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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Liquidación de excedentes


Queridos lectores:

A medida que nos acercamos al final del año 2025, se va haciendo cada vez más evidente que va a haber un ajuste muy fuerte en el modelo de transición energética basado en la Renovable Eléctrica Industrial (REI) en Europa, y más específicamente en España. 

Aunque jamás se va a reconocer, el modelo REI ha fracasado y lo ha hecho estrepitosamente. Ha fracasado por las mismas razones que llevamos años contando, y en el caso particular de España, porque simplemente el consumo de electricidad continúa bajando mientras que se sigue instalando más sistemas de producción de electricidad renovable. La siguiente gráfica, elaborada por el profesor Sergi Saladié de la Universitat Rovira i Virgili, sintetiza muy bien la cuestión.

 


La línea de color sepia es la previsión del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima del estado español (PNIEC). La línea marrón, la realidad de por dónde ha evolucionado el consumo estos años. En 2024 había ya una desviación del 20% hacia abajo entre la expectativa y la realidad, y este 2025 la cosa irá a peor, porque según los datos disponibles hasta ahora el consumo de electricidad habrá caído al menos otro 1% este año.

No vamos a abundar una vez más en las razones de este fracaso. La clave ha estado, por supuesto, en la ausencia de tecnologías palanca adecuadas para poder hacer la tan cacareada sustitución/transición energética: ni el coche eléctrico ni el hidrógeno verde han resultado ser lo que se suponía, y al tiempo la crisis energética latente, particularmente por la falta global de diésel y de energía asequible para Europa, está acelerando la desindustrialización del Viejo Continente y con ello la caída del consumo eléctrico. No hay transición, ni la va a haber. Llevamos demasiados años instalados en la falta de decisión, las excusas y los paños calientes, y como diría Churchill, ahora nos estamos adentrando en la era de las consecuencias.

El 31 de diciembre concluye el programa NextGenerationEU y con él la brutal inyección de dinero, sobre todo en España, para favorecer la transición energética. Al mismo tiempo, y particularmente desde el apagón del 28 de abril, las renovables están teniendo problemas para llegar al mínimo de horas para cobrar la prima, problema que ya comentamos cuando decayó el primer intento de decreto del Gobierno con el que se intentaba mitigar ese problema (luego sacaron otro con agostidad y, por lo que se ve, mayor aquiescencia de los actores políticos). Se añade a estos problemas la dificultad que van a tener algunas productores de satisfacer sus compromisos contractuales de provisión de "energía verde" a grandes consumidores industriales, que necesitan justificar sus emisiones de CO2 o si no pagar por los derechos de emisión. Y si incumplen estos compromisos, tendrán que pagar sustanciosas indemnizaciones.

Y, al margen de todo esto, lo que está claro es que va a haber un parón en los nuevos proyectos. No hay mercado. Hace tiempo que no lo hay. La rentabilidad de los proyectos no solo no está garantizada: es que está garantizado que no la tendrán. Nada indica que se vaya a producir un cambio de tendencia en el consumo de electricidad, a pesar de lo mucho que se publicitan los centros de datos por la irrupción de la IA para precisamente dar la impresión contraria. Pero los datos son inapelables: el consumo de electricidad continúa cayendo. Y es que incluso si el mercado repuntara, se necesitarían unos cuantos años para que se absorbiera la capacidad excedentaria actual.

Por supuesto, nadie va a reconocer que todo ha sido un mayúsculo bluff. Nadie va a reconocer que la transición al REI estará parada unos cuantos años, quien sabe si para siempre. Del mismo modo que, en la cumbre de Bélem, la UE y la propia España siguen hablando del objetivo de no superar los +1,5ºC de calentamiento cuando el último dato diario que tenemos indica que estamos a +1,8ºC y si miramos los últimos 365 días estamos por encima de +1,6ºC. No se va a reconocer la evidencia, ni con el Calentamiento Global, ni con el fracaso del REI, porque simplemente no hay narrativa alternativa. Tenemos que mantener el discurso porque no hay ningún otro, al menos a nivel oficial y políticamente aceptable.

2025 acabará, probablemente, en un baño de sangre en el sector eléctrico, en el que muchos pequeños promotores, muchos pequeños productores y algunos pequeños distribuidores van a quebrar. Eso servirá para reajustar el mercado, pero no va a permitir continuar al ritmo que se iba. Durante un tiempo parecerá que no pasa nada, o que pasa poco, por todos los proyectos que ya estaban en marcha, licitados o adjudicados y para los que el dinero necesario ya estaba comprometido. Pero poco a poco será evidente que prácticamente no se introducen proyectos nuevos. El grueso del sector aspira ahora a retoques del sistema: introducir baterías y que entren en el mix en condiciones favorables, proyectos de sistemas de estabilización (designados eufemísticamente como "mejoras de la red"), proyectos de hibridación (pequeños parques renovables con baterías, para poder desempeñar la función de producción y regulación de estabilidad), repotenciación de parques ya existentes... y poco más: algún proyecto nuevo, de tanto en tanto, pero lejos de la enorme cantidad de ahora. El REI no desaparece, pero se va a reducir, y mucho, en el curso de los próximos dos años. El volumen de negocio va a ser bastante más pequeño del que ha sido estos años, y también la carga de trabajo. No va a haber trabajo para tantos ingenieros, y los despidos van a ser norma.

Sobran ingenieros, sí. Y también sobran voceros. 

Todas esas personas que se dedican a hacer activamente lobby en favor del modelo REI durante estos años, personas muy activas en el frente comunicativo, con contactos en los medios, con capacidad de influencia. Personas que han estado acosándonos, a mi y al resto de personas que en el mundo académico hemos intentando explicar este sinsentido. Personas y organizaciones pensadas para la promoción del REI, ahora, van a sobrar. Ahora que el REI va a pasar a un discreto plano, la intensidad de su promoción tendrá que ajustarse a su nueva dimensión real.

Las últimas semanas han sido prolijas en manifestaciones esperpénticas de la impotencia de los proREI. Algunos intentan contrarrestar las malas noticias, particularmente las que cuelgo yo en mis ahora más escasas interacciones en las redes sociales, con argumentos cada vez más bobalicones (como que en 2025 ha aumentado la capacidad fotovoltaica instalada, eso sí, sin que sirva para nada). Otros siguen con su cruzada en pro del REI sin saber que ya está muerto: estos días un diario local se hacía eco de los resultados finales del Biopaís, un proyecto científico financiado por la Fundación Biodiversidad y que cuantifica de manera inequívoca el enorme e inaceptable impacto ambiental que tendría un parque eólico en la Bahía de Roses; pero, para contrarrestar el revés, lo contrapone a un folleto propagandístico de una asociación no científica que intenta promover el REI a toda cosa en Cataluña, al cual presenta como "otro estudio científico". Una manipulación tan artera y grosera que llama la atención por lo palurda, pero a la que por desgracia ese diario, bien engrasado por los intereses del REI, nos tiene acostumbrados. Este (enésimo) lamentable incidente me recordó al que vivimos hace unos años cuando sobre este mismo tema fuimos a hablar al Parlament de Catalunya, y, aparte de la manipulación mediática descarada (en la nota de prensa aparecía la opinión de la empresa y desapareció por completo mi intervención), tuvimos que soportar la actitud cínica, sesgada y de muy mejorable educación de la que ahora es Consellera del ramo, que contraponía a nuestros estudios científicos los trabajos de la empresa ("los otros científicos", según ella) y que nos designó de manera despectiva como "más activistas que científicos" (aparte de la falsedad evidente del aserto, da qué pensar que alguien que pertenece a un partido que se dice de izquierdas considere peyorativa la palabra "activista"). O sea, que para esta gente seguimos con la miseria de siempre. No saben, sin embargo, que los cheques dejarán de llegar.

Incidentalmente, también en estas semanas alguien me hizo notar que una buena parte de esta gente (pero muchos: hagan los deberes y lo verán meridianamente claro) están siendo financiados o lo han sido por la European Climate Foundation, una organización que parece respetable (al fin y al cabo, tiene la palabra "Climate" en su nombre) hasta que te das cuenta de que entre sus primeros financiadores se encuentra la Fundación Rockefeller. La cual tiene todo el derecho legítimo a financiar lo que quiera, pero obviamente no se puede negar de que probablemente tenga un sesgo inevitable en sus fines. Como dice Juan Bordera a los proREI que dicen defenderlo por razones ambientales: "Si tus intereses coinciden con los de Iberdrola, tienes que hacérterlo mirar".

Pero, como decimos, esto se acabó. Hay un excedente de lobbystas del REI. Y ahora viene la hora del ajuste, muchachos. Aunque no os lo queráis creer. Aunque no lo queráis aceptar. 

Algunos quedarán como grupo básico de presión del REI, a menor escala, adecuado a la nueva escala del REI. 

Otros, más cínicos y oportunistas, se apuntarán a la nueva burbuja renovable (como ya lo están haciendo algunos), alabando las bondades del biogás y los gases renovables, e introduciendo ya la falca de la biomasa. Ambas cosas, aberraciones abominables, de las que ya hemos hablado y de las que hablaremos a menudo en los próximos años. 

Para el resto, lo mejor es que se vayan buscando otro trabajo. Sobran tontos útiles. Gracias por los servicios prestados, pero ya os podéis ir a casa, muchachos.

Salu2.

AMT  

miércoles, 12 de agosto de 2020

Agitación, propaganda y confusión

 

Queridos lectores:

Durante las últimas semanas, como reacción a la grave crisis sanitaria que ha planteado la epidemia de CoVid-19 en todo el planeta, se está observando un fenómeno de mucha transcendencia: la emergencia de multitud de teorías de la conspiración, a cual más disparatada, sobre las "verdaderas pero ocultas razones" de la CoVid. Que se generen múltiples teorías de las conspiración sobre cada hecho cotidiano no tiene nada de particular (en este blog ya habíamos comentado en su día sobre los chemtrails o sobre las energías libres). Lo inusual del caso en que en esta ocasión la dimensión que están tomando estos movimientos conspiranoicos es mucho mayor que los anteriores, y crecen a un ritmo realmente acelerado, hasta el punto que está comenzando a convertirse en un problema de orden público.

Dentro de un tiempo, cuando se asiente la polvareda de estos convulsos años, el estudio de lo que ha pasado (y está por pasar) será apasionante desde el punto de vista sociológico. Por qué, en medio de una crisis sanitaria como no se había visto en nuestras vidas, la reacción de una parte significativa y creciente de la población es una mezcla de escepticismo, desconfianza, rabia e incluso rebeldía. Lo mejor del caso es que todos esos sentimientos son infundados. Entendámonos: no es que no haya razones, así en general, para el escepticismo, la desconfianza, la rabia e incluso la rebeldía; al contrario, debido a lo disfuncional que es esta sociedad las causas para todo ello abundan. Pero no las hay para decir todas las cosas que se dicen sobre la CoVid. Da la impresión de que la pandemia ha hecho que todo esa montaña de sentimientos negativos, amontonados durante años, ha acabado por desbordarse con toda la tensión extra que ha causado la CoVid y se ha derrumbado caóticamente sobre este tema que, de todos, es el que menos tenía que ver con toda la angustia acumulada.

No se puede negar que a finales de 2019 el mundo vivía una situación de calma tensa, anticipando la debacle económica que se venía. Sabíamos que tarde o temprano se iba a producir una recesión fuerte, fruto de muchas contradicciones no resueltas y de problemas que iban in crescendo. En muchas de esas contradicciones había de fondo, como suele pasar, un problema de energía; pero como de costumbre no afloraba: se distraía la cuestión hablando de coches eléctricos, de la transición renovable, de los objetivos de emisiones, del Green New Deal, de la algarada del diésel (y sus consecuencias)... Sin embargo, todo el mundo económico descontaba un "cambio de ciclo" en algún momento entre 2020 y 2021, y la única cosa en cuestión, más que la fecha, era cuál sería su profundidad.

Así que se puede decir que la CoVid-19 llegó en el momento oportuno. Nadie podía prever que pasaría y por supuesto no es una enfermedad creada en un laboratorio, pero también por supuestísimo se ha aprovechado la CoVid para hacer una serie de "ajustes" que se tenían que hacer de todos modos. Digamos que se aprovechó para "soltar lastre" en medio del hundimiento general: algunas grandes empresas se deshicieron de personas y fábricas y le endosaron la culpa no a su mala gestión anterior, sino a la CoVid, que aparecía así como el villano ideal al cual cargarle todas las culpas. No hay nada de excepcional en esta manera de actuar: es la que se usa siempre. Las crisis y los problemas se suceden continuamente, y más en el contexto de un sistema capitalista que cada vez choca con más fuerza contra los límites biofísicos que nos marca el planeta; esa máxima del gran empresariado de "convertir las crisis en oportunidades" significa, en esencia, hacer exactamente esto: aprovechar la debacle general para hacer la purga particular y encima irse de rositas porque la culpa no es de uno, sino del villano del momento (la CoVid, las hipotecas subprime o la deuda soberana, qué más da).

Esa caradura institucional, la misma de siempre, es lo que alimenta todavía más la sensación de que la pandemia de CoVid es una estafa. Sin embargo, lo que es una estafa es cómo se aprovechan de ella los poderosos, no el problema en sí, que continúa siendo real y presente (y quién no se lo crea, que se pase por las plantas de esos hospitales que vuelven a estar saturados). De hecho, a estas alturas los ricos y poderosos ya han hecho su purga, y ahora la CoVid les empieza a molestar, porque ya ha durado más de la cuenta.  Porque resulta que la excusa conveniente, el villano ad hoc, no ha hecho mutis por el foro cuando ya no se le requería (como hicieron las hipotecas subprime o las deudas soberanas), sino que sigue molestando y amenaza con quedarse por mucho tiempo. Esto se nos ha ido de las manos. Es por ello que esos caraduras institucionales que mencionábamos más arriba han cambiado de planes. Visto que la vacuna (si es que alguna vez llega) aún se va a demorar bastante tiempo y que no hay tratamiento efectivo, algunos de estos poderosos están alentando la idea de que en realidad no hace falta tomarse tan en serio la CoVid, con la simple idea de que la pandemia no continúe haciendo daño a la economía. En sus frías hojas de Excel, la muerte de entre el 1 y el 5% de la población del planeta es algo asumible, pero lo que no es asumible es mantener la economía al ralentí por más tiempo. Claro que el parón de la economía nos perjudica a todos, pero parece que a quien más tiene más le perjudica (por paradójico que pueda parecer). Por ese motivo, en muchos países occidentales algunos partidos políticos de los considerados sistémicos tienen ahora una actitud tibia con la pandemia, en tanto que partidos más contestatarios y reaccionarios alientan la idea de que se está aprovechando la crisis de la CoVid para recortar libertades y avanzar hacia un estado autoritario (lo cual no deja de ser divertido, porque ese retroceso en las libertades individuales en Occidente lleva décadas dándose, y no es que haya empeorado con la CoVid). Y posiblemente esos mismos ricos y poderosos están financiando campañas de desinformación sobre la CoVid, en la esperanza de que pisemos el acelerador, la pandemia se lleve por delante a quien tenga que llevarse por delante y podamos volver pronto al BAU. Mi tesis es, en suma, que una de las razones por las cuales estos movimientos conspiranoicos acerca de la CoVid han ganado tanto peso es debido a una campaña de agitación y propaganda con fines inconfesables promovida soterradamente por algunos poderes económicos.

Por supuesto, no deja de ser una teoría, pero puestos a postular teorías de las conspiración ésta me parece más verosímil que cualquiera de las alternativas que ahora se promueven. Veamos por qué.

En primer lugar, no ha habido en los países occidentales, por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial, una capacidad real de movilización contra ninguno de los problemas graves, de salud y ambientales, que aquejan a la Humanidad. En los años 60 y 70 los movimientos ambientalistas consiguieron tomar cierto impulso, pero cuando comenzaron a ser una preocupación del poder político fueron neutralizados mediante la banalización, la infiltración y la cooptación; y, si todo lo anterior fallaba, directamente con la criminalización. Miren a su alrededor. No hemos reaccionado apenas a décadas de contaminación de todo el planeta. Ha habido problemas gravísimos de salud causados por la irresponsabilidad del Hombre (el DDT, la talidomidala acumulación en los huesos del estroncio radioactivo, los efectos del RoundUp en el medio ambiente, etc), por no hablar de grandes desastres ambientales (la tragedia de Bophal, entre otras muchas); pero por no ir más lejos miremos el caso del Cambio Climático. Sabemos de sobra que el incesante incremento de la concentración de CO2 causado por la quema masiva de combustibles fósiles está haciendo aumentar la temperatura media del planeta y está alterando los patrones climáticos, con efectos potencialmente devastadores. ¿Estamos haciendo algo? No, no estamos haciendo nada en absoluto. Decimos que sí, pero es que no. Pasan los años, las décadas, y no hay ninguna mejoría en este aspecto; si acaso, un empeoramiento. Lo que sí que ha habido es toneladas de desinformación y de malas excusas, pero acciones reales y efectivas contra el Cambio Climático, ni una sola: la concentración media de CO2 continúa subiendo, imparable, cada año. Y si con un tema tan crítico no ha habido movilización, ¿cómo se entiende que la haya ahora contra la CoVid, cuando es un tema más cercano y más fácil de verificar que el Cambio Climático? 

El tono general de las teorías de las conspiración con respecto a la CoVid se centra en el recorte de las libertades individuales. La CoVid sería una excusa para limitar las libertades de las personas e imponer un nuevo orden mundial o una dictadura comunista o un orden illuminati y reptiliano o qué sé yo. Lo cierto y verdad es que los Gobiernos han sido extremadamente tímidos a la hora de tomar medidas. Por ejemplo en España, dada la gravedad de la situación que se planteó en marzo, con una total escasez de Equipos de Protección Individual (EPI), mascarillas, respiradores, reactivos específicos para las pruebas mediante PCR, etc el Gobierno podía haber intervenido fábricas y empresas y haber forzado que una parte de la producción nacional se dirigiera a cubrir estos bienes tan necesarios y escasos en ese momento. Pero no se atrevieron, precisamente, para no ser tachados de estalinistas, intervencionistas o lo que fuera. Esto es curioso porque hace 40 años se hubiera considerado normal una intervención de ese calibre, dada la gravedad de la situación, y ahora es algo impensable, una aberración. De hecho, si la enfermedad ha seguido un curso peor del que debería (no en España, sino en todos los países) ha sido, precisamente, porque la vigilancia no ha sido tan estricta como debería, y porque no pocos consideran que el problema no va con ellos y en realidad no les pasa nada por saltarse las normas. Vamos, justo lo contrario de una encarnación de la novela "1984" de George Orwell. A la hora de la verdad, acabada la situación de Estado de Alarma en España, la gente está haciendo básicamente lo que quiere, incluso en localidades como en la que yo vivo, donde el ProCiCat aún recomienda no salir de casa si no es necesario dada la fuerza de un brote que comenzó hace dos semanas pero la gente campa por sus respetos como si tal cosa.

Una de las manías más absurdas de los defensores de la teoría conspiratoria de la CoVid es actualmente la oposición a ser vacunado contra esta enfermedad. Esto es bastante divertido, porque se está dando por hecho que vamos a tener una vacuna pronto y que vacunarse será obligatorio. Con respecto a lo primero, no es seguro que lleguemos jamás a tener una vacuna contra la CoVid: hay muchas enfermedades infecciosas para las que nunca se consiguió una vacuna, y la CoVid no es precisamente una enfermedad de las que lo ponen fácil. Por ejemplo, ahora sabemos que dos o tres meses después de haber pasado la enfermedad la mayoría de los pacientes sufren una considerable reducción de anticuerpos, hasta el punto de volverse indetectables en una buena parte de ellos. Bien es cierto que la respuesta inmune a largo plazo no depende tanto de los anticuerpos en la sangre como de la presencia de linfocitos T que "recuerden" la enfermedad; de momento hay pocos tests analizando si han aprendido o no a luchar contra la CoVid, pero dada la mutabilidad del virus es posible que la CoVid sea una de esas enfermedades "difíciles de recordar", como el resfriado común o la gripe. Así que no podemos dar por hecho que vayamos a tener alguna vez una vacuna efectiva, por más que el presidente ruso vacune a su hija con una vacuna de su invención. Y con respecto a la segunda aseveración, es poco probable que la vacunación sea obligatoria para toda la población: como mucho, lo sería para la población de riesgo, la cual, seguramente, sí querría ser vacunada.

Estas obsesiones insensatas sobre la vacuna de la CoVid encajan bien con un movimiento conspiranoico de ya cierto recorrido en nuestra sociedad, el de los antivacunas. Los antivacunas sostienen que las vacunas no son 100% seguras, que sirven para propagar enfermedades y/o para el control mental y/o para rastrear a la población inyectando un microchip (esto último es de relativo nuevo cuño, y empalma con otra de las conspiranoias de nuestro tiempo, el de las redes 5G, a las cuales, por cierto, otro grupúsculo acusa de causar la CoVid - qué importa que prácticamente no haya antenas de 5G en España). 

Con respecto a lo primero, es cierto: las vacunas no son 100% seguras. Existe un porcentaje, conocido y documentado, de reacciones adversas graves, que en ocasiones son tan graves que pueden ocasionar la muerte. Eso le pasa a cualquier vacuna. Los porcentajes de reacciones adversas graves pueden ser tan bajos como uno cada 10 millones o tan elevados como 1 entre 100.000. Porcentajes más elevados de reacciones adversas que ésos simplemente no se aceptarían, porque con las vacunas se pretende que haya una relación coste-beneficio positiva: se pretende salvar más vidas que las que se ponen en riesgo. Y continuamente se está experimentando y perfeccionando las vacunas para reducir aún más el porcentaje de reacciones adversas graves, que en la mayoría de las vacunas son ya bajísimos, tan bajos que cuesta ya establecer si hay una reacción de causalidad. Pero la clave de todo está en que, si no se vacunase, moriría mucha más gente. Está la cuestión adicional que la vacunación no es solo una cuestión de salud individual, sino también de salud pública: los que se vacunan hacen de barrera para que la infección no se propague, y eso ayuda a la erradicación de la enfermedad. Por cierto, todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos; por ejemplo, si se leen Vds. las reacciones adversas documentadas para el ibuprofeno éste puede (muy raramente) causar alucinaciones, meningitis, fallo cardíaco, ictus y hasta la muerte.

Con respecto a las otras manías de los antivacuna de la CoVid (control mental, rastreo) son completamente estúpidas. Nuestras capacidades tecnológicas no llegan tan lejos; esos planes suenan a película mala de ciencia ficción. Además, ¿para qué recurrir a métodos tan complejos cuando los métodos actuales ya son lo suficientemente eficaces? Por ejemplo, ¿qué sentido tiene meterle a alguien un microchip para rastrearle - microchip que se puede inutilizar, quedar sin batería, ser destruido por el organismo o quedar alojado en un hueso y perder cobertura - cuando todo el mundo lleva encima dócilmente un móvil que le permite a los operadores de telefonía e incluso a los grandes operadores de internet rastrearle? ¿Cuando instaló Vd. la actualización del Google Play dio a aceptar en una lista de permisos, incluyendo el de los servicios de ubicación? ¿Sabe Vd. que Google usa los micrófonos de los móviles y de los dispositivos Google Home para grabarle sin su permiso? Si hasta La Liga de fútbol española usa una aplicación que usa el micrófono de los móviles para detectar en qué bares se ve fútbol sin pagar el canon (lo siento, en este caso no puedo poner enlace porque sería de un medio español y hace años que no lo hago por estas razones).

Con todo, lo más descorazonador de esta rebelión de chichinabo de los anti-CoVid (a ver cuándo aparece un grupo que decide no creer en las paredes o en la Ley de la Gravedad; sería igualmente absurdo pero al menos más divertido) es que los que participan en ella se creen que son algo así como luchadores por la libertad o libertadores. Nada de eso. Son tontos peones movidos por otro, y en cuanto a su faceta de "luchadores" simplemente habría que verla enfrentada a un movimiento autoritario de verdad. En una sociedad que ha comulgado con auténticas ruedas de molino y que, salvo honrosas excepciones, nunca se ha rebelado (y quien lo ha hecho bien que lo ha pagado), ¿acaso hay quien crea que todos estos "libertadores" aguantarían el tipo delante de una verdadera represión? Todos sabemos, ellos los primeros, que se volverían a su casa con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas antes de que les cayera el primer garrotazo. 

No va a ser con estas revoluciones de sofá como se va a cambiar a la sociedad. No es rebelándose contra hechos de la Naturaleza como se conseguirá  un avance. No es perdiéndose en disputas espurias como llegaremos a algo. A todos ésos más les valdría abandonar esas ínfulas de revolucionario del tres al cuarto y pararse a pensar cuáles son nuestros problemas reales.

Salu2,

AMT 

 

Post Data: Mientras escribía este post, se me planteó la duda de si merecía la pena escribir algo más informal y con capacidad de llegar a más gente, o seguir con el tono habitualmente neutro y analítico de este blog. Las dos opciones tenían sus méritos y desventajas, y no me supe decidir entre ellas. Así que al final decidí que iba a hacer las dos. Éste es el post analítico y justo detrás viene su mellizo, aunque, no sé, quizá me he pasado un poco con lo de su tono informal...

 

 

jueves, 15 de junio de 2017

La dificultad de reconocer el colapso



Queridos lectores,

Hace algunos años leí un artículo muy bueno que describía con gran precisión cuáles eran los problemas que sufría Yemen y cuáles eran los terribles riesgos a los que podría enfrentarse en un futuro cercano. Quien lo escribía era un yemenita formado en alguna universidad extranjera, con buen conocimiento de la situación de su país y de la escena internacional. Lo curioso del análisis de esta persona es que, a pesar de percibir el riesgo inminente de una guerra civil en Yemen, no era capaz de integrar correctamente el problema que representaba la caída de la producción nacional de petróleo. Para él, era un problema de dejadez y de falta de inversión, sin comprender que, además de esos problemas, había un factor bastante determinante, que era la llegada de Yemen al peak oil, con el agravante de que la bajada por el lado derecho de la curva de Hubbert fue especialmente abrupta para ese país. Desgraciadamente para Yemen, los peores augurios que podíamos hacer para ese país se cumplieron y ahora Yemen, dividido en seis partes, se desangra en una inacabable guerra civil en la que una coalición de países árabes, liderada por Arabia Saudí, también está participando.

Cuando uno habla del colapso de la civilización, o más específicamente del colapso de un país, existe una cierta tendencia a hablar de manera bastante abstracta y con cierta noción de cosa remota, distante en el tiempo. Un colapso, sobre todo si se verifica de manera rápida y descontrolada, es algo bastante desagradable, con respecto a lo cual uno necesita, por higiene mental, poner una cierta distancia para poder hablar de ello. A pesar de que generalmente un colapso es más un proceso que un momento puntual, y que es una situación a la que las más de las veces es posible irse adaptando progresivamente, las graves implicaciones de ese amargo declinar para nosotros y para las personas que queremos hacen que prefiramos hablar de ello de manera teórica, cuando no hipotética. El mayor riesgo de este discreto escapismo intelectual es que, al no concretarlo y sustanciarlo a nuestra situación real y subjetiva, no seamos capaces de reconocer la forma concreta que tomará el colapso en el contexto de nuestras vidas, y que toda la discusión teórica previa se quede en un mero ejercicio de salón.

Viene esta reflexión a cuenta de la lluvia de comentarios que han recibido mis dos últimos posts. En el primero de ellos analizaba cómo una hipotética secesión de Cataluña provocaría un colapso rápido y temprano tanto del nuevo país como de lo que quedase de España, y que tal colapso prematuro sería una oportunidad para "colapsar mejor", algo que debería parecer deseable si uno está convencido que el colapso es, al final, inevitable en algún momento de nuestra historia no tan futura. En el segundo post analizaba el escenario que me parece más probable, en el que Europa se ve abocada al uso de la fuerza militar de manera sistemática para garantizarse el flujo de recursos considerados esenciales para el mantenimiento de la actual sociedad industrial, y que tal cosa implica un creciente autoritarismo interior con fuerte represión de la disidencia. En tal escenario, España sería un país más de ese conglomerado belicista y autoritario, y seguir tal camino nos llevaría a un colapso más tardío pero más anárquico y probablemente finalizando en situaciones mucho menos deseables; en suma, que nos llevaría a "colapsar peor".

Por desgracia, al bajar del terreno de las consideraciones meramente especulativas acerca del colapso a otras no menos teóricas, pero al menos más concretas y cercanas a nuestro paisaje humano y político, el hilo de las numerosas discusiones que he podido observar en diversos foros de internet se ha dispersado por completo del foco de la discusión, que no era otro que intentar imaginar posibles escenarios de colapso un poco (sólo un poco, lo admito) más realistas y menos hipotéticos que los habituales. Así pues, después de la publicación del primer post, muchos lectores independentistas catalanes se sintieron ofendidos porque en el texto se califica la situación política actual (incluyendo ambos bandos) de "vodevil" y ciertas actitudes de los próceres catalanes de "patochada"; muchos se sintieron contrariados porque no hice una vez más la glosa de todos los agravios contra Cataluña (la mayoría reales, algunos imaginados), y alguno llegó a decir que mi post es el típico discurso unionista (!!), haciendo apelación al miedo (lo de "unionista" podría entenderlo, pero lo de "típico" me sorprende y sobresalta). En cuanto publiqué el segundo post (cosa que tenía planeada desde el principio), pude constatar un aluvión de comentarios que se quejaron de que pasara por alto la corrupción de la política catalana (tema que he comentado miles de veces y del cual hablaba en el post anterior), denostaron mi presunta adscripción al independentismo catalán (de nuevo, ignorando mi post anterior), e incluso alguno llegó a decir que había escrito el post para hacerme perdonar, entre mis amistades catalanas, por el anterior. Lo interesante del asunto es que, a pesar de que ambos posts de lo que van es sobre las formas concretas que puede tomar nuestro colapso concreto, las personas que comentaron sobre el fondo del asunto son una franja muy minoritaria.

Los lectores que leen este blog desde allende nuestras fronteras pueden encontrar tal desparrame dialéctico como mínimo pintoresco, pero creo que podrán sacar lecciones interesantes para ellos mismos, ya que tal ejercicio de concreción de los escenarios de colapso a su propio territorio, tomando elementos concretos de la tensión política actual allá donde vivan, probablemente suscitaría una dispersión discursiva semejante a la que hemos vivido al tratar el caso de España.

Hace 7 años, bastante al principio de este blog, escribí un post que también fue bastante polémico en su momento: "El peor escenario posible". Un año más tarde publiqué su contraparte, "El mejor escenario posible". En ambos posts analizaba los dos escenarios más extremos en cuanto a pesimismo y optimismo, a una escala bastante global, sobre hacia qué podría evolucionar nuestro sistema económico y social. Unos meses más tarde publiqué otro ensayo, "La Gran Exclusión", al cual me refería como "el escenario más probable". Todos esos artículos fueron bastante polémicos por las posibilidades que planteaban, bastante discordes con el pensamiento imperante del momento, aunque si uno los mira ahora, pasados 7 años, no son más inverosímiles sino quizá menos (dejando al margen la datación precisa de eventos). Con todo, esos ejercicios de proyección de escenarios pecaban de ser demasiado vagos e inconcretos en nuestra realidad social particular, y en mi caso en concreto española. Con los dos nuevos posts, he pretendido reformular dos escenarios mínimamente verosímiles y más cercanos en el tiempo y en el espacio, y al igual que entonces con un mejor escenario y un peor escenario. 

La intención de escribir sobre esos dos escenarios de colapso es la misma que entonces: analizar las posibilidades y dar a los lectores asideros conceptuales que puedan usar para reconocer eventos si se llegan a dar y saber reaccionar ante ellos. Cabe destacar que yo no hago predicciones, pues no soy adivino ni quiromante. A algunos lectores les ha sorprendido que el segundo escenario sea en cierto modo contradictorio con el primero, sin darse cuenta de que son eso, escenarios. No deja de ser peculiar que, a pesar de las numerosas salvedades que introduzco en el discurso, dejando clara la naturaleza hipotética y especulativa de lo discutido, se tomen como afirmaciones rotundas.

Si se ha producido un cambio en estos siete años de singladura de este blog es que a estas alturas veo el colapso, como mínimo un cierto grado de colapso, como algo inevitable. Habiendo una tal acumulación de evidencia de que hemos pasado el peak oil del petróleo crudo convencional, que probablemente habremos superado ya el peak oil de todos los hidrocarburos líquidos, que carbón y uranio también parecen haber tocado techo y que las compañías productoras de hidrocarburos se están arruinando y eso puede precipitar el descenso energético, parece mentira la absoluta falta de proactividad de las instancias políticas para anticipar los problemas. Queda claro que sólo se va a reaccionar, no a anticipar, y que por tanto un cierto grado de destrozo no sólo es inevitable sino necesario (al fin y al cabo, no hemos recuperado el nivel pre-2008 y sin embargo no ha habido una modificación sustancial de los discursos ni mucho menos estructural). El otro cambio importante en mi percepción es que el escenario que describo como el peor es al tiempo el que considero más probable.

Lo más interesante de este ejercicio de prospección, con todo, ha sido el tenor mayoritario de las reacciones de los lectores. Teniendo en cuenta que los foros donde se han comentado estos posts son muy minoritarios, donde pulula gente bastante concienciada con la problemática de sostenibilidad que se discute en estas páginas (filo-colapsistas, se les podría denominar) no deja de ser triste y decepcionante ver como la mayoría han caído en la trampa de la visión política actual. Se estaba hablando de colapso, pero la gran mayoría ha preferido hablar de los agravios de unos contra otros, y se han esgrimido los mismos argumentos pro y contra tantas veces escuchados en los medios. Es evocar determinados temas y la reacción es la estereotipada, la inculcada machaconamente a través de la propaganda camuflada de información, dominando cerebros, voluntades y deseos. En ese sentido, el experimento que he realizado de concretizar los escenarios del colapso ha sido un rotundo fracaso factual aunque sea un éxito conceptual.

Ha sido un fracaso, porque el ejercicio demuestra que, si finalmente el devenir de la Historia nos hiciera explorar uno u otro de los escenarios que yo exploraba, los protagonistas serían incapaces de reconocer que se trata de un escenario de colapso, ni tan siquiera aquellos que conocen toda la problemática y que han discutido teóricamente acerca del colapso. La cortedad de miras de la discusión política actual y la gran persistencia de las ideas-fuerza inculcadas con la propaganda hace que se nuble todo lo demás, que todo se pierda de vista. Se cae fácil y rápidamente en la descalificación personal, se personalizan los argumentos con una celeridad asombrosa y se pierde por completo cualquier perspectiva de qué es lo que está pasando realmente. En ese sentido, si no se lucha decididamente contra esos arquetipos intelectuales tóxicos con los que se dirige toda la discusión, discurriremos como borregos por el sendero trazado hasta nuestro colapso más absoluto, y ni siquiera reconoceremos el proceso sobre el que tanto hemos llegado a teorizar. Ahí está la mayor dificultad: ser capaces de reconocer el colapso, que es el primer paso para poder reaccionar ante él.

Sin embargo, creo que lo que ha pasado es un éxito conceptual. Y es que ha mostrado con un ejemplo contundente la fuerza que tienen esos arquetipos tóxicos y cómo pueden dificultar nuestra reacción en los tiempos de colapso. En particular, creo que lo que ha sucedido debería ser una invitación a la reflexión, a una reflexión profunda.

Por mi parte, si quieren un mensaje sencillo con el que resumir la lección aprendida, vayan ahora a desconectar su televisor.

Salu2,
AMT

viernes, 3 de octubre de 2014

La ficción de la elección



Queridos lectores,

En el curso de una discusión reciente con una persona honestamente convencida por las tesis de ciertas corrientes económicas que simplificando excesivamente llamaríamos "liberalismo económico" una idea que surgió repetidamente fue el concepto de libertad, obviamente en su acepción económica. Y es que una de las ideas centrales del liberalismo económico es que se le ha de dar plena libertad de elección a los agentes económicos para que las relaciones entre ellos vengan mediadas por un mercado, libre por supuesto, como medio más eficiente para la regulación de tales relaciones. Planteada de esta manera, yo no tengo grandes objeciones a esta formulación. Que los agentes gocen de libertad para elegir, no ya en cuestiones económicas sino que en cualquier otro aspecto de su vida - a veces los neoliberales parecen olvidar que hay vida más allá del mercado -, parece completamente deseable, con la única salvedad de que sus acciones deben ser respetuosas con la ley y en particular no deben ser lesivas con los derechos de algún otro. Por otro lado, parece completamente lógico y razonable que en general las relaciones económicas las medie un mercado libre. 

En realidad aquí está parte de la trampa de la frase anterior: el mercado libre es una entelequia. Los neoliberales aceptan que no existe tal mercado libre en la práctica, pero según ellos lo ven eso es debido al exceso regulatorio y las extralimitaciones del Estado, y que lo que hay que hacer es desregular el mercado y minimizar el Estado. En realidad lo que sucede es que, independientemente del Estado, el mercado tiene ineficiencias intrínsecas (como se explicaba en detalle en la serie Ciudadano K del discontinuado Acorazado Aurora), cosa que se conoce y se puede explicar teóricamente desde hace siglos, aunque actualmente los neoliberales escriben ríos de tinta para justificar lo injustificable olvidando deliberadamente todo el trabajo anterior. Por otro lado, como ya explicamos en este blog, cuando los liberales reclaman un mercado libre en realidad por lo que abogan es por un mercado natural, puesto que sin ningún tipo de regulación el mercado tiende a ser la ley de jungla, en los que los más poderosos acaban por la vía de los hechos imponiendo sus reglas, como veremos después en algunos ejemplos. 

El pensamiento liberal se distingue por cuatro características peculiares:
  •  Muchas de sus afirmaciones son de carácter no empírico y no verificable; por ejemplo, cuando se postula las bondades de entes inexistentes y muy probablemente inalcanzables como el libre mercado, la perfecta competencia o la infinita sustitubilidad de los factores de producción.
  •  Se basa en conjunto de ideas abstractas, al margen del mundo físico y en abierta contradicción con él; por ejemplo, la idea de postular y aceptar como beneficiosa la idea del crecimiento infinito en un planeta limitado, o que el mercado se hará cargo de las externalidades, no importa como sean de dañinas, a pesar de la abundante evidencia en contrario.
  •  Siempre encuentra múltiples y complejas explicaciones a posteriori para justificar por qué las cosas no se producen según sus postulados. Ejemplos hay a punta pala: si el empleo sube es según unos gracias a las políticas del Gobierno y según otros debido a la favorable coyuntura internacional; si la balanza comercial es positiva es debido a la mejora del sector exterior, aunque en realidad lo que más cae es el consumo interior, etc. Casi nadie se molesta en examinar los datos que avalen las afirmaciones hechas, y en casi ningún caso nadie se cuestiona que es imposible que todos los países del mundo sean exportadores netos, o que se pueda crecer infinitamente en un planeta finito. Un caso particular del interés de este blog es la evolución del precio del petróleo; casi cada día aparece un sesudo artículo dando la excusa del momento para justificar lo que se denominan "enormes subidas" o "bajadas en picado" del precio, cuando lo cierto es que el precio se ha mantenido en torno a los 100$ desde hace casi tres años. Y aunque ahora ciertamente hay una cierta tendencia a la baja, síntoma de la próxima oleada recesiva, no se puede analizar su evolución día a día sino que se tiene que mirar en el largo plazo, y es que los movimientos significativos se ven en el plazo de meses (excepto cuando se produce un infarto del sistema, como en Julio de 2008 que el precio aumentó de 100$ a 150$ en un mes).
  • Utilizan un lenguaje oscurantista, con términos abstrusos para explicar cosas simples. Además, se abusa de las cantidades relativas (porcentajes) sin ponerlos en contexto y sin dar una idea de cómo ha ido cambiando la cosa con el tiempo. El objetivo es dejar fuera a los no iniciados, hurtar de la vista las discusiones para los profanos, es decir, para los que no comparten esta manera de hacer las cosas y pueden presentar objeciones muy fundadas. Ejemplos hay a porrillo; tomo uno de ellos al azar: "El resultado previsto para PGE en 2009 supone incumplir el objetivo de un superávit del 0,02 por ciento del PIB aprobado para la Administración Central por las Cortes Generales en junio de 2008", según reconoce el propio Gobierno en el proyecto legislativo de los PGE. Un objetivo que fue "fijado en base al contexto macroeconómico recogido en el informe sobre la posición cíclica de la economía española elaborado por el Ministerio de Economía y Hacienda en abril, de acuerdo con los datos disponibles en ese momento""


Todo lo anterior muestra que en realidad la teoría económica dominante es en realidad un pensamiento de tipo doctrinario o, como explicamos, una religión.

La otra trampa que se esconde en ese falso concepto de libertad es que la elección no es libre en realidad. Aunque la idea es sobradamente conocida, se suele abusar de ejemplos concretos para dar la impresión de que la gente realmente escoge libremente lo que escoge, cuando en realidad está fuertemente condicionada, con habilidosos trucos de ingeniería social y comercial, a "necesitar" determinados productos que son de su "utilidad". Precisamente éstos tres son los conceptos clave en la discusión sobre la presunta eficacia e idoneidad de los actuales mecanismos de distribución económica: necesidad, utilidad y elección.

En un sistema capitalista como el nuestro, el diseño del sistema se dirige a maximizar el retorno del capital, lo cual implica maximizar el beneficio de cualquier actividad económica. Esto se puede conseguir aumentando precios hasta un cierto punto, pero esta estrategia tiene un recorrido limitado puesto que precios excesivamente altos destruyen la demanda y a partir de un cierto punto también la ganancia. Alternativamente, se puede maximizar el beneficio disminuyendo costes. Aquí hay varias estrategias posibles, una de las cuales es la explotación de economías de escala y el encontrar usos diversos para un producto principal que sea económico de producir. Uno de esos productos cuyo proceso productivo se ha maximizado es el maíz. El sirope de maíz se utiliza en multitud de productos alimentarios para darles gusto, color, valor nutritivo, etc; se sorprendería Vd. de la cantidad de alimentos y otros productos que utilizan el maíz en su producción. Como comentaban en el documental Food Inc, "Todos los productos de un supermercado remiten a un campo de maíz en Iowa". ¿Realmente ha escogido Vd. que todos los productos que hay en el súper estén hechos, entre otras cosas, de maíz? ¿Está Vd. seguro de que es sano añadirle sirope de maíz a prácticamente cualquier alimento preparado que consuma Vd.? ¿O más bien esta proliferación en el uso del maíz tiene que ver con que ha sido muy barato de producir durante todos estos años?

Si Vd. ha seguido la evolución del sector de la alimentación en los últimos años sabrá que en estos momentos aproximadamente el 80% del comercio mundial está en manos de cinco empresas. Este fenómeno no es exclusivo del sector de la alimentación; cada vez menos empresas cada vez mayores controlan una fracción creciente del mercado mundial. Esa concentración de la actividad en manos de muy pocos agentes podría llevar a pensar que de manera natural, en aras de la optimización productiva y el aumento de beneficio, la cantidad de productos diferentes que se ofrecen debería disminuir; sin embargo, basta con ir a un supermercado o a cualquier otro comercio para ver una increíble diversidad de productos, pequeñas variantes de la misma idea. ¿Qué significa esta proliferación de productos? La respuesta es bien conocida: es una estrategia de márketing para incitar al consumo, es sólo un estímulo a las partes más primitivas de nuestro cerebro: en realidad muchos productos son el mismo con diferentes envases. Y esa es sólo una de las estrategias de manipulación de masas para llevarles a consumir más y más. ¿Es Vd. plenamente libre cuando decide consumir en un ambiente creado especialmente para incitarle al consumo?

No sólo el márketing actúa como fuerte condicionante de las decisiones de consumo, sino también los hábitos y las convenciones sociales que se van estableciendo, oportunamente moldeadas cuando se detecta en ellas un mercado potencial ¿Elige la gente tener coche? No siempre; según dónde uno viva y dónde y en qué trabaje tener un coche es imprescindible. Las redes de transporte público no siempre cubren las necesidades de movilidad creadas a la población. ¿Ha elegido Vd. vivir donde vive o se ha visto obligado a ir a determinado sitio en función de su renta disponible y de dónde tiene Vd. su lugar de trabajo? Es un caso típico: persona joven encuentra un trabajo en una gran ciudad y busca algún lugar cercano donde residir, pero lo más cercano que es asequible a su renta está a 20 kilómetros de su lugar de trabajo y si se traslada en transporte público necesita más de una hora para llegar, pero puede reducir el trayecto a 15 minutos si se compra un coche de segunda mano, que le resulta muy asequible (casi nadie tiene en cuenta los costes reales por kilómetro de un coche, incluyendo combustible, amortización del vehículo, seguros, párking, averías, revisiones, multas...). La estructura social favorece determinadas elecciones, que no son sólo socialmente aceptables sino completamente naturales dados los condicionantes.

Yendo a cosas más superfluas: ¿Elige la gente tener móvil? Si uno se pasa fuera de casa muchas horas, tener un móvil es una buena manera de estas siempre localizable por sus seres queridos; además, con los sistemas de chateo electrónico actuales uno puede mantener un contacto con los amigos que le sirve para sobrellevar una jornada cargada de muchos sinsabores y cada vez menos motivaciones. No es estrictamente necesario, pero, ¿qué persona joven elegiría no tener móvil y además del tipo smartphone? Parecería un extraterrestre en su comunidad social. ¿Es una elección verdaderamente libre la de comprar un móvil? Y así la lista de elecciones bastante discutibles se va alargando, en todos los casos condicionados por un ambiente social que le empuja en una dirección determinada: ¿Se elige libremente comprar un piso en vez de alquilar? ¿Elige uno en total libertad la ropa que se pone, o tiende a escoger aquello que es socialmente más aceptado para el estrato en el que uno está? ¿Son completamente libres todas las decisiones que se hacen al comprar alimentos, productos de limpieza, muebles, vacaciones, etc?  Los valedores del libre mercado dirán que a nadie se le pone una pistola en el pecho, y eso es verdad, y también es cierto que cualquier persona puede decidir "salirse de la convencionalidad" y tomar una decisión que choca con las habituales, pero justamente de lo que hablamos es de condicionamiento, no de determinación: desde el punto de visto económico no importa si unos pocos individuos eligen otro camino si la mayoría va por la senda trazada. Hay una cuestión clara desde el punto de vista estadístico: si millones de personas toman decisiones dentro de un arco pequeño de opciones teniendo literalmente millones de posibilidades a su disposición eso significa que realmente no hay tantos grados de libertad como los aparentes, sino muchísimos menos. Realmente, son muy pocos los individuos realmente libres, puesto que desde hace mucho tiempo se mercantiliza la diferencia, y el mercado se apropia de la estética hippie, altermundista, eco, hipster... Se crean diversidad de nichos en el mercado para que aquellos individuos más críticos crean que son diferentes porque están clasificados dentro de una categoría igualmente mercantilizada pero menos numerosa.

Los adalides de las bondades de lo que ellos llaman libre mercado aceptan a veces que efectivamente la influencia social condiciona fuertemente muchas decisiones, pero que en eso el libre mercado no tiene la culpa, sino que es la sociedad, como si fuera un sujeto, quien toma sus decisiones, y como si los agentes económicos no influyeran en moldearlas. Sin embargo, resulta difícil creer tal cosa cuando los medios de comunicación se dedican a difundir continuamente publicidad en cuñas publicitarias y propaganda de un determinado modo de vida en todo el resto de contenidos. ¿Se ha sentido Vd. alguna vez identificado con los modos de vida y consumo de tanta y tanta serie televisiva o película cinematográfica? ¿Ha aspirado a ser como los personajes que tanto le gustan? ¿Se ha fijado que a veces el personaje lleva un tren de vida impropio para lo que deberían ser sus ingresos? La presión social existe, pero ésta se configura también a través de los mass media. En añadido, los medios de comunicación de masas sirven para crear, a veces, cuando es necesario, la ilusión de libertad: en algunos momentos se pone el foco en una pequeña anomalía y se hace creer que tiene una importancia que, a la luz de las estadísticas, no la tiene, todo con el fin de mantener la ilusión de libertad. 

La falta de libertad de elección no es fruto únicamente de la presión social y de las estrategias de márketing, sino también de la falta de información. Un mercado no puede ser, nunca, realmente libre si todos los agentes que en él participan no tienen la misma información y la misma capacidad de negociación, y ése no es el caso en muchos servicios básicos prestados por grandes compañías. ¿Entiende Vd. el recibo de la luz? ¿Tiene Vd. capacidad para negociarlo? Cuando va al súper, ¿tiene Vd. conocimiento de lo dañinas que son algunas prácticas de producción de los productos que consume? ¿Tiene realmente capacidad de elegir algo mejor, por ejemplo, ecológico? Todo ello es el resultados de un mercado mucho más natural que libre. 

Todo lo arriba expuesto nos ilustra cuál ha sido nuestro margen real de libertad durante las últimas décadas, pero ahora que estamos llegando a los límites del planeta, ahora que estamos inmersos en una crisis que no acabará nunca, un murmullo que se oía desde hace mucho pero permanecía oculto en las capas profundas de la sociedad se hace cada vez más insistente: quizá hay demasiado consumismo, quizá hay que acabar con hábitos de derroche, quizá tendríamos que abandonar lo superfluo. En los últimos tiempos, a medida que la crisis impide al capital alcanzar por medio de la producción sus tasas históricas de regeneración, éste va depauperando las rentas del trabajo y las administraciones públicas para continuar expandiéndose al ritmo habitual (huida hacia adelante con corto recorrido y potencialmente muy explosiva, pero que de momento nos hace avanzar rápidamente hacia La Gran Exclusión). Y en el fondo para favorecer esta expansión interna del capital se insiste en que los ciudadanos tienen que aprender a diferenciar entre necesidades estrictas y consumos superfluos. En algunos casos, se llega a culpabilizar al ciudadano por sus hábitos de consumo, lo que a veces llega al extremo de confundirle sobre el peso económico real de sus elecciones. ¿Cree Vd. que porque disminuya su factura eléctrica un considerable 10% va a mejorar la situación general? Aunque todos los domicilios redujeran un 10% su consumo eléctrico, el residencial es sólo el 10% del consumo total, o sea que ese gran esfuerzo repercutiría un 1% del consumo eléctrico total. ¿Y eso qué más da, además, en un país como España donde hay un exceso de capacidad instalada, donde sobra electricidad y a pesar de ello el consumo baja, porque no es electricidad lo que la sociedad necesita para funcionar, sino ese 80% de energía final no eléctrica y difícilmente electrificable que depende, mayoritarimente, del petróleo? Y, ¿es superfluo el coche? ¿Puede Vd. atender sus obligaciones diarias sin él? ¿Y qué haría sin la nevera, si no puede comprar los alimentos día a día por falta de tiempo? ¿Puede lavar menos ropa, por ejemplo usando el mismo atuendo más de un día seguido; se lo aceptarían en su entorno social y laboral? El hombre, como todos los seres vivos, está adaptado a su hábitat, pero una parte del mismo ha sido creado y recreado por la mano del Hombre y necesita también estar adaptado a él, a su tecno-hábitat, que le resulta tan vital como el hábitat de base propiamente biológica.
En realidad se tiene que intentar mantener la ilusión de libertad para evitar que la gente se revuelva contra lo que hay. La economía está más planificada que nunca: no sólo se planifica la producción, sino que se decide qué nuevos productos tendrán que consumir los ciudadanos. Ésta es la realidad de nuestra economía. Por eso un país comunista como China ha podido hacer una transición tan eficiente hacia el sistema actual: porque, en los aspectos claves, no hay una diferencia profunda; y China tiene además la "ventaja competitiva" de no ser una democracia. Y por eso es tan preocupante que se tome continuamente a China como baremo, como referente con el que compararnos: porque la diferencia más importante entre ellos y nosotros es el grado de autoritarismo.


La única elección real que se puede hacer (y que por tanto se ha de ocultar) es si queremos seguir con el sistema actual o intentamos construir uno nuevo, más igualitario y sostenible, algo diferente a todo lo que ha existido hasta ahora. Ésa es la elección real.





Salu2,
AMT

jueves, 23 de mayo de 2013

Cinismo en la era del declive



Queridos lectores,

Es moneda común, desde hace muchos años, que las declaraciones públicas de diversos organismos internacionales e instituciones públicas con respecto a un posible escenario de escasez de energía sean desdeñosas. En muchos casos tal actitud refleja una ignorancia de algunos aspectos técnicos asociados a la llegada del peak oil, lo cual no es de extrañar ya que quienes rigen estos organismos suelen ser economistas, y ya sabemos por qué los economistas no entienden el Oil Crash (ni tampoco el problema específico que plantea la disminución de la TRE). En otros casos tenemos auténticos matones, expertos en fabricar la duda con fines completamente espurios (generalmente favorecer la liberalización administrativa y continuar con la fiesta como si nada pasase). En algunos casos, sin embargo, se encuentra tal oposición en medios gubernamentales, que se basan en una confusión de conceptos favorecida por aquellos organismos que tienen como función asesorarlos en materia de seguridad energética. El por qué estos organismos asesores actúan de esta manera es difícil de saber. Puede que tengan miedo de las consecuencias de hablar claramente, puede que a sus responsables se les impongan directrices políticas de no reconocer la verdad... Sea como fuere, el hecho es que ahora que el ocaso del petróleo ya está aquí estoy observando un incremento de declaraciones cada vez más estentóreas por parte de diversos responsables, sin que en realidad haya argumentos nuevos para negar que los recursos del mundo sean finitos y, lo que es más grave, que la oferta posible de los mismo tiene sus limitaciones. Al margen de sus motivaciones, está claro que su actitud es bastante cínica.

El caso es que algunos lectores me han preguntado repetidamente en los últimos tiempos por algunas de esas declaraciones de abundancia energética que sólo se soportan sobre el papel, y dada la recurrencia e impacto de las mismas he pensado que sería buena idea compilarlas en un post; aunque, como verán, no hay realmente nada nuevo bajo el Sol. He aquí mi somera relación:

No hay problema con el petróleo; queda tanto como el que se ha extraído hasta ahora: Esta afirmación la hizo un responsable de CORES en una reciente conferencia en ESADE, en Barcelona. Lo divertido del caso es que la segunda afirmación es factualmente correcta. Efectivamente, si pensamos en petróleo crudo se ha consumido poco más de un billón (español) de barriles de petróleo y las reservas restantes estimadas se estiman en otro billón, aproximadamente. Sin embargo a alguien que trabaja en CORES es imposible que se le escape que el problema es la producción, y no las reservas. ¿De qué me sirve tener 100 millones de euros en el banco si sólo me dejan sacar 100 euros al mes? Justamente el problema es que la primera mitad de las reservas -la que era más fácil de acceder- la hemos sacado en una fase de producción creciente (cada año se sacaba más petróleo que el anterior) mientras que la segunda mitad -la de extracción más difícil- saldrá a un ritmo cada vez más lento (cada año se sacará menos que el año anterior). 



Por tanto, lo que pretende ser una afirmación optimista es en realidad una manera torticera de disfrazar la realidad; un argumento convincente para el no informado: mera propaganda.

El problema de la producción es meramente de inversión: Quien hace esta afirmación desconoce o finge desconocer qué es la Tasa de Retorno Energético (TRE) y las implicaciones que tiene. Porque la cuestión no es si es técnicamente posible extraer todo ese petróleo que hay en el subsuelo, sino si podemos extraerlo de forma rentable. Para el economista, que sólo ve el dinero, es meramente cuestión de mejorar las técnicas extractivas y con la suficiente inversión se podrá hacer. Sin embargo, la clave es la rentabilidad energética, la cual evoluciona lentamente y en realidad tiene tendencia a disminuir a pesar de las mejoras tecnológicas. Y si el negocio no es rentable energéticamente es imposible que lo sea económicamente.

Las reservas estratégicas de petróleo de los EE.UU. están en máximos de los últimos 5 años. ¿Peak oil? Perdonen que me ría: Este comentario, prácticamente literalmente, se lo leí hace semanas a un conocido gestor de fondos. Esta persona en concreto suele insistir sobre el tamaño de las reservas estratégicas de los EE.UU., cuando difícilmente se puede encontrar un peor termómetro de la situación del petróleo. Para empezar, expliquemos qué son las reservas estratégicas de un país. Se trata petróleo almacenado en grandes tanques en ubicaciones clave, y cuyo objeto es garantizar la continuidad del suministro a servicios y sectores clave en caso de una interrupción del suministro de petróleo. Se crearon en los años 70 justamente para amortiguar los efectos asociados a las interrupciones de aquella época (embargo árabe, guerra de Irak-Irán). Todos los países de la OCDE y algunos que no pertenecen a esta organización tienen las suyas. Por ley, tienen que cubrir al menos 60 días de consumo o 60 días de las importaciones típicas en esa época del año, la que sea mayor de estas dos cifras. Dado este mandato legal, lo habitual es que estas reservas se mueven alrededor de ese guarismo, 60 días (el petróleo entra y sale continuamente de estas instalaciones porque una vez extraído se degrada en contacto con el aire y por tanto no se puede dejar almacenado sin más). Así pues, estas reservas estratégicas varían poco, y si acaso tienden a disminuir al ir cayendo el consumo del país. En cada momento del año la variación del volumen de reservas estratégicas con respecto a la media de los 5 años precedentes en la misma fecha son insignificantes en porcentaje, siendo mucho más importantes las variaciones a lo largo del año (puesto que no se consume lo mismo en invierno o verano que en primavera o otoño). Y en todo caso, cómo varía esta cantidad no nos dice nada sobre la evolución futura de la producción, sino sobre los patrones actuales de consumo de los EE.UU.

En la misma línea, aparte de las reservas estratégicas la propia industria guarda petróleo para que le sirva de colchón en caso de contingencias comunes (un petrolero que se retrasa, una avería en un oleoducto...). Este colchón es, en el caso de los EE.UU., de unos 30 días, sin que exista un mandato concreto acerca de su tamaño. Sus variaciones porcentuales son más rápidas que las de las reservas estratégicas debido a que responden más a las previsiones que la industria hace sobre el mercado. En los EE.UU. durante los últimos meses estas reservas han tocado máximos de 5 años aunque ahora están cayendo cerca de los valores medios. Como antes, este indicador tampoco es significativo acerca de la producción (por más que el homo economicus pretenda que la producción responde a los cambios en demanda que se reflejan en estas gráficas - absoluta falacia que se desmonta viendo la actual inelasticidad en la producción de petróleo, sobre la que ya hablamos).


En EE.UU. se está viviendo durante los últimos 5 años un boom de gas natural gracias a la producción de gas de esquisto, que es el combustible del futuro: Parece mentira que, con la abundancia de datos disponibles, se sigan diciendo estas tonterías. Al margen de que la producción de gas de esquisto es, simplemente, ruinosa desde un punto de vista económico, yo no veo ningún boom de gas natural en los EE.UU. Claro que eso depende de a qué llama uno "boom".

Veamos cómo ha evolucionado el consumo de gas natural en los EE.UU.  (datos de la Energy Information Administration):




La gráfica nos enseña los consumos agregados de gas durante los 12 meses precedentes. Fíjense que, si bien el consumo de gas remonta algo desde 2005, en 2009 aún estaba por debajo de los niveles del año 2000. Sólo de 2010 a 2012 el consumo llega a subir a un ritmo significativo, de aproximadamente un billón de pies cúbicos de consumo adicional al año. Es tan pequeño que cuesta hablar de boom: sería de aproximadamente 1 billón de pies cúbicos en tres años, es decir, de menos de un 1,5% anual si lo miramos desde 2010, y del 0,3% si lo miramos desde 2000. En fin, que nuestros comentaristas están exagerando la importancia del crecimiento del consumo.

Exageraciones varias sobre el futuro de la producción de petróleo en los EE.UU.: Ésta fue otra de las afirmaciones del responsable de CORES en ESADE. Seguramente Vd. ha leído que los EE.UU. serán el primer productor de petróleo del mundo hacia 2020 y exportará petróleo a partir de 2035; en algunos sitios, haciendo la ola a tan rocambolescas afirmaciones, llegan a afirmar que exportará petróleo el año que viene - en realidad EE.UU. comercia con petróleo de diversos tipos y procedencias, y con la disminución de calidades de los petróleos disponibles y los problemas con las refinerías (que también discutimos aquí) se pretende exportar excedentes de petróleo pesado hacia otros sitios donde se pueda refinar, aunque se mantengan o incluso aumenten las importaciones de otros tipos de petróleo. 

Todas las exageraciones que circulan actualmente sobre el futuro energético de los EE.UU. se basan en afirmaciones o informes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que hizo el pasado Noviembre en su informe anual y hace poco ha renovado con motivo de su informe semestral. Sin embargo, del dicho al hecho media un gran trecho (pueden leer la traducción de un excelente post de Matthieu Auzanneau sobre este tema en este mismo blog). Cuando analizamos el último informe anual de la Agencia Internacional de la Energía destacábamos esta gráfica



La gráfica muestra cómo evolucionarán las importaciones de petróleo en los EE.UU. (curva azul inferior) de acuerdo con el escenario central que maneja la AIE. Como ven, incluso en 2035 EE.UU. seguiría importando más de 3 Mb/d (sobre los más 18 Mb/d que consumen los EE.UU. ahora mismo), pero aquí la AIE hace un divertido maquillaje contable. Según la AIE, EE.UU. será autosuficiente de manera neta porque los excedentes del gas natural que producirá equivaldrán a los faltantes de petróleo. Poco importa que a igualdad de contenido energético el petróleo valga más del doble que el gas natural y que posiblemente no tengan suficiente mercado para su gas: este salto al vacío sirve para crear una narrativa estimulante. Con todo, lo verdaderamente grave de esa gráfica (como comentamos en su día) es que se asume como una hipótesis natural que los EE.UU. reducirán su demanda exterior (lo que en la gráfica llaman "Demand-side efficiency") en 4 Mb/d, es decir, en más de un 20% del su consumo actual. Tomando el conjunto del consumo de petróleo, la AIE prevé un descenso del consumo de petróleo en los EE.UU. del 31%, lo cual es bastante grave si se tiene en cuenta que grandes caídas del consumo,  y no tan importantes, sólo se han visto acompañadas de una recesión económica profunda. Ciertamente, si la industria de EE.UU. se hunde el país puede acabar por exportar petróleo, pero no estoy muy seguro de que eso sea una buena noticia... Como tampoco lo es, en realidad, que EE.UU. pudiera llegar a ser el primer productor de petróleo del mundo antes de 2020, ya que lo sería con una marca similar a la actual de Arabia Saudita y Rusia, y si EE.UU. ocupase el primer lugar sería por el declive de esos dos países. En suma, que se maquillan como buenas noticias lo que en realidad son noticias horribles, en la máxima expresión del cinismo.

Sin duda los lectores identificarán ahora o en los próximos meses informaciones del mismo jaez. Si quieren saber qué hay de cierto y qué de exageración en una promesa de abundancia energética, mi recomendación es que busquen los datos originales en los que se basan las declaraciones originales (en la prensa, particularmente española, las noticias llegan a veces muy desvirtuadas por una cierta dejadez o falta de rigor de algunos periodistas, que no comprueban los datos originales). Y una vez con los datos en la mano, tiren de calculadora, y comparen los datos: si hablamos de nuevas reservas de petróleo, compárenlas con el consumo del planeta (90 Mb/d), a ver si son tan grandes; si hablamos de mejoras presuntamente fundamentales verifiquen si al final no tienen más que un impacto marginal en el consumo o producción de tal país; si se habla de tal tecnología revolucionaria, verifiquen si ésta ya está en fase comercial o si sólo hablamos de prototipos o, peor, experimentos aún en el laboratorio; etc. En muchos casos sin gran esfuerzo verán cómo se abusa del anumerismo del lector. Lo cual es preocupante en el caso de un periodista, y es prácticamente una traición a los intereses generales en el caso de los gestores públicos. Y es que en algunas circunstancias tanto cinismo no es disculpable.


Salu2,
AMT

miércoles, 22 de junio de 2011

Por qué los ciudadanos no entienden el Oil Crash

Lo mejor es que esta imagen es de un spot promocional de una tele brasileña...
Queridos lectores,

Como prometí, tengo cuatro post dentro de esta mini-serie "Por qué los X no entienden el Oil Crash"; hoy vamos con el segundo de la serie: por qué la gente corriente, los ciudadanos de a pié, no entienden qué es el Oil Crash y que todo les va en juego en ello. No haré una descripción exhaustiva de todos los factores que están en juego porque no los conozco, yo sólo señalaré los que me parecen más evidentes y quizá incluso me deje alguno; ya vendrán los comentaristas más tarde a rematar el trabajo (por cierto, gracias también a todos ellos por su dedicación - algún día, empero, volveremos a aquello del "A Dios rogando y con el mazo dando" ;) ).


- El mito del Progreso: Así se titulaba la presentación que Daniel Gómez, presidente de AEREN, hizo en Barbastro a principios del pasado Mayo. Éste es uno de los grandes males del la Ilustración, movimiento que despertó a la Humanidad y la liberó de antiguos yugos, pero que sin pretenderlo la unció con un yugo nuevo, el Progreso. El triunfo de la Razón sobre el oscurantismo y la superchería llevó a dar una explicación inteligible a un mundo que hasta entonces venía regido por los caprichos de seres sobrenaturales y coléricos. Con el progreso técnico que traen la Primera y la Segunda Revolución Industrial se le empieza a ganar la partida a la enfermedad infecciosa y aflicciones semejantes; simplemente, la divulgación del concepto de germen permitió vía el establecimiento de unas costumbres higiénicas mínimas (que hoy nos parecen obvias pero que no lo eran en absoluto hace dos siglos) que la esperanza de vida y la calidad de la misma mejorase enormemente. La tecnología florece, la energía es abundante y el mundo occidental experimenta una acelerada progresión. Durante las últimas generaciones, especialmente durante las tres últimas, en los países occidentales se produce un fenómeno nuevo: cada generación vive mejor que la anterior (salvo en países como España, donde la llegada tardía de las Revoluciones Industriales y la Guerra Civil retrasan la llegada de estas mejoras durante más de un siglo). Y de esa manera, insensiblemente, se instala la impresión de que todo va siempre a mejor, y no hay memoria viva de una situación diferente. La industria explota esta impresión para favorecer el consumo, para que la población sea acrítica. El problema es que la tecnología ha sustituido a la religión, y por parte de la mayoría de la gente se la trata de la misma manera: un conocimiento revelado, que prometes grandes prodigios con tal de simplemente obedecerla, sin intentar entenderla. Ése es el gran fracaso de la Ilustración: sin pretenderlo, sustituyó una religión por otra, y pretendiendo liberar al hombre sólo cambió las cadenas. El por qué de todo ello sería motivo para discusión de otra gente más versada que yo; seguramente no es ajeno a ello el hecho de que se ha necesitado una gran masa de consumidores y por ello se ha adoctrinado a la población de los países ricos en esta fe, y se les ha permitido vivir cada vez mejor (al tiempo que se esclavizaba a otros pueblos y se explotaban sus recursos).


La consecuencia de esta fe irracional en la ciencia y en la tecnología que de ella se deriva lleva a las típicas reacciones defensivas cuando alguien cuestiona que la Ciencia lo pueda resolver todo, en nuestro caso concreto el Peak Oil, sobre todo cuando se trata de resolverlo en unos plazos marcados por nuestra necesidad, y no por la previsión racional de lo que se puede hacer dados los recursos y el tiempo disponibles. Según el discurso oficial, cuando hay un problema la Ciencia lo resuelve, lo cual es en realidad bastante lejano a la Historia real de la Ciencia, en la cual los descubrimientos se consiguen con una mezcla de osadía, suerte y, sobre todo, tenacidad, y las más de las veces no se consiguen para resolver problemas concretos o bajo pago del inversor de turno, sino para ampliar el conocimiento, por el mero placer de conocer más.


Esto lleva a situaciones tan absurdas como la negociación del problema ("Si usamos más energías verdes podremos seguir consumiendo la misma cantidad de energía") cuando, en realidad, la Naturaleza no negocia; no es ni cruel ni compasiva, simplemente no es un ser racional y no se puede esperar de ella que sea justa en un sentido humano, aunque sí ecuánime (tanto le da que vivamos como que no). Es especialmente patético ver a gente que empieza a comprender el problema del Peak Oil alegar que "no es justo", como si la justicia tuviera algo que ver. Esa ofuscación con la visión de la Ciencia todopoderosa es en parte lo que lleva a algunos grupos ecologistas a empecinarse en creer que puede haber un futuro 100% renovable perfectamente asequible desde nuestra situación actual y con un nivel de consumo (incluida su injusta distribución) similar al actual, para lo cual hacen toda suerte de suposiciones, a cual más descabellada.


- La incomprensión de la técnica y delegación de la propia responsabilidad: Ya hablamos de ello en el post sobre "Nuestra relación con la tecnología". No controlamos nuestras vidas y al final creemos ciegamente en los técnicos que manejan los sistemas para nosotros vitales. Un problema añadido es la gran ignorancia de la sociedad en lo que a conocimientos técnicos se refiere, en parte fruto de los esfuerzos de la publicidad/propaganda para conseguir ciudadanos sumisos. Para no volvernos locos, elevamos nuestra confianza en la técnica y sus gestores a una fe incuestionable, un sentimiento más religioso que racional, y reaccionamos visceralmente cuando alguien cuestiona la eficacia de la gestión, porque eso suscita cuestiones incómodas. Es lo que hace que creamos que alguien, quien está siempre al mando cuando cogemos un tren o un avión, el que organiza la red eléctrica o los grandes sistemas logísticos, en suma, el que todo lo conoce y lo controla, habrá previsto cualquier dificultad, el Peak Oil incluido, y ya tiene preparada la respuesta adecuada. El problema es que esta imagen de control es un simple espejismo. Ciertamente tenemos buenos gestores de sistemas complejos, pero justamente nuestro problema es la carencia de buenos gestores del sistema integral, el que los incluye a todos; quizá porque su complejidad es excesiva, quizá porque nuestro sistema político es esencialmente corrupto o ineficiente (cosa que discutiremos en el siguiente post). El caso es que cuando alguien levanta dudas razonables sobre el funcionamiento de los sistemas, se le exige no sólo aportar pruebas abrumadoras (mucho más exigentes que las que se exigen para poner literalmente su vida y hacienda en manos de desconocidos) sino que además aporte un sistema alternativo, porque dadas las abrumadoras consecuencias un vacío de poder es inadmisible. Y aunque la primera parte es asequible simplemente compilando e interpretando datos públicos, la segunda es horriblemente complicada y posiblemente imposible de abordar para una sola persona. No llegando a esa difícil solución alternativa, uno es rápidamente descalificado como catastrofista, cuando en realidad en una adecuada gestión de riesgos basta la duda razonable de la presencia de un peligro para reaccionar. Pero es que en esta sociedad ignorante la gestión de riesgos aparentemente no existe; cuando sucede un accidente mal controlado el político de turno se escuda diciendo "era un accidente, no se podía prever", obviando que en un accidente lo único que no se puede prever es cuándo sucede, pero sí que se pueden prever y mitigar sus consecuencias con la adecuada gestión. Pero, claro, si la Ciencia y la Técnica son todopoderosas, ¿qué sentido tiene gastar mucho dinero en costosos sistemas de prevención que sólo se usan una vez cada 10 años?


- La influencia de la publicidad/propaganda: En la necesidad de convertir a los ciudadanos en consumidores, es fundamental eliminar toda capacidad crítica. Aumentando exponencialmente el rango de elecciones posibles, todas ellas nimias variantes de un mismo producto diferentes sólo en color, volumen, forma, embalaje o sólo en la marca, se pretende saturar la capacidad de imaginar, de buscar una elección fuera del espectro predeterminado. Esta falacia de la elección restringida funciona también, con algunas diferencias, en el mundo político. 


Varias décadas de investigación en marketing, bien engrasada con dinero abundante, han permitido identificar los medios más eficaces para introducir profundamente los mensajes publicitarios, la propaganda del sistema. Uno de los más importantes para influir directamente en el consumidor masculino e indirectamente (por la adopción de roles) en el femenino es el sexo. El sexo es una droga poderosa, anula la capacidad crítica y obsesiona; es por eso un medio básico de control, y por eso es necesario que los niños se inicien lo más precozmente en los ritos de la adolescencia, incluso cuando sea una mera imitación porque aún no sean púberes. Niños de 6 años se "echan novia" por aceptación social, y copian los estereotipos de los mayores. Hacer girar la vida en torno al sexo, aparte de al dinero, se promueve como el único estilo de vida socialmente aceptable, cualquier otra cosa siendo propia de amargados y fracasados.

Existen muchas otras variables de control que gente con más conocimiento les podría explicar con detalle, aparte del sexo. Por ejemplo, la tergiversación de las necesidades básicas, siendo sustituidas por los símbolos de ostentación social, y el más importante de ellos, el coche: uno puede ser un fracasado, pero si tiene un buen coche aún es alguien; el coche sublima y nos libera de nuestras frustraciones. Otra característica habitual de la publicidad es la exaltación del yo audaz ("sé tu mismo"), siempre desdeñando al yo reflexivo ("no pienses tanto y actúa"), lo que en realidad es una simple invocación del cerebro reptiliano (come, mata, reprodúcete). Y tantos más ejemplos que se podrían poner.

Uno de los grandes triunfos de la publicidad es la extensión del control a grupos sociales, y así éste se ejerce también indirectamente gracias a la presión del grupo y de la familia -en esto los peakoilers tienen mucha experiencia. Cuestionar el status quo te convierte en rarito, inadaptado, o directamente desequilibrado. Lo malo es cuando justamente los "antisistema" adoptan la estética que el sistema ha preparado para ellos, para ser atacados y descalificados sumaria y rápidamente (etiquetados): punkis, perroflautas, etc. Por tanto, resulta extremadamente difícil difundir un mensaje tan duro como éste.


- El sesgo informativo: Los medios de comunicación no son libres ni pueden serlo, y cada vez menos. En la actualidad, todos los grandes diarios son propiedad de grandes grupos económicos, los cuales tienen multitud de intereses, y eso hace que no sea admisible dar una información objetiva en temas que los comprometen... que al final acaban siendo todos. Es por eso que, salvo diferencias de matiz - este diario es de color azul y aquél de color rojo  - en el fondo el discurso es monocorde, y la supuesta controversia entre dos alternativas sirve para hacer creer que hay elección, evitando imaginar que en realidad hay más dimensiones en el problema y que las elecciones lógicas pueden yacer fuera la recta que define esa espuria bipolaridad.


El caso del Peak Oil es paradigmático. A los medios de comunicación les cuesta mucho dar una información fiable (tengo algunos ejemplos risibles del tratamiento que da El País al tema del Peak Oil), y los pocos que lo hacen - porque aún se tienen por periodistas - no le da el realce que dada la importancia de la noticia se merece. No hace tanto La Vanguardia publicaba una noticia bastante contundente sobre el Peak Oil, llamándolo por su nombre, en doble página (26 y 27) en su interior. Lo malo es que todo el resto del diario es una fuerte señal, un grito estruendoso, en dirección contraria: las otras páginas hablan de normalidad, de recuperar la senda del crecimiento, de consumir... Hay una evidente disonancia entre uno y otro mensaje, pero estamos tan habituados a esta disonancias que no le concedemos mayor importancia. Es evidente que para poner en el puesto que se merece, por su gravedad y consecuencias fatales, el Peak Oil y todas las noticias con él relacionadas deberían aparecer en primera plana. Pero eso no es bueno para el negocio (los depresivos no compran, y en el fondo nadie quiere oír malas noticias; bueno, unas pocas sí, sobre todo si pasan lejos de casa y así me conformo con lo bien que estamos aquí) y al final estas noticias salen en "Tendencias" o, como mucho, en "Medio Ambiente". Ni siquiera en "Economía", y si se habla de los problemas que causa el precio del petróleo en la economía se recurre a complicadas y alambicadas explicaciones, siempre mutantes.


Está, por demás, el hecho de que en este mundo complejo e incomprensible en que vivimos el mayor criterio de autoridad es salir en un mass media. Si un tema es importante se ha de hablar de él, en preferencia en la tele, y si no en el periódico o en la radio. Desde que yo salgo de tanto en tanto en Catalunya Ràdio (y ocasionalmente en otras radios) y escribo alguna cosa en ciertos diarios tengo más credibilidad, sin tener por ello más conocimiento. En mi caso en concreto me preocupa porque no sé cuánto tiempo podré estar en ese pequeño candelero al que el azar me ha aupado; dependo del capricho y voluntad de otros para poder figurar en esos medios, por lo que simplemente no cuento demasiado con ellos. Pero ahí está la cosa: la fijación de la agenda mediática responde a unos intereses de balance de noticias buenas y malas, de "pluralidad" de la "oferta mediática", y no del verdadero interés común. Así es muy complicado poner a los medios al servicio de los ciudadanos.



- Las comodidades modernas: Ciertos individuos más críticos, que llevan años dándose cuenta de que hay cosas que no encajan y que con la actual crisis se reafirman en su disconformidad con el sistema actual son más receptivos a escuchar y entender los principios básicos del Peak Oil, pero después chocan con la dificultad de ser coherente con las implicaciones. El descenso de la disponibilidad de la energía y de las materias primas conlleva la imposibilidad de mantener este nivel de consumo, y eso se percibe como una pérdida de bienestar, con una pérdida de calidad de vida; y una cosa es hablar en el salón después de una agradable comida mientras nos tomamos nuestro café, y otra cosa es aceptar lo que se viene, aún si hacemos los ajustes apropiados. Esto lleva a actitudes cínicas ("¿y tú? ¿Ya te has mudado a una granja?") o directamente a una disonancia cognitiva ("Sé que el problema es grave, pero nos vamos a adaptar porque estamos tomando las medidas adecuadas, ya lo verás"), especialmente cuando percibimos la injusticia distributiva que subyace ya en el insostenible modelo actual. Todos estos problemas se exacerban cuando la inviabilidad del actual sistema y las dificultades prácticamente insalvables para evolucionar de manera no violenta a otro sistema desde el actual se van poniendo de manifiesto en el sufrido receptor de nuestros mensajes, llegando en algunos casos a la negación irracional, la abierta hostilidad hacia el mensajero o la depresión.
  
Una cuestión poco tratada en la discusión del Peak Oil es que hemos modificado nuestro hábitat hasta incluir en él una parte no natural (electricidad, carreteras, vías, etc). Somos ya entes en parte artificiales, no podríamos sobrevivir con una disrupción del funcionamiento del hábitat no natural. Por ello mismo, teniendo en cuenta el nivel de población que ya tenemos hemos de procurar preservar una parte mínima funcional de la componente no natural, aparte de por supuesto la preservación de la natural. Este problema crítico no es ni imaginado por la mayoría de la población, que da las infraestructuras por seguras y garantizadas.

- La teoría de la conspiración: Es una forma extrema de la negación/negociación del anterior. Esencialmente, tomando la Ciencia Omnipotente como una religión, los conspiracionistas serían los integristas. Por un lado les caracteriza su incapacidad de entender que las cosas no funcionan según sus deseos y que la abundancia no está garantizada; por otro lado, siendo individuos más perceptivos que la mayoría, han comprendido que el mundo está profundamente corrompido y que los Gobiernos y corporaciones no respetan el bien común. Todo lo cual lleva a la lógica conclusión de que no hay un problema de escasez sino una gigantesca manipulación y que se están ocultando inagotables energías libres y otras zarandajas termodinámicamente inverosímiles para el que tenga unos mínimos conocimientos de Física y sepa qué es la energía. Dado que cualquier revisión lógica de los hechos es incompatible con esta descripción de la realidad, los proponentes -no olvidemos que son fanáticos- van desarrollando teorías cada vez más complejas e arbitrarias, las cuales obviamente no resuelven los problemas lógicos fundamentales que las hacen no inverosímiles, sino simplemente imposibles. Pero tratándose de gente muy ignorante en los aspectos técnicos - si no aparcarían de inmediato estas teorías - se aferran a sus absurdas explicaciones con la fe del carbonero. Pero aún, las porfían a lo que las quieren oír y a los que no, como hace el amigo crosscountry por estos lares. Y por supuesto no escuchan, y así no es extraño que aunque se les argumente por qué fallan sus elucubraciones un tiempo después te las repiten tal cual. Lo que pone de manifiesto que no es razonamiento sino fanatismo lo que les mueve.

En el fondo este tipo de personas prefieren creer que hay un monstruo muy dañino y muy perverso al cual pueden combatir, que aceptar el problema que realmente existe y que no puede ser combatido sino que nos debemos adaptar a él. Y por supuesto esto les hace muy vulnerables a toda clase de charlatanes. Con el agravante de que acaben percibiendo como enemigos a los que intentamos decirles la verdad (como en parte ya está pasando) y que además son presa fácil de partidos totalitarios que den pábulo a su delirio. En suma, que los defensores de la energía libre se podrían convertir en la guardia de corps de un futuro grupo pro nazi. Y si no, al tiempo...


Ahora que hemos dicho todas estas cosas, les rogaría que volvieran a echar un vistazo a la presentación de Rafael Íñiguez en Barbastro. Fue bastante anticlimática (Rafael leyó su discurso sin la declamación teatral propia de los que nos dedicamos a esto de los powerpoints) y fue demasiado áspera y directa (se saltó los preliminares, vamos). Sin embargo, dice todo lo que yo acabo de comentar y más. El problema es que demasiada verdad concentrada en estado puro nos hace daño a la vista y se cataloga de locura.

Salu2,
AMT