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martes, 4 de septiembre de 2012

It´s the biosphere, stupid!

Queridos lectores,

Una nueva pluma se incorpora a la nómina ya grande de contribuyentes de The Oil Crash: Juan Manuel González. En su primer post parafrasea aquella frase que usó Clinton en campaña electoral. Sólo que pone el énfasis en lo que verdaderamente es importante esta vez. Les dejo con Juan Manuel.

Salu2,
Antonio


It´s the biosphere, stupid.
Ayer, dando un paseo, un amigo que escribe un blog sobre economía me preguntó cuales eran a mi juicio las amenazas más acuciantes de la crisis ecológica que se cierne sobre nosotros. Me pareció que quería saberlo para avisar a sus lectores de que además de las crisis financiera, económica y social que vivimos tendremos que aguantar el embate de un cuarto jinete.
Yo trate de hacerle entender (creo que sin éxito) que todas y cada una las crisis antes mencionadas son procesos que están vinculados unos con otros. Así, aunque puedan trazarse causas inmediatas para algunas de estas crisis (la crisis financiera tiene que ver con el volumen de la deuda, la crisis económica con la exposición a la misma del sistema productivo, la social con las estrategias de los grupos dominantes dada la organización social existente, etc…) todas remiten en última instancia a un mismo origen.
Y es que estos procesos suceden simultáneamente en los distintos niveles de un mismo edificio, ese al que los antiguos griegos llamaron “Oikos” y nosotros llamamos la Biosfera. La Biosfera es el medio en el que se desarrolla la vida en nuestro planeta, un sistema cerrado que funciona gracias a la energía que recibe del sol. Esta aportación de energía más o menos constante es suficiente para que cicle todos los materiales que la componen y que hacen posible la vida. Así, solamente con el aporte solar la Biosfera ha sido durante miles de años capaz de proveer sustento material para las distintas poblaciones de seres vivos de la cadena trófica (incluidos los humanos de las sociedades preindustriales) siempre que no superasen el límite de sustentabilidad de su ecosistema. Nuestra economía, un subsistema más dentro de la Biosfera, está sometida a las mismas leyes físicas que rigen el sistema en el que se inserta. 

 
Todos los subsistemas (ecosistemas) que componen la Biosfera se regeneran constantemente ganando en complejidad y madurez. Se hacen más resilentes. Mejoran. Todos menos el subsistema de la economía humana que, sobre todo en los últimos doscientos años, parece empeñado en crecer hasta atrofiarse devorando al resto de sistemas que lo sostienen y minando sus posibilidades de regeneración. Poniéndole imaginación sería algo así como si los habitantes de la última planta del edificio utilizasen la madera de la estructura que les soporta para construir sucesivas plantas con mejores vistas; o como si un feto incapaz de sobrevivir fuera del seno materno, quisiera crecer más que su madre a base de comérsela desde dentro (un símil ya conocido es aquel que compara nuestra sociedad con un cáncer). Por si esto fuera poco el ritmo de crecimiento de este sistema no sigue una función lineal sino exponencial. 


Las elevadas tasas de crecimiento experimentadas hasta hoy se deben a que el uso que realizaba nuestra economía del stock finito de energía solar fósil (carbón, petróleo, gas) también crecía de manera exponencial. Todo lo bueno se acaba; el cenit de la función exponencial de extracción de petróleo se alcanzó en el año 2005; el del gas se alcanzará, más pronto o más tarde dentro de los próximos 20 años.
Los distintos enfoques económicos elaborados al calor de la sociedad industrial desde el liberalismo al marxismo han sido históricamente “autistas” a esta realidad. Sus aportaciones serán de poca utilidad para un futuro post-industrial si no comprendemos las leyes físicas que rigen el sistema al que pertenecemos.
Pocos de los agentes económicos que cada día toman decisiones que nos afectan a todos parecen comprender las implicaciones de que nuestro sistema económico y por ende nuestra sociedad sean subsistemas dentro de la Biosfera.
La primera implicación que se desprende es que siendo la biosfera un sistema cerrado, los recursos materiales, bien sean en forma de stocks o de flujos, de los que nuestra economía puede apropiarse son finitos. Dado un sistema financiero que necesita de un crecimiento económico sostenido y especialmente dado a la especulación con los recursos, y un sistema económico que (incluso sin crecimiento) es totalmente dependiente de un suministro estable (en cantidad y precio) de ciertos recursos materiales escasos, tenemos puestas las bases para crisis financieras recurrentes. Una alta exposición a la deuda de todos los agentes económicos y de los sistemas productivos en particular (financiarización) es el vector para el contagio seguro a la llamada economía real.
La segunda implicación es menos obvia: Para que nuestras sociedades puedan tener una oportunidad a medio plazo es necesario que la economía imite el comportamiento de la Biosfera. Esto implica destinar medios a transformar los sistemas productivos de forma que utilicen el flujo y los stocks renovables de energía solar en todas sus formas para cerrar los ciclos de materiales (agua, carbono, nitrógeno, etc…) acelerando y mejorando estos procesos.
En definitiva es necesario invertir. Justo lo contrario a lo que están haciendo las distintas administraciones públicas y muchas instituciones privadas que cortan las inversiones para intentar reducir gastos y mantener (sin éxito) sus organigramas. Como nuestras instituciones no parecen estar a la altura tendremos que empezar nosotros.
Vamos a necesitar medios: ingenio para determinar una escala de manejo de los procesos productivos que será diferente en cada caso y vendrá determinada por las diferentes aptitudes de los territorios y las capacidades y limitaciones organizativas de sus habitantes; tiempo para ponernos de acuerdo sobre ello y sobre las conexiones que se establecen entre los sistemas. Y dinero, se necesitarán agentes que, con criterios territoriales, movilicen el ahorro para este proceso de transformación productiva.
Una vez clarificadas estas implicaciones parece más sencillo imaginar cuál es el patrón de relaciones que más conviene a este proceso. ¿El parasitismo de antaño, la depredación actual o el mutualismo que predomina en el resto de los sistemas vivos?