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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Decimosexto año de este blog


Queridos lectores:

Hace unos días, una periodista que me entrevistó me explicó que había comentado en la redacción que me iba a entrevistar, y que varias personas le preguntaron si iba a llegar el apocalipsis que llevo tanto tiempo anunciando y que nunca llega. Obviamente, quien dice eso es un necio que nunca ha leído nada de lo que he escrito ni ha ido a una de mis conferencias. Resulta especialmente ridículo decir esas cosas teniendo en cuenta, por ejemplo, este artículo que escribí hace 12 años, allá por 2013, cuando aún no llevaba tres años de singladura en este blog. Léalo, por favor, si es Vd. de la opinión de que yo soy un profeta del apocalipsis, ya que a lo mejor lo que sucede es que el que es un profeta del apocalipsis es Vd., querido lector, si así pensaba.

Porque, tal y como explicaba en aquel artículo, incluso si estuviéramos en un proceso de colapso lo que veríamos sería una degradación gradual a través de los años y las décadas, un progresivo irse haciendo más pobre mientras vamos siguiendo con nuestra vida cotidiana. Y lo cierto es que después de los 16 años que llevo haciendo divulgación, resulta difícil negar que, efectivamente, nos vamos haciendo más pobres. Resulta difícil negar que hay cada vez más inestabilidad en el mundo. Resulta difícil negar que cada vez hay mayores problemas de suministro, de muchas cosas, en regiones cada vez mayores del mundo. Resulta difícil negar que hay una belicosidad creciente. Resulta difícil negar, en suma, que todas las cosas que anticipábamos hace 12 años están efectivamente sucediendo.

Y, sin embargo, a pesar de la clamorosa evidencia, y a pesar de que yo siempre he dicho que el objetivo de esta divulgación es intentar evitar los peores escenarios, y que es posible seguir escenarios mucho mejores, y que de hecho es eso lo que debemos pretender... a pesar de eso, sigue habiendo un empecinamiento malsano y tóxico en considerar que divulgar esta situación y buscar soluciones es "catastrofista", como si no fuera suficientemente catastrofista la evolución que estamos siguiendo.

También es verdad que ésta actitud es muy española. Aquí en España se está produciendo un proceso de degradación, de gentrificación, de destrucción de la clase media,... pero aún así las condiciones de vida aquí son bastante buenas para la mayoría de la población. Sin embargo, estoy convencido de que una buena parte de mis lectores del otro lado del Atlántico no estarán tan de acuerdo con que las cosas estén yendo bien. Y es que, como siempre, no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena. En fin... 

Comienzo con estas reflexiones en éste, el último post del año, en el que generalmente analizo el devenir del blog, de esta bitácora que comencé hace casi 16 años. Vemos su pasado, presente y futuro.

Pasado: 

El año 2025 ha sido un año bastante turbulento, sobre todo en cuestiones geopolíticas. La segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. ha venido de la mano de un programa de reforma radical del estado norteamericano y de sus relaciones con el mundo. Desde los despidos masivos, la agresiva política migratoria, los aranceles y los planes de paz impuestos a terceros países, Donald Trump ha irrumpido como un elefante en una cacharrería y ha puesto todo patas arriba. Al mismo tiempo, la escasez de diésel y gasolina se está haciendo cada vez más patente en Bolivia sobre todo, pero progresivamente también en otros países de América Latina, y también en África. Entre tanto, Alemania profundiza su crisis industrial y Francia su crisis política. En el plano ambiental, la temperatura global ha bajado un poco con respecto al máximo de 2024, pero el promedio de todo 2025 se va a mantener por encima de los +1,4 ºC respecto a los niveles preindustriales, y con la perspectiva de que en 2026, si viene de nuevo El Niño, podamos llegar a +1,7 ºC. El año 2025 acaba también con una buena colección de eventos extremos, aunque afortunadamente esta vez España no ha salido tan mal parada, aunque la persistencia de fuertes tormentas incluso en invierno no es demasiado buen augurio.

Mucho han cambiado las cosas desde que empecé. Ahora escribo bastantes menos posts cada año: no porque no haya temas interesantes e importantes que tratar, sino porque ahora tengo aún menos tiempo. El tipo de divulgación que hago ha ido cambiando. Entonces escribía mucho más, ahora doy muchas más conferencias (115 este año, aparte de una cantidad simplemente incalculable de entrevistas en medios diversos - solo la semana del apagón dí 60). Lo que sí que he intentado este año - y casi he conseguido - es que al menos se publicase un post al mes. Cerramos este año con 23 posts (contando éste), lo cual es mejor que los tres últimos años y espero que en 2026 podamos aumentar un poco más la cantidad, y escribir al menos dos posts al mes. También hay que decir que el blog ya no tiene posts invitados, fundamentalmente porque el mayor contribuyente, Beamspot aka Guillem Planisi, ahora tiene su propio substack.

El tipo de estadísticas del blog que calculaba cada año ha dejado de tener sentido. En los últimos dos meses se está produciendo una cantidad masiva de entradas en el blog, principalmente desde Singapur y desde EE.UU., las cuales seguro que están originadas por motores de búsqueda que alimentan inteligencias artificiales. Gracias a eso, la cantidad de visitas se ha multiplicado casi por 4 y en pocas semanas hemos sobrepasado ya los 18 millones de páginas vistas. En fin, como digo, estos números se han desvirtuado mucho y tiene poco sentido darlos. Sí que tiene cierta gracia ver cómo queda el ránking histórico de posts más visitados: en primer lugar, "Un año sin verano", con 126.000 visualizaciones; después, "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca", con 117.000; "El pico del diésel", con 89.500; "La España buena y la España mala", con 72.200; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE", con 71.500; "El por qué de un llamamiento", con 60.300; "Eres un pringao", con 59.900; "La tormenta negra", con 57.000; "La espiral", con 56.8000, y "Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica", con 55.200. No hay grandes cambios con respecto al año pasado, y ninguno de los posts en el top 10 (o ni siquiera del top 20) es de este año. El blog ya está en una fase de madurez y por tanto su evolución es más bien lenta.

Presente:

Mi cuenta en X está prácticamente inactiva (no la cierro para que los trolls no se apropien de mi nombre de usuario). Ahora uso sendas cuentas en Mastodon y Bluesky, aunque en ninguna de las dos tengo el nivel de actividad que llegué a tener en su día en twitter. Últimamente doy más charlas relacionadas con los proyectos de plantas de biogás y biomasa, ahora que los proyectos de Renovable Eléctrica Industrial están empezando a perder protagonismo. En cuanto a mi propia actividad de investigación, estoy muy metido en el análisis de los cambios de la circulación profunda del océano en los océanos polares, y particularmente en los cambios de la AMOC en los últimos años, usando datos de teledetección, algo muy novedoso; aparte de alguna pequeña sorpresa que estoy preparando. Sigo siendo el blanco de críticas absurdas y maliciosas por parte de algunos actores políticos y sociales, pero todo dentro de la anormalidad habitual.

Futuro:

El año que comienza se adivina intenso también en charlas, aunque voy a intentar moderar su número porque quiero priorizar mi trabajo de investigación y algunas cuestiones familiares importantes; espero por tanto no superar las 60 charlas en el conjunto del año. Al mismo tiempo, voy a esforzarme para intentar sacar un par de posts al mes, sobre todo en temas de actualidad. Podrán seguir la actualidad de mi actividad en las redes sociales.

2026 es un año de transición hacia lo que se adivina como la fase de descenso acelerado de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, la obsesión malsana por el biogás y la biomasa promete incrementar enormemente los niveles de conflictividad social actuales. Y encima, con un riesgo creciente de eventos extremos muy graves, sobre todo si al final empieza un nuevo El Niño. Como siempre, les recomiendo que permanezcan en la sintonía de este blog.

Y por acabar, les deseo un Feliz y Venturoso 2026. Cuídense mucho ahí fuera, y nos veremos por aquí. 

Salu2.

AMT 

domingo, 6 de abril de 2025

Crónicas de La Caída - Abril de 2025


Queridos lectores:

En vista del curso de los acontecimientos que se están sucediendo a escala global, inauguro con este post lo que me temo que acabará siendo una serie de ellos, con capítulos de regularidad seguramente arbitraria y que se irán extendiendo a lo largo de los próximos años. La temática de todos estos posts será ir haciendo un retrato de los procesos que van a llevar a nuestra sociedad al proceso irreversible de descenso energético y material que sabíamos que era inevitable por razones geológicas, pero que probablemente se va a ver acelerado en algunos momentos por las decisiones políticas. Para mi es muy difícil decir si acelerar el proceso de descenso energético y material es algo bueno o malo: por un lado, es positivo por la disminución de los problemas ambientales y porque deja disponibles recursos que pueden hacer más y mejor falta después; pero por el otro, acelerar el descenso va a comportar problemas sociales muy graves que si no son bien gestionados pueden acabar siendo peores aún, incluso causar el colapso de algunas sociedades. A este complejo proceso, en el que nos moveremos entre el colapso y la adaptación, es a lo que he denominado (a falta de mejor ingenio a estas horas del día) La Caída.

Pero vayamos con las cuestiones del momento.

La atención de los medios de comunicación occidentales está centrada en los nuevos aranceles que acaba de aprobar la administración Trump. Aranceles para los que Trump y los suyos han buscado grotescas e inverosímiles explicaciones, pero la realidad de los cuales es mucho más prosaica, como de hecho ha quedado claro en algunas declaraciones de miembros de su gabinete: el objetivo es reducir el déficit comercial de los EE.UU., idealmente hasta que sea cero. Es por eso que los aranceles son diferentes para cada país o región, ya que son proporcionales al déficit comercial que los EE.UU. tienen con cada uno de ellos si éste supera el 10%, y para los que están por debajo les impone un arancel mínimo del 10% (incluso a los países con los que tiene superávit). Hay algunas excepciones curiosas a estos aranceles universales, la más notable la de Rusia, con la excusa de que las sanciones aún en vigor han reducido el comercio estadounidense con los rusos a prácticamente cero - un ejercicio de hipocresía que muestra una vez más cómo Trump ha llegado a un acuerdo de mutua comprensión con Putin. Es también notable que en este cálculo se fijan solo en bienes tangibles, excluyendo los servicios, ya que estos últimos  arrojan una balanza positiva para los EE.UU. y diluirían los aranceles calculados.

Los efectos de esta aplicación universal de aranceles no se han hecho esperar. EE.UU. es el mayor importador (y también el segundo mayor exportador) de mercancías del mundo, por un valor de 3,2 billones de dólares el año 2024. Una cifra más que considerable, dado que el comercio mundial representa unos 33 billones de dólares, de los cuales unos 24 billones son importaciones  de bienes tangibles. Por tanto, las importaciones de los Estados Unidos representan el 13% de todas las importaciones del mundo, y por eso mismo el impacto de estos aranceles universales por ese país va a tener un efecto devastador sobre la economía mundial. Algunos analistas apuntan a unas pérdidas en el comercio de alrededor de 1,6 billones de dólares, que es aproximadamente el superávit comercial global; pero es demasiado pronto para saber con certeza el efecto final, porque obviamente a los aranceles impuestos por EE.UU. habrá una respuesta de magnitud similar por parte de los países afectados.

De manera inmediata, aparte de hundir las bolsas, los aranceles van a provocar una gran inflación en los EE.UU., por lo menos en los bienes de importación, y por diversos efectos dicha inflación podría contagiarse al resto del mundo. Al tiempo, va a producirse un descenso generalizado de la actividad económica en todo el mundo, y eso va a llevar a una considerable reducción del consumo de materias primas y, por tanto, caídas notables en el precio de las mismas y particularmente en el de la energía (como se está viendo ahora mismo con la caída del precio del petróleo). Sin embargo, la carestía de los bienes de consumo y la más que probable desinversión en nuevos yacimientos (o inclusive en mantenimiento de los actuales) van a originar que la producción de petróleo y otras materias primas que están empezando sus curvas de descenso (uranio, cobre, plata) aceleren su caída productiva. Eso quiere decir que en un plazo de unos meses, un par de años a lo sumo, lo que vamos a ver es lo contrario: que el precio de las materias primas repuntará con fuerza.

El objetivo para nada disimulado de estos aranceles que ha implantado Donald Trump es conseguir la relocalización en tierras estadounidenses de las fábricas que marcharon hacia la China y otros lugares con mano de obra más barata. Lo cual, como han señalado algunos analistas, es un poco absurdo, no solo por el tema de la competitividad económica, sino porque los EE.UU. pretenden ser una potencia exportadora y al mismo tiempo mantener al dólar como divisa de reserva (esto es, como moneda de uso obligatorio en todo el planeta para la adquisición de algunos bienes, como por ejemplo el petróleo). Obviamente, hacer las dos cosas  a la vez es claramente contradictorio: si los EE.UU. tuvieran superávit comercial, eso querría decir que sus compradores tendrían que gastar sus dólares para comprar los bienes americanos y por tanto no lo tendrían para la adquisición de materias primas que se denominan en dólares. Para los EE.UU., que el dólar sea moneda de reserva les beneficia porque les permite financiar sus déficits (simplemente imprimiendo más) y exportar la inflación. Pero el coste de esos privilegios es la desindustrialización y un déficit constante en la balanza comercial. A la administración Trump le preocupa sobre todo lo primero, porque hace su país más dependiente del exterior y con menos empleos de media y baja cualificación para mantener empleada a la masa de su clase media.

¿Cómo cuadrar entonces el círculo de querer reindustrializarse y al tiempo conservar el privilegio de contar con la divisa de reserva? La administración Trump ya ha pensado en eso también, pues son conscientes de la contradicción en términos: según dicen, estarían dispuestos a rebajar los aranceles si los beneficios comerciales de los otros países se utilizan en inversiones productivas en los EE.UU. Es una solución perfecta para los EE.UU., pero desgraciadamente desde el punto de vista del resto del mundo rima bastante bien con extorsión.

Obviamente el plan de Trump puede fracasar ya que  tiene enormes riesgos, entre otros que la nueva situación fuerce a los BRICS a acelerar su plan de establecer una divisa comercial alternativa, y también que el comercio mundial se reconfigure dejando bastante al margen a los EE.UU. Por lo pronto, eso sí, el Día de la Liberación Económica norteamericano nos envía a una recesión económica de caballo a nivel mundial. En la desorientada Europa, la combinación de la imposición americana con el inmoral y desnortado plan de rearme puede ser económicamente mortal. Europa corre un riesgo existencial y podría acabar disgregándose por culpa de la agitación social que puede emerger en medio de este caos. De esta caída. De La Caída.

Muchas otras cosas están teniendo lugar, al margen de las maquinaciones y evoluciones de Trump y los suyos. En este momento hay una profunda crisis de combustibles que está afectando a América Latina y a África. ¿La razón? La dificultad de mantener la producción de diésel, como sabemos. A la espera de la nueva edición del tradicional post sobre el pico del diésel, he tomado los datos de la Joint Oil Data Initiative y replicado la gráfica de los valores mensuales de diésel y gasoil producido por las refinerías del mundo (a partir de abril de 2023 no hay datos de Rusia, así que uso como valor constante 1,7 millones de barriles diarios para ese país, que está en la franja alta de variación de su producción en los últimos años). La gráfica resultante (hasta diciembre de 2024) es la siguiente:

 


Como pueden comprobar, después del bache de la COVID la gráfica recupera la tendencia decreciente que comenzó ya en 2018, con fuertes variaciones mensuales pero con un comportamiento tendencial fuertemente decreciente, situándose en la actualidad alrededor de un 12% por debajo de los máximo de producción del período meseta que se extendió de 2015 a 2017. Este faltante de diésel no se está distribuyendo homogéneamente entre todos los países del planeta, y así, mientas en la UE no falta diésel, su escasez es particularmente aguda ahora mismo en Bolivia, y en ese país está afectando gravemente al transporte por carretera y a la minería, y en última instancia a la producción y distribución de alimentos: los problemas de desabastecimiento son tan graves en ciertos departamentos que han llevado a muchas personas a emigrar a Perú. No solo es Bolivia: los problemas de carestía e incluso escasez de van repitiendo por toda la región, con mayor o menor intensidad: Colombia, Venezuela, Cuba e incluso en algunos momentos en Argentina. El problema también es bastante grave y generalizado en África: Nigeria, Níger, Sudáfrica, Malawi, Zambia, Mozambique... En muchos casos, la escasez de combustible se ve acompañada con cortes del suministro eléctrico, por el recurso que se hace en algunos países a la electricidad generada consumiendo diésel y fueloil. Por si todo lo anterior fuera poco, la recurrencia de eventos extremos, con intensidades y frecuencias de repetición nunca antes vistas, está asolando medio mundo y exacerbando la penuria de zonas ya afectadas por los otros problemas (por ejemplo, las lluvias torrenciales en Bolivia). Rara es la semana en la que no se produce un gran evento de ámbito regional, desde la cadena de tornados que sacude en este momento los estados centrales de EE.UU. o las inundaciones récord en el centro del país, hasta las olas de calor (en Brasil o en Rusia, por ejemplo), pasando por la formación de borrascas completamente anómalas. Ahora mismo, por ejemplo, el vórtice polar amenaza con desplazarse a Europa Oriental y podría matar a los árboles que están comenzando su floración primaveral. El clima está entrando en una situación caótica, mientras la temperatura media del planeta no baja de los +1,7ºC con respecto a la media preindustrial. Pero nadie habla de este caos, ya que todo la atención está centrada en las decisiones de unos pocos hombres al otro lado del Atlántico. De hecho, muchas de estas otras noticias, que pueden desencadenar procesos de escasez que marcarán los próximos años, están pasando completamente desapercibidos. Y, lo que es peor, no se toman medidas efectivas para adaptarnos a ellos o mitigarlos.

La gran ironía de la situación actual es que el plan arancelario de Trump, con su efecto devastador sobre el comercio mundial, va a originar sin duda una disminución de la degradación ambiental, comenzando por una reducción del consumo de combustibles fósiles. Ésas son las paradojas de La Caída. 

En todo caso, prepárense, porque las próximas semanas y meses prometen ser moviditos. Nos veremos por aquí.

Salu2.

AMT