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jueves, 7 de marzo de 2019

El discurso del sistema. Antítesis (II)

Queridos lectores:

Seguidamente encontrarán la segunda entrada del Discurso del Sistema: Antítesis, por Beamspot y Rafael Romero.

Salu2.
AMT

El Discurso del Sistema. Antítesis (II)


En esta entrada, nos centramos en lo que podría ser una de las omisiones más peliagudas de todas las que hay, un asunto de la máxima prioridad pero del que no hay apenas constancia. De hecho, el tecno optimismo se encarga de minimizarlo al poder sacar (mucha) tajada de ello, punto que ese enfoque es precisamente otra parte del problema. Dada su importancia, la extensión es mayor.


Resultat d'imatges de water crisis
III - El agua.


La realidad es que en un planeta lleno de agua, paradójicamente nuestra supervivencia depende de un porcentaje ínfimo del agua existente.


El acceso a agua potable es un punto crucial para nuestra supervivencia, quizás es el más problemático, no ya para sobrevivir como civilización/sociedad sino para sobrevivir como especie. Y, tal vez por ello, el menos entendido de los temas relacionados con los recursos fósiles y las dinámicas extractivistas.


Este problema a menudo es abordado desde el optimismo tecnológico. Incluso cuando se habla de forma clara sobre la problemática y sus repercusiones, el mensaje final que se traslada es el “tecno optimista”. Lo cual no hace sino evidenciar que, como sucede con otros problemas que se vislumbran en el futuro de la humanidad, (Ej. las baterías y la electricidad), acabar un análisis del problema con la coletilla “la tecnología lo solucionará” es simplemente repetir un mantra religioso que confirma de forma inconsciente la existencia de un problema para el que se sabe que no existe solución.


La realidad poco conocida es que pese vivir en un planeta donde el agua es muy abundante sólo una pequeña parte es utilizable. Los gráficos que se presenta a continuación empiezan a evidenciar el problema.




Si se analiza, en detalle lo que realmente indican estos gráficos es que el agua superficial, la más accesible, sólo constituye entre el 0,25-0,3% del agua dulce total del planeta (según el gráfico escogido).


La realidad es que si sólo dependiéramos del agua superficial o de escorrentía (ríos y lagos) para nuestra subsistencia hace tiempo que habríamos desaparecido o estabilizado nuestra población a niveles muy bajos. El agua superficial es sólo una pequeña fracción del agua que necesita nuestra civilización humana para mantenerse en crecimiento continuado, el resto lo aportan las aguas subterráneas.


Pero tampoco nos pongamos muy espléndidos pues las aguas subterráneas realmente potables solamente constituyen alrededor del 0,76% de toda el agua del planeta.



En resumen, que nuestra supervivencia no sólo como civilización (que usa cada vez más agua para usos energéticos e industriales,…) sino como especie, se basa en el uso cada vez más intensivo de, tan sólo, el 1% del agua del planeta y más de ¾ partes no son accesibles directamente, aguas subterráneas.


Sí, he dicho no accesibles porque lo que ocurre, como con otras muchas cosas, es que a menudo la gente asocia aguas subterráneas con una fuente, un manantial o un pozo artesiano. Muy poca gente lo asociará con extracciones mecánicas de un acuífero y a casi nadie le vendrá a la mente una explotación minera de aguas fósiles, agua subterránea almacenada hace miles o millones de años a más de 250 metros de profundidad.


Como siempre, más valen unas imágenes que mil palabras:





Al hablar de agua subterránea el primer error es pensar que es un recurso renovable, gracias al ciclo del agua por filtración de las precipitaciones que se producen en todo el planeta. Del segundo error se encarga la religión ecologista y su mantra renovable = sostenible donde sostenible se asocia a que se puede realizar un uso ilimitado.

Pero lo que evidencia algunos estudios es que de ese 0,76% de aguas subterráneas sólo entre un 5% y un 22% son aguas con menos de 50 años de antigüedad, contando toda el agua dulce que se estima puede haber en los primeros 2 Km de la corteza terrestre. Pero esos mismos estudios nos indican que de las aguas subterráneas más accesibles (entre 0 y 250 metros de profundidad) sólo el 6% se pueden considerar aguas modernas (con menos de 50 años de edad) o dicho de otra manera, SOLO EL 6% DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS SE PUEDEN CONSIDERAR RENOVABLES.


En resumen, que decir que el agua potable es un bien renovable es mentir sin escrúpulos, cuando sólo podemos contar con la renovación del 0,05% de las aguas del planeta (0,046% de las aguas subterráneas más el 0,002% de las aguas de los ríos y el 0,0007% de las aguas de los lagos), es decir el 5% de las aguas dulces no congeladas.


Esa es la realidad, sin entrar en el % de esa agua dulce que es realmente potable, pues aunque algunos piensan que la contaminación sólo afecta a las aguas superficiales, esa no es la realidad.


Hay muchos ejemplos de cuáles son las consecuencias de considerar el agua como un recurso ilimitado, pero un caso paradigmático que se ha comentado ya, es el del Plà de Sant Jordi de Mallorca donde se ubica el aeropuerto de Son Sant Joan. En esta zona, mediante el uso de energías renovables, molinos de extracción de agua para regadío movidos por el viento,  fue suficiente unos pocos años de extracción intensiva para prácticamente agotar el agua dulce y salinizar toda una zona antaño extremadamente fértil y que ahora, sólo sigue produciendo gracias, en gran parte, a los aportes externos de nutrientes y a un uso restringido del agua. Este es sólo un ejemplo, como lo podrían ser la cuenca Murray-Darling, afectada entre el 70–80% por salinidad, la cuenca del mar de Aral, afectada en un 50%, 1/3 del Delta del Nilo, el 28% de los terrenos agrícolas de Estados Unidos o ¼ parte de Pakistán y Uzbekistán, por poner otros ejemplos.


Otro ejemplo es la cuenca Mediterránea Oriental que sustenta al 4,4 por ciento de la población mundial, pero sólo contiene el 1,1 por ciento de sus recursos hídricos renovables. El uso del agua, principalmente para el regadío (Ej. Siria), ha conducido al rápido agotamiento de las aguas subterráneas, mientras que la construcción de presas altera los flujos (Ej. Frontera Turquía-Siria), y la contaminación agrícola y doméstica causa otros problemas adicionales. Además, el cambio climático está llevando a un aumento de las temperaturas medias anuales. La disminución de los flujos de agua ha provocado la pérdida total de algunos cuerpos de agua (por ejemplo, el lago Amik en Turquía y el oasis Azraq en Jordania) y el desecamiento estacional de ríos permanentes (por ejemplo, el río Queiq en Turquía y Siria).


Lo importante del ejemplo, la lección a aprender, importante en grado sumo para el caso, es que lo importante no es el tipo de energía utilizado por una sociedad, pues incluso haciendo uso de energías renovables podemos vivir de un modo no sostenible.


Este extractivismo también se encuentra tras muchos otros problemas en el mundo, como la ‘sequía’ en Siria que sirvió de factor desestabilizador de un territorio dentro de una guerra geoestratégica global que está asolando esa parte del mundo. Así en pocos años se pasó del ‘creciente fértil’ en realidad se ha convertido en ‘fertilidad decreciente’ por este punto en concreto, que está arrasando y acelerando el proceso descrito en el punto anterior.


De hecho, Siria era un gran exportador de grano hasta no hace mucho. Pero con el cambio climático, el tipo de producción intensiva, así como la incentivación por parte del gobierno sirio de usar aguas freáticas para el regadío, la situación terminó de una forma parecida a la del Plà de Sant Jordi, sólo que con el añadido de una subida de precio del agua y del coste de bombeo en unos acuíferos cada vez más vacíos.


Los problemas de producción agrícola (menor producción), junto a una subida de precios del grano en todos los mercados (que corresponden con la subida de precio del petróleo en 2008, entre otras razones, por el uso de dichos granos para hacer biocombustibles), junto a los problemas de bajada de ingresos por su producción petrolífera, y a la presencia de intentos internacionales de desestabilización internacional por la lucha de intereses en hacer pasar gaseoductos y oleoductos por su territorio, hicieron que el malestar entre la población se incendiase.


Nada casualmente, coincidiendo con las mal llamadas ‘revoluciones de la primavera árabe’ que al principio, y todavía en según qué sitios continúan llamándose ‘las revueltas del pan’, ya que el origen principal tenía que ver con la subida de precios de los granos en países fuertemente importadores de grano, como Egipto, o aquellos cuya balanza comercial salió perjudicada por ello… o por la posterior caída de los precios, tanto del grano como del petróleo.


A nivel global la inseguridad hídrica es uno de los principales factores a tener en cuenta en el futuro pues:







Pero esas son las consecuencias del problema, el problema sigue siendo considerar el agua potable como un recurso renovable, cuando nuestra tasa de extracción ya hace tiempo que ha superado la tasa de reposición y estamos haciendo uso continuado de depósitos de agua que tardarán más de 50 años en reponerse. Como ya vimos en la anterior entrada (enlace) lo renovable es renovable mientras la tasa de extracción es menor que la tasa de recarga, en el caso del agua también tenemos que fijarnos en el punto anterior (peak-oil) y empezar a hablar de “peak water”, no como un hecho del futuro, sino como un hecho del presente en algunos lugares del mundo, o un hecho del pasado en otros, donde ya ni siquiera explotando los acuíferos más profundos, y utilizando unas inversiones millonarias en tecnología y energía, es posible extraer el agua necesaria para mantener el ritmo de crecimiento social planificado.


Como leíamos, ya hace tiempo que algunas partes del planeta han dejado la etapa de plateau de la típica curva de Hubbert (que también es aplicable a las extracciones no renovables de agua) para adentrarse de lleno en la fase de restricciones y cortes del suministro. Así, se espera que en unos pocos años, 2025, 2/3 de los habitantes del planeta estén ya de lleno en esta fase.


Sin embargo, la principal razón por la que este problema se acalla no es porque este sea un problema de difícil solución, del que se pretenda desviar la atención como en el anterior punto. El problema real es que si el agua deja de considerarse un bien renovable, se tendría que reexplicar el concepto de lo que es un bien renovable y aclarar el concepto de uso sostenible de los bienes naturales, y entonces, el mantra ‘renovable = sostenible’ perdería su razón de ser. Esa es, a mi criterio, la auténtica clave del problema.

Aquí el silencio clamoroso no es sobre el importante problema del agua, sino sobre qué pasa cuando de un bien “teóricamente” renovable se hace un uso no sostenible.

lunes, 11 de febrero de 2013

Tierra y agua

Queridos lectores,

Gabriel Anz, desde Neuquén (Argentina), nos ha enviado este interesante post analizando la situación de las tierras cultivables y del agua potable en el mundo. Recuerden que Jeremy Grantham decía que en el largo plazo los dos recursos críticos eran, justamente, ésos. Conviene saber, por tanto, de dónde partimos y cuáles son las tendencias, dado que además éste es un tema recurrente en las discusiones de los comentaristas.

Les dejo con Gabriel.
Salu2,
AMT

 LAS TIERRAS Y EL AGUA EN EL MUNDO

El siguiente trabajo es una recopilación de información obtenida de sitios en la WEB, entre los cuales se encuentra el de la FAO (Food and Agriculture Organization of the United Nations), el cual tiene por objetivo contrastar y comparar datos que ilustran la situación acerca del uso de las tierras y del agua en el Planeta.

Dejo al lector la espinosa tarea de sacar conclusiones sobre cómo podrían incidir en nuestras vidas y en las estadísticas futuras, variables como la evolución del crecimiento poblacional, cambio climático y energía decreciente.

Básicamente el agua y la comida (producto de la tierra) han sido, son y serán los movilizadores de los seres vivos a interactuar por los recursos y los espacios, por lo que me parece relevante analizar y contextualizar las estadísticas que aquí se expresan, aunque sean éstas un atisbo apenas de la enorme cantidad de datos e información existente y disponible para quienes deseen buscarla y profundizar en ella.


Gabriel Anz (Técnico Agrónomo)


ESTADO DE LOS RECURSOS DE TIERRAS Y AGUAS DEL MUNDO

Datos básicos de Producción agrícola:
• Aumento de la superficie destinada a la producción de cultivos alimentarios de 1960 a 2010: 12%
• Aumento de la productividad agrícola mundial en el mismo período: 150% - 200%
• Total de la superficie cultivada (secano + riego) en 1961: 1 400 millones de hectáreas
• Total de la superficie cultivada (secano + riego) en 2006: 1 500 millones de hectáreas
• Superficie agrícola de regadío en 1961: 139 millones de hectáreas
• Superficie agrícola de regadío en 2006: 301 millones de hectáreas
• Promedio de hectáreas de tierras agrícolas necesarias para alimentar a una persona en 1961: 0,45 ha
• Promedio de hectáreas de tierras agrícolas necesarias para alimentar a una persona en 2006: 0,22 ha

Uso de la tierra:
• Total mundial de tierras aptas para la agricultura: 4.400 millones de hectáreas
• Porcentaje del total de la superficie agrícola mundial que es de secano: 80% (1.200 millones de hectáreas)
• Total de la superficie actualmente en cultivo: 1 600 millones de hectáreas de las cuales el 20% (300 millones de hectáreas) se encuentra en tierras marginalmente aptas
• Proporción mundial de tierras degradadas: 25%
• Proporción de tierras en condiciones moderadas de degradación: 8%
• Proporción de tierras que se están mejorando: 10%
• En varias regiones, más de la mitad de la superficie agrícola básica afronta limitaciones de calidad de los suelos, notablemente en el África subsahariana, el sur de América, sureste de Asia y norte de Europa.

Uso del agua:
• Porcentaje del total de agua extraída de los acuíferos, ríos y lagos por la agricultura: 70%
• Porcentaje del total de la producción agrícola mundial obtenida en sistemas de secano: 60%
• Cantidad en la cual el riego suele mejorar la productividad agrícola: el doble
• Volumen de las cosechas de cereales de secano en el mundo en desarrollo, en promedio: 1,5 t/ha
• Volumen de las cosechas de cereales de regadío en el mundo en desarrollo: 3,3 t/ha
• Número promedio de cultivos anuales en las tierras de secano en Asia: 1
• Número promedio de cultivos anuales en las tierras de regadío en Asia: 2
• Porcentaje de la población mundial que vive hoy en regiones donde hay escasez de agua: 40%
• Número de países que actualmente destinan más de un 40% de sus recursos hídricos al riego anualmente, umbral que se considera crítico: 11
• Número de países que están retirando del 20% de sus recursos de agua al año, lo que indica una presión considerable y la escasez inminente de agua: 8
• Porcentaje de los recursos hídricos renovables utilizados actualmente en Libia, Arabia Saudita, Yemen y Egipto: 100%+
• Total de los recursos hídricos renovables utilizados actualmente en América del Sur: 1%

Desigualdades mundiales:
• Superficie terrestre del mundo cubierta por países de bajos ingresos: 22%
• Tierras agrícolas per cápita en los países: ingresos bajos: 0,17 ha/per cápita; ingresos medios: 0,23 ha/per cápita; ingresos altos: 0,37 ha/per cápita
• La disponibilidad promedio de tierras agrícolas per cápita en los países de ingresos bajos es menos de la mitad que en los países de ingresos altos y la aptitud de las tierras en cultivo para la agricultura por lo general es más baja.
• Los países de altos ingresos, como grupo, cultivan más del doble de la superficie per cápita (0,37 ha) que los países de ingresos medios (0,23 ha) o de ingresos bajos (0,017 ha).


SITUACIÓN Y TENDENCIAS


Disponibilidad y uso de los recursos de tierras y aguas:

Existe una variación geográfica significativa en la disponibilidad de tierras consideradas aptas para la agricultura. El crecimiento demográfico y la demanda de otros sectores ejercen una presión creciente sobre los recursos disponibles. Suponiendo que se utilicen sistemas bien adaptados de producción, las tierras que actualmente están en cultivo son en su mayor parte de calidad óptima (el 28% del total) o buena (53%). La mayor proporción regional de las mejores tierras cultivadas actualmente está en América Central y el Caribe (42%), seguidos de Europa occidental y central (38%) y América del Norte (37%).
En los países de altos ingresos en conjunto, la proporción de tierras óptimas actualmente en explotación es del 32%. En los países de bajos de ingresos, los suelos muchas veces son  más pobres y sólo el 28% de la superficie cultivada es de calidad óptima.
La superficie agrícola del mundo ha crecido un 12% en los últimos 50 años. La superficie irrigada del mundo se duplicó en el mismo período, lo que representa la mayor parte del aumento neto en las tierras agrícolas. Mientras tanto, la producción agrícola ha crecido entre 2,5 y 3 veces, gracias al aumento significativo de la productividad de los principales cultivos.
Sin embargo, en algunas regiones los resultados mundiales se asocian a la degradación de los recursos de tierras y aguas, y al deterioro de los ecosistemas y servicios relacionados. Estos incluyen la biomasa, la fijación de carbono, el buen estado de los suelos, el almacenamiento y suministro de agua, la biodiversidad, así como servicios sociales y culturales. La agricultura ya utiliza el 11% de la superficie terrestre del planeta para la producción agrícola. También consume el 70% de toda el agua que se extrae de los acuíferos, ríos y lagos. Las políticas agrícolas han beneficiado principalmente a los agricultores que tienen tierras productivas  y acceso al agua, desatendiendo a la mayoría de pequeños productores que siguen atrapados en una pobreza con una gran vulnerabilidad, degradación de las tierras e incertidumbre climática. 

Políticas e instituciones:

Las instituciones responsables de las tierras y las aguas no han seguido el ritmo de la creciente intensidad del desarrollo de las cuencas fluviales y el grado cada vez mayor de interdependencia y competencia por los recursos tierras y aguas. Se necesitan instituciones mucho más adaptables y colaboradoras para responder con eficacia a la escasez de recursos naturales y a las oportunidades del  mercado.

Perspectivas hacia 2050:

Hacia el año 2050 se prevé que el aumento de la población y los ingresos requiera un 70% más de producción mundial de alimentos y hasta un 100% más en los países en desarrollo, en relación con los niveles de 2009. Con todo, la distribución de los recursos de tierras y aguas no favorece a esos países que deberán producir más en el futuro: la disponibilidad media de superficie agrícola per cápita en los países de ingresos bajos es menos de la mitad que en los países de altos ingresos, y la idoneidad de las tierras cultivadas para la agricultura por lo general es más menor. Algunos países cuya demanda de alimentos crece aceleradamente también son los que afrontan elevados niveles de escasez de tierras o agua. Lo más probable es que la mayor contribución al aumento de la producción agrícola se dé por intensificación de la producción en las tierras agrícolas existentes. Para ello será necesaria la adopción generalizada de prácticas sostenibles de gestión de las tierras, y un uso más eficiente del agua de riego a través de una mayor flexibilidad y fiabilidad y una mejor aplicación del agua de riego.

Sistemas en peligro:

Es necesario hacer un examen crítico de las pautas predominantes de producción agrícola. Una serie de sistemas de tierras y aguas corre actualmente el riesgo de deterioro progresivo de su capacidad productiva, por una combinación de excesiva presión demográfica y prácticas agrícolas insostenibles. Los límites físicos de la disponibilidad de tierras y agua en estos sistemas pueden agudizarse aún más en algunos lugares por causas externas, como el cambio climático, la competencia con otros sectores y los cambios socioeconómicos. Estos sistemas en peligro exigen una atención prioritaria de medidas correctivas, simplemente porque no hay sustitutos.

Condiciones favorables:

Hay potencial para ampliar la producción de manera eficiente para abordar la seguridad alimentaria y la pobreza a la vez que se limitan las repercusiones en otros valores de los ecosistemas. Hay espacio para que los gobiernos y el sector privado, así como los agricultores, intervengan en forma mucho más dinámica para avanzar en la adopción general de prácticas sostenibles de gestión de las tierras y  el agua. Las medidas no sólo incluyen opciones técnicas para promover la intensificación sostenible y reducir los riesgos de la producción, también comprenden un conjunto de condiciones para eliminar las limitaciones e incrementar la flexibilidad. Estas incluyen: (1) la eliminación de deformaciones en el marco de los incentivos, (2) mejora de la tenencia de la tierra y el acceso a recursos, (3) instituciones de las tierras y las aguas fortalecidas y más colaboradoras, (4) servicios de apoyo eficientes, con intercambio de conocimientos, investigación adaptativa, y finanzas rurales, y (5) un acceso mejor y más seguro a los mercados.

Cooperación internacional, inversión y políticas:

La adopción  generalizada de prácticas sostenibles de gestión de las tierras y las aguas también requerirá que la comunidad mundial tenga la voluntad política para aportar el apoyo financiero e institucional necesario para fomentar la adopción generalizada de prácticas agrícolas responsables. Es necesario dar marcha atrás a la tendencia negativa de los presupuestos nacionales y la ayuda oficial para el desarrollo asignada a las necesidades de las tierras y las aguas. Algunas posibles nuevas opciones de financiación son el pago por servicios ambientales (PSA) y el mercado de carbono. Por último, existe una necesidad de integración mucho más eficaz de las políticas internacionales e iniciativas relacionadas con la gestión de las tierras y las aguas. Sólo con estos cambios el mundo podrá alimentar a sus ciudadanos a través de una agricultura sostenible que produzca dentro de los límites del medio ambiente.


¿Sabías que en el mundo...?

  • La superficie agrícola en el mundo era en 2001 de 5.016.729 miles de hectáreas (incluyendo pastos), lo que representa el 38,4% de la superficie terrestre. El 65,2% de la superficie agrícola se encuentra en países en desarrollo.
  • El VAB (Valor Agregado Bruto) de las ramas primarias en el mundo representa el 6,2% de su PIB, alcanzando para el caso de los países en desarrollo el 11,9%.
  • En el mundo hay aproximadamente 1.100 millones de personas empleadas en las ramas primarias, de ellos el 40% son trabajadores asalariados por cuenta ajena.
  • La media mundial de tractores por cada mil empleados en agricultura es de 20, aunque las diferencias son gigantescas entre regiones. En la Unión Europea alcanza los 920 mientras que en África sub-sahariana sólo es de 1 tractor por mil agricultores.
  • El suministro de energía alimentaria medido en calorías por persona al día se situó en 2002 en 2.803, en los países desarrollados alcanza las 3.314 mientras que en los países en desarrollo el promedio es de 2.674 calorías.
  • El consumo de carne en los países en desarrollo ha pasado de los 10 kilos anuales por persona entre 1964-66 a los 26 kilos de 1996-97. La leche y los productos lácteos han experimentado también un crecimiento rápido, pasando de los 28 Kg. anuales por persona en 1964-66 a los 45 kg. actuales.
  • La producción mundial de la pesca de captura y la acuicultura suministró alrededor de 101 millones de toneladas de pescado para el consumo humano en 2002, lo que equivale a un suministro per cápita aparente de 16,2 kg.
  • Si no se tiene en cuenta la producción de China, el suministro total de pescado para consumo humano ha ido creciendo más lentamente que la población mundial; como consecuencia de ello, el suministro medio de pescado per cápita, excluido el de China, disminuyó de 14,6 kg en 1987 a 13,2 kg en 1992 y se ha mantenido estable desde entonces.


Fuentes: FAO (Naciones Unidas), Banco Mundial, INE, Ministerio de Agricultura y Pesca.



EL SUELO Y SU USO AGRÍCOLA

Históricamente, el aumento de producción agrícola se ha logrado por expansión del área cultivada y por incrementos en los rendimientos por unidad de cultivo. Hasta la década de los cincuenta la expansión de la superficie cultivada desempeñaba un papel más importante en el aumento de producción. En cambio, las décadas de los sesenta y setenta se caracterizan por el hecho de que la intensificación de los cultivos por unidad de superficie pasó a ser, paulatinamente, el factor principal en los aumentos de producción. Se estima que la contribución de la intensificación de los aumentos de la producción agrícola mundial es del orden de 80%. En la década de los setenta la superficie arable del mundo aumentó en forma lenta, con excepción de Oceanía, y disminuyó en el caso de Europa occidental.
En los países en desarrollo la expansión de las áreas cultivadas siguió desempeñando un papel importante, si bien decreciente. Es así como, ya a fines de los setenta, aproximadamente dos tercios de la producción adicional se originaba en cultivos intensivos, reflejando una tendencia diferente a la de los años cincuenta. La situación se ilustra con el caso latinoamericano. El 80% del incremento anual de cultivos durante la década de los cincuenta tenía su origen en el aumento de la extensión del área cultivada; en cambio, en la década de los setenta, con excepción de Brasil, sólo 25% del incremento es atribuible a esa causa.
La reducción en el ritmo de expansión de la frontera agropecuaria coincide, históricamente, con elevadas tasas de crecimiento de la población, que resulta en una decreciente relación tierra agrícola-hombre. En el área dedicada al cultivo de cereales se ha reducido esa relación de 0.24 hectáreas por persona en 1950 a 0.18 hectáreas por persona en 1975, y a 0.13 en 1990, reducciones significativas ya que los cereales ocupan el 70% del área total mundial destinada al cultivo de granos. Obviamente, se dan diferencias importantes entre países. Para África la FAO señala que la tierra utilizada para la producción de alimentos es inferior a 0.10 hectáreas per capita en Rwanda, de 0.20 a 0.29 hectáreas en Etiopía, y es superior a 0.50 en Chad.
Asociado al proceso de pérdida de tierras agrícolas, se da un proceso de deterioro de aquellas actualmente en uso o de utilización potencial. La FAO señala que los suelos aptos para uso agrícola son sólo un porcentaje relativamente reducido de las disponibilidades globales de suelos. Según Kovda (nombre de la organización que agrupa a diversas localidades rurales de Rusia), aproximadamente el 70% de la tierra disponible dista mucho de ser ideal para la producción agrícola y, por lo tanto, requiere mejoras de diferentes tipos. Sólo 11% de los suelos del mundo están libres de limitaciones serias para el uso agrícola. Las limitaciones más importantes son la sequía, que afecta a 28% de los suelos, la resistencia mineral y problemas químicos afecta a 23%, mientras que la escasa profundidad es un problema que caracteriza a 22% de los suelos; el exceso de agua y las heladas son las limitaciones que afectan principalmente a 10% y 6%, respectivamente, de los suelos del mundo.
Lo anterior implica que las posibilidades de incorporar tierras nuevas al cultivo son cada vez menores, o que las inversiones que ello significa, así como el costo de su conservación, son bastante elevados. De las tierras actualmente en uso, la gran mayoría están sometidas a fuertes presiones para aumentar su productividad y, además, expuestas a fuerte deterioro, que en casos extremos puede dar lugar a la pérdida irreversible del recurso.
La degradación de los suelos, o sea «la pérdida total o parcial de su capacidad productiva, tanto para su utilización presente como futura» (FAO), se debe fundamentalmente a los siguientes procesos: erosión, sedimentación, anegamiento, salinización y alcalinización, contaminación química, uso indiscriminado de fertilizantes, herbicidas, pesticidas, etc., uso inadecuado del recurso y, finalmente, la desertificación.
Recursos mundiales de suelos y sus limitaciones
para la agricultura (porcentajes)

Sequía
Estrés mineral
Turberas
Exceso de agua
Heladas
Sin limitación
Norteamérica
20
22
10
10
16
22
América Central
32
16
17
10
--
25
América del Sur
17
47
11
10
--
15
Europa
8
33
12
8
3
36
Asia del Sur
43
5
23
11
--
18
Asia del Norte
17
9
38
13
13
10
Asia Se
2
59
6
19
--
14
Australia
55
6
8
16
--
15


Total suelos:
28
23
22
10
6
11
 Fuentes: FAO, Dimensions of need, op. cit.
 Obviamente, con el crecimiento poblacional es inevitable que las relaciones tierra agrícola-hombre sigan disminuyendo, alcanzando sus valores más bajos en países como Egipto y Rwanda, donde es inferior al 0.1. Esta situación inevitable es manipulada y alimenta los argumentos neomalthusianos. Sin ignorar la importancia de la disminución del recurso tierra por habitante, lo importante es recordar que muy pocos países han sido y pueden llegar a ser autosuficientes en producción de alimentos. Es por eso que las magnitudes globales son importantes.
La información existente revela que la producción de alimentos ha aumentado más rápidamente que la población, siendo la producción per capita actual 18% superior a la de hace 30 años, como se muestra en el gráfico adjunto. Esto no quiere decir que el problema alimentario no existe, sino simplemente que tiene diferentes dimensiones: una, la capacidad interna de producción de alimentos, y otra, la capacidad para acceder a la producción de los países excedentarios. El primer aspecto orienta la política sobre el mejor uso del recurso tierra de cada país de acuerdo a sus posibilidades de importar aquello que no pueden producir.
No sólo hay pérdidas irreversibles de tierra fértil por conversión a otros usos, sino que las disponibles tienen limitaciones y además su mala gestión se traduce en deterioro, con disminución de sus capacidades productivas y eventualmente pérdida, de allí la importancia de examinar algunos aspectos de gestión del suelo.
Un estudio comisionado por el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) calcula que cerca de 1 200 millones de hectáreas de tierra agrícola sufren procesos de degradación, de éstas algo más de un millón de hectáreas lo son por efectos de la erosión. Las diferentes formas de degradación están asociadas o se derivan de las modalidades de intervención y uso que lleva a cabo el ser humano. El total de área degradada en el mundo es calculado por dicho estudio en 1 964.4 millones de hectáreas, de las cuales 1 215 millones de hectáreas lo son con carácter de moderada, grave y extrema; estas cifras representan, respectivamente, 17% y 10.5% de la tierra con vegetación.
En términos absolutos, la mayor degradación se da en Asia, con 747 millones de hectáreas, o alrededor de 20% de su superficie cubierta con vegetación; en términos porcentuales, sin embargo, la mayor degradación se da en América Central y México, con 24.8% de su área cubierta por vegetación degradada y 24.1% moderada, grave y extremadamente degradada; en términos absolutos, estos porcentajes corresponden a 62.8 y 60.9 millones de hectáreas. En América del Sur el área degradada ha sido calculada en 243 millones de hectáreas, 14% de su superficie cubierta con vegetación, de las cuales 138.5 lo son con carácter de moderada, grave y extrema.
El uso de los elementos del sistema natural, en este caso suelos, y la explotación de sus recursos llevan aparejadas transformaciones inevitables del ecosistema, su estructura y funciones. De estos cambios lo que el ser humano percibe directamente son los que experimenta el paisaje, sobre todo cuando estos tienden a perpetuarse y acentuarse, terminando por ser ya modificaciones prácticamente irreversibles.
Las transformaciones dependen de los cambios en las estructuras económicas y sociales y del creciente poder de transformación que proporciona el mayor conocimiento científico y tecnológico. El paisaje contemporáneo que se percibe, sobre todo en el Viejo Mundo y en Europa en particular, dista mucho de ser natural, es en realidad un continuo natural-social-cultural y tecnológico resultante de la interacción milenaria del sistema social con el natural a lo largo de la historia.
La tecnología es, sin duda, el instrumento más poderoso con que cuenta la sociedad para utilizar su sistema natural; su aplicación ha estado asociada a grandes e irreversibles modificaciones del ecosistema y su expresión visual: el paisaje. Los rasgos típicos del ecosistema se mantienen debido a parámetros climáticos, ecológicas, situación geográfica, topografía, diversidad de especies y otros, así como por la forma como estos elementos se asocian. Pero la explotación de la naturaleza altera su complejidad, la importancia relativa de sus componentes y de sus interrelaciones se modifica, el hombre común llega, en algunos casos, a percibir cambios en el paisaje, pero por lo general no sabe, o no se da cuenta, de que ellas son reflejo de alteraciones más profundas que sufre el ecosistema. Estas últimas van asociadas a pérdidas de diversidad, cambios en la estructura del suelo, mayores flujos de energía, menor persistencia de los ciclos de la materia y la creciente madurez del ecosistema.
Algunos sistemas naturales están dotados de gran resiliencia de manera que, de interrumpirse la interferencia antrópica que origina la modificación, pueden recuperarse, retornando, si no a un estado preexistente, al menos a uno muy similar a ese estado original. Otros sistemas, en cambio, no se recuperan y se mueven hacia nuevas posiciones de equilibrio con condiciones de funcionamiento y sustentabilidad diferentes. En ambos casos la dimensión temporal es fundamental ya que, en periodos largos, cualquiera que sea la resiliencia del sistema, los cambios tienden a incorporarse en forma permanente, de manera que todo ecosistema, y su expresión visual, es decir el paisaje, aun conservando sus rasgos típicos fundamentales, o su «personalidad», como decía González Bernáldez, lleva incorporadas modificaciones provocadas en diferentes periodos históricos y como respuesta a diferentes situaciones socioeconómicas y culturales: «En un mismo paisaje encontramos siempre retazos de épocas distintas, partes de edad diferente, superpuestas y entremezcladas. Es el resultado de la distinta histéresis o persistencia de procesos muy variados».
Una consecuencia de lo anterior es que los ecosistemas fuertemente intervenidos, y por periodos muy largos, tienden a hacerse dependientes de la intervención humana. Es decir, la conservación de ese ecosistema está supeditada a la acción humana ya sea a través de suministros regulares de energía (por ejemplo, fertilizantes), de acciones de protección (uso de plaguicidas), del suministro regular de agua o finalmente por la conservación de las modificaciones topográficas y zonales introducidas, como terrazas y bancales. Esta dependencia se observa claramente por el deterioro que sufren ciertos paisajes cuando se abandonan o cesan en ellos las actividades económicas.
Desde el punto de vista espacial todo proceso de transformación tiene un epicentro en el que se produce la intervención directa desde el cual, a través de interconexiones espaciales y temporales, se originan una serie de efectos, a menudo insospechados y a veces indeseados, en otros sistemas tanto adyacentes como distantes.
La agricultura ha tenido efectos de transformación importantes que se iniciaron varios milenios antes de la era cristiana. Las poblaciones de animales y plantas, las pendientes y los valles, la cubierta de suelo fértil, la cubierta vegetal de bosques, las praderas, han sido alteradas continuamente en una forma que es hoy prácticamente irreversible: la roturación de los campos, los barbechos, las terrazas y bancales, el riego y la desecación de zonas húmedas han tenido un impacto decisivo en las características, las estructuras y funciones, las disponibilidades de recursos, sobre la productividad de los sistemas naturales y, finalmente, sobre el paisaje.
Los medios y las formas de utilización de los recursos del sistema natural y los cambios que introducen son variados; sin intención de hacer una enumeración exhaustiva, y limitándose a aquellos inherentes a la agricultura, se pueden recordar:
  1. La eliminación de la cubierta forestal, ya se sea por medio del fuego, por el método tradicional de roza, tumba y quema, por simples talas o eliminación destructiva con bulldozers y cadenas;
  2. La manipulación del suelo mediante herramientas manuales, arados o equipos mecanizados de gran envergadura, con profundos efectos sobre sus características estructurales y funcionales; o mediante nivelaciones de tierras, etcétera.
  3. Modificaciones provocadas por los sistemas de regadío, incluyendo la incorporación de tierras marginales a la agricultura;
  4. Alteraciones por aportes de subsidios energéticos y químicos, en particular fertilizantes sintéticos y plaguicidas;
  5. La delimitación artificial del espacio mediante cercos, diques, acequias o canales;
  6. Desecación de zonas húmedas, explotación de acuíferos y construcción de sistemas de riego;
  7. Construcción de terrazas y bancales;
  8. Construcción de vías de acceso, silos, edificios, establos, etcétera;
  9. Agricultura intensiva, homogeneización de cultivos;
  10. Colonización de ecosistemas por especies o variedades ajenas, o por especies híbridas o modificadas genéticamente;
  11. El desarrollo de la ganadería estabulada y sus efectos indirectos en la conversión de usos del suelo: conversión de bosques a pastizales, conversión de cultivos alimentarios a cultivos forrajeros.
Algunas transformaciones afectan a pocos componentes del sistema y de sus ciclos, por lo general los más breves, como por ejemplo los de algunas variedades de animales y plantas; pero otras repercuten sobre la estructura y funcionamiento del sistema propiamente, alterando sus ciclos básicos, como el hidrológico.
Así, la agricultura altera inevitablemente el suelo. Los cultivos obligan a remover la vegetación natural o a su modificación drástica; los cultivos itinerantes con largos periodos de barbecho permiten la recuperación de los bosques naturales, pero pueden causar cambios en las especies y composición de la vegetación secundaria. Otras formas implican la eliminación total de la cubierta vegetal original y la eliminación de especies y/o variedades nativas; por ejemplo, la producción de cereales en la agricultura moderna mecanizada ha eliminado no sólo la vegetación original, sino además los setos y árboles que un tiempo fueron plantados alrededor de tierras arables y pasaron así a ser el hábitat de diversas especies vegetales y animales, y además cumplían funciones microclimáticas en relación con los vientos y la evaporación, o antierosivas en relación con el suelo.
La agricultura moderna tiende a la simplificación del ecosistema y, por lo tanto, del paisaje. La roturación ha alterado los suelos, se han añadido o removido nutrientes, se ha reducido la acidez mediante la adición de cal, se drenan los suelos para eliminar el exceso de agua, se remueven piedras y rocas para facilitar las operaciones agrícolas y recuperar tierras, se nivela para facilitar el riego y la mecanización; se cambian, en fin, la estructura de los suelos y el paisaje. Estas modificaciones están a menudo respaldadas o justificadas por la posibilidad de incorporación de recursos al sistema económico. Por ejemplo, tierras inundadas de llanura padana en Italia, los polders holandeses, y los fenlands ingleses han sido incorporados a la agricultura y se las incluye entre las tierras de la mejor calidad. Las pendientes de las laderas montañosas, en particular aquellas muy empinadas, no favorecen la agricultura, pero la construcción de terrazas y bancales han hecho posible plantar esas pendientes en las culturas más diversas a lo largo de la historia. A su vez, el riego ha alterado los paisajes de amplias zonas áridas y semiáridas en muchas partes del mundo como Egipto, Iraq, Israel, Estados Unidos, etcétera.
Fuente: http://www.eurosur.org/