martes, 9 de octubre de 2012

Del colegio a casa

Imagen de http://serconcientes.blogspot.com


- Los... recortes... hacen... la - escuela... pequeña.

Mi hija está aprendiendo a leer, y ahora lo lee todo, hasta la etiqueta del champú. Y es difícil dejar de ver alguna de las pancartas que cuelgan de las paredes de todos los colegios por delante de los cuales pasamos.

- Papá, ¿qué son los recortes?, con ése énfasis en la última palabra que los niños saben poner cuando quieren que les des una definición.

Ja. Eso. Nada menos.

- Recortes viene de recortar. En este caso están hablando de recortes de dinero. De que les están dando menos dinero a las escuelas.

Ella asiente en silencio y antes de que lance la siguiente pregunta, obvia, continúo:


- ¿Te acuerdas, A., de cuando papá fue a luchar
contra los malos? Tengo la tentación de añadir: "pues perdimos", pero pienso que la amarga afirmación, mitad irónica mitad realista, no puede ser asimilada por su infantil mirada. Tomo aire y prosigo: Los malos están haciendo muchas cosas malas. Nos están quitando dinero de las escuelas, de los médicos, de los científicos - mi hija sabe que yo soy científico; no acaba de entender muy bien qué quiere decir, pero sabe que investigo cosas y hago inventos para que la gente viva mejor. Siempre pronuncia la palabra "científico" con un énfasis especial, como si llevara otro acento en la "e": ingenuo orgullo filial.

- Pero, ¡¡no es justo!! - su grito es casi un lloro - ¿Porqué hacen estas cosas tan malas los malos?


Ya sabía yo que me estaba metiendo en un jardín.


- Los malos han perdido mucho dinero. Se metieron a hacer casas a lo loco, sin pensar si las podrían vender o no. Hicieron malos negocios y ahora pretenden que nosotros paguemos por sus errores - creo que cada vez la estoy liando más parda.


- Pero, ¿cómo es que nos pueden quitar nuestro dinero?


Nuestro. Qué querrá decir eso de "nuestro", me pregunto. Pero es una pregunta demasiado filosófica para una niña que ni siquiera tiene 6 años. Es lo malo de hablar con niños: que su simple y aplastante lógica te obliga a replantearte esquemas mentales en los que no quieres hurgar a menudo, porque sabes que las cosas allá dentro no están tan claras, que todo el andamiaje conceptual en el que nos basamos en realidad no resiste el más mínimo análisis de principios. En fin.


- Los malos, A., son capaces de convencer a los que nos mandan; y los que mandan nos quitan el dinero para dárselo a ellos. Otro día ya le había explicado que hay unos que nos mandan y a los que debemos obedecer, más o menos.


- ¿Los que nos mandan también son malos?

- No, yo creo que no, al menos no la mayoría. Como mucho son tontos. Bueno, pienso, en realidad eso casi seguro que sí. Lo que pasa es que los malos los engañan, o los compran con su dinero, o si no les amenazan. Mirada perpleja de ella. Pausa teatral. A., los malos tienen mucho dinero: son los bancos. Esto necesitaría muchas más precisiones para un adulto, pero para una niña puede valer más o menos. En realidad, he visto a más de un adulto hablar exactamente en esos mismos términos: los malos de la película son los bancos. Es un enemigo fácilmente identificable, y son bastante antipáticos con todas sus comisiones, préstamos e hipotecas.

Hay un momento de estupor. Ella vuelve a la carga.

- ¿Y si tienen tanto dinero, por qué nos quieren quitar el nuestro? Esta nena debería ser asesora de algún ministro.

- Porque ahora están perdiendo dinero, y aunque tienen de sobra no quieren perder ni un céntimo. Así que han decidido que abusarán de nosotros, como el otro día me contaste que en tu clase R. abusaba de M., con la ayuda de los que mandan. De hecho, A., ya nos están quitando dinero. Ahora Papá gana menos dinero, me pagan menos cada mes. Y Mamá. Y la tía I... La tía I. es maestra en la escuela de mi hija, y mi hija la quiere mucho, así que explota:

- ¡¡¡No es justo!!! ¡¡¡La tía I. es muy buena maestra!!! ¡¡¡Ya estoy harta de estos malos!!! Después se queda pensando un rato. He podido capear la cuestión principal pero que es la que tiene más consecuencias: por qué los bancos se metieron con ese entusiamo en negocios tan dudosos. No quiero llegar con ella a las causas últimas de la crisis, a decirle que la crisis no acabará nunca, que ella verá cómo nos iremos haciendo pobres a medida que crezca, ni mucho menos a los enormes peligros que nos acechan... Es demasiado para una niña tan pequeña, y yo siento que no tengo derecho a machacar sus infantiles ilusiones; al menos, no hoy. Es mi hija. No quiero. Ya llegará el momento.

Ella también ha estado cavilando todo este rato; me mira con sus grandes ojos de ese color indefinido, en algún sitio entre el verde y el marrón que cambia con el día, y me dice, con un tono entre decidido y travieso:


- Vamos a matar a los malos, son muy malos. Les voy a dar con una espada en la cabeza, y hace el movimiento de blandir una espada y golpear con ella. Sus dientes están apretados, en una explosión controlada de rabia infantil. Si tuviera delante a los malos es obvio que no les cortaría la cabeza, pero seguro que no se quedaría corta de darles una buena patada en el culo. Me hace reír, con risa verdadera.

- A., no podemos matar a nadie. Nosotros no hacemos esas cosas. Todas las vidas tienen que ser respetadas, incluso las de los malos. Los malos hacen eso porque creen que les beneficia, pero en realidad se perjudican porque todos salimos perjudicados. Me callo ahí. Por más que a la gente le gusten tanto las teorías de la conspiración y pensar en malos malísimos con una maldad demoníaca, tales pensamientos son el último refugio de quien piensa que podemos cambiar las cosas para que todo sea igual, de que en realidad la situación está bajo control sólo que quien la controla hace el mal, pero que aún podemos tomar las riendas y hacer que todo vaya bien. No es verdad. Lo que pasa no es fruto de una gran inteligencia, sino de una gran estupidez y una absoluta improvisación. Por más que algunos lo piensen, nadie va a salir beneficiado del Oil Crash. Pero mi hija no queda muy convencida con mis palabras, y mientras bajamos la calle va ensayando algunos golpes de karate...



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- ¿Por qué sacas dinero del banco, si son malos? En medio de la operación de sacar dinero del cajero, va y me suelta esto. Qué buena pregunta, la verdad. 

- A., los bancos tienen todo el dinero, incluso el nuestro. Por eso son tan poderosos. Pero el dinero que estoy sacando no es del banco sino nuestro; el banco no da nada a cambio de nada, y no me daría dinero si no fuera porque piensa ganar mucho más.

- ¿Y por qué no pones el dinero en otro sitio? En casa, o en casa de los abuelos, o en casa de los tíos...

- Porque no podemos. Cuando nos pagan el dinero al final de cada mes de trabajar, nos lo ponen en un banco. No nos dejan ponerlo en otro sitio. Recuerda que eso lo deciden quienes mandan.

- Y así, ¿cómo sabes que el dinero es tuyo?

Puf. Ya no respondo a eso. Pues no lo sé, la verdad. De hecho, no creo que propiamente ese dinero sea mío. Lo necesito, pero no es mío. Ese dinero proviene de un subsidio enorme que otros países, los productores de materias primas, le están haciendo a países occidentales como el nuestro, en un proceso que históricamente está llegando a su fin por agotamiento del modelo, y por incapacidad de la producción de materias primas de seguir acompañando a una demada que ha de ser creciente para que nuestro sistema económico y productivo funcione correctamente. Necesitamos ese dinero para poder seguir con nuestras vidas, para que yo pueda criar a mis hijos, pero no sé con qué derecho puedo decir que es mío. 

- Lo único que sé seguro es que no es del banco...

[]

- Cuando sea mayor conduciré el coche de mamá, me dijo otro día.

Y es que en mi casa quien tiene el coche es mi mujer, que lo necesita para su trabajo; por eso muchos días bajamos andando, si perdemos el autobús (pues no pasan frecuentemente). Yo, la verdad, nunca tuve demasiado interés en conducir, me saqué el carnet tan tarde como pude y conduzco poco, cuando es imprescindible. Así que mi hija, que se mira en el espejo de su madre, se ve conduciendo su coche cuando sea mayor.


Trago saliva. Siento la necesidad de explicarle que
seguramente ella nunca tendrá un coche porque seguramente nunca se lo podrá permitir; ni siquiera sé qué podrá estudiar o qué oficio podrá aprender, si tendrá un trabajo que merezca el nombre de tal. De repente siento frío dentro de mis pulmones y los hombros me pesan. Siento que no puedo mentir a mi hija, que me mira con dos ojos enormes que iluminan la calle por la que pasamos.

- A., digo por fin, cuando tú seas mayor seguramente no habrá coches.


Se queda unos segundos callada, pensativa. Bueno, eso me parece a mi: en realidad está comenzando a llorar, pero lo hace de esa manera lenta y queda de los niños cuando están en plena desesperación, en absoluta impotencia.

- ¡Mi coche es muy bonito! - me dice por fin, las lágrimas ya brotando lentas de sus preciosos ojos. Y yo siento un peso en el estómago, porque no puedo soportar ver llorar a mi hija. Pero tampoco quiero mentirle.

Su coche. Su coche es el coche de su madre. Es otro de los efectos del fetiche coche: el poder que te da su posesión, más allá del status: es la sensación de libertad, de omnipotencia (al menos vehicular). Mi hija tenía poco menos de 5 años cuando tuvimos esta conversación pero ya había captado y absorbido la quintaesencia del BAU automovilístico. Y ahora, ¿qué hago? ¿Cómo le puedo hacer entender que cuando ella sea mayor el coche será un artículo de lujo, que sólo los más ricos poseerán? ¿Que la clase media irá cayendo progresivamente en la Gran Exclusión, y su preocupación ya no será tener un coche sino tener de comer?

- A. - le digo por fin - no sé, quizá tú tengas un coche cuando seas mayor. Pero lo que está claro es que no habrá tantos coches como hay ahora. Además, no los necesitamos. Fíjate: mira cuántos coches hay aparcados en la acera; nadie los usa, y siempre hay muchos así. Ella asiente: sí, está todo lleno de coches, a veces nos cuesta pasar por el paso de cebra. Todos estos coches contaminan mucho, ensucian mucho: ya te han contado en la escuela que por culpa del humo de los coches y de las máquinas el planeta se está calentando, y si seguimos así hará mucho calor y lo pasaremos mal. Además, los coches son peligrosos para los niños (si no te ven, te pueden atropellar) y hacen mucho ruido. La mejor manera de evitar todo eso es quitando coches. De hecho, no necesitamos tantos: los podemos compartir.

Lo que le digo la tranquiliza. En la escuela han trabajado varias veces el tema de la "sostenibilidad", entendido como que tenemos que preservar limpio el planeta, así que todo lo que le digo resuena con sus ideas aprendidas. Además, no le digo que no tendrá coche, sino que tendrá que compartirlo, y eso también resuena con cosas que en casa y en la escuela ha oído a menudo.

La niña ya está conforme con lo que le he dicho; de hecho, ve un bolsa de patatas fritas vacía que algún imbécil ha dejado tirada en medio de la calle, la recoge y la tira a la papelera que se encuentra a un par de metros, mientras dice, decidida y enfadada: "¡Salvemos el planeta!". Me hace gracia cómo funcionan los sloganes y las directrices que le dan en la escuela. Salvemos el planeta. No, hombre, no es tan altruista. Lo que pretendemos es salvar nuestro hábitat antes de que ya sea incapaz de soportar nuestra mera existencia. Pero es igual: la idea es buena, la dirección es buena; es el maximalismo lo que sobra, pero ya vale para una niña pequeña. Y, sin embargo, yo no puedo evitar meter una cuña:

- Además, tienes que pensar que los coches funcionan con petróleo. El petróleo es un líquido negro y maloliente pero que quema muy bien, que se formó debajo de la tierra cuando muchas plantas quedaron enterradas - entre medias tengo que darle muchas explicaciones, al nivel más sencillo posible, que les ahorro a Vds. - Pero el petróleo se va acabando; no podemos malgastarlo, porque es energía, porque nos permite hacer muchas cosas, pero un día se acabará, ¿y qué haríamos entonces, A.?

- ¿Qué haremos entonces, Papá? - hay un punto de preocupación en su mirada, pero al mismo tiempo hay esa expresión en su cara de "Mi Papá es científico y tiene respuesta para todo". Voy pensando la respuesta, intentando no mentirle ni mentirme a mi tampoco.

- Podemos sacar energía de otros sitios, que además no hacen daño al planeta. ¿Te acuerdas de cuándo jugábamos a buscar molinos al lado de la carretera, yendo en coche a casa de los abuelos? Pues esos molinos nos dan energía. También hay unas placas, que son como sartenes, que se calientan con el Sol y que también sirven para darnos calor y energía -  no pretendan que le explique a la niña el efecto fotoeléctrico; a Einstein le dieron el premio Nobel por eso. Quizá no podremos sacar tanta energía como la que usamos ahora, pero es que en realidad no necesitamos tanta. Tenemos que usarla mejor.

Ella se queda feliz y satisfecha. Su padre sabe lo que hay que hacer y se ocupa de todo; sigue caminando feliz, inmersa en sus ensoñaciones infantiles. Yo siento una sombra pesada que me empaña la frente. 


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- ¡Cuánto ruido hacen los coches! Suerte que un día no habrá tantos coches como ahora, ¿verdad, Papá?

Creo que me estoy ruborizando. Después de todo mis breves y ocasionales conversaciones sobre estos temas están teniendo impacto en ella. Al mismo tiempo me siento avergonzado; sin querer me cuestiono mi derecho a meterle estas ideas tan poco estándar en la cabeza. De hecho, limito estas conversaciones al mínimo, pero aún así algo han calado en ella. Pero, ¿qué dirá la gente si la oyen hablar así? Seguro que si alguien le pregunta por qué dice eso dirá que ha sido su padre quien se lo ha dicho y, conociendo como es de repipi a veces, dirá -bonito argumento de autoridad- que su padre es científico y lo sabe todo (cuando dice eso siempre pienso: tierra, trágame; porque le he dicho mil veces que yo no lo sé todo, pero ella tiene esto metido en la cabeza. Quizá porque siempre respondo a lo que me pregunta, sin esquivar las preguntas - bueno, casi siempre). Siempre pienso que tengo que dejar a mi hija al margen de mi actividad de concienciación sobre la falta de sostenibilidad (lo que dice todo el mundo: ya tendrá tiempo de más mayor de pensar esas cosas, como si lo que yo hago no fuera más que una excentricidad, una posición opinable y no una real y verdadera necesidad). Pero si yo no tengo derecho de decirle estas cosas a mi hija, aunque sea a salto de mata, una conversación cada tres meses, ¿quién lo tiene? De hecho, ella está continuamente siendo asaltada por un vehículo de propaganda poderosísimo que le convence de lo contrario de lo que le digo, que moldea sus apetencias, sus deseos y su visión de la realidad. Y sin pedir permiso. La televisión.

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- El coche de J. tiene televisión en el techo. Vaya, no la tenía tan desintoxicada de coches como yo me creía. 

- Pues muy bien.


- ¿Y por qué el nuestro no? Ahora es "nuestro," no de la madre, vaya.

- Pues porque cuando lo compramos  no había esas cosas. Y aún tiene que durar muchos años, por si se te ocurre preguntarme que por qué no nos compramos otro. Un coche vale mucho dinero. Y dudo que lo vayamos a amortizar nunca. Además, piensa que cada vez seremos más pobres.

- Yo no quiero ser pobre, y dos lágrimas caen por sus preciosas mejillas.

- No, A., nosotros no seremos pobres, le digo con el corazón encogido. Seremos más pobres que ahora, pero aún podremos vivir bastante bien. Crucemos los dedos.

- ¿Por qué no luchamos más contra los malos? Lo ha relacionado, sin que yo lo haya dicho explícitamente. Bien.

- Yo hago todo lo que puedo, pero estoy muy cansado, A. Los malos aún no han ganado, aún podemos vencerles, pero no seré siempre yo que lucharé contra ellos. Yo hago todo lo que puedo, y lucho entre otras cosas para no seáis pobres tu hermano y tú, pero al final no dependerá de mi. Al final dependerá de tí y de D. Por eso, A., te digo que tienes que trabajar mucho y estudiar mucho. Porque algún día tú tendrás que luchar, cuando yo sea ya mayor y no pueda trabajar; vosotros tendréis que luchar por mi. Y si trabajáis mucho no seréis pobres. Vaya versión deprimente del American Way of Life que le estoy dando: trabaja mucho para no caer en la indigencia. 



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- ¿Y por qué habéis elegido a los que nos mandan?, me dijo cuando yo le preguntaba sobre cómo le había ido en el cole. Se lo tuve que hacer repetir tres veces: la primera vez porque había construido mal la frase y no se entendía; la segunda porque no lo entendía yo aunque ella lo dijo correctamente, y la tercera porque no me creía que me estuviera preguntando exactamente eso.

- Bueno, A., a éstos en concreto no los he elegido yo. No lo entiende porque no sabe cómo es un sistema de votación, y yo no quiero entrar en esas honduras ahora sino hacerle entender la idea que hay detrás. Mira, los que mandan ahora convencieron a mucha gente; yo no los elegí, pero otras muchas personas sí, y así los que mandan ahora salieron elegidos. Y no es que los que mandan sean malos, que ya te lo expliqué; pero los malos tienen mucho dinero y al final los engañan o los compran. De hecho les dan dinero para que engañen a la gente y los elijan.

- Pero, ¿cómo engañan a tanta gente? - su voz revela verdadera indignación.

- Los malos controlan todas las noticias: la tele, los periódicos, la radio... - joder, hablo como un maniático de la teoría de la conspiración. Me doy cuenta de que ése es el resultado sobresimplificar los detalles de la realidad para que los entienda un niño de corta edad. No debe ser casualidad. No dicen más que mentiras, todo el día. Todo es mentira. Dicen mentiras para engañar a la gente, para que la gente se crea que los problemas son unos cuando en realidad son otros. Todo es mentira. Y así la gente se lo cree y eligen a los que mandan, quienes acaban haciendo lo que quieren los malos. Hace unos años me hubiera dado vergüenza que me oyeran hablar así con la niña en la calle; hoy en día, pienso, tales conversaciones son consideradas como normales y a nadie extraña hablar en estos términos tan banalizantes y maniqueos. ¿Qué le explicará el padre parado, con su mujer también en el paro, a su hija?

- ¿Todo lo que sale por la tele es mentira?

- Todo.

- Pero no lo que sale en la tele de los niños. En mi casa, la única que ve la tele es mi hija. Mi mujer y yo ocasionalmente ponemos las noticias, pero pueden pasar semanas que no toquemos el aparato. Así, ella está poniéndose siempre los canales infantiles, una cosa que desde luego no había cuando yo era niño. La "tele de los niños" significa los canales que ve ella.

- También dicen muchas mentiras en la tele de los niños, sólo que son otras mentiras. Mentiras que están hechas para que los niños crean cosas que no son verdad. Para que deseen consumir cosas que no necesitan. Para que no se cuestionen que tienen que consumir sin parar. Es toda una clase preparatoria, además de la escuela.

- Pero, Papá, ¿qué mentiras cuentan en la tele de niños? Me va preguntando uno por uno todas las series y programas que ella ve en la tele, si dicen mentiras, y yo le digo que sí, que todos ellos las dicen. 

- Mira, A., te pondré un ejemplo. ¿Te acuerdas el otro día cuando veías la serie esa, en la que la chica cogía una diadema de diamantes y le decían que valía un millón de dólares? ¿Sabes qué se puede comprar con un millón de dólares?. Se sonríe: sabe que es mucho dinero, pero no se hace una idea de cuánto. Pues con un millón de dólares se podrían comprar cinco pisos como el nuestro. "Hala", dice ella, riéndose, como diciendo: "Qué brutalidad". ¿Y te acuerdas que decía la chica? Decía: "¿sabes que podría comprar yo en mi pueblo con un millón de dólares? ¡Mi pueblo!" Ella se acuerda de la escena, y se ríe. Pues ahí está la mentira, A. Porque te hacen creer que todo se puede comprar con dinero; incluso, un pueblo entero. Pero, ¿quién ha dicho que los que viven allí quieran vender todo, sus casas incluidas? Es su pueblo, les gusta; ¿tú venderías tu casa? Su casa, su santuario; sus juguetes y sus rincones. Su respuesta es obvia: bien seria, dice que no. Pues ahí está. Los malos, que son quienes controlan estas cosas, te quieren hacer creer que con dinero todo se compra, y que de hecho si tienes dinero tienes derecho a comprarlo todo. Pero no es así.





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Seguimos andando hacia casa. Está ahora callada, pensando, dándole vueltas.

- La gente tendría que elegir a los científicos para mandar, porque los ciéntíficos - el acento adicional en la e es mas fuerte que nunca - lo saben todo y harían las cosas bien.

No lo sé, A., no lo sé. No sé si los científicos harían las cosas bien. Pienso que, al fin y al cabo, ser científico no es garantía de ser honesto, o incorruptible. El BAU es demasiado fuerte. Y no veo a los científicos que realmente saben muy proclives a presentarse a unas elecciones, las cuales por otro lado son una pantomima. Aunque si realmente pudiéramos escoger científicos por lo menos tendrían conocimientos y capacidad de actuar con rigor - ya sería una ganancia respecto a la situación actual. Igual sí, concedo al final.


[Nota: Lo arriba escrito es una compilación aproximada de mis conversaciones reales con mi hija. Son varias conversaciones, mantenidas en días diferentes y no en orden cronológico. Las conversaciones tuvieron lugar mayoritariamente en catalán, que es el idioma que más uso para hablar con mi hija, y han sido traducidas y adaptadas aquí]

sábado, 6 de octubre de 2012

Establecer marcos de lo posible


Queridos lectores,

Hoy un nuevo autor se estrena en The Oil Crash: Nèstor Uriós, el cual hasta ahora ha formado parte de esa mayoría silenciosa que pasa por aquí. Y viene con un largo análisis y una interesante propuesta: delimitar qué es posible hacer, dada la situación de partida. Estoy convencido de que lo encontrarán muy interesante. A Vds. les corresponde juzgar.

Salu2,
AMT


ESTABLECER MARCOS DE LO POSIBLE
El post “Mirando el dedo” del blog The Oil Crash ha sido el origen para decidirme a exponer ideas que últimamente se acumulan en mi mente. Sea dicho que no tengo formación en el campo de la economía, como biólogo mi visión de la situación, superficial en algunos aspectos y quizás equivocada en otros, seguramente se parece más a la de Juan Manuel González que a Vicenç Navarro. Discúlpenme por los errores que pueda cometer.
El post mencionado alude a la equivocación de señalar la corrupción como el origen y motivo de la actual situación socioeconómica. Considero muy acertado señalar que solo solucionando el tema de la corrupción (si es que tiene solución), no solucionamos el motivo de la crisis que nos afecta. Pero también que la lucha contra la corrupción ha de formar parte de cualquier estrategia futura viable.
Bajo mi punto de vista son diversas crisis las que se superponen, lo que dificulta su análisis. A las crisis cíclicas de las economías de mercado, se une una crisis financiera importante. A ello se suma una crisis ética de los representantes políticos y de la gestión pública (crisis de valores democráticos), fomentados durante mucho tiempo por el pasotismo (cuando no complicidad) de una parte importante de la población.
Estas crisis son preocupantes, pero los que seguimos el mencionado blog sabemos que la crisis realmente importante es la que lleva implícita el sistema capitalista en el que se basa nuestra sociedad. El capitalismo se basa en un desigual reparto de los recursos y en el crecimiento económico. Lo primero está causando una crisis social y humanitaria de escala planetaria que provoca algo más que indignación. Lo segundo (crecimiento ilimitado en el consumo de recursos) condena al propio sistema a una crisis ecológica global y finalmente a la autodestrucción.
La insostenibilidad del sistema y el estado de colapso al que nos conduce es una realidad científica abordable desde diferentes disciplinas, esto ha sido descrito por Antonio Turiel y por diferentes colaboradores. Nada de lo dicho hasta ahora es nuevo.
Los diferentes caminos que pueden recorrerse en este proceso hacia el colapso, y los tempos que cabe esperar, también han sido analizados en diferentes posts, pero aquí el número de variables es mucho mayor y la dificultad aumenta. Con frecuencia los caminos descritos se basan más en opiniones subjetivas que en datos científicos. Lo que tenemos claro es el estado actual del sistema y cual será en un futuro (estado final) si no salimos del propio sistema. El tema de los caminos posibles y los tempos no es baladí, ya que de ello depende nuestra capacidad de reacción y la correcta selección de las acciones a realizar para rectificar.
Esto último si es que creemos que poseemos la capacidad para cambiar los paradigmas actuales. Hay días que uno se levanta pensando que los cambios necesarios a nivel de demografía humana, estructuras económicas y sociales, hábitos de consumo, energéticos y sociales… incluso en la escala de valores a nivel global, son tan inasumibles, que no vale la pena pre-ocuparse. Incluso que no es tan mala idea gozar del privilegio de haber nacido en el lugar y el momento en que nos ha tocado. Mientras se pueda. Mientras no llegue el gran colapso.
No se si este puzzle tiene solución, pero seguro que si no lo intentamos, no se consigue. Estoy convencido que hasta que el problema no apriete mucho, no se tomaran decisiones reales para resolverlo. En este punto, el caso de Cuba, con la prudencia necesaria para interpretarlo (y no estoy diciendo que sea el ejemplo a seguir), me devolvió algo de esperanza, en el sentido que cuando la necesidad es apremiante, las comunidades nos pueden sorprender por su capacidad de reacción y adaptación.
Pero cuando llegue ese momento de toma de decisiones (ya tardamos), cuando los que han de decidir tengan claro que las normas de relación social y económica actuales no sirven y se han de cambiar (a lo que vemos que se van a resistir hasta el último momento, adictos como son al Business As Usual que les ha ido muy bien hasta ahora, o porque es lo único que conocen), ¿que características han de tener los cambios que permitan que el nuevo sistema sea sostenible?
En diferentes posts se han abordado iniciativas que van en la línea de lo comentado. Algunas de ellas seguro que han de formar parte de la nueva sociedad. Incluso algunas ya empiezan a formar parte de nuestra realidad (al menos de la de algunos de  nosotros). La permacultura, la agroecologia, el consumo responsable, la reducción de residuos (y en general el funcionamiento en circuitos lo más cerrados posible), la eficiencia energética, etc. Vamos trazando pinceladas, características que han de formar parte del nuevo sistema…
Coincido con Antonio Turiel en la opinión que estos cambios no sirven para nada si solo se utilizan para corregir o maquillar el sistema actual, pero siguiendo en el. Mientras no salgamos de los sistemas basados en el crecimiento constante (y el sistema capitalista no puede vivir sin ello), no hay futuro.
Como a tantos otros, me preocupa el liberalismo que domina la economía actual y que, con la excusa del equilibrio presupuestario entre otros, adoptan para salir de la crisis recortes que están destruyendo las estructuras públicas que sustentan la cohesión social (educación, sanidad…) y que precipitan el camino hacia el colapso. Pero también me preocupan los ideólogos de la izquierda que claman contra los recortes… y piden la vuelta al crecimiento económico lo más rápido posible para poder repartir riqueza… Unos y otros ignoran o menosprecian los límites que científicamente se pueden establecer para una sociedad sostenible.
Pero con frecuencia los que intentamos analizar la situación desde un punto de vista riguroso/científico, no nos atrevemos a abordar cuestiones fundamentales de las relaciones socioeconómicas. Cuestiones que se toman por opciones políticas. Tomar partido por alguna opción política, sea dentro o fuera del actual sistema, puede significar perder la objetividad necesaria para el análisis riguroso.
Pero entonces… ¿Lo dejamos en manos de políticos y economistas? No caeré en la demagogia de considerar todos los políticos corruptos y los economistas ladrones. Muchos de ellos están también indignados por la situación actual, tienen sinceras intenciones y realizan grandes esfuerzos para aportar soluciones… Pero es sorprendente su incapacidad para entender que hemos sobrepasado ya la capacidad del planeta. Para entender la magnitud de los cambios a realizar.
Muchos trabajamos intensamente para formular caminos hacia un modelo de sociedad, propuestas de transición que permitan no colapsar y salir de la actual vía muerta. Este movimiento, más que importante, es imprescindible. Pero con frecuencia he tenido la sensación que las propuestas en las que trabajamos son parches que han de formar parte de una propuesta más global de funcionamiento. Y por otra parte, ¿solo existe un modelo posible de organización social y económica viable a largo plazo? ¿Solo hay una opción política sostenible? Nos estamos dejando algo.
Existen condiciones que ha de cumplir toda sociedad para que su desarrollo pueda sustentarse en el tiempo en este planeta. Fuera de estos márgenes, de estos límites, de estas condiciones, no existen opciones políticas, existen errores de funcionamiento que nos llevan al colapso, nos lleva a Olduvai. No las podemos llamar opciones políticas ya que no son opciones, son vías de colapso.
Creo que lo mejor que puede aportar el colectivo científico es definir los límites, las características, las condiciones que han de cumplir las decisiones que se han de tomar (esto evidentemente ya se ha hecho por parte de miembros de diferentes disciplinas, pero no como parte de una propuesta de marco global, que yo sepa). Ello deja la puerta abierta a que diferentes comunidades humanas puedan adoptar diferentes soluciones, siempre que cumplan con las premisas dadas. Es posible que diferentes estructuras socioeconómicas puedan ser viables. En todo caso que cada comunidad adopte la solución que más le parezca. Esto tiene como ventaja que puedes observar como les va a otras comunidades y copiar las acciones si las tuyas no funcionan o no te satisfacen…
Una de las características de esta propuesta (sí, sí, definitivamente esto es una propuesta) es que, las condiciones establecidas para que el mantenimiento a largo plazo de la especie humana en el planeta, con unos niveles de calidad de vida aceptables (porque este es el objetivo) se apliquen a todas y cada una de las comunidades que la componen. Esta característica es muy importante, puesto que con frecuencia algunas comunidades justifican sobrepasar sus límites con el argumento que otras comunidades (que emiten menos CO2, consumen menos energía o recursos, producen menos residuos, tienen tasas de reproducción menores, producen más alimentos…) compensan su actuación. La perversión de esta manera de actuar no sólo está en la necesidad de transportar materiales, energía, alimentos, personas… a lo largo del planeta, lo que comporta infinidad de efectos negativos (pérdidas de energía y materiales, pérdida de soberanía alimentaria, movimientos migratorios…), también está en la externalización de las consecuencias negativas. Así por ejemplo, decidimos que nuestra comunidad comprará energía a otra comunidad vecina (que quizás sea excedentaria), con ello no solo ampliamos nuestros límites por encima de la capacidad propia (pese a que no se han sobrepasado los límites globales), obligamos a construir infraestructuras para el transporte de energía y asumimos las pérdidas inherentes a este transporte, sino que, como no sufrimos los impactos de los molinos de viento en nuestro paisaje o la inundación de los valles por presas hidroeléctricas, no somos conscientes de lo que significa gastar un kW. y tendemos a consumir más y comprar más. La aplicación local de las condiciones que se establecen a nivel global es de gran importancia (piensa global y actúa local). Se llama responsabilidad ¿Ello significa que se ha de aplicar la autarquía y que cada comunidad ha de ser autosuficiente? Sí, en ciertos aspectos y en cierta proporción. Ejemplos: a nivel energético, una comunidad debería ser capaz de satisfacer las necesidades estructurales básicas con sus propios recursos energéticos y, al menos, una proporción importante de su consumo energético total (80%?); a nivel alimentario ha de producir sus propios alimentos en un porcentaje importante, conservando la capacidad de autoabastecerse; en cambio a nivel de bienes de consumo es evidente que no todas las comunidades pueden producir de todo, y en muchos de ellos, que no son esenciales para el funcionamiento básico de una comunidad, no es necesario ningún tipo de autosuficiencia y quedan abiertas un amplio abanico de posibilidad de relaciones comerciales y económicas (opciones políticas).
Cada comunidad se ha de responsabilizar de garantizar su funcionamiento básico.
Delimitar que se entiende por una comunidad (estado, nación, región, comarca, ciudad, pueblo…) es una complicación que dejo para otro momento (o para otras mentes más lúcidas), pero también será variable dependiendo de la condición que se trate… También definir lo que son condiciones de vida aceptables es muy subjetivo, pero se han definido internacionalmente derechos que nos pueden servir de referente para situar los márgenes de lo que es una vida digna pero no opulenta, como por ejemplo el derecho a una alimentación suficiente y equilibrada, al agua potable, a la vivienda, a la salud, al trabajo, a la cultura, a la educación... La “American way of life excede y mucho las condiciones de vida aceptables, en cambio la mayor parte de África no llega a unos mínimos. Podemos ir acotando.
Esta es una propuesta para expertos en las diferentes materias, que se ha de trabajar a conciencia para que pueda tener un amplio consenso entre la comunidad científica. Los límites han de ser suficientemente definidos como para que quede claro que políticas quedan dentro de sus márgenes y cuales fuera. Han de reflejar criterios objetivos y no caer en apreciaciones subjetivas o en opciones personales. Han de ser descritos, no pensando en una comunidad concreta, sino aplicables a cualquier comunidad.
Otra característica de esta propuesta es que no puede basarse en futuros, hipotéticos avances y descubrimientos científicos o tecnológicos. Si dentro de unos años descubrimos la fuente inagotable de energía limpia y barata, o nuestra tecnología llega a ser capaz de controlar el clima global del planeta… fantástico, seré el primero en alegrarse. Pero como se suele decir, el futuro es incierto, y sería una locura suicida seguir por la senda actual justificándolo con futuros descubrimientos. La decreciente capacidad para destinar recursos a investigación hace que seamos más pesimistas en este sentido.
Definir el marco de condiciones a cumplir dentro de las cuales las sociedades humanas son viables sin alterar los mecanismos básicos de la biosfera y sin comprometer el futuro de generaciones venideras. El marco define las opciones posibles y, por lo tanto, el juego político. Fuera del marco no hablamos de opciones políticas, hablamos de vías de colapso.
Para clarificar el significado de la propuesta, voy a intentar concretar en algunos temas. Es un primer apunte de por donde debe ir la propuesta, pero necesariamente debe ser desarrollada por expertos en cada tema. A su vez debe ser fácilmente comprensible por cualquier persona, puesto que se deberá aplicar por parte de personas muy diversas.
Empecemos con la demografía. Es un tema difícil, espinoso, que con frecuencia no abordamos por miedo a ser malinterpretados o acusados de justificar ciertas prácticas, pero en el fondo todos sabemos que sin abordar este problema es inútil ninguna propuesta.
No haré ninguna tesis ni descubriré nuevos datos. No es mi campo de estudio, ni pretendo dar lecciones, pero a nadie se le escapa que la evolución demográfica de nuestra especie en las últimas décadas ha seguido un crecimiento exponencial, con tasas anuales que solo en los últimos años se han moderado. En los países del primer mundo podemos incluso encontrar tasas negativas, pero en el tercer mundo (que es la mayor parte del planeta) el crecimiento sigue siendo muy elevado. Actualmente ya sobrepasamos los 7.000.000.000 habitantes y existen diferentes teorías sobre el punto en que nuestra especie estabilizará la población. Mi impresión es que nuestro comportamiento como especie sigue el mismo patrón que una población bacteriana en una cápsula de petri, aumentamos las colonias hasta invadir toda la cápsula y agotar recursos. Para entonces ya es tarde y en muy poco tiempo la colonia bacteriana muere por falta de recursos o por los efectos tóxicos de sus propios residuos...
La capacidad de carga del planeta respecto a nuestra especie también es materia de discusión. Depende de muchas variables, del modelo de sociedad que escojamos... podemos encontrar muchos estudios (huella ecológica…). Pero para muchos, entre los que me incluyo, hace tiempo que hemos sobrepasado la población que este planeta puede soportar en unas condiciones con niveles de vida aceptables. Y ello sin alterar significativamente, a largo plazo, los procesos vitales de la Biosfera...
Por lo tanto es imprescindible la rápida desaceleración y estabilización de la población mundial y deseable que esta se reduzca. Esto significa que como condición imprescindible a toda política de cada comunidad humana está la de controlar la natalidad hasta estabilizarla por debajo de la capacidad de carga de su territorio, y en general por debajo de su población actual. En este punto es importante una correcta selección de “comunidad” ya que si escogemos porciones muy pequeñas se puede llegar a conclusiones erróneas o inviables ya que hay territorios desigualmente poblados.
Como consecuencia, es condición imprescindible que las políticas económicas no se basen en el crecimiento de la población. Por ejemplo la bajada de la natalidad española ha sido analizado por muchos economistas como una catástrofe para el sistema económico, que solo se ha podido salvar gracias al incremento de población que ha significado la llegada de inmigrantes (potenciada en su momento), y rápidamente se han adoptado medidas de tipo económico que todos conocemos para estimular la natalidad... O por ejemplo muchos municipios han basado (y siguen basando) su economía en las previsiones de incremento de la población... Grandes errores. Las políticas económicas de cada comunidad han de ser viables con previsiones de población estable y no creciente.
Queda pendiente abordar el tema de los movimientos migratorios, pero que nadie lea en esto una justificación contra la inmigración y los inmigrantes, en absoluto. Es un alegato por el control de la población y la mejora de las condiciones en las comunidades de origen. Una muestra más de la necesidad de adoptar a nivel local las condiciones globales. Mientras no se aplique esto, tendremos que hacer frente a una creciente inmigración, de la cual las principales victimas son los propios inmigrantes.
La manera de conseguir esta regulación de la población puede variar en cada comunidad. Evidentemente no todas las opciones son válidas. Matar neonatos no es una opción, por mucho que consiga los objetivos. Algunas comunidades pueden optar por incentivos a la baja natalidad. Personalmente optaría por incrementar los niveles de educación, especialmente entre las mujeres, su acceso al trabajo i a los métodos anticonceptivos. Cada uno que adopte la opción política que más le convenza.
Política energética. Un aspecto profundamente tratado en el blog origen de este escrito. La única energía realmente utilizable a largo término son las energías renovables, sin exceder su tasa de renovación y sin que su aprovechamiento altere otros ciclos vitales que se dan en el planeta. Esto significa a nivel local que cada comunidad ha de adaptar su actividad a la energía renovable que de la que puede disponer en el territorio en que se encuentra. Ciertamente puede haber comunidades con excedentes energéticos y otras con escasos recursos que querrían aprovechar esta energía sobrante, pero esto nos lleva tanto a las importantes pérdidas energéticas que hay en su transporte, como a “externalizar” los impactos de la obtención de energía (como se ha comentado anteriormente). También en este punto la correcta selección de “comunidad” es importante.
Esta condición nos impone analizar los recursos energéticos de que dispone nuestra comunidad y planificar su aprovechamiento sostenible. Probablemente en la mayor parte de los casos significa diversificar fuentes energéticas y una generación distribuida en contra de los modelos centralizados actuales. También probablemente significará no transformar toda la energía en potencial eléctrico para volver a transformarlo posteriormente en el tipo de energía que nos interesa, sino aprovechar la energía de forma más directa. En todo caso, a partir de la disponibilidad de recursos energéticos podemos plantear un proyecto económico, contrariamente a como se hace actualmente (proyectamos un centro comercial y después ya veremos de donde sacamos la energía para que funcione).
Otra condición que creo que se debe plantear es que, sea cual fuere la política energética por la que se opte, ha de garantizar el funcionamiento de las estructuras básicas de la comunidad. Por ejemplo, ha de ser obligatorio priorizar la energía para hacer llegar el agua a las viviendas o hacer funcionar el centro de salud local antes que utilizarla para iluminar el pabellón deportivo o para fines privados... Este punto puede servir para reflexionar sobre los límites de las condiciones: uno podría pensar que mientras una comunidad no sobrepase los límites de producción energética renovable de su territorio, puede hacer con ella lo que le plazca, pero en realidad si no se garantizan las estructuras básicas como las que he nombrado anteriormente, la viabilidad de la comunidad con unos niveles de vida aceptables es improbable y la tendencia del sistema es al colapso.
Pero no he puesto como condición que toda la energía deba ser de propiedad comunitaria. La energía puede ser propiedad privada o no, siempre que se cumplan las condiciones anteriores. Cada comunidad escoja su modelo que mejor se adapte y veremos cual funciona mejor.
Eficiencia de recursos. En un entorno de recursos escasos como en el que ya estamos, y en el que la escasez se acentuará con el tiempo, no podemos actuar con las mismas estructuras que hasta ahora. La eficiencia deja de ser una opción para ser un requisito básico. La austeridad que vemos aplicar en diferentes aspectos de la economía debido a la situación actual, nos ha de acompañar toda la vida y en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida, para permitir que las comunidades sean viables. No podemos derrochar innecesariamente recursos que nos serán necesarios para mantener las comunidades. Y hemos de aprender a vivir así.
Se entiende que, en este contexto, prácticas actuales como la obsolescencia programada o la moda queden fuera de los marcos que intentamos dibujar. La condición es que el diseño de fabricación de cualquier objeto de consumo ha de incorporar la austeridad de recursos, no basarse en recursos escasos o lejanos, la eficiencia energética, la longevidad, la sencillez para ser fácilmente reparable y, finalmente, la recuperación de todos sus componentes para poder ser reutilizados o reciclados al final de su vida útil.
Cohesión social. Este es otro aspecto que no nos atrevemos a tratar, pero que creo que debería entrar dentro de los marcos a definir. Una comunidad no cohesionada socialmente, donde la gran mayoría de los ciudadanos no se sientan suficientemente cómodos, tenderá a generar tensiones e ineficiencias que dificultaran o impedirán mantenerse en el contexto que se avecina.
En absoluto se trata de definir un único modelo social a seguir por parte de todas las comunidades, cada una escoja su modelo. Pero para conseguir sociedades cohesionadas hay una serie de condiciones a cumplir: Justicia social, cualquier ciudadano o colectivo ha de tener acceso a la justicia y a unos derechos que han de ser respetados, así como a unas obligaciones sociales. Desigualdades sociales, cada comunidad escoja su modelo más o menos igualitario, pero cuando la desigualdad de reparto de recursos entre sus miembros sobrepasa ciertos límites la cohesión social se hace más difícil de mantener. Parece claro que si se establecen límites por debajo de los cuales no es digno la retribución o las condiciones de vida (salario mínimo interprofesional, renta mínima…), también sea indigno sobrepasar ciertos límites y parece lógico establecer salarios, ganancias, rentas… máximas, sea cual sea la profesión, responsabilidad o posición que ocupe una persona. Este concepto también está relacionado con el anterior de eficacia de recursos, puesto que el lujo no es compatible con la austeridad, y con otro concepto que intentaré comentar más adelante: los valores, puesto que la ostentación no ayuda a la cohesión social. Movilidad social, una comunidad donde cada individuo no pueda cambiar de estatus, estableciéndose a la práctica castas sin ningún ascensor social, también origina tensiones difíciles de mantener a largo plazo. Acceso a estructuras básicas, este acceso a servicios, no solo de recursos materiales (agua, alimentos, energía…) sino también inmateriales (salud, educación, información…) ha de estar garantizado en unos mínimos (¿y en unos máximos?).
Evidentemente que ha habido, y puede haber, sociedades sin alguna o ninguna de estas características que se ha mantenido durante mucho tiempo a lo largo de la historia, pero no sin la existencia de importantes estructuras de represión (ejércitos, policía…) que consumen grandes cantidades de recursos que necesitaremos en el contexto que se avecina…
Cambio climático. No solo se trata de definir las condiciones que ha de cumplir cualquier comunidad para no contribuir al cambio climático, sino también para adaptarse a los cambios que ya inevitablemente se van a producir.
Alimentación. Este es un punto muy crítico, pero también muy trabajado. No sólo se ha de poner como condición que cada comunidad sea capaz de garantizar una alimentación básica a su población (mantenimiento de tierras fértiles), sino que la manera de producir sus alimentos ha de ser sostenible a lo largo del tiempo y no depender de recursos externos o no renovables, lo que nos lleva a la necesidad (condición) de adoptar modelos agroecológicos. Pero no sólo es importante poner condiciones en los métodos de producción de alimentos, también es necesario hacerlo en las estructuras que realizan esta producción. Las grandes explotaciones agroindustriales pueden parecer en un principio más eficientes, pero el tratamiento que se hace a la tierra, el aprovechamiento de recursos… hace que en realidad el modelo agroecológico, basado en la producción en manos de una multitud de explotaciones familiares o comunitarias, responda mucho más a las condiciones que ha de cumplir una sociedad sostenible. Al igual que en otros casos, la opción de la “dispersión productiva”, contrapuesta a la hiperconcentración de la producción en pocas manos, refuerza la seguridad del sistema. Si un “nódulo” alimentario, de esta gran red de pequeños agricultores, tiene un problema de producción, no significa una catástrofe alimentaria global y es mucho más fácilmente abordable su solución.
El respeto a las tasas de renovación de los recursos es una condición general que se hace especialmente importante en aspectos como la pesca o el uso del agua potable y de riego…
Residuos. Ciertamente nunca llegaremos a una tasa de reciclaje/recuperación de materiales del 100%. Las pérdidas del sistema en este sentido se han comentado en muchos artículos. Pero si lo que se pretende es mantener las comunidades humanas, con ciertos niveles de vida, el máximo tiempo posible, reducir, reparar, reutilizar, reciclar (y todas las R que se nos puedan ocurrir), han de formar parte de las condiciones a establecer. Y esto no solo se consigue con métodos de recogida, sino que incluye el diseño de fabricación de los objetos, la educación de la población, los valores…
Otra de las condiciones que pueden ser importantes en este punto es que cada comunidad se responsabiliza de sus propios residuos. Esto no solo quiere decir que no los puede “externalizar”, sino que cuando acepta un cierto producto (fabricado internamente o importado) se hace responsable de los residuos que se generen.
Biodiversidad. La toma de consciencia de que formamos parte de los procesos vitales que se dan en la biosfera está poco extendido entre las personas, y menos entre sus decisiones políticas. La biodiversidad de los ecosistemas forma parte de las estructuras que nos mantienen en el planeta. Podemos funcionar con estructuras más sencillas, menos complejas, pero, a parte de cuestiones éticas referentes al derecho que tenemos a eliminar otras especies del planeta, estructuras con menor biodiversidad a menudo son menos estables, y eso puede generar graves consecuencias en las comunidades humanas que dependemos de ellas. Cuando hacemos desaparecer una especie, cuando disminuimos la biodiversidad de nuestro entorno, nunca podemos tener la certeza de cuales van a ser las consecuencias.
La condición es que cada comunidad es responsable de mantener su biodiversidad, tanto en número de especies como en cantidad y extensión significativa de hábitats. Esto ha de permitir mantener los funcionamientos básicos de los que dependen las propias comunidades humanas.
Economía y finanzas. Reconozco que si en buena parte de los temas tratados hasta ahora es grande mi ignorancia, y solo me atrevo a rozarlos superficialmente sin abordar su complejidad, en este tema me pierdo. Pero a su vez es imprescindible abordarlo para establecer los marcos de viabilidad.
Se me ocurren varias premisas básicas que han de formar parte de las condiciones a cumplir:
Los intereses financieros están en la base de la necesidad de crecimiento de la economía. Es necesario pues que la disponibilidad de capital (recursos) a gobiernos, empresas, particulares… no traiga como consecuencia un crecimiento de la actividad (y por lo tanto de consumo de recursos). ¿Ello significa financiación sin intereses? ¿Las entidades públicas han de basar sus presupuestos en las recaudaciones obtenidas en pasados ejercicios y no en la deuda basada en previsiones/esperanzas de futuras recaudaciones?¿Han de desaparecer los réditos del capital y se ha de funcionar exclusivamente por réditos del trabajo? ¿Las entidades financieras han de estar en manos públicas?... No lo sé, pero sea cual sea el modelo que se aplique, ha de responder a la condición primera: toda financiación no ha de conllevar crecimiento.
Otra condición que creo que tendrá un amplio consenso es la prohibición de la especulación, al menos con los elementos que conforman la estructura básica de una comunidad. Así por ejemplo, la especulación con alimentos se me ofrece incompatible con la necesaria sostenibilidad de un sistema con recursos limitados. Los recursos con los que se puede o no especular seguramente son difíciles de establecer y no sé si el propio hecho de la especulación y la libre circulación del capital entran dentro de estos límites. Pero como de lo que se trata es de marcar los límites de lo posible, y no de lo deseable, pues que cada comunidad escoja lo que quiera dentro de lo posible.
No se que espacio dejan estas limitaciones a estructuras del tipo de los mercados financieros, las bolsas…
Otra condición es que la viabilidad de las estructuras económicas, empresariales, con su productividad y generación de puestos de trabajo no dependan del binomio aumento de producción – aumento del consumo. ¿Como se consigue esto? ¿Cómo se controla? ¿Es necesaria una economía totalmente planificada? ¿Son posibles diferentes grados de libertad económica, empresarial?... En todo caso lo que hay que marcar son la inviabilidad de todas las opciones que conlleven crecimiento económico y el correspondiente agotamiento de recursos.
No entraré en temas como la economía del conocimiento, de las nuevas tecnologías que, aparentemente, no comportan consumo de recursos agotables. Se ha de analizar concienzudamente y con prudencia, puesto que con frecuencia de manera indirecta lo primero arrastra lo segundo.
¿Es suficiente la gestión de materias primas, energía, residuos… para contener la economía dentro de los márgenes de la sostenibilidad? Lo dudo con las estructuras económicas actuales.
Unas condiciones que, seguramente obligarán a modelos económicos más sencillos y equitativos, seguro más austeros y regulados, pero no necesariamente a comunidades totalmente autárquicas ni exclusivamente agrarias. Es posible y deseable mantener una sociedad industrializada, tecnológicamente avanzada, donde la investigación sea un elemento importante. Se trata de conseguir sociedades con suficiente nivel de vida, económicamente activas.
Valores. Si los cambios en estructuras económicas son complejos y difíciles, los cambios en valores son los más trascendentes. Para cumplir todas las condiciones mencionadas, y todas las que se han de añadir, hace falta un cambio de mentalidad, de manera de entender nuestra existencia, nuestro papel en el planeta.
Ciertamente no existe una sola escala de valores, y muchos pueblos tienen muy asumida su vinculación con el entorno y sus recursos. Pero los modelos éticos que desde hace tiempo se imponen en todo el planeta (y a todas las culturas) tienen en su base referencias como que la misión de la humanidad es crecer y multiplicarse hasta ocuparlo todo. Los recursos están al servicio de las personas para que estas hagan el uso que necesiten. Las personas como medida de todas las cosas (el rey de la creación). Tanto tienes, tanto vales. La posesión particular y su uso exclusivo como principal o único modo de alcanzar la felicidad. Malas bases para crear sociedades sostenibles.
La humanidad lleva toda su existencia consumiendo recursos en la medida que tecnológicamente ha tenido alcance a ellos. Ahora pretendemos que la sociedad se autocontrole, autolimite el uso de recursos a los que tecnológicamente tiene acceso. No es fácil. Pero nos va nuestra pervivéncia en ello.
En una sociedad con recursos autolimitados, los valores en alza han de ser el ahorro por encima del derroche, cooperación por encima de competencia, humildad por encima de prepotencia, austeridad y sencillez por encima del lujo y la vanidad. Quizás en este apartado me estoy dejando llevar por una visión personal del mundo y de un modelo social determinado. Pero se me hace difícil concebir un modelo social sostenible, autolimitado y en un entorno de recursos escasos, que no incorpore de manera mayoritaria estos valores entre sus ciudadanos.
Una sociedad basada en la libre competencia, en el privilegio, en la individualidad, es enormemente productiva en condiciones óptimas, pero será mucho más inestable y consumidora de recursos en un entorno limitante como el que se avecina.
El shock que muchos tendrán (que muchos están teniendo) al descubrir que el futuro de prosperidad y mejora continua en las condiciones de vida al que creían tener derecho, no existe. La frustración al comprobar que no podrán vivir mejor que la generación de sus padres. El engaño al que muchos pensaran que les han sometido sus dirigentes… Van a ser muy difíciles de gestionar.
Pero peor va a ser gestionar la ira de las generaciones venideras a medida que descubran que en pocas centurias (y especialmente las últimas décadas) hemos agotado los recursos y comprometido sus posibilidades en el planeta. La psicología social tendrá mucho trabajo en los próximos años.
Uno de los cambios más importantes es entender que la transformación social que se ha de realizar no es negativa. El actual modelo no solo nos lleva a un agotamiento insostenible de los recursos, sino también a unas formas de vida cada vez más frustrantes e infelices para una gran mayoría.
Este ha de ser un cambio deseable hacia una felicidad diferente, no basada en posesiones materiales. Percibirlo así por parte de un porcentaje importante de la población no sé si es una condición a añadir a la propuesta, pero no veo que otro modelo de valores, fuera de los esquemas descritos, tenga viabilidad futura.
Quedan muchos, muchos temas por tocar, y los que se han mencionado solo se ha hecho superficialmente y sin grandes conocimientos. Con frecuencia sin datos empíricos y sólo pudiendo aplicar el sentido común. Muchas de las propuestas se rechazarán o modificarán significativamente, se añadirán muchas más; y esto para poder llegar a un consenso entre los colectivos científicos convencidos del problema actual y movilizados (que no son la mayoría…). Una hoja de ruta que será difícil de escribir y más difícil de seguir.
Pero ésta es la propuesta, no se trata de definir el modelo social que ha de seguir toda la humanidad para sostenerse en el planeta a largo plazo, sino de definir los límites científicos que han de cumplir los modelos sociales. Las opciones políticas que propongan modelos fuera de este marco, en realidad son vías de colapso. Y así las hemos de llamar.
Nèstor Úrios, Septiembre 2012.





miércoles, 3 de octubre de 2012

Vuelta a España

Queridos lectores,

Uno de los posts de más éxito en este blog fue la traducción de la "Postal desde Portugal" de Luis de Sousa. En esta ocasión, otro expatriado temporal pero en este caso de España, Gerard Rocher, nos cuenta cómo ve las cosas en su regreso a nuestro país. Al no haber visto las cosas evolucionar poco a poco, la mirar de Gerard nos puede enseñar cómo se han acumulado los cambios paulatinos y cómo nos muestras el rumbo de nuestra decadencia.

Les dejo con Gerard. Salu2,
AMT


De vuelta a España
Cuando formas parte de un proceso es realmente difícil percibir los cambios en la situación, y en esta crisis que no acabará nunca es importante mantener un poco de perspectiva. Justamente en este blog se realizan previsiones anuales de la posible evolución de los acontecimientos, y uno de los posts más leídos es “Una postal de Portugal”, donde el autor explica sus vivencias en la vuelta a su país natal, que presuntamente está más adentrado en la Gran Exclusión.
Bien, pues este año he tenido la suerte de realizar una estancia ERASMUS durante siete meses en Suecia, en una estación científica en el norte de Laponia, más allá del círculo polar ártico, y donde el pueblo más cercano se encontraba a más de 100km. Más allá de la experiencia personal, me ha permitido mantenerme lo más alejado posible de la dura evolución de nuestro país, y ahora a la vuelta de mi pequeño oasis he sentido los efectos de esta crisis que avanza implacablemente.

Llegué el lunes al aeropuerto de Girona, con una compañía que durante todo el verano ha protagonizado situaciones de emergencia en su intento de ahorrar costes al disminuir al máximo la carga de combustible, teniendo que aterrizar en otros aeropuertos ya que no podía llegar al destino, o pedir prioridad para aterrizar a la torre de control. Y es que los altos precios del petróleo que se han mantenido por las nubes los últimos años ponen en aprietos a las aerolíneas, que para evitar quiebras se ven forzadas a recortar gastos. Pues supongo que es normal que en un vuelo de 4 horas, cada vez que se enciende la luz de “abróchense los cinturones” un escalofrío recorra el cuerpo.

Un escalofrío que volvió más intensamente al sobrevolar el gran incendio que asoló el Alt Empordà este verano, un verano excepcionalmente cálido y seco.
Hace unas semanas viví muy de cerca el récord de deshielo del Ártico, y ahora al ver los efectos de la sequía y las olas de calor en mi país hacen que me preocupe más por el cambio climático, preocupación que, por cierto, no veo que compartan los medios de comunicación.

Unos primos me recogieron al aeropuerto y recorrimos la N-II hacia Figueres, un tramo que eternamente está esperando para ser desdoblado, con las obras a medio hacer y que me temo que así quedará para la posteridad.
El día siguiente hubo en Barcelona la gran manifestación independentista del 11 de setiembre, de una magnitud tal que hace medio año sería inimaginable. Artur Mas, que cuando me fui flirteaba con Mariano Rajoy en Madrid, ahora vuelve allí y sin pelos en la lengua pide un estado propio para Catalunya.

Después de dos días aclimatándome en la campiña de l’Empordà, llegué a Barcelona para hacer la matrícula en la universidad. Lo primero fue comprar el bono más popular de transporte, la T-10, por el que pagué 9.45€. Mientras que en diciembre costaba 8.25€.
Al hacer la matrícula universitaria, tuve que frotarme los ojos al ver los precios de la universidad pública: 1 crédito 35,77€, si un curso son 60 créditos hablamos de 2 146€, mientras que hace un par de años apenas pagué 1 000€. El conseller de educación dijo que aquí pagamos demasiado poco por la universidad comparado con Europa, pero de la Europa que yo vengo, Suecia, TODA la educación es gratuita, incluyendo los grados universitarios y másters. Además el gobierno da una beca a todos los estudiantes para pagar el alojamiento y la manutención, habiendo que devolver una parte cuando el estudiante tenga un trabajo estable.
Uf, la vuelta está resultando más dura de lo que esperaba…

Voy a comer al comedor de la facultad, donde por un simple menú pago más de 9€, tan caro era? En Suecia el menú valía 7,25€ con productos ecológicos y café incluido.
-Que quiere?
-Un café con hielo por favor.
-Ah, si quiere hielo son 10 céntimos más.

Luego cogí el autobús para ir a mi hogar, en el Pirineo, obviamente pagando más por el billete, y en un autobús más vacío. 
Al levantarme por la mañana abrí la ventana, con ganas de contemplar la privilegiada vista de mi ventana: todo el valle de Arán y el macizo del Aneto con su glaciar en el horizonte. Ui, está bastante gris este año, cada vez se ve más roca y hielo azul grisáceo, mientras que hace unos veranos lo normal era que estuviera cubierto de nieve.

Ahora todo está gris, menguado y agrietado, y no sólo hablo del glaciar.

Foto: Glaciar del Aneto, pico Maldito (derecha) y espalda del Aneto(izquierda), realizada el 15 de setiembre del 2012.

Se aprecian claramente las grietas en la parte alta del glaciar, y una lengua de roca que casi llega hasta el pico Maldito. Hace justo dos años crucé el glaciar de lado a lado sin pisar la roca y siempre sobre nieve, nunca hielo. Los tres meses de este verano (junio-agosto) ha sido el MÁS CÁLIDO de la historia.



Gerard Rocher Ros
Estudiante de Ciencias Ambientales

lunes, 1 de octubre de 2012

El valor de la energía

Queridos lectores,

El post de hoy, escrito por el siempre eficaz Juan Carlos, analiza la relación entre la energía y los costes crecientes de la complejidad, y lo difícil que es salir de la ruta de mayor gasto energético una vez adentrados en ella. Es un tema que da para una discusión bastante extensa y que se ha tratado muchas veces en la literatura especializada. Estoy seguro de que las palabras de Juan Carlos alentarán el debate.

Salu2,
AMT

 
El valor de la energía



La energía consumida demanda más energía
Consumir energía implica que podemos realizar una tarea, una vez realizada necesitamos más energía para efectuar más tareas. Al final tenemos un sistema cíclico en donde el desarrollo de una actividad está supeditado al continuo proceso de generar más energía con el propósito de extraer más materias primas, procesarlas, transportarlas, distribuirlas, consumirlas y por último reciclarlas parcialmente con el fin de que retornen a la cadena productiva.
Para el ser humano, el valor de cada unidad de energía consumida es el valor de una oportunidad para consumir más energía en el futuro. Planificamos sobre la energía aún disponible nuestras necesidades energéticas venideras. En el neoliberalismo la visión de disponibilidad energética es infinita, por tanto, se contrapone con la realidad que proyecta un horizonte energético limitado. Aquí, el sistema entra en contradicción con el entorno y empiezan a chirriar todos sus mecanismos de funcionamiento.
Las reservas energéticas limitadas dificultan la continua extracción de recursos no renovables que son indispensables en los procesos productivos, y también, impiden la producción intensiva y extensiva de los recursos renovables. Esta limitación en la disponibilidad energética conlleva inexorablemente a una competición por la apropiación de los recursos finitos, que son vitales para que la rueda siga girando.
La energía y el dinero
La energía no es un bien para el consumo final sino un bien intermedio que satisface las necesidades en la producción de bienes y servicios. La configuración de la economía, la planificación, las leyes, los pactos laborales se realizan en la confianza de un futuro con más energía. El coste de los bienes y servicios se tramitan con dinero pero, al fin y al cabo, el dinero representa una cantidad de energía aprovechable. Existe una relación directa entre la energía y la economía global, es decir, si la economía global crece o baja, también crece o baja el consumo de energía.
Esta civilización moderna basada principalmente en la creciente adquisición, transformación e intercambio de bienes materiales ha desencadenado un frenesí en la demanda y oferta de energía, de manera que ésta se erige como la principal columna sobre la cual recae todo el peso de la estructura económica moldeada por el hombre contemporáneo.
El sistema bancario apuntala el crecimiento exponencial con la creación de dinero de la nada, no obstante, la energía no se puede crear de la nada. A través del sistema de reserva fraccionaria, un banco está autorizado a crear un 10% de crédito con sólo el 1% de capital propio. Todo el dinero creado en los créditos se destruye a medida que se amortizan. Para pagar los intereses se debe fabricar más dinero de la nada mediante nueva deuda, lo que generará más intereses a pagar, y así sucesivamente. 
 
Energía y población
La curva de crecimiento de la población mundial se mantuvo constante hasta que la sociedad humana tuvo acceso a los combustibles fósiles. A partir de 1860 la extracción de estos combustibles y la población mundial evolucionaron de forma paralela. En los últimos 40 años el consumo de energía anual promedio por persona ha sido de 1,5 Toneladas Equivalentes de Petróleo (TEP), desde 1,2 TEP en 1966, hasta 1,7 TEP en 2006. El consumo mundial de la energía se ha triplicado mientras el crecimiento de la población se ha doblado. Por supuesto todavía hay grandes diferencias en el consumo de energía. Las poblaciones de India, Pakistán y Bangladesh consumen 0,8 TEP por habitante y año, mientras el promedio mundial es de 1,7 TEP y el consumo norteamericano es aproximadamente de 8 TEP. El incremento exponencial de la población humana ha sido posible fundamentalmente por un aumento exponencial en la producción de energía. Ahora nuestra civilización necesita una gran cantidad de ella, no sólo para sostener el nivel de consumo alcanzado, sino también para seguir creciendo así sea de forma modesta.
Los panes y los peces
Los ingenieros y geólogos, ángeles guardianes del sistema, cada día se aprietan las meninges por arrancar de la tierra y del fondo marino las fuentes primarias de energía de origen fósil que aún quedan. Estos esfuerzos titánicos pretenden obrar otro milagro parecido al de la multiplicación de los panes y los peces.
Aunque los combustibles no convencionales no sustituirán completamente el volumen de extracción de los combustibles convencionales, sí que retrasarán el declive de estos últimos. En la medida en que ya hemos consumido los depósitos de combustibles fósiles más accesibles, sólo nos quedan los yacimientos con un mayor grado de entropía, menos aprovechables, más contaminantes, de más difícil acceso y cada vez más caros de explotar.
Los proyectos vanguar distas de extracción submarina de petróleo se realizan a cientos de metros de profundidad del océano, en el lecho marino, estos proyectos pueden tardar entre 6 y 9 años desde el descubrimiento hasta la fase de producción. La primera opción de las compañías petroleras consiste en aumentar sus stocks mejorando la tecnología, pues la mayoría de estas reservas se encuentran en los yacimientos ya explotados. En los últimos años se han producido muchas innovaciones: perforaciones multidireccionales, inyección de vapor, de gas etc. Con las técnicas sísmicas los ingenieros saben los flujos de crudo que hay en un yacimiento y, por tanto, pueden gestionar con más eficiencia su explotación. La segunda opción consiste en lanzarse a la explotación de zonas de difícil acceso, pero aún no se ha desarrollado una tecnología que mejore sensiblemente la TRE en estas condiciones. La esperanza está en los sistemas de producción candente, es decir, inyectando vapor. Sin embargo, las formidables inversiones que se requieren para procesar el crudo pesado, especialmente en la etapa de industrialización hacen complicada la viabilidad económica de esas reservas.


El edificio de la civilización
Nos estamos acercando a un punto en el cual cada vez requerimos más energía para que el edificio de la civilización que estamos construyendo siga elevándose. Al construir una nueva planta nos vemos forzados a construir otra so pena de quedar atrapados en la recesión. Hay un temor fundado por parte de los poderes facticos e institucionales de un estancamiento o de un decrecimiento económico, pues el mundo como ellos lo conciben, entraría en una hecatombe que nos conduciría inexorablemente a un escenario apocalíptico. Si descendiéramos del edificio no tendríamos salvación, el mundo sería tan caótico y dramático que más nos valdría seguir construyendo nuevas plantas pues nos jugaríamos la vida en ello.
Energía y decrecimiento
Si es posible bajar del edificio sin jugarnos la vida. Es factible una diminución de nuestro consumo energético, es conveniente utilizar la energía que nos brinda la naturaleza de una forma sostenible y respetuosa sin superar la capacidad de carga del planeta. Nos encontramos encorsetados, confinados por una diferencia de potencial muy alta que nos impide ver más allá del crecimiento perpetuo. El decrecimiento planificado no se contempla como una opción, por eso seguramente, el decrecimiento caótico será un suceso sobrevenido por el devenir de los acontecimientos. Mientras no desconectemos con el actual paradigma socio-económico no podremos dar el salto, como una sociedad cohesionada en un proyecto común, que nos permita adelantarnos a la gran escasez y que nos ofrezca la oportunidad, por lo menos, de paliar lo máximo posible los efectos nocivos de la crisis energética que se nos avecina.

Juan Carlos