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jueves, 20 de agosto de 2020

Por qué no hace falta preguntar cuándo será el Peak Oil

 

Queridos lectores:

Una de las mayores dificultades para poder tomar decisiones efectivas en el mundo al cual vamos es la comprensión de lo que está pasando. Décadas de manipulación y retorcimiento de los datos, de paulatino retroceso en los derechos y libertades de los países (a sí mismos denominados) avanzados, y de progresivo deterioro de las condiciones de vida de la mayoría (ahora acelerado por la epidemia de la CoVid-19) han alimentado no solo la angustia, sino el resentimiento de una gran parte de la población contra sus gobernantes y contra los líderes de opinión. Precisamente en el momento de mayor incertidumbre, cuando mayor unidad debería haber, proliferan las voces  críticas pero que tienen mensajes muy diferentes, a menudo contradictorios entre ellas. Es muy difícil elegir a quién seguir en medio de este barullo, y muchas veces esa elección es guiada por la emoción más que por la razón, sobre todo en un momento en que la clase media teme, quizá más que nunca, perder sus magras conquistas y privilegios.

La semana pasada hice un experimento sociológico de comunicación. Escribí dos posts sobre el mismo tema: cómo el auge del (absurdo) negacionismo de la crisis de salud que plantea la CoVid-19 en realidad es en realidad favorecido por ciertos think tanks vinculados a una parte del gran capital, que comulgan con la psicopática idea de dejar que la enfermedad se expanda rápido, mate a quien tenga que matar y podamos volver cuanto antes a hacer negocios como siempre (obviando  los múltiples fallos en ese plan, incluida la poca persistencia de la adquirida inmunidad). Uno de esos posts tenía un tono más reposado e intentaba ser más analítico y matizado, al estilo de los que yo escribo siempre aquí. El otro post tenía un tono chulesco y abiertamente insultante, usando un lenguaje directo y abusando de generalizaciones excesivas. Sin lugar a ninguna duda, el que tuvo más éxito fue el segundo: en el momento en que escribo estas líneas, el post faltón y grosero ha tenido casi 38.000 visitas, en tanto que el analítico tiene poco más de 14.000. Y aunque unas cuantas personas se sintieron ofendidas por el post informal (aunque todo el mundo podía legítimamente no identificarse con la persona a la que me dirigía), la queja que más frecuentemente me llegó fue que era demasiado largo. En la actualidad, leer un post de la extensión de un artículo periodístico se considera un exceso, lo cual es preocupante porque el verdadero conocimiento solo se puede adquirir con la lectura lenta y detallada. 

Quizá por ese ansia que facilitan las TIC de consumir contenidos rápidamente se produjeron algunos malentendidos de grueso calibre. Posiblemente el origen de esos malentendidos pueda rastrearse en el deterioro de la comprensión lectora que favorece el frenesí de internet, pero en algunos casos he podido identificar una respuesta muy emocional, nacida de los nervios y la angustia del momento que vivimos. Ha habido gente que se ha sentido atacada por cosas que simplemente no se han dicho en ninguno de los dos posts, el caso más ridículo siendo el de una persona ofendida porque se mencione un medicamento sin que en ningún momento se diga nada malo ni bueno sobre él. Curiosamente, hay otro grupo de gente que se ha ofendido justamente por lo que no digo: desde los que consideran que yo doy apoyo a las medidas del Gobierno español por no decir explicitamente que no lo hago, hasta los que consideran demostrado que oculto deliberadamente datos clave porque no hablo de ellos, cuando no vienen a cuento de lo que se discute en los posts

Está también los que critican que me posicione en contra de esos movimientos acientíficos y supersticiosos cuando, a su entender, hay causas mejores y más importantes que atender ahora mismo. Rizando el rizo, me he encontrado con no pocas personas que me reprochan que ataque a los magufos (palabra que, por cierto, no aparece en ninguno de los dos artículos) cuando, al parecer, yo mismo pertenezco a esa comunidad; básicamente, que soy un traidor a mi propia causa.

Me ha interesado especialmente esta última crítica. Obviamente, yo no me considero ningún magufo (en el sentido habitual del término: algo magufo pretende ser científico pero no lo es), pero obviamente ningún mafugo cree serlo, no en ese sentido. Es más: sé que en muchos foros se me considera como tal o al menos como un iluminado o catastrofista por hablar del declive de los combustibles fósiles y de los recursos naturales. Lo interesante de aplicarme a mi tal apelativo no es solo mi profesión (soy investigador del CSIC, físico y matemático de formación), sino que además no casa nada ni con las fuentes de datos que manejo en mis análisis (los informes de la Agencia Internacional de la Energía, del Departamento de Energía de los EE.UU., de BP o de consultores como Rystad Energy) ni con el encaje de mi actividad sobre energía dentro del sistema de ciencia estándar (tengo varios artículos sobre energía publicados en revistas científicas; he participado en un proyecto europeo sobre estos temas liderado desde mi grupo; participo frecuentemente en actividades organizadas por el CSIC, incluyendo eventos de cierta proyección como la pasada cumbre COP25; he asesorado a diversas administraciones públicas, incluyendo por ejemplo una comparecencia en el Parlamento Vasco dentro de la Comisión de Energía, etc, etc). Y que nadie se equivoque, defiendo siempre la misma posición: hablo de peak oil, de la dificultad de la transición renovable y de otros problemas de sostenibilidad de nuestra sociedad. Siempre. Y lo hago desde el propio sistema de ciencia. Es decir: mi actividad es completamente mainstream, no soy en absoluto un verso suelto, un outsider. Porque la ciencia es crítica, y siempre que las cosas se fundamenten correctamente no solo se aceptan: es que forman parte de su actividad oficial, aunque a veces nuestra actividad sea incómoda para nuestros responsables políticos. Y hablando de eso, conozco a unos cuantos representantes políticos y gestores que aceptan y comprenden lo que les digo, y lo siguen con lógica preocupación, aunque después no logren integrarlo en su agenda.

Hay mucha gente que se cree que la única actividad que realizo sobre energía es este blog y dar algunas charlas. Obviamente, es mucho más que eso. Por eso llama la atención que haya quien crea que lógicamente yo debería estar en la órbita magufa y simpatizar con ella. Pues no: nunca he estado ahí, y nunca he simpatizado con ellos. Que algunas personas no sean capaces de distinguir un discurso fundamentado en los datos y en el razonamiento de la mera superchería solo evidencia una manifiesta incapacidad de evaluar por uno mismo la validez y el valor de los argumentos. En esa incapacidad, todo se torna opinión y por tanto todo tiene el mismo valor, todo es igual, lo oficial y lo no oficial. Añadiendo a esto la falta de percepción sobre quién soy yo en realidad, se toma mi discurso por "no oficial" (¡qué gran ironía, sobre todo últimamente!) y por tanto lo que yo digo debe ser magufo. Triste signo de los tiempos que nos toca vivir, no ser capaz de reconocer la verdad ni aunque la tengas delante de la cara.

Otra cosa que me he encontrado por los foros estos días es una curiosa obsesión, por parte de gente que se supone que me ha leído, con decir que mis previsiones son fallidas (incluso aunque a veces, condescendientemente, se me reconozca que tenga razón en general en lo que digo).

Como norma general,  más que hacer previsiones lo que yo hago es señalar tendencias. Es decir: estamos aquí, nos dirigimos en esa dirección, siguiendo por esa dirección llegaríamos allí. Pero aparentemente no sirve de mucho que introduzca numerosas frases matizando que hay muchos factores que sin duda acabarán cambiando el curso general, y que en buena medida se corrige el rumbo precisamente en virtud de estas tendencias detectadas (no porque las detecte yo, sino porque las detecta mucha gente y particularmente los gabinetes que asesoran a gobiernos y grandes empresas). Algunas de estas tendencias, empero, son difíciles de corregir, o las políticas que se proponen van por completo desencaminadas: aquí yo suelo incidir más, siempre con la vocación de servicio público, siempre con la intención de que las cosas sean corregidas. Bien es cierto que a veces me equivoco al evaluar algunas tendencias concretas: faltan datos y yo soy falible, y además no estoy exento de tener mis propios sesgos cognitivos.  Cuando lo detecto, intento enmendarlo al máximo y ser más prudente en ocasiones ulteriores.

Lo que evidentemente no puedo corregir son cosas que no he dicho. Me he encontrado demasiadas veces, incluso recientemente, con gente que resume mi posición diciendo "Turiel dice que se acaba el petróleo", lo que a veces se remacha con un "y aquí seguimos". Esta simplificación es especialmente irritante, porque yo nunca he dicho que se vaya a acabar el petróleo en un futuro cercano. Lo más probable (si no hay un cataclismo mundial, pero eso no es de esperar) es que dentro de un siglo sigamos extrayendo petróleo. Siempre he dicho lo mismo, pero por lo que se ve da igual.

Para el que todo esto le pille de nuevas lo repetiré una vez más (y recuerdo que hay un prontuario a disposición). De lo que siempre se ha hablado en este blog es del peak oil, y de sus consecuencias sobre nuestra economía y nuestra civilización. El peak oil o cenit de producción de petróleo es el momento en que la producción de petróleo llega a su máximo posible, y a partir de aquí comienza a disminuir progresivamente cada año. Eso es el peak oil: no que no haya, sino que cada vez hay menos. El petróleo no se acaba: simplemente, llega para menos. 

El proceso de declive de la producción de petróleo puede ser más rápido o más lento, dependiendo de qué hagamos. Hace dos años la Agencia Internacional de la Energía (AIE) publicó esta gráfica bastante alarmante con sus previsiones hasta el año 2025 (comenté el informe anual de la AIE en profusión en este post):


Cabe decir que estas previsiones de la AIE no eran en absoluto arbitrarias: eran la consecuencia lógica de la fuerte desinversión de las petroleras observada durante los últimos años (Antoni Brufau, presidente de Repsol, sin ir más lejos, dijo hace un par de años que no creía que quedaran yacimientos rentables en el mundo). Como se ve en el gráfico, la AIE anticipaba que para 2025, de la demanda esperada de 100 millones de barriles diarios (Mb/d) quedaría insatisfecha en 34 Mb/d, cantidad que se podría reducir a 13 Mb/d si EE.UU. multiplicaba por 3 su producción de petróleo de fracking y si además en el resto de mundo se invirtiera mucho más de lo que se estaba haciendo. Fíjense que, incluso en ese escenario ideal, la AIE decía que en 2025 faltaría el 13% de toda la demanda, porque no se podría producir, porque faltarían pozos. Y recuerden que esto lo decía en noviembre de 2018, es decir, antes de la llegada de la CoVid. Las cosas ya no estaban muy bien, antes de la CoVid.

En los últimos 5 años, la producción mundial de petróleo ha crecido solamente porque la producción de petróleo de los EE.UU. ha crecido. Sin los EE.UU., la producción de petróleo del mundo llevaría ya unos años estancada, o incluso en ligera recesión si miramos desde 2019. 

 

Gráfica de Peak Oil Barrel, http://peakoilbarrel.com/march-non-opec-production-slides/
 

La gráfica de arriba muestra la evolución de la producción de petróleo crudo + condensados de todo el mundo excepto EE.UU. La línea verde son los valores reportado mensualmente, que oscilan mucho por diversos factores (mantenimiento, averías, cambios en la demanda, almacenes que se llenan y se vacían, etc). La línea roja es un promedio móvil de 12 meses, que así nos muestra la tendencia desestacionalizada. Y, como se ve, desde 2015 aproximadamente hay un cambio de tendencia, en el que la producción ya no crece sensiblemente más sino que oscila, e incluso desde finales de 2018 cae. En suma: que no llegáramos al peak oil a partir de 2015 dependía en exclusiva de los EE.UU.

Esa gráfica resume bien el origen de una de mis "previsiones fallidas", que me recuerdan hasta presentadores televisivos venidos a menos: yo hace años decía que la fecha probable del peak oil era el 2015. Lo llevaba diciendo desde el principio de este blog, en 2010 y lo dije en mi primera charla al gran público, la de la UNED de octubre de 2010 y en muchas posteriores. Y no fue así gracias al espectacular aumento de la producción de petróleo en los EE.UU., que de llevar décadas en decadencia se multiplicó por dos en pocos años gracias al fracking:


Evolución de la producción de petróleo en los EE.UU. Datos del Departamento de Energía de los EE.UU.

Como muestra la gráfica, a partir de 2010 la producción de petróleo estadounidense remonta con fuerza: eso es el milagro del fracking. Milagro que se hizo perdiendo dinero a manos llenas, como explicamos en su momento:

De 2011 a 2014, las 127 compañías productoras de hidrocarburos más grandes del mundo perdían dinero al ritmo de 110.000 millones de dólares al año, y eso con los precios medios del petróleo más altos de la historia. Para más detalles, leer "La ilógica financiera".
 

Hacia finales de 2015 era evidente que el negocio hacía aguas y que los inversores no solo no iban a ganar dinero con el fracking, sino que podrían no recuperar su inversión. A finales de 2016 la producción de petróleo de fracking había caído un 15% (es la montañita que se ve en la parte derecha de la curva del Departamento de Energía de los EE.UU). Y entonces Donald Trump ganó las elecciones y dio múltiples exenciones de las compañías petroleras, y el fracking retomó su senda ascendente, hasta conseguir, hace unos meses, que EE.UU. fuera, por poco tiempo, el primer productor de petróleo del mundo, con 13 Mb/d. ¿Se consiguió entonces que el fracking fuera rentable? Que va: la cosa fue a peor.

Flujo de caja libre de las principales compañías de fracking estadounidense. Para más detalles, leer "Evolución del fracking en los Estados Unidos".

El hecho es que en 2019 ni la subida del fracking en los EE.UU. pudo ya compensar la caída de la producción de petróleo del resto del mundo. El máximo de noviembre de 2018 de momento no ha sido superado.

Producción mundial de petróleo crudo y condensados en los últimos años y previsiones para los próximos años, de acuerdo con el Departamento de Energía de los EE.UU. Para más detalles, consultar "Non OPEC W/O U.S. on production plateau" de Peak Oil Barrel.

Es verdad que en esta gráfica faltan dos categorías de los denominados petróleos no convencionales, concretamente los biocombustibles y los líquidos del gas natural, pero no cambian para nada las tendencias. El hecho es que en 2019 la producción de petróleo no remontaba el máximo de 2018, y luego llegó la CoVid. 

La caída de la producción de petróleo por la  caída de demanda va a causar una pérdida permanente de al menos 3 Mb/d (como reflejan las previsiones del Departamento de Energía de los EE.UU.), y probablemente será bastante más, viendo la actual carnicería en el sector del fracking en los EE.UU.  (con quiebras significativas recientemente, como la de Chesapeake y la de Chaparral). El fracking se hunde, y no va a llegar al rescate. Nadie puede ya cubrir ese agujero que la AIE anticipaba para 2025.

Gracias al fracking, el peak oil no tuvo lugar en 2015, como yo anticipaba. Tuvo lugar en noviembre de 2018. Eso sí: la enorme deuda acumulada por el sector garantiza que la caída será más abrupta. Las compañías petroleras se preguntan abiertamente si merece la pena seguir buscando petróleo, y de hecho la mayoría desinvierten del sector o, como Repsol, se dedican a comprar centrales eléctricas de todo tipo.

¿Cambia en algo que el peak oil no fuera en 2015 sino en 2018? Sí, cambia una cosa. Que ya no hace falta preguntarse más cuando será el peak oil. Ya pasó.

No se sorprendan, por tanto, del incremento de tensiones con respecto al petróleo (sobre todo, el de verdad) que se están comenzando a vivir. Si no hay petróleo suficiente para todos, habrá conflictos. A partir de ahora, lo que cabe preguntarse es cómo gestionar el descenso, qué países se llevarán la peor parte y cuáles serán capaces de aguantar un poco mejor. España no es de los países peor situados, dada su pertenencia a la Unión Europea, pero otros países no van a salir tan bien parados.


Salu2.

AMT

viernes, 4 de mayo de 2018

Comunicación, Cultura y…. Peak Oil.

Queridos lectores:

Un viejo conocido del foro y miembro del Oil Crash Observatory, Rafael Romero, ha escrito este largo pero muy ameno ensayo sobre los problemas de comunicación que conlleva la divulgación del Peak Oil. Un artículo inspirador que, de buen seguro, será de mucho interés para la mayoría de los que por aquí transitan.

Les dejo con Rafael.


Salu2.
AMT

P. Data: Algunos lectores, seguramente, sentirán curiosidad y querrán saber por qué últimamente escribo tan poco y voy postergando sine die mi post sobre la situación actual en la producción de petróleo. La razón es, como siempre, la falta de tiempo para poder acabar de escribirlo, aunque ya lo tengo bastante avanzado. El motivo de esta falta de tiempo es, en esta ocasión, un poco diferente del habitual. Y es que hace poco hice un hallazgo científico significativo en el campo que me ocupa y me da de comer, la oceanografía, y he dedicado las últimas semanas a elaborarlo. Ya estoy en la fase final de ese trabajo y en breve espero poder retomar mis actividades de divulgación de manera normal. 



Comunicación, Cultura y…. Peak Oil.
La comunicación es inseparable de la cultura. Es el otro lado de la misma moneda. No puede existir la una sin la otra. La cultura es comunicación y la comunicación es cultura”.
(Hall and Hall, 1990).
A menudo, y sobre todo desde ámbitos políticos, se pretende delimitar lo que es la transmisión del mensaje, la comunicación, del contenido del mensaje, la cultura, como si ambos no formaran parte del mismo proceso de modelado social.
El ser humano es un animal social que necesita de la interacción de sus individuos para la supervivencia de la especie.
La Comunicación dentro de la sociedad humana ha tenido como objetivo principal influenciar las acciones del receptor y, en función de sus reacciones, integrar o excluir a los individuos dentro de un grupo socio-cultural.  
El proceso social de la “educación”, entendida esta como un proceso más amplio no limitado a modelos escolares o de enseñanza, no es simplemente un acto social de transmisión de información o conocimiento del emisor al receptor, sino que tiene como principal objeto integrar y cohesionar a una población entorno a reglas de conducta concretas y diferenciadoras. El objetivo es forjar la CULTURA de esa sociedad.
La personalidad de cada individuo se forja mediante la interacción e intercambio de información con los individuos que lo rodean para acabar siendo interiorizada, en palabras de L.S.Vigotsky : “A través de otros llegamos a ser nosotros mismos”, ” La mente no puede ser independiente de una cultura”, “El lenguaje es la herramienta de las herramientas”, “Nos instruimos a nosotros mismos del mismo modo en el que instruimos a otros; mediante el uso de la palabra como herramienta”, “La experiencia nos dice que el pensamiento no se expresa a través de las palabras sino que se gesta en ellas”,….
Por tanto, el proceso de “educación” o “culturización” es un proceso unidireccional, donde el receptor asume las reglas sociales que le rodean para posteriormente interiorizarlas. Las funciones psicológicas del individuo aparecen primero a nivel social (interpsicológicas) y, más tarde, a nivel individual (intrapsicológicas). “Todas las funciones superiores se originan como relaciones entre seres humanos” (Vikotsky), fraguando su manera de ver el mundo, su personalidad.
La relación entre cultura y comunicación es una relación indisoluble que establece y limita la autonomía de cada uno de los componentes de la sociedad.
Las primeras sociedades humanas fueron culturas donde primaba la comunicación verbal. Alrededor de una hoguera, dentro de una cueva, en un anfiteatro griego, en un foro romano o en el altar de un templo o iglesia; la comunicación verbal transmite sobre todo sentimientos y emociones, produce impacto intenso y puntual y permite adaptar el mensaje (y el objetivo) según como reaccione la audiencia.
A la Comunicación Verbal le debemos la dialéctica, la oratoria, la retórica, el teatro, las religiones, y seguramente la parte de nuestra inteligencia vinculada a la creatividad expresiva se ha ido modelando durante siglos de comunicación verbal.
Pero la comunicación verbal tiene sus limitaciones, sus efectos son efímeros y es necesario crear una de rutina o ritual que asegure que el mensaje no se diluye, además de requerir personas especializadas, con innatas cultivadas, capaces de captar la atención de la audiencia y preparadas para la confrontación dialéctica,  capaces de pensar mientras hablan y de adaptar el discurso a la audiencia.
Ese es, tal vez, el motivo de que las principales Culturas a lo largo de la Historia han creado sus propias religiones, con ritos periódicos que reiteran los mensajes socio-culturales, y colectivos dedicadas al mantenimiento y extensión de los ritos, las Comunidades Religiosas.


Las sociedades también han utilizado desde hace miles de años otro tipo de comunicación, la Comunicación escrita.
La escritura y la lectura son actividades “educativas” reflexivas, que permiten tanto elaborar ideas y depurar el mensaje por parte del emisor como la introspección y la adaptación del mensaje por parte del receptor, activando mecanismos de:

  • mejora continua (por parte del autor o de autores posteriores), 
  • archivo/clasificación y 
  • planificación/estrategia.
Los efectos de la comunicación escrita no son tan intensos y puntuales, pero si son persistentes y conceden al receptor tiempo para madurar conceptos e ideas, e incluso transformarlas, permiten el cambio, la evolución de las ideas.
A la Comunicación escrita le debemos toda la potenciación, diversificación, ampliación y compilación del mapa del saber humano, desde la Filosofía a  la Geografía, pasando por  la Literatura, Historia, Física, Biología, Economía, Filosofía, Medicina, Geología, Matemática, Psicología, …, y seguramente la potenciación de aquella parte de nuestra inteligencia teórica, capaz de captar relaciones lógicas y plasmarlas mediante creaciones conceptuales (números, fórmulas,….) que dan un significado abstracto de la realidad y predecir acontecimientos.
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Como hemos observado con la comunicación verbal, la Comunicación escrita también tiene sus limitaciones, necesitan de un soporte físico (tablillas, papiro, papel,..), de un aprendizaje específico (alfabetización), de tiempo libre y de unos medios de producción y distribución específicos (copia, transporte y venta).
Por ese motivo, a lo largo de toda la Historia de la Humanidad este tipo de comunicación ha quedado limitado a grupos muy específicos (escribas, monjes,…) dedicados a tareas de conservación y transmisión de conocimientos que significaban ventajas competitivas respecto a adversarios o de poder con respecto al resto de la población. A menudo las mismas Comunidades Religiosas que monopolizaban el ejercicio de la Comunicación verbal fueron las que asumieron el control de la Comunicación escrita durante siglos.
Pero aún existe otro medio de comunicación utilizado por el ser humano desde sus orígenes, la Comunicación Visual.
La comunicación visual se diferencia de los otros tipos de comunicación en su carácter: 
  • Universal: Código directo, fácil de interpretar e independiente del lenguaje oral o escrito del receptor. 
  • Emotivo: Transmite emociones y sentimientos, con mayor intensidad si cabe que la comunicación oral.
  • Persuasivo: Su objetivo es convencer al receptor de un mensaje concreto. 
  • Intencional: Universal, de fácil interpretación y en sentido único.  
  • Descriptivo: Resume información compleja y/o difícil de interpretar/transmitir (gráficos, mapas,… ).  
  • Fáctica: Centra la atención del receptor a través de la estética, el tamaño, el contraste,… en un mensaje en concreto, independientemente del contexto.
Los elementos básicos de la comunicación visual son: 



  • Identidad: Mensajes visuales que diferenciaban a cada grupo social, son un ejemplo claro de “marca” o “logo” personal cuyo objetivo es autoafirmarse, avisar o identificarse/diferenciarse del resto o determinar su estatus dentro del grupo.
  • Signos: Es el medio visual utilizado para dar una indicación u orden. Su objetivo es dar una instrucción rápida de ejecución inmediata sin mediar pensamiento o reflexión. Un semáforo rojo, una señal de Stop, una palma presentada al frente, son claros signos de una orden de parada.
  • Símbolo: Es el medio visual de transmitir una idea, creencia o costumbre. Siempre han existido símbolos tras los cuales se transmiten todo un conjunto de conceptos, normas y preceptos. Como, por ejemplo: La Cruz, Banderas,...; son símbolos tras los cuales se emite un mensaje complejo que integra ideales, normas y sentimientos.

La comunicación visual, al igual que la oral, consigue una respuesta rápida, casi instintiva,  basada en códigos de conducta, emociones y sentimientos asimilados desde la infancia y sin necesidad de un gran aprendizaje.
La transmisión de la comunicación visual es viral y universal, utiliza conceptos abstractos como la comunicación escrita y puede ser extendido de forma rápida en el tiempo y en el espacio sin necesidad de habilidades específicas o grupos específicos independientemente del medio.  
Se trata sin duda del sistema más antiguo de comunicación, sin duda le debemos a ella la evolución desde hace milenios a la transmisión visual de emociones y sentimientos cuya máxima expresión representan la pintura, escultura o la danza, y  potenciando nuestra inteligencia emocional.
Pero es un medio de comunicación que sigue estando limitado a una interacción directa del receptor con el emisor o con el canal de comunicación.
Aun así, es el medio de comunicación preferido para el ejercicio de la “magia”, la religión y la taumaturgia política.
Porque la Historia de la Comunicación es la Historia de la Cultura y del ejercicio del poder.
Durante siglos el ejercicio del poder se basó en el control y/o limitación del acceso a los medios y sistemas de comunicación, a todos: visual, oral y escrito.
Este contexto cambia totalmente con la aparición de la imprenta. Las herramientas no son apariciones casuales, responden a una necesidad.
Las sociedades europeas en 1450 estaban en pleno conflicto de intereses entre diferentes estamentos sociales por el control del poder. La aparición y extensión de un medio de comunicación escrito barato y masivo fuera del control de los estamentos del poder establecido remodeló completamente tanto las sociedades como la manera en que interaccionaban sus componentes.
Las herejías religiosas y las innovaciones culturales o sociales que habían sido mantenidas bajo control durante toda la Edad Media, escaparon del control que se había mantenido durante siglos permitiendo “Reformar” toda la sociedad, no solamente la religión.
El aprendizaje de las técnicas vinculadas a la comunicación escrita y sus características, la inteligencia teórica, se convirtieron en los nuevos ejes sobre el que empezó a girar toda la sociedad
Apareció una nueva comunidad intelectual  fundamentada en la elaboración y la transmisión del conocimiento mediante la comunicación escrita, potenciando la reflexión sobre el ser humano y la curiosidad sobre su entorno.
El Renacimiento, supuso el inicio del triunfo de la razón sobre la fe,  convirtiendo a la Ciencia en el nuevo instrumento cultural y desbancando a la religión. El individuo dejó de creer para aprender a crear y colaborar, y la sociedad empezó a ser más reflexiva, más crítica con los mensajes recibidos.
Cayeron los “Dioses” y el “Hombre” subió a los altares.
La Comunicación escrita pasó a dominar a la población, mediante la prensa y los libros, y con ella las nuevas estructuras socio-económicas, políticas y culturales empezaron a controlar la sociedad. La burguesía puso en cuestión el “status quo” y llevo a la quiebra a un modelo de sociedad basado en el control de la población mediante la Comunicación oral y visual.
Este  debería ser el ejemplo claro y estudiado de como un medio de comunicación es la herramienta fundamental para modificar el control  de la población mediante su transformación cultural.
Las características de los medios de comunicación (forma, contenido, acceso…) sirven para establecen la posición y pertenencia del individuo dentro de la comunidad o grupo. Y también le sirven para alcanzar el poder y dominar la sociedad, su estructura y la forma en que se articula dicha sociedad.
Los medios de comunicación establecen las tradiciones, normas morales, jurídicas e institucionales, de una sociedad, por lo que es indudable que comunicación, cultura y sociedad han ido de la mano desde sus propios orígenes y lo seguirá siendo en el futuro.
Si estamos de acuerdo con este planteamiento, tal vez es momento de que reflexionemos, con un poco de perspectiva histórica, sobre el momento en que nos encontramos y observar que de nuevo estamos inmersos en un profundo cambio socio-cultural desde casi un siglo.
Tras la Segunda Guerra Mundial, aunque ya había empezado a operar antes de ella,  nacía una nueva herramienta de comunicación que, media centuria  más adelante, sufriría una nueva transformación de la mano de los nuevos sistemas de información y telecomunicación, extendiéndose en muy poco tiempo de una forma prodigiosa.
Para los que hemos nacido a caballo de la transición entre dos modelos culturales tal vez nos resultará difícil de entender el cambio que se avecina, aunque nos rodee a diario, aunque sin percibirlo ya hayamos entrado de lleno en otro escenario cultural, la sociedad de la Comunicación Visual.
La comunicación visual ha reestructurando ya nuestra cultura a través los nuevos sistemas comunicación: PC’s, móviles, tablets, e-books, mp4,…. Los sistemas de comunicación que utilizan nuestros jóvenes a diario está orientados a transmitir la información mediante elementos visuales (fotografías, emoticonos,…).
¿Dónde está el problema?, se preguntarán algunos.
La nueva cultura, nos encamina hacia una sociedad que reaccione rápidamente y sin reflexión a ideas concretas y simples, órdenes, de forma masiva.
Para poner un ejemplo más concreto que ayude a entender la anterior afirmación tal vez sea bueno adentrarnos en un concepto extendido sólo en algunos ámbitos más profesionales.
A muchos no les sonará las siglas UX, referidas al concepto “User Experience”. La Experiencia de usuario tiene su origen en el campo del Marketing, como un concepto muy vinculado al concepto de “Marca” o “Identidad”, que pretende establecer una relación familiar y duradera con el consumidor.
El traspaso del concepto al ámbito de las Tecnologías de la Información se produce a principios de este milenio y representa un cambio emergente vinculado al concepto de usabilidad.
Pero mientras la usabilidad sólo pretendía mejorar la eficacia, eficiencia y reducir el aprendizaje en el uso de una herramienta tecnológica, el concepto de UX avanza un paso hacia la comunicación visual, pretendiendo transformar la experiencia del usuario en un placer y/o diversión que cree adicción.
UX es una característica que otorga un objetivo concreto a la comunicación visual en el ámbito de las Tecnologías de la información.  UX pretende establecer un vínculo estable y emotivo entre la herramienta de comunicación visual y el usuario.
Es el equivalente a lo que representaron el ritual de las religiones, comunicación oral, o el método científico, comunicación escrita.
Existen unas pocas reglas básicas a la hora de aplicar UX, recogidas todas en un pequeño libro de título esclarecedor, “No me hagas pensar”, de Steve Krug, editado por primera vez en el año 2.000 y cuya segunda edición de 2006 pueden descargarse gratuitamente. Las reglas que se describe son: 

  • ¡No me hagas pensar! 
  • No leemos. Ojeamos. 
  • No tomamos decisiones óptimas. Probamos. 
  • Nos encantan las convenciones. 
  • No importa repetir. Automatismo. 
  • Necesitamos instrucciones concretas.


  1. ¡No me hagas pensar! A la gente no le gusta sentirse desconcertada cuando tienen que hacer algo. A le gente no le gusta pensar porque requiere un esfuerzo, y si pueden delegarlo en alguien de confianza, mejor. El objetivo es dar mensajes EVIDENTES, cuanto más evidente, menos requiera pensar, más fácilmente se aceptará el mensaje.


  1. No leemos. Ojeamos. Hay poca gente con suficiente tiempo libre como para dedicarse a leer. Los usuarios no se leen la mayoría de los párrafos, menos directamente en Internet, así que lo normal es echar una ojeada rápida y si algo capta nuestro interés dedicarle más tiempo. Ese es el motivo de los titulares sensacionalistas de las noticias que, a menudo, poco tienen que ver (algunos incluso nada) con el contenido del artículo o noticia. El objetivo por tanto es captar la atención del usuario.


  1. No tomamos decisiones óptimas. Probamos. La mayoría de la gente no reflexiona sobre la utilidad de una herramienta ni se lee el libro de instrucciones, simplemente la prueba. Pocas personas, o en algunos casos ninguna, quieren llegar a entender el funcionamiento de las cosas, mientras puedan usarlas. Si la herramienta está pensada con un objetivo, pero nosotros la utilizamos para otro, mientras nos sirva continuaremos. Así que la nueva cultura de las Tecnologías de la Información es guiar al usuario hacia usos concretos y únicos. Se trata por tanto de: emitir mensajes de fácil comprensión, que dirijan al usuario hacia donde queremos que vaya y con pocas probabilidades de uso alternativo. El objetivo es transmitir la sensación de seguridad al usuario.


  1. Nos encantan las convenciones. El ser humano es reacio al cambio, le gusta tener la sensación tranquilizadora de que una serie de normas o costumbres lo rigen todo, quiere estar en terreno conocido, y, por tanto, es más fácil que rehúya todo aquello que parezca que no sigue la norma, los valores y principios aceptados por la mayoría. Es también una táctica defensiva, pues allí donde las convenciones son más claras es más difícil acabar siendo estigmatizado si no se cumple con ellas. El objetivo de la nueva cultura es transmitir una sensación de convencionalidad.


  1. No importa repetir. Automatismo. Como somos animales de costumbres nos encanta todo aquello que se convierta en una tarea mecánica siempre que cumpla con el resto de criterios expuestos hasta el momento, y principalmente que sea inequívoca. El objetivo es conseguir la ausencia de reflexión y evitar la sensación de esfuerzo.


  1. Omisión de palabras innecesarias. Relacionado con el anterior, la manera más adecuada de evitar que el usuario se pierda, se aburra o acabe reflexionando sobre el motivo real de lo que está haciendo es reducir a lo esencial el mensaje. Se trata de que el usuario repita acciones mecánicas de forma irreflexiva, segura, familiar, con mensajes claros y evidentes, por lo que toda información adicional. Siguiendo las indicaciones de William Strun, Jt y E.B. White en su “The Elements of Style” (1979) “La escritura vigorosa es concisa. Una frase no debe tener palabras innecesarias y un párrafo debe omitir las frases superfluas por el mismo motivo que el dibujo debe prescindir de las líneas innecesarias y cualquier aparato de las partes inútiles”.


Siguiendo estas simples directivas la mejor manera de representar una silla es:

Si, lo sé, es un dibujo infantil, pero cumple el objetivo de forma mucho más rápida y sencilla que este otro.




Se tardan unos segundos en dibujar el primero y, lo más importante, una vez realizado evita que el observador, el receptor del mensaje, se pierda en detalles innecesarios o actúe reflexivamente. Si el objetivo es conseguir el cumplimiento de órdenes, o instrucciones, lo más sencillas posibles, el mensaje debe ser rápido, directo, claro, conciso y sin distracciones.

Teniendo muy presentes estos elementos es como se han fabricado y extendido los productos tecnológicos más de moda, como todos los productos Apple hechos para ser usados sin casi tener que pensar. Y teniendo estos conceptos claros tal vez podemos aproximarnos al nuevo marco de referencia social en el que ya estamos sumergido actualmente.
Esta es la nueva cultura bajo la que se diseña actualmente el funcionamiento de la mayoría de las herramientas tecnológicas de nuestra sociedad. Y lo que se pretende es establecer un modelo de usuario que:   
  • NO PIENSE. 
  • NO LEA. 
  • NECESITA SENTIRSE SEGURO. 
  • SIGUE CONVENCIONES. 
  • ACTÚE IRREFLEXIVAMENTE. 
  • REACCIONA A ORDENES CONCRETAS.
Sin duda, la simple enumeración de estas características pondrá en alerta a la mayoría de los lectores que hayan llegado hasta aquí, pero seguramente habrá algunos receptores que llegados a este punto se preguntarán
¿Qué tiene que ver todo este rollo con el PeakOil?
Como ya hace tiempo podíamos leer en uno de los artículos de J.M. Greer titulado: La República de Plutón: “Probablemente valga la pena señalar que una respuesta sensata al pico del petróleo, que requiere un razonamiento claro y la capacidad de mirar más allá de esos impulsos biológicos básicos, no pude llegar de la taumaturgia política porque es una de las cosas para las que es totalmente inadecuada.
Tal como expone J.M. Greer en el artículo mencionado, el taumaturgo político se ve obligado a utilizar herramientas de comunicación oral para realizar su “magia”, pero su uso supone la exposición a su propia taumaturgia. La Cultura Moderna, la de la sociedad de la Comunicación escrita, le dio nuevas armas para la Estrategia, pero no para la táctica, para el uso en el campo de batalla eliminando la posibilidad de quedar atrapado en la propia tela de araña.
Pero la nuestra nueva cultura, la de la Comunicación Visual, si permite al taumaturgo político lanzar su “magia” sin necesidad de quedar pringado en ella, pues al igual que en caso del curandero sureño al que se refería J.M. Greer en el citado artículo, el nuevo taumaturgo: “ni siquiera está presente durante la mayor parte del trabajo” los baños diarios televisivos mediante los que se “eliminan los estados emocionales no deseados”, los ritos diarios de comunicación visual con Facebook, Twitter, Instagram,….“que dirige la conciencia hacia ciertas cosas y lejos de las demás, … son realizadas por el cliente en privado.”.
En la Cultura de la Comunicación Visual se puede apuntar con precisión sin necesidad de confiar el mensaje al buen hacer de personas para que ayuden o convenzan sobre como practicar rituales complejos, y dependiendo tan solo de la repetición de patrones visuales convincentes que eluden las facultades críticas de la mente racional.
Recomiendo la relectura de una serie artículos de J.M. Greer publicados durante el segundo semestre de 2011:
(Nota: He subido las traducciones de estos posts al Foro Crashoil para facilitar esta relectura, o lectura, pues creo que no estaban traducidos).
La relectura de estos artículos debe clarificar cómo opera (y ha operado) la taumaturgia a través de la comunicación oral y la escrita, como ha modelado la cultura y la sociedad a lo largo de la Historia y de que mecanismos de comunicación se está valiendo la taumaturgia actual para modelar la sociedad ante los retos que se plantean, al mismo tiempo que puede clarificar, un poco más, las herramientas de la propuesta “mágica” del Archidruida contra dicha taumaturgia.
¿Es posible dar con una nueva manera de comunicar el PeakOil utilizando esta taumaturgia visual?
Finalmente, intentaré resumir la respuesta utilizando para ello los criterios UX explicados anteriormente: 

El mensaje del Peak Oil:
  •  NO es algo EVIDENTE. ACTIVA PENSAMIENTO RACIONAL.  
  • NO logra capta la ATENCIÓN de impulsos básicos. ABURRE desde un punto de vista no racional. 
  • NO transmite SEGURIDAD. DESCONCIERTA al carecer de un mensaje de esperanza. 
  • NO es CONVENCIONAL. AVERGÜENZA 
  • NO implica tareas AUTOMÁTICAS. ESFUERZO intelectual 
  • NO transmite ÓRDENES. Te deja PERDIDO tras explicarte la realidad.
Llego, por tanto, a la conclusión de que el Peak Oil no puede trasladarse a la cultura de masas de nuestras sociedades, cuando estas están ya imbuidas en una cultura de Comunicación visual.
Por qué el discurso del Peak Oil no puede rebasar el ámbito personal, o de unos pocos iniciados, y cuál es el motivo de sus fracasos en su luchar contra la taumaturgia social o política de nuestros días es qué intenta luchar contra ella con unas armas totalmente inadecuadas al nuevo contexto socio-cultural.
Intentar hacer llegar el mensaje al conjunto de la sociedad desde algunos pocos blogs y mediante algunas conferencias es totalmente estéril.
En definitiva, el mensaje del Peak Oil no llegará a ser aceptado porque ni utiliza las herramientas de nuestros días de forma adecuada, ni su contenido: reflexivo, humanístico, renacentista cuyo eje principal es el individuo y el método científico; es aceptable desde una sociedad instalada en la Cultura de la Comunicación Visual de masas, una cultura irreflexiva, mecanicista, robótica cuyo eje principal es el colectivo y la tecnología.
Intentar transmitir el mensaje del Peak Oil mediante la comunicación visual, se me plantea simplemente inviable con los medios actuales. Y tal vez sea mejor así, pues en la búsqueda de la utopía de una sociedad sostenible tal vez se esconda el camino más directo hacia al infierno cultural de una sociedad despótica e insostenible, tal como hace tiempo nos intentaba enseñar J.M. Greer.
No sé si una vez leído empiezan a ver más claro en qué sentido está operando la taumaturgia de nuestra sociedad, a nivel local y global.
Ni si después de la lectura se les plantean nuevas ideas sobre que se puede hacer, a nivel local o global, en este contexto.
Ni si esta particular visión sobre nuestra sociedad les permite ver alguna nueva luz sobre el destino que le depara el futuro a la Humanidad.
Tal vez haya sido un ejercicio estéril, fruto de unas reflexiones imbuidas de una cultura y una mentalidad de otra época.
Y de haber servido de algo, tampoco sé si alegrarme por ustedes.
Un cordial saludo.
Rafael Romero