jueves, 25 de agosto de 2011

Mensaje en una botella


Querido lector,

Siento de verdad que tengas que leer estas líneas. Has llegado aquí porque estás desesperado, y porque necesitas entender. Entender qué es lo que ha pasado. Entender por qué tu vida se ha ido al garete, y por qué todo el mundo parece estar volviéndose loco. Probablemente aparte de una explicación buscas un consuelo, y quizá también una solución. Yo no podré darte ninguna de esas dos cosas, o quizá sí pero no de la manera que te imaginas. Y sin embargo soy la última cosa que te queda. Soy tu última esperanza. Y soy muy poca cosa en realidad.

Lo primero sería entender qué ha pasado. Por qué tu mundo se ha desmoronado. Sí, ya lo sabemos, la economía va mal, el paro aumenta, hay disturbios en la calle y cada vez más recortes y menos prestaciones por parte de las cada vez más inoperantes y vacías instituciones, pero eso es lo que los economistas llaman el "cuadro macroeconómico". Seamos sinceros, a ti lo que te preocupa es lo tuyo: qué va a ser de ti y de tu familia. El cuadro microeconómico. Y tienes razón; todas esas zarandajas llenas de siglas (PIB, IPC, IBEX35...) y de expresiones extrañas (tipos de interés, deuda soberana, hacer default o suspensión de pagos...) no tienen en realidad la más mínima importancia. Son nombres con los que la gente importante y los telediarios quieren cartografiar el desastre. Pero, en realidad, por más que llenen el telediario de repuntes, aversión al riesgo de los inversores, reducción del déficit, balanza de pagos o de otras cosas esotéricas lo cierto es que están como tú. No tienen ni idea de qué es lo que está pasando. Estamos todos en un barco que se hunde y el capitán está tan aterrado e impotente como nosotros. Así que lo primero y más justo es explicarte por qué está pasando lo que está pasando, con palabras sencillas, sin entrar en grandes explicaciones teóricas ni hacer indigestas ensaladas de datos.


Yo no puedo darte los detalles exactos de la evolución de las cosas porque no los tengo ni creo que se puedan tener, pero sí que te puedo dar las líneas generales de por dónde han ido e irán las cosas y, créeme, hasta ahora se están cumpliendo muy bien. En realidad, el curso general de los acontecimientos es muy simple. Es tan simple que los niños y los viejos lo entienden con dos o tres frases. El problema somos el resto de la población, los que estamos en la edad adulta y con la responsabilidad de hacernos cargo de la sociedad; y como asumo que tú estás ahí tendré que usar algo más que dos o tres frases. Unas cuantas más, de hecho. 

La cosa es evidente, pero estamos educados para que el concepto sea inaceptable, así que como un ordenador que falla nos reiniciamos continuamente en busca de otra explicación, de algo que case con nuestros esquemas mentales. Porque la simple y llana verdad es inaceptable. Y esa simple y llana verdad es que el crecimiento, el crecimiento en general, ya sea de la economía, de la población, del bienestar, etc ya no es posible. No sólo ya no es posible, es que estamos condenados a decrecer durante un tiempo, durante una laaarga temporada. No por elección, no por conciencia y todas esas cosas que dicen los grupos ecologistas, no. Decrecemos porque no queda más remedio. A la fuerza. Por narices.


¿Alguna vez te planteaste por qué crecíamos? ¿Por qué la economía crecía -el PIB aumentaba cada año, decían? ¿Por qué la población crecía? ¿Por qué nuestro nivel de vida mejoraba? Todo esto pasaba porque teníamos muchos recursos; no sólo muchos, sino que cada año teníamos más. Hemos tenido más comida, más agua, más energía, más coches, más electrodomésticos, ... No sólo más, sino cada vez mejores, y han aparecido cosas nuevas y más maravillosas: ordenadores potentísimos que caben en una maleta, teléfonos inteligentes que van en nuestro bolsillo y nos indican en el mapa dónde estamos y a dónde vamos, medicamentos que curan males antes incurables, aviones que nos transportan de una a otra parte del mundo, tomates en invierno y naranjas en verano... Bien es verdad que una parte de la Humanidad, la mayoría de hecho, no ha tenido jamás acceso a tales maravillas, pero para los que hemos vivido aquí ha sido un tiempo glorioso. Un sueño de progreso continuo y rápido que ha durado muchas décadas, hasta el punto que casi ha desaparecido la memoria de un mundo pasado donde las cosas iban más lentamente y la vida era más difícil. Crecíamos, cada vez éramos más poderosos, la gente tenía trabajo, se compraban casas (a veces con piscina y todo), dos coches, varios ordenadores y se iba a la Rivera Maya en verano y a Praga por Semana Santa. Llegó un momento en que pensamos que todo esto era fruto de nuestra inteligencia y nuestro esfuerzo, y pensamos que teníamos garantizada la continuidad de estas cosas, que teníamos derecho a ellas. Pero no prestamos atención a un detalle fundamental. Mientras nuestro progreso material se aceleraba también lo hacía nuestro consumo de materias primas, de todas las materias primas: petróleo, carbón, gas, uranio, hierro, cobre, aluminio, oro, plata, estaño, litio, cobalto, fosfatos... Porque nuestro progreso era material y se basaba en la materia; necesitábamos más materiales para construir cada vez más cosas, cada vez mejores. Estábamos tan seguros de que siempre iríamos a mejor que montamos un sistema económico y financiero basado en el crédito. Crédito viene del latin credere, creer; el que concede crédito cree que el que lo recibe podrá devolverlo; no sólo eso, sino que podrá devolver más de lo que recibe, que podrá abonar un interés. Es decir, que no sólo podrá generar la riqueza suficiente en el futuro, sino que además lo hará a un ritmo creciente, creciente de una manera muy rápida (los matemáticos dirían exponencial), un porcentaje cada año. El problema es que cuando la deuda ya es muy grande hasta un pequeño porcentaje implica incrementar en muchos millones la deuda total. Pero en fin, nuestro sistema económico ha funcionado así durante más de un siglo y de vez en cuando requiere hacer tabla rasa -las crisis-, se reinicia pero después vuelve a funcionar. Pero esta vez no. ¿Qué falló?


Fallaron los recursos. El planeta es finito; grande, pero finito, así que la cantidad de materiales que hay en él es finita. Este problema no es demasiado grave con respecto a los metales si se usan de manera que se puedan reciclar (aunque como nunca se puede reciclar al 100% siempre surgirían problemas en el muy largo plazo), pero es crítico con las materias energéticas porque se queman en su uso, se consumen y nunca más pueden volverse a utilizar: sólo quedan las cenizas. Así que tal manera de hacer las cosas sólo puede durar un tiempo, hasta que se acaben el petróleo, el gas, el carbón y el uranio que proporcionan más del 90% de toda la energía que se consume en el planeta Tierra. Así que a principios del siglo XXI, con reservas de estos combustibles para varias décadas, decían, teníamos que empezar a pensar verde y poco a poco irnos pasando a las energías renovables. Eso decían. Pero era mentira.

Por razones profundas que tienen sus raíces en la Geología y en la Física, resulta que no se puede extraer el petróleo, el carbón, el gas y el uranio a la velocidad que nos dé la gana. Bueno, sí que se puede, pero haciendo las cosas de manera tan brutal y gastando tanta energía que al final el combustible recuperado no nos daría tanta como la que hemos gastado, y entonces no tiene sentido hacer minas de ese tipo. Por tanto, si queremos ganar energía en la extracción, sacar más energía que la que empleamos en nuestras minas y perforadoras, hemos de aceptar que no siempre saldrá lo mismo, no siempre tendremos la misma cantidad de energía. Un geólogo muy reputado, un tal Marion King Hubbert, estudió esto en los años 50 del siglo pasado y llegó a una conclusión: cualquier pozo o mina sigue una cierta curva de producción; al principio se extrae poco cada año; después, va aumentando durante los años hasta llegar a su máximo o cenit; y después, inexorablemente, disminuye. Con más tecnología se puede mejorar la eficiencia y aumentar el ritmo de subida durante un tiempo, pero a costa de acelerar el ritmo de bajada después. El caso es que la producción de materias primas no es constante. Al principio sube y sube rápidamente, exponencialmente, al igual que los intereses de nuestras deudas, al igual que nuestro PIB. Pero tarde o temprano llega a su techo, a su máximo, a su cenit. Y malas noticias: aunque varía de unos minerales a otros, eso pasa típicamente cuando se ha extraído más o menos la mitad del recurso. A partir del cenit la producción va bajando, al principio muy poco a poco, hasta el punto de parece que la producción, simplemente, se ha estancado; pero después la caída se acelera y la producción decae muy rápido, exponencialmente. Y aunque nunca llega a desaparecer del todo, en la práctica al cabo de pocos años, pocas décadas a lo sumo, la producción es tan marginal que en la práctica no podemos contar con ella, sobre todo si queremos mantener lo que tenemos. Nuestra economía que debe crecer exponencialmente para poder pagar nuestras deudas que crecen exponencialmente.


Esto fue lo que pasó, querido lector. El cenit de producción del petróleo fue en 2005, el del carbón en 2011, el del uranio en 2015 y el del gas natural en 2025. Este blog está lleno de datos y referencias que avalan lo que digo, no tienes por qué tomar mi palabra por cierta. Compruébalo. Posiblemente cuando leas este artículo habrán pasado algunos años, y si la información está aún accesible podrás verificarlo. Quizá las fechas finales bailen de unos años, pero eso no cambia nada. Cuando yo escribí esto, el 25 de Agosto de 2011, las principales fuentes de energía del planeta estaban mostrando síntomas de agotamiento, de final de un ciclo. Del final del crecimiento.


A fin de cuentas, ¿no es dejar de crecer parte de un proceso natural? Cuando somos niños crecemos y crecemos hasta llegar a adultos, y ahí paramos de crecer. Y eso es lo sano y lo saludable; ¿qué pasaría si creciéramos sin cesar? Pues con nuestra sociedad pasa lo mismo; de hecho es análoga a un ser vivo. Al principio nos regíamos por las reglas del cowboy que sólo ve ante sí extensas praderas por recorrer y conquistar. Pero ahora somos muchos, somos 7.000 millones de habitantes en este planeta y sólo tocamos a un pañuelo de tierra cultivable, a un cuadrado de 40 o 50 metros de lado por persona en esta roca aislada en medio del espacio. Ya no podemos tener la economía del cowboy que no puede abarcar los límites con su vista, sino la de la nave espacial Tierra en la que todo se recicla y se regula para garantizar la supervivencia de sus tripulantes.


¿Lo hicimos? ¿Cambiamos del modo "verdes praderas" al de "nave espacial"? No, claro que no. Décadas de enseñanza económica en las grandes facultades no permitían que nuestros expertos económicos, los asesores de las grandes corporaciones y los Gobiernos, pudieran entender un concepto en el fondo tan sencillo y evidente. Encima, las grandes y complejas instituciones que hemos creado tienen mucha inercia y estaba, cómo olvidarlo, esas deudas que teníamos, esos créditos que se basaban en que creíamos que podríamos generar riqueza y, no sólo eso, crecer para poder pagar el interés. Así que desde que hacia 2005 se empezó a hacer patente que en nuestro gigantismo estábamos empezando a comprimirnos bajo la bóveda celeste del Planeta Tierra hemos estado trampeando y jugando a hacer algo mientras perdíamos el tiempo pretendiendo que lo ganábamos. En 2008 la compresión fue tan fuerte que el sistema hizo crack y por un momento se habló de refundar el capitalismo, de cambiar las reglas, de repensarlo todo; por un momento hubo miedo de que todo se hundiese y por eso se habló de cambiarlo todo. Pero la inercia mental, la imposibilidad de aceptar que no podamos seguir creciendo, la identificación falsa del crecimiento económico con el propio bienestar, hizo que al final creásemos más deuda para salir del hoyo de 2008. Es decir, creímos que en el futuro generaríamos más riqueza y la cogimos prestada del futuro para tapar los agujeros de hoy. Sin darnos cuenta que hicimos más grandes los agujeros del mañana.


Querido lector, si has llegado aquí posiblemente has perdido tu trabajo, o tienes miedo de perderlo próximamente. Si aún lo conservas prácticamente con seguridad te han reducido el sueldo; si ha pasado el tiempo incluso te lo habrán bajado varias veces mientras los precios de las cosas básicas subían. El caso es que no estás pasando un buen momento, y en tu familia las cosas no están mucho mejor. Cuando esto escribo, en Agosto de 2011, anticipo que este otoño será complicado, será un otoño negro: se aplicarán más recortes, veremos más caídas de las bolsas, la recesión de las grandes economías será inminente y habrá más tensión en las calles. Estamos esperando la nueva tormenta y el daño que dejará tras de sí. Para ti, querido lector, eso formará parte quizá de tu pasado, y tú ya sabrás cómo habrá acabado todo... si es que se puede decir que haya acabado nunca. Porque la realidad es que esta crisis económica no puede acabar; busca en el blog, lee los datos. No acabará hasta que no volvamos a encontrar un nuevo suelo firme donde asentarnos; de momento sólo podemos esperar caer y caer.


¿Quiero decir eso que no hay esperanza? No, por supuesto que no. Pero tenemos que comprender que tenemos que cambiar. Toda la sociedad ha de cambiar. Porque tenemos que organizarnos de otra manera, dejar de ver la cubierta de nuestra nave como la pradera inacabable que hace tiempo que dejó de ser. Habrá quien te diga que estamos abocados al apocalipsis y la destrucción total. No les hagas caso. Es el típico caso de profecía autocumplida: si creemos que todo se irá al garete entonces todo se irá al garete. Pero si comprendemos lo que pasa, si entendemos que el problema no es el partido A o B, ni el dirigente Fulanito o Menganito, sino la concepción misma del sistema económico, estamos a tiempo de revertir la situación. Esencialmente nuestro problema es de crédito, de creer en una determinada cosa. Muy bien, creamos otra, otra muy diferente.


Tenemos medios técnicos para proporcionar energía sin basarnos en combustibles fósiles y el uranio. No podremos producir tanta energía de manera sostenible (las grandes instalaciones industriales de hoy en día sólo pueden mantenerse gracias a los combustibles fósiles), seguramente a largo plazo no podremos producir ni el 10% de todo lo que consumimos hoy en día, pero probablemente eso es más que suficiente. Pero tenemos que prepararnos ordenadamente para ello, hemos de organizarnos. 

Y antes de pensar en energía, pensemos en aquello que realmente necesitas tú y tu familia, querido lector. De momento agua, comida y dónde cobijarte. Tener un trabajo, un trabajo digno con el cual mantenerte y contribuir al mantenimiento propio y de tu comunidad. Y hablando de la comunidad y de tu propio interés en realidad, tenemos que mantener limpias nuestras calles y nuestra agua para evitar que proliferen las infecciones. Tenemos que ser capaces de producir medicamentos simples, como los antibióticos, para poder tratar las enfermedades más comunes; algunos los podremos derivar directamente de las plantas, como hacíamos antaño. Tenemos que preservar la energía en primer lugar para mecanizar el campo y aumentar su productividad, pero hemos de cultivar de manera sostenible, sin esquilmar los terrenos. Tenemos que organizar la producción de los bienes necesarios pero no malgastando nada, ni materiales ni energía. Hemos de mantener las casas calientes en invierno y frescas en verano pero sin atosigarlas con humos tóxicos. Hemos de enviar a nuestros hijos a las escuelas para que aprendan a vivir en un mundo diferente del actual, y a nuestros enfermos a hospitales lo más dignos y adecuados que podamos.


Tenemos mucho trabajo que hacer. Necesitamos muchas manos. Deja de lamentarte por lo que has perdido y trabaja por lo que necesitamos ganar entre todos.


Quizá te preguntes qué fue de mi en concreto. Si tuvimos suerte, quizá conseguimos, yo junto con otros locos que intentamos concienciar a la sociedad, que mucha gente, la suficiente, leyera y entendiera este mensaje, y actuara en consecuencia. Sé que es poco probable, pero como es lógico tenía que intentarlo: por eso envié este mensaje dentro de esa botella. Quizá no pudimos evitar que la degradación económica y societaria continuara, pero a pesar de ello yo tuve suerte, en este caso en singular, y pude adaptarme en mi entorno y sobrevivir. Quizá no y hace tiempo que estoy muerto; espero que no, la verdad, porque quiero conocer a mis nietos. En todo caso, poco importa lo que me pasó o pasará a mi. Ahora se trata de saber qué te pasará a ti, querido lector, y a tu familia. Sé valiente y escribe tu propia historia.


S.s.s.,
Antonio

sábado, 20 de agosto de 2011

No hay milagros: la estafa del E-CAT


Queridos lectores,


Hace unas semanas algunos lectores me pidieron que comentara acerca de un invento ideado por dos italianos, Andrea Rossi y Sergio Focardi (presentados como profesores de la Universidad de Bolonia), el artefacto conocido como E-Cat (Energy Catalizer). Este dispositivo se supone capaz de producir energía a partir de níquel, agua y un catalizador no revelado, teniendo un insumo de energía eléctrica con una potencia de 400 vatios cuando llega a su estado estacionario de operación y produciendo un exceso de calor con una potencia estimada de salida de 12.400 vatios. Eso implicaría un retorno en la operación de 31 veces la energía entrada (cuidado, esto no es la Tasa de Retorno Energético (TRE) porque no se tiene en cuenta el coste energético de fabricar la máquina, de producir el níquel y el catalizador, etc), el cual no está nada mal. De ser cierto supondría una revolución energética, acabaríamos con los problemas asociados al Peak Oil e incluso proporcionaría un magnífico estímulo económico. Sólo hay una pega: es una estafa, una elaborada estafa pergeñada por un estafador al cual ni tan siquiera se puede calificar de brillante.


Durante las últimas semanas he leído algunos documentos para elaborar este post y la verdad es que no he podido evitar tener una sensación de fastidio, de hastío, de pérdida de tiempo. Cuando se trata de anuncios exagerados o estafas simples, una simple ristra de argumentos (como los que desmontan la viabilidad comercial de los prototipos con los que el comentarista crosscountry sazona los posts con tanto afán) basta para acabar la discusión, pero aquí no se pueden usar argumentos simples. Y no porque los argumentos de los impulsores del E-Cat hayan sido muy ingeniosos, sino porque el timo está montado basándose en la ingenuidad y en la ansiedad de los desesperados que están dispuestos a creer en cualquier cosa que les libere de trago de aceptar que no se puede resolver la dependencia del petróleo y que tenemos que aceptar una vida más austera - aún cuando probablemente fuera una vida más feliz. Los proponentes del E-Cat ponen a todo el que se acerca al invento delante de una perversa disyuntiva: dados los hechos experimentales (escasamente documentados, en realidad), hay dos posibles explicaciones a los resultados del experimento. La primera es que se está midiendo mal el flujo de calor que sale de la máquina (en realidad, como luego argumentaré, no se está midiendo en absoluto); la segunda, que toda la física atómica y molecular que se ha desarrollado durante el último siglo está mal, y así se producen procesos que no deberían tener lugar y no se producen otros efectos secundarios indeseables y consecuencia lógica de los anteriores. Dado que unos efectos tan dramáticos como los de la segunda posibilidad deberían haber sido observados hace mucho, una persona con cierta formación en Física considerará que la primera explicación es la más plausible (y máxime después de enterarse del historial delictivo de Rossi, ver más abajo); pero los fanáticos de la energía del punto cero y demás memeces en seguida contraatacarán diciendo que el gran problema de la "ciencia oficial" es su inmovilismo y la incapacidad de aceptar ideas nuevas. Cuando un científico les contesta que no hay ningún problema en revisar los paradigmas, en revisar las cosas, actualizar y a veces hasta cambiarlas enteramente, que justamente eso es bueno porque así es como más progresa la Ciencia pero que todo ello requiere tiempo, una experimentación cuidadosa y exhaustiva, controlando y midiendo todas las variables, aislando todos los procesos y describiéndolos y entendiéndolos bien, para estar seguros de cómo son las cosas en realidad... entonces le contestan que lo que busca es poner trabas y pegas estúpidas para bloquear el paso a la gran invención del siglo XXI y que en su cerrazón mental no es capaz de aceptar que hay fenómenos que escapan a su comprensión. El científico les puede decir entonces que no se habla tanto de comprensión en este punto como de descripción, de describir de manera precisa bajo qué condiciones pasa qué (aunque sean los ingredientes para producir un sortilegio) y estar seguros de que el fenómeno es repetible y controlable; pero aquí los fanáticos de la energía libre generalmente desconectan. La zanahoria de un futuro que colme nuestras más estúpidas esperanzas ecocidas suspende la capacidad de razonar, y nos hace propensos a caer en la trampa que nos tienden. En fin, analicemos los aspectos más evidentes del timo, en espera que con el tiempo salgan a la luz todos los trucos ocultos.

Para empezar, les recomiendo que se lean el resumen periodístico y el análisis un poco más técnico (en apariencia, porque la ciencia pretendida es totalmente superficial) que ha sintetizado en castellano Qmunty en su blog. Vayamos ahora con mi análisis:


La no medición del exceso de calor producido:
El punto fundamental de la argumentación de Rossi y Foccardi es que se produce una cierta cantidad de vapor de agua seco (es decir, que sólo sale genuinamente vapor de agua, y no se dispersa agua en estado líquido); a partir del agua que se constata que desaparece del recipiente y asumiendo que toda ella se ha convertido en vapor de agua a 101ºC es como se calcula la potencia de salida del E-Cat. El problema, al final, es que ésta es una estimación indirecta, en la cual se está asumiendo que el único proceso que tiene lugar es simplemente la elevación de temperatura y vaporización de esa masa de agua... lo cual puede ser cierto o no, porque es difícil controlar todas las variables. Lo natural sería medir toda la salida desde el tubo, intentar contener el sistema en un circuito cerrado en que las entradas y salidas fueran controlables, pero nada de eso se hace. Como no hay datos todo lo que se puede hacer es especular, y supongo que Rossi (quien parece ser el que lleva el peso de la promoción de E-Cat) cuenta con eso para alargar el suspense. Sin embargo, se puede especular y tratar de estimar, con cierta incertidumbre, cuál es la salida energética del E-Cat simplemente fijándose en los vídeos que Rossi difunde, y exactamente eso es lo que ha hecho
Peter Ekström, de la Universidad de Lund. Sus análisis, resumidos en este breve texto, muestran que en realidad no se produce ningún exceso de calor, que toda la energía que está entrando en el sistema explica perfectamente lo que se observa, ese pequeño filamento de vapor que sale por el "tubo de escape" del E-Cat (y con el añadido de que Rossi regularmente lo manipula para vaciarlo de agua, lo que hace pensar que una parte del agua que se "evapora" es en realidad purgada en forma líquida). Una cosa importante que se tiene que aclarar a los profanos es que hay una diferencia enorme entre conocer algo con cierta incertidumbre, aunque sea grande, y no conocerlo en absoluto (ya explicamos aquí esta diferencia); y el análisis de Peter Ekström, a pesar de sus grandes incertidumbres nos muestra que el exceso de potencia generada no puede ser ni de lejos los 12.000 vatios anunciados, y que bien podría ser 0. Como explica Ugo Bardi en un post sobre la cuestión del E-Cat, delante de estas críticas razonables Rossi responde diciendo de Ekström es un payaso, y que ya verán en Octubre cuando comience a funcionar su planta piloto en Grecia como él tiene razón; nada de intentar medir de una manera seria qué potencia se genera. Y, como han hecho notar otros investigadores, si se estuvieran disipando 12.400 vatios a la atmósfera de una habitación en la que la máquina opera durante horas (para "demostrar" su funcionamiento) se tendría que producir un aumento sensible de la temperatura de dicha habitación, perceptible directamente por los seres humanos en ella.

El proceso que tiene lugar según sus inventores contradice toda la Física Nuclear y Molecular que conocemos:
Ya he dicho que eso en sí mismo no es grave si se demuestra que es cierto, pero es que primero hay que aportar indicios documentados y suficientes de que tales procesos tienen lugar. No quiero entrar en detalles escabrosos, pero déjenme que les dé unas pinceladas de Física Atómica y Molecular para entender la magnitud del dislate. Porque si el E-Cat funcionara como se anuncia implicaría la existencia de una máquina no sólo capaz de generar energía con una buena TRE; que va, eso es demasiado modesto: si los procesos fueran realmente de fusión nuclear tendríamos una máquina capaz de transmutar elementos (¡por fin la Piedra Filosofal!) e incluso, mal utilizada, podría destruir el planeta entero. Lo que sigue es una explicación muy técnica y detallada que seguramente no será del interés de la mayoría de los lectores; los que no se sientan inclinados por estos aspectos científicos pueden saltarse la sección y pasar a la siguiente.

Doy por supuesto que saben que la materia ordinaria está formada por átomos, y que los átomos constan de protones y neutrones en el núcleo y electrones orbitando alrededor del núcleo. Los protones tienen carga eléctrica positiva, los electrones una carga eléctrica idéntica pero de signo negativo y los neutrones son neutros y por tanto no interactúan eléctricamente. En un átomo no ionizado la carga eléctrica del núcleo se compensa con la carga eléctrica de la corteza exterior, es decir, que hay tantos electrones en la corteza como protones en el núcleo (los neutrones, al no tener carga, no entran en esta cuenta); el átomo es así neutro. Cargas de distinto signo se atraen, así que los electrones tenderían a caer hacia el núcleo (los protones son unas 2.000 veces más masivos que los electrones así que el efecto de la fuerza electrostática es menor sobre ellos); sin embargo no lo hacen porque orbitan, de manera análoga a cómo lo hace la luna en torno a la Tierra, o ésta alrededor del Sol, en una trayectoria de eterna caída que se cierra sobre sí misma y que por tanto hace que el choque nunca se produzca. Bueno, ésta visión es la visión clásica hasta que con el descubrimiento de las leyes del magnetismo se comprendió que una partícula cargada acelerada debería emitir radiación y por tanto los electrones deberían de ir perdiendo energía hasta caer sobre el núcleo. En realidad, con la introducción de la Mecánica Cuántica se comprendió que el mundo subatómico es mucho más complejo y que las partículas no están en un estado físico concreto sino que se mueven en una especie de sopa de realidad, en una nube de probabilidad que hace que no estén en un lugar concreto sino en una mezcla de todos los posibles, en algunos -los más probables- con más probabilidad que otros. Sí, ya lo sé, suena confuso pero ésta es la interpretación de Copenhague, la estándar de la Mecánica Cuántica. Por tanto, los electrones no pueden situarse en cualquier sitio sino en unos determinados lugares, los llamados orbitales atómicos, que son como las autopistas que rodean a los núcleos y es donde con mayor probabilidad se puede encontrar un electrón; estos orbitales no son arbitrarios sino que resultan de resolver la ecuación fundamental de la Mecánica Cuántica, la ecuación de Schrödinger, para el caso del átomo. Por supuesto que si un átomo se ve sometido a un campo de fuerzas externo esos orbitales se pueden deformar y eventualmente se podrán arrancar los electrones de ellos. El número de protones en el núcleo es lo que determina la forma y propiedades de los orbitales que le rodean y es por tanto lo que define sus propiedades químicas, como ahora veremos. Por tanto, para saber de qué elemento químico se trata sólo tenemos que contar los protones de su núcleo: 1 para el hidrógeno, 2 para el helio, 6 para el carbono, 8 para el oxígeno, 20 para el calcio, 26 para el hierro, 28 para el níquel, 29 para el cobre, ... El número de neutrones puede variar, y así puede haber átomos de hierro con diferente número de neutrones, pero químicamente todos ellos se comportarán como hierro. Son los llamados isótopos, que se distinguen por su masa atómica, que viene a ser la cuenta total de protones y neutrones; por ejemplo, el níquel-58 es el átomo de níquel (28 protones) que tiene 30 neutrones (y así su masa atómica es 58= 28 protones + 30 neutrones).


Las reacciones químicas, que son las que experimentamos en el día a día, son recombinaciones de los orbitales de átomos que tienen cierta afinidad, y que cuando están unos próximos de otros modifican su estructura electrónica, es decir, la estructura de sus orbitales y forman nuevos orbitales, llamados ahora moleculares, en los que los electrones circulan y pasan ahora de un átomo a otro, dando vueltas al conjunto, que ahora se llama molécula. En las reacciones químicas espontáneas la formación de moléculas comporta generalmente desprendimiento de energía; eso quiere decir que las nuevas autopistas de los electrones, los nuevos orbitales ahora convertidos en moleculares, requieren menos energía para existir que los orbitales atómicos de cada átomo por separado. En el proceso de formación de la molécula esa energía extra se emite en forma de fotones (partículas sin masa, los cuantos o partículas fundamentales del campo electromagénetico) que son generalmente absorbidos rápidamente por otros átomos y moléculas y transformados en calor (el calor no es más que el movimiento desordenados de átomos y moléculas en una sustancia; cuanto más "vibran" sus átomos más caliente está un cuerpo). Las moléculas serán tanto más fuertes cuanto más energía se desprenda en su formación, ya que eso implica que para poder reconstituir los orbitales atómicos previos se necesita aportar esa energía.

Hemos hablado de las fuerzas que operan a nivel de la corteza electrónica, la parte más exterior de los átomos, pero aún no hemos dicho de las fuerzas que actúan en sus núcleos. En el núcleo actúan una fuerza centenares de veces más fuerte que las que la electromagnética y centenares de sextillones de veces más fuerte que la gravitatoria: la fuerza nuclear fuerte. Ha de ser más potente que la fuerza electromagnética y atractiva para mantener ligados a los protones en el núcleo, ya que al ser éstos cargas del mismo signo se repelen electrostáticamente. Es una fuerza que no se nos manifiesta a nuestra escala porque, a diferencia de la gravedad o el electromagnetismos, es de muy corto alcance: una mil billonésima de metro (1 femtometro), que es poco más que el radio del protón y que el radio del neutrón. De ese modo, la fuerza nuclear fuerte sólo actúa cuando dos protones están muy pero que muy cerca, lo cual es difícil de conseguir ya que los protones, al repelerse electrostáticamente y con una fuerza que se hace más intensa cuanto más cerca están, tienden a separarse. Para unir dos protones se necesitaría enviar uno contra otro con los centros perfectamente alineados sobre la trayectoria y a una grandísima velocidad, que debería ser la justa para que se puedan llegar a prácticamente tocar pero no mucho más que eso, ya que si no chocarían y debido al exceso de energía cinética saldrían despedidos. Dada la naturaleza cuántica (sobre todo, sus características ondulatorias) de los protones la unión de dos de estar partículas es imposible. Afortunadamente, los neutrones, al ser partículas sin carga, también experimentan la fuerza nuclear fuerte y sí que pueden aproximarse a baja velocidad a los protones y engancharse a ellos vía la interacción nuclear fuerte; en el proceso, protón y neutrón se fusionan y una parte de sus masas se convierte en un fotón de alta energía. Por tanto, la unión de protón y neutrón es estable, de manera análoga a lo que sucedía en los orbitales moleculares, sólo que aquí las distancias de interacción son típicamente un millón de veces más cortas y por tanto las fuerzas nucleares implicadas son un billón de veces más intensas que las fuerzas de las uniones moleculares. No es de extrañar, por tanto, que los fotones emitidos sean mucho más energéticos que los de las reacciones moleculares, del orden de millones de veces. Son los peligrosos rayos gamma.

La estabilidad de los núcleos atómicos depende del difícil equilibrio entre la fuerza nuclear fuerte, que es atractiva, y la fuerza electromagnética, que entre protones es repulsiva. Imagínese el lector un núcleo típico, con muchos protones y neutrones, de la siguiente manera: los protones se repelen electrostáticamente, pero están ligados con unas cadenas muy cortas pero muy fuertes, que es la fuerza nuclear fuerte. Para que el núcleo sea más estable conviene que haya bastantes neutrones, que separan los protones y hacen que su repulsión electrostática no sea tan fuerte, y establecen vínculos mediante la fuerza nuclear fuerte con otros neutrones y los protones circundantes. A medida que se toman núcleos cada vez mayores, con mayor número de protones (elementos químicos más pesados) el núcleo se hace más inestable y llegado a un punto tiende a estabilizarse espontáneamente, típicamente emitiendo partículas y fotones muy energéticos: se dice entonces que el núcleo es radioactivo. Las emisiones radiactivas (partículas alfa - que son núcleos de helio, con dos protones y dos neutrones, partículas beta -que son electrones esencialmente-, neutrones y rayos gamma) pueden desestabilizar otros núcleos y producir reacciones de fisión de núcleos atómicos en cadena... pero eso es ya otra historia.

Bien. Hasta aquí la teoría. Los señores Rossi y Foccardi dicen que en su dispositivo se están produciendo reacciones nucleares de fusión nuclear. Es decir, núcleos de átomos más pequeños están siendo absorbidos por átomos más grandes, formando así núcleos de mayor número atómico. Aquí empieza el primer problema: según ellos, la máquina produce hidrógeno por electrólisis y luego ese hidrógeno (cuyo núcleo tiene un sólo protón - los otros isótopos se presentan en cantidades despreciables), gracias al diseño de la máquina, es absorbido por los núcleos de níquel (símbolo Ni, número atómico 28) para formar cobre (símbolo Cu, número atómico 29). Se supone que el níquel que están usando es níquel natural, el cual de acuerdo con la wikipedia es en un 68% Ni-58, en un 26% Ni-60 y el resto en otros isótopos; por lo tanto, bajo la absorción del protón del hidrógeno deberíamos observar un 68% de Cu-59, un 26% de Cu-61 y el resto de otros isótopos; pero, como explica Ugo Bardi, la composición isotópica del cobre encontrado en la máquina es la misma que la del cobre natural, que según la wikipedia es un 69% Cu-63 y un 31% de Cu-65, sin otros isótopos en cantidades significativas. El cobre está muy cerca del denominado valle de estabilidad nuclear, que es donde se sitúan los elementos más estables, pero las reglas de estabilidad nuclear son un poco complejas en general, y particularmente en ese zona. El hecho es que en el caso del cobre, para compensar ese protón extra respecto al níquel hace falta incluir un mínimo de cuatro neutrones extra; de hecho, los isótopos Cu-59 y Cu-61 son tan inestables que nunca se han observado. ¿Cómo resolver esta contradicción tan flagrante? Pues si han leído la parte de la entrevista de Ny Teknik a Kullander y Essén del post de Qmunty habrán visto que Rossi propone que tienen lugar no una reacción de fusión nuclear, sino ocho o nueve, con sucesivas desintegraciones beta, algunas de ellas en partículas beta cargadas positivamente (positrones, las antipartículas de los electrones). Y aquí vamos al meollo del asunto.

Por diseño el E-Cat es seguro que realiza electrólisis del agua, es decir, separa hidrógeno del oxígeno en la molécula de agua. Esto no tiene nada de extraordinario, es un proceso conocido desde hace más de un siglo: se hace pasar electricidad por agua y se encuentra hidrógeno en el cátodo y oxígeno en el ánodo, por supuesto con gasto de energía. Digo que es seguro que realiza electrólisis del agua porque podemos ver el diseño de su dispositivo en la patente del E-Cat:


Por cierto que, como comenta Steven Krivit en New Energy Times (de donde he sacado esta ilustración) este diagrama es muy similar a la de otra patente (de 1995) de Francesco Piantelli, quien ya había propuesto un dispositivo de fusión nuclear de baja temperatura y quien, casualmente resulta ser un amigo de Sergio Focardi. De hecho, el diseño de la patente de Rossi es una mala copia del original:



En fin, se supone que el diseño del aparato y el uso de un misterioso y aún no desvelado catalizador (que estoy por apostar que es un compuesto de cobre :P ) favorecen la absorción masiva y continuada de los núcleos de hidrógeno por parte del polvo de níquel. Recuerden que les dije que un protón tiene muy complicado acercarse a un núcleo atómico por culpa de la repulsión electrostática. En un momento determinado Rossi invocó la posibilidad de un efecto túnel para explicar por qué el protón era capaz de superar la barrera columbiana (repulsión electrostática); sin embargo, está el pequeño detalle de la pequeña sección eficaz de los núcleos de níquel delante de un movimiento lento y desordenado como el que por lógica tendrían los núcleos de hidrógeno. Es decir, que los núcleos de níquel representan un blanco pequeño y lejano; incluso contando con el efecto túnel (que siempre sería una pequeñísima probabilidad dando lugar a una escasísima proporción de núcleos transmutados) lo difícil es acertarle a los pequeños núcleos de níquel en medio del vacío del espacio interatómico, y es que el átomo más pequeño tiene un radio (distancia del centro del núcleo a la corteza electrónica) que es cientos de miles de veces más grande que el radio de su núcleo. Sin necesidad de tirar de calculadora (escasa probabilidad de efecto túnel multiplicada por absolutamente insignificante sección eficaz) resulta evidente que la probabilidad de impacto y transmutación es aterradoramente baja. Para compensar Rossi explica, por boca de Kullander y Essén, que se forma una especie de miniátomo de hidrógeno, con el electrón prácticamente embebido dentro del protón, que podría así no ser repelido por el núcleo y llegar a impactarlo, y una vez en éste el "neutrón virtual" se desenmascaría y el electrón se iría a vivir su vida, quedando el protón embebido en el núcleo (esta hipótesis tan descabellada es heredera de una vieja conocida, la falsa teoría del hidrino). Por otro lado, los protones absorbidos experimentarían decaimiento beta positrónico para volverse neutrones, y así hasta formar los isótopos de cobre que interesan y en la proporción justa.

Hay enormes problemas con esta descripción tan rocambolesca de los hechos. Cada absorción de un nucleón debería de producir emisión de radiación gamma, y de tanto más que se producen varias absorciones en cascada hasta llegar al producto final, el Cu-61 y el Cu-65. Sin embargo, no hay emisión de rayos gamma en E-Cat (a falta de un dispositivo que lo mida, tenemos una buena indicación: Sergio Rossi aún está vivo, así como todos los que han presenciado las demostraciones del aparato). Además, debería haber significativas emisiones de partículas beta positivas y negativas, las cuales además deberían causar efectos importantes en los dispositivos electrónicos del E-Cat y en cualquier otro aparato circundante. Incluso aunque se pretenda hacer creer que la mayoría de esas radiaciones son absorbidas por el aparato y usadas para producir calor de salida, nunca se podría evitar, por pura aplicación de las leyes de la Mecánica Estadística y de la Mecánica Cuántica, que una parte importante de esas radiaciones escapase del aparato (que carece de cualquier tipo de blindaje) y produjese notables y letales efectos. Por otro lado, la energía de esas radiaciones y el ritmo al que se estarían produciendo implica una potencia de decenas a miles de veces mayor que los 12.400 vatios de potencia de salida reportados (como intuye Qmunty en su artículo). Es imposible que esa radiación gamma y beta sea absorbida por el E-Cat, pero si lo fuera la potencia de salida del aparato sería monstruosa, vaporizaría todo el contenido de agua del dispositivo en segundos, y a continuación mataría a los asistentes a la demostración. Como nada de eso ha pasado, la conclusión obvia es que las conjeturadas reacciones nucleares no están teniendo lugar.

Hace mucho tiempo que se experimenta con reacciones nucleares de fusión de baja temperatura, es decir, en las que los materiales a fusionar están a temperatura ambiente y no a los millones de grados de temperatura que se requieren para instalaciones como ITER, y sin embargo aún no se ha conseguido nada. ¿Por qué? Bueno, podemos decir que gracias a Dios. Porque nuestra materia ordinaria es tremendamente estable. No resulta fácil manipular los núcleos atómicos por medios macroscópicos, dada la pequeñez de los núcleos atómicos, las extraordinarias fuerzas que sobre ellos operan y el gran confinamiento de los electrones a los orbitales atómicos y nucleares. Si fuera fácil manipular los núcleos seguramente habría reacciones nucleares espontáneamente en la naturaleza, simplemente por casualidad. Además, no hay nada privativo en el núcleo del níquel de acuerdo con la explicación de Rossi, con lo que cabría esperar que fenómenos semejantes se dieran con otros átomos, y eso por no hablar de lo que pasaría con átomos ya de por sí inestables como los radioisótopos o isótopos radiactivos de algunos elementos. Las reacciones nucleares de fisión en cadena sería habituales en la naturaleza, así como la captura de los electrones por parte de los protones, convirtiéndose así en neutrones con emisión de letales rayos gamma. Al final, nuestro planeta y toda la materia tendería a formar amalgamas de neutrones, que se desintegrarían en protones y electrones prácticamente libres que serían rápidamente capturados para volver a formar neutrones. Ésta es una visión extrema, llevando las teorías de interacción nuclear de Rossi hasta sus últimas consecuencias; seguramente él alegaría que los procesos no son tan radicales y que por eso nada semejante a esto pasa en nuestro mundo. Yo no soy un experto en dinámica atómica y molecular, pero estoy convencido de que introduciendo sus teorías en los modelos se llegaría a un estado de cierto caos incompatible con lo que realmente vemos. De hecho, en su manifestación más benigna las teorías de Rossi representan de manera efectiva una quinta interacción fundamental a añadir a las cuatro conocidas y extensivamente experimentadas,  y encima fuerte y de largo alcance. 

En resumen, toda la teoría que se está usando para justificar los resultados es una pura extravagancia que no concuerda ni aproximadamente con lo que se ve. Esto debería ser evidente para un físico experimentado en este campo, con lo que mi única conclusión posible es que estamos delante de un intento deliberado de engañar. Lo cual nos lleva a analizar los otros aspectos de este caso.

Defectuosa comunicación científica: Siendo probablemente consciente de lo endeble de sus argumentos (poniéndonos en lo mejor) o de que su estafa podría quedar al descubierto (poniéndonos en lo peor), Rossi no ha intentado publicar sus resultados en una revista científica. Para los profanos les diré que para publicar un artículo en una revista especializada dos revisores anónimos, colegas de profesión, han de leer y criticar el artículo, resaltando sus puntos débiles. De esta manera el artículo se mejora y se corrigen los aspectos más endebles; en ocasiones, si el trabajo está mal hecho el artículo es rechazado, aunque eso no evita que se pueda enviar a publicar en esa misma revista tras una revisión en profundidad, o a otra. De la cuarentena de artículos que yo he publicado en mi carrera científica, como un tercio fueron enviados a otra revista anteriormente, donde fueron rechazados mayoritariamente porque mi artículo no se adecuaba al estilo o a la temática de la revista, y muy pocas veces por críticas serias a su contenido (de hecho, eso estrictamente no me ha pasado nunca). Rossi y Focardi afirman que su artículo ha sido rechazado de varias revistas porque el tipo de ciencia que proponen es demasiado rupturista y los gurús del convencionalismo no lo quieren aceptar (o al menos eso dan a entender). Pero por lo que explica Steven Krivit, Rossi le reconoció que no han enviado a publicar el artículo que describe el proceso de E-Cat a ninguna revista, solamente a una base de preprints (artículos aún no publicados) electrónicos muy popular en la comunidad física, ArXiv, y según ellos el artículo fue rechazado. Esto me sorprende: o ArXiv ha cambiado mucho o no se rechaza ningún artículo: es una base de datos enorme y nada se revisa; de hecho, subir un artículo a esta base no se considera una publicación científica, no tiene valor per se. Se tiene que reconocer el comportamiento de Rossi y Focardi es un tanto anómalo si es que de verdad hubiera una voluntad de comunicar la ciencia que hay detrás del E-Cat. Oh, claro, en realidad no la quieren comunicar porque no pueden por culpa de la patente, ¿verdad? Pues no, por dos motivos: uno, porque una patente es una publicación, como ahora explicaremos; y dos, porque Rossi ha creado un blog al cual le ha dado el pomposo nombre de Journal of Nuclear Physics, donde publica lo que le da la gana pero lo presenta como si se tratara de una verdadera revista científica (por cierto que si echan un vistazo a los "artículos" de esa páginas web verán muchísimos disparates; algunos autores incluso proponen teorías que entran en contradicción con los principios del E-Cat. En fin...). Por supuesto que en esa pseudo-revista no hay el más mínimo proceso de revisión seria de los artículos en ella publicados, lo cual le resta la poca credibilidad que tenía.

Invocación en vano de la patente: Como en tantos otros timos, es un lugar común que la existencia de una patente imposibilita la divulgación de un gran descubrimiento o incluso su explotación comercial. Nada más lejos de la realidad. Una patente es, para comenzar, una publicación. El que solicita una patente pretende hacer públicos los detalles de un método de interés industrial o un sistema para la producción de ciertos servicios o bienes; no por motivos altruistas, claro está, sino para poder defender delante de los tribunales que el inventor (que no tiene por qué ser la misma persona que el titular de la patente) descubrió tal método y que, por tanto, para poderlo usar le han de pagar unos derechos, una licencia de uso. Para que otras personas del mundo puedan saber qué se ha patentado y qué no, entre otras cosas para poder hacer sus propias patentes, las patentes son perfectamente públicas (hay bases de datos de patentes registradas en internet, que aunque sean públicas no quiere decir que sean gratuitas). Por tanto, repetimos una vez más, con una patente ni se puede echar el cerrojazo a un invento ni permanecen ocultos sus datos ni nada, ni siquiera mientras la patente está en trámites de evaluación: los procesos de evaluación se pueden demorar durante años, pero eso no impide empezar a licenciar y explotar la patente; mientras la patente está en evaluación quien quiera explotarla tendrá que pagar a su titular lo que convengan, y si finalmente una o más de las reivindicaciones de la patente (aquellas cosas que el inventor reclama que él ha inventado) no son reconocidas, cualquiera podrá replicar esas partes sin pagar nada de nada. Por tanto, como digo, no tiene ningún sentido el secretismo de Rossi y Focardi con respecto a su invento; ítem más, si el famoso catalizador secreto no forma parte de la patente entonces no está protegido comercialmente, con lo que en el momento que alguien se haga con una muestra y la analice se podrían encontrar con que ese alguien hará un diseño diferente del E-Cat usando ese mismo catalizador que no forma parte del procedimiento patentado y por tanto no les tenga que pagar ni un duro. Por tanto, el secretismo sobre el catalizador va en el perjuicio de Rossi y Focardi, en contra de lo que le pueda parecer al incauto.

Dos detalles más para terminar. El primero, como ya hemos comentado en otra ocasión, es que las patentes sólo duran 20 años, con lo que la pretensión que habrá dentro de unos meses, cuando esta estafa sea evidente, de que "el E-Cat ha sido silenciado por las grandes corporaciones petroleras comprando la patente" es ridícula porque como mucho durante esos 20 años el que controle la patente podría prohibir su uso comercial, pero no que alguien se lo fabrique por su cuenta; y acabados esos 20 años se acabó, cualquiera puede explotarlo sin tener que pagarle derechos a nadie (y recordemos que es una publicación). Segundo, la patente de Rossi fue depositada en Mayo del 2008, y extendida internacionalmente en 2009. No es algo que se acabe de patentar. Lo que le debe pasar a este señor es que le toca ahora pagar los derechos de mantenimiento, que deben ser bastante onerosos porque lo ha patentado para el mundo entero, y por eso necesita dinero rápido para mantener la apariencia de operación industrial.

El extraño plan de explotación comercial:
Primero se postuló que una empresa griega, Defkalion, construiría la primera planta en Grecia para Octubre. Curioso país para comenzar su despliegue mundial. En Agosto hubo una crisis y se anunció que Rossi cortaba relaciones con Defkalion por desavenencias financieras en la construcción del E-Cat; durante esos días entré por casualidad a la web de Defkalion (mientras documentaba este post) y lo primero que te encontrabas era un mensaje diciendo que algunas personas habían actuado en nombre de Defkalion sin estar legitimadas para ello y se pedía al visitante que se asegurase de entrar en contacto con la sede central de la compañía. Pocos días después Rossi anuncia que los planes con Defkalion han sido restablecidos y que la planta griega sigue adelante. Lo que ha pasado aquí se sabrá en un tiempo pero, como todo lo demás, huele a cuerno quemado. Rossi también anuncia que hará nada menos que 100 plantas en los EE.UU. Se tiene que decir que si los procesos nucleares fueran algo parecido a lo que cuenta Rossi al cambiar la escala  a la que tienen lugar los procesos
(hablamos de plantas capaces de generar 1 Mw, según Rossi) se podrían producir otros efectos no muy perceptibles en el pequeño prototipo de 12.400 w, y el riesgo de reacciones nucleares con emisiones importantes de rayos gamma sería muy grande. Parece una imprudencia temeraria lanzarse a la explotación comercial de una tecnología no demostrada, y dudo mucho que los EE.UU. permitiesen la instalación en su territorio de 100 potenciales bombas termonucleares... de no ser que el Gobierno americano considere que no hay el más mínimo peligro en ese sentido.


Historial delictivo de Rossi:
He dejado para el final esta parte para evitar dar la impresión de que se ataca al hombre para desacreditar el trabajo, pero dado que esta persona en cuestión es conocida por haber estado en numerosas estafas creo que su historial es un hecho relevante en esta discusión.
Los detalles los pueden leer en el artículo de Steven Krivit; se resumen así:

  • Según Rossi, en 1979 obtuvo el título de licenciado en Ingeniería Química por la Universidad de Kensignton en California, una conocida fábrica de títulos sin ningún valor académico (pagas y te dan el título, vamos) cerrada por ese motivo unos años más tarde.
  • En 1990 fundó una empresa, Petroldragon, para convertir desperdicios en combustible. La cosa acabó mal, la empresa hizo bancarrota y él acabó en la cárcel por un delito medioambiental, ya que él se hacía cargo de residuos peligrosos que no eran tratados adecuadamente y acaban contaminando el acuífero y la atmósfera. Según Rossi, lo que pasó es que la mafia local indujo al Gobierno italiano a perseguirle (todo esto pasó en Milán, cuna de Silvio Berlusconi).
  • A principios de los 90 Rossi se comprometió con el ejército de los EE.UU. a suministrarles dispositivos termoeléctricos con una potencia de salida de entre 800 y 1.000 w. Los prototipos que envió para ser probados a la Universidad de New Hampshire tenían sólo la décima parte de la potencia prometida. Antes de que Rossi pudiera acabar su pedido su fábrica en los EE.UU. sufrió un extraño incendio. Rossi intentó entonces fabricar los dispositivos en Italia, pero los aparatos italianos sólo tenían una potencia de 1w...
  • En 1995 fue encarcelado por tráfico ilegal de oro.
En fin, creo que ya se habrán hecho una idea del personaje.

Eso es todo de momento sobre el E-Cat. Sin lugar a dudas, en los próximos meses esta burbuja se irá desinflando progresivamente y quizá Rossi vuelva otra vez a prisión, si las personas estafadas consiguen procesarle. Probablemente entonces pase a estar en una hornacina del templo mayor del Culto a la Energía Libre al lado de Nikola Tesla (quien se debe retorcer en su tumba de tanto que se invoca su nombre de genio en vano) y otros bastante menos dignos, embaucadores de medio pelo que se vendieron como salvadores de la Humanidad cuando sólo aspiraban a salvar sus bolsillos. Ésta es la miseria de la condición humana.

En fin, queridos lectores, creo que Vds. pueden ya hacerse una idea de qué tenemos entre manos. Aparte de lo lamentable de que alguien, en el nombre de la ciencia, trame una estafa tan burda, lo absurdo es el tiempo que nos hace perder a los demás en vez de centrarnos en lo importante, que es preparar la transición indispensable.


Salu2,

AMT

martes, 9 de agosto de 2011

La nueva recesión

Imagen de Seeking Alpha, http://seekingalpha.com
Queridos lectores,

Según parece, ya está aquí el movimiento que anticipamos prácticamente desde que comenzó este blog. Recordemos los argumentos: los altos precios del petróleo acaban por destruir la demanda, como se observa en los informes de coyuntura de la Agencia Internacional de la Energía (Oil Market Reports) y al caer la demanda el precio del petróleo baja, pero a qué coste: cierre de empresas, recesión, paro... El precio del barril de petróleo llegó a su máximo efectivo - descontando los 126$ puntuales de hace unos meses- durante este mes de Julio, y ese pico de precios ha sido de cerca de 120$ en el caso del barril de Brent (casualmente, el mismo precio que yo aventuraba como el máximo posible para esta ocasión en respuesta a una pregunta que me hicieron durante una charla en Palma de Mallorca en Noviembre pasado). No por casualidad, esta caída de precios coincide con un caída generalizada de las bolsas mundiales - en España la cotización del IBEX35 retrotrae a los valores de principios del crash del 2008. Algunos, como el laureado Paul Krugman comienzan a hablar de debilidad en los fundamentales del mercado (tomando prestadas unas palabras de un amigo, "los fundamentales de un valor se refieren al rendimiento futuro que se espera de él basándose en su capacidad 'real' de producir y generar un retorno mediante el empleo de sus activos y teniendo en cuenta las perspectivas económicas del mercado").  En suma, que los mercados no ven claro que las empresas sean capaces de generar unos buenas cuentas de resultados porque ya estamos entrando en recesión y de manera general las ventas bajarán, se cortarán dividendos y para obtener mayor rentabilidad a su dinero los grandes inversores buscarán otros valores más seguros a su entender: de momento el oro, y después posiblemente la deuda de los EE.UU., sin descartar un movimiento hacia activos tangibles del estilo del que preconizaba Jeremy Grantham hace unos meses (de hecho, yo hace tiempo que me temo que en la fase final del colapso económico, cuando el mantenimiento del mercado de valores no sea sostenible, se acabe procediendo a una liquidación disimulada de los activos financieros de los más poderosos). Nuestros más reputados analistas financieros andan estos días como locos intentando salvar los muebles, intentando convencernos de que ellos ya habían advertido de que la recuperación económica era débil y se podía invertir la tendencia, pero como todavía no entienden qué está pasando no saben si apostar ya decididamente por la carta de una nueva ola recesiva o bien confiar en que la cosa se pueda estabilizar. Hacia el mes de Septiembre seguramente las cosas estarán más claras y el terreno de disputa será entonces cuánto durará esta nueva recesión (recesión entendida con el criterio técnico de dos trimestres seguidos de descenso del PIB, porque lo que es evidente es que la crisis económica no ha parado ni un momento), y unos dirán que un año y otros que dos, y toda la discusión técnica publicitada en los medios de comunicación de masas quedará encallada ahí, haciendo previsiones de futuro que difieren en la magnitud del bache pero que coinciden en pintar un futuro brillante de recuperación un poco más allá, en el caso de España alentado por un más que previsible cambio de Gobierno con giro a la derecha. Una vez más la discusión será estéril, sin intentar comprender qué pasa en el fondo, sin ir más allá, sin ni mucho menos empezar a sacar a la luz verdades incómodas. Y curiosamente nuevamente Jeremy Grantham sale a la palestra y dice el nombre de la bestia, lo que nadie quiere oír; traza un futuro inmediato que tiene unos sustantivos duros y concretos: escasez, carestía.


Desde la página web del fondo de inversión que él mismo fundó y que co-gestiona, el Sr. Grantham publica su nueva Newsletter del segundo trimestre del año: "Resource Limitations 2: Separating the Dangerous from the Merely Serious" ("Limitaciones en los recursos 2: Separando lo peligroso de lo simplemente grave"). La introducción de esta carta trimestral a los inversores no puede dejar las cosas más claras: "Este trimestre, me gustaría centrarme en las partes más peligrosas de la próxima escasez de materiales. Intentaré separar aquellos que (para los que vivimos en países ricos) simplemente frenarán el crecimiento de nuestra riqueza a través de precios crecientes, de los que no sólo harán esto, sino que además supondrán una amenaza a la viabilidad a largo plazo de nuestra especie cuando alcancemos una población de 10.000 millones de personas. En todos los casos los países más pobres serán los que están más amenazados. Situaciones que nos irritarán a algunos de nosotros por los altos precios a otros les llevará a morirse de hambre. Situaciones que nos enfurecerán a algunos de nosotros serán para otros un auténtico desastre, y creo que todo esto, desgraciadamente, no sucederá en un difuso y distante futuro." Y quisiera destacar otra frase de la introducción, sorprendente para un gurú de Wall Street: "El capitalismo no maneja con facilidad ni correctamente estos problemas a largo plazo. A mi me da la impresión de que la efectividad del capitalismo se mueve en el espectro de los horizontes temporales: brillante en el corto plazo pero perdido, irrelevante e incluso peligroso en el muy largo plazo."




El resto del informe es, simplemente, impresionante. El Sr. Grantham pone el foco en el problema que, a su juicio, es el más grave: el de la alimentación humana. La erosión del suelo por exceso de explotación y la falta de fertilizantes, sobre todo fosfatos y potasa, puede llevar a graves hambrunas a nivel planetario. Para combatirlo, se declara un firme defensor de la agricultura sin laboreo (sin arar y roturar la tierra, vamos, lo que en español se llama siembra directa, y que es prima hermana de las ideas de
Masanobu Fukuoka y no tan lejana a los preceptos de la permacultura, todo lo cual se ha discutido en este blog - no por mí sino por los inteligentes comentaristas). He de insistir que el Sr. Grantham es un broker clásico de Wall Street, pero además una persona muy inteligente que anticipó varias burbujas financieras y es estratega en jefe de GMO, uno de los mayores fondos de inversión del  mundo (lean en la wikipedia su biografía).


Respecto a la energía, el Sr. Grantham considera que quizá se pueda resolver el problema del Peak Oil (que él cree que sobrevendrá dentro de esta década) y de los otros cenits de combustibles fósiles gracias al desarrollo de las energías renovables (cosa que, como ya hemos discutido parcialmente en este blog en la serie "Los límites de las renovables", no parece demasiado probable). Pero identifica un grave problema con los metales en el largo plazo, ya que su cantidad es finita y aunque los reciclemos a la larga se degradan y pierden (en línea con los trabajos sobre la exergía de los minerales desarrollado en la tesis de Alicia Valero). Pero, como digo, la mayoría del informe se centra en la agricultura, y animo a aquellos lectores que sepan leer inglés a que lo lean de cabo a rabo; son especialmente interesantes su fábula del Diablo y el Granjero, y su apéndice sobre la famosa apuesta Simon-Ehrlich.


En suma, queridos lectores, que no todos en el mundo económico y financiero creen que las cosas van a ir de perlas, e incluso algunas personalidades importantes opinan, cada vez más abiertamente, lo contrario y, lo que es más importante, que creen que las cosas seguirán mal sobre un plazo de tiempo bastante prolongado.


La realidad es que nuestras perspectivas a corto plazo no son muy halagüeñas. Aparte de la caída de las bolsas, multitud de indicadores (como el PMI) muestran que la recesión es inminente a escala global. El precio del petróleo caerá, pero tampoco puede caer demasiado porque Arabia Saudita y otros países necesitan unos precios relativamente elevados para sufragar sus programas de ayuda a sus sectores más desfavorecidos, esenciales para evitar revueltas y disminuir la de por sí grave amenaza Saudí. Con una recesión instalada el paro, sobre todo en España, subirá; subirá hasta cotas prácticamente desconocidas, y eso aumentará el malestar social y las revueltas, como las que suceden en el mundo occidental estos días en Londres y en el resto del mundo prácticamente a diario. Acabaremos el año de una manera bastante triste, con la sensación de que la crisis económica se agrava y se alarga y el año que viene, 2012, se puede producir un fenómeno nuevo, no previsto por los adalides de la economía de mercado: la insuficiencia del suminstro global de petróleo que algunos analistas empiezan a plantear, y de la cual el informe de Lloyd's (la compañía aseguradora más grande del mundo) alertaba ya el año pasado. Pero esto será motivo de otro post.

Salu2,
AMT

miércoles, 3 de agosto de 2011

Positivismo, simbolismo, pensamiento positivo y pensamiento mágico

El rótulo dice en catalán: "Apretar para parar una guerra"

Queridos lectores,

Un rasgo característico de la sociedad occidental que hace más difícil intentar explicar una mala noticia como la que constituye la llegada del Peak Oil es el excesivo recurso al llamado pensamiento positivo (estaba pensando en poner un enlace aquí para explicar lo que es el pensamiento positivo, pero lo cierto es que internet está lleno de ejemplos, elija el lector el suyo). Según los abogados del pensamiento positivo, si uno decide tomar una actitud positiva en la vida y de cada situación es capaz de ver el lado positivo, entonces su situación personal mejorará inexorablemente. Lo contrario también sería cierto: si uno es un cenizo, entonces las cosas le irán cada vez peor. 

Lo cierto es que hay parte de razón en estos enunciados; así, si uno se esfuerza por conseguir algo es más probable que lo consiga que si asume que fracasará, y en este último caso la actitud  pesimista actúa como profecía autocumplida. Sin embargo, no se debe llevar demasiado lejos esta actitud, porque en vez de adoptar una actitud razonablemente proactiva y tomar las riendas de la propia vida se cae en un extremo pernicioso, el del pensamiento mágico. El pensamiento mágico consiste en creer que por el simple hecho de desear algo este algo se cumplirá. El pensamiento mágico en adultos es una expresión de infantilismo o de trastorno mental, ya que se basa en la incapacidad de comprender un mundo complejo y en el deseo irracional de que sea controlable de una manera simple, con palabras o acciones sencillas. Evolutivamente el pensamiento mágico es seguramente un gran paso adelante, porque introduce la idea clave de causalidad que permite empezar a comprender los mecanismos que rigen el mundo, aunque yerre en la atribución de las causas que corresponden a los efectos. Sin embargo, con el surgimiento de la Ciencia y, sobre todo, del método científico hemos aprendido cómo discernir qué es causa, qué es efecto y qué no está relacionado - no es casualidad que quienes se alejan de la Ciencia caen en la magia, la superstición y la superchería.


Y curiosamente en nuestra sociedad tan tecnificada el pensamiento mágico es rey, hasta el punto de que no lo reconocemos aunque nos asalte cada día en los detalles más nimios. Quizá parte del problema venga de nuestra relación con la tecnología, y quizá en parte de la necesidad sistémica de que los ciudadanos sean ignorantes y acríticos, que dejen de ser ciudadanos para ser meros consumidores... seguro que los comentaristas encuentras otras múltiples razones que añadir a éstas. Lo divertido del caso es que el pensamiento mágico suele introducirse a través del pensamiento positivo, llevándolo hasta un extremo absurdo del cual vemos ejemplos cada día en la televisión. Para añadir escarnio al insulto, en ocasiones se designa al pensamiento positivo por "positivismo", cuando el positivismo es prácticamente lo contrario (una escuela de pensamiento que afirma que el único conocimiento verdadero es el científico). A veces me pregunto si tal confusión no es precisamente buscada, un intento más de prostituir conceptos y confundir a la población...

Un ejemplo de ese tipo de pensamiento positivo que acaba siendo mágico, y en el que espero que los lectores reconozcan tantas y tantas iniciativas que nos rodean hoy en día, nos lo brinda otra vez la localidad en la cual resido. Hará un par de años, quizá más, apareció adosado a una pared del Ayuntamiento el interruptor que ven en la foto de arriba, junto con un cartel que dice: "Apretar para parar una guerra". La verdad es que nunca supe a qué respondía tal montaje; supongo que debe ser algún tipo de performance artística que contaría con el beneplácito del consistorio. Por lo menos, en contraste con lo que describía en el post anterior, esta obra de arte tendría seguramente un presupuesto modesto. Lo que me llamó la atención la primera vez que lo vi fue la ligereza tan estúpida y occidental con la que se trataba un tema tan grave como la guerra. Como si porque alguno de nosotros, apretando un interruptor, tuviéramos el poder de parar alguna guerra en algún rincón ignoto del planeta. Ya me imagino que la intención del creador de este montaje sería más bien hacernos reflexionar sobre la necesidad de tomar una parte activa para detener tantas y tantas guerras que están teniendo lugar en este mundo sin que nuestra opulenta sociedad de aquí se aperciba en absoluto, pero el simbolismo, por más interesante que sea en sí, no puede substituir a la acción. ¿Cuántas veces hemos vistos campañas bienintencionadas como ésta, pidiéndonos firmar o ejecutar de alguna otra forma poco onerosa y de escaso compromiso personal alguna acción de descargo de nuestra conciencia? Estamos tan acostumbrados a estas cosas, tan alienados, que llegamos a creer que estas actividades de pensamiento positivo tienen por sí mismas un efecto real (pensamiento mágico) y no sólo eso sino que además ésta es la única manera de reaccionar delante de estos problemas que nos transcienden en su enormidad. Acaba siendo un recurso facilón: alguien organiza no se sabe muy bien qué, pero que suena a comprometido, a positivo, y como borregos hacemos eso y sólo eso. Es cómodo y es nuevamente una delegación de nuestra ineludible responsabilidad personal a una autoridad demiúrgica infalible, omnisciente y benevolente.


Pero, hablando de simbolismos, hubo otra cosa que me llamó la atención, que sucedió unos pocos meses más tarde. Y es que el embellecedor exterior y el propio mecanismo del interruptor habían desaparecido, como refleja la foto que muestro arriba. No sé si algún vándalo lo arrancó, o si el Ayuntamiento decidió desmontarlo por algún motivo tras un plazo prudencial (aunque me llamó la atención que no lo terminaran de desmantelar completamente, eliminando rótulo y todo). El caso es que en la actualidad es un símbolo mejor que el anterior, porque muestra al tiempo de lo arriba comentado la inutilidad del gesto, vacío, sin mecanismo ya.


En el post anterior algún comentarista mencionaba que la actuación del Ayuntamiento de Figueres con la cubierta fotovoltaica de la Plaça de Catalunya era la correcta porque por lo menos apostaba por las renovables. Aparte de que es dudoso de que esa concreta actuación sea realmente una apuesta por la energía renovable (léanse los comentarios del post, que los hay notables y muy bien documentados), el problema es de nuevo conferirle demasiado poder a los símbolos. Los símbolos conceptualizan y sintetizan realidades vastas, complejas; de algún modo las resumen, al igual que la palabra "vaca" resume nuestro conocimiento sobre las características de ese mamífero, resumen que ya no hace falta repetir porque nuestro oyente, que comparte nuestro código, ya conoce. El problema comienza cuando se pervierten los símbolos y se pretende hacer creer que tienen un contenido que no es real. Pensar que cualquier cosa que suene a inversión en energía renovable es correcto porque en este momento de escasez energética lo que necesitamos son medios renovables es engañarse, y mucho; esas ideas pueden acabar siendo los coletazos mortales de una sociedad industrial que no es capaz de reponerse a la llegada del Peak Oil. No basta con invertir en energías renovables, hay que hacerlo con sentido y con intención de resolver problemas, no de agravarlos dilapidando los escasos recursos que nos quedan. Puestos a abusar de los símbolos, me quedo con este otro interruptor, que se encuentra en un edificio de la Rambla:



En catalán el letrero dice "Apretar para olvidar"




Lástima que como con su hermano del Ayuntamiento el mecanismo del interruptor también haga tiempo que se perdió.

Salu2,
AMT

domingo, 31 de julio de 2011

Anumerismo y responsabilidad

Cubierta fotovoltaica de la Plaça de Catalunya de Figueres, vista desde abajo. Foto de la página web de Oscar Guayabero, http://www.guayabero.net
 
Queridos lectores,

Dado que estos días estoy de asueto estival voy a hacer un post cortito que hace tiempo que quería escribir, para ilustrar con un ejemplo concreto hasta qué punto muchas veces nuestros líderes hacen un diagnóstico correcto de los problemas a los que tenemos que hacer frente pero su manera de proceder delante de problemas reales es no sólo poco práctica sino complemente inadecuada, incluso cuando actúan en la dirección correcta. Vayamos con el ejemplo.

Desde hace unos meses la Plaça de Catalunya de Figueres, localidad catalana donde resido actualmente, tiene una flamante cubierta fotovoltaica que proporciona sombra a los comerciantes que se sitúan debajo de ella los días que hay mercado o los mercadillos de antigüedades, y electricidad gracias a los paneles que hay situados arriba. Dada la situación de crisis energética en la que nos vemos envueltos parece que el Ayuntamiento de Figueres, promotor de la obra, ha demostrado tener una gran sensibilidad con esta actuación. Pero, ¿verdaderamente era ésa la mejor actuación posible en función del coste que ha tenido? Para poder valorar la bondad de la obra no hay como tomar los números que el propio Ayuntamiento de Figueres pone a disposición de sus ciudadanos en la página web que tiene dedicada a esta cubierta fotovoltaica; todos los datos que siguen han sido extraídos de ahí. La obra en cuestión ha costado 2.077.400,35 euros y el Ayuntamiento estima que la electricidad que permitirá generar las placas fotovoltaicas representarán un ahorro anual de 37.000 euros (se entiende que a precios actuales). La primera pregunta que se puede hacer uno es en cuánto tiempo la producción eléctrica pagará toda la obra; tirando de calculadora al dividir la primera cifra por la segunda se obtiene que la obra tiene un payback time, o plazo de recuperación de la inversión, de más de 56 años. Teniendo en cuenta que la vida útil de un panel fotovoltaico típico es de 30 años eso quiere decir que las placas no durarán lo suficiente como para recuperar la inversión. Bien es cierto que una parte sustancial del coste de esta instalación es atribuible a la estructura de vigas y pilares de acero que soporta las placas, pero teniendo en cuenta lo que suelen durar las construcciones  dentro de 50 años seguramente se considerará también agotada su vida útil. Se ha de hacer notar que el techo de esta cubierta es muy elevado para evitar que los edificios colindantes proyecten su sombra sobre las placas; además, la superficie total cubierta es grandiosa: 1,173 metros cuadrados. Ambos hechos hacen que la estructura sea por tanto más grande y costosa, y eso es lo que habrá hecho que el precio se dispare de la manera que lo ha hecho. La conclusión es en todo caso que estamos delante de una instalación que en principio pretende ser una fuente de energía (si se ha elevado tanto la cubierta y se ha abarcado tanta superficie es a este fin, puesto que anteriormente a esta cubierta había dos marquesinas de mucha menor alzada y superficie que ya daban suficiente cobijo al mercado), pero que desde el punto de vista económico, con los mismos números que da el Ayuntamiento, no se puede justificar. Ok, pensemos que desde el Ayuntamiento hay una no ya grande sino inaudita sensibilidad respecto al problema de la próxima escasez energética, y que hayan decidido hacer una instalación estratégica para Figueres aunque económicamente no sea justificable hoy en día, simplemente porque quieren garantizar que en el futuro habrá un suministro adecuado de electricidad para la ciudad. Veamos. Resulta que el propio Ayuntamiento estima que los paneles producirán unos  127 megavatios·hora por año. Puede parecer mucho, pero si lo expresamos en términos de potencia media equivalente a esta energía producida anualmente (simplemente, dividiendo los 127 megavatios·hora por las horas que tiene un año, 8,760) nos encontramos que esta potencia media es de aproximadamente 14,5 kilovatios. Evidentemente habrá momentos en que las placas proporcionarán 0 kilovatios (por la noche, obviamente) y otros en los que quizá produzcan 50 ó 60 kilovatios, pero en media los 1,252 metros cuadrados de paneles orientados hacia el Sur nos darán 14,5 kilovatios. Eso en España viene a ser como la potencia contratada por 3 ó 4 pisos y como el consumo medio de 8 o 10 pisos, así que nuestra gigantesca placa podrá dar suministro a uno de los bloques de pisos que tiene enfrente; pongamos que a unas 40 personas, 1.000 veces menos que la población actual de Figueres. Por tanto, desde el punto de vista de la seguridad en el suministro esta inversión tampoco parece especialmente justificada.


Tenemos que esta costosa y voluminosa instalación es en cuanto a fuente energía deficitaria en términos económicos (otra cosa es su valor para usos comunitarios, aunque lo que había antes ya cubría bien su función) e insuficiente como garantía de suministro. La pregunta obligada por tanto es: ¿qué sentido tenía hacer esta obra? Y estoy seguro de que el Ayuntamiento de Figueres es, de todos los de Cataluña, de los que más sensibilidad tiene en temas medioambientales y de sostenibilidad, pero, sinceramente, no sé quién asesoró al concejal de turno que tomó la decisión de emprender esta obra. Lo curioso y paradójico de esta situación es que un simple vistazo rápido a los números que publicita el Ayuntamiento muestra lo absurdo de esta actuación. Es decir, los mismos números que enarbolan para vanagloriarse (y, por qué no decirlo, en un ejercicio de transparencia que les honra) muestran lo equivocados que están. Dado que los números están a la luz estoy convencido de que nadie ha reparado en que no cuadran. ¿Qué problema hay aquí, entonces? Uno del que hemos hablado frecuentemente: el anumerismo.


Resulta que en una sociedad tan tecnificada como la nuestra, aparte del analfabetismo funcional de tantas personas embelesadas por los medios de distracción de masas, existe otra forma perniciosa de analfabetismo, el analfabetismo aritmético. La gente no es capaz de hacer operaciones sencillas, comparar cantidades, tener una idea grosso modo de cuántas veces una cantidad contiene a otra, ver a primer golpe de vista si algo es muy grande, muy pequeño o está groseramente en el intervalo adecuado. Dado el general desprecio hacia la cultura por mor de la consecución de un status más elevado y la despreocupación ciudadana general hacia los problemas que más de cerca les tocan (lo que les hace incapaces de entender el Oil Crash como también otros muchos problemas), es normal que las actividades de las ramas científico-técnicas, las matemáticas en particular, y más en particular las habilidades aritméticas sean prácticamente desconocidas por el hombre común. Lo cual es grave, porque no se puede ser plenamente ciudadano sin comprender la realidad de la ciudad en la que vives, y un hombre desprovisto de matemáticas es, en muchos aspectos, un hombre indefenso. A mayores, ha querido una concepción errónea de la educación tan cara al sistema español el hacer una división radical entre las llamadas Ciencias y las llamadas Letras, con el agravante de  que los que mayoritariamente se forman para el servicio público y el liderazgo político provengan de estas últimas y sean perfectamente legos en el manejo de los números. Sin embargo, tales deficiencias son hoy en día inaceptables, y tanto más que para poder lidiar con una realidad cada vez más compleja, donde el crecimiento económico no se puede dar por garantizado, se ha de ser mínimamente versado en el cálculo más básico. De otro modo, ¿cómo se pueden tomar decisiones de gran calado de manera responsable si no se entienden los aspectos más fundamentales? Seguramente, una mayor seriedad, un mejor ejercicio de la responsabilidad, una mejor comprensión de las matemáticas más básicas, haría comprender que es flagrante que no se puede crecer indefinidamente y encima a un ritmo exponencial en un planeta finito; y haría que se dejasen de decir expresiones absurdas como "recuperar la senda del crecimiento" o "crecimiento sostenible".


En los tiempos de la Gran Escasez que ya algunas personas destacadas vaticinan el listón de exigencia para nuestros líderes estará inevitablemente más alto. Si algún alcalde o concejal de alguna localidad da en leer estas lineas le animo cordialmente a que lea "Por qué los políticos no entienden el Oil Crash", y allí comprenderá la gravedad de lo que le espera y de lo que se espera de él. Porque cuando los recursos ya no sobran no nos podemos permitir el lujo de perder uno o dos millones de euros en un proyecto inútil.

Salu2,
AMT

lunes, 25 de julio de 2011

Status y cultura


Queridos lectores,

Una vez más cedo el espacio de hoy a Juan Luis Chulilla, el cual ampliará más la discusión previa que presentó en el post "Peak Oil y status social: cuando nuestras raíces juegan en nuestra contra".

Salu2,
AMT

 
Es posible que algunos os quedarais del post anterior con una impresión pesimista, incluso fatalista: si nuestro comportamiento consumista depende del status social, y el status es un motor fundamental para la acción de los individuos que hunde las raíces en nuestros instintos, ¿hay alguna esperanza?

Pues sí, la hay. Y nace de la asimetría entre instinto y cultura, y de superar nuestro etnocentrismo y cronocentrismo. Vamos por partes:

1) El instinto es universal. Somos una sola especie, y salvo diferencias regionales menores, desde el tono de piel, la tolerancia al alcohol o a la lactosa, compartimos toda la herencia genética. Uno de esos instintos es la organización social por status en competencia: al igual que los demás mamíferos sociales, uno de los puntales más importantes de la organización social es la competitividad por alcanzar o mantener una posición dentro de un grupo dado.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que no podemos encontrar instintos “puros” en el ser humano, sino que siempre van a estar fuertemente mediatizados por la cultura - incluso el instinto de supervivencia, siendo tan poderoso, encuentra multiplicidad de matices culturales, desde las acciones, ritos y ahora deportes de riesgo, hasta el suicidio ritual. El status es básicamente cultura - a partir de un cimiento instintivo, cada sociedad construye unas pautas y valores por las que los individuos alcanzan o mantienen una posición dada.

La asimetría viene dada por el hecho de que compartimos el mencionado instinto hacia el status, pero en cada sociedad y en cada momento histórico lo expresamos de una manera diferente... muchas veces, radicalmente diferente. Por ejemplo, en nuestro Siglo de Oro, el trabajo, especialmente el trabajo manual, era muy negativo para el status: era lo que se conocía como deshonra moral del trabajo. El hidalgo antes reventaba de hambre, o iba desnudo bajo su capa, que rebajarse a trabajar. O también, en las sociedades judías más conservadores, el status más elevado se alcanza a través del estudio, de manera que quien logra ser un gran erudito de los textos y leyes canónicas se posiciona dentro de la élite de esa sociedad. El comerciante, de estatus limitado antes de la Edad moderna, tiene hoy como techo de status sus logros económicos.

En resumen, la presión por competir por status va a estar siempre presente, pero se va a manifestar de muchas formas diferentes.

2) El etnocentrismo es la creencia de que los valores, características y peculiaridades de nuestro grupo es superior a los de los otros grupos, sociedades y culturas humanas. No tenéis más que pensar en los chistes de “va un alemán, un francés y un español”, o en la ingente variedad de tópicos (la inmensa mayoría, negativos) que tenemos acerca de otras culturas, o en los tópicos positivos que tenemos sobre nuestra cultura (“aquí se vive o se come como en ninguna otra parte”, p.e.). Chovinistas lo somos todos, del neoyorquino al esquimal.

Además, y dejando romanticismos aparte del tipo de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, lo cierto es que los logros materiales y hasta morales de nuestra época (de la sociedad de consumo a la democracia, la mejora de los derechos de las mujeres, etc.), nos tientan a ser etnocéntricos no respecto a otras culturas, sino respecto a nuestros antepasados. Y no sin razón, si pensamos en infanticidio, hambre o analfabetismo. Sin embargo, este cronocentrismo no distingue y da a nuestra época un carácter insuperablemente positivo, pasando de puntillas por nuestra sociedad de consumo y su futura combinación explosiva con el Oil Crash.

Acabamos de ver que hay una variedad inmensa de formas culturales en las que se expresa el status. Sin embargo, el etnocentrismo y el cronocentrismo juegan en nuestra contra, y es difícil de evitar pensar en el status en nuestros términos, europeos de principios de siglo XXI.

En el contexto de la crisis del petróleo, esto sólo invita al pesimismo, y con buena razón: si el status se expresa a través del consumo, y seguimos quemando nuestros recursos para mantener el status de cada grupo social hasta donde llega (y hasta donde no llega, gracias al crédito), es complejísimo que se den los pasos apropiados para reducir el consumo y apantallar el impacto del Oil Crash: vía consumo, definimos nuestra posición en la sociedad. Esto ayuda a explicar en buena medida por qué está costando tanto, por qué se está retrasando tanto, las medidas para afrontar la crisis energética que ya tenemos encima.

Uno de los mejores medios para luchar contra el etnocentrismo es valerse de los resultados de la antropología. No es por nada, pero los antropólogos nos hemos dedicado a estudiar las culturas (y el etnocentrismo como parte de todas ellas) durante un siglo. Y nuestra forma de luchar contra el etnocentrismo es dar a conocer la apabullante variedad que hay entre las culturas humanas, de manera que la importancia de las cosas queda sujeta a la cultura de cada grupo en cada momento.

El status se expresa mediante el consumo en nuestra sociedad actual. Sin embargo, otras sociedades lo han expresado y vehiculado de formas muy diferentes. Por ejemplo, aquellas sociedades que se basan en la redistribución separan radicalmente la posesión de bienes del status. En una sociedad redistributiva, desde los Kwaikutl canadienses a no pocas sociedades melanesias, la producción de artículos se centraliza bajo la figura de un jefe, que trabaja de manera ejemplar (produciendo como el que más) y además destaca por el respeto que se tiene a su criterio. Después de un festival de cerdos, por ejemplo, un jefe melanesio se quedará con menos cantidad que nadie, una vez que haya repartido a todo el grupo, pero precisamente por eso y por su eficacia al organizar el trabajo colectivo será un jefe: el grupo confiará en él a la hora de tomar decisiones colectivas y de dirimir disputas. De la misma manera, en una sociedad basada en la reciprocidad, se te declarará brujo (y expulsable del grupo, lo que equivale a una condena a muerte en entornos duros) si retienes para ti en vez de entregar al grupo el grueso de tu producción. El “hoy por ti, mañana por mi” es la regla literal y casi única de organización entre los !Kung o bosquimanos del desierto del kalahari, por ejemplo. El status en este caso se basa en la edad, en algunas habilidades (caza, hechicería) y en que el grupo te atribuya un criterio especialmente válido a la hora de organizar el trabajo común.

He puesto ejemplos muy diferentes a nuestra forma de organización (intercambio de bienes y servicios dentro de una economía de mercado postindustrial) para acentuar la diferencia entre fuentes culturales de status. El status, de hecho, tiene tantas fuentes como formas y motivos de organización social, desde un ejército hasta un club filatélico, pasando por una secta, un gremio o una cuadrilla para beber el fin de semana.

Lo que tenemos encima no es ninguna broma: nuestra sociedad se basa en el consumo, no sólo como sistema de producción sino, peor, como forma de organización por status. Eso no puede cambiar por las buenas y de forma indolora. Sin embargo, somos la especie viva más adaptable que existe, y hemos poblado y modificado cada rincón del planeta (y hasta puede que consigamos colonizar otras partes del sistema solar, aunque cada vez tenemos menos posibilidades de lograrlo). Nuestra adaptación se debe a nuestras culturas, a como cada cultura se adapta a cada circunstancia. Aquí hay que añadir que no todas las prácticas culturales son adaptantes: que se lo pregunten a los colonos vikingos de Groenlandia o a los habitantes de Pascua. Esto implica que no tenemos garantizado el éxito, pero por supuesto tampoco el fracaso, contra el que podemos emplear nuestra flexibilidad como sociedades.

Si otras sociedades en otros momentos se han organizado de manera diferente a nosotros, quiere decir que nosotros también podemos. Mi conclusión es que, si tenemos el incentivo apropiado, podemos cambiar las fuentes de nuestra organización por status y abandonar el consumismo destructor. Coincido plenamente con Antonio en su último post: la mejor forma que está a nuestra disposición de iniciar este cambio es motivándolo, y para ello la ciudadanía tiene que estar informada. Esto no implica que el cambio pueda ser todo lo rápido que nos gustaría, porque una parte importante va a resistirse a aceptar el Oil Crash hasta que no se le venga encima por la amenaza que supone para su status, pero sin información sólo queda esperar sentados a nuestra puerta a ver cómo el Oil Crash nos alcanza en toda su gloria.

Juan Luis Chulilla