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lunes, 19 de octubre de 2026

Lo Perentorio


Queridos lectores:

De Portugal a España, de Francia a Bélgica, de Alemania a Grecia... Protestan por el coste de la vivienda, por los recortes educativos, por la congelación de las pensiones, por el disparado coste de la vida, por la creciente militarización y el gasto militar mientras se recortan partidas sociales. Un fantasma recorre Europa, como aquél al que se refería Karl Marx en 1848.

Porque el edificio social no se aguanta. Llevamos demasiado tiempo huyendo hacia adelante, acumulando contradicciones y ahondando en la insostenibilidad general de nuestro sistema, sin dar soluciones reales a nuestros problemas, sin atrevernos a plantear lo que tenemos que plantear.

Suelo comentar en las charlas que la consolidación de la socialdemocracia en Europa tras la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de un pacto en el que los partidos de izquierda renuncian a hacer la revolución pendiente hacia el socialismo o el comunismo, en tanto que el capital se compromete a ofrecer una cara más humana, apostándose por un refuerzo del Estado del Bienestar. Eso ha permitido que, durante décadas, no haya habido un cuestionamiento abierto del capitalismo por parte de los partidos dichos "de izquierda". En el largo plazo, eso ha hecho que la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha haya quedado un tanto diluida, hasta el punto de que, antes de la crisis de 2008, parecía que lo único importante era su posicionamiento en materia de libertades individuales y una visión más tradicionalista o más innovadora de la sociedad. La política económica era prácticamente la misma entre los partidos con posibilidades de gobierno, y las políticas sociales (donde había más diferencias de criterio) no podían en ningún caso contradecirla, por lo que, cuando llegó la crisis del 2008, hasta los gobiernos de izquierda aplicaron recortes sociales.

Pero ahora estamos en un momento histórico. La fase expansiva del capital ha llegado a su fin. El mundo se le ha quedado pequeño. Los recursos empiezan a escasear (es un sarcasmo decir esto, si se tiene en cuenta su obscena abundancia: más que escasear, su disponibilidad ya no crece sino que mengua, pero sigue siendo gigantesca). Los problemas ambientales crecen y se multiplican. Y la estructura social se tambalea. 

En su búsqueda incesante del crecimiento, el capital está extrayendo renta de los últimos nichos que le quedan. Por un lado, ha apostado con fuerza por la última locura tecnológica, la Inteligencia Artificial, hinchando una enorme burbuja que inevitablemente tendrá que reventar. Por el otro, ha acaparado un bien de primera necesidad, al que todo el mundo se ve obligado a recurrir, la vivienda, de forma parecida a como ya lo hizo hasta 2008 y que llevó a la gran crisis de aquel entonces. Pero la crisis de 2008 fue una crisis hipotecaria, es decir, de compradores. En 2026 estamos en una crisis de alquiler. Ya no es poseer: es tener un lugar donde dormir, aunque no sea tuyo. Estamos llegando a las últimas posibilidades de exprimir el mercado de la vivienda. O más bien, de exprimir a las rentas del trabajo.

Lo de Ormuz no va mal. Va fatal. A Irán se le ha acabado la paciencia, y después de que los EE.UU. le hundiera 5 petroleros en septiembre se ha quedado casi sin capacidad de exportar. Después de varios intentos y avisos de que solo permitiría pasar barcos que bordearan la costa iraní, con pago de peaje incluido, la persistencia en burlar el bloqueo por el método de pasar por el lado de la costa de Omán, apagando el AIS de los buques y contar con escolta americana ha hecho que Irán dé un puñetazo en la mesa. En los últimos días ha hundido dos superpetroleros y dos buques portacontenedores, y en seguida el petróleo Brent ha llegado casi a los 110 dólares por barril. En las últimas semanas, Irán ha reiterado su disposición a abrir el estrecho con un "plan de 7 días", pero está claro que sus términos no son aceptables para los EE.UU. Así que la cosa solo puede ir a peor.

El precio del combustible está disparado en Europa, con valores por encima de los 2€ el litro en la mayoría del continente. Y la cosa puede ir a peor: el reciente desplome de los márgenes de refino hasta valores negativos hace que algunas refinerías en Europa se planteen reducir e incluso parar la producción. Puede parecer paradójico que justo cuando los combustibles son más caros las refinerías puedan perder dinero, pero en eso influye mucho la volatilidad del precio del petróleo físico y los compromisos de suministro a plazo. El precio del petróleo físico es aquel con el que llega a la refinería, e incluye tanto el precio de la materia prima en sí (que es el que se suele dar en las noticias) como el precio del transporte y de los seguros, ambos actualmente disparados por la mayor longitud de las rutas y por los riesgos enormes de transitar alrededor del Golfo Pérsico. Hace ya meses que el precio del petróleo físico supera habitualmente los 150$, pero con la reciente subida de precio del petróleo en sí y de los seguros (no ayuda mucho que se estén hundiendo barcos), ahora mismo supera frecuentemente los 170$, comiéndose los márgenes que hace unas pocas semanas habían llegado hasta los 100$ para el diésel. Así que el incremento del precio del petróleo puede, paradójicamente, llevar a cerrar refinerías, haciendo la escasez aún mayor.

Y recordemos que no solo el petróleo está varado en Ormuz. Falta gas natural, lo que es preocupante en Europa de cara al invierno, tanto por las necesidades de calefacción como para la estabilidad de la red eléctrica (ya se habla de reducir el consumo de gas un 7%). Faltan fertilizantes, justo cuando en unas semanas debería empezar la siembra del cereal de invierno. Falta ácido sulfúrico que afecta a la extracción de todo tipo de metales y minerales. Falta y faltará de todo.

Como consecuencia de todo ello, la vida es cada vez más cara. La inflación en España llegó al 4,9% este mes de septiembre, y hasta el 3,8% en el conjunto de la Unión Europea. ¿Y qué creen que pasará en los próximos meses? Que irá a peor. E, inevitable, en lontananza (o no tan lejos, nadie lo sabe con certeza), una gran crisis económica. Por tanto, en el horizonte tenemos más recortes, mayor coste de la vida, salarios congelados o a la baja y mayor precariedad laboral. En suma, más leña para el fuego social.

La gente que ha salido a la calle no sabe de Tasas de Retorno Energético, de ritmos de declive o de la inviabilidad material de la Renovable Eléctrica Industrial. Lo que saben es que su vida es cada vez más dura, más difícil, más estrecha. Estamos inmersos en un intenso proceso de empobrecimiento, el cual además será cada vez peor, porque el capital necesita a toda costa garantizar sus tasas históricas de ganancia, pero realmente no hay manera de mantenerlas en un mundo de recursos cada vez más escasos.

La verdad incómoda que nadie quiere asumir es que es necesario y urgente superar el capitalismo. Es necesario y urgente transitar hacia otro modelo económico que no necesite el crecimiento. Y cuánto más tardemos en hacer ese cambio, más degradación social habrá. Por sintetizarlo con un término (y dado que soy de la vieja escuela y me gusta usar palabras que condensan muchos conceptos pero que ya nadie utiliza), lo denominaré el Cambio Perentorio (perentorio: que es concluyente, definitivo, urgente o que no admite prórroga ni discusión). O, simplemente, lo Perentorio.

Algunos intentan esconder lo Perentorio detrás de banderas y cubrirlo con soflamas patrióticas. Que lo importante es la unidad de la Patria, y que la Patria está en peligro. Que, en cuanto "salvemos la Patria", todo estará arreglado. Sin embargo, lo Perentorio es internacional, no distingue de patrias ni fronteras: nuestra lucha aquí es en realidad la misma lucha de los franceses y los portugueses y, aunque en nuestro snobismo no nos demos cuenta, la misma de los latinoamericanos, los africanos y los asiáticos.

Otros intentan convencernos de que lo Perentorio es la inmigración, que todos los problemas nacen de una inmigración descontrolada, que si echamos a todos los inmigrantes nos irá bien. Pero en realidad el empobrecimiento creciente nace de la imposibilidad de mantener un capitalismo siempre creciente en un planeta finito, y con o sin inmigrantes esa situación se va a mantener. De hecho, la obsesión por criminalizar y marginar a los emigrantes, que son quienes hoy en día sostienen una parte fundamental del sistema productivo español y sobre todo la natalidad, resulta muy útil a un capital que usará su inseguridad social para continuar explotándolos y pagándoles salarios de miseria. La xenofobia y el racismo está al servicio de la explotación laboral, y de ninguna manera resolverán lo Perentorio. 

Otros, desde posiciones pretendidamente progresistas, insistirán una vez más en el fracasado modelo de la Renovable Eléctrica Industrial, como si no estuviese hundiéndose, como si fuese capaz de resolver el problema de electrificar ese 70 y muchos por ciento del consumo de energía final que no es eléctrico. Se enfrascarán en soluciones de carácter tecnológico por temor a abordar el problema de fondo, y es que lo Perentorio es social, donde se tiene que operar el cambio más profundo es en el modelo social.

Nadie quiere denunciar el capitalismo como lo que es, un modelo inviable. Nadie se atreve a proponer un abandono del capitalismo. Nadie tiene el valor de intentar cambiar el capitalismo y superarlo.

Las protestas y manifestaciones que han surgido en toda Europa nacen de la constatación de que los ciudadanos de a pié están huérfanos políticamente: nadie les representa, nadie defiende sus derechos, nadie se atreve a cuestionar a quienes los están machacando y desposeyendo. Por eso, solo pueden ir a más. Quizá la oleada de protestas de hoy se apague con promesas reformistas tras las elecciones, por cansancio de los manifestantes o por medio de la represión más feroz. Pero lo Perentorio seguirá estando ahí. Y lo Perentorio no puede ser ignorado: necesita una respuesta, que tarde o temprano tendremos que darle.

También forma parte de lo Perentorio la situación ambiental y particularmente climática, y como, de nuevo, la única respuesta sensible al Cambio Climático es la superación del capitalismo, nadie se atreve a hacer nada efectivo sobre el tema, y algunos hasta se permiten dudar de que haya un Cambio Climático con argumentos cada vez más huecos y más estúpidos: "siempre hizo calor en verano", "siempre hubo incendios", "siempre hubo gotas frías", "siempre hubo inundaciones". Mientras esto escribo hay 850.000 personas confinadas en las provincias de Valencia y Alicante por culpa de unas precipitaciones monstruosas que en las últimas 24 horas han dejado 300 litros o más por metro cuadrado, en los puntos más extremos superando incluso los 700 litros por metro cuadrado. El Mediterráneo está más de 3 grados por encima de la media de temperatura de los años 80, y por culpa de eso solo podemos esperar que las lluvias torrenciales continúen durante las próximas semanas. Pero no sabemos si nuestras infraestructuras aguantarán eso. A todo el estrés social que supone lo Perentorio, hay que añadir una capa adicional de estrés causado por el Caos Climático.

Mañana por la mañana se ofrecerán sendas ruedas de prensa, en Barcelona y Valencia, enmarcadas en la iniciativa "Alerta el Niño". En ellas se exigirá a las administraciones locales (catalanas en el primer caso, valencianas en el segundo) que tomen medidas de preparación para lo que viene. Porque estas lluvias son solo el aperitivo de lo que va a venir el año que viene. Este Niño, de unas dimensiones nunca antes vistas, va a golpearnos con dureza inusitada, y debemos prepararnos ahora, cuando hay tiempo. Porque la emergencia no empieza cuando se desbordan los torrentes, se queman los bosques o la gente muere de golpes de calor. La emergencia empieza cuando conocemos el riesgo y decidimos no prepararnos.

Salu2.

AMT 

domingo, 5 de junio de 2011

Yo a los palacios subí, yo a las cabañas bajé...

(me temo que la segunda parte de la estrofa no se aplica)


Queridos lectores,

Un breve post para dar cuenta de mis actividades de los últimos días. No tiene más interés que el meramente anecdótico y, sí, pronto volveré con los posts técnicos.

Hace unas semanas tuve el honor de ser invitado a presentar una ponencia en el Seminario de la Fiscalía Coordinadora de Medio Ambiente que cada año se celebra en la localidad segoviana de Valsaín, un pequeño y pintoresco pueblo de esa provincia. La solicitud consistía en que hiciera una presentación sobre sostenibilidad, al estilo de la que hiciera hace unas semanas en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, aunque un poco más centrado en los problemas específicos de España. La verdad es que ha sido una experiencia intensa e interesante; la mayoría del seminario consistió en una prolija discusión sobre aspectos jurídicos varios del ejercicio de las funciones de investigación y vigilancia en materia mediambiental y de urbanismo (y he de expresar mi máxima admiración por estas personas que son capaces de citar de memoria ya no las leyes y el día de su promulgación, sino artículos concretos por su numero). Aunque realistas sobre las limitaciones del mundo real, es de destacar su tesón por la defensa del bien público, por encima de las presiones legítimas e ilegítimas a las que se ven sometidos. Al seminario asistían varios fiscales de la reciente promoción, algunos más veteranos que explicaban casos concretos de su trabajo del día, y algunos miembros de los diferentes Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado español (para mis lectores transatlánticos, ésa es una complicada expresión española para designar los múltiples cuerpos policiales y asimilados que existen en España). Y en medio de ellos, yo, una completa rara avis; aunque mis conversaciones con todos estos profesionales fue muy interesante e instructiva, a la par de amena - particularmente con los mossos y los ertzainak, aunque a algunos les pueda sorprender. El sábado expuse la presentación que traía preparada, siendo yo el último en intervenir a petición mía. Mi presentación, bastante condensada y más genérica que las habituales que hago sobre el Oil Crash, causó a mi parecer un hondo impacto en la audiencia (una parte de la cual ya había tenido un desagradable anticipo el día anterior durante la cena, pero eso pasa por preguntar...). La discusión ulterior aportó elementos bastante interesantes, y no faltó quien defendió una visión ligeramente contraria, aunque la contundencia de mis datos fue bastante demoledora (hubo quien me designó como "profesor Turiel", pobre de mí). No puedo dar muchos más detalles sobre lo que allí se habló por un elemental principio de discreción, pero sí puedo decir que creo que el estamento fiscal y policial, al menos la parte relacionada con medio ambiente, estaría empezando a tomar seriamente en consideración las implicaciones de la escasez de recursos.


Estando en Valsaín tuve la loca idea de que si el sábado yo podía llegar a una hora razonable a Madrid podría intentar dar una charla a los acampados de la Puerta de Sol. Con la inestimable ayuda de algunos de los lectores de este blog (gracias por vuestros desvelos, chicos) la cosa se organizó en tiempo récord y se convino que haría una charla/debate en la Plaza del Carmen, cerquita de Sol, a las 7 de la tarde del sábado. Tras una accidentada llegada al lugar en cuestión (una línea de metro cortada y una manifestación justo por el único camino por el que podía llegar) se vio que había muy poca gente, y los responsables de la comisión de energía decidieron que finalmente hablaríamos en la Puerta del Sol. En contraste con lo que sucede en Plaça de Catalunya, donde el tiempo está muy taxado y el espacio repartido con horarios de ocupación, volvimos tranquilamente de la Plaza del Carmen a la Puerta del Sol, nos pusimos donde nos dio la real gana (al lado de la marquesina del metro) y hala, a hablar. Tenía razón una de las chicas que participaban en la comisión cuando me dijo que lo mejor era ir a Sol, porque ya vería que en seguida se juntaba mucha gente: efectivamente, al minuto o dos de haber empezado a hablar se congregó una pequeña multitud, que en algún momento debió de estar cerca del centenar de personas, la mitad o más de las cuales gente de más de cuarenta años. Hablé durante media hora sobre la crisis energética y su interacción económica, y por qué la llegada del cenit de producción de petróleo (y los que vendrán pronto del carbón, gas y uranio) implican que esta crisis económica no acabará nunca, y después hablamos durante una media hora sobre temas diversos, en particular sobre la puñetera energía libre, a la que ya veo que le voy a tener que dedicar el siguiente post, en vista de algunos movimientos que he detectado en las acampadas. Luego se puso a llover y el grupo se disolvió, aunque yo aún estuve hablando con un grupillo de unas diez personas en el interior del metro durante casi una hora.


Contraste curioso entre fiscales/policías e indignados/perro flautas/ciudadanos de a pie, pero con un rasgo unánime: consternación, preocupación, negociación con la realidad para que sea magnánima... Pero, como a veces se dice, la Naturaleza no negocia, así que más vale que comencemos a preparar los mejores planes que tengamos para pilotar el descenso. Es lo mínimo en aplicación del principio de precaución que ha de regir ciertas decisiones críticas para nuestra sociedad.


Pronto volvemos. Salu2,
AMT