viernes, 20 de abril de 2012

Entropía

Imagen de http://somethingsurprising.blogspot.com
Queridos lectores,

Paso con cierta frecuencia al lado de un colegio, a un rato caminando desde mi casa. Como soy de natural curioso, me he ido fijando en algunas cosas de este centro público del saber elemental. Más concretamente, en sus cerramientos exteriores. Tiene el colegio un muro exterior de un metro y medio de alto, más o menos, y encima de éste una valla metálica. No sé cuántos años tiene el colegio, pero por su aspecto exterior yo diría que tiene unas pocas décadas de antigüedad; seguramente data de la segunda mitad del siglo pasado. El caso es que el paso del tiempo ha dejado ya alguna mella en el muro exterior, como se ve en la siguiente foto:




Aparte de la pintada que afea un poco el muro se aprecia que uno de los ladrillos está ligeramente roto. Un golpe un poco más fuerte de la cuenta, quizá un balonazo en una parte del ladrillo que coincidió que era más frágil, quizá una mala maniobra de una furgoneta de reparto... un hecho fortuito y puntual. Un poco más adelante se percibe otro problema que tiene pinta de ser más estructural:




La valla de metal está abombada, quizá por la acción del viento (que sopla a veces muy fuerte en estas comarcas) o bien por los ciclos de dilatación térmica. Sea como sea han tenido que soldar una barra horizontal (la de color verde; la blanca que se ve en segundo término es una portería de fútbol) que sólo está presente en esta sección de la valla. El problema que se ha presentado aquí es lo suficientemente persistente como para que se haya tenido que adoptar una acción para mantener la integridad estructural de la valla, aunque tal acción no está exenta de sus problemas.


En otra zona del muro el problema es otro: la competencia de otros seres vivos (líquenes y musgos) que van poco a poco minando la integridad de los ladrillos:


Se observa que el musgo, que crece vigoroso entre las junturas de los ladrillos, va poco a poco separándolos y haciendo mayores las grietas por donde se filtra el agua de lluvia; en unos pocos siglos la acción de la vida será la muerte o destrucción del muro. Por supuesto los seres humanos no se quedan de brazos cruzados y en algunos sitios han limpiado los ladrillos de líquenes y musgos, o bien al reparar otros desperfectos han puesto ladrillos nuevos, todavía no cubiertos:




Todos estos ejemplos banales, cotidianos, ejemplifican la preminencia y realidad de un concepto básico en Termodinámica y muy pocas veces entendido: la entropía.


Aunque hay cierta tendencia en los foros de internet, sobre todo en los abonados a las diversas teorías de la conspiración, a hablar de la entropía con cierta laxitud de lenguaje, el concepto de entropía está perfectamente bien definido desde el punto de vista matemático. Según la Termodinámica clásica, la entropía es una variable de estado que caracteriza la fracción de la energía interna de un sistema que nunca podrá ser convertida en trabajo útil. Que sea una variable de estado significa que esta magnitud tiene siempre el mismo valor para un sistema en un estado dado, no importa cómo se haya llegado a éste (por contraposición, el trabajo y el calor son variables de proceso, que están sólo definidas en un proceso de ir de un estado a otro y dependen que cómo concretamente se realiza ese proceso). Esta definición clásica de la entropía, aunque permite calcularla, es poco intuitiva al final, y por ello se suele mencionar más la interpretación de la entropía que nos brindó la Mecánica Estadística. Aplicando el Teorema Ergódico y varios conceptos sencillos se puede demostrar que el concepto clásico de entropía coincide con el valor esperado del logaritmo de la función de partición que describe el sistema. Esta frase es complicada y abstrusa, pero lo que quiere decir intuitivamente es fácil de comprender: la entropía mide el estado de desorden de un sistema. Cuando más ordenado es un sistema, cuando menos probable es que un sistema físico esté exactamente en el estado en que éste se encuentra, menor es su entropía, y a la inversa, a medida que un sistema es más ambiguo y desordenado, a medida que el estado macroscópicamente observado sea más probable su entropía será mayor.


¿Qué significan estas ideas de orden y probabilidad? Cosas que, en realidad, son intuitivas y que experimentamos día a día, y que se puede resumir en una frase común: Las cosas se desgastan con el uso, y que todo tiende a desestructurarse. A descacharrarse, vamos. Los movimientos son imperfectos, las cosas no están en reposo absoluto y así poco a poco las piezas se desencajan, cogen holguras y se rompen. Incluso con un mecanizado perfecto, el simple hecho de que estén a temperatura ambiente hace que haya cierta imprecisión, cierta imperfección, cierto movimiento anárquico y desestructurado: el de las moléculas que forman los objetos.


Un montón de paja perfectamente apilado en medio de la era es algo improbable: normalmente nos encontraremos tal pila porque un agricultor así la ha apilado, pero no como resultado de una fuerza natural. Si ese mismo agricultor abandona la pila a su suerte, el viento, la lluvia, los animales que pasen, la inestabilidad creciente de la pila... harán que ésta se desmorone y al cabo de pocas semanas estará dispersa en un cierto radio alrededor de la posición original de la pila. Si se esperan meses en vez de semanas lo que se encontrará serán vagos rastros de lo que allí hubo. Tal dispersión es fruto de la estadística, de un montón de pequeños movimientos aleatorios, sin una dirección precisa. Estos movimientos aleatorios tienden llevar a la paja a un estado en el que las briznas están diseminadas de manera más o menos uniforme por el suelo. Una tal configuración es indistinguible de otra en que la brizna A se sustituye por la B y la B por la A, o si pongo una brizna un poco más lejos o más cerca. Sin embargo, en la pila ordenada de paja la libertad de disposición de cada brizna está más restringida, porque al final se ha de formar una pila. El estado es menos aleatorio, más prefijado, más determinista, y por ello más improbable. Es decir, de más baja entropía.


Lo que acabo de ilustrar con el ejemplo de la pila de paja es el llamado Segundo Principio de la Termodinámica, uno de los pilares de la Física moderna. Este Principio se puede formular de varias maneras equivalentes, pero una de las más prácticas para la discusión de hoy es la siguiente: en cualquier proceso que uno verifique en un sistema aislado la entropía no puede disminuir. Si hacemos el proceso de una manera extremadamente cuidadosa, teniendo cuidado de no golpear ese ladrillo que se puede romper, de no permitir es holgura que va minando la pieza, movemos con precisión cada parte del sistema, etc... seremos capaces de evitar el crecimiento del desorden. Eso en la práctica es imposible, y de hecho nos lo dice el Tercer Principio de la Termodinámica: sólo a temperatura igual al cero absoluto (-273,13 ºC) puedes mantener la entropía bajo control. La temperatura no es más que una medida de la energía cinética molecular, y sólo a temperatura del cero absoluto las moléculas se están quietas; a cualquier otra temperatura siempre tienes ese movimiento molecular que va desajustando poco a poco tu sistema, que va destruyendo poco a poco la estructura que tan ordenadamente habías construido.

El Segundo Principio tiene también otras implicaciones importantes. Una consecuencia del inevitable crecimiento de la entropía cuando se verifica un proceso en condiciones reales (temperatura diferente del cero absoluto, precisión limitada en los movimientos, etc) es que el aprovechamiento de una fuente de energía para hacer un trabajo útil nunca podrá ser del 100%. Y es que por más cuidadosamente que hagamos el proceso siempre tendremos cierta anarquía, cierta aleatoriedad en el movimiento a escala molecular. Por tanto, al usar nuestra fuente de energía tendremos que pagar un peaje, y una parte de la energía de la fuente se perderá, se disipará, que dirían los físicos. Atención: recuerden que de acuerdo con el Primer Principio de la Termodinámica la energía total de un sistema aislado nunca varía, sólo transformamos un tipo de energía en otra. Y así es: al disiparse parte la energía que queríamos convertir en trabajo útil (el movimiento de un pistón, por ejemplo) se pierde por ejemplo calentando el pistón (es decir, aumentando la energía cinética de las moléculas que lo forman). De hecho, la vía más habitual de disipación en la térmica, la del aumento de la temperatura del cuerpo donde se efectúa el trabajo. La cosa es simple: si cuando Vds. usan una determinada fuente de energía para accionar un motor ven que el motor se calienta en alguna de sus partes (lo que es inevitable por la fricción), no tengan dudas: ahí se ha ido parte de la energía que tenía su fuente, ahí está su pérdida de rendimiento. Por supuesto que la disipación se puede producir y se produce de otras maneras: por medio de ondas sonoras, destellos luminosos, etc. Lo que sucede es que en última instancia todas las formas de disipación convergen en una sola, que es la disipación térmica: las ondas sonoras se degradan hasta la escala molecular, la luz absorbida por los cuerpos es reemitida cada vez a más baja frecuencia hasta llegar al equilibrio térmico, etc. Al final todo acaba traduciéndose en un aumento de la temperatura, lo cual, si se analiza con cuidado, muestra de otro modo la absoluta imposibilidad del crecimiento ilimitado, como brillantemente muestra Tom Murphy en un post reciente discutiendo con un economista.

El hecho de que en un proceso cualquiera la entropía del sistema global siempre aumente hace de la Termodinámica una disciplina peculiar en Física. Y es que las ecuaciones del movimiento que describen las otras ramas de la Física son reversibles en el tiempo (dejemos ahora al margen el problema de la medida en Mecánica Cuántica), pero la Termodinámica es capaz de fijarnos una dirección determinada en el tiempo, una flecha del tiempo. El tiempo avanza en la dirección que crece la entropía, podemos distinguir pasado y futuro simplemente porque cualquier tiempo pasado fue mejor (o al menos, menos entrópico). Es decir, como sabemos que las cosas tienden a desordenarse, a romperse, dada una colección de fotografías podemos saber cuál es su ordenación temporal, que siempre será yendo de lo más ordenado a lo más degradado. En resumen, que todo va siempre a peor, como ya sabemos.

Hay, sin embargo, una curiosa excepción a esta regla general: los seres vivos. Cada ser vivo consigue, durante un período limitado de tiempo -su vida- no sólo no aumentar su entropía sino de hecho disminuirla, al convertirse en su crecimiento en un ser cada vez más estructurado, más ordenado, más improbable si tuviera que ser fruto de las aleatorias fuerzas que operan en el medio físico. Los seres vivos consiguen tal proeza porque no son sistemas aislados, y lo que hacen en realidad es disiminuir su propia entropía a base de aumentar la de su entorno. Por ejemplo, un animal ingiere alimentos perfectamente estructurados (vegetales, carne de otros animales) y expulsa detritus mucho más desorganizados. En última instancia, son las plantas y algas verdes las que consiguen el portento en el que se basa la vida de todos los demás seres vivos, y lo hacen a base de tomar la radiación más energética del Sol y aumentar su entropía reemitiéndola a frecuencias más bajas, en un proceso con baja eficiencia pero han de pensar que la radiación solar ya tiene una alta entropía, y es prácticamente un milagro que las plantas verdes consigan con ello sustentar toda la biosfera planetaria. Con todo, este "milagro" dura un tiempo limitado: a pesar de lo fantástico de los procesos desatados por los seres vivos, no pueden evitar que se vaya acumulando cierta entropía en su interior (radicales libres, acortamiento de los telómeros...). De hecho, la vejez es un proceso de acumulación de entropía, hasta que llega a niveles incompatibles con mantener un organismo estructurado y el ser vivo muere. La estrategia de los seres vivos para continuar su combate es la reproducción, una especie de cápsula de salvamento minimal: reduce la entropía de un pequeño conjunto de células, el cigoto, a base de absorberla él mismo, y lanza esa cápsula de salvamento al mundo para que tenga una nueva vida después de la muerte de su progenitor. En realidad, el aumento inexorable de la entropía no lleva solamente a la necesaria muerte de cada ser vivo, sino en última instancia del Universo completo: la muerte térmica del Universo. La esfera de la entropía es por tanto la esfera de la muerte.


Por tanto, ¿qué es la entropía? La entropía es el pozo de desorden en el que inexorablemente nos vamos hundiendo a medida que vamos transformando el Universo. Suerte que tenemos las estrellas, y en última instancia  el Big Crunch -si es que ése es el destino del Universo-  para hacer un reset y destruir toda la entropía que se haya generado. Pero ésa es ya una discusión que se escapa del ámbito de este blog.


Pero para los efectos que le interesan al lector de este blog, el hecho de vivir en un mundo real, y no uno ideal, hace que inevitablemente los cuerpos estén a una cierta temperatura, con un cierto desorden, y el aprovechamiento de la energía no pueda ser nunca óptima, sino apreciablemente inferior. Así que cuando venga el nuevo vendedor de quimeras a ofrecerle un proceso con un rendimiento del 100% ya sabe por qué debe desconfiar.

Salu2,
AMT

martes, 17 de abril de 2012

Causa y efecto


Imagen de http://silvieandmaryl.com

Queridos lectores,

Los habitantes de un aislado poblado africano tenían una curiosa forma de curar las fiebres que de tanto en tanto devoraban a sus moradores. En aquella tribu era endémico un determinado tipo de insecto parásito, semejante al piojo, y habían observado que cuando una persona perdía sus parásitos enfermaba con violentas fiebres. Por tanto, cuando alguien caía presa de tales males algún portador de los parásitos convivía estrechamente con el enfermo para intentar que volviesen con él. Con la llegada de los primeros hombres blancos y de la medicina moderna se descubrió que en realidad aquellos piojos podían ser portadores de las temidas fiebres y que eran ellos los que la transmitían; pero que cuando su huésped enfermaba las altas temperaturas corporales eran insoportables para los parásitos y lo abandonaban. Por tanto, la fiebre era en realidad un efecto de tener parásitos y no al revés...

Discutimos en un post anterior que el pensamiento mágico constituye un paso hacia el razonamiento adulto ya que es el primer intento por buscar causas que expliquen los fenómenos que se observan en el mundo. Sin embargo, establecer la conexión causal entre dos eventos no es siempre tan obvio como podría parecer. Para que dados dos eventos A y B, para que A sea causa del efecto B es en primer lugar necesario que A sea anterior a B en el tiempo. Por otro lado, B debe ser la respuesta a A y por tanto no poder suceder sin el concurso de A. Estas dos simples condiciones son sin embargo difíciles de establecer en muchas circunstancias del mundo real. Empezando por la precedencia temporal, muchas veces el momento preciso en que empieza o termina un evento es difícil de determinar, y tal delimitación se hace tanto más difícil si para la producción de un cierto efecto han de concurrir varias causas. Así, en el ejemplo de los piojos arriba descrito no basta con tener piojos para desarrollar la fiebre, sino que además éstos han de estar infectados por el fatídico germen, y un análisis somero pueda hacer pensar que la ausencia de piojos causa la fiebre ya que éstos abandonan el cuerpo del enfermo poco tiempo después de declararse la fiebre y posiblemente antes de que nadie puede percibirlo. Por otro lado, establecer inequívocamente que B es la respuesta a A implica que se conoce muy bien la mecánica de A y de B, lo cual está lejos de la realidad sobre todo en procesos complicados como es una enfermedad o los efectos del Peak Oil sobre el mercado. En muchos casos la relación causal entre A y B se establece por la observación concurrente de los dos factores, pero lamentablemente tal tipo de inferencia estadística tiene dos importantes limitaciones. La primera, que por más extensiva que sea la estadística nunca se podrá estar completamente seguro de que la regla observada sea plenamente universal y duradera. La segunda, que si A y B suceden al mismo tiempo puede ser tanto que A sea causa de B, como que B sea causa de A, como que A y B sean ambas efectos de una causa común subyacente y desconocida C. Es por ello preciso validar muy bien este tipo de conexiones, buscando justamente si es posible que A se presente sin B o B sin A, y hasta qué punto A es causa necesaria y/o suficiente de B. 

Un ejemplo habitual de las dificultades en establecer esta asociación causal es la recurrente discusión de la conexión entre peak oil y crisis económica, a saber: ¿es la crisis económica el resultado del estancamiento de la producción de petróleo, o más bien la producción se ha estancado como consecuencia de la crisis económica y la caída de la demanda? Este tipo de debate suele ser bastante enconado, ya que los defensores de que el Peak Oil es la causa última de los problemas se suelen apoyar en hechos geológicos, considerando los hechos económicos como subsidarios, en tanto que los defensores de que la crisis económica es un hecho diferenciado y causante de todos los malos lo suelen hacer en hechos económicos, considerando los geológicos como los subordinados. En realidad ninguna de las dos visiones extremas son correctas: la parte accesible de los recursos de petróleo, las denominadas reservas, dependen de factores económicos y particularmente del precio, así que a precio suficientemente alto se movilizará una mayor parte del recurso; pero por otro lado por más incentivo económico que se dé hay un límite geológico a la extracción de petróleo, que como sabemos se produce cuando la Tasa de Retorno Energético (TRE) es demasiado baja y este límite en la TRE no se ve afectado por el precio (aunque sí por la tecnología pero, como ya discutimos, a mayor desarrollo de la tecnología la TRE generalmente va a peor). Resolver este dilema, saber qué fue primero, si la gallina o el huevo, requiere hacer observaciones adicionales y crear gráficos que crucen las observaciones principales en ambos tipos de aproximaciones, como por ejemplo el siguiente:


Extraído de  Muuray & King, Nature 481, 433–435; 2012


La figura encima de estas líneas es lo que se denomina una gráfica de elasticidad, en este caso de la producción de petróleo, y está extraída de un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature en Enero de este mismo año (aunque el mismo tipo de  gráfica fue publicada anteriormente por Tom Murphy en Do the Math!, como fue discutido en el post correspondiente). En el eje de las ordenadas (vertical) encontramos el precio medio del barril de petróleo (en dólares), en tanto que en el eje de las abscisas (horizontal) se encuentra el valor medio de la producción de petróleo crudo -solamente, esto es una limitación de este estudio- (expresado en millones de barriles diarios), en ambos casos tomando como horizonte temporal para definir el promedio un mes. Se puede observar dos regímenes claramente diferenciados: los puntos azul-verdoso, que corresponden a antes de 2004, en los cuales la producción de petróleo es muy elástica (pequeños aumentos del precio conducen a grandes aumentos de la producción) y los puntos negros (post-2004) en los que la producción se vuelve bastante inelástica (grandes aumentos del precio sólo producen aumentos marginales de la producción). Este tipo de gráfico sirve para cerrar la boca a muchos economistas (quienes, como sabemos, no entienden el Oil Crash) ya que muestra que los problemas de elasticidad de la producción de petróleo, signo innegable de escasez, son precedentes en el tiempo a la crisis económica de manera inequívoca y persistente. Sin embargo, precedencia no implica causalidad (aunque sea necesario para ella) y por tanto la discusión muchas veces continúa por los derroteros de mostrar la conexión mecánica entre ambos factores, aunque, eso sí, con una posición muy mermada ya para los que defienden la preeminencia de la crisis económica. 

A veces la dificultad de entender las relaciones de causalidad provienen de no ser capaces de distinguir las causas últimas de las causas derivadas. Sucede que con frecuencia los eventos complejos se producen como una sucesión o cadena de eventos, cada uno de ellos siendo causa del siguiente y efecto del anterior. Así, por ejemplo, a veces se dice que la causa de los problemas de muchas familias y negocios es la subida de los precios de los bienes básicos, sin entender que esta inflación es a su vez la respuesta a un problema anterior. Este tipo de razonamiento, que se queda con los eslabones intermedios de un proceso, es habitual entre los analistas económicos, que parcelan el sistema y hacen un discurso muy elaborado pero incompleto por no intentar descubrir cuáles son los primeros principios subyacentes a un proceso.


A la dificultad inherente de establecer relaciones causales entre fenómenos complejos con observaciones limitadas se añade el sesgo que por motivos personales o ideológicos puede estar introduciendo el observador, de forma inconsciente o intencionada. Un ejemplo escandaloso de esto último me lo he encontrado hoy en esta noticia del diario español El Mundo: "La nueva transición". La palabra "transición" tiene muchas connotaciones en España, y en estos tumultuosos días en los que el país se agita en un cierto cuestionamiento de los principios rectores de la Jefatura del Estado el uso del vocablo favorecería que el lectorado prestase más atención al artículo, supongo. Cuál no sería mi sorpresa cuando, al abrir la página web que lo alberga, me encuentro un artículo de fondo sobre Rob Hopkins y el Movimiento de Transición... ¡y encima en la Sección de Economía! Sin embargo, las razones fundamentales del movimiento de transición (la necesidad de adaptarse al Peak Oil y al Cambio Climático) pasan por bambalinas y sin una debida contextualización; de hecho, un lector desadvertido no comprenderá que lo que propone Hopkins es una manera de adaptarse al inevitable colapso de la sociedad industrial tal como la entendemos hoy en día. Teniendo en cuenta que si algo caracteriza a Rob Hopkins es ser un buen pedagogo es completamente imposible que el periodista no haya entendido la gravedad y profundidad de la amenaza del Peak Oil explicada por él, así que sin duda ha optado por dar un perfil anómalamente bajo a esta motivación central del movimiento de transición, probablemente respondiendo a la necesidad de su patrón de no transmitir mensajes demasiado contundentes sobre la imposibilidad de salir de la crisis. Pero al diluir la causa última (una de las causas, en realidad) del movimiento de transición, el efecto (la necesidad de crear este movimiento) queda completamente desvirtuada, y así algunos lectores se permiten comentarios jocosos sobre la banalidad e inmadurez del proyecto de Hopkins. Puesto que sí, descontextualizado de esa manera se ve como una reacción falta de una acción, como un efecto sin causa.

Este problema, el del sesgo ideológico a la hora de presentar las noticias, hace que se separen de una manera radical causas y efectos hasta que sean irreconocibles y prácticamente imposible conectarlos. Tenemos así que por culpa de este despiece a escala masiva nuestros medios de comunicación nos proporcionan una gran cantidad de datos pero muy poca información (ya que información no son sólo datos sino también su estructuración adecuada). El ejemplo que está ahora de actualidad es el de la incautación de los activos de la compañía YPF a la compañía multinacional Repsol. El tema dará sin duda par arduas y prolijas discusiones de los lectores (les recomiendo que escuchen una discusión de hace unos días del programa Radioactividad de Burbuja Radio que se adelantó clarividentemente a este problema); yo sólo quiero dejarles aquí algunas ideas sueltas para ilustrar la mala información que tenemos sobre el caso y las dificultades de formarnos una opinión sensata, al presentarse fragmentariamente el hilo causal. Para empezar, de momento es una incautación y no una expropiación, ya que aún no se ha fijado cuál es el precio de los bienes ahora declarados de interés público y si serán pagados y cuándo. A pesar de lo mucho que se rasga Repsol las vestiduras, conviene recordar que Repsol lleva casi dos años intentando deshacerse de YPF para sufragar sus explotaciones en Brasil; y al no haberlo conseguido ha tenido que asociarse con la china Sinopec para poder desarrollar sus pozos en el país carioca (de hecho, no hace ni una semana Repsol aún negociaba con la china CNOOC la venta de YPF). Pero lo más importante es que suele obviar en las discusiones un hecho dramático que ilustra el siguiente gráfico extraído de la web Flujos de Energía: 




No hay mucha discusión posible: Argentina llegó a su peak oil particular en 1998 y su ritmo de declive es bastante considerable. Peor aún, en una terrible confirmación del Export Land Model el ritmo de declive de sus exportaciones es el doble de rápido que el de la producción. De hecho, los datos no lo muestran porque Flujos de Energía aún usa los datos del BP Statistical Review de 2011 referidos a 2010, pero en realidad Argentina ha pasado ya a ser un país importador de petróleo, como se mostraba en la última revista de prensa. Tal transición es un mazazo para el país andino y un fuente de fuertes desequilibrios en su balanza de pagos, y origen de múltiples disputas con las empresas de explotación de hidrocarburos en suelo argentino, no sólo Repsol. De hecho, la acusación recurrente a Repsol es la de no invertir lo suficiente para revertir esta situación de declive, sin comprender que el declive tiene una fuerte componente geológica y es difícil, si no imposible en términos económicos, de revertir. En esta tesitura el Gobierno Argentino ha optado por incautarse la totalidad del pastel petrolero, en un intento desesperado de retener un poquito más de esa riqueza que se le escapa de entre los dedos a pasos agigantados.


Así pues, mis lectores españoles, cuando mañana oigan todo el ruido mediático español sobre "el problema argentino" y las represalias anunciadas por el Gobierno español, miren cuántos medios reconocen que lo que nos estamos disputando aquí son los despojos. Y a mis lectores sudamericanos, y particularmente argentinos, les recomiendo que intenten ver cuántos medios van más allá de la soflama patriótica y son capaces de reconocer que la producción de petróleo difícilmente cambiará su curso descendente. En suma, a ver si entre todos son capaces de seguir el hilo causal que les lleve desde las causas últimas a los efectos finales.



Salu2,
AMT 

Post Data: Esta mañana me he encontrado el tren "empapelado" así. Me pregunto quién paga este despliegue de diarios...

Dios mío, la que se va a liar...
 

domingo, 15 de abril de 2012

Actualización sobre el avance de la crisis en Argentina

Queridos lectores,

Tengo varios posts en barbecho, pero también muchos compromisos laborales durante las dos próximas semanas, así que los artículos saldrán pero a un ritmo inferior al habitual. Entre tanto, continuaré publicando aportes que me envían los lectores, como se está volviendo costumbre últimamente.

El post de hoy consiste en recientes recortes de prensa que nuestro lector Gabriel Anz, viejo conocido de esta página, ha ido compilando para que Vds. se puedan hacer una id
ea cabal sobre lo que está pasando en Argentina (tema ahora de moda en España con la pretendida expropiación de la empresa YPF a Repsol). Espero que encuentren esta revista de prensa lo suficientemente interesante e ilustrativa.

Salu2,
AMT



Avance actualizado de la crisis en Argentina

Les acerco un nuevo racconto de noticias tomadas de diferentes matutinos, siendo la noticia más vieja del 05 de Abril de 2012.

Cierro la nota con una noticia relacionada con el hecho de que “La gente se une para… Esperan ayuda oficial…”

Y en relación al párrafo precedente, les cuento una anécdota. Hace unos días, en el barrio colindante a nuestro predio (vivo en área semi-rural), hablando con la presidenta de la Junta Vecinal, me contaba que ante reclamos al municipio para que realicen los trabajos de limpieza y mantenimiento de calles del barrio, obtuvieron como respuesta… -“Piensen en ver la forma de organizarse entre los vecinos, porque el municipio no tiene dinero”.

Saludos a todos,
Gabriel Anz 






 

miércoles, 11 de abril de 2012

Debate: La TRE de la fotovoltaica

Queridos lectores,

Un lector me ha hecho llegar un análisis sobre la Tasa de Retorno Energético de la tecnología fotovoltaica instalada sobre cubiertas. De acuerdo con su análisis la energía consumida en la construcción de las placas se recuperaría en 2 a 3 años, lo cual implica que sobre una vida útil de unos 20 a 30 años la TRE de esta tecnología sería de entre 10 y 15. Otro estudio que hemos mencionado varias veces, el de Pedro Prieto y Charlie Hall, estima que la TRE de parques fotovoltaicos, calculadas empíricamente con datos reales y  considerando un amplio contorno energético, sería de 2,7. Yo conozco los argumentos de una y otra parte y por qué consideran erróneos los postulados de la otra. Dado que tenemos el vídeo de Pedro que enlazo arriba, creo conveniente reproducir aquí los cálculos de mi lector, Jaume Serrasolses, y que Vds. puedan debatir sobre el tema.

Salu2,
AMT
 
La tasa de retorno energética de la tecnología fotovoltaica

La rentabilidad de distintas tecnologías de conversión de energías renovables en electricidad se puede enfocar de muchas maneras. Por ejemplo, bajo la óptica energética (energía obtenida /energía gastada), ambiental (por ejemplo emisiones de GEI por kWh), sociolaboral (empleos por MW instalado), o económico (coste en €/kWh, comparado con otras fuentes de energía).

En esta contribución me centraré en analizar únicamente el primero, o sea la tasa de retorno energético de la tecnología fotovoltaica (FV), la cual ha sido un aspecto muy controvertido, con muchas leyendas urbanas que perviven con el tiempo a pesar de múltiples estudios en sentido contrario. Todos hemos escuchado alguna vez que las placas FV nunca acaban de generar toda la energía que han consumido en su fabricación. ¿Es ello cierto? Vamos a verlo.

La metodología de análisis del ciclo de vida de un material, aparato, tecnología, etc., permite desentrañar algunas dudas sobre su coste energético, de agua, de recursos naturales, de emisiones de GEI, contaminación generada a lo largo de su ciclo de vida, posibilidad de reciclaje al final de su vida útil, etc. Por tanto, los estudios realizados con esta metodología nos proporcionarán los datos necesarios para responder a nuestras inquietudes sobre el tema.

Analizando varios trabajos publicados en revistas científicas se observa que los resultados pueden variar en función, además de los criterios metodológicos, del valor de los parámetros de cálculo. Algunos de los más importantes serían: zona geográfica (varía la radiación solar, la composición del mix eléctrico del país …), las tecnologías analizadas (silicio amorfo, mono-policristalino, CdTe, etc.), considerar instalaciones completas o sólo placas FV, los años de vida considerados, etc.

Los datos ofrecidos a continuación resumen algunas de las conclusiones más interesantes que se pueden obtener de la referencia siguiente: C.M. Fthenakis y H.C. Kim. "Photovoltaics: life-cycle analisys". Solar Energy 85, pp. 1609-1628 (2011)


Para las tecnologías de placa FV más utilizadas en estos momentos los resultados serían


Para silicio cristalino el rango de los datos aportados oscila según distintas fuentes

En conclusión, en zonas soleadas del planeta, el pay-back energético se situaría entre menos de 2 y 3 años, en función de la radiación solar, teniendo en cuenta la energía primaria, no sólo la electricidad gastada en su fabricación, respecto la electricidad generada por la instalación FV conectada a la red a lo largo de 30 años. En cuanto a emisiones de GEI, a cantidad evaluada es muy baja respecto a las fuentes tradicionales (ver tabla más adelante).

Hace treinta años, los sistemas solares requerían 20 a 30 años de funcionamiento para recuperar la energía invertida en su fabricación.

Los cálculos anteriores están realizados a partir del consumo de energía primaria, cuyo valor depende en parte del mix eléctrico adoptado, en este caso la media de varios países europeos. Por ello es significativo analizar los datos de un fabricante de placas FV (REC) que realiza la integridad de su proceso de fabricación en Noruega, donde la energía eléctrica es casi íntegramente de fuentes de energía renovable, esencialmente hidráulica. Por ello sus emisiones asociadas a la fabricación (desde la producción se silicio de grado fotovoltaico, hasta la fabricación de la placa fotovoltaica) son muy bajas (figura siguiente), menores que las otros fabricantes fotovoltaicos.



Resultado del análisis del ciclo de vida de un kWh generado con estas 9 tecnologías en gramos CO2 eq/kWh.CCGT (ciclo combinado de gas)
Fuente: REC

Otra manera de comparar la tecnología fotovoltaica con otras tecnologías energéticas que se utilizan para la generación de electricidad es sobre la cantidad de materia prima necesaria para producir una unidad de energía, o sea un kWh.
Hace más de 10 años hice una aproximación a este aspecto de la dependencia de recurso natural y la eficiencia de conversión de 5 fuentes de energía: petróleo, carbón, nuclear y solar (fotovoltaica). Los resultados los ilustré con la imagen siguiente.

Publicado en “Tejados fotovoltaicos. Energía solar conectada a la red eléctrica” Editorial Progensa. 2ª edición 2009.

En aquella época toda la producción de silicio para la fabricación de placas FV procedía del rechazo de la industria electrónica mundial. A partir de entonces, el incremento de la demanda de esta tecnología obligó a la industria solar a construir sus propias plantas de producción de silicio de grado metalúrgico o grado fotovoltaico (menos exigente que el de grado electrónico). Sin embargo, la conclusión que se desprende de la imagen no ha cambiado. El silicio (actualmente es el semiconductor más utilizado en la fabricación de células FV) es el elemento más abundante en la Tierra (después del oxígeno), se encuentra en todas partes y su purificación a partir de la arena de cuarzo es un proceso no excesivamente complejo, aunque es intensivo en energía. Como hemos visto antes la amortización de esta energía se puede hacer en menos de dos años. La figura anterior nos muestra que una pequeña cantidad de silicio (la empleada en placas fotovoltaicas de capa fina) puede convertir la energía luminosa del sol en una enorme cantidad de electricidad, muy superior que la que se puede obtener con la misma cantidad de mineral de uranio, y muchísima más que con las energías fósiles tradicionales.

El silicio, aunque no sea renovable, sí es muy abundante, barato, bien distribuido y, además, se puede reciclar. Unido a una energía renovable como la solar, la mejor distribuida de ellas, convierten a la tecnología fotovoltaica en una solución imbatible para la generación limpia de energía eléctrica.

Jaume Serrasolses

viernes, 6 de abril de 2012

La memoria viva


Imagen de pensierolibre.blogspot.com

Queridos lectores,

Natalia me ha hecho llegar un post que, a través de sencillas anécdotas, ejemplifica muy bien algo que muchas veces no miramos con suficiente aprecio y que podríamos perder. Pero ella lo explica muy bien con sus propias palabras, que sea ella quien se lo cuente...

Salu2,
AMT


IN ILLO TEMPORE

El domingo estuvimos mi suegra, mi hija y yo recogiendo espárragos y otras verduras silvestres tales como las cerrajas (Sanchus oleraceus L.) o las collejas (Silene vulgaris). Al volver a casa con la cesta llena de tal deliciosos alimentos y las manos también llenas pero de arañazos y alguna que otra espina clavada, me he acordado de mi amigo Gregorio.

Gregorio murió hace dos semanas con ochenta y dos años. Justo un mes después que su mujer, como les pasa a esas parejas que viven como una sola persona, murió ante la tristeza de sentirse solo en este mundo. No dejaron descendencia.

Con Gregorio y su mujer nos reuníamos muchas veces en la huerta que tenían a un kilómetro del pueblo. Ellos iban cada mañana y cada tarde allí, paseaban por los alrededores para notar los cambios que se producían en la naturaleza , para hacer los trabajos necesarios en la huerta o simplemente, para sentarse a charlar. En más de una ocasión nos cogió la lluvia regresando camino a casa. En más de una ocasión tuvimos que resguardarnos en cualquier sitio que ofreciera cubierta porque era casi imposible continuar hasta que amainase un poco.

De ellos aprendí muchas cosas, a fuerza de insistir y sobretodo por pesada. Algunos conocimientos me los dijeron sólo después de más de cinco años de amistad. Otros muchos, posiblemente la mayoría, se los llevaron a la tumba.

-Gregorio, ¿esta hierba se puede comer?- preguntaba yo.

-¡Bah! Pues si te gusta... ¡cómetela!- solía ser su respuesta.

Después de preguntar lo mismo de diferentes maneras a lo largo de un mes, con suerte su respuesta cambiaba a “si no hubiese comida en las tiendas yo no me moriría de hambre, no. Tu sí.”

-Por eso quiero que me lo digas, Gregorio.- Y quizá en esas él y su mujer intercambiaban una mirada cómplice.

-¿Te gustan las habas?

-Sí, a nosotras las verduras nos gustan todas.

Y entonces su mujer, María, solía decir: “Anda, Gregorio, cógele unas habas y trae también alguna lechuga”. Él se marchaba a coger las habas, llenaba una bolsa, metía una lechuga o lo que fuese que hubiera en aquel momento y la primera degustación solía ser a pie de huerta, en muchas ocasiones con tierra incluída.

-Voy a lavar la verdura en el agua.- Dije en una ocasión.

-En aquella no, que esa no es buena. Detrás de esos arbustos nace un hilo de agua que se puede beber directamente. Ve allí. (Lo que separaba las dos corrientes de agua eran apenas una veintena de metros).

-¿Y ésta por qué no?- Pregunté yo.

-Esa te daría cagaleras. Tú verás.- Fue su respuesta escueta, como siempre.

Quizá antes de que terminase la temporada, mientras volvíamos a casa andando, como en un arranque de inspiración me diría:

-Esa de ahí la puedes comer. Las hojas. El resto de la planta no sirve.

Yo me apresuraba a cogerla. -”¿Y dónde la encuentro?”.

-La encuentras en el campo. Mirando. Que para eso están los ojos.

En otra ocasión fuimos al monte a coger setas en su compañía, a un lugar que él conocía. Desde la casa de campo abandonada y solitaria subimos con el coche, que había aportado un hombre del grupo, unos cuantos kilómetros cuesta arriba por un camino lleno de curvas sin asfaltar que transcurría en medio de una frondosa arboleda. Después de llenar más de la mitad de lal cesta con las setas que Gregorio encontró, ya que el resto del grupo sólo sumábamos tres setas encontradas, nos dijo:

-¡Bah! No hemos encontrado nada. Subid al coche y bajad hasta la casa que hemos visto. Esperadme allí.

Al ver nuestra cara a mitad de camino entre la sorpresa y la dudas, nos dijo:

-Haced lo que os digo. No quiero que nadie me acompañe. Me estorbaríais.

Uno del grupo trabajaba como forestal, estaba acostumbrado a andar por el campo y se ofreció a ir con él.

-No, no. Me estorbaríais. Sois muy lentos. Sois como niños andando por el monte.

Nos quedamos mirándonos confusos sin saaber qué hacer mientras lo veíamos desaparecer pendiente abajo, entre el espeso bosque, saltando matojos y hierbas como si fuera un chaval de veinte años, y eso que rondaba los ochenta. Así que nos montamos en el coche de nuestro amigo y lo esperamos en el sitio acordado. Apareció a los quince minutos, con cara de satisfacción y una bolsa de setas.

-¡Vámonos!- nos dijo, mientras le mirábamos estupefactos.

Más adelante conseguí un buen libro que trataba de trabajos artesanos, el trabajo con esparto, mimbre, el secado de frutas, etc... y fui a su casa a regalárselo. Me miró raro, me dió las gracias sin coger el libro y se marchó. Su mujer, a la vez, me dió las gracias y me explicó que su marido no sabía leer. “Yo se lo leeré. Sé que le gustará.”

Hoy, recordándolos, me vino a la memoria las conversaciones que teníamos sobre la alimentación en la postguerra, aunque eso daría para otro post. Quizá algún día Antonio me ceda de nuevo este espacio con tanta generosidad como es habitual en él.

José, sin embargo, aún vive. Tiene setenta y cinco años y está acostumbrado a recorrer todos los días, con sol, lluvia, viento o frío, los cinco kilómetros que lo separan del pueblo cercano y de las huertas donde cultiva de modo biológico frutales y verduras. Es habitual que recorra entre quince y veinte km. cargado con pesadas cargas que lleva con un saco de tela a la espalda. Recuerdo un día de tantos que se detuvo frente a nuestra casa para regalarnos melocotones y manzanas. Llovía bastante, aunque él lo soportaba con naturalidad. Habíamos preparado un chocolate caliente, del que se llevó una taza humeante para su casa. José vive con lo indispensable y es respetuoso y educado con todo el mundo, a pesar que en el pueblo lo tienen bastante marginado porque todo lo hace a mano. No utiliza tractor ni otras herramientas a motor. Va andando a todas partes. Recoger la oliva es lo que más le desgasta ya que realiza todos los viajes desde el campo hasta la almazara cargado con su saco a la espalda. Y hace muchos viajes a lo largo del día desde que amanece hasta que se pone el sol.
Un día me lo crucé cuando se marchaba a ayudar a unos vecinos suyos.-”Se hacen mayores, y ellos solos ya no pueden”,- me dijo.

Manuel tiene noventa y dos años y acostumbra caminar unos cinco kilómetros cada día. Muchas veces hemos paseado juntos. Toda su vida vivió en el campo. Hace cincuenta años que es viudo.
Manuel lo mira todo y lo calla todo. Cuando habla, vale la pena escucharle. Siempre tiene algo bueno que decir. Con su mirada inteligente no pierde detalle de lo que ocurre a su alrededor. No me habla de las plantas pero en cada tema que tratamos deja traslucir sus sentimientos hacia lo que ve y lo que vive. Respeta la naturaleza, respeta la vida y se respeta a si mismo. Por eso se cuida,- me dice-. Siente ganas de vivir y no quiere darle ese disgusto a su hija, al menos mientras pueda.

-Por aquí pasaba una fuente de agua muy buena para beber. Este año ha brotado porque llovió mucho, pero es la primera vez que la veo en cuarenta años,- me dijo emocionado mientras miraba el agua como quien mira un hijo perdido.

Pepe es el único pastor que queda en el pueblo. Tiene sesenta y tres años y pastorea cabras y ovejas juntas, según él, porque a las cabras no les importa amamantar a los chotos de otras si hace falta.
A lo largo de los años me lo he encontrado muchas veces por el campo y siempre nos paramos a charlar un rato. Con él hablamos muchas veces de partos, amamantamientos y otros temas del campo y de la vida. Ese día estaba muy enfadado porque alguien había tirado pesticidas en el agua de la acequia para ahorrarse tener que echarle a todo sus campos. Pepe estaba fuera de sí porque había discutido con la gente del pueblo y no había conseguido hacerles entrar en razón.

-¡Si envenenan el agua, todo lo que el agua toque también se llenará de veneno! ¡Y no lo comprenden! Simplemente se han burlado de mi, dice apenado.

Se han burlado de él porque Pepe también es uno de los marginados de este pueblo que sólo tiene ojos para la capital y donde todos desean parecerse a la gente de ciudad.No valoran lo que tienen, no valoran lo que saben ni lo que son, no valoran las riquezas de la naturaleza que les rodea.
Si en algún momento el sistema colapsa, no creo que las gentes de las ciudades lleguen muy lejos en su huida al campo. El agua será el punto de inflexión, el límite que impida que la gente llegue lejos. Acostumbrados a ser trasportados por máquinas, serán muy pocos los que puedan recorrer muchos kilómetros sabiéndo donde es adecuado beber y cargando con el agua imprescindible hasta la siguiente parada.

Hay muchas personas que aún tienen conocimientos ancestrales que pueden trasmitir al que tenga paciencia para escuchar, pero cada día mueren muchas de esas enciclopedias andantes sin que nuestra sociedad les de el lugar y el valor que merecen.
Aún queda tiempo. Aprovechémoslo.

domingo, 1 de abril de 2012

Día de huelga


Imagen de www.unfotografo.es

Queridos lectores,

La semana pasada no estuve en España. Fui a hacer algo importante, previsto desde hace meses, a luchar una vez más en Europa... pero no les puedo contar más detalles. El caso es que no estuve la jornada de huelga general, probablemente una de las jornadas más decisivas para el futuro de España, y por eso no puedo narrar en primera persona qué sucedió. Pero uno de los lectores sí que estuvo, estuvo en el meollo de los acontecimientos de Barcelona, y ha accedido a escribir su crónica de ese día.

Les dejo, una vez más, con Ferran Fontelles.

Salu2,
AMT
 

29 de marzo de 2012. Huelga general. Barcelona.

Los días previos fueron tensos, irritantes, nerviosos. Se cocía algo. El ambiente llevaba macerando varias semanas, meses, pero fue la víspera cuando se empezó a notar que el día siguiente iba a ser un día largo, muy largo. Se empezó a notar la electricidad estática que emana de una buena parte del pueblo: indignado, aturdido, enrabiado, arruinado o deprimido. Alterado, vamos. Me fui a dormir recordando el cortado que hice en el bar de siempre. “Mañana abrimos, no os preocupéis, aquí no pasan los piquetes y si pasan, no la lían”. Cerré los ojos. Me dormí.

Me levanté hacia las ocho y media. Salí a la calle. Di una vuelta antes de ir a por el café. Tenía mucha curiosidad de ver como empezaba el día en mi zona. Crucé el semáforo: creí ver pocos coches. No sé si me traicionó el subconsciente, o es que había menos de lo normal (luego entendí que con Diagonal y Ronda de Dalt cortadas intencionadamente, quizás eso tenía explicación física). El bar estaba abierto y vacío. ¿Esquiroles? Supongo, pero, ¿no estaban en su derecho también? Es que al final del día hasta dudaba de cuales eran los derechos de los que abrían y los de los que estaban en huelga, cuales eran las diferencias entre autónomos o trabajadores sujetos a un jefe, si se puede llamar piquete a gente que aprovecha para robar pequeñas cosas... Llegó un hombre, pidió un café con un poco de coñac, y explicó que unos piquetes le habían hecho cerrar (su oficina de inmobiliaria, precisamente). El seguimiento de la “vaga” (huelga) era desigual en mi barrio: partes que parecían transmitir normalidad seguidas de tiendas más o menos cercanas entre sí cerradas. TaTaTaTaTaTaTaTaTaTa... el primer helicóptero del día, a media mañana. Me hice la comida. Puse la televisión: fallaba el señal a ratos. Miré Internet: iba un poco más lento de lo común. El Gobierno hablaba de “normalidad” a esas horas. La única clase que tenía ese día estaba suspendida. La profesora ya avisó de que secundaba la huelga, argumentando que estaba preocupada, que veía como el dinero de su Departamento peligraba, y que no iba a venir a dar clase. “He visto el barrio, he comido, he seguido el breve parte informativo que dieron por la TV.. ¿qué hago aquí en casa?” pensé. “Voy a ir al centro, donde está convocada la manifestación. Mier--, servicios mínimos en transporte público”. Cogí la chaqueta y salí andando. 

Durante la larga caminata, fui observando distendido qué tiendas estaban cerradas y cuales no. La gente andaba en mi dirección. Todo normal. Escuché una conversación cercana “No sé cuales sindicatos han convocado la huelga, pero estoy en el paro, y con tal Reforma Laboral no pinta bien la cosa”. Iban a la manifestación, sin duda. Luego me enteré de que fueron varias las marchas que se emprendieron separadamente para llegar al mismo punto. Llegué a los aledaños de la Plaça Catalunya (corazón catalán del Movimiento 15-M del año pasado, punto de celebraciones del Barça también, quizás el punto más amplio y céntrico de la ciudad). Estaba en una calle cercana. A partir de aquí el relato tiene tres partes: la que viví, la que pensé y la que leí.
La que viví. Llegué y vi un mosaico generacional, personas de distintas etnias y estatus. Gente de todo tipo. Padres con sus niños. Gente que iba a título individual. Gente con su grupillo. En silencio. Gritando alguna que otra consigna. Con y sin pancartas. Con música. Leí “Nuestro Presi: Atur Más” en lugar del correcto Artur Mas, President de la Generalitat (atur es paro en catalán). El ambiente era cordial. Las conversaciones entre gente que no se conocía eran habituales. “La culpa es de la corrupción y de la nula planificación de las obras públicas y de su viabilidad” decía un hombre a otro. “Acaban de echar mi compañero de curro! ¡Qué fuerte! ¡Estoy flipando!” decía a su novia un chico con la cara descolocada. “Vivíamos por encima de nuestras posibilidades pero lo de ahora tampoco hay derecho”. Y de repente... “Orgulloso de estar, entre el proletariado, es difícil llegar a fin de mes y tener que sudar y sudar... pa' ganar nuestro pan”. Me quedé helado. Una señora que podría ser perfectamente mi abuela cantando el Vals Del Obrero, del grupo Ska-p ( un grupo con un público potencial de una generación más joven respecto a la mujer que lo cantaba tan felizmente). Estaba de repente cerca de la marcha de los “Iaioflautas”, un grupo de gente mayor, curtida, que se sintió ofendida (imagino) tras el 15-M, cuando parte de los medios empezaron con lo de “perroflautas por aquí, perroflautas por allá” intentando desprestigiar tal movimiento, y decidieron que también ellos debían hacer notar su malestar. Pensé: “tiene miga el asunto que se manifiesten los que consiguieron tales derechos ahora que peligran”. 

Imagen de www.cgtbarcelona.org

 Vi varias situaciones graciosas y pancartas ingeniosas, cuando de repente oí alguien con un “ya la lían”. De repente me fijé (poco observador yo...) que salía humo negro de no sé qué calle. Había visto varias brigadas de los Mossos d'Esquadra (cuerpo de policía de Catalunya), pero estaban estáticos, erectos, inmóviles. No había visto disturbio alguno hasta el momento. La gente se quedó donde estaba, pero algunos empezaban a desfilar andando. Sabía como acabaría aquello, y me sumé a ellos: no quería tener que correr. Hasta aquí lo vivido.

Imagen de www.noticias.lainformacion.com

Quería coger el metro, pero me fui a pie: prefería andar otra hora más que subirme y estar como una anchoa dentro. Tampoco hacía mal tiempo ni era demasiado tarde. Pensaba mucho. Qué debe estar pasando. Si han empezado ya las cargas policiales. ¿Y los niños, abuelos y gente de bien que acababa de ver? ¿Y mis conocidos? ¿Qué factor es el culpable de que siempre acabe la cosa igual? Al cabo de unos cientos de pasos mi reflexión interna pasó por varias formas intermedias hasta llegar al Peak Oil, otra vez más, otro día más... ¿Y si la gente supiera la que se nos avecina energéticamente hablando? ¿Y si nos lo contasen cómo es sin más? ¿Cuál va ser el futuro? ¿Qué parte de los manifestantes se quedan solo con el “la culpa es de ZP o de la corrupción o de la evasión o de.....” y qué parte también sabe que hay algo más, algo más estructural? ¿Si ya estamos como estamos, hasta donde llegaremos, donde está la línea? ¿Que será del mundo, que será de mi? Y cuando ya tenía un barullo mental considerable, cuando las piernas me andaban solas, casi místicamente mi subconsciente se puso en alerta: el portal de mi casa, casi me lo paso de tanta abstracción.

Lo que leí. Llegué a casa, precalenté el horno para hacer una pizza y me senté en el sofá. Las redes sociales ardían ya con vídeos, fotos y comentarios de lo vivido en Plaça Catalunya y Barcelona en general. Empecé a ver vídeos que colgaba la gente en Internet. Me quedé un poco alterado: me enteré de que los Mossos de Esquadra (tras pillajes, actos vandálicos y fechorías varias de una gente que no sé que concepto deben tener de manifestación...) empezaron a usar gases lacrimógenos con el fin de dispersar a la multitud. Dicho gas se había usado de forma muy poco continua en los últimos años, señal de que fue una tarde intensa. Vi varias fotos de gente que estuvo allí con cámaras, de porrazos, de persecuciones, hasta una foto de una madre protegiendo a sus hijos de una carga de los Mossos, con las caras de los niños llorando aterrados o el vídeo donde se pega a un hombre que iba con muletas. 


Imagen de 20minutos.com


Quizás ya rizó el rizo otro vídeo donde aparecen unos bomberos enseñando a los Mossos moratones de porrazos y donde se oye a un bombero gritando “...además trabajamos juntos, somos compañeros”, y que acaba con la policía lanzando más gas lacrimógeno, para finiquitar el asunto. Me enteré de que hubo varios detenidos y pensé “como siempre, van a detener los pocos que han pillado”. Qué más da lo que exactamente hicieron. Qué más da si lo hicieron con motivo de liarla solamente, o con el afán de cambiar la sociedad, o con ánimo solo de bloquear el acceso a Barcelona: son los que pillaron, unos pocos, buenos o malos, de los que estaban cerca del meollo en un momento incómodo. Pero ya los tienen, los cabecillas de turco. Y ya más adelante se empezaron a oír voces de la casta política. Que si merecen sanción digna, de que si deberían merecer penas al estilo kale borroka (¿al nivel de terroristas?), de que si “la huelga no recibió suficiente respaldo como para que el Gobierno de España deje de tomar las decisiones correctas” (ministro alemán de finanzas Wolfgang Schauble dixit). Frases como la del conseller de Interior Felip Puig respecto los heridos “Ya no vale decir yo pasaba por allí”. Imagino que será el caso de los que han sido operados por rotura de bazo, tras patada de Mosso. Fotos de sangre y sudor y pancartas y enfrentamientos. Vídeos de choques, de llantos, de gritos y de pena. Llegó un momento ya que cerré el ordenador. Abrí la única lata de cerveza que me quedaba y me estiré en el sofá. Dónde vamos, dónde iremos a parar. Qué queremos. Qué hemos conseguido con la huelga. Qué ha ido bien, qué no. Qué nos queda por hacer. ¿Se enquistará tal nivel de violencia? ¿Irá a más por ambas partes? Hasta que al final, miré el techo y pensé: por hoy basta. Mañana volveremos con la “huelga”, ni que sea a título individual. Ya que, según creo, esta crisis no acabaránunca, al menos dentro del actual paradigma. Me puse en la cama. Estaba muerto de cansancio. Cerré los ojos y me dormí.

Ferran Fontelles, estudiante universitario