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miércoles, 18 de enero de 2017
Chile mira al futuro
Queridos lectores,
Durante la semana pasada estuve en diversas ciudades de Chile, participando en el VI Congreso del Futuro. Fue un evento intenso: un centenar de presentaciones durante seis días (de lunes a sábado), todas ellas de un altísimo nivel, en algunos casos extraordinario. Yo tuve el inmerecido honor de ser invitado a participar a instancias del senador Guido Girardi, promotor del congreso y persona muy preocupada por las cuestiones ambientales, a la que alguien probablemente le sugirió mi nombre.
El Congreso del Futuro de Chile es el mayor evento de divulgación científica de alto nivel de Latinoamérica y probablemente del mundo entero, pues en muy pocas ocasiones he visto congreso tan trasversales. La selección de panelistas, con mi sola excepción, fue representativa de la élite científica y humanística del planeta Tierra, contando con la presencia de científicos muy destacados, grandes divulgadores y pensadores, y hasta dos premios Nobel (y no me resisto a mencionar la presencia de Toru Iwatani, con quien tuve la suerte de comer el primer día y que me mostrara una carpeta manuscrita con el código original del Pac-Man). Todas las presentaciones son accesibles desde la página de congreso y podrán juzgar Vds. mismos.
Dado que el congreso iba de ciencia, de la ciencia moderna que está sentando las bases del futuro, el congreso tenía por supuesto una fuerte componente tecnooptimista (como difícilmente podría ser de otra manera). Y sin embargo más de una charla (no sólo la mía) evocaba los graves problemas que se está generando la Humanidad a ella misma por culpa de su falta de sensibilidad en las cuestiones ambientales y de sostenibilidad en general.
El Congreso del Futuro, que va ya por su sexta edición, evidencia el interés de Chile por buscar modelos de desarrollo que superen el paradigma experimentado por Occidente. Chile es un gran país con un gran potencial, aunque por lo que vi muchas de sus gentes padecen un infundado complejo de inferioridad que les lleva a ansiar crecer y crecer para ocupar el lugar que le corresponde en el mundo. Dado que Chile es el primer productor de cobre del mundo y que tiene también otros grandes recursos naturales (pesqueros, madereros, potencial solar y eólico), muchas miradas ambiciosas están centradas en él. Afortunadamente, muchos chilenos con los que hablé son conscientes de ello y tiene claro qué quieren y qué no, y sobre todo qué errores ajenos no quieren repetir en suelo chileno. Por eso están buscando informarse bien para tomar por sí mismos las decisiones sobre su futuro. Que estas decisiones sean las correctas o no dependerá, en buena medida, en que puedan escuchar opiniones diversas y plurales, y creo que precisamente fue en aras de esa pluralidad que yo fui invitado (si tienen la oportunidad de localizar las tres otras presentaciones de mi panel, verán que son dolorosamente tecnooptimistas, con repetidas jaculatorias a uno de los mayores bluffs del momento, Tesla). Como en cualquier congreso, y más en uno de tamaña envergadura, hubo pequeños fallos de organización, que el personal al cargo supo corregir inmediatamente y con gran profesionalidad; si algo puedo destacar fue precisamente lo muy atentos que fueron conmigo.
La gran afluencia de público en Santiago de Chile demostró una vez más que el ciudadano chileno tiene un gran interés por la ciencia y por el modelo de futuro para su país. Durante los días que estuve en Chile, la noticia más comentada y celebrada fue la creación del Ministerio de la Ciencia (algo que en España tuvimos durante unos breves años y que desapareció sin que hubiera la más mínima reacción ciudadana, como tampoco la hubo cuando el CSIC, el mayor organismo de investigación de España, pasó a depender del Ministerio de Economía - donde seguimos).
El interés por las actividades del Congreso del Futuro no se centró solamente en Santiago, y así se organizaron presentaciones y discusiones con los científicos del Congreso en diversas localidades del país. Yo tuve la ocasión de viajar a Antofagasta y a Concepción; así, pude conocer someramente la idiosincrasia de otras dos regiones y también la oportunidad de discutir con académicos locales. Lo cierto es que fue agotador (salíamos y volvíamos cada día a Santiago de Chile), pero fue intenso y mereció mucho la pena.
En resumen, mi participación fue una gran experiencia, y espero poder ayudar en lo que me soliciten para conseguir mejorar lo que ya de por sí es un evento extraordinario.
Chile mira al futuro. Ojalá el resto de países hicieran igual.
Salu2,
AMT
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domingo, 9 de agosto de 2015
Mi colapso y yo: bancarrota inevitable
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| Irrepetible viñeta del inimitable Forges. |
Queridos lectores,
La tranquilidad financiera en España del año 2014 y la del 2015 (salvo el atragantón de la crisis griega, finalmente solucionada de forma conveniente para los que creen que el BAU es la única alternativa) me hicieron albergar esperanzas de que los problemas en el CSIC quedarían en suspenso hasta que la siguiente e inevitable oleada recesiva a escala mundial, un jalón más de esta crisis que no acabará nunca, destroce la precaria recuperación económica española. Sin embargo, el discurso oficial, triunfalista en lo económico, que se realiza en este año electoral en España se compadece muy mal con el trato que está recibiendo la ciencia pública (la privada es casi inexistente). Y tenía que ser en este verano que, una vez más, tuviéramos que verle de cerca los dientes al lobo; más cerca que nunca pero al tiempo mejor disfrazado debajo de una piel de cordero de pulcritud administrativa y transparencia en la gestión, con la que será presentado a la opinión pública cuando seamos presa de sus inevitables dentelladas. Vivimos una campaña de destrucción premeditada del tejido científico español que será presentada como el resultado de nuestros errores, los de los científicos, y como un necesario saneamiento de una gestión negligente e ineficiente.
Les pongo brevemente en los antecedentes generales de esta situación: después del primer susto del año 2012 y pasar un annus horribilis el 2013, el año 2014 supuso una tregua relativa, en la que en realidad el CSIC seguía una pendiente descendente, particularmente en ingresos competitivos y en personal. Pero por fin los gastos del CSIC se equipararon prácticamente con sus ingresos, gracias a la drástica reducción de personal (un 30%) y a otros ajustes, y a que el Gobierno dejó de reducirnos su aportación directa al ritmo del 10% anual (aunque tampoco la aumentó). La viabilidad de la institución parecía a salvo, aunque las caídas de ingresos de contratos con la industria y proyectos todavía proyectaban ciertos nubarrones sobre el futuro. Pero lo peor estaba por venir...
A principios de 2014 el Ministro de Economía, Luis de Guindos, anunciaba que se realizaría una auditoría completa al sistema de ciencia español, tanto de la parte científica (con la ayuda de expertos internacionales) como de la económica (a cargo de una empresa que resultó adjudicataria de la licitación asociada). Tal interés por auditar las cuentas de la ciencia española, anunciada a bombo y platillo, no deja de ser curiosa por dos motivos. Uno, porque las cuentas de proyectos y contratos ya se auditan regularmente, y no una sino dos veces (la primera por parte de las instituciones que ejecutan el proyecto o contrato, puesto que somos administración pública, y la segunda por parte de la institución que concede la subvención, en el caso de los proyectos). Y dos, porque tampoco hay tanto dinero en juego si se compara con otras actividades financiadas con fondos públicos mucho más lucrativas (por ejemplo, la financiación competitiva captada por el CSIC cada año, unos 150 millones de euros, equivale al coste de construcción de unos 10 kilómetros del AVE Madrid-Barcelona).
En fin, el caso es que cuando se publicitó que se realizaría una auditoría a "la ciencia española" se resaltó mucho que habría expertos internacionales y que se la compararía con otros cinco países. Los resultados de esa parte de la auditoría ya se conocen, al igual que el resultante informe (bastante sensato) con recomendaciones para mejorar el sistema de ciencia español. Se habló bastante menos del precio que tenía la adjudicación a la empresa auditora del contrato para fiscalizar las cuentas. Y lo que no he visto publicado en ninguna parte es una interesante cláusula de ese contrato de adjudicación: la empresa auditora se quedará con el 40% del dinero que consiga demostrar que está "mal justificado".
Qué se considera "mal justificado" es el aspecto clave del embrollo actual. Con el incentivo perverso que da ese 40% del dinero que la empresa se embolsa se buscan los tres pies al gato, en algunos casos solicitando justificaciones ya imposibles en proyectos acabados hace más de 10 años. Por ejemplo, te pueden preguntar si realmente ese investigador fue a aquel congreso: si no tienes un documento que lo acredite (requerimiento no usual hace unos años), la página web donde se anunciaba su ponencia ya no existe y el investigador no tuvo la precaución de guardar las actas del congreso con su contribución impresa en ellas, seguramente está en un problema. También puede pasar que te pregunten por qué tal investigador fue a tal reunión si su nombre no figura en la lista de los investigadores del proyecto, a pesar de que su participación en él fue decisiva y que en realidad sí se le comunicó su incorporación al Ministerio pero no con el formulario al uso. Llegando ya al paroxismo del absurdo, pueden preguntarte cuánto te costó en realidad el taxi que cogiste para ir a aquel aeropuerto o el precio del billete del tren de cercanías, porque 10 años después la tinta del ticket ya se ha borrado, y dado que no puedes justificar un coste concreto te reclaman toda la cantidad. Y que no haya un problema administrativamente más complejo y de mayor cuantía: si es así, date por perdido. En ésas estamos.
Ésta es la visión general. Particularicemos para mi instituto, el Instituto de Ciencias del Mar, uno de los mayores institutos del CSIC. A principios del mes de Julio, en una reunión general de los investigadores del centro, el Director nos comunicó que teníamos 10 días de plazo para abonar una cantidad de varios centenares de miles de euros cuya devolución por errores de justificación nos exigía, mediante requerimiento, el Ministerio de Hacienda; una situación que sin duda se estaría repitiendo en muchos institutos del CSIC. Desde que fui jefe de departamento (un breve - y poco fructífero para mis compañeros - período que acabó a principios de 2013) tengo cierta idea del estado de cuentas del centro, y de acuerdo con mis (completamente heurísticas) estimaciones la cantidad que nos requieren es aproximadamente igual a los ahorros que nos quedan en el centro...
Quizá podamos evitar la bancarrota este año, pero me parece inevitable que caigamos en ella el año que viene. Una de las cantidades cuya devolución exige el Ministerio la ha originado la actividad de investigación de mi propio grupo, fruto de un convenio de cooperación con la Universitat Politècnica de Catalunya. En su momento se firmó este convenio, aprobado por las máximas instancias del CSIC y de la UPC, y en las justificaciones anuales de los gastos del proyecto se informó al Ministerio de Educación (la entidad financiadora) sobre el uso del dinero, con todas las facturas detalladas y presentadas, incluyendo las de los gastos ejecutados por la UPC en virtud de ese convenio. Pero, diez años más tarde, ha resultado que se tenía que haber solicitado una autorización previa y expresa al Ministerio de Hacienda. Ninguna de las altas instancias que firmaron el convenio repararon en ese detalle, ni tampoco el Ministerio de Educación, que aceptó los informes anuales sin poner reparos. Y ahora que el dinero escasea el Ministerio le reclama al CSIC ese dinero mal justificado, y el CSIC se lo reclama a mi instituto. ¿Y a quién se lo puede reclamar mi instituto? De momento la administración de mi centro se ha puesto a rebuscar en todos los rincones y hemos abonado el dinero reclamado en el plazo previsto, pero no tenemos garantías de que todos los gastos pendientes de ejecución del resto de año se puedan hacer de la manera prevista...
Habrán notado que este último año he escrito bastante menos en este blog. Aparte de mi trabajo de investigación, me he pasado el año haciendo mil equilibrios para asegurar la continuidad de mi grupo de investigación. Y tras muchas peripecias la continuidad parecía asegurada, hasta que este iceberg ha aparecido justo delante de nuestra proa. Lo peor es que sé que el año que viene habrá nuevos requerimientos (en particular, otro y de mayor cuantía originado por mi propio grupo) y ahí sí que la bancarrota está asegurada.
La bancarrota de un instituto del CSIC no es algo que esté previsto en la manera de funcionar del CSIC. Para empezar, los institutos no tienen entidad jurídica propia, sino que en cierto modo son departamentos o subdivisiones administrativas del organismo. Su autonomía presupuestaria es limitada: ciertas parte de la contabilidad se llevan localmente, pero hay otros aspectos (sueldos del personal fijo y funcionario, dotación de infraestructuras generales) que se fijan desde la organización central en Madrid. Como no está prevista la bancarrota, el problema se planteará cuando nos encontremos ante la imposibilidad de pagar algunos gastos. Al final, estos gastos serán asumidos por la organización central (pues jurídicamente es el único ente existente) y ésta de algún modo asumirá la gestión del centro y forzará una serie de cambios estructurales: venta de equipos, no renovación de contratos o incluso despidos, etc. La cosa, por supuesto, se desarrollará de una forma previsiblemente penosa, con cruces de reproches y de acusaciones entre investigadores, la administración de mi instituto y la organización central del CSIC. En suma, entre las víctimas de una disposición que sin duda será legal, pero que también es profundamente injusta.
Viendo como van las cosas, estoy convencido de que la mayoría de la población española, harta de oír día sí y día también, acerca de los continuos casos de corrupción, aceptará la versión que se precocinará desde los medios de que el problema de fondo es algo parecido a la corrupción pero en los "medios científicos", usando en su provecho la creciente indignación popular contra el enriquecimiento personal ilícito. Nadie entrará a indagar que aquí no se ha enriquecido nadie; se repetirá hasta la saciedad en las pantallas de las televisiones el caso más doloso que se pueda encontrar, y con una opinión pública convenientemente moldeada se aplicarán, implacables, más y más recortes, destrozando lo poco que se pueda mantener en pie. Doy por hecho los despidos masivos, el cierre de algunos centros y en general el agostamiento de los que sobrevivan, donde los funcionarios que queden intentarán mantener la actividad al mínimo para evitar meterse en más problemas administrativos mientras sueñan en jubilarse o en marcharse a otras tierras menos montaraces. La caída en picado del dinero competitivamente captado por el sistema de ciencia español se mostrará como un ejemplo de la mala praxis de los científicos y una justificación para reducir aún más los fondos públicos destinados a la ciencia.
Tal y como yo lo veo, el sistema científico español seguirá una curva de colapso y degeneración paralela a la que seguirá la sociedad en su conjunto. A mi me parece natural que si los recursos son menguantes lo tengan que ser para todas las áreas de la actividad económica y social, y la ciencia no iba a ser una excepción. Además, como la ley de los rendimientos decrecientes también se aplica a los frutos de la ciencia, y la simple búsqueda del conocimiento no ha sido nunca del agrado de los gestores, es también lógico y natural que se trate a la actividad científicamente públicamente subvencionada como un lujo (no en vano repetidamente los adalides del libre mercado dicen que la ciencia debería autofinanciarse). Puesto que la ciencia no es per se un sector productivo y sus retornos no siempre son burdamente monetarizables (y los que sí que lo son llevan muchos años para materializar el beneficio) es natural que, en época de escasez, sea un sector donde preferentemente se quiera recortar la asignación de recursos. Sin embargo, la ciencia tiene cierta aura de respeto social en España: la de científico se encuentran entre las profesiones mejor valoradas, y delante de los muchos problemas de mera viabilidad económica, social y ambiental a los que se enfrenta España muchas veces se oyen voces reclamando un mayor y mejor asesoramiento científico. Por eso mismo, para acometer los inevitables recortes en esta actividad en la que no creen nuestros gobernantes, y que muchas veces resulta incómoda para los intereses económicos dominantes, se hace necesario no sólo recortar los fondos asignados a la ciencia, sino hacerlo de tal manera que se extienda una mancha de desprestigio sobre ella, para que así la ciudadanía no exija que no se atropelle al sistema científico español sino que, al contrario, convertida en turbamulta, jalee el linchamiento hacia el cual se nos está llevando. Ésta es, a mi parecer, la explicación más plausible para lo que está pasando.
Cuando uno escribe sobre el cenit de nuestra sociedad, sobre el inevitable y progresivo declive de la civilización industrial, uno tiende a hacerlo en abstracto, en tercera persona, explicando aquello que pasa sin verse realmente a uno mismo como actor de los penosos procesos que describe. Y sin embargo tarde o temprano esos mismos procesos de decadencia y declive tienen que alcanzarle a uno, a su lugar de trabajo, a su renta disponible, a sus condiciones de vida. Por eso no puedo decir que me sorprenda nada de lo que pasa, de lo que nos pasa, de lo que me pasa... pero me apena ver la forma tan mezquina que va tomar el descenso particular de mi sector. Muchas veces digo que el decrecimiento de nuestra sociedad es inevitable, y que lo único que podemos escoger es si pilotamos el proceso y lo hacemos lo más humano y soportable posible, o bien si dejamos que evolucione espontáneamente y se desarrolle de manera caótica y posiblemente dejándonos en un nivel inferior al que de otro modo podríamos conseguir. Hemos escogido todos, pero particularmente mis colegas científicos, no pilotar este proceso: éstas son las lamentables consecuencias. Quizá lo que más me duele, después de todo, es cargar con la parte del oprobio colectivo que probablemente se nos asignará a los científicos, no por mi, sino por la vergüenza que podrían llegar a sentir mis hijos.
Salu2,
AMT
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jueves, 31 de julio de 2014
Mi colapso y yo: descendiendo, poco a poco
Queridos lectores,
Vivimos un año de tregua en el CSIC. Después de la crítica situación del año pasado, que nos situó a un paso de la quiebra, el Gobierno nos "rescató" (del problema presupuestario que el propio Gobierno había originado) en el último momento y con esos 70 millones extra pudimos mantener la actividad y compensar parte de nuestras deudas. Parte, que no todas, porque de ser un organismo muy puntual en el pago hemos pasado a tener una cierta (aunque no muy grande) demora en el pago a proveedores; eso supone una cierta deuda corriente que puede ser mantenida indefinidamente en ese estado en tanto en cuanto los ingresos (y los gastos asociados, pues no somos una entidad con ánimo de lucro) se mantengan.
Justamente mantener los ingresos es uno de los nubarrones que se están formando en nuestro horizonte.
Difícil con una cantidad de personal decreciente: partiendo de algo más de 14.000 trabajadores en 2008, el CSIC cuenta ahora con unos 11.000. Se cubren sólo el 10% de las plazas de investigadores que se jubilan, pero las de personal de administración o de los servicios técnicos no se cubren en absoluto. Al descender los ingresos por proyectos los becarios se van, algunos sin haber acabado la tesis, otros acabándola rápidamente y con la misma celeridad marchándose al extranjero. Los posts-docs (una persona pertenece a esa categoría indefinida desde que termina el doctorado hasta que consigue un contrato o plaza que permita llamarle de otra manera) huyen también en masa (en mi instituto a veces se reúnen en corrillos para comentar a dónde se van unos y otros). Y últimamente son los propios investigadores de plantilla los que se van; compañeros míos, asqueados por la indolencia y la mediocridad de nuestro sistema, son un día tentados por una buena oferta en el extranjero y tras dudarlo un poco (o no) aceptan dejar atrás esta miseria e irse, por ejemplo, de jefe de departamento en una prestigiosa universidad americana. Los que se van son, obviamente, los más brillantes y que no tienen ataduras sentimentales (¿de qué otro tipo podrían ser?) con España. Sin ser yo mismo nada del otro jueves, el año pasado recibí una propuesta formal para irme a Francia que decliné cortésmente aunque no cerré la puerta del todo, pues nunca se sabe si aquí las cosas se complicarán tanto como para que realmente no me interese irme.
Pero, ¿qué está pasando? Si nos rescataron y si el Estado ha aumentado su dotación al CSIC este año, ¿por qué se produce este declive de actividad? Para entenderlo, hay que entender cómo funciona la financiación de la ciencia en España.
La actividad científica en el sector público en España se financia de diversas maneras, siguiendo un esquema perfectamente asimilable al de otros países occidentales. Podemos decir que la financiación consta de cuatro vías principales, ordenadas por su importancia económica.
La primera de estas vías consiste en los sueldos del personal fijo en las instituciones de investigación y en las universidades, y algunos gastos de infraestructura elementales. Eso permite tener una actividad investigadora muy básica, pero lógicamente no paga nuevo equipamiento ni reactivos ni personal en formación o especializado ni campañas de campo.
La segunda vía de ingresos es a través de las convocatorias públicas de proyectos de investigación: las diferentes administraciones, desde las autonómicas hasta las europeas, sacan periódicamente convocatorias; los investigadores elaboran sus ideas sobre qué merece ser investigado y por qué creen que se debe investigar; preparan un dossier, típicamente de varias decenas de páginas de extensión, que envían a la agencia financiadora; la agencia financiadora los hace evaluar por expertos externos y finalmente unos pocos proyectos resultan escogidos y son financiados, a veces por medio de subvenciones a fondo perdido, a veces pagando un porcentaje de los gastos presupuestados y a veces - las menos - como créditos reembolsables. Con este dinero se puede comprar todo el material que hace falta para investigar, contratar personal en formación o especializado que no hay en el centro, se mantienen laboratorios, etc. Siguiendo la práctica contable común en todo Occidente y reconocida por las administraciones financiadoras, una parte del dinero recibido (generalmente el 20%) se usa para cubrir los costes indirectos (los servicios de administración, la luz y el agua, el teléfono, el mantenimiento de la infraestructura). Estos costes indirectos son fundamentales para mantener los centros de investigación en marcha, ya que sin ellos los servicios indispensables para el mantenimiento de la actividad dejarían de funcionar y todo se pararía (e.g., si no pagamos la luz o si no reparamos equipos e incluso edificios).
La tercera vía de financiación es a través de contratos con empresas. Algunas veces las empresas tienen necesidad de realizar ciertos estudios previos al inicio de alguna actividad pero no tienen capacidad técnica para hacerlo y recurren a los científicos. Al ser centros públicos no existe beneficio empresarial y nuestros precios son relativamente bajos, pero obviamente no podemos ofrecer servicios que ya los ofrezcan otras empresas porque sería competencia desleal. Al ser un trabajo por encargo, aquí el científico no decide qué estudiar, pero eso no sustrae interés al trabajo realizado. También aquí se cobran costes indirectos.
Y la cuarta vía consiste en los convenios con la Administración, que funcionan de manera similar a los contratos con empresas aunque se paga bastante menos porque a fin de cuentas los científicos de las instituciones públicas forman parte de la Administración.
Cabe mencionar una quinta vía, la de la explotación de los resultados de la investigación (patentes, transferencia del conocimiento) pero las estructuras administrativas españolas son muy rígidas y sacar provecho de esta vía requiere un esfuerzo ímprobo que no siempre se consigue llevar a buen puerto (afortunadamente la cosa va evolucionando lenta aunque positivamente); todavía hoy, el peso de esta vía de financiación es pequeño y en no pocas ocasiones los beneficios de la explotación de los resultados de la investigación, que el sistema de ciencia española genera en mucha mayor medida de lo que muchos creen, los acaba capitalizando una empresa ajena al sistema científico y en ocasiones sin haber contribuido en absolutamente nada al desarrollo explotado.
Como digo, estas vías de captación de recursos son completamente análogas en España y fuera de España. Contrariamente a la percepción de gente ajena a este mundo, la menguante ciencia española no "vive enganchada de la subvención pública", porque los proyectos de las convocatorias competitivas de la Administración requieren un gran esfuerzo, primero para obtenerlos y después para gestionarlos, ya que se han de cumplir escrupulosamente unos objetivos marcados - y si no se cumplen hay penalizaciones muy importantes. Además, cada vez el peso económico de los trabajos por encargo es mayor y cada vez lo será más. Ciertamente hay investigadores y profesores universitarios maleados que son pequeños tiranuelos de sus reinos de taifas donde reina el amiguismo, pero justamente por su mala praxis estas personas son muy poco competitivas ya que no se rodean de los mejores profesionales ni son ellos mismos buenos profesionales, y por tanto sus posibilidades de captar financiación pública y privada es muy escasa por comparación con la que consiguen los investigadores abnegados que trabajan con verdadera pasión y dedicación en su campo.
En realidad, lo que es anómalo de España con respecto a otros países occidentales es que fuera del sector público hay muy poca investigación. En la mayoría de los casos, las empresas que usan tecnología la importan de fuera, y cuando necesitan una investigación ad hoc recurren al sector público. Las empresas en España promueven poco y financian escasamente la actividad científica, con algunas notables excepciones.
En fin, todo lo antedicho es el típico proemio gigantesco que hago en los posts de la serie "Mi colapso y yo" para que un lector casual que no sepa de dónde viene esto pueda ubicarse en el complicado panorama de lo que significa hacer ciencia hoy en España (el lector interesado podrá encontrar los posts anteriores de la serie aquí: 1, 2, 3 y 4 - y de propina uno que no tiene que ver con el CSIC pero sí con mi colapso). Pero vayamos al asunto.
Siendo como es nuestra principal vía de financiación externa, necesitamos captar más dinero en proyectos para empezar a enjugar nuestra deuda, con los dineros que puedan sobrar de los costes indirectos.
A malas, necesitamos captar como mínimo tanto dinero como veníamos captando para poder mantener todas las complejas infraestructuras que tenemos con los costes indirectos. Al crecer durante estos años, hemos creado un Leviatán que nos es muy útil en nuestro trabajo pero es muy costoso de mantener, y no querríamos empezar a desmontarlo, sobre todo porque cuesta mucho más construir que destruir.
¿Y qué está pasando?
Pasa que los ingresos por proyectos decaen. Me consta que se han concedido menos proyectos este año, o al menos la cantidad total de dinero concedida ha sido inferior. Sé que en mi instituto la cosecha de este año ha sido bastante mala, como un 40% de lo que se solía conseguir, y eso que mi centro es un centro de alto nivel con buenas ratios de éxito. No sé que habrá pasado en el contexto de todo el CSIC pero me temo que la cosa no ha ido bien. Los presupuestos de este año para el CSIC ya anticipaban una considerable reducción de los ingresos por proyectos y me temo que las peores previsiones se han cumplido. Tendremos que esperar hasta el balance del final de año para saber si algunos ingresos extra que anhelamos se han materializado al fin o no y ver hasta qué punto compensan el bajón tremendo de nuestra principal fuente de financiación externa.
¿Por qué están bajando los ingresos por proyectos? Pues porque la dotación efectiva del Plan Nacional español es cada vez inferior (no lo es nominalmente porque se contabilizan tanto subvenciones como créditos, pero la mayoría de los créditos no se ejecutan y por tanto nadie los usa: es un dinero que el Estado dice destinar a la I+D pero lo hace con un instrumento sin demanda y por tanto al final se lo ahorra, pero se pretende hacer creer que se puso ese dinero sobre la mesa simplemente porque se presupuestó). Un rápido vistazo a la lista de proyectos concedidos nos muestra que las asignaciones típicas son aparentemente inferiores a las de otros años. En algunos tipos de proyecto, como los Explora, el dinero destinado por el Ministerio representa sólo el 4% del dinero solicitado en las propuestas presentadas por los investigadores, lo cual anticipa un porcentaje de éxito aproximadamente igual, lo cual la convierte en la convocatoria más difícil del ámbito europeo.
Fuera de España tenemos los proyectos del Horizonte 2020 (de infausta evocación en este blog), el sucesor del 7º Programa Marco de la Comisión Europea para financiar la investigación en el espacio europeo. Sin embargo, los problemas presupuestarios nacionales no son exclusivos de España y eso ha empujado a muchos investigadores europeos a refugiarse en estas convocatorias, llevando a situaciones no vistas anteriormente en las que las probabilidades de éxito de una propuesta en algunas convocatorias llegan a ser sólo del 5%. Pero tenemos que intentarlo.
Algunas convocatorias de proyectos europeos, como las del Programa Life, no dan la financiación por adelantado sino que reembolsan los gastos una vez ejecutados. Esto supone un problema para unos centros con cada vez menos remanentes de tesorería con los que absorber esos gastos hasta que lleguen los ingresos. Pero, por otro lado, no concurrir a esas convocatorias, aparte de no cumplir con nuestra misión de investigar, implica dejar de percibir esos imprescindibles costes indirectos que necesitamos para mantener en marcha la maquinaria...
En fin, caen los ingresos de proyectos y nuestra tercera vía de financiación, los contratos con empresa, están también en retroceso. La situación ha pasado de ser complicada a nivel de todo el CSIC a empezar a ser complicada a nivel de cada centro. Es un proceso lento pero difícil de revertir, cuyas consecuencias no se dejarán sentir con intensidad hasta dentro de un año o dos.
Y eso que de momento estamos tranquilos porque mantenemos la primera vía de financiación, la de los sueldos e infraestructura básica. ¿Se mantendrá esta vía mucho tiempo o empezará a retroceder en un futuro previsiblemente no muy lejano? De momento se mantiene la ficción de que empieza una recuperación económica duradera en España. Hacia finales de este año o principios del que viene será evidente que lo que viene es una recesión global del estilo de la de 2008, aún no sabemos si más o menos intensa. Será entonces cuando probablemente me tocará escribir el siguiente capítulo de esta serie.
Salu2,
AMT
P. Data: Por lo pronto las próximas semanas tengo dos importantes obligaciones que me alejarán relativamente del blog. La más relacionada con el tema de este post es dedicarme a escribir algunas propuestas para intentar conseguir financiación con la que mantener mi equipo, en primera instancia, y ayudar a mi centro gracias a los costes indirectos, en segundo término. La segunda pero no menos importante, dedicarle al menos unos días a mi familia y visitar a mis seres queridos, a los que hace tan sólo tres meses pensé que no volvería a ver. La publicación en The Oil Crash continuará en Agosto, pero saldrán menos artículos. La situación se normalizará hacia Septiembre, confiando que pueda conciliarla los numerosísimos compromisos que tengo en este final de año.
jueves, 3 de abril de 2014
Imparcialidad y dignidad
Queridos lectores,
Desde hace ya algún tiempo me encuentro con una crítica recurrente a este blog. A algunas personas les parece bien que haga un análisis técnico (la palabra que suelen usar es "científico") de aspectos concretos de la crisis energética, particularmente los asociados a la producción de materias primas, la rentabilidad energética y económica que tienen, etc. Sin embargo, a estas personas les suele molestar cuando trato otros temas de índole más social, a pesar de que uso las mismas técnicas analíticas cuando hablo de exclusión social que cuando hablo del suministro de hidrocarburos. Entienden que un blog técnico ("científico") no debería tocar temas que, en su concepción, son más de opinión antes que de hecho. Incluso a veces se dice que son "demasiado políticos" (particularmente cierto si hablo de Cataluña).
Por el contrario yo creo que soy bastante coherente con mi línea editorial (que sólo rompo cuando publico artículos de otros, artículos por cierto con los que no siempre estoy de acuerdo pero que difundo aquí en aras de una pluralidad que no suelo encontrar en otros lugares). Los temas que abordo los trato (o intento tratar en la medida de mis posibilidades) desde una perspectiva lo más técnica y objetiva posible, y además los temas tratados son pertinentes, incluso fundamentales, para la discusión de este blog. Sin embargo, entiendo que se me hagan estas críticas partiendo de donde partimos, puesto que hoy en día los medios de comunicación en general y la prensa escrita en particular no tienen en absoluto una manera semejante de discutir estas cuestiones.
Hoy en día en los medios de comunicación se ha impuesto una suerte de falsa equidistancia: delante de cada tema de debate en la sociedad, ya sea la ley del aborto o la producción de hidrocarburos, se recaban las opiniones de los diversos sectores y se presentan tal cual, dejando que sea el lector quien elabore sus propias conclusiones. Se dice que tal manera de presentar las discusiones es imparcial, puesto que no se toma partido por ninguno de los sectores implicados. Tal estrategia, que podría tener cierto sentido (aunque se le apliquen algunas salvedades que detallo más abajo) para la discusión de cuestiones de opinión, es completamente absurda y nociva cuando se discuten cuestiones de hecho. Y es que los hechos no admiten discusión: pueden ser más difíciles o más fáciles de conocer -y es legítimo centrar el debate ahí en algunos casos-, pero una vez conocidos no son opinables. Peor aún, en aras de una supuesta representatividad equilibrada de todas opiniones en realidad se da un peso desmedido a las opiniones más repetidas, las cuales (dinero mediante) son las más representadas. Hace años que las grandes compañías comprendieron que esta aproximación al periodismo les favorecía, puesto que creando fundaciones, centros de estudios, etc, además de sus propios gabinetes de comunicación y medios políticos afines, podían hacer escuchar la opinión que favorecía sus intereses por encima de cualquier otra, y por eso atacan con fiereza cuando en un medio de comunicación no hay lo que denominan una "representación proporcionada de todas las opiniones" - es decir, sus propias consignas no son repetidas varias veces desde sus diversas antenas.
Este tipo de periodismo que se limita a recoger y transcribir opiniones, y que tanto abunda hoy en día, es indiscutiblemente una muestra de dejación del periodista de su labor primera: informar. Informar no es hacer una relación de opiniones como si uno estuviera haciendo un inventario; informar es buscar la verdad y presentarla correctamente a los lectores. Es lo que hace tiempo llamaban "periodismo de investigación"; lo otro no pasa de mera crónica o gaceta, cuando no directamente de publirreportaje. Y es posible que la decadencia de los medios de comunicación tradicionales se deba en parte a esta falta de compromiso con la verdad, a veces por la influencia directa de los grandes intereses económicos, pero otras veces por esa falta de búsqueda de la verdad que explicamos, y que es lo que hace que cada vez más personas busquen en la red medios alternativos donde encontrar una verdadera elaboración a partir de los hechos, un verdadero intento de llegar a la verdad.
La primera cosa a comprender es que no se puede hacer de igual manera una crónica de sociedad que la discusión de hechos medibles y observables. No hay posible equidistancia entre hecho y opinión. Y menos aún si hablamos de fenómenos naturales: la Naturaleza no negocia, y le es igual nuestra opinión. Y sin embargo te encuentras a menudo que esta visión de relatividad absoluta de los hechos, este mundo del todo es opinable, impregna todo discurso, hasta el punto de que hay una total y absoluta falta de práctica en la discusión de hechos. Muchas veces me he encontrado que después de hacer una exposición de hechos alguien me dice: "Muchas gracias por su opinión". La presentación de hechos está tan desvirtuada que la gente no distingue hecho de opinión, porque está acostumbrada a que hablando de un tema concreto los "hechos" dependan completamente de quién los transmite. En el fondo es un problema de decadencia moral de nuestra sociedad: en los debates públicos se debería exigir que las partes actuasen con honestidad, presentando los hechos de manera no sesgada y objetiva, en vez de dar una visión particular que favorezca una cierta visión. Sin embargo, la opinión pública encuentra perfectamente aceptable que la presentación de los hechos sean manipulada para favorecer intereses particulares, y eso hace que a estas alturas hecho sea indistinguible de opinión.
Esa manipulación de los hechos se manifiesta de muchas maneras. Cuando un tema afecta a grandes intereses económicos es frecuente encontrarse con campañas de confusión deliberadas, en las que se hace selección interesada de hechos -cherry picking- para hacer ver las cosas con un prisma completamente desvirtuado. A modo de ejemplo, es normal encontrarse entre los voceros del fracking ciertos argumentos, como por ejemplo que la producción de petróleo de fracking en los EE.UU se ha multiplicado por 18 en los últimos 10 años (sin decir que hace 10 años era prácticamente insignificante) y escribir eso hábilmente en una frase en la que se dice que los EE.UU. son ya independientes energéticamente (cosa radicalmente falsa hoy y que tampoco será cierta en un futuro) y sin decirlo explícitamente dando a entender que una cosa ha llevado a la otra. Cuando uno lee frecuentemente lo que dice esta gente detecta el fraude de mezclar medias verdades con mentiras porque las frases son siempre idénticas (y es que el engaño sólo funciona con unas frases especialmente construídas para ello, que por tanto se tienen que repetir prácticamente literalmente), pero al lector desavisado le puede pasar por cierto, y ese es justamente el objetivo de tales desinformaciones. Como además estas opiniones construidas con la presentación sesgada de hechos escogidos está sobrerrepresentada en los medios de comunicación, se consigue emborronar el debate y que la verdad nunca sea conocida.
La verdad, lo que creemos que es la verdad objetiva de las cosas no es, por supuesto, nunca completamente objetiva: siempre los propios sesgos cognitivos de la persona que la busca y la transmite, sus propias preferencias, influyen en lo que ésta considera "la verdad". Pero esta subjetividad inevitable en la presentación de los hechos no nos puede hacer caer en un escepticismo recalcitrante: yo siempre digo que una cierta dosis de escepticismo es conveniente, pero un exceso del mismo es puro cinismo. Lo que hay que hacer es simplemente centrarse en los hechos. La presentación de los mismos puede estar voluntaria o involuntariamente sesgada pero al menos son hechos; lo que tiene que hacer el lector crítico es buscar otros hechos que corroboren o complementen en su caso la parte de la verdad que se le había presentado. Por eso es importante que el lector sea parte activa y crítica de lo que lee; otra de las grandes deficiencias de nuestro tiempo es que los lectores y espectadores son pasivos y apáticos, y básicamente se tragan más o menos acríticamente lo que les echan, sin buscar razonar, sin comparar con informaciones previas, sin buscar inconsistencias; en suma, sin ser críticos y responsables, como corresponde ser a un buen ciudadano.
En el colmo del despropósito, a los pocos periodistas que comprenden que hay que ir más allá e informar de verdad, a los que realmente buscan la verdad y la presentan basada en hechos, no en las declaraciones de unos y otros, se les suele acabar llamando "activistas", como si su objetividad se viera empañada justamente por su búsqueda de los hechos y de la verdad. Este tipo de periodista suele tener problemas en los medios para los que trabajan, tanto da cuál sea su orientación política formal, puesto que al final todos están en manos del gran capital.
Y justamente una de las cosas que suceden cuando uno se centra en los hechos, cuando uno se centra en la verdad, es que se le acusa de meterse en discusiones políticas aunque uno esté hablando de ciencia, ya sea de recursos naturales o del clima; y siempre hay quien te reprocha que eso es inadecuado e impropio de alguien que se llama científico, puesto que los científicos deben permanecer puros, imparciales. Esta crítica en particular es especialmente absurda. Resulta que los estudios científicos del medio ambiente o los recursos naturales, como en realidad los de cualquier otra materia, son esencial e irrenunciablemente políticos. Pues por definición la política es la discusión de los asuntos que interesan a los ciudadanos. Como he dicho muchas veces, este blog, todo lo que en él se discute, es político, porque se trata de cosas que les interesan a los ciudadanos. Lo que no es, o no debe ser, es partidista: no se puede, desde una perspectiva meramente técnica, tomar partido por una u otra opción, entre otras cosas porque las dinámicas de partido suelen llevar a que tarde o temprano se sacrifiquen ciertas ideas en aras del pragmatismo.
¿Debe por tanto la ciencia intentar dar respuesta a cuestiones políticas? La respuesta es sí, y en realidad siempre ha sido así. La ciencia intenta dar respuesta a problemas que preocupan al hombre, y que a menudo afectan a la organización social, es decir, a los aspectos políticos. El científico no es quien para tomar las decisiones de cómo gestionar ese conocimiento, pero sí quien debe decir qué es lo que hay y qué es lo que puede funcionar y lo que no en base a su conocimiento. Conocimiento incompleto y siempre provisional, por supuesto, pero que es lo único que tenemos en cada momento, y que es mejor guía que otros intereses mucho más espurios en base a los cuales se toma tan a menudo decisiones con consecuencias lamentables.
La opinión pública está tan poco educada en el debate de los hechos, en el debate científico, que cada vez que se aborda desde una perspectiva científica un determinado tema causa extrañeza lo que se considera una rotundidad excesiva. Pasa que el debate de opiniones es siempre subjetivista y por tanto las normas de cortesía implican que los interlocutores tienen que estar dispuestos a conceder cierto beneficio de la duda al contrario; quien no lo hace así se le considera un grosero y un bruto. Sin embargo, en el debate de los hechos no hay ni medias tintas ni consideraciones; el debate científico es en ese sentido implacable pues sólo le interesa la verdad. No hace mucho me encontré, discutiendo por internet con una persona, que tras ir yo presentando hecho tras hecho, artículo tras artículo, a pesar de que siempre fui educado en mi tono el otro me repuso de forma un poco áspera: "Tienes todas las respuestas". Y es que en un debate de opiniones no es admisible ser contundente; sin embargo, hablábamos de hechos. Como le dije, la cuestión era simple: lee mis hechos y refútamelos con datos, si crees que no son correctos. Es así como se discute en ciencia. La ciencia, digámoslo aún otra vez, no es opinable. No podemos someter a votación el resultado de hacer dos más dos; siempre tendrá que ser cuatro, siempre será cuatro, independientemente de nuestras preferencias u opinión al respecto.
La enorme confusión sobre lo que es hecho y lo que es opinión, el colosal y cínico relativismo moral de nuestra época, es lo que lleva a algunas aberraciones lógicas, como por ejemplo las que discutimos en este blog al hablar de precaución y garantía. A modo de anécdota, recuerdo haber leído hace tiempo un artículo sobre el infausto e-CAT (que el tiempo se ha encargado de mostrar que era una estafa). Quien lo escribía asumía que lo que decían los "inventores" era cierto por un "Principio de inocencia científica". Por supuesto que en ciencia no existe tal principio: los hechos se discuten por sí mismos, implacablemente; las críticas son siempre afiladas, precisas, quirúrgicas: se busca la verdad, sin concesiones; no hay presunción de inocencia: hay hechos que probar, mostrar o refutar. A veces me encuentro también, en la discusión de la magufada de turno, que hay quien me dice que "la crítica siempre tiene que ser constructiva", y de nuevo la afirmación es errónea. La crítica a las personas siempre tiene que ser constructiva, puesto que a una persona no la podemos desechar y empezar con otra: hay que intentar mejorarla partiendo de lo que se tiene, y por tanto la crítica tiene que dirigirse a construir, no a destruir. Sin embargo, la crítica a las hipótesis, a las ideas, ha de ser descarnada, implacable, lógica, feroz; y si las hipótesis no son refrendadas por los datos, si la teoría resulta falsada, se la desecha por completo y se busca una nueva. Es así como se avanza en el conocimiento.
La razón de tal confusión, de tal falta de comprensión de los aspectos básicos de la ciencia y su elaboración, vienen en una parte del exceso de peso de unas ramas concretas de las Humanidades (concretamente el Derecho y las Ciencias Económicas tradicionales) en la dirección de la sociedad, pero en una parte mayor del gran interés de los rectores de nuestro sistema económico en alimentar una confusión que sirve mejor a sus propios intereses. El primer paso para poder construir una sociedad más equilibrada y menos cínica es recuperar el respeto por el debate científico y aplicar una imparcialidad implacable en la discusión de los hechos. Es necesario para comprender cabalmente dónde estamos y hacia dónde podemos dirigirnos, y es imprescindible para recuperar nuestra dignidad como seres humanos.
Salu2,
AMT
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lunes, 15 de julio de 2013
Mi colapso y yo: el CSIC zozobra
Queridos lectores,
Está visto que cada seis meses me toca escribir sobre la degradación que está sufriendo la institución para la que trabajo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Hace ahora un año se produjo la suspensión de pagos a proveedores, afortunadamente temporal, aunque a mi me quedó claro que era el pistoletazo de salida de un proceso que acabará por destruir al CSIC. Un proceso, porque no se puede barrer de un plumazo una institución con 79 años de historia, más de 13.000 trabajadores y 130 centros (bueno, ahora algunos menos, no tengo la cuenta actualizada: la realidad es fluida).
Hace siete meses el Presidente hizo balance público de nuestros números: nos habíamos quedado sin ahorros y comenzaban a tomarse medidas de dudosa legalidad para gestionar una institución que ya hacía aguas. Lo dije entonces: todo estaba preparado para que la farsa comenzase.
Y la farsa ya ha comenzado. Como habrá leído en los diarios españoles quien siga este tema, se han tomado dos medidas con carácter de urgencia: una, el CSIC ha "confiscado" los fondos remanentes en poder de los institutos e investigadores, y dos, el CSIC ha hecho una previsión de gasto para el resto del año muy a la baja. Expliquemos un poco ambas medidas para que entiendan por qué estamos abocados a un "cataclismo", en palabras de nuestro presidente.
La primera medida afecta a los fondos remanentes, que a veces coloquialmente se han denominado "ahorros". Esos fondos vienen de dinero sobrante de la ejecución de proyectos y contratos. Cualquiera que haya llevado un proyecto o un contrato sabe que es imposible ejecutar el gasto exactamente hasta el céntimo de euro: siempre se gasta o más o menos de lo presupuestado. En el caso de una empresa tales desviaciones no generan un problema contable: si se gasta de menos la empresa aumenta su margen de beneficio, y si se gasta de más se compensa con otros fondos y posiblemente al responsable del gasto extra, si no da buenas explicaciones, se le pone en la calle. Pero en el caso del CSIC, al ser una administración pública, la cosa es más compleja. No podemos gastar de más, porque el dinero necesario tiene que salir de algún sitio, ya sea de otro proyecto o bien de los fondos propios que se usan para gastos de infraestructura (facturas de luz, agua, gas, mantenimiento, obras o algunos contratos, incluyendo de personal), y esto puede generar muchos problemas. La tendencia, por tanto, es a evitar gastar de más. Pero si gastamos menos de lo previsto, de acuerdo de la ley, debemos devolver los fondos sobrantes si estos provienen de una administración española o europea. Únicamente podríamos "ahorrar" en contratos con empresas, ya que la ley no obliga a devolverles los sobrantes, aunque también es discutible hacerles una factura que se desvíe mucho de la ejecución real final.
El criterio del CSIC hasta ahora ha sido que aquel dinero que ha sobrado de un contrato o proyecto quede a disposición del investigador que lo produjo. Ese dinero, que obviamente no es propiedad de aquel investigador, se usa para cubrir agujeros: un contrato
que se acaba a deshora y el Ministerio no ha pagado aún los fondos para el siguiente, material que se hace urgente comprar, a veces alguna obra en las instalaciones, etc. El investigador decide qué usos se le da a ese dinero, en función de sus propios intereses, pero siempre dentro de las finalidades de investigación. Y aquí empieza el primer problema. Algunos investigadores, que han perdido con la medida "incautatoria" del CSIC el acceso a estos fondos, están planteándose entablar un pleito con el CSIC. Desde mi punto de vista personal, reclamar ese dinero al CSIC es completamente inútil por dos motivos.
- El primero es jurídico. El CSIC no tiene una estructura de caja diferenciada ni por institutos, no digamos ya por investigadores; hay un único NIF y una única caja. El dinero, siempre, ha estado a la disposición del CSIC, y el criterio hasta ahora fue dejar que el investigador que generó un remanente decidiese cómo se gastaba, pero en realidad no hay ninguna base legal para ello. De hecho, si se levantara mucha polvareda y la Inspección de Hacienda empieza a estudiar la proveniencia de estos fondos (cosa difícil, dada la complejidad contable del CSIC) se vería que muchos de ellos se tendrían que haber devuelto, y posiblemente lo único que se ganase es que nos los reclamase: el tira y afloja entre la Organización Central del CSIC y los investigadores acabaría en un "ni para ti ni para mi". Además nos podríamos enfrascar en un follón contable y legal que podría durar décadas, con multitud de hijuelas; e.g., la UE hasta ahora reconocía costes indirectos variables, muy abultados en el caso de algunos institutos - en el mío llegaban al 160% del coste directo- pero en la práctica los costes indirectos que aplicaba la Organización Central eran mucho menores - 20% - y se generaban los dichosos remanentes, aunque el uso que se acaba haciendo de esos remanentes se podía considerar, efectivamente, como el que ha de cubrir un coste indirecto. Y es que en realidad, aunque las reglas se aplicasen de manera torcida, el uso del dinero era el correcto. Como digo, un follón jurídico de bigotes. Lo realmente grave es que faltando esos fondos se cambia una dinámica interna de golpe, y eso implica que determinados costes indirectos de la noche al día no se pueden pagar. Eso, en particular, puede implicar parar equipos, cerrar laboratorios y despedir gente.
- La segunda razón por la que es inútil pedir ese dinero es porque en realidad hace tiempo que se gastó. El CSIC sólo está oficializando algo que es una realidad desde Noviembre pasado: todo dinero remanente de proyectos y contratos, todos nuestros ahorros, se terminó entonces. Como digo, la caja es única, y el CSIC acabó el año pasado gastando más de lo que recibió. La diferencia fue contra esos sobrantes, todos ellos en la misma caja, y como digo ya hace tiempo que desaparecieron. Lo que muchas veces se está llamando "remanentes" en la prensa se refiere al dinero que aún queda en la caja (por ejemplo, cuando se dice que a 1 de Enero los remanentes de tesorería del CSIC eran de 80 millones de euros se dice que al acabar el año, y antes de hacer los ingresos del año siguiente, quedaban en caja esos 80 millones), sin tener en cuenta que los proyectos duran más de un año y que en realidad esos "remanente de tesorería" ya estaban comprometidos a un fin; que no "sobraban", en suma. Sea como sea el CSIC no puede "devolver" (si es que realmente los investigadores tenían derechos sobre esos remanentes) lo que hace tiempo que no tiene. Sucede, simplemente, que algunas personas vivían en una nube sin comprender la situación real de la institución y de la sociedad (en parte, quizá, porque no leen este blog ;) ).
Pero es la segunda de las medidas que se ha tenido que tomar desde la Organización Central del CSIC la que realmente nos pone a un paso del colapso: el CSIC impone lo que se ha denominado un "corralito" sobre el dinero asignado a cada uno de sus institutos, lo cual significa que les pasará menos dinero del que necesitan para acabar el año. Habrán visto una ensalada de números, millones para arriba y para abajo, bastante confusa. No sirve de mucho decir que el CSIC necesita 100 millones más para acabar el año si no explicas que la institución gasta (más bien, debería gastar) algo más de 50 millones al mes contando todo tipo de gasto, o un poco menos de 25 millones si sacas las nóminas del personal de plantilla (cuya dotación ya se hizo en Enero).
En la caja del CSIC queda, según nos dicen, dinero para que la institución mantenga su actividad normal durante menos de un mes, pero si llegan a tiempo unos ingresos previstos para este mes de Julio podríamos tirar unos dos meses, es decir, podemos seguir como si tal cosa hasta finales de Septiembre. Si en esas fechas el Gobierno no aporta 75 millones adicionales (el equivalente a unos 3 meses de gasto descontando el personal de plantilla, que como he dicho ya está cubierto) el CSIC, simplemente, tendría que cerrar todas sus instalaciones. El Ministerio ha dicho que nos aportará 50 millones, y se entiende que los otros 25 tenemos que conseguir "ahorrarlos" gastando menos. En suma, grosso modo nos ofrecen dos meses y el tercero lo tenemos que ahorrar.
A pesar de que el CSIC es una Agencia Estatal, debido a las suspicacias de los diversos equipos que ha habido en el Ministerio de Hacienda nunca se ha firmado el Contrato de Gestión que prevé la ley, y por ese motivo el CSIC no puede pedir créditos, no puede endeudarse: en el momento en que se le acabe el dinero en la caja se acabó el juego. Hace sólo 5 años el CSIC tenía ahorros por más de 300 millones de euros. Esos ahorros a día de hoy se han esfumado; se han usado para ir pagando los déficits de los años anteriores. No hay ninguna red de seguridad. Si llegamos al fondo de la caja es el fin.
Los funcionarios y el personal laboral fijo representan alrededor del 50% del gasto total de la institución. El problema es que el personal del plantilla es un poco más de la mitad de todo el personal. La otra mitad se compone de becarios (8% del total del personal del CSIC, y que son pagados por otras entidades) y personal contratado por obra y servicio (40% sobre el total del CSIC). Aquí empiezan los problemas serios. Este personal se contrata con dinero de proyectos y de contratos, y con ese fin. Es decir: son partidas finalistas de dinero, que no se pueden dedicar a otra cosa. Por ejemplo, no se puede coger el dinero que tengo en mi proyecto para contratar un especialista en difusometría por satélite y con eso pagar la factura eléctrica de mi centro. Eso es ilegal, y tarde de hora alguien pedirá responsabilidades por ello, inclusive penales. Así que lo que se está intentando hacer es ralentizar la ejecución de los proyectos mientras se juegan con las diferentes partidas de dinero y se espera a que el Gobierno nos rescate.
Porque ésa es la clave: el rescate. A principios de año, reservado ya el dinero de nóminas de personal de plantilla, con el dinero realmente en caja se calculaba que el CSIC se quedaría a cero durante la primera semana de Mayo. Cundió el nerviosismo en la entidad ante la inminente "quiebra". In extremis el Ministerio acordó adelantar los pagos del siguiente trimestre, de modo que en Mayo tuvimos ya las transferencias de Julio, Agosto y Septiembre, y en Julio las de Octubre, Noviembre y Diciembre. Obviamente, en Octubre no habría más transferencias, pues lo que se acordó en ese momento fue sólo un adelanto, no un pago adicional. Igualmente faltaban 100 millones para acabar el año; simplemente se había postergado el momento del estallido final, haciéndolo más grande.
En la última semana de Junio, tras intensas semanas de negociaciones, y de nuevo in extremis, el Gobierno acordó por primera vez un pago adicional, de 25 millones de euros. El equipo de Gobierno del CSIC, que está haciendo un trabajo increíble estirando tanto como puede los fondos y luchando a brazo partido para salvar la institución - a pesar de la incomprensión y a veces la ingratitud de los propios investigadores- , sigue negociando con el Ministerio para conseguir que a más tardar en Septiembre se pongan otros 75 millones de euros más. A base de aplazar pagos a la Seguridad Social y otras medidas extremas los gestores del CSIC confían en poder soportar con lo que tenemos ahora hasta principios de Octubre. Pero si entonces no llega más dinero el CSIC tendría que suspender inmediatamente todas sus actividades y, lo que es más grave, dejar de pagar al personal contratado. Si el Gobierno concede 25 millones, el CSIC podrá sobrevivir, agonizante, incumpliendo compromisos de proyectos y contratos y por tanto agravando su situación futura. Si se conceden 50 millones se podrá cumplir los compromisos de este año, aplazando los de años venideros y complicándose por tanto el futuro. Para salir realmente del hoyo harían falta 75 millones.
La situación, por supuesto, es más complicada; una parte sustancial de la carga se está poniendo en las espaldas de los institutos, que tienen situaciones muy diversas, y existe el riesgo de que por el camino alguno de ellos reviente por imposibilidad de cumplir con lo que se le pide.
No sé cómo va a terminar esta crisis del CSIC. Es posible que el Gobierno suelte algo de dinero en Septiembre para desactivar esta posible bomba de relojería con gran repercusión mediática internacional, pero el problema es que nuestro Gobierno tiene demasiados frentes por atender, y cualquier pequeña dilación haría que el dinero no llegase a tiempo y el "cataclismo" se desencadenase. Estamos en el filo de la navaja. Lo que a mi realmente me preocupa de la situación actual es que ya se han puesto algunas ideas clave sobre la mesa. Cerrar centros, dejar de pagar facturas, dejar de pagar a los contratados... Seguramente no será este año en el que se manifestará el problema con toda su crudeza, pero tarde o temprano pasará. A finales de este año, cuando se aprueben los nuevos presupuestos, siendo optimistas el Gobierno dejará congelado el presupuesto del CSIC, pero no tardando mucho lo volverá a reducir. En algún momento nos tendrán que enviar algunas semanas a casa, por incapacidad de pagar costes. Todo esto desanimará al personal, que se involucra - a veces con bastante compromiso legal - a tirar adelante proyectos con un dinero que luego la institución, agonizante, usa para otros fines; esta situación de una manera u otra por fuerza acabará redundando en que los investigadores conseguirán todavía menos dinero, aparte de la caída de ingresos originada por la crisis, agravando aún más la situación.
Respecto a mi propio futuro, empiezo a vislumbrar que en un par de años, quizá más pero no muchos más, no podré ir a trabajar la mayoría de los días. Al ser funcionario no me pueden despedir, y al reducirse la Administración en general no podrán colocarme en otro lugar fácilmente (por ejemplo, de ordenanza en Correos), así que me pagarán por quedarme en casa. Pero como no tendré destino ni ocupación me quitarán los complementos correspondientes, y con el tiempo me quitarán los de antigüedad y de méritos de investigación, con lo que me quedaré con el sueldo base (1.100 euros brutos al mes), congelado de por vida. Seré un hombre afortunado, porque a la mayoría de mis compañeros, el 60% de la gente con la que trabajo cada día, los echarán a la calle sin más, al no ser funcionarios; espero y deseo que la mayoría emigren.
Mientras tanto yo voy dando poco a poco mis pasos en mi plan B (montar una spin off), C (ganar algo de dinero con pequeños trabajos de consultoría y con cursos y libros) y D (mantener el huerto). Conozco gente que pensaba, y aún piensa, que sacarse una oposición es una garantía de por vida. Esa gente lo pasarán mal. Ya no estamos en la época de las garantías, sino en la del colapso progresivo. Ahora toca moverse, ser dinámico, anticipar e implicarse, bajar a la arena, mancharse las manos. Nadie dijo que fuera a ser fácil. Lo importante es que sea posible.
Salu2,
AMT
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lunes, 17 de junio de 2013
Un futuro sin más (I): La huida
[Las personas y situaciones que aparecen en este relato son completamente ficticias. Cualquier parecido con personas o hechos reales será siempre mera coincidencia]
- Gracias; estábamos sedientos - dijo Jan al tabernero
Éste se le quedó mirando un rato, suspicaz, y al cabo dijo:
- Muy pulidas me parecen esas formas. ¿No serás uno de ellos?
Jan enfureció; dió un golpe con la jarra de cerveza a la mesa y rugió:
- ¡Me cago en la puta! ¿No se puede ser un poco educado en este mundo, para variar?
El tabernero retrocedió un poco. Obviamente, no se esperaba esta reacción. Jan lo había hecho muy bien: era un tipo inteligente y en los dos meses que habían pasado desde que se inició la persecución había aprendido rápido. El tabernero ya se iba, mascullando para sus adentros, cuando se fijó en el joven que acompañaba a Jan.
- ¿Y este pimpollo, de dónde ha salido? ¿Qué tienes, chaval, 20 añitos? ¿18?
En realidad David tenía 25 años, pero su aspecto aniñado, barbilampiño e inseguro le hacían parecer bastante más joven. David se aclaró la garganta para responder, pero Jan se le anticipó:
- Tiene 20 años; es mi sobrino, el hijo de mi hermana, que me le ha confiado para que haga de él un hombre. ¿Algún problema?
El tabernero se rascó el cogote, frotó su manazas en el sucio delantal y se marchó despacio, mascullando un "nada, nada...". Cuando estuvo a una distancia prudencial David por fin acertó a decir un "Gracias" dirigido a Jan con el aire de la respiración hasta entonces contenida.
Jan no miraba a David, sino al tabernero y al tiempo lanzaba fugaces miradas alrededor. La taberna estaba prácticamente vacía a aquellas horas de la tarde. Lejos quedaban los días de esplendor que sin duda el local había conocido. Lejos, sí. Lejos quizá como dos o tres meses, pero en la situación actual los días eran como meses y los meses como décadas. Al final, siempre sin mirar a David, Jan habló con voz baja y pausada:
- Si no aprendes a controlar tu miedo nos atraparán, a ti y a mi, y aún podremos dar gracias si simplemente nos matan de una manera rápida. Tenlo muy presente.
- Lo tengo presente, señor - dijo David, cabizbajo.
- ¡No me llames señor! - el tono de Jan era imperioso, a pesar de hablar tan bajo. Prosiguió - llámame Tío Jan o simplemente Jan. Soy Jan López Merchán, y tú David Gutiérrez López. Que no se te olvide.
- No lo olvidaré, señ... ¡Jan! - se autocorrigió David.
Jan no podía culparle. Después de varios años trabajando juntos - tres o cuatro, pensó - se adquirían ciertos automatismos que no era tan fácil de borrar en sólos dos meses. Dos meses de horror y barbarie, siempre huyendo, yendo a trompicones en zig zag hacia la frontera, la frontera que sería su salvación, a sólo ya unos pocos kilómetros. "La frontera que separa la barbarie de este país que se hunde en su miseria de otro país, uno de los pocos reductos de civilización que aún queda".
Jan miró entonces a su protegido. David era un chico inteligente, algo retraído pero con muchas posibilidades. Podría haberle dejado atrás el día del asalto; de hecho, debería haberle dejado atrás. A fin de cuentas David no era nadie, no era una persona conocida; sus perseguidores iban por Jan, solamente por su notoriedad. Era la foto de Jan la que fue distribuida masivamente por la capital de la que tuvieron que escapar de noche, corriendo por las alcantarillas. Seguramente a David no le hubieran hecho nada, pero David no las tenía todas consigo y Jan se apiadó de él. La verdad es que el chaval no hubiera durado ni dos minutos en manos de aquellos energúmenos. Jan, sin embargo, era de otra pasta. Había conocido muchas penalidades cuando fue joven, y sólo ya en su madurez pudo disfrutar de los frutos de tanto esfuerzo.
"Concéntrate, Jan", pensó. Tenía que concentrarse en el paso de la frontera. Hacía años que no había estado en esta zona, aunque la conocía bastante bien. Le había tocado hacer la mili en un cuartel cercano y los días de permiso se los pasaban haciendo el idiota en los pueblos de la costa, e incluso alguna vez cruzando la frontera para chapurrear el idioma del país vecino. Años después, ya con un trabajo digno de tal nombre, Jan había veraneado alguna vez en esas comarcas llenas de preciosos parajes naturales y de demasiados turistas. La masificación le agobiaba, pero al mismo tiempo le gustaba porque en la masa su soledad de hombre con cierto éxito en la vida pero sin compañía pasaba desapercibida.
En fin, fuera como fuera la frontera estaba cerca. La carretera, ahora desierta de coches, había albergado en sus buenos días un tráfico insoportable. Aún hoy en día era un punto de intercambio frecuente de mercancías. Sin embargo, pasar por ahí era arriesgado: los guardas de frontera podrían reconocerle, a pesar de la tupida barba, a pesar de no llevar las gafas, a pesar del aspecto desaliñado de temporero por horas. No podía arriesgarse a que le cogieran. Era mejor pasar por el caminito que había un par de kilómetros más al este de la carretera principal. Una carretera serpenteante, zigzagueante, que antes, cuando el petróleo sobraba, se hubiera considerado una "ruta pintoresca" y ahora se veía como una pérdida de tiempo. Pero lo que poca gente sabía es que un par de kilómetros después de coger esa carretera se abría a su izquierda un pequeño sendero, impracticable para coches y carretas pero transitable a pie, que descendía rápidamente hacia la frontera. En unos pocos centenares de metros se encontrarían en territorio que si bien quizá no sería amigo al menos no sería enemigo. Desde ahí, en un kilómetro o así llegarían al primer pueblo del otro lado de la frontera y escaparían de esta barbarie.
Jan pagó al suspicaz tabernero y salieron fuera. Quedaba poco más de una hora para el atardecer, cuando los valles se vuelven umbríos pero aún puedes ver por donde caminas. Desde donde estaban podrían ganar la frontera caminando en menos de una hora. No era difícil pero sí arriesgado. Dedicaron unos minutos a vagar sin demasiado sentido, deteniéndose a mirar los tablones de anuncios, como si buscaran trabajo. Trabajo, ¿de qué?, si esto era un erial. Quizá la falta de futuro y de perspectivas era lo que había llevado a la barbarie. La barbarie... ¿Cómo había comenzado todo?
Jan recordaba. Llevaban ya 7 años de crisis económica implacable, y nadie era capaz de proponer ninguna solución. El Parlamento se había fragmentado en mil pequeños partidos y si ya antes era incapaz de tomar decisiones, entonces se volvió completamente inoperante. Los escándalos de corrupción eran continuos y salpicaban a las altas magistraturas del Estado; llegó un momento en que todos los partidos políticos estaban implicados en algún escándalo: los partidos grandes en escándalos grandes y los partidos pequeños en escándalos pequeños. En la calle el sentimiento de indignación crecía y crecía, y cada vez eran más frecuentes los choques violentos con la policía en plena calle.
Entonces empezaron a aparecer los primeros grupos de acción directa contra los políticos. Al principio eran sólo pintadas y vidrios rotos, pero poco después se rompían huesos y hasta vidas. El grupo reivindicativo "Corrupción cero" o CC, con una ideología ecléctica construida de muchos retales ideológicos, fue ganando popularidad, que crecía a medida que iban encarcelando a algunos de sus miembros más violentos. La declaración de CC como asociación de malhechores no hizo más que hacer crecer su aura de protectores del pueblo, y su popularidad se hizo aún mayor cuando, en un golpe de efecto, comenzaron a desvalijar casas de políticos más o menos corruptos para repartir después el botín entre los pobres. Muchos miembros de CC fueron detenidos, pero eran reemplazados por un mucho mayor número de nuevos integrantes. En los meses previos a las últimas elecciones se constituyó un nuevo partido político, "Ciudadanos contra la corrupción" (CCC), al cual CC dio su apoyo explícito. Este hecho, junto con la similitud de las siglas y del ideario político llevo al Ministerio de Justicia a declarar ilegal CCC, al considerarlo "parte del entramado de CC". A pesar de que la Junta Electoral Central no imprimió ninguna papeleta del CCC éstas, impresas y distribuidas de manera clandestina, inundaron las urnas: según la JEC el 40% de los votos emitidos fueron nulos. A la vista de los resultados, anunciados la misma noche de los comicios, la multitud enardecida saltó a las calles gritando: "Queremos democracia". A las 11 de noche el líder de CCC apareció en el balcón de su improvisada sede electoral, y lo hizo de la mano del líder CC. Fue este último el que se dirigió a la muchedumbre: "Aquí estoy. He abandonado la clandestinidad para deciros que la voz del pueblo no se puede callar. Hoy el pueblo ha dado la mayoría a CCC; esos 40% de votos nulos son en realidad 60% si contamos los votos que dicen que han sido en blanco y los que se callan. No podemos permitir que los corruptos de siempre nos sigan robando; nos roban el dinero, nos roban el futuro y ahora nos quieren robar estas elecciones. ¡No lo permitamos! ¡Marchemos hacia el Palacio Presidencial!"
Algún día los libros de Historia analizarán lo que pasó en aquellas horas, pensaba Jan, pero lo que quedó claro es que CC ejecutó con maestría un plan trazado con mucha anticipación. En realidad el apoyo a CCC, aunque considerable, no superaría el 20 o el 25%, puesto que ciertamente una gran parte del voto nulo era voto de protesta pero los partidarios de CCC no eran tan numerosos. La multitud que se congregó aquella noche en la capital había venido en autobuses desde puntos distantes de la geografía para que la escenificación de la toma del poder fuera más completa. Además, CC tenía mucho apoyo entre los policías y los militares, con lo que no les costó demasiado conseguir que quienes estaban de servicio aquella incómoda noche fueran de los suyos. El caso es que la marcha hacia el Palacio Presidencial fue un paseo triunfal y con el líder del CC a la cabeza la multitud tomó sin resistencia el Palacio justo a medianoche. Aquella misma noche el Presidente, los líderes de los otros partidos democráticos y una buena parte de los diputados fueron ejecutados por las fuerzas revolucionarias del CC. A pesar de algunos conatos de resistencia en ciudades lejanas a la capital al amanecer del día siguiente quedó claro que todo el país se sometía al dictado de CC. Se convocó de urgencia un Parlamento de Electos que sólo contó con miembros de CC; éste modificó en una semana un centenar de leyes fundamentales y proclamó, sin tener atribuciones para ello, una nueva Constitución que entre otras cosas eliminaba el Parlamento "por ser un foco de corrupción, intercambio de prebendas, costoso e inútil". El domingo por la tarde los diputados electos y constituyentes entonaron el himno nacional, reescrito para la ocasión, y abandonaron ordenadamente el Parlamento, que fue clausurado. El nuevo Presidente plenipotenciario comenzó a promulgar sus nuevos decretos. La democracia en este país había llegado a su fin.
Jan pensaba en todo eso mientras caminaban haciéndose los despistados hacia la vieja carretera que les llevaría hacia el otro lado, hacia un país donde aún sabían qué quería decir la palabra democracia. Mientras recordaba aquellos días oscuros Jan no podía evitar esbozar una sonrisa irónica. Mucha gente saludó el nacimiento del nuevo régimen como una esperanza de regeneración, o así lo pusieron en los diarios, y así lo siguieron diciendo muchos de ellos -"una esperanza de regeneración"- hasta el día antes de ser clausurados por decreto presidencial.
Lo cierto es que el país se había sumido en una dictadura que en poco tiempo demostró ser feroz e implacable. Todas las personas que habían detentado cargos políticos en los años anteriores fueron forzadas a trabajar en "campos de reeducación" donde "devolverían con su sudor todo lo que habían robado o despilfarrado". Los tiempos de estancia en los campos dependían de la importancia y la duración de las responsabilidades que hubieran ejercido, según unas tablas que el Presidente hizo distribuir entre la población. Típicamente quien tenía para más de un año de trabajos forzados no volvía con vida de los campos de reeducación, y los que volvían explicaban verdaderos horrores. Con todos esos trabajadores forzados el Estado intentaba recuperar el esplendor perdido durante los años de crisis económica, ahora que la energía del petróleo y del uranio comenzaba a escasear en los mercados internacionales.
La sombra de la ladera de la montaña se alargaba y ya cubría las últimas casas del pueblo, y prácticamente no había nadie en la calle; tres o cuatro kilómetros más y estarían a salvo. A salvo de la barbarie, de la atrocidad. En su día Jan vio venir lo que les esperaba. "Cualquier recurso renovable explotado de manera no sostenible se convierte en no renovable", una frase que había leído hacía tiempo y que le gustaba repetir. Cualquier recurso renovable. Incluso los seres humanos, se lamentó. Pues el nuevo Estado se había vuelto adicto a la energía muscular humana, y cuando los nuevos esclavos "reeducados" escasearon comenzó una auténtica caza de brujas. Primero fueron a por los políticos, sí; pero después siguieron los banqueros, los notarios, los altos funcionarios...
- ¡Eh! ¿David? ¿David Ros? ¿Eres tú? ¡Soy yo, Felipe Colina!
Jan se quedó helado. Un jovenzuelo del grupo de cuatro o cinco que había junto a la última casa se había acercado y se había parado delante de su pupilo.
- Ehhh.... Hola, Felipe, ¿qué tal? - acertó a decir torpemente David.
Jan rodeó lentamente a los dos muchachos pasando por detrás de David, avanzando discretamente en dirección a la carretera que les tenía que llevar a la salvación. "Tan cerca, tan cerca... por Dios, David, no te distraigas y despacha rápidamente a éste", pensó.
- Te hacía por la capital. ¿Qué haces por aquí? Yo he venido a la frontera a buscar trabajo: está la cosa muy mal, y en casa hay que comer - le dijo Felipe.
- Sí, bueno, yo un poco igual. Cuánto tiempo, Felipe - le dijo David.
- Bah, tampoco tanto; ¿que será, tres años? Cuando acabaste la carrera; me dijeron que con muy buenas notas, no como yo, pero tú siempre fuiste un coquito. Te fuiste a la capital a empezar una tesis, ¿no? ¿Qué pasó? ¿No estabas con aquel científico tan famoso? ¡Vaya cabrón!, ¿no? - dijo Felipe con un gesto de fastidio
Quizá fue la casualidad la que quiso que la mirada de animal acosado en los ojos huraños de Jan se cruzase con la de los ojos de aquel muchacho, o quizá simplemente el chico recordó el nombre del director de tesis de David y evocó en su memoria uno de los muchos carteles con su rostro. El caso es que de golpe se dio cuenta:
- ¡Es Jan Palermo! ¡Chicos, es Jan Palermo, aquel científico cabrón de la capital!
Jan cogió con fuerza a un perplejo David por el brazo y le gritó: ¡corre! Afortunadamente los amigos de Felipe, algo retirados de la escena, estaban hablando de sus cosas cuando éste reconoció al científico y al principio no entendieron qué les decía su amigo; pero pocos segundos más tarde los cinco muchachos se lanzaron a la caza del profesor y de la suculenta recompensa que sin duda les daría.
Jan Palermo. Profesor universitarioy director de uno de los centros de investigación ambiental y energética más importantes del país. Convertido en enemigo público número uno cuando el país se quedó sin otros enemigos con los que justificarse su mediocridad, su incapacidad para "recuperar la senda del crecimiento".
Jan recordaba, en aquellos segundos de carrera precipitada, cómo había huido de la capital. Hacía meses que la prensa alentaba una campaña de desprestigio contra los científicos corruptos que se inventaban resultados para favorecer sus prebendas económicas. Un mes antes de su huída había visto un "reportaje de investigación" en un diario antes serio en el que comparaban el presupuesto acumulado gastado en investigación sobre cambio climático durante los últimos diez años con los daños causados por el cambio climático en ese mismo período (daños calculados de una forma muy peculiar: sólo de "eventos extremos claramente anómalos"). La conclusión: los científicos se estaban llenando los bolsillos inoculando un miedo a un peligro inexistente. El reportaje causó un gran escándalo y los catedráticos e investigadores en ciencias ambientales se vieron obligados a dimitir de sus puestos, con gran escarnio público, y a pasar una temporada en los campos de reeducación. Aquel día Jan comprendió que no pasaría mucho tiempo antes de que vinieran por él, si alguien no paraba esa locura antes.
Los muchachos estaban cada vez más cerca, a pesar de que tanto Jan como David estaban en buena forma y corrían por sus vidas. De vez en cuando alguna piedra pasaba rodando cerca de sus pies. "Mientras usen sólo esos proyectiles...", pensó Jan. Notó que había cierto revuelo en el pueblo, varios cientos de metros más allá, e incluso le pareció divisar de reojo la silueta de una escopeta entre la segunda jauría humana que se había formado. Entonces vio la curva. De aquella curva salía a la izquierda el caminito de tierra que les llevaría a la salvación, más allá de esta barbarie. El caminito debería estar ahí mismo, ya casi habían llegado. Dios mío, sólo hacía diez años, un camino así no desaparece en diez años, vamos, vamos, vamos. Llegó al pretil y ahí estaba el anhelado camino; entró en él de un salto, seguido por David. Aún podían conseguirlo...
¿Qué hubiera podido hacer para evitar esta situación? Y eso que dos meses antes se había preparado en serio para la eventualidad. Había sacado discretamente una cantidad significativa de dinero del banco, aunque no más del 10% de sus ahorros, para no poner sobre aviso a los que seguramente ya entonces le estaban vigilando. Una parte en dinero, otra en objetos de valor de poco volumen y fáciles de vender. Llevaba a todas partes una mochila con algo de ropa y ese dinero por si tenía que salir corriendo en cualquier momento. Dormía debajo de su cama por si asaltaban de noche su casa. Vivía en un estado de máxima tensión.
El día de su huida un influyente diario publicó un dossier explicando que su instituto no sólo había derrochado dinero sino que además habían obstaculizado desarrollos fundamentales como los dispositivos de energía libre de Tesla. Ilustraban la noticia con varios testimonios. El que más le dolió fue el de su compañero Enrique Pouzas,investigador de su centro pero antes que eso su amigo de muchos años. El doctor Pouzas aseguraba que algunos investigadores habían hecho informes negativos e incluso destruido prototipos factibles de generadores de Tesla "siguiendo el dictado de las grandes compañías petroleras", y daba nombres. Acusaba a cinco o seis investigadores en todo el país, pero afortunadamente no involucraba a Jan, al cual incluso exculpaba. ¿Por qué Enrique habría dicho tamañas tonterías e invenciones? Los pulmones de Jan le explotaban del esfuerzo; llegaban ya a las primeras casas, pero sus perseguidores no cejaban. ¿Por qué lo hizo Enrique Pouzas? Seguramente por miedo. Pocas cosas hay tan poderosas como el miedo. En todo caso no le sirvió de nada su testimonio, a Pouzas: hacía un par de días había leído en un periódico local que el corrupto científico Enrique Pouzas había muerto intentando escapar de un campo de reeducación.
Recordaba. Recordaba como caminaba leyendo las falsas noticias sobre la corrupción en el centro que dirigía, rojo de ira, mientras subía cada vez más lentamente por el promontorio que llevaba a su centro. Se paró a unos 200 metros. Desde lo alto de la colina donde se encontraba podía divisar decenas de personas entrando a saquear su centro; una jauría humana similar a la que ahora le pisaba los talones, que arrojaba papeles por las ventanas, prendía fuego al edificio y sacaba a empellones a sus pobres colegas. Jan tenía la mochila al hombro, así que no le restaba más que hacer allá, y se dio media vuelta, topándose de bruces con David, con el mismo David que, acalorado, corría a su lado por las calles de aquel pueblo donde cada vez más curiosos salían a contemplar aquella cacería humana. La cara de David aquel día también era de súplica; señor profesor, lo han destrozado todo, yo he podido huir por poco, tenemos que escapar... Y Jan se apiadó de él y lo llevó consigo. Si le hubiera abandonado allá mismo aquel día no habría habido un Felipe Colina que hubiera reconocido a David Ros y después a Jan Palermo, y no se verían como se veían en aquel momento, tan cerca y a la vez tan lejos de su meta.
La cacería llegaba a su fin; sus perseguidores estaban a punto de darles caza. Quizá David podía correr más rápido que Jan, pero por lealtad o por no saber qué hacer sin el profesor seguía corriendo a su lado. Se dio cuenta de que unos de los muchachos había sacado un cuchillo; en unos segundos le daría un golpe no fatal pero suficiente para acabar con esa alocada carrera.
Un tiro sonó en el aire, y tanto perseguidores como perseguidos se pararon en seco. En aquellos días no era tan habitual oír disparos; las balas, como todo lo demás, hacía tiempo que escaseaban. Bueno, escaseaban al otro lado de la frontera, en el reino de la barbarie, en el país donde se caza a los científicos por negarle al pueblo sueños absurdos de recursos infinitos.
El gendarme bajó el cañón de su arma y apuntó hacia los perseguidores.
- No estáis ya en vuestro país. Volved por dónde habéis venido si no queréis hacerlo en una caja de pino - les gritó en su idioma.
- ¡Son científicos! ¡Son criminales! - gritó Felipe Colina, y los otros le jalearon.
- Y ahora son un asunto de nuestra República. Como he dicho, volveos por donde habéis venido, si no queréis cobrar la recompensa en plomo en vez de en plata.
Los muchachos dudaron un par de segundos, tras los cuales se dieron la vuelta, lamentando su mala suerte. Un poco más tarde bromeaban entre ellos, elaborando la anécdota que explicarían aquella noche a sus amigos, de cómo casi habían capturado al pérfido Jan Palermo, el destructor de la energía libre. Ya casi no se distinguían las voces de los muchachos ni los jadeos de Jan, cuando éste se dirigió al gendarme, estrechándole la mano:
- Soy Jan Palermo, profesor de sistemas energéticos, y éste es mi ayudante David Ros - le dijo en su idioma al gendarme, quien le estrechó la mano con fuerza - gracias por salvarnos de esos bárbaros.
- Profesor Palermo, es Vd. famoso - el gendarme sonreía y le estrechaba fuerte la mano, muy fuerte - Sí, son unos bárbaros. No como nosotros, gente civilizada - le dijo mientras cerraba las esposas en torno a su muñeca y dos gendarmes más rodeaban a David. El gendarme sonrió debajo de su amplio mostacho negro y guiñándole un ojo le dijo: - Aquí tendrá Vd. un juicio justo.
Jan Palermo exhaló, aún jadeante, un profundo suspiro de derrota.
Antonio Turiel
Figueres, Junio de 2013
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