domingo, 17 de noviembre de 2013

Diario de trinchera: Malaise

Imagen de The New Yorker: http://www.newyorker.com/online/blogs/movies/2013/03/glad-to-be-unhappy-the-french-case.html

Frío.

La primera cosa que sentí al poner el pie en Francia fue frío. Mucho frío. Frío como hacía tiempo que no sentía. Y eso que sólo estaba en Narbona, que tiene un clima mediterráneo; cuando llegase a mi destino final, Burdeos, en plena fachada atlántica, ¿qué tiempo me iba a encontrar? Ciertamente las temperaturas tan benignas que estábamos teniendo en Cataluña estos días no son normales, pero me chocó el fuerte contraste con Narbona.

Había dejado el primero de los cuatro trenes que tenía que tomar, y aproveché que en ese cambio de trenes tenía un poco más de tiempo para comprar algo de beber y así acompañar la comida que traía de casa. Ya no tuve el resto del viaje tiempo de curiosear como suelo en los quioscos, para ver las noticias que enmarcan los titulares del país vecino; las correspondencias eran muy justas y en cada cambio de tren me tenía que concentrar en no perder el siguiente. Aproveché el rato para repasar la tesis de la que iba a ser jurado esa misma tarde, la tercera en Francia este año, y para ir leyendo la cuarta, que tendré que ir a juzgar dentro de un mes.

La lectura de tesis fue tranquila, sin grandes sobresaltos; un buen trabajo, bien presentado, sobriamente defendido. Très honorable sin gran discusión. Me sorprendió ver mucha menos gente de lo habitual. El piscolabis de después de la lectura también era mucho más comedido que el que había visto 10 meses antes en el mismo lugar.

Era el momento de la conversación informal con los otros miembros del jurado, todos ellos franceses, que discurrió por los derroteros previsibles, hasta que en un momento comenzamos a hablar de la situación general de España. No habían oído hablar de la gran cadena humana que en Cataluña reclamó la independencia el 11 de Septiembre pasado ("la democracia en mi país comenzó a morir cuando las noticias que nos llegaban de fuera eran cada vez más escasas e irrelevantes", diría Jan Palermo). Yendo ya al detalle de cómo nos afecta a los investigadores este amargo declinar de la economía española yo les conté algunas de las miserias actuales de mi centro. Pues resulta que después de todas las penalidades que explicaba en un post reciente finalmente el Gobierno aprobó a mediados de Octubre un crédito extraordinario al CSIC para "rescatarlo" (del hoyo donde ellos mismos le habían puesto), y de nada menos que 70 millones de euros, que era lo que necesitábamos para cubrir todos nuestros agujeros de este año. La alegría de haber recibido por fin el "rescate" ("rescate" anunciado a bombo y platillo a la prensa) duró menos de un semana, cuando desde la Organización Central del CSIC se comunicó a los centros que sólo recibiríamos 27 millones (casi lo que el CSIC gasta en un mes), con la advertencia de que ya no llegará nada más este año; esto ha obligado a tomar medidas extremas en todas partes y en particular en mi centro, medidas que más temprano que tarde tendrán consecuencias graves (disculpen que no sea más explícito pero no quiero perjudicar aún más a mis compañeros). Yo iba desgranando detalles escabrosos de lo que ahora mismo es nuestro día a día mientras mis colegas me miraban con estupefacción, alguno incluso con rabia contenida. Y es que a pesar de la distancia económica, social y cultural comienzan a ver que quizá un día las mismas miserias les lleguen a ellos.

La conversación se iba animando, y así pude sondearles sobre su opinión sobre el futuro de Francia. Confirmando mis impresiones de mis viajes recientes, hay un pesimismo creciente, y un algo inconcreto que indica que Francia está bajando a buen ritmo. Abuelos que le dan cheques con pequeñas cantidades a sus hijos, como regalo de cumpleaños para los nietos, pero que les ruegan que esperen un mes para cobrar. Mercados donde ya hace tiempo la gente va a la compra y compra una manzana, o una pera, o medio melón; y donde comienza a aparecer gente que quiere comprar media manzana. Tiendas y restaurantes que ya no aceptan el pago con cheques, lo cual para un país como Francia supone un síntoma clarísimo de degradación: desde hace décadas pagar con cheque es un rasgo distintivo en Francia; antes de la invención de las tarjetas de crédito y de débito los franceses usaban los cheques para pagarlo todo, y es aún común pagar así aunque sea un simple café en un bar. Teniendo eso en cuenta, que no se acepten cheques en algunos locales significa que se han encontrado demasiados cheques sin fondos, lo cual es una temeridad en Fracia: la ley francesa, para apoyar el comercio, castiga de manera muy estricta el extender cheques sin fondos. Temeridad fruto de un mal cálculo, o de la misma desesperación.

El viaje de vuelta fue más tranquilo, con correspondencias más largas, y estuve curioseando los diarios; incluso tuve la tentación de comprar un par de ellos. Los diarios de la derecha avisan de que la mayoría de la población quiere elecciones anticipadas mejor que una simple crisis de Gobierno, mientras algunos semanarios indican como "deshacerse del (presidente) Hollande desde arriba", y le representan como un monarca absoluto, con corona de oro y capa de armiño. Los medios de izquierda ponen el énfasis en el alza de impuestos prevista para el próximo 1 de Enero, dando el consuelo a la mayoría de la población de que si bien los impuestos suben para todo el mundo lo hacen de manera muy fuerte para las grandes rentas, que tendrán que pagar hasta el 70% de sus ingresos... lo cual origina no pocos debates y problemas (y quizá el encono de la derecha contra el "Rey Hollande"). La revista de curiosidades prácticas incluye en su número de esta semana una guía sobre cómo no privarse de nada (comida, espectáculos, electrónica... diría que algunas "necesidades básicas" no lo son tanto) y pagar mucho menos (mi consejo: una manera de ahorrar dinero es no comprando esta revista). Y como cosa curiosa, trae un reportaje sobre cuánto vale el Ejército. La orgullosa Francia cuestionándose su Ejército, qué cosas...

En la modesta habitación de mi hotel hacía frío, así que tuve que encender la calefacción. Eléctrica, como suelen serlo en Francia. Francia apostó hace décadas por una fuerte electrificación de la energía doméstica, confiada como estaba en su apuesta nuclear. Pero como ya sabemos hay problema últimamente con el uranio: el pico del uranio parece inminente y Francia tiene problemas de aprovisionamiento en algunos enclaves críticos para ella. Y aunque la desgracia de Japón ha liberado tensión sobre el mercado de uranio (Japón cerró todas sus centrales nucleares después del tsunami de 2011 y el desastre de Fukushima) el último envío de material nuclear desde Rusia a EE.UU. dentro del programa Megatons to Megawatts (recuerden que la mitad del combustible nuclear consumido por los EE.UU. hoy en día viene de Rusia con ese acuerdo) es el preludio de graves problemas para Francia, que a partir de ahora sufrirá para encontrar uranio. Eso, en medio de un proceso de descenso, la industria en progresiva decadencia, el malestar social creciendo... Las cosas pintan mal para el futuro de nuestros vecinos del Norte,


Cuando volví a Figueres y pisé de nuevo suelo (de momento) español sentí frío. Por fin el mal tiempo había llegado a mi casa. Hacía frío, mucho frío.

Frío.



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