sábado, 26 de octubre de 2013

España ante el abismo en 117 palabras

Imagen de http://esquemacritico.blogspot.com


Este mediodía he visto el telediario. Como no tengo tele, ha sido una experiencia interesante, vista desde fuera. Y una noticia me ha llamado la atención: "Récord de turismo extranjero. 46 millones de turistas. 4 de cada 5 vinieron por avión".

BAU en estado puro. Vamos a remontar. No hay mal que cien años dure.

Al mismo tiempo, estamos en el descenso del peak oil. Los vuelos baratos tienen los días contados, y buena parte del tráfico que no sea de elite no le queda mucho más. Si el 80% del turismo viene en avión (una parte nada despreciable, en vuelo barato), y ese medio se va a restringir... ¿Qué va a ocurrir con la economía española?


JotaEle

jueves, 24 de octubre de 2013

Burbujas de cemento y carne



Queridos lectores,

Hace unos días Ugo Bardi publicó un artículo con una interesante perspectiva histórica sobre las raíces psicológicas del acaparamiento (de oro inicialmente, pero también al final de cualquier bien con un valor más allá del que da su utilidad). Dentro de ese post había un enlace a otro artículo perturbador, con un análisis de las burbujas inmobiliarias que se están formando en Europa después de 2008. Viviendo como vivo en un país que aún se está recuperando de la peor burbuja inmobiliaria de su historia, y sabiendo como sabemos que la crisis actual comenzó con los excesos de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, me resulta sorprendente ver cómo a pesar de los pocos años transcurridos fuera de EE.UU. y de España la lección parece no haber sido aprendida. Y si no miren las siguientes gráficas, sacadas del mencionado artículo:


Evolución de los precios de la vivienda en Londres


Evolución del precio de la vivienda en Francia (curva negra), París (curva roja), región de París (rosa) y en el resto de Francia (azul)


Evolución en Alemania


Evolución en Suiza
Evolución en Bélgica
Evolución en Holanda


Evolución en Luxemburgo
Evolución en Austria


Evolución en Dinamarca


Evolución en Suecia
Evolución en Noruega
Evolución de Finlandia
Evolución en Islandia


En algunos casos, como en el de Inglaterra, Francia o Dinamarca, se ve que el estallido de la crisis en 2008 supuso una pausa en el crecimiento de los precios; el caso de Alemania es peculiar, ya que la evolución del precio llevaba a la baja mucho tiempo (la resaca de la reunificación). Lo curioso es ese gran número de países donde las turbulencias de 2008 tienen un impacto mínimo. En algún caso concreto, como el de Finlandia o el de Austria, las subidas en estos últimos cinco años han sido dramáticas. Lo cierto es que la evolución del precio de la vivienda en todos los países de Europa es muy preocupante.

Pero no es problema genuinamente europeo, sino que se repite por todo el mundo: en Perú...



en Colombia... 

en Brasil...


en China...



e incluso en el epicentro de la crisis subprime: ¡¡ Los Estados Unidos !!  
 
Gráfico cortesía de Juan Carlos Barba



Parece que el capital busca oportunidades de crecimiento donde sea, incluso donde ya no las hay en realidad. La presión por encontrar sectores en expansión es tan fuerte que una y otra vez se recurren a las mismas fórmulas, que giran entorno a un mercado de un producto (el inmobiliario) que en realidad es de primera necesidad, convirtiéndolo en un absurdo vehículo de inversión sin comprender que su valor lo da la demanda física, lo cual lleva a absurdos como el del dragón avaro que describe Bardi. Y como toda burbuja ésta no podrá tener un final feliz.

¿Qué está pasando? ¿Cómo hemos olvidado tan rápidamente la lección de las hipotecas subprime? En realidad, esa lección no fue nunca aprendida porque el episodio de las subprime tenía un precedente bien conocido y deliberadamente ignorado por los gurús económicos: Japón.

Durante la década de los 80 del siglo pasado Japón experimentó una burbuja inmobiliaria en todo análoga a las que estamos describiendo aquí. En aquel tiempo Japón era una gran potencia industrial con un increíble empuje en sectores como la automoción y la microelectrónica; su población aún crecía a buen ritmo y el suelo urbanizable escaseaba, con lo que el precio de la vivienda alcanzó en poco tiempo alturas estratosféricas. Todo iba viento en popa hasta que en 1991, coincidiendo con el derrumbe de la URSS, se desató una intensa crisis económica mundial que duró un año y medio, debida en parte a la escasez momentánea de petróleo. La crisis echó el freno a la pujante industria nipona: algunas fábricas cerraban y Japón sufría en sus carnes un castigo casi desconocido en aquellas latitudes: el paro.

De no haberse alimentado una burbuja inmobiliaria tan gigantesca Japón hubiese sorteado la crisis como lo hizo el resto del mundo occidental y hacia 1993 hubiera vuelto a crecer. Sin embargo, la parada en seco de las perspectivas de crecimiento provocó el hundimiento del castillo de naipes inmobiliario, arrastrando al país hacia abajo, mucho más hacia abajo de lo que nadie hubiera sospechado. El país ya estaba superpoblado y lo que unos años antes parecían perspectivas maravillosas se habían convertido en una losa imposible de remontar.

Evolución del precio inmobiliario según el tipo de uso en el mercado japonés. Fuente: wikipedia.



A pesar de lo disciplinado del pueblo japonés, de su conocida capacidad de aceptar el sufrimiento colectivo y de su laboriosidad sin tacha el PIB de Japón fue incapaz de remontar durante los diez años siguientes, en lo que se dio en llamar "la década perdida". En realidad sólo parecía que comenzaba a remontar hacia 2008, cuando de repente la nueva crisis mundial ha vuelto a tirar de las riendas de la economía japonesa, con lo que podemos ya hablar de dos décadas perdidas en Japón. 
Evolución del PIB del Japón. Fuente: Mind the gap.



Para terminarlo de agravar, el tsunami de 2011 y los problemas con la central de Fukushima han terminado de destruir las bases económicas del país: en una decisión histórica Japón cerró todas sus centrales nucleares y el país tiene ahora déficit comercial, cosa que no se veía en décadas, a causa de sus importaciones de gas y petróleo necesarios para cubrir sus necesidades energéticas, al tiempo que la población acepta, resignada, restricciones en el consumo energético. Una población entregada y sacrificada como pocas, que acepta, por ejemplo, sacrificar una parte importante de sus ahorros para apuntalar la deuda pública su país, lo cual permite que Japón, a pesar de su deuda que equivale al 200% del PIB del país, aún se pueda sostener.

Todo eso son datos bien conocidos referentes al caso del Japón, pero hay una cuestión menos descrita que explica también por qué Japón no es capaz de salir del hoyo: su estancamiento demográfico. Japón prácticamente no ha crecido en población durante las dos décadas perdidas. Y no ha crecido mucho porque resulta ya físicamente imposible crecer más. Cuando a principios de los 80 la Organización Mundial del Comercio se quejaba de que para no aumentar aún más los desequilibrios comerciales el Japón debía trabajar un poco menos y consumir un poco más la población nipona fue progresivamente lanzándose disciplinadamente a consumir más, sobre todo de bienes electrónicos (pues abultan menos en un lugar donde el espacio es escaso). Ese consumo interno favoreció que el PIB de Japón continuase creciendo mientras su comercio exterior seguía viento en popa. Pero al llegar la crisis de los 90 su comercio exterior se hundió temporalmente en tanto que su comercio interior se vio lastrado por la burbuja inmobiliaria. El sector exterior nunca pudo recuperarse completamente por la irrupción de la fuerte competencia de China y otras potencias emergentes, que han restringido la competitividad nipona al campo de los productos tecnológicamente más avanzados. Mientras,  el comercio interior estaba aún más hundido. Se podía pensar que gracias a la inflación al cabo de diez años los efectos de la burbuja inmobiliaria deberían haberse prácticamente desvanecido; sin embargo, la contención salarial y el apuntalamiento del Estado vía la compra de deuda pública por parte de los ciudadanos han hecho que su renta disponible no haya aumentado. La situación es cada vez más insostenible, con un Estado cada vez más endeudado; un comercio exterior muy potente pero encasillado en un sector con el crecimiento limitado y el aliento de la nueva fábrica del mundo, China, en el cogote; y una población con renta disponible congelada. La única salida que tenía Japón era aumentar su población para aumentar su consumo interior y romper así la espiral mortal. Pero su población no puede crecer más; con tan malas perspectivas y el alto coste de la vida, y tan poco espacio vital, la población de Japón se mantiene estacionaria, condenando al país a un lento declive macroeconómico que el tsunami de 2011 no ha hecho más que acelerar.


Evolución de la población de Japón. Fuente: ljhsdwheeler


El alto impacto del aumento de población en el crecimiento del PIB es una de esas cosas que a los economistas más liberales no les gusta enfatizar, enfrascados como están en enfatizar el papel del ingenio humano sin límites como creador de valor y del mercado como único regulador de las relaciones humanas, sean del tipo que sean. Y sin embargo el incremento de población es, posiblemente, la variable que individualmente tiene más peso en el crecimiento del PIB en circunstancias macroeconómicas típicas. 


Comparar España con Japón proyecta una sombra alargada y negrísima. España creció rapidísimamente en la década precedente al estallido de la crisis, en 2008, impulsada por una descomunal burbuja inmobiliaria y un grandísimo crecimiento de población vía inmigración. Pero España no es un país tan productivo ni tan disciplinado como Japón, con lo que el desmoronamiento económico ha sido bastante más rápido y por la cabeza de un español de a pie no pasa ni por asomo la idea de apuntalar la deuda pública del Estado, que ya el año que viene llegará al 100% del PIB oficial.  

Lo verdaderamente dramático del caso español es que la falta de oportunidades y lo limitado del sector productivo está empujando a una proporción creciente de la población, alguna recientemente inmigrada y otra completamente autóctona, hacia la emigración. España se descapitaliza así muy rápidamente de sus activos humanos de mayor potencial: gente joven y en muchos casos muy bien preparada. Al contrario que el pueblo japonés, que aguanta dos décadas de angustia económica manteniendo el nivel de población, España puede perder varios millones de habitantes durante la década posterior al estallido de la crisis. Si el estancamiento de la población de un Japón que aún es una gran potencia comercial les ha llevado al estancamiento e incluso a un leve declive, ¿qué creen Vds. que le pasará a España? En este día en que el Gobierno de España se vanagloria por la exigua disminución del paro estimado con la Encuesta de  Población Activa, conviene recordar que la población activa en España cae a ritmo acelerado en alas de una emigración no reconocida. Emigración que se ceba justamente en los que de quedarse engrosarían las listas del paro. Vamos, que el paro disminuye por la creación de puestos de trabajo, sí, pero no en España.




Evolución de la población activa en España, cortesía de Juan Carlos Barba


Este fenómeno, en realidad, es algo repetido en la Historia de la Humanidad: los países que pierden población a través de la emigración entran en una espiral de empobrecimiento, a pesar de las remesas de los emigrantes (que en muchos casos acaban siendo la fuente de ingresos principal del país), y no son capaces de salir de ella por sus propios medios. La España de los años 60, con la que tantas veces oigo hoy comparar la situación presente, seguía el mismo camino de decadencia y empobrecimiento que tantas otras naciones habían transitado antes, y de no ser por la fuerte inversión extranjera nunca habría salido de ese hoyo. El único pobre consuelo que le queda hoy a España es que cuando las burbujas inmobiliarias que el capital internacional está creando por doquier estallen no habrá ya sitio donde emigrar.

En España hoy, como pronto en el resto del mundo, la burbuja no sólo fue inmobiliaria: también lo fue de población. Explotó ya en España, y explotarán en los próximos años por doquier, estas burbujas de cemento y carne. El cemento se queda, ocupando un espacio inútil quizá por décadas. La carne, en cambio, se va, dejando un vacío afectivo y económico difícil de llenar. 


Quizá no estaría de más recordar que tras el estallido de la burbuja la carne duele más que el cemento.

Salu2,

AMT

miércoles, 23 de octubre de 2013

Yemen en el punto de mira

Imagen de http://enfocando.es. Atardecer en Sanna.


Queridos lectores,

Javier Pérez me ha enviado este pertinente análisis sobre un país que tiene por desgracia todas las papeletas para colapsar en un plazo muy breve: Yemen. Lo interesante de Yemen es que es otro país más que ilustra el colapso de los exportadores, y nos da ideas de lo que puede suceder en los próximos años con tantos otros países.

Les dejo con Javier.

Salu2,
AMT

Yemen, la próxima guerra

Hablar de una guerra cuando ya se ha producido puede ser muy interesante, por los análisis que requiere sobre la situación de las fuerzas, los apoyos y los suministros, pero en mi opinión es mucho más relevante, y también más sensato, recorrer el mundo lupa en mano en busca de los lugares donde pueden generarse conflictos.
La intención original debería ser intentar evitarlos, pero como eso no está entre nuestras posibilidades, debemos conformarnos con analizar sus causas de modo que comprendamos qué es lo que subyace en esta clase de enfrentamientos. Con esto, quizás, exista alguna posibilidad de detenerlos antes de que alcancen la masa crítica que conduce a la guerra y, si no es así, al menos no tendremos que soportar la constante oleada de simplificaciones que los atribuyen a hechos y mecanismos sociales que en realidad son consecuencias y nunca causas.
Vamos a ver el caso. 
La situación en Yemen:
La república de Yemen es un país musulmán que ocupa parte del sur de la península de Arabia. Lo rodean el mar rojo, el golfo de Adén y el mar arábigo. Limita en tierra con Óman y Arabia saudita. Su capital es Saná. Hasta aquí,  lo que puede encontrarse en cualquier enciclopedia.
Yemen es un país tradicionalmente pobre y dividido en distintas etnias (especialmente los Hashid y los Bakil). El enfrentamiento entre el partido único (Congreso General del Pueblo),  y la rama Yemení de los Hermanos Musulmanes, es constante. El Congreso General del Pueblo ha sido durante décadas el rostro político de una dictadura laica mientras los Hermanos Musulmanes prefieren un gobierno más islámico, pero no está claro todavía si más democrático.
Desde enero de 2011, y coincidiendo con la generalización y extensión de las protestas en el mundo árabe, comenzaron los disturbios en Yemen, centradas en derrocar a del poder a Ali Abdullah Saleh, que había ocupado ininterrumpidamente el poder desde 1978. A pesar de que Saleh intentó calmar a los manifestantes, finalmente las fuerzas armadas dispararon contra la multitud en una céntrica plaza de Saná, matando al menos a 50 personas.
Aunque el Gobierno aseguró no tener nada que ver con estos disparos, este baño de sangre fue el desencadenante de la caída de Saleh, y el inicio de una etapa de inestabilidad donde han cobrado importante fuerza los líderes tribales, convertidos poco a poco en señores de la guerra. Lentamente se fueron fortaleciendo también diversos grupos armados islamistas de todo signo. Existen muchas diferencias entre ellos, pero en Occidente suelen ser agrupados bajo la denominación general de Al Qaeda, sin entrar en mayores distinciones. 
La caída del dictador no ha ayudado en absoluto a mejorar la situación de la población, ni en lo económico, ni en lo referente a paz social y la seguridad de la población. Los ataques terroristas contra civiles se suceden con cierta frecuencia y el país parece a punto de estallar.
La importancia geostratégica de la península de Arabia, donde cualquier conato de revolución islamista podría extenderse a la vital Arabia Saudita hace que los servicios de inteligencia de los países occidentales trabajen prácticamente a destajo en territorio yemení intentando buscar una estabilidad que no tienen ni idea de cómo alcanzar.
Causas:
Desde mi punto de vista, las causas de este conflicto hay que buscarlas más allá de los temas políticos. En teoría,  la política es un intento de buscar soluciones a problemas previos y, en este caso, esa definición describe perfectamente el orden de los acontecimientos. 
-1- En primer lugar, sólo un 1% de la superficie total del país es irrigable. Con esta geografía física, Yemen tiene que importar actualmente el 95% de sus cereales y el 82% de todos los alimentos consumidos en el país. Y lo que aún es peor: son datos abiertamente reconocidos por el Gobierno yemení. O sea, se trata de un problema alimentario.
¿Y cómo se ha llegado a esta situación? Veamos la gráfica de la evolución demográfica, que es verdaderamente reveladora
Aunque la gráfica llega sólo a 2008, la cifra actual ronda los 24 millones de habitantes. Tenemos, por tanto, un país que en 1980 contaba con menos de 10 millones de habitantes y que hoy, treinta y pico años después, duplica ampliamente esa cifra, sin que sus desiertos se hayan reducido y sin que su territorio ni su riqueza haya aumentado. La demanda interna ha permitido a la economía crecer a buen ritmo durante unas décadas, pero llegado el momento del colapso financiero general, la base del país se ha demostrado demasiado endeble para soportar una población semejante. Pues sí, otra vez el problema del Lebensraum, pero de momento encapsulado en una sola nación, sin traspasar fronteras.
-2- El 90% del total de exportaciones del país procede del petróleo. De esta misma fuente petrolífera procede el 74% de todos los impuestos recaudados por el gobierno, ya sea en forma de cánones a las explotaciones petrolíferas o impuestos sobre el refino o el consumo. Y aquí estamos ante el nacimiento de un Estado fallido, por la incapacidad del Gobierno de controlar y aprovisionar un territorio.
Tenemos, por tanto, que la casi totalidad de los alimentos que comen lo yemeníes se están pagando con petróleo, al igual que los gastos del Gobierno, ya sea en seguridad, infraestructura o los escasos servicios que presta.
Y ahora, sabido esto, echemos un vistazo a la siguiente gráfica:
 

La producción de los pozos yemeníes declina rápidamente por razones naturales y por falta de inversión en abrir nuevos yacimientos, mucho más caros, y con crudo de inferior calidad. Al mismo tiempo, la economía yemení, consume cada vez más petróleo, dejando menos barriles para la exportación.
Lo que se puede exportar, obviamente, es la diferencia entre la producción y el consumo interno. Y viendo la gráfica nos hacemos claramente una idea de lo que está pasando con las finanzas del país: no pueden seguir comprando alimentos, que se encarecen, y el Gobierno está prácticamente en bancarrota, por la incapacidad de recaudar impuestos.
Así las cosas, y por estas CAUSAS, los grupos tribales, únicos que pueden dar cierto soporte real a la población, recuperan su fuerza, al tiempo que la debilidad financiera del Gobierno permite ocupar su lugar en amplias zonas del territorio a toda clase de señores de la guerra y líderes radicales.
Y no, no es ni su religión ni su carácter: es el común, viejo, infatigable hecho humano de que cuando las cosas van mal, la gente se radicaliza.  Si por el momento se mantiene la paz, una paz endeble, es sólo por el chorro de dinero que inyectan en el país las monarquías del Golfo, temerosas de que las revueltas se extiendan. Pero esto no puede durar mucho ni, de momento, se vislumbra una solución pacífica.
Javier Pérez  (www.Javier-perez.es)


lunes, 21 de octubre de 2013

Buscando el alma



Queridos lectores,

Hace ya unos días JotaEle me envió estas reflexiones sobre el actual estado de desazoramiento que envuelve a los colectivos de concienciación sobre Peak Oil. Si ya analizamos las causas más físicas de este abatimiento, él analiza las psicológicas, y sus posibles efectos futuros.

Les dejo con JotaEle.

Salu2,
AMT 

Un pequeño ejercicio de Soul-Searching sobre el peak oil

Vaya por delante mi disculpa idiomática: no conozco ninguna traducción al castellano de "soul-searching" que me satisfaga. Pero creo que, como tantas otras expresiones inglesas, expresa con total precisión un concepto que en este caso es necesario.

Yo topé con el Peak Oil en 2004, si la memoria no me falla. Leí algo de la ASPO, y a renglón seguido di con crisisenergetica.org. En aquellos momentos estaban en plena ebullición, y me ofrecí a colaborar con ellos maquetándoles su boletín en LaTeX. El currazo se lo pegaban ellos, y sentía que lo menos que podía hacer era eso.

Creo que duró algo más de un año. Al final no encontré el tiempo para seguir maquetando, la vorágine laboral y esas excusas que todos tenemos. Ni siquiera puedo hablar de una decisión explícita y deliberada por mi parte. No me deja en buen lugar reconocer que lo dejé de hacer, pero al fin y al cabo éste es un ejercicio de soul-searching

Mantuve el interés por el Peak Oil, pero los años pasaban y tenía que bregar con la estupenda contradicción entre los datos del peak oil y la continuidad de la vida cotidiana. Sabemos que el peak oil convencional probablemente ha tenido lugar, los efectos son ya mensurables... pero de momento nuestras vidas particulares no están afectadas de forma explícita y perentoria por algo netamente etiquetable como el Peak Oil. En el conflicto entre el dato vs. la experiencia diaria no hay vencedor, y diría que quien pierde es la constancia personal.

Para que no queden dudas: sigo dando por buenas las conclusiones de los que han dedicado tiempo y talento a carretadas a analizar el problema. Llegará una fecha en la que miremos al pasado y tengamos claro a toro eso, pasado, que el peak oil llegó y se llevó nuestro viejo mundo con él, despacio pero sin pausa.

A The Oil Drum le ha acabado pasando lo que a crisisenergética.org, para pesar de los que seguíamos. Como el soul-searching es mío, me parece impropio extrapolarles mi trayectoria peakoilística, y además sé que no es cierto: han dedicado más tiempo y talento que yo a la cuestión. Pero lo cierto es que ambos se agotaron por una diversidad de razones que, a falta de una mejor, la resumo en el mismo conflicto entre dato objetivo y experiencia subjetiva.

De hecho, la cosa es aún peor. 2008 fue el año de la crisis mundial, salpimentada en España por el estallido tan brutal como predecible (www.burbuja.info) de la burbuja inmobiliaria. La crisis que no se acabará nunca es uno de tantos hallazgos felices de Antonio Turiel, pero por otra parte no tiene la etiqueta de peak oil visible. Hay demasiados factores que pugnan como muñequitos desesperados por nuestra atención, desde la crisis bancaria, pasando por las primas de riesgo, diversos conflictos regionales y un etc tan largo como queramos o como nos afecte en persona.

Y aquí estamos. Seguimos en crisis. Hemos pasado el pico de la producción de petróleo convencional. Como recordaban el otro día, este año se acaba el programa de megatones por megawatios. Para sorpresa de los no avisados (entre los que medio me encuentro), el "milagro del fracking" se muestra rápidamente con signos de agotamiento, y no hay fuente de repuesto para el deseado crudo y derivados.

Pero seguimos con nuestra vida de consumidores. Soy austero en muchas, muchas cosas, pero por ejemplo soy un consumidor bastante conspicuo de cierta electrónica. Me hago cruces respecto a necesidades laborales, pero no niego que consumo más equipamiento (cierto tipo de portátiles, tablets, etc.), de lo imprescindible para sacar el trabajo adelante. Y sigo pudiendo hacerlo. La anécdota es sin duda irreverente al lado de la sombra ominosa del Peak Oil, pero no encuentro otra ilustración más inmediata para recoger el conflicto de mi experiencia a 11 de octubre de 2013 con lo que ya tenemos encima.

Anecdótica, también, ha sido mi contribución. En su momento, algunos  contribuyentes centrales de crisisenergetica le echaron el resto. Lo mismo puede decirse de The Oil Drum. Antonio Turiel sigue constante con un trabajo que nunca se le puede agradecer lo suficiente, y diría que es de las voces más necesarias para mantener cierta visibilidad sobre el problema del Peak Oil en español.

Digo esto, Antonio, por si puede servirte para vencer tentaciones de una justificadísima parada :)

Y aquí llego a lo inevitable: no encuentro soluciones personales. La contradicción entre datos objetivos y experiencia subjetiva nos tiene como a Ulises en la isla de los lotófagos. Paralizados, desmotivados, con la del avestruz como salida más frecuente (y progresivamente más difícil de evitar). Para más INRI, la crisis no acaba nunca. Los signos se suceden uno detrás de otro, pero el problema es que a priori son dificilísimos de interpretar, y más aún de comunicar. Si a nosotros la mencionada contradicción nos mantiene como estamos, ¿a santo de qué podemos esperar que el seguidor del BAU haga otra cosa que creer en los brotes verdes y que no hay mal que cien años dure?

Al peak oil se llega como a la moto: por ti mismo. Los años me han convencido de que, precisamente, no se puede convencer del peak oil. No sólo por el BAU, sino por algo más profundo: nuestro mundo, hoy, es también lo que creemos que es. Diría que cada uno tiene que encontrarse un dato en Internet (o, quizás, por sí mismo tras una prolongada reflexión). Entonces, se da cuenta de lo que implica el Peak Oil. No tiene solución personal, ni colectiva, y su experiencia diaria no le dice lo mismo a sus tripas, por más que la razón apunte a donde debe. Acaba el ciclo que empieza con el descubrimiento con un stand-by, con un interés mejor o peor mantenido, y la vida sigue.

Sigue, hasta que acabemos de ver que no puede seguir. Hasta que la naturaleza nos derrote definitivamente como civilización.

Sé que no es una forma bonita de acabar este texto, pero nos veo como Casandras impotentes.


domingo, 20 de octubre de 2013

Reseña de "El Oráculo de Gaia"




La última vez que estuve en Valladolid cayó en mis manos un libro, El Oráculo de Gaia. En la portada no figura el nombre de su autor, ni en ninguna página interior. Todo lo que sabemos de él es que fue publicado por Bubok Publishing en 2011 (de hecho, puede encontrarse en el catálogo de esta casa editorial) y que en las primeras páginas alguien que dice llamarse Érawan Aerlín, nombre de resonancias élficas, dice haber copiado este libro de otro más antiguo, o en realidad acaso el libro proviene del futuro. De hecho, a medida que avanza la lectura el lector tienen la impresión de que el propio libro que sostiene entre las manos atraviesa el tiempo adelante y atrás, sin que al final uno sea capaz de distinguir con nitidez presente, pasado y futuro.

El Oráculo de Gaia es una novela ingeniosa y tremendamente novedosa en su planteamiento, y por ello muy arriesgada conceptualmente; quizá por ello su autor se esconde en un cierto anonimato aunque cualquier persona del mundo del peak oil que relacione su procedencia con el discurso ambientalista del libro caerá en la cuenta de quién es el autor. El texto, al igual que los motivos célticos de la portada, está estructurado en círculos que giran en espiral, con cinco historias que se desarrollan paralelamente en las páginas aunque no así en el tiempo, y el continuo ir y venir adelante y detrás consigue crear una indescriptible atmósfera mágica. Para ayudar al lector a situarse en la línea argumental que se está siguiendo en cada momento el texto está redactado con una fuente de letra diferente dependiendo de cuál de los cinco relatos esté tratándose en cada caso. Algunos de los relatos hablan de elfos y de criaturas con capacidades mágicas, mientras que otros son mucho más mundanos y cercanos a nuestra experiencia cotidiana, con lo que al comienzo no se ve qué posible conexión pueden tener textos tan dispares. Y, sin embargo, a medida que avanza el libro se va intuyendo una convergencia que, de manera asombrosa, es total en las páginas finales del libro y le dan un sentido único a todo el texto; al igual que la triple espiral celta que es un motivo recurrente del libro, lo que es pasado se encuentra con el futuro para explicarnos el presente de manera tan perfecta que al acabar uno piensa que las cosas tenían que ser así necesariamente y dan a este libro un valor único.

La historia tiene dos elementos vertebradores fundamentales. Por una parte, el libro, el propio libro que lee el lector y que parece tener una existencia transtemporal y también transdimensional puesto que entra en ese plano mágico de criaturas en apariencia sobrenaturales. Pero el verdadero protagonista de la historia, o sus verdaderos protagonistas, son los árboles. Quien ha escrito estas páginas tiene un verdadero amor por la Naturaleza, un amor que nace de una comprensión rara y profunda de lo que es la Naturaleza y el ser humano. Un amor, también, que hará difícil de seguir el libro a mucha gente alienada por esta sociedad sobreindustrial en la que vivimos, y la suspensión de credulidad que puede sobrevenir les hará abandonar el libro mucho antes del épico desenlace, del eterno retorno que da sentido al libro y a mucho más que el libro.

Y es que El Oráculo de Gaia no es un texto fácil. No por lo que contradice de nuestros prejuicios bien arraigados, no por la perspectiva distópica que ofrece sobre lo que bien podría ser nuestro futuro, y no por los elementos mágicos introducidos por los relatos célticos y élficos que se entrelazan en todo el texto. No todo el mundo entenderá qué es este libro y su verdadero valor. Yo mismo empecé a leerlo en mi viaje de regreso de Valladolid, sintiéndome un poco obligado por el respeto y aprecio que tengo a la persona que me lo dio, y al comienzo su extraña estructura y el exceso de elementos mágicos - aunque fuesen referidos a la literatura de Tolkien que devoré cuando era un adolescente y en los primeros años de la Universidad - me hacía tomar el libro con cierta distancia, teniendo yo más interés por las partes referidas a la historia de César Borgia - envidiable el conocimiento histórico del autor - y en menor medida por la del refugio post-apocalíptico post-industrial post-cambio climático un poco "Cenital style" y bautizado con cierta sorna Ávalon por sus moradores, que por las partes que explican la expedición élfica desde Baobaal o la historia de amor entre un humano y una elfa. Y, sin embargo, al avanzar en el texto, por ese ansia humana de conocer cómo acaban las historias, fui metiéndome más en los cinco relatos, hasta el punto de que en el siguiente viaje largo me terminé de devorar las 400 páginas del libro, y aún sentí que la historia no se extendiese más (cosa por otro lado imposible cuando la perfecta convergencia de las espirales ya ha tenido lugar).

Desde el punto de vista estilístico impresiona la gran documentación histórica de muchos pasajes del texto tanto como la detallada discusión científica de los aspectos astronómicos y climáticos, a veces quizá demasiado académica o docente, deformación profesional y vocacional del autor, muy bregado también en la divulgación de los problemas de sostenibilidad de nuestra especie. Algunos pasajes del libro pecan quizá de ser a veces demasiado redundantes y a veces demasiado directos, y el desenlace da una impresión de ser ligeramente precipitado, quizá porque el autor se dio cuenta de que ya había escrito demasiadas páginas. La prosa, sin ser parca, no es pródiga en florituras, pero el libro se hace ameno de leer una vez que uno abre su mente y supera ciertos prejuicios contra la componente mágica de su discurso. Aunque en general la modulación temporal y el desarrollo argumental es sobresaliente, algunos giros argumentales en particular parecen un poco forzados, cosa que podría resolverse dando el debido tempo al desarrollo estos pasajes. Y el discurso de fondo es impecable; incluso más: extraordinario.

Un libro muy interesante para mentes abiertas.

viernes, 18 de octubre de 2013

Presentación de la “Guía para el descenso energético” de Galicia



Queridos lectores,

Los compañeros de Véspera de Nada me han pedido que publique esta reseña, que sin duda será de su máximo interés.

Salu2,

AMT


El texto que publicamos a continuación es la traducción al castellano de la introducción de un libro que está ultimando su publicación. Se trata de la “Guía para o descenso enerxético” http://galiza.pospetroleo.com , un proyecto de la asociación gallega Véspera de Nada, actualmente aún en fase de colecta social de fondos (hasta el día 27 de este mes) a través de Verkami http://www.verkami.com/projects/6621-guia-para-o-descenso-enerxetico/ y que incluirá algunas aportaciones que en diversos momentos el responsable de este blog ha ido realizando en el terreno de las propuestas para el cambio social a un modo de vida pospetŕoleo. Debido al interés que está despertando el libro incluso fuera de Galicia, han querido presentarlo en castellano a los lectores de The Oil Crash y añadir en Verkami un nuevo tipo de apoyo a su publicación que incluye la traducción de fragmentos de la obra a las personas interesadas que encuentren demasiado difícil la lectura en idioma gallego.

Presentación de la Guía

Antes de nada, vamos a presentarnos. La Guía que tienes en tus manos ha sido concebida y realizada por las personas que formamos la asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo. Esta pequeña organización fue creada en 2008 por gallegos conscientes de la grave amenaza que para nuestra sociedad (y para el resto del mundo industrializado) iba a suponer el inminente fin de la Era del petróleo. El nombre que le dimos a nuestra asociación procede del refrán gallego “Día de moito, véspera de nada”(Día de mucho, víspera de nada), con el que nuestra sabiduría popular advierte de que tras las épocas de bonanza llegan siempre las vacas flacas, algo que nos pareció muy adecuado al momento histórico que nos ha tocado vivir.
En la actualidad preside nuestra asociación Xoán Ramón Doldán García, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Santiago de Compostela. El profesor Doldán, buen conocedor de la situación energética de Galicia (no en vano fue director del Instituto Energético de Galicia entre los años 2005 y 2008), fue precisamente la primera persona que lanzó en público la voz de alama a la sociedad gallega sobre el problema del petróleo con un artículo publicado en la revista Tempos Novos en julio de 2008. Desde entonces, tanto Doldán —que ahora preside también la Red de Economía Ecológica de España— como otros miembros de Véspera de Nada, venimos difundiendo por todos los medios a nuestro alcance el trasfondo energético de la crisis que vivimos —y que vamos a seguir viviendo hasta dar origen a otro modo de vida totalmente diferente —, en diversos actos, con artículos y entrevistas en medios de comunicación, reuniones con políticos, cargos públicos y organizaciones sociales, y manteniendo un blog en Internet con noticias, reflexiones y propuestas sobre la cuestión (http://VesperaDeNada.org).
Con la presente publicación, que tras largo tiempo de preparación ahora lanzamos, queremos dar un importante paso adelante en la puesta en marcha de la necesaria concienciación y adaptación del país a una situación sin precedentes en la historia y que va a afectar profundamente las vidas de todos y cada uno de los gallegos y gallegas. En nuestro ánimo está que este libro sea útil para minimizar los riesgos que implica ese declive de la civilización industrial, de tal modo que el mayor número posible de personas puedan finalmente decir que si bien perdieron “mucho” de lo que tuvieron gracias a la abundancia petrolífera, no estaban en la “víspera de nada” sino en la víspera de tener “suficiente” y de recuperar una vida digna dentro de los límites físicos del planeta.

¿Para qué sirve este libro?

Este libro intenta ser un sencillo manual que nos ayude a prepararnos para unas trasformaciones a nivel económico, social, cultural y de modos de vida sin precedentes en la historia de la Humanidad. Serán trasformaciones con efectos en todos los países y para todos los habitantes del planeta, pero que tendrán diferente forma, alcance y ritmo según el lugar e incluso la clase social a los que pertenezcamos. Nosotros intentamos pensar en cómo nos afectarán en Galicia, teniendo en cuenta tanto los rasgos que caracterizan el conjunto de nuestra sociedad y economía, como la propia diversidad interna del país: costa/interior, ciudades/villas/aldeas, etc. Las dimensiones de lo que va a suceder —de hecho ya está sucediendo desde 2005-2007— son de tal envergadura que es imposible evitar que nos afecte.

Es decir, continuar como hasta ahora dejará de ser posible. Lo que sí podremos será reducir el impacto y las peores consecuencias siendo conscientes del problema, anticipándonos y adoptando con decisión las medidas necesarias tanto en el ámbito personal y familiar como en el comunitario. Por lo menos eso esperamos en nuestra asociación y a eso nos gustaría contribuir con este libro.
Antes de pasar a explicar en el cap. 1 la causa de estos graves problemas que se aproximan (el denominado Cénit del petróleo), presentaremos la estructura del resto del libro. En el cap. 2 propondremos una serie de medidas que consideramos serán de utilidad para prepararnos y que se centran en el nivel personal-familiar, abordando aquellas áreas en las que como individuos o pequeños colectivos tenemos (o podemos llegar a tener) un mayor control. Dentro de esa pequeña escla incluimos también a las PYMEs, a las que dedicamos una serie de consejos básicos en el cap. 3. En el cap. 4 presentamos también medidas que deberían tomar las administraciones públicas y que nosotros, como ciudadanos debemos reclamar con decisión, criticando todo lo que se haga en sentido contrario y desde la consciencia de lo grave que sería equivocarnos de camino en esta crítica etapa histórica. Si ya siempre es importante demandar de los gobiernos que cumplan con su misión en beneficio del pueblo, en estos momentos históricos resulta además vital para la supervivencia, pues lo que necesitamos es una movilización social propia de tiempos de guerra, comparación esta en la que coinciden todos los divulgadores del problema. Por lo tanto, la razón de que incluyamos esas medidas a nivel político no es la de convertir esta en una guía para las administraciones, sino dar pautas a los ciudadanos para saber qué políticas reclamar de sus representantes y qué medidas no deberían admitir no sólo porque nos alejen de los caminos de la sostenibilidad, sino porque desperdiciarían los valiosos últimos recursos económicos y energéticos con los que aún cuenta nuestra sociedad. De todos modos no perdamos de vista que buena parte del consumo energético de nuestras sociedades está en manos de los propios ciudadanos: Pat Murphy ha calculado que en los EE.UU. el 67% del consumo energético total del país depende de las decisiones personales de sus habitantes en terrenos como el trasporte, la vivienda y la alimentación. Según explica, si los consumidores reducimos por nuestra cuenta la energía que gastamos en esos sectores, produciremos una reducción en los correspondientes sectores industriales de la economía nacional (Murphy, 2008: 121-122). Nuestro poder por tanto no es en absoluto despreciable como agentes de un descenso energético controlado que poner en marcha sin contar con la aprobación o decisión de gobiernos y empresas: 2/3 del consumo total de energía puede depender directamente del tipo de vida que llevemos. Esos cambios personales deberán ser puestos en marcha al tiempo que ejercemos nuestra presión social sobre los gobiernos para que contribuyan a variar el rumbo energético del conjunto de la sociedad. Nuestra propia experiencia reduciendo nuestro consumo energético nos proporcionará el conocimiento adecuado para mejor promover un descenso energético organizado a niveles superiores: comunitario, comarcal, nacional...

La prioridad que como sociedad nos debemos marcar para prepararnos anticipadamente a la caída del petróleo es reducir drásticamente el consumo de energía fósil y de productos derivados de los combustibles fósiles. Ese será el objetivo final que guíe la mayor parte de las medidas que proponemos, y que se podría traducir en un sentido práctico en “comprar menos, usar menos, querer menos y desperdiciar menos” (Murphy, 2008: 113). La trasformación social que se deriva de ese profundo cambio en el modo de vida girará en torno a dos ejes: el resurgir de las pequeñas comunidades humanas y la reducción del tren de vida.

La medidas han sido organizadas a efectos prácticos en diversas áreas de nuestra vida, aunque advertimos de que deben ser adoptadas de una manera integral y con criterios y principios comunes para poder contribuir a la máxima reducción de nuestra vulnerabilidad al Cénit del petróleo. Pensemos en este libro como una guía para sobrevivir a un tsunami que vemos lentamente acercarse: tenemos tiempo de ir haciendo una serie de cosas para anticiparnos a su llegada, pero todas esas acciones deben tener en cuenta el hecho de que nuestras vidas no serán las mismas después del impacto del tsunami, y que debemos estar mentalizados para cambios y sacrificios importantes. Al final esos sacrificios van a merecer la pena, porque nos ayudarán a sobrevivir y nos ahorrarán muchos dramas.

La lectora o lector se preguntará con razón de dónde hemos sacado estas medidas que incluimos en nuestro libro. Su origen está en la labor de investigación que viene realizando nuestra asociación desde su creación en 2008. Existen numerosas personas que en todo el mundo y desde ámbitos tan diferentes como la geología, la permacultura, el ecologismo, la sociología, la filosofía, la política, el urbanismo o la economía vienen analizando desde hace años cuáles van a ser las consecuencias del Cénit del petróleo y del inexorable declive energético al que este fenómeno nos va a llevar. De ese análisis parten propuestas que intentan ofrecer alternativas, que intentan fortalecer a las sociedades para facilitar el tránsito histórico a un mundo que estará caracterizado sin duda por:
  • Una movilidad más reducida y esporádica.
  • Una vuelta a la vida social y económica mucho más local (lo que llaman relocalización).
  • Sociedades más simples.
  • Una escasez de productos, servicios y estructuras socioeconómicas dependientes del petróleo; fin de la sociedad de consumo.
  • Una vuelta a la agricultura orgánica, de baja mecanización y bajo consumo de energía y materiales.
  • Una vuelta al campo de parte de la población que hoy habita en las ciudades.
  • Etc. (Veremos más características en el apartado 1.3)

Debemos advertir de que esta guía no pretende aportar detalles técnicos en los diversos terrenos de adaptación de los que hablamos: se limita a dar una perspectiva lo más amplia posible de lo que hay que hacer y de por qué es necesario hacerlo, y a dar ideas sobre los aspectos de nuestra vida que deberemos comenzar ya a adaptar. Es decir, no esperes encontrar aquí explicaciones acerca de técnicas de permacultura, cómo construir una balsa depuradora de aguas grises, o instrucciones para fabricar un generador eólico a partir de piezas de desguace: sería inviable abordar con detalle todas las cosas que podemos tener que poner en práctica y necesitaríamos no una guía sino toda una enciclopedia de gruesos tomos. En el apartado de Bibliografía es donde la lectora o lector va a encontrar esas referencias a otras obras con información detallada de tipo práctico, bien sea en libros o en Internet.

Nuestro trabajo ha consistido en recopilar esas propuestas, ampliarlas y organizarlas de una manera coherente y adaptada, en la medida de lo posible, a la realidad gallega. Una buena parte de las propuestas vienen de ámbitos anglosajones que tuvieron una industrialización mucho más precoz que la nuestra. En Galicia nos llevan demasiado tiempo dicindo que estábamos atrasados, y de hecho la modernización fue tardía en nuestra tierra. Irónicamente ese supuesto atraso —entendido como la supervivencia de un modelo de vida apegado al rural— es envidiado ahora por pensadores y activistas de otros lugares —por ejemplo Cataluña, Reino Unido, EE.UU...— porque nos sitúa a una menor distancia de la vuelta a una sociedad básicamente agraria y local, porque estamos aún en estrecho contacto con la tierra, a nivel familiar, social y cultural, incluso aunque seamos urbanitas, y porque aún hay un sector agroganadero importante aunque en proceso de destrucción. Aun así no podemos complacernos en esa teórica ventaja gallega, porque existen fuerzas que nos llevan por el camino contrario, en una huida hacia el abismo de una industrialización insostenible, de un abandono de nuestro campo y de los que en él habitan y sus medios de vida, cuando deberíamos estar conservándolo como la mayor riqueza del país y su mayor valor de futuro. Abandonar o sacrificar nuestro mundo rural sería un suicidio como país y como pueblo, porque tras el colapso de la industrialización será el activo más importante e indispensable que nos quede. Nuestros montes, vegas, ríos y rías, nuestro mar... nuestros árboles, matorrales y semillas... nuestro ganado... nuestro suelo, nuestra agua, nuestro clima... han sido lo único que en realidad hemos tenido durante milenios en esta tierra y lo único que nos va a quedar si no somos tan tontos como para estropearlo en los estertores finales de un espejimo industrialista.