediante el proceso de la FOTOSÍNTESIS. Y lo ilustro con la siguiente composición de imágenes (extraídas de Internet) y el texto cuya fuente adjunto al final del mismo.



La fotosíntesis (del griego antiguo φς-φωτός [fos-fotós], ‘luz’, y σύνθεσις [sýnthesis], ‘composición’, ’síntesis’) es la conversión de materia inorgánica en materia orgánica gracias a la energía que aporta la luz. En este proceso la energía luminosa se transforma en energía química estable, siendo el adenosín trifosfato (ATP) la primera molécula en la que queda almacenada esa energía química. Con posterioridad, el ATP se usa para sintetizar moléculas orgánicas de mayor estabilidad. Además, se debe de tener en cuenta que la vida en nuestro planeta se mantiene fundamentalmente gracias a la fotosíntesis que realizan las algas, en el medio acuático, y las plantas, en el medio terrestre, que tienen la capacidad de sintetizar materia orgánica (imprescindible para la constitución de los seres vivos) partiendo de la luz y la materia inorgánica. De hecho, cada año los organismos fotosintetizadores fijan en forma de materia orgánica en torno a 100.000 millones de toneladas de carbono.1 2
Los orgánulos citoplasmáticos encargados de la realización de la fotosíntesis son los cloroplastos, unas estructuras polimorfas y de color verde (esta coloración es debida a la presencia del pigmento clorofila) propias de las células vegetales. En el interior de estos orgánulos se halla una cámara que contiene un medio interno llamado estroma, que alberga diversos componentes, entre los que cabe destacar enzimas encargadas de la transformación del dióxido de carbono en materia orgánica y unos sáculos aplastados denominados tilacoides o lamelas, cuya membrana contiene pigmentos fotosintéticos. En términos medios, una célula foliar tiene entre cincuenta y sesenta cloroplastos en su interior.1
Los organismos que tienen la capacidad de llevar a cabo la fotosíntesis son llamados fotoautótrofos (otra nomenclatura posible es la de autótrofos, pero se debe tener en cuenta que bajo esta denominación también se engloban aquellas bacterias que realizan la quimiosíntesis) y fijan el CO2 atmosférico. En la actualidad se diferencian dos tipos de procesos fotosintéticos, que son la fotosíntesis oxigénica y la fotosíntesis anoxigénica. La primera de las modalidades es la propia de las plantas superiores, las algas y las cianobacterias, donde el dador de electrones es el agua y, como consecuencia, se desprende oxígeno. Mientras que la segunda, también conocida con el nombre de fotosíntesis bacteriana, la realizan las bacterias purpúreas y verdes del azufre, en las que el dador de electrones es el sulfuro de hidrógeno, y consecuentemente, el elemento químico liberado no será oxígeno sino azufre, que puede ser acumulado en el interior de la bacteria, o en su defecto, expulsado al agua.3
A comienzos del año 2009, se publicó un artículo en la revista Nature Geoscience en el que científicos norteamericanos daban a conocer el hallazgo de pequeños cristales de hematita (en Cratón de Pilbara, en el noroeste de Australia), un mineral de hierro que data de la época del eón Arcaico, demostrando la existencia de agua rica en oxígeno y consecuentemente, de organismos fotosintetizadores capaces de producirlo. Gracias al estudio realizado, se ha llegado a la conclusión de la existencia de fotosíntesis oxigénica y de la oxigenación de la atmósfera y de los océanos hace más de 3.460 millones de años, así como también se deduce la existencia de un número considerable de organismos capaces de llevar a cabo la fotosíntesis para oxigenar la masa de agua mencionada, aunque sólo fuese de manera ocasional.4 5



Veo al proceso de la Fotosíntesis como el umbral que separa lo inanimado de lo animado, lo muerto de lo vivo. Es la conexión de la energía cósmica con el mundo terrestre. Es el proceso que permite transformar la energía del Sol en alimento y a partir de allí, evolucionar en la cadena trófica que da sustento a los Reinos Animal, Vegetal y Fungis -con funciones muy especificas en la cadena biológica- que derivan y se ramifican en una biodiversidad pasmosa por su complejidad, belleza y equilibrio en el complejo Tejido de la Vida, del cual el Hombre es uno de los principales beneficiarios.


Suelo decir que el ritmo al que debe vivir el Hombre para lograr la sustentabilidad, está condicionado por el ritmo de la Fotosíntesis, que en definitiva es el proceso que limita la cantidad de comida disponible para todos los seres vivos.


Y como para poder darnos algunos “lujitos”, disponemos de los derivados de la energía del sol, que permiten ciertos diferenciales energéticos, como lo son el viento, el agua, la geotermia, la energía solar captada con pantallas y colectores, la biomasa, etc., además de la fuerza mareomotriz (atracción de las masas) y otras que pudieran llegar a descubrirse o mejorarse. El alto diferencial energético de los hidrocarburos ha sido una oportunidad despilfarrada y seguramente deberemos esperar otros tantos millones de años para volver a disponer de ella.


Queridos lectores, lo aconsejable y saludable es vivir con mucho menos energía. Es de corto plazo tener “Egresos superiores a los Ingresos”. “Bajémonos del caballo antes de que éste nos baje a nosotros”.


Saludos a todos



Gabriel Anz

jueves, 8 de agosto de 2013

Muerto por su propia espada


Queridos lectores,

Hace unos días el Fondo Monetario Internacional (uno de los garantes del préstamo que apuntala el Reino de España, por si no lo sabían) planteó su receta para ayudar a España a crear empleo. El FMI plantea un gran acuerdo entre la patronal y los trabajadores de modo que los trabajadores aceptarían una reducción de salarios del 10% nominal y al tiempo la patronal aceptaría crear más empleo. La medida vendría acompañada de una reducción de las cotizaciones a la seguridad social del 1,7% que se compensarían con una posterior subida del IVA. Según las simulaciones del FMI, si se hacen estos cambios mientras aumenta el empleo y disminuye la inflación, el poder adquisitivo de los hogares no disminuirá.

Fíjense que no se está planteando una receta para sacar a España de la recesión ni de la crisis económica que ya dura seis años; su análisis apunta a una subida del PIB del 5% en cinco años (un magro 1% anual) y consiguiendo el milagro de aumentar la población ocupada un 7% (recuerden que en España la tasa de paro es de un escalofriante 26% de la población activa). Y digo milagro porque es conocido que en España no se ha creado empleo en las últimas décadas más que cuando el crecimiento del PIB ha sido al menos del 2% anual. El FMI parece confiar en que las reformas en marcha y las que proponen llevarán a un cambio estructural tan importante que cambiarán esa característica de nuestra economía.

Pero fijémonos en la letra no tan pequeña: de acuerdo con el escenario que se plantea el FMI los precios se tendrían que reducir un 5% en dos años. Dado que se habla de una reducción nominal del salario del 10% eso implicaría una reducción del salario en términos reales de sólo el 5%, así que esta deflación no es un detalle menor sino un aspecto clave para poder mantener el consumo y así impulsar la actividad económica (recuperar el crecimiento económico, que es la única idea que hay para poder salir de la crisis). Pero, ¿cómo podrían disminuir los precios, si justamente estamos en un escenario de restricción creciente en el acceso a nuestra principal fuente de energía, el petróleo? En realidad sólo hay una manera realmente accesible para que los precios bajen: por medio de la caída del consumo que probablemente se acabará materializando al agravarse la crisis (aunque eso no garantiza que los precios bajen). Y en el momento oportuno, después de los dos primeros años de implantación de este plan, llegaría la subida del IVA (que no se cuantifica pero se deja claro que se haría por la vía de subir el tipo reducido al general, 11 puntos nada menos, en los productos más básicos, lo cual perjudica especialmente a la población con menor nivel de renta).

Después de lo expuesto más arriba está claro lo que va a pasar: si el FMI presiona suficientemente al Gobierno español (y por lo que se ve va por buen camino) y éste acaba implementando esta reforma, se acabaría suscribiendo un gran pacto entre la patronal y los sindicatos y por lo pronto los salarios se reducirían un 10%... pero la inflación seguiría creciendo, lo cual echa al traste el resto del escenario del FMI. Las medidas propuestas agravarían aún más la situación de los trabajadores pero a cambio, al reducirse los costes salariales, darían un poco de oxígeno a las empresas... sobre el papel. Porque si algo evidencia algunas de las medidas que se están tomando en muchos países occidentales para combatir esta crisis es que hay un cierto grado de esquizofrenia corporativa, puesto que los que toman estas medidas no entienden que los trabajadores también son consumidores, y que si reduces el salario a los trabajadores estás reduciendo la renta disponible a los consumidores que tienen que comprar esos mismos productos y servicios que están produciendo. Por tanto, las empresas no mejorarían sus balances, y no contratarían más personal, mientras el consumo continuaría cayendo y la crisis agravándose. Así pues que las medidas del FMI no sólo no reducirían el paro sino que lo acabarían aumentando y acelerarían la decadencia de España dentro de esta crisis que, de todos modos, no acabará nunca.

En realidad nada de esto es nuevo: hace unos diez años el FMI propuso las mismas recetas para sacar a Argentina de su profunda crisis económica de entonces. El país andino aplicó como un buen alumno todas las recetas punto por punto y como consecuencia se sumió en la crisis más grave de las últimas décadas y una de las más graves de sus historia, de donde sólo pudo salir unos cuantos años después gracias al aumento de sus exportaciones (y por lo que parece no de manera duradera).


Con todo, a mi lo que me parece más destacable de la medida que pretende aplicar el FMI es que contiene una cierta dosis de chantaje emocional al trabajador, que creo que se usará mucho para tratar de hacer tragar esta reforma. De manera implícita se está haciendo una apelación a la solidaridad entre los trabajadores: si tú renuncias al 10% de tu sueldo y otros ocho trabajadores hacen lo mismo podríamos contratar a otro trabajador más. En suma, dado que el trabajo se ha vuelto un bien precioso y cada vez más escaso lo que se propone resuena con una idea que planea en el debate político desde hace 40 años: el reparto del trabajo. Para algunos sectores políticos de izquierda el debate sobre el reparto del trabajo puede parecer pasado de moda y hasta cierto punto reaccionario: en vez de buscar la reducción de horas de trabajo a cambio del mismo sueldo - aumentando así la retribución por hora - lo que pretende el reparto del trabajo es compartir el trabajo disponible entre los trabajadores, pero sin aumentar la retribución por hora. Se tiene que tener en cuenta que, en términos reales, los salarios en España llevan prácticamente estancados desde hace 20 años, como muestran los datos de la Comisión Europea:



Se puede argüir además que el pequeño repunte del salario medio real que rompe la tendencia al principio de la crisis (2007-2009) se debe a que la destrucción de empleo era más intensa en los sectores de menor valor añadido y de menor retribución salarial durante esos años; y ahora mismo la tendencia es a una disminución del salario, incluso sin la receta del FMI. Este fenómeno de estancamiento de los salarios no es exclusivo de España, sino que es un fenómeno generalizado en el mundo occidental, y que seguramente tiene que ver con el estancamiento relativo de la cantidad de petróleo per cápita (gráfica cortesía de Jean Laherrère, republicada por Ugo Bardi en Cassandra's legacy):

 
Serie histórica de petróleo per cápita (mundial) y posibles escenarios para su evolución a partir de 2012


A pesar de las reticencias históricas al concepto, el reparto del trabajo se vuelve una necesidad en un mundo sin crecimiento económico (pues es ya imposible) mientras se diseña un nuevo modelo económico capaz de lidiar con el no crecimiento (y el forzado decrecimiento inicial). En ese sentido el reparto del trabajo es una herramienta indispensable para conseguir estabilizar nuestro sistema, aunque no es ni puede ser la única medida a tomar (para una discusión en profundidad sobre cómo hacer la transición hacia una economía de estado estacionario y las medidas a tomar para llegar a ella, las cuales incluyen el reparto del trabajo, pueden consultar la página del Centro para el Avance de la Economía del Estado Estacionario - en inglés).


Desgraciadamente, no es ni mucho menos eso lo que nos propone el FMI: no se habla de repartir el trabajo, sino de repartir el salario trabajando lo mismo. Nadie habla de una reducción del tiempo de trabajo proporcional a la reducción de sueldo; sólo de trabajar por menos y suponer que los empresarios, al disminuir sus costes salariales, contratarán a más gente. No se ve el motivo por el que debería pasar tal cosa, puesto que como es natural sólo se contratará más si hay más trabajo para hacer, es decir, si aumenta la producción como consecuencia del aumento del consumo (lo cual, ya lo hemos dicho, es harto improbable). Así que el FMI no piensa en absoluto en impulsar un cambio estructural, sólo en favorecer la viabilidad de las empresas reduciendo sus costes.

Cuenta el Antiguo Testamento que el primer rey de Israel, Saul, se suicidó arrojándose sobre su propia espada, incapaz de soportar la vergüenza de la derrota de su ejército contra los filisteos. Lo que se les está pidiendo a los trabajadores españoles es que consumen su suicidio como clase media arrojándose sobre una de sus armas más poderosas: la compartición del trabajo. Arma que bien usada podría sentar las bases del nuevo modelo productivo que se necesita.


Salu2,
AMT


lunes, 5 de agosto de 2013

Arde Egipto

Queridos lectores,

Hoy se incorpora otra pluma al elenco de autores contribuyentes a este blog. Vicent Ortega ha hecho  un análisis muy interesante de la situación de Egipto, en la línea de otras contribuciones anteriores de Gail Tverberg y Heading Out, aportando nuevos datos muy significativos. Las conclusiones son realmente preocupantes.

Les dejo con Vicent.

Salu2,
AMT


Egipto, bomba maltusiana






Las particularidades geográficas de Egipto, determinadas por las crecidas de un gran río como es el Nilo en mitad del desierto del Sahara, capaz de disuadir de un ataque a cualquier vecino hostil, contribuyeron al desarrollo de una de las primeras y más deslumbrantes civilizaciones que jamás haya conocido la humanidad. Sin embargo, este país de ilustre pasado se encuentra actualmente ante una encrucijada de solución compleja, y que puede desembocar fácilmente en una guerra civil. No voy pues a hablar de la historia de este magnífico pueblo, si no que me limitaré a realizar una mirada sobre la situación actual y sobre unos datos alarmantes deben invitarnos a la reflexión.


Demografía
Los historiadores estiman que la población egipcia fluctuó a lo largo de su historia marcada por el contexto histórico, los problemas políticos, climáticos o bélicos. 

Así pues el número de ciudadanos egipcios ha sufrido sus naturales altos y bajos, pasando del millón de personas del Imperio antiguo, a los dos durante el período de Ramsés II, y alcanzando su cénit durante la época del imperio romano en que se alcanzaron los diez millones de habitantes. Posteriormente, ya fuera por las continuas guerras, invasiones, colapsos o problemas económicos de diversa índole la población retrocedería hasta alcanzar un mínimo de 2.5 millones.

Egipto se adentraría así en la edad contemporánea (la edad de los combustibles fósiles) con una población que rondaba por aquel entonces los 4 millones, y que a principios del siglo XX, gracias a la revolución industrial aumentaría a los 11.3 millones. Esta población continuará aumentando estimulada por los logros tecnológicos, la energía barata y un contexto de paz relativa, hasta alcanzar los 33.300.000 habitantes durante el año 1970. Este mismo año, por poner un ejemplo, España tenía una población de 33.956.04.Es decir, que España y Egipto contaban con poblaciones similares hace apenas 40 años.

Sin embargo Egipto pasa por ser hoy el 15º país más poblado del mundo con sus 83 millones de habitantes, ya que ha multiplicado su población por tres en los últimos 50 años.




Si vemos la pirámide demográfica, Egipto cuenta además con un gran número de habitantes en torno a los 25 años, es decir, su ímpetu demográfico (potencial de procreación) es más que significativo, hecho que sumado a una esperanza de vida que actualmente ronda los 70 años, nos hace pensar que durante las próximas décadas la población egipcia continuará creciendo a un ritmo vertiginoso.



Tierras arables.

Lo más preocupante para cualquier observador avezado es constatar como el país Africano ha superado con creces su capacidad de carga, hecho que se produce tanto por el ya comentado crecimiento descontrolado de la población, como por el límite que fija la tierra arable disponible, y más aún cuando Egipto es un país que nace y vive por y para un río, el Nilo, cercado por el desierto del Sahara que restringe de modo significativo su posible expansión agrícola.

La escasez de agua y la excesiva urbanización que conlleva la concentración de la mayor parte de su población, es decir 60 millones de personas en los 30.000 kilómetros cuadrados de zona fértil que cercan la cuenca del Nilo (sólo el 3% de la superficie de Egipto), merman significativamente su ya depauperada capacidad de autosuficiencia alimentaria.

Por tanto a nadie debe sorprender que la superficie de tierra cultivable per cápita en Egipto sea una de las más bajas del mundo, entre 0.03 y 0.06 hectáreas por habitante. En España, valga la comparación, la tierra arable per cápita es de 0.27 hectáreas por habitante, es decir, entre 5 y 10 veces superior a la de un ciudadano egipcio.

Ante una situación de por sí complicada, pues han perdido la capacidad de autosuficiencia alimentaria, la solución pasa necesariamente por obtener el capital necesario del exterior, y que le garantice acceder a los productos básicos mediante el endeudamiento, el comercio o el turismo.
 


Balanza comercial, petróleo y trigo.
El exceso de población de Egipto ha generado por tanto un endémico déficit comercial estructural, donde las importaciones de productos alimenticios siguen teniendo un peso decisivo. Su saldo negativo se ha compensado en el pasado reciente por los ingresos del turismo, el Canal de Suez y las exportaciones de petróleo.

Sin embargo hace relativamente poco un parámetro esencial en la difícil ecuación del estado norafricano ha variado de modo determinante, Egipto pasó sobre el año 2007-2008 de exportador a importador neto de crudo.

Este hecho ha generado una serie de devastadores efectos en cadena que conllevarán de modo casi inevitable al colapso del país.



La escasez energética está afectando al turismo, pues la carga y transporte de pasajeros se ve condicionado por el acceso de camiones, buses y minibuses al diesel. En Luxor por poner un ejemplo, conductores de autobús pueden pasar hasta dos días esperando en línea debido a la escasez de carburante, provocando el malestar de los turistas al dejar a muchos pasajeros varados.

Los conductores de autobús a menudo se ven obligados a acudir al mercado negro, y así obtener el diesel necesario con que mover sus máquinas a precios exorbitantes.

Además la falta de diesel preocupa a unos agricultores que dependen del mismo para hacer funcionar sus equipos de riego y cosechadores. Algunas panaderías que producen el “baladí”, pan, han tenido que dejar de trabajar debido al encarecimiento de los cereales.

La crisis energética ha provocado pues una desestabilización del país que pone en riesgo tanto la industria del el turismo como la agricultura autóctona. A la coyuntura del país se le suma el alza de los cereales y los carburantes en unos mercados internacionales convulsos por la actual crisis.

Egipto se ve por tanto inmerso en una endémica banca rota que no le permite importar el trigo que necesita; siendo como es el mayor importador mundial de este cereal. Sin combustible no funciona ni el turismo, ni la agricultura ni la industria, y sin comida surge el hambre que provoca revueltas y puede degenerar en una guerra civil que acrecentará más si cabe sus problemas económicos.












 




Conclusión

Estos hechos acarrean en la actualidad cambios políticos en un país sumergido en una zona geoestratégica convulsa, tanto por su cercanía a Israel, como por ser centro de una red de regímenes árabes represivos que tanto británicos como estadounidenses han apoyado tácitamente (el control de la zona desde principios del siglo XX ha permitido mantener el control del petróleo barato), o por el control del Canal de Suez (a través del cual se transportan el 14 % de los productos que mueven la economía mundial y el 26% del petróleo de importación).

Los movimientos sociales que se conocieron como primavera árabe, y que se nos mostraron en los medios de comunicación como una aspiración legítima a la democracia, obedece en realidad a una causa tan trivial como el hambre. El depuesto dictador Mubarak, la posterior caída del gobierno formado por los hermanos musulmanes o el golpe de estado militar han sido causados en última instancia por la falta de petróleo barato. La situación actual del país es prebélica, y amenaza con convertir el oriente medio y norte de África en un auténtico polvorín.

Egipto ha entrado en su particular era de las consecuencias, como ya dijera Churchill, y las tensiones actuales que se han precocinado durante año están explosionando al compás del encarecimiento de los alimentos provocado por el cambio climático, la disminución progresiva de la tierra agrícola, la competencia con los biocombustibles y muy especialmente por la dependencia de los combustibles fósiles en la conocida como agricultura industrial.

Mientras las causa no se analicen en profundidad, los problemas serán recurrentes y la crisis se perpetuará tanto en el país africano como en el resto de países que se encuentran en una situación similar (y estos países son legión). Este hecho conllevará inevitablemente al colapso y la pérdida de población de estos estados hasta recuperar su capacidad de carga.

Somos testigos del desmoronamiento de un estado cuyas soluciones pasan necesariamente por la solidaridad internacional, y el control demográfico. En nuestras manos está actuar, más aún, tenemos la obligación moral de actuar mediante la información, el cambio de mentalidad, y la búsqueda conjunta de soluciones que nos preparen hacia un futuro que cada día se nos hace más cercano y oscuro.


Vicent Ortega Bataller.



Referencias

http://crashoil.blogspot.fr/2012/09/las-guerras-del-hambre.html

http://mondediplo.com/blogs/tunisia-egypt-and-the-protracted-collapse-of-the
Referencias

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Egypt_demography.png

https://es.wikipedia.org/wiki/Egipto

http://es.wikipedia.org/wiki/Demograf%C3%ADa_de_Egipto

http://politikon.es/2011/02/14/10-graficas-sobre-egipto/

http://conocegipto.blogspot.fr/p/productos-de-importacion-y-exportacion.html

http://www.spain-noticias.com/noticias-internacionales/diesel-escasez-provoca-la-ira-y-la-ansiedad-en-egipto/

http://fluidos.eia.edu.co/hidraulica/articuloses/historia/suez/suez.html









viernes, 2 de agosto de 2013

Crisis de nuestros padres




Queridos lectores,

Seguramente algunos de Vds., los más jóvenes, han tenido en más de una ocasión alguna conversación en la que los miembros de mayor edad de su familia critican, de manera genérica aunque a veces personalizando en Vds., el ansia de tener más y más de la gente de hoy en día; y la contraponen con la vida más austera y de mejores valores morales con la que ellos vivieron de jóvenes. Este tipo de conversaciones ya se daba hace años, pero ahora con la crisis se han incrementado en frecuencia puesto que cuando uno cae en una crisis que se prolonga mucho, como la actual, se empieza lógicamente a cuestionar las bases de todo en busca de una posible salida. Hay incluso un texto que ha hecho fortuna en las redes sociales y que yo ya me he encontrado un par de veces, en el que se critica con bastante gracia la hipocresía de la sociedad actual respecto a las cuestiones ambientales cuando las generaciones de nuestros mayores eran, efectivamente, mucho más sostenibles sin tanto pavoneo (pueden leer una transcripción aquí).

La constatación obvia de que nuestros padres y abuelos vivían de una manera más simple, más sostenible y más sensata que nosotros no debe sin embargo llevarnos a un cierto simplismo de naturaleza moralizante. Puesto que muchas veces, basándose en esa mayor austeridad de antaño, se pretende colegir una cierta superioridad moral de los valores de aquella época, y ahí radica el error esencial. Porque lo que es erróneo en nuestro sistema basado en el consumo y el despilfarro ya era erróneo en la época de nuestros predecesores, por la simple razón de que este sistema que ahora nos lleva al desastre es el mismo sistema de entonces. Exactamente el mismo. La única diferencia entre entonces y ahora es que nos encontramos en un punto diferente de su curva de evolución.

Es conocido que la psique humana tiende a modelar la realidad por estados (visión estática), cuando por lo general se describe mejor por procesos (visión dinámica).  Ningún punto de nuestra vida es un momento invariable, sino que siempre se están produciendo cambios; sin embargo, si éstos son lo suficientemente lentos nuestro cerebro tiende a abstraer las variables que caracterizan el momento ("En aquella época no había televisión, los niños sólo tenían un juguete, la ropa te duraba durante años") y a tomarlas como constantes, fijas durante ese período que conservamos, simplificado e idealizado, en nuestra memoria. Lo malo de esta manera de ver las cosas es que creemos que lo que caracteriza un determinado momento es su estado (los bienes que se poseían entonces, el patrón de consumo de la población en aquel momento) cuando con nuestro sistema igual o más importante es su evolución (a qué ritmo aumenta o disminuye el consumo, se expande o contrae la masa monetaria o la disponibilidad de crédito, etc). Dicho de otro modo: porque nuestro cerebro funciona en modo diapositiva no nos damos cuenta de que para entender qué pasa hace falta ver la película.

Una de esas frases típicas que reflejan la incomprensión del momento y del sistema podría ser del estilo de la siguiente: "No hace falta esta locura y despilfarro; por ejemplo, en 1960 no consumíamos lo que se consume ahora, gastábamos mucho menos petróleo, y la verdad es que no vivíamos mal. Había que trabajar mucho, eso sí; lo que le pasa es que la gente ahora no quiere trabajar". Quien formula esta frase no se da cuenta de que no podemos volver a 1960 simplemente adoptando el modo de vida y el patrón de consumo de 1960 y así "no vivir del todo mal aunque fuera trabajando mucho" porque lo que hacía de 1960 un momento vibrante y con empleo no era en realidad la riqueza de entonces, sino más bien el crecimiento de entonces (fíjense en las gráficas siguientes, sacadas de la web Politikon.es).



La gráfica de abajo nos da la visión estática (nivel del PIB en cada momento) mientras que la de arriba nos aporta una visión más dinámica (variación anual del PIB). Incluso después de varios años de crisis nuestro PIB en paridad de poder de compra es unas cinco veces mayor (sí, ¡cinco veces!) que el PIB en 1960. Sin embargo, si miramos a la variación del PIB per cápita vemos una historia muy diferente entre la década de los 60 del siglo pasado y los últimos años. Ahora estamos en una situación de decrecimiento forzado porque esta crisis no acabará nunca, con lo que en vez de aumentar las oportunidades de empleo y de inversión, en vez de tener la economía vibrante de los 60, tenemos la situación contraria: contracción, destrucción, parálisis. Encima, ahora la población es mayor, con lo que en realidad a mismo nivel del PIB la relación per cápita sería inferior, y para mantener el nivel de entonces hace falta un mayor PIB. Tenemos que pensar, también, que en realidad los salarios disminuyen en términos reales desde principios de los 80, con lo que aunque la renta media haya aumentado la renta típica (es decir, la que tiene la mayoría de la gente, los asalariados) lleva disminuyendo desde hace 30 años. Como vemos, uno idealiza el pasado, sobre todo porque en esa época uno era joven, las oportunidades menudeaban y todo le parecía maravilloso.

La prueba más clara de que el discurso colectivo de entonces no es moralmente superior al de ahora se ve en la España de ahora con la recomendación insistente de "invertir los ahorros" para "comprar un pisito" que hace unos años e incluso aún hoy solían hacer los padres al hijo que llega a la edad de emancipación. Más de un padre ha reprendido al hijo que acaba de estrenar su trabajo mileurista y eventual porque cuando él era joven se sacrificó para poder comprar el piso familiar y que lo que el hijo tiene que hacer es exactamente lo mismo. Con ese discurso está claro que el padre asume que las variables macroeconómicas de entonces y de ahora son las mismas, y que por tanto los únicos factores importantes para conseguir el fin soñado son la capacidad de sacrificio y el esfuerzo de su hijo (hay un hilo en burbuja.info que explica muy bien este colosal error de concepto). Esta presión social, ejercida desde todos los estratos pero también desde el de esa generación anterior que se cree moralmente superior, ha contribuido a que una gran masa de trabajadores se estrelle contra la burbuja inmobiliaria más grande de Europa, y que acaben empeñados de por vida, cuando no deshauciados.

Va siendo hora de que nos sacudamos ciertos atavismos morales judeo cristianos, que nos llevan a reprender al que sufre las consecuencias como si éstas fueran culpa suya y sólo suya, pues el problema es de valores morales e incumbe a toda la sociedad. Como hemos visto, el problema comenzó hace tiempo, poco en escalas históricas (poco menos de dos siglos) pero mucho en escalas humanas (unas seis generaciones). La relación entre las sucesivas generaciones se podría asimilar al juego del globo de agua: los jugadores forman una fila y se van pasando un globo que cada vez está más lleno de agua que le llega por una manguera a la que está conectado. Nadie discute las reglas del juego, nadie discute su moralidad; todo el mundo aguanta el globo el tiempo que le toca y se lo pasa al siguiente. En algún momento a un pobre idiota le revienta el globo y acaba empapado, por pura casualidad; a alguien tenía que pasarle y fue a él.

Curiosamente yo estoy bastante de acuerdo en que esta crisis es una crisis de valores, y que sólo cambiando los valores saldremos de ellos. Pero esta crisis de valores empezó hace mucho y para superarla no hay que mirar al pasado reciente sino hacia el futuro; no hay ninguna persona viva que haya vivido en un sistema diferente al actual, y eso ha demolido todos los valores tradicionales de respeto a los límites naturales salvo en algunas zonas rurales, más "atrasadas". Por eso hay que precaverse frente a las recetas simplistas de los más populistas, que dicen querer volver a los buenos y viejos valores, pero que en realidad sólo intentan retroceder puestos en la cadena de los que inflan el globo, y no se cuestionan dejar de inflarlo. Porque además por desgracia el globo ya reventó y ni eso es posible.

Los valores que necesitamos para reconstruir la sociedad tienen sus raíces en nuestro pasado un poco más distante, cien o doscientos años de antigüedad, pero no son aquellos mismos valores. Los valores de la época preindustrial necesitan ponerse al día, porque sería también muy necio creer que todos los valores de una época predemocrática y dominada por la superstición y el beatismo puedan o deban ser transplantados tal cual hoy en día. Como digo, tenemos que construir el futuro, rescatando de manera crítica aquellos valores del pasado más distante y al tiempo salvando nuestro conocimiento técnico y nuestro convencimiento moral actuales, más allá de la hipocresía de nuestros días.

Tenemos que encarar este problema seriamente, sin soberbia y sin una mirada simplista y autocomplaciente del pasado. Sólo se puede salir con recetas nuevas, con una mejor comprensión de qué es el hombre y cómo se relaciona con su entorno, entendiendo al fin que el hombre no tiene ningún derecho divino para avasallar ilimitadamente a la Naturaleza


Salu2,
AMT