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miércoles, 8 de julio de 2020

Año novedoso para Latinoamérica: la producción cae por debajo del consumo

Queridos lectores:

Una vez más, Demián Morassi nos ofrece un ensayo sobre la evolución de la producción y consumo de energía en Latinoamérica. Un imprescindible análisis esperado cada año y cada vez más importante, pues proporciona importantes pistas sobre la creciente inestabilidad en la región y por qué ésta no tiene visos de mejorar en un futuro próximo.

Pero mejor les dejo con Demián, quien se lo explicará mejor.

Salu2.
AMT


Año novedoso para Latinoamérica: la producción cae por debajo del consumo

Yermán Rojas (microfibra y acuarela sobre papel)

Latinoamérica y el Caribe durante 2019 terminaron con varios episodios que fácilmente podemos denominar caóticos: medidas políticas drásticas, movilizaciones multitudinarias, crisis políticas por doquier, oficialismos que pierden las elecciones, enfrentamientos con detenciones, heridos y muertos y hasta un golpe de Estado.

De fondo están los problemas económicos y políticos particulares de cada país pero también problemas que afectan a la región en general. Uno de los problemas, para nosotros central, es el declive energético. Para entender este declive es siempre interesante revisar los datos aportados por el BP Statistical Review of World Energy.

La matriz energética

La región tiene una matriz energética muy dependiente del petróleo (44,5%); en segundo lugar depende del gas y, como tercera fuente, de la energía hidroeléctrica (que es la principal fuente de generación eléctrica).

La organización productiva alrededor del petróleo tiene sus lógicas geológicas, geográficas y también históricas. Si nos detenemos a observar cómo fue evolucionando la producción y el consumo de petróleo en los últimos años, entenderemos que el declive poco tiene que ver con causas económicas, con problemas en la demanda o con cambio de hábitos. Se trata de una causa eminentemente geológica.


Los países exportadores casi no han notado este problema hasta 2015 ya que desde el pico en 2006 el precio del crudo no ha dejado de aumentar, lo que permitió compensar los dólares perdidos por la caída en la cantidad, por los dólares ganados por el aumento del precio. Desde el desmoronamiento en el precio comenzaron a verse los problemas. Un punto nodal tiene que ver con el abastecimiento al mercado interno, no sólo para los países productores. Para ello las medidas han sido grabar con más impuestos ("gasolinazo" en México en 2017), aumentar el precio directamente (por esta medida tuvo que dimitir el primer ministro de Haití en 2018) o quitar subsidios ("paquetazo" en Ecuador en 2019, medida que se retrotrajo tras las protestas). Con la aparición de la pandemia se desplomó el consumo y atado a ello se ralentizaría la producción, más allá de que la nueva normalidad en el mundo del petróleo lleva varios años.

Las necesidades con respecto al gas son dispares en la región pero es claro que esta fuente de energía pasó a cubrir diversos usos a medida que aumentaba su producción relativa y mejoraba la infraestructura de distribución. Hoy es fundamental en muchos hogares para la calefacción, cocina y calentamiento del agua pero también y sobre todo para la generación eléctrica. Dos pequeñas economías son altamente dependientes de la producción de este hidrocarburo y su declive puede cambiar sus futuros por completo: hablamos de Bolivia y de Trinidad y Tobago. Por su parte, es interesante el caso de Argentina que tiene al gas como principal insumo energético, y con el objetivo de desarrollar la extracción de gas por fracking en Vaca Muerta, movió los hilos para que algunas empresas abandonen la extracción petrolera para concentrarse en esta región, a cambio de mejores subsidios y leyes más flexibles.


Pero tanto el gas como el carbón llegaron a su cenit productivo en el año 2014. Esta casualidad geológica nos lleva a un efecto ya menos azaroso que es la caída del consumo de estos recursos (en el mismo año 2018).


Como podemos ver, hay un país ultradependiente de su producción que es Colombia. Si bien no ha experimentado una gran caída, su economía está y estará atada en gran medida a las exportaciones de esta fuente de energía ya en declive. Nos llama la atención un aumento del 55% del consumo de carbón en “otros”; en el detalle del informe aparece la región del Caribe como la responsable aunque no pudimos averiguar a qué país/es hace referencia.

Las energías no hidrocarburíferas.

Mientras todas las energías derivadas de los hidrocarburos tocaron su techo y también lo ha hecho la energía hidroeléctrica, comienzan a desplegarse a gran velocidad las energías alternativas (eólica, solar, geotérmica y biomasa). 

Para el uso de estas energías se han desarrollado novedosas tecnologías que impulsan a (y dependen de) la electrificación del sistema tecnológico industrial. A los países que no cuentan con hidrocarburos les ha ofrecido una salida estratégica a la dependencia histórica y un objetivo de desarrollo para competir tecnológicamente en el futuro. Uruguay ya es el cuarto país del mundo con mayor generación eléctrica a partir del combo eólico-solar (30%). Sin embargo lo que observamos es que el costo de esta infraestructura es alto y los beneficios energéticos escasos en el corto plazo y aún no sabemos en el largo, cuentan con subsidios y con la propaganda de ser "verdes" o "renovables" cuando en la realidad son otro artificio del sistema industrial para su mantenimiento en el tiempo. Aún no hay un claro ejemplo de que estas tecnologías se utilicen para disminuir la extracción y consumo de las otras fuentes de energía que están afectando el sistema climático, lo que sí podemos observar es un aumento en la extracción de minerales claves para esas industrias: litio, cobalto, grafito y tierras raras. Sólo entre Chile y Argentina cuentan con el (curioso) 66,6% de las reservas mundiales y Chile por sí solo con el 55,5%, aunque entre las dos naciones producen por ahora el 29,8% del total global. En cuanto al cobalto, el único país que figura en la lista es Cuba, que posee el 7,4% de las reservas globales pero, por suerte para su ecosistema insular, sólo produce el 4,8% del total. Brasil y México son los únicos países que figuran en la lista de producción de grafito (8,3% el primero y 0,4% el segundo) y Brasil posee el 22,8% de las reservas globales. Este mismo país posee el 17,7% de las tierras raras aunque su producción no llega al 0,5% del total global.

El consumo total de energía

Al comenzar este tan peculiar año, ya el pico de consumo energético parecía confirmarse en 2017 pero también se puede leer como una meseta de siete años comenzando en 2013.

Si tenemos en cuenta que el consumo energético es un pilar fundamental para entender el bienestar económico, podríamos decir que, a pesar de la caída en la producción, la región pudo mantener un nivel de consumo parejo y por tanto no queda claro por qué fue tan caótico el 2019. Lo mismo puede verse en los gráficos sobre el PBI de la región, se han mantenido parejos desde 2014 (e incluso con un leve aumento hacia 2018). ¿Qué ha sucedido? Si bien parte de la economía latinoamericana, y sobre todo del Caribe, está muy atada a la economía estadounidense, que venía creciendo a buen ritmo, el gran motor para mantener el PBI y el consumo energético amesetado ha sido un enorme endeudamiento. La deuda externa de la región se duplicó entre 2009 y 2018. Esos dólares que dejaron de entrar por las exportaciones de hidrocarburos comenzaron a entrar por créditos que luego deberían pagarse. Así, en 2019, se encuentran los gobiernos teniendo que dedicar un buen porcentaje del PBI en pagar los intereses de esas deudas en lugar de volcarlos en mejoras para la sociedad como sucedía hasta hace unos pocos años. Ahora el sector trabajador y el medioambiente serán los encargados de pagar el costo de haberse endeudado sin haber podido desarrollar grandes cambios estructurales. Con este descontento popular de trasfondo es fácil entender que una medida aislada pueda ser la gota que rebalse el vaso del malestar, y se transforme en protestas masivas que no parecen tener solución para los gobiernos, de manera tal que, uno a uno, irán cayendo, y sus reemplazantes correrán más o menos la misma suerte.

De hecho, si tenemos en cuenta el crecimiento poblacional, a pesar de esa meseta que mencionamos, vienen cayendo sin prisa y sin pausa tanto el PBI como el consumo energético per cápita. 

El lado positivo

Entendemos que el problema climático es un problema macro que arrastrará consigo a todas las otras crisis. No está de más recordar que para disminuir los efectos del cambio climático la única solución demostrada es detener, antes que nada, las emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, comenzar a restaurar los ecosistemas vivos (sean bosques nativos, arrecifes de coral o demás ecosistemas frágiles). Observamos que a pesar del conocimiento público de éste problema, ningún gobierno ha decidido tomar medidas efectivas para encarar el decrecimiento, ni siquiera en un plan de largo plazo. Por tanto, la única esperanza no ingenua es que a gran velocidad se detenga la producción de hidrocarburos y su consumo por el propio declive natural de los yacimientos. En Latinoamérica y Caribe esto está sucediendo (en 2019 las emisiones de CO2 cayeron un 1,15%) pero al no ser de conocimiento público, ni estar ampliamente difundido, nuestros gobiernos lo presentan como si el declive fuese un paréntesis temporal que en cualquier momento comienza a reactivase. Cada año que intentemos mantener el mismo nivel de consumo se transformará en un ejercicio más costoso para la sociedad en su conjunto: ya la producción propia no puede sostener esa demanda estancada.

La epidemia de covid-19 ha logrado ser un modo de detener el consumo energético (sobre todo el más innecesario) pero el costo en precarización de la vida y el costo en vidas en la región ha sido catastrófico, ya no por culpa de la geología sino por otra actitud, semejante en magnitud al problema energético, es decir, hacer políticas sin tomar en cuenta los datos básicos para mitigar los efectos del problema.

El conocimiento del declive energético debería ser la piedra angular para una política económica de plazos más largos, centrada en las necesidades humanas y ambientales, fundamentales para mantener una vida digna, menos dependiente de los vaivenes globales y con un tejido social más fuerte. Esperamos que este trabajo sea un aporte en ese sentido.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

El Ocaso del Petróleo: Edición de 2018

Queridos lectores:

Una vez más, como cada año desde 2012, les presento el análisis de la evolución previsible del volumen de hidrocarburos líquidos, de su energía bruta y de su energía neta tomando como referencia las predicciones de evolución de producción de petróleo que se recogían en el último informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el World Energy Outlook (WEO).

Recordemos que en el WEO de este año se han presentado dos hechos cruciales respecto al petróleo. 

Por una parte, el reconocimiento por parte de la AIE que de aquí a 2025 probablemente van a faltar al menos 13 millones de barriles diarios (Mb/d) de producción de petróleo para satisfacer la demanda prevista en el escenario de referencia, cantidad que podría elevarse hasta los 34 Mb/d si realmente se produjera una desinversión muy importante en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. Eso sobre una demanda que se va a mover sobre los 100 Mb/d significa que podría faltar hasta un tercio del petróleo demandado.




Según explica la propia AIE, la falta ese petróleo va a desencadenar diversos picos de precios altos en los próximos 7 años, con consecuencias imprevisibles.

El segundo hecho relevante es la siguiente gráfica, todo un aviso a navegantes.


En esa gráfica, la AIE nos presenta cómo evolucionaría la producción de petróleo si no se invirtiese ni un dólar en mantener la producción de petróleo, es decir, no solo no gastando más en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos, sino ni siquiera invirtiendo lo mínimo para retardar la caída de producción en los pozos que ya se están explotando actualmente. A diferencia de la gráfica anterior, ésta llega hasta 2040 y nos muestra un escenario de pesadilla, en el que la producción de petróleo no llega a ser en 2040 ni el 20% de lo que es hoy. Una reducción tan drástica solo pasaría en el caso de que se produjese una crisis económica brutal y persistente, que hicieran que las petroleras redujeran su negocio a la mínima expresión. Aunque tal posibilidad no es en absoluto verosímil, la figura 3.13 del WEO 2018 tiene la virtud de alertar a las compañías petrolíferas para que no jueguen con fuego, y quizá en cierto modo es un llamamiento a los gobiernos para que tomen cartas en el asunto, si la iniciativa privada no es capaz de hacerse cargo.

Con semejantes dos bombazos en el WEO 2018 me esperaba encontrarme una información detallada en las tablas del mismo o en la hoja Excel que la AIE proporciona adjunto al informe, información que esperaba utilizar para hacer mi análisis sobre evolución previsible de la energía del petróleo en los próximos años. Cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con que, en vez de facilitar el procesamiento de los datos, la AIE lo ha dificultado hasta el punto de que me planteé no sacar este post este año (ya me pasó en 2013, donde solo pude combinar los datos para descubrir ciertas irregularidades contables). Y es que la AIE ha puesto dos escollos para mi análisis. El primero, menos importante, es que han omitido la información para el año 2020. Eso no es demasiado grave, pues dan los datos hasta 2017, así que en el primer período, en vez de hacer una extrapolación lineal de 5 años, como hago en todos los demás tramos, la hago de 8 años. Es menos preciso, pero como es la zona en que la curva es más plana porque está llegando a su máximo es un efecto que no se nota demasiado. Bastante peor es la otra jugarreta: en los datos de ese año, al reportar la producción de petróleo crudo la AIE no desglosa las categorías de "Actualmente en producción", "Aún no desarrollado" y "Aún no encontrado", sino que da un único valor, resultante de sumar esas tres categorías. Esto es un problema más grave, debido a las diferencias en los contenidos de energía bruta, neta y evolución previsible de cada una de estas categorías (que siempre han sido referidas en los informes anteriores). 

Esta última limitación es bastante seria y por ese motivo me planteé no sacar mi análisis este año, pero al final me decidí a hacer una aproximación simple para poder actualizar las gráficas, aunque éstas sean menos precisas que en años anteriores. Para poder realizar mi trabajo, he utilizado una aproximación, combinando la información del WEO actual con la del año pasado.

Mi aproximación es la siguiente: aprovechando que el año pasado aún daban el desglose del petróleo crudo en esas tres categorías ("Actualmente en producción", "Todavía por explotar" y "Todavía por descubrir"), he asumido que cada año las proporciones relativas de cada fracción son las mismas que en 2017. Por ese motivo, se tiene que entender que las categorías representadas son equivalentes a las de mi análisis de 2017, que estaban referidas al año 2015 en ese caso. Por tanto, cuando se hable del petróleo crudo "Actualmente en producción", se debe entender "En producción desde 2015", y de manera análoga para el petróleo "Todavía por explotar" y "Todavía por descubrir".

Dado que tan solo ha pasado un año desde el último informe con categorías desglosadas, es esperable que los errores debidos a la aproximación que enuncio más arriba no tengan demasiado impacto en nuestro análisis. Espero, eso sí, que el año que viene la AIE tenga la consideración de dar los números correctamente.

En los 7 años en los que he escrito esta serie (desde "El ocaso del petróleo" de 2012 hasta "El Ocaso del Petróleo: Edicion de 2017" y ahora el presente post), la motivación ha sido siempre mostrar que si se le quita la primera capa de maquillaje a los datos de la AIE, incluso en sus escenarios - hasta ahora optimistas - se vislumbraba un futuro de no tanta abundancia energética como se pretende. Resulta interesante repasar esos posts más antiguos e ir viendo como, a medida que han ido pasando los años, las mejores previsiones de la AIE se han ido volviendo progresivamente un poco menos optimistas y poco a poco se van alineando con las previsiones que aventuramos en este blog desde sus inicios.

Pero, bien, vayamos sin más dilación a mostrar las gráficas de ese año. La primera es la gráfica del volumen de hidrocarburos líquidos producidos en el mundo. Los datos hasta 2017 están tomados de éste y anteriores informes, en tanto que a partir de 2018 inclusive se obtienen de la previsión del escenario Nuevas Políticas del WEO 2018. Como los datos solo son ofrecidos cada 5 años en el Excel asociado al WEO (8 años para el período de 2017 a 2025), los años intermedios son interpolados linealmente.



Las categorías de hidrocarburos líquidos o "líquidos del petróleo" que se muestran son "Crudo de campos ya existentes" (franja verde), "Crudo de campos todavía por desarrollar" (rojo), "Crudo de campos por encontrar" (morado), "Líquidos del gas natural, NGL" (gris), "Petróleo ligero de roca compacta, LTO" (petróleo de fracking, naranja oscuro), "Petróleo extra pesado" (naranja intermedio), "Otros" (naranja claro) y "Ganancias de proceso" (azul). Esta gráfica es similar a las mostradas otros años, aunque en ésta se aprecian algunos detalles interesantes. En primer lugar, dado el incremento de detalle alrededor de 2015 (están los datos de 2016 y 2017) se percibe el ligero descenso de la producción de petróleo crudo convencional. En la gráfica se aprecia también la caída de producción del fracking en 2016, recuperado en 2017 (gracias a Trump) y aunque se le augura un gran crecimiento sigue siendo una fracción minoritaria del total en todo el período. Y en una tónica semejante a la de otros años, se puede comprobar que la fracción que corresponde a los líquidos del gas natural (NGL) crece muy moderadamente durante el período de estudio; de hecho, con respecto a años anteriores en este informe es en el que se espera una menor producción de NGL en 2040. 

Ya sabemos que este tipo de gráficas, en las que la AIE junta volúmenes de líquidos que son sustancias diferentes, dan una idea equivocada de cuál es la cantidad de energía real que se estaría produciendo según su escenario. Aplicando los mismos criterios de siempre (consultar el primer post de la serie, "El ocaso del petróleo" de 2012) he estimado cuál es la energía bruta que se corresponde a esta producción de volumen.



Esencialmente, desaparecen las ganancias de proceso (no es un aporte neto de energía neta del petróleo, es solo la expansión volumétrica en el proceso de refinando), el petróleo crudo se queda como estaba y al resto de hidrocarburos se les asigna un contenido energético por volumen que es el 70% del del petróleo crudo. La gráfica resultante muestra una producción de energía del petróleo prácticamente plana desde 2030. Es, de hecho, la gráfica de energía bruta más plana que hemos visto hasta ahora: de 2030 a 2040 aumenta en solo 0,6 millones de barriles equivalentes de petróleo crudo al día (Mboe/d), mientras que con los datos del WEO 2017 en el mismo período se incrementaba 1,6 Mboe/d. Este cambio es semejante a otros que hemos visto en el pasado; básicamente, a la AIE cada vez le cuesta más justificar su optimismo de caras al futuro y las gráficas van tendiendo poco a poco a aquello a lo que tienen que tender, es decir, a mostrar que en realidad la producción de petróleo y de su energía va a ir disminuyendo en los próximos años.

Pero, como sabemos, la energía bruta no es el final de la historia. Muchos de los hidrocarburos que estamos poniendo actualmente en producción, incluso dentro de la categoría de petróleo crudo convencional, son cada vez más costosos de producir. Eso quiere decir que se tiene que gastar una cierta cantidad de energía, y cada vez mayor, para producir ese petróleo, y eso quiere decir que el rendimiento energético de ese petróleo es cada vez menor. Por eso nos interesa calcular cuál es la energía neta que va a darnos el petróleo, es decir, la energía que tenemos cuando descontamos lo que cuesta producir ese petróleo. Ésa es la energía que interesa conocer, porque es ésa la que acabará llegando a nuestros vehículos y a nuestros negocios: ¿de que me sirve a mi que Arabia Saudita llegue algún día sacar 15 Mb/d si para ello ha de gastarse 10 Mb/d de energía? Eso es un rendimiento de 5 Mb/d, tan solo; para eso, mejor que siga sacando 10 Mb/d como hasta ahora, gastando solo 3 Mb/d: nos dará un rendimiento neto de 7 Mb/d. Por eso es tan importante calcular la energía neta.

Aplicando los mismos factores que siempre, ésta es la gráfica que obtengo para la evolución previsible de la energía neta del petróleo a partir de los datos del WEO 2018 de la AIE:




Esta gráfica es similar a la de años anteriores; si acaso, se ha querido dulcificar un poco el declive en contradicción con los datos históricos. Y es que, como se ve en la gráfica, los años 2016 y 2017, que ya están incorporados en esta gráfica, muestran una tendencia de declive un poco más rápido y por eso hay un pequeño punto de inflexión en 2017.

Pero ya sabemos que las previsiones de la AIE son extremada e infundadamente optimistas. Para empezar, la producción de petróleo de los campos existentes se está asumiendo que va a caer a un ritmo del 4,5% anual de 2025 a 2040 (de 44,2 Mb/d a 22,2 Mb/d). Cabe destacar que este ritmo de decaimiento, sin ser aún realista, es superior al que han usado en WEOs anteriores (por ejemplo, suponían que era del 4,2% anual en el WEO 2017): de nuevo, vemos que la AIE va progresivamente aceptando la magnitud del problema. En todo caso, como la propia AIE reconoció en su WEO 2016, el ritmo de decaimiento real es del 6,2% anual (y con tendencia a empeorar). Aplicando ese ritmo de decaimiento para los campos de petróleo crudo existentes y el resto de ajustes como se explicó en el post original, la gráfica para la evolución de la energía neta en un escenario más realista que nos resulta es la siguiente:


Para los lectores que acaben de llegar a este blog, esa gráfica será probablemente bastante impactante. Básicamente, nos está diciendo que la energía neta que de manera más realista podemos esperar que nos aporte el petróleo caerá desde los 69 Mboe/d en 2015 hasta los 33,3 Mboe/d en 2040, es decir, una caída de más del 50% en un período de 25 años. Es ciertamente una perspectiva ominosa, pero es similar a la que hemos obtenido otros años y de hecho la de este año es ligeramente mejor (0,9 Mb/d más en 2040) que la del año pasado.

No es tampoco una casualidad que esta gráfica guarde un cierto parecido con la gráfica 3.13 del WEO 2018 que puse más arriba, y que repito bajo estas líneas para mejor referencia.



Y es que la gráfica 3.13 refleja cómo sería la producción en volumen si se detuviese la inversión, mientras que la gráfica de energía neta realista que enseño más arriba nos muestra la energía descontando el coste de inversión en términos energéticos. Es decir, en ambos casos se considera un descuento asociado al esfuerzo de producir energía: descuento total, en el caso de la gráfica 3.13 (y por eso la caída en ella es más fuerte), o un descuento optimizado, en el caso de mi gráfica (y por eso la caída es algo menor). Lo más probable es que lo que acabe pasando en la realidad sea algo a medio camino entre ambas gráficas.

Conclusiones:

Con cada año que pasa, la AIE se ve obligada a dar una nueva vuelta de tuerca sobre sus previsiones en lo que respecta a la producción de hidrocarburos líquidos. Este año por primera vez ha mostrado dos gráficas que anticipan un escenario muy desagradable en lo que a la producción de petróleo se refiere, algo que por lo que parece ya estamos empezando a notar con la posible llegada del pico de producción de diésel. A medida que pasan los años y se conocen los datos de producción se muestra que la tendencias que anticipábamos hace unos años se están empezando a consolidar. Más importante aún, no acaba de aparecer algo que cambie radicalmente la situación, sino más bien al contrario: la inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos cae en todo el mundo excepto en los EE.UU., hasta el punto de que actualmente Norteamérica, que produce menos del 20% de todo el petróleo mundial, se invierte más del 50% en exploración y desarrollo:


Gráfico elaborado por Tad Patzek

Y en los EE.UU., el mito del fracking como gran revolución está cada vez más expuesto: el Financial Times pone en cuestión la calidad del hidrocarburo extraído por fracking (no se puede usar para producir diésel porque sería muy costoso, entre otras cosas); y hace unos días Art Berman mostraba que, en contra del mito de los costes de explotación siempre decrecientes, resulta que en el ultimo año y medio han experimentado una apreciable subida.



Los economistas clásicos, que solo miran hacia el precio del petróleo, consideran que no hay nada de qué preocuparse porque ahora mismo el precio está bajo. No han entendido la volatilidad de precios, no comprenden los efectos de la espiral de energía. El análisis de los datos de producción, por el contrario, nos muestra una situación muy compleja por delante, previsión que a medida que pasan los años parece confirmarse.



Salu2.
AMT