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martes, 18 de abril de 2017

TRE global de la industria del petróleo

Queridos lectores,
Como anunciaba en el post anterior, Ruy Núñez nos ofrece esta semana una segunda parte, en la que analiza la TRE de la industria del petróleo, una versión simple pero más acertada de este tema que la que nos ofrecía el modelo ETP. Sin duda, un tema fundamental para entender qué nos deparar el futuro.
Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 
 
TRE global de la industria del petróleo
Mientras escribía el anterior post “Un aumento de producción “autoportante”” me vino a la cabeza la posibilidad que ofrece el análisis sobre la energía del petróleo para estimar la tasa de retorno energético (TRE) de la industria en su conjunto. El asunto es realmente muy sencillo pues a partir de la TRE de cada fuente, basta con hacer una media ponderada, y gracias a los cálculos hechos para el post anterior eso ya está hecho y sólo queda dividir la energía total producida por la energía total dedicada a la producción.
Hay que señalar que dicho análisis encierra una pequeña licencia metodológica, ya que no toda la energía que se utiliza para extraer petróleo proviene de dicho petróleo. Parte de ella proviene del gas natural y otra parte es electricidad, por lo cual la identificación de las fuentes primarias se vuelve casi imposible. Pero esta licencia no desvirtúa la reflexión general sobre la energía bruta, la necesaria para producción y la neta, y por tanto sobre la TRE.
Al igual que en el post anterior sólo considero dos escenarios de estudio: el correspondiente a los datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) sin corregir y el correspondiente a los datos corregidos para contemplar una situación sostenida de baja inversión en exploración y desarrollo. Asimismo, las correcciones aplicadas a los datos del WEO’16 y las TRE asignadas a cada categoría de líquidos asimilables al petróleo los he extraído de los posts de Antonio Turiel.
Al final del post, se presentan dos gráficas en las que se han doblado las TRE parciales de las categorías no convencionales a modo de análisis de sensibilidad.

Escenario central de la IEA (New Policies Scenario)
Aquí se consideran a los datos brutos recogidos en el World Energy Outlook 2016 (WEO’16) de la IEA más dos correcciones. Una para ajustar el volumen de los líquidos que no son petróleo crudo, igualando su densidad energética (el 70% de la del crudo). Y una segunda corrección para ajustar la producción a valores más realistas de producción (ver “El Ocaso del Petróleo 2016”). Los resultados se recogen en la gráfica 1.
Gráfica 1. Curvas de TRE de la industria del petróleo en su conjunto. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para igualar los volúmenes por la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior, más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

El primer elemento que creo que es destacable es la convergencia de las curvas en el largo plazo. Independientemente de las correcciones que se introduzcan, incluso comparando con la curva sin ninguna modificación –datos directos del WEO’16– la TRE del conjunto apunta a un valor algo por encima de 3 y muy pequeña dispersión (entre 3,3 y 3,4). Parte de la explicación se encuentra interpretando la gráfica hacia atrás: las diferencias son más significativas en los datos del pasado en los que no existe apenas contribución de los petróleos con bajas TRE (sean convencionales o no convencionales), y en los que la contribución de los líquidos del gas natural y de las ganancias de proceso (que reducen su volumen o se eliminan en las correcciones) revelan su peso en los datos sin corregir. De esta forma, en el punto correspondiente al año 2000 la TRE del conjunto es prácticamente la del petróleo crudo convencional, es decir 20.
Al mismo tiempo, en el largo plazo, las curvas tienden a converger pues en cualquiera de las tres series de datos aumenta el peso de los productos con menores TRE. De otra forma, la convergencia de las curvas obedece en gran parte al hecho de que hacia 2040 la categoría que más pesa en el promedio es la de los petróleos crudos pendientes de aprobación (las categorías de los descubiertos pero no aprobados y de los todavía por descubrir).
Caben más discusiones sobre los resultados que ofrece la gráfica, como la posición más alta o más baja de cada curva, pero entiendo que son reflexiones metodológicas de interés para otro tipo de artículo. Aprovecho para señalar que no he incluido todas las gráficas de las series generadas para el análisis, pues son análogas a las recogidas en los posts “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel y creo que simplemente distraen la atención. Miraré de generar un documento que recoja toda esa información y lo pondré a disposición de quien lo solicite.
El segundo elemento, y que es el que me parece realmente relevante desde la perspectiva de considerar aquello que de verdad importa en toda esta historia del estudio del aprovisionamiento energético, es que la TRE global del petróleo cae a valores peligrosos para el sostenimiento de una sociedad compleja.
La TRE mínima para sostener una sociedad compleja es un valor prácticamente imposible de determinar con precisión. Según el experto en la materia Charles S. Hall, los valores para sostener sistemas como el educativo, el de salud o la creación artística están alrededor de 12 a 14. Son valores cuestionables, pues no se trata sólo de la TRE en su conjunto sino también de cómo y quién aprovecha el excedente energético, pues si no fuese así, hasta la aparición de los primeros aprovechamientos energéticos fósiles no hubiera existido ningún tipo de sociedad compleja. Pero dado que en el pasado el disfrute del excedente energético estaba restringido a fracciones minoritarias de las sociedades, esas civilizaciones sí pudieron desarrollar cierta complejidad, a costa de la explotación humana (esclavos, siervos, proletarios).
Asimismo, la TRE de la industria del petróleo no es la TRE del sistema energético en su conjunto. Pero para hacer el análisis de la TRE del sistema energético en su conjunto no podemos realizar un simple ejercicio de promedio ponderado como el presentado aquí. Dado que el petróleo desempeña una posición de posibilitador del sistema industrial mundial, el descenso de su TRE afectará de forma no lineal al conjunto del sistema energético global. Esto permite enfocar de otra forma la discusión sobre la continuación del aprovechamiento del petróleo como vector energético más allá de su aportación neta de energía. En posts anteriores he sostenido que el petróleo puede seguir siendo explotado más allá del momento en que deje de aportar energía neta gracias al aporte de ídem de otra fuente, típicamente el gas natural. Pero a la vista del previsible rapidísimo descenso de la TRE del petróleo, si esa otra fuente que debe proveer la energía neta para continuar con la extracción, refino y distribución del petróleo depende a su vez del petróleo, se establece un bucle perverso que puede ir cerrándose sobre sí mismo muy rápidamente hasta anular dicha realimentación.
Dicho de otra forma, para poder seguir explotando el petróleo cuando su TRE caiga por debajo de lo indispensable, gracias al apoyo de otra fuente de energía, habría que transformar la parte pertinente de la infraestructura para cambiar el orden de prevalencia. Es decir, la industria de extracción, refino y distribución del petróleo debería apoyarse básicamente en, pongamos, el gas natural. En este punto la pregunta evidente es ¿tenemos tiempo y recursos para dicha transición?

Escenario de baja inversión
Este escenario corresponde al analizado por Antonio Turiel en “El Ocaso del Petróleo 2016” para recoger una previsión de producción a futuro ajustada al mantenimiento de unas condiciones deprimidas de inversión en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos, según advierte la misma IEA.
A partir de los datos brutos del WEO’16 de la IEA se hace un ajuste de los volúmenes para tener en cuenta la previsible caída en la extracción debida a bajas inversiones en ese capítulo fundamental para sostener la producción de petróleo. Posteriormente se hacen los mismos ajustes por densidad de energía y previsiones de futuro más realistas. Con eso se obtienen las curvas de la gráfica 2.
Gráfica 2. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.
Nuevamente se aprecia una cierta convergencia de las curvas a un valor en el entorno de 4. Las causas son exactamente las mismas que en el caso anterior. Y de forma general, la discusión que podemos realizar sobre los resultados son las mismas. Ello permite concluir que, independientemente de la producción total de hidrocarburos líquidos, la perspectiva en cuanto a TRE es la misma a efectos prácticos y por tanto, las implicaciones respecto a las afectaciones para nuestra sociedad serán válidas más allá de si creemos que el volumen total extraído será el que prevé la IEA u otro mucho menor. y esto es realmente lo relevante del análisis, que independientemente del volumen total producido, del volumen total de energía neta obtenida, la TRE del petróleo caerá a valores que, según los expertos, no permiten sostener una civilización como la que tenemos ahora.
Al mismo tiempo, y volviendo a la discusión sobre energía total, no en términos de TRE, cabe decir que ahí sí existirían diferencias importantes entre una situación u otra. Cuanta más energía neta total haya, más se podrá destinar a realizar la transición o la proporción de gente que todavía podrá disfrutar de los beneficios del petróleo será mayor (el volumen de energía neta en los diferentes casos contemplados cambia sustancialmente si consideramos los valores de la IEA o los resultantes tras las diferentes correcciones).

Análisis de sensibilidad
En las gráficas 3 y 4 se presentan los resultados de doblar las TRE de las categorías que no corresponden a petróleo crudo ya en explotación, a modo de análisis de sensibilidad y dado que el valor de TRE es sumamente complejo de determinar.
Gráfica 3. TREs de la industria del petróleo en su conjunto doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul a la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. La línea roja corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

Gráfica 4. TREs de la industria del petróleo en su conjunto en un escenario de baja inversión en exploración y desarrollo y doblando el valor de las TRE de las categorías diferentes a los petróleos crudos ya en explotación. La línea verde corresponde a los datos del WEO’16 de la IEA. La línea azul contempla el ajuste de los volúmenes a una baja inversión en exploración y desarrollo. La línea roja presenta los datos de la producción homogeneizada para considerar la densidad de energía de los diferentes tipos de líquidos. Finalmente, la línea marrón corresponde a volúmenes de producción con la corrección anterior más previsiones a futuro más acordes con lo esperable.

Las variaciones no son demasiado relevantes pues a pesar de doblar las TRE de muchas categorías, apreciamos la misma tendencia decreciente a valores de TRE global en el entorno de 5,5  a 7 que sigue siendo escaso para el mantenimiento de sistemas sociales complejos.
Como apunte metodológico final, decir que en todo el análisis se han considerado valores estáticos de al TRE, pero se sabe que la TRE de cualquier fuente de energía finita es decreciente, por lo que la inclusión de este aspecto en el análisis no haría otra cosa que empeorar las perspectivas.

lunes, 10 de abril de 2017

Un aumento de producción “autoportante”

Queridos lectores,

Tras un corto receso, la actividad del blog se retoma. En esta ocasión, tenemos un nuevo post de Ruy Núñez sobre la producción de petróleo requerida para mantener el propio sistema de producción, basándose en un nuevo análisis de los datos del último WEO de la Agencia Internacional de la Energía. Estoy seguro de que será de su mayor interés.

Les dejo con Ruy.

Salu2,
AMT 


Un aumento de producción “autoportante”
En el diseño de un puente la estructura que cubre la distancia entre dos apoyos consecutivos debe ser capaz de resistir las diversas cargas que actúan sobre el mismo. Por no complicar la exposición consideremos sólo las cargas gravitatorias, esto es, los pesos. A grandes rasgos, están las cargas debidas al tráfico que pasará por el puente, y el peso de la propia estructura. A medida que separamos los apoyos la estructura necesaria para aguantar las cargas aumenta sus dimensiones y consecuentemente su peso, y creo que es intuitivo entender que, a medida que aumentamos la distancia entre apoyos, la estructura resultante está cada vez más determinada por la necesidad de resistir su propio peso. Es decir, el peso del tráfico cada vez moviliza menos capacidad resistente de la estructura. El absurdo llega en el momento en que se moviliza tanta capacidad de la estructura para aguantarse a sí misma que el tráfico se convierte en algo residual y sin efecto determinante. En el diseño de un puente puede haber condicionantes orográficos que obliguen a hacer estructuras fundamentalmente autoportantes. Por ejemplo, en un valle muy profundo en el que resulte más económico un puente así, pues la alternativa de construir apoyos muy altos sea más cara. Pero también es cierto que las posibilidades modernas han permitido construir auténticos monumentos a la soberbia.
Desde que leí un primer “El Ocaso del Petróleo” de Antonio Turiel, creo que fue el de 2014 (seguido por la serie completa y ediciones posteriores), me surgió la pregunta de qué parte del crecimiento en la producción de petróleo se explicaba por la creciente necesidad de invertir más energía para extraer petróleos de menores tasas de retorno energético (TRE). Y si no podría darse el caso de que el incremento de producción se debiera a la necesidad de invertir más energía en la extracción de los hidrocarburos líquidos.
A medida que fui profundizando en el conocimiento de la problemática de los límites del crecimiento, la duda fue progresando hasta llegar a preguntarme si no estaríamos ya en esa situación de aumentar la producción de petróleo simplemente para mantener un nivel dado, o peor aún, por mantener la idea del crecimiento perpetuo. Y en caso negativo, ver cuándo podría producirse tal acontecimiento. En conclusión, si el aumento de producción previsto por la Agencia Internacional de la Energía (IEA por sus siglas en inglés) no obedece simplemente a un esfuerzo autoportante de la industria del petróleo, de forma que los aumentos de producción simplemente hacen crecer la producción total pero no la neta.
Si eso fuera así, tal como concluye Antonio Turiel, el petróleo ya no sería capaz de contribuir al crecimiento económico, sentando las bases para una situación de colapso en nuestra organización socioeconómica.
Finalmente me he animado a hacer un intento de valoración de la cuestión, pues en realidad no es nada difícil si reinterpretamos la información que nos da Antonio Turiel cada año.
He cogido los datos de la tabla 3.11 del World Energy Outlook edición 2016 (WEO’16) de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) y los he interpolado para 2005 y 2010 (se aprecian unas pequeñas diferencias con los datos empleados por Antonio Turiel, pero no son significativas para el análisis). La gráfica obtenida es la siguiente:
Gráfica 1. Suministro de hidrocarburos líquidos según los datos de la tabla 3.11 del WEO’16 de la IEA. En todo el artículo se mantiene la nomenclatura y los colores empleados en el WEO’16 y el post de Antonio Turiel, El Ocaso del Petróleo edición 2016, para facilitar las comparaciones.


En un primer momento realicé un análisis completo sobre las hipótesis que Antonio desarrolla en sus posts. Sin embargo, la pregunta planteada sólo tiene sentido si consideramos que la producción de hidrocarburos líquidos aumenta. Por tanto, para ahorrar al lector muchas gráficas y esfuerzo interpretativo he decidido eliminar los escenarios en los que la cantidad de petróleo total disminuye, sea en volumen o en volumen equivalente por densidad de energía al petróleo crudo convencional.
Bajo estas premisas sólo caben dos escenarios:
  1. El escenario central de la IEA (New Policies Scenario) sin ninguna modificación.
  2. El escenario central de la IEA con ajuste por densidad de energía.
Presentaré primero el segundo escenario para dotar de cierto suspense al texto y porque se trata de un escenario más ajustado a la realidad desde una perspectiva energética, que la simple adición de volúmenes de productos que no ofrecen la misma capacidad de realizar trabajo.
Para los lectores asiduos de los posts de Antonio Turiel, insistir en que el presente análisis no persigue hacer una estimación realista de la energía neta que nos deja a día de hoy y en un futuro próximo, la industria del petróleo. Lo que se persigue es ver si el incremento previsto de producción se traduce en un incremento de la energía neta y por tanto, de la posibilidad de que la extracción de hidrocarburos líquidos contribuya al crecimiento económico.
Evidentemente para la estimación de la energía necesaria para la extracción, refino y distribución del petróleo sí necesitamos echar mano del concepto de TRE y de unos valores para cada categoría considerada. En este punto utilizo los valores ofrecidos por Antonio Turiel en su serie de posts.
También es importante señalar que cuando se presentan las gráficas de energía necesaria para la producción se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría, pero que dichas curvas no representan que se esté destinando a la extracción/refino/distribución esa cantidad de cada una de ellas. Puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, es muy probable que parte de la energía consumida no provenga de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.


1. Escenario central de la IEA (New Policies Scenario) ajustado para igualar a volumen de petróleo crudo por densidad de energía.
La primera consideración de este escenario es que se excluye la categoría de ganancias de proceso (processing gains) dado que dichas ganancias no son más que aumentos de volumen debidos a que los productos derivados del petróleo suelen tener menor densidad, por tanto ocupan más volumen, y a que se añade gas natural en algunos de los procesos. Por tanto, a efectos de energía, las ganancias de proceso no son tales (cuestión perfectamente explicada en el post “El Ocaso del Petróleo” edición 2012).
En segundo lugar se ajustan los volúmenes de los líquidos no convencionales y de los líquidos del gas natural a un 70% para tener en cuenta esta menor densidad energética.
Bajo estas condiciones las gráficas resultantes son las que siguen a continuación.
Gráfica 2. Curvas de extracción para las distintas categorías ajustando los volúmenes a un volumen equivalente al de petróleo crudo convencional por densidad energética.
Gráfica 3. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Como ya se ha indicado, se mantiene la convención de colores por mor de distinguir cuánta energía requiere cada categoría siendo importante señalar que no es que se esté destinando a la extracción, refino y distribución esa cantidad de cada uno de ellos. De forma genérica, y puesto que la industria del petróleo emplea diversas fuentes de energía para desarrollar su actividad, se puede pensar que este análisis es aproximado en tanto en cuanto es muy probable que parte de esa energía consumida no provenga  de cada categoría particular, o ni siquiera del petróleo. Pero a efectos de determinar cuanta energía neta dejan los hidrocarburos líquidos no supone ningún impedimento considerarlo así.
Gráfica 4. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.
Aunque se presentan tres gráficas, la de producción, la de energía para producción, y la de energía producida/energía para producción/energía neta, de cara al análisis de este artículo sólo interesa la última.
Las otras dos gráficas se presentan para poner en contexto la tercera. En ésta, la línea verde corresponde a la envolvente de la primera gráfica (producción total de hidrocarburos líquidos, salvo ganancias de proceso), la línea roja corresponde a la envolvente de la segunda gráfica (que viene a ser la energía necesaria, en términos de volumen de petróleo crudo convencional, para la producción de los hidrocarburos líquidos) y la línea azul corresponde a la envolvente de la energía neta resultante (la que resulta de las gráficas de los posts de Antonio Turiel).
Sí sirven las dos gráficas introductorias para constatar visualmente que los líquidos correspondientes a las categorías de petróleos no convencionales y petróleos convencionales todavía por explotar (hallados pero no aprobados y todavía por descubrir), si bien suponen una fracción cada vez mayor en la producción total de hidrocarburos, simultáneamente suponen una proporción todavía mayor en la energía necesaria para producir dichos hidrocarburos (obvio si se tiene en cuenta su menor TRE).
El resultado es palmario: resulta que el incremento de energía necesaria para la producción de hidrocarburos líquidos se come todo el aumento de producción y más. Y el reverso de este hecho es que la energía neta resultante para la sociedad es decreciente.
Desde 2015, último punto de datos reales de la serie, el aumento de producción se ve superado por el aumento en la energía necesaria para producir y por tanto, se inicia el descenso de energía neta. En consecuencia se puede concluir que el aumento de producción es un espejismo contable que sólo enmascara la realidad de una disponibilidad decreciente de energía neta. Es como cuando un país aumenta la deuda pública para hacer crecer el PIB sin visos de poder devolver dicha deuda. ¿Les suena?
Llegados a este punto aparece la duda de qué pasaría si se aplica el análisis anterior a los datos de la IEA sin ajustar. Veámoslo a continuación.


2. Escenario central de la IEA sin ningún ajuste (New Policies Scenario)


Gráfica 5. Curvas de extracción (es la misma curva presentada al inicio del post).
Gráfica 6. Curvas de energía necesaria para la extracción de cada categoría. Se mantiene el criterio de que se diferencian categorías para distinguir cuánta energía requiere cada una sin que ello signifique que esa sea la cantidad real de cada categoría destinada a producción.
Gráfica 7. Curvas de energía extraída, energía neta y energía necesaria para la producción.


¡Caramba! Resulta que incluso considerando sin reservas los datos de producción de hidrocarburos líquidos de la IEA, el incremento de energía necesario en los próximos años para sostener la producción se come dicho incremento y todavía más, de forma que la energía neta restante es declinante (como ya sabíamos por los posts de "El Ocaso del Petróleo"). De nuevo hay que señalar que este resultado es consecuencia de los valores de TRE empleados para cada categoría, pero es importante señalar que los valores empleados están en línea con lo que postulan los estudiosos más reputados en este campo.
Luego podemos concluir que incluso en el escenario más optimista, el de la propia IEA, ya estamos en una situación dónde sólo aumenta el esfuerzo “autoportante” de la industria del petróleo. Quizás eso explica en parte las desinversiones de la industria, la constatación de que por más recursos que se destinen a incrementar la producción, éstos no se traducen en ganancias energéticas y, consecuentemente, económicas.
Obviamente esto tiene implicaciones enormes pues el punto de inflexión en la curva de energía neta marca el momento en que la economía mundial deja de ser capaz de producir aumentos de la riqueza tangible. Todavía queda cierto margen para la riqueza financiera que tarde o temprano se verá arrastrada por la falta de colaterales que sustenten su existencia. Esta nueva tendencia decreciente tiene un primer factor acelerador: el aumento de población. Si la energía neta total disponible decrece, mientras que la población total mundial sigue aumentando, observaremos invariablemente un descenso fuertemente no lineal de la energía neta per cápita. Claro que a nuestro sistema, ya injusto en la distribución de la riqueza en su fase de crecimiento, es un aspecto que probablemente le importará poco, excepto por el hecho de que ahora deberemos decidir si acentuamos la desigualdad (la gran exclusión) o si buscamos maneras de decrecer solidarias y más justas.
Concluyo el artículo recordando una vez más que éste es un análisis parcial sobre los hidrocarburos líquidos. El momento clave decisivo será cuando el sistema energético global considerando todas las fuentes de energía cruce ese punto. Por lo que respecta al petróleo, y dado el papel esencial que juega en nuestro sistema socioeconómico, puede que acabe siendo subsidiado energéticamente, tal como apuntaba en mi anterior post sobre el modelo ETP. Sin embargo, ese mismo papel crucial puede ser fuente de fuertes distorsiones en las cadenas productivas y financieras si no entendemos rápidamente el reto al que nos enfrentamos y seguimos haciendo como que todo sigue igual.
Dejo para un siguiente post un análisis de la TRE global de la industria del petróleo que resulta muy sencillo a partir del trabajo anterior y que muestra resultados muy interesantes al tiempo que preocupantes. 

Ruy Núñez

domingo, 19 de febrero de 2017

Reflexiones sobre el modelo ETP y el colapso



Queridos lectores,

Durante la semana que ya acaba he estado ocupado en múltiples menesteres, y entre otros la preparación de una sesión especial para FUHEM que tendrá lugar este lunes, en el que discutiré en profundidad las bases teóricas del modelo ETP. Este modelo, desarrollado por el Hills Group, ha ganado mucha atención en los últimos meses, en parte por la publicidad que le ha hecho Louis Arnoux (cuyos posts publicamos aquí traducidos) y en parte por lo extremo de sus predicciones (en particular, que en una década la industria del petróleo dejaría de ser capaz de producir suficiente energía siquiera para autosustentarse).

Ruy Nuñez escribió ya hace algunas semanas el análisis que les presento hoy, que es un anticipo de un post detallando mi presentación en FUHEM y que publicaré yo mismo dentro de pocos días. Teniendo en cuenta la importancia que se está dando a este modelo en algunos foros, creo que este post y el que viene serán de su máximo interés.

Salu2,
AMT


Reflexiones sobre el modelo ETP y el colapso

En los últimos meses existe cierto revuelo alrededor del modelo desarrollado por The Hill’s Group (THG) para estimar cuándo el petróleo dejará de aportar energía al sistema industrial. Puesto que estoy plenamente convencido de los postulados asociados al estudio de Los Límites del Crecimiento y que soy de los que creen que colapsaremos sí o sí, he leído con detenimiento los artículos de Louis Arnoux y posteriormente el propio informe de THG, Depletion: a determination for the world’s petroleum reserve.
Reconozco que he tenido que leer varias veces el informe y aun así no he logrado entender todavía algunas de las deducciones expuestas. Encuentro que no se presentan con toda la argumentación teórica necesaria para que alguien no versado pueda entenderlas con mayor o menor esfuerzo, por lo menos yo no lo he conseguido.
No he sido capaz de determinar si algunas de las hipótesis de simplificación de la ecuación de la que parte el modelo, la ecuación del balance de la tasa entropía para volúmenes de control derivada de la Segunda Ley de la Termodinámica, son correctas y por tanto, mis dudas sobre si en diferentes etapas del desarrollo se trabaja sobre diferentes volúmenes de control debo aparcarlas y dar por buenos los resultados. Es cierto que el desarrollo posterior, asumiendo que los datos empleados son correctos, arroja unos niveles altísimos de correlación entre los diferentes parámetros analizados.
Puesto que no acabo de dilucidar por mí mismo la robustez del análisis he buscado la opinión de otros y de momento no he conseguido encontrar un análisis en detalle del modelo. Escuché atentamente el programa de Radioactividad del Colectivo Burbuja en el que entrevistaron a Ferran Vilar y me llevé una pequeña decepción pues no se trató en él la bondad del modelo y se envuelve el estudio en un halo de secretismo que no se corresponde a la realidad pues no es difícil averiguar quién es el director de THG (Bedford W. Hill) o ponerse en contacto con él (yo lo he hecho).
Posteriormente he encontrado la videoentrevista a Louis Arnoux publicada en SRSroccoreport.com en la que se afirma que la fecha de traspaso (el año en que el petróleo crudo, tomado en promedio, dejará de aportar energía a la sociedad industrial exceptuando la propia industria de extracción y refino) no será el 2030, según la estimación del modelo ETP, sino el 2022. Louis Arnoux promete explicar con detalle esta nueva estimación en un próximo artículo en una revista revisada por pares. Pero yo quiero aprovechar la circunstancia de este acercamiento del límite fatal para exponer los argumentos que me llevan a pensar que el colapso no se producirá ni en 2022, ni en 2030, ni en ninguna otra fecha concreta. Para mí, el colapso ya está en marcha y todavía durará unas décadas. Seguramente pocas, pero décadas.
A ver si soy capaz de exponer mis pensamientos de forma ordenada e inteligible. Vaya por delante que mis argumentos son de carácter cualitativo, por tanto, no vienen apoyados en sesudos cálculos ni en largas series de datos. Pero espero que resulten convincentes igualmente, y si no la discusión debe ayudarnos a todos a entender mejor lo que hay y lo que vendrá.
Esta es la lista de argumentos que posteriormente desarrollaré:
- el  promedio no es la población
- la posición crucial del petróleo
- la complejidad del sistema socioeconómico

El  promedio no es la población
En la mayoría de estudios que he visto sobre el mundo del petróleo, y el modelo ETP no es una excepción, se trabaja con promedios dada la dificultad de analizar los numerosísimos casos particulares y probablemente, dada también la falta de datos fiables para muchos casos.
De hecho, el informe de THG dice explícitamente que trabajan con valores promedio. Por lo tanto cuando el modelo ETP dice que en 2030 el petróleo dejará de aportar energía al sistema industrial se indica que un porcentaje muy alto de pozos y yacimientos habrán alcanzado y superado tal situación, mientras que otro porcentaje también grande seguirán siendo rentables en términos energéticos y por tanto, económicos.
Evidentemente ese momento histórico será muy significativo desde una perspectiva historiográfica, pero en una visión continua del desarrollo de los acontecimientos puede incluso pasar desapercibido.
Lo cierto es que habrá países que todavía puedan sostener algún tipo de sistema industrial, mientras que otros muchos no. De esta última categoría ya estamos viendo algunos.

La posición crucial del petróleo
Para cualquier persona que haya estudiado el tema del peak oil resulta palmario que el petróleo es insustituible para la civilización industrial dado que el desarrollo de la misma desde la II Guerra Mundial ha estado basado en este recurso. Al mismo tiempo, dicho desarrollo, ha alcanzado cotas de complejidad y de cantidad que no pueden sostenerse a día de hoy con el resto de fuentes de energía.
Pero es esta misma posición de insustituibilidad del petróleo lo que empuja al sistema actual (el famoso BAU) a dedicar todos los recursos posibles para seguir obteniéndolo. Por decirlo de forma escueta, es muy posible que el BAU nos lleve a dedicar cualquier resquicio de energía neta positiva, por ejemplo la que pueda aportar el gas natural, para seguir extrayendo petróleo cuando éste ya haya dejado de ser energéticamente rentable (cabe recordar aquí que según el estudio de THG ese momento no es cuando la TRE es 1:1, sino cuando es 6,89:1; tengo la impresión que aquí hay una inconsistencia de definiciones acerca de la TRE entre la que usamos la mayoría y la que utilizan la gente de THG).
Es decir, emplear el petróleo como vector energético mientras haya otras fuentes con aporte neto. [alternativamente: Una analogía de esto sería la extracción y uso de las arenas bituminosas de Canadá sobre las que existen serias dudas de su viabilidad si no fuera por el gas natural y el petróleo crudo].
Por tanto, la existencia de otras fuentes de energía que no hayan alcanzado todavía su “dead state” (no he encontrado una buena traducción para el concepto) pueden posibilitar el enmascaramiento de dicha situación para el petróleo.
Y no menos importante, está la exclusión de porciones cada vez más importantes de la sociedad para mantener el BAU para el resto. Este aspecto no es trivial ni menor, pues la reducción drástica de quienes tienen acceso a los beneficios del petróleo podría alargar por bastante tiempo su función. Buena parte de las élites y de amplias capas de la sociedad, por desconocimiento o incomprensión del problema, se verán, ya se ven, empujadas a presionar al sistema para mantener su modo de vida sin darse cuenta en la mayoría de los casos, de que eso es gracias a la desposesión de otros. Aquí subyace el gran peligro de la deriva autoritaria de las sociedades, pero este no es tema de este artículo.

La complejidad del sistema socioeconómico
Para mí es indudable que la complejidad alcanzada por la civilización industrial es fruto directo de las fuentes de energía fósiles y muy particularmente del petróleo. Pero eso no es sinónimo de que el petróleo suponga una correa de transmisión directa en el sentido de que terminada su capacidad de aportar energía se acaba el sistema. En una perspectiva histórica probablemente sí, pero en la visión del que vive el suceso la percepción puede ser diferente.
Buena parte del riesgo de colapso está asociada con cómo se ha construido el sistema financiero. El colapso de la civilización industrial tendrá lugar, en mi opinión, independientemente del resto de factores pues es una cuestión termodinámica. Pero el momento en que se inicia y cómo se desarrolla sí puede estar influido por otros factores (ya he apuntado en el ítem anterior uno muy importante: la porción de población que tiene acceso a los beneficios del sistema).
El sistema financiero es otro elemento que puede acelerar o retrasar el colapso. Seguramente no hablamos de décadas sino de años, pero algo puede contribuir. Creo que no es difícil ver que, en realidad, ya estamos viviendo de prestado gracias a la financiarización de la economía (la gran explosión de la deuda por la universalización de las monedas fiduciarias combinadas con la reserva fraccionaria de los bancos privados), lo que ha permitido el desarrollo del petróleo LTO. Seguro que desde la crisis de 2008 y según afirman algunos entendidos en macroeconomía, desde 1970, más o menos. Este mecanismo de virtualización de la economía puede conceder algunos años más si de alguna forma los actores principales de la economía mundial orquestasen un sistema de redimensionamiento de la economía financiera. Ello podría hacerse a costa de eliminar gran parte de la riqueza mundial que al mismo tiempo es deuda; pero es que dicha riqueza ya es una entelequia sostenida en bits de ordenador. Imagino que el gran problema para implementar una acción de este tipo está en ver sobre quién recae el coste: si sobre la mayoría de ciudadanos, con el consiguiente riesgo de revueltas sociales pues esta vez se evaporarían los ahorros de cientos de millones de personas, o sobre las fortunas de esa pequeñísima élite que están acumulando la riqueza financiera. ¿Apostamos?
Otra forma en que el sistema socioeconómico puede alargar un poco el tiempo es mediante el consumo del capital acumulado previamente. De hecho, este mecanismo ya lo hemos visto profusamente a nuestro alrededor en los últimos años. Pero en los países centrales del sistema y los de las coronas más próximas, la riqueza acumulada por la sociedad en su conjunto, puede permitir trabajar a pérdidas al sistema. Vendría a ser un proceso opuesto al de concentración de capital ocurrido en los albores del capitalismo y su ejecución práctica puede ser por un fenómeno de pérdida de valor de las monedas y sin que ello genere inflación monetaria. Como tampoco soy economista me cuesta mucho articular y explicar el funcionamiento de este proceso y espero que resulte más o menos intuitivo. En el fondo, dado que nuestras monedas actuales basan su valor en la riqueza de los países que las respaldan (técnicamente se habla de la confianza que inspiran las diferentes economías), si la sociedad en su conjunto se va empobreciendo, el valor de dicha moneda también disminuye. Pero mientras el proceso no sea demasiado abrupto este fenómeno permite introducir dinero en forma de deuda que sirve para comprar tiempo. Simultáneamente no se genera inflación, por lo menos no explícita, pues el progresivo empobrecimiento deprime la demanda con lo que el dinero en circulación no consigue presionar los precios al alza. Si algún economista es capaz de elaborarlo adecuadamente, o desmontar el razonamiento, le estaré muy agradecido.
Seguramente existen otros factores debidos a la complejidad del sistema que pueden coadyuvar a alargar un poco el momento en que el declive sea evidente e innegable, pero también es intuitivo que la complejidad de nuestra civilización hace que sea más difícil explicitar el problema y sobre todo, cambiar de rumbo. Es por ello que yo soy de la opinión de que antes de ver cualquier transición y florecimiento de sociedades y economías post-petróleo tendremos que pasar por colapsos duros y costosos.

Epílogo
Yo creo que la mayoría de personas, una vez tomamos conciencia de lo que supone el decrecimiento en la disponibilidad de energía abundante y barata querríamos ver ocurrir dicha transición en el menor tiempo posible. Si me apuran diría que de la noche a la mañana. Ello probablemente por varias razones, entre las cuales el ver realizadas esas negras predicciones que en tantas ocasiones nos han hecho quedar como lunáticos ante personas a las que hemos expuesto la cuestión, o la creencia de que una vez instaurada la nueva realidad se acabará la angustia de la espera y podremos empezar a cambiar de forma de vida.
Pero también creo que la realidad será peor: el colapso es (asumo que ya se ha iniciado) lento a escala humana (muy rápido a escala histórica), es progresivo geográficamente (no todos los países colapsarán a la vez) y será devastador socialmente (ya lo podemos ver en casos como el de Siria, Venezuela o Grecia).
Al mismo tiempo soy optimista pues creo que cabe la posibilidad de crear sociedades más justas y más humanas, en el sentido de que sean sistemas más a la medida de los individuos. Eso sí, para ello habremos de pasar por enormes calamidades y probablemente la suerte irá por barrios: algunas zonas del planeta (no me aventuro a hablar de países, estados o regiones pues seguramente veremos muchos cambios de fronteras y desaparición de estructuras político-administrativas) desarrollarán civilizaciones deseables para una mayoría mientras que otras zonas caerán en distopías poco atractivas. De todas formas cabe recordar que a lo largo de la historia la prevalencia ha sido la de los sistemas de explotación de la mayoría por parte de una minoría.