Mostrando entradas con la etiqueta Divulgación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Divulgación. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de abril de 2026

No Normal Tour: Por qué hay que actuar ya

 


Queridos lectores:

Incluso si por algún milagro la guerra de Irán parase hoy, teniendo en cuenta todo el destrozo ya hecho el mundo se enfrentaría a una importante crisis económica, justo cuando acumula una gran cantidad fragilidades y burbujas financieras. Pero es que encima la guerra no está acabando.

Pase lo que pase, no vamos a volver a eso que los medios de comunicación denominan "normalidad" (a pesar que esa "normalidad" esté llena de contradicciones y de prácticas horribles y aberrantes).

No se va a recuperar el statu quo. Su vida, querido lector, va a cambiar para siempre.

Que ese cambio suponga una gran pérdida de calidad de vida o una transformación hacia una sociedad más sana o sostenible, dependerá de cómo reaccionemos a lo que se nos viene encima.

Si seguimos persiguiendo el crecimiento económico, tendremos, en el largo plazo o no tan largo, ruina, paro y escasez, hasta miseria.

Si apostamos por poner las necesidades de la gente en el centro y por la sostenibilidad, podremos construir un mundo mejor.

Es ahora. No es en ningún otro momento: es ahora. Hay que entender, y hacer entender, que no hay vuelta atrás. Antes era necesario cambiar: ahora ya es imprescindible.

Por ese motivo, más de 30 personas (del mundo de la ciencia, la divulgación y el activismo) recorrerán durante una semana (del 13 al 19 de abril) toda España. Dando charlas. Explicando que esto se acabó. Que hay que cambiar. Que es bueno cambiar. Que podemos cambiar.

Todas con la misma presentación. Todas con el mismo mensaje. Cada una, con su manera de entenderlo y explicarlo. Cada una, poniendo su tiempo y su entusiasmo por un objetivo común. 

¿Y qué puede hacer Vd., querido lector, querida lectora?

El post que seguirá a este contendrá una lista de días, horas, ciudades y direcciones donde se van a impartir estas charlas. Hemos intentado conseguir salas lo más grandes posible para intentar que venga el máximo de gente.

Y ahí entra Vd., querido lector, querida lectora.

Busque la charla más próxima a Vd. y venga acompañada por una persona, por esa persona que jamás iría a una charla como ésta. Esa persona a la que esta charla quizá le cambiará la vida cuando vengan los eventos que por desgracia tienen que venir.

Ahora es el momento. El de crear momento. Podemos hacerlo.  

Empieza el No Normal Tour. Cuento contigo. 

Salu2.

AMT 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Decimosexto año de este blog


Queridos lectores:

Hace unos días, una periodista que me entrevistó me explicó que había comentado en la redacción que me iba a entrevistar, y que varias personas le preguntaron si iba a llegar el apocalipsis que llevo tanto tiempo anunciando y que nunca llega. Obviamente, quien dice eso es un necio que nunca ha leído nada de lo que he escrito ni ha ido a una de mis conferencias. Resulta especialmente ridículo decir esas cosas teniendo en cuenta, por ejemplo, este artículo que escribí hace 12 años, allá por 2013, cuando aún no llevaba tres años de singladura en este blog. Léalo, por favor, si es Vd. de la opinión de que yo soy un profeta del apocalipsis, ya que a lo mejor lo que sucede es que el que es un profeta del apocalipsis es Vd., querido lector, si así pensaba.

Porque, tal y como explicaba en aquel artículo, incluso si estuviéramos en un proceso de colapso lo que veríamos sería una degradación gradual a través de los años y las décadas, un progresivo irse haciendo más pobre mientras vamos siguiendo con nuestra vida cotidiana. Y lo cierto es que después de los 16 años que llevo haciendo divulgación, resulta difícil negar que, efectivamente, nos vamos haciendo más pobres. Resulta difícil negar que hay cada vez más inestabilidad en el mundo. Resulta difícil negar que cada vez hay mayores problemas de suministro, de muchas cosas, en regiones cada vez mayores del mundo. Resulta difícil negar que hay una belicosidad creciente. Resulta difícil negar, en suma, que todas las cosas que anticipábamos hace 12 años están efectivamente sucediendo.

Y, sin embargo, a pesar de la clamorosa evidencia, y a pesar de que yo siempre he dicho que el objetivo de esta divulgación es intentar evitar los peores escenarios, y que es posible seguir escenarios mucho mejores, y que de hecho es eso lo que debemos pretender... a pesar de eso, sigue habiendo un empecinamiento malsano y tóxico en considerar que divulgar esta situación y buscar soluciones es "catastrofista", como si no fuera suficientemente catastrofista la evolución que estamos siguiendo.

También es verdad que ésta actitud es muy española. Aquí en España se está produciendo un proceso de degradación, de gentrificación, de destrucción de la clase media,... pero aún así las condiciones de vida aquí son bastante buenas para la mayoría de la población. Sin embargo, estoy convencido de que una buena parte de mis lectores del otro lado del Atlántico no estarán tan de acuerdo con que las cosas estén yendo bien. Y es que, como siempre, no nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena. En fin... 

Comienzo con estas reflexiones en éste, el último post del año, en el que generalmente analizo el devenir del blog, de esta bitácora que comencé hace casi 16 años. Vemos su pasado, presente y futuro.

Pasado: 

El año 2025 ha sido un año bastante turbulento, sobre todo en cuestiones geopolíticas. La segunda llegada de Donald Trump a la presidencia de los EE.UU. ha venido de la mano de un programa de reforma radical del estado norteamericano y de sus relaciones con el mundo. Desde los despidos masivos, la agresiva política migratoria, los aranceles y los planes de paz impuestos a terceros países, Donald Trump ha irrumpido como un elefante en una cacharrería y ha puesto todo patas arriba. Al mismo tiempo, la escasez de diésel y gasolina se está haciendo cada vez más patente en Bolivia sobre todo, pero progresivamente también en otros países de América Latina, y también en África. Entre tanto, Alemania profundiza su crisis industrial y Francia su crisis política. En el plano ambiental, la temperatura global ha bajado un poco con respecto al máximo de 2024, pero el promedio de todo 2025 se va a mantener por encima de los +1,4 ºC respecto a los niveles preindustriales, y con la perspectiva de que en 2026, si viene de nuevo El Niño, podamos llegar a +1,7 ºC. El año 2025 acaba también con una buena colección de eventos extremos, aunque afortunadamente esta vez España no ha salido tan mal parada, aunque la persistencia de fuertes tormentas incluso en invierno no es demasiado buen augurio.

Mucho han cambiado las cosas desde que empecé. Ahora escribo bastantes menos posts cada año: no porque no haya temas interesantes e importantes que tratar, sino porque ahora tengo aún menos tiempo. El tipo de divulgación que hago ha ido cambiando. Entonces escribía mucho más, ahora doy muchas más conferencias (115 este año, aparte de una cantidad simplemente incalculable de entrevistas en medios diversos - solo la semana del apagón dí 60). Lo que sí que he intentado este año - y casi he conseguido - es que al menos se publicase un post al mes. Cerramos este año con 23 posts (contando éste), lo cual es mejor que los tres últimos años y espero que en 2026 podamos aumentar un poco más la cantidad, y escribir al menos dos posts al mes. También hay que decir que el blog ya no tiene posts invitados, fundamentalmente porque el mayor contribuyente, Beamspot aka Guillem Planisi, ahora tiene su propio substack.

El tipo de estadísticas del blog que calculaba cada año ha dejado de tener sentido. En los últimos dos meses se está produciendo una cantidad masiva de entradas en el blog, principalmente desde Singapur y desde EE.UU., las cuales seguro que están originadas por motores de búsqueda que alimentan inteligencias artificiales. Gracias a eso, la cantidad de visitas se ha multiplicado casi por 4 y en pocas semanas hemos sobrepasado ya los 18 millones de páginas vistas. En fin, como digo, estos números se han desvirtuado mucho y tiene poco sentido darlos. Sí que tiene cierta gracia ver cómo queda el ránking histórico de posts más visitados: en primer lugar, "Un año sin verano", con 126.000 visualizaciones; después, "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca", con 117.000; "El pico del diésel", con 89.500; "La España buena y la España mala", con 72.200; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE", con 71.500; "El por qué de un llamamiento", con 60.300; "Eres un pringao", con 59.900; "La tormenta negra", con 57.000; "La espiral", con 56.8000, y "Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica", con 55.200. No hay grandes cambios con respecto al año pasado, y ninguno de los posts en el top 10 (o ni siquiera del top 20) es de este año. El blog ya está en una fase de madurez y por tanto su evolución es más bien lenta.

Presente:

Mi cuenta en X está prácticamente inactiva (no la cierro para que los trolls no se apropien de mi nombre de usuario). Ahora uso sendas cuentas en Mastodon y Bluesky, aunque en ninguna de las dos tengo el nivel de actividad que llegué a tener en su día en twitter. Últimamente doy más charlas relacionadas con los proyectos de plantas de biogás y biomasa, ahora que los proyectos de Renovable Eléctrica Industrial están empezando a perder protagonismo. En cuanto a mi propia actividad de investigación, estoy muy metido en el análisis de los cambios de la circulación profunda del océano en los océanos polares, y particularmente en los cambios de la AMOC en los últimos años, usando datos de teledetección, algo muy novedoso; aparte de alguna pequeña sorpresa que estoy preparando. Sigo siendo el blanco de críticas absurdas y maliciosas por parte de algunos actores políticos y sociales, pero todo dentro de la anormalidad habitual.

Futuro:

El año que comienza se adivina intenso también en charlas, aunque voy a intentar moderar su número porque quiero priorizar mi trabajo de investigación y algunas cuestiones familiares importantes; espero por tanto no superar las 60 charlas en el conjunto del año. Al mismo tiempo, voy a esforzarme para intentar sacar un par de posts al mes, sobre todo en temas de actualidad. Podrán seguir la actualidad de mi actividad en las redes sociales.

2026 es un año de transición hacia lo que se adivina como la fase de descenso acelerado de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, la obsesión malsana por el biogás y la biomasa promete incrementar enormemente los niveles de conflictividad social actuales. Y encima, con un riesgo creciente de eventos extremos muy graves, sobre todo si al final empieza un nuevo El Niño. Como siempre, les recomiendo que permanezcan en la sintonía de este blog.

Y por acabar, les deseo un Feliz y Venturoso 2026. Cuídense mucho ahí fuera, y nos veremos por aquí. 

Salu2.

AMT 

martes, 11 de junio de 2024

Procapitalismo o muerte (valga la redundancia)

 


Observo, una vez más, la legión de trolls que me acosan en las redes sociales, y más raramente en mi bandeja de entrada. Algunos con más educación que otros, algunos con mayor intento de articular algún argumento, otros solo vomitando su bilis farfullando algo sin sentido (tampoco sintáctico).

Apagones en Ecuador, Colombia, Bolivia, Venezuela... Nueve estados de los EE.UU. sufren un apagón. España, al borde del apagón...

A veces les respondo. A veces no. Pero en ningún caso hablo para ellos. ¿Para qué? Todos ya tienen su idea hecha. No han venido a discutir, han venido solo a acosar (para minar mis fuerzas y mi autoconfianza) y a intentar deteriorar mi imagen (de caras al exterior).

Argentina pierde parte de la cosecha por culpa de la escasez de diésel, a pesar de un productor de petróleo, y raciona el gas industrial a pesar de ser un productor de gas. La gasificación de los pozos de fracking en los EE.UU. anticipa un final abrupto para su producción de petróleo. La producción mundial de petróleo del mundo experimentó una brusca caída de 1,5 millones de barriles diarios en enero.

Cuando contesto a los trolls, en realidad hablo para los que me leen. Intento darles argumentos y estrategias para contestar a esos trolls del mundo real, que aparecen en la más suave variante conocida como cuñado. Además, las redes sociales generan un efecto microscopio: solo unos pocos son tan energúmenos para atacar, la mayoría de los que pasan leen y, estando de acuerdo o no, callan, porque tienen más sentido de la educación (y del ridículo). Lo que vemos son solo unos pocos individuos que creen que tienen que imponer su opinión, incluso en casa ajena, en vez de vivir y dejar vivir.

La producción de las minas de Chile retrocede por cuarto año consecutivo, mientras los costes se disparan. La tonelada de cobre llega ya a los 11.000 dólares. Se multiplican los robos de cobre. Matan a un actor de Hollywood para robarle el platino del catalizador de su coche.

El argumentario de la trollsfera es siempre más o menos el mismo. Hablan de mis profecías fallidas, asignando fechas que yo no he dado a problemas futuros que sí que he descrito, como el racionamiento del diésel o el final de la aviación masiva. Al final, suelen recurrir a un pantallazo fuera de contexto de un post mío de 2010, a falta de un argumento mejor, para acusarme de decir que solo se podrían construir un millón de coches eléctricos, pero hacen el ridículo en cuanto enlazo el post original. Porque los datos que me atribuyen no son míos sino de Jack Lifton, porque hace 14 años (cuando empezaba el blog y nadie me conocía) la mayoría de mis posts eran simplemente comentarios sobre artículos que leía. "Ah, pero por lo menos habrías debido explicar que los datos de Jack Lifton eran erróneos". Claro que sí. Lo hice, ya en 2010, cuando un lector me lo señaló, y rehice los cálculos de Lifton con las estimaciones del Servicio Geológico de los EE.UU., y encima enlacé este segundo post al final del primero, el cual, obviamente, mis trollacos no han leído. A pesar de lo cual, invariablemente, al cabo de unos días otro menguado me repetirá el mismo argumento de mierda con un "¡ajá!".

Después de meses en la cuerda floja, dimite el CEO de Siemens Gamesa y como era de temer se anuncia un ERE. Acciona continua con problemas. Algunas grandes compañías eléctricas comienzan a deshacerse de algunos activos renovables en España.

Otra idea-fuerza que está ganando tracción últimamente en la trollsfera es la de intentar desacreditarme académicamente. El problema es que lo hacen con argumentos de una ignorancia de lo que es la investigación que son simplemente enternecedores. El primer argumento reza que soy un investigador mediocre. Desgraciadamente para ellos, no es verdad. Mis indicadores de desempeño ciertamente no me sitúan entre el 5% más destacado, pero de ahí de calificar mi trabajo de mediocre hay un buen trecho. Mirando por ejemplo mi índice H (un indicador con ciertas limitaciones pero informativo), es actualmente de 33 de acuerdo con Scopus, un servicio de bibliometría aceptado en el mundo académico (el menos riguroso Google Scholar arroja un valor de 39). Según el creador de este índice, de manera orientativa H=20 es el valor de entrada a una posición de catedrático y se considera un valor bueno; H=40 sería excelente y H=60 sería extraordinario; dice también Hirsch que el 86% de los Premios Nobel de Física tenían H=30. También es cierto que el valor se tiene que ajustar por el tamaño de la comunidad en la que desarrollas tu trabajo principal (en mi caso, oceanografía y observación de la Tierra, ambas relativamente pequeñas) y por la edad (en mi caso, ya bastante senior). Sea como fuere, mis indicadores no son malos y están en consonancia con los de mis colegas en posiciones similares. Y eso sin contar con que a lo largo de mi carrera científica he conseguir 4 millones de euros en contratos y proyectos competitivos, y mi contribución a las tareas de asesoramiento científico a las administraciones y empresas españolas y las de desarrollo tecnológico con la Agencia Espacial Europea y algunas empresas.

En la misma semana de mayo, la temperatura llega a 50ºC en algunas partes de México y una tormenta de granizo convierte las calles de Puebla en ríos glaciales. En Delhi, temperaturas de más 50ºC hacen que se acumulen cadáveres a mayor ritmo del que pueden procesar las funerarias, y falta agua en casi todo el país, mientras la costa oriental es azotada por un tifón de fuerza inusitada. La granizada destruye el 30% de un gran parque solar en Texas y los tornados destruyen varios aerogeneradores en Iowa. Todo normal y bien...

El otro argumento, aún más tonto, es que yo no tengo formación específica en energía. Para esta gente, se ve, debería tener un título de energólogo. Se ve que el hecho de ser físico, con un doctorado en física, no me permite entender lo que es la energía. Lo peor del caso es que los temas de los que yo me ocupo caen en un disciplina académica relativamente reciente que en inglés se denomina Energy Policy (en castellano podría traducirse, quizá, como gestión y planificación de sistemas energéticos). Saber mucho de aerogeneradores, de paneles fotovoltaicos o de plantas nucleares no te da una mejor preparación para abordar cuestiones de Energy Policy. De hecho, como no hay un grado en Energy Policy (al menos en España), la conclusión para estos trolles es que nadie puede hablar de energía. Pero resulta que esto no funciona así. En investigación, una parte importante del tiempo se dedica a la autoformación, a través del estudio, los seminarios y la propia investigación, porque se está creando una disciplina nueva (¿qué investigación sería si no, si siempre se hiciera lo mismo?).

Una tormenta de granizo destroza el morro de un avión, que logra aterrizar de manera segura en Viena. Una riada de granizo inunda un túnel en el norte de Francia. El número de tempestades se multiplica en el Hemisferio Norte.

La última estrategia de descrédito ha consistido en atacarme en lo que se supone que es mi propio campo. Ha sido a raíz de un artículo de El Independiente en que nos entrevistan a un meteorólogo y a mi acerca de los efectos de una potencial detención del brazo atlántico de la Corriente Meridional de Lazo, la AMOC. El periodista habla en el titular de una posible glaciación, lo cual es un término erróneo: el colapso de la AMOC no llevaría a una glaciación (un estado estable en el cual la mayoría del planeta quedaría cubierto por la nieve), sino a un enfriamiento relativo de buena parte de Europa y una redistribución del calor hacia latitudes más bajas, lo cual traería como consecuencia una alteración muy seria de los patrones de precipitación en las zonas tropicales. Obviamente yo sé perfectamente todo esto: hace meses que escribí dos posts en este blog sobre el riesgo que supondría una detención de la AMOC: "Si no es ahora, será después" y "Si nuestra supervivencia fuera importante". Y obviamente tengo muy claro lo que es una glaciación, habiendo trabajado ya hace tiempo sobre el análisis de series temporales paleoclimáticas de los últimos 800.000 años y publicado dos artículos científicos sobre ello (1 y 2), que ya son 2 más que los de la manada de cuñados y advenedizos que me insultan por no saber lo que es una glaciación. Es además notorio y evidente leyendo el artículo que yo no hablo en ningún momento de glaciación. Y sin embargo, ha habido un tromba de descalificaciones hacia mi persona por haber usado ese término erróneamente, cuando es obvio que no lo he hecho. Lo peor es la gente que se ha abonado a esa cacería: al corifeo habitual de cuñados se le han añadido un meteorólogo de la AEMET, una meteoróloga que presenta un espacio televisivo sobre el tiempo atmosférico y un conocido divulgador ambiental. De una manera gratuita e inflando una polémica espuria por un titular desafortunado de un artículo en un diario generalista, aunque cuando entras dentro y lo lees está razonablemente explicado. A mi me ha dejado desconcertado, sobre todo, el nivel de odio e irracionalidad, y la rotundidad de los ataques sin molestarse a mirar si no ha habido un malentendido, sin intentar leer el artículo en cuestión.

Y es que al final solo hay un hilo conductor en todo este acoso, en todos estos ataques: el odio. El odio irracional e irrefrenable. Contra mi persona.

Pero, ¿acaso soy yo el enemigo a batir? Ésos que intentan por todos los medios despedazarme y desprestigiarme, ¿acosan del mismo modo a Iberdrola, a Forestalia o a CaixaBank? ¿De verdad les parece que el problema principal que tenemos soy yo? ¿De verdad creen que la causa principal de los problemas de sostenibilidad que tenemos es un pobre cretino que trabaja en un instituto de investigación y que tiene nulo poder decisorio?

¿Por qué esta obsesión con alguien tan insignificante e irrelevante?

Yo solo veo una razón: porque yo represento un peligro real, aunque sea ridículamente minúsculo, para los intereses del capital. Porque yo denuncio, con datos, que lo que se está proponiendo no tiene ningún sentido desde el punto de vista técnico, y nadie está pudiendo refutar los argumentos que doy, entre otras cosas porque no son míos, sino de todo un cuerpo de investigación de cientos de científicos del todo el mundo, de los cuales yo simplemente hago divulgación.

Éstos que con furia me atacan no comprenden que los científicos salgan de sus laboratorios, que hagan divulgación no sesgada en favor de los intereses económicos, que participen del debate público. Para ellos, nosotros deberíamos centrarnos en investigar y ya quien está más preparado se dedicará a usar los frutos de nuestra investigación. ¿Qué es eso de tener conciencia social? ¿Qué es eso de poner en evidencia los abusos y manipulaciones?

Centran su ataque en mi porque soy, posiblemente, la cabeza más visible de un grupo de decenas de académicos concienciados en España, un grupo que además va creciendo gracias al empuje de las nuevas generaciones. Les molesta que aparezca en los medios, que me entrevisten en los diarios. Y eso que cada vez estoy vetado en más medios de comunicación, dada la fuerte campaña en mi contra: "Es un catastrofista, es un colapsista, es un profeta del apocalipsis que fracasa siempre en sus predicciones, es un retardista, un enemigo de las renovables". Mismas falacias repetidas una y otra vez por gente cada vez más poderosa. Lo cierto es que cada vez estoy más arrinconado, y aún así todavía aparezco demasiado en los medios para su gusto.

¿Por qué ese odio visceral contra un tipejo insignificante como yo? Porque no se puede criticar al capital, que es lo que yo hago. Y menos que nunca ahora que está entrando en su crisis histórica terminal.

Por eso quien me ataca no entra a discutir mis argumentos, ya que para ellos yo simplemente ataco sus creencias. Porque todos estos que niegan la libertad de expresión y denostan el debate son procapitalistas. Todo se puede hablar, pero siempre desde la perspectiva capitalista y siempre sin salirse de ella.

Y ahora que el viento de la Historia hace conmoverse los cimientos del edificio capitalista, ahora que en la sociedad se generaliza un sentimiento de final de camino, de conclusión histórica, de necesidad de nuevos paradigmas, los fanáticos de esta religión tienen la necesidad de reafirmarse con más fuerza que nunca, cerrando firmemente las filas y condenando al ostracismo al disidente. Ahora que los problemas ambientales se acumulan sin que se les dé solución (al contrario, están empeorando rápidamente); ahora que los recursos y la energía empieza a escasear, ahora que las desigualdades sociales crecen y las guerras se multiplican, ahora más que nunca intentan negar la realidad de que el capitalismo se está resquebrajando y amenaza con hundirse, arrastrándonos a todos en su caída.

Su lema es "Capitalismo o muerte". Valga la redundancia.

Pues yo os digo: ya está bien de agotar nuestra paciencia, procapitalistas. Allá donde estéis, allá donde amenacéis, yo os señalaré con el dedo. Cada vez que, delante de los problemas, recitéis vuestro credo, yo os señalaré. Porque los únicos que deberían de avergonzarse son los que mantienen inconmovible su fe en un sistema ecocida y represor que solo persigue nuestra destrucción.

Antonio Turiel, junio de 2024.

miércoles, 10 de abril de 2024

El marco mental del enemigo

Queridos lectores:

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?" 

Ésta es la pregunta frecuente que oigo al finalizar cualquier acto en el que participo. Una pregunta muy lógica en el marco mental que nos movemos, y que por tanto es muy repetida.

En cualquiera de estos actos empleamos, aún, una cantidad increíble de tiempo en hacer el diagnóstico de la situación, y queda siempre poco margen de tiempo para hablar sobre el qué hacer. Pero no hay remedio: hay que repetir y profundizar una y otra vez en la explicación de qué es lo que pasa, por culpa de la abrumadora sordina mediática sobre la verdadera dimensión de la crisis biofísica de nuestra civilización (la policrisis como a veces se dice, fruto del choque repetido y obstinado contra los límites biofísicos del planeta). Porque la gente no sabe lo que está pasando en realidad. Ven que las cosas no funcionan, que no van bien, pero no entienden. Más aún: hay tal cantidad de basura comunicativa, de cachivaches (des)informativos, que resulta tan difícil avanzar en la discusión como lo es moverse en medio del desván de la abuela: a cada paso, alguien te saca una "noticia" que leyó o escuchó (a veces hace ya años, pero nunca fueron desmentidas), cáscaras vacías que siempre envejecen muy mal pero que continúan ocupando espacio en la discusión: que si grafeno, que si fusión, que si torio, que si combustibles sintéticos, que si hidrógeno verde, que si metanol, que si baterías de sodio, que si litio-fosfato, que si geotermia, que si undimotriz... Y en medio de ese espeso follaje de medias verdades y clamorosas mentiras, yo me encomiendo a nuestro patrono, San Brandolini, y voy paciente pero penosamente abriéndome camino con el machete de los datos y el análisis técnico. Y así, cuando por fin y ya sin tiempo llegamos a la claridad de comprender la situación, es cuando llega la pregunta de marras.

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esta frase es, en realidad, una falacia más, pero de un tipo diferente a las anteriores. Y es que si bien las anteriores se pueden refutar desde un punto de vista técnico, con argumentos científicos y datos contrastados, en este caso el problema es conceptual. Es una pregunta mal formulada porque parte de un marco conceptual erróneo.

El marco conceptual del enemigo.

Porque, después de una farragosa discusión técnica, sobre cuestiones técnicas, contrastando datos del mundo real, se plantea el "¿y entonces qué?" como si la respuesta debiera darse en el mismo plano conceptual, es decir, en el técnico.

Pero eso es una falacia.

Todo el trabajo previo, todo el trabajo que he hecho en estos 14 años de divulgación, se resume en que no hay ninguna manera técnica de mantener el capitalismo. No es posible, físicamente, seguir con el mismo sistema socieconómico. Faltarán recursos, faltará energía, y los problemas ambientales y el Cambio Climático en particular ya están causando desastres en cascada que afectan a la "normal" ejecución del sistema económico. Solo cabe esperar fallos y más fallos, cada vez más concatenados y al final en cascada, hasta que en la práctica el capitalismo, tal y como lo entendemos hoy en día, haya desaparecido de una manera u otra, bien porque haya evolucionado hacia un sistema democrático o - más probablemente - autoritario que sí que nos mantenga dentro de los límites biofísicos del planeta, bien porque la civilización colapse (y en el caso extremo la especie humana se extinga).

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Esa pregunta contiene, implícita, la idea de que se den soluciones técnicas para mantener el sistema tal cual. Al formular esa pregunta de esta manera, se da por hecho que hay que mantener el capitalismo y solo se acepta escuchar sobre desarrollos científicos y tecnológicos.

Llevamos atascados en este punto literalmente décadas. Hace 50 años que sabemos que no hay soluciones científico-técnicas que permitan mantener el capitalismo, pero llevamos 50 años poniendo todo el peso de la discusión en las soluciones científico-técnicas. Es la doctrina del solucionismo.

Es el marco mental del enemigo. 

Pensamos con el marco mental del enemigo, lo cual imposibilita encontrar ninguna solución.

Los industrialistas (de los que ya hablamos hace unas semanas), esas personas que piensan que el único modelo de transición energética posible es uno basado en instalaciones de energía renovable a escala industrial para producir energía a escala industrial con el objetivo único y declarado de mantener la actual civilización industrial a la misma escala de hoy en día, no aceptan que pueda haber ningún otro marco de discusión. Continuamente vociferan y porfían que éste es el único marco de discusión, y que quienes se salen de él son catastrofistas, colapsistas o, en el mejor de los casos, políticamente ingenuos. Mientras tanto, como ya comentamos, avanzamos con paso firme hacia otro shock de precios en el petróleo y posiblemente en el gas natural, mientras que la repetición de curtailments y precios cero o negativos no solo en España sino en toda Europa evidencian que el modelo de Renovable Eléctrica Industrial (REI) está fracasando, con el lógico nerviosismo generalizado, ataques mutuos entre diversos generadores de electricidad, y larguísimas y aburridísimas (aparte de técnicamente endebles) explicaciones por parte de presuntos gurús energéticos sobre por qué esto no es un problema y que hay un futuro brillante para el REI (y no será porque no se hubiese avisado, yo mismo en el Parlament de Catalunya en septiembre de 2022 en un rato que las honorables personas que me oían pudieron dejar de mirar sus móviles).

Por si esto fuera poco, la crisis ambiental sigue su curso. El desbalance radiativo del planeta llega a los 2 vatios por metro cuadrado, un valor extraordinariamente elevado (la última glaciación terminó por un desbalance, temporal, cuatro veces menor). La AMOC podría colapsar. Innumerables ecosistemas en todo el mundo podrían desaparecer. Los plásticos y otras sustancias tóxicas entran en nuestro torrente sanguíneo. El agua dulce escasea. La sequía es un fenómeno global que pone en peligro alimentario a millones de personas. Problemas todos ellos que el REI no solo no ayuda a resolver, sino que los agrava (incluyendo la presunta reducción de emisiones de CO2). Problemas que no admiten ningún tipo de aplazamiento

"Entonces, ¿cuáles son las soluciones?"

Solo hay una.

Salir del marco mental del enemigo.

No hay solución posible dentro del capitalismo. Simplemente, no la hay.

El crecimiento económico es incompatible con la preservación ambiental. Lo dice la propia Agencia Europea del Medio Ambiente, que es un organismo dependiente de la Comisión Europea. 

No hay ninguna negociación posible con el capitalismo. Lo único que podemos discutir es su finalización, si es que queremos tener un futuro.

Hay soluciones, pero no son de carácter técnico. Eso no quiere decir que la ciencia, la técnica y el desarrollo tecnológico no sean útiles. Lo son; más aún, son parte imprescindible de la solución. Pero fuera de un marco capitalista.

Los industrialistas continúan haciendo ruido una y otra vez para evitar que nos paremos y nos demos cuenta de que el problema está mal planteado. Que el problema no se podrá resolver con más tecnología, sino con más cultura, más sociedad, más personas verdaderamente humanas. El solucionismo nos distrae de la discusión real.

Durante estos meses yo sigo hablando con representantes de muchas empresas muy diferentes, todas ellas en el sector productivo. Todas ellas son conscientes de la gravedad del momento. De hecho, para todas ellas (dicho por los propios directivos con los que he conversado) la clave ahora mismo no está en el crecimiento, sino en la supervivencia. No tienen claro si podrán sobrevivir, están buscando desesperadamente métodos y maneras, de todo tipo, para sobrevivir. 

Entonces, si la industria tiene claro que la batalla es otra, ¿a quién le interesa este solucionismo impuesto a grito pelado de los industrialistas, el mismo que nos está arrastrando al foso?

El solucionismo solo le interesa al poder financiero, puesto que en un mundo postcapitalista no tiene futuro. El sector financiero es el único que no acepta ni aceptará nunca que el mundo ha cambiado, porque aceptarlo significa aceptar que su negocio se ha terminado.

Los industrialistas, con su solucionismo machacón, están hablando solo en representación del poder financiero. Es al único al cual realmente representan. 

Mientras, en el mundo real, el cambio que más desesperadamente necesitamos es social y es cultural. Da vergüenza ajena ver personas que dicen venir del ámbito de las ciencias sociales claudicando a las exigencias del industrialismo, aceptando que el momento no está "políticamente maduro" para abandonar el capitalismo (en una muestra más de insultante y condescendiente paternalismo). 

Pues no. El cambio que necesitamos es cultural, es social, es económico, es político y es radical, ya que se necesita ir a la raíz del problema. Necesitamos salir del marco mental del enemigo, y empezar a pensar por nosotros mismos, a ser libres, a respirar.

Y a éstos que no se ven capaces de abandonar el marco mental del enemigo les diría que si no van a ayudar, que se aparten y no estorben - si es que su ego se lo permite.

Salu2.

AMT

P.Data: Quizá habrán notado que, a pesar de mi promesa de escribir más durante este 2024, el ritmo de publicación de posts continua siendo bastante ralo. Pero en realidad sí que estoy cumpliendo mi promesa, solo que no estoy escribiendo aquí: continúo preparando mi próximo libro, de título provisional "El futuro de Europa", que debería entregar en un par de meses (por cierto, el libro intenta dar respuesta al solucionismo que se plantea en este post, centrándome sobre todo en la cuestión técnica). Así que discúlpenme que me prodigue menos por aquí y permanezcan en sintonía.

jueves, 8 de febrero de 2024

El coste de negar el decrecimiento

Queridos lectores:

En los últimos dos meses, he tenido ocasión de participar en varios programas de televisión y radio de alcance nacional (español). En todos ellos hemos hablado sobre decrecimiento, siempre con la excusa de las palabras de la reina de España pero siempre yendo bastante más allá en la discusión. Yo habría preferido mil veces que hubieran hablado con los académicos que en España han trabajado (Joan Martínez Alier) o trabajan (Giorgos Kallis, Jason Hickel, Xoan Doldán, Óscar Carpintero, Íñigo Capellán, etc) sobre el decrecimiento y que tienen no pocos trabajos técnicos y prácticos sobre la cuestión; pero el problema es que los medios de comunicación prefieren hablar con aquellas personas en las que por una u otra razón se ha fijado la atención pública. Así que he intentado defender lo mejor que he podido la idea del decrecimiento, pensando que en todo caso en este momento lo importante es introducir el concepto en la discusión pública y ya vendrán más adelante quienes ampliarán los horizontes.

Lo más curioso del momento actual es cómo la palabra "decrecimiento" está saliendo con mayor frecuencia y en los lugares más insospechados. Hace unos días, en una entrevista a Salvador Illa, líder de los socialistas catalanes y previsible candidato a presidir la Generalitat de Catalunya, él proponía su modelo de desarrollo: candidatura para unos próximos Juegos Olímpicos de Invierno (en una comunidad donde la nieve escasea en las montañas), extensión de la tercera pista del aeropuerto de El Prat (sobre el mar, cuando se anticipan eventos cada vez más extremos y ya será difícil mantener las infraestructuras actualmente existentes) y un macrocasino cerca de Barcelona (¿para atraer más turistas? ¿En una ciudad ya desbordada por la presión turística? ¿Y qué tipo de turistas? Y por no hablar por la más que previsible disminución del turismo en una situación de desindustrialización en Europa y recesión continua...). El caso es que de repente y sin venir a cuenta el Sr. Illa dijo que no se podía aprovechar la sequía (en Cataluña está batiendo marcas históricas, 3 años seguidos ya) para "intentar imponer el decrecimiento". Es un doble lapsus muy interesante, el del Sr. Illa. En primer lugar, porque como es obvio nadie impone el decrecimiento: como mucho, se estará proponiendo desde algunos círculos académicos, pero desde luego no desde ninguna estructura de poder real. Que el Sr. Illa diga esto significa que se siente amenazado por esta idea del decrecimiento, hasta el punto de que cree que se intenta imponer de alguna forma. La segunda parte del lapsus es que, trasponiendo los términos de su frase, se entiende que el Sr. Illa cree que sí que se puede intentar imponer el crecimiento.

El problema con el crecimiento es que no se puede imponer, menos aún que el decrecimiento. Y es el que el crecimiento requiere de unos condicionantes físicos: tiene que haber disponibles cantidades crecientes de energía y recursos (solo para empezar y por no hablar de las limitaciones ambientales, cada vez más determinantes). Y dado que eso es lo que empieza a escasear de manera más notoria, el problema es que el crecimiento no se produce por pura imposibilidad física. Por eso el Sr. Illa se siente amenazado, pero no comprende que lo que atenta contra el crecimiento no es el decrecimiento, sino la Termodinámica (o, en última instancia, la propia idea de crecer para siempre en un planeta finito, ahogada en sus propias e irresolubles contradicciones).

Por su lado, los pelmas de siempre y algunas nuevas que se quieren subir al carro de hacer méritos siguen con la tabarra de llamar colapsistas o similar a los decrecentistas (y con un accésit especial de incordiarme en las redes sociales con esta murga: parece ser que tocarme directamente las narices a mi forma parte del training para conseguir según qué cargos en la administración). Últimamente, como el término "colapsista" ha quedado un tanto desgastado por el manoseo ventajista de algunos políticos disfrazados de académicos (hasta el punto de que yo diría que, en parte por ese machuconeo obsesivo, lo de ser colapsista está ganando cierto glamour; tiene mérito la torpeza de esos políticos que están convirtiendo al pobre y pionero Félix Moreno en oscuro objeto de deseo - un cariñoso saludo a Félix desde aquí), nuestros y nuestras inefables están volviendo al más clásico "apocalíptico" (aunque tampoco falta el original que va y le explica a mi hija que yo soy un "trumpista colapsista" - vaya Vd. a saber qué coño quiere decir eso, aunque estoy seguro de que en su cabeza sonaba tan bien como su modelo energético para Cataluña en un Excel de 5 columnas). Claro que si siguen en ese camino de retroceso terminológico acabaremos en el más clásico "disidentes" o inclusive, yendo ya a los que nunca pasan de moda del todo, "herejes". Resulta particularmente ridículo que algunas de las que con la palabra "apocalíptico" azotan esgrimen que no hay ningún problema con la producción de petróleo, y que más bien el problema es que no se acaba de reducir su consumo. Y dicen eso en un momento en que la producción mundial de petróleo (bien, crudo más condensado, que es lo que puede convertirse en combustible líquido) puede haber caído ya el año pasado más de un 4% con respecto a los máximos de 2018.

Imagen de https://peakoilbarrel.com/september-world-oil-production-rebounds/


No solo eso, sino que actualmente se anticipa que la caída de la producción de petróleo va a acelerarse en los próximos años: Arabia Saudita renuncia a sus planes de expansión de producción y en EE.UU. se anticipa un cierto frenazo en la producción de fracking (y no pierdan de vista la suspensión de nuevas exportaciones norteamericanas de gas natural).Y eso por no hablar de los numerosos países que están experimentado una escasez nunca antes vista de combustibles, particularmente diésel (por algo será), peligro que acecha también a Europa y máxime cuando una de las reclamaciones repetidas en las protestas de los agricultores estos días es la de una rebaja en el precio del diésel. Por eso, resulta sorprendentemente necio negar los datos que muestran que lo que está costando mantener es la producción de petróleo, y no precisamente su consumo, por más deseable que sería que fuera este último el que estuviera cayendo.

También es característico de estos futuros subdirectores generales de algo (esa nueva clase hispánica, los subdalgos) el considerar que la única opción que existe para luchar contra el Cambio Climático es apostarlo todo al modelo de transición energética basado en la Renovable Eléctrica Industrial (REI). El REI consiste en un modelo de grandes parques de generación eléctrica renovable, distribuida a larga distancia a través de la red de alta tensión hacia los actuales grandes centros de consumo y producción industrial. El problema con el REI son las mismas preguntas incómodas que formulábamos hace 3 años y que siguen siendo vigentes hoy en día. Peor aún, cuando cada día que pasa se acumula la evidencia de que el modelo REI no funciona: ahí tienen a Gamesa perdiendo otros 426 millones este último trimestre y con la amenaza de una demanda colectiva por daños y perjuicios de sus aerogeneradores defectuosos, a Örsted suspendiendo dividendos al menos hasta 2026 y retirándose de España y Portugal y a la deuda astronómica de Acciona, además de los crecientes curtailments a la solar. Todo eso en un contexto en el que el consumo de electricidad a través de la red de alta tensión lleva cayendo, con altibajos, desde 2008: 

Evolución del consumo eléctrico en España a partir de REE. Cortesía de Sergi Saladié.

16 años ya, tiempo más que suficiente como para cuestionarse si realmente funciona el modelo de sustituir todo el consumo energético por electricidad renovable generada en grandes parques, y si se van a cumplir alguna vez las eternas promesas del coche eléctrico y del hidrógeno verde (que tienen ya décadas de recorrido con limitado progreso, por más que se intenten vender como apuestas recientes y prometedoras).

Me gustaría poder encontrar un nombre con el cual designar a los adalides del REI, pero es complejo porque, cuando se examinan con cuidado sus biografías, se encuentra que son muy dispares y variopintas: desde anarquistas partidarios de la acción directa reconvertidos a europeístas recalcitrantes hasta directores generales de entes vinculados a combustibles fósiles ahora defensores a ultranza de las "energías verdes", pasando por economistas que desconocen cuál es la unidad internacional para la energía, empresarios de empresas muy contaminantes que son ahora ejemplo de transición verde o ingenieros antaño antinucleares y hogaño talibanes, pasando por una extensa caterva de oportunistas y business makers, y un número decreciente (a medida que van viendo el percal) de personas que apuestan por el REI de buena fe. En pos de ese término común, examinamos qué iguala a esta gente tan diferente. 

La primera cosa es su fe inconmovible en el REI: para ellos, transición energética es igual a REI. No solo eso, sino que "renovables" es igual a REI. Por eso, cuando alguien critica, aunque sea de manera razonada y argumentada, al REI, en seguida se le tilda demagógicamente de "antirrenovable", como si no hubiera ninguna otra manera de explotar la energía renovable. Al mismo tiempo, creen (o dicen creer) que la única solución al problema del Cambio Climático es el REI y que, de hecho, el REI solucionará automáticamente todos los problemas ambientales que tenemos o podríamos tener.

El segundo rasgo distintivo de este colectivo es su absoluto desprecio a toda evidencia científica o técnica que contradiga o ponga en peligro su visión REI. Es en cierto modo consecuencia del primer rasgo, pero si bien cuando aplican su primer rasgo abundan en argumentos de carácter más o menos técnico y apelaciones a la ciencia, en este segundo rasgo, de manera contradictoria, se niega toda validez a la ciencia presentada, en muchos casos sin más explicación y en todos casos sin ninguna argumentación científicamente consistente. Peor aún, son capaces de usar los mismos argumentos demagógicos (llamar "antirrenovables") del primer rasgo pero contra los científicos que denuncian las incongruencias del REI. Pero como en este caso resulta más difícil argumentar en su contra, es aquí donde redoblan su apuesta y es cuando aparecen los términos "apocalíptico" y "colapsista" (fíjense como se lo suelen aplicar principalmente a académicos, por razones que en su día ya comenté).

El tercer rasgo es que su modelo REI se apoya siempre en grandes empresas. De hecho, suelen poner todo tipo de pegas a modelos tipo comunidades energéticas, a veces con un actitud bastante agria. Su modelo es un modelo a lo grande, de la industria y para la industria.

Conocidos estos tres rasgos podemos buscar ya un término que defina a las personas que muestran estas actitudes. Se podrían escoger otros quizá, pero yo voy a preferir el de "industrialistas", por ser quizá el más aséptico. Para esta gente, el único modelo que vale es uno de características industriales, fundamental para mantener el sistema industrial actual. En el fondo esta gente son extractivistas y su objetivo, aunque sea inconsciente, es continuar con el saqueo del planeta. Además, la visión industrialista es la visión del poder político, da igual quien gobierne, porque es la visión del gran poder económico. O sea que en el fondo estas personas están a favor del mantenimiento del status quo político y económico.

El problema comienza cuando la disfuncionalidad del REI ya no puede ser disimulada. Por un lado, no se está produciendo ninguna sustitución energética, y en los países occidentales en los que ha habido recientemente un incremento porcentual del consumo de energía renovable es habitualmente porque cada vez se consume menos energía. Por el otro, el modelo REI es un modelo colonizador, extractivista y ambientalmente muy poco respetuoso, y se está aplicando despiadadamente sobre todo en zonas rurales, donde las inconsistencia del modelo saltan a la vista (no siendo la menor de ellas que crea más problemas ambientales que los que dice resolver). Y por último, como empieza a haber un problema real de acceso a los recursos por el encarecimiento energético y en algunas zonas incluso falta de abastecimiento, se empiezan a crear problemas nuevos.

La tormenta perfecta de todas esas contradicciones se ha encontrado en el sector primario y particularmente en los agricultores y ganaderos. La escasez de recursos ha llevado a la subida del precio del gasoil, de los fertilizantes y de las semillas Los problemas ambientales han llevado a nuevas y más estrictas regulaciones ambientales, que son necesarias pero que han sido mal explicadas y peor acompañadas, en aras del sacrosanto libremercado que no es tal; y a lo que ahora se ha añadido a la sequía que afecta a toda Europa y especialmente a ciertas zonas de España. No solo la sequía: la alteración de los patrones climáticos (30ºC se han registrado este enero en algunos puntos España) está causando problemas graves en las cosechas. Y como guinda del pastel, el saqueo indisimulado que representa el REI.

Llevamos meses explicando que el campo lo está pasando mal, que los costes se disparan y que las cosechas menguan, mientras los intermediarios mantienen o incluso aumentan sus márgenes. La lógica de la explotación capitalista ha llevado a considerar que era más importante el REI (por su promesa inalcanzable de garantizar la continuidad al sistema industrial) que mantener el sector agropecuario. Hasta que las gentes del campo han dicho basta y se han rebelado, por toda Europa.

Algunos medios se quejan de que los agricultores están siendo manipulados y mediatizados por la extrema derecha, y que incorporan en su discurso diatribas absurdas contra la Agenda 2030 o contra la inexistente manipulación climática vía chemtrails (un mito de largo recorrido y con interpretaciones que han variado con el tiempo). Pero, ¿qué esperaban? Nadie ha querido acercarse a ver los problemas de este colectivo. Nadie ha tenido el valor de explicar que el gasoil va a seguir caro porque escasea, que fertilizantes y semillas van a seguir caros porque escasea el gas natural, que los pesticidas nos están matando a todos... Son muchos años ocultando la verdad, ¿cómo se podrían reconocer todas las mentiras de golpe? Los agricultores solamente quieren recuperar su antiguo modo de vida, que dejen de atropellarles y que les respeten.

¿Quién va a tener valor para decirles que va haber que transformar radicalmente la agricultura y la ganadería para adaptarlas a un descenso en la disponibilidad de recursos que es inevitable?

¿Quién va a tener el valor de decirles que el Cambio Climático les va a hacer la vida mucho más difícil y las cosechas más inciertas, después de décadas de negar los problemas e incluso ahora, en medio de una sequía nunca antes vista, aún se intenta hacer ver que no es tan grave?

Los agricultores y ganaderos deberían sentirse arropados y acompañados por el conjunto de la sociedad. Una sociedad que ha de estar dispuesta a pagar el precio real de la producción agropecuaria, aunque los alimentos tengan que aumentar mucho de precio (o precisamente porque deben aumentar mucho de precio). Hay que abandonar la fantasía tecnócrata de los economistas liberales que piensan que aquí es preferible que sacrifiquemos el sector primario en aras de la industria, porque un país que descuida su producción de alimentos está condenado

Ahora vayan los industrialistas a los agricultores y ganaderos y explíquenles que hay que apostarlo todo al REI, aunque sabemos que no funciona, aunque cause grandes impactos ambientales, aunque a ellos no les abarate costes. 

Ahora vayan a los agricultores y ganaderos y explíquenles que tenemos que sacrificar su sector para intentar sacar adelante el REI, que ya importaremos los alimentos de fuera, que lo importante es la industria, aunque todo indica que el REI no está evitando (ni evitará) el hundimiento industrial de Europa.

Ahora vayan a los agricultores y explíquenles que Vds. se han equivocado y que ellos van a tener que seguir pagando el pato.

Éste es el coste de negarse a aceptar que el decrecimiento es la única solución real a nuestros problemas. Un decrecimiento que para ser tal debe ser democrático y planificado; si no, es empobrecimiento, no decrecimiento. Un decrecimiento que es un plan de gestión de las dificultades que tendremos informando honestamente sobre los retos presentes y futuros, y tomando entre todos las decisiones más justas para afrontarlos.

Los verdaderos apocalípticos, los verdaderos catastrofistas, los verdaderos colapsistas, son quienes apuestan por el REI a pesar de la clamorosa evidencia de su fracaso y que se niegan a rectificar. Porque son ellos los que nos llevan al hundimiento de nuestra sociedad.

Salu2.

AMT


domingo, 31 de diciembre de 2023

Decimocuarto año de este blog


Queridos lectores:

Como es habitual en este blog, llegados al 31 de diciembre hacemos balance del desempeño de esta bitácora durante el año que hoy acaba. Este año tenía muchas imágenes representativas que podía haber escogido, pero he preferido la del meme de la reina Letizia hablando sobre decrecimiento en el Seminario de Lengua y Comunicación, en reconocimiento del gran favor que nos ha hecho a todos los que trabajamos para darle un enfoque diferente al estándar a los problemas de sostenibilidad (aparte de dar su apoyo implícito a grupos como Extinción o Rebelión, Rebelión Científica y Futuro Vegetal delante de la represión que sufren).

Como es habitual, analizaré el pasado, presente y futuro del blog.

Pasado:

El año 2023 ha sido un año de tensa calma en lo que se refiere a la crisis energética. El precio de la energía sigue siendo demasiado elevado para muchas actividades industriales, pero en vez del shock que supuso el año 2022, los precios actuales llevan a una sangría lenta de fábricas que van cerrando. Desde el punto de vista de la energía, una de las noticias más importantes es el estado crítico de Siemens Gamesa y el aviso para navegantes que supone para todo el sector de la eólica. Desde la perspectiva de la sostenibilidad en general, donde han saltado todas las alarmas es en el rápido incremento de la temperatura tanto de la atmósfera como de los océanos, lo que está llevando a una mayor recurrencia de eventos extremos; y lo más preocupante, no se ve un fin próximo a la actual tendencia creciente. Así las cosas, se anticipa un clima cada vez más extremo y violento si no se toman medidas drásticas de inmediato.

Respecto al blog, 2023 ha marcado un nuevo mínimo histórico en publicación de posts: 17, contando éste, el mismo número que en 2022. Después del parón forzoso de finales del año pasado, no fue hasta mayo que escribí mi primer post del año. Y aún tuve la suerte con contar con un montón de posts de Beamspot en la recámara (5 le publiqué este año), ya que si no la cosecha hubiera sido aún más magra.

Si el año ha sido parco en publicaciones en esta bitácora, no lo ha sido en mi esfuerzo de divulgación. Aparte de seguir contribuyendo en programas de radio y televisión, y algunos artículos y entrevistas en otros medios, de acuerdo con mi agenda este año he participado en 95 actos, más algunos que no tengo registrados en ella por motivos diversos. Una veintena de estos actos fueron realizados telemáticamente, pero el resto presencialmente, y aunque en su mayoría fueron en tierras catalanas y por tanto me implicaron menor desplazamiento, fuera de Cataluña este año he estado, entre otros sitios, en Málaga, Granada, Almería, Valencia, Mallorca, Pamplona, Vitoria, Bilbao, Portugalete, San Sebastián, Zumaia, Elgoibar, Azpeitia, Santander, Gijón, Oviedo, León, Salamanca, Madrid y Lugo. La mayoría de las charlas y actos han sido abiertas al público, pero muchas otras no. Y aparte de eso he tenido unos cuantos viajes relacionados con mi trabajo habitual, que en algunos casos he compaginado con las charlas de divulgación. En suma, ha sido un año intenso y agotador, como intensa y agotadora es la presión que se ejerce por todo el territorio de España para intentar imponer a machamartillo un modelo de transición energética que no funciona, solamente para poder cobrar los dichosos fondos NextGenerationEU.

El post más popular de este año, con algo más de 20.000 visualizaciones, ha sido "Si no es ahora, será después", por razones que son fáciles de entender.

En junio de 2023, Google acabó con el servicio estándar de Google Analytics y me pasó a un servicio más básico que se denomina G4, el cual no tiene registro de los datos anteriores. Por tanto, se ha perdido el registro histórico de las estadísticas del blog (o al menos yo no sé cómo tengo que hacer para acceder a ello y tampoco tengo demasiadas ganas de investigarlo). En realidad, casi es mejor así, puesto que simplifica enormemente la redacción de este post. Los únicos datos de los que dispongo ahora, por tanto, son los del propio blogger (mientras esta plataforma tire), que son harto más imprecisos. En particular, no tengo información sobre el número de usuarios únicos que acceden al blog. El año que viene, usando G4, podré ofrecer ese dato, aunque solamente sobre los años a partir de ahora.

De acuerdo con blogger, este año se han visualizado unas 645 mil páginas. El 66% de las mismas se han visualizado en España, seguido por el 6% de los EE.UU., el 5% de Alemania, 3% de Francia, el 1% de Argentina, Singapur (!!), Italia e Irlanda y ligeramente por debajo del 1% los Países Bajos y México. Sorprende la presencia de Singapur sobre todo y de los Países Bajos en esta lista, pero el resto es similar a lo que reportaban las estadísticas de Google Analytics, aunque España solía rondar el 80%.

En cuanto al modo de acceder al blog, las procedencias más habituales son a través del buscador de Google (12,6%), Twitter (4,6%) o Menáme (0,8%), y en algún caso a través de un enlace directo en algún diario o plataformas como Telegram.

En términos absolutos, contando desde el principio del blog en enero de 2010, blogger contabiliza 15,9 millones de páginas vistas.

A día de hoy los 10 posts más vistos son "Un año sin verano" (2013), con 121.000 visualizaciones; "Digamos alto y claro: esta crisis económica no acabará nunca" (2010), con 111.000; "El pico del diésel" (2012), con 82.600 visualizaciones; "La España buena y la España mala" (2013), con 69.900; "Tus vecinos no se conformarán con un YA OS LO DIJE" (2015), con 68.100; "El por qué de un llamamiento" (2022), con 57.500; "Eres un pringado" (2020), con 57.300; "La Tormenta Negra" (2020), con 55.000; "La espiral" (2014), con 54.500; y "Fracking: rentabilidad energética, económica y ecológica" (2013), con 52.100. Pocos cambios en esta lista con respecto a los últimos años, destacando solamente la entrada de "El por qué de un llamamiento", post de finales del año pasado escrito en un momento de mucha incertidumbre y con muy malos presagios (afortunadamente no consumados en ese momento, aunque eso no me libró de aguantar el martillo de herejes verificacionista). Cabe destacar también que se mantiene entre los diez primeros el veterano "El pico del diésel", y es destacable porque este post en concreto sufrió en mayo de este año un ataque por parte de la trollesfera, que consiguió que blogger lo eliminara durante un par de semanas bajo la acusación de contenido inapropiado. Como quiera que yo me encontraba viajando cuando esto ocurrió, no me di cuenta del email que me envió blogger avisando de que el post estaba en revisión, y me enteré unos diez días más tarde cuando los trolls me acusaban en las redes sociales de haber borrado ese post para ocultar lo que ellos denominaban "antiguas previsiones fallidas" mías. Obviamente, quien usaba ese argumento era el mismo que había denunciado el post, o alguien cercano a él, porque, ¿quién coño se da cuenta de que falta un post de 2012 en un blog que tiene cientos de entradas, y encima a los pocos días de desaparecer? Afortunadamente, blogger me dio la razón y restituyó el post, pero esto nos da una idea de cómo se las gastan los amigos, y lo obsesionados que están con un tío que no deja de ser un pringado, un científico que trabaja en un laboratorio en una esquinita de España y que intenta hacer divulgación sobre sostenibilidad.

Presente:

Lo más destacado del blog en este momento es que yo lo estoy retomando, después de unos meses bastante duros en lo personal y con muchísima actividad de divulgación. Para hacer comentarios, por desgracia el Foro Crashoil ha sido cerrado por no poder mantenerlo su administrador, además del tono muy abrupto que desarrollaban algunos foreros por allí. Siguen teniendo la opción de acudir al foro de Crisis Energética.

Futuro:

Yo este año tan crítico he hecho un gran esfuerzo por llegar a múltiple sitios en España, pero no voy a seguir al mismo ritmo con mis actividades de divulgación por múltiples motivos. En primer lugar, porque en este momento creo que es más importante que me centre en mis trabajos sobre oceanografía física, por razones que serán evidentes dentro de unos meses. En segundo lugar, porque creo que la mayor parte del trabajo está hecho y también es importante entender que la mayor sostenibilidad implica viajar menos. En tercer lugar, porque tengo la responsabilidad de garantizar la continuidad de mi equipo de investigación y eso implica garantizar la consecución y ejecución de proyectos, en los cuales yo tengo un papel importante. Y en cuarto lugar, porque mi multiplicidad puede acabar siendo contraproducente, tanto por hacerme blanco demasiado visible de los detractores de siempre como por inhibir que aparezcan nuevas personas, más jóvenes, que tomen el relevo. Eso no quiere decir que no participe en actos o no dé conferencias, pero de buen seguro no serán las más de 100 en las que he participado este año.

Además, creo que 2024 va a ser un año pródigo en noticias importantes en el ámbito de la sostenibilidad, o más bien evidenciando su falta en la mayoría de las actuaciones humanas, y por eso creo que será importante hacer el trabajo analítico que realizo en este blog. Y además mi nuevo libro me va a requerir cierto trabajo de investigación y documentación. Por tanto, mi intención es virtualizarme más este año. Seguiré estando por aquí, con mayor presencia que en 2023.

No quisiera acabar sin desearles a todos mis lectores una buena entrada de año y Feliz 2024.

Salu2.

AMT

jueves, 18 de mayo de 2023

Caminando con gente diminuta


Tengo que acabar el post sobre el WEO. Tengo que sacarlo ya, porque después tengo el post sobre el pico del diésel de Rafa, y los posts típicos de final de año que esta vez llegarán 6 meses tarde... 6 meses, Dios mío. Y tengo toda la Lavadora de Beamspot por publicar, ya debe estar desactualizadísima... Pero cada vez que tengo un rato y me pongo con el WEO tengo que volver a empezar desde el principio, y es un post largo y complicado... Y encima con ese sentimiento de culpabilidad, de que tendría que estar haciendo otra cosa: los contratos, los trabajos científicos, las reuniones de trabajo... ¿Envié aquellos informes? Y aún tengo que escribir las valoraciones. Tengo 5 meses de papeleo de viajes por entregar. ¿Y cuántos correos tengo por leer? A ver... 4033. Bueno, en diciembre eran 6200... Al final me puede la responsabilidad, voy arreglando informes, viajes, quedar con los estudiantes y los colegas... y de repente veo otro mail, y otro, y otro... que me piden que vaya aquí o allá, ¿podrías venir aquí tal día? Y miro el calendario y quizá sí pero quizá debería decir que no. Pero no sé decir que no. Pasan demasiadas cosas, hay demasiada necesidad, demasiada gente agobiada, gente diminuta abrumada bajo el peso gigantesco de tanto atropello...

Jende txikiekin ibiltzen naiz. 

En un invernadero de Donostia se agolpan 300 personas. Aquí, lógicamente, no hay proyector ni PowerPoint, solo discurso, solo la palabra. Cuento lo mismo de siempre, lo que sé, lo que no sé. Mato un mosquito que me ha picado, después en twitter me dirán (a saber si en serio o en broma) que vaya falta de respeto a la biodiversidad. Me preguntan por qué soy el único del CSIC que hablo de esto, se levanta una persona, dice que es compañero de un instituto del CSIC de allá, que todos saben que lo que digo es cierto porque es completamente lógico con todo el conocimiento que tienen, que todos están conmigo  (gracias, compañero). Luego Zumaia, luego Azpeitia, con Antonio ("Los Antonios, también disponibles para bautizos y comuniones"), también más de 300 personas. "Mikel es amigo, nos conocemos de cuando el fracking, no quiero hablar mal". "¿De dónde eres?", me preguntan. "De León", digo yo. "Bonita ciudad", dice uno. "Yo de León solo conozco Mansilla de las Mulas". No hace falta decir más. "Allí los plantarán", señalando el muro de montaña que tenemos delante. Vamos a cenar. No quiero contárselo todo, el mar, el mar... Pronto lo acabaremos y lo publicaremos, pero hoy no quiero hablar de eso. Dormimos en un caserío: es fácil comprender el amor de esta gente por esta tierra, tan hermosa. "No me venderán espelta, no habrá". Miro la montaña por la parte de atrás. Por aquí pasarán las vías de evacuación, claro. Son vascos, gente dura: sus ojos son para la rabia, no para llorar.

Jo camino amb gent diminuta.

Pero los de ella sí. ¿Tendrá 18 años? Nos cuenta que arrancarán los árboles de los bancales, en el sur de Valencia, y al final no puede evitar ponerse a llorar. Yo no sé qué decir. Solo puedo sentir su dolor. No entiendo que no lo sienta todo el mundo, con la fuerza de un terremoto. ¿Cuántas veces he ido y vuelto a Valencia? A veces para un acto académico, otras de empresa, otras una mesa redonda o un acto político en el que no sé cómo me he metido (no sé decir que no). Y por Castellón (venturosos encuentros multicódigo, interesantísimos y con una gente increíble).

Paso también por Ses Illes. Hacía tiempo que no venía. Cuánta gente, y eso que el entorno, con el actual frenesí turístico, no parecería favorable. He venido a trabajar, mañanas y tardes, pero las noches son para la divulgación. Para estar con esa gente diminuta con grandes preocupaciones. "Estoy rodeado de chemtraileros, necesito que hagáis un escrito desmintiéndolo". "Sería contraproducente: se atrincherían. Es una marea que ha subido y bajado varias veces en los últimos 20 años; hace 12 años el tema era que nos fumigaban con sustancias de control mental, hoy es esto. Es la narrativa heroica y el vago consuelo de creer que hay un malo malísimo que hace esto, preferible a la aterradora verdad de que no hay nadie a los mandos. Pasará cuando se den cuenta de que no pueden contestar a la simple pregunta: y entonces, ¿qué proponéis?".

Y hablo con la gente diminuta. Es esa pareja que está pensando en qué van a hacer. Es ese chico que está pensando en soluciones estructurales. Gente con trayectorias vitales muy diferentes pero que van convergiendo sobre el mismo punto, no se les ve, diminutos que son.

Eu camiño con xente pequeniña.

¿Había quedado para ir a Galicia? No tengo ni idea. Me costó meses empezar a poner un poco de control en los emails. Fui una vez solo en los últimos meses, pues estoy muy lejos, pero sí que doy algunas charlas telemáticamente. Desde esta distancia, la gente diminuta se la ve aún más pequeña, y se la oye peor, a veces no entiendo qué me dicen. Bueno, entenderlo lo entiendo de sobras, aunque no distinga los sonidos. El panadero que cierra la panadería. ¿Por qué no llueve? En parte, por los bloqueos de la corriente de chorro polar, cada vez más meandrosa. Qué se yo. Está claro que de un año no se pueden sacar conclusiones, y este año viene El Niño, pero todo va en la dirección esperable por efecto del Cambio Climático.

Tendré que volver a Galicia, pero he perdido el hilo, no sé dónde estamos. Todo fue duro y complicado desde noviembre fatídico. También a Asturias. Y a Andalucía. Y las reuniones con los ministerios, uno, dos y tres, por mi trabajo habitual, aunque de vez en cuando alguien me reconoce. "Oye, tú no eres...?"

Y en mi León natal, donde una gente maravillosa y combativa lo intenta, algunos que no nacieron allí pero que plantaron el pie en Madrid y ahora defienden mi tierra natal. ¿Como no vendría a ponerme a su lado? Y pienso en los compañeros y compañeras que tiraron agua con remolacha en las escalinatas del Congreso y para los que ahora piden 6 años de cárcel.

Yo camino con gente diminuta.

Por supuesto, hago mal, me dicen. Que me aprovecho de mi condición de miembro del CSIC para difundir un mensaje de odio y confusión, pero a veces es el propio CSIC que me envía a los sitios. De las 8 personas científicas que estuvimos cuando la COP 25 en la Residencia de Investigadores, 6 dijimos que la solución es el decrecimiento. Nada nuevo, en realidad. Lo dice el IPCC. Lo dice la Agencia Europea del Medio Ambiente. Esta semana se ha dicho incluso en el Parlamento Europeo. Pero, lógicamente, recibo más ataques ahora, pues estoy más expuesto. Todo ese juego imbécil de llamarnos colapsistas (sin definir nunca el término, para dar a entender lo peor) a los académicos y académicas que defendemos el decrecimiento. Gente que busca motivaciones espurias para lo que hago. Quien simplemente insulta. Pero nadie mira a los datos, nadie refuta los datos. No pueden. Y yo pienso: qué más daré yo. Qué más dará ninguno de nosotros. Solo estamos de paso, nuestros días están contados: lo único importante es lo que dejemos para el después.

Yo solo oigo un rumor incesante de voces diminutas, de gente diminuta, que me llama. Que nos llaman a todos. Otros ven un gran futuro industrial, yo solo veo a gente diminuta. Gente diminuta que con sus diminutos brazos lo sostienen todo. Porque ellos, porque ellas, son el pueblo. Yo no sé nada, nada más que una cosa: con quién quiero estar.

¿Llegaré hoy a casa o perderé el último tren?

Solo veo gente diminuta. Yo camino con gente diminuta. Como yo.

Antonio Turiel.

En algún lugar entre Castellón y Tarragona, demorado.

Mayo de 2023.

Postdata: Pronto volveré.


 

lunes, 26 de diciembre de 2022

Intermisión


Queridos lectores:

Como habrán notado, este blog está bastante abandonado desde hace un par de meses. Eso ha afectado a diversos posts que generalmente publico en esta parte del año, en particular el análisis detallado del informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (World Energy Outlook, WEO) y la actualización del pico del diésel. Y por las fechas que estamos, debería estar ya publicando o preparando los posts del balance del año 2022, las previsiones para el 2023 y el balance del blog este año.

La razón del prolongado receso en este blog (no tanto así en mis apariciones en medios de comunicación) es la repetina enfermedad y el posterior fallecimiento de mi madre. Durante el mes y pico que estuvo enferma, viajé en varias ocasiones a mi León natal para estar con ella, y después de su muerte me quedé aún algunos días para acompañar a mi padre y a mi tía. A mi regreso al trabajo tenía más de 6.200 emails pendientes de leer (recibo unos 200 al día) y entre eso y otras perentorias obligaciones no he podido dedicarle tiempo a concluir el análisis del WEO 2022, que ya tenía comenzando, y así se quedó el blog.

Durante estos días de zozobra y de dolor, con muchos viajes (a León, pero también para cumplir con diversos compromisos laborales) he paseado por media España, y he tenido mucho tiempo para pensar. Pensar en toda esa gente que me critica por ser tan negativo en mis valoraciones, por no ser capaz de ver ese futuro esplendoroso que nos espera, por boicotear con mi actitud las soluciones que se nos están vendiendo... Yo he examinado una y otra vez mis datos y mis análisis y sigo encontrando enormes lagunas y deficiencias en el modelo de Renovable Eléctrica Industrial que se nos quiere imponer a machamartillo, deficiencias a las que nadie responde si no es con ataques personales, nunca con datos. También me he preguntado numerosas veces si no me estoy equivocando, si no sería mejor dejarlo estar, que siga otra persona, que por qué tengo que hacerlo yo. Que si no se aprecia el trabajo que con mucho esfuerzo hago (mientras mantengo todo el resto de obligaciones que tengo), quizá debería dejarlo. Continuamente energúmenos en Twitter me cuestionan acerca de mis motivaciones, buscando razones torticeras e interesadas por mi parte. Y aunque sean críticas absurdas y falaces, sí que me hacen cuestionarme por qué hago lo que hago.

Eso mismo pensaba el otro día cuando me bajé del autobús que me había llevado de Pamplona a Tudela. Como me habían indicado, al llegar a Tudela llamé al número del teletaxi que me habían dado para pedir uno que me llevara hasta Ejea de los Caballeros, donde tenía un acto organizado por el Departamento de Comunicación del CSIC. Pero los pocos taxis de Tudela estaban ocupados y me dijeron que tendría que esperar. Ninguna cafetería a la vista, me quedé allí y me dediqué a hacer algunas llamadas y a pasear la vista. Entonces vi a un matrimonio de mediana edad, que se habían bajado del mismo autobús que yo. Llevaban dos maletones enormes. Les acompañaba su hijo, que no tendrían más de 12 años, más o menos de la edad del mío, con otra maleta voluminosa para el tamaño del chaval. Era obvio que venían para pasar una buena temporada. La cara del padre, posiblemente de origen latinoamericano, era la de una persona curtida en el trabajo, y mostraba preocupación. La madre, posiblemente española, también parecía preocupada, pero lo disimulaba cada vez que hablaba con el hijo. El chaval, despreocupado, jugaba con una pelota de fútbol imaginaria, quizá soñando que algún día será un campeón y vivirá una vida rodeada de la admiración de los demás. Cuando mi taxi por fin llegó, ellos seguían allí, en esa plaza, esperando a alguien que debía venir a recogerles pero que por algún motivo no había podido venir aún. Vi la pesadumbre del padre, vi la mezcla de inquietud y dulzura de la madre, pero sobre todo vi la inocencia con fecha de caducidad temprana del hijo. Vi, en suma, por qué tengo que seguir haciendo lo que estoy haciendo.

Estaré de vacaciones durante los próximos días e intentaré ponerme al día. No será sencillo y quizá no logre acabar antes de que acabe este año. Es posible que alguno de los artículos que querría escribir sean más simples que en otras ocasiones para poder cumplir mi objetivo de despacharlo todo. Pero lo haré. Es lo que mi madre querría. Ella, mujer trabajadora, que todo lo consiguió con su esfuerzo sin pedir favores a nadie, huérfana desde los 14 años, que trabajó durante 55 años, que se sacó la carrera después de haber parido a 9 hijos... Ella se guardaría sus lágrimas y seguiría para adelante. Y yo soy su hijo y haré lo mismo.

Permanezcan en sintonía. Y cuídense mucho.

Salu2.

AMT