lunes, 14 de octubre de 2013

Sobre los transgénicos: una réplica al artículo de Luis Cosin



Queridos lectores,

No pocas personas han expresado su disconformidad con algunos extremos planteados en el artículo de Luis Cosin sobre ingeniería genética y los transgénicos. Algunos amigos de Som lo que sembrem me han hecho llegar este artículo de réplica del profesor Jose Ramón Olarrieta. Espero que el debate sea de su interés.

Salu2,
AMT

 
TRANSGÈNICS AGRÍCOLES. Resposta del professor José Ramón Olarrieta (professor de Ciències del Sòl a la Universitat de Lleida i membre de Som lo que Sembrem www.somloquesembrem.org) al text de Luis Cosin publicat al blog Crash Oil http://crashoil.blogspot.com.es/2013/09/el-papel-de-los-transgenicos.html



No, el problema central de la controversia sobre los transgénicos no son “las prácticas comerciales de dudosa ética por parte de una serie de multinacionales”. El problema fundamental es que las variedades transgénicas de cultivos (y hablo de cultivos, es decir, producción en campo, abierta, no de producción confinada en laboratorio mediante microorganismos) no permiten solucionar ningún problema social relevante, ni hay ninguna perspectiva de que lo puedan hacer en el futuro.

El texto de Luis Cosin da una visión muy esperanzadora de la ingeniería genética, con la que no estamos de acuerdo, pero con un redactado que, además, induce a falsas interpretaciones, e incluso contiene algunos errores.

Así, el apartado 5, “Usos de la ingeniería genética”, comienza diciendo que estas nuevas tecnologías “abren un gran abanico de posibilidades”, para seguidamente señalar que, para evitar los daños producidos por las malas hierbas, “los agricultores utilizan herbicidas, con el consiguiente gasto económico y contaminación de aguas y suelos”.

Pues bien, la solución que nos da la ingeniería genética a esta cuestión son variedades resistentes a herbicidas, cuyo uso sólo ha servido para aumentar enormemente el uso de éstosi, con sus desastrosos efectos consiguientes para la salud humana y el medioii. Pero, además, se ha añadido un nuevo problema: las “malas hierbas” resistentes a estos herbicidas se han convertido en un problema de tal magnitud, que en Estados Unidos se estima que el coste de controlar estas “malas hierbas” ha aumentado un 600% en los últimos añosiii, y miles de hectáreas de cultivo se han abandonado por estar infestadas con estas plantasiv. Por tanto, la ingeniería genética en este caso ha sido un desastre, anunciado por otra parte.

Continúa el texto de Luis Cosin diciendo que “en los últimos 50-100 años, la mejora genética” ha resultado en mayor productividad “e incremento en las capacidades nutritivas”. Hablar de los “últimos 50-100 años” implica juntar períodos muy diferentes cuando se supone que se está hablando específicamente de los “usos de la ingeniería genética2, que tan sólo lleva 16 años en el campo. Y en estos 16 años no ha habido ningún impacto de las variedades transgénicas ni desde el punto de vista de la productividad ni desde el de la capacidad nutritiva de los alimentos. Informes internacionales, como el IAASTDv o el de la oficina asesora del parlamento alemánvi, hablan de datos contradictorios sobre la productividad de las variedades transgénicas. Los ensayos de campo realizados en Catalunya no muestran diferencias significativas entre las producciones obtenidas con variedades transgénicas y las obtenidas con variedades convencionalesvii. En Estados Unidos, los incrementos de producción en maíz debidos a las variedades transgénicas hasta el años 2009 se estimaban en un 3-4%, mientras que los debidos a la mejora genética convencional en el mismo período fueron del 13-25%viii. Por tanto, no se puede afirmar que ha habido un “estancamiento e incluso descenso en los niveles productivos”, y en todo caso, la mejora genética convencional está ayudando mucho más que las variedades transgénicas a salir de ese estancamiento. Aún más, un estudio reciente muestra que las producciones en Estados Unidos, con transgénicos y un mayor consumo de herbicidas y pesticidas, están quedando rezagadas respecto a las de los países de Europa sin transgénicosix.

Para ilustrar el supuesto aumento de la capacidad nutritiva de los alimentos, Luis utiliza el ejemplo del “arroz dorado” (arroz modificado genéticamente para tener un mayor contenido en vitamina A), como si éste fuera un transgénico ya en producción comercial. Pero nada más lejos de la realidad. Y es que este “arroz dorado” es el mejor ejemplo de esta ingeniería genética como tecnología en busca de un problema que resolver. Aunque se anunció a bombo y platillo en el 2000, no sólo todavía está muy lejos de estar disponible para los agricultores (y no por culpa del movimiento antitransgénicos), sino que “todavía no se ha determinado si el consumo diario de arroz dorado mejora el estatus de las personas deficientes en vitamina A ni si, por tanto, puede reducir los problemas relacionados como la ceguera”x. Ni más ni menos. Pero, además, el propio “arroz dorado” es un ejemplo de cómo la ingeniería genética es una tecnología incontrolada e impredecible. Porque a este arroz se llegó por pura casualidad, y los propios investigadores que lo obtuvieron reconocen que desconocen por qué aquella variedad que tenía que producir licopeno (porque el gen que se le introdujo teóricamente sólo tenía que producir esta sustancia), producía, en cambio, β-caroteno (la sustancia precursora de la vitamina A, y no sólo β-caroteno sino también luteina y zeaxantinaxi. Es decir, que tampoco se conoce el funcionamiento de los genes tan bien como muchas veces se pretende.

Pero la deficiencia en vitamina A no es más que el síntoma más claro de un problema mucho más amplio, que no es sino la extrema marginalización de las poblaciones que sufren esta deficiencia, y que, por tanto, sufren también de muchas otras deficiencias alimentarias. El arroz dorado no sería aquí más que un parche de tela en la tubería de todo un oleoducto. Y para ese parche no hace falta tanto viaje porque ya existen variedades de arroz, y también de boniatoxii, ricas en β-caroteno (y ricas en los ácidos grasos necesarios para que esta provitamina se absorba)xiii.

Posteriormente, habla Luis de “genes de resistencia a plagas”, y no existe tal cosa, aunque sea ése un término muy utilizado por los partidarios de los transgénicos. Lo que se ha introducido en diversas variedades de cultivos son genes productores de toxinas Bt, de manera que las plantas producen continuamente estas toxinas para así matar algunas plagas.

Y continúa su texto con la cuestión de los transgénicos productores de sustancias de interés farmacológico o químico, de los cuales todavía no hay ninguno a punto, pero cuyo interés estaría, según Luis, en el menor coste de producción de estas sustancias. Lo cierto es que el único estudio que se ha realizado sobre este aspecto demuestra que tal abaratamiento teórico de la producción sólo aparecería si se socializaran los costes de confinamiento y separación de estos cultivos de los destinados al consumo humanoxiv. Y parece difícil de creer otra cosa cuando sistemáticamente lo que se intenta es precisamente lo contrario, es decir, “industrializar” al máximo la producción agrícola porque ésta, sometida a las incertidumbres del clima, plagas, etc. es mucho más impredecible que aquélla, confinada a lugares recluidos y (relativamente) controlados.

Pero, nuevamente, debiéramos plantearnos la cuestión genérica. ¿Son caros los medicamentos? ¿Por qué en EEUU pueden costar 2-3 veces más que en Europa? ¿Por qué en Cuba las expectativas de vida están al nivel de las de EEUU gastando una ínfima parte de dinero en comparación?xv. Como sabemos, el coste de producción de los medicamentos tiene poco que ver con su precio para el consumidor. En cualquier caso, no es cierto, como afirma Luis Cosin, que la insulina transgénica la estén produciendo vacas transgénicas en su leche. Esta vuelve a ser una de esas “noticias” que aparecen periódicamente dando por hecho un nuevo “avance tecnológico” que luego nunca se materializa en la realidad.

Y en el último apartado, Luis intenta, en la primera parte, minimizar los problemas de estas variedades. Primero, mediante un redactado que pretende hacer pasar los transgénicos como una variedad más dentro de las muchas que tenemos (“son organismos…cuya única particularidad es que contienen uno o más genes introducidos que codifican las proteínas que les confieren el carácter deseado”). Pero es contradictorio presentar así los transgénicos y luego decir que abren perspectivas completamente nuevas. O una cosa o la otra. Y jugar con el genoma no es como añadir sumandos a una suma aritmética, sino más bien como añadir sílabas a las palabras, o palabras a las frases. El significado puede, o no, cambiar completamente. Porque con la ingeniería genética no se sabe cuántas palabras se están introduciendo (se suelen introducir accidentalmente varias copias y/o fragmentos de diferentes genes); ni en qué lugar de la frase se están poniendo estas nuevas palabras (la inserción de estos genes en el genoma de la planta es completamente al azar)xvi, ni siquiera si el gen introducido se comportará como lo hacía en su genoma original (ver el caso del arroz dorado comentado anteriormente). Y el resultado de todo esto es que tampoco sabemos muy bien cómo se comportará la plantaxvii. Así, por ejemplo, en el caso del maíz transgénico productor de la toxina Bt, resulta que en campos de cultivo con estos maíces hay plantas que producen mucha toxina Bt y otras que apenas la producenxviii; que las plantas de estas variedades transgénicas tienen contenido de lignina mucho más alto que las convencionales, cuando, teóricamente, esto no tendría que pasarxix; y en estas variedades cambia la cantidad que producen de diferentes proteínasxx. Y estas variedades acaban dando reacciones alergénicas en ratones de laboratorioxxi, y problemas en hígado y riñonesxxii.

Después, Luis discute algunos “falsos mitos”. Primero afirma que “si las proteínas codificadas no son tóxicas…ni alérgicas, no tienen ningún efecto fisiológico negativo”. Pero éste es un razonamiento circular, y, además, no conocemos el efecto de muchas de estas sustancias en el organismo humano, ni, como se ha comentado, los efectos accidentales que pueden tener estas variedades transgénicas. Y argumenta Luis que el etiquetado de alimentos en Europa permite controlar el riesgo debido a que no se conozcan los efectos de una proteína sobre la salud. Pero esto no debería funcionar así. Si no se conocen los posibles efectos de una sustancia, no se debería permitir la venta de productos que la contengan.

Y, según Luis, el segundo mito es que consumir un gen “no supone ningún riesgo” porque “se degradará rápidamente en el intestino”. Esto es falso, aunque la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria lo siga afirmando. Desde el año 2003 se han publicado estudios que han detectado la presencia de ADN transgénico en la sangre y/o los tejidos de animalesxxiii; en el 2011 se publicó también sobre la presencia en la sangre y en la orina de personasxxiv; y recientemente se publicó un trabajo con el indiscutible título de “Genes completos pueden pasar de los alimentos a la sangre humana”xxv.

En definitiva, la cuestión con los transgénicos es, como en tantos otros casos, la pretensión de esconder problemas esencialmente políticos mediante la tecnología para que todo siga igual. El desarrollo de los híbridos de maíz en los años 20 no se puede explicar si no es por el interés en dar una vuelta de tuerca más al proceso de usurpación de las semillas a los agricultores y de mercantilización de la producción de éstasxxvi.

Y la misma situación se repitió con el paquete tecnológico de la llamada Revolución Verde (nuevos tipos de semillas, biocidas, abonos de síntesis, maquinaria, riego), cuyo desarrollo no tuvo nada que ver con un objetivo de eliminar el hambre en el mundo (cosa que no consiguió) sino con evitar afrontar las cuestiones profundas que planteaban en muchos países los movimientos por la reforma agraria y el reparto de la tierra, y más en general, los movimientos revolucionarios de los años 60xxvii. Hay muchas dudas sobre los resultados de la propia Revolución Verde y sobre afirmaciones que le confieren el poder de haber salvado a millones de personasxxviii, e incluso se plantea que causó más problemas de los que resolvióxxix.

Como dice John Gray, “hoy, la fe en la acción política está prácticamente muerta, y es la tecnología la que expresa el sueño de un mundo transformado…Pero la tecnología no es un sustituto de la acción política. En la práctica, la usamos simplemente para enmascarar los problemas que no podemos resolver”xxx, aunque yo diría, más bien, que no los queremos resolver. Como muy bien lo expresó Steinbeck en “Las Uvas de la Ira”: “los hombres de ciencia han trabajado y la fruta se está pudriendo en el suelo…hombres que han creado nuevos frutos en el mundo no pueden crear un sistema para que sus frutos se coman”xxxi.

Cuando queremos representar el problema del hambre siempre elegimos, demagógicamente, imágenes de Africa o del sudeste asiático. Nos resulta fácil explicar esta situación recurriendo al “atraso” de estos países. Por eso no utilizamos la noticia del reciente primer muerto por hambre en España, o la de los 5 millones de personas que pasan hambre en California. Porque entonces tendríamos que reconocer que el hambre no tiene nada que ver con ese supuesto “atraso”, porque si no, ¿cómo es posible esa situación en California, el centro mundial de la tecnología agraria más “moderna”?

Los datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en el año 2010 mostraban que 45 millones de habitantes de este país (1 de cada 7 familias) sufrían inseguridad alimenticia, el nivel más alto desde 1995xxxii, año en que ese departamento empezó a recoger datos sobre esta cuestión, y año previo a que se empezaran a cultivar las variedades transgénicas. A pesar de estos datos no haré la inferencia fácil, y demagógica, de decir que los transgénicos (y toda la “tecnología” agraria punta del mundo) aumentan el hambre, pero sí repetiré la clara conclusión de que el hambre y la malnutrición (y la producción de medicinas) no tienen nada que ver con la tecnología, y sí con la distribución de la riqueza y de los medios de producción.

Volviendo a John Steinbeck: “Y niños agonizando de pelagra deben morir por no poderse obtener un beneficio de una naranja. Y los forenses tiene que rellenar los certificados –murió de desnutrición- porque la comida debe pudrirse, a la fuerza debe pudrirse…Eso es un crimen que va más allá de la denuncia. Es una desgracia que el llanto no puede simbolizar. Es un fracaso que supera todos nuestros éxitos”.

Bibliografía 

i Benbrook, C.M. 2012. Impacts of genetically engineered crops on pesticide use in the US – the first sixteen years. Environmental Sciences Europe, 24: 24. http://www.enveurope.com/content/24/1/24


iii “What happens when weedkillers stop killing?”. Science, 20 septiembre 2013: 1329. http://www.sciencemag.org/content/341/6152/1329.summary




vii “Varietats de blat de moro per la campanya 2008”. Dossier Tècnic 27. DAAAR, Generalitat de Catalunya, Barcelona.




xi Ye, X. et al. 2000. Engineering the provitamin A (β-carotene) biosynthetic pathway into (carotenoid-free) rice endosperm. Science, 287: 303-305.

xii Hotz, C. et al. 2012. A large-scale intervention to introduce orange sweet potato in rural Mozambique increases vitamin A intakes among children and women. British Journal of Nutrition, 108(1): 163-176.

xiii Frei, M., K. Becker. 2005. Fatty acids and all-trans-β-carotene are correlated in differently colored rice landraces. Journal of the Science of Food and Agriculture, 85: 2380-2384.

xiv Wisner, R. 2005. The Economics of Pharmaceutical Crops. Union of Concerned Scientists, Cambridge, EEUU. http://www.ucsusa.org/food_and_agriculture/our-failing-food-system/genetic-engineering/economics-of-pharmaceutical.html.
Andow, D. (ed.). 2004. A Growing Concern. Protecting the Food Supply in an Era of Pharmaceutical and Industrial Crops. Union of Concerned Scientists, Cambridge, EEUU. http://www.ucsusa.org/food_and_agriculture/our-failing-food-system/genetic-engineering/a-growing-concern-protecting.html

xv Drain, P.K., M. Barry. 2010. Fifty years of US embargo: Cuba’s health outcomes and lessons. Science, 328: 572-573.

xvi Hernández, M., M. Pla, T. Esteve, S. Prat, P. Puigdomènech, A. Ferrando. 2003. A specific real-time quantitative PCR detection system for event MON810 in maize YieldGard based on the 3'-transgene integration sequence. Transgenic Research, 12: 179-189.
Rang, A., B. Linke, B. Jansen. 2005. Detection of RNA variants transcribed from the transgene in Roundup Ready soybean. Eur. Food Res. Technol., 220: 438-443.
Rosati, A., P. Bogani, A. Santarlasci, M. Buiatti. 2008. Characterisation of 3’ transgene insertion site and derived mRNAs in MON810 YieldGard maize. Plant Molecular Biology, 67(3): 271-281.

xvii Firn, R.D., C.G. Jones. 1999. Secondary metabolism and the risks of GMOs. Nature, 400: 13-14.
Atkinson, R.G. et al. 2002. Overexpression of polygalacturonase in transgenic apple trees leads to a range of novel phenotypes involving changes in cell adhesion. Plant Physiology, 129: 122-133.

xviii Nguyen, H.T., J.A. Jehle. 2007. Quantitative analysis of the seasonal and tissue-especific expression of Cry1Ab in transgenic maize MON 810. Journal of Plant Diseases and Protection, 114(2): 82-87.

xix Poerschmann, J. et al. 2005. Molecular composition of leaves and stems of genetically modified Bt and near-isogenic non-Bt maize-characterization of lignin patterns. Journal of Environmental Quality, 34: 1508-1518.

xxHerrero, M, E. Ibáñez, P.J. Martín-Alvarez, A. Cifuentes. 2007. Analysis of chiral amino acids in conventional and transgenic maize. Analytical Chemistry, 79(13): 5071-5077.
Zolla, L., S. Rinalducci, P. Antonioli, P.G. Righetti. 2008. Proteomics as a complementary tool for identifying unintended side effects occurring in transgenic maize seeds as a result of genetic modifications. Journal of Proteome Research, 7: 1850-1861

xxi Finamore, A. et al. Intestinal and peripheral immune response to MON810 maize ingestion in weaning and old mice. Journal of Agricultural and Food Chemistry. DOI: 10.1021/jf802059w.

xxii Séralini, G-E., D. Cellier, J. Spiroux de Vendomois. 2007. New analysis of a rat feeding study with a genetically modified maize reveals signs of heptorenal toxicity. Arch. Environ. Contam. Toxicol., 52: 596-602.
Kilic, A., M. T. Akay. 2008. A three generation study with genetically modified Bt corn in rats: biochemical and histopathological investigation. Food and Chemical Toxicology, 46(3): 1164-1170.

xxiii Chowdhury, E.H. et al. 2003. Detection of corn intrinsic and recombinant DNA fragments and Cry1Ab protein in the gastrointestinal contents of pigs fed genetically modified corn Bt11. Journal of Animal Science, 81: 2546-2551.
Einspanier, R. et al. 2004. Tracing residual recombinant feed molecules during digestion and rumen bacterial diversity in cattle fed transgene maize. European Food Research and Technology, 218: 269-273.
Trabalza-Marinucci, M. et al. 2008. A three-year longitudinal study on the effects of a diet containing genetically modified Bt176 maize on the health status and performance of sheep. Livestock Science, 113: 178-190.

xxiv Aris, A., S. Leblanc. Maternal and fetal exposure to pesticidas associated to genetically modified foods in Eastern Townships of Quebec, Canada. Reproductive Toxicology (2011), doi:10.1016/j.reprotox.2011.02.004.

xxv Spisák, S. et al. 2013. Complete genes may pass from food to human blood. PLoS ONE, 8(7): e69805. doi:10.1371/journal.pone.0069805. http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0069805.

xxvi Berlan, J.P., R.C. Lewontin. 1983. The political economy of hybrid corn. Monthly Review, 38: 35-47. Hay una versión en: http://libcom.org/library/political-economy-hybrid-corn.

xxvii Perkins, J. 1997. Geopolitics and the Green Revolution. Oxford University Press, Oxford.


xxix Shiva, V. 1991. The Violence of the Green Revolution. TWN, Zed Books, Londres.

xxx Gray, J. 2004. Heresies. Against Progress and Other Illusions. Granta Books, Londres.

xxxi Steinbeck, J. 1999. Las Uvas de la Ira. 5ª edición. Cátedra, Madrid.

 

viernes, 11 de octubre de 2013

El Gran Señor de la Guerra



Queridos lectores,

Javier Pérez me ha hecho llegar el siguiente ensayo, escrito con su estilo ameno, sobre las causas profundas por las que los EE.UU. se han convertido en una máquina de batallar, más allá de los típicos análisis superficiales. La realidad es mucho más frágil de lo que nos pensamos. A tener en cuenta en el futuro tan complicado que se avecina.

Salu2,
AMT 




Dólares, guerra y petróleo



Normalmente se habla de la necesidad de los Estados Unidos de buscar nuevas guerras, y se alude a los intereses de las industrias de armamento en gasta los stocks almacenados de bombas, probar los nuevos prototipos y dar a entender que es necesario mantener el arsenal al completo y a la última.


No le falta razón a este conjunto de motivaciones, pero creo que es totalmente incompleto y, en lugar de atender a las causas, lasa confunde con las consecuencias. A eso, en mi diccionario particular, se le llama frivolizar.


Si me lo permitís, vamos al fondo del asunto: la razón principal por la que Estados Unidos necesita demostrar cada cierto tiempo su calidad de superpotencia es el hecho de que el dólar carece de respaldo real en riqueza alguna, ya sea oro u otros activos, y sólo el prestigio del país como actor de primer nivel, más allá del bien y del mal, puede mantener su cotización en el punto deseado. Sólo la condición de superpotencia consigue que los norteamericanos eleven constantemente el techo de deuda y, lo que es más importante, que haya alguien interesado en comprar esa deuda.


En una economía de mercado, cuando la moneda deja de estar respaldada por riqueza real, ya sea oro u otro valor similar, lo único que queda es la percepción del mercado, y esa percepción puede ser modificada mediante actos de fuerza.


El crecimiento del deuda pública norteamericana en las últimas décadas es algo sin parangón y que debería preocupar muy seriamente a todas las economías mundiales, pero mientras su Gobierno dé a entender que puede permitirse el lujo de seguir exigiendo dinero a sus socios sin la más mínima intención de pagar esa deuda si llegara el caso, la deuda puede ampliarse, emisión tras emisión.


A los inversores les gustan los activos seguros y ahí es donde la cosa empieza a tener su gracia: ¿Qué es un activo seguro? Aquel que tiene toda la pinta de llegar a cobrarse, sea a costa de lo que sea. ¿Y qué creen los inversores? Que los norteamericanos son gente decidida, dispuesta a cualquier cosa para no caer en la pobreza y en la hecatombe de una suspensión de pagos. Por tanto, se entiende que serán capaces de lo que sea preciso para poder pagar sus deudas, sea con su riqueza, o con la de otros, convenientemente expoliada con cualquier pretexto, como aquella tontería del Maine que nos endilgaron a nosotros.


Podéis echarle un vistazo a las brutales cifras de deuda americana, clasificada por apartados, en este gráfico, tomado ahora mismo, a finales de septiembre:


Como quizás en estos casos las cifras desnudas no hablen tan claramente como la evolución de la deuda a lo largo de los años, os ofrecemos también un gráfico de la evolución de la deuda en los últimos años. En este gráfico se refleja la deuda en trillones de dólares americanos, que son los que aquí llamamos billones, o millones de millones.




El último datos es de 2010, pero desde entonces ha vuelto a dispararse y actualmente se encuentra en el nivel de los 17, 54 trillones, siguiendo las magnitudes de este gráfico.
Lo cierto es que los norteamericanos están manteniendo su nivel de gasto a través de un mecanismo llamado Quantitative Easing, que no es más que un eufemismo por la más conocida expresión de "imprimir dinero a destajo". En estos momentos, y según los datos de la Propia Reserva Federal Americana, imprimen un total de 85.000 millones de dólares AL MES. Por supuesto, lo de imprimir es un atajo expresivo, pues hay muchas otras maneras de inyectar dinero, por ejemplo, mediante apuntes electrónicos, sin necesidad de usar papel.


A esto le llaman allí estímulo macroeconómico, y es la causa final de que las bolsas esté subiendo cuando la economía no acaba de despegar. ¿Y por qué? Porque en alguna parte habrá que meter el dinero, ¿verdad?


A la postre, este dinero se sigue aceptando en los mercados internacionales por el prestigio de los EEUU. Abandonado el patrón oro, y abandonado cualquier otro tipo de control cada país puede crear el dinero que le acepten, todo ése y justamente ése. 


Por eso, los norteamericanos entienden que su presupuesto depende de su prestigio internacional, de su capacidad para obligar a terceros países a comerciar y negociar en su moneda y de su capacidad para imponer el dólar como reserva mundial de riqueza. Una reserva donde los demás ponen la riqueza y ellos los papelitos, que no son más que un símbolo de esa riqueza, pero nunca la riqueza en sí.


    Lo que pasa es que a los economistas les cuesta mucho entender que el dinero no es riqueza, sino un símbolo de riqueza, y que imprimir dinero para aumentar la riqueza de un país es una estupidez comparable a fabricar banderas para que crezca el territorio.


    Y ahora, llegamos, a la pregunta más complicada: ¿Y por qué demonios crece de ese modo la deuda americana?
Las razones son varias:

       - Políticas fiscales contractivas. O lo que es lo mismo, que los ricos no quieren pagar impuestos y tienen maneras de evitarlo, con lo que no hay modo de subir la recaudación.

- Políticas de gasto expansivas, es decir, querer tener de todo, pagando lo mínimo. Los americanos, la verdad, pagan muchos impuestos para lo poco que reciben del Estado, pero la condición de superpotencia es cada vez más cara y hay que estirar la cartera.

- Y sobre todo, el problema energético. La gasolina, que allí cuesta ahora a unos 65 céntimos el litro, ha multiplicado su precio por tres en los últimos seis años. A ese precio, que a nosotros nos sigue pareciendo ridículo, hay ya muchas industrias y actividades que no pueden funcionar, y muchos trabajos que no se pueden aceptar, porque el desplazamiento desde la vivienda se llevaría una parte demasiado alta de los ingresos mensuales. A ese precio, para ellos, las cosas empiezan a ir mal, porque su economía es aún más dependiente que la nuestra de un petróleo barato.


    ¿Os parece que exagero? Un día hablaré de la doctrina Carter, que dice que cualquier amenaza contra los exportadores de petróleo se considerará al mismo nivel que una invasión de California o Kansas.


    Por eso resulta que petróleo, deuda y guerra son tres sinónimos del mismo problema: energía, expectativas y demostración de poder. Ninguna de estas variables funciona sin el apoyo de la otra.
¡Qué le vamos a hacer!



Javier Pérez. www.javier-perez.es

martes, 8 de octubre de 2013

Mi colapso y yo: el CSIC, una muerte sin dignidad



Queridos lectores,

Es difícil en el momento de la muerte tener el temple para mirarla cara a cara. La muerte resume y pone el broche final a la vida, y a veces una vida ejemplar de un gran hombre o una gran mujer puede quedar un tanto empañada por un comprensible ataque de pánico, por un desfallecimiento llegado el postrer momento. Lo contrario también puede ser cierto, aunque sea muchísimo menos frecuente: lo normal es que si viviste como un gañán mueras como el gañán que siempre fuiste.

La institución de investigación científica más grande de España y para la cual yo trabajo, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), agoniza desde hace meses, como hemos explicado desde estas mismas páginas. No volveremos otra vez a explicar las razones, las cuales se pueden sintetizar en una frase: en los últimos cuatro años el Estado ha reducido en términos reales alrededor de un 40% su aportación anual a esta institución. Mientras el CSIC pudo tirar de sus ahorros la cosa se aguantó mal que bien, pero los ahorros se acabaron en Noviembre pasado y desde entonces hemos entrado en barrena. El CSIC agoniza, incapaz de hacer frente a múltiples pagos y compromisos, y no hay ideas de cómo seguir adelante. Se sobrevive al día a día conteniendo gastos y aplazando pagos, endosando así su riesgo financiero a otros que indirectamente están financiando la insolvencia larvada del CSIC. Por ejemplo un compañero mío (del que una leyenda urbana dice que abandonó su blog sobre peak oil para irse al campo) ha decidido dejar de ir a congresos y reuniones después de haber puesto de su bolsillo los gastos de varios viajes y aún estar meses después esperando que le reembolsen (problema éste que me consta es ahora generalizado en la institución).

El CSIC necesitaba, como explicaba nuestro Presidente, 100 millones de euros adicionales para acabar este año 2013. El pasado mes de Junio, en el último minuto, el Estado español aprobó un crédito adicional por 25 millones, que nos dio el oxígeno justo para pasar el verano. Nuestro Presidente reclamaba con insistencia una ayuda adicional de 75 millones para evitar que nuestra actividad se viera seriamente afectada. La Secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, prometió que "no nos iban a dejar caer" y que se concederían no 75 pero sí 50 millones de euros más antes de que acabara el mes de Septiembre, plazo perentorio puesto que según diversos cálculos y proyecciones si el dinero no llegaba entonces a mediados de Octubre los centros tendrían que detener su actividad y cerrar. Pero llegó el último viernes de Septiembre y el Consejo de Ministros no aprobó ningún rescate para el CSIC, para nuestra consternación. Al poco supimos que desde el Ministerio calculaban que aún podríamos aguantar hasta la tercera semana de Octubre gracias a unos ingresos adicionales que han efectuado algunos institutos (el mío entre ellos); pero lo cierto es que estos ingresos no se han repartido entre todos y por tanto los demás institutos se ven abocados a un cierre que en el momento de escribir este post parece inminente. Seguimos pendientes de que al final se apruebe ese mal llamado "rescate" financiero, aunque a estas alturas ya han anunciado que no será ni de los 75 millones que pedía nuestro Presidente ni de los 50 que prometía la Secretaria de Estado, sino de 25. Sólo 25 millones. Lo que en condiciones normales gasta el CSIC en un mes (excluyendo las partidas reservadas desde Enero). Nos prometieron también que el crédito que se aprobase este año se consolidaría en el Presupuesto del año que viene; luego dijeron que todo no, que sólo un 30% del crédito de este año. Eso supondría unos 15 millones de euros, lo que vendría a suponer un 2,5% de incremento presupuestario. Pero una vez más hasta eso se ha demostrado falso. La semana pasada salió el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que prevén un incremento del presupuesto del CSIC del 0,1%, lo cual supone congelarlo prácticamente en términos nominales y reducirlo en términos reales (esto es, cuando se tiene en cuenta la inflación). Y eso después de varias semanas de intensa movilización para alertar del grave problema que supone este continuo estrangulamiento de esta gran institución de investigación española y de todo el sistema de ciencia en general. De nada ha servido. Está claro que en la agenda del Gobierno español la Ciencia ocupa un lugar de muy baja prioridad.

Hasta aquí el cuadro macroscópico, los grandes números. Ahora les invito a que se acerquen a mi instituto, que se aloja en ese edificio de cristal y acero que se encuentra al final del Paseo Marítimo de la Barceloneta y al lado del Puerto Olímpico de Barcelona.



No les hablaré de las cuitas de todos los investigadores de mi centro, porque harían de este relato una relación inacabable. Para que se hagan simplemente  una idea de qué está pasando les contaré sólo las cosas que nos están afectando a mi y a mi grupo.

Hace diez días reventaron dos discos de nuestro sistema de cálculo y distribución de datos de satélite, y un tercero empezó a enviar mensajes de que estaba cercano a expirar. Los discos que están fallando fueron comprados a la vez y se ve que su obsolescencia estaba muy bien programada puesto que comenzaban a fallar simultáneamente pasados ya los tres años de uso (intenso, se tiene que decir, puesto que son discos duros de gama servidor, nada que ver con un disco doméstico). En Junio habíamos solicitado la compra de una nueva cabina de discos con cargo a un proyecto que se acaba este año; cuando en Julio llegó la orden del Presidente de paralizar todo gasto menos el de los proyectos a punto de terminarse hicimos la justificación de por qué este gasto debía realizarse y el gasto fue aceptado y aprobado por la Organización Central del CSIC. Más de tres meses después tras inquirir un poco nos encontramos que la orden de compra se había traspapelado dentro de la vorágine que es ahora la gestión de mi centro y que el encargo no se había hecho aún; ahora ya se está tramitando, pero llevará meses que llegue, y nuestro sistema no aguantará tanto. Si el sistema se cayese de manera prolongada estaríamos incumpliendo nuestra obligación con diversas entidades españolas, europeas e internacionales de mantener el servicio, así que para evitar este problema fui a hablar con el gerente de mi centro para que de manera excepcional permitiese la compra inmediata de unos discos duros, por una cuantía total de 600 euros, para cubrir el agujero. Mientras llegaban esos discos mis informáticos mantuvieron el sistema con retales: un disco personal que uno de ellos trajo de su casa, algunas piezas sueltas desguazadas de aquí y allá... todo ello muy precario porque ese material no está pensado para soportar tal carga, pero que podrían aguantar los dos días necesarios para que llegaran los discos de reemplazo. Todo aguantó gracias también a la vigilancia continua de esas personas, y para cuando eran ya cinco los discos caídos los discos de reemplazo habían cubierto su función. Esta vez evitamos el desastre.

En Abril anunciamos la "inminente puesta en marcha" de un servicio de procesamiento de datos de satélite asociado a nuestro servidor, a lo que por cierto nos obliga el proyecto que yo gestiono. Para crear este servicio contratamos una pequeña empresa externa. La primera entrega fue realizada a finales de Mayo y al tiempo nos presentaron sus facturas. Facturas que, por diversas visicitudes, ahora, a principios de Octubre siguen pendientes de pago. Afortunadamente quien hizo el encargo es una persona de confianza que se ha hecho cargo de las dificultades del momento, pero también como es lógico ha dejado en suspenso futuras entregas a esperar que paguemos lo que le debemos. Lo cual es bastante doloroso para mi.

La semana pasada, después de un largo y penoso proceso selectivo uno de nuestros informáticos firmó su nuevo contrato con nosotros, después de estar varias semanas en el paro. Hoy mismo nos ha llegado un mensaje desde la Organización Central avisándonos de que aprueban provisionalmente el contrato por tres meses, a la espera de la resolución de la comisión de homologación de títulos del Ministerio de Educación. Resulta que esta persona es argentina, y su titulación también, y para poder trabajar en España su título tiene que estar homologado. El trámite de homologación tiene una concepción completamente decimonónica. En ningún lugar de Europa excepto en España se pide tal cosa como "homologar" un título universitario a uno "equivalente español"; a la gente en Europa se la contrata en función de su valía demostrada y al que no vale se le echa a la calle y punto. Aquí también se puede echar a una persona a la calle si no vale para el trabajo, pero además, para trabajar para una administración española, el título debe estar "homologado". La homologación consiste en un penoso, largo y caro proceso según el cual el solicitante presenta copias de los programas de las asignaturas que cursó y solicita que su título se le equipare a uno existente en España. Lo cual nunca sucede, puesto que es prácticamente imposible que se impartan exactamente las mismas asignaturas en otro lugar del mundo; y así nos podemos encontrar con que después de tres o cuatro años de papeleo y gastos (cada papel traducido desde un idioma extranjero tiene que estar visado por un traductor jurado, que cobra a tanto la palabra) a un físico que estudió en una universidad técnica de París o en La Sapienza de Roma, gente que recibió clases de Premios Nobel, se le exija pasar exámenes de Electromagnetismo, Óptica y Termodinámica para acreditar sus conocimientos (esto último, tal cual, le pasó a un amigo mío italiano). 

Dada la arbitrariedad e irracionalidad del procedimiento de homologación, que en la práctica imposibilitaría la contratación del mejor personal extranjero, hasta ahora el CSIC se limitaba a asegurarse de que el investigador extranjero había solicitado la homologación de su título en el momento de firmar el contrato. Pero ahora alguien ha dado la orden de revisar los contratos de gente con título pendiente de homologación, y de que se notifique inmediatamente la resolución del Ministerio. Resolución que siempre en primera instancia es una denegacion; luego se recurre, se aporta nueva documentación, se insiste, se llama por teléfono y por último, tras varios años de toma y daca, se hacen los exámenes en materias que arbitrariamente fijan nuestros "expertos" locales. Pues bien, está claro que con esa primera denegación el servicio de recursos humanos del CSIC cancelará el contrato en vigor y echará a esa persona a la calle. De hecho, el mensaje que ha llegado desde Madrid es bastante claro: desde Recursos Humanos han llamado al Ministerio para enterarse de cuándo se espera la primera resolución sobre la solicitud de mi informático (de aquí a tres meses), le han hecho el contrato en consecuencia por tres meses y le han advertido de la obligatoriedad de enviarles la resolución en cuanto llegue. Lo peor es que hablando con nuestra administración he podido confirmar que este criterio es ahora de implantación general; tal medida afectará, estimo yo, a no menos del 10% de nuestro personal contratado y supongo que en similar medida a todo el CSIC. Y casi todos ellos (todos menos aquellos que, por llevar mucho tiempo aquí y por intereses personales, hayan llevado el procedimiento de homologación hasta el final) acabarán yéndose a la calle en unos pocos meses. Peor aún: con este sistema no tiene sentido que intentemos contratar ya nunca más extranjeros, puesto que solicitarían la homologación para poder ser contratados, pero en cuando llegase la primera comunicación (de tres a seis meses) y ser ésta cual suele negativa serían despedidos y sin posibilidad de ser contratados de nuevo.

A mi no me cabe la menor duda de que este cambio de criterio obedece a un intento desesperado de reducir gasto. A algunos españoles desinformados les parecerá bien esta medida por lo que supone de "proteger el trabajo para los españoles", sin saber que muchos perfiles técnicos que se solicitan no los tienen ningún español y que contratando a estas personas justamente ayudamos a formar a gente de aquí con ese perfil. Por otro lado, esta artimaña supone una traba disimulada a la libre circulación de profesionales europeos a la que obligan las directivas de la Comisión Europea. Para terminarlo de agravar, algunas de las personas afectadas tienen títulos universitarios acogidos al marco del Plan Bolonia de reconocimiento mutuo de títulos universitarios en el espacio europeo, con lo que la ilegalidad de estas prácticas es aún más flagrante.

En realidad no estamos viviendo ningún episodio de delirante nacionalismo universitario español, aunque en algún momento si esto sale a luz se intente enarbolar esa ridícula bandera ("¡Vamos a protegernos de gente que ha estudiado con Premios Nobel! ¡Santiago y cierra España!"). La realidad es bastante más chusca y estúpida: los que trabajamos aquí y conocemos el medio sabemos que lo que se pretende en realidad es echar al mayor número de personas en el menor tiempo posible, y ser tan estricto con estas reglas absurdas es el mejor medio legal que permite al CSIC deshacerse rápidamente de una buena parte de sus trabajadores. Como medida de adelgazamiento del CSIC es bastante absurda, ya que todos esos trabajadores están contratados con dinero de proyectos y contratos con la industria, dinero que sólo se puede usar para ese fin y que si no se tiene que devolver. El ERE camuflado que así está lanzando el CSIC solamente retrasará unos meses el uso de ese dinero, hasta que los responsables de los proyectos culminen un nuevo proceso selectivo y contraten nuevos trabajadores que les reemplacen (aunque en muchos casos encontrar un reemplazo será bastante difícil). Sin embargo, se ve que alguien ha pensado que ese retraso en el gasto merece la pena de cara a alargar la agonía del CSIC.

Como plan de viabilidad, el acoso a los trabajadores extranjeros no puede ser más corto de miras, más miserable, más cutre... Se recortarán con él unos pocos millones, pero tras unos meses los responsables de proyecto entenderán que con las nuevas reglas del juego sólo se puede contratar españoles aunque no sean los más competentes para el trabajo y el dinero se gastará igual, y si no, como dije arriba, de todos modos se tendrá que devolver. Entre medias se causará mucho malestar en los equipos de investigación, que verán perderse algunos de sus mejores activos, y se desencadenará una guerra interna en la institución, con argumentos que prometen ser de lo más peregrino. La tan cacareada internacionalización del CSIC saltará por los aires, y la mala impresión que dejará en los trabajadores repudiados acabará de hundir la reputación de la institución a nivel internacional.

Dada la crítica situación del CSIC se hubiera debido actuar con grandeza de miras, tomando medidas a la altura de la situación, en vez de estas medidas que parecen los castigos de los padres mercedarios en el patio del colegio. Qué sentido tiene prolongar sin sentido una agonía financiera, sin un plan real de viabilidad que afronte el crudo presente y el previsiblemente peor futuro. Al contrario, se tendría que comenzar por tomar los gastos e ingresos actuales y trazar una línea sobre cómo evolucionarán en el futuro, a la baja, a partir de información que ya se tiene y no sobre ilusorios escenarios de crecimiento o aumento de inversión. A partir de ahí, trazar un escenario de viabilidad: esto se va a poder mantener, aquello no... intentando ser justo y abriendo el debate a los institutos, con unos plazos realistas para proponer los planes de ajuste. Fusionar algunos centros, hacer desaparecer otros, recolocar el personal (que es siempre lo más complicado). Aceptar que si va a haber dificultades con las nóminas éstas tienen que ser para todo el mundo, sin hacer lo que se hace ahora de separar dos categorías (funcionarios y no funcionarios); socializando la carga se es más justo y se consigue que todo el mundo sea consciente de lo que pasa. Apoyar decididamente la captación de recursos del exterior, al tiempo que se denuncia la actitud del Ministerio de crear un problema sin proponer no ya soluciones sino una hoja de ruta. Y así un largo etcétera.

Pero no. En vez de eso se trabaja con previsiones inverosímiles y cuando ya no hay más remedio, cuando la realidad se nos cae encima, se toman medidas autoritarias, precipitadas, no dialogadas y contraproducentes. Molesta tener que explicar por qué se hace lo que se hace, molesta que la gente proteste, molesta que las cosas no vayan mejorando. No hay plan, sólo se improvisa. Del mismo modo que cuando el dinero abundaba y el presupuesto subía cada año no hubo una planificación coherente y una definición de política científica, tampoco ahora hay una planificación de un descenso que a pesar de su gran magnitud y durar ya cuatro años no se quiere asimilar como el nuevo estado natural de las cosas.


No supimos vivir y crecer con nobleza, ¿cómo podía esperarse entonces que muriéramos con una dignidad que nunca tuvimos?

Salu2,
AMT

sábado, 5 de octubre de 2013

La decadencia de las élites



Queridos lectores,

Como muchos de Vds. sabrán, hace unas semanas la capital de España, Madrid, presentaba (creo que por tercera vez) su candidatura para albergar una futura edición de los Juegos Olímpicos. A pesar de la fanfarria mediática que daba por segura la elección de la capital del Reino para albergar este magno evento de gran proyección internacional, lo cierto es que Madrid fue descartada en primera ronda, lo cual fue considerado por muchos medios españoles como una ignominia y una afrenta. Al margen de la brutal desconexión de la realidad que tienen los medios de comunicación españoles, la anécdota que ha marcado esta derrota fue el discurso en inglés de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella. A mucha gente les sorprendió lo sobreactuado de tal discurso, las forzadas pausas de entonación, el acento poco fluido de la primera edil madrileña... y sobre todo una expresión que en España se ha considera muy desafortunada: "enjoying a relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor".

Lo cierto es que el inglés que usa la señora Botella es bastante estándar; limitado, sí, pero aceptable. La pronunciación es inteligible y la entonación lenta pero correcta. Se nota que ha estado mucho tiempo ensayando este discurso, que la han asesorado bien, y estoy seguro de que ha hecho un gran esfuerzo para dar lo mejor de sí misma. Inclusive la expresión "relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor" tiene mucho más sentido de lo que alguna gente se cree; en un discurso tan preparado un detalle así no puede responder al azar o al descuido. Fíjense que si en vez de haber sido la alcaldesa de Madrid hubiese sido la de Roma o la de París, hubiera dicho "relaxing cup of macchiatto in Piazza Navona" o "relaxing cup of caffé au lait in Champs Elisés" y todo el mundo lo hubiera considerado correcto, con un cierto encanto incluso. Todavía más: cambien "el café con leche" por "Rioja" y entonces no se vería motivo para la chirigota que puertas adentro ha generado esa frase.

Porque en realidad la frase en cuestión habrá pasado más bien inadvertida fuera de las fronteras españolas, pero aquí llegó a causar un auténtico tsunami de pullas y bromas de mejor o peor gusto que se cebaban en la primera edil madrileña. ¿Por qué tan nimio detalle ha sido tan divulgado y vituperado? Al margen de otros muchos factores hay algo que ha enconado los ánimos. Ciertamente haber perdido la nominación, pero hay algo más: hay una cierta rabia contra aquellos que nos gobiernan, contra nuestra élite política que se ha encumbrado en posiciones de mucha responsabilidad sin tener especiales aptitudes ni méritos para ello. Al español de a pie se le exige tener cada vez más méritos, más formación, más experiencia profesional, mientras que muchos profesionales de la política tienen un nivel cultural y unas aptitudes bastante inferiores a las de las nuevas generaciones de españoles que se ven condenados a emigrar. En el caso de la señora Botella conviene quizá recordar que llegó a presidir la municipalidad más importante de España de rebote, al marchar el alcalde electo, Alberto Ruiz Gallardón, a ocupar el puesto de Ministro de Justicia en el actual Gobierno de España; y que en muchas ocasiones se ha cuestionado su valía, idoneidad y legitimidad para ocupar el puesto que ocupa.

Aproximadamente por las mismas fechas circularon por internet algunos escritos denigrando una celebración masiva de cumpleaños que tuvo lugar en una pequeña ciudad de la meseta castellana. Se ve que 650 jóvenes madrileños se dieron cita allí para celebrar el cumpleaños de diez de ellos, que en un período de pocas semanas cumplían, todos ellos, 30 años. Se da la circunstancia de que la mayoría de estas personas son hijos de reputadas figuras del mundo político y empresarial español. La fiesta en sí seguramente se movió en los parámetros de la típica juerga juvenil en España, con mucho alcohol, algo de sexo furtivo y mucha balandronada jalonada con las dosis justas de zafiedad. Sin embargo, no pocos de los que después supieron del evento lo consideraron desproporcionado e incluso ofensivo. De nuevo, visto de fuera puede parecer una manera un tanto garrula de divertirse pero no se entiende, sin ponerlo en contexto, qué resulta ofensivo. Y sin embargo las razones son sencillas de entender para el español de a pie. Por una parte, hay un cierto elemento de ostentación - no es muy común poder organizar un evento e invitar a 650 personas -, ostentación muy dolorosa en un país con seis millones de parados y una creciente emigración que huye de un país sin oportunidades para los jóvenes. Por otro lado, no deja de ser curioso que todavía a los 30 años el modo de divertirse de estas personas sea la propia, reprensible pero más entendible, de chavales de 16 años, quizá de 20 años; ofende pues la comparación entre ese estilo de vida un tanto disipado y el de tantos ciudadanos que a esa edad luchan por mantener un trabajo y quizá son ya padres de familia. Por último, resulta una vez más poco aceptable que nuestras élites del futuro (pues en un país con tan poca movilidad social como España los hijos de serán los señores del mañana) tengan una manera tan zafia y poco refinada de divertirse; demuestran en su manera de concebir el ocio tan pocas aptitudes y altura de miras como en la manera de concebir el negocio. Ítem más cuando estas macro-reuniones sirven para reforzar el vínculo, para remarcar la pertenencia a una clase privilegiada que lo es por razón de sangre, de hidalguía en el sentido literal de la palabra, antes que por mérito alguno, mientras el país se desembaraza literalmente de las generaciones mejor formadas y en principio mejor preparadas de su historia. Por decirlo rápido y pronto: ofende ver a los patanes regodearse en su vida regalada mientras la gente de verdadero mérito sufre o se va y los demás simplemente sufrimos.

España tiene sin duda aspectos particulares (su reducida movilidad social, la a veces poco disimulada connivencia entre la clase social y el alto empresariado, la corrupción de las instituciones, la falta de equidad y eficacia de la Justicia,...) por las que destaca negativamente en Europa, aunque si uno toma cierta perspectiva verá que los problemas referidos se reproducen por doquier, de Oriente a Occidente y de Norte a Sur. Hagan memoria Vds. sobre las revelaciones acerca de las juergas que no hace tanto se corría el actual primer ministro inglés, la excesiva afición al alcohol que profesaban antiguos presidentes ruso y americano, las francachelas indecentes de cierto ex-primer ministro italiano, los líos de faldas de tantos y tantos cargos políticos desde un secretario de Estado hasta el mismísimo Presidente de los Estados Unidos de hace ya algunos años... Y si nuestras élites son moralmente poco virtuosas en la esfera privada, no pocas veces transcienden despropósitos de gran magnitud en la esfera pública, escándalos continuos de corrupción y tráfico de influencias, y la famosa puerta giratoria que permite -y no sólo en España - que el presidente o ministro de hoy sea un bien remunerado consejero en una gran empresa el día de mañana.

Incluso cuando la podredumbre de nuestra clase política no sale directamente a la luz es inevitable fijarse en la baja calidad del debate político. Los programas políticos de los partidos, que eran auténticos libritos cuando yo era niño, raramente pasan ahora de dípticos, cuando no son flyers o tweets. En muchos países cuesta distinguir las diferencias no ya programáticas sino ideológicas entre el partido hegemónico de derechas y el partido hegemónico de izquierdas, y en no pocos casos en los que tal diferencia se da en lo formal no se acaba realizando en lo práctico. La reciente campaña electoral alemana, a pesar de lo mucho que había en juego - a fin de cuentas, el futuro de Europa y la propia viabilidad económica de Alemania - tuvo un tono bastante bajo que fue acordado entre los partidos con representación parlamentaria; invitaba antes al bostezo que a la reflexión. Los debates televisados parecen más coreografías y puestas en escena que verdaderas muestras de liderazgo y de contenido. Es una realidad inescapable: las democracias liberales en Occidente presentan un perfil cada vez menos político y cada vez más mediocre. La desustanciación de la política podía ser tolerable durante la situación de bonanza, pero en medio de la crisis tan profunda que atravesamos nuestros líderes descafeinados, casi iletrados, son incapaces de dar la cara en medio de una situación que desborda, y más al que tiene menos preparación y menos empaque.

Mientras, las consecuencias de su inacción y su incapacidad son sufridas por una gran masa de ciudadanos, a los cuales se intenta contener con medias verdades y mentiras directas que escondan que mientras en el mundo los recursos comienzan a escasear los flujos que alimentan el gran capital descontrolado no se ralentizan sino que se aceleran. Pero la gente, a pesar de no conocer los datos precisos, instintivamente identifica la causa última de que su mal sea mayor de lo que debería. En el ciudadano de Occidentre se alimenta una rabia contra la élite que hasta ahora era patrimonio de los llamados países en vías de desarrollo. Así se entiende el cada vez más frecuente apelativo "la casta" para referirse al conglomerado indistinguible político-empresarial. Esta desconexión entre el pueblo y sus élites es gravísima, pues es el paso previo a que la rabia se desborde y se acaben derrumbando los antiguo símbolos del poder, como los moais derribados por los habitantes de la Isla de Pascua cuando la antigua religión cayó en desgracia, incapaz de responder a los problemas de la gente. El paralelismo es inquietante: hace 20 años en España los banqueros eran gente admirada, envidiada; eran los líderes, la referencia a imitar; ahora decir banco o banquero suele ir acompañado de expresiones de desprecio y de ira. La religión del dinero fácil pasa sus horas más bajas.


El primer paso para solucionar esta crisis, que también es moral y de valores, es modificar el sistema económico para que deje de estar centrado en un crecimiento que es hoy ya imposible. Hay que también repensar el sistema de las élites dirigentes. No puede ser que se recompense la mediocridad, o se garantice el linaje, o se otorgue un lujo asiático a los que temporalmente y por mandato de la ciudadanía detenten el poder. No es sólo una cuestión de justicia social; es una cuestión de estabilidad social, y es necesario para poder prosperar como sociedad.


Salu2,
AMT

miércoles, 2 de octubre de 2013

Sobre el informe del IPCC 2013

Queridos lectores,

Carlos de Castro ha escrito este post sobre el último informe del IPCC. Informe contra el que rápidamente ha surgido todo tipo de ataques, ya que a pesar de que muchos expertos que conozco lo consideran tímido, para tanta gente entroncada en un BAU que a estas alturas es ya inviable este informe es demasiado osado (vean, por ejemplo, cómo se ceban los comentaristas con uno de los últimos y perturbadores artículos de Antonio Ruiz de Elvira). En fin, considero que las reflexiones de Carlos pueden ser de su interés.

Salu2,
AMT





Cambio climático y ciencia (o sobre el último informe el último informe del IPCC del 2013)

sincero
He de confesar que mi aproximación a los informes del IPCC es bastante holística y escéptica; no se confunda, por favor, con la actitud científicamente imbécil de los negacionistas (además de humanamente suicida-asesina).  

Hasta ahora he dedicado más de una docena de horas a un informe que no se “puede” aún citar oficialmente pero aún así me gustaría hacer algunas reflexiones:

Efectivamente, desde el anterior informe (2007) hemos avanzado mucho en la comprensión de un fenómeno tremendamente complejo y somos conscientes además de que nos queda un largo camino para comprenderlo bien, todo ello gracias al trabajo de miles de científicos-hormiga que comienzan a funcionar casi como un hormiguero. El informe reconfirma lo que ya habíamos demostrado científicamente en 2007: el cambio climático existe, es muy grave y es principalmente causado por los seres humanos.

Pero antes de seguir con la crítica, déjenme recordarles el caso CFC-ozono que ya hemos olvidado dada nuestra cortita memoria colectiva. Destaquemos algunas fechas: Años 30 del siglo XX, se inventan los CFC y comienza su crecimiento exponencial (el verdadero mal de nuestra civilización es ese tipo de crecimiento y su falta de comprensión). A principios de los 70 algunos científicos comienzan a inquietarse por la posible influencia que ciertos compuestos pueden tener en la capa de ozono. En 1974 esas inquietudes se plasman en las primeras “evidencias” científicas: Molina y Rowland publican un artículo que concluye: Los CFCs alcanzan la estratosfera liberando Cloro. Y Stolarski y Cicerone concluyen en su artículo: El Cloro en la estratosfera destruye el ozono”. Vamos que si es blanco y en botella… Para cualquiera con dos dedos de frente parecía lógico, pero las empresas implicadas (y algunos científicos pagados por ellas) comenzaron con el negacionismo de lo obvio: las evidencias no eran pruebas científicas, y los Molina, Rowland y demás fueron tachados de “locos alarmistas”. Y la sociedad pidió esas “pruebas” científicas, que vinieron en un informe de 1989, 15 años después. La cosa esos años se calentó mucho, porque los modelos iban por detrás de la realidad (no predecían un agujero tan grande y rápido). Pero la humanidad supo encontrar finalmente la solución: cambiar los CFCs, algo muy simple que implicaba solo a unas pocas compañías.

Supongo que al lector le sonará el tema (se ha repetido el mismo esquema con la conexión tabaco-cáncer, lluvia-ácida-bosques…) no aprendemos porque nuestra cultura está anclada en muchos mitos que nos impiden ese aprendizaje, el más importante el del progreso tecnológico.

Para el cambio climático, lo mismo; la física fundamental para su comprensión elemental es del siglo XIX y las primeras evidencias científicas datan de los 60-70 del siglo pasado, y como el tema es muchísimo más complejo, hemos tardado medio siglo en encontrar la demostración científica (recientemente). Esto es un problema de raíz, nuestra metodología científica es lenta y conservadora, y para problemas acuciantes (en los que la apuesta es la propia Humanidad) no se está mostrando útil. 50 años casi perdidos porque la sociedad demanda demostraciones y no se conforma con evidencias razonables (y hay muchos, muchos intereses creados)…

Y claro, los informes del IPCC adolecen de todos nuestros defectos culturales. En el informe anterior, se deslizó un error que dio la vuelta al mundo: los glaciares del Himalaya podrían desaparecer en 2035. Y los negacionistas se echaron a la yugular. Hoy el informe del 2013 parece más dirigido a evitar a los negacionistas y su sed de sangre que a aceptar críticas como la mía (lo que aún lo hace más lento y conservador de lo normal). Cuando yo leí las noticias sobre los glaciares, mi crítica al IPCC iba por el lado justamente contrario, deberíamos, en este tipo de casos, decir: no podemos demostrar que los glaciares del Himalaya no vayan a desaparecer antes del 2035; confundimos la carga de la prueba, construimos una ciencia anti-precavida, y así nos va.

En el informe del 2013 hay páginas y páginas dedicadas a la discrepancia entre el ascenso observado de las temperaturas en los últimos 15 años (lento) y lo predicho por los modelos (más rápido). Y sin embargo, en comparación se pasa de puntillas (y casi se tergiversa) la discrepancia entre el descenso del hielo del Ártico observado (muy rápida) y la predicción de los modelos. Informe a informe, las discrepancias se van corrigiendo poco a poco, pero, en lo que más nos interesa, que son los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas, los informes y nuestros modelos sistemáticamente se quedan cortos casi siempre. Vamos por detrás de la realidad y pareciera que no nos importara. Me refiero a que cuando se publica un informe del IPCC ya sabemos que las observaciones que disponemos en esa fecha lo dejarán obsoleto, por conservador. Como si no estuviéramos jugando a la ruleta rusa.

Llamo la atención, como ejemplo, de la figura 9.24 del informe:


En la gráfica de la derecha vemos las observaciones del hielo Ártico en Septiembre en negro y la media de los modelos “antiguos” en azul y la media de los ultimísimos modelos en rojo. Buscar también la figura 12.28 a la que yo habría hecho referencia ya en el capítulo 9 para ser más exactos.

El informe, por ahora, dice textualmente que un 25% de los modelos dan una tendencia igual o mayor de descenso de ese hielo que la observada. Fíjense, en vez de decir que un 75% de los modelos dan un menor descenso que el observado, que es lo mismo, pero no lo es (y si se fijan con detalle parten con ventaja al “calibrar” el pasado). Yo lo habría redactado en cambio así: "Estamos aprendiendo nuevas realimentaciones en la interacción hielo-atmósfera-mar, pero aunque los modelos atrapan cada vez mejor la tendencia, es very likely (muy probable en inglés) que se queden muy cortos y que la pérdida acelerada del hielo Ártico siga la tendencia observada y  observaremos very likely años en la década que viene en los que el hielo se considere desaparecido en Septiembre (menos de 1millón de Km2). Esto es un problema para nuestros modelos, incapaces aún de tener en cuenta los cambios que se observarán en el albedo y las corrientes oceánicas de la zona, con lo que la retroalimentación en el clima global aquí serán mayores de las esperadas". Pero sin duda me lo tacharía el político de turno...

Antes de que saliera el informe ya predije que en este tema las observaciones lo dejarían obsoleto. Ya sabemos todos que el hielo del Ártico va a tener años muy probablemente con septiembres sin hielo antes del 2030, pero nuestros modelos publicados por el IPCC no lo prevén antes del 2050 (en el anterior no antes del 2085).

Lo malo es que se supone que el informe es la ciencia que va a los Policy Makers, para que solo cambien ligeramente su BAU. Y entonces, entre 2007 y 2013 simularon estos políticos que consideraban una subida del nivel del mar de 50 cm, porque el informe del 2007 decía que la subida sería de entre 20 y 50 cm, aunque ya sabíamos desde la ciencia, que sería del entorno al metro por lo menos (y es una gran, gran diferencia, vayan deprisa la escalofriante figura 13.25, que si no pasa desapercibida quizás la borren).

En el informe actual ya se da la horquilla cercana al metro (que se puede quedar de nuevo corta). Así que los proyectos holandeses de diques habrá que reformarlos otra vez, las medidas de adaptación en Bangladesh propuestas han quedado obsoletas, etc.

Estamos jugando a la ruleta rusa y la ciencia nos está invitando, sin pretenderlo, a jugar a ella. Si veo en mi edificio un incendio y salgo corriendo a avisar a los vecinos gritando ¡fuego, fuego!, los vecinos no van a esperar a que alguien les demuestre con un 90% de probabilidad que yo soy un tipo sincero. Es más, si les dijeran que digo la verdad sólo en un 10% de las ocasiones, ¿quién seguiría sentado viendo la tele?

O bien cambiamos la metodología y la forma de transmitir la ciencia http://www.eis.uva.es/energiasostenible/?page_id=1628 en casos como la crisis energética, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, o ésta no podrá contribuir  a una transición no traumática de nuestra Civilización.