miércoles, 22 de marzo de 2017

Prontuario



Queridos lectores,

A petición de varios lectores he reescrito en esta entrada el prontuario sobre la crisis energética que teníamos colgado en la página web del Oil Crash Observatory, actualizándolo con datos de ahora y añadiendo algunas cuestiones nuevas. Aunque está dirigido a gente que no frecuenta este blog, los lectores asiduos pueden encontrarlo útil para ilustrar sus explicaciones a profanos

Salu2,
AMT


[Edición de marzo de 2017]

¿Qué es el peak oil o pico del petróleo?

Es el momento en el cual la producción de petróleo llega a su máximo histórico y a partir de ahí comienza a disminuir.

¿El peak oil es cuando se acaba el petróleo?

No. El peak oil es cuando la producción de petróleo comienza a disminuir.

Pero, ¿cuánto falta para que se acabe el petróleo?

El petróleo, propiamente, no se acabará nunca; lo que pasará es que llegará un momento que se dejará de extraer porque lo que quede sea demasiado caro o difícil de obtener. En todo caso, faltan muchas décadas para llegar a ese momento, quizá incluso siglos.

Entonces, si el petróleo no se va a acabar (o no pronto), ¿por qué debería de preocuparme?

El problema que se genera con el peak oil no es que el petróleo se acabe, sino que su producción no sólo deja de aumentar (como ha hecho de manera bastante constante durante el último siglo y medio) sino que empieza a disminuir. La situación es análoga a la de una persona a la que le van reduciendo el sueldo un poco cada año: al principio no tiene demasiada importancia, pero a medida que su sueldo baja le va quedando cada vez menos dinero para vivir. Cobrar, no deja de cobrar nunca, pero la vida le resulta cada vez más difícil. En el caso del petróleo se da el agravante de que es la principal fuente de energía (de toda la energía consumida, el petróleo representa un tercio a escala mundial y la mitad en el caso de España), y que además nuestra sistema económico necesita crecer siempre para funcionar correctamente, y eso significa que ha de aumentar el consumo de energía y por ende el del petróleo.


¿Cuándo pasará el peak oil?

Aún es difícil estar completamente seguros, pero probablemente ya ha pasado. Si miramos la producción de petróleo crudo convencional (es decir, ese líquido negro viscoso que sale de esas torres con forma de martillo que suben y bajan) su máximo de producción se sabe que fue hacia 2005 y desde entonces está en un proceso de lenta bajada. Si hablamos de todos los hidrocarburos líquidos que hoy en día asimilamos a "petróleo" (aunque haya muchas cosas que sólo con mucha imaginación se puedan calificar de tal cosa) es posible que el máximo haya sido en 2015; en todo caso, a día de hoy (marzo de 2017) la producción, si aún puede crecer, lo hace muy poquito.

Pero si el otro día dijeron que Repsol había encontrado un yacimiento gigantesco.

Sí, y ésa es una muestra de desinformación de lo más banal que se usan en los medios. Una cifra habitual (por lo redondo) es que esos yacimientos contengan unos 1.000 millones de barriles. Teniendo en cuenta que cada barril son 159 litros de petróleo, estamos hablando de mucho petróleo aquí. Sin embargo, hay tres cosas que hay que tener en cuenta con estas noticias. La primera es que cuando se modeliza el peak oil (el primero en hacerlo fue Marion King Hubbert, a mediados del siglo XX, y después muchos otros lo han revisado) ya se tiene en cuenta que se encontrarán nuevos yacimientos en el futuro; por tanto, que se produzcan nuevos hallazgos ya está contemplado en el modelo, y el problema es que justamente lo que se encuentra nuevo no compensa el declive de lo que ya está produciendo. La segunda cosa a tener en cuenta es que un yacimiento cualquiera, independientemente de su tamaño, no puede producir a cualquier velocidad: un yacimiento de 1.000 millones de barriles puede tener una producción que en sus días de máxima gloria no pase de los 100.000 barriles diarios, y eso en un mundo donde se están consumiendo casi 95 millones de barriles al día no cambia gran cosa. La tercera es la más obvia: un yacimiento de 1.000 millones de barriles, que la noticia califica de "gigantesco" representa, a un consumo de 95 millones de barriles diarios (95 Mb/d), unos 11 días de consumo mundial. Puesto así, no resulta nada impresionante. 

De hecho, el problema ahora mismo es que se están encontrando menos de 10.000 millones de barriles nuevos cada año, cuando ya estamos en niveles de consumo de unos 35.000 millones de barriles anuales. No se está reponiendo ni la tercera parte de lo que se consume.

Pero si con el fracking los EE.UU. han conseguido llegar a ser autosuficientes.
 
Si estamos hablando de petróleo tal afirmación es directamente falsa, como cualquiera puede comprobar consultando cualquier base de datos; por ejemplo, los del anuario estadístico de BP.




El hecho es que EE.UU. aún importa alrededor de un tercio de todo el petróleo que consume, y dado el actual declive del fracking (declive que alterna períodos de subidas y bajadas, pero declive al fin y al cabo) no parece que esta situación vaya a cambiar.

De acuerdo, pero gracias al fracking EE.UU. duplicó su producción de petróleo.

Es verdad, el petróleo de fracking ha llegado a ser 5 Mb/d en EE.UU., revirtiendo una tendencia de declive de la producción de petróleo estadounidense de maś de 3 décadas (como se observa en la gráfica de arriba). El problema es que esto se ha hecho a costa de endeudar a las compañías petroleras, como mostraba la siguiente gráfica del Departamento de Energía de los EE.UU. de julio de 2014:


Es decir, las 127 compañías más grandes de petróleo y gas del mundo, públicas y privadas, perdieron 110.000 millones dólares al año en 2011, 2012 y 2013. De hecho, si se mira el balance contable conjunto de las tres mayores compañías petroleras de los EE.UU. están en pérdidas desde 2012. 



Se puede pensar que eso es debido a los precios bajos, pero el actual episodio de precios bajos empezó a finales de 2014, y justamente de 2011 a 2014 el precio se mantuvo en precios históricamente muy altos.


Pero a pesar de toda la evidencia que se acumula, la prensa sigue insistiendo hoy en día (2017) en que el futuro está en el fracking, saludan cada pequeño repunte en el número de pozos activos en EE.UU. mientras ocultan que este número había caído un 60% de 2014 a ahora, se centran en la productividad por pozo mientras ignoran la producción total y, en fin, sueñan con un mundo donde los productores americanos compiten de tú a tú con la OPEP, intentando no ver que la industria del shale gas y el petróleo de fracking de los EE.UU. no ha tenido beneficios desde 2009.




Pero hay muchas reservas de petróleo no convencional que, si se aplica el fracking a escala global, harán que el mercado cambie radicalmente. 

Mero pensamiento mágico. Si con las infraestructuras que hay en EE.UU. y con su potente industria local el fracking ha sido una ruina, aún más lo será en cualquier otro lado. De hecho, salvo en Argentina (Vaca Muerta) no se está explotando a una escala serie en ninguna parte del mundo (y en Argentina ya están viéndole las orejas al lobo de la nula rentabilidad).

Pero si el precio está bajo.

Éste es un error muy común: pensar que si el precio está bajo significa que hay abundancia de petróleo y que si está alto es que falta. Corresponde a una visión estática y simplista del problema. En realidad, es bien conocido (y tenemos ejemplos en la historia, con el aceite de ballena, el mercurio, el cromo...) que cuando una materia prima comienza a escasear su precio oscila de manera muy fuerte, salvaje. 

¿Por qué oscila el precio del petróleo

De entrada, la demanda supera a la oferta y el precio empieza a subir sin parar, haya que llega a un precio que los consumidores no pueden soportar. En el caso del petróleo, eso significa que algunas empresas se arruinan por los altos costes, algunas fábricas cierran, algunos obreros son despedidos y se van al paro, y todo ello contribuye a reducir la demanda. Cuando la demanda se ha reducido bastante y pasa por debajo de la oferta, el precio empieza a caer de nuevo. Para poder aguantar con precios tan bajos, las compañías petroleras comienzan a recortar su inversión en nuevos yacimientos. Al bajar la inversión, baja la producción, cae la oferta y el precio vuelve a subir, y reiniciamos el ciclo.

A este ciclo de precio alto - se destruye demanda - precio bajo - se destruye oferta se le denomina la espiral de destrucción de oferta y demanda. El proceso sólo puede ser detenido cuando, o bien se encuentra nuevas maneras de cubrir la oferta (con nuevos hallazgos, con sustitutos) o bien se destruye completamente la demanda (se abandona el uso de esa materia prima).

¿Y por qué es tan malo que oscile el precio del petróleo?

Pues porque el negocio se vuelve muy arriesgado y nadie quiere invertir en él, pero es necesario para mantener todo funcionando. El problema con el petróleo es que ahora mismo es muy caro de producir lo que queda, y si el precio cae mucho las compañías petroleras pierden dinero y pueden tener problemas de viabilidad financiera; por eso ahora están reduciendo rápidamente su inversión en nuevos yacimientos (47% menos en 2016 que en 2014), para intentar sobrevivir. A cada ciclo se va produciendo cada vez menos petróleo; por eso hablamos de espiral, porque en cada paso habrá menos oferta y menos demanda.


Pero si la demanda ha caído muy poco, no se explica la actual caída de precios del petróleo.

El problema con el petróleo es que tanto la oferta como la demanda son muy inelásticas, es decir, no hay mucho margen para variar ninguna de las dos, y nadie quiere renunciar ni a consumir ni a producir, así que todo sucede a la fuerza, sin ser planificado ni pilotado por nadie. La gran inelasticidad causa también que variaciones muy pequeñas en la oferta y la demanda (tan pequeñas como un 1%) tengan un impacto muy fuerte sobre los precios, tanto cuanto suben como cuando bajan.

Pero si los expertos dicen que el petróleo tendrá un precio muy bajo durante décadas y mientras tanto nos pasaremos a otros combustibles.

El hecho es que estamos tan enganchados al petróleo que el porcentaje de energía consumida como petróleo no ha variado mucho en décadas, siempre está alrededor de un tercio del total. El gran problema de los autodenominados expertos en energía es que mayoritariamente vienen del campo de las ciencias económicas con una visión muy convencional, que se basa en una situación de estabilidad que ahora ya no se produce: no estamos en un momento estacionario, sino en uno de cambio rápido en términos históricos. Pero estos expertos se fijan sólo en el precio y creen que esa variable sola les permite entender la situación, cuando en realidad deberían mirar a la producción. A estas personas les convendría examinar con detención si las hipótesis en las que se basan son correctas (se les recomienda especialmente la siguiente guía).
 

Pero si a pesar de los recortes de la OPEP el precio está bajo.

La OPEP hace ya algunos años que perdió la capacidad de controlar el mercado; si Irak estuviera pacificado, la OPEP podría contar con cierta capacidad ociosa y así abrir o cerrar el grifo a voluntad para controlar el precio. La realidad es que la guerra contra ISIS sigue cebándose con parte de Irak y Siria, y la parte de Irak afectada es el Kurdistán, donde están los mejores yacimientos afectados (por supuesto, nada de esto es coincidencia). En todo caso, la OPEP está muy cerca de llegar a su propio peak oil, si no está allí ya, y en particular Arabia Saudita está probablemente muy cerca de ese punto. La OPEP ya no tiene capacidad de controlar los precios de otra manera que no sea reduciendo su producción y perdiendo dinero, y dadas las dificultades para mantener en marcha yacimientos muy maduros, que no pueden encenderse y apagarse a voluntad con un interruptor, la única estrategia es continuar hacia adelante, confiando en que todo se arreglará, mientras la producción va declinando en cada vez más países de la OPEP. Es decir, la OPEP mantiene su producción tan alta como puede, y si desciende es posible que responda más al declive natural que a una voluntad política.

Las petroleras y los países productores de petróleo están forrados, juegan con el precio como quieren, y ahora lo mantienen bajo porque les va bien.
  
No les debe ir tan bien cuando por ejemplo Arabia Saudita ha tenido que empezar a aplicar impopulares recortes en su país después de dos años de déficits públicos récord. Y la situación de Arabia Saudita no es excepcional en el Golfo Pérsico; los casos más extremos son el de Yemen (en el cual la producción de petróleo cayó tan rápido, por razones geológicas, que el país acabó sumido en una guerra civil en la que aún está y en la que interviene Arabia Saudita) y Siria (donde la caída de la producción de petróleo desde 1998 fue uno de los factores detonantes de la actual guerra, aunque obviamente no el único).

Qué va; producir un barril de petróleo en Arabia Saudita cuesta 2 dólares, el resto es todo ganancia.

Ése es un argumento que le gusta a los "expertos en energía" más veteranos y es una completa falacia. Quizá ese precio fue tal en los años 70 del siglo XX, pero en la actualidad el precio medio de producción de la OPEP, en dólares de 2017, se sitúa cerca de los 30 dólares por barril. Pero resulta que todos esos países tienen que financiar muchos programas clave para mantener la paz social, desde importar agua y alimentos hasta vender la energía barata para que sus habitantes pueden soportar los rigores climáticos cada vez más extremos, amén de reducción de impuestos para el fomento de la actividad económica. Hoy en día no hay ni un sólo país de la OPEP que pueda equilibrar sus cuentas con un precio del barril por debajo de los 60 dólares, y la mayoría necesitan 100 dólares y más por barril para equilibrarlas. Por tanto, la situación de precios bajos actuales, si se mantiene, puede precipitar guerras y revueltas en todo Oriente Medio. Y eso sin contar con el problema de viabilidad financiera de las empresas petroleras del que habbamos más arriba, sobre todo teniendo en cuenta que en estos países la mayoría del empleo está vinculada a la extracción de petróleo. Justamente, el escenario actual de precios bajos y caída salvaje de la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos garantiza una próxima y repentina escasez de petróleo, con efectos terribles para la economía mundial  

Bah, hace treinta años decían que quedaban reservas para treinta años y ahora también; nunca cambia nada.

Otra de las falacias habituales, confundir recursos (lo que hay bajo tierra) con reservas (lo que se puede sacar), y reservas con producción. Se han encontrado muchos yacimientos en las últimas décadas, es verdad, pero cada vez de peor calidad, más díficil de extraer y con menos capacidad de producción, mientras que al mismo tiempo la demanda iba creciendo. A ritmos de producción actual, las reservas ahora conocidas de petróleo darían no para treinta años sino para muchas décadas (contando no sólo con el petróleo crudo convencional, sino también con los no convencionales), si tan sólo pudiera sacarse de manera asequible a esos ritmos. Simplemente, no se puede porque es un ruina termodinámica y económica. Tanto da tener miles de millones de barriles bajo tierra si sólo podemos sacar unos cuantos millones al día y bajando, del mismo modo que tanto da tener millones de euros en el banco si sólo nos dejan retirar unos centenares al mes y encima nos lo van reduciendo. La verdadera riqueza depende de lo que se puede extraer y de a qué ritmo se puede extraer.


Bueno, pero el petróleo no es tan importante, la energía nuclear lo puede substituir.

La energía nuclear depende hoy en día del uranio, pues las tecnologías de neutrones rápidos (que permiten aprovechar otros combustibles nucleares como el torio) o la de fusión no han progresado al punto de que se puedan usar y no parece que lo harán en muchas décadas; y en cuanto al reprocesamiento hoy en día pocas centrales nucleares pueden usar combustibles nuclear reprocesado y encima sólo se pueden reprocesar las barras gastadas una sola vez. Así que todo depende del uranio, y todo indica, más claramente que en el caso del petróleo, que la producción de uranio ya lleva tres o cuatro años en declive. Y eso sin hablar del coste, del problema de los residuos, de la baja rentabilidad, etc, etc.

El petróleo no es tan importante, el gas natural lo puede substituir.

Se espera que el gas natural llegue a su máximo productivo en la próxima década, incluso tan pronto como 2020. Las instalaciones para el gas natural, incluyendo las de licuefacción para exportación en buques, regasificación para aprovechamiento en destino, gasoductos, estaciones de servicio que puedan distribuir gas a presión o licuado, etc, son carísimas, y no tiene demasiado sentido meterse a hacer esas grandes inversiones cuando su declive no tardará mucho en manifestarse (incluso contando con el shale gas, que es aún más ruinoso económica y energéticamente que el petróleo de fracking).

El petróleo no es tan importante, el carbón lo puede substituir.

Todo indica que el carbón llegó a su máximo productivo también en 2015 y ya está en ligera declinación, aunque en este caso motivado por factores ambientales (sobre todo en China) y por la dificultad de tener suficientes instalaciones para su aprovechamiento.

El petróleo no es tan importante, las renovables lo pueden substituir.

Éste es el centro de un fuerte debate entre los grupos que analizan la transición energética desde una perspectiva medianamente seria. Existen toda una serie de limitaciones a la producción energética renovable que generalmente no han sido considerados: máxima producción alcanzable, dependencia de materiales, dependencia de los combustibles fósiles, limitaciones de rendimiento, el hecho de que se orientan a la producción de electricidad (que no es el uso mayoritario de la energía en el mundo), etc. A pesar de que aún no hay una posición consensuada y que hay dos visiones muy contrapuestas (los que consideran, como yo, que las renovables sólo podrán aportar una fracción de nuestro consumo energético actual; y los que consideran que se pueden alcanzar los niveles actuales e incluso aumentarlos un poco), en lo que sí que hay bastante consenso es en que la transición, ya sea con decrecimiento energético o sin él, no es sencilla, requiere mucho esfuerzo y coordinación, y en algún momento no se podrá seguir creciendo en el consumo energético. Si quieren, pueden leer más sobre el tema en esta compilación de artículos.

El coche eléctrico acabará con nuestra dependencia del petróleo.

El coche eléctrico es un vehículo que aprovecha la electricidad, y la electricidad no es una fuente de energía, sino una forma de energía, una manera de disponer de ella pero que se genera en centrales que queman algún tipo de combustible (térmicas, nucleares, de ciclo combinado) o con sistemas de aprovechamiento renovable (hidráulica, eólica, solar,...). Si lo que está en cuestión es si podemos producir tanta energía como la que ahora se consume, el tema del vehículo eléctrico autónomo es en realidad secundario. Además, cuando se examina la cuestión con detalle se ve que el vehículo eléctrico autónomo no es viable a gran escala, pero eso es demasiado largo para discutirlo aquí (al lector interesado se le refiere a un análisis pormenorizado publicado aquí).

¿Y la economía del hidrógeno? 

Idea pregonada por Jeremy Rifkin hace ya más de 10 años y con poco éxito en el mundo real. El uso de hidrógeno como vector energético (de nuevo, no es una fuente de energía, el hidrógeno hay que producirlo a partir de fuentes existentes) no combate el problema de fondo, el de la crisis energética, y encima tiene muchas limitaciones técnicas y de rendimiento que hacen que sea una opción poco contemplada por la industria.

¿Y el aire comprimido? ¿Y las baterías de polímero-litio? ¿Y las baterías de zinc-aire? ¿Y el magnesio? ¿Y ...?

Aparte de la electricidad y el hidrógeno, existen otros vectores energéticos, como por ejemplo el aire comprimido. El problema siempre es el mismo: no son fuentes de energía (tenemos que consumir energía para usarlos) y encima suelen tener problemas técnicos mucho más graves que los ya mencionados (por ejemplo, en el caso del aire comprimido, aparte de su bajo rendimiento, su alta peligrosidad, al fatigarse los metales de los depósitos con eventuales explosiones).

Mención aparte merece el capítulo de las baterías eléctricas, por tanto asociadas a la electricidad como vector. Se suele insistir en ciertos avances, pero lo cierto que es su capacidad no es muy grande. También se suele meter aquí otro tipo de "batería", las de "metal-aire, en la que en realidad el metal se consume (oxida) en una reacción difícilmente reversible; se trata, por tanto, del uso de esos metales como combustible, con aprovechamientos discretos y poco escalables, ya que no son tan abundantes como el petróleo (que se lo digan a Jan Palermo).

¿Y la melanina? ¿Y la fotosíntesis artificial? ¿Y el grafeno? ¿Y la perovskita? ¿Y ...?

Existen infinidad de líneas de investigación actualmente, que trabajan en prototipos que permiten captar mejor la energía, o aprovecharla mejor. Estas mejoras son generalmente incrementales y en general no han pasado de la fase de experimentación en el laboratorio. Conseguir un prototipo comercialmente explotable requiere muchas cosas, y en particular algunas de las ideas que funcionan muy bien en el laboratorio no son comercialmente viables, por falta de materiales, o porque son poco tolerantes a condiciones que no son controlables o a multitud de otros factores. Hasta que algo no llegue al mercado no hay que contar con ello; puede ser una interesante y legítima línea de trabajo, pero aún no una solución (y la mayoría probablemente no lo serán nunca). 


Pues he visto en YouTube que existen unos motores prodigiosos que funcionan con agua o con campos magnéticos o algo similar, pero las petroleras tienen las patentes ocultas en un cajón e hicieron asesinar a sus inventores.

Por definición, una patente es un documento público, consultable en una base de datos de patentes, en la cual alguien dice haber descubierto algo con interés industrial y exige que se le paguen unos derechos si se quiere explotar comercialmente. Esos derechos expiran al cabo de 20 años y en ese momento el invento es del dominio público (por eso ahora todos los laboratorios venden paracetamol o ibuprofeno genéricos). Por tanto, esta historia de las patentes no tiene demasiado sentido. Como tampoco lo tienen esos inventos del TBO que se ven en los vídeos de YouTube; los supuestos prodigios que violan las leyes de la Termodinámica se basan o en principios físicos un poco exóticos pero que no suponen ningún milagro energético, o son simplemente camelos.

El problema energético se combate con el ahorro y la eficiencia 

Aunque el ahorro y la eficiencia son sin duda útiles, no sirven de mucho en un sistema económico como el nuestro, en el cual el consumo de energía supone  una ganancia económica; lo que uno no gasta otro lo puede aprovechar para hacer un negocio. Sin una modificación profunda de cómo se hacen las cosas, ahorro y eficiencia son inútiles.

Aunque nosotros no sepamos cómo, los que mandan ya lo han pensado y tienen la solución.

Este argumento de "Fe en el Demiurgo" es un poco peligroso: según ese argumento, nunca deberían haber sucedido la burbuja inmobiliaria, la crisis de la deuda pública o la tragedia de los refugiados, y sin embargo han sucedido. Hay algunos que les da por pensar que si estas cosas pasan es porque a los poderosos les interesaba, pero entonces, ¿quién puede estar seguro de que la solución que propondrán al problema de la crisis energética no será, de nuevo, tremendamente perjudicial para el ciudadano de a pie? La realidad parece mucho más simple que las teorías de la conspiración: no hay tal capacidad de previsión, y menos aún de reacción.

Habrá un progreso científico que nos salvará.

Pues si tiene que suceder, que sea pronto... La fe en el progreso, como estrategia de gestión de esta crisis, es bastante arriesgada: uno no puede confiar toda la solución a un milagro que no sabemos si sucederá o no. A la luz de nuestro conocimiento actual, no hay ninguna alternativa energética a la vista que nos permita mantener el nivel de consumo energético actual; es más, todo indica que la disponibilidad de energía irá decreciendo en los próximos años. Y, delante de eso, ¿debemos cruzarnos de brazos mientras esperamos a que pase algo revolucionario? ¿Y por qué ha de pasar, simplemente porque nos resultaría muy conveniente?

Una cosa así de gorda ya se sabría.

Se sabe. Recuérdese que tanto en el parlamento británico como en la cámara de representantes de los EE.UU. hay comisiones bicamerales permanentes para tratar del peak oil, el tema se ha discutido varias veces en la Asamblea Francesa, existen numerosos informes de la industria, de los bancos, de las compañías de seguros, de diversos ejércitos, de fondos de inversión, etc, sobre el peak oil y sus consecuencias. A nivel nacional hay abundante información oficial sobre el asunto (ver aquí). Otra cosa es que no sea un tema muy publicitado, fundamentalmente porque no se le sabe dar una respuesta políticamente aceptable.

Vd. dice estas cosas para llamar la atención. 

Sí, mire, no tengo otra cosa mejor que hacer. En mi caso concreto, mi trabajo principal (científico en un centro de investigación ambiental, presidiendo un centro experto de la Agencia Espacial Europea) es muy exigente, requiere mucha dedicación, viajo mucho, trabajo en un ámbito de alta tecnología y me relaciono con instancias políticas de cierto nivel. Sinceramente, tengo más de lo que quiero. 

No, hombre, no; si hablo de estas cosas es porque me preocupan, y principalmente porque me preocupa el futuro de mis hijos. ¿A Vd. le preocupa el de los suyos?

Es Vd. un catastrofista.

Creo que catastrofista es el que acepta las cosas sean como son; el que acepta que haya niños que no comen si no es en el comedor escolar, que la tasa de paro se mantenga elevada mientras crece el subempleo y el empleo de baja calidad, y que la situación política se vaya degradando y los países europeos se vayan deslizando hacia cada vez más guerras, sin que nuestros líderes políticos tengan la más mínima idea de qué pasa y qué pasará. Sabiendo las limitaciones que impone el declive energético, lo lógico es buscar soluciones, no etiquetas simplonas.

No puede Vd. criticar si no tiene una solución.

Bueno, lo que se hace no es criticar a una persona, sino diagnosticar un problema, un problema que tenemos todos. Se puede comenzar a proponer soluciones si todos coincidimos en el diagnóstico, y en eso estamos. La clave es aportar datos y discutirlos. De eso va The Oil Crash. Es una tarea compleja y llena de sutilezas.

Me doy cuenta de que tiene razón; por fin he leído sus datos y son abrumadores. Estamos condenados a volver a las cavernas. Habrá una extinción en masa y acabaremos como en Mad Max.

Qué va. Que haya menos energía no implica la total destrucción de la civilización. Será un momento crítico para la Humanidad, pero no es el fin de la misma. Y tampoco significa que se tenga que producir un retroceso civilizatorio; incluso, podría producirse un gran progreso, sobre todo en la dimensión humana.


El colapso es inevitable. 

Si no se hace nada, el colapso es inevitable, pues nuestro rumbo es el del colapso. La clave está en el principio de la frase: "Si no se hace nada". Pero, ¿quién dice que no podemos hacer nada? Y si Vd. cree que no se puede cambiar la sociedad a pesar de ir rumbo al abismo, ¿quién es al final el catastrofista?

¿Qué es lo que se puede hacer?

Educar, comprender, hacer comprender. Darse cuenta de la profundidad de los cambios que se tienen que hacer, que son más sociales que técnicos, que implican más modificaciones en el sistema productivo, económico y financiero que en el tecnológico. Ayudar a los que lo necesitan. Favorecer los cambios. Estar dispuesto para cambiar. Y muchas otras cosas que otros mejor que yo podrán explicar.


miércoles, 1 de marzo de 2017

Las sirenas del colapso


Queridos lectores,

Déjenme comenzar este post haciendo un poco de recapitulación, para poner en contexto este artículo.

Estamos a principios de 2017. El peak oil, que es uno de los eventos clave de la Historia de la Humanidad y la razón de ser principal de este blog, probablemente se ha producido ya, y no ahora mismo sino que podría datar de hace unos dos años. En beneficio de algún lector que llegue a estas orillas sin saber dónde está, recordemos una vez más qué es el peak oil y qué es lo que significa.

El peak oil es el momento en el que la producción de petróleo llega a su máximo alcanzable y a partir de ahí comienza a declinar. La razón por la cual la producción de petróleo tiene un máximo histórico es fundamentalmente física y geológica, pero también económica: a medida que se han ido agotando los yacimientos fáciles y que contenían el petróleo de mayor calidad, hemos tenido que ir recurriendo a yacimientos donde la extracción es más difícil y lo que se produce, que no siempre es exactamente petróleo, es de peor calidad y requiere más coste (y más energía) para convertirlo en los combustibles que consumimos hoy en día. 


Mientras la cosa fue bien, la industria petrolera fue aumentando rápidamente la producción de petróleo, pues para que la economía pudiese crecer más rápido se necesitaba más energía y en particular más petróleo; pero al crecer la producción crecía la industria de todo tipo, y al crecer la industria crecía la demanda, y al crecer la demanda se requería cada vez un mayor esfuerzo para mantener la producción a un nivel que la pudiera satisfacer

Y así fuimos inflando el globo, hasta que llegamos a unos niveles de producción tan elevados que costaba un grandísimo esfuerzo simplemente mantenerse en ellos, sobre todo porque muchos yacimientos se hacían viejos y ya no rendían tanto, y costaba mucho encontrar nuevos yacimientos que los reemplazaran. Se aguantó lo que se pudo hasta que la cosa empezó a no dar más de sí.

Los primeros signos de alarma comenzaron con el siglo XXI, cuando el precio del petróleo empezó a subir paulatinamente después de décadas de estabilidad. Aproximadamente hacia 2005 el petróleo crudo convencional (el petróleo de verdad, que se extrae como siempre se extrajo) llegó a su máximo y comenzó un lento declinar, decadencia que últimamente se está acelerando. Para hacer frente a la caída del crudo convencional se comenzó a introducir a gran escala todo tipo de sucedáneos, con limitado éxito: primero los biocombustibles, después los petróleos extrapesados y por último el petróleo ligero de roca compacta explotado mediante el fracking. Todas estas alternativas eran bastante mediocres y tampoco tenían mucho rendimiento; de hecho, a pesar de haber llevado el precio del petróleo a valores históricamente elevados durante varios años las compañías que los explotaban perdieron dinero a mansalva. Y ahora, desde finales de 2014 vivimos una tregua en el precio del petróleo motivada por una relativa caída de demanda, en un ciclo más del proceso de destrucción de oferta - destrucción de demanda que aquí denominamos "la espiral", mientras las compañías petrolíferas reducen sus gastos en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos de manera drástica y nos abocan a estrellarnos contra un nuevo pico de precios en poco tiempo. Pero no les queda más remedio, es una cuestión de supervivencia, pues las pérdidas en el sector son enormes, y ya lo eran incluso antes de 2014, cuando el precio del petróleo era históricamente elevado; sirva de botón de muestra la siguiente gráfica, tomada del recomendable artículo de SRSroccoreport sobre el colapso de la industria petrolera.


La gráfica representa la evolución durante los últimos años del balance financiero (flujo libre de caja o free cash flow menos dividendos) de las tres mayores compañías petrolíferas estadounidenses, Exxon Mobil, Conocco Philips y Chevron.

Que la producción de petróleo haya llegado a su máximo y comience su progresivo declive implica que los graves trastornos económicos en los que estamos inmersos y de los que no acabamos de escapar simplemente no puedan acabar. De hecho, esta crisis no acabará nunca.

Y sin embargo, en el momento en el que más falta haría reaccionar, delante de un problema tan serio y tan grave, en el momento en el que se imponía la más serena reflexión y la meditada toma de decisiones clave, la sociedad occidental continúa ajena a todo esto. Hay un serio problema de comunicación, que hace años que dura y no tiene visos de solucionarse, ni siquiera estando cada vez más cerca de la parte tumultuosa del descenso energético


Una parte de este desdén informativo delante de éste y otros problemas fundamentales viene de cómo chocan con las necesidades del sistema económico imperante (a fin de cuentas, el fin de energía abundante y barata es el fin del BAU). Así, delante de un problema tan serio y adulto se le contrapone toda una contrapropaganda, pensando quizá, de manera infantil, que si no lo miramos el problema desaparecerá por sí solo. 

Hay, sin embargo, otra parte de la la dificultad comunicativa en la que la responsabilidad de la comunidad experta en recursos energéticos (entendida en un sentido amplio) tiene una gran responsabilidad. La cuestión es que no se está transmitiendo un mensaje sólido y creíble, sino muchos mensajes contradictorios y a veces dudosos. Ese difuso dominio donde la sociedad sitúa a los expertos en energía, donde espera encontrar consejo en ese tema, está formada por una amalgama de estudiosos y empresas, de gente honrada y de gente oportunista, en un tótum revolútum en el que los ciudadanos de a pie no pueden distinguir las diferencias, aunque éstas sean más que de matiz, y al final las llamadas a ir en direcciones opuestas a lo único que mueven es al inmovilismo. En este post he intentado sintetizar algunas de las principales especies de este zoológico que de un modo u otro pretenden arrimar el ascua a su sardina, sin importarle las consecuencias a largo plazo (excluyo deliberadamente de esta lista los fanáticos de la teoría de la conspiración y de la magia de cualquier tipo, incluyendo la negación de la Termodinámica).

- Los puramente negacionistas: Forman un grupo relativamente compacto en cuanto a sus argumentos, que suelen ser los mismos independientemente de la extracción política del sujeto. Algunos de sus argumentos preferidos son la falta de conocimiento preciso de las reservas de petróleo (como si el conocimiento incompleto fuera igual que el desconocimiento, y como si por no conocer la cantidad de algo significara que hay tanto como queramos), la presunta maléfica manipulación que hace la OPEP del mercado (cosa que pasó en tiempos pero no ahora; es la ilusión del control, que ya comentamos), que el precio del petróleo se mantiene bajo contradiciendo cualquier hipótesis de su escasez (endosando al bando peakoiler una predicción sobre el precio que en realidad es suya, de los economistas clásicos, ya que aquí lo habitual es hablar de precios oscilantes causados por la espiral - miren el quinto post de este blog, que data de hace 7 años) o que el fracking ha cambiado las reglas del juego (cuando se sabía desde el principio que era una burbuja porque no es rentable, y cuando a estas alturas la producción cae en picado, e incluso la productividad por pozo cae, último clavo ardiendo al que se agarraban). Creo interesante destacar, en el caso del fracking, un par de gráficas significativas. La primera es sobre la actual producción en Bakken y Dakota del Norte, extraída de un artículo muy interesante de Peak Oil Barrel:




La otra gráfica la publiqué en el post "La ilógica financiera", y nos muestra el gran desfase entre gastos e ingresos de las 127 compañías de petróleo y gas más grandes del mundo. Lo interesante es que este desfase (de más de 110.000 millones de dólares anuales) se produce de 2011 a 2014, es decir, con valores históricamente elevados del precio del petróleo, y es consecuencia de la nula rentabilidad de los petróleos no convencionales (arenas bituminosas y fracking entre ellos). 



Lo terrible del asunto es que, a pesar de la abrumadora evidencia, los autodenominados expertos en energía siguen enfrascados en una idea equivocada, contradicha por la experiencia y los datos. Para todos ellos, como siempre, con todo mi cariño les recomiendo nuestra guía.

- El coche eléctrico como fetiche: Parece mentira que, cuando se habla de luchar contra las consecuencias del cambio climático o de atenuar las dificultades que conllevará el descenso energético, el primer foco de preocupación para mucha gente sea el mantenimiento del vehículo privado como fórmula fundamental de movilidad, cuando que siga habiendo coches o no es un problema terriblemente menor. El máximo exponente de la fijación pequeño burguesa en el coche-fetiche es la obsesión por el coche eléctrico (que por ejemplo llevó recientemente al parlamento catalán a aprobar una absurda moción para la promoción de puntos de recarga que nunca se usarán a escala significativa), y es lo que le ha reportado a la empresa automovilística Tesla Motors una inmerecida atención no sólo mediática sino de los expertos. Expertos en cuyo punto ciego caen los evidentes desbalances e insostenibilidades de Tesla, una operación especulativa sin ningún tipo de fundamente. El hecho de que en sus 7 años de historia Tesla Motors sólo haya tenido beneficios un trimestre, que pierda al menos 1.000 dólares por cada coche que ensamblan, que sus activos estén completamente sobrevalorados y que sólo se puedan mantener recurriendo a un endeudamiento espiralmente creciente, que su modelo de negocio se basa en que las otras compañías le compren sus bonos de emisión de CO2 y sobre todo gracias a la regulación de California, y muchos más datos negativos sobre la compañía, no hace que una legión de expertos diga y repita que Tesla es el futuro (cuando recientemente estuve en el Congreso del Futuro de Chile, tuve que soportar ver, más asqueado que estupefacto, mo los otros ponentes de mi panel alababan las virtudes de Tesla). Sobre la inviabilidad del coche eléctrico como solución de movilidad a gran escala no me voy a extender más aquí; este blog contiene una comprensiva colección de artículos que lo analizan con gran profundidad. En todo caso, ése no es el problema y esto no es una solución.

- Los apóstoles de la transición renovable: Que dada la situación en la que estamos se necesita hacer una transición a un modelo energético 100% renovable es algo que no tiene discusión alguna. En lo que no hay de acuerdo es en todo lo demás. En particular, nadie puede garantizar que tal transición sea algo sencillo, y más bien parece que no lo es. Uno de los problemas para tal transición es que la caída del aporte energético de las no renovables, que será relativamente rápida (unas pocas décadas) puede crear disrupciones incapacitantes en sistemas críticos para el funcionamiento de todo (incluido los sistemas necesarios para el despliegue del 100% renovable) sin que haya habido tiempo para sustituirlos. Puede haber problemas de escasez de materiales críticos, que a día de hoy se extraen, transportan y procesan usando grandes cantidades de combustibles fósiles. El rendimiento energético de los sistemas de captación de energía renovable llamados a sustituir a los actuales combustibles fósiles y el uranio es también un tema controvertido, y sin un rendimiento energético suficiente no habrá un rendimiento económico adecuado y será difícil conseguir que se invierta en tales sistemas. Además, los modernos sistemas de producción renovable están orientados a la producción de electricidad, pero ésta es poco más del 20% de la energía final consumida en los países occidentales, y conseguir electrificar el otro 80% es un desafío de primera magnitud. Y al final, sea como sea, habrá límites a la capacidad máxima de producción renovable, posiblemente muy inferiores a los considerados normalmente, y eso significa el fin del crecimiento y un cambio que va mucho más allá de la simple sustitución de la matriz energética. Todos estos temas han sido discutidos en gran detalle en este blog, donde incluso hubo hace poco más de un año un debate muy prolijo sobre la cuestión. Por eso, resulta extraordinariamente frustrante que intelectuales como Naomí Klein o personajes muy mediáticos como Leonardo di Caprio digan públicamente, en libros y documentales, que la transición renovable es algo fácil, asequible y hasta un buen negocio. Pues no, no lo es; es algo que, si es posible, se conseguirá mediante un gran esfuerzo de coordinación y salvando enormes dificultades, y en modo alguno se conseguirá sin hacer cambios sustanciales en nuestro modo de vida. Y lo malo ya no es sólo estos personajes de gran proyección que confunden al gran público, sino algunas organizaciones serias que de buena fe han analizado la transición renovable fijándose sólo en una parte del problema y que considerando inmutables parámetros clave (disponibilidad de materiales, precio, eficiencia, productividad) llegan a conclusiones muy optimistas que sólo se sustentan sobre el papel; después, cuando se intenta llevar esa transición a la práctica uno se encuentra con escollos que antes no se habían ni mencionado, y eso a la larga puede perjudicar la causa que se pretende, por más noble y necesaria que sea. En particular, si la tan cacareada Energiewende alemana al final hace aguas, será muy difícil volver al punto de partida y explicar, entonces, que en realidad el proceso de cambio es duro y tortuoso, pero que sigue siendo muy necesario, incluso más de lo que se anticipaba.

- Los colapsistas ventajistas: Este término lo acuñó mi compañero y amigo Jordi Solé para hacer referencia, sobre todo, a cierto economista muy mediático y muy amigo de proponer recetas mágicas con las que solucionar los problemas del país. Se da la circunstancia de que este mismo economista publicó en 2008 un artículo en el que explicaba el peak oil y se veía claramente que comprendía el concepto; pero desde entonces ha renegado de tal explicación y se ha dedicado a ir navegando y sacar provecho de su gran habilidad para manipular estadísticas y hacerles escupir la verdad que más le interesa a él y a quienes le pagan. El colapsista ventajista es, por tanto, un individuo bien formado, que comprende qué es el peak oil e incluso va más allá: comprende que, sin una adaptación que es muy difícil de orquestar, el destino inevitable de nuestra sociedad es el colapso. Y en vez de esforzarse por informar, por intentar evitar el colapso o, como mínimo, ayudar a amortiguar sus consecuencias, este individuo pretende tan sólo sacar un provecho personal, arrogándose por tanto una superioridad moral sobre el resto del mundo al que está dispuesto mirar hundirse en el fango con tal de poder estar él un poco más por encima.

El colapsista ventajista es una especie relativamente nueva, debido a que hasta hace poco la idea de un colapso era completamente extraterrestre para el común de las sociedades occidentales. Sin embargo, la idea del colapso va cogiendo fuerza en la psique colectiva progresivamente, con los estragos que está causando en la clase media esta crisis económica que ya dura casi diez años, y con el temor fundado en los medios económicos y financieros a que la nueva oleada recesiva que se está gestando sea aún peor que la de 2008 (y las repetidas intervenciones de los bancos centrales, más que conjurar este peligro, únicamente lo están postergando pero al tiempo están aumentando el impacto potencial que tendrá). Que alguien diga que tiene un mapa que cartografía el colapso y que lo ofrece al mejor postor, y le lloverán ofertas, de los más incautos e incluso de algunos no tan incautos. 

No tengo suficientes elementos de juicio para saber si el misterioso informe del Hills Group en el que se introducía el denostado modelo Etp respondía a una estrategia de interés económico puro y duro, pero está claro que los que han promovido ese modelo (del que tontamente yo mismo me hice eco en su día) son colapsistas, son gente que sabe de lo crítico de la situación actual y la comprenden correctamente, y que sin pudor han desarrollado un modelo que saben perfectamente que es conceptualmente aberrante pero que, adornado con palabras esotéricas como "exergía" y "entropía" y un modelo abstruso para una mayoría lega en física y matemáticas, podía ganar un campo adepto y al tiempo presentarse como una opción respetable. Cuando, con el tiempo, toda la aberración del modelo Etp quede completamente expuesta, será complicado explicar al público general que aunque el modelo sea técnicamente deplorable, las conclusiones a "las que llega" (en realidad, estaban definidas a priori) son correctas; y el fracaso del modelo Etp retrasará aún más la tarea urgente y necesaria de hacer saber a esta sociedad infantilizada y autista que hay que hacer cambios radicales. 

No hablo de manera abstracta aquí: cuando el lunes de la semana pasada asistí a la reunión de la FUHEM para hablar del problema del declive energético, vi una preocupación generalizada, interesada y legítima, y un interés en llevar este problema a la primera línea de la discusión política en España. Después de mi presentación, y las intervenciones de Carlos de Castro, Xavier García Casals y Antonio Serrano, en las que quedó expuesto lo burdo, errado y grosero del modelo Etp, resultaba muy difícil volver a conducir la discusión al punto central del debate: el declive energético es algo cierto y urgente, aunque el modelo Etp sea una filfa. Carlos de Castro lo apuntó brevemente, Pedro Prieto hizo una muy buena y muy centrada intervención poniendo el foco en el problema real, pero el daño ya estaba hecho: en la sala flotaba el desencanto de saber que el motivo principal que se quería analizar en esa reunión era, ni más ni menos, un bulo, sino una estafa. Si el modelo Etp hubiera sido correcto, en muy pocos meses hubiéramos podido ver cómo el problema del rápido declive de la energía neta aparecería recurrentemente en las discusiones políticas españolas, incluso en el Congreso de los Diputados; después del fiasco del otro día, dudo que el tema llegue a emerger en varios años, y en todo caso no hasta que la próxima oleada recesiva nos sacuda. Y eso en España; no quiero ni imaginar qué efecto tendrá ultramar. Justo en el peor momento posible.

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De acuerdo con la mitología griega, los barcos que atravesaban ciertas aguas especialmente peligrosas debían tener cuidado con el canto melódico y atrayente de las sirenas, que hacía que los hombres que las oyeran saltaran al agua, cautivados, para perecer ahogados. Es el canto de estas sirenas del colapso el que nos puede llevar a perecer, atrapados por ese colapso que quizá aún puede ser evitado o como mínimo domesticado. Nuestra única arma contra ellas no es ponernos cera en los oídos, sino armarnos de conocimiento. Y de paciencia, de mucha paciencia.

Salu2,
AMT