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viernes, 26 de diciembre de 2025

The Oil Crash: Año 20


Queridos lectores: 

Como cada año, llegamos a ese momento en el que hacemos un resumen de los eventos más importantes que han marcado su devenir, principalmente desde el punto de vista de la crisis de sostenibilidad en la que estamos inmersos, sin descuidar cada uno de sus aspectos: ambientales, de recursos y sociales. Y este año ha venido especialmente cargado de eventos, por desgracia, por todos los frentes.

- La presidencia de Trump: La nueva entrada de Donald Trump en la presidencia de los EE.UU. ha sido de todo menos plácida. La mayoría de las medidas que ha tomado, tanto el frente interior como el exterior, son violaciones claras y sistemáticas de leyes nacionales e internacionales que buscan proteger derechos básicos. En el frente interior, destaca la actuación represiva y con nulo respeto a los derechos humanos de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (los infaustos ICE) y la toma de medidas personales dirigidas a individuos concretos como represalia por sus acciones en favor de los derechos humanos, como es el caso de la relatora especial de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, aparte de otras medidas más bizarras como declarar Antifa organización terrorista (cuando es solo una etiqueta genérica, no una organización) y en general la violencia verbal contra sus oponentes políticos o simplemente periodistas, buscando la intimidación siempre. Enturbian aún más la situación doméstica los actos de violencia política (como el asesinato de Charlie Kirk) o la turbia historia con los archivos de Jeffrey Epstein. Mientras tanto, en el frente exterior la política del Sr. Trump ha sido todavía más destructiva: aranceles (que propone o quita en función de la capacidad de coacción del otro, especialmente ridícula la actuación de los EE.UU. con los aranceles a China), afán expansionista (ahí tenemos las declaraciones de Trump diciendo que necesitan Groenlandia o que el petróleo de Venezuela es suyo) y en general un alto grado de injerencia geopolítica, con resultados que van a acabar siendo desastrosos: ahí está el plan de paz para Ucrania que es de facto un plan de rendición incondicional y de sometimiento al capital americano, su plan de reconstrucción de Gaza que pasa por consumar la actual limpieza étnica y crear un resort para ricos, la guerra de (aún) baja intensidad contra Venezuela incluyendo la incautación de petroleros, y ahora el bombardeo de posiciones en Nigeria  (de repente los EE.UU. se han dado cuenta de que en el principal productor de petróleo de África se mata a cristianos). En resumen, un desastre total... y aún no lleva ni un año.

- El reagrupamiento geopolítico: Mientras los EE.UU. intentan reforzar su papel como amos del mundo, los BRICS no se han estado quietos y avanzan en su consolidación como contrapoder global. La enorme torpeza de los EE.UU. ha favorecido un mayor acercamiento entre dos rivales regionales tradicionales, como son Rusia y China, los cuales están estrechando cada vez más sus lazos comerciales y haciendo más fuerte su unión. En particular, Rusia exporta cada vez más gas natural hacia China y más petróleo hacia la India, y con la consolidación de estas rutas comerciales la importancia de Europa como cliente se va debilitando a marchas forzadas. El hecho es que Rusia no volverá ya nunca a ser un suministrador tan importante de Europa: ha diversificado su mercado, lo cual le dota de resiliencia y disminuye la capacidad de coacción de Occidente. El problema es más bien para Europa, ya que que, ¿de dónde va a conseguir ahora energía barata? Por si fuera poco, los BRICS están consolidando su sistema de intercambios bancarios y cada vez se están usando más sus propias monedas, como los rublos y los yuanes, para los intercambios de materias primas, debilitando así el papel del dólar como divisa de reserva. Quizá los EE.UU. han entendido que ya no van a poder imponer su moneda al resto del mundo, y que su "privilegio exorbitante" está llegando a su fin: de ahí los aranceles y de ahí su prisa por forzar su propia reindustrialización. El problema es dónde queda Europa en todo esto. 

 

- El hundimiento de Europa: Europa se está quedando sin escapatoria. Abandonada por los EE.UU. en una guerra imposible de ganar en Ucrania, carente de energía barata para poder mantener su industria (el gráfico que acompaña estas líneas ilustra el hundimiento del sector industrial en Alemania desde 2017), con un modelo de transición energética que está fracasando por falta de tecnologías palanca capaces de producir una verdadera substitución energética... Europa no sabe a dónde va, porque en ningún momento ha contemplado la posibilidad de que su plan de transición y en general sus políticas no tuvieran una base técnica: el dominio de los tecnócratas formados en escuelas de negocios ha descuidado la comprensión de las leyes más básicas de las ciencias naturales, desde la Física a la Biología, pasando por la Geología y la Química. Nuestros líderes están desorientados y al tiempo se echan para atrás en la prohibición de coches con motor de combustión interna para 2035 pero siguen adelante con la idea del rearme mientras proponen 47 proyectos de minas para la extracción de minerales estratégicos en el todo el territorio de la UE. Mientras tanto, la intención de voto a los partidos de ultraderecha sube en toda la UE, como respuesta a la demostrada inoperancia de los desnortados partidos tradicionales. Europa no sabe a dónde va, Europa va a la deriva y probablemente se va a estrellar contra algo.

- La guerra de Ucrania: Un año más, y ya van casi tres, de guerra cruenta, de miles de vidas segadas, de ciudades destruidas, de poblaciones desplazadas... Este año, el ejército ruso ha decidido atacar masivamente la red eléctrica, así que en medio del crudo invierno ucraniano está faltando electricidad en la mayoría del país. Ucrania tiene problemas para seguir reclutando, en tanto que Rusia utiliza mercenarios de otros países afines y al mismo tiempo ha impulsado su propia industria armamentística. Las consecuencias de todo esto son claras, aunque sé que resulta de mal tono decirlo: la realidad es que la guerra se está perdiendo, el frente colapsa por diversos sitios y las fuerzas ucranianas ya no están en condiciones de evitar el avance de los rusos, solo de retardarlo. Europa no tiene un plan B, en tanto que los americanos ya están pensando en otras cosas...

- El genocidio en Palestina: Hace más de dos años que Israel comenzó una campaña de exterminio sistemático de la población palestina, sobre todo en la Franja de Gaza. Hay decenas de miles de muertos, posiblemente centenares. Naciones Unidas declaró la situación de hambruna, consecuencia de las política de bloqueo de acceso de alimentos y medicamentos a la Franja. Precisamente para intentar forzar ese bloqueo, varias flotillas han intentado llegar a la costa de Gaza, sin éxito, pero por lo menos han servido para aumentar la conciencia en el mundo occidental de la salvajada injustificable que está pasando en este rincón del mundo. En este momento, se supone que se ha iniciado una tregua y un proceso de paz, pero Israel sigue matando varias decenas de palestinos cada semana, y la vida en la Franja sigue siendo durísima. El exterminio sigue, solo que a otra intensidad; y por desgracia esta estrategia ha funcionado, ya que los medios de comunicación occidentales efectivamente han reducido la intensidad de su cobertura de esta tragedia.

- Año de incendios: el año 2025 se estrenó con unos incontrolables fuegos en California, que amenazaron zonas muy pobladas y que causaron la destrucción de unas 18.000 viviendas y la muerte de hasta 400 personas (las estadísticas son muy variadas por la disparidad en la consideración de la causa de muertes, por ejemplo por inhalación de humo). Después, y como se está convirtiendo en costumbre, una nueva oleada de fuegos en la Columbia Británica, en Canadá, con la destrucción de casi 900.000 hectáreas de bosque. Y en España el mes de agosto vio incendios de grandes proporciones en el noroeste y en particular en mi provincia natal, León, con 135.000 hectáreas quemadas tan solo en Castilla y León. La sensación de impotencia, el abandono, la indiferencia y que a pesar de la tragedia nada cambie, todo eso contribuye a que este episodio en particular sea una de las píldoras más amargas de tragar este año para mis paisanos.

- Eventos extremos: A pesar de que el calentamiento global sigue acelerándose, 2025 no ha sido un año pródigo en eventos extremos: ha habido, por supuesto (por ejemplo, la tempestad que inundó la localidad marroquí de Safi causando 37 muertes hace un par de semanas), acompañado de otros eventos inusuales como la nevada en Arabia Saudita o los 20 grados que se marcaron ayer en Islandia, por encima de la máxima habitual en junio. Pero afortunadamente este año no han sido pródigo en eventos extremos particularmente en España, y los que ha habido han tenido una extensión espacial y temporal limitada. A una escala mayor, la temporada de huracanes de 2025 ha cerrado con uno de los conteos más bajos de la historia reciente, aunque con huracanes más fuertes. La causa de que se formen menos tempestades posiblemente tiene mucho que ver con una atmósfera mucho más inestable y mayor cizalla horizontal, que inhibe la formación de procesos convectivos. Eso sí, cuando se forman son más violentos. Qué pasará a medida que la energía disponible sea mayor, siguiendo el proceso de calentamiento, es algo con lo que solo podemos especular, pero la intuición es que veremos eventos nunca antes vistos por su violencia.

- Protestas pro-Palestina en España: España es uno de los países de Europa donde ha habido mayor concienciación de lo que está pasando en Gaza y donde la población ha podido más abiertamente manifestar su repulsa contra esta aberración, particularmente con motivo de la Vuelta Ciclista y el repudio a la participación de un equipo israelí. Todo comenzó con 5 manifestantes que cortaron la carrera unos minutos en Figueres, la localidad que me ha adoptado; al día siguiente, fueron 10 en Olot, pero más de 100 se manifestaban en la calle; en pocos días, centenares de manifestantes abarrotaban las calles del País Vasco, luego Cantabria, luego Asturias, Galicia y para finalizar miles de personas impidieron el transcurso habitual en Madrid. Unas semanas más tarde, las protestas se generalizaron en toda España con motivo del apresamiento de la Global Sumud Flotilla. En el momento actual, España se ha retirado del concurso de Eurovisión, y es posible que haya algunos boicots adicionales a actividades deportivas donde participe Israel. Solo el tiempo dirá si estas protestas han llegado para quedarse.

 - Ascenso de la ultraderecha en toda Europa: En medio de la total inoperancia de los partidos tradicionales (incapaces de dar respuesta a los problemas más acuciantes de los ciudadanos, desde la carestía y escasez de la vivienda hasta la creciente precarización de los trabajos y el deterioro de los servicios públicos), las encuestas reflejan un apoyo creciente a los partidos de extrema derecha. Partidos que para nada cuestionan la inviabilidad económica del capitalismo, y que centran sus "soluciones" en la persecución del diferente, en la criminalización de los emigrantes y en su furibundo ataque a lo que suene vagamente a ecologista. El objetivo más o menos declarado es que para superar la actual crisis social y económica lo que hace falta es más capitalismo, no menos. Muchos de estos partidos cuentan con un buen respaldo financiero, y obviamente su programa político es del gusto de una parte de las élites económicas.

- Sobra petróleo...: Llegamos al final de 2025 con un precio del barril de petróleo más que moderado, en el entorno de los 60 dólares para el barril de Brent. No solo eso, la narrativa en el mercado es que está "inundado" y que va a sobrar petróleo durante años, y que nos esperemos precios de hasta 30 dólares el año que viene. Sin embargo, este discurso oculta algunos aspectos importantes. Uno de ellos, que tan importante como el incremento de oferta es la caída de la demanda, sobre todo en Alemania y otras naciones de Europa. Por otro lado, el incremento se basa de manera muy importante en el petróleo de fracking de los EE.UU., en lo que puede ser su canto del cisne. Pero además esta abundancia oculta carencias graves y sistemáticas, y en particular del tipo de petróleo necesario para producir diésel (del que, como sabemos, hay una carencia estructural desde hace años). No deja de ser significativo que a los EE.UU. se les haya dado ahora por incautar petroleros venezolanos...

- ... pero faltan muchas materias primas: muchas materias primas están cotizando a precios de récord. En el caso de algunas, como el oro o posiblemente la plata, se puede alegar que su condición de metales precisos influye en la actual escalada de precios, ya que se buscan valores de refugio. Pero eso no justifica la subida incesante del precio del cobre, que toca máximos históricos. En realidad, tanto el cobre como la plata están ya entrando en el proceso final de su agotamiento geológico, y su extracción posiblemente ha tocado su pico, o está a punto de hacerlo. Incluso sin haber llegado a sus probables máximos de extracción, la producción ya no puede aumentar significativamente, y eso dispara su escasez y su precio, sobre todo en un momento en que su demanda es muy alta por los requerimientos tanto de la transición renovable como de las nuevas tecnologías. La creciente escasez de metales de interés industrial va a ocasionar graves problemas económicos en los próximos años, y tiene un potencial destructivo comparable al del propio peak oil.

 

- El apagón en España: Este 2025 que pronto se despide ha visto también un apagón en España, que se produjo a las 12:33 del día 28 de abril. Un apagón cuyas causas y consecuencias ya hemos discutido varias veces, y que en particular está precipitando la debacle del modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI): para garantizar la estabilidad de la red, se mantiene cierta cantidad de generación eléctrica usando centrales de gas de ciclo combinado, lo cual encarece la factura y además disminuye el ya reducido margen de utilización de las plantas renovables, hundiendo aún más su rentabilidad, ya muy afectada por los crecientes curtailments. Todo lo cual era muy previsible y sobre lo que nadie ha querido actuar.

- El hundimiento del REI: Desde principios de año, y no solamente en España, se está produciendo un fuerte desinversión en la renovable eléctrica. La reevaluación de los costes operacionales de la eólica, y particularmente de la eólica marina, reflejan una baja o inclusive negativa rentabilidad. En cuanto a la fotovoltaica, dada su intermitencia y características, hacen falta muchos sistemas instalados pero compiten unos con otros cuando producen (lo que a veces se denomina canibalización), y también dejan de producir a la vez. Este problema no tiene ninguna solución, ya hace años que lo llevamos comentando, y encima tampoco se están introduciendo masivamente tecnologías palanca (como el coche eléctrico o el hidrógeno verde) para aprovechar el excedente porque simplemente no funcionan como estaba previsto, la tecnología no tiene las capacidades que se le presuponían. Para acabar de redondear la tragedia, se acaban los fondos NextGenerationEU, y encima no se van a poder cumplir algunos compromisos contractuales de suministro. El REI muere. Nadie lo va a reconocer, y se disimulará con pequeños proyectos que seguirán adelante, pero esto se acaba, ya no va a volver a haber el impulso fuerte de estos años - no en España ni en Europa, al menos. Cuántas empresas van a quebrar es a día de hoy una incógnita.

- La proliferación del biogás y la biomasa: Pero el capital lógicamente no se va a estar quieto, y ya está buscando masivamente oportunidades de inversión. Las cuales las centra actualmente en el biogás y en la biomasa - una aberración conceptual, energética y económica, aparte de social, pero que por desgracia seguramente se va a impulsar para intentar mantener rodando la pelota de nuestro insostenible sistema económico unos pocos años más. En ese sentido, en las comunidades autónomas españolas han proliferado como setas durante los últimos los planes de biometanización y de biogás, en los que se prevé el procesamiento de centenares de miles de toneladas de residuos, en conjunto millones, sin que haya capacidad en los territorios de implantación de generar ese enorme volumen de residuos, los cuales obviamente se prevén importar de otros sitios (posiblemente, desde Europa). Y ya comienzan a asomar la patita los planes de aprovechamiento masivo de la biomasa, primero con la excusa de la electricidad y el calor, pero ya también se empieza a mostrar el que desde luego siempre ha sido el objetivo último, hacer el proceso de Fischer-Tropsch para generar combustibles líquidos y compensar la creciente falta de diésel...


Y con esto acabamos el resumen de lo que ha dado el año. En el próximo post, enunciaremos nuestras previsiones para el 2026. Entre tanto, deseo que pasen unas Felices Fiestas.  

Salu2.

AMT 

viernes, 28 de marzo de 2025

La amenaza fantasma

 

Queridos lectores:

Un fantasma recorre Europa. Después de décadas de placidez (o al menos así la han descrito los medios), hemos entrado en un estado de pánico, espantados (según nos cuentan) por una inminente invasión desde Rusia - importando a estas tierras aquella máxima atribuida apócrifamente a Kissinger, "El pueblo americano tiene solo dos estados: autocomplacencia y pánico". Desde Bruselas se exhorta a los ciudadanos de la UE a preparar un "kit de emergencia" para sobrevivir 72 horas delante de riesgos de lo más variado, pero entre los que se enumera el de la guerra. Entretanto, Europa lanza su nuevo programa de defensa, denominado "ReARM Europe" (siguiendo con esa práctica, cara a las instancias europeas, de enumerar sus planes en imperativo porque, supongo, lo ven más interpelativo - una colega siempre hace comentarios jocosos sobre esta práctica: "levántate", "dúchate", "desayuna"..., como una madre en día de colegio). En España, el presidente Pedro Sánchez anuncia que el presupuesto de defensa subirá hasta el 2% del PIB (lo cual, teniendo en cuenta que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) español son aproximadamente la cuarta parte del PIB, quiere decir que supondrá el 8% de los PGE), y eso lo hará, según él dice, sin afectar a las otras partidas presupuestarias (cosa que todos sabemos que es mentira, pero es igual, seguimos como si tal cosa). Europa quiere avanzar rápidamente al rearmamento porque, según parece, las tropas rusas ya asoman por Helsinki, Praga, Budapest y Varsovia. Hay prisa, prisa, prisa... ¿No ven el riesgo existencial para Europa?

Obviamente, no existe tal cosa como la amenaza rusa. Rusia no se va a lanzar a conquista de Europa y arriesgarse a desencadenar una respuesta de los Estados Unidos. Además, dos países europeos poseen armas nucleares (Francia y el Reino Unido), lo cual es un riesgo excesivo. Y para acabar, hay un problema meramente de aritmética poblacional: aunque el territorio ruso es enorme, Rusia posee solo 140 millones de habitantes, mientras la UE son 450 millones. De hecho, para Rusia ya sería un reto logístico intentar ocupar permanentemente Ucrania, con sus casi 40 millones de habitantes - y es que es muy diferente defenderte en tu territorio que ocupar uno ajeno.

Eso no quiere decir que Rusia sea un corderito, pero obviamente el escenario que se nos plantea no tiene ningún viso, en absoluto, de realidad. Un enfrentamiento con Rusia sería para los eslavos agotador y costosísimo, incluso si no contemplara la ocupación del territorio. Y, total, ¿para qué querría hacer eso Rusia? Europa es, aún hoy tras las quiméricas sanciones europeas, su principal comprador de materias primas. Y hay no pocas personas, no solo en Moscú sino en Frankfurt y en París, que están deseando que las conversaciones entre Putin y Trump sobre Ucrania lleguen a buen puerto (sin contar con la opinión de los ucranianos, por cierto) para reestrablecer el flujo de materias primas a buen precio a los que Rusia nos tenía acostumbrados.

No. El movimiento rearmamentísitico y militarista europeo tiene otro objetivo y otra razón, y hay que entenderlo en el contexto del resto de decretos y directivas que están firmándose en Bruselas en las últimas semanas, como una desesperada respuesta a los cambios geopolíticos telúricos que ha supuesto el Segundo Advenimiento de Trump. Ya comentamos en el post anterior sobre la legislación Ómnibus y sus consecuencias en el plano ambiental. Pero la máquina legislativa europea no se detiene, y así hace unos días nos enteramos de que la UE ha calificado como estratégicos, y por tanto subvencionables, 47 proyectos para la extracción de materiales críticos, 7 de ellos en España (liderados por grandes empresas, muchas con pleitos en materia medioambiental). Estamos hablando, en la mayoría de los casos, de depósitos de escaso tamaño y por tanto de potencial producción, o bien muy dañinos ambientalmente. Si Europa se lanza a acelerar estos proyectos es porque percibe una necesidad desesperada de acelerar. Y es que la crisis energética y de recursos avanza inexorablemente. Mientras algunos necios se entretienen en discutir sobre los galgos y podencos de cuándo será el peak oil, dando entender que "nunca", los CEOs de las principales compañías que explotan el fracking en los EE.UU. (lo único que mantiene la producción mínimamente estable, aunque por debajo de los niveles de 2018) tienen claro que el peak oil es "ahora". En este momento, en Colombia y en Bolivia la situación es bastante complicada (por decirlo de manera suave) por la falta de diésel, un problema que se va extendiendo a toda Latinoamérica y a África (con Nigeria, principal proveedor de petróleo de España) a la cabeza. Lo único que mantiene a Europa protegida de la escasez de diésel es la fuerte recesión industrial alemana, pero eso no durará para siempre - ni tampoco es deseable para nadie. Al tiempo, los problemas que su escasez están originando en zonas críticas para el suministro de ciertos materiales auguran que los problemas de la cadena de suministros de hace unos años podrían ser una broma por comparación con lo que se viene ahora

Europa necesita energía, necesita materiales, y los necesita ya. La tan cacareada transición renovable, el REI, ha fracasado y se está hundiendo, y Europa no dispone de grandes recursos naturales. ¿De dónde sacaremos la energía que necesitamos? La respuesta la podemos encontrar en la primera de las tres preguntas que formulamos hace 9 años

Europa va a invadir el Norte de África.  

O, al menos, ésta es la intención no confesada de nuestros líderes (y aplaudida por empresas como Volkswagen, que ve no solo materia prima barata sino la posibilidad de reconvertirse a la industria militar). Es para eso que quieren las armas, es para eso que quieren militarizar las conciencias, es para eso que necesitan acallar los discursos críticos hasta que ya sea demasiado tarde.

Hablamos de defensa y de rearmamento, pero es un ejemplo claro de doble lenguaje al estilo de 1984, la novela  (en su momento de crítica contemporánea pero cada vez más anticipatoria) de George Orwell. En realidad hablamos de agresión y de preparación para la guerra.

Ni que decir tiene que la propuesta es profundamente inmoral. Europa, en vez de seguir por una vez en su Historia un camino de evolución y trascendencia, quiere volver a escoger lo peor de su pasado - del cual nunca se desentendió, como demuestran tantos episodios vergonzantes en África en las últimas décadas. Pero esta vez las cosas van a ser probablemente muy diferentes.

Europa no puede conseguir la sociedad guerrera que nuestros líderes quieren, al menos no en unas cuantas décadas - pero no tienen décadas para esperar. No tenemos capacidad técnica ni experiencia, ni nuestros jóvenes tienen ese patrioterismo chovinista propio de otros lares que les hacen prácticamente desear morir por la patria. Peor aún, los pocos sentimientos colectivos que podrían ir en una dirección parecida son de corte nacionalista, y para nada paneuropeo: yo no veo a un español, un italiano, un griego o un húngaro yendo a morir "por Europa". De hecho, creo que tampoco encontraríamos en esa trinchera alemanes ni franceses...

Pero es que Europa es un continente, hoy en día, avejentado y sin recursos, y con una juventud desencantada y profundamente enfadada porque la gente de mi generación les ha robado el futuro. ¿Qué alternativas de vida se les está dando a la gente que tiene ahora menos de 30 años - o quizá 40 años?

Por otro lado, los procedimientos profundamente burocráticos que son moneda común en el hacer de la Unión Europea implican que se gastarán muchísimos recursos en informes, evaluaciones, reuniones, etc completamente inútiles pero de los que en modo alguno van a prescindir porque son los que la casta gerencial europea usa para enriquecerse, aparte de para justificar su existencia. Es decir, la manera de funcionar de Europa garantiza la ineficacia absoluta de este esfuerzo bélico.

En realidad, el esfuerzo de guerra, con los 800.000 millones de euros comprometidos para ello, pueden suponer tal sobreesfuerzo y tales pérdidas en el ya relativamente tenue estado del bienestar que Europa podría llegar a implosionar, a colapsar socialmente, como aquellas personas ya de cierta edad que se empeñan en hacer esfuerzos que décadas atrás podían hacer con sencillez y que hoy en día les podrían matar. Es algo repetido en la Historia de la Humanidad: grandes imperios que, en una época de profunda crisis, deciden intentar recuperar la gloria militar del pasado y sucumben ante el peso del gasto militar y la acumulación de problemas internos.

En realidad, deberíamos estar pensando en cosas radicalmente diferentes. En la recuperación de tecnologías humildes, en la relocalización de la actividad, en la regeneración y en la renaturalización, y en la consolidación de la comunidad como unidad de base social. Sobre esto último, es significativo el llamamiento para que los ciudadanos dispongan de su "kit de supervivencia individual de 72 horas". ¿Y por qué 3 días y no 7, o dos semanas? En realidad, dada la complejidad de los riesgos que realmente nos amenazan - que son principalmente ambientales y climáticos - seguramente reforzar tu comunidad, tu grupo local, constituye una respuesta más segura, flexible, adaptable y resiliente. 

Acabo ya. Estamos en una línea roja. Una que no debemos cruzar por un imperativo ético, pero también lógico: la guerra tiene muy mala TRE.

Queridos lectores: éste es uno de esos momentos en los que uno no se puede permitir el lujo de mirar al otro lado. Es el momento de plantar el pie a tierra y decir clara y firmemente: No.

Yo no quiero que maten a mis hijos en una sucia trinchera en medio del desierto para intentar mantener la rueda de esta sociedad insostenible rodando tres o cuatro años más. ¿Y Vd.?


 

NO A LA GUERRA.

Salu2.

AMT

viernes, 18 de febrero de 2022

Las Guerras COB (V)

Queridos lectores:

Vamos llegando a las últimas entregas de las Guerras COB del maestro Beamspot. La de esta semana es especialmente jugosa, porque se empieza a mostrar el entramado de control social y la guerra más allá de la comercial que se está fraguando alrededor de las TICs.

Les dejo con Beamspot.

Salu2.

AMT

 

(enlace a la 4ª parte). 

Las Guerras COB. 5ª parte.

Anschluβ.


Prólogo.

Cuando se habla de guerras, el inicio de las mismas muchas veces se sitúa en el momento en que empiezan las primeras hostilidades, los primeros disparos o la declaración oficial, y aún así, suele ser algo relativamente difícil y controvertido de precisar.


Por ejemplo, aunque la Segunda Guerra Mundial ‘oficialmente’ empezó el 1 de septiembre de 1939 con la entrada de Alemania en Polonia, ya en 1935 Alemania se había anexado Austria, y luego se anexionó de forma gradual toda Checoslovaquia, pero no se consideró parte de la guerra.


Aún así, quizás sería más correcto situar el inicio de la 2ªGM el día que se firmó el tratado de Versalles que se firmó tras la 1ªGM.


En cuanto a ésta, aunque las hostilidades empezaron el 28 de Julio de 1914, todos los historiadores se ponen de acuerdo que el principio de la misma fue el atentado de Sarajevo un mes antes.


Así pues, las Guerras COB tampoco se deben fechar como ‘causadas por el Covid’ y por tanto empezar la historia por ahí.


En realidad, las ‘hostilidades’ empezaron mucho antes, cuando el entonces Presidente de los EEUU, Donald Trump ‘declaró (oficialmente) la guerra económica’ a China.


Aún así, una parte importante de los eventos que nos han llevado a la actual situación no sólo son previas, sino sumamente trascendentales. Sin embargo, por claridad en la sucesión temporal, y dado que la relación ‘no es militar’, es decir, no es resultado directo de ninguna política, y que se explica mejor desde la situación posterior más que por los sucesos, se deja para más adelante. Al fin y al cabo, esa explicación futura es el ‘por qué’ de lo que está pasando, mientras de momento nos centramos en el ‘como’.


Por tanto, en este caso es conveniente empezar hablando de geoestrategia con lo que es, de hecho, el ‘auténtico inicio’ de las Guerras COB. Al igual que la anexión de Austria por la Alemania del III Reich, llamado Anschluβ, anexión en el idioma de Leibnitz.


El inicio de las hostilidades.


En la primavera de 2018, dos años antes de que el Covid determinase nuestro día a día en Europa, Donald Trump, por entonces POTUS (President Of The United States, no hace falta traducir), empezó a despotricar contra China por su ‘espionaje industrial’, el desequilibrio de la ‘balanza comercial’, y otras lindezas que ya llevaban más de dos años viéndose venir, pues algunos de los miembros de su gabinete ya había hablado de ‘hacer volver’ ‘puestos de trabajo’ de China a los USA.


Eso desembocó en la ‘declaración de guerra (comercial) a China’… y de paso a Europa.


Que la mayoría de los puestos de trabajo menos cualificados hayan desaparecido de los USA no se debe sólo a la globalización: la mayoría se han perdido por la automatización, no sólo por la competencia de los sueldos bajos en China y el sudeste asiático. 


De hecho, los sueldos en China no son nada bajos ya y muchos puestos de trabajo se están yendo de China, por ejemplo, Foxconn ha cerrado plantas chinas (con más de 100,000 empleados en ellas) para trasladar la producción a otras plantas del grupo en la India.


Como siempre, hay más detrás de los titulares que las simplezas explicadas por los periodistas, aunque en este caso sí que se traslucieron en los medios, cosa fácil dado el carácter de Trump.


Ahí es dónde hay que entrar, ya que se trata de geoestrategia y explica muchas más cosas de las que se ven a simple vista. Y también expone algunos temas candentes que prometen marcar el futuro.


En el fondo son la propiedad intelectual, el conocimiento, la tecnología, y la fabricación de cosas estratégicas para los gobiernos ‘occidentales’. Estoy hablando de la tecnología electrónica y de fabricación de semiconductores. Y de sus usos militares (y no tan militares como veremos).


La razón más explicada menciona que no se puede tolerar que elementos críticos y fundamentales para la fabricación de tecnología militar o de doble uso esté en manos extranjeras. Los microprocesadores y microcontroladores utilizados en los sistemas militares (radares, sistemas de posicionamiento global, sistemas de guiado de cohetes, etc) así como otros elementos relacionados (los imanes de neodimio y otros elementos electromecánicos para dichos cohetes, los discos duros, etc) provengan de China o asociados, y que conocen mejor que los propios americanos las ‘tripas’ de todos estos aparatos.


Dado que muchas empresas tecnológicas americanas tienen mucha interrelación con el complejo militar – industrial americano, que empresas como Apple fabriquen allí forma parte del problema.


Esa interrelación es poco conocida por el mundo, pero se puede comprobar sin muchos problemas que empresas americanas fabrican equipos que en el fondo se basan en patentes militares. Como ejemplos, podríamos decir que la tecnología WiFi empezó como un sistema de intercomunicación a corta distancia para pelotones del ejército y otros equipos que tienen que trabajar coordinadamente (tanques, artillería, aviación). 


 

De la misma forma, cierto láser de depilación utiliza los módulos láser que se desarrollaron para la ‘iluminación de objetivos’ para las ‘bombas inteligentes’ Pave Spike/Paveway. Un sistema militar (como otros muchos del sector de la oftalmología y la estética) basado en patentes militares.

Sin embargo, eso es poco. No termina ahí.


Aún hoy en día, EEUU todavía tiene una posición hegemónica, o casi, en el sector de la tecnología, sobre todo a través de las empresas de Silicon Valley (el lugar dónde se desarrolló buena parte de la tecnología de semiconductores, de ahí lo de Valle del Silicio, nada que ver con la silicona de los implantes). Obviamente esa hegemonía está de capa caída, y si bien algunos de los presuntos nuevos competidores son bien tolerados (Samsung o LG, ambas surcoreanas), hay otros que no lo son.


Si las surcoreanas son bien admitidas es porque Corea del Sur está en la órbita ‘occidental’, es otro de los aliados asiáticos de los USA, junto a Japón, otra gran potencia de los semiconductores con políticas más nacionalistas (lo fabrican todo en casa, no dejan que se fabrique nada fuera).


Pero tanto Xiaomi como, sobre todo, Huawei, están creciendo mucho, muy rápido, y avanzando por delante de las tecnológicas americanas, amenazando fuertemente el quitarles el puesto en tecnologías que desarrollaron los mismos americanos, como el WiFi, y ahora, una de las claves de esta guerra: las 5G.


Si rascamos en las grandes multinacionales ‘capitalistas’ chinas, también encontraremos de nuevo temas de patentes (que los chinos se pasan por el forro y copian sin tapujos, repatentándolo de nuevo en China bajo otra legislación) militares y tecnologías afines (el citado WiFi, que se basa en ideas de la brillante mente y hermosa actriz Hedi Lamarr), pero además también tiene otros vínculos: el presidente de Huawei, Ren Zhengfei, fue militar.


Así pues, el conglomerado militar-industrial americano ha declarado la guerra comercial al complejo industrial-militar chino, y como de costumbre, sus ‘asociados’, o sea, los políticos, son los que se ladran.


Sin embargo, eso por sí solo se queda corto, obviamente. Que Huawei fabrique equipos de comunicaciones que se utilicen de forma masiva en las redes de comunicaciones, no sólo internet, de muchos países ‘occidentales’ abre una puerta a otro campo también relacionado.


Hablo, obviamente, del espionaje.


No les gusta a los de la CIA y la NSA que otros entren en su ‘jardin’. Obviamente.

 

 

De ahí a la más que posible hegemonía de Huawei a la hora de desplegar la tecnología 5G hay un paso que no es del agrado de estas compañías de tres letras.


5G y el Índice de Crédito Social.


Pero aún hay dos cosas más que aclarar.


La tecnología 5G es bastante más sofisticada que la actual de 4G y pretende abarcar muchas más cosas que no sólo la telefonía móvil. Internet of Things (IoT), Industria 4.0, Smart Cities, Smart Grids, transición energética, automóvil autónomo, servicios de infraestructura urbana y gubernamental, por ejemplo, son algunos de los usos que se pretenden articular a través del despliegue masivo de las 5G.


Lo de masivo no es baladí. Los repetidores de telefonía móvil de 5G tienen un alcance deliberadamente corto, debido al gran volumen de información que pretenden cubrir en cuanto a velocidad de transmisión, ocupando un ancho de banda que no permite muchos usuarios a la vez.


Eso implica que esos repetidores se deben poner muy juntos, y por tanto, se deben poner muchos. Y encima, interconectados con sus redes de fibra óptica, y su consumo de energía.


Aunque son físicamente más pequeños y con menor consumo que los actuales nodos de telefonía móvil, el número a instalar es más de dos órdenes de magnitud mayor: una antena o estación de telefonía móvil cubre varias (decenas de) manzanas mientras que un repetidor de 5G apenas cubre una calle en una de esas manzanas. Si la calle es larga, como en el eixample barcelonés, hacen falta varios entre esquina y esquina.


Dicho de otra manera: el despliegue de las 5G, de completarse según lo planificado, es un gran, enoooooooorme negocio muy apetitoso para los fabricantes tanto de semiconductores, como de los que utilizan esos semiconductores en sus equipos ‘finales’ como Apple, Cisco, Huawei.


Un negocio enooorme… que tiene un coste enoooorme que no se pueden permitir las operadoras de telefonía móvil. Una buena razón por la que el despliegue se hace de rogar, pero no la única.

 


Se ha mencionado que las 5G y la infraestructura sobre la que se basa son la base para muchas más cosas que no sólo la telefonía móvil. Los vehículos autónomos con sus comunicaciones V2X (Vehicle to Whatever, vehículo a lo que sea: otros vehículos, 5G, WiFis, satélite, etc), las Smart Grid (redes eléctricas ‘inteligentes’), Smart Cities (infraestructura urbana que integra las Smart Grids con las comunicaciones con los vehículos, semáforos inteligentes, usuarios en sus hogares conectados con IoT, electrodomésticos IoT con su consumo, contadores ‘inteligentes’).


Ergo las telefónicas no quieren hacerse cargo de todo el entramado, pues una buena parte es de uso gubernamental (ayuntamientos, por ejemplo, con sus semáforos), eléctricas y redes de distribución eléctrica (REE, por ejemplo), también estaría el caso de los usos por parte de las fuerzas de seguridad del estado (Tráfico, para desviar vehículos y despejar la zona de un accidente, o para perseguir a algún infractor), etc.


O sea, las cosas de palacio, que van despacio. 


Eso por si no estaba claro que el despliegue de las 5G tiene que ver con los políticos. De hecho, hasta el mismísimo Trump, nada sospechoso de querer nacionalizar (estatalizar, expropiar y poner bajo titularidad pública) nada, dejó claro que las 5G se desplegarían aunque lo tuviese que pagar el gobierno federal de EEUU.


De ahí que China, mucho más centralizada gubernamentalmente, no tenga problemas de despliegue de las 5G.


De hecho, el control que ejerce el gobierno Chino es obligatorio de ser mencionado aquí, pues es probablemente la mayor clave de este entramado que hoy se presenta, y la puerta al ‘reverso tenebroso’ de las 5G, Smart Grids, Smart Cities, and Smart Things for Dumb Citizens.


Que el gobierno chino actual es autoritario no es ninguna novedad. No sólo tiene La Gran Muralla ‘de Fuego’ china (The Great Firewall) que hace referencia a los ‘cortafuegos’ o Firewalls de internet, dónde se filtra todo lo que entra y sale del/al exterior en lo que se refiere a comunicaciones, ‘nudo central’ de su sistema de inteligencia.


No, eso es demasiado obvio y sencillo de ver y pensar, como si los USA no tuviesen a la CIA y la NSA pinchando todas las comunicaciones.


Eso forma parte de la obviedad de las razones por las que se declaró esa ‘guerra comercial’.


No, estamos hablando del siguiente paso. Del sistema de espionaje ‘interno’ del gobierno chino. Del control de las comunicaciones ya empotrado (de ‘embedded’, de Firmware, del programa que corre dentro de los equipos embebidos) dentro de routers WiFi, el sistema operativo de todos los teléfonos móviles que utilizan los chinos (y no tan chinos), de todo el entramado de comunicaciones interno, basado en tecnología de comunicaciones desarrollada y fabricada por esos mismos fabricantes chinos que Trump ataca.


Ese sistema tampoco es ningún secreto. Ese sistema no se limita a ‘espiar’ y ‘fichar’ a todos los usuarios chinos (y no chinos). Ese sistema se ha extendido más allá. Ese sistema se llama ‘Índice de Crédito Social’.


Los índices de crédito tampoco son una novedad, ni siquiera son chinos. Son los sistemas de ‘rating’ de la capacidad de crédito que tienen los usuarios de tarjetas de crédito, valga la redundancia.

Es decir, es un ‘valor numérico’ que establece cuanto crédito (en la acepción cualitativa), cuanto de creíbles o confiables son los usuarios de esas tarjetas, y por tanto, cuanto se les puede dar en crédito (en la acepción bancaria del término). Eso lo llevan usando los bancos desde hace mucho tiempo, décadas, y lo tienen bien estipulado.

Este sistema, obviamente se ha extendido a otros sistemas de pago, y en este caso, era usado por empresas como Alibaba para sus usuarios. Curioso nombre para una empresa que maneja dinero y bienes.


De ahí a extender ese sistema para relatar la credibilidad de cualquier ciudadano con respecto a cualquier otra medida, había un paso. Paso que el gobierno chino ha cubierto hace años.


Ahí nació el índice de crédito social chino, que es una extensión del sistema crediticio bancario/financiero/de pagos existente en China desde la década de los 80 del siglo pasado.


Este sistema ‘pone nota’ a los ciudadanos dependiendo de una serie de factores que van más allá de los monetarios con los que empezó (que, como es de esperar, son la parte más desarrollada), incluyendo así otros parámetros que puedan ser de interés para el gobierno. Por ejemplo, el grado de ‘obediencia’ de aquellos hacia éste.


Por ejemplo, un ciudadano que critique al gobierno baja nota, y si ‘se porta mal’ puede ser excluido de muchas cosas como por ejemplo, viajar en tren o en avión. Varios millones ya se han quedado sin esa posibilidad.


Si una persona baja mucho su nota por ser, por ejemplo, pro democracia, pedir la libertad de los uigures de los campos de concentración, pertenecer a Falun Gong, ser un activista pro derechos humanos (lo que es contrario al gobierno chino), monje tibetano o tener un póster de Winnie the Pooh, salir en pijama a la calle, entonces es metido en una ‘lista negra’.


Y no sólo se queda sin poder viajar en tren o avión (que, muchas veces, es prohibido por haber cometido ‘actos vandálicos’). Se le señala por la calle.


Si, si, se le señala por la calle: en algunas plazas públicas han instalado grandes paneles donde se proyectan las imágenes de aquellos que están en dicha lista para que la gente no se acerque. Incluso los identifican si circulan por dicha plaza para escarnio público.


Ojo, que si tienes relación con esa persona marcada, entonces eres sospechoso y te baja la nota. No hace falta que conozcas a esa persona: basta con que, por ejemplo, leas uno de sus artículos ‘subversivos’ para pasar a ser sospechoso.


Por tanto, en China, ese sistema va más allá de simplemente espiar a sus ciudadanos. No se trata de recoger datos. Se trata de ‘modificar la conducta’ en base a ellos, en ‘modelar la sociedad’, se trata de un ‘servosistema de control’ social. Es más sutil que el sistema soviético, se halla a un sólo paso de montar su propio GULAG virtual, aunque el hecho que haya campos de concentración y de ‘reeducación’ (eufemismo para decir adoctrinación o tortura, según el caso) donde hayan metido a los uigures y a los seguidores de Falun Gong, da que pensar de qué tipo de sistema político hay ahí.


Smart Things for Dumb Citizens.


Bien, la verdad, con semejante sistema que removería en su tumba a Stalin, Mao y algunos más, no hace falta tampoco montar gran sistemas de prisión como el GULAG: ya los tenemos en casa.


Veamos porqué. El sistema de recogida de información ya está aquí: internet. No hace falta el tener las 5G desplegadas como para que este tipo de inteligencia esté ya en nuestra casa. Pero no es más que un sistema de recogida de información, y no es muy preciso que digamos: no termina de aclarar quién está viendo qué en casa, sólo sabe con seguridad el qué, y tiene ciertos indicios de quién (muchas veces el qué ya responde el quién).


Obviamente, el teléfono móvil es algo más exacto, pero no del todo. Pero además añade cierta información: dónde. Puede dar una idea aproximada de dónde (en casa, en el lugar de trabajo, en algún bar – aunque si dos terrazas están juntas, igual no puede discernir con seguridad en cual). Las 5G lo dan con toda precisión: en qué habitación de la casa, en que silla de qué mesa de qué terraza (o del interior).


Pero por sí sólo, eso no es más que ‘recogida de datos’.


Añadamos ahora otros elementos. Empecemos por los electrodomésticos ‘inteligentes’ y las Smart Grids. De paso, se puede monitorizar el consumo de alimentos verboten como la carne.


La idea de todo esto es que esos aparatos ‘compartan información’, no es algo más que simplemente recoger información de quién los usa, de determinar patrones de uso, se trata también de algo más tenebroso. La idea es la de modificar esos patrones de uso.


Por las buenas (incentivos económicos, por ejemplo las tarifas eléctricas) o por las malas (denegar el uso por ‘falta de energía’).


Es decir, se trata que el usuario se compre de su bolsillo tecnología que le pueda denegar a éste su uso por ‘razones externas’.

 


 

Las energías renovables intermitentes incontrolables y descontroladas generan electricidad cuando les da la gana, básicamente. Algo incompatible con el uso de dicha energía ‘cuando nos da la gana’. Así pues, la idea de las Smart Grid es la de ‘casar’ o balancear el consumo con la producción, el hacer que uno siga a la otra (y no viceversa).


Es la cartilla de racionamiento. El negocio de la escasez. Y el sistema de purga política: si eres ‘afín’  a los que mandan, puedes usar energía antes que los ‘indeseables’.


Eso es, si es que hay energía, que toda esta tecnología es una voraz consumidora, e igual no deja nada para las personas.


No sólo eso. La localización de la gente es esencial para el tráfico autónomo y el acceso a los sitios. Así pues, igual es necesario el llevar consigo siempre un sistema que te permita estar localizado para que así los coches autónomos tengan a toda la gente alrededor ubicada y puedan evaluar la necesidad de frenar para evitar (o no) un atropello.


De la misma manera, por cuestiones de ‘seguridad’, es posible que acabe por prohibirse la conducción por parte de los ‘inseguros’ seres humanos. O que, simplemente, algún organismo gubernamental decida cambiar el destino al que te lleva el coche en el que vas ‘por tu bien’.


Por tanto, todo lo que tenga que ver con todo este entramado va más allá de simplemente ‘espionaje’ a lo James Bond.


Si añadimos que el dinero físico igual desaparece (eso es lo que se pretende), y que cualquier transacción económica se tenga que hacer por medios electrónicos, el estar en la ‘lista negra’ puede ser importante: te pueden cortar la luz, el acceso a tus cuentas, a cualquier sistema de comunicaciones, te pueden hacer ‘desaparecer’ del ‘mundo virtual’, y por tanto, que te quedes sin acceso no sólo a las comunicaciones, sino a tu dinero…  y por tanto a cualquier medio de susbsistencia. Te echan del ‘sistema’, y tu ‘muerte virtual’ (del gemelo digital que llaman) puede llevarte a la física al no poder comprar comida.


No hace falta que te lleven a ninguna parte. Ni siquiera que huyas sin un teléfono (que se ha convertido en inútil, ya que no puedes utilizarlo): la gran cantidad de cámaras con capacidad de reconocimiento facial incorporado y conectadas se encargarán de seguirte por todas partes.


Aunque suene peliculero, hace años que los chinos llevan prohibiendo los desplazamientos a los ‘indeseables’, ciertos ‘periodistas’ han ‘desaparecido’ de internet, incluso Jack Ma ‘desapareció’ durante casi un mes tras criticar al gobierno chino, que tardó poco en desguazar sus empresas.


Podríamos hablar incluso de tenistas que han hablado de ciertos jerarcas políticos chinos.


Un momento… peliculero, peliculero… No sé, ¿papeles para poder viajar?¿arrestos domiciliarios?¿limitación de las libertades fundamentales como la de reunión, libre expresión, libertad de movimientos?¿Campos de reeducación?



Un vistazo a la situación de Australia en este mismo Noviembre de 2021 era perfectamente impensable hace dos años, así que tan peliculero no es, no.

(En el otro extremo, podemos poner ejemplos de cómo funciona esto de la tecnología en esta tierra patria. Visto cómo lo utilizan los bobiernos a varios niveles, hacemos bien en llamar a esto ‘Apaña’: apañaos vamos)


Para desplegar esta capacidad, hace falta mucha tecnología que tenga incluidos ciertos programas dentro que lo permitan. Programas que están empotrados dentro del sistema operativo o, mejor, del firmware, y que no son fáciles de quitar ni de rastrear, y que suelen ‘venir de fábrica’. Se puede considerar ‘edge computing’.


Por eso, utilizar sistemas que traen esto de serie, aunque no se pretenda utilizar estas vertiente de la tecnología por parte de gobiernos que no sean el chino, es una amenaza, puesto que ponen su propia ciudadanía en manos del gobierno chino que sí que la está utilizando.


Por tanto, es legítimo que cualquier gobierno no permita que estas tecnologías se extiendan en su territorio de manos de otras potencias.


Obviamente, sería raro que cualquier gobierno rechazase este tipo de usos, ese poder, para su uso propio, aunque su implementación fuese la más light de todas (por ejemplo, la de eliminar amenazas terroristas).


El poder corrompe, no lo olvidemos.


Tucídides.


Hace algún tiempo, el que esto escribe intentó en vano leer ‘Las Guerras del Peloponeso’, que es considerado el primer tratado de historia, escrito por Tucídides, a quien se considera el primer historiador ‘moderno’. Tucídides, ex militar ateniense veterano, al jubilarse, narra en este libro los hechos que tuvieron lugar en Grecia en el siglo V antes de Cristo. Escrito hace más de 2400 años.

 

Tras el primer párrafo, de cincuenta páginas con apenas dos puntos y seguido, la pobre y solitaria neurona que genera este texto estaba exhausta del esfuerzo: leer esto y respirar es algo que cuesta de hacer a la vez.

Aparte de alguna frase para enmarcar (cito de pobre memoria: ‘Las leyes están para dirimir las diferencias entre iguales, pero cuando las diferencias son entre un poderoso y uno del montón, no hay leyes que valgan’), el tratado no aporta nada nuevo. Cambiando algunos términos como ‘arco, caballo, trirreme, falange’ por ‘Kalashnikov, Panzer, Fragata, Marines’, bien podría tratarse del periódico de la semana.


En 2400 años, la humanidad no ha cambiado en absoluto.


Así pues, no es de extrañar que semejante ilegible libro (por la puntuación, que por otras cosas no está mal) tenga cosas que enseñar.


Una de ellas, es lo que hoy se conoce en el mundo militar como ‘la trampa de Tucídides’.


Básicamente reza así: En última instancia fue el ascenso de Atenas y el temor que infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra.


Traducido a una situación genérica: cuando una potencia militar hegemónica en declive empieza a ver la emergencia de otra nueva potencia militar joven, tarde o temprano se siente tentado a ‘restaurar su vieja gloria’ montando una guerra frente a la nueva amenaza. Esa guerra, suele acabar en la victoria pírrica de uno de los contendientes, dejando al mundo hecho unos zorros de por medio.


Pues bien, ¿hace falta hablar de potencias militare hegemónicas y emergentes en este momento?


Una pista: hemos hablado de ellas en esta entrega.


En esta guerra comercial, por supuesto, hay un elemento clave de todo este entramado. Un tema que es el nudo central de esta serie. Un tema que es la fabricación de semiconductores… y que básicamente está muy concentrada en un sitio estratégico y políticamente confuso: Taiwan.


Esta isla pequeña NO es un país. Y ahí empieza la confusión: es un territorio al que se retiró el (partido del) gobierno chino de antes de la revolución comunista, el Kuomintang. Como sabemos, el Partido Comunista Chino (PCC) todavía en el poder en la China continental, ganó la guerra civil que expulsó al Kuomintang a la  pequeña isla (tiene un tamaño similar a Catalunya, pero una población de 24 millones), pero nunca invadió Taiwan, que sigue siendo la ‘sede del gobierno de China’.


Por tanto, oficialmente Taiwan sigue siendo parte de China, puesto que nunca se ha declarado independiente. Se vé que el Kuomintang nunca renunció a la idea de ‘reconquistar’ la China continental.


Taiwan nunca ha sido reconocida como país por el resto de naciones, y encima ‘firma’ los productos que fabrica como ‘Made In Taiwan ROC’, donde el acrónimo indica Republic Of China, que es cómo se autodefine la isla: República de China.


Obviamente, el PCC considera Taiwan como ‘territorio Chino’

‘con un otro sistema (diferente)’ y sobre el que ‘no se mete’.

 

De facto, Taiwán es un país independiente, aunque política y legalmente no sea reconocido como tal.

Hasta hace poco, simplemente se toleraban mutuamente, China y Taiwan. De hecho, había mucho negocio compartido donde los chips que fabricaban los otros eran ensamblados en plantas productos de los unos.


La balanza fiscal es muy favorable a la isla, con diferencia. Y no sólo de exportar a China viven: hoy por hoy son la flor y nata de la tecnología de semiconductores, sede de la Joya de la Electrónica: TSMC.


Y como tal, los mayores (pero no los únicos) fabricantes de ciertas tecnologías como los micros de última generación, los más avanzados en muchas cosas, y el nudo central de la geoestrategia que nos ocupa en esta entrega.


Gran cantidad de semiconductores críticos para muchos sectores, especialmente comunicaciones y militares, se fabrican sólo en TSMC.


En el foro asociado a este blog, ya expliqué que el díscolo líder norcoreano tenía algo curioso en sus manos, la ‘bomba arco íris’. No, no se trata de ‘la bomba del orgullo’. Es algo bastante siniestro en sus consecuencias, aunque  en sus acciones inmediatas no cause víctimas: sólo estropea la electricidad y la electrónica en un radio de cientos (o miles) de km.


Si ese ‘líder’ se le ocurre montar una de esas cosas en uno de sus viejunos y vetustos cohetes Scud comprados a Saddam Hussein o modificados/rediseñados a partir de ellos (por cierto, herederos de otra reliquia de la 2ª Guerra Mundial, los V2), desde el patio trasero de su palacio en Pyongyang puede causar auroras boreales sobre Seul (lo de ‘arco iris’ precisamente viene de ese efecto), dejando a Corea del Sur en la edad media en menos de diez minutos de vuelo.


Con sus ‘nuevos juguetes’ podría alcanzar Japón y Taiwan. Y con todo ello, el país de la oscuridad (porque de noche no se puede localizar dada la escasa iluminación eléctrica que tiene) quedaría igual, mientras que el resto del mundo quedaría paralizado en menos de seis meses debido a la caída de internet y de los sistemas de información, que, a su vez, dejarían de funcionar por la falta de chips que no se podrían fabricar.


Eso sin contar con todo el jaleo económico y financiero que se desataría desde el minuto uno, y todo el tinglado militar que seguiría.


No, no va a suceder: su amo, Xi, no se lo permitiría. No conviene morder la mano que de ta de comer (sobre todo con la hambruna que parece que está asolando de nuevo ese pobre país).


Pero la idea está ahí: ¿que pasaría si Taiwan dejase de poder suministrar semiconductores? Estoy hablando de un corte del 100% de producción de hoy para ayer, no de la escasez parcial de algunos semiconductores en ciertos sectores.


Lo dicho: en seis meses internet sería algo que funcionaría a medias, o no funcionaría en absoluto, y el sistema de comunicaciones mundial se iría al garete. Pero eso solo sería la guinda del pastel.


Las consecuencias se pueden intuir con sólo mirar la situación actual en que las entregas vienen con retraso.


Pero, sin duda, la consecuencia más importante, sería que ciertos ejércitos se quedarían sin ‘juguetes’ (sistemas de guiado para misiles, rádares, equipos de comunicaciones) para nuevas armas en un seguro despliegue militar, por no mencionar recambios y mantenimiento del equipo operativo.


Eso hace que la fabricación de semiconductores clave sea algo geoestratégico a nivel mundial.


Eso hace que el control y dominio, así como la fabricación de los  sistemas de comunicaciones que se despliegan a nivel mundial, debido a ese uso de ‘crédito social’ sea algo fundamental que los países no quieran que caigan en manos ajenas.


Obviamente, China lo quiere para sí. USA, también. Europa, también. Por supuesto, la UE y USA tienen una cierta colaboración. Mientras los últimos se encargan del armamento, los primeros se encargan de la parte de Smart-lo-que-sea, y de las etapas de potencia (y sensores) de los cochepilas.


Si, Europa tiene una cierta estrategia al respecto, en la parte civil, social, energética, de infraestructura, legal, movilidad, etc. Por eso ST y Bosch Sensortec se están centrando en ciertos componentes semiconductores.


Europa juega a la chita callando, pero juega. El mejor truco del diablo es hacer creer que no existe. Pero ¿no se mencionó el interés de ciertas compañías europeas en desarrollar otras tecnologías como el SiC o el GaN? ¿Acaso no es europea la empresa líder de la tecnología de litografía?


Por eso Bosch y Continental son punteras en la parte de sistemas de conducción autónoma, gestión de flotas, inteligencia artificial aplicada a la automoción, y V2X. Por eso la prohibición de exportación de coches europeos a los EEUU.


Y ASML.


Por eso Trump estaba mosca con los europeos: teníamos parte del pastel ya reservado, alternativas, y ciertas llaves (de nuevo, ASML).


Por eso, Trump y asociados tomaron medidas para que la tecnología más avanzada no cayese en manos chinas.


Y Biden sigue exactamente con la misma política, aunque obviamente es más amigo de los chinos que su predecesor. Por eso nos ha cortado el grifo del gas y ha revendido el gas que venía a Europa a los Chinos (que pagan mejor).


Pero resulta que Taiwan es una espinita en la piel del tigre asiático, y los dirigentes de esa zona del mundo tienen que ‘salvar la cara’ ante su pueblo, sobre todo con el talante autoritario (véase cómo ha acabado Hong Kong) y lo díscolos que son los gobernantes taiwaneses que no quieren ser comunistas. 


La política asiática se rige por parámetros muy diferentes de los sistemas occidentales.


Si sumamos que la tecnología que le han prohibido de facto los americanos a los chinos tiene sus mejores bazas precisamente en ese pastel, pues tenemos muchas razones para llegar a la conclusión evidente:


Taiwan es el cebo de la Trampa de Tucídides.


Pedidos.


China está trabajando para no depender de ASML, y va rápido. Pero ASML lleva más de cuatro décadas de conocimiento acumulado sin dejar que salga.


Aunque los chinos estén aprendiendo a marchas forzadas por un camino que ASML ya ha abierto (facilitando así el aprendizaje), siguen estando a más de una década de distancia para poder fabricar semiconductores avanzados como los que ahora fabrica TSMC, o Samsung, o Intel si eso.


Negar tecnología punta a China significa que el Tío Sam mantiene todavía la delantera, y que pone trabas en el camino para que los asiáticos no le recorten la ventaja de forma tan acelerada.

El hecho que nVidia haya comprado ARM además va en la misma dirección. ARM vendía propiedad intelectual británica a quien comprase. Ahora esa propiedad intelectual es americana, y por tanto sujeta al veto de su presidente.

 

Ojo: ARM era/es británica (hasta hace poco, eso implicaba europea), y a la Unión Europea, así como al Reino Unido, no les ha sentado bien perder otra baza que les permitía estar en el juego. Así que esa compra está en pleno jaleo legal.


El paso de prohibir a China usar ciertas tecnologías era cuestión de tiempo. Si no hubiese ganado las elecciones Trump, seguramente Hilary hubiese tomado alguna decisión similar, aunque conociendo el ‘talante pacifista’ de esa ‘señora’, igual ya habría invadido Taiwan, Corea del Norte, las Kuriles, Irán, Ucrania y a sabe cuantos países más..


Y de ahí, una parte muy muy importante del jaleo actual: la prohibición de china de comprar procesadores ARM ya en 2018, que entrará en vigor en pocos meses, implica que China está haciendo compras masivas y acaparamiento descomunal de ellos, mientras va desarrollando sus propios microprocesadores y sistema operativo propio, desmarcándose de Google con su Android.


Tampoco es que China estuviese de brazos cruzados antes de eso, pero la escala de las operaciones ha cambiado tremendamente. Por no hablar de su salto a primera página.


Seguramente con todo el pack de espionaje e índice de crédito social incorporado.


Ahí tenemos el auténtico inicio de las hostilidades (pero a una ‘escala reducida’): la prohibición de comprar (en un futuro próximo) ciertos semiconductores ha disparado la demanda de los mismo por parte del ‘perjudicado’, cambiando de forma drástica toda la cadena de suministro.


Ese es uno de los elementos importantes a la hora de valorar la actual situación de escasez de semiconductores.


Ese también es uno de los puntos por los que ahora los americanos y taiwaneses están tan colaboradores hasta el extremo de querer montar de forma ‘apresurada’ fábricas avanzadas de semiconductores en los USA


‘Deslocalizar estratégicamente’ para poder mantener el suministro de componentes estratégicos es el incentivo para el gobierno americano (y el carácter político del ‘pasaporte covid’ que está impulsando Biden cuadra mucho precisamente con el uso más radical del ‘Índice de Vacunación Social’ y la exclusión de todos los ‘deplorables’ de la vida laboral, algo muy bueno para evitar la división social, se ve).


El enorme pastel de las 5G y compañía son un buen incentivo económico que augura el crecimiento necesario para TSMC que justifique instalarse allí, aunque el hecho que el gobierno ‘colabore económicamente’ ya indica que no sólo hay algo más, sino que quizás ese despliegue no fuese suficiente para tanta inversión.


Pero la cosa no se queda ahí. China no sólo compra chips a mansalva. También compra líneas de producción de semiconductores que quedan obsoletas, plantas enteras si hace falta, ingenieros y personal, y todo lo que pueda para llevarse toda la capacidad de fabricación que pueda, a ser posible, de lo más avanzada.


No sólo porque en un ‘futuro’ ‘occidente’ le va a vetar estas tecnologías.


Es que al enemigo, ni agua. Y si eso significa que ‘occidente’ cierra una planta, la compra para que luego, cuando haga falta, no la pueda abrir…


Y con todo este percal, llega el Covid.

 (enlace a la 6ª parte).