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miércoles, 1 de abril de 2020

Coronavirus, una razón más para salir del capitalismo.

Queridos lectores:

Máximo Luffiego me ha enviado este interesante escrito sobre el futuro del capitalismo, espoleado por la crisis que plantea actualmente la pandemia de CoVid. Es un ensayo de naturaleza teórica pero orientada a la adopción de medidas concretas para superar y contrarrestar el capitalismo. Unas reflexiones muy pertinentes en este momento.

Les dejo con Máximo.


Salu2.

AMT


CORONAVIRUS, UNA RAZÓN MÁS PARA SALIR DEL CAPITALISMO

Por Máximo Luffiego
La propagación del coronavirus es exponencial. Si no se tomaran medidas, en cuestión de meses, se verían afectadas millones de personas. Su capacidad de reproducción es un éxito biológico. No obstante, desde el punto de vista humano, constituye una amenaza y la prioridad de cada país es intentar limitar su propagación mediante medidas de información, higiene, confinamiento, etc.
Nuestra economía capitalista también ha tenido un crecimiento exponencial, gracias a la explotación de los combustibles fósiles y al desarrollo de la ciencia y la tecnología aplicadas a la producción. Somos 7.600 millones de personas, hemos colonizado todo el planeta y una cuarta parte de la humanidad no para de viajar por tierra mar y aire. Sin lugar a dudas es un hito de la civilización industrial. 
A falta de un dios que nos juzgue, desde una mirada sistémica con perspectiva planetaria, este éxito es la antesala de un fracaso sin parangón que si no corregimos a tiempo -esperemos que lo haga la reflexión sobre esta pandemia- acabará con la civilización y quizá con la especie. El éxito económico del capitalismo equivale, en el otro lado de la ecuación, a la destrucción, también exponencial, de los recursos y de los sistemas vitales del planeta. La crisis energética en ciernes, así como la climática y la ecológica tienen las mismas causas: el crecimiento económico y la expansión humana. También la crisis sanitaria actual es resultado del crecimiento económico y de la expansión humana de los que tanto nos ufanamos; al destruir hábitats por la deforestación, la extracción de recursos naturales, el monocultivo y el consumo de animales salvajes, facilitamos el contacto de patógenos con poblaciones humanas (1). 
Como si GAIA velase por la salud del planeta, la pandemia del coronavirus ha alejado temporalmente las crisis energética y ecológica, al ralentizar el crecimiento económico y la emisión de contaminación. El coronavirus nos ha enseñado que unos meses de frenazo económico han sido mucho más resolutivos que las 25 COPs para mitigar el cambio climático y posponer la crisis energética, aunque sea temporalmente. 
La experiencia muestra que las pandemias no reconocen fronteras pero sí la incapacidad para abordarlas a escala mundial. Además ha dejado en entredicho la política seguida por el neoliberalismo en aras del beneficio económico al concentrar muchas industrias en China -también la sanitaria- lo que ha impedido dar una respuesta eficaz a la pandemia.
Ante las amenazas globales, se requiere una ONU capaz de informar y coordinar a todos los países para tomar las decisiones pertinentes. Ahora bien, si una vez superada esta crisis del coronavirus continúa en los países ricos el deterioro social y económico que diezma la clase media, la próxima pandemia podría ser mucho más grave y desatar el caos, con centenares de miles de muertos, desbordando cualquier acción internacional. 
Una economía de crecimiento continuo, como es la capitalista, no puede solucionar algunas de las amenazas globales que ella mismo provoca, como es el caso del cambio climático, de la crisis ecológica y de las pandemias episódicas.
No habrá transición energética ni ecológica si no hay transición económica
Necesitamos otra economía que detenga la destrucción de nuestro planeta y permita desarrollar otra sociedad con valores más humanos. Precisamos realizar una transición económica hacia otro tipo de economía y de sociedad que cumpla estas condiciones y que, desde nuestro punto de vista, podría ser el ecosocialismo. Sin transición económica para dejar atrás el capitalismo no habrá transiciones energética y ecológica sostenibles.
La transición económica hacia el ecosocialismo implica dos fases: una fase de decrecimiento, que acabará probablemente siendo impuesta por la naturaleza, con dos objetivos principales, la desactivación de la economía capitalista y la creación de las condiciones para que se pueda desplegar la nueva economía, y otra fase de desarrollo de una economía Ecosocialista, cuyo objetivo sería la implantación de esta alternativa económica que debe seguir los principios de sostenibilidad ecológica y, al propio tiempo, mejorar las condiciones sociales en las que se encuentran los países y clases más necesitadas.
Aquí solamente trataremos la fase de decrecimiento.
El decrecimiento y la desactivación del capitalismo
En la década entrante habrá problemas con los combustibles fósiles, especialmente con el petróleo. Seguramente se manifestarán con altibajos brutales del precio de este recurso que alternativamente producirán problemas económicos en países importadores y exportadores. Ahora bien, este vaivén no puede durar mucho tiempo ya que habrá un goteo irreversible de países exportadores que vayan engrosando la fila de los importadores, acelerándose así el declive petrolífero. 
Sin embargo, el agotamiento de los combustibles fósiles y de otros recursos no tiene por qué ser el fin del capitalismo. Si algo ha demostrado este sistema es que tiene una capacidad de adaptación muy elevada. Aunque mengüen los recursos energéticos y minerales, el sistema podría sobrevivir en algunos países varias décadas más transmutando en un capitalismo rentista o, como dice Collins (2), en un capitalismo catabólico que se “alimenta de” y destruye la sociedad intentando sobrevivir de la riqueza de los Estados, mediante la deuda y la adquisición y gestión de infraestructuras y servicios estatales. 
La sustitución de la economía capitalista por una ecosocial supone, en palabras de Carpintero y Riechmann (3): “(…) poner trabas al librecambio y la operación de los mercados, al poder del capital, a la mercantilización del trabajo y de la naturaleza”. Pero eso no es suficiente, hay una necesidad imperiosa de neutralizarlo y que deje de operar en las sociedades. 
El crecimiento exponencial de la economía capitalista depende de la acumulación de capital mediante dos mecanismos: La apropiación de plusvalía de los obreros por parte de los empresarios en la economía productiva y la imposición de dinero en entidades financieras que permite multiplicarlo a tasas de interés positivas. 
Aquí, se proponen dos medidas complementarias para desactivarlo basadas en el control de estos mecanismos de acumulación. 
Regulación de los sueldos en las empresas productivas 
Históricamente la revolución rusa implementó la nacionalización de las empresas productivas, medida revolucionaria propuesta por Marx y justificada porque la parte de riqueza arrancada al obrero por parte del empresario (plusvalía) se considera injusta. Sin embargo, tras la caída de la Unión Soviética, las sociedades actuales difícilmente aceptarían una medida tan centralizada, lo cual no es óbice para nacionalizar los servicios esenciales.
Afortunadamente disponemos de otra posibilidad menos drástica: la regulación de los sueldos en las empresas privadas y, por supuesto, en las nacionalizadas. El gobierno negociaría con los sindicatos unos máximos y mínimos de los sueldos en los distintos sectores y categorías profesionales y todos los trabajadores de la empresa votarían los sueldos, incluido el del empresario. Las cooperativas funcionarían con autonomía, como ocurre en la actualidad. Hoy ya existen empresas que se constituyen como cooperativas. Los cooperativistas se reúnen y tratan y votan diferentes asuntos, entre ellos el abanico de sueldos. En la Economía del Bien Común de Felder (4), son asambleas de ciudadanos las que votan distintas cuestiones del pueblo, o barrio de una ciudad, incluida la diferencia del grado de desigualdad que puede haber entre el mayor y menor sueldo.
La imposición de tasas de interés negativas 
La imposición de dinero a una tasa de interés positiva incentiva la acumulación y la competencia entre capitalistas. Este es un mecanismo esencial para la conversión de dinero en capital en la actualidad, más todavía cuando la economía productiva ha entrado en una atonía que ya no proporciona suficientes beneficios al sistema. 
La modificación de la tasa de interés al alza se ha utilizado históricamente para enfriar la actividad productiva y controlar la inflación y a la baja para activarla y elevar la inflación. 
Pero, según Dierckxsens (5), hay una reforma del sistema financiero que podría encauzar esta transición decrecentista hacia una economía estacionaria y, desde nuestro punto de vista, hacia una economía ecosocialista. Se trata de regular la acumulación de capital mediante el establecimiento de tasas de interés negativas a las entidades financieras impuestas por los bancos centrales de los países y, en el caso europeo, supervisados por el BCE (6). 
Una tasa de interés negativa desincentiva la acumulación ya que el dinero depositado se va devaluando. En estas circunstancias, los capitalistas buscarían invertir su dinero en actividades productivas porque el prestamista, que es el banco, además del crédito le pagaría un interés. Inicialmente habría un aumento de la actividad productiva que originaría más capital, pero este, a tasas de interés negativas, ya no se podría multiplicar lo que frenaría la producción.
La plusvalía pierde su sentido con esta medida ya que es la forma de acumulación de dinero que tiene el capitalista en el sector productivo y, como hemos visto, este dinero se iría devaluando desde el momento en que se ingresara en el banco. Naturalmente el empresario debería tener un salario mayor, tanto por la exposición de su dinero como por la calidad del trabajo que realiza. 
La lógica de una reforma de este tipo es que afecta al mecanismo de la reproducción del capital y, por lo tanto, acaba con la racionalidad económica del capitalismo (7). Estas tasas se podrían modular en función de las cantidades depositadas y de las circunstancias económicas. 
Siendo un contrasentido la acumulación de dinero, las burbujas financieras responsables de crisis en el capitalismo no tendrían posibilidad de formarse. 
Sin embargo, una reforma de este tipo del sistema financiero no está exenta de problemas. Por ejemplo, los depositantes minoristas podrían aducir que los ahorros son necesarios para hacer frente a la inflación en el futuro. A este sector, se le podría aplicar tasas positivas. Los países pobres también podrían acogerse a este privilegio, con el fin de atraer capitales para su desarrollo, a condición de no llegar a superar su biocapacidad. Los bancos actualmente pueden crear dinero electrónico; habría que prohibir taxativamente esta capacidad de emitir dinero que debe ser exclusiva de los bancos centrales. Así mismo, habría que eliminar los paraísos fiscales, prohibiendo los depósitos en ellos como un flagrante delito.
Pero el problema de mayor envergadura es que para ser eficaz esta reforma debería implantarse mundialmente. De otra manera el capital migraría hacia otros países rápidamente. Junto a las movilizaciones de jóvenes a escala mundial de estos últimos años para hacer frente al cambio climático, la crisis del coronavirus puede posibilitar una mayor toma de conciencia a escala mundial para implantar otro sistema económico capaz de solucionar los problemas globales. 
A continuación, discutiremos algunos cambios económicos, sociales y ecológicos que podrían derivarse de esta reforma y que constituyen condiciones, seguramente necesarias pero no suficientes, para implantar una economía ecosocialista. 
  1. Permite disminuir el metabolismo económico:
En el contexto de esta reforma, la ganancia estaría regida por la suficiencia y no por la acumulación por lo que la competencia entre las empresas productivas y su metabolismo económico se reducirían notablemente. La renovación tecnológica de las empresas se ralentizaría al ser la competencia mucho menor, aunque esta renovación podría regularse para aumentar la eficiencia tecnológica. De esta manera, el sistema evitaría la sobreacumulación, o sea, la imposibilidad de rentabilizar el capital invertido en tecnología por verse obligado el empresario a cambiarla para poder competir, lo cual puede conducir ocasionalmente a crisis que asolan a las empresas productivas en el capitalismo.
Se impondría con el tiempo la tendencia a producir objetos duraderos. En lugar de crear nuevas necesidades y de fomentar el consumo mediante la publicidad, las modas y la obsolescencia programada, esta reforma promovería el cuidado de las cosas, la reparación de las mismas y el hecho de compartirlas estimulando así la economía solidaria. De esta forma, la seguridad y la esperanza no dependerían tanto del trabajo personal como del colectivo ya que residirían en la economía solidaria y no en acumular dinero individualmente. El sistema fomentaría la creación de cooperativas, en las que la propiedad de los medios de producción sería social y la toma de decisiones democrática.  
Si en estas circunstancias acumular dinero en un banco carecería de sentido, también lo sería acaparar objetos y mercancías; por lo tanto, el intercambio en los mercados se realizaría según su valor de uso y no de cambio. El dinero obtenido en la venta por un vendedor sirve para adquirir en otros mercados las mercancías que necesita, no para acumularlo en un banco. 
La competencia global y extrema que existe en la actualidad menguaría, ya que una tasa de interés negativa desincentiva la competencia pues no tiene objeto trabajar para no poder acumular dinero. Amén de los problemas energéticos que ya comienzan a afectar al comercio global amenazando con la disolución de la red mundial de rutas comerciales, la economía tendería a ser cada vez más local puesto que sería contraproducente la fusión y el gigantismo empresarial al estar sancionada la acumulación. A medida que las economías se fueran haciendo más locales perduraría cierto grado de competencia tanto en la elaboración de productos como en la compraventa de mercancías en los mercados.
  1. Permite hacer frente al paro y a la desigualdad:
Una cuestión primordial es el paro. En la fase de decrecimiento, la actividad económica disminuirá necesariamente aumentando el paro y, por tanto, la desigualdad. Esto sería una tragedia si todavía dominara el capitalismo. 
Hay dos maneras de combatir el paro: reduciendo la jornada de trabajo o/y mediante el Trabajo Garantizado por el Estado. En este último caso, a medida que el decrecimiento de la producción avance y aumente el paro, el balance de obreros a cargo del Estado respecto a la cantidad de obreros empleados en empresas privadas será cada vez mayor. La productividad se ralentizará ya que los obreros contratados por el Estado no están especializados para realizar trabajos tan diversos (8). En ausencia de una competencia exacerbada a escala local o regional, esto no debe representar un problema.
Con el paso del tiempo, la imposición de tasas de interés negativas en esta fase decrecentista nos acercaría a la sostenibilidad social y económica.
  1. Frena el deterioro ecológico:
Otro resultado crítico de esta reforma es que la economía sería mucho más respetuosa con el medio ambiente que la actual. Si los objetos fueran más duraderos se reduciría la extracción de recursos naturales, la actividad industrial, el consumo de energía y la producción de desechos y contaminación, o sea, el metabolismo económico. Con el paso del tiempo, se iría aminorando la tendencia derrochadora de “usar y tirar” y se lograría encarrilar el metabolismo económico hacia una tendencia decreciente adecuándose a los recursos locales, hasta lograr la sostenibilidad ecológica. Entonces el ritmo metabólico acabaría ajustándose a los principios de sostenibilidad ecológica y a la biocapacidad del territorio, logrando la circulación cuasi cerrada de los desechos no renovables. El decrecimiento económico también debería acompañarse, si fuera necesario, de un control poblacional mediante estímulos positivos. 
La restricción de la competencia a una escala local se adapta a lo que ocurre en la Biosfera. En los ecosistemas también se da cierto grado de competencia pero está limitado a las poblaciones que interaccionan entre sí en cada uno de ellos. En consecuencia, para evitar la extralimitación y atendiendo al principio de biomímesis (9), o más propiamente ecomímesis, es aconsejable eliminar la competencia a escala global y restringirla a un tamaño local o regional. Y esta sería una reforma eficaz para hacerlo. 
  1. Permite abordar una reforma agraria
Otra medida crucial es la de diseñar y llevar a cabo una reforma agraria desde una perspectiva social y ecológica. Hay que evitar el acaparamiento de tierras por parte de capitalistas. Dado que no puede producirse acumulación de capital en una economía de tasas de interés negativas, en una situación de un paro importante, algunos capitalistas reconvertidos en terratenientes podrían intentar acumular tierras y tener una relación con los trabajadores cuasi esclavista, sobre todo si el gasoil comenzara a escasear, como parece que puede suceder. La tierra, el agua, los bosques y otros ecosistemas deben ser de titularidad pública. La agroecología permite conservar estos sistemas mediante una gestión que siga los principios de sostenibilidad: conservación y regeneración de suelos, minimización del consumo energético, fomento de la biodiversidad y reducción de transporte gracias a la proximidad de mercados (10). La formación de cooperativas locales sería lo más adecuado para dar trabajo, gestionar y comercializar los productos cosechados. El objetivo final sería, en palabras de González Reyes, (11): “articular un mundo rural vivo y agroecológico”.  
Estas breves reflexiones no pretenden ser sino un modelo esquemático que anime a los economistas a elaborar una alternativa económica ecosocial rigurosa ante el incremento de riesgos derivados de las crisis que atraviesa este sistema. 
Lo que se ha propuesto en estas líneas es una posible vía para cambiar el sistema socioeconómico actual dominado por el capitalismo por otro más humano y reconciliado con la naturaleza con el fin de eludir lo peor del colapso. Sin embargo, hay otra alternativa que niega lo que está ocurriendo y justifica este sistema hasta las últimas consecuencias. 
Negacionismo y neofascismo
El contexto nacional e internacional no es proclive a poner en marcha una transición económica que renuncie al capitalismo. En todos los países hay una clase pudiente organizada internacionalmente que pretende continuar con el saqueo de la sociedad y la naturaleza y conservar su estatus caiga quien caiga, aplicando la máxima de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. El discurso del odio contra el emigrante, la conquista del alma de la gente con el consumismo, el auge del nacionalismo apelando a la seguridad de cada país y el negacionismo del cambio climático y de la catástrofe ecológica, son los ejes del discurso que airea el neofascismo. 
Defender la seguridad de cada país, “America first”, y negar la validez de las instituciones mundiales boicoteando las decisiones planetarias son los ejes de la política neofascista, a sabiendas de que los problemas globales existen. Esta política conduce al exterminio de media humanidad y al agotamiento del planeta, es decir, a un genocidio y ecocidio difícilmente imaginables.
Sabemos que la élite, los superricos, conocen los problemas globales; disponen de la mejor información acerca de la escasez de los recursos naturales y de las crisis climática y ecológica que empezaremos a afrontar en esta década y ya prevén sus “planes de salvación” ante lo que denominan el “acontecimiento”, es decir, el colapso (12). La derecha política fascista se está organizando a escala internacional gracias a la mediación de Steve Bannon. Las élites norteamericana y europea ya saben cuál es el camino a seguir: el autoritarismo dentro de sus fronteras y la guerra fuera de ellas (13). 
Quizá la crisis sanitaria que estamos padeciendo todos los países del mundo pueda ser un punto de inflexión en la toma de conciencia para abordar los problemas globales en un foro mundial, como la ONU. Por de pronto, la mayoría de los Estados han valorado más la vida de sus ciudadanos que la economía (14) y los paladines del neoliberalismo que no lo hicieron inicialmente, Reino Unido y Estados Unidos, han tenido que rectificar, lo cual constituye un avance extraordinario. 
Referencias y notas:



  1. Duch, G (2020). Un virus de monocultivo alimentario. https://rebelion.org/un-virus-del-monocultivo-alimentario/

  1. Collins, C. (2020). Cuatro razones por las que nuestra civilización no se irá apagando: colapsará. https://rebelion.org/cuatro-razones-por-las-que-nuestra-civilizacion-no-se-ira-apagando-colapsara/
  2. Riechmann, J. y Carpintero, O. (2014). ¿Cómo pensar las transiciones poscapitalistas? En los inciertos pasos de aquí hasta allá. Alternativas socioecológicas y transiciones poscapitalistas. Ed. Universidad de Granada. https://www.traficantes.net/libros/los-inciertos-pasos-desde-aqu%C3%AD-hasta-all%C3%A1-alternativas-socioecol%C3%B3gicas-y-transi
  3. Felber, Ch. (2014). Dinero de fin a medio. Deusto (Grupo Planeta)
  4. Dierckxsens, W. (2008). La transición hacia una economía estacionaria: La utopía postcapitalista. http://www.observatoriodelacrisis.org/2008/07/la-transicion-hacia-una-economia-estacionaria-la-utopia-postcapitalista/
  5. A raíz de la crisis de 2008, la economía ha entrado en un periodo de estancamiento secular, caracterizado por una atonía económica duradera. Para estimular la economía se han utilizado tasas de interés negativas. Esta política financiera se está aplicando en Suiza, Dinamarca, Zona euro, Japón y Suecia (este país acaba de abandonar las tasas de interés negativas en diciembre del 2019 para situarse en tasas de interés nulas). En todos estos casos, se trata de una herramienta reguladora temporal de la actividad económica dentro del marco del capitalismo. 
  6. Dierckxsens, W. (2008). La transición hacia una economía estacionaria: La utopía postcapitalista. http://www.observatoriodelacrisis.org/2008/07/la-transicion-hacia-una-economia-estacionaria-la-utopia-postcapitalista/
  7. Unti, B. (2014). Ecología política, capitalismo actual y políticas de pleno empleo. (Una visión postkeinesiana-marxista del decrecimiento). Sin Permiso. 12 de enero 2014. http://www.sinpermiso.info/Autores/Brandon-Unti
  8. Riechmann, J. (2005). Biomímesis. Respuestas a algunas objeciones. http://institucional.us.es/revistas/argumentos/9/Art1-RIECHMANN.pdf
  9. Mediavilla, M. (2019). Agroecología para alimentar al mundo. 
  10. Rushkoff, D. (2018). La supervivencia de los más ricos y cómo traman abandonar el barco. http://sinpermiso.info/textos/la-supervivencia-de-los-mas-ricos-y-como-traman-abandonar-el-barco
  11.  Turiel, A. (2017). España ante el colapso. http://crashoil.blogspot.com/2017/06/espana-ante-el-colapso.html
  12.  Mediavilla, M. (2020). Coronavirus vs crisis ecológica: cuestión de amor. https://www.15-15-15.org/webzine/2020/03/20/coronavirus-vs-crisis-ecologica-cuestion-de-amor/




viernes, 31 de agosto de 2018

Hasta aquí hemos llegado (y II)



Queridos lectores:

Ésta es la segunda parte del ensayo que Máximo Luffiego y Julio Soto tan generosamente nos han ofrecido (enlace a la primera parte). Espero que lo disfruten como yo lo he hecho al leerlo.

Salu2.
AMT

HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO (II)

Los primeros síntomas económicos
Nos proponemos explicar aquí cómo la extralimitación del límite económico II conduce a una escasez de recursos, especialmente de los combustibles fósiles, que comienza a tener ya consecuencias económicas decisivas, tanto en el sector productivo como financiero, que no son sino la punta de lanza del colapso económico.
Dependiendo de qué tipo de capital, financiero o productivo, domine en cada momento histórico, tendrá mayor o menor protagonismo en el desencadenamiento de las crisis. Desde el fin de la Gran Depresión del 29 hasta la década de los años 80 del siglo pasado, el capitalismo industrial ha dominado sobre el financiero. En ese período, el capitalismo financiero ha cumplido un papel fundamental apoyando al industrial. Pero en la actualidad, esta supremacía está cambiando. La tasa de ganancia empresarial sufrió una caída en esa década y al término de la misma comenzó la revolución neoliberal que acabó quebrando el Pacto social y socavando el Estado de bienestar. Los salarios comenzaron a declinar y el sistema financiero abrió el crédito a familias y empresas y, desde entonces, el fuerte endeudamiento ha implantado una situación de deflación por deuda que proporciona al sistema financiero una superioridad sobre el productivo al vampirizar parte de los beneficios de las empresas mediante los intereses de la deuda (13).
En este contexto de endeudamiento, tuvo lugar un hecho importante. En 2005, se alcanzó la máxima extracción de petróleo convencional, el Pico del petróleo (Peak Oil). Según la explicación peakoilera y, en general, ecologista, la crisis financiera del 2007 tuvo que ver con este hecho. El precio del petróleo se disparó al superar la demanda a la oferta y provocó una inflación generalizada en EE.UU., pues no hay mercancía que de una u otra manera no esté relacionada con el petróleo. Para controlar la inflación, la Fed (Sistema de Reserva Federal de EE.UU.) comenzó a subir los intereses de la deuda, a partir de 2005. Dos años después, en 2007, la crisis no se pudo evitar. Se desató una oleada de impagos de las hipotecas subprime que se extendió por las entidades financieras de Estados Unidos y luego de medio mundo. Lo demás es sabido. Se instaló tal desconfianza entre los bancos que provocó el corte del flujo de crédito a empresas y particulares, desatando la Gran Recesión y la crisis productiva.
La recesión produjo una disminución de la demanda de petróleo en los países importadores que arrastró el precio a la baja a niveles del siglo pasado, hasta algo más de 30 dólares el barril, perjudicando los beneficios de los países productores. En cambio, con estos precios, los países importadores dispusieron de unas circunstancias favorables para salir de la crisis, pero la situación deflacionaria que atravesaban imposibilitó que se recuperaran con rapidez ya que tuvieron que hacer frente a las deudas y entraron en una etapa de estancamiento económico. Esta secuencia de crisis en países importadores y exportadores de petróleo a causa de la destrucción alternante de la oferta y la demanda es lo que Turiel ha denominado la espiral de la energía (14), espiral que es cada vez más compleja porque las interacciones entre los sectores productivo y financiero y entre países exportadores e importadores también lo son, lo cual se manifiesta en una fuerte volatilidad del precio del petróleo.
Junto a esta volatilidad del precio del petróleo que fue la chispa que desató la Gran Recesión, hay otro mecanismo que delata la existencia de límites físicos, tanto de energía como de materiales.
En un contexto de recursos menguantes, los procesos productivos empiezan a declinar porque el mecanismo de endeudamiento comienza a tener problemas para sostener a la economía. El endeudamiento es un sistema que proporciona recursos al presente sustrayéndolos del futuro; la deuda no es sino una forma de invadir el futuro para hacer acopio de recursos que deberían pertenecer a otras generaciones. De esta manera, el sistema retrasa la llegada de la crisis proporcionando liquidez a las corporaciones que quieren invertir y producir, así como capacidad adquisitiva a las familias para consumir.
Sin embargo, cuando los recursos declinan se llega un punto en el que el mecanismo de la deuda se vuelve inoperante, es un mal negocio tanto para el acreedor como para el deudor y el futuro del crecimiento se torna inviable. Los recursos naturales constituyen el primer eslabón de todas las cadenas productivas pero el último aval del proceso productivo financiado. Esto es así porque la circulación del dinero en las cadenas productivas tiene un sentido inverso a la de los recursos naturales (15). En la medida en que se acelere el declive geológico, los rendimientos decrecientes impondrán su ley; aumentarán los costes y será cada vez más difícil conseguir financiación (16).
En 2014, muchas empresas petrolíferas fueron a la quiebra y otras se retiraron del negocio petrolero desinvirtiendo en exploración y desarrollo de nuevos yacimientos. En 2017, el banco central noruego desaconsejó al gobierno la inversión del fondo soberano en la industria del petróleo y del gas (17).
No es de extrañar entonces que el sector financiero busque otros filones de beneficio desviando inversiones hacia actividades improductivas como la de los negocios de seguros y de adquisición de bienes raíces que, junto a los intereses de la deuda del sector productivo, le aseguran unas rentas anuales sin riesgo alguno (18) y que también prefiera hacerlo en la economía de casino antes de embarcarse en negocios ruinosos.
En este contexto de declive de recursos, especialmente energéticos, el futuro de las empresas productivas se verá comprometido también por las dificultades para salir de una crisis. En caso de que puedan acceder a una financiación para la adquisición de máquinas con el fin de aumentar la productividad, mejorar la tasa de ganancia y salir de la crisis, como hasta ahora se ha venido haciendo, no lo podrán hacer si cada vez tienen más dificultades para adquirir energía que las haga funcionar (19).
En un mundo “vacío” de recursos y “lleno” de consumidores, el capitalismo dispone cada vez de menos espacio territorial y tiempo futuro para continuar creciendo.
Más problemas económicos y sociales
Tan graves como los problemas de extracción y producción son los de transporte del comercio global. Por los mismos motivos anteriormente expresados, los negocios relacionados con el comercio y el transporte de mercancías a un lado y otro del planeta, se verán mermados tanto por las crisis económicas que rebajarán el consumo, como por los problemas de las empresas con la disponibilidad de energía y crédito. Así lo atestigua el Economic Cicle Research Institute (20): a partir del 2011 las tasas de crecimiento interanual del comercio mundial son insignificantes hasta 2016. Las previsiones de la OMC para 2017 y 2018 son de una leve recuperación en la medida que mejore la economía (21).
Con el declive de la producción de petróleo, las redes de transporte mundial se deshilacharán lo cual tendrá consecuencias críticas, tanto para la economía de los países como para la alimentación de sus poblaciones.
Para oscurecer aún más el panorama futuro, los picos de otras fuentes energéticas no renovables, como los del gas natural, carbón y uranio tendrán lugar entre el 2015 y el 2030. Junto con el petróleo, estas fuentes constituyen algo más del 90% de la energía primaria que sostiene nuestra economía y modo de vida. De cualquier manera, el verdadero límite planetario de la energía acontecerá cuando la energía neta total mundial entre en declive, hecho que posiblemente ocurrirá alrededor del 2020, si no lo ha empezado a hacer ya. No parece posible encontrar sustitutos de estas fuentes en la cantidad y versatilidad suficientes como para evitar el colapso.
Si el problema del Pico del petróleo es grave para el suministro de energía exosomática a la economía, la escasez de esta sustancia junto con la de agua, será más grave aún para el suministro de alimento (energía endosomática) a la población mundial. Por una parte, el petróleo es el insumo de energía más importante de la agricultura y ganadería industriales y, por otra, el agua es el nutriente y el medio nutritivo esencial para las plantaciones agrícolas y las sociedades humanas. La sobreexplotación de este recurso, las sequías y la contaminación amenazan la alimentación humana mientras que los problemas de provisión de agua potable y las condiciones sanitarias amenazan su salud.
Hoy en día ningún país es autosuficiente. Cuando las relaciones comerciales se diluyan, y parece que las tendencias proteccionistas actuales (22) constituyen sus primeros síntomas, la biocapacidad de los distintos países, antes compartida gracias al comercio global, se verá mermada para sostener a sus respectivas poblaciones (23). Y de la misma manera que el comercio sirve para eludir los límites locales y regionales, después estos límites volverán a reinar en cada uno de los territorios. Es de esperar entonces que, en un intento de conservar el nivel de vida, la presión sobre los territorios respectivos se intensifique y se erosione rápidamente la biocapacidad de los mismos. Sería conveniente prepararse para afrontar situaciones de este tipo, empezando a adoptar políticas encauzadas hacia la soberanía alimentaria con el fin de aumentar la resiliencia y evitar así las trágicas consecuencias de llegar a situaciones extremas. Pero los obstáculos para hacerlo son enormes, pues mientras que una economía ecológica y social plantearía el comercio en términos de biocapacidad y sostenibilidad, el capitalismo lo hace en términos de negocio y de crecimiento económico.
La catástrofe ecológica
De mucha mayor enjundia es el límite ecológico; si la extralimitación del límite económico pone en jaque esta civilización, la del límite ecológico pone en riesgo además la viabilidad de la especie.
La capacidad de absorción planetaria de los múltiples impactos provocados por el crecimiento económico y demográfico está siendo desbordada desde hace décadas con la consiguiente degeneración de la dinámica de los sistemas naturales.
La globalización de la economía ha tenido nefastos impactos sobre el medio ambiente. La tecnología y el comercio han impulsado el trasiego de mercancías de un punto a otro del planeta con un gran derroche de energía no renovable, violando algunas dinámicas ecológicas. Tal es el caso del sentido vertical del reciclado de nutrientes que se establece en los ecosistemas que con el comercio pasa a ser horizontal con la consiguiente dispersión y pérdida de nutrientes y la aceleración del cénit de algunos factores limitantes, como el fósforo. Por otra parte, la globalización ha producido circuitos comerciales cada vez más amplios, lo cual, junto a la descomunal actividad industrial, ha consumido ingentes cantidades de petróleo y de materiales que ha repercutido en el equilibrio de ciclos bioqeoquímicos del carbono, nitrógeno y fósforo. Así se ha originado tal contaminación que ha derivado en problemas tan graves como el cambio climático, la acidificación de los océanos o la eutrofización de aguas embalsadas.
El auge de la economía global también ha alentado el productivismo modificando la distribución del flujo de energía renovable de los ecosistemas en favor de la especie humana. Un trabajo pionero de Vitouseck y otros autores de 1986 (24) concluía que los seres humanos se apropiaban del 20% de la biomasa, tanto de ecosistemas terrestres como marinos, producida anualmente en el planeta por las actividades agrícolas, pesqueras y deforestación, principalmente. En esa fecha la población humana era de unos 5000 millones de personas; hoy somos 2.500 millones más y con una actividad económica más intensa y voluminosa. No es de extrañar que esta sea la causa principal que está detrás del declive y homogeneización de la biodiversidad.
La huida hacia adelante que ha supuesto el crecimiento no solamente ha dañado los recursos renovables sino también los sumideros planetarios desbordando la biocapacidad del planeta. Así lo pone de relieve la huella ecológica de la Humanidad que, desde la década de 1970 a 1980, ha superado a la biocapacidad planetaria. Se puede decir que, a partir de esa fecha, el mundo entró en déficit ecológico; en otras palabras, comenzó la sobrexplotación generalizada de los recursos renovables y la saturación de los sumideros de contaminación. De seguir así, en unos años, necesitaremos un planeta más para sostener nuestro ritmo de consumo y, que se sepa, no hay mercado que nos lo pueda proporcionar. Literalmente, estamos dilapidando el “capital natural” acumulado durante años, siglos y milenios.
Otros trabajos como el de Rockström y colaboradores (25) destacan que ya se han superado 3 de los 8 límites estudiados: el cambio climático, el desequilibrio del ciclo de nitrógeno y la pérdida de biodiversidad. La extinción de especies es la transformación más alarmante que el crecimiento de las sociedades humanas está produciendo porque, además de ser irreversible, desconocemos en qué grado se está desarrollando y cuáles serán las alteraciones sufridas como secuela de la miríada de interacciones que tienen lugar entre los organismos, así como sus consecuencias sobre la funcionalidad de los ecosistemas y de la Biosfera.
El resultado de este crecimiento exponencial de la economía y población humanas es una alteración profunda a escala planetaria que nadie sabe dónde se detendrá, pero que, con toda probabilidad, significará un antes y un después en la historia de la civilización humana y del planeta. A esta época que nos ha tocado vivir se le ha dado en llamar antropoceno y también, quizá más apropiadamente, capitaloceno.
Hacia un colapso económico o/y ecológico
Quince mil científicos de más de 180 países (26) han advertido, por segunda vez en 25 años, de los daños graves e irreversibles infligidos a los sistemas naturales que son evidencias de que nuestro desarrollo es insostenible.
Descartado un cambio ordenado a escala mundial del sistema económico vigente, se abriría, no obstante, una luz de esperanza para la Humanidad si el hundimiento del sistema económico capitalista precediera al colapso climático y ecológico. A pesar del desorden que desataría, provocado por el reencuentro con los límites locales y regionales, tal colapso salvaría en cierta medida ecosistemas esenciales para el mantenimiento de una civilización sostenible con un nivel de vida digno.
Economistas de la talla de Daly sostienen que el capitalismo es compatible con un estado estacionario de la economía. En nuestra modesta opinión, no creemos que sea posible (27); el capitalismo defiende y necesita el crecimiento continuo. Pero con un decrecimiento impuesto por la naturaleza quedará deslegitimado ante la sociedad dado que este hecho refutaría su máxima principal: el aumento de riqueza de la sociedad como consecuencia de la suma de las iniciativas y actividades egoístas de los individuos. El indicador de esta riqueza es el PIB; si el PIB comenzara a estancarse y a decrecer inexorablemente, este principio quedaría impugnado y, con él, el capitalismo, con lo cual se darían las condiciones para que se abriera paso otra alternativa económica.
De acuerdo, por una vez, con Friedman (28): “Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente”. Por eso, la construcción de una alternativa económica es perentoria e inaplazable. No obstante, la elaboración y puesta en práctica de esta alternativa no es nada sencilla. El capitalismo ha desarrollado un sistema de dominación que no tiene un carácter represor sino cautivador, el ciudadano se siente libre y es este sentimiento el que aborta cualquier tipo de protesta (29). Además, en el contexto de un colapso global, no todos los países se verán afectados de la misma manera; mientras algunos países, seguramente los más desarrollados y ricos en recursos, sobrevivirán durante años o décadas manteniendo el modelo capitalista, la gran mayoría experimentará un decrecimiento de sus economías. Por otra parte, no será fácil que una ciudadanía acostumbrada a consumir abrace una nueva teoría que necesariamente debe ofrecerle austeridad. Las propias dificultades de elaborar una nueva teoría económica que funcione no son desdeñables ya que ha de dar respuesta a los dos grandes problemas que nos deja en herencia el capitalismo en su fase terminal: la necesaria adaptación de nuestras sociedades a los ecosistemas y a la Biosfera en su conjunto y la mitigación de la tragedia humana en ciernes. Finalmente, cualquier alternativa ha de resolver los problemas planetarios y no disponemos de un gobierno mundial que lo haga.
Lograr una alternativa de este tipo que, desde nuestro punto de vista no puede ser otra que ecosocialista, constituye un reto de organización económica y social y de puesta a punto de nuevas tecnologías de carácter adaptativo o sostenible a los límites locales y regionales.
De no lograrlo, el capitalismo podría continuar siendo dominante en muchos países durante décadas, con grandes desórdenes sociales y geopolíticos culminados por guerras por los recursos, guerras por el petróleo y el gas que, como estamos comprobando, han comenzado ya en Oriente Medio.
Un escenario más peligroso todavía sería aquel en el que el capitalismo encontrara la forma de eludir el límite económico II, quizá gracias a la puesta a punto de reactores de fusión viables (30) y de las minerías de fondo oceánico y de asteroides. Esta posibilidad, lejos de ser tranquilizadora, es muy inquietante. Sin duda se evitaría el colapso económico, pero la Humanidad seguiría expandiéndose agravando la mayoría de los problemas globales y encaminándose hacia un colapso ecológico por extralimitación de los límites planetarios que acabaría también con cualquier tipo de economía.
¿Puede la economía capitalista compensar los primeros síntomas de choque con los límites planetarios?
Además de la deslocalización de empresas a territorios de abundantes recursos y mano de obra barata, la creación de conflictos bélicos para hacerse con los mismos y el acceso al crédito, el sistema capitalista viene intentándolo llegando a acuerdos internacionales y adoptando una serie de medidas con el fin de sortear los primeros síntomas de esta extralimitación.

Acuerdos internacionales:
El Protocolo de Montreal de 1987 fue un acuerdo aceptado por los Estados para proteger y regenerar la capa de ozono que ha tenido un éxito indudable y que se tomó como modelo de compromiso de los países.
Sin embargo, el Protocolo de Kioto es un acuerdo logrado en 1997 que no ha resultado ser tan efectivo como el de Montreal, seguramente porque pone en cuestión el motor de esta economía de crecimiento continuo: los combustibles fósiles. Tras 21 Conferencias celebradas para establecer qué medidas tomar, no se ha logrado detener el anunciado Cambio Climático. En 2015, tuvo lugar la última de ellas, la XXI Conferencia sobre el cambio climático, donde se alcanzó el Acuerdo de París sobre el cambio climático con un consenso hasta entonces nunca conseguido, aunque sin compromisos efectivos. Este Acuerdo ha sufrido un duro golpe tras desvincularse del mismo EE.UU. bajo la égida del presidente Trump. El Acuerdo de París sobre el cambio climático establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de diversa índole en base a tres objetivos: mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas.
Mutación financiera
En las condiciones de unos recursos menguantes, las empresas productivas son reticentes a invertir y las financieras remisas a exponer su crédito. El capital financiero prefiere entonces jugar con el dinero invirtiéndolo en activos y derivados financieros y en “vivir y crecer de rentas” antes que destinarlo a la inversión productiva. Esta mutación del capitalismo financiero hacia operaciones especulativas y rentistas puede ser considerada una preadaptación a un mundo con recursos naturales menguantes, tal como ya sugerimos en un trabajo anterior (31).
Nuevas tecnologías
La tecnología del fracking prácticamente solo se utiliza en EE.UU. No exenta de críticas, parecía que, tras la caída de precios del petróleo, tendría dificultades para sobrevivir (en 2014, muchas empresas del fracking fueron a la bancarrota en este país). En círculos financieros y de la Administración de EE.UU., se afirma que una mejora tecnológica, denominada fracking 2.0, ha hecho competitivos los costes de extracción y producción y convertido a EE.UU. en el primer productor de petróleo del mundo. Sin embargo, más que de un milagro tecnológico, esta segunda ola del fracking parece consistir en un milagro financiero pues las ayudas de la Administración norteamericana actual en forma de exenciones fiscales y rebajas de tasas han conseguido reflotar un negocio ruinoso (32) pero necesario para mantener a este país como primera potencia mundial. Con una producción mundial de petróleo por encima de los 95 millones de barriles diarios, el mundo vuelve a disponer de la suficiente energía para encauzar la economía por la senda del crecimiento. No obstante, algunos autores no son tan optimistas. Estiman que la Tasa de Retorno Energético está descendiendo, lo que implica que la energía neta disponible no es tan elevada como parece indicar la cifra anterior.
La teoría de la desmaterialización de la economía sostiene que, a medida que hay crecimiento, las economías se van desvinculando de su base física, lo que significa una menor presión sobre los recursos y menor emisión de contaminación. Esta desmaterialización se produciría gracias a las innovaciones tecnológicas que aumentan la eficiencia energética, así como a la terciarización de la economía y a una mayor conciencia ambiental. Tal optimismo desmaterializador parece que no ha llegado a materializarse, ya que la correlación entre crecimiento y consumo energético se mantiene tan elevada, como en años anteriores (33).
Por otra parte, es sumamente grave, por ser irreversible, la disminución de la ley de mineral de numerosos yacimientos, lo que significa un mayor costo en energía y capital invertidos en su extracción y una cantidad de ganga removida cada vez mayor (34). Muchos de ellos además han alcanzado sus respectivos picos de producción o están a punto de hacerlo, tanto es así que Heinberg (35) ha denominado a esta situación Peak everything. No es de extrañar que, en una economía con un crecimiento exponencial mantenido durante casi dos siglos aparezcan simultáneamente varios picos de producción; de continuar con ese crecimiento en pocas décadas casi todos los minerales de interés industrial alcanzarán de manera coincidente sus picos respectivos. La solución de los partidarios del crecimiento consiste en la adopción de dos medidas compensatorias: el reciclado y la sustitución. Ninguna de las dos puede hacer frente a una economía con un crecimiento exponencial.
¿Estamos ante el fin de la historia?
Cuando se alcanzan los límites planetarios, los sistemas de compensación y de mitigación no solo comienzan a ser ineficaces sino que funcionan como un bálsamo para ocultar las consecuencias negativas y mantener el objetivo principal de las políticas de todos los países, sean neoliberales, postkeynesianas o socialistas: el crecimiento del PIB. Todos los organismos económicos mundiales, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, G7, G20, etc. realizan sus análisis y fijan sus objetivos para impulsar el crecimiento, como si el crecimiento fuera conveniente y bueno per se. Todos los gobiernos del mundo diseñan sus presupuestos con el mismo objetivo.
El fin de la historia, pronosticado por Francis Fukuyama, podría llegar a cumplirse pero en un sentido bien distinto al que él defendió: la idea de la superioridad y el triunfo del capitalismo frente a otras ideologías. Con años de antelación, el Club de Roma fue mucho más riguroso y certero en su estudio acerca del devenir de la Humanidad, al advertir del riesgo de colapso de la civilización industrial de continuar creciendo demográfica y económicamente. Estudios con datos actuales cotejados con las predicciones del Club de Roma muestran que las tendencias predichas se están cumpliendo con pequeñas desviaciones.
Casi con toda seguridad, ya no podrá ser evitado el colapso de esta civilización, pero el modo en que se produzca será determinante para el futuro de la Humanidad. Según el análisis histórico de Wright, la recuperación tras los colapsos producidos por motivos políticos y económicos es más rápida que la causada por desastres ecológicos (36).
En un epígrafe anterior, hemos visto que si el colapso económico precediera al ecológico, parte de los ecosistemas y de la biosfera se salvarían, pero si se llegara a un punto en el que la dinámica hacia un colapso ecológico fuera irreversible, los sistemas vitales quedarían tan dañados y las funciones y servicios que realizan tan empobrecidos que tanto la civilización como la especie humana tendrían el futuro comprometido.
Todavía hay otra posibilidad más peligrosa. Sería el caso de que una crisis o un colapso económicos derivaran bruscamente en un colapso ecológico, posibilidad que se produciría si las guerras convencionales por los recursos dieran paso a una guerra nuclear mundial. Si esto sucediera, el contexto de una guerra ya no sería apropiado para salir de una crisis económica tras recuperar la tasa de ganancia, sino que desembocaría en una hecatombe planetaria, en un genocidio y ecocidio inimaginables. Además de la pérdida de vidas humanas y de la destrucción de ciudades enteras, se produciría un invierno nuclear causado por la reducción de una parte de la radiación solar en la superficie por partículas de polvo y hollín suspendidas en la troposfera y estratosfera. Durante meses o años, la fotosíntesis disminuiría en un porcentaje significativo, se simplificarían las redes tróficas de los ecosistemas y colapsarían la agricultura y la ganadería. La radiactividad residual dañaría, tanto de manera directa como indirecta, a los seres vivos durante cientos de años a causa de la contaminación de aire, suelos y agua y de la introducción de elementos radiactivos en las cadenas tróficas. La civilización actual dejaría de existir, el patrimonio genético de la especie sufriría alteraciones y, quizá, Homo sapiens acabaría extinguiéndose junto a otras muchas especies más.
Por increíble que parezca esta posibilidad no cabe descartarla. Los expertos del Boletín de los Científicos Atómicos de Estados Unidos han situado en enero de 2018 el reloj (Doomsday Clock) a dos minutos del apocalipsis nuclear.
La razón fundamental de que pueda desencadenarse una guerra nuclear es que el riesgo mismo de una guerra de este tipo, que hasta ahora ha funcionado como un límite disuasorio, puede ser interpretado por algún dirigente como un freno al crecimiento de su país mayor que el de la guerra misma, especialmente si este país comenzara a sufrir los efectos del decrecimiento. Mientras las guerras convencionales son efectivas para hacerse con los recursos de países sin armas nucleares, como está sucediendo en Oriente Medio, no lo son, sin embargo, para países como Rusia, ricos en recursos y con armas nucleares. Esto puede suponer un freno a la reproducción del capital, controlada por EE.UU. y otros países capitalistas occidentales. En escenarios de competencia económica y geoestratégica, con crecimientos débiles o negativos, los dirigentes de alguna nación con capacidad nuclear podrían apostar por alcanzar una ventaja relativa asestando el primer golpe, creyendo evitar así la destrucción mutua asegurada. Esta posibilidad es mayor ahora que durante la crisis de los misiles de Cuba. Entonces se dirimían cuestiones geopolíticas; ahora, además de éstas, se zanjan asuntos energéticos. Como expresa el responsable del presupuesto del Pentágono, Norsquist (37): “La gran competencia por la energía, no el terrorismo, se ha convertido en el principal reto para la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos”.
La ONU, como organismo mundial creado tras la Segunda Guerra Mundial con la función de dirimir diferencias y evitar choques bélicos, ha sido despojada de autoridad a raíz de la invasión de Irak por EE.UU. Hoy en día asistimos a un incremento de las tensiones en Siria, en las fronteras europeas de Rusia y en las aguas del Mar de China; la diplomacia y las relaciones comerciales están dejando paso a la expulsión de diplomáticos, a las sanciones económicas, al proteccionismo y guerras comerciales, a una nueva guerra fría con incrementos presupuestarios desorbitantes y, lo que es más grave, a la rotura de acuerdos, como el acuerdo nuclear con Irán por parte de EE.UU., que no hacen otra cosa que invitar a otros países a hacerse cuanto antes con el arma nuclear. Este desplome de la arquitectura diplomática y del comercio mundiales aumenta los escenarios de enfrentamiento lo que, en cualquier momento, podría hacer saltar la chispa que nos arrastre al abismo.
A través de los siglos, la ciencia de occidente ha permitido a la Humanidad tomar conciencia de que la Tierra no es ni mucho menos el centro del universo. Pero al mismo tiempo, a diferencia de las culturas denominadas primitivas, el progreso experimentado nos ha alejado de la naturaleza, olvidando conocimientos elementales, como nuestra dependencia absoluta de la vida organizada en ecosistemas (Ecocentrismo). Tanto es así que algunos científicos de la talla de Hawking no ven futuro para la especie humana en este planeta y abogan por colonizar planetas extrasolares, olvidando que existen límites cosmológicos insuperables como el de las enormes distancias que nos separan de estos sistemas extrasolares y el de la velocidad de la luz. Y es que la hybris tecnológica anula la razón.
En medios académicos de Estados Unidos relacionados con el Breaktrought Institute, circula un Manifiesto Ecomodernista (38) cuya filosofía consiste en un nuevo negacionismo, esta vez, de la catástrofe ecológica, fundamentado en el desacoplamiento entre el bienestar humano y el impacto ambiental y en las supuestas dotes “milagrosas” de la tecnociencia para identificar y promover soluciones tecnológicas a los problemas ecológicos y sociales. Así, se afirma que “Los humanos fueron hechos por la Tierra y la Tierra es reformada por los humanos”, para más adelante concretar que “Un buen antropoceno exige que los humanos empleen sus crecientes poderes sociales, económicos y tecnológicos para mejorar la vida de la gente, estabilizar el clima y proteger a la naturaleza”. Los seguidores de este nuevo negacionismo parecen olvidar cómo acabó el experimento de Biosfera 2 (39) y desconocer la no linealidad que preside las interacciones entre los subsistemas planetarios, al  pretender embarcarnos en un experimento global de un riesgo inasumible.
¿No sería más inteligente reconocer nuestra dependencia de los ecosistemas, autolimitarnos y apostar por un futuro sostenible ligado al Sol en nuestro planeta? ¿No sería más prudente que, en lugar de que la naturaleza nos obligue a adoptar medidas de adaptación al cambio climático, lo hagamos nosotros previamente para evitar su intensificación?
Es suicida seguir creciendo. Ya no es posible inventar nuevos mecanismos de compensación que superen los límites planetarios, antes bien hay que recuperar e inventar sistemas de adaptación sensu lato o de sostenibilidad con el fin de respetar los límites locales y globales de la biosfera.
Hay una serpiente que habita en la cordillera del Himalaya a una altitud de 4.350 m. En tales condiciones climáticas parece imposible que pueda sobrevivir un animal de sangre fría. Afortunadamente para esta especie, hay un rincón donde lo puede hacer en un medio tan hostil. Se trata de unas pozas termales que dan el nombre genérico a esta especie: Thermophis baileyi o serpiente del Himalaya de aguas termales. Su paraíso son las pozas termales pero también su prisión.  

Referencias y Notas
  1. La capacidad de carga se define como la población de una especie determinada que un ecosistema puede mantener sin ser deteriorado de manera permanente. Sin embargo, la especie humana es singular porque no todas las personas producen el mismo impacto. Entonces, más que cuánta población podría sostener un ecosistema, la pregunta que hay que hacerse en el caso humano es ¿cuánto territorio “verde” es necesario para mantener y absorber el dióxido de carbono emitido por una población humana indefinidamente y con el consumo actual? La respuesta a esta pregunta determina la huella ecológica de esa población. La biocapacidad es el territorio “verde” de una región o un Estado, puesto que de él depende la capacidad para producir recursos renovables y de absorber dióxido de carbono. Se mide en unidades de superficie (Km2 o Hectáreas).
  2. Altares, G. Esta sí fue una auténtica revolución.  https://elpais.com/elpais/2018/04/20/ciencia/1524219983_369281.html
  3. Los factores que precisa la producción económica son: recursos naturales, trabajo, capital y tecnología.
  4. Bardi, U. Los límites del crecimiento retomados. Los libros La Catarata. Madrid. 2014
  5. Catton, W. La industrialización, preludio de colapso. Capítulo extraído del libro Overshoot, The Ecological Basis of Revolutionary Change. 1982. Illinois https://www.crisisenergetica.org/staticpages/index.php?page=20031130185100909
  6. Chang, Ha-Joon. Del proteccionismo al libre-cambismo.                                   http://monde-diplomatique.es/2003/06/chang/html
  7. Jagdish, B. ¿El libre comercio daña el ambiente? En defensa del libre comercio. Investigación y Ciencia, nº 208. 1994
  8. Daly, H. ¿El libre comercio daña el ambiente? Los peligros del libre comercio. Investigación y Ciencia, nº 208. 1994
  9. Daly, H. Three limits to Growth. http://www.steadystate.org/three-limits-to-growth/
  10. Para los recursos no renovables, este límite económico II precede al límite geológico. Si se trata del petróleo, el límite económico tendrá lugar en torno a una Tasa de Retorno Energético (TRE) de 10, mientras que el límite energético se define cuando la TRE es igual a 1, momento en el que la extracción de 1 barril de petróleo supone el consumo energético de 1 barril de petróleo. Con los recursos naturales no renovables e insustituibles o difícilmente sustituibles en declive (como el petróleo, fósforo, cobre, litio, etc.), entraremos de lleno en la era del decrecimiento impuesto por la naturaleza.
  11. Hudson, M. Las previsiones de Marx y la paradoja de la industrialización financiarizada. Sin Permiso. 29-11-2015  http://www.sinpermiso.info/textos/las-previsiones-de-marx-y-la-paradoja-de-la-industrializacion-financiarizada-de-nuestro-tiempo
  12. Odum, H.T. y Odum, E.C. Hombre y naturaleza. Bases energéticas. Ed. Omega. Barcelona. 1981
  13. Blog Knownuthing. Deuda y petróleo: los límites al crecimiento. 5-2-2015 https://www.rankia.com/blog/game-over/2649574-deuda-petroleo-limites-crecimiento
  14. Mora, V. El superfondo del petróleo de Noruega se recomienda a sí mismo no invertir más en petroleras y gasistas. 16-11-2017 http://www.bolsamania.com/noticias/mercados/el-superfondo-del-petroleo-de-noruega-se-recomienda-a-si-mismo-no-invertir-mas-en-petroleras-y-gasistas--2978447.html
  15. Hudson, M. Cómo los banqueros se convirtieron en los mayores explotadores. Entrevista. Sin Permiso 29-3-2017  http://www.sinpermiso.info/textos/como-los-banqueros-se-convirtieron-en-los-mayores-explotadores-entrevista
  16. Fernández Durán, R. y González Reyes, L. En la espiral de la energía. Libros en Acción y Baladre. 20018
  17. Economic Cicle Research Institute. Comercio Internacional: el tamaño de la tarta es cada vez más pequeño. Sin Permiso 30-8-2015 http://www.sinpermiso.info/textos/comercio-internacional-el-tamao-de-la-tarta-es-cada-vez-ms-pequeo

  1. OMC. Se prevé una recuperación del comercio en 2017 y 2018. https://www.wto.org/spanish/news_s/pres17_s/pr791_s.htm

  1. La guerra proteccionista iniciada por el presidente Trump puede ser el inicio de la explosión de la globalización y comercio mundiales. La huida de capital estadounidense hacia China y otros países asiáticos, a mediados de los 90 del siglo pasado, para recuperar los beneficios a costa de salarios de miseria, recursos más baratos y externalidades ambientales negativas, trajo consigo la desindustrialización del Medio Oeste norteamericano y el empobrecimiento de la clase media. Aquí es donde Trump ha encontrado el principal caladero de votos para ganar las elecciones. Su política proteccionista es un intento de devolver a estas zonas empobrecidas el auge perdido mediante políticas de reindustrialización a costa de la industria china y europea, principalmente. No obstante es dudoso que lo logre: muchas de estas industrias se robotizarán para aumentar la tasa de ganancia. (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=244240 ).
  2. Catton, W. La industrialización, preludio de colapso. Capítulo extraído del libro Overshoot, The Ecological Basis of Revolutionary Change. 1982. Illinois https://www.crisisenergetica.org/staticpages/index.php?page=20031130185100909
  3. Vitousek, P, Ehrlich, P, Ehrlich, A.H. y Matson, P.A. Human appropiation of the product of pfotosyinthesis. Biosciencie, 34. 1986
  4. Rockström, J. Bounding the Planetary Future. Why we need a Great Transition? http://www.resilience.org/stories/2015-04-23/bounding-the-planetary-future-why-we-need-a-great-transition
  5. El País. Más de 15.000 lanzan una alerta para salvar el planeta. https://elpais.com/elpais/2017/11/14/ciencia/1510643865_954182.html

  1. Luffiego, M. ¡Adiós crisis! ¡Hola colapso! http://www.rebelion.org/noticias/2018/1/236161.pdf
  2. Byung-Chul Han. ¿Por qué no hoy no es posible la revolución? https://elpais.com/elpais/2014/09/22/opinion/1411396771_691913.html
  3. G.C. Adiós al petróleo. El MIT está “a punto” de lograr que la fusión nuclear sea una realidad. https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2018-03-12/energia-nuclear-fusion-mit_1534401/
  4. Luffiego, M. ¡Adiós crisis! ¡Hola colapso! http://www.rebelion.org/noticias/2018/1/236161.pdf
  5. Turiel, A. Eppur peak oil. http://crashoil.blogspot.com/2018/05/
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  7. Heinberg, R. Peak Everything 2007 http://richardheinberg.com/bookshelf/peak-everything
  8. Wright, R. Breve historia del progreso. Ed. Urano. Barcelona. 2008
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Wikipedia. Biosfera 2. https://es.wikipedia.org/wiki/Biosfera_2