Mostrando entradas con la etiqueta rescate financiero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rescate financiero. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de junio de 2015

Causas y consecuencias de la salida de Grecia de la zona euro: la perspectiva energética.

Imagen de http://openeurope.org.uk/blog/revisiting-the-grexit-question-part-1/

Queridos lectores,

Como sin duda sabrán, Grecia ha originado una crisis sin precedentes en la Unión Europea. Los diarios, según su orientación, hacen un diagnóstico más tremendista o más contemporizador de la actual crisis europea, según quieran destacar las terribles consecuencias que tienen las políticas del gobierno griego (frecuentemente tildadas de "populistas" por esos medios) o la necesidad de llegar a un acuerdo (en estos medios, calificado de "inevitable") que acabará por devolver las aguas a su cauce. En esta breve nota pretendo hacer un somero repaso de la situación actual y de su posible evolución futura, centrándome particularmente en cómo, de entre muchos otros factores, la crisis energética está interactuando e interactuará con la crisis griega, que en el fondo es una crisis europea.

Situación actual:
A pesar del mucho ruido mediático y las interpretaciones sesgadas que se dan (usando términos deliberadamente acuñados para favorecer la confusión, como "rescate" o "mantener los bancos a flote"), la posición del gobierno griega no es tan infantil o infundada como se pretende hacer creer.

Al comienzo de esta crisis que no acabará nunca, allá por el año 2007, la ratio de endeudamiento de Grecia superaba el 100% de su PIB. A pesar de los muchos recortes del Estado e incluso de varias quitas y reestructuraciones en los años subsiguientes, la proporción de la deuda al PIB no ha hecho más que crecer hasta llegar a más del 170% en la actualidad. 


Imagen de http://www.tradingeconomics.com/greece/government-debt-to-gdp


Tal crecimiento relativo de la deuda obedece, en parte, a la considerable  caída del PIB de Grecia fruto de la crisis económica (ver gráfico debajo de estas líneas) y en parte al absurdo lógico de financiar deuda con más deuda (cosa, por cierto, que es hoy en día práctica habitual en las economías occidentales, no sólo de España pero también en Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos). Analicemos estos dos factores con un poco más de detalle.





La caída del PIB, es decir, el descenso del valor monetario de la actividad económica griega, tiene mucho que ver con el parón del consumo en ese país, el cual se retroalimenta de la crisis económica en sí, pero también del descenso de gasto del Estado, fruto de los recortes y de la disminución de las rentas de pensionistas y funcionarios. Y es que los recortes no conllevan sólo una disminución del gasto público sino también una disminución de la actividad económica, lo cual puede tener un efecto multiplicador según las circunstancias del país y llevar a una disminución más drástica de lo esperado de los ingresos públicos y por tanto a que el déficit público no descienda tanto como se deseaba. Los economistas de la escuela keynesiana conocen este efecto muy bien y por eso propugnan que el Estado debe seguir una política de gasto e inversión pública anticíclica, retrayéndose en los momentos de más actividad económica y fomentándose en los momentos de crisis (como ya se sabe, la respuesta keynesiana a las crisis económicas es eficaz en las crisis de demanda, pero no lo es en absoluto en las crisis de oferta, como en parte lo es ésta por la progresiva carestía de petróleo y la deficiente sustitutibilidad que ha tenido por parte de los hidrocarburos líquidos no convencionales). Como tantas veces señala Gail Tverberg, pagar las deudas con una economía en contracción es mucho más difícil, y por desgracia la economía está condenada a contraerse por la falta creciente de energía asequible: con una capacidad económica cada vez más mermada, incluso cuando el monto absoluto de la deuda no aumente, el peso de la deuda sobre la actividad económica es cada vez mayor y eso hace que cada vez se tengan que destinar una mayor proporción de recursos solamente para servir la deuda.

Pero es que encima el monto absoluto de la deuda crece imparable, exponencialmente, debido a la práctica de financiar deuda vencida con más deuda. Cuando la troika (FMI, BCE y UE) ofrece su "rescate" a Grecia no le está ofreciendo dinero gratis; lo que le ofrece es un crédito, con su fecha de vencimiento y sus intereses asociados. Es decir, no sólo tendrán que devolver ese por mal nombre "rescate", sino que encima tendrán que devolver más dinero que el que se les prestó. Dado que el uso real de ese dinero no es aumentar la capacidad productiva de Grecia (cosa difícil en un sistema económico que está chocando contra los límites materiales del planeta), sino básicamente poner parches y salvar los muebles hasta el siguiente vencimiento de deuda, la deuda no disminuye sino que sólo aumenta, y a qué ritmo: a modo de ejemplo, con un 7% anual de intereses (nada muy lejano al interés medio de la deuda griega, que llegó a financiar algunos tramos al 15%) solamente la refinanciación de la deuda haría aumentar ésta un 70% en los ocho años transcurridos desde el comienzo de la crisis.


No voy a entrar a discutir la aberración del sistema financiero de la zona euro, que sólo permite a los gobiernos financiarse desde la banca privada, o el hecho de que se haya mantenido un sistema de deuda soberana a pesar de tener una moneda única. Lo que sí que está claro es que el estado griego entró en una espiral, acelerada e imparable, de endeudamiento simplemente insostenible por la manera en que se ha concebido y ejecutado, y aquellos que dicen ayudarle en realidad están deliberadamente contribuyendo a agravar el problema. La continua exigencia de más y más recortes, a veces no directamente relacionados con el gasto público pero con los derechos individuales (por ejemplo, cuando se reducen las indemnizaciones por despido o se hace éste más fácil y menos objetivo), corresponde a una estrategia de extorsión social que sólo sirve al interés de los grandes capitales, para los cuales la troika actúa como representante de facto.

Causas:


La estrategia de endeudarse crecientemente sólo puede funcionar si el PIB es creciente y a un ritmo mayor, y ésta es la hipótesis que sustentan los economistas de guardia para aceptar acríticamente las recetas de la troika. Pero si, como dice Gail Tverberg, la demanda de energía no puede crecer más porque sus costes no son tolerables para la economía, la consecuencia es que estamos llegando a un momento histórico: el final del crecimiento. La visión de la economía clásica es prácticamente la de la magia o la religión, puesto que según ella los sentimientos mueven la economía: "el miedo de los mercados", "la aversión al riesgo", "la euforia alcista"... Sin embargo, en el mundo real es la energía la que mueve las máquinas que, en suma, mueven la economía, y lo que está pasando es que nuestras máquinas se están parando porque falta energía asequible. Conviene recalcar aquí qué significa eso de "energía asequible", puesto que éste es uno de los puntos de confusión interesada que suelen usar los "expertos" en energía cuando dicen que hay muchos recursos y mucha energía disponible. Es cierto que se puede conseguir mucha energía, pero sólo si se destinan cada vez más recursos y más máquinas a su extracción, dejando cada vez menos máquinas para mover la economía; se podría decir, parafraseando el viejo slogan: "¡Es la TRE, estúpido". Dado que es obviamente inútil a la economía sacar toda esa energía extra si el propio tejido económico no la va a aprovechar y sólo va a servir para alimentar los costes de la industria extractiva, lo que sucede es que aparentemente la demanda de energía baja. No es que no se quiera más energía (la vieja falacia del pico de demanda); es que no se quiere energía inasequible, sino energía asequible, barata, que mueva nuestras máquinas.


Grecia es un país geopolíticamente pequeño por razones histórica, y la Unión Monetaria Europea no le ha hecho ningún bien, puesto que no es un país principalmente exportador sino de servicios, sobre todo turísticos (no tan diferente en eso de España). Con una gran dependencia energética en el petróleo, al igual que Italia, Portugal y España, sobre todo porque es petróleo lo que se usa en el transporte y estos países tienen una gran dependencia en el transporte por su industria turística, es lógico que todos ellos lo pasen peor que otros cuando el petróleo se esté volviendo cada vez más inasequible. Por tanto, en esta situación de energía crecientemente inasequible es lógico que Grecia, país de pequeño tamaño, sea del primer lastre a ser soltado. Y tras años de recortes y estrecheces los griegos han elegido un Gobierno que les prometió que no les ningunearía. No deja de ser extremadamente preocupante el hecho de que al anunciar el Gobierno griego que consultaría a su población sobre si aceptan o no el pacto que les ofrecía la troika (más recortes a cambio no de más dinero sino de un nuevo préstamo), la troika diga que Grecia se cierra al diálogo; parecería que esa buena gente tenga miedo a la democracia.

Consecuencias:


Si el domingo triunfa el rechazo a las medidas de la troika, Grecia se verá más pronto que tarde obligada a abandonar el euro (de otro modo, la desconfianza a los impagos de Grecia se trasladará a toda la Unión Europea en su conjunto) e incluso la Unión Europea (esto último, como represalia). Si Grecia abandona el euro, en algún momento convertirá sus depósitos en euros en depósitos en dracmas, y al mismo tiempo devaluará el dracma, fundamentalmente para que la deuda nominada hoy en día en euros disminuya (la clave es renominarla en dracmas justo antes de devaluar). Lógicamente no sólo la deuda disminuirá: una parte sustancial de los ahorros de los griegos se esfumará. Se podría decir que de alguna manera se estaría produciendo una expropiación de los depósitos para pagar la deuda; también se podría decir que se está produciendo una redistribución de la riqueza, asignándole más deuda al que más tiene. Como todas las medidas tomadas a escala masiva, tendrá sus ventajas y su buena colección de inconvenientes, pero desgraciadamente, con las cartas que se están jugando este devenir de acontecimientos parece casi inevitable (de no mediar un golpe de Estado, como el que propició la UE en Grecia hace casi cuatro años). Ésa es la razón por la que el Gobierno griego ha decretado un corralito esta semana (los griegos sólo pueden sacar 60 euros al día del banco), para evitar que los capitales huyan del país mientras se decide si Grecia cumple o no con sus obligaciones financieras. Si triunfa el "no", el corralito se extenderá durante más tiempo, hasta que Grecia vuelva al dracma y se produzca la devaluación que mencionábamos antes.

¿Y qué pasará después de eso? De entrada, poca gente querrá prestar dinero a Grecia por no ser un país fiable, o al menos eso es lo que dicen nuestros economistas ortodoxos. La Historia nos enseña, sin embargo, que no mucho después de la suspensión de pagos de un país vuelven los prestatarios a dejar dinero, quizá no en tan grandes cantidades y sin duda con un mayor interés, pero no es cierto que no se preste dinero. En el momento actual, además, al capitalismo global no le quedan grandes oportunidades de inversión, y si Grecia devalúa su moneda su PIB sufrirá un súbito bajón (quizá del 50%), y a partir de ahí sus posibilidades de crecer a buen ritmo serán considerables, pues habrá quedado por debajo de su verdadero potencial económico. ¿Cuántos fondos se resistirían a invertir, a corto plazo eso sí, en un país que te ofrece un potencial de crecimiento del 5 o del 10% anual, en el actual contexto de casi estancamiento de la economía mundial? Pero no debemos olvidar, además, que hay otros países con intereses no directamente financieros que están deseando prestar dinero a Grecia, incluso una parte a fondo perdido: Rusia, China, Irán... Estos países aspiran a ampliar su zona de influencia, y darle una dentellada a la coraza de la Unión Europea sería de su máximo interés (el caso de Rusia es conocido desde hace meses). Grecia no se va a quedar sola y abandonada a su suerte, sino que se buscará otros aliados.

Desde el punto de vista del aprovisionamiento energético, en estos últimos años el sancionado Irán suministraba petróleo a una Grecia apurada por sus deudas, y en un futuro próximo el comercio griego con Irán será probablemente más fluido, sin tener que soportar la reprimenda europea por hacer tratos con el apestado. Ciertamente Irán ya ha superado su peak oil, pero en el corto plazo este tipo de tratos va a funcionar, e incluso Rusia venderá petróleo con descuento a su nuevo socio griego si así se desarrollan los acontecimientos. Con todo, el modelo griego basado en el turismo tendrá que evolucionar rápidamente, puesto que es una industria intensiva en el uso del petróleo y el petróleo asequible, como hemos comentado, ya escasea. ¿Hacia qué tenderá la economía griega? Ahora mismo es difícil de saber, pero lo que sí que parece claro es que al país heleno no le faltarán puntales donde apoyarse si decide irse de la UE.

********************************************

Es difícil predecir si el referendum del domingo resultará en un "sí" a aceptar el trato que ofrece la troika, lo que llevaría a más medidas de austeridad y a tensar más la cuerda del pueblo griego, o en un "no" a más imposiciones externas, lo que llevaría eventualmente a la salida de Grecia del euro. En todo caso, la salida de Grecia del euro parece algo inevitable, que tendrá que sobrevenir más pronto o más tarde, y con ella se desencadenarán muchos de los efectos señalados más arriba. Parece claro, por tanto, que la Unión Europea se acerca a su fin, puesto que la desconfianza al impago de la deuda soberana se extenderá a otros países de manera inmediata, incluida España. Y la posibilidad de que en un momento determinado España adopte las mismas medidas que Grecia no es ni mucho menos remota.


Salu2,
AMT

lunes, 11 de junio de 2012

El fondo del pozo

Imagen de http://www.djibnet.com

Queridos lectores,

En fin, tenía otros planes de publicación, pero dados los eventos que han sucedido durante el fin de semana me ha parecido una frivolidad publicar el post que tengo preparado, y creo que merece la pena que dedique unas pocas letras al mal llamado rescate financiero de España.


Las líneas generales de la acontecido las conocen ya: el sábado hubo una teleconferencia del denominado Eurogrupo (ministros de Economía y Finanzas de la zona euro) y se decidió concederle a España un crédito de 100.000 millones de euros para que pueda refinanciar a sus bancos. Tal radical medida (la cantidad equivale al 10% del PIB oficial de España) es un bombazo a la línea de flotación a las expectativas sobre la economía española, por más que se pretenda hacer creer lo contrario. Desde el momento en que se ha anunciado el rescate, el Gobierno ha intentado transmitir una imagen de serenidad incompatible con los hechos, y en el proceso ha cometido omisiones y dicho directamente algunas mentiras que sin duda le acabarán pasando un pesada factura.


Lo primero que hay que entender es que este rescate no es un regalo, sino un crédito; un crédito que se tendrá que devolver con intereses y en unos plazos. En cuanto al interés y los plazos, no los conocemos porque el ministro de Economía, Sr. de Guindos, no ha encontrado oportuno explicitarlos. Ya nos iremos enterando.


En segundo lugar, el Gobierno, por boca del Sr. de Guindos, ha intentado transmitir el mensaje de que este crédito no se hace al Estado español sino a los bancos españoles, y que por tanto no supondrá ninguna carga para el Estado y no conllevará ajustes macroeconómicos para el Estado. Esto es directamente falso. Una pequeña cuestión de orden primero: si el crédito fuera directamente para los bancos (entidades privadas, no lo olvidemos), ¿por qué no han sido ellos, mediante algún representante escogido, quienes negociasen con el Eurogrupo (España en él incluída)? La realidad es más simple: es España la que solicita el dinero, que vendrá del Fondo Europeo para la Estabilización Financiera, y España, a través del equivalente nacional (FROB, Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria) financiará a los bancos. En suma, el Estado español asume la responsabilidad de reestructurar su sistema financiero y lo hace asumiendo las cargas que de ello se deriven. En particular, Bruselas ya ha dejado claro que España estará sometida a una estricta vigilancia, y que la disponibilidad del dinero depende completamente de que España cumpla con los objetivos de déficit público. Al principio el Gobierno hará artificios contables para que no se contabilicen estas partidas en el déficit, pero finalmente de uno u otro modo tendrán que aflorar, y no son precisamente pequeñas. Se debe recordar que el objetivo de déficit para este año es del 5,3% del PIB; sin embargo, este préstamo supone un endeudamiento del 10% del PIB. Si el crédito es a 20 años a un interés del 3% (por decir algo) cada año España tendrá que pagar unos 7.500 millones de euros (0,75% del PIB) para ir devolviendo el crédito; si se le admite pagar sólo los intereses hasta cumplir los 20 años entonces cada año España pagará 3.000 millones (0,3% del PIB) pero el vigésimo año tendrá que devolver, además, los 100.000 millones del préstamo. Teóricamente serán los bancos, entonces saneados, los que deberían cubrir estos gastos, pero todos sabemos que eso es simplemente imposible, y que cuando estas entidades sean troceadas y vendidas a bancos extranjeros éstos no asumirán ninguna deuda ni compromiso (so pena de no comprar).


¿Qué implica todo esto? Que España se ha cargado con una losa, un aumento de su deuda del 10% de su PIB que se acabará convirtiendo con los intereses en un 15-16%. Encima, para poder seguir accediendo a este mecanismo de financiación tan oneroso tendrá que recortar y recortar su déficit con los únicos mecanismos que tiene a su alcance: subiendo impuestos, bajando salarios, reduciendo pensiones y deteniendo la obra pública. Todo lo cual agravará la situación económica, con lo que será aún más difícil recaudar impuestos y la situación financiera se deteriorará aún más. Al mismo tiempo, el mercado financiero mundial desconfiará más de España y el interés de la deuda pública subirá y subirá hasta quebrar las finanzas del Estado. No se confundan con el espejismo de esta semana que comienza (la bolsa sube, el interés de la deuda española baja); en el largo plazo el camino que seguirá forzosamente España es el del deterioro imparable de sus finanzas. Sólo tienen que ver qué ha pasado en Grecia, Irlanda y Portugal, y lo que está pasando con Italia.

Y mientras, ¿qué hace el Presidente del Gobierno? Pues se va volando a Polonia a ver el primer partido de la selección española de fútbol en el campeonato continental de este año. Como si intentando asociarse a un evento quizá positivo (España es la vigente campeona de Europa y del Mundo) se pudiera camuflar el oprobio del rescate. Pero España empató ayer con Italia en su debut en la Eurocopa. Todo un mensaje simbólico sobre la liga que realmente estamos jugando.


La intervención relativa a la que ahora está sometida España, con una cierta renuncia a su soberanía (al menos en materia fiscal) no debe confundirse con una mejora de la gestión y una medida eficaz. El posible hundimiento del actual Gobierno y su eventual sustitución por otro del signo opuesto, y en el más largo plazo por uno tecnocrático, no son tampoco noticias positivas. Porque no tenemos que olvidar que el Fondo Monetario Internacional (uno de los sponsors del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) no es una ONG benéfica, sino el cobrador del frac. Por supuesto que el modelo de gestión que esta gente impondría sería el más eficaz; el más eficaz para los intereses a los que realmente responden, los de sus jefes, que lo único que pretenden es que la deuda sea devuelta a cualquier coste. Aunque eso suponga ir desmantelando la economía del país. La situación es un tanto análoga a la de aquel panadero de comienzos del siglo XX en Nueva York, el cual comete el error de pedirle prestado dinero al mafioso de turno. Cuando la situación se hace más apurada le vuelve a pedir dinero y el mafioso se lo da, pero a cambio de colocar un hombre de confianza en el negocio. Inexplicablemente todo va a peor, el pobre panadero se va teniendo que vender (a través de varios intermediarios todo acaba en manos del mafioso) las amasadoras, los moldes, los hornos... hasta que al final el mafioso, en un alarde de generosidad, le perdona la deuda a cambio de su negocio.


Ya comentamos aquí cuáles son las fases del colapso. Por si no lo han notado, España está acabando la fase primera del colapso, el colapso financiero. A partir de ahora nuestro camino lógico es el del colapso comercial, pues cada vez seremos un cliente menos de fiar. Fíjense en el caso de Grecia, que ya ni el internacionalmente repudiado Irán le quiere vender petróleo por culpa de las facturas impagadas. Es un paso más hacia la Gran Exclusión, en este caso por países (nosotros llegaremos allí más rápido que Alemania).


Éste es el camino que estamos transitando. No es el único camino ni es necesario seguirlo, pero es lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Es hora de comprender que por aquí no vamos a ningún sitio donde queramos estar.  Este pozo no tiene fondo. Es el momento de plantearse si no es mejor cambiar la dirección de nuestros pasos.


Salu2,
AMT

viernes, 8 de abril de 2011

Cuando suena la campana

Imagen del blog "Time 4 Dogs"


Queridos lectores,

Cuando era niño, en alguna -ejem, rara- ocasión tuve algún patinazo importante durante un examen. Quizá era un examen de Historia, o de Matemáticas; el caso es que justamente me preguntaban sobre temas que no llevaba bien aprendidos, o tenía ciertas dudas y lagunas y no acababa de encontrar la manera correcta de desarrollar el tema. Con el tiempo, uno aprende a centrarse en aquellos aspectos que uno sabe o intuye que va a poder defender, aceptando que el examen no será perfecto, que habrá partes que tendrán que abandonarse a su suerte y ser calificadas con un cero, pero que al final el conjunto pueda pasar el listón del aprobado. Pero, naturalmente, para aprender esa estrategia óptima con la que gestionar el recurso escaso que resulta ser el propio conocimiento uno tiene que primero que fracasar un par (o más) de veces. ¿A quién no le ha pasado que, necesitando concentrarse en un examen, justo al intentar extraer de lo más recóndito del consciente y del subconsciente la fecha dichosa de la batalla de las Navas de Tolosa o de la coronación de Carlomagno, o cómo se hacían las permutaciones con repetición, acaba su imaginación yéndose desbocada por los cerros de Úbeda? Y lo malo de esas excursiones recreativas es que, de repente, te dabas cuenta de que quedan cinco o diez minutos para que se acabase el examen, y no porque espontáneamente uno volviese de esas verdes praderas, no, sino porque lo decía en voz alta el profesor. Te asaltaba en ese momento un sudor frío y una opresión en el estómago de una intensidad difícil de describir. Y en ese momento acelerabas tanto como podías la actividad de las neuronas, pero de reojo no podías dejar de mirar el reloj de la clase, el cual implacable hacía caer minuto tras minuto. "Id entregando ya los exámenes, por favor", el sudor te resbalaba por las sienes. Los compañeros mayoritariamente ya habían entregado su prueba escrita, y ahí estabas tú con los dos o tres rezagados de siempre. Si el profesor era indulgente te dejaba seguir escribiendo hasta el momento más postrero, que era cuando sonaba la campana que marcaba el final de la clase. Entonces, lentamente, pasaba por los pupitres de los rezagados y les arrebataba sin violencia pero sin piedad el examen. Y entonces llegaba hasta tu pupitre...

Viene esto al caso de la ya inevitable intervención financiera, que al final será en realidad económica, de Portugal. Con él son ya tres países de la zona euro que han sido intervenidos (perdón, que se han acogido al fondo de rescate), después de Grecia e Irlanda. Entre los tres se habrán necesitado unos 300.000 millones de euros del fondo de rescate, que en su constitución contó con 500.000 millones de euros (contantes y "en especies") aportados por los países de la Unión Europea y otros 250.000 millones aportados por el FMI; en total, 750.000 millones, aunque últimamente se está hablando de ampliar este fondo. Esto último es natural: debido a sus propios desequilibrios internos y a las posiciones españolas en Portugal, es bastante probable que España tenga que acabar acogiéndose a ese mismo fondo de rescate en unos meses, con el agravante de que la economía española (contabilizada como PIB) es más del doble de la griega, la irlandesa y la portuguesa juntas, y por tanto es fácil de creer que las necesidades financieras de España superarán el medio billón de euros (oficialmente la deuda total de España es del 250% de su PIB -el cual es de aproximadamente un billón de euros- aunque muchos analistas la elevan al 350% y más).


Se debe tener muy a la vista que el FMI está poniendo una cantidad sustanciosa en este fondo de rescate. El Fondo Monetario Internacional, o FMI, no es exactamente una organización intergubernamental al uso. Aunque formalmente una agencia especializada de Naciones Unidas, su estructura administrativa, financiera y, sobre todo, gobernanza viene determinada por el peso económico de cada país. En la práctica, los representantes de los grandes grupos de inversión del mundo tienen el control de facto de la institución, y de esta manera ganan una visibilidad política que les permite implementar su agenda. Y las políticas del FMI siempre persiguen un único fin: que los grandes prestatarios no pierdan dinero. Por lo tanto, cuando un país necesita acudir a la tutela directa o indirecta del FMI, sus "recetas de choque" no buscan el crecimiento económico de ese país, sino garantizar por los medios que sean su solvencia, aunque ésta se consiga destruyendo el patrimonio actual y comprometiendo su crecimiento económico futuro. Los gobiernos se pliegan a las estrictas condiciones impuestas por el FMI ya que si no los mercados financieros se cerrarían para ellos y no podrían financiar sus presupuestos públicos (hoy en día la mayoría de los gobiernos occidentales funcionan sobre la base de una continua financiación de sus gastos corrientes e inversiones). Dicho con palabras más simples, el FMI es el cobrador del frac, y para que vayas pagando tus deudas, con intereses, a sus clientes si es preciso te obligará a vender las joyas de la abuela y tu tienda de ultramarinos con la que te ganas el pan; y si no accedes a ello te cerrará el grifo de golpe y no podrás pagar a tus proveedores, con lo que igualmente te irías a la ruina. Es una simplificación algo grotesca, pero capta la idea de fondo (al menos no he dicho que un matón te rompe las piernas, es decir, que un ejército te invade para quedarse con tus recursos, pero eso es ya otra historia...). Algunos de mis lectores de ultramar podrán corroborar con su experiencia personal qué es y cómo actúa el FMI.


Con el desembarco del fondo de rescate, a Portugal se le acabó el tiempo de especular: el maestro le ha recogido ya su examen. No ha hecho las necesarias infraestructuras para reducir su dependencia del petróleo y ya no tendrá cómo financiarlas. Tampoco podrá financiar más investigación en biocombustibles o en fusión nuclear; suerte tendrá si consigue mantener la que tiene. No ha fortalecido sus redes locales ni ha pilotado un plan de descenso energético, y ahora le resultará mucho más difícil hacerlo, mientras el petróleo y la financiación ajena se hacen cada día más caros. Portugal, simplemente, está acabando la fase 1 del colapso (ya discutimos en el post correspondiente cuáles son las fases de un colapso) y cae en un agujero que, dado el contexto histórico de disponibilidad decreciente de energía, le costará salir. En el proceso que ahora arranca en el país vecino del que esto escribe, la economía se contraerá y su consumo energético decaerá, lo cual será positivo para todos los demás que podrán alimentarse de sus despojos. Claro que Portugal es pequeño y apenas se notará el efecto de los recursos liberados, así que no cabe esperar un gran descenso de los precios del petróleo durante los meses y años que durará este inducido declive energético y económico de Portugal. Eso sí, para Portugal este movimiento será un mazazo; a efectos prácticos para Portugal el declive post-Peak Oil se habrá acelerado. Y es que, ya lo comentamos, cada país vivirá una epopeya particular, su propia versión del Peak Oil entendida como su propio declive de consumo de petróleo, y por ende de energía.

Como ya he repetido tantas veces, la crisis energética irá por barrios, de modo diferente en cada lugar, de modo que aunque haya rasgos comunes cada territorio vivirá un inicio diferente de la escasez energética. Además, el hecho de que se produzcan transiciones de fase propias del lado derecho de la curva de Hubbert hace que el deterioro económico, con la subsiguiente bajada de consumo energético, sea percibido como la causa inmediata del descenso energético, y no al revés; esto es lo que lleva a hablar de "Pico de demanda" en contraposición al "Pico de producción" o Peak Oil. En realidad desmontar el mito del cenit de demanda es bastante simple: si el problema es el cenit de demanda,  al final el crecimiento económico volverá con fuerza, acabado este ciclo. Si el problema es la producción, entonces esta crisis no acabará nunca dentro de nuestro paradigma económico actual. Sin embargo, es de esperar que durante lustros y décadas incluso los países que hayan caído en este agujero negro, en este colapso catabólico, afirmen que la recuperación está a punto de empezar y que el descenso energético es cenit de demanda de múltiples causas, tan grande es nuestra ceguera y tan fuerte la fe en el crecimiento económico que nos hacen incapaces de reconocer el Oil Crash a pesar de estar viviéndolo. Este proceso involuntario de colapso realmente será catabólico, con destrucción deliberada o accidental de aquellas estructuras que ya no podremos mantener. Peor aún, destruirá aquellas instalaciones o inversiones que necesitábamos para paliar el déficit energético: se paralizará la exploración y desarrollo de nuevos pozos en los países afectados o donde operen las compañías oriundas del país colapsante, se dejarán de construir centrales térmicas, parques eólicos, etc. En el medio plazo la situación tenderá a degenerar hacia el caos, hacia la agudización del colapso siguiendo sus diferentes fases. El hecho de que para el resto de los participantes en este juego, los países que todavía no habrán colapsado, la situación sea más o menos normal, con una distribución eficiente del petróleo y de la energía en general, hará que ni siquiera en el país colapsante se sea consciente de que se está viviendo una crisis energética; es más, cuando se intente abordar el tema no tocará hacerlo, porque otras cuestiones más urgentes - la crisis económica y financiera- requieren nuestra atención. ¿Quién querrá invertir en una nueva línea de tren si no puede financiarla? ¿Quién se planteará establecer un plan de choque de ahorro energético cuando la prioridad será reducir el rampante paro? ¿Quién invertirá en investigación si no sirve para pagar ya las facturas? No se percibirá que hay un problema con la energía hasta que los precios se mantengan permanente altos, y entonces, cuando la fase volátil de los precios haya acabado, será porque el declive agudo de producción habrá comenzado, y en ese momento será demasiado tarde para hacer nada. Es decir, cuando sepamos que tenemos una crisis energética porque ésta sea plenamente evidente entonces ya será terminal.


La intervención económica (perdón, el rescate) significa una profundización irreversible de este proceso complejo y que no será reconocido como lo que es: una crisis sistémica asociada a una crisis de los recursos naturales. A Portugal le han recogido el examen y el profesor se ha parado ya en nuestro pupitre. Es un magro y a la vez estúpido consuelo que esos países que nos miran por encima del hombro, llamándonos a la cara CERDOS (por las siglas en inglés de los países caídos en desgracia) aún no se han dado cuenta de que después de recogernos nuestro examen el maestro irá a sus pupitres también. Y resulta que ninguno de nosotros, desde Grecia hasta los EE.UU., ha acometido las reformas que hacían falta a todos los niveles, energético, económico y financiero (por no hablar del medioambiental); todos nos hemos embobado pensando en fantasías de redes eléctricas inteligentes, millones de coches eléctricos, pilas de hidrógeno, biocombustibles de algas, reactores nucleares regeneradores rápidos y de fusión y cosas por el estilo... hemos dejado volar nuestra imaginación en vez de responder el examen. Ahora es tarde para lamentarse.


No me preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.


Salu2,
AMT