Una nueva pluma se incorpora a la nómina ya grande de contribuyentes de The Oil Crash: Juan Manuel González. En su primer post parafrasea aquella frase que usó Clinton en campaña electoral. Sólo que pone el énfasis en lo que verdaderamente es importante esta vez. Les dejo con Juan Manuel.
Salu2,
Antonio
It´s the
biosphere, stupid.
Ayer, dando un paseo, un amigo que
escribe un blog sobre economía me preguntó cuales eran a mi juicio
las amenazas más acuciantes de la crisis ecológica que se cierne
sobre nosotros. Me pareció que quería saberlo para avisar a sus
lectores de que además de las crisis financiera, económica y social
que vivimos tendremos que aguantar el embate de un cuarto jinete.
Yo trate de hacerle
entender (creo que sin éxito) que todas y cada una las crisis antes
mencionadas son procesos que están vinculados unos con otros. Así,
aunque puedan trazarse causas inmediatas para algunas de estas
crisis (la crisis financiera tiene que ver con el volumen de la
deuda, la crisis económica con la exposición a la misma del sistema
productivo, la social con las estrategias de los grupos dominantes
dada la organización social existente, etc…) todas remiten en
última instancia a un mismo origen.
Y es que estos
procesos suceden simultáneamente en los distintos niveles de un
mismo edificio, ese al que los antiguos griegos llamaron “Oikos”
y nosotros llamamos la Biosfera. La Biosfera es el medio en el que se
desarrolla la vida en nuestro planeta, un sistema cerrado que
funciona gracias a la energía que recibe del sol. Esta aportación
de energía más o menos constante es suficiente para que cicle todos
los materiales que la componen y que hacen posible la vida. Así,
solamente con el aporte solar la Biosfera ha sido durante miles de
años capaz de proveer sustento material para las distintas
poblaciones de seres vivos de la cadena trófica (incluidos los
humanos de las sociedades preindustriales) siempre que no superasen
el límite de sustentabilidad de su ecosistema. Nuestra economía, un
subsistema más dentro de la Biosfera, está sometida a las mismas
leyes físicas que rigen el sistema en el que se inserta.
Todos los subsistemas
(ecosistemas) que componen la Biosfera se regeneran constantemente
ganando en complejidad y madurez. Se hacen más resilentes. Mejoran.
Todos menos el subsistema de la economía humana que, sobre todo en
los últimos doscientos años, parece empeñado en crecer hasta
atrofiarse devorando al resto de sistemas que lo sostienen y minando
sus posibilidades de regeneración. Poniéndole imaginación sería
algo así como si los habitantes de la última planta del edificio
utilizasen la madera de la estructura que les soporta para construir
sucesivas plantas con mejores vistas; o como si un feto incapaz de
sobrevivir fuera del seno materno, quisiera crecer más que su madre
a base de comérsela desde dentro (un símil ya conocido es aquel que
compara nuestra sociedad con un cáncer). Por si esto fuera poco el
ritmo de crecimiento de este sistema no sigue una función lineal
sino exponencial.
Las elevadas tasas de
crecimiento experimentadas hasta hoy se deben a que el uso que
realizaba nuestra economía del stock finito de energía solar fósil
(carbón, petróleo, gas) también crecía de manera exponencial.
Todo lo bueno se acaba; el cenit de la función exponencial de
extracción de petróleo se alcanzó en el año 2005; el del gas se
alcanzará, más pronto o más tarde dentro de los próximos 20 años.
Los distintos enfoques
económicos elaborados al calor de la sociedad industrial desde el
liberalismo al marxismo han sido históricamente “autistas” a
esta realidad. Sus aportaciones serán de poca utilidad para un
futuro post-industrial si no comprendemos las leyes físicas que
rigen el sistema al que pertenecemos.
Pocos de los agentes
económicos que cada día toman decisiones que nos afectan a todos
parecen comprender las implicaciones de que nuestro sistema económico
y por ende nuestra sociedad sean subsistemas dentro de la Biosfera.
La primera
implicación que se desprende es que siendo la biosfera un sistema
cerrado, los recursos materiales, bien sean en forma de stocks o de
flujos, de los que nuestra economía puede apropiarse son finitos.
Dado un sistema financiero que necesita de un crecimiento económico
sostenido y especialmente dado a la especulación con los recursos, y
un sistema económico que (incluso sin crecimiento) es totalmente
dependiente de un suministro estable (en cantidad y precio) de
ciertos recursos materiales escasos, tenemos puestas las bases para
crisis financieras recurrentes. Una alta exposición a la deuda de
todos los agentes económicos y de los sistemas productivos en
particular (financiarización) es el vector para el contagio seguro a
la llamada economía real.
La segunda implicación
es menos obvia: Para que nuestras sociedades puedan tener una
oportunidad a medio plazo es necesario que la economía imite el
comportamiento de la Biosfera. Esto implica destinar medios a
transformar los sistemas productivos de forma que utilicen el flujo y
los stocks renovables de energía solar en todas sus formas para
cerrar los ciclos de materiales (agua, carbono, nitrógeno, etc…)
acelerando y mejorando estos procesos.
En definitiva es
necesario invertir. Justo lo contrario a lo que están haciendo las
distintas administraciones públicas y muchas instituciones privadas
que cortan las inversiones para intentar reducir gastos y mantener
(sin éxito) sus organigramas. Como nuestras instituciones no parecen
estar a la altura tendremos que empezar nosotros.
Vamos a necesitar
medios: ingenio para determinar una escala de manejo de los procesos
productivos que será diferente en cada caso y vendrá determinada
por las diferentes aptitudes de los territorios y las capacidades y
limitaciones organizativas de sus habitantes; tiempo para ponernos de
acuerdo sobre ello y sobre las conexiones que se establecen entre los
sistemas. Y dinero, se necesitarán agentes que, con criterios
territoriales, movilicen el ahorro para este proceso de
transformación productiva.
Una vez clarificadas
estas implicaciones parece más sencillo imaginar cuál es el patrón
de relaciones que más conviene a este proceso. ¿El parasitismo de
antaño, la depredación actual o el mutualismo que predomina en el
resto de los sistemas vivos?

