martes, 19 de julio de 2011

Qué puedo hacer yo delante del Oil Crash: haciéndolo entender

Queridos lectores,

Después de esta mini-serie sobre "Por qué los X no entienden el Oil Crash" (donde X ha sido de momento igual a economistas - y su problema para entender el concepto de TRE -, ciudadanos, políticos, científicos y, de diferente manera, las mujeres) llega el momento de ponerse a hacer algo concreto: hemos diagnosticado el problema, ahora debemos ver qué podemos hacer de manera práctica para intentar revertir la situación sobre este aspecto fundamental. Porque, al final, el problema del Oil Crash no es de escasez de materiales, sino que es un problema social. Y como problema social se le ha de dar una solución antes social que técnica. De ahí la importancia del uso de la palabra, una vez concluida la fase de análisis técnico.


Dejemos claro primero que se sobreentiende que se ha pasado la primera barrera: la de explicar el problema. Como se ha dicho en la serie posts anterior, el mayor problema sigue siendo la ignorancia, para lo cual es importante implicarse en la tarea de la concienciación a gran escala de la sociedad. Como explicaba hace unos días en el Forat de la Vergonya en Barcelona, todos tenemos un deber ineludible de hacer comprender a la sociedad lo falso de sus expectativas (e.g. que el crecimiento futuro nos salvará, cosa que ya sabemos que es imposible) y que, peor aún, persistir neciamente en esa vía nos podría precipitar hacia el peor escenario posible. Sin embargo, hacer conocer el problema es sólo la mitad del asunto: enseguida se dispararán en nuestro interlocutor los mecanismos de negación que analizamos en la serie arriba mencionada y, aunque dejemos el poso de la duda en su interior, si queremos ser efectivos (sobre todo por el temor a que las cosas puedan ir muy rápidas por culpa de los efectos no lineales) debemos estar preparados para desactivar al menos los tópicos más comunes en el discurso de negación; incluso, si somos un poco astutos, podemos tender trampas dialécticas efectivas para acelerar el proceso, confrontando al interlocutor con las contradicciones lógicas de su discurso. En lo que sigue daré algunos consejos totalmente personales que pueden ser útiles en este laborioso proceso; aporten Vds. su experiencia y completen y complementen este recetario.


Qué no hacer:


- No hagas apuestas ni previsiones: Una de las cosas que más suele perder a los peakoilers es que, en su afán de acabar con esta agonía de no terminar la vida actual y empezar la nueva nos creemos a veces que las cosas irán más rápidamente o más linealmente de lo que probablemente lo harán. Es imposible predecir la evolución de los precios, materia sobre el que uno suele picar y apostar, por ejemplo: "Ya verás como en 2013 el petróleo está a 500$ el barril". La economía difícilmente puede soportar esos precios y hasta que el sistema no sea tan disfuncional que el petróleo sea una materia de lujo lo normal será la alta volatilidad, con subidas paulatinas y duraderas sobre períodos de meses (pero con importantes variaciones arriba y abajo si se mira la serie en períodos de semanas), y que culminan en bajadas bruscas cuando la demanda se contrae más de la cuenta y el precio baja. Fue lo que pasó en 2008 y lo que seguramente acabará pasando en 2011. Pero hay mil factores imponderables: un gran país puede sufrir un gran accidente (vean Japón con Fukushima) y los otros aprovechar los despojos; otro puede necesitar aumentar su consumo de petróleo (por ejemplo China), la recesión puede agudizarse de repente en un gran consumidor (China de nuevo) o un país productor puede colapsar (Libia), o mil otras cosas que ahora no imaginamos. Perder la apuesta no tiene importancia, lo grave es perder credibilidad, sobre todo teniendo que transmitir un mensaje de tanta importancia. Es mucho mejor hablar de tendencias, de riesgos objetivos, y explicar los eventos pasados en clave petróleo, qué efecto tuvo en lo que ya se vivió, pero sin exagerar. 

- La escasez de petróleo (y de la energía) no es la causa de todos los males del mundo: Ya dicen que cuando naces martillo crees que todas las cosas son clavos. El problema de la crisis energética tiene un alcance más profundo del que se le concede en el debate público (a mi me alarma cuando en las charlas alguien dice - y siempre pasa - "cuando venga la crisis energética...", como si no estuviéramos ya en ella). Sin embargo, no es el origen de todos los problemas, inestabilidad e injusticias de este mundo. Incluso en problemas donde tiene una gran influencia (por ejemplo, en la subida del precio de los alimentos y los problemas que está trayendo) hay otros factores que también influyen y mucho (en el caso de los alimentos, la presión especulativa sobre las materias primas -petróleo incluido- aventada por las medidas de alivio cuantitativo de los EE.UU.). Llevado al paroxismo, uno acaba viendo el espectro de la energía hasta en las malas cosechas de trigo de Rusia, y no es que no tenga absolutamente nada que ver (las fuentes de energía están por todas partes, se utilizan en todas las actividades humanas) pero en algunos casos se exagera su importancia como factor causal. Esto también hace perder credibilidad, porque uno acaba pareciendo un fanático obsesionado, monotemático y paranoico.


- No ser demasiado "antisistema": Vale, de acuerdo, todos sabemos que nuestros sistemas económico y financiero no funcionan, pero, ¿podemos esperar que la gente acepte de buenas a primeras tirar por la ventana algo tan comúnmente aceptado y que, según se insiste en los medios de comunicación, "funciona tan bien"? Aunque la consecuencia lógica de la escasez de la energía (y de materias primas en general) es la necesidad de reformular los postulados económicos, y en particular el de la búsqueda del crecimiento exponencial (ese tanto por ciento del PIB que hay que crecer cada año) no se puede esperar que la gente lo acepte de repente, entre otras cosas porque supone un mazazo a sus expectativas de una vida más cómoda y con más bienes materiales. Es una mejor estrategia hacer una exposición simple y razonada de los hechos y dejar que la gente los madure. A algunos les costará más porque tienen los prejuicios más instalados, pero justamente con éstos no merece la pena insistir demasiado, so pena de que se atrincheren en sus ideas preconcebidas y que lleguen a la convicción de que les queremos engañar o pervertir.


- No hacerse pesado: Aunque nos obsesione el tema, evidentemente hablando todo el rato de Peak Oil no se liga mucho, y tampoco es fácil conseguir relaciones de amistad. Hay que vencer muchas resistencias y prejuicios, y el bombardeo propagandístico de la publicidad dificulta la comprensión del problema. Dejemos a la gente madurar los datos y simplemente estemos al quite para ayudarles a ir dando los pasos necesarios en su razonamiento lógico.


- No ser catastrofista: Aunque uno esté convencido de que esto va a acabar muy mal, en el fondo ninguno de nosotros lo sabe. Yo siempre digo que si nos diera un ataque masivo de sentido común podríamos encarar un futuro mucho mejor que el que ahora se perfila. Eso demuestra que el problema es fundamentalmente societario, y si uno hace el esfuerzo de salir a hablar es importante evitar que la gente se deprima y caiga en la inacción; "total, como no se puede hacer nada mejor nos dedicamos a vivir bien mientras esto dure". Pues no. Hay que hacer entender que si todo el mundo lo comprendiera la cosa se podría revertir.


- No ofrecer soluciones simples: No hay soluciones simples a un problema tan complejo, y aunque cada uno tiene sus filias y fobias en cuanto a las posibles fuentes de energía de futuro, la forma de encarar las dificultades y cómo se debe organizar la sociedad, no se puede poner en pie de igualdad estas opiniones con los hechos objetivos que nos indican el estado de agotamiento de los recursos, del declive de la producción de materias primas. No hacer esta distinción nos dará una imagen de sectarios, de tener una agenda oculta que queremos imponer usando un problema societario como palanca, y al final hasta nuestro diagnóstico del problema será puesto en cuestión bajo la sospecha de que lo hemos exagerado en nuestro provecho. Es cierto que la gente te suele pedir soluciones, e incluso tu plan para salir del atolladoro, en parte porque vivimos en una sociedad de niños que esperan que un padre le solucione la vida en vez de encarar los problemas como adultos y asumir personalmente la responsabilidad  de cuidar de la propia vida y hacienda; delante de estas personas no ofrecer ninguna respuesta te puede hacer perder credibilidad. Así que uno se tiene que mover por el filo de una navaja, hablando de algunas iniciativas (red del decrecimiento, Transition Towns, re-ruralización,...) y técnicas (permacultura, Green Wizards,...) y al tiempo incidir en políticas que serán útiles (promover la eficiencia y el ahorro, reconcebir el sistema productivo, discutir abiertamente el problema insoluble de la deuda) pero intentando mantener una visión ecuánime y desapasionada sobre esos asuntos, como si uno simplemente hiciese una fría contabilidad de lo que hay. Encontrar el punto justo es complicado: demasiado pasional y uno será tomado por un sectario; demasiado frío y el problema se verá como una complicación técnica que no implica personalmente y debe ser resuelto por una instancia política; demasiado drástico y la gente se deprimirá y caerá en la inacción, convencida de que cualquier cosa que hagan no sirve de nada; demasiado optimista y la gente no hará nada esperando que quien lo tiene previsto resuelva el problema. Practicando uno acaba encontrando algo parecido a ese punto medio.


Cómo plantear la discusión:


1.- Hablando con economistas: (sensu lato: entiéndase empresarios, gestores, inversores, ...)


- Hacer entender que el precio no es la variable relevante en el largo plazo: Siempre se repite que de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda se fija el precio a un nivel adecuado, lo cual es lógico en un mercado eficiente (ya que si hay un comprador dispuesto a pagar lo suficiente habrá un vendedor e intermediarios para traerle el producto). Sin embargo estamos observando que hay crecientes ineficiencias en el mercado del petróleo, agravadas por la guerra en Libia y la incapacidad de reponer esos 1,5 Mb/d que el país norteafricano ponía a la venta, y que han obligado a medidas extraordinarias como las que estableció el Gobierno español en Febrero -ahora retiradas de manera oportunista- y la liberación de las reservas estratégicas de la Agencia Internacional de la Energía. Se debe sacar estas cuestiones a colación en las discusiones sobre el precio. También, se debe explicar que, justamente por los mecanismos de destrucción progresiva de la demanda que es bien constado, la evolución del precio del petróleo sera muy volátil en el corto plazo (bajadas y subidas continuas de unos cuantos dólares en el plazo de días) y también en el medio plazo (picos de precios cada ciertos años, alternados con bajadas bruscas de precios, como ya discutimos hace tiempo aquí). Sobre todo hay que hacer entender que el paradigma que ha explicado la evolución económica durante el último siglo y medio ya no es válido, o como mínimo sembrar dudas sobre su validez plena.

- No hay que mirar las reservas, hay que mirar la producción: Ya comentamos en su día sobre la falacia Q/P. Los economistas tienden a pensar que si hay suficientes reservas (no les tomen por idiotas, seguramente entienden la diferencia entre reservas y recursos) de petróleo entonces el problema es exclusivamente un problema de inversión. Dificulta romper esta percepción las continuas noticias en prensa especializada que hablan del descubrimiento de nuevos yacimientos en lugares cada vez de más difícil extracción, los grandilocuentes anuncios sobre las perspectivas de explotación futura de las arenas bituminosas del Canadá y los petróleos extra-pesados de la Faja del Orinoco, o los enfáticos anuncios sobre la revolución del petróleo de pizarra, de los líquidos del gas natural o el futuro de algunos biocombustibles. Delante de esto, la mejor manera de desengañar al incauto es mostrarle las hemerotecas (mejor, pedir que las consulte él) y que mire cuáles eran hace cinco años las perspectivas de crecimiento de la producción de las arenas bituminosas para este año, por ejemplo; o cuánto tiempo se lleva diciendo que el shale oil y el oil shale (que, de manera divertida, no es una y la misma cosa) son la gran fuente futura de petróleo dado la gran magnitud de sus reservas, a pesar de más de 40 años de experimentación infructuosa, no por incapacidad técnica sino por la imposibilidad de hacerlo económicamente viable, o cuáles son las enormes dificultades a las que tiene que hacer frente la plataforma Hibernia en frente de las costas de Terranova, etc.




- Hay que fijarse en la TRE: El concepto de Tasa de Retorno Energético es desconocido para la mayoría de los economistas, a pesar de ser fundamental en su trabajo, donde muchas decisiones estratégicas deberían depender de un correcto análisis de la TRE. Los economistas se fijan en el retorno de la inversión (ROI), en los aspectos monetarios, y creen que todo es cuestión de poner más dinero sobre la mesa, sin darse cuenta de que el ROI es subsidiario de la TRE. Como los flujos monetarios tienen un cierto retraso temporal sobre los inputs energéticos, que la TRE esté bajando no es inmediatamente perceptible, máxime cuando hay mucha heterogeneidad de TREs en nuestras múltiples fuentes. Por eso el economista no se parará a considerar la variable y dirá que el precio es un buen indicador de la rentabilidad tanto económica como energética. Lo cual puede ser más o menos cierto en un mercado eficiente y con información completa, pero el problema es cuando se proyecta la rentabilidad de futura se hacen suposiciones que, en el fondo, no contemplan que aparte de decrecer la producción baje la TRE. Esta discusión es una de las más difíciles de manejar con un economista, porque se resistirá a creer que el dinero no lo puede todo en el mundo físico. Lo mejor es irle poniéndole ejemplos simples (del tipo: "si tengo que recorrer, ida y vuelta, 500 kilómetros para rellenar el depósito de mi coche no me queda mucho margen útil") y que vaya madurando la idea. Además, la discusión de la TRE está íntimamente relacionada con el concepto de tecnología al que aludiremos a continuación y donde acabaremos esta discusión.


- La tecnología no lo puede solucionar todo:  No deja de ser curioso también la insistencia de los economistas en que el progreso tecnológico va a resolver los problemas y, peor aún, que se puede acelerar ese progreso a base de poner más dinero sobre la mesa. De nuevo, un siglo y medio de éxitos evidentes avalan esa percepción, aunque la conexión inversión-progreso tecnológico no sea tan obvia (sí que lo es en la vertiente de desarrollo y explotación de una tecnología ya probada, pero no en el descubrimiento de nuevas tecnologías). Hace poco he mantenido una discusión sobre este tema en Facebook; mi interlocutor alegaba que seguramente los problemas de suministro de acarreará el Peak Oil no serán tan graves mirando cómo se ha mejorado la explotación de los pozos en los últimos 30 años: él aludía en concreto a cómo se había pasado de una ratio de éxito de pozos productivos tras perforar de 1:15 (es decir, de cada 15 agujeros que se hacían en el suelo en 1980 sólo uno daba petróleo) a 1:5 en la actualidad, y también como la recuperación del petróleo in situ había mejorado, pasando a una media de entre el 10 y 15% del contenido del reservorio al 30-35% de la actualidad. Todo lo cual es cierto, y es argumento que suelen invocar no sólo los economistas sino también algunos geólogos del petróleo. Sin embargo, como le dije, su razonamiento está asumiendo implícitamente que mientras la tecnología mejora todo lo demás sigue igual, y no es cierto. Lo cierto es que los nuevos yacimientos que entran en explotación son de peor calidad (de acceso más difícil, con geologías más complicadas, en condiciones de operación más duras, con petróleo de peor calidad, etc), con lo cual se gasta más energía en relación con la que se recupera; en suma, que baja la TRE. O sea que, entre otros factores, tenemos dos obviamente contrapuestos: la mejora de la tecnología, que tiende a incrementar la TRE, y el empeoramiento de los reservorios, que tiende a disminuir la TRE. ¿Y cuál está ganando? Tengo una gráfica del Departamento de Energía (DoE) de los EE.UU. que aclarará fácilmente la cuestión (gracias JC por enlazarla en Facebook):





El eje de las abscisas (horizontal) representa cuánto petróleo de cada tipo se ha producido ya, y el eje de las ordenadas (vertical) la cantidad de energía neta (expresada como un porcentaje) que se ha ganado en la recuperación. Lo que ven es que, a medida que las diversas fuentes están más explotadas el porcentaje de energía neta disponible va cayendo. La mayor parte de las curvas son proyecciones en el futuro que hace el DoE, o sea que no se deben de tomarse como una verdad indiscutible, pero es significativo que el DoE considere que, a pesar de la mejora tecnológica, la TRE irá bajando. Recuerden que si n es el tanto por uno de energía neta, TRE=1/(1-n), con lo que si la eficiencia que se muestra en la gráfica es del 50% la TRE sería de 2; de hecho los valores límite de TRE que solemos comentar para tener una sociedad viable (TRE entre 5 y 10), tomando n=1-1/TRE, son n=0.8 (80% de eficiencia) para TRE=5 y n=0.9 (90% de eficiencia) para TRE=10. Lo que las gráficas de arriba muestran claramente es que el curso previsible de los acontecimientos, en lo que a la producción del petróleo convencional y no convencional se refiere, es a llegar pronto a niveles de energía neta excesivamente bajos para mantener esta sociedad si esta fuente de energía fuese la dominante.


Por tanto, discutiendo con economistas se puede blandir esta gráfica y explicarla. Si no se tiene a mano (lo usual) lo mejor es hacerles comprender que fijarse sólo en el progreso tecnológico sin ver al tiempo la degradación de los yacimientos explotados es quedarse con la mitad de la película. En realidad, si no hubiera sido por la mejora tecnológica hace tiempo que no podríamos usar el petróleo, así que el desarrollo tecnológico ha sido condición necesaria para que siquiera podamos tener esta discusión, pero no basta para evitar el declive. Peor aún, en una situación de recursos menguantes y con problemas de financiación por una crisis económica forzada por esta escasez de todo y unos precios fluctuantes que desincentivan la inversión lo normal es que el problema se agrave. Y confiar en que con un precio suficientemente alto se incentiva la explotación de nuevos recursos no evita que su TRE baje, y si baja demasiado el estrangulamiento de recursos está garantizado, no importa cómo sean de grandes los recursos. Por tanto, a pesar de que algunos se empeñan en creer que con tecnología suficiente se ampliará la base de recursos, la realidad es que si estos recursos no son lo suficientemente baratos (en términos energéticos, si no tienen una TRE suficientemente elevada) no se podrán explotar, y la tendencia histórica de la TRE es a bajar, a pesar de la mejora tecnológica.





- No hay la más mínima evidencia de que se pueda desmaterializar la economía: Los más teóricos de entre los economistas piensan que se puede llegar a un sistema económico que crezca indefinidamente pero que no consuma de forma creciente recursos; es lo que se dio en llamar "desmaterialización de la economía", de lo cual la "Sociedad de la Información" ha sido uno de los epítomes más conocidos. Se podría resumir esta idea como: "No te preocupes por el futuro; aunque ahora estemos sufriendo pronto llegaremos al paraíso en la Tierra de la Sociedad de la Información, donde las mercancías serán bits y la moneda será la información, y todos seremos inmateriales". El argumento más habitual de los defensores de esta idea es que de hecho la intensidad energética (cantidad de energía consumida por cada dólar de PIB producido) de los países desarrollados está cayendo, lo cual significa que sus economías se están desmaterializando, al menos en el aspecto energético. Nada más lejos de la realidad: lo que está pasando es que la producción se ha ido deslocalizando hacia otros países con mano de obra más barata, y el consumo de energía global no sólo no ha disminuido sino que ha aumentado debido al mayor intercambio de mercancías (los iPhones que consumimos aquí tienen que viajar desde China). Repetiremos aquí la gráfica de relación entre PIB y consumo de energía a escala global que la Agencia Internacional de la Energía suele mostrar cada año:




Por tanto, en vez de estar disminuyendo nuestro consumo de energía en realidad lo estamos aumentando; sólo estamos haciéndolo más inhomogéneo.





- El libre mercado es un sistema ideal: Hemos oído decir tantas veces las mismas falacias que las creemos sin cuestionarlas. Sabemos que el PIB tiene que crecer ("Tenemos que recuperar la senda del crecimiento") sin saber qué significa, y creemos a pies juntillas que el libre mercado lo regula todo, gracias al equilibrio entre oferta y demanda; si hay poco petróleo, el precio sube, la gente consume menos y entran en explotación nuevos tipos de yacimiento, y al final se asimila perfectamente dentro del sistema. Este tipo de visión casa mal con la realidad. Por un lado, el precio del petróleo no puede aumentar indefinidamente, ni tan siquiera puede subir un poquito: ya hemos dicho varias veces que ciertos estudios (como los del profesor James Hamilton, de la Universidad de California San Diego) y ya últimamente el FMI y algunas instituciones financieras (amén de la propia Agencia Internacional de la Energía) avalan que el precio del barril de petróleo no puede rebasar los 85-90$ de manera duradera (es decir, unos meses) sin causar recesión económica a escala global. Por otra parte, los costes de producción de algunas fuentes de petróleo convencional no son inferiores a los 60-80$, con lo que la ventana de precios posibles es demasiado estrecha, y tiende a estrecharse cada vez más ya que el límite superior se calcula a través de un porcentaje del PIB (con lo que al agudizarse la recesión y bajar el PIB baja el precio máximo admisible) en tanto que el precio inferior crece al empeorar la calidad de los yacimientos (y como dijimos arriba bajar la TRE a pesar de la mejora tecnológica, con lo que el coste energético, y por tanto el económico, crece). Llegará un momento, si no ha pasado ya, que la ventana se cerrará y ningún precio será adecuado. Por tanto, la ley de oferta y demanda no puede regular per se un recurso agotable y con una demanda inelástica (es decir, cautiva, que no puede prescindir de él). Algunos lectores pueden argumentar que el problema es que la señal de la agotabilidad de la materia prima no se está transmitiendo al precio y por eso se produce esta distorsión que nos lleva al suicidio, y tendrán razón, pero es que ése es el mundo en el que vivimos. Por otro lado, se está dando un problema de falta recurrente de suministro de petróleo, en el que países como España han perdido el 13% de su suministro al cerrarse el mercado libio y no han podido compensar su falta en ninguna parte, no importa qué precio quisiera pagar (es decir, el mercado no es eficiente), lo cual ha acabado por conducir a la liberación de una parte de las reservas estratégicas. En suma, el mercado no señala bien los precios y encima no es eficiente.


2.- Hablando con la gente corriente:


- El planeta es finito, después de todo: Vale que es muy grande, pero al fin y al cabo con nuestras excavaciones sólo arañamos la superficie (nuestras minas más profundas llegan a unos 10 Km de profundidad, que no es nada comparado con el radio de 6366 Km del planeta). Yo suelo dar un dato para que nos demos cuenta hasta qué punto el planeta no es tan grande teniendo en cuenta los que somos. La superficie del planeta es aproximadamente de 509 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales un 80% es mar, con lo que nos quedan sólo unos 100 millones de superficie emergida. Somos 7.000 millones de personas en el planeta, por lo que tocamos a 70 personas por cada kilómetro cuadrado de tierra, es decir, 1,4 hectáreas por habitante. Esta superficie, 1,4 hectáreas, no es nada impresionante: son 14.000 metros cuadrados, la superficie de un cuadrado de unos 120 metros de lado. Algo que uno puede abarcar con la vista. Pero es que, además, de esos 14.000 metros cuadrados tendremos nuestra parte alícuota de desierto, de montaña incultivable, de ríos y pantanos, de ciudades e infraestructuras, y de bosque incultivable porque es necesario para otros usos; de hecho, la superficie cultivable es aproximadamente la mitad de la cantidad que dábamos antes (unos 7.000 metros cuadrados por habitante), mayoritariamente pastos (dos tercios), con lo que sólo nos quedan unos 2.300 metros cuadrados por persona para cultivos humanos, un cuadrado de unos 47 metros de lado. Hemos podido alimentar a la gente con tan poca superficie porque hemos incrementado la productividad de la tierra inyectándole energía de los combustibles fósiles, pero esta posibilidad ahora declina. De manera semejante, los recursos minerales que se pueden explotar no son infinitos; es verdad que quedan enormes cantidades de petróleo, uranio, carbón y gas (del uranio se suelen citar las enormes cantidades que hay en el mar, por ejemplo), pero están tan diluidas que jamás se podrán recuperar, porque se gastaría más energía que la que nos darían.


- No todo el mundo dice que el progreso es inevitable: Hemos comentado sobre el mito del progreso en los posts precedentes; una cosa importante de cara a hacer entender el problema del Oil Crash es que no todo el mundo habla del progreso como un hecho inevitable, o bien que quienes dicen que el progreso no es una necesidad no son unos pocos locos descebrados. Al contrario, desde los años 60 ha habido muchos científicos avisando de lo insostenible de nuestro curso y de que el progreso no sólo trae soluciones a problemas antiguos sino también causa problemas nuevos. Sin necesidad de remontarse a Paul Ehrlich o al trabajo de Meadows et al (el denostado "Los límites del crecimiento"), se puede citar el trabajo de Pimentel, de Charles Hall, de Jean Laherrère o de Colin Campbell, aparte por supuesto del de Marion King Hubbert; a nivel más local, Ramón Fernández Durán o Carlos Taibo son buenas referencias (y las de mis colegas de Crisis Energética, qué duda cabe). La verdad es que este conjunto de referencias es muy pequeño y sesgado, ya que si se busca bien se verá que son legión. Y justamente la mayoría de los que están opinando que no se puede seguir en esta senda, y que el progreso no es algo no ya inevitable, ni tan siquiera garantizado, resultan ser científicos  y técnicos. Y quienes suelen insistir en el progreso invencible, en la ilimitada capacidad técnica, son frecuentemente políticos y economistas.


- ¿Por qué se ha de crecer siempre?: Ésta es una cuestión curiosa; nadie se lo cuestiona. Cómo explicar el por qué de esta enorme necedad que, en su enormidad, pasa desapercibida como la famosa metáfora del elefante en el salón. Recomiendo a los lectores que se hagan el Crash Course de Chris Marteson; pueden encontrar todos los vídeos traducidos en español en la Sección de Recursos de la web del OCO. Allí entenderán el concepto de "Dinero como deuda" que es clave para comprender por qué todo nuestro sistema es un gran sinsentido y esencialmente inflacionario. No sólo intentar crecer sin fin es absurdo, es que nos lleva al desastre.

 - Durante los últimos años, nada ha ido según lo previsto: Éste es un buen argumento para desmontar cualquier atisbo de optimismo. Algunos lo tacharán de oportunista, lo que cual de deja de ser un sarcasmo para los que llevamos años diciendo lo mismo y siendo ridiculizados cuando las cosas iban bien. El mejor aval, precisamente, es haber hecho esa travesía del desierto. En mi caso, sólo mis allegados saben que llevo años dando la lata con esto, puesto que ciertamente antes no vi la oportunidad de lanzarme a la divulgación del problema (y, por qué no decirlo, porque fui tan ingenuo de creer que nuestros representantes tomarían cartas en el asunto); sin embargo, ahí están los compañeros de Crisis Energética dando la cara desde 2003. Dado el fracaso de los diversos planes de recuperación de la economía y, sobre todo, el continuo erróneo diagnóstico de la situación hacen que la gente pierda toda la fe en el sistema. Es importante hacer comprender a la gente que las cosas todavía pueden ir peor, y que es importante que entiendan y que se movilicen.





3.- Hablando con políticos:


- Dejando de lado los grandes, centrándose en los pequeños: Se puede intentar contactar con políticos de ámbito nacional, pero es dudoso que sirva de algo. Los políticos están atrapados en una maraña de intereses cruzados, propios, y cuando más alto estén en el escalafón más ruido de fondo reciben y más les cuesta hacerse una idea clara de qué es lo que está pasando, qué es lo que va a pasar y qué es lo que deberían de hacer; esto es cierto incluso para los que son honestos o tienen pretensión de serlo. Añádase a eso la dificultad de llegar a ellos, y comprenderán que no merece la pena perder el tiempo con los políticos de alto rango. Lo que es fundamental es centrarse en los cargos políticos muy locales, preferiblemente los alcaldes y concejales de municipios pequeños; ellos viven un día a día más cercano con la realidad, y además en la progresiva degradación económica a la que nos vemos abocados los ayuntamientos serán las primeras instituciones públicas en ser sacrificadas, básicamente dejándoles ahogarse en sus deudas. Con las presiones acuciantes de las deudas de los servicios de basuras, aguas, electricidad de los edificios públicos, etc será difícil hablar con un alcalde agobiado por el día al día, pero es importante hacerlo. Porque es importante hacerle entender que seguir con los esquemas del pasado sólo puede empeorar más las cosas, por increíble que pueda parecer. Para hablar con un alcalde no hay trucos; cada alcalde tiene su idiosincrasia y sus manías. Son ciudadanos, mayormente. Primero querrán información, después querrán soluciones. Para información, el prontuario es un buen punto de arranque y en los próximos meses esperamos desarrollar más material. Para soluciones, los lectores más avezados pueden tener sus preferencias, pero también pueden irse remitiendo a este blog. Y sepan que nosotros estamos disponibles para charlas de concienciación. Se tiene que pensar que en un mundo que, faltando energía, se vuelve mucho más grande en distancias y pequeño en recursos, por lo que lo que tendrá que organizarse se deberá hacer a la escala local, y de ahí la relevancia de los alcaldes.


- De aquí en cuatro años la gente le culpará de no haber hecho nada útil:  Con ese argumento se puede conseguir llegar al corazoncito del alcalde de turno, sobre todo si percibe que la situación es, como parece, tan desesperada que requiere medidas extraordinarias. Dado el creciente descontento con la clase política, los alcaldes, sobre todo los de pequeñas localidades que casi conocen a todos los vecinos, se darán cuenta de que necesitan desligarse de la mala fama que cada vez más aquejará a sus "hermanos mayores". Que necesitan hacer algo, demostrar a sus vecinos que pueden hacer algo. Pero todo lo que hacen, siguiendo con la rutina habitual, no lleva a nada bueno, nada funciona, todo se va progresivamente al carajo. Ahí es donde uno les debe ofrecer una visión alternativa, y darles una pauta de actuación coherente con un mundo más difícil donde lo primero ha de ser asegurar el suministro de alimentos y agua potable, y seguridad en segundo término. Un mundo mucho más difícil.


- Los políticos de esta legislatura tienen una cita con la historia: De lo que ellos hagan dependerá el mundo futuro. Un mundo que será mucho más local; habrá ciudades y comarcas que fracasarán y otras que prosperarán. No se puede esperar ayuda desde las instituciones superiores, si acaso que intenten quitarles recursos si en un lugar las cosas van un poco mejor. Aquellos que mejor interpreten el curso de los acontecimientos y se adapten a ella serán recordados con gloria; los que sigan la misma senda mezquina de ahora serán vituperados y finalmente olvidados. Para Vd., Sr. Alcalde, es el momento de elegir.


4.- Hablando con científicos:

Los científicos, que espabilen. Pueden leer este blog y discutir con su autor, que les podrá hablar en su lenguaje.


5.- Hablando con las mujeres:


Siempre resulta conveniente. Sobre todo para dar una visión más pragmática que la de los hombres. 

En fin, es un post muy largo y muy incompleto. Sin duda, los lectores podrán ir poniendo sus apostillas. Un servidor ha de atender muchos compromisos durante lo que queda de esta semana, y la que viene se va dos semanas de vacaciones. Durante todo este período quizá escriba algún post, según pueda. La actividad se reiniciará normalmente hacia el 7 de Agosto.

Salu2,
AMT

lunes, 11 de julio de 2011

Etiqueta de este blog

Queridos lectores,

Con todo lo que tengo encima no tenía intención de escribir un post hoy, pero dada la recurrencia de ciertos problemas quiero dejar claras algunas cosas.

Durante las últimas semanas hay una queja reiterada sobre la falta de moderación en los comentarios a los posts de este blog. Algunos comentaristas llegan al extremo de atribuirme a mi personalmente no ya la aquiescencia con algunos comentarios o comentaristas más indeseables sino incluso cierto hermanamiento, cuando no que yo mismo estoy usando algún alias para expresar mis deseos más inconfesables (lo cierto es que yo nunca envío comentarios más que con mi propio nombre). En fin, dado que algunas personas están usando el blog para intercambiar información y hay cierta perturbación en esos canales, voy a fijar una serie de parámetros de operación.

En primer lugar, definiré la situación: la mía personal (que también es relevante en lo que aquí se discute), la del blog en particular (cuál es su vocación, aunque eso ya fue discutido), el uso de los comentarios (y su gestión como foro) y cuál será la etiqueta que se tendrá que observar a partir de ahora.


Situación personal: Como norma general no me gusta hablar sobre mi, pero en este caso lo veo necesario para que los que me reprochan pasividad entiendan mejor mi situación.

Soy investigador (Científico Titular, ése es mi cargo) en el Institut de Ciències del Mar (ICM) de Barcelona, sito en esa bella ciudad mediterránea. Por razones familiares, resido en Figueres, pequeña población muy vinculada con el surrealismo y situada a 140 kilómetros al norte de Barcelona. Cada mañana cojo el tren para realizar un trayecto de dos horas (nominalmente un poco menos, pero con los pequeños retrasos habituales acaba siendo dos horas casi exactas) y después otros doce o quince minutos caminando y en metro para llegar a mi lugar de trabajo. Por la tarde, lógicamente, hago el trayecto inverso. Esto hace que me tenga que levantar a las 5:30 de la mañana cada día de diario, y que hasta las 18:30 o más tarde no pueda ver a mi familia. Me he comprado una conexión móvil para poder teletrabajar desde el tren, y con ciertas limitaciones me va bien (con ella estoy escribiendo este post, son ahora las 6:50 de la mañana del lunes 11 de Junio de 2011).


Mi trabajo en el ICM está en la actualidad fuertemente vinculado al SMOS Barcelona Expert Centre (BEC), un laboratorio experto reconocido por la Agencia Espacial Europea (ESA) dedicado al desarrollo de algoritmos para mejorar la obtención de mapas de salinidad superficial del mar y contenido de humedad del suelo con ayuda del satélite SMOS. Ahora mismo soy el secretario del Comité Ejecutivo del BEC, que está formado por siete investigadores senior del Institut de Ciències del Mar, la Unitat de Tecnologia Marina y la Universitat Politècnica de Catalunya, ya que el BEC es una unidad mixta del CSIC (a donde pertenecen tanto el ICM como la UTM) y la UPC. Aparte de mi trabajo como miembro senior del BEC (que me comporta entre 10 y 20 horas de reuniones semanales, dependiendo de la semana) tengo mis propias líneas de investigación y un currículum como investigador en Física de Procesos no Lineales (principalmente Turbulencia) y Análisis de la Señal (principalmente Procesamiento de la Imagen). Mi campo de actividad más intenso ahora es el Procesamiento de Datos de Teledetección (fundamentalmente datos de satélite). Todo esto se puede consultar en mi página web.


Todo lo cual hace que cuando llego a mi trabajo esté enfrascado en una vorágine (quien crea que los funcionarios se tocan las narices debería pasarse un día con nosotros) que muchos días no cesa hasta la hora de marcharme a casa. Algunos días puedo responder algún comentario rápidamente en medio de las horas de trabajo, la mayoría de los días no veo nada hasta que no vuelvo a embarcarme en el tren. En el tren es cuando aprovecho para leer sobre el Oil Crash y escribir los posts. Cuando llego a casa tengo dos niños pequeños de los que encargarme y una mujer que no me ha visto en todo el día, y a pesar de que no voy a dormir pronto al día siguiente tendré que madrugar. Los fines de semana hay mil cosas que hacer, inclusive del trabajo ordinario, pero creo que ya poco estoy con mi familia para robarles aún más tiempo (y a pesar de eso lo hago).


Quede claro, por tanto, que mi disponibilidad de tiempo es muy limitada, y que nadie se ofenda si no contesto a todas las preguntas o abordo todos los temas. Como norma general leo todos los comentarios (gracias a Dios leo rápido) pero no siempre tengo tiempo para contestar con la extensión que se merecen, y si no contesto algo inmediatamente entonces se me pasará hacerlo, dado el ritmo de los acontecimientos.


Situación del blog: Esto ya fue explicado, así que por favor tómense su tiempo y lean la explicación. La misión del blog va variando lentamente con el tiempo, pero de momento es más o menos la misma: compilar la información en un sitio accesible para todo el mundo para que sirva de base para las charlas de concienciación que hacemos desde el Oil Crash Observatory (OCO, nuestra asociación) y para las discusiones en los medios de comunicación en los que ocasionalmente aparecemos. En ese sentido, lo que para mí sería más deseable es que los comentarios aportasen datos adicionales a lo que se ha discutido en el post, y si se fijan yo voy introduciendo comentarios en posts antiguos en los que se reseñan artículos diversos con temas relacionados.


Los lectores del blog, lógicamente, opinan sobre cada artículo y piden aclaraciones, lo cual me parece bien. Algunos hacen preguntas sobre temas diversos, otros solicitan posts, todo lo cual me parece bien. Otros, por su vehemencia o estilo comienzan largas conversaciones y entran en disputas bizantinas con otros comentaristas; esto no me parece mal mientras no medien insultos o descalificaciones. El problema es que en algunas ocasiones (últimamente Fulcanelli, pero en el pasado hubo otros casos) un comentarista insiste e insiste sobre un tema, inundando el blog. Esto dificulta la lectura de comentarios sobre el post del día a los lectores, y muchos comentaristas se quejan de ello (y me imagino que a los lectores silentes tampoco les hace gracia). Dada mi crónica falta de tiempo y el interés en que éste sea un foro libre yo intento actuar mínimamente, pero parece que eso ya no es suficiente.


Una cosa de la que los lectores y comentaristas deberían de ser conscientes, si no lo son ya, es que este blog versa sobre materia muy sensible, y que prácticamente con toda seguridad está siendo "chequeado" (la expresión se la oí a un policía) por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, del español y de otros. Eso quiere decir que probablemente se está registrando la IP y la localización desde donde Vd. lee los artículos del blog. Si no me cree, entre en la página web del Acorazado Aurora y lea el cartel que George W. Bush sostiene en la columna de la izquierda. Sus datos están siendo registrados y con respeto, suponemos, a la legalidad vigente usted se está retratando cada vez que entra aquí. Tranquilo, no está haciendo nada malo, no está cometiendo ningún delito por querer informarse sobre la crisis energética. Eso sí, vaya con cuidado de no decir barbaridades porque lo del anonimato en Internet es una chufa (hay gente que me ha calificado de ingenuo por revelar desde buen principio mi identidad; siempre me pregunto quién es más ingenuo).



Uso de los comentarios: Algunas personas están usando la sección de comentarios de esta bitácora como un foro, de hecho a veces llamándolo así, foro. Esto no es un foro ni una página web al uso, sino que se parece más a un diario personal. Si buscan foros sobre la crisis energética lo que deben hacer es acudir al lugar apropiado: la página web de Crisis Energética. Allí encontrarán más de 4.000 usuarios registrados y diversas líneas de foro, que además son moderadas por varias personas (al contrario que aquí, ya que ésta es una página personal mantenida por una única y atareada persona). Eso sí, si van allá no entren como un elefante en una cacharrería: hay normas, consulten el mensaje para nuevos usuarios. Por cierto que tendrán que registrarse.



Otros lo están usando para desarrollar largos temas de su interés personal. En tanto que sirva para los fines de este blog no me parece mal, pero si son muy largos el soporte idóneo sería más bien en forma de un post. Como yo estoy bastante ocupado y no soy, ni mucho menos, experto en todos los temas soy receptivo a publicar posts de otras personas, siempre que me parezcan suficientemente interesantes. Algunos comentaristas me reprochan que no ponga un filtro de "calidad mínima exigible". Yo tal cosa la veo elitista e inadecuada; no publicaré cualquier engendro, ciertamente, pero si un post propuesto expresa con claridad un tema interesante, aún cuando no sea de una gran profundidad técnica, lo publicaré. De algún modo ciertamente esta página es su página, la de los lectores interesados, y creo que uno de los males que hasta ahora ha tenido la difusión del Peak Oil es pecar de un poco elitista, de un poco restringida. Me interesan, y me interesa divulgar, las opiniones de todos. Particularmente son bienvenidos los artículos sobre Transition Towns, permacultura, resiliencia y temas afines, porque son de los que más falta le hacen a este blog.


Finalmente, está habiendo un problema de cortesía con la frecuente aparición de insultos, descalificaciones y juicios de valor sobre otros comentaristas. Esto es completamente inapropiado desde mi punto de vista, pero hasta ahora he dejado hacer entendiendo que todos somos adultos, interviniendo sólo en momentos clave. Pero se está viendo que eso es insuficiente, quizá porque el blog está creciendo mucho: en la actualidad, la media de visitas sobrepasa largamente los 800 en días de diario (y cada semana pasa de 1.000 algún día) y de las 500 en fin de semana. 


Es una crisis de crecimiento, pero el crecimiento, como repetidas veces comentamos aquí, necesita ser ordenado, domeñado. Así pues de manera tentativa establezco las siguientes normas para los comentarios en este blog.




Etiqueta de este blog

Comenzando con el día de hoy las siguientes normas de cortesía para comentar en este blog son de obligado cumplimiento.


  1. No se admite hacer comentarios insultantes y/o vejatorios hacia personas o colectivos (aunque sean banqueros). Se puede reprochar su actitud, argumentando los reproches, pero no procede insultarles de ninguna manera, tan sólo describir los hechos objetivos y que los lectores saquen sus propias conclusiones. Se perseguirá particularmente los insultos y/o descalificaciones, aunque sean sutiles e irónicas, hacia otros comentaristas. El criterio para juzgar la gravedad de los comentarios inapropiados es completamente subjetivo y recae en manos del que esto escribe.
  2. Se pueden hacer comentarios disgresivos del tema del post pero siempre de manera moderada tanto en número de comentarios como en la extensión de los mismos, a no ser que haya una autorización previa del que esto escribe. En la medida de lo posible se ruega a los comentaristas que introduzcan sus comentarios en el post más pertinente, aunque esto último es sólo un ruego o recomendación.
  3. Si un comentarista cree que un determinado tema no tratado podría ser analizado por él en detalle puede proponerme el tema y yo juzgaré si merece la pena, y en su caso le publicaré el post (Nota: Posts son los artículos del blog; lo que Vds. hacen son comentarios a los posts).
  4. Las alusiones personales, ofensivas o no, deberán limitarse. Cuando se vuelvan recurrentes los comentarios podrán discrecionalmente ser censurados.
  5. Un comentario extenso que infrinja las normas arriba mencionadas en una parte del mismo pero que aporte además otras ideas interesantes o pertinentes al debate será borrado en su totalidad. En ese caso se anima al comentarista a hacer la edición que crea más conveniente.
  6. Eventualmente se pueden añadir más artículos a este código de etiqueta, de los cuales serán Vds. avisados en los posts y comentarios, y se consignarán, por completitud, aquí.




La inobservancia de estas normas llevará a que algunos comentarios puedan ser borrados sin previo aviso por el propietario de este blog. Si el comportamiento que originó esta censura persiste se marcarán los comentarios como spam para que el gestor de spam los censure automáticamente (aunque esto no es muy eficaz si el comentarista díscolo va mudando de nick y de IP). Si la situación se hace incontrolable, se cerrarán los comentarios del blog, siendo posible comentar sólo tras registrarse.




Salu2,
AMT

Apostilla del 23 de Diciembre de 2012:

He pasado varios días bastante alejado del blog.

El viernes me comunicaron que, aprovechando un resquicio legal, no podremos prorrogar el contrato a cuatro miembros de mi equipo como estaba previsto y a pesar de tener el dinero; el 1 de Enero se van a la calle. Evidentemente todo se ha hecho con cierta premeditación y mala fe (iniciamos el procedimiento de prórroga, hasta ahora bastante automático, hará cosa de un mes). En mi centro echan por lo menos a tres personas más aprovechando otros problemas.


Desde el viernes mi atención ha estado centrada en este problema concreto, sin poder mirar el blog, y también he dedicado un poco más de tiempo a mi familia y a descansar un poco (tengo una otitis que me está haciendo polvo).

Lo que ha pasado con los comentarios del último post demuestra que no vamos por buen camino. Éste no es un foro para disputas personales o absurdas acusaciones lanzadas por dementes, sino para discusiones pertinentes a la gravedad del tema del que se trata aquí.

La plataforma que uso, Blogger, sólo sirve para hacer blogs, y no para hacer foros, como algunos me piden. Además, yo no puedo multiplicarme más. No doy más de mi. Intento mantener unidas algunas cosas tanto tiempo como sea posible (que sé que no será mucho) para dar a la gente tiempo para prepararse. Los que aquí discuten como lo hacen no sé sinceramente en qué piensan, pero desde luego sé que no ayudan.

Yo creo que las discusiones de los comentarios son valiosas, y por eso los he mantenido abiertos hasta ahora, pero con el volumen de comentarios actual yo no puedo dedicarme a censurar las salidas extemporáneas. Ya no haría otra cosa. No es yo consienta tales desvaríos, es que no tengo suficiente tiempo como para oponerme (y a los que me acusan de connivencia les agradecería que se pusieran en mi lugar, levantándose a las 5:30 y yéndose a dormir pasada la medianoche por ejemplo).

Por tanto, de momento voy a mantener la sección de comentarios abierta; pero tan pronto como observe una nueva escalada verbal como la de los últimos post restringiré los comentarios a usuarios registrados. Y si el problema persiste, cerraré por completo la sección de comentarios.

Salu2,
AMT 


Apostilla del 18 de Enero de 2012:

Debido a la actitud obsesiva de un desequilibrado, me veo obligado a establecer un sistema de moderación previa de los comentarios. Eso hará que su flujo normal sea más lento. Se intentará volver a la situación anterior tan pronto como sea posible. 


viernes, 8 de julio de 2011

Las mujeres y el Peak Oil

Queridos lectores,

Quería escribir el epílogo a la serie inicial "Por qué los X no entienden el Oil Crash", pero la última discusión entre Kuznacti y Fulcanelli ha traído a colación un tema del cual hace tiempo que quería hablar: cuál es el papel de las mujeres en el contexto del Peak Oil. Pregunta deliberadamente ambigua, puesto que este papel es diferente según el sentido que se le quiera dar a la misma: cuál es su papel de las mujeres en las discusiones sobre el Peak Oil y cuál es su papel en la adaptación al Peak Oil. Como veremos, la implicación de las mujeres puede ser muy diferente si preguntamos una u otra cosa. Este post que ahora comienzo a escribir podría también titularse "Por qué las mujeres SÍ que entienden el Peak Oil (pero no ven ningún sentido en hablar de él)", y quedaría por tanto integrado en la serie que aún quiero concluir.

Primero, una advertencia fundamental aunque evidente. Yo no tengo unos conocimientos especialmente adecuados para hacer el análisis sociológico que viene a continuación. Lo que sigue es una impresión personal, completamente subjetiva, forjada con mi experiencia del día a día y mis 41 años en las filas de la Humanidad. Por tanto, lo que viene a continuación debe tomarse como lo que es, una reflexión personal que, espero, le pueda ser de utilidad a alguien, a pesar de sus incorrecciones y falta de generalidad. Por demás, por abuso de lenguaje hablaré de "mujeres" y "hombres" aunque en realidad me refiero a los comportamientos más comúnmente observados, sin que ello sea óbice para que los individuos concretos puedan tener comportamientos específicos bien diferenciados de lo que voy a describir.

En el tiempo que llevo hablando sobre Peak Oil (unos 11 años, la mayoría de los cuales comentándolo sólo entre familiares y amigos) he observado un patrón muy diferente de reacción entre los hombres y entre las mujeres. Los hombres suelen reaccionar siguiendo los patrones que hemos descrito en el post "Por qué los ciudadanos no entienden el Oil Crash", y eventualmente llegan a la aceptación de los hechos y a la militancia en el bando peakoiler. Las mujeres, por el contrario, suelen asentir y callar; quizá planteen alguna duda genérica pero después engloban el problema en un contexto más general y suelen terminar la conversación con "y qué quieres que nosotros hagamos". Al ser yo hombre, aunque ya con algunos años a la espalda, no domino el código de las mujeres, pero sé lo suficiente de él como para entender que empecinarse en intentar discutir con ellas llegado a ese punto sólo lleva a la crispación (mi mujer hubo un tiempo que me vetó sacar el tema en casa, de tan pesadito que me había llegado a poner yo en la época en la que iba descubriendo cada vez más datos, a cual más descorazonador). Un análisis somero de esta reacción la podría tomar por la típica fase de negación de Kübler-Ross, cuando a mi parecer indica una aceptación rápida y consecuente frustración por la inseguridad instalada que da un mundo con Peak Oil. Aquí viene la primera parte de la cuestión que planteaba arriba: por qué las mujeres no participan en las discusiones sobre el análisis del Peak Oil. Y la explicación es fácil: porque no les hace falta, porque ya entienden plenamente el problema. A una mente masculina la anterior afirmación le puede resultar muy chocante. A un hombre le puede llevar semanas, meses, años... entender el problema del Peak Oil, cerciorarse de todos y cada uno de los detalles. Por tanto, no puede ser que una mujer con una descripción somera del problema tenga bastante para convencerse. Desde el punto de vista de un hombre tal convencimiento, aunque sea factualmente correcto, es lógicamente inconsistente, pues no se basa en una deducción lógica dado que la fémina no ha estudiado los datos (por cierto que éste problema es general, no específico del Peak Oil, y es lo que motiva que algunos hombres desdeñen a las mujeres por su percibida inferior capacidad de raciocinio). Pero es que eso tiene mucho que ver con la diferencia en la estructura del razonamiento entre hombres y mujeres.


Se suele decir que la mente masculina es analítica en tanto que la femenina es sintética. Analizar un problema significa, literalmente, descomponerlo en sus partes más pequeñas, las cuales son más simples y pueden ser más fácilmente comprendidas. Por contraste, un enfoque sintético de un problema (nuestro masculino lenguaje no deja la posibilidad de decir lo mismo con la expresión "sintetizar un problema", que significa algo diferente) consiste en ver el problema como un todo, con todas sus interacciones, y a partir de la comprensión del global ir explicando sus aspectos locales. El enfoque masculino sería, por tanto, de abajo a arriba, en tanto que el femenino sería de arriba a abajo. Las razones de estas diferencias innatas en la manera de pensar pueden ser debidas a la diferente especialización en tareas de los humanos primitivos, al decir de algunos antropólogos; yo no lo sé, pero sí sé que esta explicación describe con cierta aproximación lo que yo observo cada día. Cada uno de estos dos enfoques tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El enfoque analítico tiene la ventaja del rigor: cuando se comprueba algo, las conclusiones son limpias, lógicas, inexorables; y tiene la desventaja de la lentitud y la incapacidad de dar una respuesta hasta que el problema está plenamente analizado, con el agravante de que si el problema es imposible de analizar en algún aspecto no se producirá ninguna respuesta. El enfoque sintético tiene la ventaja de la rapidez: aún cuando la respuesta es aproximada se tiene una buena idea de qué está pasando y cómo reaccionar delante de ello en poco tiempo; y tiene la desventaja de que puedan confundirse causas con efectos, o incluir causas espurias (como por ejemplo con el pensamiento mágico). De alguna manera, el pensamiento analítico es la reflexión en tanto que el sintético es el pragmatismo; para los amantes de la Física el pensamiento analítico sería la Mecánica Estadística mientras que el sintético sería la Termodinámica. Todos nosotros, hombres y mujeres, usamos los dos tipos de pensamiento en nuestro día a día: simplificando mucho, somos analíticos en el trabajo y sintéticos en el manejo de las situaciones cotidianas (por ejemplo, necesito separar cada entrada en un libro de contabilidad de manera precisa pero no necesito integrar la ecuación de movimiento de un coche para evitar ser atropellado al cruzar la calle). Pero hay un cierto sesgo de sexo en la preferencia de uso de ese tipo de pensamiento, el analítico por los hombres y el sintético por las mujeres. Antes de continuar, quisiera hacer un apunte -reflexión aún más personal- referente al pensamiento sintético en Ciencia: habiendo sido históricamente la Ciencia una actividad eminentemente masculina se le confiere a la misma un carácter fundamentalmente analítico, el cual es ciertamente imprescindible para alcanzar el rigor que se precisa, por ejemplo, cuando se derivan consecuencias de las grandes leyes de la Física. Sin embargo, es pensamiento sintético es también fundamental, porque así como el pensamiento analítico es fundamentalmente deductivo (partiendo de unos postulados se deduce todo lo que va a pasar) el pensamiento sintético es fundamentalmente inductivo (a partir de los casos particulares uno se imagina cuál debe ser la regla general que los explica). Acaso la razón por la cual la Ciencia ya no progresa a la misma velocidad que antes sea por exceso de análisis y falta de síntesis. Y que las mujeres no abunden en determinados campos científicos no ayuda demasiado a superar este problema.


Así pues, mientras a los hombres les puede llevar muchos meses entender y aceptar el Peak Oil, a las mujeres, que tienen una visión sintética del mundo, que ven lo que pasa cada día en la calle y se fijan en los detalles, hablan con otras personas y escuchan sus testimonios, saben lo que les cuesta la cesta de la compra y se fijan en cuánto les cobran por el café o cuántas tiendas han cerrado en el barrio y si viajan ven qué habas se cuecen en otras partes, saben, antes de que nadie les diga nada, que está pasando algo mucho más profundo de lo que el establishment social (mayoritariamente masculino) les cuenta. Y en ese contexto, cuando alguien les da una explicación coherente, con cuatro datos bien argumentados que se les dé son capaces de conectar todos los puntos que ya tenían y ver el cuadro global. Profundizar en los datos, en los análisis, es para ellas una pérdida de tiempo, porque comprenden que no es demasiado importante si la producción de petróleo empezó a declinar en Julio de 2008 o si todavía puede aumentar un poco, infinitesimalmente; saben que de manera práctica el resultado es el mismo y tienen razón. Así que ese empeño masculino en analizar y analizar y visitar mil veces los datos -de lo que también peca este blog- lo ven como una recreación morbosa e inútil en nuestra desgracia. Por eso no esperen ver masas de mujeres leyendo un blog como éste: una mujer típica vendrá, leerá los cuatro o cinco posts principales y tendrá bastante. Como mucho, se me dirigirá para pedirme soluciones (espíritu pragmático) y como yo tampoco se las daré perderán el interés por el blog. Sólo algunas mujeres que comprenden cómo los hombres nos atascamos con los detalles estúpidos e insignificantes vendrá aquí quizá a buscar información concreta para desatorar a un amigo apreciado pero empecinado o bien para ofrecernos su visión sintética e instarnos a dejar de hacer el canelo persiguiendo nuestra propia cola. Pero como su mensaje no será analítico será mayormente ignorado por la masculina masa de seguidores de este blog.


¿Es criticable esta actitud por parte las mujeres? Yo creo que en realidad, delante de un problema complejo que requiere una visión holística como es el Peak Oil, su punto de vista es el más acertado, y el nuestro, el de los hombres que como Sísifo levantamos una vez más la roca de nuestros pesados argumentos pendiente arriba, es esencialmente erróneo. Sobre todo si, como parece, el tiempo de la reflexión ya está pasado y hace falta pasar a la acción (el lema de nuestra asociación, el Oil Crash Observatory, es "La urgente necesidad de cobrar consciencia"). Pero aquí seguimos, discutiendo si es urgente o si no lo es, si son galgos o son podencos.


¿Qué quieren las mujeres? Que pasemos a la acción. Las mujeres más concienciadas que conozco están  buscando incrementar su resiliencia, comenzando huertos y buscando información práctica sobre oficios, cómo conseguir agua, medicina natural, etc. En suma, están dando una respuesta cabal a la segunda interpretación de la pregunta que hacía yo arriba. ¿Y qué estamos haciendo nosotros? Nos creemos que van por detrás y en realidad nos llevan la delantera.

Para acabar, quería dejar una reseña a un excelente blog sobre Peak Oil, Cambio Climático y resiliencia escrito por una admirable mujer, Sharon Astyk. Su blog se llama "Casaubon's book" y hay un post en él especialmente pertinente para esta discusión: "El Peak Oil es todavía un problema de las mujeres y otras reflexiones sobre el sexo, el género y la Larga Emergencia" (quien no sepa qué es la Larga Emergencia puede consultar este enlace).

Salu2,
AMT


P. Data: Este post está dedicado a mi mujer y a mis amigas y compañeras, las cuales se sentirán probablemente identificadas.

martes, 5 de julio de 2011

Peak Oil y status social: cuando nuestras raíces juegan en nuestra contra


Queridos lectores,

Esta semana he decidido dejarle a un amable lector este espacio para que exponga una interesante reflexión sobre el papel del estatus social, que complementa mis visiones anteriores sobre por qué los ciudadanos no entienden el Oil Crash. Yo volveré próximamente con un epílogo a la serie "Por qué los X no entienden el Oil Crash".
Salu2,
AMT

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El status social es la expresión de una de las dos argamasas de las sociedades de simios antropoides, que es la competición. Junto a la colaboración, han permitido a cada una de las especies alcanzar el éxito y adaptarse a una variedad muy amplia de circunstancias. Si la colaboración suma fuerzas y permite al individuo conseguir como parte de un grupo lo que no conseguiría por su cuenta, la competición nace de la presión selectiva previa y encuentra en las especies cooperativas un nuevo acomodo, dando valor y parte del sentido a cada uno de los vínculos que componen la red social de un colectivo.

No debemos quedarnos en las definiciones más cómodas y hasta más populares, desde el espalda plateada hasta el macho alfa, porque como tales metas últimas en todo grupo concentran la atención y, por ello, nos distraen del hecho aún más importante que entre el jefe del tipo que sea y el individuo en el escalón más bajo hay una serie de escalones en relación dinámica, fluida, cuya competitividad tiene encima que ser compatible con la cooperación directa. Para entender la competición dentro de un grupo cooperativo es mucho más importante prestar atención a los escalones intermedios que al macho o hembra alfa.

Nuestra pulsión competitiva viene de lejos. De hecho, algunos de los restos más antiguos de cultura material que han llegado hasta nosotros son adornos precisamente inútiles como herramientas... y muy eficaces como medios de expresión del status, de la posición del individuo en el grupo en un momento dado. Desde entonces, los esfuerzos que hemos dedicado a proveernos de objetos que sostenían nuestro status no ha dejado de aumentar. Si hemos hablado de su faceta instintiva, la faceta cultural no es menos importante para el status: la competitividad y sus expresiones son un motor básico de la cultura, en tanto que la identidad del grupo encuentra acomodo en dichas expresiones y tanto el grupo como el individuo dedican unos recursos muy importantes para la consecución y el mantenimiento de estos elementos. Desde la tremenda industria de la púrpura fenicia primero y romana después, pasando por la marta cibellina y otras pieles preciosas y el impulso que dieron a la exploración mundial, para llegar a nuestro siglo definitivo de las marcas en coches, ropa y todo lo que se nos ocurra. Todos los artículos de lujo siguen la misma pauta: su posesión y exhibición comunica de un vistazo el status social real y/o pretendido por quien exhibe la joya, la piel, la ropa de marca, el coche de lujo, la vivienda en “zona buena” y de elevadas prestaciones, y un etcétera tan largo como os dé la imaginación.

Uno de los motores más importantes de nuestra sociedad de consumo es, precisamente, la competitividad por status. Si en épocas pasadas nuestra escasísima capacidad productiva no daba mucho margen para expresar el status, cada una de las múltiples facetas de consumo actual, desde la electrónica, pasando por el sitio donde hemos veraneado, para llegar a las consabidas marcas de ropa, vehículo, etc., son vehículos extremadamente eficientes desde los que expresar nuestra posición respecto a los que nos rodean, tanto si somos conscientes de ello como si no. En cada una de las esferas de nuestra vida cotidiana tenemos un número elevadísimo de opciones y oportunidades en las que expresar el status, y cabe tanto el deseo de expresar un ascenso como de mantener por medio del complemento el status con el que nos identificamos.

El problema del status es su asimetría. Salvo excepciones trascendentes, vamos a albergar el deseo más o menos intenso de subir en status, y será del todo frecuente que invirtamos tiempo y recursos, como poco, en mantenerlo. Precisamente quien no lo hace es alguien “fuera de este mundo”, alguien que se aparta de la norma después de identificarla, y que con ello se sitúa en los extremos positivo y negativo. Desde un San Francisco que deja su vida de riquezas en pos de un ideal ascético (no siendo el primero en hacerlo, claro), hasta aquellas comunidades que rompen con la organización social basada en el status y que, por ello, son denigradas y calificadas muy negativamente por la mayoría, desde las comunas hippies de antaño y hoy, pasando por los CSOA, las poco visibles comunidades cristianas de base que sobreviven, etc.

La asimetría del status nos lleva a esforzarnos por conservarlo. En términos materiales, por conservar lo adquirido. Tan fuerte es el deseo que la imposibilidad de cumplirlo, como puede ser el caso de una evolución hacia una situación de exclusión social y sinhogarismo, somete a la persona a un stress tan terrible que, las más de las veces, sólo agrava su situación. Se trata tanto de perder las posesiones como la conexión con lo que significan y la posición en la organización social, para pasar a ser un paria invisible.

Sin llegar a este extremo, un descenso temporal en los ingresos somete a las personas, las parejas y las familias a una tensión muy grave. No sólo por el miedo objetivo, de cálculo inevitable, a la pérdida financiera, sino por lo que implica para la posición social de la persona.

El problema que ha traído nuestra sociedad capitalista y basada en la “energía ilimitada” de los combustibles fósiles es, como acabamos de indicar, que nos ha ofrecido ese inmenso abanico de posibilidades de competición por status de la mañana a la noche, para cualquier cosa que hagamos. Si a esto le sumamos la también citada asimetría del status, tenemos que las sociedades desarrolladas no pueden sino generar inmensas e inéditas cantidades de stress a sus miembros, debido a la disparatada presión por la competitividad. Hombres y mujeres tenemos que trabajar a una velocidad y con unas exigencias inéditas en muchos casos para, simplemente, mantener el nivel de consumo al que hemos llegado en algún momento de nuestras vidas.

El autor de este blog ha dado cuenta de una ingente cantidad de fuentes y resultados de información que nos muestran que estamos a las puertas de un cambio en nuestro modelo económico global por el fin (¿Pasado reciente? ¿Presente? ¿Futuro cercano?) del petróleo barato. De hecho, hemos podido leer en este blog una estupenda referencia a la creciente (pero invisible) aceptación del Peak Oil en instancias políticas en la entrada Público, no publicitado. Conforme los datos básicos se van haciendo más conocidos, teóricamente el concepto debería estar cerca de ser mayoritariamente asumido y, teóricamente también, debería tener una serie de consecuencias que se centrarían en una idea básica de decrecimiento voluntario de cara a aminorar en lo posible el impacto del Oil Crash.

Muchos ya habréis imaginado cuál es el problema más insidioso al que la humanidad, y concretamente las poblaciones de los países desarrollados, se enfrentan en relación al Peak Oil: la asimetría del status. Las consecuencias del decrecimiento son, ante todo, múltiples frentes que se abren por los que los individuos tienen que ceder símbolos y expresiones del status, y no les puede hacer mucha gracia.

Termino con un ejemplo: el coche. El coche es uno de los símbolos de status más poderosos de nuestros días, desde el coche oficial de überluxe hasta el Lada de 8ª mano y propulsión a pedales, pasando por mi citröen Xsaara, vuestro BMW o su Toyota. No tener coche en una ciudad implica, para muchos, estar más cerca de una situación de exclusión social de lo que les gustaría o, menos frecuente, un ejercicio de trabajo interior que les permite superar esa competitividad por status. Por más que sepamos que los plásticos, las cosechadoras o los camiones son MÁS importantes que los coches, en el imaginario público el petróleo se conecta antes con el coche que con nada. Si sois peakoilers, es muy probable que hayáis vivido variaciones en torno a la defensa ultranza e irracional del coche cuando alguien se pone muy agresivo en contra de la idea del Peak Oil.

El peak Oil les está amenazando a nuestros conciudadanos con arrebatarles uno de sus símbolos de status más preciados. No se trata sólo de complicar a muchos el desplazamiento cotidiano, que ya es un problema y gordo para los que no disponen de alternativa eficaz de transporte público. Se trata de lo innombrable, de lo impronunciable: de que a no muchos años vista no vamos a poder mantener el parque actual de vehículos privados.

Como quiera que el Peak Oil es una amenaza que, además, de momento no está respaldada por una realidad completamente incontestable y claramente física, son muchos los que se defienden de esta amenaza a su status: desde el mito de las “patentes escondidas”, hasta la inagotable fe en alguna variante - el coche de hidrógeno que muere y renace una y otra vez, el coche eléctrico, la introducción masiva de biocombustibles e incluso aceptar magufos sorprendentes como el motor de agua - pasando por la interesante variación del argumentum ad autoritas “seguro que ya está previsto”, por más que a renglón seguido se hable sin pudor de la incompetencia de nuestros gobernantes.

Adaptarnos al Peak Oil supone pedirnos a nosotros y a nuestros vecinos un severísimo ejercicio de superación personal, de dejar atrás múltiples fuentes de competitividad por status. Claro está, es algo al alcance de muy pocos, incluso de no muchos aunque el Oil Crash estalle del todo y llene la atmósfera de vapores mefíticos.

Juan Luis Chulilla Cano

viernes, 1 de julio de 2011

Por qué los científicos no entienden el Oil Crash


Queridos lectores,

Después de haber analizado durante semanas los problemas de disonancia cognitiva de economistas, ciudadanos y políticos hoy le toca, porque no podría ser menos, a otro colectivo, muy pequeño (en España es aproximadamente uno de cada 5.000 habitantes) pero que en ciertos momentos es muy influyente: los científicos. Y es que, efectivamente, una buena parte de los científicos no entienden o, más comúnmente, no quieren entender qué es el Peak Oil y el Oil Crash. Como en momentos de incertidumbre en aspectos técnicos (como es la escasez de energía) los ojos de esta sociedad tecnificada se vuelven hacia los científicos, es importante entender qué factores nublan la comprensión y entorpecen el conocimiento de una parte nada desdeñable (y seguramente mayoritaria) de este colectivo. Como en los casos anteriores, desglosaré algunos de esos factores tal y como yo los percibo, posiblemente más sesgado mi análisis que en los otros casos por pertenecer yo mismo a este colectivo (Nota al margen: a aquellos que he visto que en internet se refieren a mi como "Profesor" debo aclararles que no detento tal dignidad académica, puesto que trabajo en una institución no docente; mi puesto se denomina "Científico Titular de OPI", aunque ése es mi trabajo, no mi condición).


- Mentalidad orientada a la resolución de problemas: El entrenamiento que recibe un científico es justamente para hacerle una "máquina de resolver problemas". Eso no quiere decir, por supuesto, que un científico resuelva todos los problemas que se le plantean, pero sí que dada una situación que suponga un desafío el científico se podrá en primera instancia analizarlo para después plantearlo de forma coherente, y finalmente proponer soluciones. La segunda parte del proceso (plantear el problema) puede parecer tautológica pero es, en realidad tremendamente complicada, porque el científico ha de decidir, dentro de las infinitas variables que podemos percibir en la realidad, cuáles son las relevantes (lo cual nos lleva al problema del reduccionismo científico, del que hablaremos después). Tras una vida dedicada a resolver problemas, en ocasiones abandonando algunos más arduos a los cuales se consigue vencer años más tarde usando mejores técnicas, el científico acaba teniendo la impresión de que todo problema se puede resolver, que sólo es cuestión de más investigación y más tiempo para que se superen, una tras otra, todas las barreras que se ponen delante de nuestra capacidad técnica. Si con suficiente tiempo podremos o no podremos resolver todos los problemas es, en realidad, indecidible en este momento: no podemos demostrar que hay problemas que jamás resolveremos precisamente porque no lo sabemos todo. Dejando de lado esta cuestión epistemológica lo que sí que está claro es que estamos abordando un problema urgente, mientras que la ciencia requiere su tiempo y sigue un camino tortuoso e impredecible (cosa que los gestores no entienden). Y aquí se produce el primer bloqueo típico de los científicos: intentan resolver el problema energético sin entender que éste es también, y sobre todo, un problema del modelo de sociedad, y que en realidad el problema no se puede resolver dentro de este paradigma económico, a mayor agravamiento partiendo de la situación actual (modelo económico y deuda ya acumulada). En casos extremos, el científico entra en un bucle en el que propone una y otra vez la misma o diversas soluciones técnicas y se desespera al observar que no son implementadas, atribuyéndolo a la incompetencia de los gestores (que algo de eso también hay) pero sin entender que su solución típicamente necesita de un cambio del modelo económico para funcionar, y eso, a día de hoy, es inaceptable. Hay una situación aún peor, si es que ello es posible, y es cuando se descubre una tecnología que es plenamente rentable con el modelo actual (cosa ya rara en estos días, pero a veces pasa); la nueva tecnología se integra y añade a las anteriores, en vez de substituirlas y ser usada para conseguir un modelo sostenible (es lo que siempre ha pasado: no porque hagamos reaccionar uranio hemos dejado de quemar carbón; el sistema económico siempre quiere más y no elimina si no se ve obligado a ello, siempre añade). Al final el pobre científico ve que su invento, en vez de contribuir a resolver el problema ha servido para agravarlo, para elevar a la sociedad a un grado mayor de dependencia energética desde donde despeñarse será más doloroso.


- Reduccionismo: Un viejo amigo mío tenía una forma muy irónica para definir este problema: "El modelo matemático que usamos es muy bueno, pero la realidad es muy obstinada". Puede parecer una caricatura, pero hace pocas semanas escuché en una reunión de trabajo a todo un profesor de universidad decir, literalmente: "La realidad no se está adaptando a nuestros modelos", sin percibir probablemente el contrasentido de su frase, ya que somos nosotros los que debemos hacer modelos que se adapten a la realidad, en vez de intentar violentarla. Como he dicho antes, en el momento de comprender el objeto de nuestro estudio, tras el análisis, hemos de plantear el problema concreto que queremos resolver, para lo cual escogemos las variables que consideramos oportunas, y después nos pasaremos meses, años quizá, trabajando en ese marco. Eso conlleva que el científico pueda llegar a creer que el cuadro simplificado que con esas pocas señales capta de la realidad es la realidad. Este error conceptual es más propio de investigadores jóvenes, aunque a veces se manifiesta de manera más sutil en los más experimentados. El reduccionismo científico lleva a que cuando se trae a colación una variable que es fundamental en el problema energético de la sociedad (por ejemplo, el paro y la inestabilidad social) pero no está contemplada en el modelo que el científico está desarrollando éste simplemente la descarta por irrelevante dado que, efectivamente, es irrelevante para el modelo pero no para la realidad, porque modelo y realidad no son una y la misma cosa. Las discusiones con científicos atrapados en la falacia lógica del reduccionismo suelen ser muy técnicas y farragosas, y muchas veces improductivas ya que el interesado no suele comprender que el problema del Oil Crash es global y necesita un tratamiento holístico. Como digo este error es más propio de investigadores muy jóvenes puesto que los más veteranos suelen haberse encontrado con situaciones en las que una visión reduccionista era ineficaz y ya han aprendido la lección.

- Sobreespecialización: La complejidad de la ciencia moderna hace que para poder ser competitivo en un campo uno haya de especializarse al extremo en él, con lo que en realidad el abanico de saberes que un científico común comprende es relativamente más limitado. A pesar de que el problema del Oil Crash es próximo y puede ser abordado desde la Geología, la Química, la Física, la Matemática, la Biología (particularmente desde la Ecología), la Informática (particularmente desde la Dinámica de Sistemas), la Sociología, la Antropología e incluso (y debiera ser principalmente) la Economía, y más aún, que en todas esas disciplinas hay procesos perfectamente análogos que sirven para entender bien el problema, sin embargo la sobreespecialización hace que algunos científicos de base, e incluso alguno de los punteros no tengan la suficiente visión general como para darse cuenta de que se está hablando en realidad de un problema común y conocido de viejo. Con lo que el grado de formación e información de estos científicos no es particularmente mejor que el de un ciudadano de a pie y por tanto su opinión no es más cualificada que la de cualquiera. Lo peor que puede pasar es que el interesado encima aluda a su condición de científico como argumento de autoridad para desdeñar los argumentos que se le presenten.


- Disociación de la realidad: Cuando se analiza un problema desde una perspectiva meramente teórica puede llegar a producirse una separación entre el objeto que se estudia y sus implicaciones reales, a veces de manera inverosímil, como ejemplifica la siguiente foto:




Esta imagen la saqué recientemente (con mi insostenible móvil) en el curso de una reunión de coordinadores de un cierto tipo de proyectos europeos (por circunstancias de la vida yo he dado en ser coordinador de uno de esos proyectos), todos ellos englobados dentro del área de Medio Ambiente. Ahí estábamos nosotros, en un luminoso y caluroso día de casi verano en Estambul, encerrados en una sala con las cortinas echadas y las luminarias que se ven en la foto, y el aire acondicionado a tope. Salta a la vista que todo el planteamiento es un derroche de recursos, aparte de favorecer la emisión de más CO2 a la atmósfera. Hubiera sido más sensato, si no quedaba más remedio que reunirse (la reunión, por cierto, era obligatoria, puesto que era una rendición de cuentas delante de la Oficina correspondiente de la Comisión Europea) que nos hubiéramos dado cita en un país del norte de Europa, con una temperatura más temperada en esta época del año, y que la sala tuviera las cortinas descorridas y las luces apagadas, etc, etc. Estoy seguro de que la mayoría de los que estábamos allí éramos conscientes de lo incoherente que resulta trabajar sobre los problemas del Medio Ambiente y al tiempo no hacer nada personalmente para paliarlos. En cierto modo, este problema es también habitual entre los científicos que están preocupados por el Peak Oil, como a menudo nos hacen notar algunos compañeros: mucho hablar y poco actuar en consecuencia. Pero, en aras de ampliar nuestro conocimiento sobre el problema, por tal de fijar un poco mejor la fecha de la declinación de la producción del petróleo o estudiar su impacto en tal comunidad, etc, en realidad participamos de esta fiesta y seguimos con nuestra misma actitud favoreciendo el problema que teóricamente queremos combatir.


Un caso particular de la disociación es la no implicación. Descubierto el problema y cayendo dentro del propio ámbito de investigación (o no), algunos científicos se sienten algo aparte de la sociedad, sin aceptar que precisamente ellos pueden decir en voz alta las cosas de manera más clara y ayudar a la concienciación. En esta percepción, se asume que los científicos sólo deben comunicar sus resultados a los gestores y éstos decidirán el mejor uso de los mismos. Sin embargo, los que somos funcionarios públicos, a mi entender, estamos al servicio de la Sociedad y yo creo, y así intento practicarlo, que tenemos el deber de llegar a la misma directamente si es preciso. Pero esta opinión, la mía, es minoritaria.




- La Ciencia como lujo societario: Cualquiera que trabaje o haya trabajado en investigación básica sabe perfectamente que nuestro trabajo es posible porque la sociedad tiene ciertos excedentes para invertir en una promesa de rendimientos futuros muy elevados pero que tardarán décadas en materializarse, y eso en el mejor de los casos y dejando de lado tantas y tantas vías muertas que fue necesario explorar para encontrar la correcta (en muchos idiomas indoeuropeos "investigación" tiene una connotación etimológica de "búsqueda" muy acertada, pues la verdad se busca afanosamente, sin saber dónde está, explorando todos los lugares razonables, y en ocasiones los irrazonables, donde podría hallarse). Pero mantener una plantilla de 10 científicos que durante 20 años explorarán un campo para que al final de ese período uno sólo de ellos haga un descubrimiento que implique un salto técnico cualitativo es, en términos de contabilidad económica que tanto gustan a nuestros gestores hoy en día, hacer una gran inversión inicial con un plazo de recuperación de la inversión inaceptablemente largo y un retorno de la inversión excesivamente pequeño si se compara con, por ejemplo, cultivar tomates o fabricar planchas de acero. Poco importa si los descubrimientos científicos actúan como habilitadores, es decir, como palancas que permiten hacer cosas antes imposibles y que acaban por enriquecer enormemente a la sociedad, incluso en lo material. Los gestores que nos evalúan continuamente nos van pidiendo, cada vez más, rendimientos tangibles y cada vez más cuantificables en términos monetarios (cuando yo empecé en esto era publicar más artículos; después, se añadió conseguir más proyectos; después, que el monto total del dinero de los proyectos conseguidos fuera el máximo posible; ahora, empiezan a apretarnos las tuercas con que consigamos contratos con las empresas, con que hagamos patentes que se licencien con beneficios y con que fundemos spin-offs...). Tal presión rentabilizadora acaba permeando en los científicos, y aunque nos burlemos de estos criterios sí que interiorizamos un poco que realmente somos algo superfluo, un lujo de la sociedad, unos acomodados; en algunos casos, científicos que ascienden a cargos de gestión han llegado a interiorizar tanto estas consignas que las aplican ferozmente con la fe del nuevo converso para evaluar el trabajo de sus otrora colegas. Los científicos, por tanto, comprendemos y aceptamos que somos unos entes inútiles y caros, y en este contexto comprender lo que significa el Oil Crash significa comprender que nuestros días están contados, que no podremos esperar que la sociedad nos deje seguir encerrados en nuestros laboratorios y despachos especulando con nuestros bellos experimentos y hermosas teorías, que tarde o temprano nos van a echar fuera. Como somos científicos, al oír hablar del Peak Oil analizamos el fenómeno, aceptamos la verosimilitud de la amenaza, encontramos congruentes los datos observados con la explicación propuesta, llegamos a las conclusiones razonables y ... y llegados a ese punto sale nuestra faceta humana. Pasa por delante de nuestros ojos una vida de humillaciones y esfuerzo, ganando mucho menos dinero que nuestros amigos del colegio y pasando largos años saltando de contrato en contrato, a veces yendo al paro, corriendo de un país a otro con una maleta pequeña, y ahora que por fin hemos conseguido que nos dejen en paz en nuestro rinconcito para estudiar lo que nos gusta, ganando para vivir dignamente y sin temer que el mes que viene nos echen a la calle viene el Peak Oil a aguarnos la fiesta. Delante de tal reto no cabe ni siquiera la estrategia de la disonancia cognitiva, y otra alternativa, la negación enfática, es impropia de un científico, así que se produce un salto a un estado anterior, la fase 0 del duelo, la que se sale del modelo de Kübler-Ross: la ignorancia. Uno decide humanamente ignorar con todas sus fuerzas que pueda haber un elefante en el salón, porque aceptarlo es tan caro, es hundir, y tanto, nuestras pobres expectativas, las nuestras, de seres que nunca pedimos mucho para vivir, sólo que nos dejen con nuestra ciencia y nuestro conocimiento... Por tanto, los científicos negacionistas del Oil Crash no son viscerales sino más bien de naturaleza neutrínica - sepan perdonarme la referencia friki de físico teórico- : no reaccionan en frente de ello, pasan a través de ello como fantasmas.


Por supuesto que en el último caso puede pasar, y a menudo pasa, justo todo lo contrario: tras un período de shock (y de las fases de Kübler-Ross) el científico compila una evidencia abrumadora que le hace comprender que, dentro del margen de incertidumbre que cualquier observación humana tiene, está en frente de un riesgo grave y real. Y eso nos lleva a un apunte final, un tanto disgresivo pero relevante en esta discusión, consistente en analizar la perspectiva completamente contraria, inspirada por la interesante discusión de Fulcanelli con otros contertulios en el post anterior: qué pasaría si los científicos tuvieran el poder para decidir cómo abordar la transición necesaria para capear el Oil Crash. Cada científico tenderá siempre a abordar el problema desde la perspectiva de su especialidad, y a partir de ahí proponer soluciones coherentes con sus conocimientos. Si se formase un comité suficientemente amplio, representativo de todos los saberes que fueran relevantes, se podría construir una solución equilibrada, en la que las diferentes vertientes del problema fueran abordadas. El problema más grave que se plantearía es que partimos de la situación actual, en la que los poderes económicos actuales, que se resistirían a desaparecer, intentarían corromper a este comité de sabios y hacer que las cosas sigan más o menos igual que siempre; lo cual ilustraba recientemente de manera genial El Roto en las páginas de El País, en referencia al movimiento español del 15-M:




Y esos pobres sabios, que han pasado su vida entre libros y en sus laboratorios, que han desdeñado una vida más cómoda en pro del saber y la delectación intelectual de comprender un poco mejor nuestro mundo, ¿serán capaces de resistirse a la erótica del poder, al halago de la relevancia societaria, al propio orgullo henchido? Nada hace prever que sean moralmente más capacitados para asumir tal tarea y tales embates, los coletazos del actual sistema moribundo. Estamos pidiéndoles a nuestros científicos que, además de sabios, sean santos, y eso es sin duda demasiado pedir. O eso, o que no tengan sentimientos; quizá la ciencia podría dar una respuesta a eso, y entonces los gestores que buscamos fueran éstos:





Son los sentimientos los que nos hacen humanos y los que nos hacen valorar las cosas, los que hacen que la vida merezca la pena. Es precisamente la pasión lo que empuja a tantos científicos a estudiar con tesón y sin desmayo. Los científicos deben ocupar un lugar preminente en la transición que se adivina, pero no son necesariamente quienes han de estar en la cúspide, si es que en realidad necesitamos tal cúspide. Simplemente han de aportar su saber hacer y su voluntad de conocer, sin esperar nada a cambio, sólo por el placer intelectual de hacerlo. Como han hecho siempre, y como sin duda estarán encantados de hacer.

Salu2,
AMT