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domingo, 2 de mayo de 2021

Centro versus periferia


Queridos lectores:

Una de las mayores dificultades para articular una transición energética adecuada y eficaz reside en ciertas ideas preconcebidas de cómo debe ser esta transición. Esas ideas, adecuadas para aprovechar las características de los combustibles fósiles mientras éstos han sido abundantes, nos llevan ahora a intentar aprovechar la energía renovable de una manera que no solo no es la más eficaz, sino que es tan mala que puede ser hasta incompatible con una sociedad funcional. Pero cuando señalamos esta incompatiblidad, y antes de que se nos permita explicarnos mejor, habitualmente nos encontramos con un muro: un muro de incomprensión y un muro de oposición cerril, el cual desdeña nuestros argumentos porque los toma como un ataque a la única salida al grave problema de sostenibilidad actual, sin darse cuenta de que en realidad hay muchas más salidas. Tal es la cerrazón que, cuando se les muestra la imposibilidad lógica de "su" solución, creen que lo que estamos diciendo es que "estamos perdidos" o que queremos "condenar a la Humanidad a volver a las cavernas" - sin ir más lejos, estos dos comentarios me los han dicho en la última semana. Me sorprende encontrarme con gente que de nada me conoce que cree que me gusta ser catastrofista o que piensa que digo que no podremos tener ni luz ni agua corriente (dos ejemplos reales también recientes).

La realidad no puede ser más lejana. No es que no haya solución. Al contrario, sí que hay soluciones alternativas, más de una. Pero son soluciones muy diferentes a las que ellos sueñan, aunque no peores. De hecho, en realidad son mejores, empezando por el simple hecho de que son posibles.

Comencemos por el principio. Entendamos cuál es el paradigma actual, y hasta qué punto es prisionero de la mentalidad de los combustibles fósiles.

Los combustibles fósiles tienen una característica que los hace muy interesantes: tienen una gran densidad energética. Contienen mucha energía concentrada en un volumen pequeño. Eso favorece que se pueda transportar la energía extraída en un punto para consumirla en otro punto, aunque sea muy lejano, y con un gran aprovechamiento. En el caso concreto del petróleo, se añade otra gran ventaja: es un líquido, como también son los combustibles que de él se derivan. Eso hace muy fácil su manipulación: para trasvasar grandes cantidades de energía de un recipiente a otro simplemente se deja fluir y en cuestión de pocos minutos el depósito se ha llenado de una cantidad inaudita de kilovatios·hora. Además, al ser líquido es más fácil de hacerlo reaccionar químicamente para sacar un alto rendimiento. El carbón tiene una manipulación un poco más difícil, pero también se puede transferir grandes cantidades de energía gracias a él. Y el gas natural es el más difícil de manipular de los tres, pero aún con él tenemos un increíble saldo energético en las operaciones de transferencia.

Dadas las características de los combustibles fósiles, y particularmente del petróleo, se ha podido llevar la lógica de las economías de escala hasta prácticamente su límite físico. El principio de la economía de escala es aumentar el volumen de producción de un objeto hasta el máximo rendimiento económico. Cuando ponemos una fábrica, debemos hacer una gran inversión para crear el edificio, comprar la maquinaria, tener las infraestructuras necesarias, etc, y esa inversión es prácticamente la misma hasta un cierto volumen de producción; por tanto, es mejor producir ese máximo volumen que cualquier cantidad inferior, porque así el coste por unidad producida será menor. Incluso, una vez hecha la inversión inicial, aumentar la producción partiendo de la fábrica inicial suele comportar un incremento de costes menor que poner una nueva fábrica en otro sitio, porque ciertas infraestructuras (carreteras, líneas eléctricas, etc) no necesitan ser ampliadas porque pueden aumentar su capacidad. Así que la lógica de la economía de escala se basa en aumentar la producción de una fábrica hasta su máximo rentable.

La gran cantidad de energía concentrada en los combustibles fósiles, y su gran abundancia, ha favorecido que se creen grandes centros de producción, que en algunos casos abastecen el mercado global. Concentrar más y más la producción en pocos lugares ha seguido siendo beneficioso, hasta que en algunos productos se abastece el mundo con una o unas pocas fábricas. La lógica de la hipercentralización de la producción ha sido una consecuencia del petróleo abundante y barato, en suma.

Por contraste, la producción de energía renovable es por definición muy distribuida y de pequeña densidad energética. Además, es difícil de manipular y transportar  a grandes distancias. El viento sopla aquí, y las zonas más insoladas están allá, y tomar esa energía y llevarlo para otro lado no es nada simple. Se pueden crear sistemas de aprovechamiento renovable que tomen esas fuentes de energía renovable y las conviertan en electricidad. En el proceso, se aprovecha solamente entre el 15% y el 20% de la energía renovable disponible; y luego el transporte comporta pérdidas adicionales, más el hecho de que la disponibilidad de la red eléctrica hace que no siempre se pueda aprovechar la energía producida o producible. Se puede intentar soslayar ese problema convirtiendo la electricidad en hidrógeno, pero entonces se tienen que añadir otro 30-50% de pérdidas adicionales en la producción del hidrógeno, y encima, si se intenta utilizar en un motor, habrá de nuevo un recorte del 50% de la energía, de modo que al final se habrá aprovechado solamente un 4% o menos del flujo renovable inicial. La alternativa es usar baterías u otros sistemas como el bombeo incerso, con pérdidas mucho más pequeñas (del orden del 10-15%) pero con un alto coste económico y energético en materiales escasos o en limitaciones de localización, con lo que encima tampoco se puede garantizar que estarán disponibles a gran escala.

La pregunta es: ¿y no se puede aprovechar esa energía renovable de una manera mejor? Y la respuesta es que sí.

Ya comentamos al hablar de la entropía que siempre que se produce una transformación de un tipo de energía a otro tipo de energía, en virtud del Segundo Principio de la Termodinámica, se tiene que pagar un peaje energético, es decir, se va a perder parte de la energía en el proceso. Esa pérdida energética es de tanto mayor que más diferentes sean los tipos de energía inicial y final. Por ejemplo, la transformación del impulso mecánico del viento o del río en electricidad implica pérdidas de hasta el 75% de la energía que incide en la turbina o aerogenerador. Sin embargo, si esa energía mecánica lineal del flujo de agua o aire se convierte en energía mecánica de rotación para accionar los engranajes de una fábrica, las pérdidas son mucho menores, del 20% o incluso más bajas. Quizá esto les suene un poco a ciencia ficción, pero lo cierto es que las primeras villas industriales a principios del siglo XX usaban esos procedimientos para mantener en marcha la maquinaria; yo siempre comento el caso de las fundiciones de la villa de Olot, ciudad perdida en la montaña de Gerona y que no tenía precisamente buenas comunicaciones terrestres con el resto del país, y que sin embargo tenía una gran capacidad industrial precisamente por ese tipo de aprovechamiento mecánico de la energía hidráulica de los abundantes saltos de agua de la zona.

Lo cierto es que existen tecnologías apropiadas que requieren materiales y procesos constructivos mucho más sencillos que las renovables eléctricas, que son mucho más fáciles de instalar y mantener, y que son entre 2 y 3 veces más eficientes que producir electricidad. Con la ventaja añadida de que la energía se puede aprovechar de manera más final, además.

Yendo al caso de España, las posibilidades son infinitas. En las zonas con mayor insolación, como Andalucía, Extremadura o el sur de Castilla- La Mancha, la energía solar se puede concentrar para cocer ladrillos y, más concentrada aún, para fundiciones metalúrgicas. En el norte de España, la proliferación de saltos de agua proporciona una potencia mecánica que permite la instalación de muchas industrias donde se requiera; y de manera similar las regiones con viento intenso. En cuanto a las praderas que ocupan las mesetas, pastizales y paja proporcionarían una fuente inmensa de compuestos para la síntesis de química orgánica, y  semejantemente los bosques.

¿Cuál es el inconveniente de esta aproximación? Que la producción se vuelve distribuida. Pero eso es lógico: es que se está intentando aprovechar una energía, la renovable, que ya es de suyo distribuida, que se encuentra repartida por todo el territorio, y no precisamente en los actuales centros de consumo. Con estos modelos no eléctricos de aprovechamiento renovable, que tienen una eficiencia mucho más alta que la de las renovables eléctricas, en vez de tener grandes fábricas en pocos sitios, la economía de escala asociada a una energía muy distribuida haría proliferar muchas pequeñas fábricas, con mucho menor impacto y presión ambiental sobre su entorno, asegurando además la riqueza y el empleo local. La introducción de la renovable no eléctrica es por tanto más vertebradora y redistributiva.

¿Por qué hay, entonces, esta obsesión con electricidad? Porque no se ha abandonado el paradigma fosilista, y se sigue queriendo llevar la energía desde los lugares de generación energética a los actuales centros de producción industrial. Por este motivo, el debate sobre la transición renovable está viciosamente y erróneamente centrado en la producción de electricidad, de modo que hemos llegado a un punto en el que la gente cree que las renovables son para producir electricidad, y que el actual discurso político pretende alcanzar la descarbonización con un 100% eléctrico renovable. Poco importa a ese discurso que la electricidad sea solo el 20% del total de energía final consumida, que lleve décadas así sin que se vea como aumentar ese porcentaje, y que se sepa que hay una parte que no puede ser electrificado. Y poco importa, como hemos visto, que el aprovechamiento eléctrico sea altamente ineficiente en la transformación energética.

La centralización de la producción industrial durante los dos últimos siglos ha llevado a una centralización del poder político, y se usa ese centralismo para intentar forzar que la transición renovable también sea centralista. Pero a la Naturaleza no se la puede contradecir, y si la energía renovable es distribuida, no será posible centralizarla. Encabezonarse en hacer algo imposible no logrará hacerlo, pero sí que nos puede hacer colapsar como sociedad.

La fijación de la agenda en la renovable eléctrica y el completo ninguneo de las alternativas renovables no eléctricas (hasta el punto de que son un no tema, y que hasta las organizaciones ecologistas adoptan la agenda eléctrica renovable) es una manera de mantener el centralismo imposible en la época del descenso energético. Por eso, no nos equivoquemos: la renovable eléctrica busca apuntalar los centros de consumo/producción frente a la periferia de generación energética. Es un modelo de expolio del territorio, es un modelo colonial intramuros y extramuros.

La transición renovable, la verdadera, la posible, debe basarse en el aprovechamiento local y eficiente de la energía renovable. Un aprovechamiento que hará renacer al territorio. Renacer del territorio que debe ser a costa del abandono del centralismo metropolitano. Ceterum censeo Metropolem esse delendam.

Salu2.

AMT 

lunes, 25 de marzo de 2013

Economías de escala en un mundo de recursos escasos

Queridos lectores,

Gabriel Anz ha preparado una interesante reflexión, ilustrada con su experiencia personal, sobre la disfuncionalidad a la que se ven sometidas las economías de escala en un mundo de recursos decrecientes. La verdad es que su aporte me resulta muy útil como paso previo para otro post que espero publicar justo después del suyo, y por tanto su discusión me parece de lo más pertinente.

Les dejo con Gabriel. Salu2,
AMT 



Sobre economías de escala y márgenes de ganancias




Negocios con menos gente, caída de ventas, suba de costos, aumentos de sueldos golpeando la puerta y márgenes de ganancias más finitos. Así se presenta el panorama para las empresas argentinas para este 2013.

En algunos puntos es parecido al de otros años, salvo en un aspecto clave que lo distingue: a diferencia de épocas previas, las compañías ahora no pueden repartir sus mayores costos fijos en un volumen mayor de producción y de ventas.

Este punto resulta fundamental, ya que justamente el "efecto escala" ha sido la "receta" a la que apelaron -tanto a las firmas grandes como las medianas y chicas- para amortiguar las mayores erogaciones. Así, lograban que el costo por unidad de producto no se viese tan alterado.

Hoy todo eso cambió, dado que la economía abandonó la época del crecimiento a tasas chinas para pasar a una etapa de estancamiento, lo cual implica para los comerciantes el riesgo de un enfriamiento en el consumo.
Por un lado, al no poder ni fabricar ni vender más (porque la demanda no lo convalida) ese valor unitario es mayor. Por otro, tampoco pueden trasladar las mayores erogaciones completamente a precios, de modo tal que los márgenes de ganancia de empresas y comercios caen en picada.

Fuente: Infobae Profesional 15/02/2013




Ayer viví un par de situaciones que me traían a la mente la imagen del encabezamiento del Blog de Antonio y que motivaron el presente artículo.


 




“La llegada al cenit de producción mundial de petróleo ha puesto a la economía contra las cuerdas”…

…Y cada vez veo mas evidencias de que así es.

Como no vislumbro soluciones por las vías hoy consideradas normales, se hace imperioso modificar radicalmente los hábitos de vida actuales, pues en el Planeta todo se encogerá al no haber suficiente energía que sustente las economías tal como las conocemos. Por ello es que me he propuesto planificadamente volver a las fuentes, recuperando y adaptando antiguos esquemas de vida.

Y a pesar de estar convencido y mentalizado para afrontar el achique, siempre me queda la sensación de quedarme corto. Trabajar con empleados, realizar trámites y construir lo que sea, se está poniendo cada vez más difícil... Es notorio ver como surgen imprevistos y complicaciones de algún tipo, que hacen pesada la organización y logística de cualquier emprendimiento. Sistemas informáticos que se caen, un repuesto o insumo que no llega a tiempo o dejó de estar en el mercado, obras que quedan a medio construir o se hacen rápido y mal, desaparición de marcas conocidas por otras que nadie conoce, envases y contenidos de productos que se achican, informalidad, corrupción y oportunismo de los que tratan de sacar ventajas como sea, el dinero que no alcanza, la incertidumbre generalizada y los volátiles cambios de humor que ello provoca en la gente. La competencia más encarnizada por el día a día libera demonios en las personas, que cuando está tranquila y se siente segura, no afloran. El mecanismo tan complejo del sistema actual, sin lubricante –es decir, sin suficiente cantidad de dinero- cruje por todos lados. Como si fuera una mancha de aceite, se va esparciendo el deterioro económico y social, que la mayoría percibe por sus consecuencias pero no por sus causas profundas, lo cual mantiene una actitud de esperanza, pensando en que “mañana las cosas volverán a ser como eran”. ¿Y que causa estos desordenes? Sin dudas que la inflación devenida en estanflación y márgenes de ganancia  que se achican… en suma, la plata que no alcanza para cubrir las expectativas de “buena vida” impuestas por el sistema actual. Obviamente que hay una buena cantidad de gente a la que le va bien, progresa, sale de vacaciones, cambia su auto y encuentra oportunidades de negocio. Pero el promedio general siente que se va quedando rezagado y excluido.

Así que el relato que a continuación expongo, trata justamente –como el título lo expresa- sobre “márgenes de ganancia y economías de escala”. Pero antes de ello, permítanme todavía analizar la frase “economías de escala”,  para lo cual me he valido de la Wikipedia en Internet. La palabra “escala” puede referirse a muchos temas; pero para el caso en particular de la “economía de escala”, dice que es: un tipo de economía basado en la producción de grandes volúmenes de bienes. Como intuía, me suena a BAU (Bussines As Usual), es decir, que mayores inversiones, mayores recursos, mayores estructuras, mayores volúmenes... equivalen a mayores ganancias, que es lo que la mayoría tiene como objetivo hoy en día. Pero si invierto las palabras y pienso además en su etimología, diría: “la escala de las economías”… pudiendo referirme a escala como escalón. En latín escala es “scala”, es decir, escalera. Y creo que en la Era en la que nos estamos introduciendo, deberemos pensar mucho en que escala –o en que escalón- situaremos nuestras economías para que sean sostenibles.

Ahora sí entonces, paso a contarles el relato que creo ilustra estas ideas.

Debido a lo que expreso en los 2 primeros párrafos, y no sin dificultades para ser honesto, sigo adelante con el desarrollo de mi Granja (varios en el Blog ya saben que estoy en el tema desde hace un tiempo), porque siento la imperiosa necesidad de hacer algo para intentar el autoabastecimiento alimenticio y para lograr la autarquía suficiente que permita separarnos lo más posible del sistema, que en su hundimiento nos va arrastrando a las profundidades indefectiblemente. Como entre los animales con los que cuento tengo unos ovinos de raza “merino australianos”, había acordado encontrarme con un amigo que administra un par de estancias ganaderas en la Patagonia, y que además está involucrado a nivel político en la gestión de recursos y asesoramiento a emprendedores rurales (en el área ganadera especialmente), para canjearle un carnero lanar de la misma raza y parecida calidad genética. Mis 3 ovejas con crías ya en edad de merecer, requieren de cambio de sangre para evitar la consanguinidad.

De ida y tratando de sacarle jugo al viaje de 400 km en total, visité un criadero de cerdos que conocía de oídas, pues me interesaba intentar realizar un negocio parecido al del carnero, pero con un padrillo de cerdo. Me encontré con un emprendimiento que superó las expectativas, pues las instalaciones para 200 chanchas madres de raza Landrace, denotaban mucho trabajo y ganas de hacer las cosas bien. El dicho de que “chancho limpio no engorda” no cuajaba con la higiene y orden imperante y menos todavía, con el estado de gordura y sanidad de los animales. Estructuras techadas que albergaban las parideras impecables con viruta de madera sobre el piso de cemento y protectores de lechones para evitar el aplastamiento, bretes para la recría de los lechones destetados a los 30 días de nacidos sobre pisos elevados y de un material plástico que permiten una mejor limpieza y temperatura estable, sistemas de provisión de agua automatizada, ventiladores para el verano y caldera a gas para calefaccionar en el invierno, planillas individuales colgadas frente a cada animal con sus “historias clínicas”, minucioso plan sanitario, fabricación propia de los alimentos balanceados con aditivos de primera calidad, etc. En definitiva… un lujo para lo que esperaba encontrar.

En el lapso de 180 días,  escalonadamente logran entre 800 a 1.000 cerdos por año, para ser faenados con 80 kilos de peso vivo. Abastecen a un frigorífico de la zona –distante 200 Km.- y obtienen $a 2.500,00 por animal (unos USD 300,00 al cambio del dólar “blue”). Redondeando números, unos $a 2.000.000,00 por año (USD 250.000,00). Organización familiar -matrimonio con 2 hijos- siendo el varón veterinario. Casa sencilla, 1 camioneta Ford y de apariencia “clase trabajadora”.

Luego de recorrer las instalaciones, la pregunta clave… ¿y los márgenes de ganancia?... Toda la seguridad, sapiencia y conocimientos de éste buen hombre parecieron desvanecerse. “Y… hoy es muy difícil determinarlo con precisión. Vamos tirando y acomodándonos sobre la marcha. Lo más caro es la alimentación de los animales”.

Yo no soy bueno con los números y datos, pero intuitivamente y en base a lo que vi y por lo que vengo experimentando con mis 3 chanchas, lo primero que se mi vino a la mente fue… “de los $a 2.000.000,00 no creo que le queden $200.000,00 limpios por año (unos USD 25.000,00)”.  Podría decirse que un 10% de rentabilidad no está tan mal. ¿Pero se justifica tanto sacrificio? Hoy, en Argentina, $a 16.666,00 por mes (USD 2.000,00) –si bien no son tantos los que lo ganan- rinden bastante poco y cuesta mucho obtenerlos.

Me contó de las dificultades para pasar las barreras sanitarias con sangres nuevas, las burocracias, los problemas con la empresa que le compra la producción pues hace algo más de un año entró en convocatoria de acreedores (uno de los frigoríficos con planta de faena más importantes de la Patagonia).

Le agradecí su atención y amabilidad, después de determinar que no me servía comprarle un reproductor, pues eran demasiado caros debido al refinamiento genético que él requería. Y hacer un canje imposible, pues por el mismo motivo, necesitaba certificado de procedencia, calidad y raza. Además, su habilitación comercial lo limitaba a producir para faena y no para reproducción. Yo busco animales más rústicos, mejor adaptados al frío y menos dependientes de “súper-balanceados”, “súper-planes sanitarios”, “súper-etc.”

Sigo viaje y me encuentro con la persona con quien iba a canjear el carnero. Almorzamos juntos y me contó de las dificultades por las que están pasando los campos, pues se están descapitalizando rápidamente, debido a las sequías recurrentes, los altos costos operativos y laborales, los bajos márgenes de ganancia, los problemas de pérdidas de animales por zorros y pumas, los robos, etc. Y lo que veía por derredor me confirmaba lo que decía. Un campo de 22.000 hectáreas, que solía tener 5.000 lanares a esquila, hoy le quedan 500. Está ubicado en una zona marginal y de baja receptividad, que no permite inventar mucho. Hoy le quedan 3 empleados y uno de ellos se jubila en breve y no piensan en reemplazarlo. Instalaciones en franco deterioro y una matriz productiva muy difícil de remontar. Este ejemplo veo que se repite en la mayoría de los campos de la zona, otrora rentables, por lo que conozco y porque lo evidencian las instalaciones y edificios que se construían hace no más de 60 años atrás.

La conversación siguió y le conté acerca del criadero de cerdos que acababa de conocer. Como dije antes, por su formación y actividad laboral, es una persona que conoce de primera mano los datos de producción de la provincia y por ello está muy al tanto de las estadísticas y de las dificultades por las que está pasando el sector. Me comentó que el costo de alimentar cerdos en nuestra región, representa entre un 82% a 85% de los erogaciones.  Un dato que me pareció relevante y que venía intentando determinar en mi pequeña e incipiente producción, ya que mientras me organizo y aprendo, también utilizo balanceados y granos que compro en el mercado local, pero que son transportados desde mas de 1.000 Km. de distancia. Es decir, que volviendo al ejemplo del criadero que acababa de visitar, de los $a 2.000.000,00 de las ventas, calculé que $a 1.700.000,00 se le esfumarían en alimentar y engordar los cerdos. Trataba de imaginar lo que le quedaba luego de deducir otros gastos e impuestos y mi “cuenta intuitiva” hasta parecía generosa.

De más está decir que el tenor de las conversaciones me dieron pie para hablarle del “peakoil”, lo cual no encontró descabellado y hasta ató cabos con bastante facilidad. De todas maneras fue honesto al decirme que consideraba que mi visión estaba demasiado condicionada a los problemas del petróleo y el gas y que los avatares de nuestro país pasaban por otro lado, como las políticas desacertadas, faltas de inversión, corrupción, etc.  Y si bien no puedo dejar de coincidir en lo general, considero que no terminó de comprender las profundas implicancias que está teniendo y que tendrá la menguante disponibilidad de energía de calidad y a bajos precios, como lo ha sido hasta hace muy pocos años. En definitiva, nada nuevo bajo el sol… es tal el grado de acostumbramiento y de adicción a la superabundancia energética, que a la gran mayoría le cuesta comprender el nivel de anormalidad histórica que vivimos los que formamos parte de las últimas generaciones.

En el viaje de vuelta, mirando cada tanto por el espejo retrovisor para asegurarme de que mi nuevo carnero viajaba en las mejores condiciones posibles, cavilaba sobre esta cuestión de los “márgenes de ganancia”, las “economías de escala” (o “la escala posible que debería tener mi economía”) y de cómo se defiende uno de éste proceso de achique forzado.

Revisaba mis cuentas y mi situación… re-analizaba mi planteo de Granja. Con las 3 chanchas madres que tengo, debería obtener al menos 48 lechones por año (2 camadas de 8 lechones cada una). Con algo de granos remojados en el sobrante de la leche de mis 2 vacas lecheras (10 litros por día con 2 tetas ordeñadas por vaca y las restantes las dejamos para alimentar sus crías), restos de comidas, sopa de malezas y otras plantas, sobrantes de las frutas de los manzanos y perales, siembras de avena, remolachas, nabos, etc. (cultivos de invierno) debería por lógica bajar sustancialmente ese 82% a 85% de costos en alimentos. Si a esa diferencia le sumo evitar la cadena de intermediarios y le doy valor agregado poniendo directamente un lechón en mi plato o vendiéndolo al comensal del comedor del Centro Ecuestre (proyecto complementario en marcha, con clases de equitación y pensión para caballos), la diferencia que le hago a cada animal es más que importante. Con una estructura chiquita, optimizando, reciclando y complementando los recursos disponibles (biodiversidad), esos 48 lechones deberían redituarme $a 2.500,00 cada uno, si preparo –por ejemplo-  una comida para 30-40 personas (con 1 lechón de 20 kilos limpios) y a $a 60,00 (menos de USD 10,00) por comensal; lo cual hoy en Argentina es un buen precio si se come fuera de casa. Ello podría significarme $a 120.000,00 brutos por año, lo cual considerando la abismal diferencia de escala (3 chanchas contra 200), no es para menospreciar. Si al mismo lechón lo acompaño con una ensalada de lechuga y tomates de mi huerta, estoy ofreciendo un buen plato y a un precio razonable.

Como criar 3 chanchas me deja tiempo para hacer otras cosas, elaboramos dulces y conservas en general. Ordeñamos las 2 vacas y juntamos huevos de las gallinas. Aprovecho la leña y la madera de los árboles, lo cual me permite calefaccionarnos y construir instalaciones a mucho menor costo. Es decir, que la forma de vida que ya va cobrando forma, hoy ya nos permite bajar gastos, lo cual hace “engordar” los márgenes de ganancia. Diferencias que quizás no parezcan suficientes para sostener un modo de vida BAU, pero que vistas desde una escala como la esbozada, diría que rinden más.

Y mi planteo no termina aquí… procesar y reciclar los residuos de la cría de 3 chanchas, son irrisorios comparados con lo que significa tratar los de 200 chanchas confinadas y concentradas. Mientras recorríamos el criadero, pensaba a donde irían a parar los kilos y kilos de cal viva utilizados cada 3-4 días, para desinfectar pisos y paredes. ¿Y el volumen de agua necesaria cada vez? Pensaba también en la energía destinada a los fletes, la producción de alimentos concentrados, la fabricación de instalaciones, la elaboración de productos veterinarios y químicos, etc. y del impacto ecológico de todo ello. Y estoy hablando de un criadero de solo 200 chanchas…

Creo tener muy claro que las complejas estructuras e intrincados sistemas que hemos montado en la actualidad, no podrán sostenerse sin tanta energía. Estamos obligados a reconsiderar “el escalón” en el que se deben situar nuestras economías y formas de vida, y por tal motivo, tenemos que desempolvar métodos artesanales de trabajo. Aunque como dije al principio, las dificultades para llevar a cabo la transición no son menores; lleva tiempo y buena cantidad de dinero. Es harto difícil esquivarle al BAU y se requiere de una convicción muy importante, para no recaer en las adicciones del sistema actual.



Gabriel Anz
Técnico Agrónomo