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miércoles, 29 de enero de 2014

Maldita inflación

Queridos lectores,

Un tema que irá ganando la atención de los medios de comunicación es el de la inflación, un efecto que combinado con la reducción de las rentas del trabajo irá destruyendo las clases medias. Gabriel Anz nos ofrece su visión sobre este tema cada vez más doloroso para las economías domésticas. Espero que sea de su interés.

Salu2,
AMT

 

Maldita Inflación




La inflación, en economía, es el aumento general de los precios del mercado. Fuente: Wikipedia.



Uno de los flagelos que la crisis energética ya está provocando es un generalizado proceso inflacionario, aunque en muchos países se esté enmascarando con relativo éxito. Y si bien no es un fenómeno nuevo, el decrecimiento al que ya nos estamos viendo forzados crea el caldo de cultivo propicio para su diseminación, pues sus fundamentos se recrean según creo y describo a continuación.


Mucha información se puede encontrar en la WEB acerca de las causas y efectos y de qué medidas se suelen adoptar para combatirla. Investigando verán que hay muchos tipos de Inflación y que en general ésta es muy nociva, pero en determinadas circunstancias y en ciertos valores hasta se considera beneficiosa. Podrán enterarse de que la inflación existe desde que se han creado las monedas y de que a fin de cuentas parece que poco se ha aprendido sobre cómo evitarla y contrarrestar sus efectos, porque se reincide en recetas que han demostrado históricamente su fracaso. Así que no quiero repetir lo que ya está dicho y escrito por otros que saben del tema mucho más que yo. Pero hay aspectos en los que sí quiero hacer hincapié, por considerar que “esta” Inflación tiene componentes que la hacen bastante particular y por lo que las dificultades para defenderse de ella serán mayores. Aclaro que coherentemente con la definición de Wikipedia que transcribí al comienzo de este post, me centro en la Inflación de carácter sistémico… es decir, el aumento general de los precios, que nada tiene que ver con circunstancias particulares del mercado, en los que por efectos de oferta y demanda, se produce un “calentamiento” de la economía y su consecuente aumento de precios, que por lo general afectan a un producto o a un sector de la economía. También cabe destacar, que a diferencia de lo que normalmente ocurre, la Inflación actual y que comenzará a hacerse mas visible, ocurrirá a todos los países… no será una particularidad de países tercermundistas o “bananeros”. En todo caso podrá haber diferencias en los modos de actuar ante ella, pero el origen será básicamente el mismo y con un coeficiente de simultaneidad que considero será bastante elevado y destructivo.


Como mencioné al principio, la Inflación no es algo nuevo; pero es de importancia destacar que comienza a hacerse más virulenta en el mundo cuando las economías se globalizan, motivo por el cual los gobiernos pierden capacidad de control sobre la misma. Es decir que podría decirse que las economías capitalistas y de mercados más abiertos serían más propensas a sufrirlas.


Otro evento histórico que creo ha ayudado a promoverlas, fue la ruptura del pacto de Bretton Woods en el año 1971 y que fuera resuelto en el año 1944, en el cual la clave de la propuesta consistía en que los países acreedores y deudores se comprometían a sostener la balanza comercial equilibrada. Para ello se había fijado al patrón oro como el condicionante y regulador de la masa monetaria en circulación, encorsetando así a las instituciones monetarias para que no emitan dinero por encima de la riqueza real. Ello obligaba a frecuentes ajustes que indudablemente ocurrían en perjuicio de importantes sectores de la sociedad, que para ese entonces ya estaba cebada con “la miel” del eterno crecimiento. El “Sueño Americano” como objetivo de vida se expandía y los mencionados ajustes iban en contra de la Sociedad del Bienestar y del Consumo. El crecimiento exponencial de las poblaciones humanas demandando cada vez mas “sus legítimos derechos” tampoco facilitaban la aplicación de los ajustes que fueran necesarios para velar por el equilibrio de las balanzas comerciales según lo pactado, así que supongo que esta situación se hizo insostenible, y como si se tratara del colapso de una represa hidráulica, se deshizo el pacto de Bretton Woods; momento a partir del cual comenzó la avalancha de las monedas fiduciarias. Observen que aproximadamente para ese entonces empezó también a disminuir en el mundo la disponibilidad de energía neta per capita, lo que creo llevó a los países y sociedades en general a tomar Deudas para poder seguir con la fiesta a la que ya nos habíamos hecho adictos. Desde entonces no hemos parado de vivir a cuenta del futuro. Y hoy, ya descendiendo por el lado derecho de la campana de Hubbert el margen para seguir viviendo de prestado se ha hecho muy finito… con cada vez menos energía y recursos naturales esquilmados, con 6 veces más población humana que hace 200 años y todos reclamando para ser incluidos en el festejo, hacen que la “frazada sea cada vez mas corta y angosta”. Y como a esta altura ya nadie se anima a ponerle el cascabel al gato, la única manera de sostener la burbuja es inyectando al sistema dinero fiat… es decir, generando Inflación.


Y la palabra Inflación es tabú… así que hay que ocultarla lo más que se pueda. Y parece que la FED en EEUU encontró un mecanismo bastante efectivo para inyectar liquidez al sistema sin que se eleven las cifras de Inflación… el famoso QE (Quantitative Easing), en el cual mediante un juego que no termino de comprender en su totalidad, compran/venden deuda entre “ellos mismos” (FED y Tesoro de EEUU), para lo cual de todas maneras están obligados a imprimir 85 mil millones de dólares mensuales. Una verdadera locura.


Y pongo de ejemplo a EEUU porque es el símbolo del modelo actual. Pero Europa está en un juego parecido aunque de características más conservadoras y Japón por sendas parecidas. De los países bananeros como el nuestro mejor ni hablar.


¿Qué se hace ante una situación de tal envergadura?


Honestamente creo que no hay solución, salvo un estruendoso colapso. No parece estar en nuestros genes la “moderación” y por algún motivo una y otra vez excedemos los límites sin poder evitar vivir por encima de las posibilidades reales.


Mi propuesta y que en lo familiar tratamos de implementar, es despegarnos lo más posible del Sistema perverso en le que estamos atrapados. Y en el caso específico de la Inflación, para defendernos no veo otro camino que buscar la autosuficiencia. Con mi Granja, en parte ya estamos sorteando los efectos de los aumentos generalizados de precios, pues mucha de nuestra alimentación es de propia producción. Por otro lado, al saber que el proceso no tiene vuelta y el decrecimiento será el camino obligado, intentamos anticiparnos y nos achicamos conscientemente y calculadamente. No es fácil y se cometen errores… pero tiene la ventaja de que mentalmente ya estamos predispuestos “en positivo” lo que es mucho menos traumático.


Saludos a todos,



Gabriel Anz

martes, 21 de enero de 2014

Pobreza y pobreza energética





Queridos lectores,

Hay un concepto que está ganando actualidad por su creciente extensión entre lo que no hace mucho era la clase media: la pobreza energética. Aunque la idea de base es simple (no poder permitirse pagar la energía mínima para llevar una vida digna de acuerdo con los estándares occidentales), la definición precisa es un tanto elusiva. Por ejemplo, una definición común de pobreza energética es que una familia destine más del 10% de su presupuesto a gastos directamente energéticos. Esta definición tiene el problema de que si en los gastos energéticos del hogar uno incluye el gasto en carburante para el coche o coches de la familia (que en puridad es también gasto directamente energético) resultaría que la población "energéticamente pobre" incluiría a una gran masa de trabajadores poco retribuidos, sobre todo en los extrarradios de las grandes ciudades donde el uso del coche es prácticamente obligatorio (o al menos se percibe así por una clase media que se resiste de dejar de serlo). Otra definición posible de pobreza energética es que la familia no puede mantener su hogar en un rango de temperaturas "de confort", fijado arbitrariamente en 20ºC en invierno y 25ºC en verano. Dejando al margen que este criterio parece demasiado refinado si lo comparamos con la vida que todos los que tenemos más de 20 años hemos llevado, tal definición no contempla esas familias que viven prácticamente a oscuras para ahorrar electricidad, o que cocinan lo mínimo por el mismo motivo. Además, ese umbral energético depende de los condicionantes climáticos de la zona en la que se vive, siendo por tanto poco estándar y hace difícil la comparación entre países.

Delante de este problema, cada vez más apremiante (el insuficiente acondicionamiento de las viviendas puede crear problemas de salud graves, especialmente en ancianos y niños) han surgido multitud de expertos en la materia, que analizan la pobreza energética desde multitud de puntos de vista y proponen medidas ad hoc para paliarla (como se comentaba en el post precedente). En las discusiones sobre este problema no es raro que algún contertulio acabe por abogar por un libre acceso a la energía (o al menos a un mínimo vital garantizado) y otros brindis al Sol que resultan poco compatibles con un sistema de libre mercado como el nuestro y que chocan con los intereses del gran capital que se resiste a perder su papel hegemónico.


Lo que pretendo mostrar hoy es que el propio concepto de pobreza energética es otra manifestación más del proceso de negación que se lanza desde diversas instancias de nuestro sistema económico. Este proceso de negación intenta desesperadamente desligar la energía de su efecto económico, compartimentándola como si fuera una cosa independiente cuando, en realidad, la energía es la base de la economía y faltando la primera la segunda se hunde (lo que en particular implica que esta crisis económica no acabará nunca). Y es que, en suma, lo que llamamos pobreza energética es simplemente pobreza, a secas. Pobreza que se manifiesta de una manera que nos cuesta reconocer, porque la última vez que fuimos pobres lo fuimos de otra manera, pero que a medida que pase el tiempo nuestra pobreza de hogaño se irá pareciendo cada vez más a nuestra pobreza de antaño.

La cuestión es simple: si una familia no puede permitirse pagar la energía que querría gastar para mantener un estándar mínimamente digno de acuerdo con los patrones occidentales es por falta de renta disponible. Los salarios son cada vez más bajos, y aunque los precios medios suben moderadamente, esa subida unida a la bajada de los salarios reales hace que la vida sea más cara. Para acabarlo de agravar, los precios de la energía están subiendo más deprisa que el precio medio de las cosas. Bien es cierto que si el precio de la energía sube mucho,  los precios de todo tendrán que ir subiendo también, puesto que la producción de mercancías y servicios tiene mucha energía embebida; en realidad, nuestro sistema económico vive un tiempo de descuento mientras la energía es relativamente barata, pero tal período no se prolongará mucho. De hecho, lo que falta para que esta nueva pobreza, a secas, se manifieste como lo que es es la subida del coste de los alimentos.

Afortunadamente el precio de los alimentos continúa siendo asequible en Occidente, pero tal situación no es duradera: el mundo se enfrenta, una vez más, a una nueva crisis alimentaria agravada por los extremos climáticos que afectan especialmente a zonas de alta productividad agrícola como los EE.UU. y Rusia, mientras que en Europa las rentas agrícolas son cada vez más bajas (como me comentaba mi suegro el otro día, a algunos compañeros suyos, payeses, el actual precio del grano no les paga el combustible de laborear la tierra y cosechar). Y eso sin contar con las eventuales Guerras del Hambre que se irán desatando, que agravarán la carestía general.

Pero el precio de los alimentos se mantiene relativamente estable en Occidente y por eso no vemos que los pobres energéticos son simplemente pobres, a secas, puesto que la mayoría de esta gente aún tiene comida que echarse al estómago; aunque aumentan los casos de malnutrición (comida nutricionalmente inadecuada: falta de frutas, verduras y carne, y exceso de fécula y pasta); aunque cada vez hay más casos de desnutrición, lo que históricamente ha sido una característica de la pobreza, a secas. Pero para mantener el precio de los alimentos asequibles las grandes compañías dedicadas a la distribución de alimentos tienen que ir reduciendo sus márgenes comerciales, puesto que todo sube (la materia prima, los costes del transporte y sus propios costes directamente energéticos) menos sus precios de venta. Así, no es extraño que algunos grupos de supermercados se encuentren en dificultades financieras. En realidad los supermercados tampoco podrían subir mucho los precios porque eso retraería el consumo o lo llevaría hacia las redes de otros grandes grupos, también en situación de pérdidas pero con mayor aguante financiero. Al final, en el mundo de los supermercados se está librando una sorda batalla para ver quién es el último hombre de pie, y cuando haya un ganador, una única marca que aún aguante, los precios de los alimentos finalmente subirán hasta que se llegue a un nuevo y diferente punto de equilibrio, en el que los consumidores capaces de pagar los precios resultantes proporcionen a la nueva red de supermercados redimensionada a la baja un margen comercial adecuado para su continuidad. En ese momento la gente con rentas bajas tendrán dificultades para pagar no sólo la luz, el gas o la gasolina del coche, sino también los alimentos, y será evidente que el problema es lo bajo de los ingresos, la pobreza a secas, y no solamente la pobreza energética. Para ese entonces la clase media como tal habrá desaparecido, pero la confusión de términos y la creación de nuevos conceptos y falsos debates habrá permitido adormecer la conciencia colectiva hasta el momento en que ya todo esté consumado.

Salu2,
AMT