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miércoles, 29 de agosto de 2012

Intuición versus razón



Queridos lectores:

En una reciente discusión en los comentarios de este blog sobre el mérito relativo de las maneras de abordar la discusión de los problemas ocasionados por el Oil Crash y, sobre todo, la derivación de consecuencias a partir de los hechos observados, uno de los comentaristas se descolgó con una curiosa reflexión. Al decir de esta persona, tiene un mérito predictivo y evaluativo semejante, si no mayor, las aproximaciones basadas en la intuición y la propia experiencia vital respecto a las basadas en el análisis y en la aplicación del proceso lógico-deductivo. El ejemplo que dio para tal aserto es uno de los clásicos: tiene más fiabilidad a la hora de predecir si va a llover que al tío Paco (el moro musa, en su parábola) le duelan los juanetes que no lo que diga el hombre del tiempo por la tele. Dada la recurrencia en este tipo de argumentación del ejemplo de los juanetes o similares en la predicción meteorológica merece la pena detenerse un poco en su explicación detallada, ya que a pesar de ser un ejemplo muy particular podremos extraer varias lecciones generales muy valiosas (en añadidura, parece que la colección de ejemplos del imaginario popular en lo tocante a la ineficiencia práctica de la aproximación científica en la predicción no es tampoco muy extensa).

Los juanetes y otras articulaciones doloridas de los seres humanos parecen ser especialmente susceptibles a los cambios del tiempo atmosférico, aunque tal fenómeno no es en absoluto anómalo o excepcional. No sé si habrán visto Vds. alguna vez una de esas estaciones meteorológicas burdas y simples como aquella del monje de cartulina que con un puntero señala el tiempo que va a hacer y cuya capucha le cubre la cabeza cuando parece que va a llover. 



Si desmontan el ingenio verán que es burdamente sencillo; el aparato consta de poco más que una cerda de crin de caballo en tensión. La cerda reacciona a los cambios de las condiciones físicas del aire: presión atmosférica, temperatura y, mayormente, humedad relativa; y reacciona de la única manera posible para ella: dilatándose o contrayéndose. Como está en tensión, a alargarse o contraerse cambia la posición relativa del puntero y de la capucha que están conectadas a la cerda con un simple engranaje de muelle. 

En un nivel de sofisticación superior están las estaciones meteorológicas digitales; yo tengo una de ésas en casa, con una sonda de medida colocada en el alféizar de la ventana. Estos ingenios miden esas tres variables que antes comentaba (presión, temperatura y humedad relativa) y también formulan predicciones simples (soleado, nublado, lluvioso) para las siguientes 24 horas y también para 48 horas más tarde. En el folleto que la acompañaba cuando la compramos ponía que la estación tiene un nivel de acierto en sus predicciones del 80% a 24 horas y del 67% a 48 horas (lo cual no es nada desdeñable). Y aunque nunca he hecho una estadística tabulada de sus aciertos, mi impresión personal es que efectivamente se mueve en torno a esas cifras.

Así pues, simplemente midiendo la presión, temperatura y humedad relativa del aire en un cierto punto nos podemos hacer una buena idea de lo que va a pasar durante las próximas horas. Eso es así porque las estructuras atmosféricas tienen un gran tamaño, con lo que a pesar de moverse relativamente rápido (típicamente unos pocos kilómetros por hora) tardan en llegar, en pasar y en irse. El efecto más inmediato de la llegada de nubes y de la lluvia es el aumento de la humedad relativa del aire, que es a lo que es más sensible la cerda de crin de caballo y los juanetes del tío Paco. Por su parte, la temperatura tiene un efecto sobre la humedad relativa, ya que a mayor temperatura mayor es la cantidad de humedad absoluta que el aire puede absorber y por tanto una subida brusca de la temperatura disminuye la humedad relativa (y por tanto la probabilidad de lluvia); y al contrario la bajada de la temperatura aumenta la humedad relativa, eventualmente saturando la capacidad del aire de retener este agua y forzando su precipitación (eso es lo que provoca el rocío o que los aires acondicionados echen agua por detrás).  Por último, como ya saben de ver al hombre del tiempo las bajas presiones nos indican la llegada de borrascas, en tanto que las altas presiones son sinónimo de tiempo soleado (no explicaré aquí el por qué: tiene que ver con la asociación de la convección atmosférica con las bajas presiones y el efecto de la aceleración de Coriolis). El tío Paco con sus juanetes sólo mide, cualitativamente, la humedad relativa del aire y quizá un poquito los cambios de presión, y con la experiencia de su dolor seguramente es capaz de acertar un 60 o un 70% de las veces (las veces "falladas" son descartadas por un sesgo perceptual que luego comentaré), lo cual es en todo caso un registro bastante aceptable. Nuestra estación meteorológica nos puede dar un porcentaje de acierto del 80%, el cual es verdaderamente bueno. ¿Y que pasa con la predicción del noticiario de la tele?

La predicción del boletín meteorológico televisivo no es una predicción para mi casa, mi barrio o mi ciudad. Típicamente es una predicción hecha para zonas bastante más amplias, porque lo que se está intentando es capturar el comportamiento del tiempo atmosférico sobre una región grande del espacio. Añádase a ello que la lluvia es un fenómeno bastante intermitente, tanto en el espacio como en el tiempo. Según la orografía y otros factores físicos de la zona donde Vd. viva se encontrará que la predicción televisiva mejora un poco la de la estación meteorológica local (lo más probable) o quizá incluso la empeora un poco (raro, pero en ciertos sitios puede pasar); en general está proporcionando una predicción bastante aceptable sobre una gran área, que incluye muchos sitios donde no hay estaciones meteorológicas que den medidas. Pero es que además la predicción numérica hace algo muy importante: es una predicción cuantitativa del tiempo atmosférico, y no meramente cualitativa. Es decir, nos da cierta idea de cuáles son las temperaturas que podemos esperar, la intensidad y dirección del viento o incluso la cantidad de precipitación esperada. Lo cual es ir mucho más lejos que los métodos cualitativos, entre otras cosas porque puede ser usada para gestionar riesgos (de inundaciones o fuerte viento, por ejemplo).

En realidad, si quiere usar Vd. las herramientas de la predicción numérica para saber el tiempo en su casa y está dispuesto a pagar el suficiente dinero, lo puede hacer. Desde hace años se usan radares y modelos de pequeña escala acoplados a las salidas de modelos de gran escala para predecir con gran exactitud el tiempo en lugares muy concretos (como en Wimbledon, para saber si se podrá jugar o no el partido de tenis del famoso campeonato). Como norma general, el personal podemos pasar con bastante menos precisión (y precio) y lo de la tele ya nos basta, o si no echamos manos de los juanetes del tío Paco. La ventaja de los juanetes del tío Paco es que sólo le duelen cuando la cosa es clarísima, si él ya lo dice: "Cuando me duelen, llueve". Y, sí, si le duelen llueve, y llueve a raudales. Aunque en ocasiones no le dolerán y se echará a llover. Pero para acabar de complicar la discusión, seguramente cuando ya esté lloviendo, aunque él no lo viera venir, sus juanetes le duelen, porque en ese momento obviamente la humedad es bastante grande, así que difícilmente le podrás venir con el cuento de "¿Ve, tío? Ha llovido y no le dolían los juanetes", porque en aquel momento le molestarán y de lo lindo y como le vengas con ésas se quitará la alpargata y no precisamente para enseñarte los doloridos juanetes. En resumidas cuentas, la manera de gestionar la predicción del tío Paco es sesgada (sesgo cognitivo) y garantiza que todo se cuente como acierto, ya que 1) es cualitativa (no nos dice los litros por metro cuadrado ni la fuerza del viento, sólo "va a llover"); 2) el horizonte temporal al que se aplica es bastante indeterminado ("lloverá pronto, antes de mañana a la noche"); y 3) en realidad nunca falla porque si al final llueve, aunque no lo haya anticipado, le dolerán los juanetes. Sin embargo, si se obligara a dar una previsión cada día (y no sólo cuando le duelen los juanetes) de las próximas 24 horas veríamos que acierta del estilo del monje de la capucha. Por el contrario, la predicción numérica es mucho más regular en sus aciertos cualitativos, los produce para toda una región o país y no sólo para un punto, y encima nos aporta información, imprecisa pero útil, sobre muchas variables. Desgraciadamente el sesgo cognitivo juega a favor del tío Paco, porque el planteamiento de su previsión, no sistemática ni cuantitativa, la presenta como mejor aunque objetivamente sea peor. 

Las conclusiones de esta discusión de un ejemplo banal, la predicción intuitiva del tiempo versus la predicción científica, puede extrapolarse a muchos otros ámbitos, particularmente que el uso de casos que favorecen la interpretación intuitiva sean seleccionados en vez de cogerse todos sistemáticamente, y que se contraponga valoraciones cualitativas muy grosera (tipo "Sí" y "No") a otras detalladas y numéricas, que aunque imprecisas aportan más información y capacidad de anticipación.

La intuición de cómo funciona el mundo físico es, en el fondo, una manera no completamente consciente de razonar. Uno intuye las cosas porque las ha visto más veces y ha observado conexiones y correlaciones. Se podría decir que, en base a la propia experiencia, uno ha formulado ciertas hipótesis de partida. Ése es también el modo de proceder de la ciencia; la diferencia estriba en que la ciencia no se queda ahí, sino que contrasta las hipótesis, hace medidas para ver la calidad de lo que se predice,  y en función de las desviaciones observadas reformula las hipótesis y las va mejorando por el método de ensayo y error. El tosco método de los juanetes no es más que una versión beta de un análisis científico, usando instrumentos imprecisos y no calibrados y sin mejora de las hipótesis; un método que ya aporta información útil, pero que sin duda puede ser mejorado.

Hay, sin embargo, otro aspecto de la visión intuitiva de la realidad, de guiarse "por el propio instinto", que va bastante más allá que tener una actitud pre-científica. La persona intuitiva, la que se guía por su instinto, suele ser presentada en el cine y la televisión como el hombre cabal, que no se deja aplastar por el desapasionado raciocinio de científicos sin sentimientos (o directamente malvados) y de potentes pero frías computadoras. No deja ser curioso que en una sociedad tan tecnificada como la nuestra se fomente una actitud pre-científica, casi mágica, para afrontar hechos en ocasiones graves y que requieren de una buena comprensión de qué es lo que está pasando (como es el caso del peak oil). Pero aún así, éste es el mito, el del hombre intuitivo, el del hombre libre, que se impone desde los medios de comunicación y propaganda. El prototipo de ese mito lo representa la escena con la que abro el post: la mítica -nunca mejor dicho- escena de la Guerra de las Galaxias (los españoles siempre tan exagerados en sus traducciones) en la que Luke Skywalker desactiva el sistema computerizado de ayuda al disparo y confía en su capacidad personal, en su intuición, magnificada aquí en la representación de la Fuerza. Y, por supuesto, triunfa. No es casual que la propaganda asociada a la forma de hacer de nuestro sistema económico, al BAU que lo domina, favorezca esa visión intuitiva, puesto que el hombre intuitivo es, esencialmente y por definición, un hombre irreflexivo (¿para qué perder el tiempo en monsergas si él "siente" la respuesta?) e individualista (él se basta y sobra para desfacer los entuertos). Tal protopersonaje es presa fácil de toda la propaganda orientada al consumo sin freno y por tanto sirve bien a un sistema económico el motor del cual es el despilfarro. Así que no es de extrañar que nuestra sociedad decadente vilipendie la reflexión y desprecie la racionalidad, empezando por los que muestren tal inclinación en su tierna infancia (los despectivamente denominados "empollones"). Pero se ha de entender que tal actitud no sólo es infundada, errónea y absurda: además es totalmente suicida.

Nuestra relación con la tecnología en esta compleja sociedad nos hace, en realidad, más vulnerables y no menos. Levantar a ultranza la bandera del individualismo y la intuición cuando los sistemas implicados son complejísimos y con innúmeras interacciones es realmente temerario: una sola persona no puede tomar decisiones tan cruciales con informaciones tan parciales y tanto ruido y sesgo, cuando no ocultación, en la información. Pero nuestros líderes proceden en realidad así, y el tipo de persona que creemos que tenemos que promover al mando es alguien con "visión de conjunto", con "sentido del Estado" y otras memeces intuicionistas, en vez de preconizar un asesoramiento fundado en un gran equipo de especialistas y una toma de decisiones pausada y reflexionada, con una aplicación cauta de las medidas.

Nada de esto. Los actuales líderes y los futuros salvadores de la patria responden y responderán al arquetipo heroico del héroe intuicionista. Pero que una persona asuma esa responsabilidad en nombre de toda la sociedad con el único medio de su intuición y su arrojo a la hora de tomar medidas difíciles nos lleva al riesgo extremo y, si pasa suficiente tiempo, al desastre. Y a veces parece que no recordamos que en este juego sólo tenemos una vida.



Salu2,
AMT

miércoles, 22 de junio de 2011

Por qué los ciudadanos no entienden el Oil Crash

Lo mejor es que esta imagen es de un spot promocional de una tele brasileña...
Queridos lectores,

Como prometí, tengo cuatro post dentro de esta mini-serie "Por qué los X no entienden el Oil Crash"; hoy vamos con el segundo de la serie: por qué la gente corriente, los ciudadanos de a pié, no entienden qué es el Oil Crash y que todo les va en juego en ello. No haré una descripción exhaustiva de todos los factores que están en juego porque no los conozco, yo sólo señalaré los que me parecen más evidentes y quizá incluso me deje alguno; ya vendrán los comentaristas más tarde a rematar el trabajo (por cierto, gracias también a todos ellos por su dedicación - algún día, empero, volveremos a aquello del "A Dios rogando y con el mazo dando" ;) ).


- El mito del Progreso: Así se titulaba la presentación que Daniel Gómez, presidente de AEREN, hizo en Barbastro a principios del pasado Mayo. Éste es uno de los grandes males del la Ilustración, movimiento que despertó a la Humanidad y la liberó de antiguos yugos, pero que sin pretenderlo la unció con un yugo nuevo, el Progreso. El triunfo de la Razón sobre el oscurantismo y la superchería llevó a dar una explicación inteligible a un mundo que hasta entonces venía regido por los caprichos de seres sobrenaturales y coléricos. Con el progreso técnico que traen la Primera y la Segunda Revolución Industrial se le empieza a ganar la partida a la enfermedad infecciosa y aflicciones semejantes; simplemente, la divulgación del concepto de germen permitió vía el establecimiento de unas costumbres higiénicas mínimas (que hoy nos parecen obvias pero que no lo eran en absoluto hace dos siglos) que la esperanza de vida y la calidad de la misma mejorase enormemente. La tecnología florece, la energía es abundante y el mundo occidental experimenta una acelerada progresión. Durante las últimas generaciones, especialmente durante las tres últimas, en los países occidentales se produce un fenómeno nuevo: cada generación vive mejor que la anterior (salvo en países como España, donde la llegada tardía de las Revoluciones Industriales y la Guerra Civil retrasan la llegada de estas mejoras durante más de un siglo). Y de esa manera, insensiblemente, se instala la impresión de que todo va siempre a mejor, y no hay memoria viva de una situación diferente. La industria explota esta impresión para favorecer el consumo, para que la población sea acrítica. El problema es que la tecnología ha sustituido a la religión, y por parte de la mayoría de la gente se la trata de la misma manera: un conocimiento revelado, que prometes grandes prodigios con tal de simplemente obedecerla, sin intentar entenderla. Ése es el gran fracaso de la Ilustración: sin pretenderlo, sustituyó una religión por otra, y pretendiendo liberar al hombre sólo cambió las cadenas. El por qué de todo ello sería motivo para discusión de otra gente más versada que yo; seguramente no es ajeno a ello el hecho de que se ha necesitado una gran masa de consumidores y por ello se ha adoctrinado a la población de los países ricos en esta fe, y se les ha permitido vivir cada vez mejor (al tiempo que se esclavizaba a otros pueblos y se explotaban sus recursos).


La consecuencia de esta fe irracional en la ciencia y en la tecnología que de ella se deriva lleva a las típicas reacciones defensivas cuando alguien cuestiona que la Ciencia lo pueda resolver todo, en nuestro caso concreto el Peak Oil, sobre todo cuando se trata de resolverlo en unos plazos marcados por nuestra necesidad, y no por la previsión racional de lo que se puede hacer dados los recursos y el tiempo disponibles. Según el discurso oficial, cuando hay un problema la Ciencia lo resuelve, lo cual es en realidad bastante lejano a la Historia real de la Ciencia, en la cual los descubrimientos se consiguen con una mezcla de osadía, suerte y, sobre todo, tenacidad, y las más de las veces no se consiguen para resolver problemas concretos o bajo pago del inversor de turno, sino para ampliar el conocimiento, por el mero placer de conocer más.


Esto lleva a situaciones tan absurdas como la negociación del problema ("Si usamos más energías verdes podremos seguir consumiendo la misma cantidad de energía") cuando, en realidad, la Naturaleza no negocia; no es ni cruel ni compasiva, simplemente no es un ser racional y no se puede esperar de ella que sea justa en un sentido humano, aunque sí ecuánime (tanto le da que vivamos como que no). Es especialmente patético ver a gente que empieza a comprender el problema del Peak Oil alegar que "no es justo", como si la justicia tuviera algo que ver. Esa ofuscación con la visión de la Ciencia todopoderosa es en parte lo que lleva a algunos grupos ecologistas a empecinarse en creer que puede haber un futuro 100% renovable perfectamente asequible desde nuestra situación actual y con un nivel de consumo (incluida su injusta distribución) similar al actual, para lo cual hacen toda suerte de suposiciones, a cual más descabellada.


- La incomprensión de la técnica y delegación de la propia responsabilidad: Ya hablamos de ello en el post sobre "Nuestra relación con la tecnología". No controlamos nuestras vidas y al final creemos ciegamente en los técnicos que manejan los sistemas para nosotros vitales. Un problema añadido es la gran ignorancia de la sociedad en lo que a conocimientos técnicos se refiere, en parte fruto de los esfuerzos de la publicidad/propaganda para conseguir ciudadanos sumisos. Para no volvernos locos, elevamos nuestra confianza en la técnica y sus gestores a una fe incuestionable, un sentimiento más religioso que racional, y reaccionamos visceralmente cuando alguien cuestiona la eficacia de la gestión, porque eso suscita cuestiones incómodas. Es lo que hace que creamos que alguien, quien está siempre al mando cuando cogemos un tren o un avión, el que organiza la red eléctrica o los grandes sistemas logísticos, en suma, el que todo lo conoce y lo controla, habrá previsto cualquier dificultad, el Peak Oil incluido, y ya tiene preparada la respuesta adecuada. El problema es que esta imagen de control es un simple espejismo. Ciertamente tenemos buenos gestores de sistemas complejos, pero justamente nuestro problema es la carencia de buenos gestores del sistema integral, el que los incluye a todos; quizá porque su complejidad es excesiva, quizá porque nuestro sistema político es esencialmente corrupto o ineficiente (cosa que discutiremos en el siguiente post). El caso es que cuando alguien levanta dudas razonables sobre el funcionamiento de los sistemas, se le exige no sólo aportar pruebas abrumadoras (mucho más exigentes que las que se exigen para poner literalmente su vida y hacienda en manos de desconocidos) sino que además aporte un sistema alternativo, porque dadas las abrumadoras consecuencias un vacío de poder es inadmisible. Y aunque la primera parte es asequible simplemente compilando e interpretando datos públicos, la segunda es horriblemente complicada y posiblemente imposible de abordar para una sola persona. No llegando a esa difícil solución alternativa, uno es rápidamente descalificado como catastrofista, cuando en realidad en una adecuada gestión de riesgos basta la duda razonable de la presencia de un peligro para reaccionar. Pero es que en esta sociedad ignorante la gestión de riesgos aparentemente no existe; cuando sucede un accidente mal controlado el político de turno se escuda diciendo "era un accidente, no se podía prever", obviando que en un accidente lo único que no se puede prever es cuándo sucede, pero sí que se pueden prever y mitigar sus consecuencias con la adecuada gestión. Pero, claro, si la Ciencia y la Técnica son todopoderosas, ¿qué sentido tiene gastar mucho dinero en costosos sistemas de prevención que sólo se usan una vez cada 10 años?


- La influencia de la publicidad/propaganda: En la necesidad de convertir a los ciudadanos en consumidores, es fundamental eliminar toda capacidad crítica. Aumentando exponencialmente el rango de elecciones posibles, todas ellas nimias variantes de un mismo producto diferentes sólo en color, volumen, forma, embalaje o sólo en la marca, se pretende saturar la capacidad de imaginar, de buscar una elección fuera del espectro predeterminado. Esta falacia de la elección restringida funciona también, con algunas diferencias, en el mundo político. 


Varias décadas de investigación en marketing, bien engrasada con dinero abundante, han permitido identificar los medios más eficaces para introducir profundamente los mensajes publicitarios, la propaganda del sistema. Uno de los más importantes para influir directamente en el consumidor masculino e indirectamente (por la adopción de roles) en el femenino es el sexo. El sexo es una droga poderosa, anula la capacidad crítica y obsesiona; es por eso un medio básico de control, y por eso es necesario que los niños se inicien lo más precozmente en los ritos de la adolescencia, incluso cuando sea una mera imitación porque aún no sean púberes. Niños de 6 años se "echan novia" por aceptación social, y copian los estereotipos de los mayores. Hacer girar la vida en torno al sexo, aparte de al dinero, se promueve como el único estilo de vida socialmente aceptable, cualquier otra cosa siendo propia de amargados y fracasados.

Existen muchas otras variables de control que gente con más conocimiento les podría explicar con detalle, aparte del sexo. Por ejemplo, la tergiversación de las necesidades básicas, siendo sustituidas por los símbolos de ostentación social, y el más importante de ellos, el coche: uno puede ser un fracasado, pero si tiene un buen coche aún es alguien; el coche sublima y nos libera de nuestras frustraciones. Otra característica habitual de la publicidad es la exaltación del yo audaz ("sé tu mismo"), siempre desdeñando al yo reflexivo ("no pienses tanto y actúa"), lo que en realidad es una simple invocación del cerebro reptiliano (come, mata, reprodúcete). Y tantos más ejemplos que se podrían poner.

Uno de los grandes triunfos de la publicidad es la extensión del control a grupos sociales, y así éste se ejerce también indirectamente gracias a la presión del grupo y de la familia -en esto los peakoilers tienen mucha experiencia. Cuestionar el status quo te convierte en rarito, inadaptado, o directamente desequilibrado. Lo malo es cuando justamente los "antisistema" adoptan la estética que el sistema ha preparado para ellos, para ser atacados y descalificados sumaria y rápidamente (etiquetados): punkis, perroflautas, etc. Por tanto, resulta extremadamente difícil difundir un mensaje tan duro como éste.


- El sesgo informativo: Los medios de comunicación no son libres ni pueden serlo, y cada vez menos. En la actualidad, todos los grandes diarios son propiedad de grandes grupos económicos, los cuales tienen multitud de intereses, y eso hace que no sea admisible dar una información objetiva en temas que los comprometen... que al final acaban siendo todos. Es por eso que, salvo diferencias de matiz - este diario es de color azul y aquél de color rojo  - en el fondo el discurso es monocorde, y la supuesta controversia entre dos alternativas sirve para hacer creer que hay elección, evitando imaginar que en realidad hay más dimensiones en el problema y que las elecciones lógicas pueden yacer fuera la recta que define esa espuria bipolaridad.


El caso del Peak Oil es paradigmático. A los medios de comunicación les cuesta mucho dar una información fiable (tengo algunos ejemplos risibles del tratamiento que da El País al tema del Peak Oil), y los pocos que lo hacen - porque aún se tienen por periodistas - no le da el realce que dada la importancia de la noticia se merece. No hace tanto La Vanguardia publicaba una noticia bastante contundente sobre el Peak Oil, llamándolo por su nombre, en doble página (26 y 27) en su interior. Lo malo es que todo el resto del diario es una fuerte señal, un grito estruendoso, en dirección contraria: las otras páginas hablan de normalidad, de recuperar la senda del crecimiento, de consumir... Hay una evidente disonancia entre uno y otro mensaje, pero estamos tan habituados a esta disonancias que no le concedemos mayor importancia. Es evidente que para poner en el puesto que se merece, por su gravedad y consecuencias fatales, el Peak Oil y todas las noticias con él relacionadas deberían aparecer en primera plana. Pero eso no es bueno para el negocio (los depresivos no compran, y en el fondo nadie quiere oír malas noticias; bueno, unas pocas sí, sobre todo si pasan lejos de casa y así me conformo con lo bien que estamos aquí) y al final estas noticias salen en "Tendencias" o, como mucho, en "Medio Ambiente". Ni siquiera en "Economía", y si se habla de los problemas que causa el precio del petróleo en la economía se recurre a complicadas y alambicadas explicaciones, siempre mutantes.


Está, por demás, el hecho de que en este mundo complejo e incomprensible en que vivimos el mayor criterio de autoridad es salir en un mass media. Si un tema es importante se ha de hablar de él, en preferencia en la tele, y si no en el periódico o en la radio. Desde que yo salgo de tanto en tanto en Catalunya Ràdio (y ocasionalmente en otras radios) y escribo alguna cosa en ciertos diarios tengo más credibilidad, sin tener por ello más conocimiento. En mi caso en concreto me preocupa porque no sé cuánto tiempo podré estar en ese pequeño candelero al que el azar me ha aupado; dependo del capricho y voluntad de otros para poder figurar en esos medios, por lo que simplemente no cuento demasiado con ellos. Pero ahí está la cosa: la fijación de la agenda mediática responde a unos intereses de balance de noticias buenas y malas, de "pluralidad" de la "oferta mediática", y no del verdadero interés común. Así es muy complicado poner a los medios al servicio de los ciudadanos.



- Las comodidades modernas: Ciertos individuos más críticos, que llevan años dándose cuenta de que hay cosas que no encajan y que con la actual crisis se reafirman en su disconformidad con el sistema actual son más receptivos a escuchar y entender los principios básicos del Peak Oil, pero después chocan con la dificultad de ser coherente con las implicaciones. El descenso de la disponibilidad de la energía y de las materias primas conlleva la imposibilidad de mantener este nivel de consumo, y eso se percibe como una pérdida de bienestar, con una pérdida de calidad de vida; y una cosa es hablar en el salón después de una agradable comida mientras nos tomamos nuestro café, y otra cosa es aceptar lo que se viene, aún si hacemos los ajustes apropiados. Esto lleva a actitudes cínicas ("¿y tú? ¿Ya te has mudado a una granja?") o directamente a una disonancia cognitiva ("Sé que el problema es grave, pero nos vamos a adaptar porque estamos tomando las medidas adecuadas, ya lo verás"), especialmente cuando percibimos la injusticia distributiva que subyace ya en el insostenible modelo actual. Todos estos problemas se exacerban cuando la inviabilidad del actual sistema y las dificultades prácticamente insalvables para evolucionar de manera no violenta a otro sistema desde el actual se van poniendo de manifiesto en el sufrido receptor de nuestros mensajes, llegando en algunos casos a la negación irracional, la abierta hostilidad hacia el mensajero o la depresión.
  
Una cuestión poco tratada en la discusión del Peak Oil es que hemos modificado nuestro hábitat hasta incluir en él una parte no natural (electricidad, carreteras, vías, etc). Somos ya entes en parte artificiales, no podríamos sobrevivir con una disrupción del funcionamiento del hábitat no natural. Por ello mismo, teniendo en cuenta el nivel de población que ya tenemos hemos de procurar preservar una parte mínima funcional de la componente no natural, aparte de por supuesto la preservación de la natural. Este problema crítico no es ni imaginado por la mayoría de la población, que da las infraestructuras por seguras y garantizadas.

- La teoría de la conspiración: Es una forma extrema de la negación/negociación del anterior. Esencialmente, tomando la Ciencia Omnipotente como una religión, los conspiracionistas serían los integristas. Por un lado les caracteriza su incapacidad de entender que las cosas no funcionan según sus deseos y que la abundancia no está garantizada; por otro lado, siendo individuos más perceptivos que la mayoría, han comprendido que el mundo está profundamente corrompido y que los Gobiernos y corporaciones no respetan el bien común. Todo lo cual lleva a la lógica conclusión de que no hay un problema de escasez sino una gigantesca manipulación y que se están ocultando inagotables energías libres y otras zarandajas termodinámicamente inverosímiles para el que tenga unos mínimos conocimientos de Física y sepa qué es la energía. Dado que cualquier revisión lógica de los hechos es incompatible con esta descripción de la realidad, los proponentes -no olvidemos que son fanáticos- van desarrollando teorías cada vez más complejas e arbitrarias, las cuales obviamente no resuelven los problemas lógicos fundamentales que las hacen no inverosímiles, sino simplemente imposibles. Pero tratándose de gente muy ignorante en los aspectos técnicos - si no aparcarían de inmediato estas teorías - se aferran a sus absurdas explicaciones con la fe del carbonero. Pero aún, las porfían a lo que las quieren oír y a los que no, como hace el amigo crosscountry por estos lares. Y por supuesto no escuchan, y así no es extraño que aunque se les argumente por qué fallan sus elucubraciones un tiempo después te las repiten tal cual. Lo que pone de manifiesto que no es razonamiento sino fanatismo lo que les mueve.

En el fondo este tipo de personas prefieren creer que hay un monstruo muy dañino y muy perverso al cual pueden combatir, que aceptar el problema que realmente existe y que no puede ser combatido sino que nos debemos adaptar a él. Y por supuesto esto les hace muy vulnerables a toda clase de charlatanes. Con el agravante de que acaben percibiendo como enemigos a los que intentamos decirles la verdad (como en parte ya está pasando) y que además son presa fácil de partidos totalitarios que den pábulo a su delirio. En suma, que los defensores de la energía libre se podrían convertir en la guardia de corps de un futuro grupo pro nazi. Y si no, al tiempo...


Ahora que hemos dicho todas estas cosas, les rogaría que volvieran a echar un vistazo a la presentación de Rafael Íñiguez en Barbastro. Fue bastante anticlimática (Rafael leyó su discurso sin la declamación teatral propia de los que nos dedicamos a esto de los powerpoints) y fue demasiado áspera y directa (se saltó los preliminares, vamos). Sin embargo, dice todo lo que yo acabo de comentar y más. El problema es que demasiada verdad concentrada en estado puro nos hace daño a la vista y se cataloga de locura.

Salu2,
AMT