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miércoles, 12 de agosto de 2020

Agitación, propaganda y confusión

 

Queridos lectores:

Durante las últimas semanas, como reacción a la grave crisis sanitaria que ha planteado la epidemia de CoVid-19 en todo el planeta, se está observando un fenómeno de mucha transcendencia: la emergencia de multitud de teorías de la conspiración, a cual más disparatada, sobre las "verdaderas pero ocultas razones" de la CoVid. Que se generen múltiples teorías de las conspiración sobre cada hecho cotidiano no tiene nada de particular (en este blog ya habíamos comentado en su día sobre los chemtrails o sobre las energías libres). Lo inusual del caso en que en esta ocasión la dimensión que están tomando estos movimientos conspiranoicos es mucho mayor que los anteriores, y crecen a un ritmo realmente acelerado, hasta el punto que está comenzando a convertirse en un problema de orden público.

Dentro de un tiempo, cuando se asiente la polvareda de estos convulsos años, el estudio de lo que ha pasado (y está por pasar) será apasionante desde el punto de vista sociológico. Por qué, en medio de una crisis sanitaria como no se había visto en nuestras vidas, la reacción de una parte significativa y creciente de la población es una mezcla de escepticismo, desconfianza, rabia e incluso rebeldía. Lo mejor del caso es que todos esos sentimientos son infundados. Entendámonos: no es que no haya razones, así en general, para el escepticismo, la desconfianza, la rabia e incluso la rebeldía; al contrario, debido a lo disfuncional que es esta sociedad las causas para todo ello abundan. Pero no las hay para decir todas las cosas que se dicen sobre la CoVid. Da la impresión de que la pandemia ha hecho que todo esa montaña de sentimientos negativos, amontonados durante años, ha acabado por desbordarse con toda la tensión extra que ha causado la CoVid y se ha derrumbado caóticamente sobre este tema que, de todos, es el que menos tenía que ver con toda la angustia acumulada.

No se puede negar que a finales de 2019 el mundo vivía una situación de calma tensa, anticipando la debacle económica que se venía. Sabíamos que tarde o temprano se iba a producir una recesión fuerte, fruto de muchas contradicciones no resueltas y de problemas que iban in crescendo. En muchas de esas contradicciones había de fondo, como suele pasar, un problema de energía; pero como de costumbre no afloraba: se distraía la cuestión hablando de coches eléctricos, de la transición renovable, de los objetivos de emisiones, del Green New Deal, de la algarada del diésel (y sus consecuencias)... Sin embargo, todo el mundo económico descontaba un "cambio de ciclo" en algún momento entre 2020 y 2021, y la única cosa en cuestión, más que la fecha, era cuál sería su profundidad.

Así que se puede decir que la CoVid-19 llegó en el momento oportuno. Nadie podía prever que pasaría y por supuesto no es una enfermedad creada en un laboratorio, pero también por supuestísimo se ha aprovechado la CoVid para hacer una serie de "ajustes" que se tenían que hacer de todos modos. Digamos que se aprovechó para "soltar lastre" en medio del hundimiento general: algunas grandes empresas se deshicieron de personas y fábricas y le endosaron la culpa no a su mala gestión anterior, sino a la CoVid, que aparecía así como el villano ideal al cual cargarle todas las culpas. No hay nada de excepcional en esta manera de actuar: es la que se usa siempre. Las crisis y los problemas se suceden continuamente, y más en el contexto de un sistema capitalista que cada vez choca con más fuerza contra los límites biofísicos que nos marca el planeta; esa máxima del gran empresariado de "convertir las crisis en oportunidades" significa, en esencia, hacer exactamente esto: aprovechar la debacle general para hacer la purga particular y encima irse de rositas porque la culpa no es de uno, sino del villano del momento (la CoVid, las hipotecas subprime o la deuda soberana, qué más da).

Esa caradura institucional, la misma de siempre, es lo que alimenta todavía más la sensación de que la pandemia de CoVid es una estafa. Sin embargo, lo que es una estafa es cómo se aprovechan de ella los poderosos, no el problema en sí, que continúa siendo real y presente (y quién no se lo crea, que se pase por las plantas de esos hospitales que vuelven a estar saturados). De hecho, a estas alturas los ricos y poderosos ya han hecho su purga, y ahora la CoVid les empieza a molestar, porque ya ha durado más de la cuenta.  Porque resulta que la excusa conveniente, el villano ad hoc, no ha hecho mutis por el foro cuando ya no se le requería (como hicieron las hipotecas subprime o las deudas soberanas), sino que sigue molestando y amenaza con quedarse por mucho tiempo. Esto se nos ha ido de las manos. Es por ello que esos caraduras institucionales que mencionábamos más arriba han cambiado de planes. Visto que la vacuna (si es que alguna vez llega) aún se va a demorar bastante tiempo y que no hay tratamiento efectivo, algunos de estos poderosos están alentando la idea de que en realidad no hace falta tomarse tan en serio la CoVid, con la simple idea de que la pandemia no continúe haciendo daño a la economía. En sus frías hojas de Excel, la muerte de entre el 1 y el 5% de la población del planeta es algo asumible, pero lo que no es asumible es mantener la economía al ralentí por más tiempo. Claro que el parón de la economía nos perjudica a todos, pero parece que a quien más tiene más le perjudica (por paradójico que pueda parecer). Por ese motivo, en muchos países occidentales algunos partidos políticos de los considerados sistémicos tienen ahora una actitud tibia con la pandemia, en tanto que partidos más contestatarios y reaccionarios alientan la idea de que se está aprovechando la crisis de la CoVid para recortar libertades y avanzar hacia un estado autoritario (lo cual no deja de ser divertido, porque ese retroceso en las libertades individuales en Occidente lleva décadas dándose, y no es que haya empeorado con la CoVid). Y posiblemente esos mismos ricos y poderosos están financiando campañas de desinformación sobre la CoVid, en la esperanza de que pisemos el acelerador, la pandemia se lleve por delante a quien tenga que llevarse por delante y podamos volver pronto al BAU. Mi tesis es, en suma, que una de las razones por las cuales estos movimientos conspiranoicos acerca de la CoVid han ganado tanto peso es debido a una campaña de agitación y propaganda con fines inconfesables promovida soterradamente por algunos poderes económicos.

Por supuesto, no deja de ser una teoría, pero puestos a postular teorías de las conspiración ésta me parece más verosímil que cualquiera de las alternativas que ahora se promueven. Veamos por qué.

En primer lugar, no ha habido en los países occidentales, por lo menos desde la Segunda Guerra Mundial, una capacidad real de movilización contra ninguno de los problemas graves, de salud y ambientales, que aquejan a la Humanidad. En los años 60 y 70 los movimientos ambientalistas consiguieron tomar cierto impulso, pero cuando comenzaron a ser una preocupación del poder político fueron neutralizados mediante la banalización, la infiltración y la cooptación; y, si todo lo anterior fallaba, directamente con la criminalización. Miren a su alrededor. No hemos reaccionado apenas a décadas de contaminación de todo el planeta. Ha habido problemas gravísimos de salud causados por la irresponsabilidad del Hombre (el DDT, la talidomidala acumulación en los huesos del estroncio radioactivo, los efectos del RoundUp en el medio ambiente, etc), por no hablar de grandes desastres ambientales (la tragedia de Bophal, entre otras muchas); pero por no ir más lejos miremos el caso del Cambio Climático. Sabemos de sobra que el incesante incremento de la concentración de CO2 causado por la quema masiva de combustibles fósiles está haciendo aumentar la temperatura media del planeta y está alterando los patrones climáticos, con efectos potencialmente devastadores. ¿Estamos haciendo algo? No, no estamos haciendo nada en absoluto. Decimos que sí, pero es que no. Pasan los años, las décadas, y no hay ninguna mejoría en este aspecto; si acaso, un empeoramiento. Lo que sí que ha habido es toneladas de desinformación y de malas excusas, pero acciones reales y efectivas contra el Cambio Climático, ni una sola: la concentración media de CO2 continúa subiendo, imparable, cada año. Y si con un tema tan crítico no ha habido movilización, ¿cómo se entiende que la haya ahora contra la CoVid, cuando es un tema más cercano y más fácil de verificar que el Cambio Climático? 

El tono general de las teorías de las conspiración con respecto a la CoVid se centra en el recorte de las libertades individuales. La CoVid sería una excusa para limitar las libertades de las personas e imponer un nuevo orden mundial o una dictadura comunista o un orden illuminati y reptiliano o qué sé yo. Lo cierto y verdad es que los Gobiernos han sido extremadamente tímidos a la hora de tomar medidas. Por ejemplo en España, dada la gravedad de la situación que se planteó en marzo, con una total escasez de Equipos de Protección Individual (EPI), mascarillas, respiradores, reactivos específicos para las pruebas mediante PCR, etc el Gobierno podía haber intervenido fábricas y empresas y haber forzado que una parte de la producción nacional se dirigiera a cubrir estos bienes tan necesarios y escasos en ese momento. Pero no se atrevieron, precisamente, para no ser tachados de estalinistas, intervencionistas o lo que fuera. Esto es curioso porque hace 40 años se hubiera considerado normal una intervención de ese calibre, dada la gravedad de la situación, y ahora es algo impensable, una aberración. De hecho, si la enfermedad ha seguido un curso peor del que debería (no en España, sino en todos los países) ha sido, precisamente, porque la vigilancia no ha sido tan estricta como debería, y porque no pocos consideran que el problema no va con ellos y en realidad no les pasa nada por saltarse las normas. Vamos, justo lo contrario de una encarnación de la novela "1984" de George Orwell. A la hora de la verdad, acabada la situación de Estado de Alarma en España, la gente está haciendo básicamente lo que quiere, incluso en localidades como en la que yo vivo, donde el ProCiCat aún recomienda no salir de casa si no es necesario dada la fuerza de un brote que comenzó hace dos semanas pero la gente campa por sus respetos como si tal cosa.

Una de las manías más absurdas de los defensores de la teoría conspiratoria de la CoVid es actualmente la oposición a ser vacunado contra esta enfermedad. Esto es bastante divertido, porque se está dando por hecho que vamos a tener una vacuna pronto y que vacunarse será obligatorio. Con respecto a lo primero, no es seguro que lleguemos jamás a tener una vacuna contra la CoVid: hay muchas enfermedades infecciosas para las que nunca se consiguió una vacuna, y la CoVid no es precisamente una enfermedad de las que lo ponen fácil. Por ejemplo, ahora sabemos que dos o tres meses después de haber pasado la enfermedad la mayoría de los pacientes sufren una considerable reducción de anticuerpos, hasta el punto de volverse indetectables en una buena parte de ellos. Bien es cierto que la respuesta inmune a largo plazo no depende tanto de los anticuerpos en la sangre como de la presencia de linfocitos T que "recuerden" la enfermedad; de momento hay pocos tests analizando si han aprendido o no a luchar contra la CoVid, pero dada la mutabilidad del virus es posible que la CoVid sea una de esas enfermedades "difíciles de recordar", como el resfriado común o la gripe. Así que no podemos dar por hecho que vayamos a tener alguna vez una vacuna efectiva, por más que el presidente ruso vacune a su hija con una vacuna de su invención. Y con respecto a la segunda aseveración, es poco probable que la vacunación sea obligatoria para toda la población: como mucho, lo sería para la población de riesgo, la cual, seguramente, sí querría ser vacunada.

Estas obsesiones insensatas sobre la vacuna de la CoVid encajan bien con un movimiento conspiranoico de ya cierto recorrido en nuestra sociedad, el de los antivacunas. Los antivacunas sostienen que las vacunas no son 100% seguras, que sirven para propagar enfermedades y/o para el control mental y/o para rastrear a la población inyectando un microchip (esto último es de relativo nuevo cuño, y empalma con otra de las conspiranoias de nuestro tiempo, el de las redes 5G, a las cuales, por cierto, otro grupúsculo acusa de causar la CoVid - qué importa que prácticamente no haya antenas de 5G en España). 

Con respecto a lo primero, es cierto: las vacunas no son 100% seguras. Existe un porcentaje, conocido y documentado, de reacciones adversas graves, que en ocasiones son tan graves que pueden ocasionar la muerte. Eso le pasa a cualquier vacuna. Los porcentajes de reacciones adversas graves pueden ser tan bajos como uno cada 10 millones o tan elevados como 1 entre 100.000. Porcentajes más elevados de reacciones adversas que ésos simplemente no se aceptarían, porque con las vacunas se pretende que haya una relación coste-beneficio positiva: se pretende salvar más vidas que las que se ponen en riesgo. Y continuamente se está experimentando y perfeccionando las vacunas para reducir aún más el porcentaje de reacciones adversas graves, que en la mayoría de las vacunas son ya bajísimos, tan bajos que cuesta ya establecer si hay una reacción de causalidad. Pero la clave de todo está en que, si no se vacunase, moriría mucha más gente. Está la cuestión adicional que la vacunación no es solo una cuestión de salud individual, sino también de salud pública: los que se vacunan hacen de barrera para que la infección no se propague, y eso ayuda a la erradicación de la enfermedad. Por cierto, todos los medicamentos pueden provocar efectos adversos; por ejemplo, si se leen Vds. las reacciones adversas documentadas para el ibuprofeno éste puede (muy raramente) causar alucinaciones, meningitis, fallo cardíaco, ictus y hasta la muerte.

Con respecto a las otras manías de los antivacuna de la CoVid (control mental, rastreo) son completamente estúpidas. Nuestras capacidades tecnológicas no llegan tan lejos; esos planes suenan a película mala de ciencia ficción. Además, ¿para qué recurrir a métodos tan complejos cuando los métodos actuales ya son lo suficientemente eficaces? Por ejemplo, ¿qué sentido tiene meterle a alguien un microchip para rastrearle - microchip que se puede inutilizar, quedar sin batería, ser destruido por el organismo o quedar alojado en un hueso y perder cobertura - cuando todo el mundo lleva encima dócilmente un móvil que le permite a los operadores de telefonía e incluso a los grandes operadores de internet rastrearle? ¿Cuando instaló Vd. la actualización del Google Play dio a aceptar en una lista de permisos, incluyendo el de los servicios de ubicación? ¿Sabe Vd. que Google usa los micrófonos de los móviles y de los dispositivos Google Home para grabarle sin su permiso? Si hasta La Liga de fútbol española usa una aplicación que usa el micrófono de los móviles para detectar en qué bares se ve fútbol sin pagar el canon (lo siento, en este caso no puedo poner enlace porque sería de un medio español y hace años que no lo hago por estas razones).

Con todo, lo más descorazonador de esta rebelión de chichinabo de los anti-CoVid (a ver cuándo aparece un grupo que decide no creer en las paredes o en la Ley de la Gravedad; sería igualmente absurdo pero al menos más divertido) es que los que participan en ella se creen que son algo así como luchadores por la libertad o libertadores. Nada de eso. Son tontos peones movidos por otro, y en cuanto a su faceta de "luchadores" simplemente habría que verla enfrentada a un movimiento autoritario de verdad. En una sociedad que ha comulgado con auténticas ruedas de molino y que, salvo honrosas excepciones, nunca se ha rebelado (y quien lo ha hecho bien que lo ha pagado), ¿acaso hay quien crea que todos estos "libertadores" aguantarían el tipo delante de una verdadera represión? Todos sabemos, ellos los primeros, que se volverían a su casa con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas antes de que les cayera el primer garrotazo. 

No va a ser con estas revoluciones de sofá como se va a cambiar a la sociedad. No es rebelándose contra hechos de la Naturaleza como se conseguirá  un avance. No es perdiéndose en disputas espurias como llegaremos a algo. A todos ésos más les valdría abandonar esas ínfulas de revolucionario del tres al cuarto y pararse a pensar cuáles son nuestros problemas reales.

Salu2,

AMT 

 

Post Data: Mientras escribía este post, se me planteó la duda de si merecía la pena escribir algo más informal y con capacidad de llegar a más gente, o seguir con el tono habitualmente neutro y analítico de este blog. Las dos opciones tenían sus méritos y desventajas, y no me supe decidir entre ellas. Así que al final decidí que iba a hacer las dos. Éste es el post analítico y justo detrás viene su mellizo, aunque, no sé, quizá me he pasado un poco con lo de su tono informal...

 

 

viernes, 28 de noviembre de 2014

La ilusión del control


Queridos lectores,

Tenía la intención de dedicar al siguiente post a la puesta al día de "El ocaso del petróleo", pero debido a un largo viaje y muchos compromisos no me ha sido posible terminar en tiempo razonable ese análisis (que espero que sea el siguiente post). Adicionalmente, dados los eventos actuales he creído oportuno hacer este breve post, resumiendo algunas ideas muchas veces repetidas en este blog pero que, por lo que parece, no son capaces de penetrar el muro de silencio (paradójicamente, construido con ruido) que imponen los medios de comunicación de masas sobre dos hechos claves en nuestro futuro inmediato: la escasez de petróleo y la desestabilización climática.

Hablo de muro de silencio, y sin embargo los dos temas ocupan bastantes páginas de los diarios e incluso de los noticieros televisivos estos días. Sin embargo, tal despliegue mediático, tal repetición de discusiones y reportajes focalizados sobre estos temas, que presuntamente muestran una pluralidad de puntos de vista, ocultan en realidad los planteamientos más sólidos y que dan la explicación más directa y evidente sobre lo que está pasando.

Veamos primero la cuestión del petróleo. Unos medios y otros explican que la bajada de los precios del petróleo de las últimas semanas son debidas a un exceso de producción, que el mercado está inundado de petróleo y que en realidad lo que está pasando aquí es una guerra comercial entre unos y otros productores, que pretenden hacerse con un trozo mayor de la tarta. En lo que nadie se pone de acuerdo es quién está provocando esa producción excesiva. De acuerdo con algunos reputados analistas, la culpa es de Arabia Saudita, que respondiendo a las solicitudes hechas por los EE.UU. está aumentando su producción (ya que se asume que Arabia Saudita puede aumentar su producción de petróleo tanto como le dé la gana) para castigar a la díscola Rusia y hacerle pagar sus veleidades imperiales, en un movimiento similar al que - según reza el manual de estos expertos - llevó en 1991 a la caída de la Unión Soviética. Según otros analistas tanto o más reputados que los anteriores, lo que sucede aquí es que en realidad Arabia Saudita, molesta con la presunta independencia energética de los EE.UU., ha decidido hundir las explotaciones vía fracking del shale americano, que necesitan un precio por barril superior a 60-80$ para ser rentables. Por último, rizando el rizo, hay un tercer grupo de analistas tambien reputadísimos que nos dicen que en realidad es la propia bonanza del petróleo de fracking americano, cuya producción no cesa de aumentar, la que está causando la actual caída del precio del petróleo; no con la intención de castigar a los otros países sino con la de favorecer a su propia industria, pero obviamente hay víctimas colaterales. Pero independientemente de a qué grupo de analistas pertenezcan, la opinión casi unánime es que la bajada de precios del petróleo ha llegado para quedarse y que va a ser positiva para las economías de los países importadores y particularmente para las de los Occidentales, en tanto que puede poner en aprietos a países como Irán, Venezuela o Nigeria, que tendrán que aprender a vivir en un mundo con un mercado "más competitivo".

No es que las teorías propuestas no tengan ninguna base. El rublo y la bolsa rusa se están desplomando  como consecuencia de la bajada de los precios del petróleo. En los EE.UU. la explotación del fracking se está frenando. Por otro lado, también es cierto que muchos productores de la OPEP sufren con los actuales precios del petróleo. Lo que es radicalmente erróneo de todas las teorías propuestas es que se basan en la ilusión del control: todas ellas se basan en que hay alguien manipulando el precio por su interés, aunque resulta que no hay ningún ganador claro en ese juego. Las mayores empresas del sector están hiperendeudadas, y la bajada de precios las puede hacer quebrar; y muchos países productores necesitan precios altos para poder equilibrar sus balanzas fiscales.







En realidad lo que pasa es algo muy simple, y que hemos explicado en este blog desde sus comienzos: el petróleo no es una materia prima más. El petróleo es la principal fuente de energía del mundo y la más versátil, difícil de substituir en muchos usos; y la energía no es una mercancía más, puesto que la energía es la precursora de la actividad económica y no al revés. La escasez manifiesta del petróleo (como reconoce de forma cada vez más elocuente aunque a regañadientes la propia Agencia Internacional de la Energía) genera una espiral de inflación-destrucción de la demanda-deflación-destrucción de la producción y vuelta a empezar, que va a causar que cada vez haya menos producción de petróleo disponible aunque potencialmente se pudiera producir más; como repite incansable Gail Tverberg no es una cuestión de que haya o no petróleo, sino de que nos podamos permitir pagarlo. Y es que la escasez de petróleo asequible no genera precios altos, sino volatilidad: subidas y bajadas repentinas de su precio. También desde los principios de este blog explicábamos que lo que cabe esperar para la evolución del precio del petróleo es algo así:

El modelo banal que usaba entonces para discutir la evolución ulterior  del precio del petróleo ha resultado compartir muchas características de lo que ha ido pasando en los años posteriores; y sin embargo hoy en día se escuchan muchas voces diciendo que eso del peak oil es una tontería justamente porque está cayendo el precio del petróleo, cuando justamente la volatilidad salvaje era lo esperable al llegar el peak oil. Como explicábamos con mucho detalle en el post "La espiral", la actual caída del precio del petróleo es, sobre todo, fruto de la caída de la demanda y no de un gran aumento de la oferta. Aquellos analistas que están señalando a Arabia Saudita como la culpable de la actual caída de precios que empezó el pasado mes de Septiembre deberían de saber que en realidad ese país disminuyó su producción en Septiembre y volvió a disminuirla (como hizo el conjunto de la OPEP) en Octubre. Que en la reunión de hace unos días la OPEP haya anunciado que no recorta las cuotas de producción no significa, como malinterpreta la mayoría de los analistas, que quieren que el precio baje aún más, puesto que las cuotas fijan un máximo, no un mínimo: cualquier país de la OPEP puede producir por debajo de cuota si así lo desea y en realidad es lo que están haciendo. El mensaje que envía la OPEP con ese mantenimiento de cuotas es que no quieren ser ellos los que asuman en solitario el esfuerzo de estabilizar los precios. Y aún así, lo están intentando en parte, produciendo por debajo de cuota, lo que les lleva a sufrir puesto que sus ingresos caen por debajo de sus gastos y algún país podría reventar en el proceso, lo que dispararía de nuevo el precio del petróleo y agravaría la recesión global en curso, que es la causa real de la caída de la demanda y por ende de la bajada del precio. 

En realidad, la producción de petróleo se ha vuelto enormemente inelástica y variaciones en la demanda relativamente pequeñas provocan variaciones enormes del precio, como explica Euan Mearns en este post:


El efecto del peak oil sobre los precios es exactamente ese: oscilaciones salvajes como reacción a movimientos relativamente pequeños. La contracción económica global que según parece está comenzando explica esa pequeña caída de la demanda que está provocando esa gran caída del precio. En realidad todo se entiende mucho mejor si en vez de mirar al precio va uno y mira a la producción, como ya explicamos. La realidad es que incluso contando todos los hidrocarburos líquidos que más o menos asimilamos a petróleo la producción total no aumenta desde hace meses.
 
 
Y sin embargo cuando más evidente es que algo grave está pasando, más porfían los analistas en decir que es un determinado país el que está manipulando el mercado, e incluso llegan a decir que se tiene que intervenir contra él.

El otro grave hecho que se está manifestando con más fuerza estos días es el de la desestabilización climática. Nevadas inusualmente copiosas en el Norte de los EE.UU., inundaciones inauditas en Israel y Gaza, y en este preciso momento un gran temporal de viento y lluvia está comenzando a azotar España. Algunos boletines meteorológicos locales hablan de un gran temporal de levante, cosa que era bastante habitual en la costa mediterránea española a finales del verano pero no en el último tercio del otoño en el que nos encontramos. El contexto general de las informaciones meteorológicas, a pesar de la proliferación de alteraciones climáticas profundas en este país (como las ciclogénesis explosivas que afectaron la cornisa cantábrica el último invierno o el anómalo verano que hemos vivido en el tercio norte de la península ibérica), es de intentar hacer encajar estas anormalidades en el contexto de la predicción meteorológica estándar, lo cual es cada vez más aberrante y más incomprensible. En realidad, como explica Robbert Scribbler se están produciendo cambios muy profundos en la corriente de chorro polar (sí, esa misma que mencionábamos en el post más destacado de este blog, "Un año sin verano"), tan profundos que ahora ya no gira en torno al Polor Norte sino, empequeñecida, alrededor de Groenlandia. Y la actual tempestad en España es consecuencia de uno de los bucles que nos envía el mínimo groenlandés, como se ve en el siguiente mapa de vientos sacado del post de Scribbler:


Cada vez es más flagrante que los cambios de nuestro clima se están acelerando, cada vez pasan más cosas inusuales y de mayor intensidad y gravedad, y sin embargo la actitud mayoritaria de las agencies estatales de predicción meteorológica es la de informar como si lo que pasase es un tiempo un poco extraño pero dentro de la variabilidad natural y esperable, y para nada vinculable al cambio climático. Se trata, sobre todo, de transmitir una imagen de tranquilidad y de que no hay de qué preocuparse, de que todo está bajo control...
 
Pero es que en realidad nada está bajo control, y ése es el problema real. Es muy duro saber que se vive en un mundo que nadie controla, sobre todo cuando uno es consciente de que nuestra indolencia de las pasadas décadas han hecho que nuestra economía y nuestro mismo hábitat se comporten ahora de una manera caótica y desordenada, anticipando muchos problemas en el futuro. En el caso de los recursos, es enorme la tentación de construir una fantasía tranquilizadora, en la cual hay un villano sacado de una película que está complicando las cosas y al que hay que derrotar para que todo vuelva a su estado normal. El problema de este discurso causal, de esa ilusión de que en realidad todo está bajo control (aunque sea el control de las manos equivocadas), es que en el corto plazo proporciona la esperanza de que las cosas se van a arreglar (el villano va a entrar en razón y cederá a las presiones razonables de "los nuestros"), pero si los problemas asociados con el estado de las cosas no disminuyen al final se acaba produciendo un "efecto boomerang" y la población e incluso las élites acaban reclamando una actuación decidida contra el villano como forma de arreglar el problema de una vez por todas (vean, por ejemplo, lo que refería Ugo Bardi con motivo de una reciente comparecencia suya delante del Parlamento Europeo). Básicamente, acaba habiendo una turba que exige linchar al malvado al que le echan la culpa de todos sus males, cuando realmente el pobre diablo tiene sus propios problemas y lo que está pasando no es culpa suya. Y la situación es bastante más grave si ese espurio villano al que queremos linchar es en realidad un país con armamento nuclear como Rusia.

La situación no es mucho mejor respecto a la desestabilización climática. Aquí no se trata de aplastar a un enemigo, sino de pretender que no hay ningún problema, mientras la situación es cada vez más preocupante e incluso algunas personas pierden la vida por no saber reaccionar delante de eventos que superan por su magnitud a lo que se esperaban. Aquí el enemigo es real (el cambio climático) pero imposible de combatir por medios convencionales y por ello se opta por ignorarlo mientras va llevándose su peaje de muertes y destrucción, el cual pasa con sordina por los medios. La ilusión del control pasa, en este caso, por dar por normal y asumible la desgracia creciente.



En ambos casos, la fe ciega en el poder omnímodo del hombre nos lleva a creer que controlamos procesos que escapan por completo a nuestro control, e incluso a nuestra comprensión simplemente porque no queremos mirarlos con objetividad. Como sociedad, somos obsesos del control, y no nos damos cuenta de la pequeñez de la Humanidad delante de los enormes procesos que hemos desatado. Solamente si por una vez fuéramos capaces de mirar a la Naturaleza de manera más sencilla y humilde, aceptando nuestras limitaciones, podríamos adoptar estrategias simples que reducirían tanto mal. Pero, obsesionados por el control del cual en realidad carecemos, seguimos ciegos caminando hacia un desenlace que podría llegar a ser fatal.

Mañana volaré de vuelta a casa; espero que las tormentas de estos días no me impidan llegar a mi hogar. Tengo ganas de regresar y poder estar de nuevo con los míos, ahora y durante los tiempos oscuros que nos aguardan.

Salu2,
AMT

sábado, 5 de noviembre de 2011

Huyendo de la realidad

Imagen de chemtrails sacada de Pakouss blog, http://infopakous.blogspot.com/
 
Queridos lectores,

Tengo una batería grande de temas que quiero tratar en los próximos posts, batería que se densificará con la publicación la semana que viene del nuevo World Energy Outlook de la Agencia Internacional de la Energía (del cual intentaré dar una primera valoración lo más inmediatamente posible: atentos a partir del miércoles). Sin embargo, he sentido la necesidad de escribir un post retomando la idea del cénit (siempre provisional) de la estupidez humana que apuntaba Ugly Youth en un comentario a mi post, y al hilo de una discusión en Facebook sobre la manida cuestión de los chemtrails, sobre la que también en algún momento se me ha llegado a preguntar en este blog. Sé que con este post no ganaré amigos, pero creo que en momentos de confusión como el actual, y otros más confusos que vendrán, es importante mirar a nuestro mundo con sentido común y con humildad. Sentido común para no buscar explicaciones complicadas a lo que bien parece responder a una dinámica más simple, y humildad para reconocer la pequeñez e irrelevancia del ser humano, por más que se crea entronizado por su tecnología y su ciencia en la silla de un dios menor.

Para quien no sepa de que va esta historia de los chemtrails la resumiré brevemente (aparte del enlace a la wikipedia que acabo de poner): resulta que desde algún tiempo algunas personas se han fijado en unas curiosas estelas que dejan algunos aviones al pasar. A pesar de que se insiste en que tales estelas se producen por condensación del vapor de agua (dependiendo de la humedad relativa del aire, la temperatura de las alas del avión, la potencia de empuje de los reactores, etc), los chemtraileros creen que en realidad son una especie de fumigación de la población con sustancias químicas que garantizan el control mental de la masa por parte de la oligarquía dominante. A partir de aquí se organiza todo un discurso de teoría de la conspiración y de malvados illuminati que conspiran en provectas cavernas para nuestro mal. Lo malo de toda esta rocambolesca historia es que no se sostiene por ningún lado.

En primer lugar, si el objetivo es dispersar una sustancia para que sea absorbida por la población, hay métodos más seguros y estables para hacerlo. Por ejemplo, con el suministro de agua potable. Las grandes ciudades del mundo civilizado (supongo que en el Tercer Mundo no hace falta control mental, teniendo como se tiene el control de las armas) tienen sus plantas de potabilización del agua en las que sería fácil añadir el ingrediente sorpresa querido, sea éste pentotal sódico o haloperidol. Además, sería mucho más fácil regular las dosis que llegan a la población y controlar su dispersión, y en las plantas de depuración de aguas residuales hacer desaparecer las pruebas sospechosas.

Pero, bien, imaginemos que por la razón que sea la dispersión ha de ser aérea. Dispersar sustancias desde aviones a reacción que vuelan a cientos de metros de altura no parece una idea muy inteligente. Quizá habrán notado que cuando se fumigan plantaciones o se intenta apagar incendios se usan aeronaves de hélice -avionetas o helicópteros-, que son capaces de volar más cerca del objetivo, para evitar que se disperse demasiado la carga - y fíjense que en el caso de la extinción de incendios estamos hablando de una sustancia muy densa, el agua. ¿Por qué? Porque si lanzamos cualquier sustancia no sólida desde una altura de centenares de metros su dispersión a medida que se acerque a la tierra será muy complicada y caótica. Resulta que los primeros metros (pongamos los primeros 100 metros) desde el suelo hasta la atmósfera forma la denominada capa límite, en la cual la velocidad del viento tiene que irse adaptando desde los mayores valores de las capas superiores hasta el valor nulo que tiene exactamente en contacto con la superficie. Dependiendo de la estructura topográfica y de la rugosidad del suelo hay una zona de dispersión, esta capa límite, donde la velocidad del viento no sólo va disminuyendo sino que va variando rápidamente de dirección, siguiendo un patrón en espiral si la topografía es plana; y si la topografía es más complicada seguirá un patrón bastante más complejo que puede extenderse unos cuantos metros por encima de los tejados de los edificios. ¿O es que no han notado nunca, los días de fuerte viento, los remolinos que se forman en las grandes avenidas? ¿O cómo el viento sopla del Este cuando van por una calle y al girar la esquina sopla del Norte? ¿No han visto jamás el caprichoso vagar de un papel o una bolsa de plástico? Pues eso mismo pasa por encima de los tejados de las casas, sólo que de forma más violenta debido a la mayor fuerza del viento. Y eso sin contar con lo caro que deben ser
todos esos vuelos de fumigación. Si lo que se quiere es gasear a la población, instale Vd. unos pequeños dispersores en lo alto de las azoteas de algunos edificios en las zonas más transitadas, o disemínelo a través de las chimeneas de ciertos edificios, y tendrá el mismo efecto de forma más discreta y controlada. Por otro lado, para qué querrán controlarnos con los exóticos chemtrails si ya está la más prosaica pero perfectamente efectiva televisión.

Claro está, todos esos métodos no tienen la vistosidad de los chemtrails, que nos hacen imaginarnos una lucha a brazo partido contra el Doctor No, como si fuéramos justicieros vengadores a la James Bond (y ya puestos a soñar, con una buena Úrsula Andress entre los brazos). En el fondo, los proponentes de los chemtrails escogen una narrativa heroica, de lucha denodada contra un poder demoníaco, omnisciente y casi omnipotente, tras cuya derrota se establecerá un nuevo orden; nada nuevo, pues, respecto a las viejas historias de un Hermes que espada en mano le corte la cabeza al monstruo de los cien ojos. No hemos progresado mucho desde el helenismo, por lo que se ve.


Esta narrativa es en todo análoga a la de los defensores de las energías libres (de hecho, suelen ser las mismas personas). Ya comentamos aquí lo absurdo e infundado de las energías libres (por cierto que en inglés free energy es un término ambiguo, que tanto quiere decir energía libre como energía gratis, que en el fondo es lo que se pretende para seguir viviendo a todo trapo como hasta ahora); lo interesante ahora es ver cómo los mecanismos psicológicos son los mismos que en el caso de los chemtrails, y eso explica el por qué de que los afiliados a estas dos teorías coincidan. Los dos grupos anteriores también coinciden frecuentemente con los defensores de la gran conspiración mundial de los illuminati y el Nuevo Orden Internacional. No conozco todos los detalles de esta teoría de la conspiración en particular, pero en esencia es que hay una casta oculta de ricos y poderosos que forman un consejo que toma decisiones para regir el destino del mundo, y que tienen un demoníaco plan para someternos a todos a una esclavitud sin fin. En realidad, esta proposición es también bastante absurda: es obvio que los más ricos y poderosos conspiran para preservar su situación de privilegio, e influyen de manera ilegítima sobre nuestros representantes políticos, subvirtiendo lo que significa la democracia; pero lo hacen a la vista de todos, sin esconderse y, en el fondo, sin avergonzarse, porque en algunos casos hasta creen que es lo mejor, si no lo correcto; y no les hace falta una mesa de roble en una caverna oscura presidida por una cabeza de macho cabrío para actuar de esta manera. Por otro lado, aunque algunos de estos poderosos tengan sus planes para anticipar el caos que se viene, dudo que todos coincidan en el diagnóstico de los problemas y en las soluciones a aplicar. Y en última instancia no es obvio que se puedan salir con la suya, ya que queda siempre la incertidumbre del factor humano: ¿serán siempre fieles su milicias ejecutoras? ¿cumplirán siempre los líderes políticos las directrices marcadas? ¿se mantendrá el pueblo siempre sometido? La Historia demuestra que es imposible tenerlo todo atado y bien atado. Pero, de nuevo, la narrativa heroica de la lucha contra estos grandes malvados que nos han robado nuestra merecida prosperidad pasada, y que recuperaremos si les derrotamos, es mucho más atractiva que la ramplona y mediocre realidad.

Los economistas y los políticos también caen, curiosamente, en la misma práctica de autoengaño, buscando un discurso más atractivo que realista; por ejemplo, se habla de recuperar la senda del crecimiento aunque la realidad es que esta crisis económica no acabará nunca; de aceptar sacrificios ahora en pro de esa prosperidad futura cuando, en realidad, cada ajuste nos aboca al colapso catabólico; de planes de rescate necesarios para arrancar la economía cuando en realidad sirven para tapar los agujeros de los grandes bancos; de políticas de fomento del empleo que en realidad son la degradación de las condiciones laborales de los trabajadores; etc. Y es que, de nuevo, nuestros líderes buscan una narrativa heroica, en la que gracias a su tesón y sentido del Estado consiguen que todo vuelva a la situación anterior, es decir, al crecimiento sin fin.


Por contraste con esta manera de discurrir, la narrativa del Oil Crash es mucho más gris. No es negra como muchas veces se dice. El Oil Crash no es el fin de la Humanidad; no, desde luego, si no queremos que así sea. El Oil Crash no es la narrativa del apocalipsis; pero lo que sí que es el Oil Crash es una narrativa de la humillación. Porque consiste en aceptar que el ser humano tiene límites, que por una vez no va a poder ganar. Y eso al Homo Invictus surgido de la Revolución Industrial, que ha prosperado indefinidamente desde hace dos siglos, le resulta difícil de tragar. Ése es el problema en realidad con el Oil Crash: la soberbia del hombre moderno. Es mejor para nuestro ego creer que hay un hombre malvado que lo controla todo a aceptar que la situación escapa al control del hombre, aunque sea uno abyecto. Lo malo de la narrativa heroica es que no sólo es errónea, es que nos aboca al desastre. Y si de narrativas se trata, consideremos una alternativa...

Historia de los tres leñadores: Hubo una vez tres leñadores que tenían sus casas, con sus huertos y sus gallinas, en la vega de un caudaloso río. La tierra era fértil, el agua pura y los bosques proporcionaban madera en abundancia. La vida era simple pero desahogada. Un día salieron como siempre de buena mañana a buscar leña al bosque, y al volver encontraron sus propiedades devastadas. Las puertas de las casas estaban reventadas y el interior completamente lleno de barro; los huertos removidos y  muchas verduras habían desaparecido; y algunas gallinas habían muerto y otras vagaban dispersas por el bosque cercano.


Los leñadores estaban consternados. Aquél había sido un buen valle y una buena tierra, poco poblada y generosa con sus habitantes; no conocían los robos y apenas la violencia. ¿Qué había podido pasar? Tras observar que los destrozos se prodigaban por todo el valle, todo el mundo concluyó que la causa de la destrucción había sido una repentina avenida del río, la cual afortunadamente les había pillado lejos de las casas. Sin embargo, en más de doscientos años de historia no se había visto nunca una avenida de tal magnitud, con lo que los leñadores no sabían a qué atenerse, si se volvería a repetir o no. Así que cada uno de ellos se puso a reflexionar por separado sobre cuáles habían sido las causas y como prevenirlas de cara al futuro.


El leñador de la vega baja llevaba tiempo observando que el leñador de la vega alta se había hecho poco a poco con el control de muchos predios, que había comprado a bajo precio de otros leñadores a los que había embaucado con mil y una tretas. Además, razonaba, el leñador de la vega alta estaba cortando cada vez  más leña en el bosque, según él porque tenía buenos clientes en la ciudad. Concluyó el leñador de la vega baja que el leñador de la vega alta había construido una presa río arriba, que dejaba embalsar y que después dejaba ir el agua de golpe para arrasarlo todo; inclusive su propiedad, para no parecer sospechoso, pero como él tenía cada vez más terrenos fuera de la vega estos destrozos le perjudicaban menos que a los demás. Por eso, seguía su razonamiento, cuando había venido el agua alta no le pilló en casa: porque estaba río arriba reventando la presa. Su ruin plan era evidente: pretendía arruinarle a él y al leñador de la vega media para quedarse con sus tierras por cuatro chavos. Decidió por tanto el leñador de la vega baja que no quitaría el ojo al leñador de la vega alta, y que sólo dormiría en su casa cuando lo hiciera aquél. Con el tiempo, el leñador de la vega baja encontró más y más hechos que cuadraban más allá de cualquier duda con su interpretación de los hechos, y su actitud con cualquiera que presentaba objeciones se volvió más agresiva, especialmente con la actitud del leñador de la vega media, del cual ya no sabía si era tonto de no ver lo evidente o es que estaba en realidad conchabado con el leñador de la vega alta.


El leñador de la vega alta había perdido mucho dinero con la inesperada avenida. Todas sus propiedades lindaban con el río, y todas habían resultado gravemente dañadas, pero como tenía mucho aún le quedaba bastante como para vivir holgadamente. Le había costado mucho llegar a tener su posición actual, y le parecía mentira que el trabajo duro de tantos años se pudiera echar a perder por un capricho de la naturaleza, un evento brutal que se había presentado por primera vez en doscientos años que se supiera, porque no había registros anteriores y, quien sabe, quizá hacía más de mil años que no se veía una cosa así. El caudal del río estaba, después del incidente, en los niveles habituales y en nada se distinguía el río del que había visto tantos años. Además, con el aporte de sedimentos aluviales sus tierras empezaron a producir más que lo que habían producido antes. Llegó a la conclusión de que la avenida del río había sido un hecho fortuito, un evento raro que sólo se da una vez cada ciertas generaciones, y que de hecho había aportado cosas positivas, como por ejemplo que otros leñadores le habían vendido sus tierras muy bien de precio. En el fondo, razonaba, la suerte está del lado de los audaces y el aluvión era una gran oportunidad. Se convenció, en fin, de que las cosas iban de maravilla y que no había nada que temer del futuro.


El leñador de la vega media era un hombre paciente y observador, taciturno. Le gustaba quedarse largas horas en el porche de su casa mirando el río, el bosque, las montañas... o perderse paseando por el bosque, hasta el punto de conocer cada árbol, cada piedra, cada pequeño arroyo... Hacía tiempo que veía que los inviernos eran cada vez más crudos en la montaña, donde de un año para otro se acumulaba más nieve, a juzgar por lo blancas que se veían las cumbres. Además, se habían talado demasiados árboles a la vera del río y daba la impresión de que la tierra ya no absorbía tan bien el agua del río cuando éste se salía de su cauce. Se lo había comentado al leñador de la vega alta, pero éste le dijo que exageraba y que él estaba consiguiendo muchos beneficios vendiendo buena madera en la ciudad, y que en el fondo lo que pasaba es que le envidiaba. Se lo comentó al leñador de la vega baja, pero éste estaba demasiado pendiente en seguir al leñador de la vega alta y siempre iba a talar donde estuviera aquél y no atendía a otras razones. Concluyó el leñador de la vega media que en los años siguientes, cuando llegara el deshielo, podría venir alguna otra avenida, incluso mayor que la que les había destrozado sus casas y haciendas, y decidió que lo más razonable era moverse a tierras un poco más altas. Le costó mucho esfuerzo y mucho tiempo moverse hacia el interior. Primero se llevó el huerto, y dormía en un vivac al lado de él. Los otros leñadores se reían de él, pensando que era un excéntrico al dormir al raso cuando tenía una bonita casa al lado del río. Después hizo un corral para las gallinas, pero al principio se tenían que guarecer con él en su vivac, y siempre estaba lleno de plumas y le llamaban "cara de pollo". Con el tiempo fue construyéndose una casa nueva, viviendo con gran austeridad para poder comprar los enseres y herramientas que necesitaba; los otros le señalaban y le llamaban mendigo.


Terminó su casa justo para ver desde una distancia segura cómo pasaban flotando por el río crecido los cadáveres del de la vega baja y del de la vega alta.

Salu2,
AMT