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martes, 30 de julio de 2013

Previsión y responsabilidad

Imagen de Público.es

Queridos lectores,

El día 24 de Julio de 2013 un tren Alvia que viajaba desde Madrid descarriló unos pocos kilómetros antes de llegar a la estación de Santiago de Compostela. El tren iba ocupado por 240 pasajeros; murieron 79 y varias decenas resultaron heridos de diversa consideración. Las autoridades han atribuido la responsabilidad de este siniestro al maquinista, puesto que la curva donde se accidentó tiene limitada la velocidad a 80 Km/h, pero el tren entró en ella a 190 Km/h. Y es verdad: en última instancia dependía del maquinista que el tren entrase a la velocidad correcta en aquella curva. Lo que las autoridades no quieren entrar a discutir abiertamente es si es lógico que un punto tan crítico como esa curva dependa del factor humano, sobre todo si se tiene en cuenta que los trenes modernos son sistemas muy controlados, con multitud de sistemas de señalización y de emergencia que pueden parar un tren si no circula a la velocidad adecuada, y máxime cuando se trata de un trayecto pensado para que los trenes circulen en algunas secciones a velocidad alta (antes de la curva había una recta de 20 Km en la que el tren tiene que circular a 220 Km/h, y después viene un túnel justo antes de la fatídica curva). De hecho lo lógico es que en un punto tan complicado los sistemas de balizado de la vía hubieran disparado los frenos del tren si no se entraba en cada tramo a la velocidad correcta; incluso, que hubiese una cierta gradualidad en la transición, en vez de haber un enlace directo de la vía de gran velocidad (que no AVE) a la curva, que debe ser transitada mucho más lentamente y que usa otro sistema de señalización. Quienes tienen conocimientos técnicos sobre lo que ha pasado me han comentado que, aparte de la vía, el propio tren no llevaba activados los sistemas adecuados para poder aprovechar los sistemas seguridad más capaces. Pero, al margen de la discusión técnica de qué es exactamente lo que ha pasado, hay algo que es evidente: es absurdo dejar todo al factor humano si las consecuencias de un error son tan fatales y si una sencilla actuación de seguridad completamente estándar (instalar algunas balizas más, hacer una preseñalización de la curva) hubieran evitado el desastre. Se ha insistido mucho en que este maquinista en particular (un hombre con 30 años de experiencia en la compañía y 10 como maquinista, y cuyo nombre no voy a reproducir aquí por un respeto que los medios no han sido capaces de tener) había pasado muchas veces por el mismo punto, así que su error no era excusable. Pero es que justamente es al contrario. A pesar de lo absurdo de hacer una bajada de velocidad tan salvaje en tan breve lapso, seguramente este maquinista se aprendió que este punto era el complicado, el que "tenía truco" de todo el trayecto. Yo me imagino a ese maquinista el primer día que tuvo que hacer aquel trayecto. Pasó una vez  sin problemas, la adrenalina a tope porque sabía que ése era el punto conflictivo, y tuvo éxito y llegó sin novedad. Al día siguiente volvió a pasar y ya sabía que si lo hacía bien no pasaría nada, en tensión pero un poco más relajado. Y luego pasó otra vez, y luego otra, y así a lo largo de meses. Pero el ser humano se habitúa, se confía y un día, por confiarse demasiado, por creer que la situación está más controlada de lo que está, sobreviene el desastre. Piénsenlo. El maquinista tenía que entrar a 80 Km/h viniendo de una recta en la que va a 220 Km/h. Tiene unos cuatro kilómetros, con un túnel antes de la curva, para adaptar la velocidad. Seguramente usaba el túnel o alguna otra referencia (un puente, se comenta) como referencia: cuando lo vea comienzo a frenar (puesto que ese punto no está automatizado: todo dependía de él). Otro día vio que podía apurar un poco más y esperar a que el túnel o el puente se vean un poco más grandes. Piensen esto: a 220 Km/h se necesitan sólo 30 segundos para recorrer dos kilómetros y  posiblemente se necesitan otro par de kilómetros, otros 30 segundos, para reducir la velocidad; son básicamente 30 segundos para reaccionar. El  maquinista se despista. Está pensando quizá en sus problemas de cada día; quizá mira el panel porque hay quizá alguna luz roja, algún sistema que no acaba de ir bien pero que no es crítico; está pensando en la boda de un hijo o en el bautizo de un nieto; o simplemente piensa que está en otro tramo de la vía, porque no encuentra sus referencias paisajísticas en ese momento (aquí encontrarán una descripción del accidente bastante diferente a la de los medios de comunicación). No importa demasiado qué exactamente fue lo que le pasó al maquinista: tiene un cerebro humano que opera con tiempos humanos, con ritmos de proceso humanos; por más entrenado que esté, no es una máquina. Pensaba que aún faltaba más para llegar al túnel o al puente y para cuando se quiere dar cuenta ya está allí. Acciona los frenos, pero aún así entra a 190 Km/h en la curva, y el tren descarrila. ¿Creen Vds. que es lógico cargar toda la culpa en él? Obviamente el maquinista falló, pero este fallo pudo ser posible porque todo un sistema que cuesta miles de millones de euros dependía en ese punto de una única persona y de 30 segundos. 

Durante los próximos meses veremos como RENFE anuncia mejoras en la vía y en los sistemas de seguridad; se insistirá en que es un fallo humano, un hecho aislado, pero al tiempo para tranquilizar a la opinión pública se "reforzarán los sistemas de seguridad". Son muchos los implicados en las deficiencias que han hecho posible esta desgracia, en todos los estamentos que tienen que ver con el mundo ferroviario, y por ello todo el mundo prefiere mirar para otro lado y acusar al cabeza de turco, el chivo que expíe todas las culpas colectivas. Sí, fue un error humano, pero un error que por pura estadística se tiene que producir de tanto en tanto. La clave, aquello de lo que jamás se hablará, es que es una obligación de los poderes públicos anticipar los problema y tomar las medidas correctoras correspondientes, especialmente cuando no son relativamente muy costosas. Es la obligación de los poderes públicos prevenir, y no simplemente lamentar la desgracia cuando pasa. ¿Cómo se ha llegado aquí? En el caso de RENFE y de ADIF, hay varias razones: malas praxis asentadas durante años (como lo es cargar tamaña responsabilidad sobre los hombros de los maquinistas), cierto nivel de corrupción, falta de inversión en mantenimiento/actualización de las vías y sistemas, dejadez, falta de costumbre en la depuración seria de responsabilidades (España es un país sólo epidérmicamente democrático), etc. Nada ha sido anticipado, y muy poco corregido. Hay una dejación de obligaciones en aquellos que debían supervisar y vigilar.


Salvando las distancias (porque aquí no morirá nadie, al menos no directamente) similar problema de escasa o nula capacidad de anticipación la estamos viviendo los que trabajamos para el CSIC. Como explicaba hace unos días, estamos viviendo el colapso de la institución por la rápida disminución de la parte de presupuesto que le viene del Estado, que no pueden ser compensadas por los ingresos de otras fuentes. No ha habido un plan de reestructuración del CSIC que se haya comunicado desde los Ministerios que han decidido su progresiva asfixia económica; solamente una aportación decreciente y un "apáñatelas como puedas". Desde los equipos rectores del CSIC que han tenido que capear con estos problemas en estos cuatro años de recortes no se ha planteado, tampoco, ningún plan de reconversión o reestructuración; simplemente, el CSIC ha vivido de los ahorros que tenía mientras éstos han durado, esperando un cambio de tendencia que no sólo no ha llegado sino que ha ido a peor. Así, nuestros ahorros se acabaron en Noviembre de 2012 y desde entonces el CSIC ha ido intentando hacer cuadrar la imposible ecuación de cumplir con los compromisos adquiridos (y abonados) y al tiempo pagar los gastos corrientes. En el momento actual la actividad investigadora está al ralentí - como por desgracia estoy viviendo en mi propio centro - y así estará hasta el 30 de Septiembre, momento para el cual el Gobierno nos debería rescatar con 75 millones para que la actividad pueda volver a la normalidad. No va a pasar tal cosa: el Gobierno nos dará 50 millones, con los que seguiremos al ralentí hasta el 31 de Diciembre. Yo he hecho algunas previsiones simples de cuál va a ser la situación financiera del año que viene y, con los pocos datos de los que dispongo, el escenario que veo más probable es que pasemos de los 100 millones de déficit estructural de este año a un déficit cercano ya  a los 250 millones el año que viene, que veo inevitable si no hay un -poco probable- cambio de rumbo del Ministerio y no nos amplían el presupuesto significativamente (al menos 100 millones). Piensen que el CSIC tiene un presupuesto anual de de 600 millones aproximadamente, de los cuales 150 millones vinieron de contratos con empresas y proyectos en el año en curso, así que el déficit que podríamos llegar a tener ya el año que viene nos situaría en una situación de "quiebra", es decir, en la incapacidad de cumplir nuestros compromisos. Todo esto es previsible y en realidad simple de prever. Delante de esta dura y complicada realidad, las medidas que se toman tanto desde el Ministerio como desde la Presidencia del CSIC son simples parches, una huida hacia adelante mientras nos acercamos a nuestro destino final (liquidación de activos, despidos y prejubilaciones masivas, incumplimientos de compromisos, cierre de centros y venta de inmuebles y material de laboratorio, y finalmente suspensión total de la actividad y excedencia forzosa del personal funcionario). Hace un año anticipábamos en este blog muchos de los problemas que luego se han ido presentando; hace seis meses explicábamos que íbamos a una situación de déficit estructural de al menos 100 millones al año, con una deuda acumulada rápidamente creciente y una inviabilidad de funcionamiento a medio plazo; y hace dos semanas explicaba las medidas de choque que se han tenido que tomar simplemente para aguantar hasta Septiembre. A este paso en Diciembre  haré un nuevo post explicando la penuria con la que acabamos este año y antes del verano de 2014 les comunicaré que mi centro y otros muchos habrán tenido que cerrar por no poder hacer frente a sus costes de funcionamiento. Todo esto es previsible; una sencilla prospección sobre las cifras te lo muestra claramente, si lo quieres mirar. Delante de esto, ¿qué medidas proactivas están tomando las administraciones al mando? Ninguna. Se elude cualquier responsabilidad y se deja pudrir la situación, de manera similar que se está haciendo con tantas otras áreas públicas afectadas por los recortes (las más visibles Sanidad y Educación, pero en realidad lo son todas). En suma, antes hay improvisación que previsión, en parte porque es la cultura de este país (España) pero en parte porque nuestro diseño de sistema está basado en el crecimiento y nadie quiere tomar planes de contingencia para un decrecimiento continuo (y de hecho permanente).


Otro ejemplo muy español de la falta de previsión o, más bien, de la falta de implementación de medidas correctoras conocida la previsión, es el caos que se está viviendo en el margo regulatorio del sistema eléctrico español, que hace una semana lo comentamos con cierto nivel de detalle. Dejando al margen los agravios comparativos, los ataques a ciertos sistemas de generación y la tendencia gubernamental a favorecer a las grandes empresas del sector lo cierto y verdad es que este sector, tan crítico económica y socialmente que por ello mismo no es libre y está sometido a regulación específica, sufre de una continua improvisación legislativa. No se hacen un diseño a largo plazo, un planteamiento fundamental consensuado con todo el parlamento para darle la necesaria estabilidad a este sector fundamental; en su lugar, se improvisa decreto tras decreto en función de las deficiencias y las ocurrencias de cada momento y se van dando bandazos: lo que un día se pone en exceso al día siguiente se puede dejar en defecto. En este caso, la falta de capacidad de prever tiene consecuencias que cuestan literalmente miles de millones de euros.

Los ejemplos de esta falta de capacidad de previsión son legión: se permite edificar en zonas inundables, se conceden ayudas fiscales al alquiler o a la compra de vivienda que favorecen abusos y burbujas, se desregula o abandona la supervisión del sector financiero, y así un largo etcétera.

Son varios los factores que explican por qué los poderes públicos toman una actitud más reactiva (reaccionando a los problemas) que proactiva (anticipando los problemas y desactivándolos antes que exploten). Uno de ellos es la visibilidad: un trabajo de anticipación bien hecho no se ve, porque simplemente los problemas no suceden; desde un punto de vista político tiene mejor rendimiento reaccionar enérgicamente una vez que se producen los problemas. Está también el problema de la corrupción: a veces interesa más dejarse llevar por el viento favorable, no oponiéndose a ciertos lobbies y recibiendo beneficios económicos por ello, y dentro de esto cuando éramos ricos (o creímos serlo) era más rentable crear problemas y luego cobrar por corregirlos. Está, también, la cuestión del anumerismo, de la cual ya hablamos en su momento: si uno carece de un mínimo conocimiento técnico, si no se es capaz de entender los órdenes de magnitud implicados es imposible dar una respuesta coherente a los problemas y mucho menos posible es anticiparlos. Y por supuesto, está la cuestión de que nadie quiere ser un aguafiestas y decir que quizá ha llegado el momento de apagar la luz justo en el momento de apogeo de la fiesta.

El Peak Oil también entra dentro de la categoría de problemas que necesitan ser anticipados, que requieren de introspección y análisis antes de poder dar una respuesta coherente y capaz, y posiblemente es de los problemas más graves a los que tiene que hacer frente esta sociedad. ¿Y qué es lo que hacemos para anticiparlo, para adaptarnos? Pues de acuerdo con algunos medios nos congratulamos de que cierre The Oil Drum, página de referencia en información sobre el Peak Oil, como si el hundimiento de este proyecto sin ánimo de lucro demostrase que no existe el Peak Oil y así seguir promocionando la última burbuja financiera mientras se intenta tapar las noticias que claramente muestran que lo es: resulta curioso ver cómo el fracaso de la explotación del shale gas en Polonia pasa completamente con sordina en los medios españoles, a pesar de que varias compañías americanas han abandonado los proyectos en ese país por falta de rentabilidad, o cómo se bloquea toda la información sobre la progresiva quiebra e inviabilidad económica de los pozos en EE.UU., paraíso del fracking, a pesar de la extensiva documentación que sitios como shalebubble.org han compilado y se sigue planteando el problema del fracking como una oposición entre una industria rentable y los recelos ambientales cuando en realidad sabemos que el fracking no es rentable.

Ser previsor, anticipar y corregir proactivamente los problemas, no está bien visto en esta sociedad del beneficio rápido y del consumo ilimitado. La persona previsora es vista como el empollón, el aguafiestas, el amargado; resumido en una palabra que define más a la sociedad que la formula que a la persona que la recibe: el perdedor. Una sociedad que en pocas generaciones ha abandonado los que fueron sus valores fundamentales durante siglos. Hace no tanto, y así lo refleja nuestra literatura, el hombre previsor era el héroe de la narrativa colectiva, en tanto que el disoluto y manirroto era la vergüenza y el oprobioso. Ya en el Nuevo Testamento se habla de aprovechar los talentos, o se pone el ejemplo del hijo pródigo como el de mala gestión. Sin irnos a textos bíblicos tenemos la vieja fábula de la cigarra y la hormiga, escrita por Esopo y revisitada muchos siglos más tarde, que es uno de los relatos de referencia que incluso hoy se usa para modelar nuestra narrativa, cuando justamente hoy se desdeña la voz de la sabiduría y de la experiencia cuando sus consejos no van en la dirección de una cierta concepción de lo que es el progreso, una visión del progreso que se cree invencible pero que no es más que un mito.


Salu2,
AMT

jueves, 3 de enero de 2013

Una visión de las medidas de transición que deberían de implementar los poderes públicos

Entrada a la bóveda Slavbard. Imagen sacada de la Wikipedia




Queridos lectores,

Hace unas semanas un lector reciente, Abadín, me hizo llegar una carta exponiendo sus inquietudes y sugerencias, sobre todo orientadas a la exigencia de medidas razonables a ser formuladas a los poderes públicos. El texto, obviamente, está sesgado hacia aquellos aspectos más próximos, por formación e inquietudes, a este lector, pero a pesar de ello muchas las discusiones en él presentadas tienen un valor general. Espero que le saquen partido.


Salu2,
AMT 


PREPARANDO LA TRANSICIÓN. ¿QUÉ DEBEMOS EXIGIR A LOS PODERES PÚBLICOS?



Buenos días a todos.



He conocido muy recientemente el blog. Aún estoy superando la fase de negación, y me siento bastante engañado y en la fase que la Dra. Kubler-Ross nunca llamó fase de “cabreo monumental”. Creía ser era una persona que estoy en el mundo, y sin embargo, desconocía totalmente la magnitud del problema. Cierto es que, en el plano teórico, siempre se piensa que este sistema es insostenible, pero nunca había pensado que estemos tan al final del camino.



Las conclusiones que llevo de la lectura incompleta, pero muy seguida de los hilos del blog, son varias e interesantes.


- Primero. Debemos prepararnos para la más o menos inminente “gran escasez”.

- Segundo. Cuanto más tiempo tardemos en adaptarnos más dura será la adaptación necesaria.

- Tercero. Debemos exigir a los poderes públicos que no sigan tratándonos como a niños, y que se establezcan medidas correctoras o paliativas.



La adaptación debemos asumirla cada uno de nosotros en lo individual, aprendiendo a vivir con menos lastre, pero con mayor dignidad. Tendremos que aprender a racionalizar (economizar) recursos escasos que van camino de convertirse en inexistentes. La principal adaptación individual será de carácter psicológico, intangible. Aprender a disfrutar con placeres sencillos, que no consuman energía o materiales. Recuperar la conversación, aprender o recordar tecnologías clásicas u obsoletas, pero que serán necesarias en el futuro, como pueden ser la aplicación de puntos de fuego, o la acupuntura.



(NOTA: Por mi formación y profesión (soy veterinario) se me ocurren estos ejemplos. El tratamiento con puntos de fuego consiste en tratar las inflamaciones de los animales con un hierro candente sabiamente aplicado (lugar, intensidad, forma)... que transforma una inflamación crónica (que no evoluciona por sí misma) en una inflamación aguda que se puede tratar con medicamentos relativamente simples o que el propio organismo es capa de combatir con sus propios medios (aporte de glóbulos blancos, generación local de citoquinas con poder antiinflamatorio). En los siglos XVII al XIX se escribieron tratados sobre la aplicación de los puntos de fuego, pero dudo de que hoy en España quede más de una docena de personas (herradores y veterinarios ancianos) que sepan aplicar los puntos de fuego).

En cuanto a la acupuntura... Bueno, no soy de los que creen en las medicinas alternativas, y la homeopatía me parece una gran estafa, pero parece ser que la acupuntura es enormemente útil como mecanismo anestésico o para evitar dolor. Es posible que se puedan llevar a cabo intervenciones quirúrgicas relativamente sencillas con acupuntura en situaciones de carencia de anestésicos. Quien esté operado de algo tan banal como las hemorroides, sabrá a lo que me refiero. Me asusta pensar que la higiene bucal desaparecerá casi por completo, pudiéndose implantar prótesis o realizar empastes con un gasto mínimo de mercurio y material metálico y un torno manual (que necesita anestesia porque el dolor es tan intenso que nadie lo aguantaría). Pensad que las ovejas que pastan tienden a morir de hambre cuando se degrada por el uso su dentadura.)



También estoy convencido de que serán muy necesarias herramientas de socialización, algo que caracteriza a la especie humana. Será necesaria para acometer los grandes trabajos (como la reforestación del país, desbroce de bosques, tareas de siembra y recolección, etc.) Con ello no quiero decir que debamos establecer zafras obligatorias a la cubana, o una revolución cultural a la china o peor aún a la camboyana, pero si contamos con mecanismos de socialización, de manera que conozcamos a nuestros vecinos, será mucho más fácil adaptarnos; pensemos que, por ejemplo, la cocción del pan volverá a ser comunitaria, como hace cincuenta años. Pueden ser herramienta eficaces de socialización la pertenencia a una iglesia, o cantar en un coro, ser del Betis, formar parte de asociaciones (incluso partidos políticos), la asistencia a las casas del pueblo (que alguna todavía existe) o ir a la herriko-taberna. Cualquier actividad que implique el contacto con los vecinos será enormemente necesaria, y placentera. En el futuro que viene, tendremos que tener amigos hasta en el infierno.



Cada uno, en lo que pueda deberá luchar por recuperar tecnologías baratas y no consumidoras de energía. Se me ocurren numerosos ejemplos como la fabricación de hornos solares, adquisición de aparatos de radio o incluso ordenadores que puedan funcionar a partir de una dinamo (sí, radios de manivela, o acabaremos acudiendo a la galena), y mucho conocimiento útil (qué alimentos son adecuados, que hierbas o tubérculos se pueden comer, cómo se pueden conservar alimentos, cómo convertir el pellejo de una cabra en un odre o en una capucha que nos proteja de la lluvia), tecnologías sencillas y conocidas desde hace siglos y ya olvidadas.



Debemos exigir a los poderes públicos que reconozcan la situación actual, porque muchas de las medidas que necesariamente se han de adoptar son inasumibles por la iniciativa privada, pues no es de esperar que produzcan resultados económicos a corto plazo. La situación actual del mundo me recuerda mucho al cuento del “Rey Corito”, aka “El vestido nuevo del emperador”. Quizá tenga que ser un niño (cualquier político o intelectual de España, un bebé el concierto de las naciones) quien tenga que abrir los ojos al personal. Estoy seguro de que el primer estadista que explique todo esto con claridad, sencillez, y el grado justo de alarmismo quedará al principio como un perfecto tuercebotas, y perderá las elecciones durante quince o veinte años, pero después recibirá el premio Nobel. ¿Alguien se atreve?



Entre las actuaciones exigibles a la Unión Europea, al Estado, o a las Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, etc. incluiría:

  • Reforestación urgente del país, preferentemente con especies que tengan más de una utilidad. Por ejemplo, roble, castaño, nogal (buena madera, y frutos secos), alcornoque (bellotas para los animales y personas, corcho como aislante, porque el “porespán” se va a acabar), pino resinero-piñonero (ya nos hemos olvidado de todos los productos químicos imprescindibles que se obtienen destilando la resina, como el aguarrás), algarrobo (excelente madera, y vainas comestibles que se conservan muy bien desecadas). Además, se deberán procurar las condiciones necesarias para el mantenimiento del bosque, limpiándolo de malezas para prevenir incendios (responsabilidad local). No olvidemos que necesitaremos buena madera para construir barcos, carretas y herramientas, y leña para nuestra actividad.
  • Mejora sustancial en la formación profesional. No tardando mucho se necesitarán cantidades ingentes de carpinteros, pastores, herreros y herradores, adiestradores de animales de tiro y de perros, torneros, mecánicos de lo pequeño, (que para arreglar algo no tengan que meterlo en una máquina de veinte millones con cuatro ordenadores; ¿cuántos coches, imprescindibles para que algo tan básico como el correo se mantenga podrán adaptarse para funcionar con biomasa, a gasógeno?), curtidores y peleteros o zapateros, personas capaces de construir y mantener caminos (hace veinte siglos, los romanos no lo hacían tan mal), técnicos en conservación de alimentos (¿cuántas personas saben hacer queso, tasajo o mojama? ¿Cuántos saben construir un hórreo o un almacén para grano que evite las pérdidas por roedores o insectos?). También serán necesarias personas con conocimiento e integridad moral, en las comunidades pequeñas que sean capaces de priorizar recursos para atender según qué necesidades, planificar rotaciones de cultivos y barbechos, etc. También será importante el esparcimiento, y en ese sentido creo que los juglares, cuentacuentos y cómicos de la legua tendrían éxito, una vida bastante miserable (con los patrones actuales) pero muy divertida.
  • Actuaciones de rescate de conocimientos y recursos. Considero necesaria una labor de digitalización de libros y tratados de tecnología eficaz, pero obsoleta, que puedan ser utilizables en el futuro. Existen en la Biblioteca Nacional numerosos textos olvidados de agronomía, veterinaria, ingeniería, medicina, que serán muy necesarios. Tener versión impresa de los mismos será imposible, pero siempre será posible disponer del archivo electrónico de un texto necesario donde sea necesario, y leerlo en ordenadores a pedales o alimentados por energía solar. Francamente, no creo que lleguemos a un deterioro tan absoluto como el que se muestra en películas del tipo “Mad Max” 
    (NOTA: Me consta que se están digitalizando el Archivo de Indias y la Biblioteca Nacional, pero habría que priorizar y corregir o actualizar los documentos más imprescindibles para la supervivencia. Instituciones tan serias como el Instituto Max Planck tienen a disposición del mundo textos científicos y humanísticos clásicos (en http://www.biolib.de/ se pueden encontrar muchos textos de gran calidad y belleza, en altísima resolución, aunque casi todos en inglés o en alemán).
  • En cuanto a los recursos, es imprescindible crear bancos de germoplama de especies vegetales y animales de interés futuro. En Noruega se está efectuando una recolección de semillas de todo el mundo. En España se deberían recoger y almacenar semillas de cereales, legumbres, pratenses, plantas textiles o industriales (lino, algodón, cáñamo, esparto) etc., del mayor número de especies y variedades, para su posterior utilización. Es trágico pensar que hoy en día ya han desaparecido la mayoría de las variedades locales de cereal, legumbres, patatas, frutas... Muchas de estas variedades eran particularmente útiles en terrenos pobres, fríos o extremos. Ya no nos acordamos de que durante siglos la mitad norte de la península se alimentó a base de centeno. En cuanto al germoplasma animal, es más difícil de mantener. Muchas líneas se han perdido, pero si llega el momento se recuperarán estirpes locales de gallinas, razas bovinas de tiro y de trabajo, razas asnales y caballares de trabajo. No desdeñemos en este contexto la labor del ejército, aunque los recursos dedicados a los equinos (artillería de montaña, remonta) se han reducido hasta casi la nada en el último medio siglo.
  • Se deberán recuperar instituciones desaparecidas, para fabricar medicamentos esenciales, vacunas, sueros y reactivos de análisis. Ya no existen empresas farmacéuticas públicas (salvo quizá y fabrica en muy pequeñas cantidades, el ejército). En 1993 desapareció el Instituto de Biología y Sueroterapia (fabricaba vacunas y sueros), pero si no hay alguien que se encargue de ello, volveremos a ver gente que muera de rabia en Europa. En cuanto a los reactivos de diagnóstico, hoy si no diagnosticamos por PCR somos unos “mataos” pero no podemos desdeñar técnicas como las aglutinaciones (que se pueden realizar con una gota de sangre y dos trozos de vidrio de ventana si se tiene el antígeno). El gobierno (europeo, estatal o autónomo) deberá mantener un suministro de reactivos y vacunas frente a muchas enfermedades humanas y animales, porque probablemente, las empresas supranacionales, aunque puedan mantener la producción, difícilmente podrán llevarlo a donde se necesite.
  • Investigación básica, sobre todo encaminada a mejorar tecnologías. Viendo que dan la misma luz 100 w en bombilla de filamento que 20 w en bombillas de bajo consumo o 5w en bombillas LED, ¿quién sabe si se logrará desarrollar otras tecnologías a un precio razonable? Imaginemos que se consigue un superconductor a temperatura ambiente basado en aleaciones cerámicas o metales abundantes. Quizá existan aleaciones que permitan fabricar imanes permanentes muy potentes con materiales comunes (ferritas, que no necesiten neodimio) con aplicación en el transporte por ferrocarril (trenes de levitación) o las dinamos de aerogeneradores.
  • Localización de almacenes naturales (cuevas, minas abandonadas, que mantienen condiciones muy homogéneas de oscuridad, bajas temperaturas y poca humedad) y creación de reservas estratégicas de alimentos, herramientas y de conocimientos (libros, en papel).
  • Es necesario crear instituciones de socialización, y en particular creo que en el futuro la radio será uno de los mejores, más eficaces y baratos mecanismos de transmisión de noticias, conocimiento y entretenimiento. Volveremos a experimentar las reuniones de varios vecinos en una casa para oír las noticias (“el parte”), o la dramatización de “La Guerra de los Mundos”. Tengo entendido que se necesita muy poca energía para emitir radio (onda media) y desde luego ya existen radios a manivela, que con un minuto de giro acumulan energía para más de media hora de recepción.





Como no pretendo echar la responsabilidad en el papá Estado o la mamá Administración, me pregunto qué puedo hacer yo. 


Puedo hacer muchas cosas. En primer lugar, salir de la depresión a la que me está llevando tu blog (je, je...). En serio, tengo hijos, y procuro educarlos en la austeridad, que no se debe confundir con a) tacañería y b) con miseria obligada), en apreciar lo que se tiene, y en no gastar a lo loco. Enseñar a mis hijos, y a mí mismo a decir “NO” a muchas cosas. Decir “no” al pensamiento acrítico y único, decir “no” a empeñarme (endeudarme) más de lo necesario, porque el vecino tiene un Mercedes, decir “no” a coger el coche cuando puedo ir en bicicleta o paseando (Tengo la suerte de vivir a quince minutos en bicicleta de donde trabajo), decir “no” a perder dignidad o libertad.


Pretendo obtener conocimientos y equipamiento de emergencia, bicheando en internet para saber sobre tecnologías obsoletas (hornos solares, agricultura de terraza, compostaje, conservación de alimentos, ...) Tengo sobrepeso, así que me pondré en forma (ya había empezado antes de leer tu blog, pero ahora lo hago con más sentido), y si no pasa nada extraño, este otoño próximo recorreré parte del Camino de Santiago a pata, como se ha hecho toda la vida. Intentaré aumentar mis contactos sociales, quizá entrando en un club de senderismo, y lo que se me vaya ocurriendo.



En fin, no quiero ser catastrofista, y si se descubriera una nueva fuente de energía, o mejoras brutales en la tecnología que hicieran inútil todo esto, sería el primero en volver a preocuparme por las viejas menudencias, pero veo que tenemos que exigir, a nosotros mismos y a nuestros gobiernos que se haga algo. El problema de la financiación no es tan complicado: subamos los impuestos a energía, incrementando el coste de la gasolina, gas natural, butano y gasóleo, quizá 40 o 50 céntimos el litro (la electricidad ya subiría ella solita) , total lo único que haremos será adelantarnos unos años o unos meses a lo que llegará por su propio peso. ¿Por qué no imponer impuestos al combustible de aviación? (Modo ironía on) Hace años, cuando sólo viajaban en avión los ricos, tenía sentido (Modo ironía off), pero hoy ¿no es injusto que el gasoil para llevar el pan lleve impuestos y el queroseno para hacer un turismo disparatado no los tenga?