miércoles, 26 de abril de 2017

Elegía del crecentismo



Queridos lectores,

Diez años después del inicio de la crisis, los indicadores macroeconómicos españoles nos muestran que el país está por fin saliendo de ese agujero. Durante más de dos años el PIB español ha estado creciendo y a buen ritmo. Lo peor de la crisis, nos dicen, ha pasado; ahora, por fin, avanzamos por la senda del crecimiento y de la recuperación.

Sin embargo, la percepción popular no es en general tan optimista.

Es verdad, dice la gente, que se está notando que la cosa mejora, que hay más empleo, que la gente sale más de vacaciones, que bares y hoteles se llenan... en suma, que hay más negocio y más actividad, y eso finalmente redunda en más empleo. Sin embargo, las condiciones laborales de la mayoría están cada vez más lejos del relumbrón de hace una década. La tendencia es a salarios más bajos y empleo con menos garantías: el salario más habitual en España es de unos 1.000 euros netos al mes, cantidad insuficiente para vivir con cierta holgura en las grandes ciudades, y hasta un 30% de los asalariados cobran menos que eso.

Pero no son sólo las bajas perspectivas salariales las que atormentan al asalariado español, o al que quisiera serlo. El fantasma del desempleo o del subempleo siempre merodean, y nadie puede sentirse relativamente seguro de no caer en ellos: porque ya tienes más de 40 años, porque tienes menos de 35, porque eres mujer, porque eres fácilmente sustituible... Todos saben que cuando se cae en el desempleo o en el empleo precario hay que salir inmediatamente de ahí, como si se hubiera caído en las brasas, pues en nada de tiempo se cae en la pobreza y la exclusión. Nadie quiere hablar de ello, las televisiones se afanan en disimular esa realidad disfrazándola de anécdota cuando es un fenómeno masivo y que, a pesar de la recuperación económica, apenas retrocede. De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística español, casi un 28% de los habitantes de España está en riesgo de pobreza o de exclusión social. Los medios de comunicación señalan que se ha producido una mejora con respecto al peor momento de la crisis, en 2013, cuando este riesgo llegó a afectar al 29,2% de la población. Poco más de un 1% que puede explicarse fácilmente con esos millones de españoles que han huido de España por razones económicas; de hecho, teniendo en cuenta ese éxodo la población en riesgo ha disminuido poco, quizá también porque los excluidos son poco dados a viajar, porque saben que serán excluidos aquí y en cualquier otra parte. O porque no tienen muchas esperanzas de poder mejorar.

No todos pierden, obvia decirlo. Hay quien ha salido ganando, pero en realidad son los menos. Hay algunos más que creen que podrían salir ganando, que pueden ascender dentro del sistema, y por ello siguen jaleando este absurdo y destructivo orden de las cosas, pero en realidad se autoengañan, porque el sistema necesita cada vez a menos, también de ellos. Pero mientras se engañan a sí mismos, nos engañan también a nosotros, repitiendo desde sus púlpitos mediáticos o sus carpas televisivas los mismos mensajes, modulados por matices aparentes pero con una unidad de fondo. Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos dicen. Todos podemos mejorar si nos esforzamos, nos dicen. Ya nunca volveremos a la exuberancia de comienzos de siglo, nos repiten, aquello fue una locura y ahora hay que vivir de una manera "más racional", como si aquella exuberancia fuera en modo alguno culpa de los trabajadores. Tenemos que aprender a ser competitivos y adaptativos, nos peroran, tenemos que reinventarnos y, palabra estrella, emprender. Emprender quiere decir que dejemos de pensar en ser ocupados por cuenta ajena y que creemos nuestro propio negocio; trabajando duro y siendo más imaginativos que la competencia podremos medrar. Pero el hecho tozudo es que no hay grandes oportunidades de negocio, y la mayoría de la gente no tiene formación para aspirar a crear un negocio sofisticado con un gran nicho de mercado, entre otras cosas porque el mercado en su conjunto se está haciendo más pequeño con la pérdida de renta efectiva de las clases medias. Pero el consejo cala y algunos deciden "emprender", y así más de uno y más de dos redime todo su prestación de desempleo, pide dinero prestado a familia y amigos, y monta "su negocio": una cafetería, una panadería, una ferretería... La mayoría de estos negocios no duran más de seis meses; los pocos que atraviesan ese umbral temporal sobreviven porque posiblemente un negocio del mismo tipo y mayor trayectoria ha tenido que cerrar.
 

Éste es el panorama general. Consideramos que estamos recuperando "la normalidad", cuando el hecho es que un poco menos de un tercio de la población española malvive. Pero ésos no son los que leen blogs como éste, y si Vd. pertenece a esos dos tercios de la población aún segura y no le ve de cerca los colmillos a la pobreza y la exclusión, pensará que exagero. Algunos más displicentes dirán con sorna: "Ya está ese tipo de ese blog catastrofista diciendo que se acaba el mundo; pero mira, todo sigue igual".

En realidad, no todo sigue igual. Todo sigue su curso, que es un curso lento, como corresponde a los procesos históricos. El proceso histórico que estamos siguiendo es el del fin del crecimiento y el del fin de capitalismo. Si tal fin tendrá lugar de manera caótica u ordenada, revolucionaria o evolutiva, es algo que depende completamente de las decisiones que tomen los seres humanos que conforman esta sociedad. Puede haber muchas maneras de abordar y resolver este problema, algunas mejores y otras peores, algunas más tranquilas y otras más sobresaltadas, y yo no puedo decir cuál es la más conveniente porque no lo sé. Pero cerrar los ojos y negarse a aceptar que hay un problema, ésa sé seguro que no es una solución.

Y el primer paso para solucionar el problema es comprenderlo. Hay que comprender que estamos llegando al fin del crecimiento. Ésta es una realidad difícil de aceptar para quienes se sienten favorecidos por el sistema actual, por el mecanismo de crecimiento sin fin. Y sin embargo, independientemente de nuestros gustos y preferencias, el crecimiento está llegando a su fin porque está topando con los límites físicos que marcan nuestra biosfera.

Ahora mismo ya no hay grandes oportunidades de negocio. La gran esperanza de las TIC está tocando también sus límites, porque resulta difícil conseguir una mayor penetración de los sistemas de información y porque la Ley de Moore ha muerto, así que no se puede seguir integrando sistemas en cada vez menos tamaño. El negocio que da el planeta Tierra es el que es. Es inmenso, proporciona una gran prosperidad (no siempre bien repartida) y seguramente se pueden producir aún incrementos aditivos, pero el crecimiento porcentual, el tan buscado tanto por ciento de crecimiento anual, ya sea del 2 o del 5 por ciento, eso ya no se puede mantener. Ya no hay posibilidad de crecer de manera sostenida a esas tasas de crecimiento anual, sólo se puede crecer cuando primero ha habido una recesión, sólo para volver al mismo sitio de antes o un poco más abajo.  El sistema capitalista se está haciendo cada vez más pequeño, muy lentamente pero cada vez más sensiblemente, y para conseguir el crecimiento del capital el gran nicho que queda por explotar es el de las rentas de trabajo, básicamente reduciendo los salarios en aras de un incremento de productividad cada vez más difícil pues cada vez se valoran menos los productos en un mercado saturado y con menor renta disponible, justamente por la reducción de salarios. El proceso, de mantenerse, sólo podría conducir a la destrucción de la clase media y del Estado del Bienestar, y en el largo plazo ni por ésas se podrá garantizar las tasas de retorno del capital estipuladas. Eso pone una fecha de terminación al capitalismo tal y como lo concebimos ahora, puede que sea 20 años, puede que 50, quizá tan sólo 2, pero en todo caso sus días están contados.

Pero no se quiere creer que hemos llegado a este punto y se nos dice: "¿No lo veis? ¡La economía española lleva más de dos años creciendo a buen ritmo!". No es ninguna coincidencia que dos años y medio es el tiempo que el precio del petróleo lleva bajo, después del colapso de precios de septiembre de 2014. Este petróleo barato favorece el despegue de una economía tan basada en el petróleo como la española, donde a pesar de la gran caída general del consumo de energía desde los máximos de 2008 el petróleo aún representa más del 50% de la energía primaria consumida. Aquéllos que quieren creer en el espejismo económico español deberían mirar a Europa y darse cuenta de que en el resto del Viejo Continente no hay tal recuperación, la norma es el estancamiento o el crecimiento muy débil y renqueante. ¿Qué solidez tiene el crecimiento español, si los países más industrializados de su área no levantan cabeza desde el inicio de la crisis?



Mientras aquí se mantiene un modelo económico basado en los servicios de bajo valor añadido y en la construcción, a pesar de saber lo frágil que es delante de las crisis económicas internacionales, el resto de países van discretamente definiendo sus estrategias de cara a un futuro mucho más complejo de lo que aquí se intuye, y para el que nadie aquí se está preparando. Déjenme que analice con un poco de detalle un par de cuestiones asociadas con la crisis energética.

Desde hace casi 10 años Alemania se ha lanzado a un intenso programa de transformación de su matriz energética conocido como Energiewende ("transición energética", en alemán). El objetivo declarado de tal transición es aumentar la producción de energía de origen renovable dentro del objetivo de mejorar la sostenibilidad de la economía alemana y, se aduce, disminuir su huella de CO2. El hecho es que Alemania ha conseguido incrementar su producción energía renovable desde valores casi testimoniales hasta el 36% de la energía eléctrica (valor que no está nada mal, aunque recordemos que la energía eléctrica es sólo una fracción de la energía final consumida, en torno al 20% en los países industrializados y del 14% a escala global; así, en el caso de Alemania, la energía renovable representará menos del 9% de su energía final consumida). Lo curioso del caso alemán es que, a pesar del enorme despegue de la energía renovable las emisiones de CO2 no han disminuido, e incluso han aumentado ligeramente en 2015 y en 2016. ¿Por qué? La razón la podemos ver en el siguiente gráfico, que nos muestra la evolución de la producción eléctrica alemana durante los últimos años.



Si se fijan bien en la gráfica, verán que todo el aumento de energía renovable ha servido fundamentalmente para cerrar centrales nucleares (y en menor medida algunos ciclos combinados de gas). Sin embargo, el consumo de carbón se ha mantenido prácticamente constante, incluso el lignito -altamente contaminante y muy emisor de CO2 - ha aumentado ligeramente. Teniendo en cuenta que la huella de carbono de una central nuclear es muy pequeña, mucho más pequeña que la de una térmica de carbón, está claro que la Energiewende no está pretendiendo la descarbonización de la economía alemana, sino otra cosa. Básicamente, una salida ordenada de la energía nuclear. 

Se puede alegar que abandonar la energía nuclear es algo positivo debido a los riesgos que comporta. Siendo eso verdad, da más bien la impresión de que la urgencia del abandono de la energía nuclear tiene más que ver con la llegada del pico del uranio: como comentamos al analizar el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía de 2014, todo apunta a que el pico del uranio ya se ha producido (y probablemente el del carbón también, pero ésa es otra historia). En ese sentido, el movimiento de Alemania contrasta con el de su vecina Francia, país que apostó mucho más fuerte por la energía nuclear. Las dificultades crecientes para conseguir uranio asequible estarían probablemente detrás de que en los últimos 4 años de manera permanente un 25% de las centrales nucleares francesas permanezcan paradas por uno u otro motivo; también estarían en el trasfondo de la intervención militar de Francia en Malí, y tendrían mucho que ver con el episodio del encarecimiento de la electricidad en España a principios de este año. En Francia se dejan oír ahora voces a favor de una rápida implantación de la energía renovable, a la vista de lo cara que resulta la nuclear. En Alemania esta decisión ya la tomaron hace tiempo, y a pesar de que los críticos atacan la Energiewende por haber encarecido la electricidad, probablemente Alemania está prefiriendo pagar más ahora para poder resistir mejor la crisis energética inminente. Una cuestión para meditar.

Los defensores de la energía nuclear suelen desdeñar el problema del pico del uranio alegando que si el precio es suficientemente alto aparecerán recursos de una manera exponencial. Esencialmente, a 200$ por kilo de uranio la producción se podría cuadriplicar. Este argumento resulta bastante miope, pues ya sabemos que hay un límite máximo al coste de la energía. James Hamilton, profesor de la Universidad de California San Diego, lo sitúa en torno al 10% del PIB, lo cual es consistente con los análisis basados en la Tasa de Retorno Energético (TRE) y con los que han realizado otros economistas como Gaël Giraud. De hecho, a 200$ dólares por barril de petróleo la producción de petróleo también podría cuadruplicarse, pero tal precio es simplemente imposible de soportar por la economía, porque en esencia el rendimiento energético de ese petróleo es demasiado bajo como para sostener una sociedad compleja.


De hecho, el escenario de precios altos para el petróleo parece el más probable para los próximos meses, de acuerdo tanto con la Agencia Internacional de la Energía como con el banco HSBC. La razón, analizada tiempo ha en este blog, es la brutal desinversión de las compañías petroleras, en su afán por simplemente sobrevivir (este tema se explica en detalle en la nueva versión del prontuario). En ese momento podremos comprobar si la inversión en explotación petrolífera se recupera o, como parece más probable, entramos en una nueva fase destructiva de la espiral del descenso energético. La crisis económica y financiera mundial que seguirá llevará de nuevo los precios del petróleo a la baja y a los países productores a un paso de las revueltas internas. ¿Invadiremos Argelia? Sólo el tiempo lo dirá.


Y a pesar de la relativa tregua que el petróleo barato le está dando a las economías occidentales, el malestar crece. Un malestar que lleva un día a un (fallido) referéndum en Grecia que habría sacado el país de la zona euro, otro día a un referéndum (exitoso) para sacar al Reino Unido de la Unión Europea, más tarde a la victoria de Donald Trump en la carrera presidencial de los EE.UU. y que en estos días lleva a Marine Le Pen a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que aunque no gane la ponen un paso más cerca del Elíseo, aunque sea a cinco años vista. Movimientos del mismo corte son generalizados en todo Occidente, hay un avance aparentemente imparable del populismo, de políticos de escasa catadura moral pero que proponen una reforma radical del sistema político, y mucha gente los considera una alternativa atractiva e interesante porque ya no compran el discurso tradicional de una élite vista como corrupta y subsidiaria del poder económico.

Y Vd., querido lector, incluso si es Vd. un afortunado miembro de esos dos tercios de la sociedad que no se ve en la pobreza o en la exclusión social, párese a pensar: ¿qué estamos ofreciendo a la juventud? Incluso los hijos de las clases altas no tienen claro el futuro. Se les pide que se esfuercen, que se sacrifiquen para que, quizá, tal vez, puedan tener un sueldo casi digno, no de emancipación, en algún momento no demasiado temprano de su vida.
Y a medida que vamos vamos más abajo en la escala social el futuro es más negro.

¿En aras de qué mantenemos esta situación? ¿Cuál es la ventaja de mantener un sistema económico que de manera palmaria es ya disfuncional, y que mostrará una mucho peor cara cuando la nueva oleada recesiva emerja?

El problema es la obsesión con el crecimiento económico. No sólo los agentes económicos; también los partidos y sindicatos sólo contemplan la creación de empleo a través del crecimiento económico, y se les hace impensable un escenario en que el crecimiento económico ya no sea posible; y no hablemos ya de abrazar el decrecentismo como fundamento ideológico. Hay demasiado miedo al rechazo social que genera la idea de decrecimiento, a pesar de que el 37% de la población española está ya, a día de hoy, dispuesta a abandonar el crecimiento. ¿Es que su opinión no cuenta? ¿Saben más los presuntos expertos que un día desbarran sobre el falso milagro del fracking en EE.UU. y otro apoyan con oscuros argumentos la austeridad como medida eficaz anti-crisis? En esa misma encuesta que enlazo arriba se muestra que sólo el 4% de la población española apuesta incondicionalmente por el crecimiento, frente a un 16% que apuesta incondicionalmente por todo lo contrario, por detenerlo por completo.

Seamos honestos: la idea de abandonar el crecimiento es ya bastante madura en la población, y el próximo recrudecimiento de la crisis hará que esta opción se convierta en mayoritaria. En realidad, hace una falta urgente un plan de decrecimiento. Pero tal cosa no va a suceder en tanto que nuestros dirigentes políticos y económicos no superen la fase de duelo en la que están respecto al crecentismo, es decir, la ideología del crecimiento. Ya está bien de maquillar estadísticas, ya está bien de mirar hacia otro lado, ya está bien de intentar ver con el prisma crecentista la evidencia que se acumula y que muestra que el crecimiento se acabó.

Así es, señores. Se acabó el crecimiento. Dejen de soñar quimeras, dejen de imaginar soluciones tecnológicos que nunca cuajan y no responden a los problemas que tenemos ya, aquí y ahora. No es una situación coyuntural, sino un problema estructural. Si lo necesitan, lloren por el crecimiento perdido; pero después séquense las lágrimas y pónganse a trabajar, pues nos falta, entre otras cosas, tiempo.

Si Vd., querido lector, es un responsable político y ha llegado aquí porque tiene dudas, sepa que tiene dos preguntas sobre la mesa: 
  1. ¿Es el crecimiento económico deseable? 
  2. ¿Es el crecimiento económico posible?
No se trata, no, de que conteste a estas dos preguntas: la respuesta a ambas ya es conocida y es un rotundo NO; este blog rebosa de la evidencia que avala estas respuestas. Lo importante es que piense cuál es el orden en que se plantea estas dos preguntas. Si se las plantea en el orden en que están escritas, probablemente Vd. comprenda los innumerables problemas que plantea el crecimiento, y con la segunda pregunta está intentando justificar la primera. Si las plantea en el orden inverso, probablemente comprende las limitaciones que imponen los límites biofísicos del planeta, y propone la segunda pregunta para consolarse. Si es así, aún está superando su fase de duelo. Dése su tiempo y supérelo. 

La ideología del crecimiento ha muerto, ¡Larga vida al crecentismo!





Salu2,
AMT

martes, 18 de abril de 2017

TRE global de la industria del petróleo

Queridos lectores,
Como anunciaba en el post anterior, Ruy Núñez nos ofrece esta semana una segunda parte, en la que analiza la TRE de la industria del petróleo, una versión simple pero más acertada de este tema que la que nos ofrecía el modelo ETP. Sin duda, un tema fundamental para entender qué nos deparar el futuro.
Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 
 
TRE global de la industria del petróleo
Mientras escribía el anterior post “Un aumento de producción “autoportante”” me vino a la cabeza la posibilidad que ofrece el análisis sobre la energía del petróleo para estimar la tasa de retorno energético (TRE) de la industria en su conjunto. El asunto es realmente muy sencillo pues a partir de la TRE de cada fuente, basta con hacer una media ponderada, y gracias a los cálculos hechos para el post anterior eso ya está hecho y sólo queda dividir la energía total producida por la energía total dedicada a la producción.
Hay que señalar que dicho análisis encierra una pequeña licencia metodológica, ya que no toda la energía que se utiliza para extraer petróleo proviene de dicho petróleo. Parte de ella proviene del gas natural y otra parte es electricidad, por lo cual la identificación de las fuentes primarias se vuelve casi imposible. Pero esta licencia no desvirtúa la reflexión general sobre la energía bruta, la necesaria para producción y la neta, y por tanto sobre la TRE.
Al igual que en el post anterior sólo considero dos escenarios de estudio: el correspondiente a los datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) sin corregir y el correspondiente a los datos corregidos para contemplar una situación sostenida de baja inversión en exploración y desarrollo. Asimismo, las correcciones aplicadas a los datos del WEO’16 y las TRE asignadas a cada categoría de líquidos asimilables al petróleo los he extraído de los posts de Antonio Turiel.
Al final del post, se presentan dos gráficas en las que se han doblado las TRE parciales de las categorías no convencionales a modo de análisis de sensibilidad.

Escenario central de la IEA (New Policies Scenario)
Aquí se consideran a los datos brutos recogidos en el World Energy Outlook 2016 (WEO’16) de la IEA más dos correcciones. Una para ajustar el volumen de los líquidos que no son petróleo crudo, igualando su densidad energética (el 70% de la del crudo). Y una segunda corrección para ajustar la producción a valores más realistas de producción (ver “El Ocaso del Petróleo 2016”). Los resultados se recogen en la gráfica 1.
Gráfica 1. Curvas de TRE de la industria del petróleo en su conjunto. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para igualar los volúmenes por la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior, más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

El primer elemento que creo que es destacable es la convergencia de las curvas en el largo plazo. Independientemente de las correcciones que se introduzcan, incluso comparando con la curva sin ninguna modificación –datos directos del WEO’16– la TRE del conjunto apunta a un valor algo por encima de 3 y muy pequeña dispersión (entre 3,3 y 3,4). Parte de la explicación se encuentra interpretando la gráfica hacia atrás: las diferencias son más significativas en los datos del pasado en los que no existe apenas contribución de los petróleos con bajas TRE (sean convencionales o no convencionales), y en los que la contribución de los líquidos del gas natural y de las ganancias de proceso (que reducen su volumen o se eliminan en las correcciones) revelan su peso en los datos sin corregir. De esta forma, en el punto correspondiente al año 2000 la TRE del conjunto es prácticamente la del petróleo crudo convencional, es decir 20.
Al mismo tiempo, en el largo plazo, las curvas tienden a converger pues en cualquiera de las tres series de datos aumenta el peso de los productos con menores TRE. De otra forma, la convergencia de las curvas obedece en gran parte al hecho de que hacia 2040 la categoría que más pesa en el promedio es la de los petróleos crudos pendientes de aprobación (las categorías de los descubiertos pero no aprobados y de los todavía por descubrir).
Caben más discusiones sobre los resultados que ofrece la gráfica, como la posición más alta o más baja de cada curva, pero entiendo que son reflexiones metodológicas de interés para otro tipo de artículo. Aprovecho para señalar que no he incluido todas las gráficas de las series generadas para el análisis, pues son análogas a las recogidas en los posts “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel y creo que simplemente distraen la atención. Miraré de generar un documento que recoja toda esa información y lo pondré a disposición de quien lo solicite.
El segundo elemento, y que es el que me parece realmente relevante desde la perspectiva de considerar aquello que de verdad importa en toda esta historia del estudio del aprovisionamiento energético, es que la TRE global del petróleo cae a valores peligrosos para el sostenimiento de una sociedad compleja.
La TRE mínima para sostener una sociedad compleja es un valor prácticamente imposible de determinar con precisión. Según el experto en la materia Charles S. Hall, los valores para sostener sistemas como el educativo, el de salud o la creación artística están alrededor de 12 a 14. Son valores cuestionables, pues no se trata sólo de la TRE en su conjunto sino también de cómo y quién aprovecha el excedente energético, pues si no fuese así, hasta la aparición de los primeros aprovechamientos energéticos fósiles no hubiera existido ningún tipo de sociedad compleja. Pero dado que en el pasado el disfrute del excedente energético estaba restringido a fracciones minoritarias de las sociedades, esas civilizaciones sí pudieron desarrollar cierta complejidad, a costa de la explotación humana (esclavos, siervos, proletarios).
Asimismo, la TRE de la industria del petróleo no es la TRE del sistema energético en su conjunto. Pero para hacer el análisis de la TRE del sistema energético en su conjunto no podemos realizar un simple ejercicio de promedio ponderado como el presentado aquí. Dado que el petróleo desempeña una posición de posibilitador del sistema industrial mundial, el descenso de su TRE afectará de forma no lineal al conjunto del sistema energético global. Esto permite enfocar de otra forma la discusión sobre la continuación del aprovechamiento del petróleo como vector energético más allá de su aportación neta de energía. En posts anteriores he sostenido que el petróleo puede seguir siendo explotado más allá del momento en que deje de aportar energía neta gracias al aporte de ídem de otra fuente, típicamente el gas natural. Pero a la vista del previsible rapidísimo descenso de la TRE del petróleo, si esa otra fuente que debe proveer la energía neta para continuar con la extracción, refino y distribución del petróleo depende a su vez del petróleo, se establece un bucle perverso que puede ir cerrándose sobre sí mismo muy rápidamente hasta anular dicha realimentación.
Dicho de otra forma, para poder seguir explotando el petróleo cuando su TRE caiga por debajo de lo indispensable, gracias al apoyo de otra fuente de energía, habría que transformar la parte pertinente de la infraestructura para cambiar el orden de prevalencia. Es decir, la industria de extracción, refino y distribución del petróleo debería apoyarse básicamente en, pongamos, el gas natural. En este punto la pregunta evidente es ¿tenemos tiempo y recursos para dicha transición?

Escenario de baja inversión
Este escenario corresponde al analizado por Antonio Turiel en “El Ocaso del Petróleo 2016” para recoger una previsión de producción a futuro ajustada al mantenimiento de unas condiciones deprimidas de inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos, según advierte la misma IEA.
A partir de los datos brutos del WEO’16 de la IEA se hace un ajuste de los volúmenes para tener en cuenta la previsible caída en la extracción debida a bajas inversiones en ese capítulo fundamental para sostener la producción de petróleo. Posteriormente se hacen los mismos ajustes por densidad de energía y previsiones de futuro más realistas. Con eso se obtienen las curvas de la gráfica 2.
Gráfica 2. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
Nuevamente se aprecia una cierta convergencia de las curvas a un valor en el entorno de 4. Las causas son exactamente las mismas que en el caso anterior. Y de forma general, la discusión que podemos realizar sobre los resultados son las mismas. Ello permite concluir que, independientemente de la producción total de hidrocarburos líquidos, la perspectiva en cuanto a TRE es la misma a efectos prácticos y por tanto, las implicaciones respecto a las afectaciones para nuestra sociedad serán válidas más allá de si creemos que el volumen total extraído será el que prevé la IEA u otro mucho menor. y esto es realmente lo relevante del análisis, que independientemente del volumen total producido, del volumen total de energía neta obtenida, la TRE del petróleo caerá a valores que, según los expertos, no permiten sostener una civilización como la que tenemos ahora.
Al mismo tiempo, y volviendo a la discusión sobre energía total, no en términos de TRE, cabe decir que ahí sí existirían diferencias importantes entre una situación u otra. Cuanta más energía neta total haya, más se podrá destinar a realizar la transición o la proporción de gente que todavía podrá disfrutar de los beneficios del petróleo será mayor (el volumen de energía neta en los diferentes casos contemplados cambia sustancialmente si consideramos los valores de la IEA o los resultantes tras las diferentes correcciones).

Análisis de sensibilidad
En las gráficas 3 y 4 se presentan los resultados de doblar las TRE de las categorías que no corresponden a petróleo crudo ya en explotación, a modo de análisis de sensibilidad y dado que el valor de TRE es sumamente complejo de determinar.
Gráfica 3. TREs de la industria del petróleo en su conjunto doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

Gráfica 4. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo y doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

Las variaciones no son demasiado relevantes pues a pesar de doblar las TRE de muchas categorías, apreciamos la misma tendencia decreciente a valores de TRE global en el entorno de 5,5  a 7 que sigue siendo escaso para el mantenimiento de sistemas sociales complejos.
Como apunte metodológico final, decir que en todo el análisis se han considerado valores estáticos de al TRE, pero se sabe que la TRE de cualquier fuente de energía finita es decreciente, por lo que la inclusión de este aspecto en el análisis no haría otra cosa que empeorar las perspectivas.

lunes, 10 de abril de 2017

Un aumento de producción “autoportante”

Queridos lectores,

Tras un corto receso, la actividad del blog se retoma. En esta ocasión, tenemos un nuevo post de Ruy Núñez sobre la producción de petróleo requerida para mantener el propio sistema de producción, basándose en un nuevo análisis de los datos del último WEO de la Agencia Internacional de la Energía. Estoy seguro de que será de su mayor interés.

Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 


Un aumento de producción “autoportante”
En el diseño de un puente la estructura que cubre la distancia entre dos apoyos consecutivos debe ser capaz de resistir las diversas cargas que actúan sobre el mismo. Por no complicar la exposición consideremos sólo las cargas gravitatorias, esto es, los pesos. A grandes rasgos, están las cargas debidas al tráfico que pasará por el puente, y el peso de la propia estructura. A medida que separamos los apoyos la estructura necesaria para aguantar las cargas aumenta sus dimensiones y consecuentemente su peso, y creo que es intuitivo entender que, a medida que aumentamos la distancia entre apoyos, la estructura resultante está cada vez más determinada por la necesidad de resistir su propio peso. Es decir, el peso del tráfico cada vez moviliza menos capacidad resistente de la estructura. El absurdo llega en el momento en que se moviliza tanta capacidad de la estructura para aguantarse a sí misma que el tráfico se convierte en algo residual y sin efecto determinante. En el diseño de un puente puede haber condicionantes orográficos que obliguen a hacer estructuras fundamentalmente autoportantes. Por ejemplo, en un valle muy profundo en el que resulte más económico un puente así, pues la alternativa de construir apoyos muy altos sea más cara. Pero también es cierto que las posibilidades modernas han permitido construir auténticos monumentos a la soberbia.
Desde que leí un primer “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel, creo que fue el de 2014 (seguido por la serie completa y ediciones posteriores), me surgió la pregunta de qué parte del crecimiento en la producción de petróleo se explicaba por la creciente necesidad de invertir más energía para extraer petróleos de menores tasas de retorno energético (TRE). Y si no podría darse el caso de que el incremento de producción se debiera a la necesidad de invertir más energía en la extracción de los hidrocarburos líquidos.
A medida que fui profundizando en el conocimiento de la problemática de los límites del crecimiento, la duda fue progresando hasta llegar a preguntarme si no estaríamos ya en esa situación de aumentar la producción de petróleo simplemente para mantener un nivel dado, o peor aún, por mantener la idea del crecimiento perpetuo. Y en caso negativo, ver cuándo podría producirse tal acontecimiento. En conclusión, si el aumento de producción previsto por la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) no obedece simplemente a un esfuerzo autoportante de la industria del petróleo, de forma que los aumentos de producción simplemente hacen crecer la producción total pero no la neta.
Si eso fuera así, tal como concluye Antonio Turiel, el petróleo ya no sería capaz de contribuir al crecimiento económico, sentando las bases para una situación de colapso en nuestra organización socioeconómica.
Finalmente me he animado a hacer un intento de valoración de la cuestión, pues en realidad no es nada difícil si reinterpretamos la información que nos da Antonio Turiel cada año.
He cogido los datos de la tabla 3.11 del World Energy Outlook edición 2016 (WEO’16) de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y los he interpolado para 2005 y 2010 (se aprecian unas pequeñas diferencias con los datos empleados por Antonio Turiel, pero no son significativas para el análisis). La gráfica obtenida es la siguiente:
Gráfica 1. Suministro de hidrocarburos líquidos según los datos de la tabla 3.11 del WEO’16 de la IEA. En todo el artículo se mantiene la nomenclatura y los colores empleados en el WEO’16 y el post de Antonio Turiel, El Ocaso del Petróleo edición 2016, para facilitar las comparaciones.


En un primer momento realicé un análisis completo sobre las hipótesis que Antonio desarrolla en sus posts. Sin embargo, la pregunta planteada sólo tiene sentido si consideramos que la producción de hidrocarburos líquidos aumenta. Por tanto, para ahorrar al lector muchas gráficas y esfuerzo interpretativo he decidido eliminar los escenarios en los que la cantidad de petróleo total disminuye, sea en volumen o en volumen equivalente por densidad de energía al petróleo crudo convencional.
Bajo estas premisas sólo caben dos escenarios:
  1. El escenario central de la IEA (New Policies Scenario) sin ninguna modificación.
  2. El escenario central de la IEA con ajuste por densidad de energía.
Presentaré primero el segundo escenario para dotar de cierto suspense al texto y porque se trata de un escenario más ajustado a la realidad desde una perspectiva energética, que la simple adición de volúmenes de productos que no ofrecen la misma capacidad de realizar trabajo.
Para los lectores asiduos de los posts de Antonio Turiel, insistir en que el presente análisis no persigue hacer una estimación realista de la energía neta que nos deja a día de hoy y en un futuro próximo, la industria del petróleo. Lo que se persigue es ver si el incremento previsto de producción se traduce en un incremento de la energía neta y por tanto, de la posibilidad de que la extracción de hidrocarburos líquidos contribuya al crecimiento económico.
Evidentemente para la estimación de la energía necesaria para la extracción, refino y distribución del petróleo sí necesitamos echar mano del concepto de TRE y de unos valores para cada categoría considerada. En este punto utilizo los valores ofrecidos por Antonio Turiel en su serie de posts.
También es importante señalar que cuando se presentan las gráficas de energía necesaria para la producción se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría, pero que dichas curvas no representan que se esté destinando a la extracción/refino/distribución esa cantidad de cada una de ellas. Puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, es muy probable que parte de la energía consumida no provenga de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.


1. Escenario central de la IEA (New Policies Scenario) ajustado para igualar a volumen de petróleo crudo por densidad de energía.
La primera consideración de este escenario es que se excluye la categoría de ganancias de proceso (processing gains) dado que dichas ganancias no son más que aumentos de volumen debidos a que los productos derivados del petróleo suelen tener menor densidad, por tanto ocupan más volumen, y a que se añade gas natural en algunos de los procesos. Por tanto, a efectos de energía, las ganancias de proceso no son tales (cuestión perfectamente explicada en el postEl Ocaso del Petróleo” edición 2012).
En segundo lugar se ajustan los volúmenes de los líquidos no convencionales y de los líquidos del gas natural a un 70% para tener en cuenta esta menor densidad energética.
Bajo estas condiciones las gráficas resultantes son las que siguen a continuación.
Gráfica 2. Curvas de extracción para las distintas categorías ajustando los volúmenes a un volumen equivalente al de petróleo crudo convencional por densidad energética.
Gráfica 3. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Como ya se ha indicado, se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría siendo importante señalar que no es que se esté destinando a la extracción, refino y distribución esa cantidad de cada uno de ellos. De forma genérica, y puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, se puede pensar que este análisis es aproximado en tanto en cuanto es muy probable que parte de esa energía consumida no provenga  de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.
Gráfica 4. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.
Aunque se presentan tres gráficas, la de producción, la de energía para producción, y la de energía producida/energía para producción/energía neta, de cara al análisis de este artículo sólo interesa la última.
Las otras dos gráficas se presentan para poner en contexto la tercera. En ésta, la línea verde corresponde a la envolvente de la primera gráfica (producción total de hidrocarburos líquidos, salvo ganancias de proceso), la línea roja corresponde a la envolvente de la segunda gráfica (que viene a ser la energía necesaria, en términos de volumen de petróleo crudo convencional, para la producción de los hidrocarburos líquidos) y la línea azul corresponde a la envolvente de la energía neta resultante (la que resulta de las gráficas de los posts de Antonio Turiel).
Sí sirven las dos gráficas introductorias para constatar visualmente que los líquidos correspondientes a las categorías de petróleos no convencionales y petróleos convencionales todavía por explotar (hallados pero no aprobados y todavía por descubrir), si bien suponen una fracción cada vez mayor en la producción total de hidrocarburos, simultáneamente suponen una proporción todavía mayor en la energía necesaria para producir dichos hidrocarburos (obvio si se tiene en cuenta su menor TRE).
El resultado es palmario: resulta que el incremento de energía necesaria para la producción de hidrocarburos líquidos se come todo el aumento de producción y más. Y el reverso de este hecho es que la energía neta resultante para la sociedad es decreciente.
Desde 2015, último punto de datos reales de la serie, el aumento de producción se ve superado por el aumento en la energía necesaria para producir y por tanto, se inicia el descenso de energía neta. En consecuencia se puede concluir que el aumento de producción es un espejismo contable que sólo enmascara la realidad de una disponibilidad decreciente de energía neta. Es como cuando un país aumenta la deuda pública para hacer crecer el PIB sin visos de poder devolver dicha deuda. ¿Les suena?
Llegados a este punto aparece la duda de qué pasaría si se aplica el análisis anterior a los datos de la IEA sin ajustar. Veámoslo a continuación.


2. Escenario central de la IEA sin ningún ajuste (New Policies Scenario)


Gráfica 5. Curvas de extracción (es la misma curva presentada al inicio del post).
Gráfica 6. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Se mantiene el criterio de que se diferencian categorías para distinguir cuánta energía requiere cada una sin que ello signifique que esa sea la cantidad real de cada categoría destinada a producción.
Gráfica 7. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.


¡Caramba! Resulta que incluso considerando sin reservas los datos de producción de hidrocarburos líquidos de la IEA, el incremento de energía necesario en los próximos años para sostener la producción se come dicho incremento y todavía más, de forma que la energía neta restante es declinante (como ya sabíamos por los posts de "El Ocaso del Petróleo"). De nuevo hay que señalar que este resultado es consecuencia de los valores de TRE empleados para cada categoría, pero es importante señalar que los valores empleados están en línea con lo que postulan los estudiosos más reputados en este campo.
Luego podemos concluir que incluso en el escenario más optimista, el de la propia IEA, ya estamos en una situación dónde sólo aumenta el esfuerzo “autoportante” de la industria del petróleo. Quizás eso explica en parte las desinversiones de la industria, la constatación de que por más recursos que se destinen a incrementar la producción, éstos no se traducen en ganancias energéticas y, consecuentemente, económicas.
Obviamente esto tiene implicaciones enormes pues el punto de inflexión en la curva de energía neta marca el momento en que la economía mundial deja de ser capaz de producir aumentos de la riqueza tangible. Todavía queda cierto margen para la riqueza financiera que tarde o temprano se verá arrastrada por la falta de colaterales que sustenten su existencia. Esta nueva tendencia decreciente tiene un primer factor acelerador: el aumento de población. Si la energía neta total disponible decrece, mientras que la población total mundial sigue aumentando, observaremos invariablemente un descenso fuertemente no lineal de la energía neta per cápita. Claro que a nuestro sistema, ya injusto en la distribución de la riqueza en su fase de crecimiento, es un aspecto que probablemente le importará poco, excepto por el hecho de que ahora deberemos decidir si acentuamos la desigualdad (la gran exclusión) o si buscamos maneras de decrecer solidarias y más justas.
Concluyo el artículo recordando una vez más que éste es un análisis parcial sobre los hidrocarburos líquidos. El momento clave decisivo será cuando el sistema energético global considerando todas las fuentes de energía cruce ese punto. Por lo que respecta al petróleo, y dado el papel esencial que juega en nuestro sistema socioeconómico, puede que acabe siendo subsidiado energéticamente, tal como apuntaba en mi anterior post sobre el modelo ETP. Sin embargo, ese mismo papel crucial puede ser fuente de fuertes distorsiones en las cadenas productivas y financieras si no entendemos rápidamente el reto al que nos enfrentamos y seguimos haciendo como que todo sigue igual.
Dejo para un siguiente post un análisis de la TRE global de la industria del petróleo que resulta muy sencillo a partir del trabajo anterior y que muestra resultados muy interesantes al tiempo que preocupantes. 

Ruy Núñez